La educación sexual de los hijos
Índice Advertencia
Breve cv del autor 1. Presentación
2. Introducción
3. El problema de no hacer nada
4. Criterios para su solución
4.1. Algunas consideraciones previas
4.2. La educación sexual debe ser clara, franca y sincera.
5. ¿Quién y cómo educar la sexualidad?
6. ¿Cuándo?
6.1. En la infancia
6.2. En la adolescencia
6.3. En la juventud
6.4. Creciendo en afectividad, creciendo en amor
6.5. Falso es el amor si no se busca el bien del otro.
7. El papel de la escuela
8. Más consejos a los padres
8.1. Ante un mundo de continuos peligros, los buenos padres deben estar presentes.
8.2. “Ningún éxito en la vida, puede compensar el fracaso de un hogar”
9. Para estar al día
9.1. El Aborto
9.2. La anticoncepción
9.4. La homosexualidad
9.5. No todo es matrimonio
10. Conclusiones
Advertencia
Este libro forma parte de la colección Argumentos para el s. XXI Director de la colección: Emilio Chuvieco
Copyright: Pedro Pérez Cárdenas y Digital Reasons (http://www.digitalreasons.es/) ISBN 978-84-942196-5-8
Ficha bibliográfica: Pérez Cárdenas, P. (2014): La educación sexual de los hijos, Madrid, Digital Reasons.
Diseño de cubierta: Enrique Chuvieco. Foto Nbuck
Los compradores de este libro tienen acceso a un espacio privado en la web de la editorial: http://www.digitalreasons.es/index.php?do=tuEspacio, donde podrán descargar la última versión del libro (el contenido se actualiza semestralmente), participar en el blog que realiza el autor y leer el texto en línea. Es un espacio para interaccionar con el autor y con otros lectores, y permite generar una comunidad cultural en torno al libro.
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Las afirmaciones incluidas en el libro son responsabilidad exclusiva del autor. Para más información: [email protected]
Breve cv del autor
Pedro Pérez Cárdenas es natural de Valladolid, España. Es doctor en Psicopedagogía por la universidad de Valladolid, con la Tesis titulada “El constructivismo en el laboratorio: Pequeñas Investigaciones Tuteladas”, obteniendo el premio a la mejor tesis doctoral del año.
Es Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Valladolid.
Ha desarrollado durante 22 años su actividad docente en institutos públicos de España, a nivel de bachillerato, colaborando en el gabinete de psicopedagogía. Esta actividad profesional fue consecuencia de haber superado con el número 1 el Concurso Oposición al Cuerpo de Profesores Titulares de Formación Profesional. Es profesor de Bioética en la Maestría en Desarrollo Humano de la Universidad Libre Internacional de las Américas. Ha sido capacitador de docentes y trabajadores durante 6 años, en la provincia de Salta, Argentina. Desde hace 15 años preside la O.N.G. de lucha contra el sida denominada Comité Independiente Antisida. Realiza todos los años multitud de exposiciones orales en escuelas y universidades, a grupos de jóvenes, para hablarles del sida, de las adicciones y de educación sexual. Es panelista con frecuencia en Congresos. En estos últimos nueve años en lo que se dedica de lleno a tareas divulgativas, han escuchado sus conferencias y charlas miles de personas de nueve países americanos y otros europeos. Fue disertante en el aula magna Santo Tomas de la UCA de La Plata (Argentina), ciudad de la que fue nombrado Huésped de Honor.
1.
Presentación
Con frecuencia, uno de los temas más difíciles de abordar en el seno de la familia es el de la sexualidad. La transmisión de información y de valores suele verse obstaculizada por el desconocimiento de los códigos de la realidad actual, o bien por la falta de una orientación clara para el abordaje de un tema tan complicado.
Es por ello que esta publicación espera ser de utilidad a los padres para clarificar, reflexionar y debatir sobre este significativo tema.
Una educación plena de nuestros hijos compromete a los padres a una adecuada explicación, no sólo del aspecto físico sino sobre todo, de los profundos contenidos y significados humanos que están involucrados en tan compleja dimensión de la vida. En tiempos de tanta confusión, se hace necesario que los padres se formen y doten de conocimientos y estrategias pedagógicas, por ser ellos quienes más desean el bien de sus hijos.
Confiamos en el aprovechamiento que los padres sabrán hacer de este librito que dejamos en sus manos, para una mejor comunicación y educación de los hijos.
Por la experiencia que tenemos desde nuestra ONG que colabora en la lucha contra el sida, y después de hablarles a miles y miles de adolescentes todos los años, descubrimos que están ansiosos de verdad. Muchos de ellos, no han tenido a unos padres cercanos y formados, con los que poder resolver sus dudas íntimas. Nosotros intentamos llenar estos vacíos, y con este manual, ayudar a los padres a hablar.
2.
Introducción
Una gran mayoría de jóvenes y adolescentes confiesan que han recibido sus primeros conocimientos sobre sexualidad a través de medios poco adecuados para ello: amigos, lecturas, informaciones callejeras, televisión, etc.
Además de preocuparnos de que los pequeños tengan cubiertas sus necesidades vitales, debemos ocuparnos de educar sus mentes y sus costumbres. No descuidamos que adquieran numerosos y útiles conocimientos, pero en lo que concierne al tema del que tanto va a depender su vida de hombres, de mujeres, de maridos y padres, de esposas y madres, evitamos o callamos, dejando así que se instruyan desde el error, o que se formen en la calle. ¿No debemos asumir nosotros la responsabilidad de formarlos en estos grandes misterios de la vida?
La OMS define Salud Sexual como
“La integración de los elementos somáticos emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual por medios que sean positivamente enriquecedores, y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor” (O.M.S. 1975)
El objetivo de una auténtica educación sexual es favorecer un progreso continuo en el control de los impulsos para no reprimir los componentes afectivos y amorosos de la persona, sino potenciarlos. Dar información sexual sin la adecuada educación, es como darle un rifle a un niño y mostrarle la forma de disparar sin primero ilustrarlo en el amor y respeto a la vida humana.
Como consecuencia de las distintas formas de entender la vida, hay quien entiende la educación sexual como una mera instrucción naturalista que bordea la pornografía. Sin embargo, la palabra educación va mucho más allá.
Aquí, no se tratará, pues, de dar instrucciones para saber comerciar con el cuerpo en un futuro, ni tampoco para que sea una perfecta religiosa en virginidad. Se trata de educar, de sacar y cultivar en el niño y adolescente lo mejor que hay dentro de él, para que sepa armonizar sus capacidades en orden a su felicidad.
Una visión materialista de la vida, que rinde culto al cuerpo negando o desconociendo la dimensión espiritual del hombre, al enfrentarse con la sexualidad lo hace únicamente desde lo biológico. Es decir, informan sobre el funcionamiento de los órganos genitales y la mejor manera de conseguir placer físico del instinto satisfecho, banalizando la afectividad humana. Esta visión que parcializa y mutila cualquier realidad humana, no es la nuestra.
El libro del filósofo y escritor José Antonio Marina: “El rompecabezas de la sexualidad”, comienza diciendo que “La sexualidad no sólo rompe cabezas, sino que rompe
corazones" (Marina José A, 2002). Esto es, porque saber conjugar las tendencias
biológicas con el amor y la inteligencia, resulta ser uno de los retos más desafiantes que tiene la existencia.
3.
El problema de no hacer nada
Tanto el instinto sexual como el de conservación están en el hombre para mantener y perpetuar la especie humana. El primero aparece al final de la infancia como curiosidad, y despierta en la adolescencia. En esta etapa los hijos no tienen, aún, una voluntad fuerte. Es incompleto su conocimiento de las cosas, y lo que signifique la palabra matrimonio queda muy lejos. Buscan respuestas, y si no poseen una comunicación y educación apropiada, crecerán con ideas deformadas. Probables angustias o tropiezos podrían evitarse, como así también el alejamiento o desconfianza hacia sus padres; consecuencias todas de haber estado ausentes éstos.
