GASTROENTEROLOGIA
Y HEPATOLOGIA
PUBLICACIÓN OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA PARA EL ESTUDIO DEL HÍGADO,
DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE GASTROENTEROLOGÍA, DE LA ASOCIACIÓN LATINOAMERICANA
PARA EL ESTUDIO DEL HÍGADO Y DE LA ASOCIACIÓN INTERAMERICANA DE GASTROENTEROLOGÍA
Volumen 29, Extraordinario 1
Febrero 2006
ASOCIACIÓN LATINOAMERICANA PARA EL ESTUDIO DEL HÍGADO
ISSN: 0210-5705
GASTR
OENTER
OLOGIA Y HEP
A
T
OLOGIA
Febrero 2006, V
olumen 29, Extraordinario 1
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GASTROENTEROLOGÍA Y HEPATOLOGÍA se distribuye
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XXXI Congreso de la Asociación Española
para el Estudio del Hígado
Madrid, 15-17 de febrero de 2006
JUNTA DIRECTIVA DE LA AEEH
Presidente:
Dr. Vicente Arroyo Pérez
Vicepresidentes:
Dr. Ramon Planas Vila
Dr. Javier Salmerón Escobar
Secretaria:
Dra. Maria Buti Ferret
Vicesecretario:
Dr. Rafael Bañares Cañizares
Tesorero:
Dr. Luis Ruiz del Árbol Olmos
Vocales:
Dra. Paloma Jara Vega
Dr. José Antonio Pons Miñano
Dr. Jorge Quiroga Vila
Dr. Manuel Rodríguez García
Dr. Manuel Romero Gómez
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA AEEH
Dr. Raúl Andrade Bellido
Dr. Joan Córdoba Cardona
Dr. Francisco J. G
a-Samaniego Rey
Dr. Jordi Muntané Relat
Dr. Martín Prieto Castillo
Dr. Bruno Sangro Gómez Acebo
SUMARIO
Volumen 29, Suplemento 1, Febrero 2006
XXXI Congreso Nacional
de la Asociación Española para
el Estudio del Hígado
Madrid, 15-17 de febrero de 2006
Curso de Postgrado AEEH 2006
Ponencias
Sistema inmunitario inflamatorio en la cirrosis. Relevancia
Patogenia y diagnóstico
de la translocación bacteriana
Moderador: A. Albillos Martínez
A. Albillos Martínez, L. Muñoz Zamarrón, M. Nieto González, M. Ubeda Cantera,A. de la Hera Martínez y M. Álvarez-Mon Soto
1
Detección precoz del carcinoma hepatocelular en pacientes cirróticos
A. Forner, M. Varela, L. Bianchi y J. Bruix5
Síndrome metabólico y progresión de la lesión hepática en la infección
por el virus de la hepatitis C y el hígado graso no alcohólico
C.M. Fernández-Rodríguez, S. Alonso-López, P. López-Serrano, M.L. Gutiérrez, R. Temiño, A. Barbado, J.L. Lledó-Navarro, M.T. Pérez-Fernández, G. Cacho y M. Nevado
9
Avances en la patogenia del síndrome hepatorrenal
M. Guevara, M.E. Baccaro y M. Martín-Llahí15
Avances en la patogenia y el diagnóstico de la encefalopatía hepática
B. Mínguez y J. Córdoba19
Tratamiento
Selección de candidatos y criterios de eficacia del tratamiento antiviral
Moderador: X. Forns
en la hepatitis C crónica. Valor de la respuesta virológica precoz
X. Forns y J.M. Sánchez-Tapias
25
Manejo de los efectos adversos del tratamiento antiviral en la hepatitis
crónica C
J. García-Samaniego
31
Tratamiento actual de la hepatitis B crónica: monoterapia frente al
tratamiento combinado
M. Buti y R. Esteban
37
Estrategia terapéutica en la hepatitis autoinmune
M. Trapero-Marugán, L. García-Buey y R. Moreno-Otero43
Tratamiento del episodio agudo de hemorragia digestiva varicosa
C. Villanueva, C. Aracil, J.M. López-Balaguer y J. Balanzó49
GASTROENTEROLOGIA
Y HEPATOLOGIA
Trasplante
Manejo del paciente con cirrosis hepática en lista de espera
Moderador: M. de la Mata
de trasplante
M. de la Mata, P. Barrera, E. Fraga, J.L. Montero, G. Costán, J. Muntané, P. López-Cillero, J. Briceño, J.L. Domínguez y A. Poyato
57
Trasplante de donante vivo en el paciente con hepatocarcinoma
J. Fuster, R. Charco, C. Fondevilla, J.M. Llovet, J. Ferrer, D. Calatayud, J. Bruix y J.C. García-Valdecasas61
Receptores de trasplante hepático de alto riesgo
V. Cuervas-Mons Martínez65
Tratamiento de la recurrencia de la infección viral tras el trasplante
hepático
M. Berenguer
70
Neoplasias postrasplante: estrategias de vigilancia y diagnóstico
temprano
J.I. Herrero
75
Curso de Hepatología Básica
Mecanismos de muerte celular y relevancia en hepatología
Moderador: J. Muntané
J.C. Fernández-Checa81
Mecanismos moleculares de la progresión tumoral inducida por
la proteína HBx del virus de la hepatitis B
E. Lara-Pezzi, P.L. Majano, F. Molina-Jiménez, A. Maldonado-Rodríguez, I. Benedicto, R. Moreno-Otero y M. López-Cabrera
89
Contribución de la ciclooxigenasa-2 a las afecciones del hígado:
inhibición de la apoptosis en las células hepáticas
A. Fernández-Martínez, R. Mayoral-Moñibas, R. Roy-Barcelona y P. Martín-Sanz
95
Progresión de la esteatohepatitis a cirrosis. Papel del estrés oxidativo
y la muerte celular
J.A. Solís-Herruzo 101Comunicaciones presentadas
111en el Congreso
GASTROENTEROLOGIA
Y HEPATOLOGIA
XXXI CONGRESO NACIONAL DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA
PARA EL ESTUDIO DEL HÍGADO
INTRODUCCIÓN
Clásicamente se ha considerado que la participación del
sistema inmunitario en la cirrosis se restringía a 2
aspec-tos: la etiopatogenia de la necrosis hepatocitaria y la
hi-pergammaglobulinemia y la elevada predisposición a
in-fecciones bacterianas que presentan algunos de estos
pacientes. Por ello, los estudios realizados se centraron en
analizar las bases celulares de la alteración del sistema
in-munitario en esta enfermedad. Se observó que las células
T presentaban diferentes patrones de secreción de
citoci-nas que favorecían la diferenciación de los linfocitos B a
células plasmáticas productoras de distintos isotipos de
inmunoglobulinas en función de la etiología de la
cirrosis
1. Otros grupos encontraron una reducida
capaci-dad fagocítica en los monocitos de los pacientes más
sus-ceptibles a las infecciones, una sensibilidad aumentada de
estos monocitos al estímulo con componentes de la pared
bacteriana y alteraciones en la actividad citotóxica de las
células natural killer (NK) de estos pacientes. También se
realizaron diversos estudios encaminados a analizar
des-criptivamente parámetros inmunológicos tales como la
distribución de subpoblaciones linfocitarias, la activación
leucocitaria y la expresión de moléculas de adhesión
de-tectada en la sangre periférica o los valores séricos de
mediadores solubles.
