La parábola de la higuera

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La parábola de la higuera

Autor: P. Daniel Albarrán ( ver b log)

El otro día, en la lectura del Evangelio del domingo, leíamos la parábola de la higuera. Y en el análisis que hacíamos del contenido de la parábola hicimos unos descubrimientos muy sorprendentes, partiendo de la aplicación de la búsqueda de los opuestos y de la aplicación de las contradicciones, contenidos en esa parábola.

Dice el texto:

Entonces les contó esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, pero cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró nada. Así que le dijo al viñador: “Mira, ya hace tres anos que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no he encontrado nada. ¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno?” “Señor – le contestó el viñador –, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así tal vez en delante de fruto; si no, la cortaré.”» (Lucas 13:6-9).

En esta parábola, decíamos ese domingo, hay algunas contradicciones que nos van a ayudar a comprender muchas cosas útiles para la vida. Para empezar es importante precisar que al decir que hay contradicciones, se trata de un método de estudio y de análisis, y no de cerrarnos herméticamente al contenido y a la enseñanza implícitas en el texto que se analice. Ya se usó por Aristóteles, y hoy se usa en matemáticas, como método de trabajo, dando resultados maravillosos. Pero no sólo porque se use en fórmulas y se aplique en la práctica, sino porque es notorio que en la parábola de la higuera hay aparentes contradicciones. No por eso es para escandalizarse. Al contrario, es para adentrarnos y fascinarnos de los hallazgos en su contenido.

Los primeros datos contradictorios en la parábola son. Dice: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, pero cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró nada.”

¿Dónde está la contradicción? En que en los viñedos lo que se cultiva son uvas. Y es lógico que si se va a buscar a un viñedo los frutos, éstos tengan que ser uvas. Por otro lado, los que trabajan en el viñedo, es decir, los viñadores, estén preocupados por las uvas. No de otra cosa.

Que en ese viñedo haya una mata de higos, no es lo más importante para los viñadores, sino las uvas. De manera que el dueño de la finca si fue a buscar higos, era lógico que no los encontrara, ya que los viñadores cuidaban y se esmeraban era por las uvas. A lo mejor, ni se habrían percatado de la

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existencia de la higuera. Con toda seguridad la higuera habría dado frutos en tiempos de cosecha de higos, y quizás, los viñadores ni se habrían dado cuenta de ello.

Es clarita la primera contradicción.

La segunda es que, cuando fue a buscar fruto en la mata de higos, no encontró. No está la contradicción en que no hubiera higos, sino en que, quizás, fue a buscar higos en tiempos en que la mata no estaba dando frutos. Tal vez, el dueño de la finca fue a buscar higos en destiempo. Es decir, en tiempo en que no era tiempo de cosecha de higos. Por eso, no encontró frutos en la mata. No se le puede pedir a la naturaleza lo que ella por su ciclo normal no produce. Tal vez, el error estaba en el dueño de la finca, que se equivocó en la fecha en que fue a buscar higos.

Por otro lado, respecto a la segunda contradicción es que los viñadores como no eran sino viñadores y no higueros o cuidadores de higos, lo lógico era que estuviesen muy pendientes de las matas de uva. De manera, que si sabían que el dueño iba a venir a la finca, lo más natural era que ellos tuviesen todo el cuidado posible de que las matas de uvas estuvieran esplendorosas y bonitas, para que el dueño se sintiera satisfecho de la inversión que había hecho al tener viñedos.

En esa contradicción puede pensarse que la higuera no es responsable de no estar dando frutos a destiempos, sino en que el dueño fue cuando no era el tiempo oportuno. ¿Dónde está el error? Pareciera que en el dueño y no en la higuera.

La otra contradicción, y que sería la tercera, es que el dueño llevaba tres años empeñado en lo mismo. Llevaba tres años yendo a buscar frutos en la higuera. ¿Si el tiempo de higos es en febrero y marzo, por decir algo como referencia relacional, por qué no va encontrar frutos si va en otro tiempo que es el indicado? Por lógica nunca los va a conseguir. ¿Dónde está, entonces, la contradicción? Quizás en el destiempo del fruto de la higuera y la venida del dueño de la finca. Todo a su debido tiempo… Está más que clarito.

Debe sumarse a ese detalle, el hecho de que si la mata de higo era “macho” o “hembra”, ya que si era macho, nunca iba a dar fruto. En el caso de las tres veces que fue el dueño a recoger higos, ¿no fue capaz de darse cuenta si era capaz la mata de dar o no higos? Elemental ese detalle a tener en alta consideración.

Pero, la gran contradicción en el desarrollo y contenido de la parábola es que el dueño de la finca tomó la determinación de cortar la mata de higo. Así lo dice el texto: “¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno?”. Ciertamente, era el dueño y podía disponer. Pero, ¿y los detalles elementales que se deberían tener en cuenta para tal decisión?

