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Reflexiones sobre el síndrome metabólico

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Resumen

El síndrome metabólico es una patología cada vez más

frecuen-te en niños y adolescenfrecuen-tes. Sin embargo, se desconoce su

etio-patogenia exacta, y los criterios diagnósticos varían según los

autores y los comités de expertos. Asimismo, su prevalencia

varía según se apliquen parámetros de adultos o pediátricos y,

en caso de utilizar estos últimos, según el punto de corte

esco-gido. En el presente artículo se revisan estos aspectos, así

como las cuestiones actuales sobre su tratamiento.

Palabras clave

Síndrome metabólico, niños, adolescentes, diagnóstico,

trata-miento

Abstract

Title: Some considerations on the metabolic syndrome

The metabolic syndrome is a pathology with an increasing

prevalence in children and teenagers. Nevertheless, its exact

etiopathogeny is unknown, and diagnostic criteria vary

depen-ding on authors and experts' committees. Likewise, its

preva-lence varies depending on whether adult parameters or

pae-diatric parameters are applied, and in case of using the latter

it will vary depending on the chosen cut-point. These features,

together with current matters of its treatment, are reviewed in

the present article.

Keywords

Metabolic syndrome, children, teenagers, diagnosis,

treat-ment

Reflexiones sobre el síndrome metabólico

B. Ferrer Lorente

1

, J. Dalmau Serra

2

1

Centro de Salud de Alaquás. Valencia.

2

Unidad de Nutrición y Metabolopatías. Hospital Infantil «La Fe». Valencia

Fecha de recepción: 25/06/07. Fecha de aceptación: 23/07/07.

Correspondencia: J. Dalmau Serra. Unidad de Nutrición y Metabolopatías. Hospital Infantil «La Fe». Avda. Campanar, 21. 46009 Valencia.

Correo electrónico: [email protected]

Introducción

El síndrome metabólico consiste en la asociación de una serie

de factores que, agrupados, incrementan el riesgo de

desarro-llar una enfermedad cardiovascular aterosclerótica y diabetes

mellitus tipo 2. Reaven

1

definió la presencia de hiperglucemia,

obesidad abdominal, hipertrigliceridemia, concentración baja

de la lipoproteína de alta densidad e hipertensión como

síndro-me X, o síndrosíndro-me síndro-metabólico (SM).

Kahn et al.

2

refieren en una revisión publicada en 2005 que, tras

introducir en el PubMed las palabras clave síndrome X, síndrome

metabólico o síndrome de resistencia a la insulina, obtuvieron 3.948

artículos referidos a humanos. Con fecha de junio de 2007, el

nú-mero de artículos que incluyen alguna de estas palabras clave

as-ciende a 5.640, de los cuales 833 están referidos o incluyen a niños

(de 0 a 18 años de edad). Esto da una idea de la creciente

repercu-sión que ha tenido este concepto en la sociedad científica.

En los adultos este síndrome tiene diferentes

manifestacio-nes fenotípicas, con gran variabilidad en la intensidad de sus

componentes en cada individuo, y está condicionado por una

predisposición genética y por factores ambientales (dieta y

es-tilo de vida sedentario). No se conoce la causa, pero parece

que la obesidad y la resistencia a la insulina son los principales

factores etiológicos

3,4

.

La trascendencia de este tema reside en que numerosos

es-tudios han relacionado la presencia del SM con el aumento del

riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV)

5-8

, aunque cada vez

son más las voces que afirman que el SM no predice un mayor

riesgo de complicaciones futuras que el que predice

individual-mente cada uno de sus componentes

2,9

y, por tanto, más que

tratar el síndrome, cuya causa última por otra parte no está

dilucidada, se tiene que tratar cada uno de sus componentes.

Por otra parte, la persistencia de los componentes del SM en

el tiempo

10,11

hace que se tenga que retroceder hasta la

infan-cia para buscar el comienzo de la enfermedad, ya que su

detec-ción precoz nos permitirá actuar tempranamente.

Síndrome metabólico en adultos

El primer problema cuando se habla del SM en la infancia es

su definición. En adultos, diferentes organizaciones de salud

han establecido cuáles son los criterios que consideran

nece-sarios para el diagnóstico del SM, sin que exista una definición

consensuada. La tabla 1, tomada del informe conjunto de la

American Heart Association y del National Heart, Lung and

Blood Institute, refleja la disparidad de criterios para la

defini-ción del SM

12

.

La Organización Mundial de la Salud

13

incluye como criterio

principal la resistencia a la insulina, concepto que engloba la

tolerancia anormal a la glucosa en ayunas o tras una

sobrecar-ga de glucosa, la diabetes mellitus tipo 2 y la disminución de

la sensibilidad a la insulina (hiperinsulinismo en situación

130-134 NUTRICION.indd 130

(2)

131

de euglucemia), junto con dos de los cuatro siguientes

crite-rios: cociente cintura-cadera y/o índice de masa corporal

supe-rior a 30, dislipemia, hipertensión y microalbuminuria. El

con-senso incluye la resistencia a la insulina como criterio

específico y requiere tres criterios mínimos para realizar el

diagnóstico.

Los parámetros más utilizados para identificar el SM son los

que propone el NCEP ATP-III

14

, e incluyen: circunferencia

abdo-minal, triglicéridos, colesterol ligado a lipoproteínas de alta

den-sidad (c-HDL), presión arterial y alteraciones de la glucemia,

in-cluida la diabetes mellitus tipo 2. Todo ello en valores numéricos

no referidos a percentiles. El diagnóstico se establece cuando

están presentes tres o más de los criterios. Esta definición no

incluye la resistencia a la insulina como criterio diagnóstico.

El grupo europeo EGIR

15

varía las cifras de triglicéridos y el

perímetro abdominal, y considera la resistencia a la insulina o

hiperinsulinemia como un criterio diagnóstico.