En los últimos años, este concepto de cirrosis se ha
modi-ficado y ampliado, y se ha pasado a considerar que las
al-teraciones del sistema inmunitario observadas en los
pa-cientes con cirrosis no son sólo una consecuencia del
daño hepático, sino que también participan en la
etiopato-genia, la progresión y las manifestaciones clínicas de la
enfermedad. En este sentido se ha demostrado que,
inclu-so cuando ya se encuentra establecida, la cirrosis es un
proceso dinámico en el que el sistema inmunitario se
en-cuentra sometido a una estimulación anormal que pudiera
favorecer su participación en la elevada predisposición a
infecciones bacterianas, en las alteraciones
hemodinámi-cas o en la respuesta inflamatoria del hígado y de otros
órganos.
Desde un punto de vista teórico, varios son los
mecanis-mos etiopatogénicos potencialmente implicados en la
al-teración del sistema inmunitario en la cirrosis. Entre
ellos: a) la intolerancia a antígenos propios, esto es, una
respuesta autoinmunitaria; b) la modificación de los
pro-pios antígenos hepáticos por virus hepatotropos o tóxicos;
o c) por las alteraciones del medio interno debidas a
ano-malías metabólicas y neuroendocrinas propias de la
insu-ficiencia hepática y, por último, d) agentes o productos
bacterianos que hayan accedido al organismo del paciente
cirrótico. En la cirrosis existe una tasa elevada de
translo-cación bacteriana a los ganglios linfáticos mesentéricos y
un aumento de la permeabilidad intestinal
2,3, por lo que
nos centramos en el potencial impacto del acceso de los
gérmenes entéricos al organismo y de su interacción con
el sistema inmunitario del paciente con cirrosis.
TRANSLOCACIÓN BACTERIANA EN LA CIRROSIS
La cirrosis avanzada, experimental y humana, se
caracte-riza por una alta tasa de translocación bacteriana a los
ganglios linfáticos mesentéricos secundaria al daño en la
barrera intestinal
2-4. Se ha constatado en cirrosis
experi-mental y humana el sobrecrecimiento de los
microorga-nismos de la luz intestinal, una elevada permeabilidad de
la barrera intestinal y un sistema inmunitario alterado en
el territorio esplácnico.
Tanto los pacientes como los modelos experimentales de
cirrosis presentan alteraciones en la función motriz
coor-dinada del intestino delgado, probablemente por una
ele-vada actividad adrenérgica, lo que genera un retraso en el
Correspondencia: Dr. A. Albillos Martínez.
Servicio de Gastroenterología. Hospital Ramón y Cajal. Ctra. de Colmenar, km 9,100. 28034 Madrid. España. Correo electrónico: [email protected]
Sistema inmunitario inflamatorio en la cirrosis.
Relevancia de la translocación bacteriana
A. Albillos Martíneza,b, L. Muñoz Zamarrónb, M. Nieto Gonzálezb, M. Ubeda Canterab, A. de la Hera Martínezb
y M. Álvarez-Mon Sotob
aServicio de Gastroenterología. Hospital Ramón y Cajal. Universidad de Alcalá. Madrid.
bLaboratorio de Enfermedades del Sistema Inmune. Unidad I+D asociada al Centro Nacional de Biotecnología (CSIC). Departamento de Medicina.
Universidad de Alcalá. Madrid. España.
tránsito intestinal y favorece el sobrecrecimiento de las
enterobacterias en la luz del intestino
2. Se ha propuesto
que el estrés oxidativo en la pared intestinal, la elevada
actividad del sistema nervioso simpático y la elevada
pro-ducción de óxido nítrico son algunos de los factores que
podrían favorecer la dismotilidad intestinal en la cirrosis.
La cirrosis también se asocia con alteraciones
estructura-les y funcionaestructura-les de la mucosa intestinal que podrían
in-crementar la permeabilidad del intestino. No existen
evi-dencias experimentales claras que confirmen si la
congestión de la mucosa, la inflamación de la submucosa
o el edema que se producen en la pared intestinal en la
ci-rrosis son la causa o el resultado de la translocación
bac-teriana. Estudios en modelos experimentales de cirrosis
han determinado que se produce un estrés oxidativo en la
mucosa del intestino delgado caracterizado por una
eleva-da activieleva-dad xantina oxieleva-dasa y un estado antioxieleva-dante
al-terado, una incrementada peroxidación lipídica del borde
en cepillo y un transporte intestinal anormal
5, que son
cambios similares a los observados en otros modelos
ex-perimentales con elevadas frecuencias de translocación
bacteriana.
El concurso de estos 2 mecanismos, sobrecrecimiento
bacteriano y aumento de la permeabilidad intestinal, en
un individuo inmunocompetente no es suficiente para el
establecimiento de la translocación bacteriana, dado que
el sistema inmunitario es capaz de captar las bacterias y
transportarlas al ganglio linfático mesentérico de drenaje,
donde se activa una respuesta inmunitaria local que aclara
los microorganismos y evita su proliferación y su
poste-rior entrada en la circulación. Sin embargo, la reducida
capacidad bacteriostática y opsónica en el suero, así como
el defecto en la capacidad fagocítica de los neutrófilos y
en la efectora de otras células inmunocompetentes que
presentan tanto los pacientes como los modelos
experi-mentales de cirrosis, podría favorecer la llegada de estas
bacterias al ganglio linfático mesentérico y su paso a la
circulación. Estudios en modelos experimentales han
de-mostrado reducidas cantidades de las proteínas del
com-plemento en el suero de ratas cirróticas con ascitis, lo que
deterioraría la capacidad fagocítica y opsónica del
siste-ma inmunitario. Esto también se ha detectado en
pacien-tes cirróticos, en los que, además, se correlacionaba con
una reducida capacidad de síntesis de proteínas del
híga-do. Asimismo, la hiperemia esplácnica que acompaña a la
hipertensión portal en la cirrosis altera el rodamiento, la
adherencia y la migración de las células fagocíticas, lo
que dificulta aún más el aclaramiento de las bacterias.
