Roberto Fernández Retamar y los estudios postoccidentales en América Latina
Texto completo
(2) “Todavía, con toda precisión, no tenemos siquiera un nombre, estamos prácticamente sin bautizar: que si latinoamericanos, que si iberoamericanos, que si indoamericanos. Para los imperialistas no somos más que pueblos despreciados y despreciables. Al menos lo éramos. Desde Girón empezaron a pensar un poco diferente. Desprecio racial. Ser criollo, ser mestizo, ser negro, ser, sencillamente, latinoamericanos, es para ellos desprecio” Fidel Castro Ruz (19 de abril, 1971). 2.
(3) RESUMEN. En. la sociedad contemporánea, específicamente en el contexto de la América. Latina, se va haciendo cada vez más común encontrarnos con escritores, pensadores (intelectuales en general) que dedican con marcado interés e importancia dentro de su obra, espacios para temas referentes a los estudios sobre el ámbito cultural latinoamericano, el cual se ha visto amenazado y de alguna manera ha sido víctima indistintamente, de las políticas culturales imperiales, anti-americanistas, reflejado en sus estudios teóricos. Este interés de acreditar la existencia de una auténtica cultura latinoamericana, pudiera estar fundado en gran medida por la situación actual que está viviendo la América Latina, donde los procesos integracionistas tienen dentro de sus principales objetivos la de salvaguardar la identidad cultural de los pueblos latinoamericanos, pues al decir de Roberto Fernández Retamar, poner en duda nuestra cultura es poner en duda nuestra propia existencia, nuestra realidad humana misma. De ahí la importancia del estudio de su legado –con especial interés dentro del contexto de las ciencias sociales– como antecedentes indiscutibles para los estudios culturales desde América Latina, los cuales ocupan además un determinante espacio dentro la ensayística de uno de una de las figuras intelectuales más prominentes en nuestra historia revolucionaria y en nuestro presente, Roberto Fernández Retamar. En la actualidad, Roberto Fernández Retamar es una de las figuras a la cual el ejercicio de pensamiento, su profundidad, su coherencia y su sentido de la. 3.
(4) pertenencia revolucionaria le han llevado a formar parte del Consejo de Estado de la República de Cuba. Por esta y muchas razones es que resulta necesario detenerse en su ensayística dentro del marco de esta investigación, tomando como centro su obra Todo Calibán, puesto que constituye un texto paradigmático por sus reflexiones sobre Latinoamérica y su evolución a partir del concepto-metáfora que propone para identificarla, así como por su trascendencia misma, luego de la discusión de las diversas propuestas teóricas para los estudios culturales en América Latina. Entre los principales objetivos de la tesis se encuentran: exponer las diferentes propuestas teóricas contemporáneas de los estudios culturales para América Latina y valorar la significación del concepto-metáfora “Caliban” como antecedente de los estudios socioculturales latinoamericanos desde una visión postoccidental. La tesis está estructurada en dos capítulos: el primero contiene una reseña de las principales propuestas teóricas de diferentes críticos sobre los estudios culturales contemporáneos desde América Latina; el segundo se centra en el estudio del texto de Roberto Fernández Retamar, Todo Caliban, con el propósito de exponer sus reflexiones sobre la importancia del concepto-metáfora Caliban desde un enfoque postoccidental como discurso de resistencia frente a los enfoques occidentalistas y coloniales para América Latina.. 4.
(5) INDICE. Introducción/ 6-13. Capítulo 1 Reseña de las principales propuestas teórica para los estudios culturales desde América Latina/ 14-39 1.1 Latinoamérica y Latinoamericanismo 1.2 Identidad y postmodernidad en América Latina 1.2.1 La postmodernidad desde Latinoamérica según la crítica 1.3. Postcolonialismo y postoccidentalismo: una visión desde América Latina 1.4 Los estudios culturales desde América Latina como escenario de estudio para las Ciencias Sociales. Capítulo 2 Significación de Caliban de Roberto Fernández Retamar para los estudios latinoamericanos/ 40-73 2.1 Roberto Fernández Retamar: un intelectual comprometido. 2.1.2 Cronología de su obra 2.2 Caliban como metáfora de resistencia anticolonial para Latinoamérica 2.3 José Martí: fundamento necesario para la creación de Caliban 2.4 Caliban y los nexos con la historia de América Latina 2.5 Caliban en la hora actual de América Latina 2.6 Intelectuales opinan sobre los aportes de Fernández Retamar al pensamiento latinoamericanista Conclusiones/ 74 Recomendaciones / 76 Bibliografía / 77. 5.
(6) INTRODUCCIÓN. En. la sociedad contemporánea, específicamente en el contexto de la América. Latina, se va haciendo cada vez más común encontrarnos con escritores, pensadores (intelectuales en general) que dedican con marcado interés e importancia dentro de su obra, espacios para temas referentes a los estudios sobre el ámbito cultural latinoamericano, el cual se ha visto amenazado y de alguna manera ha sido víctima indistintamente de las políticas culturales imperiales, anti-americanistas, reflejado en sus estudios teóricos. Este interés de acreditar la existencia de una auténtica cultura latinoamericana, pudiera estar fundado en gran medida por la situación actual que está viviendo la América Latina, donde los procesos integracionistas tienen dentro de sus principales objetivos la de salvaguardar la identidad cultural de los pueblos latinoamericanos, pues al decir de Roberto Fernández Retamar: “poner en duda nuestra cultura es poner en duda nuestra propia existencia, nuestra realidad humana misma, y por tanto estar dispuestos a tomar partido en favor de nuestra irremediable condición colonial, ya que se sospecha que no seríamos sino eco desfigurado de lo que sucede en otra parte” (Fernández Retamar, 2006 :11). En el mundo actual, recurrir a próceres como Simón Bolívar, José Martí, Che Guevara y otros muchos para reconsiderar las bases del proyecto unitario y de emancipación de América Latina, que aún tiene pendiente su total liberación y la formulación de un modelo de desarrollo autóctono que le permita preservarse a si misma, ofrece mejores posibilidades de vida a todos sus habitantes. De ahí la importancia del estudio de sus legados, –con especial interés dentro del contexto de las ciencias sociales– como antecedentes indiscutibles para los estudios postoccidentales en América Latina; los cuales ocupan además un determinante espacio dentro la ensayística de uno de una de las figuras. 6.
(7) intelectuales más prominentes en nuestra historia revolucionaria reciente y en nuestro presente, Roberto Fernández Retamar(1930).. Objeto de estudio: La obra ensayística de Roberto Fernández Retamar sobre Caliban. A Retamar se le conoce comúnmente como poeta, además de ser investigador, ensayista, profesor universitario y presidente de la Casa de las Américas no solo por ser una institución emblemática sino porque a ella ha estado ligado, desde su fundación misma, su aliento creador que lo vincula para siempre a ese genuino monumento cultural de nuestra América. Por su parte es necesario señalar que el aula universitaria fue y es para Retamar una de sus grandes devociones, y posiblemente haya contribuido mucho a que el alma del poeta cristalizara paralela a la necesidad de exteriorizar en la ensayística los frutos de la razón crítica. En la actualidad, Roberto Fernández Retamar es una de las figuras a la cual el ejercicio de pensamiento, su profundidad, su coherencia y su sentido de la pertenencia revolucionaria le han llevado ser uno de los intelectuales de referencia en los estudios culturales latinoamericanos. Al decir de Beatriz Pastor, ha sentado las bases para la constitución de una teoría de la literatura latinoamericana iniciando el proceso revolucionario de los estudios literarios en América Latina. Profundo estudioso e investigador de la obra martiana, es autor de una extensa bibliografía sobre el Héroe Nacional de Cuba, y ha sido galardonado con importantes distinciones nacionales e internacionales. Por otra parte, dedica horas de su existencia al ejercicio de la pluma, construye con celo, número a número, una revista emblemática de ideas y de creación literaria casi tan antigua. 7.
