CONTENIDO
Introducción
Presencia de los actores armados ilegales Evolución reciente del conflicto armado
Consecuencias humanitarias del conflicto armado Sinopsis
Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario
ISSN 1657-818 X Serie Geográfica No. 18
HUILA
TOLIMA
Uribe
META
San Vicente del
Caguán
CAQUETÁ
CAUCA
Río Guarapas Río Suaza Río Páez Río Magdalena Río Iquira Río TuneRío Fortalecillas Río Bache
Río Aipe Río Pata
Río Venado
Procesado y georreferenciado por el Observatorio de Derechos Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República Cartografía: Igac - Dane.
Río Magdalena
ZONA DE DISTENSIÓN
Carretera principal pavimentada Carretera
Carretera pavimentada por secciones Ríos
División municipal
Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República
Publicación financiada por el Fondo de Inversión para la Paz - FIP, Plan Colombia y USAID / MSD. Calle 8 No. 6-63, Bogotá. Tel. (571) 336 0311; Fax (571) 286 7345; e-mail [email protected]
www.derechoshumanos.gov.co/observatorio
Diagramación: Margarita Guarín Rueda. Fotografías: Guillermo Molano C. Coordinación Editorial: María Cristina Sáenz.
Impresión: La Imprenta Ltda.
El departamento del Huila1 fue junto con el de Tolima uno de
los principales escenarios de “La Violencia” de los años cin-cuenta. En el Huila operaron guerrillas liberales y comunistas; así mismo, diversas bandas de origen conservador se disputa-ron muchos de estos espacios con liberales y comunistas. La agudización de los enfrentamientos se produjo en el momento en que las organizaciones de izquierda con presencia en el Tolima, decidieron no acogerse a la amnistía ofrecida por el gobierno militar de Rojas Pinilla y se desplazaron al Huila en busca de nuevos territorios. También se localizaron en el de-partamento algunos de los núcleos de autodefensa campesina de orientación comunista que fueron la base para la creación de las Farc. Entre la celebración en Marquetalia en 1964 de la primera conferencia de la organización guerrillera y la cuarta que se llevó a cabo en El Pato en 1971, se definieron los primeros núcleos de expansión; el oriente del Huila, colindan-te con las regiones de los ríos Duda, Ariari y Guayabero en el Meta, El Pato en el Caquetá y el occidente del Huila, colindan-te con Riochiquito en el Cauca y Marquetalia en el Tolima2. En
el momento actual, tal como se analizará en este estudio, la violencia en el Huila tiende a estar menos signada por la dispu-ta entre actores armados y más por la expansión del dominio territorial de las Farc.
Las acciones de las Farc en el Huila han estado encaminadas a aumentar su poderío; y aún las circunstanciales se ciñen a planes de largo alcance de expansión y búsqueda de objetivos de tipo estratégico. Mediante las consecutivas tomas de
pe-queñas poblaciones, la destrucción de los puestos de Policía y el asesinato de los Agentes de la institución aplicando el deno-minado “plan pistola”, las Farc pretenden el control de un extenso corredor que cruza el departamento comunicando al suroriente con el suroccidente y la Costa Pacífica. Así mismo, dentro de sus objetivos está el reconocimiento de influencia en la gestión local de los municipios. De esta manera ha ido avan-zando lentamente sobre las poblaciones, con el propósito de constituirse en poder de facto, apoyándose en esta gestión local para ganar espacios de negociación con el poder central. Las manifestaciones recientes del conflicto armado han pues-to en serio riesgo la gobernabilidad de los municipios del Hui-la. La amenaza proferida por las Farc a mediados de 2002 sobre las administraciones locales, que ha cobrado la vida de un alcalde y cuatro concejales, precipitó la renuncia de los concejales de Algeciras, Rivera, Acevedo, San Agustín, Baraya, Tello, Oporapa, Altamira, Campoalegre, Colombia, Gigante y Guadalupe. De otro lado, el secuestro masivo de personas en Neiva en julio de 2001, mediante una acción tipo comando sin precedentes, significa un salto cualitativo en el escalamiento del conflicto.
Si se analiza el uso táctico que las Farc dieron a la Zona de Distensión mientras se adelantaron las Conversaciones de Paz entre noviembre de 1998 y febrero de 2002, se deduce que este escenario tuvo una muy significativa incidencia en el deterioro de la situación de orden público y el incremento de las viola-ciones al DIH en el Huila. La especificidad con que se produ-cen los ataques preparados desde los municipios sin presencia de las Fuerzas Armadas define un patrón de continuidad geo-gráfica que revela el propósito de consolidar corredores que desde Meta y Caquetá encuentran salidas hacia el Tolima y Cauca a través del Huila.
