Comunicación y política:
ejercicios reflexivos
y articulaciones del campo político
en la “generación #”
Eduardo Muro Ampuero (Universidad de Lima, Perú)
Recibido: 29/8/2015 Aprobado: 29/9/2015
Resumen. Este artículo constituye una breve aproximación al escenario político en el que se encuentran inmersos los jóvenes pertenecientes a la “generación #”; se exponen sus características y se analiza de qué manera el campo político se ve afectado por el campo mediático. Asimismo, se examinan los hábitos na-turalizados de los jóvenes en una sociedad hipermediatizada y glocalizada. El presente documento se inscribe dentro del proyecto de investigación “Jóvenes y política. Estudio sobre los universitarios limeños”, que auspicia el Instituto de Investigación Científica (IDIC) de la Universidad de Lima.
Palabras clave: campo político / campo mediático / espectacularización / visibilización / habitus juvenil
Analysis on the Configurations and Articulations of the Political
Field in the “# Generation”
Abstract. This paper aims to make a brief critical analysis of the political are-na in which young people of “generation #” are located, through an explo-ration of its characteristics and analysis of how this political field is affected by the media. Also, it examines the naturalized habits of young people in a hypermediated and glocalized society. This document is part of the research project of the Instituto de Investigación Científica (IDIC) at the Universidad de Lima “Youth and politics. Study on the college students of Lima”.
Introducción
E
n la era contemporánea, las so-ciedades están sufriendo una serie de vertiginosas y constan-tes configuraciones debido, entre otros factores, al uso cotidiano de las tecno-logías de la información y comunica-ción (TIC). Este uso de las tecnologías, especialmente por los jóvenes, genera nuevos espacios de interacción social y nuevas formas de aproximarse al mun-do que los rodea. Un ejemplo de ello es la utilización –imperante– de las redes sociales para casi –si no todo– lo con-cerniente a la vida de las personas.Así, estas redes pueden ser enten-didas como herramientas de expre-sión o visibilización, que –a diferencia de épocas analógicas, donde las prin-cipales formas de comunicación eran guiadas por el poder de la palabra– se caracterizan por ser exposiciones ga-seosas –hipermediatizadas– basadas en el poder de las imágenes.
En la política, más allá de la pre-ponderancia que también tienen las imágenes, se manifiestan otros tipos de efectos, los que se relacionan con la inconformidad de los jóvenes hacia la política formal y la poca representa-tividad que tienen en ese espacio. De esa manera, a través de la web 2.0, los jóvenes se apropian de estos escena-rios y construyen nuevas narrativas al margen de la política adulto-céntrica para que su voz sea escuchada.
En los últimos cinco años, las mani-festaciones que ocurrieron en diversas
partes del globo (desde la Primavera Árabe hasta #Yosoy132) son movidas que se caracterizan por ser productos concretos y efímeros, con poca o nu-la militancia en partidos políticos, sin centralización institucional o política, y por el rol preponderante que les die-ron a las TIC como herramientas para convocar, informar y visibilizar cada detalle de las marchas. De esa manera, el modus operandi de la mayoría de estas manifestaciones parte de una organi-zación y convocatoria online para luego ser materializadas en el terreno offline.
En ese sentido, las manifestacio-nes sociopolíticas contemporáneas lideradas por jóvenes distan de sus símiles de otras épocas debido a la vi-sibilización –o espectacularización– en la que se encuentran inmersas, los me-canismos de comunicación utilizados y los nuevos espacios generados para su representatividad.
Es así que, en la era del homo videns, la fase embrionaria de las moviliza-ciones juveniles se gesta –y fenece en muchas ocasiones– en la web 2.0 y se extrapola a las calles. Por ello, es im-portante reconocer que si bien el éxito de las movilizaciones se debe en gran parte a su capacidad de convocatoria y en la narrativa de sus discursos, tam-bién es importante señalar que mucho de ello es debido a la capacidad de sus organizadores de visibilizar las mar-chas a través de las redes sociales y medios tradicionales.
De esa manera, es necesario conocer cómo los agentes pertenecientes a la
“generación #” articulan sus discursos en los diferentes canales disponibles; cómo (re)construyen su representa-tividad po lítica fuera y dentro de las plataformas digitales; y si estas nuevas formas de agenciar su participación po-lítica a través de modernas narrativas y discursos son valoradas.
Pero así como las manifestaciones tienen características particulares, que las diferencian de formas de expre-sión sociopolíticas de otras épocas, ca-da grupo generacional, y con ello los integrantes que la conforman, tienen características que las diferencian de sus símiles en tiempos pasados. En ese sentido, los jóvenes –de una misma ge-neración– también comparten ciertos atributos, propios de su contexto, que los diferencian de sus símiles de otros contextos sociohistóricos. De esa ma-nera, los jóvenes –como integrantes de un grupo generacional– poseen un ha-bitus compartido, una forma de accio-nar naturalizada.
