El_nicaragueense_su_magia_y_su_encanto

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El nicaragüense:

Su magia y su encanto

María Celina Tapia

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Título: El nicaragüense: su magia y su encanto Autora: María Celina Tapia

Diseño y diagramación: PAVSA Portada: Myriam Mántica de Chamorro. Managua, Nicaragua, noviembre 2007

N 864.44

T352 Tapia, Ma. Celina

El nicaragüense: su magia y su encanto / Ma. Celina Tapia. --1a. ed.-- Managua: PAVSA, 2007

354 p.

ISBN: 978-99924-59-88-1

1. ENSAYOS NICARAGÜENSES 2.

NICARAGÜENSES-VIDA SOCIAL Y COSTUMBRES 3. ANÉCDOTAS 4. NICARAGUANISMOS 5.

IDENTIDAD

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Contenido

Prólogo / Una hija de Estelí ...7

Introducción ...13

I. El nicaragüense y su magia ...17

Las creencias: expresión del pensamiento mítico-mágico en Nicaragua ...17

Magia y medicina en la Costa Caribe ...96

II. Costumbres y tradiciones ...111

Anécdotas: esbozo de un estudio sociocultural de lo cotidiano ... 111

Apodos familiares ...169

Tradiciones religiosas: persistencia y significación social ...190

Costumbres de las mujeres en la Costa Caribe (Siglos XVII al XIX) ... 217

Costumbres funerarias ...232

III. Algunas expresiones del habla en Nicaragua ...259

Piropos ...259

El habla nicaragüense en el semanario “El mercurio” (Enero-marzo de 2001) ... 291

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IV. Análisis literario ...305

“Aventuras de Juan Parado, señor de El Diriá” de Carlos Alemán Ocampo Arquetipo de la

oralidad y el realismo mágico nicaragüense ... 305 Los 70 años de Carlos Mántica A. y los treinta

de El habla nicaragüense y otros ensayos: aproximación al escritor y aportes de su obra

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PRÓLOGO

U

nahijade

e

stelí

Muchas veces me he preguntado qué es lo que provoca una auténtica explosión cultural en lugares de Nicaragua, en algunos casos, carentes de universidades, imprentas, bibliotecas, libre rías, teatros, academias y demás fuentes de cultura que insti tucionalmente podrían suscitarlas. Y me pregunto también, ¿qué causa su gradual decadencia, semejante a una ola que revienta arrolladora para luego decrecer y, finalmente, ser absorbida por la playa?

A finales del Siglo XIX, la ciudad de León contaba ya con muchos de esos instrumentos de cultura, pero, ¿qué fue primero, el Teatro Municipal o un gusto pre-existente por el teatro y la buena música que lo reclamaba?, ¿la universidad o los que la posibilitaron y vinieron a ser sus primeros catedráticos?, ¿qué provocó la sed insaciable de cultura de un Darío, que opacó con su grandeza a una decena de poetas y escritores que, como Santiago Argüello, merecían un lugar en las letras castellanas?, ¿qué hizo posible los valses de José de la Cruz Mena, apenas uno de los muchos compositores cultos de su época? y ¿qué provocó luego el hecho de que todo aquello descendiera hasta el pueblo y engendrara discípulos, imitadores, poetas callejeros, declamadores, y oradores de ocasión para las exequias fúnebres. (“no hay nada más peligroso que un leonés ante un féretro”, me advirtió una vez PAC).

Viene a mi mente aquel solitario pescador de la Isla de Juan Venado, Chico Lindo, que 40 años después nos declamaba con soltura largos poemas de Rubén, Chocano, Lino Argüello y que cantaba, con voz atiplada, arias enteras de óperas y zarzuelas, que sin duda escuchó en su juventud. Quién sabe

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dónde. Todo ello sin televisión ni radios. El campesino que escuchaba una victrola, parado a la puerta de una casa y luego regresaba a su pueblo tarareando una melodía que se integraría luego a nuestro folclore. En la cantina sin rokonolas y en las fiestas de sociedad se improvisaban y cantaban coplas o se recitaban versos. Pero algo sucedió en la época algodonera de los años 50 que “fumigó” culturalmente a la sociedad. Granada estuvo fecundada por educadores jesuitas y salesianos y fue en un tiempo, Ciudad Universitaria. Había producido ya muchos valores de la estatura de un Enrique Guzmán o un Carlos Cuadra Pasos cuando, a su regreso de Estados Unidos, trae José Coronel Urtecho una poesía nueva, renovadora que se plasmará en el Movimiento de Vanguardia (incubado en la torre de La Merced) que a su vez engendraría hijos y nietos. Pero no inventa a los poetas, sino que sólo contagia de una nueva onda a un Pablo Antonio, a un Joaquín Pasos y a un grupo de jóvenes que “envenenados” ya con la poesía, la quieren, sin embargo, liberar del Modernismo de los afrancesados leoneses (Rubén es su “paisano inevitable”). Enamorados de Nicaragua, buscarán en nuestro folclore los valores musicales, poéticos y pictóricos de nuestra tierra, empeñados en redescubrir Nicaragua. La poesía nicaragüense ya no volverá a ser la misma. Pero también le sucede algo. Quizás el éxodo masivo de sus jóvenes valores explique su aparente esterilidad.

Pero nada de esto es el tema de este Prólogo. Más inexplicable es el florecimiento de similares inquietudes en pueblos y ciudades que no contaron con los pilares de cultura de León y Granada. Pienso en Boaco que engendra al Grupo “U”, que organiza sus Viernes Culturales, funda su Biblioteca Fernando Buitrago Morales y es cuna de los hermanos Íncer Barquero, de Flavio Tijerino, Julián N. Guerrero y de tantos otros valores que no caben en una lista ilustrativa. Chontales con su Clan y su Museo Arqueológico, cuna de los Rothschuh, de León Núñez y tantos más; un verdadero hervidero de inquietudes y valores. En Rivas me pareció detectar un fenómeno similar naciendo alrededor de su Museo.

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Ahora me centro en Estelí, por ser la cuna de la autora de este libro que hoy se me pide prologar. Mi ignorancia es atrevida, pero podría afirmar que en esta ciudad la madre de la cultura es la tertulia, potenciada por la presencia e influencia de hombres y mujeres muy especiales.

Don José Floripe Fajardo nos cuenta que ya en 1945 un grupo, relativamente numeroso de estelianos, se reunía a las seis de la tarde, en la casa de don Adán Murillo para leer los periódicos (Flecha, La Noticia y El Centroamericano) para posteriormente comentarlos, creando sin proponérselo un “Foro Cultural” nacido de la tertulia. En la casa del mismo Floripe se organiza la primera exposición de pintura y en la de don Agenor Hidalgo tendrá lugar una segunda. Con el tiempo vendrán también las Galerías Génesis, Cuiscal y Tlapalcalli.

En la casa de Iván Kauffmann se organizaban peñas culturales donde se cantaba, recitaba y discutían temas coyunturales. En la década de los 50 se organiza el primer Ateneo Cultural que funcionaba los días viernes en La Casa del Maestro, donde se dictaban charlas y conferencias, se leían versos y ensayos y se presentaban temas políticos e históricos de la época. Y aquí me detengo para señalar dos características interesantes: la primera, es la importancia de la casa de habitación como centro de la tertulia y ésta como foco de cultura; la segunda, la constante de lo que en una ocasión llamé “Los Profesionales Aficionados”, es decir, el hecho de que una gran mayoría de nuestros mejores valores, en cada rama de la Cultura, son profesionales de diferentes disciplinas y estudios que marginalmente se adentran en otros campos y producen obras de gran valor como historiadores, poetas, lingüistas, gramáticos, músicos o compositores, pintores, filósofos, ensayistas, naturalistas, etc.

Alejandro Dávila Bolaños fue médico, pero también un incansable estudioso que se adentró en la lengua náhuatl y nos legó, entre otros, extensos trabajos sobre nuestra toponimia, sobre nuestro güegüence y sobre la medicina indígena en Nicaragua. Murió asesinado en pleno ejercicio

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de su profesión, por la Guardia Nacional, en una de las tres guerras que se suscitaron en Estelí, a finales de la década de los 70; el doctor Braulio Lanuza Castellón es Odontólogo, conferencista y uno de los representantes de la intelectualidad esteliana; Juan Carlos Vílchez Ascher, médico y poeta; Danilo Torres, abogado, poeta y pintor; Bayardo Gámez Montenegro, pintor, arqueólogo y escritor; y Donaldo Altamirano, filósofo, escritor, pintor y poeta; Edwin Yllescas, abogado y escritor.

