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C
ONOCIDOS
Iciar Daniela de Pablo Lerchundi
Tesis doctoral
Departamento de Psicología Social y Metodología
Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid
A mis padres, que me han transmitido el valor de la curiosidad, el amor por aprender y la importancia del esfuerzo continuado. Gracias por vuestro apoyo incondicional.
A Ángel por ser mi compañero de viaje, hacerme reír, comprenderme y
compartir todo lo que compartimos. Contigo es todo mucho más fácil.
Y a Nora que ha irrumpido con fuerza en nuestras vidas para hacerlas más
interesantes y completas. Perdóname por haberme tenido que repartir.
AGRADECIMIENTOS
Quiero agradecer en primer lugar a mi director de tesis José Miguel Fernández Dols su labor de guía en todo este proceso. En él he encontrado a un tutor y a un amigo, cuyos comentarios y sugerencias han sido siempre muy valiosos. Las conversaciones con él han resultado muy fructíferas y espero que sigan sucediéndose así en un futuro. Gracias por hacerme un hueco cuando lo he necesitado.
En el largo camino que supone escribir una tesis doctoral me he encontrado con muchas personas que me han apoyado y ayudado y que han contribuido en cierta medida a que este proyecto llegase a buen puerto. Me gustaría mencionar a todos mis amigos, pero especialmente a Marta, Irene, María y Paula, que siempre han manifestado interés por mis avances y se han volcado en ayudarme cuando lo he necesitado. A Cristina por su disposición de ayuda y sus consejos de estadística aun cuando ella misma estaba desbordada. Y a mis compañeros del ICE de la UPM, por los que me he sentido muy apoyada.
Tengo palabras muy sinceras de agradecimiento a todas las personas que me han ayudado en la recogida de datos, sin cuya ayuda hubiese sido imposible terminar esta tesis. No cabrían aquí los nombres de todos los amigos, familiares y conocidos (sí, muchos conocidos) que me han ayudado en este sentido, pero no puedo dejar de nombrar al menos a algunos: Pilar, Pat, Ian, Yu, Chang, Eduardo, Gladys, Mª Jesús, Pablo, Joaquín, Laura, Marisol, Xu Jie, Sumei, Kwang, Marinela, Mª Luisa, Ina, Jiayin, Pablo, Trini, Cristina, Cris, Alberto, Bobby, Adela, Marina, el grupo scout 457 y sus antiguos miembros, los alumnos del curso de Formación Inicial del ICE de los últimos años, Jon Ander, Jesús, Patri... Seguro que me dejo a mucha gente que conozco y a otra mucha que ni me conoce personalmente, pero que aportó su granito de arena. A todos vosotros, mil gracias.
Finalmente, pero no menos importante, agradecerle a mi familia: a mis padres, mis suegros, mi hermano y mis cuñadas todo su ánimo y su ayuda. Y, por supuesto, a Ángel. Sin vosotros no lo hubiese conseguido.
RESUMEN
Las relaciones interpersonales han suscitado un gran interés en Psicología Social y Organizacional. Esta tesis doctoral se centra en un tipo de relación determinada: las relaciones informales de intercambio, que presentan un nivel de intimidad menor que otras relaciones informales y que se emplean a menudo en contextos formales, sobre todo de cara a lograr beneficios personales. En concreto, se aborda el estudio de dos conceptos cotidianos muy arraigados en dos culturas distintas: la española, con el concepto de conocidos y la china, con el concepto de guanxi (关系). La investigación se realiza desde un planteamiento prototípico de los conceptos y se centra en los conceptos cotidianos, es decir, en lo que las personas que utilizan habitualmente este tipo de relaciones entienden que significan. Se han llevado a cabo tres estudios. En el primero se realizaron entrevistas en profundidad a españoles e informantes chinos con el objetivo de recabar abundante información acerca de los dos conceptos y poder asimismo extraer sus características constitutivas, empleadas para la construcción de un cuestionario cerrado utilizado en el segundo estudio. En segundo lugar, los datos recogidos con la escala construida permitieron comparar los conceptos de conocidos y guanxi en base a lo prototípico de sus características constitutivas. Finalmente, los hallazgos del Estudio 2 permitieron indagar en un tercer estudio acerca de la existencia de un concepto similar de relación informal de intercambio en una tercera cultura, la de Estados Unidos, en la que, aparentemente, no existe un concepto equivalente a conocidos o guanxi.
Los resultados de esta tesis permiten comprender con mayor profundidad las dinámicas de las relaciones informales de intercambio en distintas culturas. Asimismo, establecen una caracterización y comparación de los conceptos de conocidos y guanxi desde un punto de vista cotidiano que presenta un especial interés aplicado, dada la prevalencia de estas prácticas relacionales en contextos formales como el mundo laboral o el sistema burocrático.
ÍNDICE
1.MARCOS EXPLICATIVOS DE LAS RELACIONES INFORMALES DE
INTERCAMBIO ... 11
1.1. Las relaciones de intercambio en distintas disciplinas sociales: una breve síntesis ... 13
1.2. Las relaciones informales de intercambio ... 19
2.MANIFESTACIONES DE LAS RELACIONES INFORMALES DE INTERCAMBIO: CONCEPTOS DE RELACIONES INFORMALES DE INTERCAMBIO EN DISTINTAS CULTURAS ... 23
2.1. El concepto de guanxi: ... 24
2.2. El concepto de conocidos: ... 35
2.3. Otros conceptos asiáticos: conceptos relacionales en Japón y Corea ... 38
2.4. Los conceptos de blat y/o svyazi ... 42
2.5. El concepto de wasta ... 46
2.6. El concepto de jeitinho ... 48
2.7. Idiomas sin existencia aparente de un concepto para relaciones informales de intercambio ... 50
3.EL ESTUDIO DE LOS CONCEPTOS COTIDIANOS DE RELACIONES INFORMALES DE INTERCAMBIO ... 57
3.1. El estudio de los conceptos: posturas teóricas ... 58
3.2. La pertinencia del estudio de los conceptos cotidianos ... 64
3.3. El estudio de los conceptos cotidianos desde una perspectiva probabilística ... 65
4.ANÁLISIS DE LOS CONCEPTOS DE CONOCIDOS Y GUANXI ... 67
4.1. Estudio 1: Análisis de las características constitutivas de los conceptos de conocidos y guanxi ... 68
4.1.1 Metodología ... 68
4.1.2 Resultados ... 73
4.1.3 Discusión y conclusiones ... 77
4.2. Estudio 2: Comparación de los conceptos de conocidos y guanxi ... 86
4.2.1 Metodología ... 87
4.2.3 Discusión y conclusiones ... 123
4.3. Estudio 3: Descripción de los conceptos de conocidos y guanxi en inglés ... 132 4.3.1 Metodología ... 132 4.3.2 Resultados ... 136 4.3.3 Discusión y conclusiones ... 147 5.CONCLUSIONES FINALES ... 153 REFERENCIAS ... 159
ANEXO A:Exploraciónde la existencia de un concepto de relación informal en alemán. ... 173
ANEXO B:Transcripción de las entrevistas realizadas en el Estudio 1. ... 177
ANEXO C:Análisis de fiabilidad de la asignación de unidades léxicas en categorías del Estudio 1. ... 221
ANEXO D: Características constitutivas encontradas para conocidos y guanxi en el Estudio 1. ... 235
ANEXO E:Cuestionario sobre conocidos empleado en el Estudio 2. ... 319
ANEXO F:Cuestionario sobre guanxi empleado en el Estudio 2. ... 323
ANEXO G:Cuestionario sobre conocidos y guanxi a estadounidenses empleado en el Estudio 3. ... 327
ANEXO H: Agrupación en categorías de las palabras y expresiones listadas en inglés por estadounidenses para conocidos y guanxi en el Estudio 3. ... 331
1.
M
ARCOS EXPLICATIVOS DE LAS RELACIONES INFORMALES DE INTERCAMBIOTeniendo en cuenta la naturaleza social del ser humano, las relaciones interpersonales son una parte fundamental de nuestro comportamiento y han sido por tanto un objeto de estudio central en las teorías psicológicas, sociológicas y antropológicas (Fiske, 1992; Homans, 1958; Malinowski, 1922; Mauss, 1925; Meeker, 1971; Thibaut & Kelley, 1959; Weber, 1922).