FUNDAMENTOS DE LA RESPUESTA INMUNITARIA CONTRA LOS PATÓGENOS
Hay numerosos indicios de que los productos bacterianos
entéricos podrían promover la activación del sistema
in-munitario en la cirrosis. En este sentido se ha demostrado
la relación entre la activación del sistema inmunitario y la
translocación de bacterias a los ganglios linfáticos
mesen-téricos, la reducción de este estado de activación tras la
descontaminación intestinal con antibióticos y su
asocia-ción con un elevado riesgo de infecciones bacterianas
es-pontáneas en los pacientes con elevada concentración
plasmática de proteína de unión al lipopolisacárido
(lipo-polysaccharide binding protein, LBP)
6-10.
Una vez que las bacterias atraviesan la pared intestinal,
son detectadas por las células de la estirpe
monocito-den-drítica localizadas en la lámina propia de la mucosa del
intestino, que se activan y fagocitan los
microorganis-mos
11. Pero no sólo las bacterias son capaces de provocar
la activación de las células fagocíticas, también los
pro-ductos bacterianos son capaces de generar una respuesta
innata local
12. Esta activación de la respuesta innata
de-pende del reconocimiento específico de moléculas
alta-mente conservadas en la superficie de los patógenos,
de-nominadas «patrones moleculares asociados a patógenos»
(pathogen-associated molecular patterns, PAMP), entre
los que se encuentra, por ejemplo, el lipopolisacárido
(LPS, endotoxina) bacteriano, que la mayor parte de las
células mononucleares reconocen por medio de
recepto-res de reconocimiento de patrón policlonales
13. De éstos,
existe una familia de 11 receptores identificados
reciente-mente que reciben el nombre de receptores de tipo Toll
(Toll like receptors, TLR), de los cuales los TLR 2, 4 y 9
son los más relevantes. El LPS, componente de la pared
celular de bacterias gramnegativas transportado en
plas-ma por el LBP, se une al receptor CD14 que expresan los
monocitos, lo que, a su vez, facilita la posterior
interac-ción de ambas moléculas con el TLR 4 en la superficie de
estas células. La señalización por esta vía induce en los
monocitos la activación del factor de transcripción
NF-kB, lo que desemboca en la liberación de citocinas
proin-flamatorias, como el factor de necrosis tumoral (TNF) a,
la interleucina (IL) 1b y la IL-6, y de quimiocinas, la
libe-ración del dominio extracelular del receptor CD14 y la
expresión de moléculas coestimuladoras como el CD80 y
el CD86 y de moléculas de MHC I y II.
Tras la activación y fagocitosis de las bacterias por las
cé-lulas de la estirpe monocito-dendrítica, éstas migran al
ganglio linfático mesentérico local, donde presentan los
péptidos protéicos de las enterobacterias ya procesados a
las células T vírgenes, que se encuentran continuamente
recirculando por los órganos linfoides secundarios. Si las
células T cooperadoras reconocen su antígeno específico,
se activan. También las células B dejan de recircular por
los ganglios linfáticos cuando encuentran su antígeno
es-pecífico, y quedan allí retenidas. La interacción con las
células T cooperadoras activadas favorece la activación
de las células B, y se establece así lo que se conoce como
un foco primario de expansión clonal, en el que ambos
ti-pos de linfocitos proliferan. Parte de las células T
coope-radoras activadas quedan retenidas en el ganglio linfático
mesentérico, mientras que otras salen a la circulación
para desde allí, guiadas por quimiocinas y moléculas de
adhesión recién expresadas, alcanzar el tejido periférico
inflamado de donde procedía el antígeno que las activó
14.
Una de las citocinas liberadas como consecuencia de la
presentación antigénica en el ganglio linfático
mesentéri-co es el TNFa. El TNFa posee una función reguladora en
la superficie de las células accesorias, los linfocitos T, B
ALBILLOS MARTÍNEZ A, ET AL. SISTEMA INMUNITARIO INFLAMATORIO EN LA CIRROSIS. RELEVANCIA DE LA TRANSLOCACIÓN BACTERIANA
y NK, y las células polimorfonucleares. Esta citocina,
además, es capaz de producir estrés y daño en las células
parenquimatosas que causan la generación de reactantes
inflamatorios. El TNFa también ejerce una acción
morfo-génica en los ganglios linfáticos, que favorece la
coopera-ción entre células accesorias, macrófagos y linfocitos. Por
lo tanto, la liberación local de esta citocina participa en la
defensa del tejido infectado. Sin embargo, si las bacterias
consiguen burlar los sistemas de defensa y alcanzan la
sangre, los mismos mecanismos por los que el TNFa
contiene la infección local de forma tan eficaz pueden ser
letales a nivel sistémico. La sepsis se acompaña de la
li-beración masiva de TNFa y de otras citocinas
proinfla-matorias en el bazo, el hígado y otras localizaciones, lo
que ocasiona la vasodilatación y la pérdida de volumen
plasmático por aumento de la permeabilidad vascular que
conducen, en última instancia, al shock.
CONTRIBUCIÓN DE LAS BACTERIAS ENTÉRICAS A LAS ALTERACIONES DE LOS MEDIADORES SOLUBLES DEL SISTEMA INMUNITARIO EN LA CIRROSIS
En la cirrosis, principalmente en sus fases más avanzadas,
se ha objetivado un aumento de citocinas
proinflamato-rias, en particular TNFa
6-8,10,15-17. Las ratas cirróticas con
translocación bacteriana muestran mayor concentración
sérica de esta citocina que aquellas sin traslocación
6.
Asi-mismo, los pacientes cirróticos con más TNFa en los
ganglios mesentéricos son los que también presentan
ma-yor concentración circulante de esta citocina
8. Estas
rela-ciones indican que la producción mesentérica de TNFa
contribuye a incrementar su cantidad circulante en la
ci-rrosis y señalan la relevancia patogénica que en este
au-mento desempeñan las bacterias entéricas.
Los pacientes cirróticos en los que el paso a la circulación
de LPS y de productos bacterianos es más frecuente son
los que presentan concentraciones séricas más elevadas de
TNFa, IL-6 y otras citocinas proinflamatorias y las
ano-malías hemodinámicas más acentuadas. Estos pacientes se
identifican por un aumento de LBP circulante o por la
pre-sencia en sangre de ADN bacteriano
7,17-19. De hecho, los
pacientes cirróticos con ascitis en los que se encuentra
au-mentada la concentración sérica de LBP presentan más
ci-tocinas proinflamatorias circulantes
7. La
descontamina-ción intestinal con norfloxacino en pacientes cirróticos
normaliza la concentración sérica de LBP y reduce la
cir-culación de citocinas, lo que sustenta la importancia de las
bacterias entéricas en la patogenia de estas alteraciones
7.
