Historias de Mujeres en La Veracruz. Etnografías Urbanas. Luisa Fernanda Quintero Cifuentes. Trabajo de Grado para Optar Por el Titulo de Antropóloga

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Texto completo

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Historias de Mujeres en La Veracruz

Etnografías Urbanas

Luisa Fernanda Quintero Cifuentes

Trabajo de Grado para Optar Por el Titulo de Antropóloga

Asesor Guillermo Correa Montoya

Universidad de Antioquia

Facultas de Ciencias sociales y Humanas

Programa de antropología

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Tabla de contenido

Agradecimientos ... 5

Introducción ... 7

Capítulo I ... 10

1. Esbozos Históricos. La misoginia y desigualdad crecen con las calles. ... 10

1.2 Trabajo sexual en la colonización ... 14

1.3 Industrialización, migraciones y trabajo sexual en Colombia ... 17

1.4 El lugar de lo femenino en la cultura patriarcal ... 20

1.5 Proyecto de Ciudad ... 24

Capitulo II ... 28

2. La Veracruz ... 28

Situación jurídica de las Trabajadoras Sexuales ... 28

2.1 Posiciones Jurídicas Frente al Fenómeno ... 35

2.2 Código Policial ... 36

2.3 El movimiento por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa y Norte América ... 38

2.4 Coyuntura Jurídica ... 41

Capitulo III ... 43

Trabajo de campo ... 43

Los colores de los días ... 43

3.1 Historias de Vida ... 44

3.1 Entrevista Mixta ... 71

Capítulo IV ... 74

Reflexiones en Torno a las Historias de Vida ... 74

4.1 Trabajo ... 80

Conclusiones ... 87

Referentes ... 91

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A mi hermana Francined, Mi gratitud y cariño a su sacrificio y entrega.

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Tabla de Ilustraciones

Ilustración 1. Los Burdeles en New York Siglo XVII ... 14

Ilustración 2. La Veracruz en el Siglo XVII ... 28

Ilustración 3. La Veracruz 2017 ... 32

Ilustración 4. Fuente de La Veracruz... 48

Ilustración 5. Las Vendedoras Ambulantes y sus Colores ... 56

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Agradecimientos

Luego de culminar un proceso tan maravilloso como lo fue mi trabajo de grado, existen muchas personas a las que quisiera agradecer por su contribución a que este sueño se hiciera realidad.

En primer lugar, a las trabajadoras sexuales de La Veracruz, gracias por el café, los

cigarrillos, por sus historias, por cuidarme y compartir con migo sus vidas, por enseñarme a ver sus mundos des otros colores y hacerme más fuerte como mujer, llevo dentro de mí el fuego y la esperanza constante a posibles mejores futuros. Y también al evangélico por la mazamorra con bocadillo y sus relatos sobre lo que era la antigua Veracruz.

A ti Valeria, amiga de mi alma, siempre te estaré agradecida por motivarme a seguir estudiando y no dejarme desfallecer ante las adversidades, a mi familia, mi hermana Francined por ser el pilar de mi madre y de nuestra familia, por permitir que soñara con entrar a la

universidad, a mi madre por enseñarme a ser fuerte y perseverar, a mi padre por creer en mí.

A mis hermanas Paola y Yuleima por apoyarme en mi camino, para mis sobrinas porqué me motivan a ser un ejemplo, a educarme para enseñarles un camino posible, aunque, sea cual sea el camino que tomen, las apoyaré, me hacen sentir la tía más orgullosa.

A Lala te quiero profundamente, gracias por las lecturas, los debates, el amor y la entrega, a las Muertes Chiquitas por la experiencia de forjar junto a mujeres tan lucidas opiniones políticas, al feminismo por ayudarme a ser quien soy, a todas y todos los profesores por contribuir en mi paso por la universidad.

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A mi asesor Guillermo Correa Montoya por guiarme en mi proceso investigativo, por encauzar tantas preguntas y aplacarme cuando tenía miles de cosas en la cabeza y no sabía cómo seguir, le estaré muy agradecida por compartir con migo ese fuego interno.

Carito Peña, le estoy muy agradecida a la vida por conocer mujeres cómo tú que le aportan a mi vida tantos colores, poder desnudar mi ser afrente a ti, me fortalece en mi proceso académico, eres mi amiga, espero afrontar las adversidades y continuar juntas el camino.

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Introducción

El trabajo sexual es una actividad realizada por una persona adulta en pleno ejercicio de sus facultades que sin coacción alguna de terceras personas para ejercer esta actividad, gana dinero mediante el ofrecimiento de un servicio sexual, es importante aclarar en qué términos vamos a comprender el fenómeno durante el presente trabajo, pues si bien, es un fenómeno popular y muy nombrado, las opiniones que nos llegan provienen de la música, el cine, los policías, la población etc. pero dentro de las ciencias sociales el trabajo sexual es un fenómeno poco estudiado de manera amplia, se necesitan estudios donde se analicen los diferentes factores que se agencian con el fenómeno, por lo menos en Medellín existen pocos trabajos que indaguen por todos los procesos que se articulan al trabajo sexual y por ende hay poca claridad sobre el mismo.

A caso el tema no merece la misma importancia que en su momento tuvo el sufragio femenino o que actualmente tiene la población LGTBI, estudiar el trabajo sexual implica

comprender los procesos de una parte de la población que ha sido marginalizada, comprendiendo la marginalidad desde los planteamientos del sociólogo Loïc Wacquant (Wacquant, 2001) donde da cuenta de los cambios estructurales ocurridos en las últimas décadas bajo las políticas del capitalismo, en el caso de Colombia, los códigos de policía, los proyectos de ciudad y las políticas públicas sostienen el trabajo sexual en clave de personas que necesitan rehabilitación y son vulnerables, ¿por qué?, ¿qué factores las han mantenido y las mantiene bajo ese foco?, son algunas preguntas que desarrollo en la primera parte del texto.

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La comprensión de un fenómeno tan complejo como lo es el trabajo sexual debe tener en cuenta los diferentes aspectos que integran una cultura; dentro del trabajo sexual existen muchos aspectos a estudiar, el mismo hecho de que se le llame trabajo sexual y no prostitución lo pone de cara a un plano legislativo donde se indaga por los procesos políticos y laborales de las mujeres en sociedad, pero este tan solo es un aspecto del fenómeno, a este plano se suma el factor de género y las implicaciones que ha tenido para las diferentes mujeres en una sociedad occidentalizada, donde los aspectos económicos de los participantes en una cultura se establecen a partir de los roles que se imponen para los diferentes cuerpos.

El factor histórico por su parte es un puente entre el pasado y el presente que funciona para comprender de manera más amplia lo que pasa actualmente, desde un enfoque muy

antropológico de la historia, retorno a algunos hechos históricos claves como lo es la edad media, la industrialización en Colombia, y el proyecto de ciudad a inicios y mediados del siglo XIX en Medellín, para lograr una comprensión más holística del fenómeno.

Hasta el momento ha quedado claro cuál es el principal interés del trabajo, estudiar el trabajo sexual desde algunos factores que lo integran; los aspectos legislativos y las maneras en cómo han ido cambiando en relación con los intereses del poder, el género como el intento de determinar las características de los diferentes cuerpos, donde yacen ideas patriarcales, por su lado la marginalidad analiza el fenómeno en términos de clase.

La integración de estos aspectos nos permiten tener una comprensión más amplia del fenómeno, Actualmente se vive un momento coyuntural, la corte constitucional ha exigido al ministerio de trabajo que regule el trabajo sexual, estos continuos procesos implican que los

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estudios sobre el trabajo sexual no contengan puntos finales, son un continuo cumulo de análisis que ayudan a comprender un fenómeno en su contexto particular, en este caso Medellín, en La Veracruz.

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Capítulo I

1. Esbozos Históricos. La misoginia y desigualdad crecen con las calles.

El/la lectora ya habrá escucha decir “la prostitución es el trabajo (porque no es mera actividad) más antiguo del mundo”, sin embargo, no se puede negar que conforme al momento histórico los cuerpos que la practican han pasado por cambios a causa de la economía, los intereses del estado y de los diferentes entes legislativos que regulan el fenómeno. En esta ocasión me remitiré a la edad media 1 donde se describe de mejor manera los procesos de los diferentes cuerpos en relación con los intereses del poder.

El fenómeno de las peste negra narrado por Silvia Federici en El Calibán y la bruja (2004, pág. 73), produjo la muerte de un 30 % a un 40 % de la población europea, constituyendo uno de los momentos decisivos en el transcurso de las luchas del medioevo. Este colapso demográfico sin precedentes ocurrió después de la resistencia de la población a las enfermedades y cambió profundamente la vida social y política de Europa, inaugurando una nueva era.

