Capítulo 3.
La forma de educar.
Controversias pedagógicas y
sociológicas en las teorías de la educación
CÁPSULA 3. CÓMO SE EDUCA.PRINCIPALES PARADIGMAS PEDAGÓGICOS SOBRE LA FORMA DE TRANSMITIR SABERES
Isaac Gonzàlez (profesor):
Finalmente, el tercero de los ejes remite a la cuestión del «cómo se educa». Es algo que, implícitamente, ya está presente en buena parte de lo que hemos ido viendo, pero dedicaremos unos minutos a reflexionar sobre ello de forma más sistemática.
¿Qué nos dice Rousseau sobre cómo se educa?
«El único hábito que se debe inculcar a un niño es el de no adquirir ninguno; no hay que llevar más en un brazo que en otro; no se le debe acostumbrar a presentar una mano más que la otra, a usarla más a menudo, a querer comer, dormir, actuar a las mismas horas, no poderse quedar solo ni de noche ni de día. Preparad de antemano el reino de su libertad y el uso de las propias fuerzas, dejando a su cuerpo el hábito natural, poniéndolo en condiciones de ser siempre dueño de sí mismo, y de hacer en cada cosa su voluntad, tan pronto como la tenga.»
Como vemos, en este autor la crítica se centra en la excesiva rigidez, que hace que los aprendizajes sean inerciales, sin aliento. Poco significativos. Veremos que es un elemento muy presente en todas las controversias sobre cómo educar.
Voz en off:
Se contesta el esquema didáctico basado en el que el profesor dicta lo que hay que saber en clases magistrales, y después comprueba si los alumnos lo retienen. Es una forma de transmisión del conocimiento donde la memorización y capacidad para replicar lo escuchado o leído son el eje motriz del proceso de transmisión. Memorizar y repetir la lección, ya sea las tablas de multiplicar, los pecados capitales, las capitales de los países de Europa o listados de los reyes o presidentes que ha tenido un país.
En la escuela tradicional, la disciplina es la virtud que garantiza alcanzar lo que se espera de ella. Hay que perseverar en el estudio, repetir la lección hasta que se es capaz de replicarla.
Isaac Gonzàlez (profesor):
De hecho, podemos asociar esta forma de aprender a la cantinela del alumno que repite lo aprendido de memoria. Por ejemplo, las tablas de multiplicar. Sabéis a qué
cantinela me refiero, ¿verdad? Ante esto, las nuevas corrientes pedagógicas se fundamentan en un principio radicalmente diferente: la clave en la educación es que el estudiante entienda el sentido de lo que se le transmite, que lo incorpore
significativamente. No sirve de nada poder repetir o replicar unos contenidos si no se ha comprendido su sentido; se convierte en un conocimiento banal y superficial, sin valor.
Documental Être et avoir [Ser y Tener] (2002) Nicolas Philibert (dir.). Le Studio Canal+.
[01:13:32 a 01:16:00]
Esta escena del documental francés Ser y tener capta el momento mágico en el que un niño aprende algo que hasta entonces se le escapaba, por ser demasiado complejo y abstracto. Ejemplifica la concepción de la educación como un proceso de
descubrimiento continuo, en el que el estudiante es una especie de científico que debe estar continuamente cautivado por el «efecto ¡ajá!» o el «efecto eureka» cuando se da cuenta del funcionamiento y del sentido de las cosas.
Voz en off:
La disciplina no es la virtud del educando en el nuevo paradigma pedagógico. Lo es la curiosidad que, además, se asume que poseen todas las personas. La curiosidad por saber es el motor que hace que los alumnos profundicen en los conocimientos, de forma natural. En las versiones más extremas de este planteamiento, el educador básicamente debe dedicarse a aislar al alumno de las influencias sociales que coartan su inclinación espontánea a aprender.
En las versiones menos extremas, el educador se convierte en un planificador de estrategias para estimular la curiosidad, para conseguir que este motor del aprendizaje nunca se cale. Y, en la organización docente, exigir memorización o la rigidez
curricular mata la curiosidad. Cuando las cosas están demasiado pautadas, los ritmos demasiado estructurados, los objetivos educativos demasiado preprogramados, esto no permite que la curiosidad del alumno marque los ritmos y los itinerarios de
descubrimiento y de aprendizaje. Asimismo, unas clases con demasiados alumnos también dificulta la singularización en el vínculo alumno- profesor que hace posible la atención personalizada que se requiere.