Otros mediadores solubles que se encuentran elevados en
la cirrosis, incluso en ausencia de infección bacteriana
clínicamente evidente, son la IL-1b, la IL-8, el interferón
(IFN)
g, la IL-12 y la IL-18, receptores solubles como el
sTNFRI y el sTNFRII, el receptor de la IL-1b y el de la
IL-6 y citocinas antiinflamatorias como la IL-10
7,15,16.
Di-versas evidencias clínicas y experimentales señalan que
las elevadas concentraciones de estos mediadores
solu-bles pueden contribuir al mantenimiento o incluso al
pro-greso de la enfermedad, y con ello al desarrollo de sus
manifestaciones más características, como el síndrome de
circulación hiperdinámica y la ascitis.
Es importante reseñar que los pacientes y los modelos
ex-perimentales de cirrosis con un estado proinflamatorio
sistémico más acentuado son los que muestran un mayor
deterioro hemodinámico
6,7. El nexo entre ambas
alteracio-nes probablemente sea la capacidad del TNFa y de otras
citocinas proinflamatorias de estimular la síntesis
endote-lial de óxido nítrico, lo que contribuye a agravar la
vaso-dilatación sistémica y el estado circulatorio
hiperdinámi-co en la cirrosis. A su vez, demuestra la relación de las
bacterias entéricas con estas alteraciones el hecho de que
la administración de norfloxacino reduce la translocación
de bacterias gramnegativas a ganglios linfáticos
mesenté-ricos, la concentración sérica de TNFa y la actividad de
la óxido nítrico sintetasa endotelial e inducible de la aorta
en ratas cirróticas
20, y disminuye la concentración sérica
de nitratos y nitritos y atenúa el estado circulatorio
hiper-dinámico en pacientes con cirrosis
7,21.
CONTRIBUCIÓN DE LAS BACTERIAS ENTÉRICAS A LAS ALTERACIONES DE LOS ELEMENTOS CELULARES DEL SISTEMA INMUNITARIO EN LA CIRROSIS
Una profunda alteración en la distribución y el estado de
activación de las células inmunitarias subyace en el
au-mento de mediadores solubles del sistema inmunitario
in-flamatorio observado en pacientes y en modelos
experi-mentales de cirrosis
10,17. Dicha alteración se caracteriza
por la polarización Th1 de las células T circulantes a la
producción de IFNg, y la activación de los monocitos a la
secreción de TNFa. La población de monocitos
circulan-tes se encuentra significativamente expandida y exhibe
una mayor expresión de moléculas de MHC de clase II,
así como de moléculas de membrana implicadas en la
ac-tivación de los linfocitos T y en la regulación del tráfico
sanguíneo y de la distribución celular. El compartimento
de células T circulantes se encuentra retraído. En el caso
de las células Th, esta disminución ocurre principalmente
a expensas de las células vírgenes y en el de las células T
citotóxicas, a expensas tanto de las células vírgenes como
de las activadas/memoria
10,17.
Este estado de activación del sistema inmunitario
infla-matorio a nivel sistémico se inicia en el territorio
esplác-nico como consecuencia de la interacción de las células
inmunitarias del ganglio linfático mesentérico con las
bacterias o productos bacterianos de origen entérico que
se translocan
10. Ello produce una respuesta de los brazos
innato y adquirido del sistema inmunitario entérico, tal y
como lo demuestra la intensa expansión y activación de
las células T y B y los monocitos. Posteriormente, la
re-circulación de estas células inmunitarias activadas
extien-de la inflamación a la circulación sistémica. Esta
afirma-ción se sustenta en la ausencia de signos de activaafirma-ción de
las células del sistema inmunitario en los ganglios
linfáti-cos periférilinfáti-cos, como los axilares, carentes de relación de
drenaje con el lecho esplácnico; en los perfiles
inmunofe-notípicos de las células T de los ganglios linfáticos
me-ALBILLOS MARTÍNEZ A, ET AL. SISTEMA INMUNITARIO INFLAMATORIO EN LA CIRROSIS. RELEVANCIA DE LA TRANSLOCACIÓN BACTERIANA
sentéricos y de sangre periférica, y en la mayor intensidad
de la activación de las células inmunitarias en el ganglio
mesentérico que en la circulación periférica. La
desconta-minación intestinal con antibióticos atenúa estas
altera-ciones en la distribución y el estado de activación de las
células del sistema inmunitario mesentérico y sistémico,
lo que indica la relevancia del estímulo bacteriano de
ori-gen entérico en su patoori-genia
10,17.
BIBLIOGRAFÍA
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ALBILLOS MARTÍNEZ A, ET AL. SISTEMA INMUNITARIO INFLAMATORIO EN LA CIRROSIS. RELEVANCIA DE LA TRANSLOCACIÓN BACTERIANA
XXXI CONGRESO NACIONAL DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA
PARA EL ESTUDIO DEL HÍGADO
INTRODUCCIÓN
En los últimos años se ha constatado que la incidencia de
carcinoma hepatocelular (CHC) ha aumentado en
diver-sas áreas geográficas, entre ellas Europa y Estados
Uni-dos
1,2. La incidencia de CHC es variable (10
ca-sos/100.000 habitantes en España) y los factores de riesgo
en cada localización dependen de la prevalencia de
di-chos agentes en la población general. En cualquier caso,
alrededor de un 90% de los casos asientan en cirrosis
he-pática y la mayor parte tiene relación con una infección
por los virus de la hepatitis B o C y/o ingesta excesiva de
alcohol. Diversos estudios de cohortes indican que
actual-mente el CHC es la causa principal de muerte en
pacien-tes con cirrosis
3y ello ha motivado un incremento del
in-terés clínico por los aspectos diagnósticos y de
tratamiento de esta neoplasia. Por ello, tanto la European
Association for the Study of the Liver (EASL) en 2001
4como la American Association for the Study of Liver
Di-seases (AASLD) en 2005
5han elaborado documentos
para guiar el proceso diagnóstico y terapéutico de los
pa-cientes con CHC. En esta revisión se exponen las
reco-mendaciones actualizadas para detectar precozmente esta
neoplasia y los criterios de diagnóstico a emplear para
confirmar la naturaleza maligna de un nódulo hepático en
un paciente cirrótico.