Es importante destacar que dichas relaciones interpersonales no son un concepto singular, puesto que pueden desglosarse en distintos tipos. En torno a esta concepción, el antropólogo Fiske (1992) propone un modelo teórico que pretende englobar las dinámicas de relaciones sociales en un único marco teórico universal basado en modelos cognitivos, cuyo principio básico radica en que el ser humano es social por naturaleza y por tanto organiza su vida en torno a sus relaciones. Fiske establece cuatro modelos relacionales presentes según él en todas las culturas y en torno a los cuales se construyen interacciones sociales, evaluaciones y afectos, siendo las múltiples formas sociales que nos encontramos combinaciones de estos cuatro modelos cognitivos. Desde esta perspectiva se explica la vida social como un proceso de buscar, hacer, mantener, reparar, ajustar, juzgar y sancionar relaciones. El primero de los modelos de Fiske se denomina el modelo de reparto comunal (communal sharing), en el que las personas reciben lo que necesitan por el mero hecho de pertenecer al grupo y, del mismo modo, aportan lo que pueden. Sería un principio de reciprocidad no directo, en el sentido de que uno da y recibe, pero no necesariamente del mismo individuo con el que ha establecido una relación de intercambio de favores, sino del grupo como un total. El segundo modelo relacional descrito por este autor es el modelo de clasificación de autoridad (authority ranking) estructurado en torno a una jerarquía con miembros de mayor y menor prestigio y privilegios. Aquellos miembros que se encuentran en la parte superior de la pirámide se apropian de lo que desean o reciben tributos de otros, aunque también velan por los intereses de las personas en situación inferior con una actitud que podría definirse como paternalista. En tercer lugar define el modelo de equidad correspondiente (equality matching) en el que cada uno merece la misma cantidad, rigiéndose por principios de justicia distributiva y reciprocidad, tal y como 11
la definió Gouldner (1960) y que se tratará más adelante. Finalmente, el modelo de tarificación de mercado (market pricing) establece que lo importante es dónde se sitúa uno en proporción a los demás, estando las relaciones organizadas en términos de coste-beneficio y por cálculos racionales de eficiencia. Se paga o devuelve en función de los precios establecidos, es decir, de manera proporcional a lo que se merece o al valor implantado.
El planteamiento de Fiske (1992) pone de manifiesto que existen distintos tipos de relaciones interpersonales. Entre los factores principales que parecen delimitar un tipo u otro de relación social están el nivel de formalidad y la existencia o no de un intercambio (Mills & Clark, 1982; Sahlins, 1965). Teniendo en cuenta dichos factores, se pueden diferenciar las relaciones interpersonales en relaciones formales e informales, cuya diferencia básica radica en la existencia o no de normas explícitas que pautan claramente la conducta de los individuos que se relacionan y el nivel de intimidad existente entre ellos. Mientras que en las relaciones formales los individuos no conocen en profundidad a la otra persona y se comportan en base a unas normas claras y aceptadas como parte de la relación, como por ejemplo la relación profesor-alumno, vendedor-cliente o jefe-subordinado, las relaciones informales se establecen con personas más cercanas y no se rigen por unas pautas comunes y explícitas tan claras, resultando especialmente interesante comprender su dinámica (Adams, 1989; Duck, 2007; Sahlins, 1965).
El otro factor comentado, la existencia o no de un intercambio, delimita nuevamente las relaciones en base a su nivel de obligatoriedad y el objetivo que se persigue con ellas, pudiéndose establecer una frontera entre relaciones con intercambio consideradas más utilitaristas o relaciones sin intercambio que resultan desinteresadas (Fiske, 1992; Parsons, 1951; Sahlins, 1965). Aunque podría interpretarse que el nivel de cercanía e intimidad se encuentra inversamente ligado a la búsqueda de beneficios en la relación, se pueden encontrar relaciones superficiales donde el logro de un objetivo personal o el intercambio de favores u objetos no tiene cabida como, por ejemplo, el “conocido desconocido” establecido en la teoría del mundo pequeño (Milgram, 1967). Las relaciones informales a priori se asocian con relaciones íntimas y desinteresadas como las amistades o relaciones familiares cercanas en las que no existe en principio obligatoriedad y el único
objetivo es la mera socialización o pertenencia a un grupo. Pero también existen otro tipo de relaciones informales cuyo nivel de intimidad es considerado mucho menor, para las que existen una serie de obligaciones implícitas y donde la posibilidad de lograr satisfacer a través de ellas objetivos personales es mucho más marcada. Estas relaciones, que podrían denominarse relaciones informales de intercambio, se pueden por tanto definir como relaciones más o menos estrechas no delimitadas por un marco normativo explícito, en las que dos personas interactúan, normalmente, con el fin de obtener un beneficio. La influencia de este tipo de relaciones en distintos contextos sociales varía notablemente de cultura a cultura. No sólo se encuentran diferencias en cuanto a su mayor o menor uso, o al menos la visibilidad de su ocurrencia, sino en cuanto a la existencia de un concepto autóctono que alude a una relación informal de intercambio y que es conocido y utilizado por los miembros de una cultura determinada.
La presente tesis se centra en analizar los conceptos ligados en distintas culturas a las relaciones informales de intercambio y qué entienden las personas de una determinada cultura que implica una relación de este tipo. Para ello, primero se consideran brevemente los estudios sobre relaciones de intercambio para situar las dinámicas de relaciones interpersonales en ámbitos formales e informales. Posteriormente, la tesis se centra en desarrollar conceptos concretos de relaciones informales de intercambio en diferentes culturas y el análisis de dos de estos conceptos: uno español y el otro chino.
1.1. Las relaciones de intercambio en distintas disciplinas
sociales: una breve síntesis
Una de las explicaciones más comunes para la existencia de relaciones interpersonales que conllevan beneficios para una de las partes, ha sido la motivación que tenemos los humanos por lograr nuestras metas y obtener el máximo provecho en toda transacción (Blau, 1964; Homans, 1958; Meeker, 1971; Thibaut & Kelley, 1959). Según esta perspectiva, las personas nos embarcamos en relaciones que nos brindan consecuencias positivas, sean éstas materiales o intangibles. Además, de cara a mantener la posibilidad de beneficio de ambas partes,
suele existir una norma implícita de reciprocidad, desarrollándose así un cúmulo de transacciones de ida y vuelta que va rigiendo la relación entre dos individuos.
Precisamente este tipo de relaciones, enmarcadas en el principio de reciprocidad, ha sido uno de los temas de interés en la antropología clásica. En esta disciplina el intercambio de regalos o favores se ha entendido como propiciador de la creación de lazos sociales (Balazote, 2006), adoptando los objetos la función de reguladores de las relaciones, ya que son una manera palpable por la que se crea una deuda u obligación de reciprocidad. De este modo, aunque los estudios antropológicos se centran básicamente en culturas remotas, aportan un enfoque útil en la psicología social contemporánea, puesto que tienen en cuenta el contexto social y se relacionan con conceptos desarrollados posteriormente para tratar de comprender las relaciones sociales occidentales, como la norma de reciprocidad o la percepción de equidad.
Conocidos son los estudios de Malinowski (1922) sobre relaciones de intercambio en culturas por entonces denominadas “primitivas” en Nueva Guinea, donde observó formas de intercambio en un continuo desde el regalo puro (kula) hasta el comercio (gimwali) propiamente dicho. Es este autor quien menciona por primera vez de manera explícita el concepto de reciprocidad en la literatura antropológica y en sus investigaciones se refleja la importancia de este concepto, ya que incluso en el intercambio definido como noble, desinteresado y puro (el kula), se encuentra presente la reciprocidad puesto que se espera recibir ofrendas con un valor equivalente en algún momento de la relación.
Mauss (1925) retoma la temática del intercambio de dones, yendo un paso más allá en el valor aplicable a los objetos como tal en cuanto a la obligación de su reciprocidad. A partir del estudio de la cultura maorí, atribuye a los regalos intercambiados cierto aspecto mágico o espiritual denominado hau que obliga a la devolución, ya que si se conserva un objeto regalado sin devolución equivalente, se producirá algún tipo de sanción. La literalidad con la que Mauss adoptó la idea maorí ha sido criticada por autores como Firth (1971) quien aparte de la sanción mágica, señala el temor a perder futuras posibilidades de intercambio y el deterioro de la reputación personal como factores que garantizan la devolución. En cualquier caso, la esencia hau de los regalos, si bien no ha de entenderse en un sentido literal, 14
sí representa la necesidad de devolución o la deuda creada a través del intercambio que obliga al beneficiario a actuar en cierto sentido.