Actualmente nos encontramos en una sociedad donde se ha perdido o confundido el papel y valor de la familia, un ambiente por todos los lados erotizado, una sociedad dominada por un culto al cuerpo y al placer, con una creciente mentalidad hedonista. De ahí que los hijos, más que nunca, necesitan del calor, la presencia y amistad de sus padres. Es vital que se les dedique tiempo.
Los daños que produce este clima en que se vive se han estudiado repetida y concienzudamente. Por ejemplo, en relación a las jóvenes, un informe publicado por la Asociación Psicológica Americana expresa, como principal conclusión, que una sexualización malsana implica severos daños para las niñas adolescentes (Asociación
Psicológica Americana, 2007). El estudio es el resultado de la investigación sobre el contenido y los efectos de los medios de comunicación: televisión, videos musicales, música, revistas, películas, video juegos e internet. El equipo de trabajo examinó, también, las campañas de promoción y anuncios de productos dirigidos especialmente al público femenino.
“Tenemos una extensa serie de evidencias para concluir que la sexualización tiene efectos negativos en diversos campos que incluyen el funcionamiento cognitivo, la salud física y mental, y el desarrollo sexual sano”.
Así lo afirma en una nota de prensa que acompaña el informe, la doctora Eileen Zurbriggen, directora del equipo de trabajo y profesora de psicología en la Universidad de California en Santa Cruz. Y agrega que, si bien la sexualización causa dificultades a cualquier edad, es especialmente problemática cuando tiene lugar a una edad temprana. Lograr la madurez sexual en los adolescentes no es un proceso fácil, pero observa que
“cuando se anima a una chica joven o adolescente a ser sexy, ignorando lo que esto significa, el proceso se complica aún más".
Una de las influencias más negativas a las que estamos sometidos en la actualidad es a la de la TV, sobre todo si los telespectadores son menores. Su influjo afecta a todos los campos, pero especialmente al afectivo.
Asistimos a un asedio a la infancia. Niñas que juegan al baile del caño o que quieren vestirse de lolitas cuando no de vedettes, niños que juegan por la oferta pornográfica de internet, padres e hijos sorprendidos por tapas de revistas que exhiben mujeres desnudas en poses descaradamente obscenas. Víctima de una época que entronizó al consumo como valor indiscutible, la infancia es hoy objeto de múltiples ataques que banalizan la sexualidad, y que están dando ya claras señales de sus perjudiciales efectos sobre los chicos.
Las películas y series televisivas son irreales. No se habla de decepciones amorosas, enfermedades de transmisión sexual (ETS), embarazos, abortos, o de lo engañoso del condón al que, por el contrario, promocionan como seguro.
El mal uso de internet puede traer grandes inconvenientes. A modo de ejemplo, poner la palabra sexo en el buscador google significa encontrar 65 millones de referencias en décimas de segundo; citas que no son, precisamente, educativas.
Ante tanta presión erótica y escasa o nula acción educativa de los padres, nos encontramos con adolescentes embarazadas, ETS, frustraciones amorosas, adicciones sexuales, abortos, precocidad y promiscuidad sexual. De allí la urgencia de una tarea educativa.
4.
Criterios para su solución
4.1.
Algunas consideraciones previas
Una buena educación de la sexualidad se dirige a conocer y disponer adecuadamente de la propia vida sexual, siendo capaz de guiarla hacia un alto desarrollo personal. Su meta es la integración de la tendencia sexual a una personalidad cada vez más madura. Para ello, pues, es importante que los impulsos sexuales se encaucen de forma ordenada y enriquecedora.
A los niños hay que formarlos gradualmente, según su edad, con explicaciones sencillas, conformes a su psicología, pero sin falsear la verdad. Es decir, hay que abordar el tema o sus inquietudes como algo normal, natural y positivo.
Ante el anuncio de la adolescencia, sugerimos a los padres adelantarse e ir trazando criterios que le ayudarán a estar preparado para resolver mejor la problemática de la sexualidad en esta etapa. Cada hijo necesitará de una comunicación particular que tendrá más eficacia si va acompañada de un lenguaje honesto y apropiado.
Educar en y para la libertad siempre es un riesgo. Pero es una tarea noble que contribuye a introducir al ser humano en la realidad, y que pretende, en último término, desarrollar todas sus potencialidades buscando su realización integral. Esto es: dominar y ser señor de la propia sexualidad para entregarla a otra persona a través de una donación comprometida. Cuando no ocurre así, el impulso sexual va ganando terreno, según su capricho, llegando a tiranizar la conducta, marcándole una línea terca y obsesiva que no libera al hombre, sino que lo rebaja y esclaviza. De ahí que amor y sexualidad sean las dos caras de una moneda: no se puede dar el uno sin el otro en la relación hombre-mujer. Podríamos mencionar dos errores o concepciones negativas, bastante habituales, sobre la sexualidad humana:
1º. Considerar la tendencia sexual como un impulso natural, inocente, que no tiene nada de misterioso ni complicado, en cuya satisfacción estaría la felicidad del hombre.
2º. Considerar la sexualidad como algo vergonzoso y malo, lo que llevaría a un rechazo radical y represivo.
Pensar que debemos hacer todo lo que nos pide el cuerpo es natural, es un error, ya que no es lo mismo lo natural que lo instintivo. Instintivamente se puede sentir rabia, odio, etc., y no por ello, esos impulsos se consideran naturales. Lo natural es lo que exige la naturaleza para su desenvolvimiento perfecto, para su armonía. De modo que si no se consigue, habría una limitación en su propia esencia o existencia.
Los jóvenes acostumbran pensar que si tal o cual conducta son corrientes, son normales, e incluso, naturales. Es otro error. Lo corriente es lo que sucede con frecuencia, pero lo normal es lo que se sujeta a una norma. El alcoholismo o las drogas podrían hacerse corrientes, sin embargo no son hábitos normales, y mucho menos naturales. En lo concerniente a las conductas sexuales, también deberíamos analizar qué es lo corriente, normal, natural o instintivo.
Otro punto a tener en cuenta es la consideración del concepto de amor. Bajo esta palabra se intenta esconder múltiples intereses. Ciertamente la palabra amor está tan adulterada que, incluso el adulterio, se quiere justificar diciendo que fue amor.
Amar verdaderamente a alguien es desear y buscar su felicidad, lo cual exige esfuerzo, significa asumir un compromiso. Kant acertó en su definición de amor al decir que es "Hacer míos los fines del ser amado". El amor consiste en una valoración profunda y cálida de la intimidad de otra persona.
El amor, así entendido, es un sentimiento milagroso que posiblemente surgió del vínculo de la madre con su bebé, y que trasladamos a otro tipo de relaciones, como el de la pareja.
4.2.
La educación sexual debe ser clara, franca y sincera.
La ignorancia nunca ha conducido a buen puerto. Por consiguiente, hay que explicarse con claridad, asegurándose que el hijo entiende a sus padres, por haberlo hecho con la dimensión de su vocabulario y conceptos. Y con la misma sencillez que pregunta, se le debe responder, sin aplazamientos, pero adaptando nuestra explicación a su mentalidad. Los órganos sexuales deben llamarse por su nombre, sin las denominaciones extremas que pudieran darse en la medicina o en un lenguaje chabacano. Hablar de pene o de vagina no tiene por qué escandalizar a nadie.
La educación sexual debe ser, además, completa. Sin dejar de ser gradual, debe tocar todos los temas, tanto los biológicos: la menstruación, la fecundación, el embarazo, la erección, etc. como los sicológicos y afectivos: el entender la fuerza del instinto sexual y su finalidad, los compromisos y lazos amorosos, familiares, y los abusos y desviaciones. Se trata de una educación sexual completa dentro de una completa educación del joven.