Jóvenes de la ‘generación #’
Para comprender y aprehender lo que se entiende por “jóvenes de la ‘generación
#’”, es necesario desarrollar las concep-ciones teóricas que están detrás de la terminología utilizada. Por ello, en este apartado se profundizará en el concepto de generación desde la perspectiva de dos autores: Mannheim y Feixa.
Para Mannheim (1993)1, las
gene-raciones2 no se pueden describir
úni-camente bajo factores biológicos3, es
necesario también considerar factores sociales, históricos y espirituales. Fac-tores importantes que influyen, delimi-tan y determinan al individuo dentro de un proceso sociohistórico genera-cional específico. Estos últimos factores establecen vínculos entre los indivi-duos que nacen en un ‘mismo ámbito histórico-social’ y ‘dentro del mismo periodo’ (“posición generacional”), y que participan de un ‘destino común de esa unidad histórico-social’ (“co-nexión generacional”).
Por ejemplo, el autor recalca que los jóvenes contemporáneos comparten una misma ‘conexión generacional’, pero que pueden estar vinculados a grupos que emplean ‘vivencias de modos diversos’ (“unidad generacio-nal”). Estas unidades, que son ‘modos de configurar conformados por un
1 En 1928 fue publicado por primera vez el artículo de Karl Mannheim titulado “Das pro-blem der generationen”.
2 Mannheim (1993, p. 211) determina cinco fenómenos básicos en el ciclo generacional: a) cons-tante irrupción de nuevos portadores de cultura; b) salida de los anteriores portadores de cul-tura; c) participación en un periodo limitado del proceso histórico por parte de los portadores de cultura de una conexión generacional concreta; d) transmisión de la tradición cultural de los anteriores portadores a los nuevos; y e) el carácter continuo del cambio generacional. 3 Por compartir el mismo año de nacimiento.
sentido semejante’ y un ‘reaccionar unitario’, se caracterizan no solo por tener contenidos parecidos, lo cual posee un efecto socializador, sino, prioritariamente, por ‘fuerzas forma-tivas’, como el origen social, que vin-culan a los individuos.
Para caracterizar la ‘posición y conexión generacional’ del joven con-temporáneo, Carles Feixa (2014) utiliza conceptos como ‘hibridación’, ‘mundos plurales’ y ‘global’. Así, la ‘hibridación’ es una deconstrucción creativa perfor-mativa basada en diferencias articula-das, es decir, una creatividad cultural de fuentes heterogéneas y diversas, y de interacción entre lo local y global, lo hegemónico y lo subalterno, el centro y la periferia. El concepto de ‘mundos plurales’ hace referencia a la consti-tución de subjetividades juveniles de discursos aparentemente opuestos que implica un habitus reflexivo, o sea, una invención y reinvención
autoconscien-te de identidades juveniles4. Y el
con-cepto de ‘globalización’ –o ‘global’–, es entendido como la cultura hegemónica que amenaza con eliminar signos de identidad y prácticas locales a favor de un conjunto homogéneo.
De esa manera, las identidades de los jóvenes en la sociedad red están cada vez más deslocalizadas, pero no homogeneizadas. Es decir, que como miembros de una generación identifi-cable tienen una base en común, que se despliega de diversos modos en el ámbito local. Asimismo, una caracte-rística importante de los jóvenes en la era digital es que, por primera vez, no están en una posición subalterna5;
construyen identidades alternativas en oposición y resistencia a las imá-genes adulto-céntricas representadas por la escuela, el trabajo y el estatus/ clase; y se asumen como nueva autori-dad mediante su captación prefigura-tiva del futuro desconocido6.
4 Por ejemplo, en un joven árabe que vive en un país moderno coexistirán mundos que en otro contexto no sería posible: la fe devota por el islam y el consumismo del capitalismo occidental (Feixa, 2014).
5 El binomio joven-adulto en reemplazo del adulto-joven.
6 Margaret Mead, en Cultura y comunicación, realiza una categorización de las culturas con base en la relación entre adultos y jóvenes. En ese sentido, los divide en tres:
– Culturas posfigurativas: sociedades primitivas, religiosas, los niños aprenden de sus padres, tiempo repetitivo y cambio social lento.
– Culturas cofigurativas: sociedades estatales, tanto los niños como los adultos aprenden de sus coetáneos, tiempo más abierto y cambio social acelerado.
– Culturas prefigurativas: a partir de 1960, los adultos aprenden de los niños y los jóvenes asumen una nueva autoridad mediante su captación prefigurativa del futuro descono-cido (Mead, citada en Feixa, 2014, p. 102).
7 Metáfora utilizada por Feixa (2014, pp. 99-120) para interpretar los mecanismos usados en distintos lugares y momentos para medir el acceso a la vida adulta:
– Reloj de arena: concepción natural o cíclica del tiempo (preindustrial). – Reloj analógico: concepción lineal o progresiva del tiempo (industrial). – Reloj digital: concepción virtual o relativa del tiempo (posindustrial). 8 Término acuñado por Bourdieu (1980).
