Una y Otra Vez: La Vida en La Experiencia de Cada Día - Leonel Grimal Salazar

178  Descargar (0)

Texto completo

(1)
(2)
(3)

Leonel Grimaldo Salazar

UNA Y OTRA VEZ

(4)

Prólogo

“La vida es un camino en el que nos encontramos con los otros. Si nos colaboramos en ese recorrido vamos a llegar más fácil y con mayor seguridad al final”.

Y sin duda es éste el espíritu que me empuja a desear compartir con todos los lectores las historias siguientes… No son sólo historias, son experiencias de vida, son motivos para que podamos fortalecer nuestro diario caminar y desean ser luces que iluminen el camino de aquellas personas que buscan orientación y apoyo.

Durante mucho tiempo, no sólo meses sino años, incluso, he ido recibiendo y coleccionando un sinnúmero de mensajes. Agradezco la colaboración de quienes los compartieron conmigo, pues con el fin de animar mis momentos difíciles. Ahora deseo compartir con otros la riqueza y la sabiduría de estos escritos. Quienes me hayan ofrecido alguna vez su consejo y su ayuda, sabrán que su esfuerzo no fue en vano.

Sin lugar a dudas est recopilación contribuirá en la búsqueda que todos hacemos de la fidelidad.

(5)

Amor y amistad

A

LOS

AMIGOS

No puedo darte soluciones para todos los problemas de tu vida, no tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlos contigo.

No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos. Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomas en la vida, me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parte el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser. Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.

JORGE LUIS BORGES

Para reflexionar:

¿Dejas en libertad a tus amigos para que puedan ser ellos mismos?

¿Apoyas desinteresadamente las decisiones de tus amigos? ¿Permites que los demás sean artífices de su

propio aprendizaje?

A

MOR

PURO

Éramos la única familia en el restaurante con un niño. Yo senté a Daniel en una silla para niños y me di cuenta que todos estaban tranquilos comiendo y charlando.

De repente, Daniel pegó un grito con ansia y dijo:

–¡Hola amigo! –golpeando la mesa con sus gorditas manos.

Sus ojos estaban bien abiertos por la admiración y su boca mostraba la falta de dientes en su encía. Con mucho regocijo él se reía y se retorcía. Yo miré

(6)

alrededor y vi la razón de su regocijo. Era un hombre andrajoso, con un abrigo en su hombro, sucio, grasoso y roto. Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto hasta la mitad, sus dedos se asomaban a través de lo que fueron unos zapatos, su camisa estaba sucia y su cabello no había recibido una peinilla por largo tiempo. Sus patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz tenía tantas venitas que parecía un mapa. Estábamos un poco lejos de él para saber si olía, pero seguro que olía mal. Sus manos comenzaron a menearse para saludar:

–¡Hola bebito! ¿Cómo estás muchachón? –le dijo el hombre a Daniel. –Mi esposa y yo nos miramos: ¿qué hacemos?

Daniel continuó riéndose y contestó: –¡Hola, hola amigo!

Todos, en el restaurante, nos miraron y luego miraron al pordiosero. El viejo sucio estaba incomodando a nues​tro hermoso hijo. Nos trajeron nuestra comida y el hombre comenzó a hablarle a nuestro hijo como un bebé. Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo. Obviamente él estaba borracho. Mi esposa y yo estábamos avergonzados. Comimos en silencio. Menos Daniel que estaba súper inquieto y mostrando todo su repertorio al pordiosero, quien le contestaba con sus niñadas.

Finalmente, terminamos de comer y nos dirigimos hacia la puerta. Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije que nos encontraríamos en el estacionamiento. El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida.

–Dios mío: ayúdame a salir de aquí antes de que este loco le hable a Daniel –dije orando, mientras caminaba cerca al hombre–. Le di un poco la espalda tratando de salir sin respirar ni un poquito del aire que él pudiera estar res​pirando.

Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección hacia donde estaba el viejo y puso sus brazos en posición de “cárgame”. Antes de que yo se lo impi​die​ra, Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre. Rápidamente el muy oloroso viejo y el joven niño consumaron su relación amorosa. Daniel, en un acto de total confianza, amor y sumisión, recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero. El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendo por sus mejillas. Sus viejas y maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo, suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos seres se habían amado tan profundamente en tan poco tiempo. Yo me detuve aterrado. El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego abrió sus ojos y me miró directamente a los míos.

Me dijo en voz fuerte y segura: –Usted cuide a este niño.

(7)

–Así lo haré –con un inmenso nudo en mi garganta–. Él separó a Daniel de su pecho, lentamente, como si tuviera un dolor. Recibí a mi niño, y el viejo hombre me dijo:

–Dios le bendiga, señor. Usted me ha dado un hermoso re​galo. No pude decir más que un entrecortado:

–¡Gracias!

Con Daniel en mis brazos, caminé rápidamente hacia el carro. Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente. Y por qué yo estaba diciendo:

–¡Dios mío, Dios mío, perdóname!

Yo acababa de presenciar el amor de Cristo a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no hizo ningún juicio. Un niño que vio un alma. Y unos padres que vieron un montón de ropa sucia. Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era. Yo sentí que Dios me estuvo preguntando:

–¿Estás dispuesto a compartir tu hijo por un momento, cuando Él compartió a su Hijo por toda la eternidad?

Para reflexionar:

¿Somos capaces de dar muestras de amor sincero a los demás?

¿La mayor parte del tiempo tenemos comportamientos como los de Daniel o como el de sus papás?

¿Recordamos algún acontecimiento similar a nivel personal o cercano?

C

REO

EN

TI

,

AMIGO

Creo en ti amigo:

Si tu sonrisa es como un rayo de luz que alegra mi exis​tencia. Si tus ojos brillan de alegría al encontrarnos.

Si compartes mis lágrimas y sabes llorar con los que lloran.

Si tu mano está abierta para dar y tu voluntad es gene​rosa para ayudar. Si tus palabras son sinceras y expresan lo que siente tu corazón.

Si sabes comprender bondadosamente mis debilidades y me defiendes cuando me calumnian.

Si tienes valor para corregirme amablemente. Si sabes orar por mí, y brindarme buen ejemplo.

(8)

Si tu amistad me lleva a amar más a DIOS y a tratar mejor a los demás. Si no te avergüenzas de ser mi amigo en las horas tristes y amargas.

Para reflexionar:

¿Eres capaz de ser un verdadero amigo?

¿Recuerda algunos acontecimientos en los que te has sentido amado sinceramente por alguien.

¿Te avergüenzas de los demás cuando se equivocan?

D

I

:

TE

AMO

Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer. En realidad había sido idea de mi esposa.

–Tú sabes que la amas –me dijo un día, tomándome por sorpresa–. La vida es muy corta, dedícale tiempo.

–Pero yo te amo a ti –protesté. –Lo sé. Pero también la amas a ella.

La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, viuda desde hace unos años, pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente. Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine. –¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? –me preguntó.

Mi madre es el tipo de mujer para quien una llamada tarde en la noche o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.

–Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo, –le respondí–. ¡Los dos solitos! ¿Qué opinas?

Reflexionó sobre ello un momento. –Me gustaría muchísimo –dijo.

Ese viernes, mientras conducía para recogerla después de mi trabajo, me encontraba nervioso. Era el nerviosismo que antecede una cita... y ¡por Dios, cuando llegué a su casa, vi que ella también estaba muy emocionada! Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto. Se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas. Su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.

–Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mos​traron muy emocionadas –me comentó mientras su​bía a mi auto.

No podrán esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada.

(9)

aferró a mi brazo como si fuera “La Primera Dama de la Nación”. Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista. Mi mamá estaba sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.

–Era yo quien te leía el menú cuando eras pequeño, ¿recuerdas?

–Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolverte el favor –respondí. Durante la cena tuvimos una agradable conversación. Nada extraordinario. Sólo ponernos al día uno con la vi​da del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.

–Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar, –dijo mi madre cuando la llevé a su casa. Asentí. La besé, la abracé.

–¿Cómo estuvo la cita? –quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche. –Muy agradable, gracias, mucho más de lo que imaginé –le contesté.

Días más tarde mi madre murió de un infarto. Todo fue tan rápido que no pude hacer nada. Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía:

–La cena está pagada por anticipado. Estaba casi segura que no podría estar allí. Pero igual pagué para dos: para ti y tu esposa. Jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí. ¡Te amo!

En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo “TE AMO” y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen.

Para reflexionar:

¿Eres capaz de sacarle tiempo a los demás? ¿Con frecuencia le haces notar a tus seres

queridos lo importantes que son para ti?

¿Si algún ser querido muriera en cinco minutos, te sentirías tranquilo porque fuiste capaz de decirle TE AMO?

E

L

ÁNGEL

Y

EL

AMIGO

Un ángel no nos escoge, Dios nos lo asigna. Un amigo nos toma de la mano y nos acerca a Dios.

Un ángel tiene la obligación de cuidarnos. Un amigo nos cuida por amor.

Un ángel te ayuda evitando que tengas problemas. Un amigo te ayuda a resolverlos.

Un ángel te ve sufrir sin poderte abrazar. Un amigo te abraza porque no te quiere ver sufrir.

(10)

Un ángel te ve sonreír y observa tus alegrías. Un amigo te hace sonreír y te hace parte de sus alegrías.

Un ángel sabe cuándo necesitas que alguien te escuche. Un amigo te escucha, sin decirte lo que necesitas.

Un ángel, en realidad, es parte de tus sueños. Un amigo comparte y lucha para que tus sueños sean una realidad.

Un ángel siempre está contigo ahí; no sabe extrañarnos. Un amigo, cuando no está contigo, no sólo te extraña, también piensa en ti.

Un ángel vela tu sueño. Un amigo sueña contigo.

Un ángel aplaude tus triunfos. Un amigo te ayuda para que triunfes.

Un ángel se preocupa cuando estás mal. Un amigo se desvive porque estés bien. Un ángel recibe una oración tuya. Un amigo hace una oración por ti.

Un ángel te ayuda a sobrevivir. Un amigo vive por ti.

Para un ángel eres una misión que cumplir. Para un amigo es la oportunidad de conocer lo más hermoso que hay en la vida: “El amor y la amistad”.

Un ángel quisiera ser tu amigo. Un amigo, sin proponérselo, también es tu ángel.

Para reflexionar:

¿Eres capaz de soñar con tus amigos? ¿Crees que los demás sí te consideran su

amigo por la manera de ser tú con ellos? Recuerda que un amigo no es el que da cosas,

sino el que comparte la vida.

E

L

CIELO

Y

EL

INFIERNO

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carrete​ra. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición...). La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnifico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él el siguiente diálogo:

–Buenos días.

–Buenos días –respondió el guardián. –¿Cómo se llama este lugar tan bonito?

(11)

–Esto es el cielo.

–¡Qué bien que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos!

–Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.

–Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...

–Lo siento mucho –dijo el guardián– pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.

–Buenos días –dijo el caminante–. El hombre respondió con un gesto de la cabeza.

–Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.

–Hay una fuente entre aquellas rocas –dijo el hombre indicando el lugar–. Pueden beber toda el agua que quieran.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.

–Pueden volver siempre que quie​ran –le respondió éste.

–A propósito, ¿cómo se llama este lugar? –preguntó el hombre. –CIELO.

–¿El cielo? –¿Sí?

–¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el cielo! –Aquello no era el cielo. Era el infierno –contestó el guardián.

El caminante quedó perplejo.

–¡Deberá prohibir que utilicen su nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! –advirtió el hombre.

–¡De ninguna manera! –increpó el hombre–. En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...

PAULO COELHO

Para reflexionar:

(12)

inconvenientes personales. Si ellos han estado dándote su amor y compañía has contraído una deuda:

“No abandonarlos nunca”.

Porque: hacer un amigo es una gracia… Tener un amigo es un don… Conservar un amigo es una virtud…

ser un amigo es un honor.

E

L

COCODRILO

,

LA

MAMÁ

Y

EL

NIÑO

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida, un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró al agua y comenzó a nadar feliz sin darse cuenta de que un cocodrilo se le acercaba. Su mamá, desde la casa, lo miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió, hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y se dirigió nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el cocodrilo le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar tiempo después.

Cuando superó el trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. Levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo, se remangó las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo:

–Pero las que usted debe ver son éstas.

Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.

Para reflexionar:

¿Sientes un amor tan grande por alguien como para dar la vida por él?

Recuerda algún o algunos casos en que hayas estado dispuesto a “todo” por amor.

¿Tienes cicatrices por amor?

E

L

CONEJO

Y

EL

PERRO

Un señor le compró un conejo a sus hijos. Los hijos del vecino, le pidieron una mascota al padre. El hombre compró un cachorro de pastor alemán.

(13)

El vecino exclamó:

–¡Pero él se comerá a mi conejo!

–De ninguna manera, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos, serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. No habrá problemas.

Y, parece que el dueño del perro tenía razón. Juntos crecieron y amigos se hicieron. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés. Los niños, felices observaban cómo ambos vivían en armonía. Un viernes, el dueño del conejo fue a pasar un fin de semana en la playa con su familia. El domingo, a la tardecita, el dueño del perro y su familia tomaban una merienda, cuan​do entra el pastor alemán a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y tierra... muerto. Casi matan al perro de tanto agredirlo. Decía el hombre:

–El vecino tenía razón, ¿y ahora?

La primera reacción fue pegarle al perro, desterrar al animal como castigo. En unas horas los vecinos iban a llegar.

–¿Qué hacemos? –todos se miraban.

El perro, llorando afuera, lamía sus heridas. –¿Pensaron en los niños y en su dolor?

No se sabe exactamente de quién fue la idea, pero dijeron:

–¡Vamos a bañar al conejo, dejarlo bien limpiecito, después lo secamos con el secador y lo ponemos en su casita en el patio!

Como el conejo no estaba en muy mal estado, así lo hicieron. Hasta perfume le pusieron al animalito.

–Quedó lindo, “parecía vivo” –decían los niños.

Y allá lo pusieron, con las piernitas cruzadas, como si estuviese durmiendo. Luego, al llegar los vecinos se sintieron los gritos de los niños. ¡Lo descubrieron! No pasaron ni cinco minutos hasta cuando el dueño del conejo vino a tocar a la puerta. Blanco, asustado. Parecía que había visto un fantasma.

–¿Qué pasó? ¿Qué cara es ésa? –El conejo... el conejo...

–¿El conejo qué? ¿Qué tiene el conejo? –¡Murió!

–¿Murió?

–¡Murió el viernes! –¿El viernes?

–¡Fue, antes de que viajáramos, los niños lo enterraron en el fondo del patio! La historia termina aquí. Lo que ocurrió después no importa. Ni nadie lo sabe. El

(14)

gran personaje de esta historia es el perro. Imagínense al pobrecito, desde el viernes, buscando en vano por su amigo de la infancia. Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado. ¿Qué hace él? Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, imaginando poder resucitarlo. El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los acontecimientos sin verificar lo que ocurrió realmente.

Para reflexionar:

Recuerda algún caso donde hayas juzgado anticipadamente a alguien.

Recuerda ahora, cómo te has sentido cuando alguien te ha juzgado

sin esperar tu explicación.

¿Te has comportado alguna vez como la pareja del perro y el conejo?