La definición dada por el Colegio Americano de

Endocrinolo-gía

16

establece una lista de criterios, pero no un número

míni-mo para determinar el diagnóstico, y el desarrollo de la

diabe-tes excluye el diagnóstico de SM.

Así pues, tal como puede observarse, estas diferencias

de criterio tienen importantes consecuencias, ya que, según

el protocolo que se aplique, un paciente será diagnosticado

o no de SM y, por tanto, la prevalencia del SM variará, y lo

que es más importante, también lo harán el tratamiento y el

pronóstico del paciente.

Por otra parte, numerosos factores han demostrado que

au-mentan el riesgo de ECV en adultos (la falta de actividad física,

el consumo de tabaco la historia familiar, el sexo o la edad).

Se está trabajando con diversos marcadores analíticos

rela-cionados con la ECV, como la proteína C reactiva (PCR) o la

adiponectina, no incluidos como criterios en las diferentes

de-finiciones.

Criterios propuestos para el diagnóstico del síndrome metabólico en adultos

Factores de riesgo

OMS (1998)

EGR

ATP III (2001)

AACE (2003)

IDF (2005)

Resistencia a la

insulina

IGT, FG, DM2 o

tolerancia a la glucosa

disminuida

1

+ dos de

los siguientes datos:

Insulina plasmática

percentil >75 + dos

de los siguientes

datos:

Ninguna, pero tres de

las cinco

características

siguientes:

IGT o IGF + cualquiera

de los siguientes datos

según criterio clínico:

Ninguno

Peso corporal

Varones: índice

cintura-cadera >0,90

Mujeres: índice cintura

cadera >0,85 y/o IMC

>30

CC ≥94 cm

en varones

o ≥80 cm en mujeres

CC ≥102 cm en varones

o ≥88 cm en mujeres

2

IMC ≥25

CC aumentado (en

determinada población)

+ dos de los siguientes

datos:

Lípidos

TG ≥150 mg/dL

y/o c-HDL <35 mg/dL

en varones

o <39 mg/dL en

mujeres

TG ≥150 mg/dL y/o

c-HDL <39 mg/dL en

varones o mujeres

TG ≥150 mg/dL

c-HDL <40 mg/dL en

varones o <50 mg/dL

en mujeres

TG ≥150 mg/dL y

c-HDL <40 mg/dL en

varones o <50 mg/dL

en mujeres

TG ≥150 mg/dL o en

TG Rx

c-HDL <40 mg/dL en

varones o <50 mg/dL

en mujeres

o en c-HDL Rx

Presión arterial

≥140/90 mmHg

≥140/90 mmHg

o en HTA Rx

≥130/85 mmHg

≥130/85 mmHg

≥130 mmHg sistólica o

≥85 mmHg diastólica

o en HTA Rx

Glucosa

IGT, IFG o DM2

IGT o IFG

(pero no diabetes)

>110 mg/dL

(diabetes incluida)

3

IGT o IFG (pero no

diabetes)

≥110 mg/dL (diabetes

incluida)

Otros

Microalbuminuria

Otras características

de resistencia a la

insulina

4

AACE: American Association of Clinical Endocrinologists; ATP III: Adult Treatment Panel III; CC: contorno de la cintura; DM2: diabetes mellitus tipo 2; EGR: eritrocito glutationreductasa; IDF: Internacional Diabetes Federation; IGT: tolerancia alterada a la glucosa; FG: glucosa en ayunas; HTA: hipertensión; IMC: índice de masa corporal; TG: triglicéridos. Las abreviaturas restantes, como en el texto.

1Determinación de la sensibilidad a la insulina en condiciones hiperinsulinémicas euglucémicas, captación de glucosa por debajo del cuartil inferior en la población

general estudiada.

2Algunos pacientes varones pueden presentar múltiples factores de riesgo metabólico a pesar de que su contorno de cintura sólo haya aumentado un poco (p. ej., de

94 a 102 cm [37 a 39 pulgadas]). Estos pacientes pueden tener una resistencia a la insulina de carácter genético. Con un cambio en su estilo de vida podrían conseguir cambios beneficiosos, similares a los que conseguirían los varones con aumentos de categoría en su contorno de cintura.

3Definición del año 2001 de la glucosa plasmática en ayunas elevada ≥110 mg/dL (6,1 mmol/L). En 2004 se modificó y pasó a ser ≥100 mg/dL (5,6 mmol/L), según la

definición actualizada de IFG de la American Diabetes Association.

4Incluye historia familiar de diabetes mellitus tipo 2, síndrome de ovario poliquístico, sedentarismo, edad avanzada y grupos étnicos susceptibles de padecer diabetes

mellitus tipo 2.

Tomada de Grundy et al.12

TA

B

LA

1

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(3)

132

La PCR y la interleucina (IL) 6 aumentan en función del grado

de obesidad, pero no se correlacionan con el SM o la

resisten-cia a la insulina. Existe un proceso inflamatorio subyacente

como factor patogénico en el desarrollo de la ECV. La

adiponec-tina, por su parte, disminuye conforme aumenta la obesidad y

es un biomarcador de la sensibilidad a la insulina

17

. Se han

estudiado también factores de riesgo hemostáticos que se

aso-cian a la obesidad, como el activador tisular del plasminógeno,

el inhibidor del activador del plasminógeno 1 (PAI-1) y el

fibri-nógeno

18,19

. El aumento del PAI-1 determina una disminución

de la actividad fibrinolítica del plasma y es un marcador de

estado protrombótico que puede estar relacionado con el

desa-rrollo de la ECV

20

.

No sabemos si la inclusión de estos factores mejoraría el

poder pronóstico del SM respecto al riesgo de ECV

2

.

Síndrome metabólico

en niños y adolescentes

Parece que el SM es frecuente en niños obesos y su

prevalen-cia aumenta directamente en relación con el grado de

obesi-dad

17,21

. En nuestro país, López-Canapé et al.