Estelí es la cuna de Leonel Rugama, Claribel Alegría, Isolda Rodríguez Rosales, del poeta Ciro Molina Ortiz, quien fungió como director de la Galería Tlapalcalli; Orient Bolívar Juárez, historiador y escritor…; y mejor no sigo porque siempre serán más los que se me queden en el tintero. Fruto de todo ese ambiente cultural, preñado de inquietudes, es María Celina Tapia, nacida en Estelí el dos de septiembre de 1957, catedrática de la UNAN-Managua, desde 1985. Ha incursionado en las áreas de Filosofía, Antropología, Historia, Sociología... Nos ha legado además, el programa vigente de Historia de la Cultura en Nicaragua que fue ideado y creado por ella para los estudiantes de la carrera de Diplomacia y Ciencias Políticas.

Hoy nos ofrece su primer libro formal con el contenido siguiente:

• Un extenso capítulo sobre “Las creencias: expresión del pensamiento mítico-mágico en Nicaragua, el primer estudio serio sobre nuestras creencias y un admirable trabajo de recopilación.

• Magia y Medicina en la Costa Caribe. Que yo sepa, un territorio casi inexplorado.

Bajo costumbres y tradiciones nos ofrece:

• Tradiciones religiosas -persistencia y significación social.

• Anécdotas nicaragüenses: esbozo de un estudio sociocul-tural de lo cotidiano.

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• Apodos familiares de Nicaragua. • Costumbres funerarias.

Sobre el Habla Nicaragüense nos ofrece una simpatiquísima recopilación de Piropos y un estudio sobre “El habla nica-ragüense” en el semanario El Mercurio (enero-marzo de 2003).

En el campo de la crítica literaria:

• Las aventuras de Juan Parado / señor de El Diriá de Carlos Alemán Ocampo (arquetipo de la oralidad y el realismo mágico nicaragüense).

• Los 70 años de Carlos Mántica A. y los treinta de “El habla nicaragüense y otros ensayos” (Aproximación al autor y aportes de su obra a las ciencias sociales). María Celina Tapia instruye y hace de la educación un ejercicio de doble vía: aprende y enseña a aprender, ya que en su labor académica induce a sus estudiantes a investigar y a obtener los conocimientos por sí mismos. Sirva de ejemplo a colegios y universidades.

El resultado es un enorme depósito de información, recopilada “al vivo y en directo” que explotaremos por muchos años quienes, como ella, admiramos y tratamos de descubrir cada día más y más acerca de nuestra patria. Su mejor biblioteca es todo el país, nuestra Nicaragua completa.

La autora, —investigadora incansable— nos presenta esta obra después de pulir cada gema que nos ofrece, luego de desenterrarla; ya anda en busca de otras tres, y seguramente continuará regalándonos nuevas y nuevas investigaciones en el futuro. Yo sólo lamento no haber dispuesto de mayor tiempo para haber profundizado en sus trabajos y poder escribir un prólogo más digno a este libro tan importante para nuestro país.

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INTRODUCCIÓN

El nicaragüense: su magia y su encanto, es un libro que trata aspectos que nos identifican como nicaragüenses. Se encuentra estructurado por once ensayos, cada uno de los cuales muestra aspectos culturales, íntimamente relacionados con nuestro mundo espiritual. Con este modesto esfuerzo, se intenta pro fundizar un poco en la evolución y conformación de nuestra nica raguanidad.

Para poder llevar a feliz término los temas abordados se hizo necesario, en la mayoría de los casos, el trabajo de campo, especialmente en los estudios referente a las anécdotas, creen cias, piropos y apodos familiares en nuestro país y que por fortuna se acopiaron por miles. Este hecho no hubiese sido posible sin la destacada colaboración de mis estudiantes en las Cátedras de Introducción a la Sociología, Sociología de la Cultura e Historia de la Cultura en Nicaragua, que conforman algunas de las materias que enseño. Las mismas, tienen carácter de obligatoriedad y son parte relevante en el esfuerzo de brindar una educación integral en la formación académica de los y las jóvenes, quienes en un futuro cercano se encargarán de dirigir el destino de nuestra patria. Las mismas, se sirven respectivamente en el Recinto Universitario Carlos Fonseca Amador, donde atendemos a los estudiantes de la Facultad de Economía; en el Recinto Universitario Ricardo Morales Avilés, donde asisten los estudiantes de Nivelación, y en el Recinto Rubén Darío, que alberga a los estudiantes de Diplomacia y Ciencias Políticas, así como a los estudiantes-profesores-empíricos que conforman los cursos de Profesionalización, estos últimos son atendidos en el turno sabatino. Nuestra masa estudiantil, en general, llega de los diferentes municipios y rincones remotos del país, de tal forma que los mismos fueron acopiando parte de la

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información requerida con sus padres, abuelos, familiares y vecinos en general. Para todos ellos mi reconocimiento. Existen otras personas que también brindaron su aporte inva-luable, en especial considero un deber expresar mi gratitud a don Carlos Mántica Abaunza, quien generosamente puso a mi disposición su vasta biblioteca sobre temas nicaragüenses, colocando en mis manos libros de gran valor histórico, sociológico y antropológico, que se constituyeron en la mayoría de los casos en fuentes primarias: documentos relativos a la Nicaragua prehispánica, conquista y colo-nización, informes de frailes visitantes, tanto del Pacífico como del Atlántico, cronistas, viajeros, arqueólogos, etc., que conformaron una parte considerable en lo concerniente a la investigación documental, aunado a su estímulo, señalamientos y observaciones opor tunas.

Al doctor René Silva Arrechavala, quien pacientemente dedicó parte de su tiempo a la lectura de cada uno de los ensayos que conforman esta colección para poder de esta forma sugerir, desde el punto de vista de lector, actividad que resultó de gran valor en mi proyecto. Mi gratitud a los maestros Arturo Díaz Villanueva y Félix Portillo, quienes solidariamente se encargaron de la revisión del texto y traslado digital de las fotografías, respectivamente, utilizadas en la ilustración. A doña Maritza Blanco, por permitir la toma de las instantáneas a los dibujos y pinturas de su propiedad que tiene expuestos en su negocio de artesanías del Mercado Roberto Huembes y a doña Miriam Mántica de Chamorro por su fineza al diseñar la portada. Para todos ellos mi agradecimiento infinito.

La mayoría de estos ensayos han sido expuestos en calidad de ponencias en los diferentes congresos y simposios, que se realizan cada año en la UNAN-Managua. Casi todos han sido publicados, entre otros, en el Boletín del Banco Central de Nicaragua; en la Revista que semestralmente publica el Departamento de Historia de nuestro Recinto, cuyo consejo editorial los ha acogido con entusiasmo; en la Revista Cátedra

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de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, en la revista Lengua, de la Academia Nicaragüense de la Lengua, en las Memorias del Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias (CILL) del Departamento de Español, en el Nuevo Amanecer Cultural, suplemento de El Nuevo Diario y uno sobre las “Costumbres de las mujeres en la Costa Caribe”, que fue concebido para ser presentado en el Centro Cultural de Francia en Nicaragua, como parte de las actividades enmarcadas en la Exposición Fotográfica “Memoire D´elles”, y que, además, fue publicado en la revista Digital Sinslani, misma que se gestó en Estelí, mi ciudad natal.

La idea de investigar sobre estos temas surgió de alguna manera a partir de la lectura de El habla nicaragüense y otros ensayos, de don Carlos Mántica, de manera particular el prólogo de “Lengua Madre”, libro clásico de nuestra habla y cuya autoría pertenece al doctor César Ramírez Fajardo. En el mismo, Mántica señala: … donde lo nicaragüense apenas se empieza a definir, donde poco se ha escrito de costumbres y casi nada de su psicología y de sus creencias, el habla sigue siendo el único archivo nacional donde quizá puede encontrarse aquello que nos diferencia de los demás pueblos; o lo que es igual, donde algún día podamos encontrarnos a nosotros mismos. Encontrar nuestra cara y corazón. Este hecho hizo que me propusiera como una meta intelectual incursionar en estos temas relativamente inexplorados y crear un corpus para futuras investigaciones, esto es, aportar con un granito de arena para, de alguna manera, ir en pos de la construcción de “nuestra cara y nuestro corazón”.

