LA PARTICIPACIÓN DEL CONSEJO ESTUDIANTIL COMO REFERENTE PARA LA CONSTRUCCIÓN DE CULTURA DEMOCRÁTICA Y CIUDADANÍA
EN EL COLEGIO VILLAS DEL PROGRESO.
EDIE DE JESÚS GÓMEZ MARRUGO CÓDIGO 20152484007
Trabajo de Grado Maestría
Absalón Jiménez Becerra Director
Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Ciencias de La Educación
pág.
INTRODUCCIÓN: ... 3
Estado del arte ... 8
Consideraciones metodológicas ... 14
Unidad didáctica, enfoque y técnica de investigación ... 14
Los lineamientos curriculares ... 22
CAPÍTULO 1: ALGUNOS REFERENTES CONCEPTUALES ... 25
1. 1. Participación ... 25
1. 2. Democracia y Cultura democrática ... 27
1. 3. Ciudadanía ... 30
CAPÍTULO 2: CONTEXTO DE LA PARTICIPACIÓN EN COLOMBIA Y EN BOGOTÁ ... 34
2. 1. Contextualización de la experiencia – Institución ... 36
2. 2. Colegio Villas del Progreso IED ... 37
CAPÍTULO 3: SISTEMATIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA ... 39
3. 1. Cómo la innovación rompe con las prácticas tradicionales ... 39
3. 2. Presentación de la experiencia desarrollada en la institución educativa ... 41
3. 3. La participación estudiantil ... 41
3. 4. Democracia en la escuela ... 50
3. 5. Ciudadanía activa ... 59
CAPÍTULO 4: CONCLUSIONES ... 72
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ... 79
INTRODUCCIÓN
La función social que desempeña la escuela permite evidenciar la importancia que tiene para la sociedad, aparte de enseñar los conocimientos disciplinares; utilizar la pedagogía como su principal estrategia para la enseñanza y difundir la cultura establecida de tal modo que se enriquezca y se transforme permanentemente; contribuye además, con la formación de ciudadanos mediante el ejercicio de la participación democrática. A las instituciones escolares ingresan los niños, niñas y jóvenes que van a asumir las responsabilidades económicas, políticas, sociales y culturales en el orden familiar, local y si se quiere nacional; por supuesto que, es condición indispensable que la escuela ofrezca la mejor educación posible que le permita a los estudiantes comprender el entorno social, así como las problemáticas generalizadas que afectan al país y el mundo para que haciendo uso de herramientas útiles y acciones colectivas aporten a su mejora teniendo como punto de partida la transformación personal.
Es innegable la misión de la escuela por todo lo que ella implica; sin embargo, al considerar la realidad nacional con relación a la participación, democracia y ciudadanía, encontramos insatisfacción en los ciudadanos por la forma como el gobierno utiliza el poder para fines individuales. A pesar del descontento, un gran número de las personas no generan procesos colectivos y los pocos que se han dado son invisibilizados. La situación se complica por las actitudes e importancia que las personas atribuyen a la política puesto que en el imaginario colectivo se ha perdido el sentido de la misma debido a las prácticas ejercidas por los gobernantes. Allí tiene un desafío la sociedad en la medida en que “la educación cumple su función política cuando el estudiante se apropia de la cultura históricamente acumulada por la humanidad” (Saviani, 2010, p. 10). Si la escuela es unos de los escenarios que propicia la formación ciudadana debería permitir que los educandos comprendan la realidad histórico – social a partir de la reflexión y acciones colectivas en el contexto donde desarrollan la vida, precisamente porque la sociedad demanda otro tipo de ciudadano, un ciudadano crítico, propositivo, comprometido con la comunidad y de la que se esperaría que llene las expectativas de vida individual y colectiva.
acciones de los estudiantes son una forma de construir ciudadanía? Cabe anotar que el trabajo se realizó con los educandos del Consejo Estudiantil de la institución mencionada y en el desarrollo del escrito aparecen algunos de los comentarios que surgieron a propósito de las actividades realizadas; en la referencia se omite el nombre de quien habla por ser menor de edad y se relaciona como estudiante de grado cuarto, quinto, décimo, etc.
La apuesta investigativa que se pretende demostrar está en relación con la participación estudiantil, democracia en la escuela y la construcción de ciudadanía activa. En cuanto a la participación estudiantil, es un proceso que se desarrolla en la medida en que los educandos ganan los espacios que garantizan la interacción entre pares y expresan a través de ellos sus ideas, intereses, actitudes y comportamientos que van dando sentido a su paso por la escuela; así mismo, son elementos que por su relevancia coadyuvan a la construcción de ciudadanía, lo cual genera identidad por la institución; en tanto, se tenga en cuenta el sentir, pensar, acciones y decisiones de los niños, niñas y jóvenes, frente a lo que les interesa, siempre que esto aporte a la mejora del contexto escolar. Considerando que la participación a decir de Santos Guerra (2006), es un derecho y un deber democrático de la comunidad educativa, corresponde a la escuela propiciar los espacios reales de interacción estudiantil para que por medio de ellos se fortalezca el proceso de construcción del ciudadano que se quiere.