Isaac Gonzàlez (profesor):
De hecho, como ya habíamos apuntado en el primer capítulo, esta es una de las críticas que se puede hacer de este modelo pedagógico: es necesario un nivel de personalización tan grande, un nivel de desestandarización tan grande, que el modelo educativo que conlleva por fuerza debe ser muy elitista o tener unos costes muy elevados.
Más allá de eso, la diferencia clave entre un planteamiento y otro radica en la
concepción del proceso de aprendizaje: para los primeros, es un proceso inscrito en la naturaleza de cualquier niño, que debe acompañarse sin interferir demasiado en él.
Para otros, el aprendizaje es la forma de introducir unos contenidos virtuosos (unos saberes, unos principios éticos) dentro del menor.
Voz en off:
Ahora bien, hay posturas teóricas que, implícita o explícitamente, se sitúan en
posiciones intermedias. De hecho, la misma idea de acompañamiento ya denota que el educador puede estar ejerciendo una influencia no coercitiva que estimule un aprendizaje que, por tanto, no es absolutamente natural y espontáneo. La
incorporación del juego como técnica educativa también encaja perfectamente en este
planteamiento intermedio. Mediante el juego se puede conseguir que la curiosidad de los niños se oriente al descubrimiento de contenidos y saberes que quizá, sin el apoyo del juego, no les llamarían la atención. El recurso al juego permite, por tanto, una actitud activa y positiva de los niños hacia el aprendizaje, al tiempo que introduce aquellos elementos curriculares que se consideran más relevantes.
Otra estrategia educativa a medio camino es la que prioriza la importancia de la imitación y de la ejemplaridad. En el terreno de los valores morales, es muy difícil que los niños adquieran conocimientos si aquel que los enseña no predica con el ejemplo.
De forma análoga, en el aprendizaje de contenidos prácticos es mucho más efectivo el conocimiento que se adquiere imitando la destreza de un profesional experimentado que los saberes abstractos, enlatados y descontextualizados que se transmiten en una clase magistral.
Isaac Gonzàlez (profesor):
La discusión sobre cómo educar fue, primero, muy especulativa, vinculada a la reflexión filosófica. Pero a lo largo del siglo XIX se consolidaron las voces que consideraban que había que alejarse de los postulados filosóficos abstractos y acercarse a planteamientos más empíricos, fundamentados en la observación y contrastación científica.
Voz en off:
Como vemos en las imágenes, el mentor del niño salvaje de Truffaut personifica este nuevo espíritu pedagógico. En la educación se debía experimentar para saber qué
funciona y qué no, a partir del contraste con la experiencia práctica. Esta inclinación empírica permitió que se consolidasen diferentes disciplinas académicas con vocación científica, y estas, con la psicología al frente, han ido tomando posiciones en el debate pedagógico. De esta forma, la vieja controversia filosófica sobre si educar es un proceso de transmisión de elementos externos o de descubrimiento de capacidades internas se reanuda en un plano menos especulativo. En psicología, y durante la segunda mitad del siglo xx, las dos grandes corrientes que han escenificado esta oposición son el conductismo y el constructivismo.
Para el conductismo, con Skinner al frente, los deseos, las creencias, y todo aquello que hace que la realidad cobre sentido dentro de la mente de un individuo, no son cuestiones relevantes para la ciencia. En cambio, sí que puede ser objeto de
validación científica del análisis de los inputs y los outputs del proceso de aprendizaje, es decir, la correspondencia que hay entre los estímulos educativos que recibe un individuo y las consecuencias o respuestas que producen estos estímulos. La teoría conductista, en general, y su aplicación en el ámbito de la pedagogía, en particular, parten de esta premisa básica.