Todos los estudios presentados muestran que nuestra forma de ser es el resultado del sincretismo cultural de indígenas, africanos y españoles en la región del Pacífico y en el caso del Caribe de ingleses, franceses, alemanes y nuevamente africanos —principalmente— esto hace que nos proyectemos como un país con múltiples lenguas, costumbres y tradiciones y que aunadas conforman lo que llamamos cultura nacional. Se recogen así mismo, elementos culturales de nuestro pasado

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lejano hasta llegar a lo que conforman en la actualidad nuestras tradiciones y costumbres características, de tal forma que se logra percibir la pervivencia de costumbres prehispánicas y prácticas culturales en general, que han ofrecido resistencia a lo largo de los siglos.

En general, los estudios abordados han sido clasificados temá­ ticamente y en el caso de las anécdotas, los apodos familiares y los piropos se ha presentado, únicamente, un resumen por cuestiones de espacio. Es mi mayor deseo compartirlos con ustedes, espero que los disfruten.

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I. EL NICARAGüENsE y sU mAGIA

l

ascreencias

:

expresióndelpensamiento mítico

-

mágicoen

n

icaragUa

Como todos los pueblos del mundo, el nuestro también tiene una historia en creencias de todo tipo, las cuales han sido heredadas a través de la tradición oral, este hecho ha propiciado la riqueza cultural

que nos caracteriza y mues-tra la infinita capacidad crea­ dora del nicaragüense. Las creencias en nuestro me dio son muy variadas, una de sus características radica en el anonimato y conforman, todas ellas, aspectos de la personalidad nacional. Cono-cer el aspecto espiritual de un pueblo es profundizar en la comprensión de su actuar, además de evidenciar que, a pesar del desarrollo tec no-lógico y científico alcan zado,

las creencias populares y las supersticiones en general siguen teniendo vigencia y seguramente continuarán rigiendo la vida de los seres humanos mientras exista la sociedad. Las creencias se relacionan con hechos del ámbito es pi ritual y material, ya que las mismas perviven en la conciencia social de los individuos a tal grado que influyen en la toma de decisiones de carácter eco nómico o en aspectos rela -cionados con la salud, el amor, la sexualidad, la suerte, la naturaleza, etc. A través de las mismas, los nicaragüenses

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manifiestan sus deseos de pros peridad económica, que es un deseo común de las personas en todas las sociedades y que en nuestro caso, se cree conseguir a través de una serie de rituales. Como ejemplo tenemos a las vendedoras que, eventualmente colocan dentro del canasto un ramo de ruda con una rosa roja para conseguir prosperidad en el día a día, en otros casos, se evitan aquellas cosas que atraen la mala suerte en los negocios, como por ejemplo, en las pulperías, se procura evitar el crédito en la primera venta de la mañana, etc.

Para atraer la buena suerte las personas se apropian de los elementos de la naturaleza que tienen a su alcance: plantas, animales, objetos especiales, a los cuales se les atribuyen poderes sobrenaturales. Igual cosa sucede con la impotencia del pueblo ante la inclemencia de los fenómenos de la naturaleza, que se las ingenia mediante algunas actividades para “solucionar”, de alguna forma, el exceso de lluvias o la escasez de las mismas, una tormenta con rayos, etc. Las creencias dan muestras de un mundo cultural rico e infinitamente matizado y colorido.

Es notoria además, la influencia de creencias existentes en otros países de éste y otros continentes que, como producto de la aculturación han hecho que el nicaragüense se apropie de ellas y las haga suyas en una concepción del mundo que le va guiando su existencia, que le induce a temer, a tener esperanzas y a confiar en la vida.

En nuestra cultura el número 13 “trae mala suerte”. Las fuentes revelan que desde tiempos remotos este número ha sido considerado fatídico. Posiblemente, la connotación nega-tiva que se le asigna, se deba al mito sobre la muerte violenta que sufrieron dioses decimoterceros de la antigüedad y, posiblemente, también por la suerte que corrió el invitado número trece en la Última Cena: Jesús.

En relación al número 13, existe otra creencia que pertenece al ámbito de la cultura universal. Lo encontramos en las mismas palabras: “viernes” y “trece” que son palabras fatídicas en

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nuestra sociedad y se constituyen en creencias de mala suerte para las personas de la cultura occidental precisamente por otro de sus posibles orígenes. Viernes era el día dedicado a la diosa Venus (Veneris en latín) y el trece es el número de meses lunares o, lo que es lo mismo, de ciclos femeninos en un año (28 x 13 = 364) además es también el número anual de veces que el sol da vueltas sobre sí mismo. Se diría que en una sociedad patriarcal no sólo se hubiese alterado el recuento del ciclo cósmico para que no pareciera “femenino”, sino que a todo lo que pudiera parecerlo hubiera que achacársele mala suerte y augurios nefastos. Este apartado se constituye en otra de las interpretaciones sobre el significado del número 13 como sinónimo de mala suerte, sobre el que se tejen muchas teorías, a tal extremo que en algunos hoteles no utilizan este número en las habitaciones y saltan del 12 al 14.

Enrique Peña­Hernández se refiere a las creencias como agüeros o agüizotes en El folclore de Nicaragua y él lo entiende como “agüero al pronóstico supersticioso y sin fundamento, el presagio favorable o contrario, basado en señales supers ticiosas. Agüizote es lo mismo que brujería, es decir, el acto supersticioso que se realiza para conseguir algo favorable a uno o adverso a otra persona”.

Según el Diccionario Enciclopédico Quillet, “Creencia (b. lat. Credentia) [...] en sentido estricto, la creencia es la aceptación de una afirmación por razones ajenas a esa afirmación misma. En sentido más restringido aún, la creencia supone una rela-ción de persona a persona y significa la aceptarela-ción de una afirmación, como verdadera, en virtud de la fe depositada en quien la formula”.

Las creencias, cumplen una función social en tanto muestran el sincretismo del ser humano en su relación con la naturaleza animada e inanimada que lo circunda y el aprovechamiento que hace de la misma para su bienestar espiritual y material. Erróneamente, se ha pensado que la existencia de las creencias pertenecen al mundo de las personas “sin cultura”, y que ésta es ese ‘algo’ que pertenece al ámbito del refinamiento, del

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gusto estético, la sofisticación, la escolaridad o la apreciación de las bellas artes, etc. Sin embargo, la cultura incluye mucho más que eso, porque todos los seres humanos sin excepción están dotados de ella. En nuestro país, existe un gran número de personas sin ningún grado de escolaridad, sin embargo, las mismas poseen una religión, un idioma, costumbres, tradiciones, creencias, etc., que forman parte de su identidad y nos dice de su pertenencia a una región específica de nuestro país o, dicho de otro modo indica su pertenencia a una cultura propia.

Resulta apropiado en esta parte, recordar la definición que sobre la cultura señalara Edward Tylor, antropólogo británico, quien expuso que los sistemas de comportamiento y de pensamiento humano obedecen a leyes naturales y, por tanto, pueden estudiarse científicamente. La definición de cultura de Tylor después de tantos años, tiene vigencia y es ampliamente citada. Cultura... es ese todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad.

La definición de Tylor se centra en las creencias y el com­ portamiento que la gente adquiere por desarrollarse en una sociedad concreta donde adquiere una tradición cultural específica, formando parte de la conciencia mítico­mágica del ser humano, desde su origen remoto y que lo acompaña hasta nuestros días.

En Nicaragua, la información sobre antiguas creencias, que continúan teniendo vigencia son, entre otras, las que Oviedo nos ilustra en este primer texto:

...para que los indios puedan sembrar e hacer sus simenteras; y siempre quando han de sembrar es al principio de la luna, porque tienen por opinión que, assi como ella va cresciendo, assi lo hace la cosa sembrada.

Mántica, con relación a los mitos lunares y solares, señaló: Mitos solares y lunares de antigüedad tolteca y aún

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teotihuacana, que persisten hoy y que el habla saca a la luz, como un reto.