Además, los jóvenes pertenecien tes a la era del reloj digital7 se caracterizan
por compartir un tiempo ‘desnaciona-lizado’, ‘destemporalizado’ y con una ‘simultaneidad artificial’; así como clases ‘desclasadas’ que dependen principalmente del capital cultural8,
géneros ‘transexualizados’ y territorios ‘desespacializados’.
En ese sentido, Feixa denomina a la generación actual de jóvenes como “ge-neración #”, y la define por su capacidad de conexión especializada, deslocaliza-da y móvil a una o varias herramientas de la web social; por unir lo local y lo global, reconstituyendo los espacios so-ciales en forma híbrida; por tener una concepción del tiempo ‘viralizada’; y por organizarse en forma translocal, es decir, por tener una movilidad cons-tante que le permite desvincularse de identidades sociales, culturales y profe-sionales, otrora fijas y estables.
Política mediacrática: bajo el gobierno de lo obsceno y obeso
Una vez retratado el perfil del joven en la “generación #” es importante reconocer, para los fines de este artículo, cuál es el espacio político en el que se encuentran los jóvenes. De esa manera, conocer las
reconfiguraciones y (re)articulaciones que se gestan en este escenario es esen-cial para comprender el rol que repre-senta el joven en este campo social.
Son diversos los autores que al refe-rirse a la política enfatizan en que esta, con la introducción de las TIC, ha sufri-do cambios estructurales y performati-vos en su quehacer. Cambios que dejan muchas preguntas en el aire y que solo el tiempo, y las acciones que se tomen en este campo, podrán responder.
Así, son variados los nombres que se le ha dado a esta reconfiguración de la democracia: democracia de los me-dios, democracia de audiencia, media-cracia, videomedia-cracia, democracia digital, entre otros. Sin embargo, lo que estas denominaciones quieren enfatizar es la relevante presencia de los medios de comunicación en el ámbito político.
Como dice Vallès (2010):
La política democrática actual ha sido ‘raptada’ por una lógica comunicativa que influye de manera determinante sobre el proceso de toma de decisiones, las instituciones que las canalizan y las políticas que producen. El resultado de esta influencia es negativo para la cali-dad de la democracia porque desfigura el concepto mismo de la política demo-crática y socava su legitimidad. (p. 14)
En esa línea, Sartori (1998) define la influencia de los medios de comuni-cación en la política utilizando el tér-mino ‘video-política’. Dicho tértér-mino “hace referencia sólo a uno de los múl-tiples aspectos del poder del video: su incidencia en los procesos políticos, y con ello una radical transformación de cómo ‘ser políticos’ y de cómo ‘gestio-nar la política’” (p. 66).
Estas transformaciones que se rea-lizan en la política son producto de la intromisión de la lógica comuni-cativa en el campo político. En ese sentido, para Victoria Camps (2003) el paso de la democracia a la ‘media-cracia’ se debe a los efectos causados por dos tiranías: la de la velocidad y la del espectáculo. La tiranía de la velo-cidad, basada en el precepto mercan-tilista del “tiempo es dinero”, insta a que todo se tiene que hacer de prisa: pensar, informar, comunicar, etc. De esa manera, en los mass media impera una concepción especial y hegemóni-ca del tiempo: el media time. El hegemóni-campo político no escapa de esta hegemonía impuesta por los medios, y los resulta-dos son un espacio donde, por la pre-mura del tiempo, se impide el debate y la reflexión. Por ello, esta imposición reconfigura el accionar político para devenir en un accionar político media-tizado: un terreno donde los medios marcan la agenda política y el formato de esta, y la política deja su rol como mediadora para ser mediatizada.
En segundo lugar, la tiranía del es-pectáculo se basa, como afirma Sartori
(1998), en la importancia de la imagen por sobre la palabra. Este dominio de la imagen se caracteriza por impactar a la vista y el oído a través de la producción de mensajes iconográficos, superficia-les y de poca duración. Es en ese con-texto tiránico donde la política, como otros campos de la actividad humana, cae subordinada ante la espectaculari-zación mediática. Y, producto de ello, es desterritorializada de su propio campo para ceder el paso a un nuevo campo político configurado por los medios.
Por lo tanto, y como bien explica Manuel Barbosa (2012), la mediacra-cia “es una realidad en las sociedades saturadas por medios informativos y comunicativos. Es un poder que in-fluye en los modelos mentales de las personas y en sus creencias más pro-fundas” (p. 234) [Mi traducción]. Es un poder que si bien no im pac ta directa-mente en nuestros comportamientos es responsable por dejar modelos e imágenes mentales que condicionan nuestras conductas y acciones en dife-rentes aspectos de nuestras vidas, in-cluida la política.
Por otro lado, Jean Baudrillard, fiel a su estilo, describe la política actual como víctima y victimaria de los cambios suscitados en sus pro-pios campos de acción. Así, el autor francés emplea términos como la obe-sidad y la obscenidad para explicar estas transformaciones: de lo estéti-co a lo transestétiestéti-co; de lo sexual a lo transexual; de la política a la transpo-lítica; entre otros.