Y, no solo con eso, hasta en la decisión que había tomado el dueño de la finca, hay otra contradicción, y es que el viñador le refuta, diciendo: “Señor – le contestó el viñador –, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así tal vez en delante de fruto; si no, la cortaré.” Fue contrariado llevándole la contraria en la decisión. O sea, que el dueño fue refutado, y fue desautorizado por el empleado. Otra contradicción…

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Ahora bien… En ese llevar la contraria por parte del viñador queda implícito un reconocimiento. Y es que el viñador reconoce de inmediato que no le ha dedicado tiempo suficiente a la mata de higos. No era su trabajo, sino de viñador. No tenía por qué dar razón de la higuera. Tal vez, ni se había dado cuenta de ella. Tal vez, sí habría dado frutos en el tiempo oportuno. Pero, cabría la pregunta: ¿Qué hace una mata de higos en un viñedo? Más aún: ¿son compatibles la higuera y el viñedo? ¿Pueden crecer juntos en un mismo suelo, al mismo tiempo? ¿No absorberá el viñedo todo el terreno y sus componentes químicos naturales del suelo, y la higuera quedará estéril porque no es posible crecer junto a las uvas? ¿Sabría eso el dueño de la finca? Porque el hecho de que fuese el dueño y que hubiese invertido en el viñedo, no significa que fuese un experto en esos menesteres agrícolas, tanto de la especie de las uvas, como de los higos… Parece lógico…

Entonces, las contradicciones se ven claritas en la parábola de la higuera.

¿Qué estará queriendo decir esta maravillosa parábola? En seguida se contestará que se trata de la conversión. De hecho, ese es el contexto de la parábola, leída en el tercer domingo de la Cuaresma, y ese es el antes, cuando el evangelista nos cuenta que Jesús les preguntó en forma de reproche a los que fueron a contarle que Herodes había mandado a matar a unos galileos que estaban haciendo sus sacrificios en el templo. Dice el evangelio de ese día:

En aquella ocasión algunos que habían llegado le contaron a Jesús cómo Pilato había dado muerte a unos galileos cuando ellos ofrecían sus sacrificios. Jesús les respondió: «¿Piensan ustedes que esos galileos, por haber sufrido así, eran más pecadores que todos los demás? ¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan. ¿O piensan que por la torre de Siloé eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? ¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan.» (Lucas 13:1-5)

Ese es el contexto y el “a propósito” de la parábola, pues de inmediato viene colocada la parábola, toda ella llena de contradicciones. Y tenía que estar llena de contradicciones ya que en el mismo contexto que nos las presentan está lleno, igualmente, de contradicciones. Ya que Jesús, por lo menos en el estilo del evangelista, dice una cosa, y enseguida se contradice en eso que quiere refutar. Veamos: el motivo es que hay unos galileos que fueron asesinados. Eso es lo que le cuentan a Jesús. Entonces, Jesús dice que no crean que fueron asesinados porque eran más pecadores que todos los demás galileos, primero, y después que los demás habitantes de Jerusalén, en la segunda referencia. Pues no. No eran más pecadores.

Hasta ahí todo va bien, en esa relación. Pero viene la contradicción… al decir que a todos les va a pasar lo mismo, si no se arrepienten… O sea, que sí eran pecadores. Al igual que los que fueron a llevarle la noticia en cuestión. Hay allí una contradicción: ¿Por fin… eran o no pecadores? Entonces,

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los mataron por eso, y es un castigo… es lo que pareciera decir. Y si no se arrepienten, van a sufrir lo mismo…

No es un escándalo que haya contradicciones en esa parábola. Al contrario. Ahí radica la enseñanza y la lección. Si de principio no nos alarmamos que descubramos esas evidentes contradicciones, y si con todo y ello, nos mantenemos en la búsqueda, vamos a encontrar las sorpresas de la maravilla de la Palabra de Dios.

La cosa no queda ahí. Hay que buscar en las mismas Sagradas Escrituras. Y así, se encuentra así en el libro de Génesis 3,3 que Adán y Eva se cubrieron con hojas de higuera, después de haber comido del árbol del bien y del mal. Dice el texto: “Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores”. En Deuteronomio 8,8 y en los versículos anteriores y posteriores (8,5-7, 9), vemos que el higo era una muestra de bendición, además de representar la prosperidad y el poderío, según se desprende de Miqueas 4,4. Así lo dice, en el primer caso, el libro de Deuteronomio:

Date cuenta, pues, de que Yavé tu Dios te corregía como un hombre corrige a su hijo, y guarda los mandamientos de Yavé tu Dios siguiendo sus caminos y temiéndole.

Pues Yavé tu Dios te conduce a una tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares

que manan en los valles y en las montañas, tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel[1], tierra donde el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce.

En cuanto a Miqueas[2], dice:

Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yavé será asentado en la cima de los montes, y se alzará por encima de las colinas. Y afluirán a él los pueblos, acudirán naciones numerosas y dirán: Venid, subamos al monte de Yavé, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yavé.

El juzgará entre pueblos numerosos, y corregirá a naciones poderosas; forjarán ellas sus espadas en azadones, y sus lanzas en podaderas. No blandirá más la espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.

Se sentará cada cual bajo su parra, y bajo su higuera, sin que nadie le inquiete, ¡la boca de

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