A su vez, la democracia en la escuela, está en consonancia con los espacios reales de participación, es decir, las acciones en torno a ella, deben tener sentido para los educandos, hay un acercamiento a lo planteado cuando se supera el ejercicio democrático del momento; caso particular la elección del Gobierno Escolar, proceso que trasciende el contexto educativo en la medida en que se comprende que la democracia no corresponde únicamente a elegir y ser elegido; también implica, acciones, estilo de vida e incidir en las decisiones que se toman. Se debe agregar que “la democracia es una conquista; no es una dadiva” (Saviani, 2010, p.82). La democracia en la escuela implica, por un lado, cambiar las prácticas que se hacen de ella, empezando por involucrar a todos en los procesos que se adelantan y en las decisiones que se toman. Independientemente del rol que desempeñe el individuo todos formamos parte de la comunidad, así que, se le debe tener en cuenta en las decisiones que se toman y en caso de no estar preparado para tal fin, corresponde a la escuela acompañar el proceso formativo que el estudiante requiere. Por otra parte, se entiende que los procesos democráticos no están terminados, se fortalecen en la medida en que se garantizan los espacios que los posibilitan, y quienes están involucrados en él, contribuyen con acciones concretas a la vivencia de la participación democrática mediante la interacción de la comunidad, pensando en el bienestar general.
identificación del contexto para superar sus necesidades. En otras palabras el ciudadano activo desarrolla la “dimensión ética con sentido colectivo en donde no bastan las soluciones individuales sino van acompañadas de un sentido de bien común” (Magendzo, 2004, p.19). El ejercicio de la ciudadanía activa, obedece al trabajo entre todos de manera responsable al asumir la cotidianidad como el contexto social susceptible de mejora o transformación, proceso que requiere del conocimiento de lo que se quiere cambiar y de qué manera se pretende hacer.
El trabajo consta de la presente introducción y cuatro capítulos, organizados de la siguiente manera:
En el primer aparte de manera introductoria se presenta el estado del arte acerca de la participación, democracia y ciudadanía; es así que, se manifiesta lo que se ha dicho y como, frente a las categorías mencionadas. El trabajo desarrollado está soportado en referentes teóricos de índole nacional, regional y mundial que de alguna forma contribuyeron por un lado, a especificar las categorías de análisis y por otra parte, permitieron ampliar las ideas que se tienen de ellas para una mejor comprensión.
Un segundo momento comprende las consideraciones metodológicas utilizadas para dar cuenta de la pregunta de investigación. La unidad didáctica, que permitió organizar la práctica educativa con los estudiantes; el enfoque cualitativo, de gran utilidad porque permite partir del contexto de los educandos para interpretar lo que allí ocurre; el método etnográfico, con el cual se supera el dato en sí, para entender el significado de las acciones, actitudes y comportamiento de los sujetos y, el grupo focal como técnica de investigación, que en este caso, fue El Consejo Estudiantil. La unidad didáctica, el enfoque, el método y la técnica de investigación se aplicaron de manera coherente cuyo resultado es el trabajo que se presenta; así mismo, en este apartado, se hace referencia a los Lineamientos Curriculares de Ciencias Sociales ya que se utilizó la pregunta problematizadora como una estrategia diferente de presentar la propuesta de trabajo a los estudiantes; lo planteado se podría considerar, conjuntamente con el foro estudiantil (de carácter de institucional) como acciones de innovación por el impacto que tuvieron en los estudiantes y la comunidad educativa.
En el capítulo segundo, se evidencia el contexto de la participación en Colombia y en Bogotá, partiendo de la Constitución Política de 1991, la Ley General de Educación y el Decreto 1860 de 1994, como parte del marco legal para el ejercicio de la participación, la democracia y la ciudadanía. Para el caso de Bogotá, se tuvo en cuenta algunas de las estrategias metodológicas planteadas en el Plan Sectorial de Educación (2012 – 2016) aplicadas en colegios del distrito por la Secretaría de Educación (PECC, INCITAR, etc.) para la formación ciudadana y el fortalecimiento de la convivencia con participación de la comunidad educativa. Al mismo tiempo se tiene en cuenta la contextualización de la experiencia y las características relevantes del colegio Villas del Progreso, ubicado en la localidad séptima de Bosa, entre los barrios el Recuerdo y Santafé donde se realizó la investigación.
El capítulo tres aborda la sistematización de la experiencia con respecto al trabajo realizado con los educandos que formaron parte del Consejo Estudiantil en el año 2016. Hay que mencionar además, el análisis que se hizo en este capítulo sobre las actividades realizadas por los estudiantes para dar cuenta acerca de la participación estudiantil, democracia en la escuela y ciudadanía activa, todo en relación con el contexto escolar. La estrategia metodológica utilizada fue la unidad didáctica, la cual consta de diez actividades enfocadas a fortalecer la participación, democracia y ciudadanía en los estudiantes a través del reconocimiento y reflexión de las problemáticas del contexto para contribuir con acciones efectivas a su mejora.
OBJETIVO GENERAL
Identificar las formas de participación de los estudiantes y su incidencia en la construcción de ciudadanía y cultura democrática.
Objetivos específicos
Potenciar las formas de participación de los estudiantes en la formación de ciudadanía y cultura democrática.
Acompañar y motivar las iniciativas de los estudiantes en relación con la participación que les permitan reconocerse como ciudadanos en construcción. Implementar estrategias metodológicas que les permitan a los estudiantes desde sus
Estado del arte
Participación, democracia y ciudadanía, son categorías connaturales a la sociedad puesto que de la forma como se practiquen depende en gran medida la mejora y transformación de las comunidades al considerarlas como alternativas de cambio y bienestar colectivo. Dichas categorías ocupan un espacio relevante en el ámbito académico (la escuela) por ser este uno de los escenarios vitales en lo que tiene que ver con la formación del ciudadano participativo y democrático que la sociedad demanda; de allí que es importante un acercamiento a las ideas, análisis y reflexiones planteadas por teóricos de orden nacional, regional y mundial con las cuales se espera generar expectativas y algunas claridades frente a la pregunta de investigación de la que me ocupo, en este caso ¿cómo los espacios de participación escolar inciden en la construcción de ciudadanía y de una cultura democrática en los niños, niñas y jóvenes del Consejo Estudiantil del Colegio Villas del Progreso? La pregunta por la participación es el punto de partida para aludir al estado del arte, en tanto es el marco referencial que permite establecer lo dicho y cómo se ha dicho en torno a la participación, democracia y ciudadanía. Según Jiménez (2006), el estado del arte se aborda desde tres aspectos: como apropiación del conocimiento; como una propuesta de investigación (mi interés está centrado en este aspecto) y, como punto de partida a lo inédito.