Las jerarquías sociales se trastocaron debido al efecto nivelador de la morbilidad gene-ralizada. La familiaridad con la muerte también debilitó la disciplina social. Enfrentados a la posibilidad de una muerte repentina, la gente ya no se preocupaba por trabajar o por acatar las

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regulaciones sociales y sexuales, trataba de pasarlo lo mejor posible, regalándose una fiesta tras otra sin pensar en el futuro.

Para finales del siglo XVI los campesinos se negaban a pagar las rentas, o prestar servicios, se vivía un momento de inconformidad y los siervos tenían todas las de ganar. Después de las muertes causadas por la peste negra había tierra para todos, esto lo entendieron los campesinos quienes hacían constantes revueltas. Al mismo tiempo que la mano de obra escaseaba se

valorizaba, dando pie para que los trabajadores consiguieran más garantías, comenzaron a exigir subsidios de transporte, recorte de horas laborales, descanso los días festivos. Se puede decir que en el siglo XVI se vivió un ambiente hostil de constantes revueltas campesinas.

Para controlar la rebeldía de los campesinos los señores aumentaron la esclavitud, y en Inglaterra se intentó proponer un estatus del trabajador que controlara el precio de la mano de obra. La corona establecía fuertes medidas contra los vagos, lo cual incito a la población para que no dieran alimento ni hospedajes a vagabundos con un buen estado de salud, todo aquel que no tuviese trabajo debía aceptar el que se le impusiese sin ningún reparo. Sin embargo

semejantes medidas sólo agudizaron el conflicto de clases, causando la llamada Rebelión de Wat Tyler de 13812. La cual se extendió de una región a otra y terminó con miles de campesinos marchando de Kent a Londres para hablar con el rey Ricardo II (Milton, 1973; Dobson, 1983). También en Francia, entre 1379 y 1382, hubo un torbellino revolucionario.

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Las constantes luchas campesinas no representaron cambios positivos para las mujeres de la época, de hecho la corona y los feudos establecieron una contra revolución la cual cambiaría la vida social, en especial para las mujeres de clases media-bajas. “Las autoridades de la época se concentraron en controlar a la mano de obra joven que representaba mayor ganancia, así las mujeres obreras de clase media-baja se convirtieron en blanco de violaciones”. Como relata Rossiaud en Medieval Prostitution (1988 pág.; 63). En Francia las autoridades municipales prácticamente dejaron de considerar la violación como delito, en los casos en que las víctimas fueran de clase baja. En la Venecia del siglo XIV, la violación de mujeres proletarias solteras rara vez tenía como consecuencia algo más que un tirón de orejas, incluso en el caso frecuente de ataques en grupos (Ruggiero, 1989: pág; 108).

Lo mismo ocurría en la mayoría de las ciudades francesas. En ellas la violación en pandilla de mujeres proletarias se convirtió en una práctica común, que los autores realizaban abierta y ruidosamente en la noche, en grupos de dos a quince, metiéndose en las casas o arrastrando a las víctimas por las calles sin el más mínimo intento de ocultarse o disimular.

Quienes participaban en estas violaciones eran aprendices o empleados domésticos, jóvenes e hijos de las familias acomodadas sin un centavo en el bolsillo, mientras que las mujeres eran chicas pobres que trabajaban como criadas o lavanderas, de quienes se rumoreaba que eran “poseídas” por sus amos (Rossiaud, 1988, pág. 22)

Por el contrario para las mujeres, representaba un problema, tras ser violadas recaía sobre ellas un fuerte estigma social, no les resultaba fácil conseguir trabajo y por ello algunas debían de marcharse a otros lugares o dedicarse a la prostitución. Pero no eran las únicas que sufrían. La

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desregularización de la violación creó un clima intensamente misógino que ayudo a la degradación de todas las mujeres sin importar su clase.

Otra de las implicaciones que tuvo la desregulación de la violación y las políticas sexuales de la época con el fin de controlar y aplacar las revueltas de la época, fue institucionalizar las prostitución, “Hecha posible gracias al régimen de salarios elevados, la prostitución gestionada por el Estado fue vista como un remedio útil contra la turbulencia de la juventud proletaria” (Federici, 2004, pág. 80) que podía disfrutar en los burdeles de la ciudad, algunos con unos costos más elevados donde podían disfrutar los señores de la ciudad, entre los años 1350 y 1450 se abrieron burdeles en todo Italia y Francia financiados por impuestos.

Es urgente la comprensión histórica de un fenómeno que lleva siglos hasta nuestros días sectorizando, dividiendo y controlando los cuerpos. El fenómeno de la violación y el miedo de las mujeres a caminar solas en la noche no es algo nuevo, nos enfrentamos a una violencia estructural, el patriarcado es una forma cultural, que luego encuentra salida en el estado y demás instituciones sociales como lo son la familia, la iglesia, la idea de trabajo entre otras, controladas por hombres, y sobre las cuales se han construido viviendas, calle, callejones, en general un modelo de ciudad que oculta realidades misóginas, de clase y que debe ser comprendido de forma histórica.

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1.2 Trabajo sexual en la colonización

En el nuevo Reino de Granada no existió casas de mancebías públicas durante todo el período colonial. Inmediatamente después de la conquista, en el siglo XVI, era la prostitución ritual y la esclavitud sexual de las mujeres indígenas las que cumplían con las “necesidades sexuales” de los hombres. Las circunstancias en las que se dio la conquista permitieron a los españoles convertir a las mujeres indígenas en botín de guerra tal y como se presenta en los siguientes párrafos:

Ilustración 1. Los Burdeles en New York Siglo XVII

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Durante casi todo el siglo XVI predominó la violencia, la sevicia y la fuerza sobre las mujeres indígenas. Fueron muchos los soldados, incluso los mismos jefes de las huestes, sobre los que cayeron acusaciones de abuso y maltrato a las mujeres de los pueblos indígenas.

En reiteradas oportunidades los caciques denunciaron a encomenderos y a miembros de la justicia que les arrancaban a sus esposas y sus hijas dé los pueblos. Se sabe que abusaban con violencia de ellas, pero también que preferían incorporarlas a su séquito de servidumbre doméstica (Martinez & Rodriguez, 2002, pág. 78).

Solo hasta el siglo XVIII se crearon casas dedicadas al trabajo sexual, conocida por los historiadores como prostitución doméstica. Las trabajadoras mantenían relaciones con sus amantes por más de cuatro años, en la estructura social colonial estaba institucionalizada la figura de la “otra mujer” y cada hombre que se respetara, es decir, con posición social y tradiciones familiares, tenía a una mujer y amantes de turno o mantenidas, ellas eran respetadas pero relegadas en una posición que marcaba su vida y la de sus hijos.

En Colombia las acciones reguladoras se han mirado por mucho tiempo con desconfianza debido a que no se podía concebir la participación de las autoridades en una actividad que se consideraba inmoral. Por ello, durante la mayor parte del siglo XIX la prostitución estuvo prohibida y penalizada, sin que las leyes pudieran obstaculizar la difusión del fenómeno que la sociedad, en cambio, toleraba y sigue aun tolerando hasta nuestros días. La aplicación de las

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normas fue irregular durante todo el siglo XIX, y en muchos casos documentados las intervenciones policiales se concretaban en la expulsión de las mujeres que se encontraban cumpliendo tal “delito” Lo cual significaba el destierro a lugares desiertos3 .

Los departamentos y municipios expidieron reglas diferentes, que tenían unos o todos los elementos del reglamentarización; ubicación de zonas de tolerancia, prohibición para menores, expedición de carnés, control venéreo, horas y días de salida de la trabajadora sexual al centro de la ciudad. Pero como en cualquier otra época y país en donde se expidieron rígidas disposiciones, más allá de las leyes, el trabajo sexual se siguió ejerciendo en mayor porcentaje de forma

autónoma y escondida; en calles, burdeles, casas de citas, hoteles y establecimientos de varios tipos.

Según las estadísticas policiales mencionadas por Saturnino Sepúlveda, a principios de los años sesenta en el Departamento de Antioquia se encontraba más del 30% de las prostitutas computadas a nivel nacional y, de este porcentaje, casi el 70% vivía en Medellín. En Antioquia se presenta con mayor nitidez el conflicto de la prostitución, especialmente en el Municipio de Medellín, que ocupa el primer lugar en todo el país. El 35% del total de las prostitutas

comprobadas en el país se encontró en el departamento de Antioquia, y de este porcentaje, el 69,25% está radicado en Medellín (Sepulveda Niño, 1970, pág. 22).