Al respecto, son muchas las creencias existentes en la conciencia colectiva nacional en la que se pone de manifiesto la subordinación de las actuaciones humanas con relación a los astros. Según las fuentes de la historia, los cultos al sol son tan antiguos como el mismo ser humano y caracterizan toda creencia relacionada con la naturaleza. El astro que calienta la biósfera y posibilita la vida, es una de las primeras percepciones que el ser humano tuvo de la influencia del universo en la vida cotidiana. La imagen de poderío que representa el sol, a menudo lo ha convertido en centro de los mitos primigenios de muchas culturas. En nuestro país, tal como lo señalara Oviedo, la subordinación depende, en algunos casos, de la luna y sus fases, veamos los ejemplos siguientes:

♦ Los árboles, para que den frutos, se deberán sembrar el día anterior a la luna tierna que es cuando la luna está “tapada” y deberá hacerse antes del mediodía.

♦ Tendrá hembra la vaca que se carga con la luna llena, y tendrá macho cuando se carga con la luna tierna.

En este caso, es obvia la importancia de las fases de la luna para conseguir buenas cosechas o en la formación del sexo de los animales y aún, de muchísimos más aspectos de la vida como se verá más adelante, en la enumeración de todas las posibilidades que nos brinda la luna, que además influye en el amor y en la sexualidad de todo el género animal. En otro sentido, las creencias se imponen a la naturaleza. Las personas tienen que satisfacer su apetito, tienen que alimentarse, pero se le atribuye a algunos alimentos cuali-dades positivas o negativas que repercuten en la salud. Se considera que las frutas “heladas” como los cítricos se convierten en un peligro para la salud porque “arralan” la sangre, el banano es helado y tampoco se debe comer por la noche —y menos combinado con nacatamal— o, si se come “agitado” le puede enfermar la garganta, otras personas piensan que comer algo ácido provoca catarro, etc. Una de

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estas situaciones nos recuerda a una persona muy apreciada y de un sentido del humor envidiable que vivió en Estelí llamado don Jacobo Granera que decía: “parecen babosos como si el estómago tuviera ojos para ver la hora que es”. Sin embargo, la hora en que se ingieren cierto tipo de alimentos, es de mucha importancia en nuestra cultura para conservar una salud adecuada, incluso el intercalar comidas calientes y frías puede causar la caída de los dientes y por ese motivo se debe ser muy cuidadoso.

Capítulo aparte merece el tema de la hechicería, también con una tradición profundamente arraigada en Nicaragua. En nuestro medio, si una persona viaja hacia cualquiera de los puntos cardinales del país en busca de un brujo-hechicero, seguramente, se encontrará con muchos para cualquier “trabajo”, ya sea para conseguir el amor de una pareja, olvidar un amor, mejorar su salud, curar a un alcohólico, “amarrar los meses” de una rival, encontrar un objeto perdido y hasta donde nos lleve la imaginación, igual que en aquellos lejanos tiempos y que Oviedo nos lo recuerda: … en aquella tierra hay mucha cosa de hechiceros, e no sospechábamos los chripstianos que se hacia esto sin ayuda o supersticion del demonio; porque preguntados a los indios e indias a que propóssito lo hacían, respondian diferentemente e decian que era bueno hacersse aquello.

Todavía se encuentran frescos en la memoria, los recuerdos de las miles y miles de personas que escalaron, incesantemente, el Cerro de la Cruz en Jinotega, al que no todos lograban llegar “sanos y salvos” por lo escabroso del trayecto, en busca del curandero Fernando Gadea, a quien simplemente se le llamaba Nando, un anciano cascarrabias cuya característica más relevante era su pasión por masticar incansablemente tabaco y al que todas las personas, sin excepción, se exponían al primer tratamiento: una gran escupida oscura, caliente y espesa en la espalda para posteriormente dar lugar a las recetas de las hierbas de rigor para la cura de la tuberculosis, el cáncer y todas aquellas enfermedades a las cuales los médicos ya no podían dar respuesta. Llegaban desahuciados

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de todas las edades, denominaciones religiosas, ámbitos sociales, rincones urbanos y rurales de nuestro pueblo y hasta de otros países en una verdadera peregrinación de esperanza.

Don Felipe Urrutia, campesino esteliano, quien se ha destacado como un gran artista nacional e internacional, interpretando música norteña, nos cuenta la anécdota siguiente:

Tenía rato que mi hijo de 13 años se desmayaba. No sabía qué hacer. Una mañana lo llevé al otro lado del Cerro de La Cruz, en Jinotega donde vivía Nando, el curandero que aliviaba con cáscaras y hierbas. Él lo examinó, lo escupió y le dijo: Eh! Este jodido no tiene nada, llevalo de regreso y buscale una mujer. Entonces lo llevé a una casa del barrio El Bajillo y allí mismo lo curaron. (era un barrio de prostitutas, en Estelí de los años anteriores al 79). Mi hijo probó mujer y la receta de Nando fue riata, que ahora sólo en la pasadita quiere vivir.

Sendos estudios podrían realizarse también con leches de diversos orígenes, así como con sangre, saliva, orines y fluidos corporales y vegetales en general. A través de centenas de años se ha venido utilizando la leche de coco para múltiples usos, como: abortivo, antiparasitario, purgante, etc. Tal como nos lo señalara el mismo Oviedo: Puesta la leche del coco al sereno dos o tres horas por la mañana en una escudilla, e bebida assi en ayunas, hace purgar hasta quatro o cinco cámaras.

Las secreciones lácteas de las mujeres y de los animales, así como las sustancias lechosas de muchos vegetales, también generan creencias: la leche agitada produce en los niños trastornos gastrointestinales. La leche de cabra es lo mejor para los convalecientes y palúdicos. La leche de mujer, aplicada directamente a un divieso. ayuda a madurarlo. Para que la leche de una mujer no se seque, deben ordeñarse ambos senos y se debe derramar alrededor de una olla con agua fresca, para consumirla basta echar algunas cucharadas al fuego. La leche de mujer es un excelente colirio y sirve,

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además, para sacar cuerpos extraños del ojo. La leche de perra es muy buen disolvente para los diviesos. La leche de vaca se utiliza para hacer “asientos” con el propósito de desinflamar el vientre.

Al igual que las leches, la sangre de los animales domésticos tiene un valor significativo en las creencias del nicaragüense: la sangre de toro sirve para reponer las energías perdidas por el trabajo y el desvelo, como energético sexual, para fortalecer los pulmones y para la anemia. La sangre de perro se le da a tomar a los maridos con otras sustancias para que no puedan tener relaciones sexuales con otra mujer. La sangre de cerdo, combinada con el agua de un bejuco y un poco de agua de quina, se le da a tomar a los maridos o a los “queridos” que golpean a las mujeres para que dejen de hacerlo.

Se debe señalar, que en la realización de este trabajo de investigación se entrevistaron a personas de diferentes regiones del país, de diversas edades, que habitan tanto en el área urbana como rural, a parientes, amigos, a nuestros colegas profesores y a nuestros estudiantes. Este trabajo es, por tanto, el producto de un esfuerzo conjunto, en el que se han logrado acopiar cerca del millar de creencias. Sin embargo, esta compilación de las creencias que los nicaragüenses tienen sobre el mundo social y natural en el que viven, no es un estudio acabado, es solamente un intento de mostrar estas manifestaciones culturales que están sujetas a cambios sociales.

En lo concerniente a las creencias de los habitantes de la Costa Caribe, nos fue de utilidad práctica la investigación documental, algunas de las cuales son compartidas con las de los habitantes del Pacífico, de tal suerte que se ha tratado de plasmar, en este trabajo, algunas de las diferencias. Además, se han abordado algunos aspectos culturales relacionados con la Costa Caribe en otras investigaciones.

El sistema de creencias, de cualquier cultura, puede ser objeto de profundos estudios desde diferentes aristas y desde el punto de vista de diversas disciplinas, como la antropología,

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sociología de la cultura, psicología social y muchas más, sin embargo, en este caso, el propósito es esbozar una primera aproximación a esta temática, relativamente inexplorada en nuestro país, y hacer una recopilación que se constituya en corpus para futuras interpretaciones de esta expresión cultural tan arraigada en la conciencia individual de todos los nicaragüenses sin distinciones sociales, raciales, religiosas o de escolaridad.