Con el estado del arte se pretende conocer las ideas y las experiencias que se han desarrollado con relación a las categorías planteadas, con lo cual se tiene un referente que permite orientar la propuesta de investigación de la que se habló antes; es decir, se desea conocer el punto de vista y el pensamiento que los autores indagados tienen sobre democracia, participación y ciudadanía; se espera que los resultados obtenidos se conviertan en insumo para trabajar la propuesta de investigación. Así mismo, al considerar ideas, acciones y reflexiones diferentes, es posible replantear las maneras como se han asumido estas categorías en el contexto escolar, lo cual puede contribuir con la formación de ciudadanos participativos y democráticos en el entorno educativo.
Uno de los escenarios donde tienen cabida los procesos de participación, de aprendizaje de la democracia y de la ciudadanía es la escuela; la tarea no solo es de las instituciones escolares, involucra también a la familia, al barrio, a los grupos juveniles, etc., aunque los aprendizajes que estos escenarios aportan deberían ser un complemento a los que la escuela enseña, lo cual no ocurre porque las relaciones de poder que se viven en el contexto escolar rompen con esos aprendizajes. Aun así, la escuela por su responsabilidad con la sociedad, es la institución llamada a garantizar la participación como factor indispensable en la construcción de ambientes democráticos y la formación para el ejercicio de la ciudadanía en sus estudiantes.
Hablar de la escuela implica replantear las practicas metodológicas al momento de abordar un tema crucial como el de la participación, al respecto Hart (1993), reconoce que la comprensión de la participación democrática y la confianza, así como la capacidad para participar, solo se pueden adquirir gradualmente por medio de la práctica; no se pueden enseñar como una abstracción. Reevaluar las acciones metodológicas sobre la educación para la participación requiere del compromiso de la comunidad educativa, de tal manera que los estudiantes ejerzan protagonismo en los cambios a que haya lugar para mejorar la enseñanza y las prácticas democráticas que permitan la construcción de estudiantes propositivos, atentos a las decisiones que se toman, siendo parte de ellas a través de sus ideas, propuestas y prácticas de las mismas. A raíz de esto, se podría considerar la participación, retomando a Hart (1993), como el derecho fundamental de la ciudadanía; es decir, los estudiantes haciendo uso de su derecho a participar y de paso construirse como ciudadanos desde lo que proponen y realizan en la cotidianidad escolar y fuera de ella. Para Murcia, (1994); Hart, (1993); la participación adquiere sentido en la toma de decisiones y en las acciones conjuntas que afectan la vida propia y la vida de la comunidad en la cual se vive. De acuerdo con Muñoz (1995), en consonancia con Santos Guerra, la participación se debe asumir no solo como derecho sino como deber; de igual modo, los ciudadanos pueden intervenir en la actividad pública a través de distintos tipos de participación: ciudadana, social, política y comunitaria. Respecto a la participación comunitaria ésta se orienta a la acción de los mismos ciudadanos tendientes a resolver las necesidades de la vida cotidiana. Este tipo de participación al abordarse en la escuela podría generar otras maneras de relación entre los estudiantes y la institución empezando por fortalecer los lazos de identidad y cambiar el imaginario que se tiene de ella; al respecto, “la escuela se preocupa más por el adoctrinamiento político que por el debate crítico que permite que los niños adquieran sus propias convicciones” (Hart, 1993, p. 44). Los espacios que posibilitan la reflexión de las dinámicas y/o problemáticas que le afectan, fortalecen la interacción y acciones conjuntas en doble sentido, de los individuos entre si y hacia la comunidad, la escuela es uno de ellos.
del que forman parte a través de la participación democrática y el ejercicio de la ciudadanía. En segunda instancia la participación y la democracia van de la mano, se complementan; en tanto la participación real contribuye con la construcción de una democracia sólida, incluyente, que permita el desarrollo individual y social de las personas. Esto es un proceso bastante complejo puesto que la situación de la participación y la construcción de ambientes democráticos en la práctica, presenta obstáculos que la dificultan; por tanto, la formación de sujetos participativos y democráticos se convierte en punto de reflexión que debe ser visto con la rigurosidad que ello amerita. Este proceso formativo implica cambiar las maneras como se manifiesta la democracia en los diferentes escenarios donde es posible su aprendizaje; uno de estos escenarios, es la escuela, por el papel que desempeña en la sociedad: la difusión, afianzamiento y enriquecimiento de la cultura; desafortunadamente en lo que concierne a la formación de ciudadanía ha tomado un rumbo equivocado al contribuir a la heteronomía en lugar de facilitar la autonomía (Santos Guerra, 1995) en los estudiantes, de tal modo que sean estos los gestores de cambios importantes tanto en lo personal como en lo colectivo.