En este contexto, lo obeso sería to-do aquello que desborda, que excede, que supera sus propios fines, sería la hipertrofia de sí mismo, la autonega-ción por una extensión cancerosa, sa-turada, vacía y que crece de una forma desbordante. Es decir, es la sobredi-mensión de la realidad, la superación de lo real, es una hiperrealidad. Como explica Baudrillard, la obesidad es un embarazo de mucha información que nunca llegará a parir, cuyo propósito de ser es el de un embarazo en actua-lidad pura, del vientre como almacén insaciable que no discrimina la utili-dad de lo almacenado; asimismo, es la producción imparable e insaciable, que excede su propia razón de ser, excede el stock, tiene un exceso de sentido, y que al ser superado no queda más que un sentido superfluo y banal.
Lo obsceno, por otra parte, es una simulación, es una ilusión que no es falsa puesto que no utiliza signos fal-sos, sino signos insensatos. Lo obsceno es lo más verdadero que lo verdadero, la superación de lo real por lo hipe-rreal, es la carencia de profundidad y de secretos ya que ahora todo debe tener una transparencia absoluta, una visibilidad absoluta. Y esta hiperreali-dad (o realihiperreali-dad exorbitante), esta hiper-visibilidad de las cosas, se convierte en la aniquilación de lo real porque hay un exceso del sentido.
Cuando todo está sobresignificado, el mismo sentido se hace inaferrable. Cuando todos los valores están sobre-expuestos, en una especie de éxtasis indiferente (...), lo que aparece
aniqui-lado es el crédito de este valor. (...) Para que una cosa tenga un sentido, hace falta una escena, y para que exista una escena, hace falta una ilusión, un mí-nimo de ilusión, de movimiento ima-ginario, de desafío a lo real, que nos arrastre, que nos seduzca, que nos re-bele. (Baudrillard, 1984, pp. 59, 63) Es decir, la obscenidad, por lo tan to, es la ‘superrepresentación’, es el des-borde de las cosas a falta de un lugar estable para ser representada, o mejor dicho, es una exacerbación de la repre-sentatividad producida por los me-dios, representación que tiene como característica principal una ‘transpa-rencia inexorable’.
De ello se deriva que la transpolíti-ca es la superación de las fronteras de lo político, es un crecimiento metastá-sico que no respeta la estructura de la forma. Ello implica que conforme se va dilatando el concepto de política, o del quehacer político, se va perdiendo el significado de política como se ha-bía conocido, es decir, cambia de con-sistencia. Asimismo, como en muchos otros aspectos de nuestras vidas, la mediatización, en este caso de la po-lítica, implica que esta se rija por los designios de la espectacularización; en otras palabras, que el acto político ya no actúe por lo político, sino por lo mediático, por las tiranías descritas por Camps: los contornos otrora deli-mitados ahora son desdibujados y so-brepasados para conformar una otra composición que no necesariamente se caracteriza por tener estructura fija, sino por ser líquida –o gaseosa–.
En suma, estamos ante un momen-to de transición, de reestructuracio-nes, de cambios, no solo en el campo político, sino también en el aspecto so-cial/generacional. Ante ello, esta situa-ción nos deja muchas dudas sobre el devenir del campo político: ¿será que es el fin de la política tal cual la cono-cemos? ¿Estamos ante la presencia de una concreta transición política? ¿Qué tan diferente será esta nueva política de su predecesora? ¿En qué medida esta política mediatizada es la políti-ca idónea para una generación que se gesta en la “generación #”?
Política espectacularizada: cuando la
performance desborda el escenario Como se ha mencionado en el aparta-do anterior, tanto Camps como Baudri-llard describen los cambios suscitados dentro del campo político como cam-bios estructurales y performativos de-bido, entre otros factores, a la influencia recibida del campo mediático.
Por un lado, la autora española en-fatiza que la política actual está supe-ditada a la concepción del tiempo y a la espectacularidad que rigen en los medios. Por otro lado, el autor francés explica que el concepto de política ha perdido validez, ya que la conceptua-lización del término se ha dilatado tanto que ha perdido sentido; el autor también asume que esto se debe a la visibilización absoluta que caracteriza al mundo mediatizado.
En ese contexto, Paula Sibilia retra-ta, en su libro La intimidad como espec-táculo (2013), cómo las sociedades han pasado de una configuración y visión del mundo de manera íntima, a una ‘extima’: de una sociedad donde se cul-tivaba y construía la personalidad de manera introspectiva y en el espacio privado, a una sociedad donde todo se vierte hacia fuera, donde la fina lí-nea divisoria entre privado y público se ha desplazado en detrimento de lo privado, en donde la construcción de cada persona se basa en la exposición y visibilización.