22

indican una

prevalencia en niños obesos de SM diagnosticado con los

cri-terios NCEP-ATP III

14

del 18%, mientras que otros autores

re-fieren un prevalencia en niños obesos de un 10,6% aplicando

los criterios de Csábi

21,23

.

Para el diagnóstico en los niños se han extrapolado criterios

de adultos. Como varios de los componentes del SM tienden a

mantenerse a lo largo de la infancia-adolescencia hasta la

edad adulta (efecto tracking), se toman los mismos criterios

que en los adultos pero ajustando los valores en función de la

edad y el sexo. Se han propuesto diferentes puntos de corte

para cada parámetro y, al igual que ocurre con los adultos, los

autores proponen distintos criterios (tabla 2).

Csábi et al.

21

, en uno de los estudios pioneros realizado en

niños húngaros, utilizan como criterios diagnósticos de SM la

asociación de una serie de factores de riesgo de ECV que

tien-den a agruparse en los niños obesos: obesidad abdominal,

re-sistencia a la insulina, intolerancia a la glucosa, dislipemia e

hipertensión. Estos autores utilizan para los parámetros

lipídi-cos los valores de referencia según el Consenso Húngaro de

Lípidos, y como punto de corte para la insulina 18,7 µU/mL;

estos valores difieren notablemente de los utilizados en

traba-jos realizados Estados Unidos.

Cook et al.

24

, utilizando los mismos criterios con pequeñas

variaciones (perímetro de la cintura en percentil ≥ 90 y c-HDL

<40 mg/dL), y aplicándolos a adolescentes de 12-19 años de

edad, encontraron un prevalencia del 4,2%, pero el 80% de los

niños con SM eran obesos.

Posteriormente, Ferranti et al.

25

establecieron los siguientes

valores: circunferencia abdominal mayor del P

75

para la edad y

el sexo, hipertrigliceridemia superior a 100 mg/dL,

concentra-ción de c-HDL <50 mg/dL, presión arterial superior al P

90

para

la edad, el sexo y la talla, y glucemia > 110 mg/dL. Con estos

criterios, un tercio de los niños obesos norteamericanos

pade-cen SM. Estos dos últimos grupos modifican y adaptan los

cri-terios establecidos por el NCEP-ATP III.

Recientemente se ha publicado una propuesta en nuestro

país

26

que tiene en cuenta las tablas de referencia nacionales

a las que se ajustarían los puntos de corte para cada uno de los

parámetros diagnósticos del síndrome. Toma como criterios

diagnósticos de SM la presencia de obesidad medida por el

perímetro de la cintura referida a las tablas de la

AEP-SENC-SEEDO

27

, la hiperglucemia, incluida la alteración de la

gluce-mia en ayunas, la alteración de la tolerancia a la glucosa y la

presencia de diabetes tipo 2, teniendo en cuenta que

descien-de el límite descien-de la glucemia en ayunas descien-de 110 a 100 mg/dL. Por

último, incluye la dislipemia y la hipertensión arterial. En el

caso de la dislipemia, se recomienda el uso de los valores

es-tablecidos por Cook

24

, y respecto a los percentiles de presión

arterial recomienda el uso de los valores establecidos por el

estudio RICARDIN

28,29

, publicado en 1995.

Nos encontramos con el problema añadido de que las tablas de

referencia para la presión arterial deberían ser referidas al sexo, la

edad y la talla. La propuesta del Comité de Nutrición de la

Asocia-ción Española de Pediatría

30

es referir los valores a lo percentiles

para la edad y la talla de las tablas publicadas en 2004

31

por el

National High Blood Pressure Education Program Working Group

on High Blood Pressure in Children and Adolescents.

Para los valores del perímetro de la cintura disponemos de

las tablas de Moreno et al.

32,33

y las del grupo colaborativo de

la AEP-SENC-SEEDO

27

.

Criterios diagnósticos del síndrome metabólico en niños

Cook et al.

24

Ferranti et al.

25

Tapia et al.

26

Perímetro de la cintura

≥90

>75 para la edad y el sexo

≥90

Glucemia en ayunas

≥110 mg/dL

≥110 mg/dL

≥100 mg/dL

(AGA, ITG o diabetes mellitus tipo 2)

Lípidos

Triglicéridos ≥110 mg/dL

c-HDL <40 mg/dL

Triglicéridos ≥100 mg/dL

c-HDL <50 mg/dL

(varones de 15-19 años: <44 mg/dL)

Triglicéridos ≥110 mg/dL

c-HDL <40 mg/dL

Presión arterial (mmHg)

≥90 mmHg

≥90 para edad, sexo y talla

≥90

17,18

Diagnóstico

3 o más criterios

3 o más criterios

3 o más criterios

TA

B

LA

2

130-134 NUTRICION.indd 132 130-134 NUTRICION.indd 132 31/3/08 14:41:4731/3/08 14:41:47

(4)

133

Otro problema es que los percentiles pediátricos no se

ajus-tan posteriormente a los criterios en la edad adulta, y un

pa-ciente puede considerarse o no afectado de un SM según

uti-licemos los percentiles pediátricos o los valores dados en

adultos. Es decir, el mismo valor de perímetro de la cintura,

según lo apliquemos en una tabla pediátrica o lo refiramos a

criterios de adultos, puede hacer que en un caso cumpla

crite-rio de SM y en el otro no. El efecto de permanencia (tracking)

para cada parámetro (perímetro de la cintura, dislipemia,

hiper-tensión...) del SM puede que no sea constante en todos los

niños y adolescentes y evolucione de distinta forma. Esto

difi-culta seguir la trayectoria del riesgo cardiovascular desde la

adolescencia hasta la edad adulta

34

.

Tratamiento y pronóstico

Todos los componentes del SM son comorbilidades de la

obe-sidad, y en los adultos está demostrado que son factores de

riesgo para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular

ate-rosclerótica

12,35

. Parece que el nexo de unión de todos esos

factores es la resistencia a la insulina, pero la obesidad

prece-de a ésta, por lo que el tratamiento prece-de primera línea sería el prece-de

este trastorno

21,34

.