Ahora bien, ¿qué se ha dicho sobre la democracia? Bayona, Escobar & Molina, (1999); García, (1999); coinciden en que la escuela es el espacio socializador por excelencia, es el escenario propicio para vivenciar la democracia, pero por la forma como se toman las decisiones y se establecen las relaciones de poder se convierte en uno de los lugares más antidemocráticos; hay distanciamiento entre lo que se piensa y lo que se dice. Por su parte Castillo (2003), insiste en que la democracia en la escuela se aleja de la tensión entre poder y participación política, la democracia es parcializada; es decir, los procesos que se dan son el resultado de lo establecido por la normatividad (Ley General de Educación, Decreto 1860); por tal razón se dejan de lado acciones reflexivas que implican trabajar en función de procesos democráticos reales. Las elecciones de Gobierno Escolar son un ejemplo de la parcialización de la democracia en la escuela porque el desarrollo de este proceso se limita a cumplir con el cronograma establecido desee la Secretaría de Educación, dejando de lado el debate y la discusión rigurosa que ello amerita. Castillo es contundente respecto a lo anterior, al plantear que las elecciones desde esta instancia de participación, son expresiones burocráticas que opacan el interés de estudiantes, docentes y padres de familia, estos actos se convierten en eventos del momento porque no hay procesos reales de socialización política dejando todo tal como estaba. Así mismo, dicha autora ve pertinente que la reflexión pedagógica incluya entre su agenda la democracia como experiencia de conocimiento y desarrollo humano, y a su vez, permita comprender la democracia como proyecto político y no como valor idealizado, lo cual implica, hacer del ejercicio político un acto más cualificado, razonable y ético.
críticos y reflexivos con capacidad de aportar a la construcción de ambientes armónicos, propicios al crecimiento individual, trabajo en grupo; es decir, construcción de normas y establecimiento de acuerdos con participación de todos los integrantes de la comunidad escolar. La cultura democrática, de acuerdo con los autores ya mencionados, implica ver la democracia como un proceso en construcción; así mismo, hacer de la escuela un lugar donde se genere comunidad participativa y se fortalezcan las relaciones de horizontalidad maestro - estudiante, mediante acciones prácticas como el autogobierno y los procesos de participación encaminados a contribuir con la interacción comunicativa para dinamizar procesos en beneficio de la comunidad mediante el trabajo en equipo.
Al considerar otra perspectiva de la democracia, para Bobbio (1984), ésta se halla en consonancia con las reglas que establecen quien está autorizado para tomar las decisiones y el procedimiento que permite hacer esto posible; al respecto, el escenario escolar es portador de una tradición dada desde la normatividad y a quienes favorece, es obvio que no son los estudiantes ni la democracia los beneficiados de estas acciones, por el contrario, la forma como se llevan a cabo los procesos democráticos poco contribuye a que a través de la participación se haga realidad el objetivo fundamental de la escuela, la formación ciudadana.
Retomando la idea de cultura democrática, explicada por Aguilar & Betancourt, su existencia implica una escuela renovada, con acciones efectivas en el ejercicio de su compromiso social, por lo que su quehacer debe favorecer la interacción consciente de los niños, niñas y jóvenes que van a ser los adultos del mañana procediendo de manera autónoma frente a la realidad en la que están inmersos. Tal como lo plantea Bobbio, si “continua siendo reducida la participación de los ciudadanos en los espacios en los que puede ejercer sus derechos” (1984, p. 22) todo intento por buscar una sociedad con posibilidades reales para todos es cada vez más lejana.
De allí que es un compromiso moral de la escuela y la sociedad en su conjunto trabajar arduamente para transformar “el ciudadano no educado” del que habla Bobbio, -aquel que conviene a los poseedores del poder porque no los critica ni los cuestiona-, por un ciudadano reflexivo, participativo, con conocimiento de sus derechos y libertades; es decir, un ciudadano con capacidad de ejercer su ciudadanía mediante el ejercicio de la participación en los escenarios donde desarrolla su vida individual y en comunidad.
política y los partidos políticos; no menos importante, poca credibilidad, especialmente en los jóvenes, porque asocian la política con el gobierno.
En lo que concierne a la escuela, León & Pulgarín (2009), exponen que la formación de ciudadanía implica todo un reto para la educación, por cuanto debe primar el trabajo colectivo entre organizaciones públicas y privadas que conduzcan a la formación de sujetos encaminados a la búsqueda del bienestar general. La participación democrática puede considerarse como la posibilidad para que los ciudadanos se construyan a través de la interacción social y del trabajo conjunto, lo cual redunda en mejores condiciones de vida que beneficien a todos. De la misma manera la participación ciudadana, es la forma práctica de aprender democracia y ser democrático y es así como se construye el ciudadano participativo, social, político, activo y crítico, descrito por León & Pulgarín.
De los tipos de ciudadano expresados por estos autores destaco el ciudadano activo, el cual se inclina más por la convivencia social que por la política institucional; este tipo de ciudadano se caracteriza por participar activamente en los asuntos de su comunidad. Las instituciones escolares al generar espacios de construcción colectiva fortalecen la participación y la construcción del ciudadano activo para que con sus ideas, motivaciones e intereses aporte a mejores ambientes democráticos en beneficio de la sociedad.
Los ciudadanos democráticos, participativos, sociales, políticos, activos y críticos, en consonancia con León & Pulgarín, tienen la capacidad para transformar la realidad cotidiana, teniendo como escenario el territorio donde luchan para materializar sus sueños; son ciudadanos que no nacen, se forman y, para su estructuración se requiere del sistema educativo que a través de los procesos de enseñanza desarrollen las habilidades, valores y competencias para que intervengan su contexto. El aporte de la escuela en este sentido es fundamental y se verá reflejado cuando esta institución cambie sus prácticas democráticas y permita que los estudiantes hagan de la participación un derecho fundamental. Se debe permitir que el estudiante se forme en la cotidianidad, desarrolle sentido de pertenencia frente al territorio que habita, porque lo conoce, sabe de sus necesidades y se siente comprometido en la búsqueda de soluciones a las dificultades que lo afectan.
Como proceso permanente, la formación ciudadana requiere de una fundamentación íntegra y de escenarios que la propicien; es decir, se debe incorporar la interdependencia entre ciudadanía y territorio para gestar la democracia territorial que se anhela. Esta construcción precisa del fortalecimiento de la identidad entre los estudiantes y la institución, porque la escuela es uno de los escenarios en donde se desarrollan como individuos y aprenden a convivir en comunidad.
espacio de actuación pública, puesto que permite el desarrollo cognitivo, interpersonal e intrapersonal en sus educandos.