(8) como la Casa misma, y mueve los hilos conductores que permiten que la institución mantenga la vitalidad de sus orígenes. Estas peculiaridades de Retamar, a veces ocultas, lo convierten en un intelectual de gran altura ante innumerables personalidades de las letras y las artes de nuestro continente, pues es indudablemente una de las personalidades más destacadas e influyentes de la identidad latinoamericana. Por esta y muchas otras razones es entonces que resulta necesario detenerse en su ensayística dentro del marco de esta investigación, tomando como centro el estudio de su obra del 2006 Todo Calibán, puesto que constituye un texto paradigmático por sus reflexiones sobre Latinoamérica y su evolución a partir del conceptometáfora que propone para identificarla, así como por su trascendencia misma, luego de la discusión de las diversas propuestas teóricas para los estudios culturales en América Latina desde una visión postoccidental. La constitución de los Estudios Latinoamericanos – y de “lo latinoamericano” como objeto de estudio– está vinculado a la problemática de la subalternidad, que según John Beverley, “emerge a través, o en las intersecciones, de un amplio rango de disciplinas académicas y de posiciones sociales”(Beverley 1995 :285), haciendo converger así el Latinoamericanismo y los estudios culturales alrededor de temas, tales como: las relaciones entre el poder metropolitanooccidental y formaciones periféricas; las dinámicas de resistencia cultural que oponen las identidades no hegemónicas a los códigos sociales dominantes; la reconversión de lo popular y de lo nacional bajo el efecto globalizador de las comunicaciones de masas. Puede afirmarse que los Estudios Culturales y los Estudios Latinoamericanos comparten el proyecto de mezclar -colaborativamente- transdisciplinariedad y transculturalidad, para responder a las categorías entre lo dominante y lo subalterno, lo culto y lo popular, lo central y lo periférico, lo global y lo local; deslizamientos que recorren las territorialidades geopolíticas, los símbolos 8.
(9) identitarios, las representaciones sexuales y las clasificaciones sociales. Estos imbricados contrastes de categorías alteraron la relación dicotómica entre lo uno y lo otro, lo idéntico y lo diferente, lo propio y lo ajeno, lo colonizador y lo colonizado, que antes fundaba la conciencia oposicional −contestaria− de América Latina. Para Walter Mignolo, "post-occidentalismo" sería la palabra clave para articular el discurso de descolonización intelectual desde los legados del pensamiento en Latinoamérica (Mignolo, 1998, pdf). Hacia finales de los años ochenta, el debate sobre la postmodernidad generó en América Latina una gama bastante amplia de reacciones: desde los más entusiastas defensores del capitalismo y el "final de las utopías", pasando por los espíritus moderados, que veían allí la posibilidad de revitalizar la compresión crítica de viejos problemas, hasta los detractores más acérrimos, que no dudaban en calificar lo "postmoderno" como una nueva maniobra de penetración imperialista. Una década después, se observa una reacción muy parecida de la intelectualidad latinoamericana frente a dos de los debates que agitan el mundo académico de los noventa: la globalización y la postoccidentalidad. No resulta difícil comprender el por qué de la energía y pasión con que muchos teóricos(cas) latinoamericanos participan en tales discusiones: es la necesidad de asumir la defensa de la autenticidad y de lo genuino de las expresiones culturales de. "América Latina" en un momento histórico en el que las. pertenencias culturales de carácter nacional o tradicional parecieran ser relevadas (o, por lo menos, empujadas hacia los márgenes) por identidades orientadas hacia valores transnacionales y postradicionales, propias de la globalización neoliberal. Apenas comenzando el siglo XX, el pensador uruguayo José Enrique Rodó escribió un ensayo destinado a influenciar notablemente las representaciones sobre América Latina y los Estados Unidos manejadas por gran parte de la intelectualidad durante todo el siglo. Pero en los umbrales del siglo XXI, el 9.
(10) fenómeno de la globalización creó nuevas formas culturales que obligan a revisar las representaciones de nuestra cultura. Algunos intelectuales formulan las siguientes interrogantes: ¿La "globalización", acaso no es ésta una palabra de moda pero vacía de contenidos, como lo fue también la expresión "postmodernidad"? ¿A nombre de qué o de quién se expresa que la "globalización" exige un cambio radical de las representaciones culturales que Latinoamérica ha generado sobre sí misma? ¿No estaremos frente a una nueva estrategia ideológica proveniente de los países imperialistas, en su afán de legitimar un orden económico internacional que les conviene?(Castro- Gómez, 1998). A pesar de que tales objeciones pudieran tener alguna fuerza, otros críticos piensan que la situación no es tan simple y que, pese a su carácter un tanto nebuloso y caleidoscópico, la palabra "globalización" sí está refiriéndose a procesos muy complejos de orden planetario que generan transformaciones no sólo cuantitativas en el ámbito de la economía y de la racionalización técnicainstitucional, sino también cualitativas en el ámbito de la reproducción cultural; estos. cambios. desencadenan. un. profundo. debate. en. torno. al. latinoamericanismo, es decir, en torno a las categorías histórico-culturales con las que se ha pensado Latinoamérica desde el siglo XIX. Los estudios culturales desde América Latina han mostrado convincentemente que la globalización no es algo que ocurre "fuera" de nosotros y nos "aliena" de alguna supuesta esencia ideológica, personal o cultural (cf. Martín-Barbero 1989; García Canclini 1995). En las condiciones creadas por la globalización, cada vez son más las personas en todas las localidades que se ven obligadas a vivir en una situación institucionalizada de riesgo y, por tanto, a ejercer. 10.
(11) protagonismo sobre su propia vida a nivel cognitivo, hermenéutico y estético, como bien lo muestra la sociología de la cultura contemporánea.1 Estos argumentos cobran mayor valor a la hora de pensar quiénes somos los latinoamericanos hoy en día, en tiempos de la globalización, lo que haría de la interrogante en cuestión un interesante tema de estudio fundamentalmente desde la visión de las ciencias sociales y humanísticas. Es por ello la necesidad de repensar e incorporar dentro de las disciplinas en las universidades cubanas un espacio importante para los estudios culturales latinoamericanos, los cuales hasta el momento no han adquirido el reconocimiento y el tratamiento que indudablemente se merecen. Todos estos elementos teóricos conducen a la formulación del siguiente problema científico: ¿Cómo fundamentar la significación para los estudios latinoamericanos del concepto-metáfora “Caliban”, de Roberto Fernández Retamar, desde un enfoque postoccidental?. Objetivo general: Analizar. el concepto-metáfora Caliban de Roberto Fernández Retamar como. expresión de resistencia cultural desde una visión postoccidental.. Objetivos específicos: 1.. Exponer. las diferentes propuestas teóricas contemporáneas de los. estudios latinoamericanos con énfasis en las postoccidentales. 2.. Valorar. la significación del concepto-metáfora Caliban de Roberto. Fernández Retamar como antecedente de los estudios socioculturales latinoamericanos desde una visión postoccidental.. 1. Beck 1986; Baumann 1992; Luhmann 1993; Lash / Urry 1994; Schulze 1995.. Cfr, Castro-Gómez, Santiago, ed. cit.. 11.
(12) Hipótesis: El concepto-metáfora Caliban, constituye un símbolo de resistencia anticolonial de la cultura latinoamericana frente a las teorías colonialistas del discurso occidental, como evidente estrategia discursiva de la cultura desde una visión postoccidental en la ensayística del intelectual cubano Roberto Fernández Retamar.. Tareas científicas: 1. Búsqueda y análisis de la bibliografía actualizada sobre los estudios socioculturales en América Latina. 2.. Lectura y análisis del texto Todo Caliban de Roberto Fernández Retamar.. 3.. Resumen de las ideas esenciales de los textos que den respuesta a los objetivos.. Aporte fundamental: Para. un consecuente análisis del desarrollo de los estudios culturales desde. América Latina, es necesario retomar las tesis de Walter Mignolo y de otros estudiosos del tema para fundamentar la validez actuales de estas teorías frente a estudios tradiciones de carácter colonial; basados en estas teorías la demostración de la tesis del carácter precursor de la obra del prestigioso intelectual cubano, Roberto Fernández Retamar con sus propuestas de Caliban han sido nuestro principal objetivo en el estudio que se presenta, el cual no ha sido demostrado por los estudios críticos.. 12.