Isaac Gonzàlez (profesor):
Por tanto, para el conductismo la mente es una especie de caja negra en la que, como científicos, no es pertinente entrar. Cabe decir que, más adelante, en la caja negra del cerebro sí ha entrado la neurociencia, a partir de unos postulados científicos también alejados de la pregunta sobre el sentido que toman los aprendizajes.
Voz en off:
La pedagogía conductista se fundamenta en el análisis de la correlación entre estímulos y respuestas, y es en este sentido toman una relevancia capital los
mecanismos reforzadores (es decir, los elementos que favorecen o inhiben las
conductas y las respuestas de los individuos) y los mecanismos asociativos que hacen progresar el aprendizaje. Todo ello es encajado en procesos de secuenciación
instructiva basados en dividir el aprendizaje en subprocesos simples y controlables, que permitan avanzar en el proceso de aprendizaje y alcanzar logros cada vez más ambiciosos.
Isaac Gonzàlez (profesor):
El conductismo ha sido objeto de una crítica vehemente por parte de las pedagogías renovadoras. Para muchos, el problema del conductismo es que olvida la naturaleza básica de la persona, que radica en la necesidad de dotar de sentido a lo que
hacemos.
Voz en off:
Para los críticos más radicales, no tenerlo en cuenta lo hace convertirse en una corriente alienante, que no atiende al individuo en lo que le hace ser lo que es. Las técnicas conductistas son análogas a las que se aplican en los procesos de
adiestramiento de los soldados para ejecutar que ejecuten órdenes con la máxima eficacia y sin pensar en lo que están haciendo. Films antimilitaristas como «La
chaqueta metálica», de Stanley Kubrick, han reflejado este proceso de mecanización.
En el ámbito de la psiquiatría, el conductismo resuena en la técnicas usadas para remodelar aquellas personalidades que la sociedad considera desviadas. Uno de los ejemplos cinematográficos es la escena de «La naranja mecánica», también de Stanley Kubrick, en la que el sádico protagonista es internado en un hospital psiquiátrico y obligado a mirar imágenes y más imágenes violentas a la vez que le subministran una droga que produce efectos fisiológicos desagradables. Con ello se persigue provocarle nuevas asociaciones mentales, de modo que emplear la violencia le produzca aversión.
Según esta perspectiva crítica, el conductismo percibe al individuo como una entidad sin criterio ni capacidad crítica, mero receptor indiferente de todo lo que se le quiera transmitir y que repetirá mecánicamente.
Pero lo cierto es que para Skinner las técnicas conductistas aplicadas a la educación tenían un enorme potencial emancipador. Es algo que refleja en su utopía futurista
«Walden Dos», que incluso inspiró la creación de una comuna alternativa igualitarista durante los años setenta del siglo pasado. La propuesta educativa de «Walden Dos»
pretende desvincular los procesos de aprendizaje de la carga emocional que nos acaba haciendo dependientes unos de otros e incapaces de vivir una vida plena sin el asentimiento, implícito o explícito, de nuestra gente cercana. Una sociedad modelada a partir del conductismo nos libraría de este lastre emocional y de tantas prácticas pedagógicas ineficientes, poco placenteras o reproductoras de desigualdades. Para Skinner, por tanto, las técnicas conductistas hacen de la educación una herramienta para ser más libres.
Isaac Gonzàlez (profesor):
Desde una crítica más ponderada al conductismo, se la puede considerar, más que como una disciplina científica, un cuerpo de técnicas basado en la experiencia y en el ensayo- error. Un proceder más evolucionado y sistemático, sí, pero no muy diferente de lo que ha hecho cualquier educador sensato a lo largo de la historia. Al renunciar a abordar la cuestión del sentido, que es una de las cuestiones cruciales en educación,
no puede generar conocimiento sobre gran parte de lo que es relevante en este
campo. Esto no invalida sus aportaciones, pero la hace una escuela parcial y limitada.
Ante esto, hay otras corrientes psicopedagógicas que se han adentrado en lo que hay de específico en la educación humana, en la comprensión de los procesos
emocionales y de construcción de significado que están implicados. Podemos considerar que esto es lo que tienen en común la diversidad de aportaciones que se recogen bajo la etiqueta del constructivismo.