1 El departamento del Huila se encuentra situado en la parte sur de la región andina y limita
por el norte con los departamentos del Tolima y Cundinamarca, por el este con Meta y Caquetá, por el sur con Caquetá y Cauca, y por el oeste con Cauca y Tolima. El departa-mento está dividido en 37 municipios, 4 corregimientos y 120 Inspecciones de Policía. Según datos proyectados del censo de 1993, su población en 2002 era de 903.092, el 60% corresponde a las cabeceras municipales y el 40% al área rural, agrupados en 155.308 hogares que habitaban 158.520 viviendas. La población de 10 y más años, según su con-dición de actividad, está distribuida en 51% económicamente activa, 19% estudiantes, 25% oficios del hogar, 1% jubilados y pensionados y 4% otra situación. En el departamento se encuentran 3 resguardos con 840 indígenas, y ocupan el 0,1% de la superficie departamen-tal. La tasa de analfabetismo para la población de 15 y más años es de 10,42%. La propor-ción de hogares que dispone de acueducto es de 94%, alcantarillado 76,2% y energía eléctrica 90,4%. La población con necesidades básicas insatisfechas es de 31,9%.
2 Tovar Zambrano, Bernardo. Historia General del Huila. Fondo de Publicaciones del
Departamento del Huila. Neiva 1995. Separata de El Colombiano, elaborada por el Cinep.
Desde el momento en que se creó la zona de distensión para adelantar el proceso de paz con las Farc, se realizaron denun-cias de diversos hechos cometidos por miembros de esta orga-nización que, como los secuestros de personas que fueron conducidas a la zona aprovechando la ausencia de las autorida-des públicas, constituyen graves violaciones no sólo al régi-men jurídico vigente sino también del Derecho Internacional Humanitario. De tal suerte, no es una coincidencia que fuera justamente el secuestro de un miembro del Congreso de la República, preparado desde la zona de distensión y ejecutado en territorio huilense, el hecho que agotara la paciencia del Gobierno Nacional obligándolo a declarar la ruptura definitiva de las negociación iniciadas con el grupo guerrillero tres años atrás3.
Frente al ostensible crecimiento de la intensidad del conflicto armado y el avance de la subversión en los últimos cuatro años, llama la atención la incipiente presencia de los grupos de autodefensa y su muy reducida participación en la producción de violencia en el Huila. Es más, si se tiene en cuenta la insis-tencia de estos grupos en que su exisinsis-tencia responde al fenó-meno guerrillero, el departamento debiera registrar una parti-cipación mucho más activa de estas organizaciones desempe-ñando su rol contrainsurgente. Sin embargo, el análisis del conflicto en este escenario regional muestra que la presencia territorial de los grupos de autodefensa no parece tener corres-pondencia con sus pronunciamientos retóricos.
El objetivo del presente estudio consiste en presentar la infor-mación sobre las diferentes manifestaciones del conflicto y la violencia en el departamento del Huila, y producir los análisis correspondientes a sus principales tendencias y sus conse-cuencias humanitarias. Al mismo tiempo, la identificación de los cambios recientes en las estrategias empleadas por los protagonistas del conflicto y las zonas críticas, permitirá
3 El 20 de febrero de 2002, en zona rural del municipio de Hobo, integrantes de la columna
móvil Teófilo Forero obligaron a aterrizar al avión de matrícula HK3951X, vuelo 8091 de la empresa Aires que cubría la ruta Florencia - Neiva – Bogotá, con el fin de secuestrar a sus ocupantes, entre los cuales se encontraba el senador Jorge Eduardo Gechem Turbay. Para facilitar el traslado de los secuestrados a la zona desmilitarizada en el Caquetá, el grupo subversivo minutos antes había dinamitado el puente sobre el río Neiva que comu-nica con Campoalegre, con lo cual impidió la reacción oportuna de la Fuerza Pública desde la capital del departamento.
HUILA
Distribución municipal y localización de grupos guerrilleros y de autodefensa
2002
1. Neiva 2. Acevedo 3. Agrado 4. Aipe 5. Algeciras 6. Altamira 7. Baraya 8. Campoalegre 9. Colombia 10. Elías 11. Garzón 12. Gigante 13. Guadalupe 14. Hobo 15. Iquira 16. Isnos 17. La Argentina 18. La Plata 19. Natagá 20. Oporapa 21. Paicol 22. Palermo 23. Palestina 24. Pital 25. Pitalito 26. Rivera 27. Saladoblanco 28. San Agustín 29. Santa María 30. Suaza 31. Tarqui 32. Tesalia 33. Tello 34. Teruel 35. Timaná 36. Villavieja 37. YaguaráFuente: Base de Datos de la Presidencia de la República y Boletines del Das.