Anteriormente, Boas y Hunt (1897) se habían interesado por fenómenos de intercambio según ellos inexplicables desde un punto de vista meramente económico, como el potlach practicado entre los indios Kwakuitl, que se caracteriza por las donaciones desmesuradas o destrucción de bienes sin aparente fin útil. Otro ejemplo de donación de bienes desmesurada y por tanto aparentemente ilógica es el hekara practicado por poblaciones de Papúa que consiste en un ciclo de donaciones entre los líderes de clanes, donde en cada intercambio se añade cierta cantidad mayor con respecto a la anterior, de manera que una de las dos partes siempre está en deuda con la otra, estableciéndose lo que Strathern (1971) denominó “equilibrio en alternancia”. En este tipo de sistemas de intercambio, aquél que otorga bienes (o incluso los destruye en el caso del potlach) parece querer maximizar el gasto, es decir, lo que dona, en vez de acumular bienes o riquezas, que podría considerarse lo lógico. Sin embargo, los dadores realizan una inversión no de capital, sino de prestigio (Barnett, 1938), llegando los líderes a vanagloriarse de sus actos, jactándose de la desigualdad en el intercambio como símbolo de poder (Balazote, 2006). Por tanto, el beneficio que se deriva de la generosidad del dador es la creación de prestigio personal y cierta obligación en el otro (Gregory, 1980). Existe por tanto la obligación más o menos explícita de devolver el favor, ya que en caso contrario el líder del grupo rival quedaría en evidencia, por lo que tampoco la práctica del hekara e incluso del potlach puede desvincularse del principio de reciprocidad ni de la consecución de un beneficio personal que, en este caso, sería prestigio y credibilidad social.
Estos estudios demuestran que el intercambio en las relaciones interpersonales, por tanto, no es meramente material, ya que están en juego numerosos aspectos simbólicos que regulan y ayudan a comprender el comportamiento de los actores implicados y que exigen, del mismo modo, una reciprocidad por parte del beneficiario. En estas relaciones de intercambio resultan por tanto fundamentales la idea de la necesidad de reciprocidad de cara a futuras opciones de intercambio, así como al mantenimiento del prestigio.
Desde disciplinas como la sociología y la psicología, también se han abordado las relaciones interpersonales, atendiendo al intercambio de bienes o favores. Ya Weber (1922) introdujo la distinción entre el intercambio desinteresado que él denominó Vergemeinschaftung u orientación hacia la comunidad y el intercambio de intereses Vergesellschaftung u orientación a la sociedad. Dicho autor entendía que ambos tipos de intercambio eran los polos opuestos en un continuo, a lo largo del cual se podían situar las distintas relaciones interpersonales presentes en la sociedad. Estas reflexiones resultan congruentes con las investigaciones de relaciones de intercambio realizadas en culturas remotas por antropólogos, donde se observaban las mismas clasificaciones de relaciones en un continuo. Homans (1958), Blau (1964) y Thibaut y Kelley (1959), retoman y desarrollan esta temática, formulando lo que se ha venido a conocer como las teorías del intercambio. Éstas parten del individuo y explican el comportamiento en función del cumplimiento de los propios intereses y la consecución del máximo beneficio individual, descansando, como afirma Morales (1981) sobre dos supuestos: el hedonismo o la búsqueda de recompensas y el individualismo, entendido como la atención a las necesidades propias. Desde esta perspectiva, los individuos establecerían y mantendrían una relación en tanto que ésta les fuese beneficiosa en algún sentido (no meramente material). Se pone en duda que la conducta social realmente descanse sobre deliberaciones tan racionales como el beneficio que aportan las relaciones interpersonales que se deciden establecer (Bierstedt, 1965), pero aunque se acepte que sin embarcarse en una relación interpersonal explícitamente por obtener un beneficio personal, ésta sí aporta normalmente algún tipo de devolución. En el centro de las relaciones de intercambio se encuentra por tanto también presente el concepto de reciprocidad, por lo que se dedica un breve párrafo a su exposición.
La teoría de la reciprocidad según Gouldner (1960) es una norma universal, una ley moral que está por encima de los intereses individuales y que, al cumplirse, contribuye al beneficio colectivo y, por tanto, al funcionalismo social. Según esta norma universal, los individuos actúan acorde al comportamiento de los demás, cumpliendo los principios de reciprocidad y devolviendo en base a lo que han recibido. Aun así se encuentran diferencias individuales en el seguimiento de esta norma, ya que hay personas con una orientación alta hacia la reciprocidad que 16
llevan la cuenta de las obligaciones establecidas, mientras que otros no son tan conscientes de ello y se encuentran menos molestos si los intercambios no son devueltos (Cropanzano & Mitchell, 2005). Por ello, aunque se asuma la universalidad de la norma de reciprocidad, el grado en el que se aplica por diferentes personas y culturas puede variar notablemente.
Teniendo en cuenta estas dinámicas de reciprocidad, Meeker (1971), basándose en la denominada teoría de juegos (Luce & Raiffa, 1957; Shubik, 1964), cuya base es la asunción de que hay una tensión entre evitar costes y seguir normas en situaciones sociales, se centra en explicar las relaciones de intercambio desde las decisiones individuales que según esta autora todas las personas tomamos a la hora de actuar, sin ser el hecho de embarcarse y mantener una relación interpersonal ninguna excepción. En cualquier situación en la que el comportamiento humano incluye la distribución de beneficios, los individuos adoptarán una o varias normas de intercambio (Emerson, 1976). Como tal, la decisión de entrar a relacionarnos con alguien y mantener dicha relación a lo largo del tiempo se encuentra regulada, según Meeker (1971) por seis normas o motivaciones. Una persona en una situación de intercambio social adoptará al menos una de estas normas como norma del intercambio a la hora de decidir relacionarse y tomará decisiones consistentes con dicha norma. La elección de una u otra norma estará influida por las expectativas de rol, los procesos de influencia mutua con otras personas, los valores culturales y los rasgos de personalidad. La primera de esta normas es la racionalidad, entendida tanto como un cálculo razonado de los medios y metas (sería la Zwecksrationalität definida por Weber, (1922)), como por aplicar la lógica para tratar de evaluar las consecuencias de una decisión, aun cuando se decida no embarcarse en ella a pesar de su beneficio, por considerarse un acto ilegítimo (Wertrationalität para Weber, (1922)). Puesto que Meeker (1971), al igual que otros autores (Bierstedt, 1965; Shafir & LeBoeuf, 2002), admite que el ser humano no siempre actúa por racionalidad, se torna necesario definir otras normas de intercambio que influyen en la decisión de relacionarse con otros individuos. Una de ellas es la reciprocidad, en el mismo sentido que establecía la norma de reciprocidad de Gouldner (1960), expuesta anteriormente, según la cual nos sentimos obligados a devolver aquello que percibimos que nos han dado. El altruismo o la motivación por ayudar a otros sería otra de las normas definidas por esta autora. La ganancia grupal constituye 17
otra norma por la que se pueden regir las relaciones de intercambio y hace referencia a la orientación colectiva definida por Parsons (1951), que describe una situación en la que las personas tomarían lo que necesitan, sin tener en cuenta su contribución personal, pero del mismo modo contribuyen al grupo siempre que puedan, siendo las ganancias comunes al grupo y por tanto disponibles para cualquier miembro que las requiera. También se basa en el modelo de intercambio según la cercanía social desarrollado por Sahlins (1965) que estableció dos patrones distintos de intercambio, según éste fuese entre personas cercanas por lazos familiares o de residencia, en cuyo caso se basaba en la norma de que cada uno reciba lo que necesite y aporte lo que tenga capacidad (y que supone la norma de ganancia grupal de Meeker (1971)) o con individuos ajenos al grupo, donde las transacciones se llevan a cabo bajo la norma de equidad. En este segundo caso, cada transacción ha de preservar la solidaridad establecida en intercambios anteriores y a su vez preparar el terreno para transacciones futuras. La consistencia del estatus, referido a los beneficios obtenidos en función del estatus en el grupo es otra de las normas listadas por Meeker (1971). Y, finalmente, la norma de competitividad, definida por la meta de lograr mayor beneficio que los demás, incluso si ello implica un coste mayor para uno mismo, lo cual resulta irracional en términos económicos, pero que indudablemente son situaciones que se dan en la vida real. Todas estas normas o motivaciones estarían operando en la toma de decisiones del individuo, definiendo finalmente el intercambio social en sí mismo.