Las categorías de participación, democracia y ciudadanía, requieren ser abordadas con profundidad desde distintos autores que han reflexionado sobre ellas, para replantear los procesos de formación ciudadana que se han venido implementando desde el aula.
Los procesos de formación ciudadana que se pretenden desarrollar se constituyen en verdaderos retos debido a la concepción que se tiene de la política a propósito de la forma como se aplica tanto en el ámbito nacional como local. A nivel nacional son cuestionables las decisiones de altos dignatarios del Estado procediendo a favor de un grupo o élite, lo que va en contravía de la democracia; desde lo local, es cuestión de ver la forma como en la escuela los directivos y docentes toman las decisiones desconociendo a los otros actores de la comunidad educativa; es decir, estudiantes y padres de familia.
Por todo esto es importante trabajar mancomunadamente: escuela y sociedad en general en vía de alcanzar el empoderamiento (capacidad de incidir en las decisiones que le afectan) de los ciudadanos para que a través de experiencias participativas coadyuven a la construcción de la democracia; esto no es nada fácil teniendo en cuenta las condiciones económicas, políticas y sociales que vive el país.
Consideraciones metodológicas
Las siguientes consideraciones pretenden dar cuenta de las características relevantes de la unidad didáctica, estrategia metodológica utilizada para la recolección de información; del enfoque cualitativo, del método etnográfico, del grupo focal como técnica de investigación y de la sistematización de la experiencia para analizarla e interpretarla a la luz de las categorías planteadas. Asimismo, poner en discusión la intervención o innovación en la escuela desde las acciones realizadas por los niños, niñas y jóvenes del Consejo Estudiantil del Colegio Villas del Progreso IED. Lo anterior está en consonancia con los lineamientos curriculares del área de Ciencias Sociales por su relevancia en los procesos de reflexión a partir de preguntas que suscitan la búsqueda y el aprendizaje de lo social.
La Unidad didáctica, enfoque, técnica de investigación y sistematización de experiencia educativa
La unidad didáctica como estrategia metodológica tiene vigencia en el ámbito escolar debido a las reflexiones epistemológicas suscitadas en relación a ella, en tanto guarda relación con el acto pedagógico, es decir, la interacción entre maestro - estudiante, relación que trasciende lo cognoscitivo, abarcando entre otras cosas, lo social y lo afectivo; de allí que la información y /o aprendizajes recopilados se pueden considerar como insumos para el trabajo que se adelanta en el marco del proceso de investigación desarrollado.
La estrategia metodológica mencionada permite dinamizar los procesos pedagógicos que acercan a nuevos conocimientos sin dejar de lado los saberes previos de los estudiantes, sus intereses, su creatividad, el trabajo en equipo, el rol del docente como facilitador, y no menos importante, el desarrollo del carácter investigativo en el educando a partir del contexto en el que interactúa, ya sea interno, la escuela,o externo, su barrio.
resultados. En éstas, el investigador amplía sus horizontes de visión de la realidad que desea conocer, analizar, valorar, significar o potenciar” (Quiroz, 2003, p. 63). El asunto que investigo es la participación estudiantil, se quiere saber cómo a través de ella es posible la construcción de ciudadanía en la escuela, por tal razón, indagar respecto al concepto, vivencia y maneras de fortalecerla, permite un acercamiento al objetivo propuesto.
Dicho esto, si el propósito es la promoción de competencias básicas en los estudiantes, la unidad didáctica es una herramienta clave para hacer posible lo propuesto; además, este instrumento de trabajo, según Rodríguez (2010), le permite al docente organizar su práctica educativa, articular y orientar los procesos de enseñanza con miras a mejores aprendizajes ajustados tanto al grupo como al educando en su diversidad. Entre los elementos que contempla para su ejecución se encuentran: definición, contextualización, aprendizaje y metodología a aplicar con sus respectivas fases de tarea, el espacio, los recursos y por último la evaluación.
Con relación a las características de la unidad didáctica, se resaltan:
“Su elaboración y desarrollo está centrado en el alumno, sus características e intereses; posibilitar y adoptar la planificación a las características del aula (recursos humanos, materiales, instrumentos) y del alumno; dar sentido al trabajo docente y del alumnado potenciando las capacidades de cada cual y favoreciendo el crecimiento personal y profesional; y, posibilitar la evaluación formativa interna de la acción educativa y del proceso enseñanza y aprendizaje”. (Estaire, 2004, p. 252).
Apostarle a trabajar con el Consejo Estudiantil, permite centrar la atención en el grupo para entender la forma como conciben la participación en el aula de clase y en la institución; a raíz de esto, se plantean acciones dentro de la unidad didáctica teniendo en cuenta el interés y la homogeneidad en los niños, niñas y jóvenes.
Considerando el objeto de estudio que desde esta investigación se pretende, es de gran utilidad la unidad didáctica para estructurar las actividades que se van a desarrollar en el sentido de que permite dinamizar los procesos en relación a mejores aprendizajes, en este caso la participación; lo cual debe permitir: comprender su importancia, reflexionar sobre ella, vivenciarla y desde allí, contribuir a la construcción de espacios democráticos y por consiguiente, la formación de ciudadanía; de igual forma, las actividades contempladas en la unidad didáctica favorecen la participación de los estudiantes en el sentido de que son ellos los protagonistas del proceso que se desarrolla en el contexto escolar teniendo como referente el fortalecimiento de las capacidades del individuo y del grupo de trabajo, como ocurre con el Consejo Estudiantil.