Procesado y georreferenciado por el Observatorio de Derechos Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República Cartografía: Igac - Dane
Farc
Frentes: 3,13.17,61,64 y 66
Columna móvil Joselo Losada Columna móvil Teófilo Forero
Eln
NUG: Núcleo urbano La Gaitana
Autodefensas
17
66
64
3
61
13
NUG
Cauca
Tolima
Meta
Caquetá
9 7 36 4 33 1 26 5 29 34 15 14 19 12 11 30 13 23 2 22 8 37 32 21 3 6 18 24 31 28 25 35 10 16 2717 Columna móvil Joselo LosadaColumna móvilTeófilo Forer o
focalizar las acciones encaminadas a garantizar la protección de la población civil en riesgo.
Presencia de los actores armados ilegales
Las Farc comienzan a tener protagonismo armado en el Huila a partir de 1983 a través del frente 17 que se creó mediante el desdoblamiento del frente 7, el cual tiene su base de operacio-nes en el Meta. Desde este momento la expansión de la orga-nización se produce a partir del bloque sur; comienzan a im-plantarse en el departamento frentes inicialmente radicados en Caquetá; en el oriente el frente 2 y en el suroccidente el frente 3. Hacia 1989, en el sur del departamento comienza a operar el frente 13 localizado inicialmente en Caquetá. Durante los años noventa aparecen los frentes 61, 64 y 66, que vienen a reforzar a las estructuras armadas creadas con anterioridad. Reciente-mente, han operado las compañías móviles Joselo Lozada y Teófilo Forero.
El Eln a través del frente Manuel Vásquez Castaño, desde 1984 tiene presencia en el sur del departamento en limites con la región de la bota caucana. Hacia inicios de los años noventa hace su aparición en Neiva el frente urbano La Gaitana. Por su parte, los grupos de autodefensa desde finales de los años ochenta registran alguna actividad en Neiva, Colombia, Pales-tina y Pitalito.
El relieve del territorio huilense perteneciente al sistema andino, ha sido un factor decisivo en la localización de los grupos armados. En el departamento se distinguen cuatro unidades morfológicas: Macizo Colombiano, cordillera Central, cordi-llera Oriental y el valle del río Magdalena. A partir de 1982 las Farc se trazaron la meta de lograr la consolidación de su pre-sencia sobre la cordillera Oriental. Con esta decisión el grupo
sobre los corredores de acceso al centro del país en los momentos en que se desplieguen operativos contrainsurgentes en las zonas de implantación histó-rica en el suroriente colombiano. La localización de los frentes 13, 61, 3, 64 y 17 sobre el flanco occiden-tal de la cordillera Orienocciden-tal, obedece al cumplimiento de los planes estratégicos de la Séptima Conferencia de la organización realizada en 1982. El frente 3 ha buscado controlar un amplio corredor de acceso des-de el noroccides-dente des-del Caquetá hacia los municipios de Algeciras, Gigante, Garzón, Guadalupe, Suaza y Acevedo; el frente 13 ha operado en los municipios de Suaza, Acevedo y Palestina; el frente 61 se mueve por los municipios de Acevedo, Palestina, Timaná, Suaza y Guadalupe; el frente 64 registra actividad en Gigante; el frente 17 ha concentrado su actividad ar-mada en los municipios de Colombia, Villavieja, Baraya, Tello y el oriente rural de Neiva.
Como en los otros departamentos que hacen parte del Macizo Colombiano4, las Farc en el Huila han estado
muy ligadas a la producción y comercialización del látex de amapola e incluso se ha llegado a afirmar que cuenta con sus propios cultivos5. El Macizo Colombiano es el lugar
donde se origina la cordillera Oriental y nacen ríos muy impor-tantes como el Magdalena, Cauca, Caquetá y Patía; abarca el flanco oriental de la Cordillera Central, donde el cultivo de ilícitos ha constituido una de las fuentes de recursos para los frentes 13 y 61 en los municipios de La Argentina, Oporapa, Saladoblanco, Isnos y San Agustín. En el occidente del Huila, las Farc propagaron el cultivo de amapola debido a los ingre-sos que hacia mediados de los años noventa se comenzaron a obtener mediante la comercialización del látex, el cuidado de las zonas productoras y el cobro del gramaje a los pequeños productores.