Buscando un punto de referencia, para el desarrollo de este tema, se ha podido comprobar que no existen estudios concretos al respecto —o al menos se desconocen—, de tal suerte que no ha sido posible encontrar, en la bibliografía consultada de los estudiosos de nuestra cultura, un trabajo específico sobre esta temática. Al respecto, Mántica, en el prólogo de “Lengua Madre” señaló lo siguiente:

...donde lo nicaragüense apenas se empieza a definir, donde poco se ha escrito de sus costumbres y casi nada de su psicología y de sus creencias... Efectivamente, los puntos de contacto encontrados en este afán son indirectos.

Se ha querido anotar que algunas de estas creencias son exclusivas de nuestra cultura nacional, pero una gran parte tienen carácter regional y hasta universal. Se cree que en la antigüedad, los pueblos célticos consideraban a los árboles como dioses y les rendían culto. Se celebraban rituales alrededor de ellos para espantar la mala suerte. Actualmente, en Nicaragua son pocas las personas que no tocan madera con sus nudillos, para evitar que algo malo les suceda. Otras supersticiones, que tienen carácter foráneo, la cons-tituyen brindar chocando las copas así como los espejos rotos, ya que ésta última hace suponer que cuando esto sucedía se le hacía daño al alma. Las fuentes señalan que pudo haber tenido un origen atribuido al factor económico. Se cree que en la Italia del S XV, los espejos eran fabricados con el dorso de plata y, por su fragilidad, eran tratados con sumo cuidado. Los sirvientes que los limpiaban eran advertidos que si llegaban a quebrarlos, siete años de mala suerte caería sobre

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ellos. Se desconoce si quien empezó con esta historia lo hizo con el propósito de evitar los descuidos de la servidumbre o si solamente transmitió una creencia más antigua aún. Existen otras creencias que compartimos regional e interna-cionalmente, y que se constituyen en producto de la influencia de los medios de comunicación. Muchos rasgos culturales son ampliamente compartidos debido a la difusión. Tomemos los ejemplos siguientes:

♦ Cuando una novia después de la ceremonia religiosa volviéndose de espaldas tira el ramo, la muchacha que lo agarra es la próxima en casarse.

♦ La persona que pide un deseo en su cumpleaños y al mismo tiempo apaga las velas del pastel y no dice cuál es el deseo, éste se le cumplirá.

Igual cosa sucede con nuestra cultura nacional, que por lo general, es eminentemente patriarcal, producto de la herencia cultural tanto de la parte española como de la parte indígena, lo que ha posibilitado un sincretismo cultural que genera creencias donde se expresa la discriminación e inequidad existente entre los géneros, y se puede observar que casi la totalidad de lo relacionado con la mujer es “malo”. La menstruación es negativa: infecta heridas, detiene las culebras, provoca pujo en los niños, trae mala suerte, etc. Vveamos las siguientes:

— Cuando una mujer se encuentra menstruando y pasa muy cerca del bejuco de cualquier fruta o vegetal, éstos se secan.

— La señorita que anda menstruando no debe mirar a un recién nacido porque le revienta el ombligo “en sangre”. — El primero de enero, si al levantarse lo primero que se ve

es a una mujer o a un perro flaco, el año será malo, si al contrario es un hombre o animal hermoso será bueno. Tomemos, para ilustrar, lo aseverado por Miranda: El eclipse de Sol no es tan temerario como el de Luna, porque la Luna es más fuerte y como en toda hembra, en ella hay malicia,

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poder, intriga y violencia. Es un astro estéril que no hace más que violentar y atacar como hembra contra hembra a las mujeres embarazadas.

Con relación a los movimientos de la Luna, existe la creen-cia generalizada de que la misma, en sus diferentes fases, ejerce su influencia tanto sobre los organismos vivos, seres humanos, plantas y animales, como en los fenómenos cli-máticos, at mosféricos y telúricos. La epilepsia, que es una lesión cerebral, se le atribuye a los movimientos de la Luna. Igual cosa sucede con el carácter, la personalidad, las enfermedades mentales, los parásitos, el parto, el aborto, la muerte, el celo de los animales, la castración de los mamí-feros, la siembra y cosecha, los cortes de madera, la extracción de la leche de los hulares, las lluvias, los vientos, las mareas, etc. El nicaragüense afirma: las cosas de la Luna que todo lo acelera, regula o alborota.

De la herencia cultural indígena, un ejemplo apropiado lo to mamos de Alessandra Castegnaro, en su estudio sobre La alfarería tradicional de la Paz Centro, quien señala que un cincuenta por ciento de las alfareras creen en la influencia de la Luna sobre la arcilla, lo cual implica la norma de no extraer arcilla en Luna Nueva, porque los tiestos se revientan en la quema y hacen extensiva esta influencia negativa aún a los tiestos “camagua” que son los que se encuentran húmedos. Otro aspecto mencionado, y por cierto muy conocido, es el combate entre lo “frío” y lo “caliente”. Tocar el barro húmedo, preparar la masa y fabricar los tiestos, es una actividad fría, como consecuencia de este contacto les aquejan una serie de dolencias como artritis, reumatismo y muchas otras enfermedades laborales. En cuanto a la quema, que es una actividad “caliente”, lo tradicional es quedarse por lo menos hasta el segundo día después de esta actividad, sin trabajar y sin bañarse. Por tal razón las mujeres mayores en la comunidad aconsejan no trabajar con su período, al final del embarazo, durante la dieta de cuarenta días y hasta en los meses en que la alfarera amamanta.

También las creencias sobre los fenómenos climáticos son innumerables, una de ellas y muy significativa para nuestro

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pueblo eminentemente agrícola son las “pintas” y “repintas” que forman parte de los presagios o augurios que se utilizan, en este país, como un medio para predecir el fenómeno lluvioso. Son especialmente valoradas y utilizadas por nuestros campesinos en el área rural. Un buen invierno forma parte de las preocupaciones naturales de los que laboran cosechando y son ellos —precisamente los campesinos— quienes dedican parte de su vida a la observación atenta y oportuna de la naturaleza en general. Las creencias en las “pintas” y “repintas” tienen, por lo tanto, muchos años de observación y comprobación. Según las mismas, es en el mes de enero que se pueden apreciar las pintas. El primer día del mes, indica como serán las lluvias en el mes de mayo, el dos de enero “pinta” a junio, el tres “pinta” a julio y, por último, el quince de enero, “pinta” todo el invierno. Las mismas son consideradas como augurios, entendiendo como tal, la previsión anticipada de un acontecimiento basado en ciertas señales o indicios que se dan o se suceden con antelación. El augurio se distingue del presagio porque el último es un acontecimiento meramente casual, en cambio el augurio no lo es. En toda comunidad rural, la preocupación por las cosechas y su dependencia del tiempo atmosférico ha derivado en toda esta serie de creencias.

Los augures de la antigüedad eran los sacerdotes que en Roma se dedicaban a interpretar la voluntad de los dioses y adivinar lo que había de suceder. El arte augural ya se practicaba por griegos y etruscos, pero fue en Roma donde tomó su verdadero auge. También en la antigüedad estornudar era visto como un augurio. Si se estornudaba hacia la izquierda era señal de mala suerte y a la derecha lo contrario. Para cualquiera de los dos casos los griegos exclamaban “Vivir ¡qué Zeus te conserve!”. En nuestra era cristiana, durante el pontificado de Gregorio I, miles de personas murieron a causa de una de las tantas pestes que asolaron Roma. Se dice que miles de cristianos murieron justamente estornudando y que de ese acontecimiento proviene el “¡Salud!” o “¡Jesús!” cuando las personas estornudan.

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El nicaragüense, como buen agricultor es “augurero”, nunca deja de observar el cielo en espera de señales de buenas lluvias, en algunos casos, y en otros deseando que aparezca el sol. Esta observación constante lo ha conllevado además, a establecer ciertas relaciones que, involucran a los animales. Por ejemplo, cuando las golondrinas vuelan bajo, anuncian tormentas.

