Actas del VI Congreso Internacional CELEHIS de Literatura / Acosta, Ricardo ... [et al.] ; compilado por Virginia P. Forace; María Pía Pasetti. - 1a ed . - Mar del Plata: Universidad Nacional de Mar del Plata, 2018.
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Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-544-817-9
1. Estudios Literarios. 2. Actas de Congresos. I. Acosta, Ricardo, II. Forace, Virginia P., comp. III. Pasetti, María Pía, comp.
CDD 807
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Evaristo Carriego por Raúl González Tuñón
Laura Codaro
FaHCE-UNLPIntroducción
Evaristo Carriego nació en 1883 en la provincia de Entre Ríos, pero durante su infancia se trasladó a Palermo, Buenos Aires. Como es sabido, su obra que le cantaba al suburbio porteño, a los obreros, a las muchachas pobres, a lo marginal fue recuperada y valorada por distintos escritores argentinos, posiblemente los más destacados fueron Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón. A diferencia de Borges, quien en 1930 publicó Evaristo Carriego, el reconocimiento de Raúl González Tuñón se vio disperso a lo largo de toda su obra. En efecto, inspirado en el entrerriano, no sólo retomó tópicos principalmente en su poesía, sino que hizo referencia a la vida, al barrio, a la muerte, a la figura y a la obra de Carriego de forma recurrente también en sus textos periodísticos.
Este trabajo busca explorar la figura de Evaristo Carriego en los escritos publicados por Raúl González Tuñón en Clarín, donde trabajó a partir de 1946, principalmente la serie de notas titulada “Vida de Carriego, el poeta de los humildes”, que apareció entre enero y febrero de 1947. Así, a través de la lectura y el análisis de estos artículos se intenta mostrar cómo Tuñón presentó hiperbólicamente la figura de Carriego, la realzó insistentemente, para luego indagar los motivos que lo condujeron a destinarle un lugar protagónico en el matutino.
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Evaristo Carriego en las páginas de Clarín
Raúl González Tuñón comenzó a participar en el diario Clarín en 1946, un año después de que Roberto Noble lo fundara. Inicialmente publicó algunos textos literarios, que representaron el ingreso de la literatura al periódico, pero al poco tiempo, en 1947, apareció la primera serie de notas a su cargo dedicada a Evaristo Carriego, que recibió el título de “Vida de Carriego, el poeta de los humildes”. Luego se sumaron otros cuentos, una crónica de las primeras representaciones teatrales del siglo XVIII, otra sección titulada “Los poetas de Buenos Aires”, que se inauguró con una nota sobre Evaristo Carriego, las críticas de artes plásticas… en fin, un conjunto de textos heterogéneos que marcaron su paso por el reconocido matutino que se prolongó prácticamente hasta su muerte.
Al analizar estos materiales en los que aparece Tuñón como escritor consagrado es posible notar que hay un fuerte interés de parte del autor por dar cuenta de la tradición literaria argentina, por recorrer la poesía nacional, para lo cual recuperó distintas figuras del campo literario argentino desde principios del siglo XX hasta la época en que escribió estas notas. En general, se trata de escritores que fueron sus colegas, sus amigos o bien sus inspiradores, personajes por quienes sintió admiración y, al igual que él, se apasionaron por la urbe porteña. En esta lista Evaristo Carriego fue quien más se destacó, ya que Tuñón no sólo le dedicó la primera serie de notas que apareció tempranamente en el matutino, sino que luego eligió su nombre para inaugurar la serie “Los poetas de Buenos Aires” de 1959. Ahora bien, ¿qué dice del poeta entrerriano? ¿cómo lo presenta?
