LLEVAMOS UNA BUENA NOTICIA EN EL CORAZÓN El Evangelio de los domingos en la escuela FMMDP

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LLEVAMOS UNA BUENA NOTICIA EN EL CORAZÓN

El Evangelio de los domingos en la escuela FMMDP

Después del Adviento y el tiempo de Navidad, hemos celebrado ocho semanas del

llamado “tiempo ordinario” que ahora interrumpimos para iniciar la Cuaresma. Es un tiempo

de gracia y conversión, que nos invita a recorrer el camino hacia la PASCUA, acontecimiento

central de nuestra fe.

Son cuarenta días, desde el

miércoles de ceniza hasta el

domingo de Ramos, con el

que iniciamos la Semana

Santa,

Las

lecturas

de

estos

domingos, no continúan el

evangelio de San Mateo,

como veníamos haciendo.

Están

seleccionadas

por

temas que se consideran

esenciales en este camino de

conversión y preparación, personal y comunitaria, para la Pascua.

La Cuaresma nos invita a pararnos, a

serenar el ritmo de nuestra vida, “ir

al desierto” para poder escuchar esta

Palabra.

Nos

invita

a

tomar

conciencia de donde estamos y de

cómo

estamos

caminando.

A

descubrir lo que no nos hace felices,

lo que nos esclaviza.

La luz de la Pascua que ilumina toda

la Cuaresma, nos recuerda la

posibilidad de ser y vivir de una

forma “nueva”, de convertirnos,

porque al final es Jesús resucitado el

que nos espera con los brazos

abiertos.

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Mateo (4,1-11)

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.

Para adentrarnos en el sentido profundo de este texto vamos a leerlo en paralelo con otros

del Antiguo Testamento que, tanto judíos como cristianos, conocían muy bien cuando san

Mateo escribió su evangelio: “Acuérdate del camino que Yahvé te ha hecho andar durante

cuarenta años a través del desierto con el fin de humillarte, probarte y conocer los

sentimientos de tu corazón…” (Dtr. 8, 2)

Para las primeras comunidades cristianas el desierto era el lugar en el que sus antepasados

habían experimentado, además de pruebas muy duras, la ayuda diaria y constante de Dios.

Jesús pasó las mismas pruebas que su pueblo y las mismas que estaban sufriendo las

comunidades cristianas a las que se dirigía el evangelista. Evidentemente son también las

que pasamos cada día nosotros. Son las tentaciones de poder, poseer y parecer.

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El evangelio de hoy no nos ofrece “la película” de los hechos, sino una reflexión teológica

muy profunda. Si nos quedamos en el “escenario”, con diablo incluido, y no intentamos

entrar en las experiencias hondas sacaremos conclusiones muy infantiles.

Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El número 40, como casi todos los números que aparecen en la biblia, tiene un valor

simbólico. Representa el "cambio", ya sea de una persona, de una generación, de todo el

pueblo, etc. Vamos a recordar algunos ejemplos:

“Estuvo Moisés con Yahvé cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber…” (Éxodo 34,

28) lo más importante no es que comiera o no comiera, sino que cuando bajó de la montaña

ya era un hombre nuevo, transformado por la experiencia de Dios.

El profeta Elías temió por su vida y se fue al desierto recostándose sobre una retama. Allí oyó

que le invitaban a que se levantara y comiera, porque le quedaba un largo camino. Tomó

una torta cocida y un vaso de agua “y con la fuerza de aquel manjar caminó cuarenta días y

cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb” (I Reyes 19, 8) Hoy diríamos: Se preparó

intensamente para el encuentro con Dios.

El diluvio “duró” 40 días y 40 noches. En realidad, nos están diciendo que cuando acabó el

diluvio las personas que sobrevivieron representaron una nueva generación, una

“humanidad nueva”.