El crecimiento de la prostitución en Medellín se debe principalmente a mujeres migrantes del campo a la ciudad insatisfechas de las jerarquías agrónomas, en escasas ocasiones le era permitido a las mujeres cuidar las polleras o marraneras, pero en general éstas sólo podía casarse y cuidar de su marido que era el encargado de labrar la tierra (Reyes, C. Catalina, Restrepo S.

3 Conocida como la pena política, las mujeres eran abandonadas a las afueras de ciudades con pocas posibilidades

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María 2005 pág. 22). Las mujeres solas que llegaban del campo encontraban trabajos con facilidad en; en casas de familia, actividades informales y la prostitución como las únicas opciones que podían garantizar un ingreso. Pero las condiciones de explotación y los malos tratos que estas jóvenes encontraban en los servicios domésticos no podían ser la respuesta para aquel deseo de emancipación que las había llevado a marcharse solas, sin temerle a lo incógnito y a la vida de la ciudad. Además, en la fábrica como en las casas de familia, se encontraban sujetas muy a menudo al acoso sexual de patrones y compañeros. En ese entonces, un número elevado de mujeres empezó a ejercer el trabajo sexual después de haber sido “muchachas de servicio”.

1.3 Industrialización, migraciones y trabajo sexual en Colombia

La industrialización acrecienta la necesidad de obreros y en ella las mujeres ven la

oportunidad de incursionar en el mundo febril, no solo las mujeres de la ciudad se en listan en las filas obreras, el rumor llega al campo y mujeres cansadas de sus tareas, migran a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, sin embargo grupos de trata de personas que operaban en la estación del ferrocarril, se aprovecharon de algunas mujeres que llegaban del campo,

prometiéndoles un trabajo en alguna empresa y una casa donde vivir, promesas falsas que al no tener un apoyo de sus padres, pues en su gran mayoría se venían sin su consentimiento

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Tal como lo relata la historia las maneras en cómo son producidos y tratados estos cuerpos, tienen semejanzas con las ideas de control y poder que se tiene sobre los cuerpos de las mujeres en Europa, es decir, la pregunta sobre el control del cuerpo femenino debe ser estudiada a luz de la pregunta por el poder, en diferentes momentos de la historia las mujeres han perdido sus derechos, se les ha toma como menores de edad, aislándolas de su poder político que las

convierte en un instrumento de placer y de reproducción de niños, convirtiéndolas en cuerpos al servicio de un sistema productivo de acumulación.

Estas posiciones androcéntricas tienen implicaciones en el modelo económico que se produjo a la par de la división entre los ámbitos públicos/privados y que tiene como principio tácito el contrato sexual, en este se relega a las mujeres al servicio de los hombres, amos, patrones, desvalorizadas dentro del sistema económico como actividades de cuidados. Los trabajos realizados por las mujeres surgen como actividades secundarias, y es problemático que la economía capitalista no valore el trabajo que implica cuidar del otro, indispensables para el sostenimiento de la vida misma. Podría decirse entonces que el actual sistema económico no se interesa por el bienestar de las personas, por el contrario, cualquier actividad que pase por el cuidado de sí mismo y de los demás representa un traspié.

En el plano de las mujeres trabajadoras sexuales, la división entre mujer pública y mujer doméstica es el resultado del sometimiento de las mujeres y el surgimiento de la familia

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burguesa que surgió en el siglo XIX. El ideal burgués de familia implicaba esa dicotomía entre las mujeres; de un lado la esposa, mujer decente y virtuosa, sin sexualidad propia, sometida a un deber conyugal que no es recíproco, reina del hogar, de lo doméstico y de la maternidad legítima. Para los hombres, el complemento ideal de esta figura era la trabajadora sexual, su opuesto, personificación del sexo y encarnación y, sí ese fuere el caso, de la maternidad ilegítima. Estas dos mujeres tienen en común que están al servicio del hombre.

Sin embargo la personificación de la mujer publica ha significado un papel peyorativo dentro de los parámetros establecidos en el siglo XVI, en el cual, las trabajadoras sexuales están devengando monetariamente, pero no podría ponérseles en el mismo plano, las relaciones de poder que se tejen en términos de clase, limitan las relaciones entre trabajadora sexual/y el hombre asalariado, trabajadora sexual/hombre rico y culturalmente tienen connotaciones diferentes, imposibles de pensar en un plano horizontal.

Es evidente que no toda las trabajadoras sexuales gozan de las mismas condiciones, Simone De Beauvoir ya lo había planteado en el segundo sexo:

De la baja prostitución a la gran hetaira hay múltiples escalones. La diferencia esencial consiste en que la primera hace comercio con su pura generalidad, de modo tal que la competencia la tiene en un nivel de vida miserable; en tanto que la segunda se esfuerza por hacerse reconocer en su propia singularidad: si lo consigue puede aspirar a altos destinos (De Beauvoir, novena impresión 2015, pág. 557).

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La industrialización represento la configuración de nuevas actividades económicas, Augusto Bebel (1879), afirmaba que a pesar de que la prostitución haya existido tanto en la Antigua Grecia y Roma hasta el Feudalismo, es con el Capitalismo cuando se convierte en un fenómeno de masas. Incluso, presentaba datos para analizar la prostitución en términos de clase, explicando que la mayoría de las prostitutas lo eran debido a la pobreza y la necesidad, aunque no se puede negar la existencia de mujeres que lo ejercían por cuenta propia. “La prostitución se convierte en una institución social necesaria para la sociedad burguesa, como la policía, el ejército, la iglesia y la clase capitalista” (Bebel, 1879, pág. 13).

1.4 El lugar de lo femenino en la cultura patriarcal

Para él, ella era una mercancía fragmentada cuyos sentimientos y elecciones rara vez eran consideradas: su cabeza y su corazón estaban separadas de su espalda y sus manos, y divididas de su matriz y vagina. Su espalda y sus músculos estaban insertos en el campo de trabajo […] a sus manos se les exigía cuidar y nutrir al hombre blanco. [S]u vagina, usada para el placer sexual de él, era la puerta de acceso a la matriz, lugar donde él hacía inversiones de capital —el acto sexual era la inversión de capital y el hijo que resultaba de ella la plusvalía acumulada. (Omolade, 1983)

Los planteamientos sobre el materialismo histórico encabezados por Marx y Engels, tienen como el factor decisivo para la historia la producción y reproducción de la vida inmediata. De

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una parte la producción de medios de existencia, de productos alimenticios, de ropa, de vivienda y de los instrumentos que para producir todo esto se necesita; de otra parte, la producción de hombre mismo, la continuación de la especie. El orden social en el que viven los hombres en una época o un país dados, está condicionado por estas dos especies de producción: por el grado de desarrollo del trabajo de una parte, y de la familia, de otro (Friederich, 1884, pág. 2).

Estos planteamientos se toman como hechos dados a partir de los cuales se naturalizan tareas entre hombres y mujeres, las ideas hegemónicas y las dicotomías sobre los cuerpos, beben de estos planteamientos. Sin embargo existe un punto ciego en la propuesta de Engels (1884) que varias autoras feministas resaltan, entre ellas Simone De Beauvoir en El punto ciego del

materialismo histórico plantea

Engels no explica claramente la aparición de la propiedad privada, en su escrito surge arbitrariamente sin ningún tipo de explicación aparente. De hecho el materialismo histórico da por sentado presupuestos que sería necesario explicar, por ejemplo la necesidad del hombre por la propiedad privada, ¿Dónde toma sentido estos planteamientos? Preguntas como estas

desbordan el materialismo histórico ya que este solo habla del hombre oeconomicus4 (De Beauvoir, novena impresión 2015, págs. 52-59), olvidando la compleja red de relaciones y necesidades que se tejen en las diferentes comunidades, y por esa razón Simone De Beauvoir (2015) se refiere a algo mucho más complejo que va más allá del hombre oeconomicus.

Bajo el argumento de la inferioridad mental de las mujeres, su incapacidad para la

racionalidad y la inutilidad de ello, se les negó, en especial a las de clase media-baja el acceso a

4 El hombre oeconomicus del que habla la economía política no trata la totalidad de la naturaleza del ser humano,

modificada por el estado social, ni de toda la conducta del hombre en sociedad. Se refiere a él sólo como un ser que desea poseer riqueza, y que es capaz de comparar la eficacia de los medios para la obtención de ese fin.