El objetivo del tratamiento no es el del SM en sí mismo, ya

que no conocemos la causa primera, sino el de cada uno de sus

componentes y de otros factores de riesgo cardiovascular que

puedan coincidir en el mismo individuo. Habrá que tratar cada

uno de ellos independientemente de que el paciente tenga uno

o varios

30

. Presentar un SM no indica un mayor riesgo de

futu-ras complicaciones cardiovasculares que el derivado de cada

uno de sus componentes por separado

9

.

Es obvio que antes de decidir cuál es el tratamiento del SM

habrá que consensuar una definición unánime que nos permita

clasificar a los pacientes y conocer cuál es la prevalencia real.

Los estudios de seguimiento de estos pacientes nos permitirán

conocer cuál es la verdadera trascendencia de diagnosticar a

un paciente en la infancia de SM. Mientras tanto, tendremos

que seguir haciendo hincapié en el tratamiento de cada uno de

los factores de riesgo por separado.

Conclusiones

En primer lugar, coincidimos con otros autores

2,26,30,34

en que lo

primero y más importante es consensuar una definición del SM

en los niños que nos permita trabajar con los mismos criterios.

Está por dilucidar la causa primera del SM, lo que hace difícil

definir los criterios que permiten predecir de mejor forma el

riesgo de ECV. Si la causa está en la obesidad visceral y en la

resistencia a la insulina, tal vez sea el diagnóstico y el

trata-miento de estas afecciones lo que permita tratar el SM y, por

tanto, disminuir el riesgo de ECV.

Respecto a la resistencia a la insulina, aplicando los criterios

de la ADA para el diagnóstico

36

, la determinación de la

gluce-mia y la insulinegluce-mia en ayunas nos permitirá detectarla. Ambas

mediciones tienen una buena correlación con los índices

HO-MA y QUICKI

26

, y en este momento comenzamos a disponer de

tablas con valores de referencia para la población infantil

37

.

Por otra parte, una vez diagnosticado, ¿qué tratamos y desde

cuándo? ¿Tratamos cada componente del síndrome por

separa-do o tratamos la posible causa del SM? Si, como se ha dicho,

el objetivo del tratamiento no es el del SM en sí mismo sino el

de cada uno de sus componentes, y de otros factores de riesgo

cardiovascular que puedan coexistir en el mismo individuo, es

posible que tengamos que tratar los factores de riesgo tal

co-mo se vayan presentando y no espereco-mos a que los pacientes

reúnan los criterios diagnósticos de SM. Por ello, pueden

plan-tearse numerosas cuestiones: ¿se debe tratar la

hipercoleste-rolemia a partir de los 10 años, como recomienda el NCEP, o

antes si se asocia a otros componentes del SM? ¿Se debería

ser más agresivo en el tratamiento de la obesidad? ¿Deben

tratarse las alteraciones del metabolismo de la glucemia, que

parecen ser muy precoces en el desarrollo del síndrome? Tal

vez debemos empezar por el principio y establecer un consenso

para el diagnóstico entre los profesionales que tratan el tema

y después determinar cuál es la repercusión en los adultos del

SM en la infancia para poder establecer un pronóstico y, en

función de éste, consensuar la actitud terapéutica más

adecua-da en estos niños.

