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La concreción del proyecto político y constitucional de 1963

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Academic year: 2021

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La concreción del proyecto político y constitucional de 1963

20 de Octubre de 1961, en el vórtice de la guerra fría, Juan Bosch regresa a la República Dominicana después de 24 años de exilio. No eran los mejores tiempos para la construcción de un nuevo hogar para la democracia de América en un país del Caribe, centro geográfico de la frontera imperial.

Nadie puede elegir el lugar donde ha de nacer, como tampoco puede nadie escoger las circunstancias de su paso por la vida.

Hasta qué punto eran de ominosas aquellas circunstancias, es algo que quedó evidenciado por la revelación posterior de que, a la muerte del dictador Trujillo, desde la Casa Blanca en Washington, se evaluaba la situación política dominicana bajo el siguiente razonamiento: “Hay tres

posibilidades en un orden descendente de preferencia: Un régimen democrático decente, una continuación del régimen de Trujillo o un régimen tipo Castro. Debemos aspirar a lo primero, pero no podemos renunciar a lo segundo hasta estar seguros que podemos evitar lo tercero”.

Ciertamente, Bosch no era una opción preferente dentro del esquema

de análisis de Washington. De hecho, podría afirmarse que no encajaba en ninguno de los tres escenarios propuestos.

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El primer gran acierto de la estrategia de inserción política de Bosch, a su llegada al país, en aquel ambiente polarizado entre trujillistas y anti-trujillistas, fue desmontar la cultura del miedo y deshacer las banderas de la oligarquía cívica. Esta pretendía ganarse el favor del pueblo mediante un discurso de odio a todo cuanto pudiera significar transigir con los remanentes de la dictadura.

Para Bosch estaba muy claro quién era el enemigo en esta lucha. Era esa oligarquía retardataria que, en su momento, también se había beneficiado del régimen trujillista y ahora se presentaban como los nuevos patriotas, abanderados de la libertad y garantes de la democracia con justicia social. Por supuesto, esta era también la carta de triunfo en el póker imperial de la Casa Blanca.

En cuanto a quiénes eran los amigos, eso también estuvo muy claro para Bosch desde el principio. Era el pueblo llano en todos los niveles y capas de la estructura social, el pueblo pobre de los campos y villorrios, muchos de los cuales no habían renegado aun de sus viejos vínculos con el trujillismo; eran huérfanos de caudillo que hubiesen querido, incluso, permanecer leales a Balaguer que encarnaba, de alguna manera, la continuación del trujillismo sin Trujillo.

Bosch también miraba hacia los posibles aliados del proyecto; ahí estaba la juventud de clase media y los sectores más instruidos y conscientes de la sociedad. En ellos se concentraba el más puro ideal democrático y antitrujillista, fraguado a lo largo de todos los años de resistencia interna,

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con su correspondiente cuota de exilio, cárcel y sacrificio de todo género. Era la incipiente, obcecada y temeraria izquierda revolucionaria, adolorida aún por los golpes recibidos en los estertores de la tiranía, pero envalentonada con la huída vergonzante de los lacayos del régimen y la victoria reciente de Castro en la Sierra Maestra.

Ese fue el escenario en donde le tocó a Bosch emprender el proyecto político hacia la construcción de la democracia en la Republica Dominicana.

En esencia, el proyecto tendría como punto de partida la aprobación de una nueva constitución, la cual fue promulgada el 29 de Abril, justo a los sesenta días de haberse juramentado Bosch como Presidente de la República.

Fue una marcha forzada sobre campos minados.

Siempre se ha sabido que la lucha por el poder no tiene nada de idílico. El Movimiento cívico antitrujillista había consolidado una fortaleza política importante a partir del vacío de poder generado por la decapitación de la dictadura. Aunque el Consejo de Estado nunca contó con la legitimidad requerida para encausar la República por sendas institucionales, ni tuvo más apoyo que el proveniente de los núcleos oligárquicos y la embajada norteamericana, ejercieron el poder con sentido de continuidad y permanencia. Aprobaron una reforma de la Constitución que fue promulgada a menos de 90 días de las elecciones y aprobaron también un conjunto importante de leyes que modificaban sustancialmente la estructura administrativa del Estado.

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Era obvio que la estrategia de este grupo oligárquico gobernante estaba pautada para el largo plazo y Bosch era solo un pequeño obstáculo en sus planes políticos.

Ciertamente, la promulgación de la nueva Constitución reformada de 1963 exacerbó los ánimos y llevó a extremos de desesperación a los conspiradores. Desde mucho antes de la toma de posesión del nuevo gobierno, ya se habían propuesto mediatizar o impedir la concreción del proyecto político de Bosch.