Voz en off:
En el caso del constructivismo genetista de Jean Piaget, lo más relevante es cómo los inputs del exterior afectan a la configuración y capacidades cognitivas de los
individuos, y cómo la potencialidad cognitiva de los aprendices depende de su edad y de un proceso evolutivo que se puede acompañar pedagógicamente para maximizar los aprendizajes.
El concepto más exitoso de la psicología genética de Piaget, aplicada a la pedagogía, es el de los estadios del desarrollo cognitivo. Para Piaget, cada franja de edad marca unas capacidades de desarrollo cognitivo determinadas. Hasta los dos años de edad, se está en la etapa sensomotriz, y el tipo de inteligencia que se desarrolla es
eminentemente práctica, con unas capacidades para la abstracción y el pensamiento simbólico muy limitadas. Desde los dos años hasta los doce, en la vasta etapa de las operaciones concretas, el niño va adquiriendo la capacidad de simbolizar y de
abstraer. A partir de los doce años, se entra en la etapa de las operaciones formales, en la cual se consolida la capacidad para el pensamiento abstracto y para emplear el pensamiento hipotético-deductivo y los razonamientos de mayor complejidad.
Otras tradiciones psicológicas se alejan aún más del paradigma positivista. Uno de los casos más relevantes es el del psicólogo soviético Lev Vigotsky, que centra su
atención en averiguar cómo los seres humanos son capaces de reflejar y construir sentido, dentro de su mente, a la experiencia de la realidad. Para Vigotsky hay dos tipos de procesos psicológicos, los inferiores (asociados a lo instintivo) y los superiores (asociados a lo que adquirimos socialmente, y que son los que nos hacen una especie única). Los procesos psicológicos superiores son complejos y están mediados por signos y símbolos; solo podemos reconocer su importancia en cuanto que nos reconocemos como seres simbólicos o sociales. Esto implica, en primer lugar,
reconocer que el proceso de aprendizaje es un proceso «de fuera a dentro», mediante el cual incorporamos una serie de signos y significados que operan socialmente. E implica también, en segundo lugar, que el proceso de aprendizaje depende del sentido que, como humanos, damos a los símbolos: necesitamos encontrar y otorgar
significado a lo que hacemos, y tenerlo presente es algo ineludible en los procesos de aprendizaje.
Empleando la dicotomía de procesos psicológicos inferiores y superiores, y forzándola un poco, podríamos decir que el conductismo se focaliza en cómo emplear los
procesos psicológicos inferiores para conseguir logros medibles en términos de aprendizaje. En cambio, el constructivismo de Vigotsky está interesado en los
procesos psicológicos superiores: cómo la adquisición e incorporación significativa de los símbolos se resuelve a través del proceso educativo y permite avanzar en las dinámicas de aprendizaje. El trabajo compartido y comunitario, interpersonal, se convierte en una herramienta clave en el proceso de aprendizaje y de adquisición significativa de conocimiento.
En el ámbito pedagógico, su aportación clave es la que se sintetiza en el concepto de zona de desarrollo próximo. Por zona de desarrollo próximo entiende la distancia que hay entre lo que un aprendiz puede hacer de forma autónoma y lo que es capaz de realizar con el apoyo de un educador o de un compañero con unos conocimientos más avanzados. La mediación de estas otras personas, y situar los retos educativos a esta distancia, ni demasiado grande ni demasiado pequeña respecto al nivel de desarrollo real, es lo que hace posible la adquisición de unos saberes y de unos procedimientos significativos.
Isaac Gonzàlez (profesor):
Como vemos, en la tradición psicopedagógica la controversia principal radica en dónde focalizar la atención.
Voz en off:
Para el conductismo, lo importante es cómo organizar y administrar los aprendizajes de la forma más eficaz posible para obtener logros mesurables y cuantificables, más allá de cuáles sean los efectos en el complejo psicológico de los individuos. Para el constructivismo, en cambio, comprender el funcionamiento de los procesos cognitivos y de elaboración de significado, ya sea en clave psicogenética, como en el caso de Piaget, ya sea en clave más social, como en Vigotsky, es lo que permite un diseño pedagógico exitoso, que entienda y atienda al niño en toda su complejidad.