(13) Métodos de la investigación: Han sido empleados los siguientes métodos de las ciencias: métodos del nivel teórico: histórico-lógico, aplicado a las relaciones entre los aspectos de carácter teórico sobre los estudios culturales `postcoloniales y los textos de Retamar contenidos en Todo Caliban; los métodos analítico-sintéticos, inductivodeductivos, para discutir, analizar y valorar las categorías a partir de argumentaciones, generalizaciones y el procesamiento de las referencias científicas. Métodos del nivel empírico, relacionados con los análisis del aparato crítico de la investigación y la selección de los textos incluidos en la bibliografía, fundamentalmente aquellos vinculados con el objeto de estudio de la tesis.. Estructura de la tesis: La tesis está estructurada en dos capítulos: el primero contiene una reseña de las principales propuestas teóricas de diferentes críticos sobre los estudios culturales contemporáneos desde América Latina; el segundo se centra en el estudio del texto de Roberto Fernández Retamar, Todo Caliban, con el propósito de exponer sus reflexiones sobre la importancia del concepto-metáfora Caliban desde un enfoque postoccidental como discurso de resistencia frente a los enfoques coloniales para América Latina.. 13.
(14) CAPÍTULO 1. Reseña de las principales propuestas teórica para los estudios culturales desde América Latina. Los Estudios Culturales debaten las problemáticas que le dan mayor vitalidad crítica a las redefiniciones del saber académico, desde diversas zonas geográficas aunque nuestro centro de atención se sitúa desde América Latina. En opinión del crítico Walter Mignolo, (Mignolo, 1998) quienes encarnan estas figuras de la otredad en su condición material de sujetos distintos y distantes de los centros de autoridad y control discursivos, resienten los Estudios Culturales como un meta-discurso globalizador avalado por una red de propuestas metropolitanas que reinstitucionaliza —por conducto académico— varias nuevas formas de dominio internacional. En este capítulo se pretende ofrecer un acercamiento a algunas de las principales propuestas teóricas para los Estudios Culturales latinoamericanos, teniendo en cuenta la importancia que adquieren los mismos ante la necesidad de comprender y alcanzar el verdadero reconocimiento de la autenticidad latinoamericana en el contexto global actual. Es por ello que entre dichas teorías se examinan en este capítulo las siguientes temáticas: 1.2 Latinoamérica y latinoamericanismo. 1.2. Identidad y postmodernidad en América Latina. 1.3. Poscolonialismo y postoccidentalismo: una visión desde América Latina.. 1.1 Latinoamérica y latinoamericanismo. Según. la crítica consultada, (Castro-Gómez, 1998), no es posible una teoría. latinoamericana que se piense independiente de la categoría de subalternidad periférica, latinoamericanismo, postcolonialidad y postoccidentalidad, la que modula el pensamiento latinoamericano, aceptada hoy en su acepción 14.
(15) postcolonial. por. el. programa. de. los. Estudios. Culturales. y. del. Latinoamericanismo. Por ello Nelly Richard (Richard, 1998) en “Insertando Latinoamérica con el latinoamericanismo: discurso académico y crítica cultural”, proclama que es necesario pensar en la complejidad de las fuerzas que tensionan el escenario académico-cultural de "lo latinoamericano" al transitar por el diagrama teórico (alteridad, marginalidad, subalternidad) que elaboran los Estudios Culturales en su disputa con los saberes jerárquicos, aunque dicha elaboración lleve contradictoriamente el sello de la academia metropolitana. En opinión de Castro Gómez, el Latinoamericanismo lleva a “lo latinoamericano" a desplazarse hoy por un ambiguo mapa de localidades entre centro (la academia metropolitana). y. periferia:. los. bordes. de. conflictiva. diseminación. del. conocimiento global elaborado sobre América Latina. Las ambigüedades y contradicciones de ese mapa exigen repensar que para cada uno de nosotros, el acto de asumir determinada teoría insertos en un determinado enfoque sociocultural mediante códigos, obliga a adoptar un lugar en el discurso anticolonial. Se plantea así que la postmodernidad ha contribuido a liberar los acordes discordantes de varios márgenes y periferias, y que la reivindicación modernista de una multiplicación de otredades (étnicas, sociales, genérico-sexuales) ha presionado contra las fronteras de la institución cultural, obligándola a incluir voces hasta ahora desvalorizadas por la dominante occidental-metropolitana. Esta. proliferación. de. márgenes. ha. creado. múltiples. interrupciones. y. discontinuidades en la superficie de representación del poder cultural que disgregaron la imagen del Centro y ya no es concebida como absoluto punto de dominio y control homogéneos. Para esta teoría la nueva fragmentación y disgregación del trazado de autoridad metropolitano ha modificado el esquema binario –jerarquía y subordinación– que, bajo la ideología contestataria de las teorías del subdesarrollo, oponían centro y periferia como localizaciones fijas y polaridades contrarias, rígidamente enfrentadas entre sí por antagonismos lineales. La contraposición geográfica entre centro y periferia como puntos 15.
(16) radicalmente separados por una distancia irreversible entre dos extremos se ha rearticulado de un modo más fluido y transversal debido a la nueva condición segmentada y diseminada del poder de los medios y de las mediaciones. El enfoque del Latinoamericanismo presenta la tensión entre lo global y lo local, lo central y lo periférico, lo dominante y lo subordinado, lo colonizador y lo colonizado, esta vez articulado por la academia como máquina de producción y validación internacionales de la teoría postcolonial, que, entre otras funciones, "mediatiza el intercambio de mercancía cultural del capitalismo global en zonas periféricas"(Mignolo 1998 :112). Podemos coincidir con Walter Mignolo en que "se está produciendo una transformación fundamental del espacio intelectual, a raíz de la configuración de una razón postcolonial, tanto en el lugar de práctica oposicional en la esfera pública como el de una lucha teórica en la academia" (Idem), así como "un desplazamiento del locus de enunciación del Primer Mundo al Tercer Mundo" (Idem). Para Nelly Richard, la paradoja consiste en que la academia metropolitana juega al mismo tiempo a simular una desterritorialización del poder de representación, ocupando para esto, refinadas estrategias según las cuales "una centralidad descentrada procura religitimarse en un contexto globalizante a través de apelaciones a alteridades, marginalidades, subalteridades, etc. desde sus propios aparatos académicos de producción de saber y con la participación de intelectuales postcoloniales radicados en ellos" (Richard, 1998, pdf). Así expresa que deconstruir tales estrategias, poniendo en contradicción interna el metadiscurso globalizador que las fabrica, subraya la materialidad viva y cambiante de las especificidades de contextos que ese discurso nombra y desidentifica a la vez. Pasa por insistir en la marca concertada de historicidades y localidades concretas, de situaciones coyunturales específicas que hagan de la "diferencia" latinoamericana un proceso múltiple y conflictivo de la tensión identidad-alteridad en cada nuevo contexto de discursos que hable sobre la diferencia. 16.