El valle del río Magdalena, enmarcado por las cordilleras Cen-tral y Oriental, comprende las tierras bajas, onduladas y pla-nas que bordean el río Magdalena con alturas inferiores a 800 mts. sobre el nivel del mar y es una zona vital para las comu-nicaciones terrestres a lo largo del departamento. El valle en la parte sur presenta áreas boscosas que propician la presencia guerrillera; a medida que se amplía en el centro y norte, las condiciones son menos favorables para la logística de los alza-dos en armas. Pitalito en la parte sur, con graves conflictos agrarios, elevada intensidad del accionar de la guerrilla y altos índices de violencia, es uno de los municipios más críticos. En menor grado estos problemas se manifiestan también en Baraya, Palermo, Yaguara, Tesalia, Timaná y San Agustín.
4 Ver Panorama Actual del Macizo Colombiano, Separata No. 6. Publicación del
Observa-torio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humani-tario. Bogotá, diciembre de 2001.
5 Presidencia de la República, Consejería para la Paz. Cultivo y producción de amapola en
algunos municipios del sur del Tolima, occidente del Huila, oriente del Cauca y centro de Nariño. Bogotá 1992.
Intensidad del conflicto armado
1990 -1993
Baja intensidad de acción (entre 1 y 4 acciones) Intensidad media baja de acción (entre 5 y 9 acciones) Intensidad media alta de acción (entre 10 y 20 acciones) Alta intensidad de acción (más de 20 acciones)
32 21 3 11 6 18 24 27 17 31 20 16 28 2535 30 13 23 2 10 9 7 36 4 33 1 26 5 22 29 34 8 37 15 14 19 12
Tolima
Meta
Caquetá
Cauca
1998 -2001
32 21 3 11 6 18 24 27 17 31 20 16 28 2535 30 13 23 2 10 9 7 36 4 33 1 26 5 22 29 34 8 37 15 14 19 12Tolima
Meta
Caquetá
Cauca
2002 (enero - septiembre)
32 21 3 11 6 18 24 27 17 31 20 16 28 2535 30 13 23 2 10 9 7 36 4 33 1 26 5 22 29 34 8 37 15 14 19 12Tolima
Meta
Caquetá
Cauca
Fuente: Base de Datos de la Presidencia de la República y Boletín del Das.
Procesado y georreferenciado por el Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH, Cartografía Igac-Dane.
1994 -1997
32 21 3 11 6 18 24 27 17 31 20 16 28 2535 30 13 23 2 10 9 7 36 4 33 1 26 5 22 29 34 8 37 15 14 19 12Tolima
Meta
Caquetá
Cauca
La ingerencia del narcotráfico en el Huila comienza en los años noventa con la expansión del cultivo de amapola para la pro-ducción de heroína. La compra de tierras por narcotraficantes en estos años fue reportada en Gigante, Hobo, Rivera y Yaguará. La producción de amapola que en los primeros años de la bonanza se extendió a veinte municipios, en el presente como resultado de la fumigación aérea no sobrepasa de diez munici-pios y 700 hts6.
No obstante, haber constituido una fuente de recursos para la población campesina, la amapola en los años noventa tuvo efectos muy negativos. A nivel social fuera de los problemas derivados del excesivo consumo de licor y la compra de armas, los campesinos fueron obligados a sembrar amapola por la presión de la guerrilla y los comerciantes que veían como po-tenciales delatores a quienes se mantuvieran al margen, negán-doles la posibilidad de no participar en la actividad ilícita. A nivel ambiental, el impacto sobre los bosques que protegen las fuentes de agua ha sido considerable. El cultivo de ilícitos que se ha favorecido de las lluvias, el relieve y la distribución del suelo, aceleró los procesos erosivos, ocasionando deslizamientos, avalanchas, remociones en masa y pérdida de suelo. Estos efectos son hoy evidentes en las vertientes de las cordilleras donde ha crecido la amapola.