E

L

NIÑO

DE

LAS

LÁGRIMAS

DE

ORO

Dice el cuento que en aquellos años maravillosos, en un bello pueblecito había una hermosa familia, la cual era dueña de muchas propiedades y ganado, donde el patrón, dueño casi de toda la comarca, daba trabajo a todo el pueblo y ayudaba a los más necesitados; pero en un caso particular, ayudaba a una familia muy necesitada. De dicha familia formaba parte un pequeño niño que estaba paralítico, el cual adoraba al rico hacendado por su buen corazón. Con ellos el patrón era más compasivo y les regalaba cuanta cosa se le atravesara pensando que podría hacer feliz con ello al enfermito niño. En la misma época se levantó en armas un famoso general que tenía más grande la inteligencia y la soberbia que el cuerpo. Dicho general se fue apoderando de todas las regiones por donde pasaba para formar en dichos sitios los campamentos para sus ejércitos. Un día difícil, el general y sus ejércitos llegaron a la comarca y a las haciendas del buen señor y, al igual que plagas, se apoderaron y vulneraron el feliz lugar.

El buen hacendado jamás fue partícipe de la violencia o las causas guerrilleras que sólo dejan más rencor que beneficios, y con merecida razón no quiso conceder, lo que con tanto esfuerzo había cosechado, a aquellos haraganes armados: sus terrenos, cosechas y haciendas. En consecuencia, el general tomó aquella valiente posición del hacendado como un insulto y encarceló a aquella formidable familia, con lo que la comarca quedó desolada, despojada y triste. Con el buen hombre encarcelado la población quedó pobre, sin trabajo y además sin los medios necesarios para sostener a sus familias. Pero nuestro pequeño amiguito, al no ver a su grandioso amigo, enfermó más de lo que ya estaba y lloraba mucho por la ausencia de su benefactor.

(15)

carretón, lo enganchó a la vieja mula y partió de su casa con todo y familia pensando que con ello el pequeño lograría olvidar a su benefactor amigo y su salud mejoraría. A pocas leguas del trayecto se encontraron al general que venía de campaña. Quien obviamente les detuvo en el camino. Acto seguido el general preguntó:

–¿Hacia donde se dirigen?

–Vamos de paseo, señor –le contestó el afligido padre.

–Vaya, vaya; –sonrió el general… –de paseo y con toda una casa andante, no mi amigo; soy general precisamente porque nadie me puede engaña.

Y dio la inmediata orden de detenerles y encarcelarles por tratar de huir. El viejo carretón fue conducido a un lugar muy diferente al que el padre del pequeño deseaba para que sanara, fue a parar al campamento del ejército donde les despojaron de lo poco y todo lo que tenían, incluso la silla improvisada del enfermo niño, dejándolo en los brazos de su padre, a quien se le salían las lágrimas de ver las penurias en que se encontraba ahora su familia. De pronto, el general dio la orden de sacar a los reos para su conteo y entre las filas, el pequeño niño vio a un hombre golpeado y ensangrentado. Gritándole de inmediato a su papá:

–¡Papá, papá, el patrón, el patrón! –Hijo cállate por favor, cállate.

–No –dijo el general–; déjelo, ¿quién es el patrón muchachito? –El señor alto, el señor alto, señor general. Respondió el pequeño.

Inmediatamente trajeron a la presencia del general al desvanecido exbeneficiario de la comarca y el niño se puso feliz al verlo. Preguntó el general:

–¿Por qué te ve con tanto cariño este pequeño? –Pregúntele al niño, contestó aquel hombre.

El golpe que no se hizo esperar derrumbó al ya maltra​ta​do hombre. El niño empezó nuevamente a llorar pidien​do que no le golpearan. Enfadado el general gritó:

–Cállate escuincle –le dijo, espantando al pequeñín–, el cual rom​pió a llorar. –No golpee a mi amigo, señor general, el patrón es muy bueno.

El general enfadado levantó la mano tratando de abofetear al niño, pero el padre del pequeño tomó en el descuido a un soldado, quitándole de la mano la espada y se la puso en la garganta al general.

–¿Sabe, general?, sólo Dios puede tocar a mi familia y a usted no le veo aureola, además sus lagrimitas valen más que el oro, de ese tipo de oro que jamás habrá en sus arcas.

(16)

De inmediato los soldados tratan de desarmar al padre que por su familia sacó el león que llevaba dentro y el general ordenó dejarlo en paz porque nunca había visto tanto valor en un hombre aun con tanta desventaja.

–Vete en paz con tu familia y devuelvan todo lo que les quitaron.

–No papá, si nos vamos, dejaremos solo a mi amigo y él está muy enfermo; debemos quedarnos a cuidarle, por favor papá, el también nos quiere mucho, no podemos irnos y dejarlo. Aquí lo tratan muy mal.

El papá voltea a ver al general, quien le dice al niño:

–No llores pequeño esas lagrimitas por poco me dejan sin cuello y no he logrado tanta lealtad en mis súbditos como la tuya con este ricachón. Dejen libre al amigo de este pequeño con toda su familia, parece que nuestra causa no es la del pueblo, así que inmediatamente nos marcharemos.

–No cabe duda amiguito –dijo el acaudalado–, viví estos meses en la pesadumbre y creía que Dios tendría que bajar a ayudarme para salir de ese calvario, pero me envió a un angelito que me ha salvado con sus lágrimas, tus lágrimas de oro. Desde ese día volvió la calma y la prosperidad a la comarca y el hacendado y el pequeño aún se reúnen.

Para reflexionar:

¿Tratas a los demás con amor? ¿Qué siembras en la vida de los demás? ¿Eres fiel al amor que te dan tus semejantes?

L

A

AMISTAD

ES

...

Una mano que siempre sostiene la tuya estés donde estés sin que importe la cercanía o la distancia.

Un amigo siempre está ahí, siempre atento.

Un amigo es una sensación de eternidad en el corazón. Un amigo es la única puerta que siempre está abierta. Un amigo es alguien a quien puedes darle tu llave.

Un amigo es una de las cosas más bellas que puedes tener y una de las mejores que puedes ser.

Para reflexionar:

El hombre no puede vivir aislado. Recuerda que cada

compañero de jornada es un amigo que te ayuda y a quien tú también debes ayudar. La cooperación existe entre todas las cosas creadas. Procura también tú

(17)

bondadosamente permitiendo tu desarrollo. Ayuda siempre y no te desanimes jamás.

L

ECCIONES

DE

AMOR

En mi primer día de labores como profesor adjunto de pedagogía en la universidad, entré en el aula sintiéndome preso de una terrible angustia. Un frío silencio fue la respuesta de la clase atestada, a mi tímida sonrisa y breve saludo. Revisé un momento mis anotaciones e inicié, balbuciente, mi disertación. Nadie parecía hacer​me el menor caso. En ese momento advertí la presencia, en la quinta fila, de una joven de porte tranquilo, vestida de blanco, de piel bronceada, ojos vivaces color castaño y cabellera dorada. Su animado semblante y sonrisa cordial me alentaron a seguir adelante. Atenta a mi exposición, ella asentía con la cabeza o con un “sí”, y tomaba notas. Proyectaba la reconfortante sensación de interés cuando yo trataba de transmitir de manera tan insegura. Empecé a dirigirme a ella, y recobré la confianza y el entusiasmo.

Minutos después, me atreví a pasar la mirada por toda el aula. Los demás estudiantes habían empezado a atender y tomaban notas. Aquella extraordinaria muchacha me había sacado del aprieto. Al terminar la lección revisé la lista en busca de su nombre, se llamaba Laura. En las siguientes semanas leí sus trabajos. Redactaba con creatividad, sensibilidad y fino sentido del humor. Yo había pedido a mis discípulos que pasaran a verme a mi oficina durante el semestre escolar y aguardaba con especial interés a Laura. Deseaba decirle cómo me había salvado aquel día y alentarla a que desarrollara sus cua​lidades de persona considerada y perspicaz. Pero jamás se presentó. Unas cinco semanas después de iniciado el semestre, se ausentó durante dos semanas. Pregunté la causa de su ausencia a los estudiantes que se sentaban cerca de ella y me sorprendió enterarme de que ni siquiera sabían su nombre. Recordé la aguda observación de Albert Schweitzer: “Estamos todos tan juntos, y sin embargo, todos estamos muriendo de soledad...”.