(17) Para la Richard, no basta con que las teorías postcoloniales incorporen la figura de la Otredad a su nuevo discurso anti-hegemónico, para que el otro real —el sujeto concreto formado por tramas históricas y sociales, de censura y exclusión— llegue a participar con voz propia en el debate hegemónico. Tampoco basta con que la teoría postmodernista de la marginalidad y de la diferencia, elaborada por la academia “metropolitana”, tome la palabra en representación de la periferia —“aunque lo haga con el saludable propósito de cumplir un rol de intermediaria político-institucional en la lucha por sus derechos de expresión” (Idem)— para que las reglas del poder cultural se vuelvan igualitarias o para que ese "fantasear con el otro" signifique "algún compromiso estable con los proyectos políticos o estéticos que Latinoamérica pueda ofrecer" (Masiello, Cfr, Richard 1998, pdf). ¿Cuál es el escenario, entonces, en el que se debate hoy lo latinoamericano? Los críticos consultados (Castro-Gómez, 1998) responden: un escenario marcado por la insidiosa complejidad de esta nueva articulación postcolonial hecha de poderes intermediarios que transitan entre la centralidad descentrada de la metrópolis, por un lado, y la resignación cultural de la periferia, conflictivamente agenciada por la teoría metropolitana de la subalternidad. Reproduciendo sus observaciones, se pretende que la reinterpretación crítica de lo latinoamericano como “activa marcación diferencial” en este escenario de complejas intersecciones de fuerzas y categorías, exige la articulación de un conocimiento situado que, tal como lo señala Walter Mignolo, pueda "establecer conexiones epistemológicas entre el lugar geocultural y la producción teórica" (Mignolo 1998 :119), pero sin caer en el determinismo ontológico que postula una equivalencia natural, no construida, entre lugar, experiencia, discurso y verdad. La relación entre lo latinoamericano y el Latinoamericanismo dependería, entonces, de “nuestra capacidad de resignificar la experiencia en la clave teórico-discursiva de una pregunta por las condiciones y situaciones de 17.
(18) contexto: por las diferencias entre hablar desde y hablar sobre Latinoamérica como dos situaciones enunciativas atravesadas institucionalmente por una relación desigual de saber-poder”, (Richard, 1998, pdf) . Una relación políticamente modificable, desde ambos lados, si una vigilante conciencia autocrítica del "dónde" y del "cómo" lleva cada toma de la palabra a revisar su propio juego de enunciación. Para los críticos que defienden esta teoría, la autoridad conceptual implicada en el hablar sobre Latinoamérica desde la academia internacional, se ejerce a través de una división del trabajo que, en el inconsciente de muchos de los discursos del Latinoamericanismo, suele oponer teoría y práctica, razón y materia, conocimiento y realidad, discurso y experiencia, mediación e inmediatez. La primera serie de esta cadena de oposiciones (razón, conocimiento, teoría, discurso, mediación) designa el poder intelectual de abstracción y simbolización que define la superioridad del Centro, mientras que la segunda serie (materia, realidad, práctica, experiencia, inmediatez) remite a América Latina a la espontaneidad de la vivencia. Según Jean Franco, esta división del trabajo "pone a Latinoamérica en el lugar del cuerpo, mientras el Norte es el lugar que la piensa" (Franco, Cfr. Richard 1998, pdf). El ideologema del cuerpo presenta la fantasía de una América Latina cuya autenticidad radicaría en la fuerza primordial de la experiencia vivida. Siguiendo esta línea de oposiciones, la otredad latinoamericana se constituiría como reverso del concepto y de la razón fetichizada por el saber de la academia. América Latina sería esa fuente primaria (no mediada) de acción e imaginación, de lucha y resistencia: el afuera radical y primario (radical como lo primario) del Latinoamericanismo que abastecería a la intelectualidad metropolitana con su plus de vivencia popular traducible como lucha solidaria, compromiso político y denuncia testimonial. Ese plus opera, según la economía simbólica de compensación que rige el discurso-tipo sobre América Latina, como suplemento de lo real ambiguamente cargado de un valor de excedente y resto, en cuanto 18.
(19) designa emblemáticamente lo intraducible al lenguaje conceptual de la teoría del Centro: una fuerza prediscursiva que se le resiste y que el Latinoamericanismo busca capturar o declara incapturable (Moreiras 1994; Avelar 1994; Williams 1994, Cfr. Richard, 1998, pdf). Cita como ejemplo literario el reciente y exitoso rescate del testimonio latinoamericano donde mejor se ilustra la complejidad de las tensiones que recorren el nudo del Latinoamericanismo dividido entre: 1) la voluntad política de una intermediación solidaria con la voz de la subalternidad. 2) el desafío epistemológico de reformular posiciones de lectura que no sometan ni reduzcan la heterogeneidad social del texto subalterno a un código de autoridad. 3) las condicionantes académicas de una disciplina metropolitana obligada a teorizar la otredad mediante categorías forjadas por la lengua de dominio de su saber institucional. Si bien lo latinoamericano parece estar en el centro del nuevo contexto postcolonial, de simbolizar una alternativa descolonizadora, a la vez de disfrutar del privilegio ético, de expresar el compromiso social con los desfavorecidos, parecería también que dicha ejemplaridad sólo se radicaliza en la condición de que lo latinoamericano permanezca en una situación de conciencia preteórica o subteórica, marginado entonces de las batallas de los códigos metropolitanos que decretan y sancionan el significado de América Latina.. 1.2 Identidad y postmodernidad en América Latina. Expresan. al respecto de esta teoría, estudiosos como Eduardo Mendieta,. (Mendieta, 1998, pdf), que en América Latina no hemos hecho otra cosa que disputar las funciones del sujeto (personal, social, nacional, histórico, político, cultural) en los discursos de la identidad. Un discurso que hoy nos convoca a 19.
(20) explorar la textura (la textualidad) y el habla (la discursividad) de ese sujeto heteróclito más allá de los marcos restrictivos, en la intrasubjetividad que lo desplaza y reconduce. Esta es, claro, una pregunta por el lugar que ocupamos en el recomienzo constante del relato que nos forma. En la noción actual de identidad habita también la parte del otro, que no es meramente el portador de otra identidad sino la pregunta por nuestra identidad, por la noción de identidad que nos construye mutuamente. Plantea la bibliografía que un análisis histórico de las definiciones de identidad en el discurso cultural latinoamericano nos daría un primer balance de perspectivas. Justamente, en varios momentos, esas nociones coincidirían en ampliar el carácter fronterizo, limitante, del Diccionario y del Archivo, porque postulan un campo semántico curiosamente rebasado: la identidad se ha enunciado, cuando ha sido creativa y no meramente discriminatoria, como inclusiva, y hasta heterogénea. Esta es la definición paradójica que hoy a los críticos les interesa analizar: la identidad pluralizada, que designa la semejanza no como homogénea sino como analógica. Esas analogías son la trama de una práctica teórica latinoamericana que ha buscado exceder los cánones de la percepción clásica, de la representación naturalista, del logocentrismo patriarcal y de la dominación etnocéntrica. Práctica que ocurre desde la intemperie del sujeto alterno, desde la celebración del diálogo carnavalesco, desde la utópica transparencia del habla mutua, desde el Barroco hiperbólico y latinoamericano desde lo amerindio. Algunos han propuesto incluso otro nombre para la identidad postmoderna: el de "des-identidad"; llamado por Nelly Richard la "disidencia de identidad", esto es, el cuestionamiento de la cultura masculino-paterna por la subjetividad fluida y no codificada de lo femenino. Quizá por ello en América Latina, por una larga y probada capacidad de resistencia y redefinición, se ha propuesto abrir otro espacio discursivo (el discurso del otro, no sólo otro discurso) sobre las identidades de la llamada postmodernidad periférica.. 20.
(21) Refieren los críticos que algunos teóricos modernistas y postmodernistas (o estructuralistas y posestructuralistas, de acuerdo a la identidad que asuman), creyeron que la identidad era poco menos que irrelevante. Unos por depender de la supuesta universalidad del cartesianismo, otros por creer que la subjetividad es un mito. Ambos, así, por responder a las sobrecodificaciones positivistas o a las disoluciones irracionalistas, según el caso, de sus propias posiciones en el discurso como si determinaran la naturaleza misma un sujeto universal. Las propuestas teóricas de la postmodernidad sobre la muerte del sujeto, la muerte del yo, la muerte del autor, confirman tanto las demandas de la modernidad como las exploraciones de una postmodernidad propia. Ambas se dan primero en América Latina, ya en el inicial sistema industrial-colonial y en el actual fracaso del fundamentalismo neo-liberal. Refiere la critica que la modernidad en América Latina ha sido una identidad antagónica, no porque se nieguen los sucesivos centros, sino porque se contradicen desde el propio discurso, ya que Latinoamérica esta hecha de las modernizaciones que le han dado nacimiento y muerte. Para Nelly Richard, de estas restas sale la suma de la postmodernidad, de la cual el discurso sobre la identidad crítica es otro camino hacia lo nuevo adelantado. Hoy se afirma que "la muerte del sujeto ha muerto"; no es casual que sea así ya que la emergencia de los movimientos étnicos, feministas y ecologistas, han cambiado los mapas de la sociedad civil, reinstaurando la moral de la comunidad como una política de la identidad actual. Por otra parte, es importante destacar que existe la necesidad de una crítica dialéctica de las versiones de la carencia que en América Latina han sido modeladoras de una buena parte del discurso de la identidad. Una versión peruana de la carencia latinoamericana es la tesis de la "cultura de la dominación" propuesta, entre otros pensadores y científicos sociales como 21.
