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Diezmo = Cosa consagrada a Dios

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Academic year: 2022

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Tema 2:

El Diezmo: Conceptos preliminares (b) 6. Devolución VS Pago:

Hoy la mayoría de iglesias cristianas, al presentar el sistema del ‘diezmo’, lo presentan tan solamente como una “…devolución de lo que le pertenece a Dios…”. Esa es una parte y es correcto, pero no es todo. La Palabra de Dios, presenta muy claramente en sus páginas algo, que las muchas iglesias cristianas o lo ignoran o lo encubren a sabiendas. La otra parte del ‘diezmo’, es que este es el “…sueldo o salario…”, de aquel que realiza la “…labor de instruir al pueblo en el conocimiento de la Palabra…”; es decir, el ‘diezmo’ es su sueldo por ser un maestro de la enseñanza bíblica. Si no veamos:

a. Devolución:

Esta primera parte que veremos, no es objetada por ninguna religión, pero si por los escépticos y burladores, pues todas las iglesias cristianas aceptan que realmente el ‘diezmo’, es de Dios, aunque algunas no lo practiquen.

Bueno, deberíamos de preguntarnos, ¿si el ‘diezmo’ es de Dios, y cumplimos con ‘devolverlo’ a Dios, quien se encarga de llevarle el ‘diezmo’ a Dios, hasta el cielo?, ¿no será que nos están estafando?, ¿existe una respuesta dentro de la Sagradas Escrituras? En efecto, al estudiar la Palabra de Dios veremos, que Dios ha dejado establecido de qué manera hacemos posible que se cumpla el que le ‘devolvamos’ a Dios lo suyo.

La Palabra de Dios, nos presenta esto con respecto al ‘diezmo’:

Levítico 27: 30

“Y todos los diezmos de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová son;

es cosa consagrada á Jehová.”

De aquí tenemos que:

Sinónimo Bíblico:

Diezmo = Cosa consagrada a Dios

Como puede verse, la palabra de Dios presenta que el ‘diezmo’ es “…cosa consagrada a Jehová…”, es decir que el ‘diezmo’

“…es de Dios…”, por tal razón cuando damos el ‘diezmo’, estamos “…devolviendo a Dios lo que es suyo…”. Por esta razón, la de que el ‘diezmo’, “…es de Dios…”, es por ello que Dios reclama esta entrega, diciendo:

Malaquías 3: 8, 9

“¿Robará el hombre á Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y vuestras ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.”

Si el ‘diezmo’ no fuera de Dios, al “no devolverle”, no se nos diría que “…hemos robado…”, calificándonos así de

‘ladrones’. Pues ya que el ‘diezmo’ no es nuestro, al “no devolverlo” a su directo dueño, por eso es que nos convertimos en

‘ladrones’. Por tanto, “devolverlo” es nuestro deber, ya que “…es de Dios…”.

Cuando las Sagradas Escrituras, nos presentan que el ‘diezmo’ “…es de Dios…”, y que Él lo exige como suyo, pidiendo que se le “devuelva”; muchos alegan que ‘…Dios es rico…” y que no tenemos que darle un centavo pues Él no lo necesita. Otros arguyen, que el ‘diezmo’ es simplemente, el invento de los sacerdotes judíos por llenar sus arcas personales, y hoy es bien aprovechado por los sacerdotes y pastores de las muchas iglesias cristianas. Por muy doloroso que sea, lo único que se puede encontrar en semejantes palabras, es que existe ‘mucha ignorancia’ con respecto al asunto del ‘diezmo’. Es más, lo que podemos ver es que alguien le desea quitar el ‘derecho de propiedad’ de esta tierra a Dios, pues la Palabra de Dios dice:

Salmos 24: 1

“De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.”

Por tanto, considerado este asunto desde el punto de vista, de que todo lo que vemos es ‘propiedad de Dios’, entonces, Dios tiene derechos inalienables sobre este planeta, jurídicamente hablando; como cualquiera que poseyese una propiedad. Los antiguos reyes, tenían potestad sobre sus súbditos y los territorios conquistados. Por lo tanto, al pueblo lo afectaban con impuestos y leyes, ya que el reino había sido erigido y establecido por ellos. Además, estar sujeto bajo un reino, daba la posibilidad, participando de dicho reino, y cumpliendo todos sus deberes para con ese reino, de una paz y seguridad con respecto a sus enemigos. De igual manera hoy, las naciones a través de sus gobiernos, afectan a nosotros sus ciudadanos como

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los antiguos reinos a sus súbditos, seamos creyentes o ateos, con un sinnúmero de impuestos y leyes, y nosotros los pagamos sin objetar, y aun objetar no nos serviría de nada.