La experiencia se desenvolvió a través de encuentros previamente programados entre el docente facilitador y el Consejo Estudiantil. Inicialmente se hizo la inducción y/o motivación a los participantes teniendo como referentes: la participación en la escuela y el rol del Representante de curso; esto porque, son ellos los que integran el Consejo Estudiantil, instancia que acoge las ideas, propuestas e iniciativas de los educandos a nivel institucional; y además, porque fue el grupo focal con el que se desarrolló el trabajo de investigación. Los cuestionamientos suscitados de alguna forma generaron inquietudes en aquellos estudiantes que no habían dimensionado la magnitud de la responsabilidad que habían asumido, en tanto el compromiso aparte de ser personal, también es con el grupo que lo eligió y la comunidad educativa en general. Se escucharon diferentes planteamientos, unos más elaborados que otros; algunos prefirieron callar, especialmente los niños y niñas de primaria y aceleración; sin embargo, se resalta, la actitud con la que fue acogida la propuesta por parte de la mayoría de los asistentes de conocer otros referentes, acerca de la participación, la democracia y la ciudadanía; así mismo, analizar la forma como se vivencian dichas categorías en la escuela para contribuir con la construcción de ambientes escolares democráticos y participativos que permitan la construcción de ciudadanía desde las propuestas e iniciativas estudiantiles.
Ahora bien; ¿qué pasó? Y ¿por qué pasó lo qué pasó en el desarrollo de la experiencia? A partir del análisis del acta de elección del Representante de curso del grado 801, se inicia el proceso de sistematización, lo cual se evidencia en la unidad didáctica que se muestra a continuación. Conviene señalar aquí, que en el desarrollo de las actividades propuestas inicialmente, se observó interés y motivación por parte del grupo, asistiendo a las convocatorias que se conocían con anterioridad e involucrándose en los grupos de trabajo que se fueron construyendo entre los niños y niñas de primaria, los jóvenes de aceleración y los estudiantes de los otros cursos. El trabajo se comenzó a hacer de manera individual, posteriormente, entre todos, para fortalecer el colectivo y contribuir con la participación desde las acciones y decisiones que se fueron considerando. Con respecto a las individualidades, los estudiantes que poco intervenían en las discusiones generadas, en la medida en que se avanzaba, hacían comentarios al respecto; tal vez, el trabajo en equipo, contribuyó para que se hayan dado cambios, así sean pequeños en la forma de ver y pensar lo que en su momento se trabajó.
estudiantil, influyeron para que no se alcanzaran los objetivos en el tiempo previsto; de allí que fue necesario replantear entre todos la dinámica del trabajo para retomar el rumbo que se había planteado.
Es necesario recalcar que, en el desarrollo de la unidad didáctica, tanto el compromiso como el liderazgo manifestado por un alto porcentaje de los estudiantes, motivó la participación de los demás, especialmente los compañeros del curso; y las actividades con mayor impacto en la institución (Plebiscito por la paz, foro estudiantil), dejaron ver que los educandos si tienen que decir, que hay iniciativas e intereses, que si son tenidos en cuenta contribuyen con la construcción de los ciudadanos críticos y propositivos que la sociedad requiere para su desarrollo.
En cuanto a porqué pasó lo qué pasó, diversos factores podrían dar respuesta a este interrogante; en primer lugar, cuando se socializó la propuesta de trabajo al Consejo Estudiantil, se generaron expectativas e interrogantes por lo que se iba a hacer y el impacto que podría tener en la institución, más, si era la primera vez que dicha instancia de participación asumía un papel protagónico que afectaría a la comunidad educativa en general, el resultado de esto es la motivación, el compromiso y el liderazgo que los participantes expresaron en lo que hicieron; en segundo lugar, hay que decir que las dinámicas de la escuela son complejas, por todo lo que en su interior ocurre, a los estudiantes les corresponde cumplir con las tareas, las evaluaciones, el cierre de período e innumerables acciones académicas que requieren ser atendidas con el mayor compromiso posible; así las cosas, procesos complementarios inherentes a ella, como lo son, la construcción ciudadana y el fortalecimiento de espacios democráticos, se ven afectados por que está de por medio la nota y con ella, la amenaza, el sometimiento y el abandono de la crítica constructiva que los estudiantes podrían aportar a la educación que reciben y a la situación de la sociedad de la que forman parte. Aun así, el compromiso en la consecución de los objetivos planteados fue constante por el interés de quienes lideraron los procesos que con su actitud proactiva, ganaron la confianza y el apoyo del grupo para expresar su sentir y pensar sobre los temas que les afectan; por consiguiente, todo esto sirvió para entender que la democracia, va más allá de elegir y ser elegido y que el ciudadano se construye entre todos por medio de las acciones y decisiones que benefician a la mayoría. A continuación se presenta la estructura de la unidad didáctica aplicada, en la cual se expresa el objetivo de cada una de las actividades:
801. escrutinio para analizar la
estudiantil mecanismos de participación
establecido en la Constitución
Política para entender su
importancia en la construcción
de ciudadanía
patio del colegio. estudiantes de sexto a
once.
Foro estudiantil Fomentar la participación de
está centrado en “…el aspecto humano de la vida social” (Taylor & Bogdan, 1987, p.21), lo cual significa que no se desconoce el contexto de los estudiantes, sino que todo el tiempo está presente en la interacción dentro de las actividades que se aplicaron en la unidad didáctica; y es holístico en cuanto “…las personas, los escenarios, o los grupos no son reducidos a variables, sino considerados como un todo” (Taylor & Bogdan, 1987, p.20), de manera que, la escuela, la sociedad y la familia inciden en los modos como los estudiantes se comprenden así mismos y comprenden el mundo.
A partir del enfoque cualitativo se considera que el carácter de este trabajo es comprensivo, puesto que se ha desarrollado con los estudiantes del Colegio Villas del Progreso que hacen parte del Consejo Estudiantil y porque, a través de la comprensión, es posible que las personas estén constantemente explicando las situaciones que ocurren a su alrededor con lo cual se puede contribuir a dar cuenta de los procesos de participación de los educandos. Conocer la forma como los estudiantes ven y piensan la participación al determinar los factores que la dificultan y la posibilitan favorece la comprensión de la realidad social, y que mediante acciones conjuntas generen espacios participativos y democráticos que permitan mejorar el entorno donde desarrollan su vida.