En cuanto a la presencia de las estructuras armadas que ac-tuando bajo el distintivo común de Autodefensas Unidas de Colombia pretenden mostrarse como una fuerza anti-subver-siva multirregional que cuenta con mando responsable y coor-dinación de sus acciones a nivel nacional, ésta comienza a ser más notoria en el Huila como resultado de la expansión de las estructuras que operan en Caquetá, Tolima y Putumayo. La
tamento en el negocio ilícito de las dro-gas, en tanto el cultivo de ilícitos y la inversión en tierras por parte de narcotraficantes han sido marginales, parece explicar la discreta figuración de los grupos de autodefensa, si se compara con la que ostentan en depar-tamentos como Nariño, Cauca o Tolima donde los intereses del narcotráfico y la presencia de estas or-ganizaciones han ido de la mano7.
La serie de cuatro mapas de la página anterior que, desde la perspectiva geo-gráfica da cuenta de la evolución de la actividad armada de la guerrilla en los municipios del Huila entre 1990 y 2002, permite descubrir los énfasis de la presencia activa en los diferentes mo-mentos, así como develar sus principales propósitos que so-brepasan la búsqueda de control territorial apuntando al plano mas bien estratégico. En este sentido los énfasis del accionar armado se expresan no de manera aleatoria sobre el territorio, sino que responden a los planes y lógicas de la guerra que, como ya se ha dicho, reconocen en el Huila una zona vital en el desarrollo de la confrontación. En particular la importancia de la cordillera Oriental y de los corredores que la atraviesan, comunicando la zona del suroriente con el occidente y el cen-tro del país, explica la persistencia del conflicto en municipios que tienen continuidad geográfica con Meta y Caquetá. Desde los primeros años de la década del noventa la insistencia de las Farc en hacer sentir su poder armado en Neiva, Algeciras, Gigante, Baraya, Tello, Guadalupe, Rivera, Garzón, Acevedo, Campoalegre y Suaza revela la valoración estratégica que, por las razones anotadas, el grupo insurgente le concede a estos municipios. Así mismo, en los mapas adjuntos sobresalen por la presencia muy activa de la subversión Pitalito, Isnos, San Agustín, La Plata, municipios pertenecientes al Macizo Co-lombiano, zona que ha jugado un papel importante en la lógica del conflicto y los movimientos de sus protagonistas.
Evolución reciente del conflicto armado
La información estadística que se presenta en los gráficos ad-juntos, revela la elevada integración del ritmo con que se pro-duce la actividad armada en el Huila respecto a la que se regis-tra en el conjunto nacional. En efecto, la coincidencia en los ascensos del accionar armado se observa en 1992 y 1994, y desde 1999 sin interrupción hasta 2002. La tendencia crecien-te en la increcien-tensidad del conflicto pone de presencrecien-te la elevada capacidad ofensiva con que cuentan las Farc en el departamen-to, guerrilla que a partir del año 2000 asume de manera
exclu-100 90 80 70 60 50 40 30 20 10 0 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002
en el país y en Huila 1990-2002
Total Huila Total NacionalFuente: Base de Datos de la Presidencia de la República y Boletín del Das.
Procesado por el Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República.
Huila Nacional 2500 2000 1500 1000 500 0
6 De acuerdo con el monitoreo de la Policía Antinarcóticos (2001), Huila con 692 de las
4.294 hts. de amapola que se cultivan a nivel nacional es el tercer productor, antecedido por Nariño con 1699 y Cauca con 1.150. Tolima con 687 es el menor productor. En ese año la producción en el Huila se hallaba distribuida en trece municipios: Algeciras (259 ha), Neiva (119 ha), Santa María (61 ha), Iquira (53 ha), Baraya (50 ha), Rivera (40 ha), Colombia (34 ha), Acevedo(30 ha), Tello (15 ha), La Plata (14 ha), San Agustín (8 ha) y Saladoblanco (1 ha).
7 Ver Panorama Actual de Tolima, Separata No.9 de febrero de 2002 y Panorama Actual
de Nariño, Separata No.16 de noviembre de 2002. Publicaciones del Observatorio del
siva el protagonismo armado, sin que se produzca ninguna acción armada a nombre del Eln.
Los enfrentamientos entre la guerrilla y la Fuerza Pública, los hostigamientos y las acciones de sabotaje contra la infraes-tructura económica, desde comienzos de la década del noventa tienen una elevada participación dentro del conjunto de accio-nes armadas. Los picos en el conflicto, coincidiendo con la finalización en 1992 de las negociaciones de paz llevadas a cabo en la Administración Gaviria, la transición entre las ad-ministraciones Gaviria y Samper en 1994, y la ruptura de las conversaciones entre el Gobierno Pastrana y las Farc en 2002, se caracterizan precisamente por la insistencia en estas tres modalidades de acción armada.