5.
¿Quién y cómo educar la sexualidad?
Son los padres los auténticos responsables de la educación sexual de los hijos. Ellos son los que más cuidado pondrán, y los que mejor conocen el desarrollo de los chicos. Tienen, por tanto, derecho a dar y dirigir la educación sexual de sus hijos; no pueden ni deben ser suplantados por nadie.
Les recomiendo que hablen con sus hijos, que les dediquen tiempo. Ellos están por encima del dinero o del trabajo. Tienen el derecho y el deber de formarlos, es urgente hacerlo. Nada de silencios cobardes. No debe haber ningún tema tabú. No hay que actuar sólo cuando surgen los problemas. Se trata de prevenirlos. No se puede dejar en manos de extraños, de desaprensivos, o de la calle la educación de los chicos.
Preocúpense no sólo de llenarles el estómago, sino su inteligencia, y más aún, su voluntad, sus sentimientos y sus emociones. Los hijos necesitan alcanzar el dominio de sí mismos, la moderación, el respeto propio y por el otro, la formación del carácter, el espíritu de sacrificio, etc.
La educación sexual es una de las empresas más delicadas por la complejidad de los diversos elementos (fisiológicos, pedagógicos, socio-culturales, jurídicos, morales y religiosos) que intervienen en la acción educativa. Razón por la cual, algunos padres pueden sentirse impotentes ante semejante tarea. En ese caso, siempre podrán solicitar la ayuda de maestros de confianza.
la educación sexual. Frente a esto, el profesor/a que conoce a los chicos/as y que posee su confianza y afecto, sabrá encontrar los momentos y las palabras adecuadas para colaborar en pos de una correcta educación.
A la escuela le corresponde completar la obra de los padres, pero siempre, de acuerdo con ellos, que son siempre los primeros educadores. La escuela secunda la tarea. No dejen que circule como cierta, la falsedad de que el Estado es quien cede algunos derechos a la familia; es exactamente a la inversa.
Sería conveniente que revisaran los libros de texto, quizá se topen con criterios con los que no comulgan, o deban completar la información.
Un buen profesor/a y unos buenos libros de texto sobre esta materia reconocerán que la formación afectivo-sexual no consiste en una instrucción sobre el comportamiento fisiológico de los órganos sexuales, ni tampoco en transmitir conocimientos teóricos de un programa establecido. Se trata, por el contrario, de conseguir la maduración afectiva del alumno para que llegue a ser dueño de sí y sepa comportarse cabalmente en sus relaciones con los demás.
La intervención docente debe ser prudente y desde una información verdadera y progresiva, prestando atención a los momentos del desarrollo físico y psicológico, aspectos que requieren de una preparación y un tiempo de maduración prolongado.
Existen algunas experiencias sobre educación sexual que se da en un curso a todo el grupo de alumnos, pretendiendo lograr que los alumnos pierdan el pudor relatando sus experiencias o consultando cualquier duda. Se justifica esta manera de actuar con el pretexto de que se deben “eliminar inhibiciones”; pero en realidad, es una agresión a la intimidad de la persona, disfrazada, en algunos casos, bajo postulados pseudocientíficos. Hay padres que desean cumplir con la educación afectivo-sexual de sus hijos, pero a la hora de llevarlo a cabo, se encuentran con que no tienen palabras ni respuestas adecuadas a las preguntas sobre, por ejemplo, el origen de la vida, o bien, ignoran cuáles son los momentos más oportunos para su enseñanza. Es por ello que este librito ha sido hecho con la intención de ayudar, de manera práctica, a cómo actuar en este campo y con qué palabras hacerlo.
6.
¿Cuándo?
6.1.
En la infancia
Cada hijo es un caso particular, pero en ningún caso hay que engañarlo con cuentos o leyendas de cómo vienen al mundo los niños. Las cigüeñas deben ser liberadas de tan pesada carga. Las respuestas que se den a los niños nunca deben guardar mentiras. El posterior desengaño podría llevar a un alejamiento.
Hay que hablar con sencillez y normalidad, lo mismo que con cualquier otro tema que despierte el interés del niño. Los órganos sexuales tienen sus nombres: pene, vagina, etc. igual que orejas, dedos, ojos. El niño debe conocer esos nombres y emplearlos con naturalidad en lugar de usar palabras groseras que quizá otros niños utilicen.
Ya se dijo que la educación sexual debe ser paulatina y personal. Es a los 4 años donde puede ir surgiendo alguna pregunta cuya contestación debe acomodarse a su capacidad de comprender, anticipándose ligeramente a su natural curiosidad.
El reconocimiento de la diferenciación social del sexo de la personas acontece alrededor del tercer año de vida del niño. Este conocimiento no se une a funciones generativas. Al final de la niñez, en la adolescencia, se descubre el sexo con la función generativa. Con ello aumenta la curiosidad, que si bien es natural, puede convertirse en morbosa. La pornografía es la explotación de la curiosidad sexual.
· ¿De dónde vienen los niños?
· ¿Cómo nacen?
· ¿Cómo llegan al vientre de la madre?
Podemos aprovechar el nacimiento de un hermanito o el embarazo de una vecina para, en términos que suelen satisfacer su curiosidad cuando tiene entre 4 y 6 años, explicarles lo siguiente:
“Todos los niños tienen una mamá. Sin mamá no puede nacer ninguno. Los niños los manda Dios y al principio están en una especie de cunita o nido que las mamás tenemos en el cuerpo, por dentro, para que el niñito esté seguro y protegido. Tú también has estado aquí dentro. Primero eras muy chiquito, pero luego te fuiste haciendo grande, y papá y yo nos alegramos mucho porque podíamos sentir las palpitaciones de tu corazón y notar los movimientos de tus piernas dando ligeras pataditas. Así, pasaron 9 meses de vida y ya estabas listo para nacer. ¿Ahora entiendes por qué cuando una señora va a tener un bebé tiene la barriga abultada?, es porque allí dentro está creciendo un niñito o niñita”.
Esta respuesta puede ser suficiente, aunque es probable que origine nuevas preguntas. Lo normal es que, días después, el niño que ha pensado sobre el tema, se pregunte por dónde y cómo puede salir los bebés del vientre de la madre. En otras palabras, ¿cómo nacen?
La conversación puede continuar así:
“Después de estar nueve meses dentro de la madre el bebé quiere nacer, ¿por dónde sale? Es muy sencillo, fíjate: los niños tienen una parte del cuerpo que se llama pene, que les sirve para hacer pipí, y las niñas hacen pipí por un agujerito. Pues bien: al lado de ese agujerito tienen las niñas como una puertita que se llama vagina, que como una goma, se puede hacer cada vez más grande. Cuando una niña se hace mayor, es ya una señora, y cuando va a tener su bebé, la vagina se agranda y se estira, y el bebé nace por ahí. Casi siempre sale primero la cabeza para que pueda respirar en seguida –dentro, respira la mamá por los dos-, después salen los hombrosdos-, los bracitosdos-, y al final las piernas. Y entoncesdos-, la vagina se vuelve a cerrar poco a poco. ¿Entiendes? Así nacen los niños, y así naciste tú. Todos nos alegramos ese día, por eso lo celebramos todos los años. Hablábamos de a quién te parecías, qué nombre te íbamos a poner…, y veíamos todo como un milagro de Dios”.
Con esta curiosidad cubierta, pueden pasar uno o dos años, hasta que viene la tercera pregunta, pero no hay norma, algunos niños más ávidos de saber, se preguntan más. Entre los 6 y 10 años se puede hablar de la participación del papá como dueño de una semilla de vida. Se les puede hablar entonces del matrimonio.