(22) Augusto Salazar Bondy, la que se inscribe en la teoría de la dependencia, característica de los años 60. La documentación sobre la dependencia explica una parte de los hechos económicos, y la noción de dominación (externa o interna) describe la naturaleza del poder intermediario. Tampoco es difícil demostrar que el destino social de los discursos disciplinarios y de la esfera pública, reproducen formas de poder dominante y de control ideológico estatal. Proclaman que más difícil sería, pasar de la concepción del individuo como una víctima de los sistemas de control y coerción (lo que corresponde a la sociedad disciplinar de Foucault y al sujeto desustantivado por el Estado de Althusser) a la visión cultural del sujeto como agente de su propia constitución (lo que después Foucault llamó “el sujeto de las prácticas de libertad"). Así, la identidad sería más amplia que nuestra identidad personal, social, histórica y cultural. Sería un proyecto elaborado en la interacción con los otros y definido por la búsqueda de igualdad y justicia, de la autorealización adulta y moral de “la comunidad radical democrática”. Otra importante propuesta para redefinir la identidad abierta se relaciona con el concepto del discurso antihegemónico propio de la cultura popular como una fuente extraordinaria del procesamiento de información “conflictiva” y de la reapropiación creativa de nuevas formas y técnicas; las mismas formaciones discursivas de la cultura latinoamericana dan cuenta de instancias privilegiadas donde cuajan grandes respuestas a la crisis, el deterioro y la denegación. Nuestras culturas no son sólo subproductos coloniales de las metrópolis dominantes,. son. también. sistemas. semióticos. de. reapropiación. y. transcodificación, dentro de los cuales el tejido de la vida cultural es una red más resistente que la misma trama social. Se impone, en opinión de la critica, la recuperación de los discursos identitarios de nuestros artistas y escritores en sus propios términos y en su textualidad cultural, como la demostración más clara de una identificación del otro, de los otros, de la otredad que han sido capaces de imaginar y verbalizar, aun si están 22.
(23) libres de la referencialidad de lo inmediato. En estos tiempos donde predomina la universalización del mercado, cuando se intenta desvalorar, por razones políticas, el significado de los intelectuales y los escritores, debe recordarse que entre lo más valioso que tienen los países latinoamericanos están los hombres y mujeres que han elaborado las imágenes y los discursos de una libertad sin precio, humanizando el espacio como memoria histórica y futuro. En este proceso de respuestas, es imposible dejar de reconocer la importancia de una de las fuerzas más democratizadoras que han irrumpido en la cotidianidad latinoamericana, el feminismo, como apertura emancipatoria de nuestra identidad. La identidad no es una de las promesas incumplidas de la modernidad. Desde la perspectiva actual, ya no se trata de una pregunta especulativa. Señalan los estudiosos del tema que a la retórica pregunta ¿cuál es nuestra identidad?, un escritor de tanta relevancia, literaria no ideológica, como Carlos Fuentes ha respondido: "la que tenemos ahora mismo; porque no se trata de una búsqueda del origen, que es ilusorio, ni una apuesta por el futuro, que restaría sustancia al presente". La identidad es procesal pero su contenido es actual: Rulfo, Lezama Lima, Cortázar, Arguedas, Carpentier, Fuentes, García Márquez, han elaborado las. representaciones. de. la. identidad. latinoamericana. como. alteridad,. heterogeneidad y descentramiento. La literatura reafirma el saber de la historicidad, la nueva novela histórica latinoamericana es el mejor legado, como previo a su explicación didáctica, disciplinaria y formal, porque sostiene un conocer no institucionalizado, más próximo a la subjetividad y a la comunicación. En una época en que los discursos de las ciencias sociales, de la economía y de la política están enfrascadas en el estudio latinoamericanista, desde varios enfoque, pueden o no ser compartidos, se redefinen las coordenadas de la identidad de América Latina en un debate aun sobre lo postmoderno, no concluido.. 23.
(24) 1.2.1 La postmodernidad desde Latinoamérica según la crítica. Pensar. la postmodernidad desde Latinoamérica ocupa a una parte de la. comunidad crítica latinoamericana, (Castro-Gómez, 1998), y esto se fundamenta porque una reflexión crítica sobre la crisis es una tarea común luego de la pérdida del paradigma emancipatorio e ilustrado de América Latina forjado en los años 60 del siglo XX, cuyos balances y proyecciones demandaron diversos trabajos. Aunque por definición la postmodernidad es un proceso de descentramientos, otro descentramiento de la modernidad es necesario desde Latinoamérica. Y si se puede dar por superada la etapa de las definiciones, promovida por sus grandes teóricos desde las interacciones con la modernidad es porque hoy se acepta que la postmodernidad finalmente es un diálogo que ocurre con la modernidad, dentro de ésta, pero con los términos de aquélla por su operatividad. También ha habido reacciones anti-postmodernas que han ocupado a algunos especialistas, los que descartaban el postmodernismo y lo concibieron como un artificio postindustrial y ajeno. Este debate ha evolucionado y hoy se entiende mejor como prácticas postmodernas que dan cuenta de la resistencia y de los avances de las formas culturales en un período de intensa des-modernización capitalista. Sin embargo, estas posiciones generalmente son fundamentalistas como lo es el neo-liberalismo latinoamericano, que ha buscado vaciar de contenido a la política y de entender la sociedad civil como mercado, y difícilmente se podría llamar postmoderna a esa visión globalizante, tecnocrática y monológica. Hay también en estos años un intento por darle al postmodernismo un contenido más probatorio y crítico; y aunque este no es un movimiento articulado, sí es una actividad programática, un ejercicio que desde su eje 24.
(25) latinoamericano, puede desatar los grandes nudos canónicos y atar las nuevas redes de los procesos abiertos. Para Walter Mignolo “En esta línea de razonamiento, el proyecto inconcluso de la modernidad es el proyecto inconcluso de los sucesivos colonialismos y de los legados coloniales activos en la etapa actual de un capitalismo sin fronteras. Entiendo, entonces, los cuatro "pos" como proyectos críticos de superación del proyecto de la modernidad y de una democracia global apoyada en un capitalismo sin fronteras” (Mignolo, 1998, pdf). El relato sobre la identidad es recurrente en la crítica postmoderna como reflexión teórica y práctica en torno al sujeto, a su experiencia multifuncional y a su dialogismo político; el postmodernismo latinoamericano es, en opinión de algunos estudiosos del tema como Mendieta o Mignolo, un nuevo relato de las marginalidades y la fragmentación donde se reconstruye la identidad de lo heteróclito (el proceso de formar parte de la diferencia). Ya en los años 80 reaparecen en el escenario social una serie alterna de actores cuyas prácticas discursivas daban cuenta de una agencia cultural y política al margen de las instituciones. Esta serie de movimientos sociales que se identifica como sociedad civil, Habermas la denomina la "esfera pública" (Mendieta, 1998, pdf) ; este es el caso del feminismo y del neofeminismo como replanteamiento de la diferencia genérica y la búsqueda de una dimensión subversiva en lo femenino. En otra dimensión, los movimientos ecologistas irrumpen con un discurso crítico, los que han logrado recuperar un espacio de comunicación sobre la sociabilidad como la identidad de los latinoamericanos en el espacio público. Desde esta propuesta de la postmodernidad, una de las primeras fuerzas de intermediación radical fue, desde los años 70, el feminismo latinoamericano. En cada país "feminismo" significa distintos énfasis, y en algunos hay reacciones anti-feministas. Pero en países como Chile, durante la dictadura de Pinochet, las 25.