De la antiguedad nos llega, también, la creencia en el poder de los gatos negros, pero su concepto evolucionó según la coyuntura. En el antiguo Egipto se pensaba que algunos animales tenían alma, entre ellos los gatos que eran venerados como verdaderos dioses. Pero en la sociedad medieval, con el surgimiento de la Inquisición, se les vio desde otra perspectiva, posiblemente, por la reproducción masiva que se dio y se les asoció a la brujería, porque algunas “brujas” cuidaban de ellos. Según se creía en la época, los mismos eran utilizados en rituales diabólicos, lo que probablemente sea la explicación en nuestros tiempos, en la que se continúa creyendo que si a alguna persona se le cruza un gato negro, le atraerá la mala suerte.

En nuestro país, además de existir creencias sobre el poder que ostentan los gatos negros, también tenemos nuestros cadejos: el blanco y el negro. Uno es bueno y el otro es malo. El cadejo blanco existe en todo el país, de él se cuentan muchas historias, se dice que es un espíritu bueno que acompaña a las personas “es un guardián que permanentemente protege al hombre”. Pero el cadejo no le sale a toda persona, sino a los caminantes nocturnos a los cuales protege del cadejo negro o de los espíritus burlones. Como en este mundo existe el bien y el mal, el cadejo negro, cuyo color es visto como “tenebroso”, simboliza el mal en todas sus manifestaciones. En el mito del cadejo se contempla la creencia en la existencia de un animal que guía a las personas, contra otro que los ataca. Cuando el cadejo blanco olfatea a uno negro en el momento de acercársele a su protegido, el primero ataca, de manera que la persona tenga tiempo de huir y salvarse del mal que le pueda ocasionar el segundo. No se le atribuye

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superioridad a ninguno de los dos, ya que ambos tienen el mismo poder sobre las personas.

Existen creencias de muchos tipos y para facilitar su lectura y comprensión han sido clasificadas de la forma siguiente: • Creencias varias de la Costa Caribe.

• Creencias sobre la muerte. • Creencias sexuales.

• Creencias para prevenir enfermedades. • Creencias religiosas.

• Creencias sobre mujeres. • Creencias sobre hombres. • Creencias sobre animales.

• Creencias sobre plantas o árboles. • Creencias sobre la buena suerte. • Creencias sobre la mala suerte.

• Creencias sobre los recién nacidos y niños en general. • Creencias sobre mitos lunares­solares y fenómenos

climáticos.

• Creencias sobre sueños. • Creencias varias.

Una de las fuentes bibliográficas de ineludible consulta la constituye Lengua Madre del doctor César Ramírez Fajardo y cuyo prólogo es contribución de don Carlos Mántica Abaunza. En esta obra, clásica por su contenido y por su significado dentro del habla nicaragüense, se nos ilustra con una serie de expresiones escuchadas en las consultas de pediatría, que reflejan nítidamente el mundo mítico­mágico de las madres y de las cuales las mismas se apropian para explicar el equilibrio salud-enfermedad en sus hijos. A lo largo de la lectura de la obra se fueron entresacando las siguientes expresiones para conformar la retahíla de creencias que se presentan a continuación:

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“ya anda como llamando diente”, “el papá era bueno a su guásimo (...) será por eso que el chavalo es movido?”, “Perdí el pecho porque una mujer me trató y se me secó la leche”, “No le he cortado las uñas para que no se me quede mudo”, “No, no es mujercita, lo que pasa es que no le he cortado el pelo por miedo a que no hable”, “Y ese rojo que tiene en la nariz... no sería que se lo quería comer el sol?”, “Cuando está la luna tierna y viene fuerte, le agarra al niño una gran comezón en el anito”, “le echo tantas veces talco en el día para que no me le dé sarpullido”, “el organismo le pide comer tierra”, “claro, como duermen los tres juntos que son un solo turrón, la calentura del uno, se me le pasó a los otros dos” “cuando me dijeron que se pega más la calentura cuando uno les da leche... pues no le he dado leche”, “pues allá, como el clima es tan fresco, el sarampión les tarda hasta seis días en salir... se les pasma”, “...y le hago los baños para ver si se brolla”, “Le amanecen cagaditos los ojos y pegados... y eso que ni se serena”, “Con el calor, le sudan horriblemente los pulmones”, “le dimos aceite de Castor porque lo vimos que comió cartón...”, “Doctor... qué será que se babea mucho?... y de que lo besan, no lo besan y ahí lo ve... todo remojado de baba...”, “Por cuenta serán lombrices por que maneja una barrigona y se le hace un pelotero en las noches”, “Le di aceite fino con limón, porque como dicen que eso les recoge las lombrices...”, “Por el llorido y esa su quejazón que hasta daba pesar, lo froté con gas y zepol y otras cositas así calientes...”, “chirrea mucho los dientes... yo creo que serán lombrices”, “Ayer, cuando le vi la calentura, dije yo... y si la baño?... ni quiera Dios... me le da fiebre”, “Murió un señor y el niño está con fiebre... será lejío?”, “Solo con tiricia se mantiene, serán los parásitos o la debilidad?”, “Me le dio punto de moto pero gracias a Dios se me curó con naranja agria, aceite fino y sudor de sobaco...”, “Es cierto que cuando el hijo es hijo de viejo, todas las enfermedades del viejo se le descargan en el niño?”, “Tiene mucha diarrea... no le puedo dar frijoles, no le puedo dar huevo, no le puedo dar carne... nada dañoso”, “se murió mi marido y claro, con mi tristeza, el niño mama leche aflijida y se me le soltaron las menudencias...”, “Ni con infundia de gallina se le quita esa

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carraspera...”, “Doctor... y es cierto que el mango da tiricia?”, “Está como enronchadito... será digo yo, asco de la crema?”, “Se me resfrió yo creo que por bañarlo a los cuatro vientos y con agua serenada”...

Son éstas, una serie de enfermedades culturales, y es así como interpretan las madres nicaragüenses las dolencias o enfermedades de sus hijos. El niño no se enferma de diarrea por las condiciones higiénico sanitarias en el medio, sino porque “está llamando diente” o se encuentra de mal humor porque es “tiriciento” y no por el malestar que le produce la parasitosis crónica, etc. Sobre estos fenómenos y su explicación, es obvia la incidencia de la precariedad económica en algunos sectores del pueblo que se ven imposibilitados, en muchos casos, a acceder al Sistema de Salud, ya sea por razones económicas, geográficas o culturales. En fin, cualquiera que sea el motivo, sea por limitaciones de cualquier índole o por tradición, a las personas les queda la alternativa de recurrir a métodos esperanzadores que se encuentran insertados dentro de las creencias y, en otros casos, se ven obligados a “inventar” remedios que consideran adecuados para sus hijos y que, nuevamente, se convierten en tradición, como ejemplo de esto nos encontramos con que las madres cuelgan en el pecho de sus niños una llave para curarlos de la tos ferina.

Buscando por aquí y por allá, resulta que en el Refranero nicaragüense, cuyo autor es de don Carlos Mántica, se han encontrado una serie de refranes que reflejan nítidamente las creencias del nicaragüense y que expresan, en alguna medida, su sabiduría popular.

Veamos los siguientes:

• No hay renco bueno (¿Quién no ha dicho alguna vez en su vida, “todo renco para ser maldito?’).

• Herradura vieja, suerte nueva.

• En martes, ni te cases ni te embarques (ni te vayás a otra parte).

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• El alba rayando y el indio cagando.

• Cuando el indio encanece, el blanco desaparece.

• El banano en la mañana es oro, en la tarde es plata y en la noche mata ( es alimento “frío”).

• Cuando el tecolote canta, el indio muere (esto no es cierto, pero sucede).

• Arco iris al amanecer, agua antes del anochecer. • Arco iris en el poniente, suelta el arado y vente. • Aguacate maduro, pedo seguro.

• Ahorrar palo hace al muchacho malo. • La mujer de jeta caida es floja de grupera. • Carita triste, culo alegre.

• La mujer de nalgas pachas, tiene grande la cachimba. • Cuando la cigarra canta y el cielo truena no hay más

señal de agua que cuando llueve. • Alacrán que pica, huye.

• Cuando canta la cocoroca (o la calandria), va a cambiar el tiempo.

• Cuando el indio caga y el chancho cuilla, ya es de día. • Caballo cosquilloso, no lo comprés aunque sea hermoso. • Zopilote en palo, malo.