“Cuando el niño es muy chiquito está en el vientre de la mamá. ¿Pero, cómo llegó allí? Te lo voy a explicar. El papá tiene un poder especial que puede hacer comenzar en la mamá un nuevo niño. Los niños y los hombres tienen junto al pene por donde hacen pipí, como una bolsa pequeña, son sus testículos. Dentro de ellas hay unas semillas, por ello se llaman semen. All unirse el semen del padre con un pequeño huevito –que se llama óvulo- que produce la mamá, dan origen a un nuevo niño. Cuando papa y mamá se quieren y se abrazan mucho, el semen del padre puede penetrar en el vientre de la madre, juntarse con el óvulo, y así comenzar la existencia de un nuevo niño.
El pene del padre entra en el vientre de la madre por la vagina, que es el mismo lugar por donde nacerá finalmente el bebé. Por ello, parte del mérito lo tiene el papa, y parte la mamá”.
Ya están respondidas las tres preguntas básicas. Estos conocimientos deberían ser adquiridos antes de los 10 años, antes de la adolescencia, previo a que se despierten en él los cambios biológicos, para no sentirse perturbado por ignorar cuestiones básicas. A partir de los 10 años conviene cuidar especialmente la relación con los hijos para estar en condiciones de dar una clara información sobre la significación de esos cambios y sobre la atracción hacia las personas del sexo opuesto.
De los 12 años en adelante, lo que hasta entonces ha sido pura información, debe transformarse en una orientación para los buenos hábitos.
Uno de esos hábitos es el pudor, el que se manifiesta en el hablar o el vestir. A algunos puede parecer anacrónico lo de “tener en cuenta el pudor” y, sin embargo, en la educación afectivo-sexual es fundamental, ya que es un elemento integrador de la personalidad. Tanto es así, que podría definirse como la cualidad exclusivamente propia del hombre que actúa en defensa de la dignidad de la persona humana y del auténtico amor.
6.2.
En la adolescencia
De los 11 a los 12 años, en la pre adolescencia, la atención debe recaer sobre todo en las niñas. Las mamás deben consultar con el pediatra para estar bien informadas antes de que ocurra el hecho de la menstruación. Ella es la persona más adecuada para hablarles, tal vez, con palabras como las que siguen:
“Quizá hayas oído que al llegar a cierta edad, las chicas tienen, sin querer, un flujo de sangre. Te voy a explicar qué es esto, para que no te asustes el día que te suceda. La naturaleza es muy sabia y Dios, que lo dispone todo, puso en tu cuerpo todos los mecanismos necesarios para que cuando seas más grande puedas tener hijos. Para eso, en tu interior hay dos ovarios que son como los estuches de la vida, pues en ellos se guardan los óvulos que, al unirse con la semilla, o espermatozoides del hombre que se case contigo, va a formar al nuevo bebé.
Desde que se llega a los 11 ó 12 años, cada mes se desprende un óvulo de los ovarios y se dirige al útero. El útero se llena de sangre y de sustancias alimenticias, formando como un nido donde se alojará el óvulo fecundado por el espermatozoide, y allí irá creciendo durante nueve meses, hasta nacer.
Pero el óvulo de la mujer, cuando no se une con la semilla que pone el hombre, como ocurre cuando no se ha tenido relaciones sexuales, por no estar casada, deja de vivir y no se llega a formar un niño. Entonces, al no haber niño, sobra el nido que se había preparado y el cuerpo expulsa la sangre y las sustancias alimenticias que había preparado. Esto es el flujo de sangre que dura varios días
y que se llama menstruación, periodo o regla. El día que notes que te empieza a ocurrir, no te preocupes: cuéntamelo y yo te voy a decir lo que tienes que hacer. Quizá tengas algo de flojera y mal humor, pero te repondrás porque es un día muy hermoso en tu vida: es como la señal de que ya estás preparada, de que algún día, cuando te cases, podrás tener hijos.
A veces, estas reglas son muy desordenadas. No te preocupes: a unas les viene antes y a otras después. Luego duran hasta que se tiene cuarenta y cinco o cincuenta años. Entonces los ovarios dejan de producir óvulos y la menstruación desaparece. Por eso las mujeres no tienen hijos a partir de cierta edad. Y es que, además, a partir de cierta edad las madres tienen menos fuerzas para sacar adelante y cuidar bien a los bebés.
Así pues, no te asustes el día en que te llegue la menstruación, la tendrás todos los meses hasta que te cases y vayas a ser madre. Porque entonces, cuando el óvulo de la mujer se une al espermatozoide del varón, se forma el niño y, ahora sí que es muy útil el nido preparado, y no es expulsado fuera. Por eso, durante el embarazo cesa el periodo o regla, porque esas reservas del útero se emplean para alimentar al pequeño que ya comenzó a vivir. Las reglas volverán a tenerse cuando ya el niño haya nacido.
El cuerpo de nosotras es una maquinaria sorprendente, milagrosa”.
De modo semejante, los papás deben hablar sobre la polución nocturna con los hijos varones que han cumplido los 12 ó 13 años.
“Alguna noche te vas a despertar porque vas a creer que te has orinado ligeramente en la cama, pero no es eso, en realidad has tenido una emisión de semen. El semen se comienza a producir en el varón a partir de una cierta edad, y ya sabes que contiene las células reproductoras masculinas. Puede que haya tenido algo que ver un sueño con imágenes incitantes, y dormido, no has podido hacer nada por evitarlo. No te preocupes, esto les pasa a todos los chicos cuando empiezan a hacerse hombres. Se trata sencillamente de la eliminación del semen sobrante que el organismo no reabsorbe.
No pienses que esto perjudica tu salud, lo que sucede es que el líquido seminal o espermático que el órgano no cesa de producir, se acumula como en un estanque. Algunas veces, con excitaciones involuntarias, se produce más del normal, y por ciertos mecanismos nerviosos se abren estas compuertas dando lugar a la salida del semen, salida que se llama eyaculación, o polución nocturna.
Este hecho, sucede entre los 13 y los 14 años, pero no hay norma fija. Cuando suceda piensa que tu cuerpo está madurando y comienza a estar preparado para ser padre”.
Esta conversación, que habrá sido costosa para el papá, y que habrá tenido lugar en un buen momento, por ejemplo durante un paseo en común, será por un lado, muy agradecida por el muchacho quien se sentirá tratado como un alguien mayor. Y por otro, permitirá robustecer la confianza entre padre e hijo, dando lugar incluso a una cierta complicidad en temas, que “sólo incumbe a los varones”. Cualquier duda posterior será consultada, en primera instancia, al papá.
Pero no creamos que llegados a este punto la tarea por parte de los padres ya está hecha, es sólo el despegue de la avioneta. Ahora hay que estar atento al vuelo, ya que los años siguientes a la pubertad van a estar llenos de tensiones emocionales, síquicas y fisiológicas. Se hace necesaria, entonces, una labor preventiva para que sepan afrontar con éxito las dificultades. Educar es mucho más que instruir.
Las relaciones padre-hijo o madre-hija pueden ser críticas durante estos años debido a sus ansias de autonomía. Esa crisis será menor, o no se dará, si las relaciones han sido de amistad, en la medida que éstas puedan serlo, pues la tarea exigente, al menos de uno de los padres, debe estar siempre presente.
El exigir redunda en el fortalecimiento de su voluntad, hábito que les será muy necesario. La ayuda en las tareas de la casa, el cumplimiento de horarios, la limpieza personal, etc., valores que han sido sembrados en su momento, serán de mayor provecho, ahora que se avecina el vendaval de la adolescencia.
Y aunque no parezca importante, la práctica de la fe religiosa es otro importante asidero para conducirse bien. Es en ello donde cualquier persona suele encontrar las razones más poderosas para dominar los instintos. El ambiente familiar, el colegio, los amigos, el ejemplo de los padres, el tiempo de esparcimiento, etc. completan el panorama de influencias positivas.
Un hábito perjudicial de especial importancia como la masturbación, merece algunas reflexiones. Esta práctica se da, con mayor o menor frecuencia y en una alta proporción, básicamente, en los varones.