Disciplinas como la psicología y la sociología se han centrado en explicar las relaciones sociales como medios instrumentales para conseguir fines, bien extrínsecos y generalmente materiales, bien la satisfacción de deseos individuales (materiales o intangibles) o bien el logro de metas sociales y colectivas, siendo las principales unidades de análisis el individuo y la situación. Aun reconociendo la influencia que ejerce el intercambio de objetos, el valor de éstos y la obligación de devolución que los mismos podrían llevar implícitos, algunos autores (Fiske, 1992; Mills & Clark, 1982) consideran que el estudio del comportamiento humano debería fijar su atención en la dinámica y el tipo de relación que se establece entre las personas, más que en el intercambio en sí. Mills y Clark (1982), adoptando un claro enfoque en la relación, utilizan, en vez del término intercambio económico, el concepto de relación de intercambio, caracterizada por intercambios de bienes 18
económicos o cuasi-económicos, acorde a intereses personales y con una devolución en un plazo de tiempo establecido. Para el intercambio social, establecen el concepto de relación de comunidad, menos específica en cuanto a la temporalidad de la devolución, con intercambios de beneficios socioemocionales y mayor énfasis en las necesidades del otro (Clark, Dubash & Mills, 1998; Mills & Clark, 1982). Este planteamiento recuerda al continuo entre Vergemeinschaftung y Vergesellschaftung ya definido por Weber (1922), pero en el caso de Mills y Clark el énfasis es en el tipo de relación y no en el tipo de intercambio.
Esta síntesis de trabajos planteados desde distintas disciplinas pone el acento en el interés que ha existido desde hace tiempo en torno a las relaciones interpersonales, especialmente las relaciones informales en un contexto de intercambio. Como ya se ha puesto de manifiesto, las relaciones sociales son la base central de toda la actividad humana, influyendo no sólo en las acciones que una persona lleva a cabo, sino también en su pensamiento, en la emisión de juicios morales, en la interpretación que hace de los acontecimientos que le ocurren, en la constitución de los grupos a los que pertenece, en la manera de relacionarse e interpretar los comportamientos de otras personas, en el significado que otorga al intercambio de objetos o favores, etc. En definitiva, las relaciones moldean la conducta humana en todas sus vertientes. Abordando esta importante dinámica, las teorías del intercambio social y otras teorías de las relaciones basadas en principios de reciprocidad establecen un marco general que pone de manifiesto la importancia de comprender las dinámicas que se establecen en torno a las relaciones interpersonales.
1.2. Las relaciones informales de intercambio
La síntesis anterior ofrece un marco general teórico que pone de relieve que las relaciones sociales resultan fundamentales para comprender la conducta humana en todas sus facetas. En el presente estudio se pretende abordar un concepto de relación informal específica y transversal que abarca más ámbitos que el familiar, el de las amistades o el laboral. Se trata de un tipo de relación informal que se utiliza principalmente para lidiar con situaciones en un marco formal, en las que resulta 19
beneficioso contar con una relación informal que pudiese ayudar a resolver o facilitar cuestiones de índole más formal o normativa. Son, por tanto, relaciones informales que pueden suponer un claro beneficio individual, por lo que se ha decidido denominarlas relaciones informales de intercambio. De este modo, a los individuos les resulta favorable contar con relaciones informales con personas que tengan potencial como dadores, es decir, que tenga cierto poder o habilidad, buscando construir una red relacional de relaciones informales de intercambio a las que acudir en caso necesario. Las relaciones informales de intercambio suponen por ello un nexo entre las relaciones formales, que son aquéllas establecidas con sujetos que no conocemos íntimamente y con los que nos relacionamos en base a un rol adoptado según la situación en la que nos encontramos y a las normas imperantes en dichas situaciones (como, por ejemplo, la relación entre un vendedor y un cliente, entre un funcionario administrativo y un ciudadano o entre una figura de autoridad y un subordinado), y las relaciones informales, establecidas con personas cercanas (amigos, familiares y compañeros de trabajo principalmente), para las que no se explicitan unas normas de comportamiento específicas, más allá de las normas propias de convivencia o educación. Las relaciones informales de intercambio estarían, por tanto a caballo entre las relaciones de intercambio y las relaciones de comunidad en términos de Mills y Clark (1982).
En este tipo de relaciones el concepto de reciprocidad resulta central, puesto que la realización de un favor por una de las partes y el sentimiento de deuda creado en el beneficiario condicionarán la perspectiva de interacciones futuras, influyendo en el establecimiento de relaciones más o menos duraderas. Asimismo, las percepciones de justicia, basadas en la hipótesis del mundo justo que establece que cada uno obtiene aquello que merece (Lerner, 1977), moldearán las relaciones informales de intercambio, puesto que se espera que el otro contribuya a la relación en la medida de lo aportado. Desde esta perspectiva, las personas queremos lograr aquello que sentimos que merecemos, es decir, no actuamos por conseguir el máximo beneficio, sino el beneficio merecido (Adams, 1963; Lerner, 1977). En cualquier caso, se teje de este modo una red relacional informal de intercambio, donde las personas calibran en cierta medida qué han aportado a la relación y qué esperan recibir del otro en un futuro, tanto en términos de reciprocidad, como en términos de equidad o justicia. Este tipo de relaciones pueden aportar beneficios en 20
múltiples situaciones sociales, sobre todo en situaciones reconocidas como formales, donde la historia pasada con el otro individuo, lo que se ha compartido anteriormente con él, resulta fundamental y condicionará el tipo de relación establecida y la expectativa de apoyo a recibir.
El hecho de recurrir a las relaciones informales de intercambio en contextos formales, es decir, el hecho de que se utilice la relación social que nos une a otra persona para resolver o agilizar la resolución de una situación formal en la que existen a priori una serie de normas de comportamiento más o menos explícitas o unos pasos concretos que han de seguirse, repercute en que las relaciones informales de intercambio propicien la flexibilidad normativa y pueden incluso llegar a sustituir las normas formales. El sistema normativo de la sociedad podría por tanto influir en la mayor presencia de las relaciones informales de intercambio dentro de ámbitos formales como, por ejemplo, el sistema burocrático y administrativo o el entorno laboral. Se han observado notables diferencias interculturales en la importancia de desarrollar, mantener y utilizar relaciones informales para lograr metas en ámbitos formales (Fernández-Dols et al., 1994). En sociedades donde el sistema administrativo, burocrático y político, aunque presenta una gran rigidez, muestra deficiencias en cuanto a la claridad de las normas o, por la ineficacia o complicación de éstas se torna difícil para los ciudadanos llevar a cabo gestiones, lograr objetivos o solucionar problemas, las relaciones informales resultan de vital importancia para los individuos (Fernández-Dols et al., 1994; Ledeneva, 2008; Michailova & Worm, 2003). De hecho, se ha comprobado que cuando se exigen múltiples procedimientos burocráticos dirigidos a priori a controlar los trámite administrativos, se produce un efecto contrario y es que se encuentran mayores niveles de corrupción, ya que los ciudadanos tratan de evitar dichos trámites tediosos (World Bank, 2002). Las normas perversas, que se definen como normas incumplidas por la mayoría pero de las que se mantiene, por diversos medios, una ilusión de cumplimiento (Fernández-Dols, 1993), son un claro ejemplo de normas que resultan socialmente ineficaces y que producen mayor tolerancia social hacia las transgresiones (Fernández-Dols & Oceja, 1994; Oceja & Fernández-Dols, 1992). En culturas con estas características, las personas utilizan su red de relaciones informales para llevar a cabo acciones que en otras sociedades los individuos resuelven por la vía oficial, siendo estas conductas aceptadas
mayoritariamente. La cuestión de la aceptación social de la transgresión normativa, fundamental para comprender el uso de relaciones informales de intercambio para realizar gestiones en ámbitos formales, es desarrollada por Gelfand, Nishii y Raver (2006) en su modelo de firmeza o flexibilidad social (societal tightness-looseness), centrado en la claridad del sistema normativo y la tolerancia hacia su incumplimiento. En el caso que nos ocupa, los ciudadanos buscan alternativas a un sistema que perciben como ineficaz, valiéndose de relaciones interpersonales para resolver situaciones que, en principio, se encontraban pautadas normativamente (Ledeneva, 2008; Michailova y Worm, 2003). En este tipo de sociedades las relaciones informales de intercambio tendrán una gran visibilidad y las personas tenderán a utilizarlas con frecuencia.