Asimismo, de igual manera que en el ámbito social, la política también ha tenido que modificarse y adaptarse al nuevo entorno en el que se encuentra. De esa manera, Bourdieu, en su libro Sobre la televisión (1997), comentaba que debido al rol protagónico de la televi-sión en nuestras vidas –y ahora también la computadora, smartphones, tablets, Internet, entre otros dispositivos y ser-vicios–, la política debía ‘entregarse’ al mundo mediático para no ser margina-da, puesto que su propia naturaleza ha-ce que sus contenidos sean considerados como complejos y poco o nada entreteni-dos en el campo mediático.
En un mundo dominado por el temor a ser aburrido y el afán de divertir a cualquier precio, la política está con-denada a aparecer como un tema in-grato que se excluye en la medida de lo posible de las horas de gran audien-cia, un espectáculo poco estimulante, incluso deprimente, y difícil de tratar,
que hay que convertir en interesante. (Bourdieu, 1997, p. 127)
En ese sentido, la política, para no ser marginada, se ha impregnado de esta espectacularización/visibilización/ exposición que existe en el ámbito so-cial y mediático, como bien lo decía Baudrillard al referirse a la transparen-cia y obscenidad, y al desborde y obesi-dad de la política. Por ejemplo, ahora es impensable realizar una campaña elec-toral sin tener un plan o estrategia de medios, sin que en esa campaña exista un equipo de producción audiovisual, de comunicación, de publicidad y mar-keting; que la mayoría de partidos po-líticos o campañas políticas electorales no sean personificadas; que los políti-cos no tengan presencia en los medios de comunicación y que el político no tenga un asesor de imagen que le diga qué ropa vestir y qué palabras decir en cada espacio en el que se presenta; que los discursos políticos no sean adapta-dos a cada plataforma mediática; que los discursos no sean simplificados y ‘emotivizados’ porque el tiempo es li-mitado, y porque la temática política es ‘densa’ y poco entretenida.
Por otro lado, ello no se expresa únicamente en la política formal, sino también en la política informal9 a
tra-vés del uso preferencial de las redes sociales, en una primera instancia;
para luego ser materializadas en el plano offline en movilizaciones que se caracterizan por organizarse de ma-nera horizontal y no tener liderazgos, entre otras características que las di-ferencian de marchas en épocas pasa-das, en una segunda instancia.
Sin embargo, a pesar de que, en general, usan los mismos canales me-diáticos para transmitir sus mensajes, estos difieren en términos de intensi-dad y asiduiintensi-dad. Por ejemplo, la polí-tica formal usa ‘medios tradicionales’ como la radio, prensa escrita y televi-sión; mientras que la política informal, las redes sociales. De ello se deriva que estos mensajes/discursos/narrati-vas que se utilizan en el plano formal e informal de la política se ven influen-ciados en el campo mediático, y por ello deben adaptarse a las característi-cas que imperan en él: tiempos cortos y limitados, las imágenes por encima de las palabras, el horario que debe ser transmitido para tener mayor impacto, discursos simplificados, la rápida eje-cución de las políticas públicas para comunicar los resultados, entre otros.
Asimismo, y dentro de esta especta-cularización de la política o la tiranía del espectáculo, Vallès (2010) menciona que la influencia del campo mediático al campo político genera la existencia de una “puesta en escena de un
proce-9 Se entiende por política formal a la acción política en instituciones públicas por actores legítimamente elegidos para desempeñar una función pública. Por otro lado, la política informal hace referencia al resto de actores que no ostentan un cargo público, pero que intervienen, de manera indirecta, en la actividad política.
so político de carácter marcadamente teatral, construida sobre la base de un relato de estilo novelado con escenarios artificiales, personajes prefabricados, situaciones provocadas y discusiones ficticias” (p. 19). Por ello, el autor men-ciona que el campo mediático genera efectos negativos que desfiguran a la política democrática, la deslegitiman y producen que los ciudadanos se inhi-ban de participar en ella. En ese senti-do, “la política como espectáculo acaba siendo valorada con criterios que no tienen en cuenta la naturaleza de la
política democrática, por ello, el resul-tado final de la política mediatizada es a menudo el desencanto, la decepción, la alienación experimentada por la ciu-dadanía” (pp. 33-34).
Por otro lado, Sartori cita a Ghita Io-nescu para recalcar los efectos negativos en la política generados por la lógica mediática de la televisión, efectos que socavan y erosionan a la democracia.
El hecho de que la información y la educación política estén en manos de la televisión (...) representa serios pro-blemas para la democracia. En lugar de
Tabla 1
Presencia de la comunicación en la política democrática
Fuente: Vallès (2010, p. 34)
Dimensiones de la política
Proceso (politics) Estructura (polity) Política pública
(policy) Actitud ciudadana
Democracia deliberativa10 (horizonte ideal) Como estímulo/instrumento para la deliberación y la decisión en el ágora ciudadana Con acceso “socializado” igualitario y regulado en el espacio público de la comunicación Como facilitadora de codefinición, cogestión y evaluación por parte del ciudadano Compromiso y participación Democracia mediática (situación actual)
Como instrumento para el espectáculo organizado por las élites profesiona- les en el escenario del
politainment
Con acceso asimétrico, jerarquizado y “autorregulado” por el “mercado” segmentado de la comunicación Como manipuladora de la demanda y como canal de la queja del consumidor/usuario
Desafección y
free-riding
10 La democracia deliberativa es un concepto acuñado por J. Bessette, que se caracteriza por ser un sistema político en el que se delibera con quienes se verán afectados por la toma de decisiones.
disfrutar de una democracia directa, el demos está dirigido por los medios de comunicación. (Ionescu, citado en Sar-tori, 1998, pp. 129-130)
Siguiendo esa línea, Vallès realiza un cuadro muy didáctico, en el que compara la democracia deliberativa ideal con la democracia mediática actual (tabla 1).