La escalada de las Farc registrada en los meses de enero, febre-ro y marzo de 2002, que no tiene precedentes, fuera de pfebre-rodu- produ-cir un elevado número de acciones de sabotaje, hostigamientos y contactos con la Fuerza Pública, se tradujo en repetidas emboscadas y ataques contra instalaciones de la Policía. En los últimos meses de 2002, la notoria reducción en la intensi-dad del conflicto que se ha producido en consonancia con la conducta observada a escala nacional, se explica en el repliegue táctico de la insurgencia ante la mayor iniciativa militar del Estado. El ataque sobre el barrio la Magdalena de Neiva ocu-rrido a comienzo de febrero es una acción terrorista más como se venía presentando a nivel urbano.
Entre los cambios más significativos que recientemente se ad-vierten en la dinámica del conflicto en el Huila, se destaca el énfasis que las Farc le han dado a los ataques a las poblaciones para destruir los puestos de policía y debilitar la presencia estatal en los municipios donde busca aumentar su control territorial. El departamento se convirtió en uno de los princi-pales escenarios del accionar armado de las Farc mientras es-tuvo vigente la zona de distensión. En este período los alzados en armas, que hicieron ingentes esfuerzos por presentar la zona de distensión como reconocimiento de dominio
territo-rial, militar y político8, con el fin de
ampliar este supuesto dominio, en repetidas oportunidades dirigieron ataques contra poblaciones del Huila. En el mes de diciembre de 1998, apenas un mes después de haberse establecido el escenario para ade-lantar las negociaciones de paz, la población de Algeciras, que limita por el oriente con el municipio de San Vicente del Caguán, fue ataca-da por las Farc. Durante este mes también fue objetivo del accionar ofensivo Saladoblanco, municipio localizado hacia el suroccidente del departamento, donde los guerrille-ros que destruyeron el puesto de la Policía produjeron también la muer-te de un agenmuer-te de la institución y de dos civiles que se encontraban en viviendas vecinas. En 1999 el primero de los ataques se registró en febrero, en los límites con el departamento del Caquetá, cuando integrantes de las Farc atacaron la cabecera municipal de Guadalupe. Lue-go de unos meses de inactividad las hostilidades se reanudaron en julio cuando Algeciras volvió a ser atacada por este mismo grupo guerrillero. En noviembre, la acción de las Farc que se dirigió contra el puesto de la Policía de Baraya, cobró la vida de un oficial y tres agentes. En diciembre los alzados en armas atacaron dos poblaciones vecinas: en Gigante, destruyeron el puesto de policía, las instalaciones de Bancafé y el Banco Agrario, y causaron la muerte de cinco civiles; en Algeciras, el puesto de la Policía fue hostigado sin que este hecho tuviera consecuencias que lamentar.
Durante 2000 los ataques se hicieron más contundentes. El propósito de golpear Algeciras se reiteró en junio; una vez más desde la zona de distensión la columna móvil Teófilo Forero incursiona en el municipio y mediante la detonación de cilindros de gas cargados con explosivos destruyó el puesto de Policía, la alcaldía, la cárcel y treinta viviendas localizadas en los alrededores. Al mes siguiente, el municipio de Santa Ma-ría, colindante con el sur del Tolima, fue atacado por guerrille-ros de los frentes 17 y 66 que, mediante la utilización de armas largas y cilindros de gas, destruyeron la estación de la Policía. En este mismo mes, en la Inspección Vegalarga en jurisdicción de Neiva, integrantes del frente 17 destruyeron con armas largas y cargas explosivas el puesto de Policía y algunas vi-viendas aledañas. También en julio, el municipio de Colombia que limita con Uribe en el Meta fue atacado por guerrilleros pertenecientes al frente 17 que destruyeron el puesto de Poli-cía, y causaron la muerte a tres civiles. Por último, mientras estuvo vigente la zona de distensión, el municipio de Acevedo
Acciones más recurrentes en el conflicto armado
1990 - 2002
4% 4% 7% 10% 15% 18% 40% Contactos armados Sabotajes Hostigamientos Emboscadas Piratería Ataques instalaciones Asaltos a poblaciones Asaltos a entidadesFuente: Base de Datos de la Presidencia de la República y Boletín del Das.
Procesado por el Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República.
2%
8 Desde el inicio del proceso de paz las Farc insistieron no solo en la salida de la Fuerza Pública
durante un período, como lo estableció el Gobierno del presidente Pastrana, sino su no retorno en la medida de lo posible, o su retorno en las condiciones más precarias posibles, con el fin de ejercer como gobierno regular.