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STRATTERA está indicado en el tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños a partir de los 6 años y adolescentes como parte de un programa completo de tratamiento. El tratamiento se debe iniciar por un especialista en el tratamiento del TDAH. El diagnóstico debiera realizarse de acuerdo con los criterios de DSM-IV o las directrices incluidas en CIE-10. Información adicional sobre el uso seguro del producto: Un programa completo de tratamiento habitualmente incluye medidas psicológicas, educacionales y sociales, y está destinado a niños estabilizados con un síndrome de comportamiento caracterizado por síntomas que pueden incluir un cuadro crónico de déficit de atención, distractibilidad, labilidad emocional, impulsividad, hiperactividad moderada a severa, signos neurológicos menores y EEG anormal. El aprendizaje puede verse o no afectado. El tratamiento farmacológico no está indicado en todos los niños con este síndrome y la decisión de utilizar el fármaco deberá estar basada en una evaluación en profundidad de la gravedad de los síntomas del niño, en relación con su edad y persistencia de los síntomas. Posología y forma de administración: Para administración oral. STRATTERA puede administrarse como una dosis única por la mañana, con o sin alimentos. Los pacientes que no alcancen una respuesta clínica satisfactoria (tolerabilidad o eficacia) y que estén tomando una única dosis de Strattera, podrían beneficiarse de una pauta posológica de dos veces al día, en dosis divididas por la mañana y a última hora de la tarde o primera hora de la noche. Posología para niños/adolescentes hasta 70 kg de peso: El tratamiento con STRATTERA se debe iniciar con una dosis diaria total de aproximadamente 0,5 mg/kg. La dosis inicial se debe mantener durante un mínimo de 7 días antes del escalado de la dosis de acuerdo con la respuesta clínica y tolerancia al tratamiento. La dosis de mantenimiento recomendada es de aproximadamente 1,2 mg/kg/día (dependiendo del peso del paciente y de las presentaciones disponibles de atomoxetina). No se ha demostrado un beneficio adicional con dosis superiores a 1,2 mg/kg/día. No se ha evaluado de forma sistemática, la seguridad de dosis únicas superiores a 1,8 mg/kg/día y de dosis diarias totales superiores a 1,8 mg/kg/día. En algunos casos podría ser apropiado continuar el tratamiento hasta la edad adulta. Posología para niños/ adolescentes con más de 70 kg de peso: El tratamiento con STRATTERA se debe iniciar con una dosis diaria total de 40 mg. La dosis inicial se debe mantener durante un mínimo de 7 días antes del escalado de la dosis de acuerdo con la respuesta clínica y tolerancia al tratamiento. La dosis de mantenimiento recomendada es de 80 mg. No se ha demostrado un beneficio adicional con dosis superiores a 80 mg. La dosis diaria total máxima recomendada es de 100 mg. No se ha evaluado de forma sistemática la seguridad de dosis únicas superiores a 120 mg ni de dosis diarias totales superiores a 150 mg. En algunos casos podría ser apropiado continuar el tratamiento hasta la edad adulta. Información adicional para el uso seguro de este producto: Siempre y cuando haya disponibles guías clínicas a nivel nacional sobre el tratamiento del TDAH, atomoxetina se deberá emplear de acuerdo a las mismas. En el programa de estudios no se han descrito síntomas distintivos de retirada. En los casos en que aparezcan efectos adversos significativos, se podrá interrumpir abruptamente el tratamiento con atomoxetina; en otros casos, la dosis del farmaco podrá reducirse en un periodo de tiempo apropiado. Cuando el tratamiento del paciente se prolongue más allá de un año, se recomienda la re-evaluación de la necesidad del tratamiento por un especialista en el tratamiento de TDAH. En adolescentes en los que los síntomas persistan hasta la edad adulta, y que se hayan beneficiado claramente del tratamiento, puede ser adecuado continuar con el mismo durante la etapa adulta. Sin embargo, no se considera adecuado iniciar en adultos un tratamiento con atomoxetina. Poblaciones especiales: Insuficiencia hepática: En pacientes con insuficiencia hepatica moderada (Child-Pugh Clase B), tanto la dosis inicial como la dosis recomendada se deben reducir hasta el 50% de la dosis habitual. En pacientes con insuficiencia hepatica grave (Child-Pugh Clase C), las dosis inicial y recomendada se deben reducir hasta el 25 % de la dosis habitual. Insuficiencia renal: los pacientes con enfermedad renal en fase terminal tuvieron una mayor exposición sistémica a la atomoxetina que los sujetos sanos (alrededor de un 65 % de incremento), si bien no hubo diferencia cuando dicha exposición se corrigió en función de la dosis por mg/kg. Por tanto, STRATTERA se puede administrar a pacientes con TDAH que tengan una enfermedad renal de fase terminal o insuficiencia renal de menor grado, utilizando para ello la pauta posológica habitual. Atomoxetina puede exacerbar la hipertensión en pacientes con enfermedad renal en fase terminal. Aproximadametne un 7 % de los individuos de raza caucasiana tienen un genotipo que corresponde con una enzima CYP2D6 no funcional (llamados metabolizadores lentos de CYP2D6). Los pacientes con este genotipo tienen una exposición a atomoxetina varias veces aumentada si se compara con pacientes con una enzima funcional. Los metabolizadores lentos tendrán por lo tanto un riesgo mayor de reacciones adversas (ver “reacciones adversas”). Deberá considerarse una dosis de inicio menor y un escalado de dosis más lento, para aquellos pacientes en los que se conozca que su genotipo es de metabolizadores lentos. No se ha establecido la seguridad y eficacia de STRATTERA en niños con menos de 6 años de edad. Por consiguiente, no se deberá utilizar STRATTERA en niños menores de 6 años. Pacientes ancianos: no procede. Contraindicaciones: Hipersensibilidad a la atomoxetina o a alguno de los excipientes. Atomoxetina no se debe utilizar en combinación con inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAOs). Atomoxetina no se debe utilizar, como mínimo, en las dos semanas siguientes a la interrupción del tratamiento con IMAOs. El tratamiento con IMAOs no se debe iniciar antes de haber transcurrido dos semanas tras la interrupción del tratamiento con atomoxetina. Atomoxetina no se debe utilizar en pacientes con glaucoma de ángulo estrecho, puesto que en los ensayos clínicos el uso de atomoxetina estuvo asociado con un aumento en la incidencia de midriasis. Advertencias y precauciones especiales de empleo: Posibles acontecimientos alérgicos: Aunque poco frecuentes, se han comunicado casos de reacciones alérgicas, incluyendo erupción, edema angioneurótico y urticaria, en pacientes que estaban tomando atomoxetina. Muchos pacientes que toman atomoxetina experimentan un modesto incremento en la frecuencia cardíaca (media < 10lpm) y/o un incremento en la tensión arterial (media < 5 mm Hg) (ver ”reacciones adversas”). Para la mayoría de los pacientes, estos cambios no son clínicamente importantes. Atomoxetina debe utilizarse con precaución en pacientes con hipertensión, taquicardia o enfermedades cerebrovasculares o cardiovasculares. Durante el tratamiento se deben medir de forma periódica tanto la frecuencia cardíaca como la presión sanguínea. Se han comunicado también casos de hipotensión ortostática. Utilizar con cuidado en cualquier situación que pueda predisponer a los pacientes a tener hipotensión. Atomoxetina debe usarse con precaución en pacientes con prolongación del intervalo QT congénita o adquirida o pacientes con antecedentes familiares de prolongación del intervalo QT (ver“Interacción con otros medicamentos y otras formas de interacción” y ”Reacciones Adversas”). Se debe interrumpir, y no se debe reiniciar, el tratamiento con Strattera en pacientes con ictericia o evidencia , mediante pruebas de laboratorio, de daño hepático.Muy raramente, se ha comunicado toxicidad hepática, manifestada mediante elevación de las enzimas hepáticas y la bilirrubina con ictericia. Durante el tratamiento con atomoxetina se debe monitorizar el crecimiento y el desarrollo. Los pacientes que requieran un tratamiento a largo plazo, deben ser controlados y se debe considerar la reducción o la interrupción del tratamiento en aquellos pacientes que no crezcan o ganen peso de una forma satisfactoria. Los datos clínicos no sugieren un efecto negativo de la atomoxetina sobre la maduración cognitiva o sexual, sin embargo, los datos disponibles a largo plazo son limitados. Por consiguiente, se deberá vigilar con cuidado a aquellos pacientes que precisen un tratamiento a largo plazo. Se han informado comportamientos suicidas (intentos de suicidio e ideas de suicidio) en pacientes tratados con atomoxetina. En ensayos clinicos aleatorizados, doble ciego, las actitudes suicidas se dieron con una frecuencia de 0,44 % en los pacientes tratados con atomoxetina (6 de los 1357 pacientes tratados, un caso de intento de suicidio y 5 de ideas de suicidio). No hubo casos en el grupo tratado con placebo (n=851). El rango de edad de los niños que experimentaron estos comportamientos fue de 7 a 12 años. Cabe destacar que el número de pacientes adolescentes incluidos en los ensayos clínicos fue bajo. La hostilidad (predominantemente agresión, comportamiento negativista e irritación) y la labilidad emocional fueron constatadas con más frecuencia en ensayos clínicos con niños y adolescentes tratados con Strattera frente a aquellos tratados con placebo. En los pacientes que están siendo tratados de TDAH debe vigilarse cuidadosamente la aparición o el empeoramiento de actitudes suicidas, hostilidad y labilidad emocional. Como en el caso de otra medicación psicotrópica, no puede excluirse la posibilidad de efectos psiquiátricos adversos graves e infrecuentes. Existe un riesgo potencial de aparición de convulsiones con atomoxetina. El tratamiento con atomoxetina deberá iniciarse con precaución en pacientes con antecedentes de convulsiones. Se deberá considerar la suspensión del tratamiento con atomoxetina en los pacientes en los que aparezcan episodios convulsivos nuevos o en los que presenten un aumento en la frecuencia de las crisis convulsivas y no se identifique otra causa. Strattera no está indicado para el tratamiento de episodios depresivos mayores y/o la ansiedad, dado que los resultados de las pruebas clínicas efectuadas en adultos no revelaron ningún efecto comparado al placebo, y fueron por tanto negativos. Interacción con otros medicamentos y otras formas de interacción: Efectos de otros fármacos sobre la atomoxetina: IMAOs: atomoxetina no se debe utilizar junto con IMAOs (ver “contraindicaciones”). Inhibidores CYP2D6 ( ISRS (por ejemplo fluoxetina, paroxetina, quinidina, terbinafina): atomoxetina se metaboliza principalmente por la vía de CYP2D6, dando lugar a 4-hidroxiatomoxetina. En los pacientes metabolizadores rápidos de CYP2D6, los inhibidores potentes del CYP2D6 incrementan las concentraciones plasmáticas de atomoxetina en el estado de equilibrio hasta exposiciones similares a las observadas en pacientes metabolizadores lentos de CYP2D6. En individuos metabolizadores rápidos tratados con paroxetina o fluoxetina los valores de AUC y la concentración plasmática máxima (Css, max) son respectivamente de 6 a 8 veces mayor y de 3 a 4 veces mayor de aquellos que toman atomoxetina sola. Puede ser necesario un ajuste posológico de atomoxetina y un escalado de dosis más lento en aquellos pacientes que estén tomando otros inhibidores de CYP2D6. Si tras el escalado hasta la dosis adecuada de atomoxetina se prescribe o se discontinúa el tratamiento con un inhibidor del CYP2D6, se deberán reevaluar la respuesta clínica y la tolerabilidad para estos pacientes y determinar si se requieren ajustes de dosis. Se aconseja precaución cuando se combine atomoxetina con inhibiodres potentes de las enzimas del citocromo P450 distintos al CYP2D6 en pacientes que son metabolizadores lentos del CYP2D6 puesto que se desconoce el