Los antropólogos y sociólogos han coincidido al afirmar que en todas las culturas primitivas existe la creencia en fuerzas o poderes invisibles, ocultos tras las realidades visibles, que se manifiestan, entre otras, cosas, a través de los fenómenos de la naturaleza. Estas fuerzas pueden intervenir en la vida de los hombres. La vida y milagro de los dioses griegos lo han convertido en un referente cultural constante en la historia posterior de la humanidad. Un fenómeno muy extendido, y que sentó precedente para la religión romana, fue la divinización de nociones abstractas como el miedo, la riqueza o la paz. En nuestro medio se da la divinización de la naturaleza: árboles

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que sangran, intermediarios de carácter material entre el mundo de arriba (cielo) y el de los humanos.

Las creencias son, por lo tanto, simbólicas, en tanto son expresiones de la cultura que también es simbólica. El apren-dizaje cultural depende de la capacidad, exclusivamente desa-rrollada por los humanos, de utilizar símbolos que son signos que no tienen una conexión necesaria, ni natural con aquello a lo que representan. Precisamente, la historia de la humanidad nos ha enseñado que la cultura tuvo su origen cuando nuestros antepasados adquirieron la capacidad de simbolizar. Podemos ejemplificar con nuestras creencias religiosas, en donde se da la utilización de objetos materiales como pueden ser: una vela, una cruz de palma o de madera, el agua, etc. Todas ellas bendecidas adquieren un poder especial. La asociación entre el símbolo y lo que simbolizan (santidad) es convencional. La vela, la cruz de palma o madera y el agua, sin la bendición tienen el valor de cualquier otro objeto, lo que les confiere el poder sagrado y de símbolo es, precisamente, el acto de la bendición. La Cruz es un símbolo del cristianismo, la palma o la madera sin forma de cruz, no tienen ninguna significación. La herradura es un pedazo de hierro forjado de determinada forma, lo que le confiere el poder de la “buena suerte” es la forma que se le dio al metal.

Los símbolos los encontramos por todos lados, ilustramos con el “sereno” y el “lejío”, que también simbolizan de cierta forma un poder, veamos los ejemplos siguientes:

♦ Para curar el constipado se debe tomar agua de manzanilla “serenada”.

♦ Se coloca alcanfor en las orejas de los niños y niñas, cuando asisten a las velas o a los entierros, para que el “lejío” del muerto no les ocasione dolor de oídos. En la cultura nicaragüense, la mirada es mágica y está dotada de poder, especialmente “quien nace con la vista fuerte”, que es la capacidad que tienen ciertas personas de influir sobre otras personas, animales y cosas materiales. Recordemos las mujeres primerizas que “pegan” a los niños el calor con sólo una leve mirada, las embarazadas que paralizan con su “vista”

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el efecto de un purgante. Un hombre en estado de embriaguez es capaz de “reventar” a un niño sólo con mirarlo, o las personas en general con “mirada fuerte” que pueden “cortar” la leche o “agriar” algunos alimentos, o aquellos otros que paralizan a las culebras, en fin la lista puede ser interminable y se pudieran escribir muchos capítulos al respecto.

En los nicarao existía la creencia en la “vista fuerte” y León Portilla, se refiere a ello, citando a Bobadilla en su ensayo “Análisis de los testimonios sobre las creencias de los nicaraos”.

…con la mirada, algunas personas, especialmente a los niños, hacen daño. Estos mueren a veces como consecuencia de ello.

En la Costa Caribe, las creencias no difieren de manera absoluta con las de la Región Central y Pacífica de Nicaragua. Éstos, como ya ha sido señalado, forman parte de la conciencia social de todo los nicaragüenses en general, sin embargo y tomando en cuenta que la cultura nacional es relativa, se sabe de algunas diferencias existentes y que las mismas están estrechamente relacionadas con su cosmovisión, producto de situaciones histó ricas concretas en las diferentes regiones de nuestro país. Creencias varias de la Costa Caribe

Con las creencias de la Costa Caribe también se podrían escribir verdaderos compendios, sin embargo ese no es nuestro propósito, que baste con reseñar algunas que recogió Hugo Sujo Wilson, profesor e historiador de Bluefields, ciudad “con una tradición cultural creole” recoge algunas creencias que presenta en su obra. La misma, representa un esfuerzo personal por “preservar algo de la historia local, y de ese modo mantener vivo el conocimiento de los viejos modos, hechos, ideas y memoria de nuestras generaciones pasadas”. Veamos las siguientes:

♦ No es recomendable decir buenas noches al despedirse de un velorio, porque el espíritu del muerto seguirá hasta su casa a la persona que lo hace.

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♦ En el noveno día, a la medianoche se retira un vaso de agua que fue dejado sobre la mesa en el cuarto del muerto, para que su espíritu tomara agua. Luego para expulsar el espíritu del muerto de la casa, se voltea el colchón sobre el cual descansó el difunto y se maldice su espíritu, a veces con lenguaje fuerte y sucio.

♦ Para deshacerse de una persona que no nos gusta o que nos está causando problemas se hace lo siguiente: se escribe el nombre de la persona en un pedazo de papel, éste se envuelve en un pedazo de tela negra y se marca una cruz roja sobre la tela y se introduce en una botella pequeña. Con la botella se deben dirigir al arroyo más cercano, se pronuncia el nombre de la persona y se tira la botella en la corriente de agua sin volver a ver hacia atrás. Esto hará que la persona se vaya y no regrese jamás. ♦ Si un hombre quiere dejar a una mujer, pero no tiene

fuerza de voluntad para hacerlo, debe ponerse una camisola nueva, encima un saco y luego hacer mucho ejercicio para sudar. Luego de exprimir el sudor de la camisola en un guacal nuevo, agregarle un pequeño trago de ron y bebérselo todo. Se debe quemar la camisola y sentarse encima de ella mientras todavía echa humo. Finalmente, se deben enterrar las cenizas. Cumpliendo todo esto logrará olvidarla, pero mientras se encuentre bajo este tratamiento, no debe comer nada de la mujer. ♦ Si una persona es víctima de un robo, para encontrar al

ladrón puede recurrir a lo siguiente: la víctima o alguien de su confianza toma un vaso con agua, una llave y una hebra de pelo de la cabeza de una virgen. La persona suspende sobre el vaso de agua la llave atada con el pelo de la virgen. Luego se invoca el nombre de Dios, de San Pedro y San Pablo, empieza a pronunciar los nombres de las personas de quienes se sospecha. Cuando se pronuncia el nombre de la persona culpable, la llave espontáneamente empieza a moverse como un péndulo por encima del vaso de agua.

♦ Si una mujer quiere conservar a un hombre sólo para ella, por el tiempo que ella desee, y hacerlo incapaz

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de dejarla, se debe mezclar en una bebida del hombre un poco del agua en que ella se ha bañado. Otra cosa que se puede hacer consiste en lavar la ropa interior del hombre y enterrar el agua en un hoyo en el suelo debajo del dormitorio de ambos.

♦ Trae mala suerte colocar frutas verdes sobre una cama y ponerse primero el zapato izquierdo, entre otros.

♦ Si alguien mata una araña romperá accidentalmente alguna vajilla de cristal o de porcelana.

♦ Si alguien indica en su propio cuerpo el punto donde otra persona ha sido herida, se debe decir “God Bless the mark” (Dios bendiga la marca), si no se dice, se sufrirá una herida igual.

♦ Si se observa pasar una estrella fugaz, se debe decir: “Dios bendiga mi vista”, en caso contrario algo le puede pasar a sus ojos.

♦ Una mujer embarazada no debe ver a los chompipes tiernos, porque eso puede matarlos.

♦ Si se azota el Viernes Santo a un muchacho de crecimiento lento, eso lo hará crecer más rápido.

♦ Si alguien abre un huevo y lo pone al sol en la tarde del Viernes Santo, tomará la forma de una iglesia o una tumba. Si toma forma de iglesia, indica casamiento y si toma forma de tumba significa muerte para la persona. ♦ Si el Viernes Santo se corta cierto árbol conocido con el

nombre de “Physic Nut”, saldrá de él sangre humana. ♦ Si una persona mayor pasa por encima de un niño, éste

crecerá más despacio de lo normal.

♦ Si el botero coloca boca abajo su guacal en el bote, causaría mal tiempo.

♦ La tos ferina se cura con sopa de rata.

♦ Para curar una infección causada por un clavo sarroso, se aplica una cucaracha asada machacada.