Si bien la masturbación es la manifestación de una inmadurez sicológica y afectiva más propia de la adolescencia, puede, si no se resuelve, volverse más adelante en una costumbre.
Se debe ayudar al adolescente a superar la inmadurez que supone este hábito, síntoma de problemas mucho más profundos, provocando una tensión sexual que el sujeto busca superar recurriendo a este comportamiento. Este hecho requiere de la acción pedagógica, una orientación más hacia las causas que hacia la represión directa del fenómeno.
De ahí que no sea necesario acudir a argumentos aterradores ni asegurar que es fuente de graves enfermedades, pero hay que tratar de que los jóvenes no adquieran, o de que abandonen esta práctica.
De hecho, algunos de ellos, para justificar su falta de voluntad y control, creen que la expulsión de esperma es una necesidad. Pero esto no es así, debido a que la naturaleza cuenta con su propio mecanismo para la reabsorción del esperma o su expulsión en la polución nocturna. Más bien, conductas de masturbación conducen a una mayor propensión a cuadros de acné en los adolescentes.
Quienes la ven como una “necesidad”, profesan ideologías hedonistas que en nombre de una falsa antropología y psicología, estimulan a los jóvenes a “realizarse” dando rienda suelta al instinto sexual; reduciendo la sexualidad a genitalidad.
En el campo psicológico este tipo de conducta debilita la voluntad, baja la autoestima, y conduce a la introversión. Freud lo llamaba el Vicio Solitario.
Ciertamente el autodominio supone una tensión, pero es una tensión positiva, como la del que conduce un automóvil con cuidado de no chocar.
Lo negativo es el abandono, caer en la falta de voluntad o pereza intelectual, en el pesimismo o desequilibrio nervioso al que lleva la masturbación.
En el campo de los comportamientos éticos o morales, se produce una relajación en todas las normas de conducta, que se plasma sin ir más lejos, en la obediencia a los padres.
En la esfera intelectual ocasiona un descenso en el rendimiento, pues se pierden los hábitos de estudio, se dispersa la atención, y crece el desinterés y la flojera por otras actividades.
Es habitual que chicos brillantes intelectualmente sufran un quiebre del que quizá no se recuperen nunca, originado por hábitos de masturbación.
Sería deseable que se haya aprovechado la inteligencia del niño para fomentar hábitos de lectura y reflexión. Lecturas que hubieran contribuido a formar el carácter, a crear espacios de reflexión, a proyectar metas, tener ideales, etc.
Otro buen hábito destinado a abonar la tierra como la mejor prevención contra las malas hierbas, es aprender a organizar el tiempo diario de trabajo y estudio, sin olvidar el que se necesita para el descanso, el juego o la familia. Pero debería ponerse a temblar todo padre si únicamente ve a su hijo adolescente hundido en el sofá, cambiando una y otra vez de canales de TV, y abriendo continuamente el frigorífico para satisfacer cualquier capricho.
El deporte, por ejemplo, no sólo es muy importante para el desarrollo físico sino también para el fortalecimiento de la voluntad, ya que cualquier disciplina deportiva implica exigencia, dominio, conducta, orden etc.; virtudes éstas que debería acumular todo joven. Es altamente positivo que los momentos de sana diversión se conjuguen con una actividad deportiva.
Pertenecer a grupos culturales, artísticos, parroquiales, etc. es otra buena alternativa. La formación personal y el altruismo son condimentos imprescindibles para una superación y crecimiento personal. Formar parte de este tipo de grupos permite hacerse de amigos, salir del egocentrismo o de maneras retraídas o apocadas, para abrir horizontes. Las buenas amistades, siempre se ha dicho, son la mejor protección contra las asperezas de la vida, y más aún si existe un maestro de confianza, un tutor, un hermano mayor, etc. que pueda complementar aquellos aspectos no desarrollados por los padres.
En otro orden de cosas, entre los 11 y 14 años es común que se produzcan los enamoramientos, pero al tratarse de amores ideales, pasan como una nube de verano. Son buenos si están supervisados por los padres. Ese primer amor suele elevar el espíritu del joven. Una mirada atenta de los padres hará que se aproveche todo lo que en esto puede haber de enriquecedor, y evitar lo menos conveniente.
En plena adolescencia, entre los 14 y 16 años, es más fácil que se presente una confusión entre el deseo, el afecto y el amor auténtico. Muchos jóvenes tienen más bien, incluso sin ser conscientes de ello, un deseo de ternura que de relaciones físicas. La “nostalgia romántica del adolescente” es esa sensación profunda de soledad en la que se necesita al otro, falta alguien a quien amar. Coincide con el despertar de nuevos sentimientos y hondos anhelos de altruismo. Si en vez de tener paciencia y controlar los sentimientos para madurar mejor, se da rienda suelta a los deseos, la probabilidad de equivocarse y de sufrir por ello es mayor.
6.3.
En la juventud
En el tiempo que sigue a los 16 años, la presencia de los padres es valorada a la hora de elegir sus amistades, definir los futuros estudios o vocación, o delinear criterios para el manejo de un buen noviazgo.
De igual forma que las comidas pueden pasarse en la sal añadida, los noviazgos podrían pasarse en lo que tienen de atracción física, si ocurrieran relaciones sexuales. A los padres no les debe resultar indiferente, natural o inocente descubrir o saber que los hijos están conduciéndose de esa forma inapropiada.
La actual crisis familiar se traduce, por un lado, en una escasa dedicación de los padres a los hijos, con el consiguiente menoscabo de su autoridad, y por otro, en la insuficiente transmisión de criterios éticos; lo que lleva a los jóvenes a disponer sobre sus enamoramientos.
La amplia difusión y variedad de estrategias no conceptivas y anticonceptivas hacen creer que si no se ven consecuencias físicas de tener sexo, no hay otro tipo de consecuencias. El sexo puede ser ya un juego… donde se buscan experiencias nuevas, y en ocasiones, hace que muchas chicas, ante la seguridad de sentirse deseadas, vean en ello un modo de retener al chico que les gusta.
Las relaciones sexuales se ven hoy como algo usual, están de moda; se esté o no casado, se esté o no comprometido. Bastan sólo el deseo y el acuerdo del momento, sin pensar en los efectos nocivos que puedan surgir luego.
A esto se suma el hecho de que los jóvenes piensan que los contactos sexuales no son censurables porque han crecido en una sociedad obsesionada por el sexo y el placer. Los
cines, las canciones, la televisión, las revistas así se lo han hecho ver.
Ser crítico con este desvío social equivale a ser el patito feo, hay que seguir la corriente.
“¿Tú no lo ha hecho aún?”, le interrogarán burlonamente los de su edad. El chico o la
chica creerán que el sexo juvenil es normal porque se lo han presentado como un gesto de amor…”hacer el amor…”, dicen.
Ante este panorama, los padres deben armarse de argumentos para utilizarlos en una conversación, o para saber responder a las razonables dudas planteadas por los jóvenes. Una serie de fundamentos, sin añadir los de raíz ética o moral, son los que siguen, para desaconsejar las relaciones sexuales a esa edad:
1º. Las relaciones sexuales no deben ser una prueba para ver cómo funciona una relación. La relación sexual entre dos esposos goza de paz y sosiego para que se desarrolle plenamente, e incluso se ha necesitado de unos meses o años. La relación entre dos novios, aunque supongan que existe verdadero amor, siempre será una relación en tensión. Tensión o temor a que se sepa, a que se produzca un embarazo, a defraudar al otro y, como consecuencia, afloran sentimientos de culpa o ansiedad. Es fácil que se produzca frigidez o impotencia parcial. Haciendo el amor, no se hace el amor.
¿Esta “prueba” fallida significa que no está hecho el uno para el otro? Nada menos cierto. Y aunque hubiera funcionado bien, ¿significa que funcionará bien siempre? En absoluto.