riesgo del aumento clinicamente relevante a la exposición de atomoxetina en vivo. Salbutamol: atomoxetina se debe administrar con precaución en pacientes que estén siendo tratados con salbutamol (u otro agonista beta2) a dosis altas mediante un nebulizador o por vía

sistémica (oral o intravenosa) puesto que atomoxetina puede potenciar la acción del salbutamol sobre el sistema cardiovascular. Existe un riesgo potencial de prolongación del intervalo QT cuando atomoxetina se administra con otros medicamentos que prolongan el intervalo QT (como neurolépticos, antiarrítmicos de clase IA y III, moxifloxacino, eritromicina, metadona, mefloquina, antidepresivos tricíclicos, litio o cisaprida), medicamentos que provocan desequilibrio electrolítico (como diuréticos tiazídicos) y medicamentos que inhiben el CYP2D6. Existe un riesgo potencial de aparición de convulsiones con atomoxetina. Se deberá tener precaución en aquellos pacientes que estén tratados con medicamentos que se sabe que disminuyen el umbral de convulsiones (como antidepresivos, neurolépticos, mefloquina, bupropión o tramadol).(ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo”). Fármacos que actúan sobre la tensión arterial: debido a su posible efecto sobre la tensión arterial, atomoxetina debe utilizarse con precaución junto con medicamentos que actúan sobre la tensión arterial. Fármacos que actúan sobre la noradrenalina: Los fármacos que actúen sobre la noradrenalina deben utilizarse con precaución cuando se administren conjuntamente con atomoxetina, puesto que puede darse un efecto sinérgico o aditivo en su actividad farmacológica. Ejemplos de tales fármacos incluyen a antidepresivos tales como imipramina, venlafaxina y mirtazapina o descongestivos tales como pseudoefedrina o fenilefrina. Fármacos que actúan sobre el pH gástrico: Los fármacos que elevan el pH gástrico (hidróxido de magnesio/hidróxido de aluminio, omeprazol) no tuvieron efecto alguno sobre la biodisponibilidad de la atomoxetina. Fármacos con elevada unión a las proteínas plasmáticas: Se llevaron a cabo estudios in vitro de desplazamiento de fármaco con atomoxetina y otros fármacos que se unen en gran proporción a las proteínas plasmáticas a las concentraciones terapéuticas. Warfarina, ácido acetilsalicílico, fenitoína o diazepam no afectaron la unión de atomoxetina a la albúmina humana. Igualmente, atomoxetina no afectó la unión de estos compuestos a la albúmina humana. Efectos de la atomoxetina sobre otros medicamentos: Enzimas del sistema citrocromo P450: atomoxetina no causó inhibición o inducción clínicamente significativa de los enzimas del sistema citocromo P450, incluyendo CYP1A2, CYP3A, CYP2D6, y CYP2C9. Estudios in vitro indican que atomoxetina no induce de forma clínicamente significativa el CYP1A2 y CYP3A. Embarazo y lactancia: Para atomoxetina, no se dispone de datos clínicos sobre exposición al fármaco durante el embarazo. Los estudios en animales, en general, no indican que se produzcan efectos negativos directos sobre embarazo, desarrollo embrionario/fetal, parto o desarrollo postnatal. La atomoxetina no se debe utilizar durante el embarazo, a menos que el beneficio potencial justifique el posible riesgo sobre el feto. La atomoxetina y/o sus metabolitos se excretaron en la leche de ratas. Se desconoce si la atomoxetina se excreta en la leche humana. Debido a la falta de datos, se deberá evitar la administración de atomoxetina durante el periodo de lactancia. Efectos sobre