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la educación media y superior hasta los años treinta del siglo XX; su preparación sólo debía darse en el ámbito de aquellos conocimientos que le permitieran ser una buena madre y esposa. Considerada jurídicamente como menor de edad, le fueron negados hasta 1954 sus derechos políticos y jurídicos en el estado Colombiano, se le intentó convertir en una espectadora pasiva de un mundo manejado y decidido por los hombres (Reyes Cardenas & Saavedra Restrepo, 2005, págs. 64-70).

Las ideas católicas fueron determinantes en la no incidencia de las mujeres en el mundo público, en la actualidad es bien conocido el intento por recluir a las mujeres en el mundo privado dejándolas a cargo de los cuidados, una mano de obra desvalorizada que tuvo

implicaciones en las lógicas del valor. Para las lógicas económicas imperantes los cuidados no tienen ningún valor monetario, en este sentido el dinero tendría más valor que la vida misma.

A partir de las fragmentaciones de los espacios se invisibilizan a las mujeres en los índices económicos, y genera una desvalorización de su mano de obra, implicando grandes esfuerzos para ellas en su articulación al mundo febril. En este punto es necesario aclarar como la legitimidad del patriarcado, por un lado toma de manera marginal el mundo de lo femenino donde cualquier hombre que se atreva a pasar estos límites tendrá que sufrir las consecuencias de ser femenino, y por otro la exaltación de lo viril, deseo de lo femenino. En este sentido las luchas de las mujeres por salir al mundo público y participar en la expansión industrial del siglo XX, terminaron olvidando la importancia de integrar a los hombres a su ser femenino.

Cuando la industria les abre las puertas a las mujeres en tareas manuales, su mano de obra estaba desvalorizada, como si fuese natural que por realizar los trabajos de casa el mundo febril fuese un plus y por ende el pago y las condiciones fueron pésimos:

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Cuando a principios del siglo XX los antioqueños ricos decidieron arriesgar su capital comprando máquinas de telares en Inglaterra y los Estados Unidos, para luego instalarlas en elementales locales fabriles, percibieron que la mano de obra que requerían era más accesible si la buscaban entre la población femenina. Mujeres y niños con bajos jornales y una alta

dedicación en horas de trabajo, eran la mano de obra perfecta para una industria

tecnológicamente deficiente y que necesitaba mucho tiempo laboral para ser productiva; en las precarias condiciones tecnológicas de la industrialización antioqueña recién inaugurada, solamente con bajos salarios y largas jornadas las empresas podían ser rentables (Reyes Cardenas & Saavedra Restrepo, 2005, págs. 31-32).

A pesar de las condiciones, mujeres campesinas, viudas entre los ocho y los dieciséis años vieron una oportunidad laboral. Estas primeras generaciones de obreras se vieron sometidas a largas jornadas laborales de hasta dieciséis horas por día, en locales oscuros, mal ventilados y algunos sin servicios sanitarios, sin olvidar la violencia sexual a mano de los patrones, ganando la mitad de lo que ganaban los hombres, en aquella época los patronos tenían la idea de que el salario femenino era un ingreso complementario justificando las bajas remuneraciones

Estos procesos laborales que configuraron históricamente desigualdades entre los cuerpos, son funcionales para la creciente industria, a la que se suma la brecha de clases, y la

sectorización de los cuerpos en diferentes espacios de ciudad. En compañía de los empresarios los arquitectos diseñaron diferentes espacios de ciudad según sus intereses.

Fue entonces que el mandatario de Medellín Luis Peláez Restrepo 1951-1952 ordena la expulsión de las trabajadoras sexuales del centro, se inicia la construcción de los barrios obreros, las ciudades jardín, entre otras donde se acrecientan los márgenes entre los diferentes cuerpos

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que ocupaban la ciudad, este proyecto de ciudad iba de la mano con políticas educativas y una fuerte idea de progreso que enseñaba al obrero el ideal del buen ciudadano escenificando la importancia del ciudadano trabajador, la familia y el progreso.

1.5 Proyecto de Ciudad

En medio de disputas se configuran dimensiones de la realidad que llegan a tener diferentes nombres según el contexto y la intencionalidad con que se nombre5. En Colombia estos espacios han sido divididos y llamados comunas las que a su vez se integran por barrios,

institucionalizados por el gobierno mediante la ley 19 de 1953. El barrio surge por los procesos de industrialización en el siglo XIX, lo que acrecentó la necesidad de carreteras y espacios urbanos dividiendo la ciudad entre las clases bajas y altas. Las categorías comuna y barrio se convirtieron en divisiones administrativas de la cuidad utilizadas como términos peyorativos para hablar de poblaciones violentas, y marginalizadas en situaciones de pobreza.

Mientras la ciudad moderna con sus amplias calles y avenidas, parques, plazas y edificios despertaba ese "sentimiento de lo sublime", la habitación obrera higiénica debía intensificar los afectos de familia; aún más, debía construir la familia. Había en estas ideas una especie de determinismo geográfico, una exaltación de las posibilidades del medio, del espacio para la transformación de hábitos y la creación de nuevas formas de actuar, sentir, pensar. Pero si un espacio determinado transformaba, otro habría formado: las viviendas populares con su desaseo, su promiscuidad, su oscuridad, su estrechez, constituyeron aquellos individuos perezosos, débiles, atrapados en el vicio del alcohol, en fin, ineptos para el trabajo, para vivir y habitar la nueva ciudad (Noguera R., 1998, pág. 191).

5 Por ejemplo en Estados Unidos se utiliza la palabra gueto para hablar de espacios marginalizados situados

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A lo largo de las primeras seis décadas del siglo XX, el crecimiento demográfico fue

haciéndose cada vez más acelerado, llegando a mediados del siglo al máximo ritmo de la historia demográfica nacional. En este lapso la población se cuadruplico, paso de 4,3 millones en 1905 a 17,5 millones en 1964, uno de los factores que propicio esta aceleración demográfica se debe a la expansión industrial, y el crecimiento urbano (Noguera R., 1998, pág. 200). La mayoría de las ciudades vieron duplicar su población en los trece años comprendidos entre 1951 y 1964 y algunas como Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y Manizales en un lapso de diez años duplicaron la población. Aumentando las migraciones del campo a las ciudades debido a la estructura familiar y la crisis agraria de mediados del siglo XX a raíz de las malas decisiones de los mandatarios en la época (Reyes Cardenas & Saavedra Restrepo, 2005, pág. 33).

Este crecimiento implicó transformaciones en lo urbano incorporando ideas de clase, raza y misoginia, las cuales han construido una ciudad de límites. La simple diferenciación entre

hombres/y mujeres, entro lo público/ y lo privado, los rico/ y los pobres, termino por configurar en el tiempo y los diferentes espacios de ciudad, las realidades en la que viven los cuerpos. En el caso de las mujeres, eso a lo que llamamos patriarcado que opera en el mundo ideológico, nos limita, y sigue teniendo una gran influencia de la iglesia, la idea de familia canónica, que termina por incidir en las maneras en cómo nos articulamos en sociedad.

Hacia los años treinta del siglo XX los sectores privados emprendieron la construcción de viviendas obreras bajo la idea, de un hogar dulce para reconfortar al obrero en sus horas de descanso, con el fin de distraerlo del odio que produce la brecha de clases. En amplios terrenos de la ciudad de Medellín fueron apareciendo casitas uniformes, con callecitas, parques, iglesias y

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escuelas, un fenómeno completamente nuevo en el paisaje urbano, sin mucha fuerza y con márgenes bien establecidos por intereses privados que loteaban “sus” terrenos (Noguera R., 1998, pág. 206)

Bajo la idea de vivienda obrera, anidaba una fuerte moral cristiana, argumentando que la construcción de estas viviendas con espacios iluminados, y agradables sacarían al obrero de la taberna y le sirviera de escudo contra las seducciones. De hecho uno de los principales

argumentos para la creación de la vivienda obrera fue la idea de higienización, que surge por el control de plagas y enfermedades donde la mujer pública representaba el mayor peligro.

La resolución 282 del 4 mayo de 1942 del Ministerio de Trabajo, Higiene y Prevención Social (Trifiró, 2003, pág. 36), por la cual se dictaron disposiciones de la campaña antivenérea y se estableció la inscripción y vigilancia de las mujeres públicas, estableciendo que para ejercer la prostitución era obligatoria la inscripción como mujer pública en los registros oficiales de las inspecciones de higiene. La presencia de prejuicios morales que acompañaron la redacción de los artículos es evidente en la definición del fenómeno:

Artículo 5: Será inscrita como prostituta, toda mujer que habitualmente practica el coito con varios hombres indistintamente, y vive en prostíbulos y casas de lenocinio o las frecuente.

