ROSAS MORENO, JOSÉ (1838-1883)
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
PERSONAJES
JUANA INÉS DE ASBAJE
MARÍA LUISA, condesa de Paredes DOÑA MENCIA, dueña
ISABEL, camarista
EL CONDE DE MANCERA, marqués de la Laguna, virrey de México
DON DIEGO DE ILLEZCAS DON NUÑO DE ALBA
DON PEDRO MANUEL DE ASBAJE RAMIRO, escudero
JUAN INIESTRA CABALLEROS GUARDIAS
ENMASCARADOS
Época, siglo XVII, reinado de Felipe IV
ACTO PRIMERO
Antecámara en el palacio de los virreyes de México: galería en el fondo; mesas con recado de escribir en primero y segundo términos. Es de noche.
Escena I
(DON DIEGO e ISABEL en la galería. JUANA INÉS, escribiendo cerca del proscenio.)
DIEGO
Guárdeos el cielo, Isabel.
ISABEL
Os buscaba con porfía.
DIEGO
Mucho me place, a fe mía, el veros servirme fiel;
y no os pesará, que ingrato,
¡vive Dios!, que nunca fui.
ISABEL Lo sé.
DIEGO
¿Cumplisteis?
ISABEL Aquí
tenéis, señor, el retrato. (Se lo da.)
DIEGO
¡Ah!, por fin...
ISABEL Esa alegría
que revela vuestro amor, es mi disculpa mayor...
yo robarlo no quería.
DIEGO
¡Extremada es su belleza!
(Contemplando el retrato.)
ISABEL
Grande fue mi atrevimiento;
si sospecha vuestro intento el virrey...
DIEGO
De su grandeza
no tengo ningún cuidado, que en sus largas cacerías pasa absorto muchos días.
ISABEL
Dicen que está enamorado.
DIEGO
¿De alguna agreste hermosura?
ISABEL
Yo no puedo, a fe, decillo;
mas Ginés, el pajecillo, refiere que en la espesura del bosque, al morir el día habla el virrey, y en su anhelo suspira y contempla el cielo con triste melancolía.
DIEGO
¿Y la condesa?
ISABEL Lo ignora;
y vive en tranquila calma, sin una nube en el alma...
¡Es tan buena mi señora!
Sólo por vos he podido traicionarla.
DIEGO No es traición, es piedad.
ISABEL Tenéis razón,
vuestro amor me ha conmovido.
DIEGO Sensible sois.
ISABEL
¿Qué queréis?
Siempre a mí me causan penas las desventuras ajenas.
DIEGO
Pronto el cielo ganaréis.
ISABEL
Hablad bajo por favor.
DIEGO
¿Os recatáis?, ¿quién diría?...
ISABEL
¡Chist!... Escucharnos podría la nueva dama de honor.
DIEGO
¡Ah! (Fijándose en JUANA.)
ISABEL
¡Y es la Décima Musa!
Y cuentan que llega a tanto lo mágico de su encanto, que hasta tiene ciencia infusa.
La condesa la prefiere.
DIEGO
Justo es honrar tal portento.
ISABEL
Vive en su mismo aposento y como hermana la quiere.
DIEGO
¿Y cuál es su cuarto?
ISABEL Aquél.
DIEGO
Esta sortija tomad, id con Dios.
ISABEL Con Él quedad.
DIEGO
Sois un tesoro, Isabel.
(Vase ISABEL.)
Escena II
(Dichos, menos ISABEL. DON DIEGO se acerca a la mesa del fondo y escribe.)
DIEGO
(Viendo a JUANA) (Yo lograré tu alegría
tornar en llanto.) (Escribiendo.) «Señor...»
INÉS
(Este hombre me causa horror.)
DIEGO
(Goza ya, venganza mía.) (Escribiendo.)
«Del honor contra la ley la condesa ha dado abrigo a otro afecto... Un buen amigo avisa al noble virrey.
Su retrato ha dado ya
en prenda de amor a un hombre:
si os interesa su nombre, Nuño de Alba os lo dirá.»
(Ya pagaréis vuestra saña, vuestra aversión importuna.)
(Cierra la carta y escribe en el sobre.)
«Al Marqués de la Laguna,
virrey de la Nueva España.» (Vase.)
Escena III INÉS
INÉS
Mísero idioma, no puede expresar la pena mía;
es brasa a la luz del día, se ofusca, se humilla y cede.
Mustios y pálidos son
estos versos... ¿por qué en suma no puede verte la pluma
lo que siente el corazón?
Este amoroso tormento que en mi corazón se ve, sé que lo siento, y no sé la causa porque lo siento.
Siento una grave agonía por lograr un devaneo, que empieza como deseo y acaba en melancolía.
Y entre tan varios dolores se juntan en mi existencia con el rigor de la ausencia del olvido los temores.
Escena IV
Dicha, DON NUÑO
NUÑO
La aurora de la ventura con clara luz amanece, pues que en palacio aparece este sol de la hermosura.
INÉS
¡Don Nuño!
NUÑO
Inés, con porfía
os buscó mi amante anhelo, y gracias le doy al cielo de hallaros, señora mía.
INÉS
Poco, a fe, le agradecéis.
NUÑO
Siempre os mostráis desdeñosa;
esquiva sois cuanto hermosa.
INÉS Perdonad...
(Hace ademán de irse.)
NUÑO
¿Iros queréis?
Dejáisme en tinieblas.
INÉS
¡Oh!
¡Me requerís! Ofendida debiera estar.
NUÑO Esta vida
siempre en la vuestra vivió.
Sois polo de imán oculto;
sois portento sin igual, pirámide intelectual.
INÉS
(Sonriendo.) Culto andáis.
NUÑO
Os rindo culto,
sois un ángel, doña Inés.
INÉS
Advierto que blasfemáis;
si a lo inculto, culto dais, inculto ese culto es.
Sellad el labio profano.
NUÑO
Tenéis algo de divino y a daros culto me inclino, pues sois serafín humano.
Vuestras prendas, vuestro porte, tienen inmenso poder.
INÉS
Bien claro se deja ver
que habéis estado en la corte.
NUÑO
Vuestro ingenio siempre va a mi pasión a la mano:
no peco de cortesano;
de enamorado, quizá.
Ocultaros no podría este amor rendido y ciego;
mas sorda sois a mi ruego y a la triste pena mía.
INÉS
Sois extremado en bondad.
NUÑO
Vos, en desdén y en rudeza;
siempre esa noble altiveza se advierte en la majestad de hermosura vencedora;
mas soy audaz, caballero y noble; constante os quiero:
ésta es mi mano, señora.
INÉS
Esta pobre majestad, a pesar de su grandeza,
os quiere hablar con franqueza.
NUÑO
¡Oh!, sí, con franqueza hablad.
INÉS
Agradezco la intención que a ser franca me provoca, y vais a ver en mi boca entero mi corazón:
Dos dudas en que escoger tengo, y no sé cuál prefiera:
pues vos sentís que no quiera, y yo sintiera querer.
Si daros gusto me ordena la obligación, es injusto que, por daros a vos gusto, haya yo de tener pena.
Mas, por otra parte, siento que es también mucho rigor que lo que os debo en amor pague en aborrecimiento.
Y sea ésta la sentencia porque no os podáis quejar:
que entre aborrecer y amar se parte la diferencia.
Y así quedo a mi entender, esta vez, bien con los dos:
con agradecer, con vos, conmigo, con no querer.
NUÑO
A vuestro padre he de hablar, venceré vuestra porfía.
INÉS
Si no habláis al alma mía es preferible callar. (Vase.)
Escena V NUÑO
NUÑO
Muestra un injusto rigor:
olvidarla yo debiera;
pero, ¡ay!, olvidarla fuera mi desventura mayor. (Vase.)
Escena VI
(DON DIEGO y JUAN INIESTRA por la galería.)
DIEGO
Aguarda... que no nos mire:
¡ah!, ya se fue... Juan Iniestra, tú eres valiente.
INIESTRA Don Diego,
sabéis que no hay quien me venza;
en Murcia nos conocimos cuando...
DIEGO Basta.
INIESTRA
¡Qué soberbia aventura! Me parece
que vuelvo a la noche aquella.
¡Pobre conde de Vallejo!
La estocada fue maestra.
Pero entonces os llamabais don Rodrigo de Pereda, y eráis contador del conde.
DIEGO
¡Silencio! Si nos oyeran...
¿Quieres ganar cien ducados?
INIESTRA
Sabéis que mi espada es vuestra.
¿Qué es lo que tengo que hacer?
DIEGO
Es arriesgada la empresa.