Es frecuente en los matrimonios, pasar por temporadas problemáticas a causa de las diferencias de carácter, pasar por periodos de desencuentros, de dificultades profesionales o laborales… que siempre podrán superarse si hay amor.
Los jóvenes que hayan sabido construir su amor, respetando el tiempo de su maduración, habrán logrado como un sabroso asado en su punto, sin necesidad de probaturas ni recalentamientos.
2º Las relaciones sexuales a destiempo dañan el amor, dañan luego el posterior matrimonio.
¿Qué de nuevo les va a ofrecer el matrimonio? ¿Qué, además del vestido de novia, estrenarán el día de la boda? ¿Hay mayor ilusión que la de los jóvenes que se han respetado en el noviazgo, y esperan la total entrega de aquel con el que, ante todo el mundo, han sellado un compromiso de por vida? Es claro que no.
Además, si no fueron capaces de esperar antes de la boda, ¿serán capaces después de ser fieles el uno al otro? Lo dudo, y es posible que entre ellos nazca también la duda.
“Las relaciones sexuales antes de que el corazón se desarrolle conducen más adelante a problemas de intimidad” Victor Frankl (Psicólogo austríaco,
1905-3º. Perjudican al hijo que puede llegar. La posibilidad de embarazo siempre existe, aunque parezca todo bajo control. Si ocurriera, la angustia de los meses anteriores al nacimiento no sería la mejor cuna para el crecimiento del bebé, y luego, ¿están preparados para recibir a esa criatura? También puede suceder que se apele al aborto para corregir un error con otro más grande: un crimen.
Éstas, y otras, pueden ser la razones con las que argumenten aquellos padres que quieren lo mejor para sus hijos, aquellos que reman contra la corriente en una sociedad obsesionada por lo sexual, y que ha olvidado los valores morales fundamentales.
Así pues, será conveniente que sobre estos puntos, los jóvenes se eduquen con criterios morales claros que los ayudarán a evitar el peligro de quemarse en el fuego de la pasión pudiendo calentarse con las brasas del amor.
Se aspira a una capacitación laboral o a titulaciones diversas, pero la capacitación como esposo, esposa, como madre, padre, ¿dónde se recibe? El modo de construir un hogar, con auténticas relaciones amorosas, y el sacar adelante a unos hijos, no se improvisa. Muchos fracasan porque no se prepararon, o no fueron preparados.
Sería una meta a alcanzar el que en todas las carreras universitarias se tocara el tema de la problemática familiar, en correspondencia con sus contenidos específicos.
6.4.
Creciendo en afectividad, creciendo en amor
Vamos a analizar más detenidamente lo que significa el verdadero amor, pues animaremos a los jóvenes a decir no, para que tenga más valor el sí que, un día, pronuncien.
La sexualidad humana es una realidad compleja, y todos sentimos que no es sólo lo instintivo o impulsivo que contiene. El encuentro sexual entre un hombre y una mujer está entre las expresiones más profundas y hermosas que se puede dar donde dos personas se aman. Este amor compromete sus vidas en un proyecto común y único.
Este encuentro debe basarse en la confianza, en el respeto mutuo, en el afecto...en el amor. Si no fuera así, sería fácilmente reemplazable. Sólo desde un probado amor se goza verdaderamente la sexualidad.
Pero, ¿sabemos edificar ese amor? Y más, ¿sabemos educar para que los jóvenes desarrollen adecuadamente esa capacidad de amar? Esta labor no se improvisa.
El amor, conforme crece y madura, tiende a abarcar a toda la persona amada. Y para lograr el sano equilibrio de todas sus facetas necesita del tiempo para conocerse, del respeto recíproco y del compromiso ante un proyecto común de familia.
Para llegar al amor verdadero es inútil querer quemar etapas, tanto en el caso de dos novios que quieren casarse pronto como el de un padre que quiere demostrar con prisas su amor al niño.
Conocimiento y voluntad se hacen necesarios para tratar a las personas, respetar su intimidad, su dignidad, y evitar así dirigir nuestros sentimientos, afectos, pensamientos y acciones donde no conviene.
6.5.
Falso es el amor si no se busca el bien del otro.
Amar es querer y aceptar a una persona tal como es, con sus virtudes, defectos y limitaciones. Para poder comprometerse con una persona para toda la vida hay que usar la cabeza para razonar y valorar con inteligencia si será posible la convivencia, y a su vez, hay que poner voluntad para soportar dificultades y superar problemas. Los sentimientos son pasajeros, a veces uno no siente nada, y menos, cuando el sueldo no alcanza para llegar a fin de mes, cuando los niños no dejan dormir por la noche, o cuando el otro tiene un mal día.
El amor es una tarea de todos los días. Cada día hay que cultivarlo, defenderlo y conquistarlo. Esto supone sacrificio, renuncia, y en ocasiones, sufrimiento. No debe suponerse que el primer chico o chica con que uno se encuentra sea el compañero acertado para el matrimonio. Atarse demasiado pronto cierra muchas otras posibilidades Los valores anteriormente mencionados tampoco se improvisan, adquirirlos es una labor paciente, de años, desde la cuna; cuyos frutos se verán mucho más adelante.
Conocer bien los cambios que ocurren en la adolescencia es necesario para comprender a los jóvenes. Todos tenemos la experiencia de haber pasado por esa edad, pero es bueno que profundicemos porque, a pesar de que el tránsito es el mismo, las circunstancias sociales son diferentes.
Los cambios psicológicos son los que más conviene recordar, ya que el proceso de los cambios físicos suele ser más conocido por todos los padres.
El adolescente busca autoafirmarse, demostrar que ya no es un niño. Busca independencia, necesita cierto ámbito de intimidad, le preocupa más su aspecto físico, y sus sentimientos son cambiantes de forma tal, que los primeros que no se entienden son ellos mismos.
Buscará amigos en quienes confiar, y aparecerán los primeros signos de atracción hacia el otro sexo, los que pueden resultar muy intensos. Su mente, sus conceptos y posicionamientos en temas sociales se van fraguando con un deseo altruista de mejorar el mundo.
A esta edad es corriente que se den los flechazos o enamoramientos. Son semanas en los que el adolescente parecerá otra persona. Hay que saber advertirlo para señalarles que eso de estar en las nubes, de estar encandilado, es un estado pasajero y que convendrá poner los pies en la tierra.
Suele prevalecer el atractivo físico porque apenas se conoce o se ha compartido algo con esa persona, y se sueña despierto/a creyendo que es el hombre o mujer de su vida.
y agradable que se originen, puesto que los buenos sentimientos se dejan ver.
“Enamorarse es recibir las flechas de cupido, algo que a uno le ocurre sin previo aviso, o sin que uno se hubiese dado cuenta de que estaba pasando: es algo gratuito, es decir no elegido, no merecido y gratis, regalado (la persona amada es vista como un regalo). La chispa que surge en el enamoramiento es algo así como somos el uno para el otro. El enamorado ve al otro como un don. Enamorarse es gratuidad inmerecida: se me da el otro, pero yo me doy a él porque lo amo con este amor especial” (Yepes, 1996)
Pero como no se puede soñar despierto, esos enamoramientos han de pasar dando lugar a que sea el amor el que se desarrolle. Es cuestión de conocer y respetar el ritmo natural del proceso de maduración del amor, hasta llegar al amor conyugal. Que lleguen bien a él, o al menos sin heridas profundas, dependerá, en parte, de nuestro empeño.
Lo deseable en esta etapa es que el adolescente tenga muchos y buenos amigos, que sepa identificar la verdadera amistad. Si no logra esto, no llegará nunca al verdadero amor. Decidir ser amigo de alguien es algo voluntario y querido, no sobreviene de pronto como el flechazo. En los amigos se confía, con los amigos se comparte tiempo, diversiones y preocupaciones, pero no se exige exclusividad. La amistad se demuestra con gestos y sacrificios, y se teme perderla.