Artículo 12: Es prostituta, pues por tal debe entenderse la que no está sometida a la patria potestad, a la potestad marital, tutela o curaduría.

Si bien el decreto anterior se da para el estado Colombiano (exceptuando Bogotá) (Trifiró, 2003, pág. 36), no se debe desconocer las influencias de europea, en donde la Edad Media la prostitución se consideraba, por Iglesia, los feudos y la burguesía, como un “mal necesario”,

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puesto que era funcional ya que ayudaba a la estabilidad de la sociedad, impedía la realización de pecados como el adulterio, la homosexualidad y la masturbación.

La moral cristiana vino a imponer un control férreo sobre la sexualidad en general y sobre la prostitución en particular. Con la Reforma protestante encabezada por Martín Lutero en el siglo XVI (Cruz, 2012) el puritanismo pasó a dictar normas sobre las costumbres y la moral tanto así que a las mujeres solo les era permitido bailar y cantar en entornos íntimos, familiares, nunca en espacio públicos o bares, según la iglesia el hecho de que los hombres se sintieran seducidos por las mujeres al bailar era culpa de las mismas.

Fue con la llegada de la Revolución Industrial, el ascenso de la moral y de la familia burguesa, cuando la prostitución dibujó nuevos contornos, la acción conjunta de las Iglesias Católica y protestante no acabó con la prostitución, pero la enterró bajo tierra condenándola a la clandestinidad, y al tabú que recae sobre quien lo practique.

Bernard de Mandeville en su ensayo una humilde defensa a los burdeles públicos, propone: “Es evidente que existe la necesidad de sacrificar a una parte de las mujeres para conservar la otra y para prevenir una suciedad de naturaleza mucho peor” (Mandeville , 2008). No obstante los argumentos para aceptar el trabajo sexual subyacen a ideas, no siempre explícitamente mencionadas, de que las necesidades masculinas de sexo y acceso a la corporalidad de las mujeres y niñas son innatas, han de ser adecuadamente aseguradas, proveídas y establecidas (Carracebo Bullido, 2002, pág. 3)

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Capitulo II 2. La Veracruz

Situación jurídica de las Trabajadoras Sexuales

La Veracruz está ubicada en el centro de Medellín, su principal característica es la Iglesia, Ermita de la Veracruz de los Forasteros, fue la segunda parroquia del casco urbano de Medellín, la infraestructura de la Iglesia es barroca. Se construyó a finales del siglo XVII en 1682, ubicada en una plazoleta con un campanario, es la única de la cuidad que conserva el estilo

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colonial. Reconstruida en 1803, fue declarada patrimonio cultural de la nación en marzo 12 de 1982. Está dedicada a la Santa Cruz, uno de los símbolos de mayor devoción antioqueña.

A su Alrededor se construyeron lujosos almacenes e imponentes edificios de bancos y negocios comerciales; los teatros, salones de té y cafés florecieron en la ciudad, el aire del cielo fue atravesado por el humo de las chimeneas de los nuevos locales y el ulular de las sirenas intentó desplazar el ritmo ancestral del tiempo marcado por las campanas de las iglesias, que anteriormente ayudaban a regular los horarios del trabajo obrero.

En la otra cara del progreso de la ciudad estaban las condiciones de vida y de trabajo de la primera generación de mujeres obreras, quienes con sus brazos impulsaron la industrialización nacional, las menos mencionadas pero igual obreras de la creciente industria; las trabajadoras sexuales comenzaron a llenar las diferentes avenidas del sector, con su presencia se

transformaron los espacios de la ciudad, burdeles, cafeterías, en especial la avenida Guayaquil que para los años vente y treinta eran los lugares más frecuentados por ellas.

Según Ada Trifiró la proporción de mujeres trabajadoras sexuales por cada hombre fue creciendo desde 1930 hasta 1970 ampliando la oferta y ofreciendo servicios a menores precios. Para la época llegaban niñas a casas de masajes o lujosos burdeles que habían sido compradas en Venezuela, Ecuador y México, las mujeres se esforzaban por usar joyas, maquillaje, y según su posición social accedían a operaciones estéticas, para reforzar un modelos de belleza impuesto por el narcotráfico, de ahí el dicho no hay mujer fea sino pobre (Trifiró, 2003, pág. 40).

Desde principio de siglo XX las clases altas se asentaron en el sur la actual calle San Juan y por el oriente el barrio Buenos Aires, la ciudad era tan pequeña que al parecer trabajadoras

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sexuales y clases altas convergían en los mismos espacios, y para grupos sociales históricamente reconocidos por marginalizar lo otro que no se asemejaban a ellos, representaba todo escandalo.

Para la segunda mitad del siglo XX los procesos de gentrificación no se hicieron esperar, el primer cambio se da con el decreto 517 del 22 de septiembre en 1951 cuando el alcalde Luis Peláez Restrepo (Trifiró, 2003, pág. 48) con el respaldo de la élite local y el obispo de la ciudad declaro el barrio Antioquia como la única zona de tolerancia para el trabajo sexual, alejado del centro de la ciudad y con una solo vía de acceso fue escogido para mantener a los que según ellos eran indeseables segregados del resto de la ciudad.

Artículo 2: Todas las mujeres públicas que actualmente estén radicadas en zonas no consideradas como de tolerancia con anterioridad a la fecha de este Decreto, procederán inmediatamente a trasladarse a la zona señalada en el decreto 517 (Trifiró, 2003, pág. 49).

Las mujeres fueron recogidas en una volqueta en Guayabal, Lovaina y otros lugares de donde fueron llevadas al Barrio Antioquia, ubicado en una zona periférica de la ciudad, para ese entonces tomado como zona de tolerancia. Sin embargo el rechazo de la comunidad no se hizo esperar, lo que provoco el regreso paulatinamente de las trabajadoras a guayabal y Lovaina. Luego de este impase, en los años sesenta el gobierno con su plan territorial construye la alpujarra y nuevamente se genera un desplazamiento a las zonas cercanas de la iglesia de La Veracruz.

A finales de los ochenta, nuevamente se presenta procesos de gentrificación, Fernando Botero originario de la ciudad, decidió donar numerosas obras escultóricas y pinturas, propias y de otros artistas contemporáneos, y para acogerlas se necesitaba encontrarle una sede más amplia al Museo de Antioquia. Las hipótesis eran varias: se podía escoger entre la Fábrica de Licores, la

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realización de una nueva construcción en un área verde contigua a la Universidad de Antioquia, o la sede de la alcaldía de Medellín, situada junto a la iglesia de La Veracruz.

La elección final fue la sede de la alcaldía, considerando que el proyecto artístico brindaba una razón noble al inicio de un plan de transformación urbanística del casco antiguo con el proyecto Ciudad Botero donde se demolieron todos los edificios de la plaza central, el cierre de sus tiendas, bares y hoteles, no solo afecto a sus comerciantes, la ley que prohíbe a los

vendedores ambulantes trabajar en lo que ahora es llamado parque botero ha dificultado el sostenimiento de las familias que se beneficiaban con sus ventas, aunque los/las vendedores ambulantes de manera inteligente modificaron sus puestos, pasaron de ser locales fijos, a nuevas exhibiciones que podían mover fácilmente de un lugar a otro.

Actualmente una inversión de tendencia está diseñando planes de reestructuración que apuntan a “rehacer” y transformar a Medellín en la Mejor esquina de Suramérica. Sin resolver los problemas socio-económicos que afectan a la ciudad, estos planes tendrán como

consecuencia la expulsión hacia los barrios populares de la/os “sin perspectivas”, las/os “sin trabajo”, la/os “indigentes”; en fin, de los que no tienen suficiente nivel académico o social o económico para habitarlo. Con el resultado de concentrar en los barrios periféricos a los más necesitados, incrementando el conflicto. El aspecto más dramático es que estas modificaciones de los equilibrios nunca ocurren de manera tranquila soft, los conflictos y las resistencias de las personas implicadas, generan mecanismos propios de la limpieza social, las desapariciones, las amenazas y las muertes violentas que implican estos mecanismos son olvidadas, y en muchas ocasiones no se investigan.

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Durante la construcción del Metro, al igual que en la realización del proyecto Ciudad Botero, han sido denunciados asesinatos de trabajadoras sexuales, niños y adultos habitantes de la calle. En respuesta la administración pública, ha utilizado abatidas sistemáticas, alejándolas tal vez de la dimensión de lo visible para obligarlas a espacios escondidos o centros donde son tratadas como personas problemáticas que necesitan ser rehabilitados, dejando de lado el fortalecimiento de derechos humanos que le son violentados todo el tiempo.