(26) organizaciones de mujeres, sin llamarse feministas, fueron responsables de buena parte de la resistencia. En el Perú, durante las grandes crisis de los 80, cuyos efectos han dividido al país por la línea de la pobreza, posibilitó no sólo una cierta democratización de la vida cotidiana, sino que inició un programa de mediación para ocupar los extramuros, digamos, del Estado, y abrir brechas y canales para recursos posibles. En el discurso postmoderno la identidad se relativiza: no hay una sola sino varias, construidas o elegidas, atribuidas o negociadas. Pero si la identidad puede ser permutante y cambiar, quiere decir que el sujeto se manifiesta entre varias identidades, ya sea la étnica o profesional, política o sexual, urbana o religiosa. Se plantea que los espacios de preservación de identidades tiene una gran tradición en América Latina, pues la palabra de un indio no podía competir con la de un español en el código colonial: el discurso colonizador no requiere declarar sus fuentes, el del colonizado debe aportar agentes mediadores como prueba de su verdad (situación que enfrentan los campesinos de hoy como lo hiciera el Inca Garcilaso de la Vega para construir su verosimilitud en sus crónicas). Otros como Der Walden, se cuestionan la posición que se asigna a América Latina como contructo de la postmodernidad reforzada por el predominio de una intelectualidad tecnocratizada en la globalidad.. Los estudiosos del tema. aseguran que la crisis de la modernidad, que se manifiesta en el centro mismo de Europa, tiene como respuesta la emergencia de proyectos que la trasciendan: el proyecto posmodernista, en y desde la misma Europa (Arendt, Lyottard, Vattimo, Baudrillard) y los Estados Unidos (Jameson), el proyecto postcolonialista en y desde la India (Guha y los estudios subalternos, Bhabha, Spivak), el proyecto postorientalista (Said, Arkhun, Khatibi, Lisa Lowie) y el proyecto postoccidental desde América Latina (Retamar, Dussel, Kusch, Silvia Rivera). En resumen, la crisis del proyecto de la modernidad generó su propia 26.
(27) superación en los proyectos que se van gestando en el pensamiento posmoderno, poscolonial, postoriental y postoccidental. Cada uno de ellos se va articulando a la vez que van rearticulando nuevas localizaciones geográficas y epistemológicas que contribuyen al desplazamiento de las relaciones de poder arraigadas en categorías geoculturales e imperiales que, en los últimos cincuenta años, se vieron dominadas por los estudios de áreas concomitante con el ascenso a la hegemonía mundial de los Estados Unidos. Es decir, lo que la etnología comparada fue para los proyectos coloniales tempranos (España, Portugal), y lo que los estudios comparados de las civilizaciones (Said, Cfr. Castro-Gómez, 1998, pdf) y el surgimiento de la antropología moderna (Inglaterra, Francia; Fabián 1983) fueron para los proyectos coloniales modernos, lo fueron también los estudios de áreas para el colonialismo posmoderno en la etapa actual de globalización. En esta línea de razonamiento, el proyecto inconcluso de la modernidad es el proyecto inconcluso de los sucesivos colonialismos y de los legados coloniales activos en la etapa actual de un capitalismo sin fronteras, así lo refiere Walter Mignolo.. 1.3. Poscolonialismo y postoccidentalismo: una visión desde América. Latina. Las. llamadas "teorías poscoloniales", según refieren los autores del texto. Teorías sin disciplina(1998), nacen como resultado de las tensiones generadas por problemas migratorios en cierta medida, y se articulan en cambio, al interior de contextos postradicionales de acción, es decir, en localidades donde los sujetos sociales configuran su identidad interactuando con procesos de racionalización global y donde las fronteras culturales empiezan a volverse borrosas. "Latinoamericanismo", "Latinoamericanística" y "Estudios Latinoamericanos" son términos utilizados a veces de manera sinónima, a veces de manera diferencial en la discusión poscolonial. Por lo general, ellos hacen referencia al conjunto de 27.
(28) saberes académicos y conocimientos teóricos sobre América Latina producidos en universidades e instituciones científicas del primer mundo, y específicamente en algunos departamentos de literatura en los Estados Unidos dedicados a los estudios sobre América Latina. Aunque los "Estudios Latinoamericanos" incluyen ciertamente la sociología, la politología, la historia, la antropología y últimamente también los estudios culturales, fue precisamente en los departamentos de lengua y literatura donde empezó a discutirse por primera vez el problema de la postcolonialidad. Una segunda etapa del debate tuvo lugar en el congreso de LASA celebrado en Guadalajara (Abril de 1997). Algunos de los temas debatidos entre 1991 y 1993 se mantienen todavía vigentes, pero la discusión se ha diversificado mucho más debido a varios factores, entre ellos: 1. La consolidación de los Estudios Culturales (García Canclini, Brunner, Ortiz, Sarlo, Calderón, Hopenhayn, Martín-Barbero, Yúdice, etc.) como nuevo paradigma de teorización de lo latinoamericano a finales del siglo XX. 2. La incorporación de nuevos debates provenientes de otras disciplinas (antropología cultural, semiología, historia, filosofía). 3. La fundación del Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos. 4. La publicación de libros como The Darker Side of the Renaissance (W. Mignolo), Cultura y Tercer Mundo (ed. B. González Stephan) y The Postmodernism Debate in Latin America (eds. J. Beverley / J. Oviedo / M. Aronna), así como a la participación crítica desde Latinoamérica de autores como Hugo Achúgar y Nelly Richard. Por tanto, resulta válido destacar, para un mejor entendimiento de las diferentes propuestas teóricas contemporáneas de los estudios culturales en América Latina, algunos de los términos empleados por los estudiosos y que sin lugar a dudas han sido referidos a lo largo de la historia de América Latina para articular los cambiantes órdenes mundiales y el movimiento de las relaciones coloniales. 28.
(29) Tales son los casos de occidentalismo y postoccidentalismo, conceptos básicos de esta tesis. Desde el bautizo de nuestro continente de las "Indias Occidentales" hasta "América Latina" (es decir, desde el momento de predominio del colonialismo hispánico hasta el momento de predominio del colonialismo francés), "occidentalización" y "occidentalismo" fueron los términos claves (como lo fue "colonialismo" para referirse al momento de predominio del imperio británico). Es así que, "post-colonialismo" se adecua al discurso de descolonización del "Commonwealth", "post-occidentalismo" ha sido la palabra clave para articular el discurso de descolonización intelectual desde los legados del pensamiento en Latinoamérica; es necesario distinguir las historias locales (en Latinoamérica) de su esencialidad geo-histórica (Latinoamericano) (Castro-Gómez 1998). Según el criterio de Walter Mignolo, agregar un “post” más a la pléyade ya existente no es el objetivo de los estudios latinoamericanos, pues este aparente nuevo "post" no es tan nuevo ya que Roberto Fernández-Retamar acudió a él en 1976, cuando publicó uno de sus artículos clásicos, "Nuestra América y Occidente" (Fernández Retamar, 1976). La palabra-clave aparece, en el artículo de Retamar, como una consecuencia lógica de su revisión del pensamiento en América Latina desde el siglo XIX, en un intento por "definir el ámbito histórico de nuestra América" (Ibid. 1976 :36). Este concepto, como se analizará en el capitulo 2, no es solo una cuestión de verdad histórica, sino de categorías socioculturales en las relaciones con el conocimiento y el poder. El análisis histórico que hace Fernández Retamar del pensamiento en América Latina desde el siglo XIX hasta 1976, muestra que una de las preocupaciones fundamentales fueron las relaciones entre América Latina y Europa, al menos hasta 1898, y las relaciones entre América Latina y América Sajona desde y a 29.