Para empezar, la serie de notas “Vida de Carriego, el poeta de los humildes” apareció en Clarín entre enero y febrero de 1947, más precisamente entre el 21 de enero
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527 y el 4 de febrero, fueron ocho notas que portaban un subtítulo y estaban firmadas por González Tuñón. Las mismas se conformaban por el texto escrito por su puño, algún material de otra autoría como podía ser el fragmento de un poema de Carriego o de un tango, una ilustración realizada por Lotito o por Pelissier –según se especifica en cada caso– y alguna fotografía, todo vinculado al tema escogido por Tuñón. Si el libro publicado por Borges en 1930 se propuso como una biografía de Carriego, pero en realidad ésa fue la excusa para hablar de Palermo, su barrio, del suburbio, aquí González Tuñón habla de la vida del entrerriano, de sus amores, de sus hábitos, de los lugares donde vivió, de su obra y con especial atención de su muerte. El primer rasgo que puede subrayarse se vincula al narrador y a las voces que aparecen en los textos. En cuanto al primer aspecto, hay una oscilación entre la primera persona del singular y la primera persona del plural, aunque prima el “nosotros”. Si bien estas notas están firmadas por Raúl González Tuñón a través de un cuadro llamativo que se destaca en la primera parte del artículo, en el cuerpo suele aparecer un “nosotros” que por un lado, observa el barrio, visita la tumba, es decir, parece un enviado del matutino que como un corresponsal da cuenta de lo que va conociendo y también recordando, luego escribe utilizando la primera persona del plural como parte del equipo empresarial; por otro lado, es un “nosotros” que analiza la situación, que se posiciona críticamente ante distintas cuestiones y se expresa a través de distintos verba dicendi: decimos, declaramos, afirmamos, entre otros. En una de las notas, esa primera persona del plural se define con precisión: “Por otra parte, nosotros –los de la que podríamos llamar generación de “Martín Fierro” y “Boedo”– también conocimos lugares parecidos, aunque distintos y posiblemente menos típicos, pero igualmente conversados, discutidos y fugaces… (González Tuñón, 1947f:10). Así, Tuñón se ubica, junto a otro grupo de poetas, temporalmente después de Carriego, en esa generación intermedia entre los
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528 modernistas y la nueva izquierda. En lo que concierne al segundo aspecto, estos artículos recuperan otras voces, otros “testimonios” como elige llamarlos González Tuñón y otros materiales que muestran que no se trataba sólo de una presentación del autor. En efecto se observan: la inscripción de la placa que se encuentra en la puerta de la casa del poeta; una evocación de Soussens; un párrafo discriminado firmado por Tuñón; el diálogo entre el empleado de la Administración del cementerio de la Chacarita y el narrador; la conversación con un cuidador del mismo cementerio; la leyenda de la placa colocada en la bóveda del poeta en 1913; unas líneas del tango “Don Juan” de Ricardo Podestá; unos párrafos del prólogo de Álvaro Melián Lafinur a las Obras Completas del entrerriano de la colección La Cultura Argentina de 1917; las palabras de Roberto Giusti acerca de Carriego publicadas en Nosotros; una breve selección de Evaristo Carriego de Jorge Luis Borges; las palabras de Arturo Capdevilla que aparecen en las Obras Completas, en la Edición Grandes Escritores Argentinos de 1944; la última parte de “Esquela” que Rubén Darío le escribe a Soussens; las palabras de Juan Más y Pi ante la muerte de Carriego; una entrevista de Enrique González Tuñón a Soussens; algunos versos de “Nocturno” de Rubén Darío; una carta del club “Evaristo Carriego” que se dirige al director de Clarín y a Tuñón; finalmente, fragmentos de nueve poemas de Carriego.
Ahora bien, si se intentan explicar estas decisiones de González Tuñón puede pensarse que la preponderancia de la primera persona del plural responde a la intención de mostrar que allí era un periodista que trabajaba para un medio gráfico, entonces, amén de presentar la vida y la obra de Carriego y analizarla críticamente, incorpora un conjunto amplio de materiales, recupera algunos testimonios, las voces de otros que conocieron al entrerriano para dejar en claro que pertenece a un equipo que busca revalorar la figura de Evaristo Carriego, que establece como punto de partida para
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529 revisar la tradición literaria. Al mismo tiempo, es posible descubrir la voz de González Tuñón en tanto cronista que recorre el barrio del poeta, visita su casa y su tumba, y establece diálogo con distintas personas que va encontrando. A decir verdad, por la reconstrucción de estos encuentros, no es posible saber si efectivamente Tuñón mantuvo esas conversaciones en esos términos; sin embargo, importa la intención de recuperar al menos esas ideas que posiblemente circulaban, aunque haya cierta ficcionalización en el relato de Tuñón, como sucede cuando cuenta lo que decían en el “Café de los Inmortales” apropósito de la muerte de Carriego. Además, ese “yo” que se identificaba con los artistas de la generación vanguardista conocía ampliamente la obra de Carriego y manifestaba una enorme admiración por el poeta, lo cual puede corroborarse observando otros escritos de Tuñón y su propia obra poética.
Otro aspecto importante de estas notas se vincula al lugar que ocupa la poesía. Por un lado, para referirse a la vida y a la obra de Carriego decide publicar fragmentos de distintos poemas del entrerriano, como se ha mencionado, algunos de ellos ilustran el comentario del narrador y otros son expuestos al final de la nota, con la idea de compartir la literatura del enarbolado poeta y acercarla a los lectores. Del mismo modo también hay poemas de otros autores. Por otro lado, es posible notar fácilmente que la prosa se entremezcla con la poesía puesto que González Tuñón emplea frases cortas, hay evocaciones y preguntas retóricas, exclamaciones propias de la oralidad, afirmaciones sugerentes que finalizan con puntos suspensivos y una abundancia de recursos retóricos tales como la hipérbole, el hipérbaton, la anáfora, la aliteración, entre otros. De esta manera, el autor, que escribió y publicó poemarios durante toda su vida, no abandona el género lírico dado que la poesía invade su prosa periodística. En consecuencia, además de revalorizar la figura de Carriego como el poeta de los
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530 humildes, de los pobres, le da un lugar importante a la poesía en un diario muy joven, en el que se había publicado muy poco de literatura.