INIESTRA Decid.
DIEGO
Si cumples, el oro;
si no cumples, tu cabeza:
¿puedes contar con tres hombres audaces cual tú?
INIESTRA Muy cerca los tengo.
DIEGO
Bien, esta noche
se aguarda al virrey, y hay fiesta en palacio; allí en la plaza los cuatro estaréis alerta:
a una señal penetráis con disfraces y caretas.
Has de robar una dama que yo mostraré.
INIESTRA Pues vengan los ducados.
DIEGO Aquí están.
INIESTRA
Muy bien.
(Cuenta el dinero y lo guarda.)
DIEGO
En la plaza espera.
INIESTRA
Yo necesito un resguardo para salir de esta tierra por si acaso...
DIEGO Lo tendrás.
INIESTRA
Pues la fortuna os proteja.
(Vase INIESTRA.)
Escena VII DON DIEGO
DIEGO
El retrato de tu esposa
tengo al fin, ¡oh!, conde, y él sirviendo a mis miras fiel mi venganza hará gloriosa.
(Deja el retrato sobre la mesa.)
Escena VIII
DON NUÑO, DON DIEGO
DIEGO
Siempre buscáis el retiro, don Nuño; lo extraño en vos.
NUÑO
¡Ay!
DIEGO
¿Suspiráis? ¡Vive Dios!
NUÑO
¡Ah!, sí, don Diego, suspiro.
DIEGO
¿Por acaso saber puedo quién es la dama? Decid:
¿quién es ella? Así en Madrid me preguntaba Quevedo.
NUÑO
Es la noble Juana Inés de Asbaje.
DIEGO
(¡Ah!) Sí, la doncella llegada ayer; es muy bella, y dicen que sabia es.
NUÑO
¡Sí!
DIEGO
Merecéis mis albricias, que es fama que esa señora fue graduada de doctora en las aulas pontificias de aquesta universidad;
y cuentan que tanto sabe, que fue de un obispo grave vencedora.
NUÑO Es la verdad.
DIEGO
Pero según aseguran tiene amor, y no con vos.
NUÑO
¡Oh!, don Diego... ¡Vive Dios!
DIEGO
Eso las damas murmuran.
NUÑO
La envidia es infame.
DIEGO No
puede así dejar de ser;
pero es frágil la mujer...
¡Si supierais lo que yo!
NUÑO
(Exaltado.) ¿Qué?
DIEGO
Vuestro amor os exalta;
mas reprimid vuestra llama;
yo no hablo de vuestra dama.
NUÑO
¿Pues?
DIEGO
De otra dama más alta.
NUÑO
¿De la condesa?
DIEGO Escuchad.
Muchas cosas he sabido...
¡Ah!, ¿comprendéis este olvido?
(Fingiendo que le sorprende el retrato que está en la mesa.)
Este traslado mirad.
Volverlo a su dueño es ley, y ya que al virrey tratáis, os ruego que así lo hagáis.
NUÑO
(Guardando el retrato.) Darélo al señor virrey.
DIEGO
¡Ah, la mujer!
NUÑO
¡Qué porfía!
DIEGO
Vuestra dama...
NUÑO Yo la adoro,
don Diego, porque es tesoro de bien y sabiduría.
DIEGO
Será mucho su saber pero es mala.
NUÑO
¡Caballero!
DIEGO
Mala, muy mala, y lo infiero, don Nuño, de que es mujer.
Tened precaución en fin:
si Eva que nada sabía cometió cierta herejía,
¿qué hará sabiendo latín?
NUÑO
Siempre gastáis buen humor.
DIEGO
Siempre soy justo.
NUÑO No, a fe.
DIEGO
Por experiencia lo sé:
la mujer es un horror.
(Salen MARÍA LUISA y JUANA y se quedan escuchando.)
Prendada de su belleza, siempre está, de veras hablo, su corazón en el diablo, en las galas su cabeza.
Cuando en su rostro tranquilo
dulce calma se divisa, debemos ver en su risa, la risa del cocodrilo.
Cuando altiva, indiferente, muestra desdén y recelo, es su desdén el anzuelo que engaña al pez inocente.
Cuando es amable y discreta, el engaño lleva al cinto, y es su pecho laberinto más terrible que el de Creta.
Se agita su corazón cual la veleta en el viento;
es su espejo el fingimiento, el engaño es su ambición.
Ya nuestras iras afronta, y ya sin motivo llora;
si es honrada, es gastadora, si no es gastadora, es tonta.
Es su vida liviandad;
bella o no, joven o vieja a la serpiente semeja.
NUÑO
No, don Diego.
DIEGO Recordad
la manzana pestilente que se comieron a dos, contra el mandato de Dios, la mujer y la serpiente:
la mujer pariente es de Satanás, no es agravio.
NUÑO
Don Diego, sellad el labio, que yo adoro a Juana Inés.
DIEGO
Mucho lo siento por vos.
NUÑO
Mirad que si el hierro empuño...
DIEGO
Me dais lástima, don Nuño.
NUÑO
¡Me ofendéis! ¡Ira de Dios!
Riñamos en buena hora.
DIEGO Sois un necio.
NUÑO
(Desenvaina su espada.)
¡Defendeos!
(DON DIEGO desenvaina también.)
LUISA
¡Caballeros! (Interponiéndose.)
INÉS
¡Deteneos!
DIEGO
(¡Ah, la virreina!)
NUÑO
¡Señora!
Escena IX
Dichos, INÉS y MARÍA LUISA
INÉS
(A DON DIEGO.)
Hombres necios que con mengua del honor de un caballero,
encomendáis al acero los errores de la lengua.
Hombres necios que acusáis a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis;
sí con ansia sin igual solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
y las incitáis al mal?
Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco, al niño que pone el coco y luego le tiene miedo
¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo, y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén tenéis condición igual quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien.
Opinión, ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis, que, con desigual nivel, a una culpáis de crüel a otra de fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata, ofende, y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.
Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis, o hacedlas cual las buscáis.
DIEGO
Vencisteis en buena ley:
sois extremada en la lid.
NUÑO
¡Oh!, sí.
LUISA
Don Diego, salid,
id a esperar al virrey. (Vase.) (A DON NUÑO.)
Y vos por allá.
(Señalando otra puerta.)
Escena X
JUANA y MARÍA LUISA
LUISA
¿Suspiras?
INÉS
Siempre suspiro por él.
LUISA
Vamos, desdobla el papel, que quiero oír esas liras.
INÉS
Señora, el lenguaje vago bosquejo es del pensamiento, cual suele del firmamento ser bosquejo el turbio lago.
Mas su divino arrebol pincel humano no pinta:
para el sol nos falta tinta, y el pensamiento es un sol.
LUISA
Tu ingenio a tu musa acusa, mas la defiende la fama:
ya el orbe hispano te aclama como a la Décima Musa.
INÉS
Señora, vuestra bondad siempre incesante se muestra;
mi voluntad es la vuestra.
LUISA
Bien, pues escucho.
INÉS Escuchad:
«A un ausente.»
(Con voz muy conmovida.) No os asombre
que yo me conmueva tanto;
se deshace mi alma en llanto al recuerdo de aquel hombre.
(Leyendo.)
Amado dueño mío,
escucha un rato mis cansadas quejas, pues del viento las fío,
si no se desvanece el triste acento como mis esperanzas en el viento.
Yo sin cesar te aguardo:
si miras hoy de Bética las flores, recuerda que aquí guardo
la flor que prenda fue de mis amores, y que tanto la miro y quiero tanto que es su rocío mi amoroso llanto.
Si del campo te agradas,
goza de sus frescuras venturosas, sin que aquestas cansadas
lágrimas te detengan enojosas;
que en él verás, si atento te entretienes, ejemplos de mis males y mis bienes.
Si ves el cielo claro,
tal es la sencillez del alma mía;
y si, de luz avaro,
de tinieblas emboza el claro día, es con su oscuridad y su inclemencia, imagen de mi vida en esta ausencia.
¿Cuándo tu voz sonora herirá mis oídos, delicada, y el alma que te adora,
de inundación de gozos anegada, a recibirte con amante prisa saldrá a los ojos desatada en risa?
¡Ay!, ¿cuándo, gloria mía, mereceré gozar tu luz serena?
¿Cuándo llegará el día
que ponga dulce fin a tanta pena?
¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto, y de los míos secarás el llanto?...
LUISA
En conceptos que son flores, tu galana poesía
traduce bien, a fe mía, de la ausencia los rigores.
Conozco tu sentimiento, que yo, Juana, sin reposo, aunque corta, de mi esposo la ausencia también lamento.