Veamos el asunto desde este lado, cuando nosotros hemos nacido, en un territorio determinado; es decir, si hemos nacido en una nación, por ley somos propiedad de esa nación, y todos nuestros bienes también, y por ello se hallan afectados totalmente a los impuestos y leyes que esa nación quisiera afectarnos, y ciertamente los pagamos y cumplimos. Si de alguna manera no pagásemos nuestros impuestos y estos se acumularan en gran manera, podríamos ser demandados por el estado y quizás hasta se nos embargaría todas nuestras posesiones.

Ahora bien, Dios es el dueño de este mundo, ¿no merece que tengamos que darle “algo”, como pago por los beneficios que nos brinda: el aire, el sol, el agua, etc.?, pues se nos dice:

Mateo 5: 45

“… vuestro Padre que está en los cielos; hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueva sobre justos é injustos.”

Y aun añade la Palabra de Dios diciendo:

Lucas 6: 35

“… y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.”

Por esto se nos aconseja:

Efesios 5: 20

“Dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”

Nuestro deber por tanto, y más aun si somos cristianos, es tener que “…dar gracias a Dios…”, y ese agradecimiento a Dios, no debe ser sólo “…de palabra y de lengua…”, pues se nos aconseja:

1 Juan 3: 18

“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.”

Por tanto debemos cumplir con “…devolver a Dios lo que es suyo…”. El rey David, sabiendo que la propiedad era de Dios, fue quien llevó su convicción a los hechos y la obra, diciendo:

1 Crónicas 29: 14

“…porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te lo damos.”

Y este agradecimiento, no es como nosotros queramos, sino como Dios lo ha trazado y como Él quiere. Caín fue agradecido, pero a su manera, y de acuerdo a las circunstancias acomodo su obediencia. Dios mandó, que la ofrenda dada hacia Él, debería ser el ‘sacrificio de un cordero’; pero Caín, como no tenía corderos, acomodándose así a la circunstancia, ofreció como ofrenda, no un cordero, sino ‘frutas y verduras’. Dicha ofrenda hecha por Caín, no fue acepta ante los ojos de Dios. De igual manera hoy, Dios que nunca cambia, ha determinado a través de la Sagrada Escritura, que el ‘diezmo’ es suyo y que tiene que serle “devuelto”, Él no aceptará nada menos de esto, pues se nos dice:

1 Samuel 15: 22

“Y Samuel dijo: ‘¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer á las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros’.”

Ahora bien, ese “algo” que nos toca dar a Dios, no lo ha impuesto ningún hombre, sino Dios mismo, ese “algo” que tenemos que “devolver” a Dios porque es suyo, son los ‘diezmos y las ofrendas’. Y lo más increíble, es que ese “algo”, ha sido sancionado por medio de Jesucristo mismo, un hombre que carecía de riquezas y nada tenía que ver con algún gobierno de este mundo, ni siquiera con el de su propio pueblo, como para que alguien pudiera sacar ventaja diciendo, que lo hizo por algún interés personal. Veamos las palabras de Cristo:

Mateo 23: 23

“¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era necesario hacer, sin dejar de dar el diezmo.”

Jesucristo, para muchos es su ‘rey y señor’, tan sólo “…de palabra y de lengua…”, tan sólo de nombre, pues “…de hecho y en verdad…”, Jesús no es su rey ni en lo más mínimo. Para estos, Cristo es su rey de quien no aceptan ni su reino ni sus leyes,

¿qué tipo de rey es ese? Lo que es peor, dicen creer en Dios, pero el sólo es el adorno del altar o capilla de sus casas y templos,

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es el fetiche de sus creencias. Para otros, Dios es la legitimización de su reputación ante el mundo, porque de rey no tiene nada para ellos.