La pertinencia del enfoque cualitativo respecto a lo planteado está en la capacidad de los estudiantes para comprender lo que ocurre en la cotidianidad escolar, de tal modo que a partir de la reflexión del contexto se utilice el diálogo para establecer acuerdos que permitan la construcción de espacios democráticos mediados por la participación estudiantil, cuyo horizonte es mejorar las relaciones sociales en la comunidad educativa. El conocimiento y la comprensión de la realidad como parte del enfoque cualitativo nos pueden dar cuenta de los procesos de participación de los estudiantes que se desarrollan desde sus propias iniciativas y que no hacen parte de las propuestas dadas por la institucionalidad, pero que son formas de manifestación de ciudadanía, que involucran la participación para la construcción de ambientes escolares participativos por medio de ejercicios democráticos con sentido y que involucre a todos, independientemente del nivel en el que se encuentre el educando.
Según Páramo & Otálvaro (2006), la etnografía es una estrategia de investigación que utiliza el diario de campo, la entrevista en grupo o en profundidad, la observación participante y el análisis del discurso como técnicas apropiadas para hacer investigación. Dentro de las técnicas etnográficas se utilizó para esta investigación el diario de campo, el cual, da cuenta por un lado, de las observaciones descritas por el investigador respecto a las actitudes, comportamientos, puntos de vista y acciones de los estudiantes en cada una de las actividades emprendidas; y por otra parte, los comentarios de quienes acompañan el proceso expresando su percepción de lo que observan.
En coherencia con el enfoque y el método, se utilizó el grupo focal como técnica de investigación. El grupo focal es un instrumento utilizado para la recolección de información; por tanto, la entrevista en grupo es la herramienta fundamental en esta técnica para acercarse a lo que se desea saber. Este se definido como una “técnica de recolección de datos mediante una entrevista grupal semiestructurada, la cual gira alrededor de una temática propuesta por el investigador” (Escobar & Bonilla, 2009, p.52). Su objetivo es recolectar información para resolver preguntas de investigación. Por su parte Mella (2000), plantea que los grupos focales son básicamente grupos de discusión colectiva.
La técnica de grupo focal se implementó con el Consejo Estudiantil como estrategia que permite dar cuenta de cómo se entiende y vivencia la participación, la democracia y la ciudadanía en la escuela; así mismo, para construir espacios de interacción que fortalezcan las estructuras sociales organizadas y lideradas por los educandos.
El trabajo consistió en encuestar a los educandos sobre las categorías mencionadas a quienes se les dio a conocer los temas con anterioridad para que al momento del encuentro estuvieran informados sobre el trabajo que se iba a realizar. Dada la complejidad de la temática se realizaron tres sesiones con la particularidad de que en la medida en que se avanzaba se observaba un discurso un poco más consolidado y el estudiante tomaba posición frente al tema con el que se identificaba tal vez porque tenía cierto dominio y seguridad en sus afirmaciones.
El grupo estuvo conformado por dieciocho (18) estudiantes desde grado tercero a once; los encuentros se realizaban en la biblioteca del colegio dos veces al mes, en horarios acordados entre todos para que no afectara las clases de otras asignaturas. Como todo proceso reflexivo, hubo unos acuerdos iniciales, dentro de ellos, el respeto a la palabra y las ideas de los demás, independientemente del grado en el que el estudiante se encontraba; la pertinencia tanto del proceso como de la técnica se observa en la organización de los estudiantes como grupo y en la responsabilidad al momento de asumir las tareas y compromisos correspondientes.
diferentes actividades llevadas a cabo, en las que ellos fueron protagonistas desde las acciones y propuestas que promovieron.
En la evolución del trabajo con los estudiantes se generó la dinámica de retroalimentar los procesos para entender la forma cómo se evidencia la práctica de las categorías abordadas de tal manera que se lograra una mirada más amplia de las mismas, tanto en lo conceptual como en el contexto concreto de la escuela.
“La sistematización de experiencias implica la reconstrucción del proceso vivido, es decir, la recuperación de su historia, desde una perspectiva que va más allá de la descripción de lo realizado pues se propone además realizar el análisis y la interpretación de los momentos más significativos, de los cambios que se llevaron a cabo en su recorrido y del contraste entre lo planeado y lo realizado, de los logros y las dificultades, de la relación de la experiencia con su contexto específico y con contextos más amplios, de los referentes explícitos o implícitos en la experiencia y de las elaboraciones que se puedan inferir a partir de ella […]” (Aguilar, 2008) A propósito de lo planteado por Aguilar, pensar o reflexionar sobre lo que hacemos permite diferentes perspectivas del trabajo pedagógico, de allí que es indispensable este ejercicio para dar sentido a eso que se está haciendo en función de evaluar el proceso, proyectar nuevas acciones y generar conocimientos que permitan dinamizar las prácticas educativas, a través de la interacción de los estudiantes en el contexto escolar; lo cual facilita que las personas se aproximen a su práctica con una actitud reflexiva y autocrítica, con disposición para aprender de aquello que sucedió en la experiencia (Jara, 2012)
La relevancia de la participación estudiantil, la democracia y formación de ciudadanía ameritan ser observadas e interpretadas para comprender los matices que las caracterizan; de allí, el objetivo de la propuesta y la pertinencia del enfoque, el método, la técnica de investigación y la sistematización, tenidas en cuenta para tal fin.