SEGUIMIENTO DE PACIENTES CIRRÓTICOS Y DETECCIÓN PRECOZ DE CHC
La relación entre cirrosis hepática y CHC identifica
ine-quívocamente la población de riesgo para esta neoplasia
y, por tanto, indica los sujetos en quienes se debe basar la
detección precoz. Obviamente, hay que tener en cuenta
que el objetivo de los planes de detección precoz es
de-tectar el tumor en fases iniciales, en los que la aplicación
de tratamiento eficaz se traducirá en un aumento de la
su-pervivencia. Por tanto, si un paciente presenta unas
carac-terísticas que van a llevar a no efectuar tratamiento si se
diagnostica un CHC, no tiene ningún sentido el
segui-miento intencionado. Ello es especialmente evidente en
los pacientes en los que la cirrosis ha evolucionado a
fa-ses avanzadas (Child-Pugh C). En estos pacientes, la
úni-ca opción terapéutiúni-ca es el trasplante por disfunción
hepá-tica, independientemente de la presencia o ausencia de
CHC. Por tanto, no se debe cribar a los pacientes
cirróti-cos en estadio Child-Pugh C o los que tienen
enfermeda-des asociadas que van a impedir el tratamiento.
Existe un único estudio aleatorizado que evalúa el
impac-to del cribado de CHC
6. Dicho estudio se efectuó en
Chi-na con resultados positivos y no existe uChi-na investigación
similar en el mundo occidental. Por tanto, la
recomenda-ción de efectuar seguimiento intencionado para la
detec-ción de CHC y la aplicadetec-ción de tratamiento se basa en
este único estudio, en el análisis de múltiples cohortes de
pacientes cirróticos
7y en la opinión de expertos
5. A pesar
de estas limitaciones, todos los datos indican un impacto
beneficioso de los planes de cribado en pacientes
cirróti-cos y debe señalarse que la única opción de aplicar un
tra-tamiento eficaz es alcanzar un diagnóstico precoz en fase
asintomática. Por otra parte, la única estrategia para
au-mentar la eficacia de los tratamientos de que se dispone
es incrementar el número de pacientes tratados en fase
inicial y progresivamente refinar la selección de
candida-tos para cada tratamiento y su forma de aplicación.
INTERVALO DE EXPLORACIÓN
Los datos referentes a velocidad de crecimiento tumoral y
progresión hasta un tamaño detectable por técnicas de
imagen y por tanto, de posible diagnóstico y tratamiento
son limitados. Series antiguas sugieren que el tiempo para
doblar volumen tumoral oscila entre 2 y 4 meses
8,9y esta
cifra aporta la base racional para un cribado cada 6
me-Correspondencia: Dr. J. Bruix.
Oncología Hepática. Unidad de Hepatología. Hospital Clínic. Villarroel 170. 08036 Barcelona. España.
Correo electrónico: [email protected]
Detección precoz del carcinoma hepatocelular en pacientes
cirróticos
A. Forner, M. Varela, L. Bianchi y J. Bruix
Oncología Hepática. Unidad de Hepatología. Hospital Clínic. Universidad de Barcelona. Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer. Barcelona. España.
ses. Algunos análisis retrospectivos proponen que no hay
diferencias entre cribar cada 6 o cada 12 meses, pero en
general se recomienda el control semestral. De hecho, ése
es el intervalo en el estudio aleatorizado procedente de
China
6. En Japón se recomienda un intervalo de 3-4
me-ses y algunos autores mantienen que los pacientes de alto
riesgo deberían examinarse más frecuentemente. No
obs-tante, no existen datos que demuestren que a mayor
ries-go haya mayor velocidad de crecimiento tumoral y, por
tanto, no se halla justificado modificar el intervalo en
función del riesgo oncogénico. El riesgo mínimo para
ini-ciar la criba se alcanza al establecerse la cirrosis hepática
y se incrementa a medida que se deteriora la función
he-pática y aparecen complicaciones relacionadas, como la
ascitis, la hemorragia por varices esofágicas o la
encefa-lopatía. En general, la probabilidad de que se desarrolle
un CHC en pacientes cirróticos a los 5 años de
segui-miento se halla alrededor del 20%
5. El sexo masculino y
la edad mayor de 50 años también se asocian a mayor
riesgo, al igual que ocurre si existen concentraciones
ele-vadas de alfafetoproteína (AFP). Parámetros de anatomía
patológica como mayor actividad inflamatoria y
regene-rativa, o detección de células displásicas también se han
asociado a mayor incidencia de CHC, pero no pueden
uti-lizarse en la práctica habitual, dado que requieren la toma
de biopsias a lo largo de la evolución. En cualquier caso,
y como ya se ha mencionado anteriormente, una mayor
probabilidad de CHC no implica la necesidad de
modifi-car la pauta de cribado, y las diferentes categorías de
ries-go únicamente son relevantes si se pretende realizar
estu-dios de prevención.
INSTRUMENTOS PARA CRIBADO
Durante años, se ha recomendado basar la detección
pre-coz en la realización de la ecografía abdominal (US)
aso-ciada a la determinación de AFP. No obstante, en el
mo-mento en que la sensibilidad de la US para detectar
lesiones focales ha alcanzado prácticamente el 90% en
le-siones > 1 cm, el papel de la AFP se ha reducido de
ma-nera absoluta. Se sabe que la sensibilidad diagnóstica de
la AFP depende de la carga tumoral y que, en general,
menos de un 25% de los tumores de tamaño inferior a 3
cm tendrán concentraciones elevadas
5,10,11. Si se tiene en
cuenta que los pacientes con cirrosis hepática pueden
pre-sentar elevaciones transitorias de la AFP sin desarrollo de
cáncer, es obvio que la baja sensibilidad se acompañará
de una reducción de la especificidad. Por tanto, debe
con-siderarse que la AFP es en la actualidad un mal
instru-mento de criba y que la técnica principal debe ser la US.
La combinación de US y AFP no es superior a la US
ais-lada y además conlleva mayor gasto y falsos positivos
5.
Obviamente, la US debe efectuarse por personal con la
capacitación suficiente y con el equipamiento adecuado.
Si no se dispone de tal estructura, puede recurrirse a la
AFP, pero la rentabilidad será baja. Se han propuesto
otros marcadores como la fracción de AFP ligada a
lecti-na
12o PIVKA
13, pero ambos adolecen de los mismos
de-fectos que la AFP y en general no pueden competir con la
fiabilidad de la US. Nuevos marcadores, como el
glipican
14, han ofrecido resultados prometedores que se
debe validar. Grandes expectativas se han generado por la
posible utilidad de la proteómica en la sangre periférica
15,
pero evidentemente esta opción se halla aún lejos de la
realidad clínica.
En resumen, el cribado para CHC debe basarse en la
reali-zación de US cada 6 meses. Su sensibilidad excede el 80%
en manos expertas y su especificidad se halla alrededor
del 90%. Debe señalarse que en fases iniciales el patrón
más habitual es en forma de nódulo hipoecoico (fig. 1),
pero en algún caso el CHC puede aparecer como un
nódu-lo hiperecogénico indistiguible de un angioma. Este
pa-trón se debe a la acumulación de grasa en el citoplasma
16y, por tanto, la detección de un nódulo en el seno de un
hí-gado cirrótico debe motivar la sospecha de CHC.