Los israelitas no tardaron 40 años en atravesar el desierto, pero durante la travesía sus vidas

cambiaron profundamente. Esa experiencia, esa lección, no deberían olvidarla: “Recuerda

las grandes pruebas que vieron tus ojos, los milagros y prodigios, la mano fuerte y el brazo

tendido con los que Yahvé, tu Dios, te sacó de Egipto” (Dtr. 7, 19)

Jesús, después de “ayunar cuarenta días” dejó su vida privada y empezó la pública. Se había

experimentado Hijo Amado, se enfrentó al mal y salió del desierto dando un giro profundo a

su vida.

El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en

panes.» Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de

toda palabra que sale de la boca de Dios."»

Mateo nos ofrece un texto más amplio que Marcos, incluyendo un diálogo muy significativo

entre Jesús y el diablo (que significa adversario, acusador, calumniador). El pueblo de Israel

sintió hambre en el desierto, un hambre atroz y añoraron la esclavitud, incluso desearon

haber muerto en Egipto. Entonces Yahvé dijo a Moisés: “Mira, voy a hacer llover pan del

cielo para vosotros” (Ex 16, 4). Dios les había humillado, les había hecho sentir hambre y les

había alimentado con el maná “para que aprendieran que no sólo de pan vive el hombre sino

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Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres

Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te

sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."

Jesús le dijo: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."

El alero, llamado también pináculo, era uno de los cuatro ángulos del templo de Jerusalén.

Pero la esquina a la que se refiere el evangelio estaba situada sobre la gran hondonada del

torrente Cedrón. Si se miraba hacia abajo, desde lo alto, podía dar vértigo, porque había un

precipicio de más de 180 metros de altura. Algunas veces las autoridades habían condenado

a morir a algunas personas, despeñándolas desde ese alero. Con esta imagen era fácil

comprender la locura que suponía tirarse desde lo alto, esperando que los ángeles salieran a

recogerte, para evitarte la muerte.

Como este ejemplo no es significativo en el colegio tenemos que buscar otros mucho

más cercanos para entender bien cuándo y cómo experimentamos esta tentación. Por

ejemplo, cuando pedimos aprobar sin haber estudiado o, peor aún, copiar en un

examen sin que nos descubran. Cuando vamos apretando irresponsablemente el pedal

del acelerador mientras pedimos a Dios que nos dé un buen viaje, sin incidencias ni

accidentes. Podemos caminar hacia el mal, enredándonos en todo tipo de peligros,

mientras pedimos a Dios que nos libre de ellos

.

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su

gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras. Entonces le dijo Jesús: «Vete,

Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto."»

¿Cómo vivió esta tentación Israel? viendo el pueblo que Moisés tardaba en bajar de la

montaña se reunió en torno a Aarón y le dijo: Haznos un dios que vaya delante de

nosotros…. Aarón fundió el oro, hizo un becerro y el pueblo dijo: “Ahí tienes, Israel a tu Dios,

el que te sacó de la tierra de Egipto” (Ex 32, 1-5) Israel se postró ante el becerro de oro, a

pesar de que la Palabra de Dios era clara: “Reconoce que Yahvé tu Dios es el verdadero Dios,

el Dios fiel que guarda la alianza y la misericordia hasta mil generaciones a los que lo aman y

cumplen sus mandamientos…” (Dtr. 7, 9) “No te vayas tras otros dioses, tras los dioses de las

naciones que te rodean…” (Dtr. 6, 14)

Hoy los medios de comunicación y las revistas del corazón nos muestran cada día

apetitosos “reinos”, llenos de glamour y “dioses” a los que adorar. Nos ofrecen fama,

imagen, ser admirados, conseguir todo tipo de caprichos… Para poseer esos “reinos”

hay que pagar precios altísimos, a menudo hasta la propia dignidad.

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Jesús se enfrentó al mal, se le presentaron caminos y muy atractivos (“apetitosos”) para

cualquier ser humano, pero que le alejaban del sueño de su Abbá. Luchó y eligió vivir la

voluntad de su Padre. Ojalá el evangelio de hoy nos ayude a darnos cuenta de los caminos

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que se abren a nuestros pies y aprendamos a elegir bien, como Jesús, nuestro hermano

mayor.