Esa Constitución de 1963 era la más democrática que había conocido el país en toda su historia. En ella se ampliaban notablemente las libertades públicas, se otorgaba a los trabajadores el derecho a participar en los beneficios de las empresas donde laboraran y se proclamaba la libertad sindical; se consagraba para los campesinos desposeídos el derecho a la tierra y se prohibía el latifundio; se establecía el derecho a la vivienda y consagraba la plena vigencia de los derechos humanos.

En la carta de presentación del proyecto de Constitución a la Asamblea Nacional, Bosch destacaba la importancia de los principios filosóficos y dogmáticos que, según sus palabras, constituyen la orientación cardinal en las leyes fundamentales de los pueblos más civilizados:

“Tales principios (decía Bosch en la carta) se fundamentan en la

solidaridad social, vale decir, en el hombre como fuente de derechos y obligaciones en el complejo mecanismo colectivo que engendra la convivencia humana y la necesidad de que el Estado se constituya en

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supremo guardián del bienestar colectivo y del cumplimiento de la justicia social.”

En efecto, los primeros cinco artículos de la Constitución de 1963

definen con claridad meridiana los principios fundamentales de la nueva Carta Magna. Veamos:

• La finalidad de los Poderes Públicos es proteger la dignidad humana y promover y garantizar su respeto.

• Se establece el trabajo como fundamento principal de la existencia de la nación y se le declara como base primordial de su organización social, política y económica.

• Se reconoce el derecho de todas las personas al trabajo y la obligación del Estado de propiciar y garantizar las condiciones indispensables para hacer efectivo el ejercicio de este derecho.

• Se declaran calamidades públicas la vagancia, la mendicidad y cualquier otro vicio social que atente contra la consagración del trabajo como fundamente principal de la existencia de la nación.

• Se declara libre la iniciativa económica privada, sin que la misma pueda ser ejercida en perjuicio de la seguridad, la libertad o la dignidad humana.

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• Se establece como norma general que la propiedad debe servir al progreso y bienestar de toda la sociedad.

• Se declaran delitos contra el pueblo los actos realizados por quienes, para su provecho personal, sustraigan fondos públicos o, prevaliéndose de sus posiciones dentro de los organismos del Estado, sus dependencias o entidades autónomas, obtengan ventajas económicas ilícitas.

Tan solo estas primeras 348 palabras de la nueva Constitución de 1963 habrían sido suficientes para generar una verdadera revolución democrática en la República Dominicana. Pero también lo fueron para desatar los demonios de la conspiración golpista inminente.

La concreción del proyecto político y constitucional de 1963, encabezado por Bosch, no fue posible en esta estación de la historia, pero la sociedad dominicana quedó abonada con su ejemplo. En el nombre de Bosch se había trazado el primer tramo del largo camino hacia la construcción de la democracia en la República Dominicana. Durante solo siete meses el pueblo dominicano había probado los beneficios de un régimen de libertad plena y respeto absoluto a los derechos humanos; y ya nadie podría jamás hacerle renunciar a esa aspiración legítima.

Bosch tampoco habría de renunciar jamás a hacer realidad el proyecto político y constitucional de 1963. Y lo dejó dicho en su primer mensaje al país, publicado en el Listín diario tres días después del golpe de estado: “Ni

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vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle, se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta”.

Los acontecimientos políticos de las cuatro décadas posteriores a estos

hechos forman parte de nuestra historia contemporánea. Todos hemos sido, de alguna manera, testigos o actores o protagonistas desde algún lugar del tablero de juego.

La pregunta que surge al final de este recuento es ¿Hasta qué punto ha sido posible la concreción en el tiempo del proyecto político y constitucional de 1963?

Mi reflexión final sobre este tema, sin adentrarme en consideraciones particulares que exigirían una mayor extensión del tiempo, es la siguiente:

Los hombres y mujeres de nuestra generación estamos en deuda con nuestros preceptores políticos de los tiempos heroicos.

No sé cuánto habremos avanzado en el camino iniciado hace ya 50 años. En todo caso no habría que vanagloriarse por las metas alcanzadas, cuando todavía queda tanto camino por recorrer. Era el propio Bosch quien nos decía de manera sabia y reflexiva que, “Para juzgar a un hombre no basta

con lo que haya hecho, sino que hay que tener en cuenta aquello que no hizo debiendo hacerlo”.

Joaquín Gerónimo

8 de Octubre de 2011 Santo Domingo, R.D.

Referencias

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