La capacidad de la US disminuye en individuos obesos,
lo que ha llevado a proponer estrategias basadas en la
to-mografía computarizada (TC) o la resonancia magnética
(RM). No existen datos fiables con esta metodología,
pero hay reservas por el coste económico, la irradiación
excesiva de forma repetida y la más que probable
detec-ción de hallazgos no relacionados con el CHC que
moti-varían un coste excesivo sin impacto clínico.
CONFIRMACIÓN DIAGNÓSTICA
Como se ha comentado previamente, la detección de un
nódulo sólido en el seno de un hígado cirrótico debe
mo-tivar la sospecha de CHC independientemente de su
ta-maño y aspecto. No obstante, en nódulos menores de 1
cm se considera que es imposible alcanzar un diagnóstico
de certeza y que lo más aconsejable es efectuar controles
periódicos (cada 3-4 meses) con objeto de detectar su
cre-cimiento por encima de 1 cm o su desaparición. No
exis-ten datos sólidos en esta situación, pero se sabe que en
al-FORNER A, ET AL. DETECCIÓN PRECOZ DEL CARCINOMA HEPATOCELULAR EN PACIENTES CIRRÓTICOS
Fig. 1. Nódulo hipoecoico de 20 mm de diámetro en el seno de un híga-do cirrótico. La detección de este tipo de nódulos de pequeño tamaño es el objetivo de los planes de detección precoz. Dado que se trata de le-siones en un estadio precoz de desarrollo, las distintas opciones de tra-tamiento (resección, trasplante o ablación percutánea) obtendrán su máxima eficacia a largo plazo.
gún caso los nódulos desaparecerán y en otros
progresa-rán hasta un CHC, lo que obliga a un seguimiento más
es-trecho para descartar un crecimiento progresivo que
po-dría indicar su naturaleza maligna. Si el tamaño del
nódulo detectado excede 1 cm de diámetro, debe
intentar-se su diagnóstico, el cual puede basarintentar-se en la
confirma-ción mediante biopsia o en la aplicaconfirma-ción de criterios no
invasivos utilizando técnicas de imagen. Debe señalarse
que la biopsia con aguja fina guiada por US posee una
sensibilidad reducida en tumores menores de 3 cm.
Me-nos del 60% de los CHC se confirman mediante biopsia y
el porcentaje es aun menor en tumores de menos de 2 cm.
Ello se debe a que los CHC de pequeño tamaño son
habi-tualmente muy bien diferenciados y frecuentemente es
di-fícil distinguir entre cambios reactivos, displasia de bajo
o alto grado y CHC. De hecho, una biopsia negativa no
descarta un CHC y por ello, si los hallazgos en US, TC o
RM son específicos, puede establecerse el diagnóstico sin
necesidad de biopsia siempre que el nódulo aparezca en
el seno de un hígado cirrótico. La capacidad diagnóstica
de estas técnicas de imagen se basa en el patrón vascular
característico del CHC. En fases iniciales su irrigación es
fundamentalmente venosa, pero durante su progresión
en-tre 1 y 2 cm, se asiste a una intensa neoangiogénesis que
resulta en un patrón vascular de tipo arterial. Esta
irriga-ción se reconoce por una intensa captairriga-ción de contraste
en fase arterial, seguida de un lavado en fase venosa que
resulta en hipodensidad respecto al tejido cirrótico
circun-dante. La guías de práctica clínica de la AASLD y el
pa-nel de expertos de la EASL permiten establecer el
diag-nóstico de CHC si se detecta este tipo de patrón
radiológico con una única técnica de imagen en un
nódu-lo de tamaño superior a 2 cm. Si el tamaño se halla entre
1 y 2 cm, se recomienda registrar un patrón específico
coincidente mediante 2 técnicas de imagen con objeto de
evitar falsos positivos por lecturas controvertidas en
nó-dulos diminutos
5,17-19(tabla I). Si el patrón vascular no es
el característico o los hallazgos no coinciden en las dos
pruebas de imagen realizadas, se recomienda la obtención
de una biopsia.
La AFP es de escasa utilidad. Concentraciones superiores
a 200 ng/ml en presencia de un nódulo hepático en un
hí-gado cirrótico señalan el diagnóstico de CHC en
presen-cia de un patrón vascular característico mediante US con
contraste, TC o RM
10. No obstante, si el patrón vascular
no es característico, el diagnóstico requiere una biopsia
del tumor, ya que las elevaciones de AFP pueden
obser-varse en pacientes con colangiocarcinoma o metástasis de
origen digestivo y, por tanto, si se detecta un patrón
vas-cular no concordante, no se debe considerar específica la
elevación de AFP. Dado que para establecer el
diagnósti-co de extensión en los pacientes diagnósti-con opción terapéutica se
debe disponer de TC o MR, el patrón vascular que se
ob-serve dictaminará si es necesaria una biopsia diagnóstica
independientemente del valor de la concentración de
AFP. Por tanto, la AFP sólo es un instrumento
diagnósti-co que utilizar en pacientes para quienes la ausencia de
perspectivas de tratamiento no justifica ninguna
evalua-ción de la extensión tumoral ni tampoco una catalogaevalua-ción
inequívoca de la estirpe histológica de la neoplasia
hepá-tica.
TRATAMIENTO
En la actualidad se dispone de múltiples alternativas de
tratamiento para los pacientes con CHC. De acuerdo con
el esquema que se sigue en nuestro grupo
20que
reciente-mente ha sido validado por la AASLD, la primera opción
que considerar es la resección quirúrgica. Los candidatos
óptimos son los pacientes con función hepática muy bien
conservada (bilirrubina normal) y gradiente de presión en
vena suprahepática inferior a 10 mmHg. Si estas
circuns-tancias no se cumplen, se debe considerar a los pacientes
para trasplante hepático o tratamiento percutáneo. Debe
tratarse de tumores únicos
≤ 5 cm o hasta un máximo de
3 nódulos < 3 cm. Si se trata de tumores de mayor
tama-ño o extensión, la opción es la quimioembolización
arte-rial, siempre que no haya diseminación extrahepática o
invasión vascular. Si los pacientes no son candidatos a
ninguna de estas opciones y aún presentan un estado
ge-neral conservado (Child-Pugh A/B, estado funcional
≤ 2),
debe considerarse su incorporación a protocolos de
inves-tigación encaminados a evaluar nuevas opciones
terapéu-ticas. Si el estado general o la función hepática se hallan
intensamente deteriorados, únicamente debe aplicarse
tra-tamiento sintomático.