INÉS
Le deseo conocer
ya que conozco su fama,
que el que es vuestro y tanto os ama, grande sin duda ha de ser.
Mucho, a fe, señora mía, vuestro tormento me pesa.
LUISA
Consuélame, que hoy regresa de su larga cacería.
INÉS
Pues hoy vuestra dicha es doble, que abrazaréis anhelante
a un esposo y a un amante tan generoso y tan noble.
LUISA
Juana, el dolor de los celos viene a ofuscar mis amores.
INÉS
No hay corazón sin dolores, no existen sin nubes cielos.
¿Más pruebas tenéis?
LUISA Ignoro
si es culpable; sólo sé que lloro y suspiro, y que entre temores le adoro.
INÉS
Al mirar el tierno amor cuya ausencia os causa duelo, aún más conocer anhelo
al virrey vuestro señor.
Su nobleza generosa es digna, la fama cuenta, del gran rey que representa y digno de tal esposa.
Aunque nunca yo le vi, joven y hermoso le creo y digno de tal empleo.
LUISA
Es verdad, digno de mí.
¿Y tu amado? Di quien es, di su nombre.
INÉS
No os asombre,
señora, no sé su nombre.
LUISA
Es extraño, Juana Inés.
INÉS
Señora, la historia mía encierra tristes memorias, cual las que guardan historias de andante caballería:
cual semidiós inmortal
de los que Homero ha pintado, a mi doncel adorado,
mi hermoso valle natal miré cruzar una vez.
Jamás su recuerdo pierdo;
palidezco a su recuerdo;
contemplad mi palidez.
Era una tarde; volaba negra tormenta y rugía:
sus ojos el sol cubría y el cielo ciego quedaba.
A mis padres, ¡ay de mí!, de amor y ambiciones ciego quiso robarme don Diego.
LUISA
¿Don Diego de Illezcas?
INÉS
Sí.
LUISA
¡Perverso!
INÉS
Y torpe y cruel.
LUISA Prosigue.
INÉS
Asióme en sus brazos...
LUISA
¡Infame!
INÉS
De aquellos lazos...
LUISA
¿Te arrancaron?
INÉS Era él.
Combatieron con ardor;
rayos eran las miradas, eran rayos las espadas, era rayo su furor.
Huyó don Diego cobarde, y como en bronce grabada queda la historia pasada, quedó en mi pecho esa tarde.
Él de sus ojos la viva llama en mis ojos fijó, y no bien me libertó, de amor me dejó cautiva.
Su favor le agradecí, y aunque verlo no quería, amor, él, en mí veía.
Yo amor en sus ojos vi.
Mi mirada, entre sonrojos, le reveló mi pasión,
que cuando habla el corazón no pueden callar los ojos.
LUISA
¿Desde entonces?
INÉS Por él lloro.
LUISA
¡Ah, Juana Inés!
INÉS Y sin calma
vivo sin él, y sin alma,
que es el alma en quien adoro.
LUISA
¿Le has vuelto a ver?
INÉS El ingrato
partió lejos de mi amor;
diome en prenda esta flor y yo le di mi retrato;
él comprendió en mi ansiedad que era mi gloria, mi aliento, mi ambición, mi pensamiento, mi dicha, mi eternidad...
Pero el alma un mal presiente al ver que flor marchitada, flor en cenizas tornada es prenda de fuego ardiente.
Aunque alejóse crüel,
vive siempre en mi memoria, y es mi ventura, la gloria de que padezco por él.
Desde que le amo, percibo grandeza en mis pensamientos, aliento con dos alientos, con dos existencias vivo:
su recuerdo me acompaña.
LUISA
Consuélate, Juana Inés, presto sabremos quién es, escribiremos a España.
INÉS
¡Si le volviera a mirar!
LUISA
Será mío tu contento.
Aguárdame aquí un momento, voy por el conde a rezar.
(Vase por la galería.)
Escena XI
(INÉS sola, tomando la flor.)
INÉS
Rosa divina que en gentil cultura fuiste, con tu fragante sutileza, magisterio purpúreo en la belleza, enseñanza nevada a la hermosura.
Prenda de mi pasión ardiente y pura:
aunque ejemplo de vana gentileza, y aunque en tu ser unió naturaleza la cuna alegre y triste sepultura;
no cual tú morirá mi fe querida,
que tú, que el riesgo de morir desdeñas, yaces al fin marchita y encogida;
de tu caduco ser dos mustias señas, mas no es mi amor así, tú con tu vida tan sólo al falso amor la vida enseñas.
(Se dirige el su habitación y al abrir la puerta se encuentra con DON DIEGO.)
Escena XII
JUANA INÉS, DON DIEGO
INÉS
¡Ah! ¡Vos aquí!
DIEGO Juana Inés,
¡silencio, silencio!
(Tomándole las manos.)
INÉS
(Rechazándole.) Idos...
¿Qué pretendéis?
DIEGO Ya que injusta
mi corazón has herido, y despreciando mi amor
de otro amor me haces ludibrio, sabré obligarte.
INÉS
¡Jamás!
DIEGO
Está ya comprometido el honor...
INÉS
Mi honor, don Diego, como el sol fulgura límpido;
ni al cielo alcanza el insecto, ni vos...
DIEGO
¡Juana!
INÉS
Al honor mío.
¡Basta ya!; salid.
DIEGO Mi mano te ofrezco.
INÉS
Callad... ¡Qué he oído!
DIEGO
Penetrar por el balcón de tu aposento me han visto cien caballeros y damas.
INÉS
¡Sois un infame!
DIEGO He querido comprometerte.
INÉS
(Con dignidad.) ¡Salid!, o doy voces.
DIEGO He vencido
siempre, Juana, y venceré.
Esa flor...
(Pretende arrebatársela; luchan.)
INÉS
Quitad... ¡Dios mío!
¡Socorro!
DIEGO
¡Triunfé!
INÉS
¡Señora!
(Corre hacia la galería. DON DIEGO se va precipitadamente por la derecha.)
Escena XIII
(Dichos, NUÑO. NUÑO desenvaina su espada y se va en seguimiento de DON DIEGO.)
NUÑO
¡Deteneos! ¡Vive Cristo!
Escena XIV
(INÉS, MARÍA LUISA. Después varios caballeros.)
LUISA
¡Juana Inés!
INÉS
(Con mucha agitación.) Señora... aquí
van a cruzar sus aceros...
don Diego... ¡Infame! ¡Ay de mí!
LUISA
¡Guardias!, venid... Caballeros, (Aparecen varios caballeros.)
¡Corred!... ¡corred por allí! (Vanse.)
Escena XV
INÉS, MARÍA LUISA
LUISA
¿Pero qué es lo que ha pasado?
INÉS
¡Señora!...
(Prorrumpiendo en llanto.)
LUISA.
Juana, no llores.
INÉS
El traidor me ha arrebatado la rosa de mi adorado, la prenda de mis amores.
Escena XVI
Dichos, RAMIRO y DOÑA MENCIA.
RAMIRO
Grande escándalo se advierte.
INÉS
Es muy triste y dolorosa de rosa y mujer la suerte...
la vida, señora, es muerte en la mujer y en la rosa.
MENCIA
¡La nueva dama de honor!
INÉS
Mi destino es padecer.
MENCIA
Era su amante, ¡qué horror!
Escena XVII
(Dichos, DON NUÑO y CABALLEROS. DON NUÑO entra con la espada desenvainada.)
NUÑO
Aquí tenéis vuestra flor.
INÉS
¡Pobre flor!
(La besa apasionadamente.)
¡Pobre mujer!
(Se arroja sollozando en brazos de MARÍA LUISA.)
ACTO SEGUNDO
La misma decoración.
Escena I
DOÑA MENCIA, ISABEL
MENCIA
¡Qué liviano atrevimiento!
ISABEL
¿Qué decís, doña Mencia?
MENCIA
Yo misma vi que salía
don Nuño de ese aposento.
No hago mal en referir hechos que públicos son:
entraba por el balcón;
muchos le vieron subir, y a Juana hallaron con él.
ISABEL
De otra fueron los deslices.
MENCIA
¿Qué?
ISABEL La condesa...
MENCIA
¿Qué dices?
Calla por Dios, Isabel.
Juana Inés es muy ligera;
no sé dónde dejaría su mucha sabiduría para obrar de esa manera.
Nueva en palacio, la ley que rige aquí desconoce;
llegada ayer, se conoce que no conoce al virrey.
¡Provocar una pendencia!
Debe ignorar en verdad la austera severidad
que despliega su excelencia.