Lo peor es que a las batidas están sometidas también las menores, que la Policía se lleva al calabozo con las adultas, mientras que según la ley colombiana el estado tendría en sus

compromisos la obligación de protegerlas. Por el contrario a nivel institucional y legislativo, la nueva política de represión ha encontrado expresión concreta y programática en el Plan de Desarrollo y en el nuevo Código de Policía.

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El trabajo de campo que se realiza como parte de la metodología de la presente

investigación, tendrá lugar entre la Carrera 33 Carabobo, y las calles calibo y león de Greif, puntualmente la acera que se muestra en la ilustración 3, este sector se caracteriza por ser

habitado por trabajadoras sexuales independientes, es decir sus zonas de coqueteo y negociación con los cliente se dan en las aceras de los locales, hoteles y la fuentes, estas trabajadoras se diferencian sustancialmente de las trabajadoras sexuales de la parte posterior a la iglesia, allí se encuentran los bares que ofrecen charlas con las trabajadoras sexuales a cambio de que se le invite a un trago.

El sistema de estos lugares es a partir de fichas, por un trago que el cliente te invite son aproximadamente 1.000 pesos, los precios van subiendo si los clientes deciden sentarse con ellas y compran medias o botellas, en caso de que el cliente quiera tener relaciones con la chica un porcentaje del pago se va para el local, este porcentaje se debe a varios factores, uno de ellos es la supuesta seguridad, aunque a decir verdad, los dueños de los locales ejercen cierta violencia y presión sobre ellas para que se sientan inseguras y de esa manera busquen protección en estos lugares y sus dueños.

En el caso de las acera de la Veracruz quienes brindan esa seguridad son las convivir a quienes ellas debes en cuando cuando les va bien les tiran la liga6, pero esta seguridad solo se presta en las aceras, de puertas para adentro la seguridad depende de cada una de ellas es por esa razón que las trabajadoras se conocen saben quién es de la vera o quien llega nuevo, por lo general cuando una chica migra de otros lugares hacia la Vera7 debe tener una amiga que la refiera, de otro modo puede generarse enemistades, es el caso actual de las trabajadoras sexuales

6 Tirar la liga es un lenguaje coloquial, que se refiere al acto de regalarle dinero a x persona por algo a cambio, en

esta ocasión es por el orden y la seguridad que las bandas al margen de la ley ofrecen a las trabajadoras sexuales.

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que han migrado de Venezuela, quienes pagan a las convivir por que las dejen trabajar, pero ofrecen servicios a muy bajos costos, afectando los precios de las trabajadoras locales.

Fragmento de entrevista 1 junio del 2017

Interlocutora (Inta): y con la crisis en Venezuela han llegado mucha peladas por acá

Lucy: claro, allá a la vuelta hay por montones

Inta: a claro me imagino que aprovechan para venir a trabajar por acá

Lucy: sí, pero cómo le parece, esas mujeres están regalando el trabajo.

Inta: Y nadie le dice nada

Lucy: ellas les pagan a los pelaos de por acá para que las dejen trabajar pero como le parece, un rato ellas lo cobran a 10.000 pesos, eso para nosotras no es nada pero para ellas es un montón de plata, porque como ellas están enviando a Venezuela eso allá se les triplica, pero a nosotras nos está afectando mucho, imagines ni siquiera para la pieza da, yo no sé cómo hacen esas mujeres, uno a veces cobre 30, 45.000 un cliente consiente le da a uno los 50.000 pesos, pero llegan estas mujeres a cobrar 10.000 pesos entonces las ven jóvenes , recién llegadas y se van todos para allá, yo no sé esto está muy difícil así.

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2.1 Posiciones Jurídicas Frente al Fenómeno

Las diferentes corrientes que han intentado analizar el fenómeno del trabajo sexual son:

• Prohibicionismo

• Reglamentarismo

• Abolicionismo

Para el discurso prohibicionista, la prostitución es un acto ilícito, un signo de injusticia social y tiene que ser eliminada del todo, empezando por penalizarla. En el planteamiento de los reglamentistas, por el contrario, esa supuesta enfermedad social debe ser controlada, y por ende regulado por el estado mismo, este planteamiento acepta la prostitución pero exige reglamentar las condiciones higiénicas, ambientales, sociales y políticas para su ejercicio, además del estatus y edad de las personas que podrían ejercerla.

A partir de los años sesenta del siglo XIX, el discurso reglamentista ya estaba inspirando las leyes de casi todos los países de Europa y algunos de América, a pesar de las presiones de los prohibicionistas. Fue a comienzos del siglo XX cuando cobró importancia el tercer

planteamiento, por el cual el estado y las instituciones locales no tenían derecho a ejercer un control tan indigno en la vida y la salud de las mujeres que ejercían la prostitución.

El discurso abolicionista tenía como meta justo la abolición de los reglamentos institucionales, para reconocer a la prostitución despenalizada un estatus de actividad

perteneciente a la esfera privada e íntima de las personas. Lo que se siguió penalizando fue la explotación, el proxenetismo, la inducción a la prostitución y su ejercicio en espacios abiertos

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vetados en la ciudad. En cambio, la destinación de casas para la prostitución era siempre una infracción a la ley.

Las leyes abolicionistas, que han dominado hasta finales del siglo XX, aunque fueron un avance frente al pasado, generalmente no permitieron superar el control público sobre la vida de las mujeres y no definieron reglas claras que les permitieran no incurrir en sanciones. Los delitos de proxenetismo y explotación de la prostitución, por ejemplo, han permitido perseguir a amigos y compañeros que vivían con ellas; las reglas de no ofender la moral pública dejaban a las autoridades la discrecionalidad de decisión sobre cuándo se estaba cometiendo ese delito.

2.2 Código Policial

En el 2016, el Código Nacional de la policía olvida la importantísima tarea de definir qué es la prostitución, toda/o ciudadana/o debe comprender que los códigos son normas dedicadas a distintas ramas del derecho que regulan conductas, y para decidir qué es lo que se puedo o no hacer es fundamental definir a qué se refieren con dichas conductas.

El Libro II, capítulo III del nuevo código de policía, expedido el 29 de julio del 2016, en la sección dedicada al trabajo sexual, contiene cinco artículos que van del 42 al 46, donde

frecuentemente representan a la trabajadora sexual como alguien vulnerable, los otros cuatro se aseguran de blindar los actos violentos en contra de dicha comunidad:

Artículo 42°. Ejercicio de la prostitución. El ejercicio de la prostitución como tal, no da lugar a la aplicación de medidas correctivas por razones de perturbación a la convivencia, toda vez que las personas en situación de prostitución se encuentran en condiciones de especial

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vulnerabilidad para ser víctimas de trata de personas, explotación sexual o feminicidios, todas formas de graves violencias de género contra población tradicionalmente discriminada, excepto cuando se incurra en los comportamientos contrarios a esta (Congreso Colombiano, 2016, págs. 21-23).

Cuarenta seis años después con el nuevo código policial no avanza en fenómenos como el trabajo sexual, en sus palabras prostitución, parece ser que temen al tema o peor aún que no les interesara, en un país donde todos los días la idea de desarrollo (capitalista), y las tecnologías están cambiando, la percepción sobre una parte de la población que las misma leyes han mantenido en términos de desventajas no ha cambiado.

En 1970, el Código Nacional de Policía (Ley 1355), dentro de la sección dedicada al ejercicio de los derechos y las libertades públicas (Libro II), advierte que “el sólo ejercicio de la prostitución no es punible” (Art. 178). La definición de prostituta se establece de esta manera (secretaría general de la alcaldía mayor de Bogotá, 1970-2016):

Artículo 178: Ejerce la prostitución la persona que trafica habitualmente con su cuerpo, para satisfacción erótica de otras varias, con el fin de asegurar, completar o mejorar la propia subsistencia o la de otro.

El legislador anterior por lo menos intentó definirla, a pesar de que se presta a confusiones. Por ejemplo, un actor o actriz ¿acaso no trafican habitualmente con su cuerpo, para la

satisfacción de sus televidentes?, la misma categoría traficar, si nos vamos al diccionario la definición más común de esta palabra seria: Comerciar de forma ilegal o con mercancías o

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productos prohibidos por la ley, sin embargo la misma definición inicia aclarando “el solo ejercicio de la prostitución no es punible”.