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TABLA I. Criterios diagnósticos de CHC – Confirmación mediante biopsia (citohistología)
– Criterios no invasivos (aplicables en pacientes con cirrosis hepática)
Nódulo > 2 cm: captación arterial con lavado venoso en una técnica Nódulo > 1 cm y ≤ 2 cm: captación arterial con lavado venoso
en dos técnicas
Técnicas de imagen utilizables: ecografía con contraste, tomografía computarizada y resonancia magnética
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FORNER A, ET AL. DETECCIÓN PRECOZ DEL CARCINOMA HEPATOCELULAR EN PACIENTES CIRRÓTICOS
XXXI CONGRESO NACIONAL DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA
PARA EL ESTUDIO DEL HÍGADO
INTRODUCCIÓN
Desde un punto de vista teleológico, es concebible que el
tejido adiposo evolucionara para convertirse en un
reser-vorio energético que garantizara la supervivencia del ser
humano en períodos de hambruna o en situaciones de
es-trés metabólico como la curación de heridas e infecciones
y la reparación de fracturas, procesos que utilizan una
gran cantidad de energía para la movilización y la
oxida-ción de los ácidos grasos que garantizan la formaoxida-ción de
adenosintrifosfato (ATP). En las últimas décadas se han
producido en occidente cambios socioeconómicos que
in-cluye la combinación, por primera vez en la historia, de
un estilo de vida sedentario y la disponibilidad fácil de
alimentos de elevada densidad calórica, lo que ha
origina-do una epidemia de sobrepeso y obesidad en la mayoría
de los países desarrollados (fig. 1) que coexiste,
paradóji-camente, con mil millones de personas subnutridas en el
mundo.
Se estima que la obesidad, especialmente la adiposidad
visceral, incluso en sujetos con índice de masa corporal
normal, se asocia a resistencia a la insulina y es un factor
de riesgo de que se desarrolle la enfermedad hepática
gra-sa no alcohólica (EHGNA), que agrupa a la esteatosis
he-pática simple y a la estatohepatitis no alcohólica (EHNA).
La historia natural de la EHGNA es desconocida, dada la
ausencia de estudios que incluyan biopsias hepáticas
se-riadas en cohortes grandes. En un estudio poblacional,
Adams et al
1estudiaron a 435 pacientes con EHGNA, a
quienes se siguió durante una media de 7,6 años, y la
apa-rición de cirrosis, la mortalidad global y la mortalidad por
hepatopatía fueron del 5, el 12,6 y el 1,7%,
respectiva-mente. La hiperglucemia, la edad avanzada y la cirrosis
fueron los factores independientes asociados con peor
pro-nóstico. En la progresión de hígado graso simple al
desa-rrollo de fibrosis significativa, se cree que la EHNA es un
paso intermedio necesario (fig. 2). La agregación familiar
es frecuente en la EHNA y en la cirrosis criptogénica, lo
que indicaría que los factores genéticos tienen un papel
importante en la progresión a EHNA
2.
LA OBESIDAD COMO ESTADO INFLAMATORIO: ADIPOSIDAD VISCERAL, INFLAMACIÓN CRÓNICA Y RESISTENCIA A LA INSULINA
El exceso de ácidos grasos libres contribuye al inicio de
la resistencia a la insulina; los adipocitos poseen una
capacidad única para almacenar un exceso de ácidos
gra-Los autores declaran que no tienen ninguna vinculación, asociación ni relación contractual que suponga conflicto de interés en relación con el contenido del presente artículo.
Correspondencia: Dr. C.M. Fernández Rodríguez. Unidad de Aparato Digestivo. Fundación Hospital Alcorcón. Av. Budapest, 1. 28990 Alcorcón. Madrid. España. Correo electrónico: [email protected]
Síndrome metabólico y progresión de la lesión hepática
en la infección por el virus de la hepatitis C y el hígado graso
no alcohólico
C.M. Fernández-Rodrígueza, S. Alonso-Lópeza, P. López-Serranoa, M.L. Gutiérreza, R. Temiñoa, A. Barbadoa,
J.L. Lledó-Navarroa, M.T. Pérez-Fernándeza, G. Cachoay M. Nevadob
aUnidad de Aparato Digestivo. Fundación Hospital Alcorcón. Alcorcón. Madrid. España.
bAnatomía Patológica. Fundación Hospital Alcorcón. Alcorcón. Madrid. España.
0 10 20 30 40 50 Total 46-64 30-44 16-29 P orcentaje Edad 3,2 16 9,5 31,4 17 42 11 32
Fig. 1. Prevalencia del sobrepeso (barras oscuras) y obesidad (barras claras) en España por edades (Instituto Nacional de Estadística, 2004).
sos en forma de triglicéridos, mientras que los tejidos no
adiposos, como el hígado, no poseen esta cualidad. Esta
acumulación lipídica en tejidos no adiposos conduce a
re-sistencia insulínica y, en ocasiones, apoptosis
(lipotoxici-dad). Recientemente se ha propuesto que la EHGNA y la
EHNA son las manifestaciones hepáticas del síndrome
metabólico
3. Este síndrome incluye hiperinsulinemia y
re-sistencia a la insulina, obesidad central, hipertensión
arte-rial y dislipidemia (hipertrigliceridemia > 180 mg/dl o
co-lesterol de las lipoproteínas de alta densidad [cHDL] en
suero < 40 mg/dl). Esta hipótesis se ha corroborado por
diversas observaciones clínicas y experimentales, como la
frecuente asociación de resistencia a la insulina e
hiperin-sulinemia en pacientes con EHNA, incluso en sujetos
del-gados sin glucemia basal alterada
3, y la observación de
que la administración del sensibilizante de la insulina
metformina mejora la EHNA en ratones obesos
deficien-tes en la hormona anorexígena leptina (ob/ob)
4.
Sólo recientemente, se ha ido conociendo que el tejido
adiposo también posee funciones neuroendocrinas e
in-munomoduladoras, con diferencias cualitativas en estas
funciones según la grasa sea subcutánea o visceral. Las
funciones del tejido adiposo son básicamente el
almace-namiento (anabólica) y la movilización de lípidos
(cata-bólica). El predominio de cada una de estas dos funciones
depende de la expresión de una variedad de polipéptidos
en el tejido adiposo. Estos péptidos se denominan
adipo-cinas, y se dividen genéricamente en los que promueven
la lipogénesis (adipocinas proinsulínicas) y las que
pro-mueven la lipólisis (adipocinas antiinsulínicas) (tabla I).
La cantidad de nutrientes, el ejercicio físico y factores
hu-morales locales o distantes, así como áreas de
inflama-ción o el tono neural adrenérgico alfa-3, determinan que
acción predomina, y la insulina es un integrador central
de este complejo entramado.
La secreción posprandial de insulina inhibe la lipólisis,
mientras que en momentos de incrementos de la
necesi-dad energética, como la inflamación, el crecimiento o el
embarazo, se produce un aumento de la producción de
ci-tocinas y hormonas contrainsulares que facilitan la
lipóli-sis y el aporte energético en forma de ácidos grasos libres
(AGL); de esta forma, la resistencia a la insulina es una
ruta metabólica vital para la supervivencia.