(30) partir de 1898, momento en el que los esfuerzos locales y los proyectos de independencia en Puerto Rico y Cuba se encontraron en un nuevo orden mundial y en una situación muy diferente a la de los movimientos de independencia al comienzo del siglo XIX. El paulatino ingreso de Estados Unidos a la escena mundial, y el desplazamiento de España del orden imperial, se produjo hacia finales del siglo XIX, cuando Cuba y Puerto Rico tuvieron que cambiar sus proyectos históricos, entrecruzados con nuevos conflictos imperiales. A partir de ese momento ya no es posible hablar de la independencia de los países de América Latina como si ésta se definiera por los casos históricos, en América hispana y lusitana, de las primeras décadas del siglo XIX cuando la liberación de España implicaba, para muchos y al mismo tiempo, el cambio de lazos económicos y culturales con Francia e Inglaterra, muchas veces ignorando las implicaciones históricas de liberarse de un imperio decadente y entrar en negociaciones con imperios emergentes, pero imperios coloniales. A finales del siglo XIX nos encontramos con un escenario mundial en el que los imperios emergentes son testigos de una nueva fuerza imperial que llegará a su apogeo medio siglo más tarde, después de la segunda guerra mundial. Para los pensadores en América Latina, el cruce y superposición de poderes imperiales se concibió no tanto en términos de colonización, sino de occidentalización. Es por esta razón que "postoccidentalismo" (en vez de "postmodernismo" y "postcolonialismo") es una palabra que encuentra su lugar en la trayectoria del pensamiento en América Latina, así como "posmodernismo" y "postcolonialismo" lo encuentra en Europa, Estados Unidos y en las excolonias británicas, respectivamente (Mignolo, 1998). No se trata de reclamar autenticidades y lugares de origen, sino de trayectorias históricas debido a la resistencia que "poscolonialismo" encontró y todavía. 30.
(31) encuentra en América Latina, y en ciertos sectores de los estudios latinoamericanos en los Estados Unidos. "Posoccidentalismo" puede designar la reflexión crítica sobre la situación histórica de América Latina que emerge durante el siglo XIX, cuando se van redefiniendo las relaciones con Europa y gestando el discurso de la "identidad Latinoamericana", hasta la situación actual en que el término adquiere una nueva dimensión debido a la inserción del capitalismo en "oriente" (este y sureste de Asia). Al considerar las tesis de Retamar como antecedentes de disquisiciones teóricas no tan actuales por tanto, recordemos el contexto en el cual introdujo la palabraclave "posoccidentalismo": La idea de que los latinoamericanos verdaderos "no somos europeos", es decir, "occidentales", ya había encontrado en este siglo sostenedores. enérgicos,. comunidades. tan. sobre. visiblemente. todo no. entre. los. "occidentales". voceros. de. como. los. descendientes de los aborígenes y de los africanos. Los grandes enclaves indígenas de nuestra América (que en algunos países son una "minoría nacional" que constituye una mayoría real) no requieren argumentar esa realidad obvia: herederos directos de las primeras víctimas de lo que Martí llamó "civilización devastadora", sobreviven a la destrucción de sus civilizaciones como pruebas vivientes de la bárbara irrupción de otra civilización en éstas tierras (Fernández Retamar 1976, :51) Se plantea por Mignolo que en 1976 era menos problemático hablar de "latinoamericanos verdaderos". El hecho de que hoy lo sea es una consecuencia particular del proceso creciente de globalización planetaria y del incremento, tanto de los capitales transnacionales como de la migraciones masivas, que 31.
(32) cuestionan categorías que permitían afianzar la cultura de entes considerados abstractos, sin reconocimiento cultural en sus territorios. El hecho de que la palabra-clave fuera y todavía sea "occidentalización" u "occidentalismo" se debe a los legados del discurso imperial mismo, para el cual las posesiones ultramarinas de Castilla y Portugal se categorizaban como "Indias Occidentales" y no como "América". El párrafo citado sobre la palabra-clave "postoccidentalismo", que Fernández Retamar introduce, incluye a indios y negros, pues, lejos de constituir seres extraños a nuestra América por no ser "occidentales", pertenecen a ella con pleno derecho: “más que los extraños civilizadores". No es casual que el pensamiento marxista de Retamar brotara del seno de aquel mundo, pues esta no es ya una ideología occidental, sino en todo caso postoccidental: por ello hace posible la plena comprensión, la plena superación de Occidente, y en consecuencia dota al mundo no occidental del instrumento idóneo para entender cabalmente su dramática realidad. En el caso de la América Latina, ello se hace patente cuando el marxismoleninismo es asumido y desarrollado por figuras heráldicas como el peruano José Carlos Mariátegui y los cubanos Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena (Ibid 1976, :52). Para los estudiosos de esta problemática, es difícil aceptar. que. el. posoccidentalismo,. como. proyecto. de. trascender. el. occidentalismo, pueda concebirse sobre la base de una ideología "no occidental". El pesimismo que puedan generar la globalización actual y el capitalismo sin fronteras, no es un argumento suficiente para pensar que el postoccidentalismo es una quimera intelectual. Por otra parte, es necesario referirse a una de las reflexiones del filósofo argentino Oscar del Barco, y que fuera publicada cuatro años después que el artículo de Retamar antes citado: “Los intelectuales de hoy desaparecerán, pero 32.
(33) los oprimidos seguirán elaborando teorías que les permitan orientarse en busca del triunfo” (del Barco, 1980, 182). Los regímenes dictatoriales en América Latina durante los años de la guerra fría, hicieron poco caso a la distinción de clases, no reprimieron sólo a los proletarios, sino a todo aquel a quien se considerara comunista, montonero o guerrillero. Para Castro-Gómez, la rearticulación de las relaciones entre prácticas sociales y prácticas teóricas es un aspecto fundamental del posoccidentalismo como condición histórica y horizonte intelectual. El ejemplo de del Barco contextualiza el artículo de Retamar en un momento de enorme producción intelectual en América Latina, que tiende a desdibujarse en la escena teórica internacional debido a la fuerza hegemónica del inglés, como idioma, y de la discusión en torno al posmodernismo y del postcolonialismo, fundamentalmente llevada adelante en inglés. Si bien el libro de del Barco se publicó en el 80, es el resultado de discusiones y conflictos que atraviesan los años 60 y 70. En la transición entre las dos décadas, la teoría de la dependencia (en sociología y economía) y la teoría del colonialismo interno (en sociología y antropología), complementaron el escenario de la producción intelectual en América Latina. Ambas, la teoría de la dependencia y del colonialismo interno, son a su manera reflexiones "postoccidentales" en la medida en que buscan proyectos que trasciendan las dificultades y los límites del occidentalismo. Ambas son respuestas a nuevos proyectos de occidentalización que no llevan ya el nombre de "cristianización" o de "misión civilizadora", sino de "desarrollo". En esa situación, el discurso hegemónico neoliberal pretende instaurar una dramática colonización intelectual al expresa que América Latina deja de ser el lugar donde se producen teorías, para continuar siendo el lugar que se estudia. Para Mignolo, al hacer de la obra de Gunder Frank el "token" de la teoría de la dependencia en Estados Unidos, ésta se convirtió al mismo tiempo, en un 33.