ISABEL
Tal vez Juana no esté pura, mas la condesa... A fe mía...
MENCIA
Calla, Isabel. ¡Qué osadía!
ISABEL
Mucho la corte murmura...
como allí viven las dos...
como don Nuño la adora...
MENCIA
¿Sospechas de mi señora?
Isabel, calla por Dios.
ISABEL
Yo no aseguro...
MENCIA Enconosa
es la calumnia, ¡Dios mío!
ISABEL
Yo pensé que el desafío...
MENCIA
Fue por causa de la rosa que Juana le dio, ya ves...
ISABEL
Será; pero yo creí...
MENCIA
Vámonos presto de aquí,
que se acerca Juana Inés. (Vanse.)
Escena II JUANA INÉS
INÉS
De liviandad, ¡oh dolor!, gente liviana me arguye, pretende mi deshonor...
¡Pobre mujer es la flor
que hasta el gusano destruye!
Luchemos, luchemos, sí.
¿No sabes, alma, vencer?...
La gloria se encuentra aquí...
Soy desdichada, ¡ay de mi!, por hermosa y por mujer.
Dolo, maldad, ambición, señores del mundo son;
si es el mundo polvo inmundo,
¿en dónde cabe este mundo que siento en mi corazón?
¡Oh calumnia! Mi alma es dueña
del honor y te desdeña:
que Dios su fuerza me mande, y la calumnia más grande para alcanzarme es pequeña.
Mancharme intentan... ¡Qué anhelo!
¡Oh!, razón, no tengas duelo, mira el insulto con calma.
Yo tengo un cielo en el alma,
¿quién puede manchar el cielo?
Escena III
El VIRREY, dicha
INÉS
¡Ah!, mi dueño, ¡gran Dios!
(Corriendo hacia él.)
VIRREY
¡Alma del alma!
INÉS
¡Mi bien, al fin te miro!
VIRREY
¡Tu aliento al fin respiro!
INÉS
¡Ésta es la dicha, sí! Guarda un tesoro de amor mi corazón.
VIRREY
¡Y yo te adoro!
INÉS
Repite esa palabra venturosa.
VIRREY
¡Oh!, ¡sí te adoro, Inés! (¡Y cuán hermosa!)
(Es horrible mi dicha, que es horrible amar un imposible.) INÉS
Pero volviste al fin. Déjame verte.
VIRREY
Verte quiero también.
INÉS
¡Cuánto te quiero!
VIRREY
Mi gloria es bendecirte y es quererte.
INÉS
Cesó el dolor.
VIRREY
Te estrecho entre mis brazos.
INÉS
Y lloro de placer, lloro y sonrío...
VIRREY
Inés, en ti deslumbran del genio la grandeza,
la noble discreción y la belleza.
INÉS
Cuando rayos de amor el alma halagan, belleza, ingenio y sol su luz apagan.
VIRREY
¡Ven a mis brazos, ven!
INÉS
Y siempre unidas
estén cual nuestras manos nuestras vidas.
VIRREY
(¡Fatalidad odiosa!)
INÉS
Muy venturosa soy tu rostro viendo.
VIRREY
Estoy al fin la gloria comprendiendo.
INÉS
Tu ausencia lamentaba
en vena amarga, en lágrimas copiosas.
VIRREY
Amante suspiraba.
INÉS
Y siempre tu recuerdo acariciaba regando con mis ojos esta rosa, (La muestra.)
y nunca la apartaba del pecho palpitante.
VIRREY
Instante por instante tu imagen contemplaba.
INÉS
¡Oh dicha!
VIRREY
¡Juana mía!
INÉS
No te apartes de mí, que me parece que vas a abandonarme todavía.
VIRREY (¡Oh, Dios!)
INÉS
¿Por qué te fuiste?
Responde por piedad.
VIRREY
¡Inés!
INÉS
¡Bien mío!
VIRREY
¿Dónde hay gloria más grande que mirarte y sin cesar amarte?
Dios sabe que contigo mi edén encontraría.
Dios sabe que este amor nació conmigo.
INÉS
Yo te juzgaba infiel...
VIRREY
¡Infiel! (¡Oh, cielos!)
INÉS
Y devorando enojos,
en la loca inquietud de mis anhelos, pasaba ante mis ojos
la sombra de los celos.
VIRREY
¡Inés!
INÉS
Lloraba tanto,
que aquella sombra disipóse en llanto.
VIRREY Sí.
INÉS
Mas tú, ¿no me dijiste
que nunca de mi amor te apartarías?
VIRREY
Juana... mi patria...
INÉS Es cierto;
más hoy, ya no tirano
quieras dejarme, no, pide mi mano.
VIRREY
(¡Ah!, ¡maldición!)
INÉS
¡Mi bien!
VIRREY
(Me siento yerto.)
INÉS
¿Mas piensas en tu patria todavía?
¿No es tu patria, mi bien, el alma mía?
A la palabra santa
Lázaro alzóse del sepulcro frío, y al verte a ti, bien mío,
mi dicha del sepulcro se levanta.
VIRREY
¿Pero en palacio tú? No lo comprendo.
INÉS
Ya soy dama de honor de la condesa.
VIRREY (¡Oh, Dios!)
INÉS.
Y tú, mi bien, dime tu nombre. (Pausa.) Eres noble...
VIRREY (¡Ay de mí!)
INÉS
No desconfío.
Tu nombre has ocultado,
razón, razón tendrás; no con enojos me mires.
VIRREY
Nunca, no. (Soy un malvado.)
INÉS
Nunca, ¿es verdad? ¿Ya nunca de mí te apartarás? Son tus amores cual brisa lisonjera.
VIRREY
Tu amor mi corazón llena de flores.
INÉS
Tu amor es luz, es sol, es primavera.
LUISA
(Dentro.) ¡Juana!
VIRREY (¡Qué oí!)
INÉS
Me llama mi señora,
¡adiós; ya nos veremos!
Habla a mi padre pronto.
VIRREY (¡Oh, Dios!)
INÉS Y unidos
ya jamás nuestra vida apartaremos.
Escena IV El VIRREY
VIRREY
¡Oh, desdicha! Este afanar del alma debo calmar;
pero calmarlo no puedo, de sentirlo tengo miedo, y este miedo es mi pesar.
Cuando el astro de mi amor vierte su luz apacible, he de apagar su esplendor:
¡oh, cuán horrible dolor es amar un imposible!
Cuando mitigan mis penas palabras de encanto llenas, se abre a mis pies un abismo:
y en mi desdicha yo mismo he de ponerme cadenas.
Después de tanto anhelar, tras de tanto desear, debes morir, amor mío, arroyuelo que al ser río halla su tumba en el mar...
Huye, pues, de mi memoria, no te quede ni tu gloria, porque eres tú, por tu suerte, guerrero que halla la muerte al alcanzar la victoria.
El deber de la nobleza a herir mi pecho me obliga.
¡Oh!, se pierde mi cabeza...
¡Qué infeliz es la grandeza cuando es del alma enemiga!
Me manda el deber sufrir;
y en otros lazos cautivo un corazón debo herir;
¡y sin ella he de vivir cuando sin ella no vivo!
¡Oh, cielos! A mi dolor piadosos debierais ser:
¡qué implacable es el honor!
O haced que calle el deber, o que me mate el amor.
Escena V
Dicho. RAMIRO
RAMIRO
Si permite, vuecelencia...
VIRREY
¡Oh!, ven, Ramiro, ven aquí, que necesito de ti;
un infierno es mi existencia;
recuerda que siendo niño, en tus brazos me meciste, mi padre segundo fuiste;
necesito tu cariño.
Hoy que penas a millares aumentan mi agitación, busco, amigo, un corazón que comprenda mis pesares.
RAMIRO
¿Qué os pasa, señor?, ¿quién es el que disgustos os da?
VIRREY
¿Sabes, Ramiro, que está en palacio Juana Inés?
RAMIR Sí, desde ayer.
VIRREY Cuando apenas
este amor se adormecía vuelve a herir el alma mía con el dardo de sus penas.
Su fuego apagar no es dable, y me atormenta inflexible, poderoso, irresistible, dominador, implacable.
Y este afán que me conmueve y que mis ansias aviva, es el águila cautiva
que en vano las alas mueve.
Mi propio afanar me espanta, que entre mi amor y el bien mío audaz el destino impío
un imposible levanta.
RAMIRO Olvidad.
VIRREY
¿Lo puedo hacer
cuando esta ardiente pasión que agita mi corazón, es el alma de mi ser?