En conclusión, al dar nuestros ‘diezmos y ofrendas’, “…devolvemos a Dios lo que es suyo…”, en agradecimiento por todos los bienes, aun por aquellas bondades que parecen insignificantes y que Dios hace por nosotros; reconocemos así la propiedad que Dios tiene sobre este mundo y sobre su reino. Pero mucha atención a esto, en relación al ‘diezmo’, no existe ningún tipo de contratación adicional, por dar nuestro ‘diezmo’, presentada por la Sagrada Escritura, mediante la cual Dios se halle sujeto a un cumplimiento de bendición primeramente material, ignorándose así la bendición espiritual, pues se nos dice:

Mateo 6: 31- 33

“No os preocupéis pues, diciendo: ‘¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos vestiremos?’. Porque los Gentiles buscan todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”

Por tanto nuestra primera búsqueda ha de ser la espiritual, luego la material, y esperar en cuanto a la material, el designio de Dios. Por lo tanto, en materia de ‘diezmos’, el cumplir es un deber nuestro, y sólo los falsos maestros para lograr su cometido de sacarle del bolsillo el dinero al feligrés, ahora estilan decirle, presentando mentiras, que Dios los va a bendecir, volviéndolos ricos.

b. Pago o Salario:

Habíamos dicho, que la otra parte del ‘diezmo’, es que este es el “…sueldo o salario…”, de aquel que realiza la “…labor de instruir al pueblo en el conocimiento de la Palabra…”; es decir, el ‘diezmo’ es su sueldo por ser un maestro de la enseñanza bíblica. El término ‘pago’, en relación al ‘diezmo’, es utilizado en el Nuevo Testamento, en la Carta a los Hebreos, al describirse la ‘entrega’ del ‘diezmo’ hecha por Abraham a Melquisedec.

Muchas iglesias, por generar grandes ‘empresas y organizaciones’ y así satisfacer grandes intereses colectivos, prefieren hacer ‘ojo ciego’ a este asunto; porque desde un punto de vista organizacional, si el ‘diezmo’, se cumple de la manera establecida en las Sagradas Escrituras, lo único que encontraríamos es que este ‘diezmo’, sería tan sólo de beneficio para aquellos que laboren, con la debida responsabilidad dentro de la Obra de Dios.

Dicho de otra manera, en la Iglesia se vería el beneficio que otorga el ‘diezmo’, tan sólo sobre aquellos que debidamente fueran responsables con su tarea, la tarea de la ‘predicación’. Esto sería semejante a la labor de cualquier persona destacada en cualquier empresa, en la que se vería dicha persona beneficiada, si y solamente si, fuese una excelencia en su trabajo, no así los irresponsables ni mediocres. Por esto, muchos crean grandes organizaciones religiosas, para poder cubrir su mediocridad e irresponsabilidad. Jesús dijo:

Mateo 10: 10

“…el obrero es digno de su salario…”

Jesús nunca dijo: “…la organización es digna de su salario…”. Por esta razón, veremos, qué es lo que nos dice la Sagrada Escritura sobre este asunto.

Según la presentación que hace nuestro Maestro Jesucristo, es que todo aquel que labore en la ‘predicación del Evangelio’ es un “…obrero digno de un salario…”, pues justamente a eso se refiere el texto citado, veamos algunos versículos más atrás:

Mateo 10: 5- 7

“A estos doce envió Jesús, á los cuales dio mandamiento, diciendo: ‘Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis; mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado’.”

Nótese, que realmente el que se halla como ‘obrero’ en la ‘predicación’, por la presentación de Jesucristo, merece que se le entregue un ‘salario’. Como podemos ver, la Palabra de Dios, no está hablando, de que estos ‘obreros’, son dignos de una

‘limosna’, ni mucho menos de un ‘regalo’ o ‘donativo’ especial; sino que, son “…dignos de un ‘salario’…”, pero resulta que un ‘salario’ solo se le entrega al que realiza su labor debidamente. Pero, ¿el ‘diezmo’ es este ‘salario’?

El apóstol Pablo en su Carta a los Corintios, nos dice:

1 Corintios 9: 7- 14

“¿Quién jamás peleó á sus expensas?, ¿quién planta viña, y no come de su fruto?, ¿ó quién apacienta el ganado, y no toma de la leche del ganado? ¿Digo esto según los hombres?, ¿no dice esto también la ley?

Porque en la ley de Moisés está escrito: ‘No pondrás bozal al buey que trilla’. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes? ¿O lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros está escrito; porque con esperanza ha de arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto. Si nosotros os sembramos lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros tienen en vosotros esta potestad, ¿no más bien

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nosotros? Mas, no hemos usado de esta potestad; antes lo sufrimos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario; y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor que los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio.”

Pues bien, por los textos citados, la Sagrada Escritura nos presenta que los que laborasen en el ‘Ministerio del Evangelio’

ordenado por Cristo, no iban a depender a expensas suyas, sino del apoyo de aquellos que recibirían y se beneficiarían del

‘Ministerio del Evangelio’. Tal es así que de ellos se dice:

1 Corintios 9: 7- 14

“¿No sabéis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario; y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor que los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio.”