(34) cambio de mirada: la mirada desde el norte que convierte a América Latina en un área para ser estudiada, más que un espacio donde se produce pensamiento crítico. Lamentablemente, esta imagen continúa vigente en esfuerzos recientes como el de Berger, en el cual la teoría de la dependencia pasa naturalmente a integrarse a la tradición de estudios latinoamericanos en Estados Unidos (Berger, Cfr. Mignolo, 1998, pdf). El argumento de Fernández Retamar se desarrolla en una tensión constante entre el proyecto ideológico de la Revolución Cubana, y la cuestión étnica en la historia de América Latina. Señala Mignolo que el mismo párrafo citado de Retamar donde se introduce la noción de "posoccidentalismo" ligada a la lucha de clases, comienza con una clara alusión a la cuestión étnica ("Indios y negros, pues, lejos de constituir cuerpos extraños a nuestra América por no ser "occidentales", pertenecen a ella con pleno derecho: más que los extranjerizos y descastados "civilizadores"). Según Mignolo la cuestión étnica le permite a Retamar introducir una ruptura fundamental en el relato histórico de las Américas, debido a la hegemonía del legado colonial hispánico en la construcción de categorías socioculturales y geoculturales en América. "Postoccidentalismo" es, por tanto, la palabra clave que encuentra su razón frente al "occidentalismo" de los acontecimientos y la discursividad del Atlántico (norte y sur), desde principios del siglo XVI. Postoccidentalismo, concebido como proyecto crítico y superador del occidentalismo, que fue el proyecto pragmático de las empresas colonizadoras en las Américas desde el siglo XVI. En el artículo citado, Fernández Retamar señala tres momentos de ruptura en los que se van construyendo etapas hacia una proyección posoccidental en las que América como las márgenes de occidente, no tiene el mismo papel en el orden mundial que Asia, como la encarnación de lo oriental. Esos tres momentos son, la independencia haitiana entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX; las independencias de los países iberoamericanos a partir de 1810, y la 34.
(35) independencia de Cuba en 1898. Mientras que los dos primeros momentos están caracterizados por la independencia frente a colonialismos territoriales, el tercer momento de ruptura se caracteriza por la tensión entre el desprendimiento de un colonialismo decadente y la emergencia de un nuevo tipo de colonialismo imperial, surgido del primer movimiento de independencia en las Américas, que lleva a Martí a hablar de "nuestra América", distinta de la otra América que no es nuestra. Es importante subrayar lo que Fernández Retamar recuerda: que la revolución Haitiana es el inicio de la independencia de "nuestra América", lo cual pone en tensión la cuestión étnica con la cuestión de clase: el emergente grupo criollo, sobre todo en el Caribe y en la economía de plantaciones, no acepta la independencia ligada a la emancipación étnica. Se forja igualmente en la memoria tres grandes genocidios de la modernidad, en los cuales América está implicada: el genocidio indígena con la llegada de los españoles, el genocidio de la diáspora africana, y el genocidio que comienza con la gestación misma de la modernidad (la expulsión de los judíos de España) y que marca la crisis del proyecto. Fernández Retamar, a partir de la experiencia de la Revolución Cubana, propone desviar el discurso occidentalista hacia uno postoccidental. Las múltiples formas de teorización y conceptualización que se organizan en torno a palabras-claves como postmodernidad, postcolonialidad, postoccidentalismo están desarticulando las conceptualizaciones del discurso de la modernidad y poniendo de relieve un nuevo mapa en el que no se sostienen ya las categorías de pensamiento del occidentalismo y la actual realidad política de los países latinoamericanos así lo demuestran. Se entiende, insiste Mignolo, los cuatro "post" como proyectos críticos de superación del proyecto de la modernidad y de una democracia global apoyada en un capitalismo sin fronteras. Estos proyectos actualizan y activan, al mismo 35.
(36) tiempo, la descentralización y la ruptura de la relación entre áreas culturales y producción de conocimientos. Es decir, contribuyen a la restitución de las historias locales como productoras de conocimientos que desafían, sustituyen y desplazan las historias y epistemologías globales, en un momento en que el sujeto articulado por la modernidad, es cada vez más difícil de sostener. La reorganización de la producción del conocimiento, desde una perspectiva postoccidentalista, tendría que formularse en una epistemología fronteriza en la cual la reflexión (filosófica, literaria, ensayística), incorporada a las historias locales, encuentra su lugar en el conocimiento desincorporado de los diseños globales en ciencias sociales. Los estudios de José Saldívar (1997) contribuyeron a redefinir las categorías imperiales y a construir un espacio de alianza entre "Nuestra América" de Martí y la "otra América" de los chicanos y latinos en Estados Unidos. Al hacerlo, Saldívar contribuyó también a rearticular las categorías imperiales implicadas en los estudios de áreas y, por ende, en los estudios subalternos, en tanto que éstos mantienen en silencio la distribución entre conocimiento basado en las disciplinas y conocimiento basado en las áreas. Subalternidad y estudios culturales adquieren así una nueva dimensión en los trabajos de Saldívar, en la medida en que se desprenden de la distinción entre sujeto y objeto, entre disciplina y área. La diferencia entre, por ejemplo, los estudios culturales chicanos y subalternidad es un nuevo modelo al proponer la articulación entre estudios culturales latinoamericanos y subalternidad (Beverley 1995). En el contexto de las humanidades, las prácticas literarias y filosóficas (el ensayo histórico, antropológico, literario, filosófico, etc.) en América Latina, fueron y son el espacio donde se gestó un "pensar" al margen de las disciplinas, (Mignolo 1998). En la medida en que las prácticas académicas y científicas de las ciencias sociales se asientan en las regiones de gran desarrollo económico y tecnológico, las regiones de menor desarrollo económico y tecnológico no 36.
(37) pueden competir o mantenerse al mismo nivel en la producción de conocimientos. En opinión de investigadores como Arturo Andre Roig, dos tareas se presentan con cierta urgencia en el pensamiento latinoamericano y en los estudios latinoamericanos. Una es la de repensar la conceptualización misma de América Latina que revisa y ordena Fernández Retamar. La otra, ligada a la anterior, es la de repensar las relaciones entre pensamiento latinoamericano y estudios latinoamericanos en el ámbito de la producción intelectual y académica. Las configuraciones actuales de ambas se mantienen todavía en los marcos de la epistemología. moderna.. La. necesaria. contribución. de. proyectos. postoccidentalistas, como continuación de lo esbozado por Fernández Retamar, será pues la de construir, por un lado, América Latina en la nueva escena global y, por el otro, construir el puente entre pensamiento en América Latina y estudio de. América. Latina.. El. primero,. en. su. constante. reflexión. sobre. la. occidentalización a partir de las independencias, contribuyó a forjar un pensamiento crítico derivado de las historias locales (Mignolo 1998). El segundo, en su constante reflexión sobre América Latina a partir de 1900, consolidado en la creación de LASA durante los años sesenta en el contexto de la gestación de los estudios de área contribuyó a forjar un conocimiento directa o indirectamente motivado por los diseños globales. En el caso particular de América Latina, la perspectiva postoccidentalista como perspectiva crítica de pensamiento tendrá un papel fundamental.. 1.4 Los estudios culturales desde América Latina como escenario de estudio para las Ciencias Sociales. Durante. años. la existencia del individuo ha estado matizada por peligros. potenciales que han hecho temer a muchos por la amenaza encerrada en ellos no solo para la humanidad, sino para la vida toda del planeta.. 37.
Outline
Documento similar
Palabras claves: Eficiencia Energética, Movilidad, Transporte, América
El Diploma Superior en Soberanía y Políticas Culturales en América Latina está dirigido a estudiantes de grado y posgrado; gestores/as y hacedores/as culturales; docentes
Pero nuestra América (expresión martiana de lo que desde hace tiempo se conoce como la América Latina y el Caribe) no solo ha producido y produce literatura y música y danza y cine
Crecimiento y desigualdad en América Latina: Argentina, Brasil, Chile y
sión sobre las relaciones culturales entre Europa y América Latina, el IICI había soli- citado un discurso a dos intelectuales: Geor- ges Duhamel de Europa y Alfonso Reyes de
Universidad Pedagógica Experimental Libertador 119 Para concluir creemos importante incentivar los estudios culturales sobre las minorías asiáticas en América Latina y
ESET cuenta con un Laboratorio de investigación y análisis de malware en sus oficinas de América Latina, el cual recibe constantemente distintas muestras de códigos
Al considerar los focos geográficos de los estudios internacionales en la región se percibe un sesgo manifiesto: en América Latina se sabe e investiga notablemente más sobre los