Al cielo quise llegar soñando en amante anhelo, y estoy contemplando el cielo y no lo puedo alcanzar.
Su rostro acabo de ver;
oí su dulce suspiro.
¡Es tan hermosa, Ramiro!
¡Es un ángel!
RAMIRO Es mujer.
VIRREY
¡Calla!... ¡La infame maldad se atreve al ángel sublime!
Calla.
RAMIRO
Por más que os lastime,
he de decir la verdad.
VIRREY
¿Qué? ¡Vive Dios!
RAMIRO Su hermosura
cien amantes ha tenido, y hoy un escándalo ha habido y ya la corte murmura.
VIRREY
Habla, di con brevedad.
RAMIRO
Entró a su aposento un hombre.
VIRREY
¡Ira de Dios! ¿Y su nombre?
(Callad, ¡oh, celos!, callad.)
RAMIRO
Como en el mismo aposento viven la condesa y Juana, la corte mordaz y vana calumnias arroja al viento.
VIRREY
¡Esto más!
RAMIRO Él ostentaba
como conquista de amor...
VIRREY
¡Ira del cielo!
RAMIRO Una flor.
VIRREY
¡Su nombre! ¡Su nombre! Acaba.
RAMIRO
Don Nuño de Alba.
VIRREY
¿Qué oí?
¿Y así el sagrado atropella de palacio?
RAMIRO Hablad con ella,
que se dirige hacia aquí. (Vase.)
Escena VI
VIRREY, JUANA INÉS
INÉS
Qué triste el tiempo, bien mío, pasa lejos de tu lado.
VIRREY
(Severo.) Bien lo habéis aprovechado.
INÉS
¿Qué es esto? Yo desvarío...
Tú eres la gloria del alma, tú eres mi vida, mi dueño;
serena el airado ceño, vuélvele al pecho la calma.
¡Mi bien!
VIRREY Apartad.
INÉS
¿Qué oí?
Son injustos tus enojos.
(¡Está mirando mis ojos y puede dudar de mí!) Escucha.
VIRREY Basta, señora.
INÉS
Yo deliro, cielo santo...
¿Gozas acaso en mi llanto?
VIRREY
(¡Y llora la aleve, y llora!)
INÉS
Habla, dime; la amargura deja, por Dios, de verter en mi pecho.
VIRREY Es mi placer
el verte sufrir, perjura...
INÉS
¡Yo...! ¡Yo perjura! ¡Y no estalla mi corazón a este nombre!
VIRREY
Entró en tu aposento un hombre y tú eres su amante.
INÉS
(Con indignación.) Calla.
VIRREY Don Nuño...
INÉS
Basta. No quiero más oír...
(El VIRREY quiere hablar.) Por compasión,
si no tenéis corazón, sed al menos caballero.
Ofendéis vuestra hidalguía.
VIRREY
Explicación necesito.
INÉS
Hasta la duda es delito si se atreve a la honra mía.
Si ciego no estáis...
VIRREY
¡Inés!
INÉS
Ved espléndida y luciente la alba pureza en mi frente y la calumnia a mis pies.
VIRREY
La corte os está culpando:
todos murmuran.
INÉS
¡Qué he oído!
Me avergüenza haber querido al que me ofende dudando.
Honor como rey se abona, y mi honor en su grandeza ciñe en su altiva cabeza la inmaculada corona.
VIRREY
(Ah, ¿qué escucho? Hay en su acento la magia de la verdad.)
Explicadme.
INÉS Apartad
que hablaros me da tormento.
VIRREY Oye...
INÉS Dejadme.
VIRREY
¡Por Dios!
Yo bien sé que es tu inocencia...
INÉS
Para Dios y mi conciencia.
VIRREY
¡Juana Inés!
INÉS
No para vos.
VIRREY Yo te adoro.
INÉS Yo arrancar
vuestro amor, del alma quiero.
VIRREY
Calma este afán.
INÉS
(Yo me muero,
siento mi pecho estallar.)
VIRREY
Con la calumnia esparcida yo dudé... se dijo aquí...
INÉS
Pues gozad lejos de mí con vuestra duda homicida.
VIRREY
Bien, señora; pues la suerte goza con vos en mi daño, iré con mi desengaño sin vos a buscar la muerte.
INÉS
¡Ah!
VIRREY
Libre os llegaréis a ver, sed feliz con mi agonía.
¡Maldito el hombre que fía en palabras de mujer!
Resuelto sabré apagar
de este amor la ardiente llama.
(Se dirige a la puerta.)
INÉS
(¡Y no vuelve!) VIRREY
(Deteniéndose.) (¡Y no me llama!)
INÉS
(¡Y no lo puedo llamar!)
(Se dirige INÉS a su habitación.)
VIRREY
(Corriendo hacia ella.)
¡Ah!, ven; tu perdón ansío.
INÉS
Yo no puedo perdonaros.
VIRREY (Con ira.) ¡Oh!
INÉS
Debéis de mí alejaros.
VIRREY Juana: adiós...
INÉS Adiós.
¡Dios mío!
(Prorrumpe en llanto.)
Escena VII JUANA INÉS
INÉS
¡Ay!, destrozan por mi daño las flores de mi esperanza, el hielo de la mudanza y el áspid del desengaño.
Escena VIII
Dicha, DON PEDRO INÉS
Padre y señor.
PEDRO He sabido
que mis canas ultrajando, triste ejemplo a damas dando, hoy el objeto habéis sido de las lenguas; y por Dios, que atento a vuestro saber tan ligero proceder
no imaginaba de vos.
INÉS
Os ruego que vuestro labio tal ofensa no me infiera, que al hablar de esa manera vos mismo os hacéis agravio.
Soy vuestro propio reflejo, sangre vuestra, y muerte hallara antes, señor, que manchara de vuestro honor el espejo.
Sé que con noble valor,
y hechos que al mundo admiraron, mis abuelos consignaron
que no hay vida sin honor.
De vuestro ejemplo aprendí, y aquí en el alma lo llevo, lo que es honor, lo que debo a mi Dios, a vos y a mí.
Mi alta frente he levantado que herir la calumnia intenta:
del que calumnia es la afrenta, la gloria del calumniado.
Soy inocente. Mi honor está como el cielo puro...
Yo por la madre os lo juro del Divino Redentor.
PEDRO
Soy Asbaje, y se os advierte que nadie ultrajó a un Asbaje que no llorara el ultraje entre el afán de la muerte.
Honrada estáis. La serena virtud, Juana, en vos admira, mas culpada el mundo os mira y la apariencia es condena.
Hoy mismo por vuestro amor dos hombres aquí han reñido:
don Diego se encuentra herido, y don Nuño os dio una flor.
Lenguas hay que arrojan menguas con pensamientos arteros,
y no hay en el mundo aceros para cortar tantas lenguas.
Lo que ha de hacerse pensé;
y es el camino más llano que al ofensor deis la mano, o que yo muerte le dé.
INÉS
¡Ah, señor!, terrible pena mi desdicha me previene;
a la que culpa no tiene a sufrir se le condena.
PEDRO
Lo manda el deber.
INÉS Piedad
aguardo, ¡oh!, padre, de vos.
PEDRO Hoy os casáis.
INÉS
¡Nunca!
PEDRO
¡Oh, Dios!
¡Nunca ha dicho!
INÉS Perdonad.
PEDRO
¿No sois, Inés, hija mía, que me hacéis tal desacato?
¿Mi voluntad no es mandato?
INÉS
Compadeced mi agonía.
PEDRO Basta.
INÉS
Mirad condolido
a la mujer desdichada. (Se arrodilla.) A vuestras plantas postrada,
de rodillas os lo pido.
PEDRO
Ya mucho en oíros tardo, basta ya, y obedecedme.
INÉS
(Levantándose.) Bien, señor; resuelta vedme y de vos la muerte aguardo,
piadoso debéis matarme, que será menor suplicio que el odioso sacrificio a que queréis condenarme.
PEDRO
Poniendo a las lenguas muro elijo el medio más sabio, que así mi honor desagravio y vuestra paz aseguro.
Voy a su excelencia a ver;
y mirad que yo lo quiero.
INÉS
Mirad, señor, que me muero.
PEDRO
Mirad, vos, que así ha de ser. (Vase.)
Escena IX JUANA INÉS
INÉS
Sufre y llora, alma ofendida, si tal situación te asombra, que a llorar eres nacida,
y es la gloria de la vida
humo, polvo, viento y sombra. (Vase.)
Escena X
(DON DIEGO e INIESTRA, por la galería.)
DIEGO
Va la fiesta a comenzar;
es el preciso momento.