♦ La orina humana se usa para curar la bronquitis aguda. Se toma mientras esté fresca y tibia. En caso de artritis, se aplica a la parte afectada un trapo empapado con orines.

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♦ Para deshacerse de una fea cicatriz provocada por una quemadura o cualquier otra herida, debe aplicarse saliva cuando se despierta en la noche. No se debe hablar con nadie para que resulte.

Creencias sobre la muerte

Estas creencias nos señalan la cohesión entre los muertos y los vivos y los deseos de la mayoría de los seres humanos de todas las culturas en una vida eterna y el temor a lo desconocido. Existen muchos mitos con relación a la muerte. Las personas que viven en los alrededores de los cementerios conservan algunas creencias, la mayoría coincide en afirmar haber visto “luces” entre las tumbas que, seguramente, son la materialización espiritual de los que han dejado este mundo. Así también, existen personas que dicen haber escuchado voces, ruidos, quejidos y afirman que son algunos muertos o espíritus que salen de sus tumbas por las noches con el propósito de asustar, además, señalan haber visto a una mujer vestida de blanco que se les “aparece” a los vigilantes del sector o a los empleados del cementerio.

Las creencias en general, y en particular aquellas sobre los difuntos, están ligadas al entorno social, cultural y geográfico. Tomemos como ejemplo un funeral en Granada: “si va un funeral por la calle y el caballo, que lleva la carrosa con el féretro, queda viendo a alguna persona en especial, la misma pronto morirá. En un lugar donde no se dan las cosas de esta forma, no tiene sentido esta creencia, ya que en otras regiones del país no se utilizan caballos para conducir los féretros a los cementerios.

Veamos las siguientes:

♦ Cuando una persona muere y deja hijos pequeños, éstos deberán acariciarle los pies para que no les salga el espíritu del muerto.

♦ Cuando al morir una persona lo entierran “aguado”, ésta se llevará próximamente a un pariente.

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♦ Si al cargar la caja de un difunto ésta “rechina”, posi­ blemente morirá un vecino.

♦ Cuando al morir una persona se le “sale” la lengua, es porque ésta era chismosa.

♦ Si alguien muere en una casa esquinera, significa que habrá muerte en cadena.

♦ Al morir una madre, su espíritu “anda” penando y apare­ ciendo, hasta que se asegura que sus hijos se encuentran protegidos.

♦ Cuando al morir las personas dejan deudas, “aparecen” a sus familiares para que éstos paguen y poder, de esta manera, descansar en paz.

♦ Cuando a una persona se le hacen promesas antes de morir, su espíritu aparece para asegurarse que se le cumplirá lo prometido.

♦ Escuchar tres golpes en las paredes del dormitorio es señal de muerte.

♦ Las personas que mueren y “asustan” es porque su alma no ha logrado el descanso eterno.

♦ Cuando un muerto se “infla” del vientre, se le debe poner una masa de ajos en el ombligo para que vuelva a su estado natural.

♦ Se debe rezar por nueve días a los muertos para que su alma descanse en paz.

♦ Si alguien al morir queda con los ojos abiertos es porque la causa de su muerte fue un hechizo y una niña le deberá cerrar los ojos.

♦ Cuando sacan a un difunto por los pies para ir a ente­ rrarlo, es seguro que se llevará a otra persona de la familia.

♦ Cuando canta un gallo por la noche es que hay un muerto muy cerca.

♦ Si una lechuza canta a la medianoche, alguien morirá, para evitarlo se le debe contestar por el otro lado.

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♦ La muerte es segura cuando se riegan las plantas con los orines de una persona enferma y al día siguiente éstas amanecen marchitas.

♦ Si una persona en estado de gravedad no logra mantener erguido los dedos gordos de las manos, morirá en cuestión de horas.

♦ Cuando asesinan a una persona y la encuentran “boca arriba”, se le colocan dos huevos de gallina negra dentro de su ropa interior para encontrar al causante del crimen.

♦ Cuando al morir se aumenta excesivamente de peso, morirá otra persona muy pronto.

♦ Si un “papalote” negro entra a una casa, alguien morirá. ♦ Si muere un anciano en una esquina, es seguro que

morirán tres personas más en la cuadra.

♦ No se deberá peinar a un difunto porque vuelve por el que lo peinó.

♦ Un muerto “sale” si lo entierran con zapatos.

♦ El cacaraqueo de las gallinas anuncian la muerte, pa ra contrarrestarla se deben quitar los zapatos y colo carlos hacia abajo (las gallinas se calmarán auto-máticamente).

♦ Si una lechuza pasa cantando hay que halarse la nariz para evitar la muerte.

♦ Cuando alguien ha sido asesinado y lo encuentran “boca abajo”, significa que el asesino se encuentra cerca. ♦ Cuando alguna persona se muere un fin de año, es buen

presagio y significa que en el año venidero no habrá ninguna desgracia.

♦ Si se escucha un silbido en la noche, no se debe contestar porque significa que la muerte está llamando y si alguien contesta, se muere.

♦ Nunca se debe acostar una persona en una mesa porque se pueden morir.

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♦ Las personas nunca se deben acostar con sed, porque cuando se duermen el alma se levanta a tomar agua, y se corre el riesgo de que no regrese.

♦ Si a medianoche se escucha que cae una piedra en el techo de la casa, morirá alguien de la familia.

♦ Si por la mañana a una persona le “aparece un morado” en el cuerpo, significa que un muerto la tocó.

♦ Cuando alguien muere, se debe colocar el ataúd en el centro de la habitación para que no muera otra persona de la familia.

♦ Si en el transcurso de un “entierro” llueve, significa que el difunto comía en paila.

♦ Cuando un niño muere va al cielo.

♦ Cuando alguien muere se le debe poner un vaso de agua, para que su espíritu no aguante sed.

♦ De la iglesia se deben sacar los muertos por los pies para que no vean quien viene detrás.

♦ Cuando una persona muere hay que rezarle por nueve días para que su alma descanse en paz, y durante cuarenta días para que su espíritu se vaya de la casa.

♦ Si un familiar abre la sepultura donde enterrarán a su deudo le trae mala suerte.

♦ Si una persona ve la “preparación” de un cadáver, que no es de la familia, éste saldrá para asustarla.

♦ Se debe colocar un guacal con cenizas en el lugar donde se encuentre a una persona que ha sido asesinada, para poder descubrir al asesino.

♦ Cuando una persona muere atropellada por un vehículo, y el conductor se fuga, se debe poner al muerto “boca abajo” para que regrese el homicida.

♦ Cuando al enterrar a alguien falta tierra en vez de sobrar, alguien más se va a morir porque la tierra está llamando a la muerte.

♦ No se debe enterrar a los muertos con joyas de oro, porque no descansan en paz.

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♦ Cuando se llora mucho a una persona que ha fallecido, su alma no sigue su rumbo y sale para asustar a las personas.

♦ Los niños, por ser inocentes, pueden ver el espíritu de las personas que van a fallecer.

♦ Los muertos se entierran boca arriba para que el día de la resurrección la luz del sol les dé en el rostro.

♦ Cuando se siente un aire helado, es porque va pasando un espíritu.

♦ Cuando alguien se portaba mal con una persona que acaba de fallecer, es seguro que le saldrá por las noches para asustarlo.

Creencias sexuales

En el aspecto que corresponde a las relaciones entre los sexos, queremos exaltar la imaginación de la mujer nicaragüense que, en el intento de controlar y preservar a su pareja, hace gala de las cosas más inusitadas, creativas y ocurrentes. Precisamente, se ha querido iniciar este apartado con la creencia siguiente:

♦ Cuando un hombre llega tarde a su casa, falta con mucha frecuencia y se tienen fuertes sospechas sobre su fidelidad, se le hace la prueba siguiente: se coloca una pana llena de agua en el cuarto y se le pide que se coloque desnudo en cuclas sobre la misma, de manera que los “huevos” entren a la superficie del agua. Si los “huevos” quedan flotando viene de donde “la otra”, si se le hunden es inocente.

Veamos las que siguen:

♦ Por el tamaño del pie o de las manos, se sabe el tamaño del pene (A como es el niño es el juguete).

♦ A las personas que se masturban le salen pelos en las manos o su cara se llena de acné, y también pueden “quedarse chaparros”.

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