Fui a ver a la directora administrativa de la sección de mujeres. En cuanto mencioné el nombre de Laura, la dama se sobresaltó y exclamó:

–Oh, lo siento mucho; supuse que usted estaba enterado.

Laura se había suicidado. Ella tenía apenas veintidós años. El don divino de su individualidad se había perdido para siempre. Llamé por teléfono a sus padres. La ternura con que su madre se refirió a ella me indicó que la habían amado, pero era obvio para mí que ella no se había sentido amada.

–¿Qué estamos haciendo? –pregunté a un colega–. Nos ocu​pamos demasiado en enseñar cosas. ¿De qué sirvió ha​ber enseñado a Laura a leer, escribir, hacer cuentas, si jamás le inculcamos lo que realmente necesitaba aprender? No le enseñamos a vivir jubilosamente, a apreciarse justamente, y a tener conciencia

(18)

de su propia dignidad.

Quise ayudar a quienes necesitan sentirse amados. Daría un curso acerca del amor. Me pasé varios meses buscando en libros algo que pudiera servirme, pero fue poco lo que hallé. Casi todos los textos trataban el tema con un enfoque sexual o romántico. Era escaso lo que había sobre el amor en general. Sin embargo, consideré que si yo actuaba como facilitador, mis discípulos y yo podríamos enseñarnos mutuamente a aprender juntos. Llamé al curso “Lecciones de amor”.

Propuse a mis alumnos que se puede aprender a amar en cualquier momento de la vida, si estamos dispuestos a dedicarle el tiempo, la energía y la práctica necesarios. Pocos faltaban a una sola sesión de “Lecciones de amor”. Los participantes tenían que apretarse unos junto a otros a medida que llevaban consigo a sus padres, hermanos, amigos, cónyuges e incluso abuelos. Una de las prime​ras cosas que intenté aclarar fue la importancia del contacto físico: “¿Cuántos de nosotros hemos abrazado fuertemente en la última semana a alguien que no fuera el novio, la novia o a su cónyuge?”. Pocos levantaban la mano. Una estudiante afirmó:

–Siempre temo que se interpreten mal mis intenciones.

–La risa nerviosa que cundió me reveló que muchos compartían éste punto de vista. Me siento afortunado de haber crecido en el seno de una familia en que nos abrazábamos mucho. Yo asocio los abrazos con un género de amor más universal. Pero si tú temes que te interpreten mal, comunícale tus sentimientos a quien estás abrazando. Para aquellos que realmente se sientan molestos si los abrazan, bastará un fuerte apretón de ambas manos para satisfacer su necesidad de caricias.

Iniciamos la costumbre de abrazarnos unos a otros al final de cada sesión. Con el tiempo, los abrazos se convirtieron en forma habitual de saludo en la universidad, entre los alumnos de mi curso. Jamás concluíamos una sesión sin un plan para compartir amor. Cierta ocasión, decidimos expresar gratitud a nuestros padres, lo cual suscitó reacciones memorables: para uno de los estudian​tes, excelente jugador del equipo de fútbol de la universidad, la tarea resultó en especial incómoda. Sentía un gran amor, pero era incapaz de expresarlo. Tuvo que armarse de gran valor y determinación para ir a la sala de su hogar, hacer que su padre se pusiera de pie y darle un fuerte abrazo. Le dijo: –Te quiero, papá –y lo besó–. Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas y musitó:

–Lo sé, hijo. Yo también te quiero.

Para reflexionar:

(19)

¿Le has dicho a tus seres queridos que los amas? Si no lo has hecho decídete hoy mismo a hacerlo,

no esperes a que esa persona muera para demostrarle cuánto la amas. Ahora es el tiempo, mañana puede ser tarde.

A

MIGO

...

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un com​pa​ñero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: ¿Por qué se estará llevando a su casa todos los libros el vier​nes? ¡Debe ser un “nerd”! Yo ya tenía planes para todo el fin de semana: fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino. Mientras caminaba, ví a un montón de chicos corriendo hacia él, cuando lo alcanzaron, le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo. Vi que sus anteojos vola​ron y cayeron en el pasto como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus anteojos. Vi lágrimas en sus ojos. Le acerqué a sus manos sus anteojos y le dije: –¡Esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto! Me miró y me dijo: –¡Hola, gracias!

Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostra​ban verdadera gratitud. Lo ayude con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada. Caminamos hasta su casa.

Lo ayudé con sus libros; parecía un buen chico. Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado, conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos. Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije:

–Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días. Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.

Durante los siguientes cuatro años, Kyle y yo nos convertimos en los mejores amigos.

Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol. Kyle fue el orador de nuestra generación. Yo lo cargaba todo el tiempo diciendo que era un “nerd”. Llegó el gran día de la graduación. Él preparó el discurso. Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía

(20)

realmente bien. Era una de esas personas que realmente se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos y se veía bien con sus anteojos. ¡Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban! ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso... Hoy era uno de esos días. Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije:

–Vas a ver que estarás genial, amigo.

Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió. –Gracias –me dijo–. Limpió su garganta y comenzó su discurso:

–La gradua​ción es un buen momen​to para dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles a ustedes, que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir, y a propósito, les voy a contar una historia.

Yo miraba a mi amigo incrédulo, cuan​do comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él, para que su mamá no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.

–Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irreme​diable. Yo escuchaba con asombro cómo este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. Recién en ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras: “Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal”.

Para reflexionar:

¿Alguna vez has presenciado una situación como la de los jóvenes que tiran los libros de Kyle?

¿Qué has hecho para remediar la situación?

¿Te contentas con pensar y actuar como lo hace la mayoría?

E

STABA

SEGURO

DE

QUE

VENDRÍAS

–Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo –dijo un soldado a su teniente.

–Permiso denegado –replicó el oficial– no quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto.

El soldado, no hizo caso a la prohibición, salió y una hora más tarde regresó gravemente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba

(21)

furioso:

–¡Ya le dije yo que había muerto! Dígame: ¿Merecía la pena ir allá para traer un cadáver?

Y él soldado, moribundo, respondió:

–¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: ¡Estaba seguro de que vendrías!

Para reflexionar:

¿Has sido capaz de enfrentar la autoridad por defender a alguien?

¿Te has sentido feliz de ayudar a otra persona?

Recuerda que un amigo es aquel que llega cuando todo el mundo se ha ido.

A

MIGO

Amigo, trátame con pureza:

No me catalogues, no soy un objeto. No me etiquetes, no soy mercadería. No me juzgues, no soy tu reo.

No me acuses, no eres mi fiscal. No me condenes, no eres mi juez.

No me enmarques, no soy espejo ni cuadro. No me definas, soy un misterio.

No me minimices, soy más complejo de lo que crees. No me divulgues, no soy un producto o una cosa. No me vulgarices, soy alguien muy especial.

No me apuntes, no soy un blanco de tiro. No me idolatres, no soy un ídolo.

No me calumnies, tengo el derecho a la verdad de los hechos. No me difames, tengo el derecho de ser quien soy.

No me esquematices, soy más libre de lo que te imaginas. No creas demasiado en mí, soy falible.

No dudes siempre de mí, soy más verdad que error. Recuerda siempre que:

(22)

Soy humano como tú. Soy limitado como tú.

Soy hijo de Dios como lo eres tú.

Trátame como gente y como hermano y serás para mí aquello que no lograste ver en mi persona: ¡Un amigo de verdad!

