SAFO
Me parece el igual de un dios, el hombre que frente a ti se sienta, y tan de cerca te escucha absorto hablarte con dulzura y reírte con amor.
Eso, no miento, no, me sobresalta dentro del pecho el corazón; pues te miro un solo instante, ya no puedo decir ni una palabra,
la lengua se me hiela, y un sutil fuego no tarda en recorrer mi piel, mis ojos no ven nada, y el oído me zumba, y un sudor
frío me cubre, y un temblor me agita todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba, pálida, y siento que me falta poco
para quedarme muerta.
………..
Me he enamorado de ti hace, Atis, ya tiempo; me pareciste una niña bajita y sin gracia...
………..
Sigue siendo mi amigo
pero busca una esposa más fresca, que vivir no podría contigo
siendo yo la más vieja.
………..
En verdad, quisiera estar muerta. Ella, al dejarme,
vertió muchas lágrimas
y me decía: "Ay, qué pena siento, Safo, créeme, me duele
dejarte."
Yo le contesté diciéndole: "Vete feliz, y acuérdate de mí, ya sabes cuánto te quería, pero por si no te acuerdas, te diré... cuánto gozamos."
ANACREONTE
El amor para Anacreonte es algo fundamentalmente sensual, fugaz y pasajero, por lo que sus composiciones sobre ese tema suelen ser breves. Son famosos sus poemas dedicados a la muchacha joven y asilvestrada a quien llama «potra tracia», así como aquellos que hacen referencia a juegos entre el poeta y algún joven del que estuviera enamorado. Ha pasado a la posteridad como el poeta de los banquetes.
Sus poemas fueron copiados e imitados en época más tardía: le fueron asignados a él en su totalidad aunque en la actualidad se supone que no son suyos. A este compendio de poemas se le llama Anacreónticas.
Anacreonte afirmaba con frecuencia, haciendo referencia a la relación que la poetisa Safo
mantuvo con sus alumnas, que ésta había sentido un amor sexual por ellas. Tales
afirmaciones fueron causa de rumor y con el paso del tiempo se extendieron de tal modo, que debido a ello nacieron los términos «lesbianismo» y «safismo», que aluden a la homosexualidad femenina, en referencia al rumor extendido al respecto de Safo de Lesbos por el poeta.
ODA A EROS
Compadecido salgo, y a helado rapazuelo con alas, carcaj y arco reclino junto al fuego.
El calor a sus manos con mis manos devuelvo y cuidadoso enjugo sus húmedos cabellos. Repuesto ya del frío, -el arco dame; quiero ver si la tensa cuerda
pudo aflojarse al cierzo- Dice, lo templa y lánzame
venablo tan certero, que clávase, cual tábano, del corazón en medio.
HORACIO (beatus ille)
«¡Feliz quien alejado
Cual los primeros hombres, de la impura
Sociedad, con su arado
Rompe la tierra dura
Libre de los cuidados de la usura!
Ese nunca despierta
De la trompa al sonido belicoso,
Ni a la orgullosa puerta
Llama del poderoso,
Ni airado teme al mar tempestuoso…
A la
vida retirada
Fray Luis de León
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido! Que no le enturbia el pecho
ni del dorado techo se admira fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado. No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera. ¿Qué presa a mi contento
si soy del vano dedo señalado? ¿Si en busca de este viento ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado? ¡Oh monte, oh fuente, oh río,
o secreto seguro y deleitoso! Roto casi el navío
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso. Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero; no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero. Despiérteme las aves
con su cantar sabroso no aprendido; no a los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atendido. Vivir quiero conmigo
gozar quiero del bien que debo al Cielo. a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
Del monte en la ladera,
por mi mano plantado, tengo un huerto, que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto. Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura. Y luego sosegada,
el, paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo. El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido; los árboles menea
con un manso ruido
que del oro y del cero pone olvido. Téngame su tesoro
los que de un falso leño se confían; no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el álbrego porfían. La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día se torna , al cielo suena
confusa vocería
y la mar enriquecen a porfía. A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada me basta, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada. Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando. A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado, puesto el atento oído
al son dulce acordado
del plectro sabiamente meneado. CARPE DIEM HORACIO
Carpe diem es una frase del poeta romano Horacio.
Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. Vt melius, quidquid erit, pati! seu pluris hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam, quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare Tyrrhenum: sapias, uina liques et spatio breui spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.
No preguntes (contra la voluntad divina el saberlo), Leucónoe, qué fin han puesto para mí los dioses, cuál para ti,
ni sondees el cálculo babilonio. ¡Cuánto mejor soportar lo que haya de ser, tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos, como si es el último nuestro el que ahora quiebra las olas del mar Tirreno en azote contra los escollos!
Sé sabia, filtra el vino y, breve como es la vida, corta la esperanza larga. Mientras hablamos, habrá huido celosa la edad: goza a bocados del momento, confiada lo menos posible en el de mañana.