Finalmente, Sartori (1998) tiene una posición reacia frente al mundo políti-co del homo videns:
La verdad –subyacente a los pregones de noticias exageradas que la confunden– es que el mundo construido en imáge-nes resulta desastroso para la paidèia de un animal racional y que la televi-sión produce un efecto regresivo en la democracia, debilitando su soporte, y, por tanto, la opinión pública. (p. 146) En suma, partiendo de los autores citados, el desborde escenográfico de la performance política causado por la influencia de la lógica mediática ha ba-nalizado el quehacer político. Esta es-pectacularización ha ocasionado que la política, como se conoció en épocas menos o nada mediatizadas, se en-cuentre en crisis (bajo una mirada que intenta que la política regrese a su es-cenario); sin embargo, como se cuestio-nó en el apartado anterior, quizá este tipo de política, para bien o para mal, es la que va acorde con esta genera-ción, quizá es una versión beta del tipo de política por venir y que estará en correlación con las características in-trínsecas de las sociedades venideras.
Habitus político de los jóvenes
en la hiperrealidad
En La gaya ciencia, Friedrich Nietzsche, con la agudeza que lo caracterizaba, destacaba cómo la mercantilización del tiempo afectaba a la sociedad de su época:
Nos da vergüenza estar sin hacer na-da; la reflexión prolongada produce mala conciencia. Pensamos con el reloj en la mano, y no podemos sentarnos a comer sin leer las últimas noticias so-bre el mercado financiero; vivimos co-mo si fuéraco-mos a ‘perdernos algo’... La virtud se ha convertido en hacer las cosas en menos tiempo que los demás. (Citado en Camps, 2013, p. 9)
Esta visión del tiempo aún nos si-gue afectando, pero sus efectos, con la penetración de las TIC, son claramen-te diferenclaramen-tes a los mencionados por el filósofo del martillo. En ese senti-do, Sartori (1998) describe con mucha perspicacia algunos de los efectos que reconfiguran las formas de construc-ción de las personas y sus modos de interactuar con su entorno; de esa ma-nera, los cataloga como homo videns, cuya característica principal es haber nacido en una sociedad bajo el influjo de la pantalla.
Sartori (1998) comienza su libro destacando que el homo sapiens no se caracteriza, principalmente, por ser un animal racional, sino por ser un animal simbólico estructurado –y es-tructurante– a través de la lengua, los mitos, la religión, el arte, y otras formas
de expresión simbólica. Asimismo, es a través del lenguaje –primero oral y luego escrito– que el hombre configu-ra su self y su entorno. Sin embargo, este animal simbólico sufre una ero-sión con la llegada de la televiero-sión –y otras TIC, en la actualidad–. La pala-bra pierde su hegemonía, llega el do-minio de la imagen, y con ello, el homo videns, animal ‘vidente’ que se confi-gura a través de las imágenes. De esa manera, en una sociedad altamente mediatizada11, las TIC se convierten
en instrumentos formativos puesto que acompañan a las personas desde sus primeros años –lo que Sartori lla-ma de paidéia, proceso de forlla-mación del adolescente–12.
Por otro lado, mientras que Sarto-ri se enfoca, mayoSarto-ritaSarto-riamente, en los impactos de la televisión en la socie-dad, Paula Sibilia (2013) se centra en la web 2.0. Ella, al igual que Sartori, enfa-tiza en una serie de transformaciones que reconfiguran a los sujetos. Trans-formaciones que se relacionan con la espectacularidad, la visibilidad, la
ex-teriorización, y la expansión del espa-cio público en detrimento del privado.
Al compás de una cultura que se sus-tenta crecientemente en imágenes, se desmonta el viejo imperio de la pala-bra y proliferan fenómenos como los que aquí se examina, en los cuales la lógica de la visibilidad y el mercado de las apariencias desempeñan pape-les primordiapape-les en la construcción de sí y de la propia vida como un relato. Pero esto ocurre en medio de un ni-vel de espectacularización cotidiana. (Sibilia, 2013, p. 58)
De esa manera, la construcción de subjetividades, en una era suma-mente mediatizada como la nuestra, tiene como punto neurálgico de todo su accionar la completa exposición de lo privado, una ‘transparencia inexo-rable’ (en términos de Baudrillard). Transparencia que se impone y que in-tenta dominar el espectro social: todos y todo debe ser visibilizado, aquel que se niega –o se le es negada la posibili-dad de visibilizarse13– está condenado
a desaparecer, a ser devorado por el
11 Por ejemplo, según un estudio realizado por el Consejo Consultivo de Radio y Televisión (2014) en niños y niñas de 7 a 16 años en el Perú urbano, el 99 % tiene televisión y el 62 % posee computadora en sus hogares.