Enseñemos a los niños y jóvenes a vivir la amistad, a construirla y fortalecerla, hagámosle notar el compromiso que conlleva, la riqueza que guarda la buena elección de amigos, etc., y estaremos educando su afectividad.
El noviazgo ya es otra realidad. Los novios buscan exclusividad, alejándose un tanto del grupo de amigos. Hay más atención en los detalles.
Entre los novios existen cada vez menos secretos, se confía más. Se quiere con un amor que busca el bien del otro. Todo ello se manifiesta en gestos, caricias o expresiones más
íntimas que aquellas que se tiene con un amigo o amiga.
En el amor matrimonial se da el complemento perfecto entre hombre y mujer. Es exclusivo como el noviazgo, exige fidelidad. Es pleno cuando hay un compromiso total de confianza y entrega. El compromiso contraído no ha de romperse, y la intimidad ha de darse sólo con el/ la que he elegido para siempre, pues hay un proyecto de vida en común, de bienes, de familia, de descendencia.
Ambos se unen física y espiritualmente comprobando que el verdadero amor no es tanto mirarse uno al otro, sino mirar en la misma dirección.
Es nuestro deseo que lo dicho hasta aquí pueda contribuir a que un padre o un educador, asesoren a un joven, para que analice lo que siente por esa otra persona; si es enamoramiento o amor, y si fuera amor, si es de calidad o de pocos quilates. Algunas preguntas con las que podríamos ayudarlo en su análisis, serían por ejemplo:
· ¿Persigues tu interés, o el de ella?
· ¿Qué verbo se aproxima más a lo que sientes? ¿El verbo amar, querer, o desear?
· ¿Te guías más, cuando están juntos, por las sensaciones o por las reflexiones?
· ¿Cualquier decisión que tomáis, es precipitada, improvisada o pensada?
· ¿Aceptarías descubrir los defectos o limitaciones en la otra persona?
· ¿Qué serías capaz de dejar por ella?
· ¿Reconoces que sí te duele ver que baila con otro, a ella le ocurre lo mismo, o
más?
· ¿Seguirías pensando en ella si deben separarse durante las vacaciones, un par de
Pero... ¿Cómo ayudar a que sepan aguantar las presiones del grupo? : llenándolos de razones, y de modos de responder. Los jóvenes quieren tener razones, y ya les hemos dado muchas anteriormente, pero también deben tener ciertas habilidades sociales para saber decir que no en ciertos momentos, o tener la respuesta precisa en el instante preciso.
Nos dirigiremos ahora a las chicas: Cuando te digan...
- Si me amas, me dejarías...
Responde...
- Si me amaras de verdad, no me presionarías.
Cuando te digan...
- Sé que en realidad lo deseas…
- Sí, pero con mi futuro esposo, con un hombre que se comprometa a todo.
Si continúan con aquello de… - Todos lo están haciendo.
Responde...
- No creo que todo el mundo. Y aunque todo el mundo condujera a mil por hora, yo
7.
El papel de la escuela
Se nos quiere imponer, cada vez con más presión, que el Estado, con la herramienta de la escuela, es la dueña de los cerebros de los chicos.
La escuela ayuda los padres en la educación de los hijos. Los padres pueden buscar el apoyo educativo que consideren más acorde con sus propios criterios educativos.
En la práctica, esto significa quizás elegir una escuela determinada y, dentro del centro educativo, trabajar en las asociaciones de padres y madres para hacer valer sus criterios educativos en la escuela. Esa elección, especialmente si ha sido realizada entre varias posibilidades, presupone que los padres confían en esa escuela y comparten su ideario y su proyecto educativo.
Sin embargo, esta elección no siempre se da, unas veces por imponderables, pero otras veces por falta de libertad educativa. Muchas escuelas de iniciativa privada no reciben financiación pública para hacer su servicio público igualmente accesible a todos, como se deduce de un principio de libertad de educación. Entonces, la participación de los padres de una escuela obligada se hace más necesaria.
En cualquier caso, los padres no deben renunciar a conocer cuándo y cómo se les explica la sexualidad a los hijos, qué materiales didácticos utilizan y qué actividades realizan. La escuela debe facilitar esta información e invitar a los padres a implicarse en la educación afectivo-sexual de sus hijos.
A pesar del papel primordial que deben desempeñar padres y madres, la educación en la afectividad y la sexualidad recibida en la escuela puede acabar influyendo mucho porque es el lugar donde aprendemos muchos de nuestros comportamientos y donde la sociedad transmite la cultura, los conocimientos y los valores por los que se rige. Ojalá se acierte en la elección de la escuela, pues no existe una educación aséptica o neutra, libre de una determinada visión antropológica.
Toda educación se inspira en una determinada concepción del hombre. El punto de partida en cualquier proyecto educativo y de todo aquel que desea actuar en la educación de la afectividad y de la sexualidad debería ser la definición de su visión del ser humano. La educación escolar debería tener como finalidad transmitir a todos los alumnos los elementos básicos de la cultura, formarles para asumir sus deberes, ejercer sus derechos y prepararles para la incorporación a la vida activa. En cada etapa educativa se debería ofrecer una respuesta educativa acorde con el grado de desarrollo y las características psicológicas de los alumnos. De este modo, los alumnos deberían integrar en su personalidad los distintos saberes culturales, siendo capaces de desenvolverse de forma personal y asumiendo unos valores éticos que les permita actuar con responsabilidad,
solidaridad, y autonomía personal.
Todos los materiales didácticos que se utilizan en la escuela, además de transmitir una información o conocimientos específicos, desarrollan ciertas destrezas y habilidades, y moldean las actitudes y valores de los alumnos. En la educación sexual es imposible transmitir solo información sexual sin dar una formación que incida en los valores y las conductas de los hijos. Hay que desconfiar cuando a un material didáctico de educación sexual se le pone la etiqueta de “neutro”, “aséptico” o “meramente informativo, sin valoraciones morales”. No es verdad que existan textos exclusivamente informativos. Todos los textos tienen influencia en las decisiones y conductas de las personas, en la formación de sus ideas y de su conciencia. Por ejemplo, en un estudio realizado en una muestra representativa de 4.000 estudiantes filipinos con edades comprendidas entre los 14 y 24 años, se ha visto que la probabilidad de haber tenido ya relaciones sexuales casi se duplica cuando los jóvenes piensan que el condón es 100% eficaz. Por tanto, no es indiferente que el texto escolar que utilicen nuestros hijos afirme falsamente que el condón “es el mejor método para evitar un embarazo” o “el método más eficaz de
prevenir el contagio por una Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS)”.
Por este motivo los padres debemos conocer los materiales didácticos que se utilizan en las aulas para impartir la educación sexual y comprobar en qué antropología se fundamentan y qué visión del ser humano se transmite.
Ya, en varios países, el último de ellos Italia, los padres están asociándose, para que a sus hijos no se les adoctrine en la escuela, en la ideología de género, bajo el disfraz de un falso cientifismo y atención a la diversidad.
Un reciente análisis sobre los contenidos de los libros de texto de biología mayoritariamente utilizados en las aulas españolas concluye que no tienen la información necesaria y suficiente para transmitir conocimientos con el necesario rigor científico en cuestiones importantes para la salud de los jóvenes, por lo que no constituyen un referente suficiente ni un recurso adecuado para que el profesorado desarrolle la educación de la afectividad y la sexualidad con sus alumnos*.
Los padres tienen la responsabilidad de seleccionar entre los diferentes modelos de educación sexual y de buscar para los hijos una educación acorde con las evidencias científicas, la naturaleza y dignidad del ser humano y nuestro marco de principios, valores y creencias. Hay modelos educativos que no les importa promocionar el sexo adolescente (pero “cuidándose” ), y por ello instruye en diversas técnicas, Otros modelos educan, y considera que todo debe estar en su tiempo y forma, sin banalizar con cosas tan intimas como es la sexualidad.