Los profundos cambios sociológicos producidos en
nues-tro medio, que implican un balance neto positivo de
calo-rías y un aumento del tejido adiposo, frecuentemente
con-FERNÁNDEZ-RODRÍGUEZ CM, ET AL. SÍNDROME METABÓLICO Y PROGRESIÓN DE LA LESIÓN HEPÁTICA EN LA INFECCIÓN POR EL VIRUS DE LA HEPATITIS C Y EL HÍGADO GRASO NO ALCOHÓLICO
Fig. 2. A. Esteatosis macrovacuolar con afección extensa sin que se
ob-serve inflamación relevante (HE, ¥200). B. Cuerpos de Mallory en
célu-las hepatocitarias hidrópicas (flechas grises). Entre elcélu-las se observa un escaso infiltrado inflamatorio con algunos neutrófilos (flechas negras) (HE,¥400). C. Según avanza la lesión, se origina un patrón de fibrosis en el lobulillo muy característico, que en casos extremos llega a aislar pe-queños grupos de hepatocitos e incluso células individuales (Masson,
¥200).
A B
C
dicionan un estado de resistencia a la insulina (RI)
secun-dario principalmente a un defecto en su receptor con
per-sistencia de la lipólisis posprandial. Los AGL son
libera-dos de forma continuada a la circulación y captalibera-dos en
parte por el músculo estriado, donde interfieren con la
se-ñalización intracelular a la insulina por fosforilación del
sustrato del receptor-1 de la insulina (IRS1) en serina en
lugar de en tirosina. Esto empeora la translocación
intra-celular de GLUT4, el transportador de glucosa, y produce
un posterior aumento de la glucemia por incremento de la
glucogenólisis y de la neoglucogénesis. El páncreas
res-ponde con más secreción de insulina, y se produce una
si-tuación de hiperinsulinemia con resistencia a la insulina
(fig. 3).
Los individuos con aumento de la grasa visceral tienen
al-tas concentraciones de la citocina proinflamatoria factor
de necrosis tumoral alfa (TNFa) y escasez de su
antago-nista, la adiponectina
5. El TNFa induce apoptosis e
infla-mación y produce resistencia a la insulina por las cinasas
relacionadas con el estrés, mientras que la adiponectina
inhibe la captación de AGL, promueve la oxidación
mito-condrial beta y mejora la sensibilidad a la insulina
6. Las
concentraciones y la actividad de la adiponectina y el
TNFa se contrarrestan mutuamente. En ratones ob/ob se
ha observado un aumento del cociente
TNFa/adiponecti-na, mientras que el tratamiento con adiponectina mejora
la resistencia a la insulina, la hiperglucemia y la
hepato-megalia y reduce la ALT y el TNFa.
PROGRESIÓN DEL HÍGADO GRASO NO ALCOHÓLICO A EHNA
Se estima que sólo un 5% del total de pacientes con
híga-do graso simple progresa a cirrosis
1. Aunque la
resisten-cia insulínica tiene un papel patogénico central en el
de-sarrollo de la EHGNA y la EHNA, se desconoce la causa
de esta progresión. En 1998 Day et al
8formularon la
teo-ría de los dos impactos. El primer impacto, que origina la
formación de hígado graso, es la resistencia a la insulina;
en esta situación, el hígado es mucho más vulnerable a un
segundo impacto, cualquiera que sea éste. La progresión
de hígado graso a EHNA requiere la mediación de este
segundo impacto, en cuya ausencia la esteatosis
permane-cería estable y, por lo tanto, no progresaría a EHNA. Este
concepto es muy elegante por su sencillez. Un rasgo
co-mún a este segundo impacto serían el estrés oxidativo y la
generación de especies reactivas de oxígeno (ROS), la
ac-tivación de citocinas proinflamatorias, la peroxidación
li-pídica y la fibrogénesis. Como se ha comentado
anterior-mente, el tejido adiposo secreta adipocinas como la
lepti-na, el TNFa, la resistina y la adiponectina. Aunque la
re-sistina inhibe la acción de la insulina en modelos
animales, se desconoce su papel en humanos. En ausencia
de neoplasia o infección, el tejido adiposo es la principal
fuente de TNFa. La adiponectina disminuye a medida
que la EHGNA y la EHNA progresan, de tal manera que
sus concentraciones son significativamente menores en la
EHNA que en el hígado graso simple y en éste que en los
sujetos control, mientras que el TNFa aumenta en ambos
grupos de pacientes en relación con los sujetos control.
Su concentración no difiere entre los pacientes con
EHNA y aquellos con hígado graso simple
9. El receptor
soluble tipo 2 del TNF (sTNF-R2) también aumenta en
los pacientes con EHNA
9. Una vez controlado el efecto
del HOMA-IR en el análisis multivariante, la intensidad
de la hipoadiponectinemia se asocia de forma
indepen-diente a la intensidad de la necroinflamación.
FERNÁNDEZ-RODRÍGUEZ CM, ET AL. SÍNDROME METABÓLICO Y PROGRESIÓN DE LA LESIÓN HEPÁTICA EN LA INFECCIÓN POR EL VIRUS DE LA HEPATITIS C Y EL HÍGADO GRASO NO ALCOHÓLICO
TABLA I.
Adipocinas Resistenciainsulínica Inflamación Lipogénesis Lipólisis
Leptina ´ ≠ Ø Ø
Adiponectina Ø Ø Ø Ø
TNFa ≠ ≠ ≠ ≠
IL-6 ≠ ≠ ´ ≠
Resistina ≠ ? Ø ?
TNF: factor de necrosis tumoral; IL: interleucina.
Hiperinsulinemia Resistencia a la insulina en el
músculo
Ácidos grasos en las células musculares TNFOC/adiponectina
Aumento de la lipólisis visceral Ácidos grasos libres (AGL) Aumento de captación hepática
de ácidos grasos libres (AGL) Resistencia insulínica hepática (activación de PKC- , JNK, I- B-cinasa- [IKK- ], Nf b) AGL CPT-I Citocromo-C ROS TNF -FAS FAS TNF-R1 Aductos de proteínas Aldehídos Peroxidación lipídica IL-8 TGF-Cyp-450 PPAR-NADH NAD FADH FAD Acetil-CoA CO2 (–) O2 -e
-Activación de células estrelladas (fibrogénesis) Polimerización de citoqueratina (hilalina de Mallory) Quimioatracción de neutrófilos (infiltrado PMN)
FAS-L TNF
Fig. 3. Modelo integrado de la patogenia de la EHNA. 03 Supl (09-14) Hígado 27/1/06 08:22 Página 11