Nótese que los que estuviesen en el ‘Ministerio del Evangelio’ ordenado por Cristo, en cuanto al apoyo para llevar adelante la obra del “Evangelio”, recibirían el ‘mismo apoyo’, que aquellos que laboraban en el ‘Santuario’. Pero, nos preguntamos acerca de los que “…trabajan en el Santuario…”, ¿qué ‘ganaban’ para su ‘sostén’? Veamos:

Números 18: 21

“Y he aquí yo he dado á los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos trabajan en el ministerio del tabernáculo del testimonio.”

Sin duda alguna, aquello que ‘ganaban’, para su ‘sostén’, los que “…trabajaban en el Santuario…”, era el ‘diezmo’. Pero,

¿no se había dicho que el ‘diezmo’ era de Dios? Ciertamente sí. Pero, entonces ¿qué sucedió?:

Números 18: 19, 20, 24

“Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren á Jehová, las he dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de Jehová para ti y para tu simiente contigo. Y Jehová dijo á Aarón: ‘De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte; Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel... Porque á los Levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán á Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad’.”

Ciertamente, en estos textos citados, sin contradicción alguna, uno puede ver, que la Palabra de Dios presenta, que los

‘diezmos’ son de Dios; pero, que todos los ‘diezmos’, tendrían que ser entregados a los levitas, puesto que Dios, se los había otorgado como una “herencia”. Esto significa también, que si los ‘diezmos’, hoy siguen siendo de Dios, entonces ahora, aquellos que laboren en el ‘Ministerio del Evangelio’, lo reciben bajo la misma condición de “herencia”. Pero a la vez, es Dios mismo, quien hace una muy definida aclaración pertinente, con respecto a esta “herencia”; que si bien es cierto, los ‘diezmos’

les han sido otorgados como una “herencia” a aquellos que laboren en el ‘Ministerio del Evangelio’, esta “herencia” estaría condicionada a lo siguiente:

Números 18: 31

“Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestra familia; pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo del testimonio.”

Evidentemente puede verse que el ‘diezmo’ además sería su ‘sostén’ o como dice la Sagrada Escritura, sería su “comida”; y que la condición de recibirlo como “herencia”, sería la de tener que ‘trabajar’ primero en el ‘Ministerio del Evangelio’, para acceder a esta “herencia”. Nótese que la Palabra de Dios, presenta que la entrega del ‘diezmo’ a los del ‘Ministerio Sacerdotal’, sería hecha bajo la condición de “remuneración”; es decir, como un ‘salario’ por un ‘trabajo’ o ‘labor’

realizada. Por lo tanto, aquellos que entregan su ‘diezmo’, deben velar, para que los del ‘Ministerio del Evangelio’, cumplan con este propósito. Nadie regala su dinero, a aquellos que siendo negligentes, no han cumplido con el ‘trabajo correspondiente’. No podemos mantener a los ociosos, pues el apóstol Pablo hace esta ‘denuncia’:

2 Tesalonicenses 3: 6- 9

“Empero os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme á la doctrina que recibieron de nosotros; porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos á ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado, para que nos imitaseis.”

Y aun agregó diciendo:

2 Tesalonicenses 3: 10- 12

“Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: ‘Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma’. Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino

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ocupados en curiosear. Y á los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan.”

Increíblemente, el apóstol no está hablando del ‘trabajo común’, sino del ‘trabajo’ en el ‘Ministerio del Evangelio’, pues Pablo trabajaba en el Evangelio. Y nos exhorta que no tenemos porque ‘sostener’ o dar de ‘comer’ a aquellos que no cumplen con su deber en este ‘Ministerio del Evangelio’, pues dice: “…que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma…”;

estamos hablando en el mismo contexto que el apóstol Pablo ha hablado con respecto al ‘salario’ o ‘remuneración’ de los del

‘Ministerio del Evangelio’, en 1 Corintios 9; y que como hemos visto, se refiere al ‘diezmo’. No nos dice la Sagrada Escritura, que aunque trabajen o no, sólo por el hecho de poseer una credencial de Ministro o Pastor nosotros tenemos que seguir cumpliendo con dar el ‘diezmo’ a estos; debemos de dirigirnos a quienes realmente cumplen con este propósito. Esa es una vil mentira que solamente obedece a intereses personales. ¡Ya basta de bajezas!