Para reflexionar:

¿Has visto y tratado a los demás respetando su libertad que tienen de ser ellos mismos?

¿Te encanta que tus amigos te envuelvan y manipulen tu vida? ¿Has conocido experiencias donde se manipule la amistad?

N

AVIDAD

ES

Navidad no es una fecha histórica para recordar. Es un presente que hay que vivir:

Cuando decides amar a los que te rodean, ese día es Navidad.

Cuando decides dar un paso de reconciliación con el que te ha ofendido, ese día es Navidad.

Cuando te encuentras con alguien que te pide ayuda y lo socorres, ese día es Navidad.

Cuando te tomas el tiempo para charlar con los que están solos, ese día es Navidad.

Cuando comprendes que los rencores pueden ser transformados a través del perdón, ese día es Navidad.

Cuando te desprendes aun de lo que necesitas, para dar a los que tienen menos, ese día es Navidad.

Cuando renuncias al materialismo y al consumismo, ese día es Navidad. Cuando eliges vivir en la alegría y la esperanza, ese día es Navidad.

Para reflexionar:

¿Vivo la Navidad como una fecha más de la vida? ¿Comparto la Navidad como si fuera algo separado

de los demás días del año?

Recuerda que la Navidad no es una fecha, debe ser cada día de la vida.

S

EIS

REGLAS

DEL

AMOR

(23)

2. Si dos personas quieren estar juntas, lo único que importa es el amor que se tienen.

3. No incluyas a otra persona para olvidarte de la o el que amas.

4. No rompas con la persona que amas sólo porque otra persona proteste de que ustedes dos están juntos.

5. Bajo ninguna circunstancia te dejes utilizar.

6. Si amas a una persona díselo, no importa la respuesta; creo que no hay nada que perder al hacerlo.

Para reflexionar:

¿Eres consciente del amor por ti mismo y por otras personas? ¿Eres capaz de enfrentarte a otros por defender ese amor?

Recuerda que el amor es un don de Dios, Él es amor.

S

OBRAN

LAS

PALABRAS

Queda tan sólo una profunda reflexión sobre esos “gran​des maestros” que son los niños y la reconfortante sensación de que el ser humano tiene aspectos que le en​grandecen y le hacen trascender... Nunca sabes qué es lo que va a decir o a hacer un niño, es sorprendente:

1. Al autor y orador Leo Buscaglia se le solicitó una vez que fuera parte del jurado en un concurso. El propósito del concurso era encontrar al niño más cariñoso. El ganador fue un niño de 4 años cuyo vecino era un ancia​no a quien recientemente le había fallecido su esposa. El niño al ver al hombre llorar, fue al patio de la casa del viejito, se subió a su regazo y se sentó. Cuando su mamá le preguntó qué le había dicho al vecino, el pequeño niño le contestó:

–Nada; sólo le ayudé a llorar.

2. La maestra Debbie Moon de Primer grado estaba discutiendo con sus alumnos la pintura de un grupo familiar. Había un niño en la pintura que tenía el cabello de color diferente al del resto de los miembros de la familia. Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado y una niña compañera del grupo le dijo:

–Yo sé todo de adopciones por que yo soy adoptada. –¿Qué significa ser adoptado? –preguntó otro niño.

–Significa –dijo la niña– que tú creces en el corazón de tu mamá en lugar de crecer en su vientre.

3. Una niña de 4 años con su pediatra. Mientras el doctor revisaba los oídos de la niña, le preguntó:

(24)

en silencio.

En seguida el doctor tomó la paleta para la lengua y revisó su garganta. El doctor le preguntó de nuevo:

–¿Crees que me encontraré al monstruo galletero ahí dentro? –de nuevo la niña no contestó nada.

El doctor puso el estetoscopio en el pecho de la niña. Mientras escuchaba su corazón le preguntó:

–¿Crees que escucharé a Barney ahí dentro?

–Oh no! –contestó la niña– ¡Dios está en mi corazón. Barney esta pintado en mis pantys!

4. Una vez conducía hacia mi casa desde el trabajo y me detuve para ver un juego de béisbol de las pequeñas ligas que había en un parque cercano a mi casa. Cuando me estaba sentando en la banca de la línea de primera base, le pregunté a uno de los niños cuál era el marcador.

–Estamos abajo 4 a 0 –contestó con una sonrisa.

–¿En serio? –le dije–. Tengo que admitir que no pareces muy desanimado.

–¿Desanimado? –dijo el niño con una cara de confusión– ¿Por qué estar desanimado? Aún no hemos tenido turno al bate.

5. Siempre que estoy decepcionada de mi vida, me detengo a pensar en el pequeño Jamie Scott. Jamie estaba intentando conseguir una parte en una obra en la escuela. Su mamá me dijo que el niño había puesto su corazón en ello, aun así ella temía que no sería elegido. El día que las partes de la obra fueron repartidas, yo estuve en la escuela. Jamie salió corriendo con gran emoción y los ojos brillantes de orgullo.

–Adivina qué mamá –gritó, y dijo las palabras que permanecerán como una lección para mí–: he sido elegido para aplaudir y animar.

6. Una “lección para el corazón” es mi hija de 10 años, Sara, quien nació sin un músculo de uno de sus pies, para lo cual usa un aparato todo el tiempo. Un hermoso día de primavera llegó de la escuela y me dijo que había competido en las carreras de los eventos deportivos de la escuela. Debido al soporte de su pierna empecé a pensar rápidamente en algo qué decirle para darle valor y animar a mi Sara, cosas que pudiera decir acerca de no dejar que esto la desanimara, pero antes de que yo pudiera decir algo ella dijo:

–¡Papi... gané dos de las carreras. ¡No podía creerlo! Y después dijo: –Tuve ventaja.

(25)

Pensé que debieron de haberla dejado correr a la cabeza, primero que los demás. Pero una vez más, antes de que yo pudiera decir una palabra, ella dijo:

–Papi, no me dejaron correr primero que los demás. Mi ventaja fue tener que trotar más fuerte que los demás.

7. Un testigo de Nueva York en un frío día de diciembre:

Un niño de 10 años estaba frente a una tienda de zapatos en el camino, descalzo, apuntando a través de la vitrina y temblando de frío. Una señora se acercó al niño y le dijo:

–Mi pequeño amigo, ¿qué estás mirando con tanto interés en la ventana de una zapatería?

–Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos –fue la respuesta del niño.

La señora lo tomó de la mano y lo llevó adentro de la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de calcetines para el niño. Preguntó si podría darle un recipiente con agua y una toalla. El empleado rápidamente le trajo lo que pidió. Ella se llevó al niño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies al niño y se los secó con la toalla. Para entonces el empleado llegó con los calcetines. La señora le puso un par de los calcetines y le compró un par de zapatos. Juntó el resto de los calcetines y se los dio al niño, lo acarició en la cabeza y le dijo:

–¡Espero, pequeño amigo, que te sientas más cómodo ahora!

Mientras ella daba la vuelta para irse, el niño la alcanzó de la mano y mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó:

–¿Es usted la esposa de Dios?

Para reflexionar:

¿Eres capaz de ver las cosas con la sencillez de un niño? ¿Te detienes a ver los pequeños detalles de la vida cada día?

¿Acepto los comentarios y enseñanzas de los niños?

U

N

SUEÑO

DE

NAVIDAD

El otro día a escondidas escuché una conversación entre María y José. Era María la que hablaba.