Esta tesis se centra en la comparación transcultural de dos conceptos cotidianos asociados a relaciones informales de intercambio en la sociedad española y la china. En dichas sociedades las personas reconocen la existencia de relaciones informales que son distintas de los amigos y otras relaciones informales íntimas y a las que se recurre de manera cotidiana para todo tipo de trámites, gestiones, búsqueda de información o cualquier otra cuestión en la que el hecho de tener relación social con otra persona resulta beneficioso, ventajoso o a veces incluso necesario. Es decir, se establecen y mantienen relaciones sociales informales que agilizan y solucionan muchas situaciones más o menos formales y que podrían enmarcarse en el concepto de relaciones informales de intercambio. Se realiza a continuación una exposición de estos dos conceptos, el español y el chino, así como de otros conceptos que se han relacionado con este tipo de relaciones sociales en otras culturas.
2.
M
ANIFESTACIONES DE LAS RELACIONES INFORMALES DE INTERCAMBIO:
C
ONCEPTOS DE RELACIONES INFORMALES DE INTERCAMBIO EN DISTINTAS CULTURASEl tipo de relación interpersonal que se ha definido como relación informal de intercambio, parece estar más presente en unas culturas frente a otras. La existencia de un término que defina estas relaciones y que es conocido y utilizado por los miembros de una cultura determinada podría estar indicando el nivel de importancia otorgado a las relaciones informales de intercambio. Pareciera que la presencia del concepto resulta una condición indispensable para que existan este tipo de relaciones, denotando, a su vez, una mayor presencia del mismo en el lenguaje cotidiano mayor uso de las relaciones informales de intercambio en diferentes ámbitos formales e informales. Por tanto, el estudio del concepto cotidiano, entendiéndose por ello, aquél que es utilizado por las personas no expertas en su día a día, puede ayudar a comprender más a fondo la dinámica de las relaciones informales de intercambio, ayudando a establecer similitudes y diferencias entre distintas culturas. Pero antes de especificar qué son los conceptos cotidianos y exponer la utilidad de su estudio, conviene repasar los conceptos de relaciones informales de intercambio encontrados en distintas culturas.
El concepto de relación informal de intercambio probablemente más estudiado es el de guanxi (关系) de origen chino, que se ha considerado único de esta cultura. Sin embargo, es lógico pensar que otras sociedades también se valen de otras personas con las que tienen algún tipo de relación para alcanzar sus metas, cubrir necesidades o lograr beneficios y, por tanto, deberían encontrarse conceptos que definan este tipo de relaciones. Efectivamente, se han encontrado y estudiado otros conceptos equivalentes o muy similares en culturas distintas a la china como por ejemplo jeitinho en Brasil (Ferreira, Fischer, Barreiros-Porto, Pilati, & Milfont, 2012; Smith, Huang, Harb & Torres, 2012), wasta en árabe (Hutchings & Weir, 2006a), blat (Ledeneva, 2008; Michailova & Worm, 2003) y svyazi (Batjargal, 2007; Smith, Torres, et al., 2012) en ruso, kankei en Japón e inmak en Corea (Hitt, Lee, & Yucel, 2002) y, en la propia cultura española, la figura del conocido (Sell-Trujillo, 2001). Todos estos conceptos aluden a un tipo de relación que los individuos
cultivan y de la que se sirven para lograr mejores resultados en sus transacciones, acceder a recursos o lograr objetivos y beneficios personales. Por lo tanto se encuentran cercanos a los fenómenos sociales de las relaciones de intercambio y la norma de reciprocidad. Asimismo, al estar inmersos en un marco cultural determinado, este tipo de relaciones interpersonales se verán afectadas por las normas sociales imperantes en esa sociedad específica. Lo que queda por determinar es si se pueden considerar conceptos equivalentes o presentan características distintas en base a lo que las personas entienden que significan, es decir, queda por determinar las características constitutivas de los conceptos cotidianos que permiten discernir si se trata del mismo de una cultura a otra y, si resulta que no, dónde se encuentran las diferencias. Asimismo, cabe preguntarse si en sociedades donde no se ha hallado un término equivalente, existe el concepto, es decir, se comprende el significado y existe una idea de lo que supone una relación del estilo de las guanxi chinas o los conocidos españoles.
A continuación se pasan a definir, en base a la literatura revisada, los conceptos enumerados, con especial énfasis en el concepto de guanxi dada su gran incidencia en la literatura y en el concepto de conocidos, por ser propio de la cultura española.
2.1. El concepto de
guanxi
:
El fenómeno de las guanxi (关系) se ha estudiado ampliamente en disciplinas como la antropología (Kipnis, 1997), la sociología (Hwang, 1987), la psicología social (Hsiung, 2013), las ciencias políticas (Jacobs, 1979) y en relación al mundo empresarial, tanto en su vertiente más económico-empresarial (Alston, 1989; Chan, Denton & Tsang, 2003; Davies, Leung, Luk, & Wong, 1995; Dunfee & Warren, 2001; Hitt et al., 2002; Hutchings & Weir, 2006b; Kriz & Keating, 2010; Luo, 2000; Yang & Lau, 2015), como en psicología organizacional (Chen, 2009; Chen & Peng, 2008; Chen, Friedman, Yu, & Sun, 2011; Gao, Ballantyne, & Knight, 2010; Ho & Redfern, 2010; Hui & Graen, 1997; Kuipers, 2009; Lam, Liang, Ashford & Lee, 2015; Smith et al., 2014), siendo por tanto un concepto al que se ha prestado gran atención. El especial interés por el constructo se deriva de su consideración como único de la cultura china, ya que aunque se ha asemejado a conceptos occidentales 24
como capital social o contactos (Arribas, Hernández, & Vila, 2013; Dunning, & Kim, 2007; Gu, Hung & Tse, 2008; Hitt, et al., 2002; Ho & Redfern, 2010; Kriz & Keating, 2010; Park & Luo, 2001; Qi, 2013; Xin & Pearce, 1996; Zhu, 2009), la reciprocidad en una relación (Chen & Peng, 2008; Hui & Graen, 1997; Mavondo & Rodrigo, 2001; Yang, 2006; Zhuang, Xi & El-Ansary, 2008) o las redes relacionales (Bu & Roy, 2005; Chan et al., 2003; Davies et al., 1995; Hwang, 1987; Lovett, Simmons & Kali, 1999; Michailova & Worm, 2003; Pearce & Robinson, 2000; Yang & Lau, 2015), se considera que tiene unas características propias que lo diferencian.
Además de las peculiaridades que lo distinguen de fenómenos en otras culturas, el estudio de las guanxi resulta pertinente por su gran relevancia y presencia en la sociedad china. Se dice que en China es imposible tener relaciones impersonales, ya que toda relación, incluso en ambientes formales como las organizaciones empresariales, es una relación personal que requiere un esfuerzo y una implicación ajenas al mundo occidental y propias de la dinámica de las guanxi (Chen & Chen, 2004; Gao et al., 2010; Szeto,Wright & Cheng, 2006; Yau & Powell, 2004) Por otro lado, el gran auge económico, y consiguiente influencia mundial, de la República Popular China (RPC) en los últimos años ha contribuido al creciente interés por la investigación de fenómenos asociados a la sociedad china. Las guanxi se han estudiado sobre todo de cara a su influencia en contextos empresariales o de negocios (Beier, 2010; Chen, Friedman, Yu, Fang, & Lu, 2009; Davies et al., 1995; Lovett et al., 1999; Park & Luo, 2001; Pearce & Robinson, 2000; Wong, 1998; Yang & Lau, 2015, entre otros), pero también se considera un fenómeno común en la vida cotidiana de las personas (Fei, 1948/1992; Hsiung, 2013) con influencia sobre multitud de situaciones sociales. Aunque bien es cierto que la mayoría de las veces los estudios se centran en investigar la influencia de las guanxi sobre determinadas variables importantes en psicología organizacional, sin definir detalladamente el concepto, equiparándolo a constructos occidentales y obviando sus características diferenciadoras. De hecho, hay autores que advierten de la necesidad de establecer un concepto autóctono chino, ya que la importación de teorías occidentales para explicarlo, no contribuye a entender el concepto, sino todo lo contrario (Chen & Chen, 2004; Chen, Chen & Huang, 2013; Hsiung, 2013; Mao, Peng & Wong, 2012; Wong, 1998, Yen, Barnes & Wang, 2011).