El Evangelio en las TIC’s

http://youtu.be/hIBXBdRzVv8

tentaciones, 7 minutos, dibujos con estilo muy cercano a los

niños.

http://youtu.be/VxLEqRRj17o

“Jesús en el desierto tentado por el demonio”, el texto y las

imágenes resaltan la experiencia de desierto. 4 minutos, puede ser útil para secundaria.

http://youtu.be/prxuI1MW_R4

Canción “Busco algo más”, de Nico Montero, para los

mayores. 3,58 minutos. Nos puede ayudar a ver las “tentaciones” que nos amenazan y hacen

raquíticas nuestras búsquedas. Podemos establecer un paralelismo entre la letra de la

canción y el sentido más hondo del evangelio y de la misión de Jesús.

Pistas para acoger la Palabra

1.

Personalmente

Después de leer el evangelio y acoger su mensaje, dejando que cuestione nuetsra vida,

podemos plantearnos la forma en que queremos vivir este nuevo tiempo de Cuaresma.

Si queremos orientar a nuestros alumnos, es importante que antes lo hagamos

personalmente. Tambien a nosotros nos pueden ayudar los comentarios y materiales de este

evangelio y todos los ofrecidos en la intranet.

Para acoger la Cuaresma como un DON, podemos recordar el Mensaje del papa para

esta Cuaresma: “La Palabra es un DON. El otro es un DON”

2.

En la clase

Es importante que el tiempo de Cuaresma no pase desapercibido y que lo vivamos en

referencia a la Pascua. Disponemos ya de abundantes materiales en la intranet y en

Classroom, por lo que aquí solo os ofrecemos alguna pista para leer y acoger este texto del

evangelio.

-

Podemos dialogar sobre el significado de la palabra TENTACION y descubrir y

nombrar las tentaciones más habituales en nuestra vida. ¿Qué tentaciones

experimentamos en la familia, con los amigos, en el colegio, en la TV, etc.?

-

También podemos presentar la tentación como una “invitación sugerente” que

intenta atraer nuestra atención y convencernos de lo bueno que es aquello que nos

propone. En esta clave pedimos a los niños que elaboren “invitaciones sugerentes”

que atraigan a los demás a vivir como Jesús: amando a todos, ocupándose de los que

nos necesitan, orando, perdonando, etc.

3.

En la familia

Después de leer el texto y sus comentarios podemos dialogar sobre lo que más nos

ha sorprendido, lo que no entendemos, lo que más nos ha gustado…

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Es importante que, como grupo de adultos, y en familia, nos planteemos las muchas

cuaresmas vividas y cómo queremos que sea esta que vamos a empezar. Podemos

buscar gestos, detalles, hechos concretos que nos ayuden a recordarlo en casa.

¿Qué tentaciones se nos presentan habitualmente? ¿Qué solemos hacer ante ellas?

¿Cuál es nuestra experiencia de desierto? ¿Qué tiempos podemos reservar esta

Cuaresma para vivirla de verdad?

Podemos terminar leyendo algunas frases que nos parezcan más sugerentes del

Mensaje del Papa para esta Cuaresma, que os adjuntamos.

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Mensaje del santo padre Francisco para la Cuaresma 2017

“LA PALABRA ES UN DON. EL OTRO ES UN DON”.

“Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19- 31).

Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

1. El otro es un don La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21).

El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado. La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano. Lázaro nos enseña que el otro es un don.

La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido.

La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

2. El pecado nos ciega La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico. Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19).

En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia. El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico.

En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz. La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su

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personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención.

El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación. Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

3. La Palabra es un don El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7). También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios.

Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios. El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua.

Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes. La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos.

En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31). De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios.

Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano. Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor –que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador– nos muestra el camino a seguir.

Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

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