12 En ese sentido, es necesario aclarar que los medios de comunicación no son los únicos es-pacios formativos del ser humano como tampoco son los determinantes, a ellos se suman la familia, los amigos, la escuela, el trabajo, y, en general, todos los espacios de interacción social que conformarán lo que Bourdieu denominó capital cultural.
13 Esta negación a la visibilidad que se menciona hace referencia a las dificultades tecnoló-gicas, económicas, políticas, sociales o geográficas que podrían dificultar el acceso de las personas a las TIC. Problema que aún, en los albores del siglo XXI, está presente, sobre todo en países en desarrollo y en áreas rurales.
olvido; es decir, que, en las sociedades hiperreales (o más reales que lo real), la máxima que impera se reduce a: ser –o existir– en tanto se exterioriza y vi-sibiliza el self construido. Sin embargo, no basta solo con ello, sino que esa vi-sibilización tiene que darse ahora, en tiempo real y en todo momento.
A ese contexto, el de sociedades hi-permediatizadas dominadas por las tiranías del tiempo y el espectáculo (Camps, 2003), pertenecen los jóve-nes de la “generación #” descritos por Feixa (2014). Una generación con una concepción del tiempo ‘destemporali-zada’, alejada de toda linealidad, con-gelada en un eterno presente; y con territorios ‘desterritorializados’ pro-ducto del uso de las TIC, las cuales les permiten una conexión deslocalizada y móvil. También caracterizados por tener subjetividades alterdirigidas (Si-bilia, 2013), construidas sobre la base de la exposición, visibilización y es-pectacularización de su yo.
Por otro lado, la construcción de es-tas subjetividades ‘extimas’14 (Sibilia,
2013) en un contexto hipermediatiza-do se las puede considerar como parte de estructuras estructurantes y estruc-turadas. Es decir, como procesos que se dan en un contexto sociohistórico específico que son configuradas so-cialmente y que configuran a los
agen-14 Término utilizado por Sibilia para enfatizar el carácter exteriorizador de la construcción de la subjetividad. Es decir, el agente ya no se sumerge en su intimidad para construir su self, sino que lo hace a través de su relación con otros.
tes que se sitúan en ella. Ello es lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu (1977) definió como habitus:
El durable principio generativo ins-talado de improvisaciones reguladas, produce prácticas que tienden a re-producir las regularidades inmanen-tes en las condiciones objetivas de la producción de su principio generador, mientras se ajusta a las demandas ins-critas como potencialidades objetivas en la situación, según la definición de las estructuras cognitivas y motivado-ras que constituyen el habitus. (p. 78) [Mi traducción]
De esa manera, este principio gene-rador de prácticas se lleva a cabo dentro de campos de acción específicos. Estos campos se definen por ser espacios de interés de cada agente; de gestación y fermentación de capital cultural; y, asi-mismo, espacios de constantes luchas por la obtención de los trofeos dispu-tados que están en juego, luchas para obtener un capital simbólico que los si-túe en una posición privilegiada dentro de su campo de acción, es decir, luchas para ser reconocidos.
Un campo (...) se define, entre otras formas, definiendo aquello que está en juego y los intereses específicos, que son irreductibles a lo que se encuentra en juego en otros campos o a sus in-tereses propios [...] y que no percibirá
alguien que no haya sido construido para entrar en ese campo [...]. Para que funcione un campo, es necesario que haya algo en juego y gente dispuesta a jugar, que esté dotada de los habitus que implican el conocimiento y reco-nocimiento de las leyes inmanentes al juego, de lo que está en juego, etcétera. (Bourdieu, 1990, p. 109)
Así, existe el campo artístico, cam-po médico, camcam-po futbolístico, camcam-po culinario, en fin, la lista suma y sigue. Sin embargo, la finalidad de este apar-tado no yace ni en el campo artístico, médico, futbolístico y culinario, sino en el campo político y mediático. En ese sentido, y como ya se ha venido mencionando, el campo político ha sufrido, y está sufriendo, una serie de cambios, muchos de ellos causados por la irrupción del campo mediático dentro del político: tiranías del tiem-po y espectáculo, espectacularización, desborde obeso y transparencia obsce-na, entre otros.
En ese contexto, se puede decir que la política está en un proceso de dilución y crisis, según los preceptos adulto-céntricos; mientras que para los jóvenes, esta crisis política es asumida como un fenómeno transformador y deconstructor del campo político. En suma, dentro del campo político se estarían llevando a cabo luchas para subvertir las relaciones de poder hasta ahora dominadas por la política for-mal adulto-céntrica para enarbolar una política diferente. Luchas que se manifiestan en nuevas prácticas y dis-cursos políticos (política informal).