Es evidente un desinterés por parte de las autoridades en los diferentes momentos

históricos, el primer código define de manera prejuiciosa la actividad, el segundo no se molesta en analizar lo que ha ocurrido con las trabajadoras sexuales cuarenta y seis años después del primero. Al parecer esos cinco artículos le son suficientes al estado Colombiano para legislar un tema tan complejo como lo es el trabajo sexual, ni siquiera se tomaron la molestia de definir el fenómeno, un corte y pegue de los artículos anteriores fue suficiente.

Es preciso aclarar que estas políticas hegemónicas donde las trabajadoras sexuales son vistas como seres vulnerables y enfermos que necesitan ser rehabilitados no están teniendo avances en términos de normatividad ciudadana, aun son vistan como un problema para la sociedad, esta percepción no solo incide en el trato que la población tiene hacia las trabajadoras sexuales, también se han presentado situaciones de abuso por parte de los policías hacia las trabajadoras sexuales, es preciso revisar la manera en que se ha regulado, o mejor dicho como se ha tolerado el fenómeno, ya que ha estado mediada por políticas asistencialistas que privan a las

trabajadoras sexuales de sus derechos como ciudadanas.

2.3 El movimiento por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa y Norte América

A mediados de los años setenta, en el clima de ideas y avances socio cultural que estaba generando la revolución estudiantil de 1968, la liberación sexual y el auge del feminismo, en Estados Unidos y Europa empieza a surgir el Movimiento por los derechos de las prostitutas.

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Hablar de este movimiento significa intentar contar una historia que nunca se ha escrito y que es tan próxima al presente que tal vez todavía no tenga unos rasgos claramente definidos (Trifiró, 2003).

En un clima del feminismo radical se desarrolló una alianza entre feministas-prostitutas y feministas-no prostitutas, quienes por primera vez en la historia consideraban la prostitución como resultado de la elección por parte de la mujer y no solamente como obligación debida a la pobreza y falta de alternativas.

“La primera prostituta contemporánea que se manifestó públicamente por los derechos fue Margo St. James en Estados Unidos. En 1973 ella fundó en San Francisco una organización llamada COYOTE, la cual aunaba a prostitutas, artistas, periodistas, abogados, investigadores, trabajadores sociales y políticos. Escogió el nombre COYOTE para simbolizar al animal que es forzado a emigrar por los rancheros que lo persiguen y que, a pesar de tener una reputación de promiscuidad, se apareja por toda la vida” (Trifiró, 2003).

En 1975 se realizó en París un mitin patrocinado por la UNESCO y organizado por la “Federación Internacional de Abolicionistas”, una organización dedicada a erradicar la prostitución. No se había invitado a ninguna de las prostitutas activistas pero ellas pidieron hablar. En ese lugar se encontraba también Simone de Beauvoir, que se reunió con Margo St. James: fue la primera vez que se discutió de la fundación de una organización internacional por los derechos de las trabajadoras sexuales. Desde mediados de los setentas hasta mediados de los ochentas, surgieron en muchos países organizaciones de prostitutas.

En 1974 las prostitutas de París realizaron una manifestación en Montparnasse para protestar en contra del asesinato de mujeres, la falta de intervención por parte de instituciones

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judiciales y la represión policial que siempre las afecta. En 1975, en Inglaterra, Helen

Buckingham se presentó como prostituta en una conferencia de prensa y fundó la organización PLAN, a la cual siguieron otras. En Alemania en 1980 fue fundada HYDRA, y en 1982 en Ginebra surgió ASPASIE. En el mismo año, Carla Corso y Pia Covre fundaron el Comitato per i Diritti Civili delle Prostitute, después de una manifestación de protesta contra la violencia ejercida por los soldados norteamericanos hacia ellas (Trifiró, 2003, págs. 38-40).

En los años que siguieron, otras organizaciones se formaron en Canadá, Australia, Suecia, Holanda, Brasil y el resto de Suramérica y el Caribe. Y si muchas son las que lograron llegar a tener una existencia, hay que decir que numerosos intentos organizativos han sido bloqueados por la violencia y el control social. Por ejemplo: en Ecuador los gerentes de los burdeles hacían rotar deliberadamente cada semana a las prostitutas para impedirles que se agruparan y

expresaran sus quejas sobre los malos tratos y las pésimas condiciones de trabajo.

Respecto a la religión su papel de controlador sobre el cuerpo de la mujer se declaró con su institucionalidad en el siglo IV donde los cuerpos de las mujeres se presentaron como símbolo de pecado y lujuria que incitaba a los hombres (Federici, El caliban y la bruja, 2010), tras esos primeros planteamientos la iglesia expulso a las mujeres de los actos litúrgicos, y genero el código canónico donde se dictaban las normas para tener relaciones sexuales, aclarando que estas solo podrían tenerse con el fin de la procreación, en determinadas horas y días, además de una única posición que luego gracias a las expediciones evangelizadoras le llamarían “el misionero”.

La prostitución se convirtió en un mal necesario, escondido en las afueras de los pueblos y aunque moralmente era inaceptable no sé prohibía por una arraigada tradición machista que vela por la satisfacción sexual de los hombres. La moral heredada por la iglesia católica ha generado

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que sean rechazadas en sus casas, los vecinos, el estado y en general la sociedad que no aprueba su forma de vida.

En el transcurso de la historia el trabajo sexual ha demostrado no ser el mismo, cambia según el contexto, la moral, el sistema económico, los avances en políticas y derechos humanos, estos dos últimos, son fundamentales para el reconocimiento de los ciudadanas/nos, por el contrario si estos procesos se estancan afectan a la población sobre la que se decida o no legislar, es el caso del trabajo sexual en Colombia donde hasta la fecha se lucha por la inclusión como trabajadoras, y la reivindicación como ciudadanas.

2.4 Coyuntura Jurídica

El caso puntual que comienza a determinar los procesos jurídicos de las trabajadoras

sexuales en Colombia, inicia en el año 2010 cuando la corte constitucional en su sentencia T-629 reconoce que las trabajadoras sexuales y los trabajadores sexuales tienen las mismas garantías y derechos que cualquier otro/a trabajador/ra, en tanto el estado y las empresas privadas que empleen trabajadoras sexuales deben velar porque se cumplan sus derechos. La sentencia se da por una acción de tutela instaurada por LAIS contra el bar discoteca PANDEMO debido a su despido en pleno embarazada (Acción Tutela Instaurada Contra el Bar Pamdemiun/ Igualdad en la Constitución, 2010).

Seis años más tarde, El 19 de noviembre del año 2016 la corte constitucional ordeno al ministerio de trabajo reglamentar el trabajo sexual en Colombia, debido a una demanda instalada

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por las trabajadoras sexuales en la plaza de la mariposa en el centro de Bogotá, quienes sufrieron abusos y fueron privadas de su libertad en manos de la policía de la zona (Prohibición De

Discriminación Hacia Trabajadoras Sexuales, 2016)

Si bien los dos casos anteriores tuvieron implicaciones legales, no es de olvidar que los informes de derechos humanos son construidos a partir de registros y documentaciones de casos donde son vulnerados los derechos humanos, en donde la mayoría de veces estos registros no alcanzan a crear incidencia sobre las acciones legales dejándolas en el papel, pues usualmente quien hace estos registros se encuentra imposibilitado para tomar acciones legales.

En el caso de las llamadas batidas donde los policías abordan a las trabajadoras sexuales, las insultan, golpean y en varias ocasiones las privan de su libertad por horas, demuestran la

indiferencia por parte de las instituciones hacia las trabajadoras sexuales, estas acciones que pasan en muchas ocasiones desapercibidas dan cuenta de un trato violento naturalizado hacia estas poblaciones.

Más allá de las sentencias y los derechos que intentan dignificar las trabajadoras sexuales, el estado y la sociedad continúan sancionando esta actividad con él estigma, las malas miradas, esa mirada moralista que mata, para las trabajadoras sexuales la única ley que vale es la de los policías, quienes tienen un trato violento hacia ellas, y en ese sentido los avances en derechos humanos para las trabajadoras sexuales se quedan en el papel.

Este trabajo investigativo se basa en historias de trabajadoras sexuales frente a sus vivencias e historias de vida que resisten. El pasado 13 de diciembre se presentó el informe “la ley entre comillas de la fundación Parces en la Universidad de los andes, en el cual se realiza un análisis de las vulneraciones a los derechos hacia los/las trabajadoras sexuales, anidado a un trabajo de re

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significación y empoderamiento político que lleve a la desaparición del estigma y sacar las sentencias del papel.