–José, tuve un sueño. No lo entiendo realmente, pero creo que era sobre la celebración del cumpleaños de nuestro hijo. Sí, era sobre eso. La gente se estuvo preparando durante varias semanas. Habían decorado la casa y estaban comprando ropa nueva. Iban y volvían a los almacenes comprando regalos muy lindos. Sin embargo, aunque parezca extraño, los regalos no eran para nuestro

(26)

hijo. Los empacaron en papeles muy bonitos, los amarraron con moños muy hermosos y luego los colocaron en un árbol. Sí, un árbol en medio de la casa. El árbol también estaba decorado. Las ramas adornadas con bolas y guirnaldas. Había una silueta encima del árbol. Parecía un ángel. ¡Todo era muy bonito! Todos gozaban y sonreían. La gente estaba emocionada con los regalos. Se abrazaron unos a otros. Pero, ¿sabes José?, no había nada para nuestro hijo. Me pregunto si siquiera lo conocían. Nadie mencionaba su nombre. ¿No te parece muy curioso que se hagan tantos preparativos para celebrar el cumpleaños de alguien que no se conoce?... Yo tenía, incluso, la extraña impresión de que nuestro hijo los hubiera molestado si hubiese venido a la fiesta. Todo era tan bonito; todos estaban tan contentos, pero yo tenía ganas de llorar. Es muy triste para Jesús no ser invitado a la celebración de su propio cumpleaños. Menos mal que sólo fue un sueño. Sería terrible si esa fuera la realidad.

No escuché lo que respondió José. Me retiré discretamente. Sentí la necesidad de reflexionar sobre la manera como yo preparo la celebración de la Navidad. Es tan fácil olvidar lo esencial...

Para reflexionar:

¿Has pensado alguna vez en la manera como las personas más necesitadas celebran una Navidad?

¿Has tratado de compartir y alegrar la vida de alguien? ¿Has reflexionado en la manera como la sociedad de consumo y las diversas clases sociales celebran la Navidad?

V

IVIR

Y

AMAR

Vivir es llegar a donde todo comienza, amar es ir a donde nada termina. Vive como si fuera temprano.

Reflexiona como si fuera tarde. Siente lo que dices con cariño. Di lo que piensas con esperanza. Piensa lo que haces con fe. Haz lo que debes con amor. La vida revela la verdad.

La verdad nos ilumina el camino. El camino nos conduce a amar. El amor nos hace vivir.

(27)

La razón del amar la encontramos viviendo. El sentido de vivir lo encontramos amando.

Para reflexionar:

¿Si tu muerte fuera hoy cómo estarías en AMOR? ¿Vives cada día con sentido de agradecimiento?

(28)

Dios

S

ÓLO

D

IOS

Sólo Dios puede dar la fe; pero tú puedes dar testimonio.

Sólo Dios puede dar la esperanza; pero tú puedes transmitirles confianza a tus hermanos.

Sólo Dios puede dar amor; pero tú puedes enseñar a amar a los demás. Sólo Dios puede dar la paz; pero tú puedes promover la armonía.

Sólo Dios puede dar la fuerza; pero tú puedes sostener al desfallecido. Sólo Dios es el camino; pero tú puedes mostrárselo a los demás.

Sólo Dios es la luz; pero tú puedes alumbrarle el camino a tus semejantes. Sólo Dios es la vida; pero tú puedes devolverle a muchos el deseo de vivir.

Sólo Dios puede hacer lo que parece imposible; pero tú puedes hacer lo que es posible.

Sólo Dios se basta a sí mismo; pero Él prefiere contar contigo.

Para reflexionar:

A veces le dejamos todo a Dios, sin recordar que Dios nos acompaña pero quiere que nosotros construyamos la vida que queremos vivir. Si Él construyera nuestra

vida le diríamos que no nos permite ser libres.

C

ARTA

DE

D

IOS

Eres un ser humano, eres un milagro y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos. Entusiásmate con ello. Reconócete, encuéntrate, acéptate, anímate y piensa que desde este momento puedes cambiar tu vida si te lo propones y te llenas de entusiasmo y sobre todo si te das cuenta de toda la felicidad que pue​des conseguir con sólo desearlo. Eres mi creación más grande. ¡Eres mi milagro!

No temas, comienza una nueva vida. No te lamentes nunca. No te quejes. No te atormentes. No te deprimas. ¿Cómo puedes temer si eres mi milagro? Estás dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas del universo. ¡Eres

único! Nadie es igual a ti.

Sólo en ti está aceptar el camino de la felicidad y enfrentarlo y seguir siempre adelante hasta el fin, simplemente porque eres libre. En ti está el poder de no atarte a las cosas. Las cosas no hacen la felicidad. Te hice perfecto para que aprovecharas tu capacidad y no para que te destruyeras con las tonterías.

(29)

Te di el poder de pensar. Te di el poder de imaginar. Te di el poder de amar. Te di el poder de curar. Te di el poder de determinar. Te di el poder de planificar. Te di el poder de reír. Te di el poder de hablar. Te di el poder de orar....

Y te situé por encima de los ángeles, cuando te di el poder de elección. Te di el poder de elegir tu propio destino, usando tu voluntad. ¿Qué has hecho de esas tremendas fuerzas que te di? ¡No importa! De hoy en adelante olvida tu pasado usando sabiamente ese poder de elección.

Elige amar en lugar de odiar. Elige reír en lugar de llorar. Elige crear en lugar de destruir. Elige alabar en lugar de criticar.

Elige perseverar en lugar de renunciar. Elige actuar en lugar de aplazar.

Elige crecer en lugar de consumirte. Elige vivir en lugar de morir.

Elige bendecir en lugar de blasfemar.

Y aprende a sentir mi presencia, en cada acto de tu vida. Crece cada día un poco más en el optimismo y la esperanza. Deja atrás los miedos y los sentimientos de derro​ta. Yo estoy a tu lado. Llámame, búscame, acuérdate de mí.

Vivo en ti desde siempre y siempre te estoy esperando para amarte. Si has de venir hacia mi algún día... ¡Que sea en este momento! Cada instante que vivas sin mí, es un instante que pierdes de paz. ¡Trata de volverte niño, simple, inocente, generoso, con capacidad de asombro y capacidad para convertirte ante la maravilla de sentirte humano.

Porque puedes conocer mi amor, puedes sentir una lágrima, puedes comprender el dolor... ¡No te olvides que eres el milagro! Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad, para que este mundo que transites pueda acostumbrarse a reír, siempre que tú... Aprendas a reír... Eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio ambiente, contagiando esperanza y optimismo, sin temor, porque... yo estoy a tu lado.

Atentamente, Dios.

(30)

¿Te sientes como un milagro del amor de Dios? ¿El miedo es el que maneja tu vida o

la maneja tu fortaleza y sabiduría? ¿Sientes a los demás como partícipes

del mismo milagro de amor?

C

ONEXIÓN

CON

LA

GUÍA

INTERIOR

Así que has tratado de comunicarte con Dios, y Él ¿no escucha? ¿No has pensado que tal vez seas tú quien no está dispuesto a oír su voz?

Hace largo tiempo, los nativos americanos observaron cómo los blancos rezaban a su Dios. Notaron que ellos rezaban y rezaban, pedían y pedían lo que querían, pero nunca hacían silencio para escuchar la respuesta. Aún si estás dispuesto a escuchar, ¿cómo escuchas? y ¿qué es lo que oyes?

Desde mi punto de vista, la conexión con la guía interna sólo puede lograrse desde el convencimiento de que no estamos separados de Dios, y que, la sensación de estar separados de Él, es sólo una ilusión. Porque todo lo que vemos en el mundo externo está íntimamente conectado con el mundo interno que llamamos “nosotros”. Las percepciones de nuestros sentidos, nuestros sueños, visiones, sentimientos, emociones, intuiciones, y literalmente todo lo que es generado dentro de nosotros está íntimamente interconectado con el mundo de las estre​llas, los planetas y la vida diaria. Yo he encontrado que esta interrelación va más allá de los conceptos e ideas que la ciencia ha usado para tratar de explicarnos lo que Dios es, y nuestra relación con Él. La ciencia solamente cree en lo que puede percibir y saber directamente, y desde luego existen relaciones que no se pueden evaluar en esta forma.