Luego de esta breve caracterización se podría hacer un intento por definir estas notas. En un primer y veloz acercamiento, a juzgar por la presentación y por los rasgos generales de los artículos podría pensarse que esta serie pretende hacer una biografía de Evaristo Carriego: Tuñón comienza con el nacimiento del poeta y cuenta su vida, también se refiere a sus costumbres y a su muerte, manteniendo cierto orden cronológico, y hay dibujos y fotografías que acompañan la narración. Probablemente ésa haya sido la intención del periódico que, por su corta edad y los temas que abordaba, necesitaba nombrar a escritores reconocidos para legitimarse de algún modo en el campo cultural. No obstante, Tuñón expone poca información precisa sobre el nacimiento del entrerriano, sus orígenes, su adolescencia, su familia, su vida privada en general. Por el contrario, intenta responder a la pregunta “¿Cómo era Carriego?”, un interrogante que atraviesa todos los artículos y que es resuelto poco a poco a través de distintos testimonios, lo cual permite descubrir una biografía que se entremezcla con la crónica, en definitiva, se adaptaba al formato periodístico. Además, se interesa en su obra, en los lugares a los que refería su poesía y a los que visitaba y en su muerte con especial atención. Puede afirmarse que ésta ocupaba un papel central, ya aparecía en la segunda nota con evocaciones a la sombra de Carriego, a su “dulce fantasma”; más aún, la tercera nota, titulada “El suburbio de la muerte”, comenzaba con la comparación entre el cementerio de Chacarita y el de Recoleta para focalizarse en la visita a la tumba del poeta, se incluyó allí una fotografía oscura del lugar y un dibujo de las tumbas junto a las cuales había gente lamentándose; por último, la octava nota, titulada “Triste domingo”, se refería a las repercusiones del fallecimiento de Carriego. En este sentido, más allá de que el tópico de la muerte haya invadido esta serie, la relevancia que le da
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531 González Tuñón contribuye a la presentación hiperbólica de la figura del poeta de los humildes, que parece acercarse al héroe épico de la urbe: allí está el joven destacado y reconocido por su obra, muy querido por sus contemporáneos y condecorado por quienes supieron posteriormente de él, que vivió intensamente y se apasionó por su barrio aunque no era su ciudad natal y cuya pronta muerte, que lo convirtió en el último bohemio, conmovió profundamente a sus allegados y marcó la tradición literaria argentina. Por ello, no importa tanto saber de su nacimiento como sí de su descubrimiento, como se lee en la séptima nota, que le dio un lugar en el campo literario argentino. De hecho, desde la primera nota donde se lee “¿Y qué muchacha o muchacho argentino no conoce al cantor del barrio, a Evaristo Carriego? “(González Tuñón 1947g:8) y se lo compara con célebres escritores de la literatura extranjera se puede observar la intención de ubicarlo en la cúspide del canon.
Por último, se propone analizar estos rasgos en el primer texto de “Los poetas de Buenos Aires”, la serie publicada en 1959. Ésta también representa una exposición de un poeta, de su vida, de su obra y sobre todo de sus vínculos con la urbe porteña. En el caso de “Evaristo Carriego, el precursor” posee una introducción a la colección y luego de referirse a los lazos entre el entrerriano y el barrio, el arrabal, incorpora el poema “Has vuelto”. A diferencia de las notas del ´40, aquí Tuñón, quien firma como Ismael Bravo, prefiere la tercera persona del singular, característica que perdura en la mayoría de los textos siguientes. Sin embargo, esta voz impersonal no borra el tono poético que, aunque en menor medida, también impregna esta prosa. Probablemente por el crecimiento y el desarrollo de su labor periodística en el diario, estos artículos son más estructurados, más ordenados y la prosa, más cohesiva. Asimismo, se exalta al poeta pero con mayor énfasis, a su barrio, por lo cual, la muerte ocupa un lugar secundario.
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Reflexiones finales
Este acercamiento a los textos de González Tuñón publicados en Clarín muestra la clara intención de revalorizar la figura de Evaristo Carriego, al presentarlo tempranamente como el gran iniciador de la poesía argentina. Si bien se trataba de un poeta poco valorado por distintos intelectuales y críticos, el libro de Borges le había dado popularidad en los años treinta tal como lo recuerda Tuñón en los textos estudiados, entonces ¿por qué en los cuarenta y cincuenta ocupa un lugar tan importante en el diario? Probablemente Tuñón vio la necesidad de reivindicarlo en este periódico tan joven que incorporaba lectores nuevos y desconocía la literatura. Aunque esos años encontraban una nueva generación de poetas, era imperante revisar la historia de la literatura argentina y ubicar a Carriego en los comienzos –también en los inicios de la propia obra de Raúl González Tuñón– y tomar distancia de la mirada borgeana que lo colocaba en el final de una etapa de la poesía argentina. Así, sin abandonar el género lírico construye al héroe del suburbio, tan recordado por todos.
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