La Sagrada Escritura, ya desde el Antiguo Testamento, había dado claras instrucciones, de que el ‘diezmo’ sólo debería ir para aquellos que se “…esforzasen en el conocimiento de la Palabra de Dios…”

2 Crónicas 31: 4- 6

“Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalén, que diesen la porción á los sacerdotes y Levitas, para que se esforzasen en la ley de Jehová. Y como este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo los diezmos de todas las cosas en abundancia. También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas: y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido á Jehová su Dios, y lo pusieron por montones.”

Es en el Nuevo Testamento, donde se puede ver, que este alto nivel de preparación, con respecto a las Sagradas Escrituras, para aquel que es un ‘mensajero’ que ha de recibir un sueldo del ‘diezmo’, nunca ha dejado de ser, pues se nos dice:

1 Timoteo 2: 15

“Procura con diligencia presentarte á Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

Y era una exigencia, para aquellos que habrían de recibir los ‘mensajes’ por medio de la predicación, no aceptar jamás, alguna cosa que no tuviera su debido sustento en las Sagradas Escrituras, pues se exhortaba diciendo:

1 Corintios 4: 6

“…aprended a no saber más de lo que está escrito…”

Ahora, nuevamente consideremos el Antiguo Testamento, y encontraremos similitud en las exigencias que se hacían sobre aquellos que laboraban en el ‘Ministerio del Templo’ y el ‘Ministerio Evangélico’, podremos ver que para ambos casos se exigía la dependencia estricta de la Palabra de Dios, en la labor de instrucción de la misma, y que esta dependencia, siempre ha sido una regla rígida de parte de Dios. No se puede esperar menos, sabiendo que lo que Dios requiere es que se transmita exactamente su deseo, pues en ello se halla en juego la vida eterna. El profeta Malaquías corrobora esta clara idea, cuando dice:

Malaquías 2:

“Ahora pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento. Si no oyereis, y si no acordareis dar gloria á mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no lo ponéis en vuestro corazón... Porque los labios de los sacerdotes han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.”

Pero, ¿y cuál es esta “sabiduría” que es de Dios y que tendrían que guardar los ‘mensajeros’?

Proverbios 2: 6

“Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.”

Cristo, en ocasión de su defensa frente al diablo, fue enfático al darnos a conocer, que esto que viene de la boca de Dios, son las Palabras de Dios:

Mateo 4: 4

“Mas él respondiendo, dijo: ‘Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios’.”

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Por tanto tenemos que:

Sinónimo Bíblico:

Sabiduría de Dios = Palabra de Dios

Es indudable el hecho de que quienes trabajen en el ‘Ministerio del Evangelio’, tiene que impartir tan sólo cosas debidamente sustentadas en la Sagrada Escritura, sino veamos el siguiente texto:

1 Corintios 4: 4

“Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con demostración del Espíritu y de poder; para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.”

Toda demostración tendrá que ser hecha con el “…poder de Dios…”, y ¿cuál es este “…poder de Dios…”?

Romanos 1: 16

“Porque no me avergüenzo del Evangelio; porque es poder de Dios para salvación á todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego.”

De donde tenemos que:

Simbología Bíblica:

Poder de Dios = Evangelio

Pero este ‘Evangelio’, no anuncia otra cosa que no sea la Palabra de Dios:

1 Pedro 1: 25

“Mas la Palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la Palabra la cual por el Evangelio os ha sido anunciada.”

De donde tenemos que:

Sinónimo Bíblico:

Evangelio = Palabra de Dios

Queda claro por las Sagradas Escrituras, que todo aquel que labora en el ‘Ministerio del Evangelio’, debe ser ‘sostenido’ por el ‘diezmo’, si y solamente si, este obrero se esfuerza en el conocimiento de la Palabra de Dios, y todo su ‘mensaje’

predicado, se encuentra debidamente sustentado en las Sagradas Escrituras. El mismo apóstol Pablo, aconsejó en su Carta a los Gálatas, diciendo:

Gálatas 6: 6

“Y el que es enseñado en la palabra, comunique en todos los bienes al que lo instruye.”

Por lo tanto, la condición que todos debemos de considerar, sobre aquellos que laboran en el ‘Ministerio Evangélico’, antes de dar nuestro ‘diezmo’, es que estos ‘mensajeros’ o ‘predicadores’, sean verdaderos instructores con respecto a la Palabra de Dios, detentando así un trabajo concreto, merecedor de un ‘pago’ o ‘salario’ debido.

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Referencias

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