Frente a programas de educación sexual negativos, hay muchas referencias de programas de educación sexual basados en la afectividad, autodominio, y abstinencia, que están
resultados óptimos. Por ejemplo, una investigación realizada por expertos de la Universidad de Pensylvania, llamada “Abstinence-Only” (únicamente abstinencia), publicada en Marzo del 2010, concluyó que la educación para preadolescentes basada únicamente en la abstinencia fue más eficaz en retrasar el inicio de actividad sexual que otras fórmulas de enseñanza.
8.
Más consejos a los padres
8.1.
Ante un mundo de continuos peligros, los buenos
padres deben estar presentes.
Los peligros que corren en estos tiempos los niños, adolescentes y jóvenes, impidiéndoles vivir una sexualidad humana y amorosa son casi innumerables. No creo en aquello de todo tiempo pasado fue mejor, pero en nuestro camino hacia la madurez, no teníamos tantas ventanas recreativas, tantos precipicios a nuestros pies, ni tantos anzuelos al paso. Podríamos desarrollar en varias páginas cada uno de ellos, pero sólo lo haremos en unas líneas.
La pornografía es una adicción que embarra las relaciones entre personas. El negocio creciente diversifica su oferta con internet, videos, DVDs, revistas, películas, salas especiales, etc.
La famosa expresión caiga quien caiga se aplica más que nunca a la realidad de nuestros jóvenes; algunos quieren lucrarse caiga quien caiga.
Las modas en el vestir, el uso de múltiples pendientes, los clavos en el rostro, etc. denotan que algo de más calado hay en esos jóvenes. Mayormente, son indicadores de una apatía por el vivir, un pesimismo existencial que llega, inclusive, en algunas de las llamadas tribus urbanas, gustar de los ritos satánicos o el vampirismo. Todo esto está al alcance de la mano, y nuestros jóvenes no están vacunados contra ello.
Las adicciones al alcohol y las drogas son frecuentes y van en aumento. Abundan adolescentes cuyo reto es embriagarse lo antes posible, trasgresión que eligen estimulados por películas o ciertas canciones rockeras. ¡Cuántas sorpresas se llevarían numerosos padres si leyeran detenidamente las letras de muchas canciones de moda que nuestros jóvenes se meten con los auriculares hasta el centro del cerebro!
Con respecto a los horarios de las fiestas u otro tipo de esparcimiento, muchos padres se sienten derrotados o desorientados por no saber qué estrategia seguir. El adolescente o joven va tomando en el hogar esferas de poder o decisión, lo que no es beneficioso ni para él ni para el resto de la familia.
En estos momentos es cuando un buen padre, si ama verdaderamente a sus hijos, debe ser exigente. No toda exigencia resulta placentera, pero el amor verdadero es necesariamente exigente.
Desde luego, esa exigencia no tiene por qué ser áspera, hiriente sino todo lo contrario, debe estar cargada de afecto reflejado en la mirada, en el tono suave de la voz, etc.
La exigencia muchas veces implicará violentarse, incomodarse, y si bien es más fácil tratar de "quedar bien" con el hijo que pide un juguete costoso, o dejar que sea la esposa quien corrija sus malos hábitos, será luego más difícil revertir el daño que se le ha hecho. Eludir la responsabilidad de ser exigentes es una grave omisión. Los hijos necesitan conocer los límites, entender que no todo lo que se quiere o se puede hacer, se debe hacer. Esa es la manera en que se forma la conciencia y en la que aprendemos a dominar nuestras pasiones, para ser amos de nuestra propia vida, para poder entregarla en el futuro a quien valga la pena.
Hábitos como el orden o la limpieza; virtudes como la sobriedad y la templanza; actitudes como la predisposición para servir etc.… se aprenden, sobre todo, en el seno de la familia. Y son los padres quienes marcan las pautas. Por eso, la primera interpelación que pide el amor es la exigencia con nosotros mismos. No sabrá exigir a los demás quien no sabe exigirse a sí mismo.
Si hacemos un repaso mental de las personas a las que más amamos o hemos amado, notaremos que todas ellas tienen algo en común: han sabido exigir. Y lo han hecho porque nos han amado, nos han sabido decir las cosas con cariño, sin herirnos, pero sin
dejarnos claudicar. ¿Qué pensaríamos de alguien que dice que nos ama, pero que no se atreve a señalar nuestros defectos? Si no nos ayudan a mejorar las personas que nos aman, ¿quién lo hará? No es amor verdadero el que no corrige.
No es fácil educar y sacar adelante a los hijos en nuestra sociedad con tanta oferta de hedonismo y de caminos rápidos y fáciles para satisfacerlo. Pero si algo valioso pueden dar los padres a los hijos, algo por lo que ellos siempre estarán agradecidos, es ese amor que no renuncia ante la moda o la comodidad.
· Un padre que no da ejemplo apagando la TV cuando muestra escenas obscenas, no
tiene crédito ante su hijo.
· Un padre que grita a su esposa, no tiene crédito ante su hijo.
· Un padre que manda a estudiar, cuando él sólo lee la sección deportiva de los
periódicos, no tiene crédito ante su hijo.
· Un padre que hace copias ilegales de DVD, no tiene crédito ante su hijo.
· Un padre que coquetea con la vecina, no tiene crédito ante su hijo.
· Un padre adicto a métodos anti-conceptivos, no tiene crédito ante su hijo. No
confiará en sus recomendaciones sobre saber contenerse, y hasta quizá pueda considerarse un error de los papás.
· Un padre que no es moderado en la comida o en la bebida, no tiene crédito para
· Un padre, que a pesar del cansancio por un duro día de trabajo dedica tiempo en
ayudar a su hijo en las tarea escolar, es un buen padre.
· Un padre que no gasta caprichosamente el dinero, sino que tiene en cuenta la
necesidad de los suyos, es un buen padre.
· Un padre que por pudor no anda en calzoncillos en la casa los días de calor, es un
buen padre.
· Un padre que delante de todos pregunta y se preocupa por la esposa, es un buen
padre.
Los hijos se dan cuenta, desde muy chicos, de aquello que es contradictorio en la vida de los padres. Les molesta más la incoherencia que la exigencia y, a veces con razón, les reprocharán ese tipo de conducta.
Nos va a servir que leamos los 15 consejos de un adolescente a sus padres. Los tomé hace años de “Hacer Familia”, una excelente revista de divulgación pedagógica.
1. Trátame con la misma cordialidad con que tratas a tus amigos. Que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
2. No me des siempre órdenes. Si me pidieras las cosas en vez de ordenármelas, yo las haría antes y de buena gana.
3. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Mantén tu decisión. 4. No me des todo lo que pida. A veces pido para saber hasta dónde puedes llegar.
5. Cumple las promesas, tanto si son buenas como si son malas. Si me prometes un permiso, dámelo. Si es un castigo, también.
6. No me compares con nadie, especialmente con mis hermanas o hermanos. Si me ensalzas, el otro va a sufrir. Si me haces de menos, quien sufre soy yo.
7. No me corrijas en público. No es necesario que todo el mundo se entere. 8. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces.
9. Déjame valerme por mí. Si tú lo haces todo, nunca aprenderé.
10. No mientas delante de mí. Tampoco pidas que yo mienta por ti para sacarte de un apuro.
11. Cuando haga algo malo, no me exijas que te explique por qué lo hice. A veces, ni yo mismo lo sé.
12. Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá mi estima por ti, y yo aprenderé a admitir mis equivocaciones.
13. No me pidas que haga una cosa que tú no haces. Aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas.
14. Cuando te cuento un problema no me digas "ahora no tengo tiempo para tus
tonterías" o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.
15. Quiéreme y dímelo. Me gusta oírtelo decir, aunque tú no lo creas necesario. Me agrada mucho.