INIESTRA
¿La dama?
DIEGO
En su cuarto entró, procura estar en acecho.
INIESTRA
¿El pasaporte?
DIEGO Helo aquí.
¿Tu gente?
INIESTRA Lista la tengo.
DIEGO
Evita cualquier escándalo.
INIESTRA
Estad tranquilo, don Diego.
DIEGO
Mucha prudencia y sigilo, y sobre todo, silencio,
porque hay secretos que matan.
INIESTRA
Para callar soy un muerto.
DIEGO
El virrey viene hacia aquí;
que no te mire.
INIESTRA
Obedezco. (Vase.)
Escena XI
DON DIEGO, el VIRREY
DIEGO Señor virrey.
VIRREY Dios os guarde,
secretario de la Audiencia.
DIEGO
Mis plácemes, gran señor, os doy, pues estáis de vuelta.
VIRREY
Don Diego, la cortesía
es propia de vuestras prendas.
DIEGO
Señor conde, me retiro si permite vuecelencia.
VIRREY Esperad.
DIEGO Señor.
VIRREY Don Diego,
en palacio una reyerta provocasteis.
DIEGO
¿Yo, señor?...
VIRREY
La causa saber quisiera.
¿Estáis herido?
DIEGO No es nada.
VIRREY Hablad.
DIEGO Permitid...
VIRREY Si intenta
enmudecer vuestro labio, será que la culpa es vuestra y avisaré a la justicia.
¿Qué ocasionó la pendencia?
DIEGO Una dama.
VIRREY
(¡Oh, Dios!) ¿Su nombre?
DIEGO
Dejad que evite su afrenta.
VIRREY
¡Ira del cielo! ¿Calláis?
DIEGO
Temo, señor, que os ofenda el saberlo.
VIRREY
¡Vive Dios...,
que se agota mi paciencia!
Su nombre...
DIEGO Señor...
VIRREY Su nombre.
DIEGO
Mi señora la condesa.
VIRREY
¡Villano!, ¿y os atrevéis a inferirme tal ofensa?
DIEGO
Yo al infame he perseguido, señor.
VIRREY
(Horrible sospecha.)
DIEGO Reñimos...
VIRREY Decidlo todo:
pero ¡ay de vos! si a mi excelsa y noble esposa, atrevido
calumniáis con torpe lengua.
DIEGO
Digo, señor, la verdad.
(Ya mi venganza comienza.)
VIRREY Ya escucho.
DIEGO
Al caer la tarde,
volviendo yo de la Audiencia, vi salir de ese aposento un hombre.
VIRREY
¡Decid quién era!
DIEGO
Don Nuño de Alba.
VIRREY Seguid.
DIEGO
No notando mi presencia
exclamó: «ya Luisa es mía, mi dicha a la gloria llega.»
VIRREY Callad.
DIEGO Señor...
VIRREY Proseguid.
DIEGO
Airado por su insolencia,
«mentís», exclamé, «¡cobarde!»
VIRREY
Acabad. (La ira me ciega.)
DIEGO
Y la espada desnudé
de vuestro honor en defensa;
reñimos, pero a las voces y estruendo de la pelea, cien caballeros llegaron, evitando que muriera don Nuño.
VIRREY
Basta. (Llamando.) ¡Ramiro!
Escena XII
Dichos, RAMIRO.
RAMIRO
¿Qué me manda vuecelencia?
VIRREY
A Nuño de Alba llamad.
¿Qué os detiene? ¡Vive Dios!
RAMIRO
Esta carta para vos
me dio un paje.
VIRREY Despachad.
Escena XIII
(Dichos, menos RAMIRO. El VIRREY, abre la carta.)
DIEGO
(Mi carta... Apenas respiro...)
(Pasan por el fondo varios enmascarados, recatándose cautelosamente.)
(Ya Juan Iniestra ha llegado:
si acierta a verle Ramiro...
Temblando estoy... No ha notado su presencia.)
VIRREY
¡Oh, Dios! ¿Qué miro?
DIEGO Señor...
VIRREY
¡Infame! No hay duda.
(Viendo la carta.)
¡Él, su retrato!...
DIEGO Señor...
VIRREY
¡Sangre, sangre!, mi furor vibre el acero y acuda en defensa del honor.
Mirad.
(Le da la carta a DON DIEGO.) DIEGO
¡Oh, Dios!
VIRREY No concibe
el alma tanta maldad.
DIEGO (Triunfé.)
VIRREY
Ramiro (Llamando.), llamad, que es cada instante que él vive espantosa eternidad.
DIEGO Reportaos.
VIRREY
¡El villano
osa atreverse hasta mí!
Tiembla el puñal en mi mano.
DIEGO
(Leyendo.) El traslado soberano de vuestra esposa...
VIRREY Sí, sí...
¡Don Nuño de Alba! ¡Insolente!, no hará de su triunfo alarde.
DIEGO
(Hipócritamente.) La condesa es inocente.
VIRREY
(Sin oírlo.) Yo aplastaré a la serpiente.
¡Ah!, por fin llega el cobarde.
Escena XIV Dichos, NUÑO NUÑO
Señor...
VIRREY
Venid. A mi honor osáis hacer desacato.
NUÑO
¿Yo?
VIRREY
¿Comprendéis mi rencor?
Dadme al punto ese retrato, dádmele al punto.
(DON NUÑO le da el retrato.)
NUÑO
¡Señor!...
VIRREY
(Viendo el retrato.)
¡Ah! ¿Y osasteis mancillar mi honra y mi sangre? Matar sabe mi mano.
(Desenvaina el puñal y corre hacia DON NUÑO.)
NUÑO Teneos.
DIEGO Es justicia.
VIRREY
(Arroja el puñal y desnuda la espada.) Defendeos,
nunca supe asesinar.
NUÑO
¿Os irritáis contra mí?
VIRREY
¡En guardia!
INÉS
(Dentro.) ¡Favor! ¡Favor!
DIEGO (¡Cielos!)
(Se oye rumor de espadas dentro.)
INÉS
(Dentro.) ¡Socorro!
VIRREY
¿Qué oí?
Esa voz...
(DON NUÑO y el VIRREY se dirigen hacia el cuarto de JUANA INÉS; ésta aparece en el momento en que corre DON DIEGO a la galería.)
INÉS
¡Guardias, aquí!
VIRREY
¡Juana!
(Entran guardias y caballeros.)
INÉS
(Señalando a DON DIEGO.) Prended al traidor.
(Los guardias prenden a DON DIEGO.)
ACTO TERCERO
La misma decoración. Es de día.
Escena I
DOÑA MENCIA, ISABEL, RAMIRO MENCIA
Cáusanme a fe maravilla tan impensados sucesos.
ISABEL
¡Qué escándalo, Virgen santa!
MENCIA
El raptor era don Diego y en su poder estaría
Juana, a no ser por don Pedro que rondando cauteloso pudo acudir a buen tiempo.
ISABEL
Pues se dijo que, don Nuño...
RAMIRO
El amante caballero está inocente de todo.
ISABEL
El raptor se encuentra preso.
RAMIRO
Si acaso queda con vida será un milagro del cielo.
Este don Diego de Illezcas es un vil aventurero, un malvado.
MENCIA Quiero hablar, Ramiro, ¡por Dios!
RAMIRO Accedo.
Que es una dueña callando candil sin aceite y fuego.
MENCIA
Llegó don Pedro, os decía, y desnudando el acero, castigó de aquellos hombres el audaz atrevimiento.
ISABEL
Es valiente el buen anciano.
MENCIA
Que no interrumpas te ruego.
Juan Iniestra quedó herido y sus cómplices huyeron.
Don Pedro entonces airado le puso la espada al pecho y él confesó que el delito fue tramado por don Diego.
Por fin, aclarado todo al ser el de Illezcas preso, el buen anciano celoso de su honor, que es caballero, llevóse a su casa a Inés, y desde entonces no ha vuelto.
ISABEL
Malo es don Diego.
RAMIRO Tan malo,
que vino de España huyendo por homicida.
MENCIA
¡Jesús!
RAMIRO
Así consta del proceso.
Desde ayer lo sujetaron a la cuestión del tormento, y declaró la inocencia de Juana Inés.
MENCIA
¡Qué perverso!
Va a pagar todos sus crímenes y sus infames proyectos.
¿Y qué pena le impondrán?
RAMIRO
La muerte, según yo creo.
MENCIA
¡Válgame Dios!
RAMIRO Merecida
será la pena. A este reino
pasó de Murcia, que allí robó al conde de Vallejo diez mil doblas; y le dio la muerte el infame.