Guanxi literalmente significa relación o vínculo y se compone de dos caracteres: guan (关), cuyos significados van desde “cerrar”, “apagar” o “encerrarse” hasta “concernir” o “tener relación con” y xi (系), que puede traducirse como “sistema o serie”, “departamento”, “atar o sujetar”, “relacionarse con” o “estar preocupado” (Nuevo diccionario chino-español, 2004). Se traduce comúnmente como relaciones entre dos partes o conexiones entre personas (Chen et al. 2011; Mavondo & Rodrigo, 2001; Yen et al., 2011), con especial énfasis en el intercambio de favores y la reciprocidad (Alston, 1989: Michailova & Worm, 2003), lo cual implica que una de las partes tiene una necesidad a cubrir y la otra la capacidad de solucionarlo o donar (Bu & Roy, 2005). La reciprocidad, expresada en estas relaciones por el término chino renqing (人情), que aparte de reciprocidad o favor a su vez significa el orden de las cosas y también empatía y benevolencia1, no es necesariamente
inmediata, pudiéndose retrasar considerablemente la devolución del favor (Hwang, 1987; Yen et al., 2011), por lo que no es equiparable a la reciprocidad expresada por Gouldner (1960). Fei (1948/1992) describe la reciprocidad (renqing) como una inversión en el otro. Cuando en China un individuo debe un favor a otra persona, busca la oportunidad de devolvérselo a ser posible con un favor mayor, de manera que el otro le deberá más favores en el futuro, creándose un sistema cooperativo grupal a través de una reciprocidad continua. En ocasiones las guanxi pueden no llegar a utilizarse nunca, ya que no ha surgido el momento o situación adecuada para dar o devolver algo al otro, pero conviene tener una red amplia de guanxi por si acaso se requiriese su uso, a modo de póliza de seguros porque sí se observa ese matiz de obligación de la devolución. En este sentido, y a diferencia de otras relaciones interpersonales e intercambios de favores, las guanxi parecen implicar una orientación a largo plazo (Yang, Ho & Chang, 2012). También se ha asociado el concepto a la obtención de beneficios individuales (Yang, 2006), siendo este factor menos emocional, el que distingue a las guanxi de una relación de amistad (Luo, 2000), donde la obligación de reciprocidad no está tan presente, cuando en las relaciones guanxi, con un objetivo mucho más utilitarista, podría ser el fin en sí mismo. Adicionalmente, el concepto de guanxi se ha relacionado íntimamente con otros constructos como el afecto o los sentimientos que se desarrollan por el otro
1 Téngase en cuenta que la gran mayoría de palabras chinas son polisémicas
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individuo (ganqing 感情), por lo que el fin utilitarista por sí mismo no es suficiente para la creación de guanxi, ya que se requiere cierto grado de apego o aprecio por el otro (Chen & Chen, 2004; Kipnis, 1997). De hecho, el punto de inicio de la creación de lazos relacionales de este tipo suele ser el establecimiento de una base común que asemeje a las dos partes implicadas, creándose así un ámbito compartido que favorece la generación de sentimientos positivos. Esto es un fenómeno probablemente universal a la hora de establecer relaciones interpersonales, pero a diferencia de Occidente, donde la identidad social suele enraizarse en criterios demográficos como la edad, el nivel educativo o el género, las bases de las guanxi tienen un origen social, ya que se buscan comunidades o instituciones compartidas como la localidad de nacimiento, poseer el mismo apellido (sin compartir consanguinidad) o el haber visitado el mismo colegio en la infancia, aun cuando estas características no impliquen que se haya compartido el lugar social al mismo tiempo (por ejemplo, se puede haber trabajado en la misma empresa, pero en momentos diferentes, sin llegar a coincidir nunca y dicho hecho ya implica una base común sobre la que desarrollar la relación). Asimismo, la confianza depositada en el otro (xinren 信任), relacionada con un sentimiento positivo de dependencia, también es una parte central para la comprensión del concepto (Yau, Lee, Chow, Sin & Tse, 2000; Yen et al., 2011).
Estos componentes, más que definir las guanxi se consideran predictores de su calidad (Chen & Chen, 2004), habiendo sido empleados por ejemplo para construir escalas de medida del constructo (Yen et al., 2011). La confianza en el otro, entendida tanto como la intención e interés de la otra persona por ayudar y, por tanto, su fiabilidad en cuanto al cumplimiento de las normas sociales de reciprocidad y amistad de las guanxi, como la habilidad o capacidad que tiene para lograr o hacer lo que se le requiera, se encontraría en interacción con los sentimientos, tanto en su vertiente expresiva, referida a las sensaciones de conexión, comprensión emocional o afectivas, como en su acepción más instrumental, ligadas a sentimientos de obligación hacia el otro. A partir de estos dos aspectos (confianza y sentimientos) se podría deducir si la relación es una verdadera guanxi o no.
En definitiva, las guanxi se entienden como relaciones o redes de relaciones interpersonales entre dos personas o partes entre las cuales existe cierto grado de 27
apego o afecto y que posibilitan la obtención de beneficios o favores, obligando a su devolución en un espacio de tiempo indeterminado.
Pero, ¿por qué es considerado un fenómeno exclusivamente chino? Una de las posturas más defendidas es que se encuentra íntimamente relacionado con la filosofía confucianista (Dunning & Kim, 2007), una tradición milenaria que, actualmente sigue impregnando la sociedad china, tanto en la RPC, como en lugares económica y tecnológicamente más avanzados como Taiwán o Singapur (Jacobs, Guopei, & Herbig, 1995) e incluso entre las diásporas chinas que han emigrado a otros países (Luo, 2000). Dada la relevancia de esta corriente filosófica, conviene profundizar en mayor medida en la idea del confucianismo y sus implicaciones para la sociedad oriental actual.
Confucio es el nombre que adoptaron los jesuitas para el maestro Kongzi o Kongfuzi (孔夫子), un sabio y consejero del antiguo estado de Lu (actual provincia de Shandong, en el este de la República Popular China) que se cree vivió entre el 551 a. C. y el 479 a. C. La escuela que se creó basándose en sus enseñanzas, denominada en chino rujia (儒 家) pero conocida en occidente como escuela confuciana, se creó años después junto con otras escuelas filosóficas y fue a través de la cual se difundieron sus textos e ideas centrales, muchas de las cuales siguen vigentes hoy en día y continúan influyendo en la cultura china actual. Los textos confucianos que han llegado hasta nuestros días son básicamente en forma de diálogo, siendo el más completo y célebre el conocido como “Las Analectas” (Lun yu 论语), que presenta diálogos entre el maestro y sus discípulos. Pero la escuela filosófica que encarna el llamado confucianismo no se basa únicamente en esta obra ni en este personaje; abarca una serie de textos antiguos que comparten una misma filosofía que va más allá de la personalidad del personaje de Confucio (Gernet, 1972/1987).
A diferencia de otras corrientes filosóficas, centradas en el individuo y la abstracción, el confucianismo es una filosofía del comportamiento colectivo, que abarca la psicología, la moral, la economía y la política, siempre en busca del equilibrio social. A continuación se definen brevemente algunos de sus puntos clave. El primero de ellos es la humanidad o benevolencia (ren 仁) en relación a otros,
entendida como el comportamiento adecuado, basado a su vez en la posición social, el cumplimiento de la obligación social o la conducta “como debe ser”, como, por ejemplo, la obligación de corresponder a nuestros padres, la cual sería el reflejo del amor o la benevolencia que sienten las dos partes involucradas. Otro aspecto clave es la importancia del aprendizaje, ya que se asume que toda persona puede llegar lejos por medio de la educación. La lealtad (zhong 忠) del súbdito al soberano, siendo extrapolable a otras díadas en la jerarquía social, es otro de los componentes básicos de la filosofía confuciana. También es central la obligación de reciprocidad (shu 恕), ligada a la idea de que uno no debe hacerle a otro, lo que no quiera para sí mismo, ya que recibirá en función de lo que done. La confianza (xin 信), reflejada en la capacidad del otro por cumplir lo que promete y ser en consecuencia digno de confianza, lo cual supone la base de la amistad, es otro de los puntos esenciales. Asimismo, se considera primordial la idea de justicia (yi 义), no en el sentido legal, sino ligada al concepto de equidad y de recibir cada uno lo que merece o más bien lo que debe recibir de acuerdo con su posición y conducta. Finalmente, el confucianismo promueve la rectificación de los nombres, que expresa la necesidad de que los conceptos reflejen lo que realmente deben ser para así lograr un equilibrio social, es decir, que el gobernante se comporte de acuerdo a lo que implica ser un gobernante virtuoso, el padre como buen padre, el hijo como buen hijo, etc., ajustándose todos los actores al rol que se espera de ellos y que deben cumplir por el bien social.