Lo que sí sé, es que existen limitaciones para comunicarse con Dios por medio de palabras, porque ellas no tienen una correlación vibratoria más allá de este universo. La conexión con la guía interna comienza con la fe y con la creencia de que esa conexión es posible. Para mí, esta relación comenzó desarrollándose muy lentamente. Porque en el pasado, cada vez que lograba conectarme, yo mis​-mo me encargaba de cerrar la comunicación. ¡Tal vez por miedo a lo desconocido! Pero, con el transcurrir del tiem​po, comencé a ver que el mundo manifiesto estaba vivo y consciente. No solamente los seres vivos dentro de él te​nían vida, sino que todo estaba vivo, hasta las rocas y las nu​bes. Cada vez que lograba una conexión, podía verificar esto un poco más. Y en la medida en que mi creencia se for​ta​lecía, pude percibir que el mundo secreto de Dios me abría sus puertas.

¡AHORA SÉ!, más allá de toda duda, que Dios está vivo dentro de mí y alrededor de mí, y que SOMOS UNO. Sé, sin importar lo que ocurra, que siempre seré Uno con Dios, y que siempre estaré vivo. Tal vez en formas que ahora no comprendo,

(31)

pero siempre estaré vivo y consciente, y siempre seré Uno con Dios. A nivel de las creencias existe el mundo de la separación, y de acuerdo con esta perspectiva tienes que tener mucho cuidado, porque la vida es peligrosa. Pero en el mundo de la unidad no hay nada que temer. ¿Cuál de las dos posibilidades escoges para ti? Si eres Uno con Dios, entonces confía en ti mismo, y deja de preocuparte por la vida, que ella cuidará de sí misma. Eres completo y perfecto en este mismo momento, y espero que algún día lo descubras. ¿De verdad crees que cabe dentro de lo posible que tu Creador Padre/Madre pueda abandonart​e?

DRUNVALO MELCHIZEDEK

Para reflexionar:

¿Te sientes Uno con Dios?

¿Qué cosas o situaciones pueden hacer que no te puedas comunicar con Dios?

C

ONVERSACIÓN

CON

D

IOS

HOMBRE: Padre nuestro que estás en los cielos... DIOS: Sí, aquí estoy.

HOMBRE: Por favor... no me interrumpa. ¡Estoy rezando! DIOS: ¡Pero tú me llamaste!

HOMBRE: ¿Llamé? No llamé a nadie. Estoy rezando... Padre nuestro que estás en los cielos...

DIOS: ¡¡¡Ah!!! Eres tú nuevamente. HOMBRE: ¿Cómo?

DIOS: ¡Me llamaste! Tú dijiste: Padre nuestro que estás en los cielos. Estoy aquí. ¿En qué te puedo ayudar?

HOMBRE: Pero no quise decir eso. Estoy rezando. Rezo el padrenuestro todos los días, me siento bien rezando así. Es como cumplir con un deber. Y no me siento bien hasta cumplirlo.

DIOS: Pero ¿cómo puedes decir Padre nuestro sin pensar que todos son tus hermanos?, ¿cómo puedes decir que estás en los cielos, si no sabes que el cielo es paz, que el cielo es amor a todos?...

HOMBRE: Es que realmente no había pensado en eso. DIOS: Pero... prosigue tu oración.

HOMBRE: Santificado sea tu nombre...

(32)

HOMBRE: Quiero decir... quiero decir... lo que significa. ¿Cómo lo voy a saber? Es parte de la oración. ¡Sólo eso!

DIOS: Santificado significa digno de respeto, santo, sagrado.

HOMBRE: Ahora entendí. Pero nunca había pensado en el sentido de la palabra SANTIFICADO. “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo...”.

DIOS: ¿Estás hablando en serio? HOMBRE: ¡Claro! ¿Por qué no?

DIOS: ¿Y qué haces tú para que eso suceda?

HOMBRE: ¿Cómo qué hago? ¡Nada! Es que es parte de la oración; hablando de eso... sería bueno que el Señor tuviera un control de todo lo que acontece en el cielo y en la tierra también.

DIOS: ¿Tengo control sobre ti?

HOMBRE: Bueno... ¡Yo voy a la iglesia!

DIOS: ¡No fue eso lo que te pregunté! ¿Qué tal el modo en que tratas a tus hermanos, la forma en que gastas tu dinero, el mucho tiempo que das a la televisión, las propagandas por las que corres detrás, y el poco tiempo que me dedicas a mí?

HOMBRE: Por favor, ¡para de criticar!

DIOS: Disculpa. Pensé que estabas pidiendo que se haga mi voluntad. Si eso fuera a suceder... ¿Qué hacer con aquellos que rezan y aceptan mi voluntad, el frío, el calor, la lluvia, la naturaleza, la comunidad?...

HOMBRE: Es cierto, tienes razón. Nunca acepto tu vo​lun​tad, pues reclamo por todo. Si mandas lluvia, pido sol, si mandas sol me quejo del calor, si mandas frío, continúo reclamando; pido salud, pero no cuido de ella, dejo de alimentarme o como mucho.

DIOS: Excelente que reconozcas todo eso. Vamos a trabajar juntos tú y yo. Vamos a tener victorias y derrotas. Me está gustando mucho tu nueva actitud. HOMBRE: Oye Señor, preciso terminar ahora, esta oración está demorando mucho más de lo acostum​brado. Continúo... “el pan nuestro de cada día dánoslo hoy”...

DIOS: ¡Para ahí! ¿Me estás pidiendo pan material? No sólo de pan vive el hombre sino también de mi Palabra. Cuando me pidas el pan, acuérdate de aquellos que no lo tienen. ¡Puedes pedirme lo que quieras, deja que me vea como un Padre amoroso! Estoy interesado en la última parte de tu oración, continúa...

HOMBRE: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...”.

(33)

DIOS: ¿Y tu hermano despreciado?

HOMBRE: ¿Ves? Oye Señor, él me criticó muchas veces y no era verdad lo que decía. Ahora no consigo perdonarlo. Necesito vengarme.

DIOS: Pero... ¿y tu oración? ¿Qué quieres decir con tu oración? Tú me llamaste y estoy aquí, quiero que salgas de aquí transformado, me gusta que seas honesto. ¡Pero no es bueno cargar con el peso de la ira dentro de ti! ¿Entiendes? HOMBRE: Entiendo que me sentiría mejor si me vengara.

DIOS: ¡No! Te vas a sentir peor. La venganza no es buena como parece. Piensa en la tristeza que me causarías, pien​sa en tu tristeza ahora. Yo puedo cambiar todo para ti. Basta que tú lo quieras.

HOMBRE: ¿Puedes? ¿Pero cómo?

DIOS: Perdona a tu hermano, y yo te perdonaré a ti y te aliviaré. HOMBRE: Pero, Señor... no puedo perdonarlo.

DIOS: ¡Entonces, no me pidas perdón tampoco!

HOMBRE: ¡Estás acertado! Pero sólo quería vengarme, quiero la paz, Señor. ¡Está bien, está bien: perdono a todos, pero ayúdame Señor! Muéstrame el camino a seguir.

DIOS: Esto que pides es maravilloso, estoy muy feliz contigo. Y tú... ¿Cómo te estás sintiendo?

HOMBRE: ¡Bien, muy bien! A decir verdad, nunca me había sentido así. Es muy bueno hablar con Dios.

DIOS: Ahora terminemos la oración... prosigue...

HOMBRE: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal...”.

DIOS: Excelente, voy a hacer justamente eso, pero no te pongas en situaciones donde puedas ser tentado.

HOMBRE: Y ahora... ¿Qué quieres decir con eso?