ISABEL
¡Cielos!
¡Cuánta maldad!
MENCIA
¿Y por qué
tuvo aquí tan buen empleo?
RAMIRO
Engañaba a su excelencia, con su audacia y con su ingenio, pues cambió su nombre antiguo por el que hoy le conocemos.
ISABEL
Al virrey aborrecía.
RAMIRO
Eran rencores de celos.
MENCIA
¡Cómo! ¿Qué dices, Ramiro?
¡Imposible!...
RAMIRO Pues es cierto.
Cuando el marqués pretendía a la condesa, don Diego rondaba también su calle, con amorosos intentos.
Una noche, en que el nublado su oscuro manto tendiendo sobre Madrid remedaba la oscuridad del averno, le halló el marqués a la reja de la casa, conviniendo con una dueña los planes para un rapto. En el momento, veloz, cual rayo, su espada dio al atrevido escarmiento.
Huyó don Diego cobarde,
receloso y encubierto, con su sangre matizando aquellos sitios desiertos.
Dirigióse a Murcia, oculto, y vino a América luego.
MENCIA
¡Vaya! ¡Y las tramas que urdía!
¡Era un archivo de enredos!
Al escalar el balcón, todas las damas creyeron que era Nuño, pues llevaba un adornado sombrero al de Alba igual, y una capa de la de Nuño remedo.
Y la noche tan oscura favoreció sus intentos.
Mas pronto el castigo halló;
no son los plazos eternos;
no hay deuda que no se cumpla...
RAMIRO
¡Su excelencia!
MENCIA
(A ISABEL.). Pues entremos.
Escena II
(RAMIRO y el VIRREY. Ramiro se dirige a la galería.)
VIRREY
Buen Ramiro, ven aquí.
¿Has visto a Inés?
RAMIRO No, señor.
VIRREY
Crece por ella mi amor.
no sé qué será de mí.
Hoy con su ausencia he sentido que un nuevo dolor me oprime;
en dónde, Ramiro, dime,
¿en dónde se halla el olvido?
Es mi pasión fuego intenso;
no puedo dejar de amarla;
pues cuando quiero olvidarla, más y más en ella pienso.
Hoy sin ver su luz querida siento en mí amarga aflicción, desierto mi corazón
y sin encanto la vida.
RAMIRO
El tiempo quizás...
VIRREY No creo
ya mi remedio posible, que acrecienta el imposible, el atractivo al deseo.
De la calumnia maldita pasó ya la nube oscura, y hermosa cual sol fulgura de mi bien la luz bendita.
Bella, pura, vencedora su alta virtud resplandece;
y crece, Ramiro, y crece el fuego que me devora.
RAMIRO Mirad, señor...
VIRREY Nada miro;
que la adoro sólo sé;
quiero verla y la veré.
Lleva esta carta, Ramiro.
RAMIRO
¿Mas vuestra esposa, señor...
el deber y la grandeza
en que estáis? ¿Vuestra nobleza?
VIRREY
Todo lo olvida mi amor.
¿Viste formando rumores correr el manso arroyuelo, pintando en cristal el cielo,
suspirando entre las flores?
Pues así del alma mía el amor se deslizaba, y los cielos retrataba cuando libre me veía.
¿Le viste luego el sombrío bosque cruzar, impaciente, aumentando su corriente y ser caudaloso río;
y las blancas amapolas marchitas en la ribera, inundando la pradera con el vaivén de sus olas;
y por fin con fiera saña, la llanura estremeciendo, raudo y rápido rugiendo, descender de la montaña, y enfurecido, en oscuro vapor envuelto, entre lodo, romper, destrozarlo todo, arrancar el fuerte muro, correr, volar, agitarse, saltar con audacia loca, quebrarse de roca en roca y al abismo despeñarse?
Así mi amor, por ligeras barreras encadenado, loco, ciego, desbordado, quiere arrancar las barreras:
lazos, deberes, poder, gloria, opinión y grandeza, orgullo, ambición, nobleza, todo lo quiere romper, todo ha de verlo deshecho;
que es mi virtud impotente a contener el torrente
que se desborda en mi pecho.
(Vase RAMIRO.)
Escena III El VIRREY
VIRREY
No puedo vivir así;
do quiere la suerte voy;
a todo resuelto estoy...
Dios tenga piedad de mí.
(Se sienta pensativo cerca de la mesa con el rostro entre las manos.)
Escena IV
(Dicho, la CONDESA y RAMIRO en la galería. La CONDESA lleva en la mano una carta.)
RAMIRO
Ya sabéis que os reverencio;
pero el virrey...
LUISA Basta ya.
RAMIRO Si lo sabe...
LUISA Bien está.
RAMIRO
¡Pero, señora!...
LUISA
¡Silencio!
(Vase RAMIRO.)
Escena V
VIRREY, LUISA
LUISA
¿A quién escribe? (Abre la carta.)
¡Qué miro!
VIRREY
(¿Y dejaré abandonada a mi esposa desdichada?)
LUISA
¡Y esto es verdad! Yo deliro...
Me olvida infiel y traidor.
¡Alma, calla, esconde el llanto!
¡Celos, silencio!, entretanto ocultemos mi dolor. (Pausa.)
¡Conde! (Avanzando.)
VIRREY Señora.
LUISA
(Con ternura.) Un instante, a solas, señor, os veo, y el impaciente deseo
calma al fin el pecho amante.
Quisiera hablaros.
VIRREY (¡Dios mío!)
LUISA
Olvidad tantos enojos, no quieren mirar mis ojos ese ceño tan sombrío.
La dulce quietud, la calma en mi regazo buscad, y un instante consagrad a los anhelos del alma.
No quiero que triste estéis.
VIRREY
(Su cariño y su ternura acrecientan mi tortura.)
LUISA
¡Ah!, ¿pero no respondéis?
VIRREY
¡Condesa!...
LUISA
Si estáis airado por el suceso enojoso de anoche, que os dé reposo mi inocencia. Ya el osado que me ultrajó de esa suerte ofendiendo mi opinión, yace en oscura prisión y está condenado a muerte.
VIRREY
¿Y qué, lo sentís?
LUISA No, a fe:
sus errores compadezco, Dios le acoja.
VIRREY (No merezco
su casto amor... Yo no sé qué me pasa... En vano lucho.)
LUISA
(En vano el secreto esconde.) Estáis muy pálido, conde.
VIRREY
Sí, señora, sufro mucho.
LUISA (Con ternura.)
¿Sufrís, y en almas ajenas buscáis al dolor abrigo?
Debierais partir conmigo vuestro afán y vuestras penas.
¿No soy vuestra esposa?
VIRREY (¡Oh, Dios!)
LUISA
Nada debe deteneros.
¿Quién como yo ha de quereros, si sólo vivo por vos?
VIRREY
Los negocios me arrebatan la quietud, y el alma siente que la sofoca este ambiente, y que estas luchas la matan.
LUISA
Pues dejad la agitación del mando, dejad su encono;
¿no os basta, señor, el trono que os alzo en mi corazón?
Dejando aquí los pesares, nos lleve nave ligera a la querida ribera del querido Manzanares, y halle allí vuestro dolor serenidad apacible.
VIRREY
No, condesa, es imposible...
LUISA
(Funesto, funesto amor.) La dulce calma os convida.
VIRREY
No lo permiten los cielos.
LUISA
(¡Ay!, el áspid de los celos sangre le arranca a mi vida.) Resuelto romped los lazos del poder, lazos penosos;
que otros lazos más dichosos os esperan en mis brazos;
y una existencia sin duelo veréis, señor, deslizar, cual la barquilla en el mar, como la nube en el cielo.
Pensando en ese placer, ved que gozosa sonrío...
VIRREY
(¡Qué horrible lucha! ¡Dios mío!
¿Por qué no triunfa el deber?)
LUISA
Volvamos, señor, a España, que en esa tierra bendita, de los cielos favorita,
la dicha al bueno acompaña.
VIRREY
¡Ah! ¡Si pudiera!...
LUISA Apartados
de la corte viviremos,
y gloria de amor seremos ni envidiosos ni envidiados.
¡Cuán venturosa me haréis!
Y a vos también os espera felicidad verdadera.
VIRREY (¡Ay de mí!)
LUISA
(Con ternura.) ¿Qué resolvéis?
Presto partamos de aquí:
ved que os lo ruego.
VIRREY (¡Dios santo!
¡Es tan buena y me ama tanto!)
LUISA
¿Qué decís, señor? Allí triste y enfermo, pensando que ya mucho en veros tarda, un noble padre os aguarda, y está por vos suspirando.