El confucianismo es por tanto además de una teoría filosófica, un modo de vida, que define una serie de valores por los que las personas han de regirse para convivir en sociedad y que todavía ejercen una importante influencia no sólo en la República Popular China, sino en otras sociedades de cultura china como Taiwán, Hong Kong o Singapur y en otros países de Asia oriental como Japón o Corea. Cuestiones relevantes en estas sociedades como la importancia de cuidar a la familia, especialmente a los mayores, la obediencia que se debe a los superiores o el celo por los comportamientos socialmente adecuados, se han vinculado a la corriente del confucianismo. En especial, cabe destacar que la herencia confuciana en la actualidad se asocia con valores como la jerarquía, la reciprocidad y el mantenimiento de la cara, conceptos muy importantes en las relaciones
interpersonales. La jerarquía es fundamental en las relaciones informales de intercambio, ya que determina quién tiene potestad de dar y a quién es necesario acudir y ofrecer dádivas para obtener un favor. Las relaciones en China siempre están marcadas en cierta medida por la jerarquía, situándose un individuo en una posición superior al otro, lo cual marca inevitablemente la relación entre ambos. Asimismo, la obligación de reciprocar, es central en las relaciones de intercambio en general, adoptando un papel preeminente en las relaciones de tipo guanxi en particular, ya que la reciprocidad ha de cumplirse en base a los valores sociales imperantes. Finalmente, la idea confuciana de la confianza y la obligación inherente a la posición ocupada (la rectificación de los nombres), se encuentran íntimamente relacionados a la idea de cara (mianzi 面子), ya que al acudir a una persona que se encuentra vinculada a nosotros, por ser, por ejemplo, del mismo pueblo de origen, para pedirle un favor ésta se verá en la obligación de ayudarnos, puesto que así lo dictan los valores de benevolencia, reciprocidad y su posibilidad de dar, determinada por su rol social. Si dicha persona, estando en disposición de ello, no nos brinda ayuda, estará poniendo en entredicho su valor de ser digno de confianza, así como su comportamiento apropiado según su papel social, lo cual le hace “perder cara” ante los demás, idea parecida a la pérdida de honor o respeto.
El confucianismo, además, establece unas normas comportamentales implícitas a determinadas relaciones bilaterales que recogen la práctica totalidad del funcionamiento social. Estas cinco relaciones, las denominadas wu lun (五伦) donde lun se traduce como relaciones humanas, pero también como lógica u orden, y wun indica el número cinco, son las que se desarrollan entre el emperador y el súbdito (o entre el gobernante y el ciudadano), entre el padre y el hijo, entre el marido y la mujer, entre el hermano mayor y el menor y entre amigos. En todas ellas, incluido en el caso de los amigos, existe una jerarquía, siendo una de las dos partes superior y la otra subordinada. Hay autores como Hsiung (2013) que defienden que las guanxi son en realidad una simulación de las relaciones familiares (jerárquicas por definición en la sociedad china), ya que entre amigos se identifica rápidamente quién es el superior y el subordinado en base a cuestiones como la edad u otras características personales, estableciéndose una relación comparable a la presente entre hermanos mayores y menores. Además, la jerarquía también se establece horizontalmente, ya que la relación entre emperador y súbdito estará por 30
encima de las otras cuatro, situándose la relación entre amigos en el último escalón de la pirámide. Las guanxi estarían dirigidas a cuidar estas cinco relaciones principales, lo cual quiere decir que los individuos han de comportarse de acuerdo a su rol y su posición jerárquica que viene determinada por la relación (lun), siguiendo unas normas conductuales determinadas y conocidas por toda la sociedad.
Fei (1948/1992) estableció una metáfora gráfica para ayudar a entender la distinta organización social en oriente y occidente. Según este sociólogo chino, las sociedades occidentales se organizan como un gran montón de gavillas de paja perfectamente apiladas. Todo se encuentra bien organizado y los límites están claros: en primer lugar se cogen las pajas o tallos individuales (individuos) y se agrupan en haces (grupos), que a su vez se juntan en gavillas (organizaciones) que se apilan formando una estructura conjunta (sociedad). Las sociedades occidentales componen así un sistema social de asociación por organizaciones, creando grupos con unos límites claros, lo cual no ocurre en China. Pone el ejemplo de que si en occidente un amigo llama a otro y le indica que va a visitarle junto con su familia, queda claro qué personas vienen, pues es evidente quién es su familia (normalmente, su pareja y sus hijos menores). Sin embargo, esta misma frase en China resultaría muy ambigua, pues hay múltiples niveles de familia (puede incluir a los abuelos, a primos, a tíos o hasta a amigos muy cercanos que se consideran como de la familia). En occidente la pertenencia a un grupo está clara y los derechos y obligaciones de cada uno también. Pero los límites no están tan claros en sociedades orientales, puesto que la estructura es muy distinta a la del amontonamiento de gavillas. Según Fei (1948/1992) el sujeto se encuentra inmerso en una estructura social jerárquica, cuya organización se asemeja a las ondas que se generan al tirar una piedra al agua. El centro de las ondas o la piedra representa a la persona de referencia y los círculos que se van formando a su alrededor son los diferentes niveles de relaciones interpersonales que mantiene. Del círculo más cercano al lejano las obligaciones relacionales del individuo central varían. Se crea de este modo una estructura social cuyo centro de referencia es el individuo del que emergen distintos niveles de relaciones cuyos límites no son tan claros ni evidentes como en occidente. La sociedad se compone de redes relacionales superpuestas que se caracterizan por ser discontinuas, es decir, que no unen linealmente a dos personas, sino que se centran en el individuo de referencia y toman una composición diferente para cada persona. 31
Además, cada una de las conexiones en esta red, se entiende como una díada social (éstas serían las guanxi propiamente dichas) que tiene sus propias normas de funcionamiento, su propio ritual, basado en normas de reciprocidad y obligaciones personales.
Mao et al. (2012) se basan en estas relaciones de trato diferencial establecidas por Fei y dibujan un mapa de guanxi con diferentes niveles de relaciones, dentro de los que a su vez se fijan niveles jerárquicos con individuos que toman el estatus principal y otros el subordinado, mientras que otras relaciones se contemplan como iguales. Cada círculo o nivel relacional implica diferentes obligaciones con el otro. En el círculo más céntrico y cercano al individuo de referencia se encuentra la relación más básica en la sociedad confuciana, la relación padre-hijo en la que las obligaciones son incondicionales y la jerarquía se encuentra perfectamente definida, no contemplándose la igualdad. En el segundo círculo estarían el marido y los hermanos mayores en una posición jerárquica superior por encima de la mujer y los hermanos menores, pero también pueden llegar a entrar en este círculo, con un nivel de igualdad, amigos muy cercanos, con los que se ha criado uno prácticamente como un hermano más. El siguiente nivel está reservado a los familiares cercanos (fundamentalmente tíos y primos), divididos jerárquicamente en base a su edad y posición en la familia y, en el nivel de igualdad, a los buenos amigos. En este tercer círculo relacional, las guanxi se desarrollan por apego emocional y otras normas propias de la amistad que conllevan obligaciones, pero menos condicionales. En el siguiente nivel, donde se esperan obligaciones aunque en su mayoría condicionales, se situarían los familiares lejanos y los amigos normales. Finalmente, en el quinto círculo, el más alejado de la persona de referencia, se sitúan los extraños, relación para la cual no hay normas sociales compartidas por todos, más allá de cuestiones humanitarias básicas. Por tanto, el comportamiento interpersonal está socialmente pautado en base a la posición jerárquica ocupada y con el individuo como referencia central y quien no se comporta como debe se enfrenta a la presión y crítica de la sociedad. A modo de resumen, Dunning y Kim (2007) indican que guanxi es un constructo propio y único de la cultura china, puesto que se basa en dos pilares fundamentales del confucianismo: el mantenimiento de la armonía, entendida como que cada individuo debe actuar como se espera de él en un sistema social
interdependiente donde todas las personas están conectadas, y la importancia de la jerarquía.