En esa línea, Giddens (2000) en-fatiza, en la relación entre jóvenes y política, que ‘la revolución de las comu-nicaciones ha producido ciudadanos más activos y reflexivos que nunca’, así como también una ‘desafección en las democracias maduras’ y que las perso-nas se muestran más interesadas por la política que antes, inclusive las genera-ciones jóvenes. Sin embargo, la aproxi-mación de los jóvenes a la política es diferente a la de generaciones mayores porque ‘son más cínicos respecto a las reivindicaciones de los políticos, y les preocupan cuestiones en las que sien-ten que estos‘ –los políticos– ‘tienen poco que decir’. Por ello, ven ‘como cuestiones más importantes las ecoló-gicas, los derechos humanos, la políti-ca familiar y la libertad sexual’.
Por otro lado, es esa desafección por la política formal lo que hace que los jóvenes se organicen y participen po-líticamente en espacios diferentes por medio de mecanismos no-tradicionales como el artivismo, flashmobs, smart mobs, intervenciones performativas, ac-tivismo digital, slacktivism, entre otros.
Asimismo, se caracterizan por or-ganizarse de manera horizontal y por no tener liderazgos debido a la conexión generacional –en términos de Mannheim– que los une. En ese sen-tido, Serna (1998, citado en Rodríguez, 2013, p. 22) expone las formas de orga-nización política de los jóvenes en la actualidad (nuevo paradigma) frente a las formas de organización en genera-ciones pasadas.
No obstante, ante todo lo expues-to, cabe hacernos la pregunta ¿en qué medida esta nueva configuración de lo político por parte de los jóvenes es afectada por el campo mediático? La respuesta sería –basándonos en las transformaciones del campo político y en el contexto sociohistórico en el que se encuentran los jóvenes– que está muy afectada: desde la creación de fanpages en Facebook para difundir la legalización de la marihuana has-ta las manifeshas-taciones performativas donde un grupo de mujeres se desnu-dan y se tiran al suelo para expresar su opinión sobre el aborto, el núcleo de todas esas formas de participación y expresión radica en la espectacula-rización, visibilización e inmediati-zación de sus sucesos a través de los
medios de comunicación, especial-mente en la web 2.0.
Finalmente, la irrupción del campo mediático en el campo político, entre los jóvenes de la “generación #” que participan en la política a través de ca-nales y mecanismos no-tradicioca-nales, corre el riesgo de ser vista, y en mu-chos casos con fundamentos, no tanto como una actividad altruista ante una injusticia social o política, sino para construir un self que parezca interesa-do en cuestiones sociales y políticas.
Un caso de ello es el slacktivism: una nueva forma de participación cívica y política en internet que se caracteriza por que los “activistas participan” en causas a través de likes, llenado de pe-ticiones en línea, fotos compartidas, entre otros, debido a su facilidad, ba-Tabla 2
“Viejo” y “nuevo” paradigmas de los movimientos juveniles
Viejo paradigma Nuevo paradigma
Actores Identidades colectivas en función de códigos socioeconómicos o ideológico-políticos: estudiantes, jóvenes urbano-populares, jóvenes socialistas, etc.
Identidades construidas en relación con espacios de acción y mundos de vida: sexo, preferencia sexual, sobrevivencia de la humanidad en general: ecologistas, feministas, zapatistas. Contenidos Mejora de condiciones sociales y
económicas en los diversos ámbitos: escuela, barrio, centro de trabajo.
Democracia, medio ambiente, derechos sexuales, equidad de géneros, derechos humanos, derechos indígenas, paz.
Valores Centralización y centralismo. Mesianismo derivado de una perspectiva de cambio revolucionario. El cambio social debe modificar la estructura para que los individuos cambien.
Autonomía e identidad: descentralización, autogobierno en oposición a la burocratización y regulación. El cambio social implica al individuo; es necesario cambiar aquí y ahora las actitudes individuales.
Modos de
actuar Participación altamente institucionalizada. Priorización de la protesta masiva. Organización piramidal, énfasis en la centralización y centralismo.
Formas poco o nada institucionalizadas. Reivindicación de la participación individual. Organización horizontal e impulso de redes vinculantes y flexibles.
jo costo y poca voluntad de realizar un esfuerzo significativo (Breuer y Farooq, 2012; Kristofferson, Peloza y White; 2012). De esa manera, la princi-pal y más férrea crítica es que:
aquellos que se involucran en la participación online al hacerlo sim-plemente llevaron a cabo un acto nar-cisista de auto-presentación (...). La presuposición subyacente sobre esas acusaciones es que aquellos que ex-presaron preocupación online sobre un asunto social o político persiguen un interés egoísta para ganar pres-tigio social antes que una intención altruista para contribuir efectiva-mente en el logro de un bien público. (Breuer y Farooq, 2012, p. 4)
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