VIRREY
(Conmovido.) ¡El padre del alma mía!
¡Ah!, sí, sí, verle quisiera.
LUISA
Pensad que ansioso os espera.
VIRREY.
(Como embelesado.) Verle, verle, ¡qué alegría!
Pienso que tras duelo tanto, de nuevo mi oído halagan esas frases que se apagan y se traducen en llanto;
y pienso en el desvarío de tan hermosa ilusión, que siento su corazón palpitar junto del mío.
LUISA
Cuando ya a la eternidad toca su pie...
VIRREY Necesita...
de una ternura infinita que apoye su ancianidad.
LUISA
Llevémosle esa ternura.
VIRREY
¡Oh!, ¡qué sueño tan hermoso!
LUISA
Allí hallaréis el reposo.
VIRREY
Ésa fuera mi ventura.
LUISA
Pues buscad ese placer.
VIRREY
¡Qué imagen tan seductora!
LUISA
Os quiere tanto.
VIRREY Me adora;
soy la vida de su ser.
LUISA
Con él nuestro hijo querido...
VIRREY
En sus brazos lo estoy viendo, como un ángel sonriendo, plácidamente dormido;
y, que mi padre le mira...
LUISA
Que contempla en su semblante vuestra imagen...
VIRREY Y que amante
le besa y por mí suspira...
LUISA
Que con castos embelesos...
VIRREY
Suspirando tiernamente yo deposito en su frente todo mi amor con mis besos.
LUISA
Y que el niño no os asombre...
VIRREY
Sí, sí, que despierta el niño.
LUISA
Que os sonríe con cariño.
VIRREY
¡Y que pronuncia mi nombre!
LUISA
Que sin duelo en la existencia vuelve su frente a inclinar.
VIRREY
Y otra vez vuelve a soñar con la paz de la inocencia.
LUISA
Que vuestro padre al buen Dios
invoca, al veros ufano...
VIRREY
Que alza trémulo su mano y nos bendice a los dos.
LUISA
Y en ese cuadro risueño veréisme, señor, de hinojos, mirándome en vuestros ojos, velando del niño el sueño.
VIRREY
¡Ah! ¡Padre del alma!...
LUISA
(Llora.) (Se ha salvado; ya respiro.) (Pausa pequeña.)
VIRREY
¡Ah!, pero no; yo deliro:
es imposible, señora.
LUISA (¡Ah!)
VIRREY
Que el rey en su favor, servirle aquí me ha mandado, y me cumple como honrado acatar a mi señor.
LUISA
¡Vano placer! Sombra esquiva donde el dolor se renueva, eres la espuma que lleva la corriente fugitiva.
Escena VI
Dichos, DON PEDRO PEDRO
Dios guarde al señor virrey
y a la señora condesa.
VIRREY
Él también venga con vos, señor don Pedro.
PEDRO Las muestras
de mi respeto, os dirán lo que mi labio no acierta.
LUISA
Mucho en palacio, señor,
se ha extrañado vuestra ausencia.
PEDRO
Dejad, señora, que humilde vuestra bondad agradezca.
VIRREY
Nos tenéis muy ofendidos.
PEDRO
¿Yo, señor?
VIRREY Sin mi licencia
llevasteis a Juana Inés...
LUISA (¡Ay, Dios!)
VIRREY
A la casa vuestra.
Con esto a mi noble esposa le hacéis, don Pedro, una ofensa.
pues con materno cariño a Inés quiere la condesa, y por su fama y su dicha su afán solícito vela.
¿No es esto verdad, señora?
LUISA
(Esforzándose por sonreír.) Sí, sí, conde.
Las funestas
causas que ayer al escándalo dieron las miras perversas de don Diego, me obligaron.
VIRREY
Probada está la inocencia y virtud de vuestra hija.
LUISA
(¡Oh, Dios!, mi desgracia es cierta.
¡Cuánto la quiere!)
VIRREY Señor
don Pedro, evitar es fuerza murmuraciones injustas.
Haced que al momento vuelva.
Decidle, señora.
LUISA Sí.
PEDRO
Complaceré a su excelencia.
(El VIRREY se va por un lado y MARÍA LUISA por otro.)
LUISA
(Viendo al VIRREY.)
(Volvedle, ¡oh, cielo!, a mis brazos, o permitid que me muera.)
Escena VII
DON PEDRO, solo
PEDRO
Yo velaré por mi honor.
Escena VIII
Dicho, DON NUÑO
PEDRO Don Nuño.
NUÑO
Señor don Pedro,
a vuestras no desmentidas y altas bondades atento, y además, teniendo en cuenta irresistibles afectos,
voy a haceros confesión de un honrado atrevimiento.
PEDRO
¿Atrevimiento?, no tal, honrado sí, como vuestro.
No caben en limpia sangre sino honrados pensamientos.
NUÑO
Ya sabéis que yo soy noble...
PEDRO
Sois cumplido caballero, y por noble y por honrado os estimo y os respeto.
NUÑO
Sabéis que de mi familia muy pingües rentas heredo.
PEDRO
Es la riqueza mayor
la que se guarda en el pecho, que más quilates que el oro tiene un noble sentimiento.
NUÑO
Sabéis que el virrey me estima.
PEDRO
Sois su amigo predilecto, el alma de sus acciones y su mejor consejero;
y se os mira en Nueva España como árbitro del gobierno.
NUÑO Sabéis...
PEDRO
Conozco, don Nuño,
vuestras prendas; mas no infiero...
NUÑO
Tenéis, señor, una hija que es de virtudes modelo, que es fénix de la hermosura, que es asombro del ingenio, que es musa de nuestro olimpo, que es astro de nuestro cielo.
PEDRO
Cual galán y cortesano, favorecéisla en extremo.
NUÑO
Ella ha logrado inspirarme un ardiente sentimiento;
por ella muriendo vivo, por ella viviendo muero.
Por eso hablaros quería, y con profundo respeto, ofreciéndoos cuanto soy, su mano a pediros vengo.
PEDRO
Tomad mis brazos, don Nuño, como hijo desde hoy os veo;
la mano de Juana Inés sin vacilar os concedo.
Voy por ella; adiós, quedad. (Vase.)
NUÑO
Id con él, señor don Pedro.
Escena IX NUÑO
NUÑO
Tras la pasada amargura el premio mi amor alcanza, y va a tocar mi esperanza el cielo de la ventura.
Escena X
Dicho, el VIRREY, después RAMIRO
VIRREY (Llamando.)
¡Ramiro!... ¡Don Nuño aquí!
NUÑO Señor...
VIRREY Esperad.
RAMIRO (¿Qué haré?)
VIRREY
¿Diste mi carta?
RAMIRO (No sé
qué contestar.)
VIRREY Vamos, di.
RAMIRO
La tomó, perdón espero, la condesa...
VIRREY
¿Qué?
RAMIRO
¡Señor...!
VIRREY
¿Así me sirves, traidor?
Vete, mirarte no quiero.
(Se va RAMIRO.)
Escena XI
Dichos, menos RAMIRO
VIRREY
(El destino se conjura
contra mí.) Don Nuño... (Inquieto estoy.)
NUÑO Mi respeto
lealtad os asegura.
Una difícil empresa intento.
VIRREY Decid.
NUÑO Señor,
de vos aguardo...
VIRREY (Mi amor
ha sabido la condesa.
¡Qué terrible compromiso!
En mucho, don Nuño, os tengo.
NUÑO
Señor, a pediros vengo para casarme permiso.
VIRREY
Saber, amigo, quién es la que pudo vuestro gusto cautivar, parece justo.
NUÑO
Es la hermosa Juana Inés,
VIRREY
¿Qué? ¿Qué decís?
NUÑO Ya su mano
su buen padre me concede.
VIRREY
(¡La infiel olvidarme puede!)
NUÑO
Con ese ángel soberano, feliz hoy mismo seré.
VIRREY (¡Ay de mi!) NUÑO Si su licencia
me otorgare su excelencia.
VIRREY
Hoy con don Pedro hablaré.
(No sé qué siento. ¡Gran Dios!, el alma tiembla cobarde.) Ya me veréis: Dios os guarde.
NUÑO
Él quede ¡oh, conde!, con vos. (Vase.)
Escena XII El VIRREY
VIRREY
¡Por otro afecto me olvida!...
Es tan horrible mi suerte que fuera dicha la muerte, porque es la muerte mi vida.
Quererla tanto, quererla para llevarla a otros brazos,
¡rotos ver tan dulces lazos!...
Amarla, para perderla...
¿Dejaré que me abandone?...