Capitulo III Trabajo de campo Los colores de los días

La metodología que utilizare para el presente trabajo se inspira en el trabajo realizado por la fundación Parces, quienes salieron a las calles a hablar con las trabajadoras sexuales, entablaron diálogos con ellas, escuchando sus percepciones y vivencias como trabajadoras sexuales. De la misma manera realizare un trabajo de campo previo en el que las trabajadoras sexuales de La Veracruz a través de la IAP puedan contar sus historias y dar sus opiniones.

Con anterioridad ya se ha mencionado las implicaciones que tuvo la iglesia en el trabajo, quienes a pesar del escándalo y el pudor que gira en torno a ella no se atreven a proponer perspectivas prohibicionistas, esto se debe a que si bien desde sus inicios la iglesia presento el cuerpo de las mujeres como el culpable del deseo sexual de los hombres, son ellas las obligadas a satisfacer y proveer servicios sexuales (Carracebo Bullido, 2002, pág. 3).

Los postulados de la iglesia están inscritos en la piel de todas las habitantes de la Veracruz, sector bien particular por estar en las aceras de una iglesia, ellas habitan sus aceras, es la fuente de la iglesia el lugar de encuentro por excelencia, allí flirtean a sus posibles clientes con

repetidas miradas que al ser correspondidas procede a una charla donde se negocie los servicios a los que ira acceder según el monto pactado, Johana por ejemplo tiene una tarifa de 20.000 pesos, según el marrano dice ella, habita La Veracruz con mayor frecuencia que otras, conversa con los padres, la he visto llorar borracha en sus hombros, aunque luego reniegue de ellos. Es

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una ambivalencia constante un mar de sentimientos encontrados hacia la iglesia y lo que representa.

3.1 Historias de Vida

Al parecer asumirme como prostituta, aunque pocas usen la palabra, las pone de cara a una realidad, así como muchas otras, Margarita fue una mujer olvidada por su familia, en este caso la guerra y la pobreza incidieron para que sus hermanas/nos mayores dejaran a Margarita de 14 años en la casa de un tío, del que poco me hablo.

Lunes 21 de febrero 2016 hora 6:00 a 7:50

Estaba nublada la tarde del lunes, el cielo gris y de rato en rato un relámpago, temía por la lluvia pero estaba decidida, era el ultimato de la semana, llevaba muchos meses preparándome para ir a campo, pensado en; ¿si estaba preparada?, la voy a cagar, es peligroso, como

articularme efectivamente a campo y todos esos miedos que quizás algunos han sentido previo a campo.

Pensaba que si llegaba a La Veracruz la lluvia podía ayudarme como agente conciliador, ya saben la antigua técnica de escamparse, y efectivamente así fue, durante todo mi camino no llovió, de hecho solo cuando estaba llegando comenzó brisar, me les acerque al primer grupo de tres mujeres que vi sentadas en las afueras de servientrega. Una mujer de aproximadamente cincuenta años de edad, doña María Eugenia (MG) y otra un poco mayor que la primera, estaban sentadas hasta que una separo y aproveche.

- Con permiso yo me siento mientras ella llega del baño, o ¿será que se enoja?

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No recuerdo muy bien los motivos por los cuales María Eugenia comenzó a hablar. Lo recuerdo la manera en cómo me contaba que ella había sido una mujer hermosa, con su cabello largo y mientras lo decía se contoneaba sentada en su lugar, yo la mire y pensé – efectivamente es muy bella- pero hizo una pausa, su semblante cambio, me conto que alguna vez en su

juventud mientras se encontraba parada en una cera llego un sujeto y le dijo – venga (acompañado de movimiento con la cabeza)

- MG: Yo no quise ir, le dije que no, a lo que ese hombre se le acercó y me pego, cuando me desperté del golpe estaba en un taxi camino a… por allá. como por villa hermosa y me dejo en su casa, yo estaba sangrando y me dejo ahí tirada, me dijo. “te quedas ahí”. Yo me quede ahí y no me culio8, al otro día cogí taxi y me fui.

Luego me mostro una parte de la puñalada que el sujeto le había dejado en su entrepierna y se sintió triste… sentí su tristeza

- MG: Dando gracias a Dios que no me entrego a esos muchachos de por allá a que me culiaran entre todos, mmm él me decía, “cómo así que te la estas rebuscando9 y con migo no”, ya después al tiempo apareció con una pierna enyesada y me dijo venga para acá y yo de una me le hice al lado al policía, yo no le dije nada de lo que paso pues, pero me le hice ahí al ladito callada.

Se quedó callada.

8 En la juerga chilena la palabra culear proviene de “culo”, este verbo irregular era utilizado para señalar el

movimiento de las nalgas como una invitación a fornicar.

En la presente entrevista se señala la idea de tener cualquier acercamiento sexual, tanto anal como vaginal.

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- ¿Y vos hace cuanto estas por acá?

- MG: mmm yo nací acá (risas)

- ¿Y dónde duerme?

-MG: yo amanezco aquí tirada, y cuando menos piensa llegan acá, quieta y me chuzan10. Pero yo no quiero que me saquen del centro, hace un año no me reporto pero no quiero que me saquen, yo aquí tengo unas llaves las de la casa de mi hija.

- Evidentemente María Eugenia no estaba totalmente es sus cinco sentidos, se le notaba aturdida, desorientada, pero lo que más me llamo la atención fue la cantidad de veces que me menciono las llaves de su casa y que ella tenía cedula además de su deseo porque no la sacaran del centro donde los habitantes de las calles van a comer, dormir y ducharse, es como si ella quisiera sentirse parte de la ciudad, como una ciudadana más, como debería de ser, tener una familia, una casa, ducharse, tener cedula, todas esas cosas que dentro de los imaginarios te identifican como un ciudadana más, sin embargo están pensadas para ciertas clase de cuerpos, marginando y excluyendo a los que no pueden cumplir con esos parámetros.

Después de un rato se fue la señora que había llegado del baño, se despidió de beso y se fue. Ahora quedábamos, tres, pero la chica que estuvo a nuestro lado no decía mucho, asentía o se reía, pero en un momento dado se ausento por un saco, se demoró 20 minutos como máximo y regreso con un saco negro, era evidente que se hospedaba cerca o vivía cerca, bueno quizás no parezca un gran suceso, pero me llevaba a pensar que los habitantes del sector no solo se reúnen

10 La expresión “quieta y me chuzan” seguida de un movimiento de manos, con su puño golpeando la pierna, nos

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en el centro como un lugar transitorio, si no que tienen unas afinidades mucho más fuertes, porque además es el lugar donde viven.

- MG dónde va dormir hoy.

- yo voy a ver, yo me mantengo mucho por allá, por el edificio de los espejos cuando quiera va y me hace la visita, yo en estos días estuve haciendo la vuelta de la cédula en la alpujarra en el sótano y cuando me dieron el papel yo mire y eso valía mucha plata entonces yo hable con esa pelada que había allá, que mire que me colaborara que yo no tenía toda esa plata y me ayudo, y pude sacar mi cedula.

Estando próximas a las 7:00 p.m. salió un señor a invitarnos a decirnos que fuéramos que “iban y orar por todas nosotras”, invitaron María Eugenia y dijo que ella en un rato iba (cosa que no fue así) y la otra chica silenciosa dijo no gracias.

- Cuando el señor se entró pregunte a la chica silenciosa, ¿será que vamos en un rato?

- No yo no voy a ir por allá, para qué si uno va salir y va seguir haciendo lo mismo.

El fuerte prejuicio moralista de lo sagrado y lo profano, que no solo está en la sociedad si no que ellas mismas lo reproducen. El centro (la Veracruz) me habla de muchas personas que se sienten fuera de una estabilidad social, ellas también están y hacen parte de una insurgencia que si bien quieren reformarse para acercarse a su familia e hijos, hacen parte ya del mundo de La

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En un momento MG llama a una señora que se sienta a nuestro lado, la chava, se integra nos presentamos y comienza a contarnos que tiene hijas promotoras de Arroz Huila - yo las quiero mucho pero me joden mucho por eso me vine para acá.

- ¿Y usted de dónde es?

- Yo soy de acá de Medellín, (hizo una expresión de pensamiento) mmm cuantos años llevare yo por acá, yo no sé, imagínese que yo tuve mis hijas y mis nietos por acá, pero que verracos tan cansones yo no me los aguanto, prefiero venirme para el centro.

Mientras conversábamos llego un hombre de chaqueta y pantalón de paño y me pregunto ¿Qué estaba haciendo?, le conté, como ya les había contado a todas sobre mi trabajo de campo y que nos veríamos seguido por allí, me ofreció licor y contrario a la frase de oro, adonde vallas has lo que vieres, decidí marcharme de campo cortésmente.

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