DIOS: Deja de andar en compañía de personas que te llevan a participar de cosas sucias, secretas. Abandona la maldad, el odio. Todo eso te lleva al camino errado. No uses todo eso como salida de emergencia.

HOMBRE: ¡No te entiendo!

DIOS: ¡Claro que entiendes! Has hecho conmigo eso varias veces. Vas por el camino equivocado y luego corres a pedirme socorro.

HOMBRE: Tengo mucha vergüenza, perdóname Señor.

DIOS: ¡Claro que te perdono! Siempre perdono a quien está dispuesto a perdonar también. Pero cuando me vuelvas a llamar acuérdate de nuestra conversación, medita cada palabra que dices. Termina tu oración.

(34)

HOMBRE: ¿Terminar? Ah, sí, “¡AMÉN!”. DIOS: ¿Y qué quiere decir “Amén”?

HOMBRE: No lo sé. Es el final de la oración.

DIOS: Debes decir AMÉN cuando aceptas todo lo que quiero, cuando concuerdas con mi voluntad, cuando sigues mis mandamientos, porque AMÉN quiere decir ASÍ SEA, estoy de acuerdo con todo lo que oré.

HOMBRE: Señor, gracias por enseñarme esta oración, y ahora gracias también por hacérmela entender.

DIOS: Yo amo a todos mis hijos, pero amo más a aquellos que quieren salir del error, a aquellos que quieren ser libres del pecado. ¡Te bendigo, y permanece en mi paz!

HOMBRE: ¡Gracias, Señor! ¡Estoy muy feliz de saber que eres mi amigo!

Para reflexionar:

Cuando rezas, ¿te sientes en oración o sólo repites? ¿Le pides de corazón al Señor que te ayude

a ser mejor cada día?

Recuerda que orar es comunicarse amigablemente con aquel que sabemos que nos ama.

D

IOS

NO

SE

EQUIVOCA

Hace mucho tiempo, en un reino distante, su monarca no creía en la bondad de Dios. Tenía, sin embargo, un súbdito que siempre le recordaba acerca de esa verdad. En todas las situaciones decía:

–Rey mío, no se desanime, porque todo lo que Dios hace es perfecto. ¡Él nunca se equivoca!

Un día el rey salió a cazar junto con su súbdito, y una fiera de la jungla lo atacó. El súbdito consiguió matar al animal, pero no pudo evitar que Su Majestad perdiese el dedo meñique de la mano derecha. El rey, furioso por lo que había ocurrido, y sin mostrar agradecimiento por los esfuerzos de su siervo para salvarle la vida, le preguntó a éste:

–Y ahora, ¿qué me dices? ¿Dios es bueno? Si Dios fuera bueno yo no hubiera sido atacado, y no hubiera perdido mi dedo.

El siervo respondió:

–Rey mío, a pesar de todas esas cosas, solamente puedo decirle que Dios es bueno, y que quizá eso, perder un dedo, sea para su bien. Todo lo que Dios hace es perfecto. ¡Él nunca se equivoca!

(35)

la celda más oscura y más fétida del calabozo. Después de algún tiempo, el rey salió nuevamente a cazar, y fue atacado; esta vez, por una tribu de indios que vivían en la selva. Estos indios eran temidos por todos, pues se sabía que hacían sacrificios humanos para sus dioses. Inmediatamente después que capturaron al rey, comenzaron a preparar, llenos de júbilo, el ritual del sacrificio. Cuando ya tenían todo listo, y el rey estaba delante del altar, el sacerdote indígena, al examinar a la víctima, observó furioso:

–¡Este hombre no puede ser sacrificado, pues es defectuoso! ¡Le falta un dedo! Luego, el rey fue liberado. Al volver al palacio, muy alegre y aliviado, liberó a su súbdito y pidió que fuera a su presencia. Al ver a su siervo, le abrazó afectuosamente, diciendo:

–Querido siervo, ¡Dios fue realmente bueno conmigo! Tú debes haberte enterado de que escapé justamente porque no tenía uno de mis dedos. Pero ahora tengo una gran duda en mi corazón: si Dios es tan bueno, ¿por qué permitió que estuvieses preso, que tanto lo defendiste?

El siervo sonrió, y dijo:

–Rey mío, si yo hubiera estado con usted en esa cacería, seguramente habría sido sacrificado en su lugar, ya que no me falta ningún dedo!

Para reflexionar:

¿Eres capaz de ver el amor de Dios en lo que te sucede a diario? ¿Sientes a Dios cercano a ti o lejano? ¿Cómo compartes la imagen amorosa de

Dios con los demás?

D

IOS

NUNCA

...

La voluntad de Dios nunca te llevará donde la gracia de Dios no te pueda sostener, donde los brazos de Dios no te puedan cargar, donde las riquezas de Dios no puedan satisfacer tus necesidades, donde el poder de Dios no pueda proveerte.

La voluntad de Dios nunca te llevará, donde el Espíritu de Dios no pueda trabajar en ti, donde la sabiduría de Dios no te pueda enseñar, donde el ejército de Dios no pueda protegerte, donde las manos de Dios no puedan moldearte.

La voluntad de Dios nunca te llevará, donde el corazón de Dios no pueda envolverte, donde la misericordia de Dios no pueda sostenerte, donde la paz de Dios no pue​da calmar tus miedos, donde la autoridad de Dios no pueda regirte... La voluntad de Dios nunca te llevará, donde el consuelo de Dios no pueda secar tus lágrimas, donde la Palabra de Dios no pueda alimentarte, donde los milagros

(36)

de Dios no se hagan para ti, donde la omnipresencia de Dios no pueda encontrarte.

Para reflexionar:

¿Cómo le dirías a alguien en necesidad que Dios lo ama? ¿Cómo compartes el amor de Dios con una familia

que ha perdido a su único hijo?

¿Cómo le puedes mostrar el rostro paterno de Dios a un niño cuyo padre es violento y agresivo?

D

IOS

TODAVÍA

HABLA

Un joven de vida espiritual fue a una reunión de estu​dio de la Biblia en la residencia de un matrimonio amigo. Era jueves en la noche. El matrimonio dividió el estudio entre oír a Dios y obedecer la Palabra del Señor. El joven que​ría saber si “Dios aún habla con las personas”. Después del estudio, salió a tomarse un café con los amigos que estaban en la reunión y siguieron discutiendo sobre el tema de esa noche. De formas diversas hablaron de cómo Dios había conducido sus vidas de maneras tan dife​rentes.

Eran aproximadamente las 10:00 de la noche cuando el joven se despidió de todos y se dirigió a su casa. Sentado en su automóvil, comenzó a pedir:

–Dios, si aún hablas con las personas, habla conmigo. Yo te escucharé. Haré todo para obedecerte.

Mientras conducía por la avenida principal de la ciudad, tuvo un pensamiento muy extraño, como si una voz hablase dentro de su cabeza:

–Para y compra un litro de leche. Él movió su cabeza y dijo en alto: –Dios, ¿eres tú, Señor?

No obtuvo respues​ta y continuó dirigiéndose para su casa. Sin embargo, nuevamente, surgió el pensamiento: compra un litro de leche.

El joven pensó en el pasaje de la Biblia que habla de Samuel y cómo él no reconoció la voz de Dios, y cómo Dios habló con Samuel:

–¡Muy bien, Dios! En caso de que seas el Señor, voy a comprar la leche. Esto no parece ser una prueba de obediencia muy difícil. Total, yo también podré usar la leche –se dijo.

Así que paró, compró la leche y reinició su camino a casa. Cuando pasaba por la séptima avenida, nuevamente sintió la voz: “Gira en aquella calle”. Esto es una locura, pensó y pasó de largo el retorno. Nuevamente sintió que debería haber girado en la séptima avenida. En el siguiente retorno, él giró y se dirigió por la

Figure

Actualización...

Referencias

Related subjects :