La preeminencia del confucianismo en la sociedad china y las obligaciones morales que conlleva en el ámbito de las relaciones sociales se ha atribuido a la necesidad de apoyo de cara a la subsistencia en una sociedad predominantemente agrícola, en la que surgieron y se desarrollaron durante siglos las relaciones familiares y las guanxi como herramientas para la supervivencia (Hsiung, 2013). No obstante, en culturas con un trasfondo nada influido por el confucianismo, como las sociedades occidentales también se podrían encontrar normas sociales para el comportamiento en las relaciones interpersonales y la diferenciación en las obligaciones hacia los demás en base a la cercanía en la red relacional. En otras palabras, el tratamiento diferenciado en base al nivel de cercanía de la relación no puede considerarse exclusivo de la cultura china y la influencia confucianista. Se torna necesario encontrar otros aspectos que justifiquen la singularidad del fenómeno de las guanxi. En un esfuerzo por encontrar esos rasgos EMIC del constructo, Mao et al. (2012) determinan que las guanxi, al contrario de otras relaciones, centran su atención en las normas sociales que determinan las obligaciones que han de cumplirse en base a la cercanía relacional y por el bien de la estabilidad social, más que en cuestiones emocionales como el apego o en la devolución de favores. Por ejemplo, en China interceder para que el hijo de un amigo cercano logre entrar en una buena universidad no sólo resulta loable, sino que no hacerlo se considera incluso inmoral, ya que se falla en la obligación hacia esa persona, algo socialmente reprobable, mientras que en occidente, ese mismo caso, probablemente se vea injusto o reprochable. La obligación de ayudar a las guanxi de los círculos internos es tan determinante y la presión social tan alta, que incluso se acepta el saltarse normas o leyes con este fin. Podría argumentarse que el trato diferencial, que puede incluir incumplimiento normativo, en base al nivel de intimidad relacional ocurre también en otras culturas, pero la diferencia con el concepto chino parece radicar en que en occidente el consenso social establece que es un acto reprobable que no debería hacerse, mientras que las normas sociales chinas animan a transgredir otras normas por el bien de la relación, generando cierta tolerancia hacia el transgresor e intolerancia por el que no lo es. Por otro lado, la presencia de una clara jerarquía y las diferentes obligaciones sociales que se derivan 33
de ella marca de manera importante la naturaleza autóctona de las guanxi. En definitiva, para estos autores el elemento central que distingue a las guanxi de otros conceptos similares son las obligaciones y normas que conllevan, que son definidas y conocidas socialmente e influidas por un sistema social jerárquico.
En relación al sistema normativo, tal y como se ha comentado, hay culturas en las que el sistema normativo formal no es suficientemente claro (Gelfand et al., 2006) o no se cumple rigurosamente (Fernández-Dols et al., 1994; Fernández-Dols & Oceja, 1994; Oceja & Fernández-Dols, 1992), buscando los individuos alternativas y soluciones a sus necesidades, que muchas veces implican la transgresión de normas. En sociedades donde las estructuras formales son ineficientes, los individuos se apoyan más en sus relaciones informales como medios para lograr certidumbre y seguridad (North, 2005). Éste parece ser el caso de China, ya que la importancia de las guanxi se ha atribuido también a la flexibilidad de su sistema normativo y a la ineficacia de su burocracia (Chan et al., 2003; Dunning & Kim, 2007; Xin & Pearce, 1996), relacionada con un régimen controlador y poco eficaz. Otra de las peculiaridades del concepto de guanxi sería el uso de este tipo de relaciones informales de intercambio en contextos formales, mientras que en occidente, aun siendo las relaciones informales importantes, éstas se sustituyen por relaciones formales en determinados contextos regulados por distintas instituciones u organizaciones (Dunning & Kim, 2007). No obstante, pudiera ser que el crecimiento económico y el subsiguiente desarrollo de las instituciones legales y la burocracia, combinado con el surgimiento de relaciones más impersonales (por ejemplo, el auge de los supermercados y los grandes almacenes frente al pequeño comercio tradicional), hiciese evolucionar a la sociedad china de una cultura basada en las relaciones a una basada en las normas (Li, 2004), perdiendo en este caso las guanxi mucha influencia. Pero la menor incertidumbre contractual y administrativa aumenta las posibilidades de actividades rentables para las personas, por lo que tener redes relacionales sería vital para buscar oportunidades (Hsiung, 2013), manteniéndose la presencia de las guanxi en la sociedad y su importancia para realizar actividades, tanto de índole personal, como laboral o administrativa.
Sin embargo, a pesar del reconocimiento de su importancia y preeminencia, apenas se tiene constancia de qué significan realmente las guanxi para las personas en su vida cotidiana. La información que se tiene acerca de este concepto procede del mundo empresarial y, básicamente, de directivos de origen chino o de occidentales que trabajan conjuntamente con socios chinos (ver, por ejemplo, Bu & Roy, 2005; Chen, 2009; Chen & Peng, 2008; Davies et al., 1995; Park & Luo, 2001; Zhuang et al., 2008 ) o del mundo académico, asimilándose en la literatura científica a otros conceptos occidentales como capital social (Arribas et al., 2013; Gu et al., 2008; Hitt et al., 2002; Ho & Redfern, 2010; Kriz & Keating, 2010; Park & Luo, 2001; Qi, 2013; Xin & Pearce, 1996; Zhu, 2009). Para alcanzar a comprender el concepto de guanxi y poder determinar qué lo diferencia de otros conceptos similares o qué aspectos tiene en común, se torna necesario investigar qué entienden por ello los individuos, miembros de una misma cultura. Hsiung (2013), reconociendo de hecho esta necesidad y afirmando que las guanxi probablemente sean más importantes en la actualidad de lo sugerido en la literatura, propone precisamente investigar este fenómeno en el contexto cotidiano de los chinos2 y plantea un cuestionario con preguntas dirigidas a indagar en la experiencia personal, referida a cómo se usan las guanxi, y con cuestiones de opinión personal acerca de su importancia en general o su mayor incidencia en unos u otros contextos. Siguiendo otros estudios interculturales sobre conceptos, parece razonable adoptar una metodología probabilística (explicada en detalle más adelante) e indagar qué entienden las personas cotidianamente que significa e implica un determinado concepto para extraer sus características constitutivas y poder comparar conceptos en distintos idiomas entre sí.
Pero antes se realiza una descripción de otros conceptos similares a guanxi hallados en la literatura.
2.2. El concepto de
conocidos
:
En España existe un concepto que podría considerarse semejante al concepto chino de guanxi expuesto previamente; se trata del concepto de conocido. Es un
2A lo largo de esta tesis se utilizará el masculino genérico para facilitar la lectura.
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tipo de relación donde el contexto resulta fundamental para entenderla y para conocer las normas de aplicación y desarrollo, en la que se utilizan vías informales de relación dentro del ámbito de la formalidad (Sell-Trujillo, 2001). Aunque es un fenómeno bastante típico de la cultura española y de las sociedades latinas, apenas ha sido estudiado (Sell-Trujillo, 2001), de manera que su gran incidencia en estas culturas y el poco conocimiento de sus características, justifican un estudio más a fondo.
El concepto de conocido se puede definir como una “persona con la que se tiene trato o comunicación pero no amistad” (Fernández-Dols et al., 1994, pp.206) y cuya relación con uno mismo se utiliza para lograr objetivos y, en especial, para acelerar procesos administrativos o facilitar las gestiones. Al igual que ocurría con las guanxi se basa en el principio de reciprocidad con expectativas a largo plazo, es decir, se piden favores que esperan recibirse de vuelta en un tiempo inespecífico, por lo que es necesario cierto vínculo con el otro (Sell-Trujillo, 2001), lo cual recuerda a las características definidas para el concepto chino. Además, se encuentran más paralelismos entre la cultura china y española en el concepto que nos ocupa, puesto que lo determinante en la devolución de favores en el caso de los conocidos, como ocurría con las guanxi, se encuentra enraizado en el sistema normativo, siendo por tanto una obligación que se impone al individuo regulada por cuestiones como el honor (sería la “cara” en el caso chino) o el vínculo emocional con el otro (ganqing), determinado por la historia pasada en común y la identidad social establecida colectivamente (Sell-Trujillo, 2001), al igual que ocurre con la construcción de identidad en la sociedad china, donde el establecimiento de bases comunes relacionadas con el pasado o la familia son un punto de partida fundamental para la creación de lazos relacionales tipo guanxi (Chen & Chen, 2004). El establecimiento de un punto en común supone el inicio de una relación de esta índole, por lo que lo primero que hacen los individuos es buscar información que les permita destacar la relación preexistente entre ellos. La construcción de lazos comunes se encuentra íntimamente relacionada con el pasado no sólo individual, sino también de la comunidad, en especial, de la familia. Al pertenecer a una unidad familiar en concreto se le presuponen al individuo determinadas características y habilidades, tanto personales como interpersonales, que aportan información sobre la persona, sus relaciones con otros y su capacidad para realizar favores, siendo por 36