la capacidad para conducir y utilizar máquinas: No se han realizado estudios sobre los efectos sobre la capacidad para conducir y utilizar maquinaria.La administración de atomoxetina se asoció con una mayor tasa de fatiga en comparación con placebo. Sólo en pacientes

pediátricos, la administración de atomoxetina se asoció con una mayor tasa de somnolencia en comparación con placebo. Se debe aconsejar a los pacientes que tengan especial cuidado al conducir o utilizar maquinaria peligrosa hasta que estén razonablemente seguros de que su comportamiento no se ve afectado por la atomoxetina. Reacciones adversas: Niños y adolescentes: El dolor abdominal y la disminución del apetito son los acontecimientos adversos más comunmente asociados con atomoxetina, y se comunican en aproximadamente un 18 % y 16 % de los pacientes, respectivamente, si bien en raras ocasiones conducen a la interrupción del tratamiento (las tasa de interrupción son del 0,3 % en el caso del dolor abdominal, y del 0,0 % en cuanto a la disminución del apetito). Estos efectos son normalmente transitorios. Asociado con la disminución del apetito, algunos pacientes perdieron peso al iniciarse el tratamiento (media aproximada de 0,5 kg), siendo estos efectos mayores a las dosis más altas. Tras un descenso inicial en el peso, los pacientes tratados con atomoxetina mostraron un incremento medio del peso durante el tratamiento a largo plazo. Las tasas de crecimiento (peso y altura) tras dos años de tratamiento son casi normales (ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo”). La aparición de náuseas o vómitos se puede producir en aproximadamente un 9 % y 11 % respectivamente de los pacientes, particularmente durante el primer mes de tratamiento. Sin embargo, estos episodios fueron normalmente leves a moderados en cuanto a gravedad y de carácter transitorio, y no originaron un número significativo de interrupciones del tratamiento (tasa de interrupción 0,5 %). En los ensayos clínicos controlados con placebo en pacientes pediátricos, los pacientes que tomaron atomoxetina experimentaron un incremento medio en la frecuencia cardíaca de aproximadamente 6 latidos/minuto, e incrementos medios en la tensión arterial sistólica y diastólica de aproximadamente 2 mm de Hg, en comparación con los pacientes tratados con placebo. En los ensayos controlados con placebo en adultos, los pacientes tratados con atomoxetina experimentaron un incremento medio de 6 latidos por minuto en la frecuencia cardíaca, e incrementos medios en la presión sistólica (unos 3 mm de Hg) y diastólica (aproximadamente 1 mm Hg) comparados con placebo. Debido a su efecto sobre el tono adrenérgico, se han comunicado casos de hipotensión ortostática (0,2 %, N=7) y síncope (0,8 %, N=26) en pacientes tratados con atomoxetina. Se debe tener cuidado cuando se administre atomoxetina a pacientes que tengan una situación que pueda predisponerles a la aparición de hipotensión La tabla que se incluye a continuación se basa en los acontecimientos adversos comunicados y en los parámetros analíticos obtenidos de los ensayos clínicos realizados con niños y adolescentes así como en las notificaciones espontáneas post-comercialización de niños, adolescentes y adultos. Reacciones adversas: Estimación de la frecuencia: Muy frecuentes (≥ 1/10), frecuentes (≥ 1/100, < 1/10), poco frecuentes (≥ 1/1.000, < 1/100), raras (≥ 1/10.000, < 1/1.000), muy raras (< 1/10.000), frecuencia no conocida (no puede estimarse a partir de los datos disponibles) Muy frecuentes: disminución del apetito, dolor abdominal y vómitos. Frecuentes: gripe (es decir síntomas de gripe/catarro), anorexia (pérdida de apetito), despertar precoz, irritabilidad, cambios de humor, mareos, somnolencia, midriasis, estreñimiento, dispepsia, náuseas, dermatitis, prurito, erupción, fatiga y descenso de peso. Poco frecuentes: acontecimientos relacionados con el suicidio, agresividad, hostilidad, labilidad emocional (ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo”), palpitaciones y taquicardia sinusal. Experiencia post comercialización (derivan de notificaciones espontáneas de reacciones adversas y no es posible determinar su frecuencia de forma precisa): convulsiones y prolongación del intervalo QT (ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo” e “Interacción con otros medicamentos y otras formas de interacción”), alteración de los análisis de función hepática, ictericia y hepatitis (ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo”), fenómeno de Raynaud y priapismo. Metabolizadores lentos (ML)de CYP2D6: Los siguientes acontecimientos adversos se produjeron en al menos un 2 % de los pacientes metabolizadores lentos (ML) de CYP2D6, siendo o bien dos veces más frecuentes o más frecuentes de forma estadísticamente significativa en los pacientes ML en comparación con los metabolizadores rápidos (MR) de CYP2D6: disminución del apetito (24,1 % de ML, 17,.0% de MR); insomnio (10,5 % de ML, 6,8 % de MR); insomnio medio (3,8 % de ML, 1,5 % de MR); enuresis (3,0% de ML, 1,2% de MR); estado depresivo (3,0% de ML, 1,0% de MR); temblor (5,1 % de ML, 1,1 % de MR); despertar precoz (3,0% de ML, 1,1 % de MR); conjuntivitis (3,0% de ML, 1,5 % de MR); síncope (2,1 % de ML, 0,7 % de MR); midriasis (2,5 % de ML, 0,7 % de MR). Los siguientes acontecimiento no cumplieron los criterios anteriormente expuestos, si bien fueron comunicados por más pacientes ML que por MR: ansiedad (2,5 % de ML, 2,2 % de MR); depresión (2,5 % de ML, 1,9 % de MR). Además, en los ensayos que duraron hasta 10semanas, la pérdida de peso fue más pronunciada en metabolizadores lentos (valor medio de 0,6 kg en MR y de 1,1 kg en ML). Adultos: En los adultos, las reacciones adversas más frecuentemente comunicadas con el tratamiento con atomoxetina fueron de tipo gastrointestinal o genitourinario. La retención urinaria o la dificultad para iniciar la micción en adultos debería considerarse potencialmente relacionada con atomoxetina. No se observaron problemas de seguridad graves durante el tratamiento agudo o a largo plazo. En la siguiente tabla se incluyen efectos indeseables basados en la comunicación de reacciones adversas y en las pruebas analíticas procedentes de ensayos clínicos con adultos así como en las notificaciones espontáneas post-comercialización de niños, adolescentes y adultos. Reacciones adversas: Estimación de la frecuencia: Muy frecuentes (≥ 1/10), frecuentes (≥ 1/100, < 1/10), poco frecuentes (≥ 1/1.000, < 1/100), raras (≥ 1/10.000, < 1/1.000), muy raras (< 1/10.000), frecuencia no conocida (no puede estimarse a partir de los datos disponibles). Muy frecuentes: disminución del apetito, insomnio, sequedad de boca y náuseas. Frecuentes: despertar precoz, disminución de la libido, trastornos del sueño, mareo, insomnio medio, cefalea sinusal, palpitaciones, taquicardia, sofocos, dolor abdominal, estreñimiento, dispepsia, flatulencia, dermatitis, aumento de la sudoración, dificultad en la micción, dificultad para iniciar la micción, retención urinaria, dismenorrea, trastornos en la eyaculación, fallos en la eyaculación, alteraciones en la erección, impotencia, menstruación irregular, orgasmos anormales, prostatitis, fatiga, letargo, rigidez y descenso de peso. Poco frecuentes: frialdad periférica. Experiencia post comercialización (derivan de notificaciones espontáneas de reacciones adversas y no es posible determinar su frecuencia de forma precisa): acontecimientos relacionados con el suicidio, agresividad, hostilidad, labilidad emocional (ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo”), convulsiones y prolongación del intervalo QT (ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo” e “Interacción con otros medicamentos y otras formas de interacción”), alteración de los análisis de función hepática, ictericia y hepatitis (ver “Advertencias y precauciones especiales de empleo”), fenómeno de Raynaud y priapismo. Sobredosis: Signos y síntomas: Durante la experiencia postcomercialización, se han comunicado casos de sobredosis agudas y crónicas no mortales con atomoxetina sóla. Los síntomas más frecuentemente notificados tanto para sobredosis agudas como crónicas fueron somnolencia, agitación, hiperactividad, comportamiento anormal y síntomas gastrointestinales. La mayoría de los acontecimientos fueron de carácter leve a moderado. También se observaron signos y síntomas consistentes con una activación leve a moderada del sistema nervioso simpático (por ejemplo midriasis, taquicardia, sequedad de boca) y se han notificado casos de prurito y erupción. Todos los pacientes se recuperaron de estos acontecimientos. En algunos casos de sobredosis con atomoxetina se han comunicado crisis convulsivas y en muy raras ocasiones prolongación del intervalo QT. También se han comunicado casos de sobredosis mortales agudas en ingestiones mixtas de atomoxetina y como mínimo otro medicamento. La experiencia clínica de sobredosis de atomoxetina es limitada. No tuvieron lugar sobredosis mortales en los ensayos clínicos. Manejo de la sobredosis: Se debe establecer una vía aerea. El carbón activado puede ser útil para limitar la absorción si administrado durante la hora posterior a la ingestión. Se recomienda el control de los signos cardiacos y vitales, junto con las medidas sintomáticas y de soporte adecuadas. El paciente deberá permanecer en observación durante un mínimo de 6 horas. Dado que la atomoxetina se une en gran proporción a las proteínas plasmáticas, no es probable que la diálisis sea una medida útil en el tratamiento de la sobredosis.

Incompatibilidades: No procede. Precauciones especiales de conservación: Este medicamento no requiere condiciones especiales de conservación. Titular de la autorización de comercialización: Lilly S.A., Avda de la Industria Nº30, C.P.28108 Alcobendas, Madrid.

España. Fecha de la revisión del texto: Mayo de 2007 Presentaciones, precios y condiciones de prescripción y dispensación: Strattera 10mg, 18 mg, 25 mg, 40mg y 60mg, 7 cápsulas duras: P.V.P.: 29,20€, P.V.P. IVA: 30,36 € Strattera 10mg, 18 mg, 25 mg, 40mg y 60mg, 28 cápsulas duras: P.V.P.: 116,78 €, P.V.P. IVA: 121,45 € Medicamento sujeto a prescripción médica. Financiado por la Seguridad Social. Con Receta médica ordinaria y Visado de Inspección

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