Lineamientos curriculares
Las Ciencias Sociales constituyen un factor importante para la comprensión del engranaje social, político, económico y cultural de la sociedad; estas disciplinas aportan elementos valiosos para la formación de ciudanía en la escuela, de tal modo que los estudiantes conozcan su contexto y comprendan las dinámicas socio – económicas que ocurren en el mundo; de igual forma, su estudio permite el fortalecimiento de la identidad nacional y el conocimiento de la historia, con lo cual se comprenden los procesos sociales que han marcado la consolidación del Estado – nacional.
fue considerado como toda una innovación educativa, me refiero a los Marcos Generales de los Programas Curriculares para el área de Ciencias Sociales (1984). Dos aspectos sustentan dicha iniciativa: en primer lugar, la demanda en torno a las problemáticas socio-económicas que se presentaban en el mundo las cuales requerían otro tipo de interpretación para su comprensión, es decir, las Ciencias Sociales requerían de un método de estudio que permitiere comprender de manera holística el fenómeno social en forma integral y no sectorizada como se venía haciendo; así mismo, el dinamismo producto de los cambios sustanciales en las sociedades exigía otras miradas, cruzada por la transversalidad de las disciplinas sociales. Por otro lado, las criticas reiteradas desde el plano académico sobre la forma como se venían enseñando la historia y la geografía. La historia se cuestionaba al ser enseñada como sucesos y gestas de héroes, además tenía un carácter memorístico y se alejaba de la generación de identidad en los ciudadanos; por su parte, la geografía, se centró en la elaboración de mapas, un ejercicio bastante distante de la realidad del estudiante cuyas actividades terminaban en un hacer incomprendido y con poco significado.
Otros puntos de vista sobre el particular argüían que las disciplinas en mención, ofrecían un saber fragmentado, por tal razón se hacía indispensable determinar su quehacer epistemológico con miras a un carácter interdisciplinar, holístico, global, etc., tanto de la realidad local, regional y mundial. El resultado de todo esto son las Ciencias Sociales Integradas (historia, geografía, constitución política y democracia) tal como se plantea en el artículo 23 y 31 de la Ley General de Educación. Según esta ley, las Ciencias Sociales, deben ayudar a entender el mundo, para abordarlo y transformarlo.
Ya en el aula, persiste tensión entre quienes siguen al pie de la letra lo establecido desde lo estipulado por la normatividad y, quienes favorecen la historia y la geografía con la rigurosidad disciplinar que su enseñanza exige. Si bien es cierto que ambas disciplinas tienen concepciones epistemológicas propias, guardan relación en los sucesos históricos y geográficos acontecidos.
Para el año 2002 los Lineamientos Curriculares de Ciencias Sociales plantean cambios de fondo que vale la pena mencionar; me refiero a fundamentaciones pedagógicas como los ejes generadores y la pregunta problematizadora. Respecto a los ejes generadores, muestran cierta claridad y organización del trabajo académico, optimizan y potencian las tareas asumidas por estudiantes y profesores. La gran fortaleza de los ejes generadores es su globalidad, lo cual permite diferentes perspectivas para abordar el estudio de las Ciencias Sociales, por citar un ejemplo, a través de ellos, se posibilita el estudio de problemas actuales y vitales en la comunidad estudiantil (la participación) que pueden ser abordados desde diferentes estrategias metodológicas y técnica de investigación, por ejemplo la unidad didáctica y el grupo focal.
claramente a ninguna asignatura, - la construcción de los sujetos a través de la participación, es uno de ellos.
Estos ajustes al currículo de la disciplina en cuestión se sustentan en la Constitución Política de 1991 al propiciar la democracia participativa en la sociedad; además, en el artículo 41 de dicha norma, se orienta fomentar prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana desde la escuela. Lo anterior requiere del aporte de las Ciencias Sociales en la formación de ciudadanos activos que promuevan cambios sustanciales en la comunidad que posibiliten buenas relaciones sociales y mejores condiciones de vida; es así que, uno de los objetivos de ésta área, según el MEN (2002), es la formación de hombres y mujeres que participen activamente en su sociedad con una consciencia crítica, solidaria y respetuosa de la diferencia y la diversidad existentes en el país y en el mundo.
Los lineamientos curriculares son el soporte para que las instituciones educativas, especialmente los profesores de Ciencias Sociales a través de estrategias metodológicas efectivas (ejes generadores, preguntas problematizadora, unidad didáctica, etc.), promuevan la formación de ciudadanos críticos, propositivos y democráticos que comprendan y participen en su comunidad de manera responsable teniendo en cuenta los cambios que la sociedad demanda. La práctica de este tipo de estrategias abre el abanico de posibilidades de las que el docente de Ciencias Sociales puede disponer para el ejercicio educativo si su propósito es plantear otro tipo de procesos escolares (innovación – intervención educativa) que permitan la formación de ciudadanos comprometidos con los cambios que su comunidad requiere para superar las dificultades y contribuir con una sociedad democrática y participativa que posibilite cierto bienestar para todos.
CAPÍTULO 1: ALGUNOS REFERENTES CONCEPTUALES
1. 1 Participación
La participación vista como una forma de expresión de la democracia al ser utilizada conscientemente puede generar cambios sustanciales en el entorno familiar, escolar y local; participar implica también que los ciudadanos se involucren de manera activa y constante en las decisiones que afectan su vida de manera individual y en colectivo. Lo anterior puede ser posible, en tanto sea cambiado el imaginario que se tiene de ella, iniciando por ampliar y construir otras maneras de verla, interpretarla y asumirla cotidianamente.
Ampliar y construir otras miradas de la participación exige indagar puntos de vista que permitan complementar el concepto que se tiene y, reorientar las prácticas que usualmente se hacen en los diferentes escenarios donde hay interacción con los otros. En este sentido “la participación se refiere a los procesos de compartir las decisiones que afectan la vida propia y la vida de la comunidad en la cual se vive” (Hart, 1993, p. 5). Encaminar esfuerzos hacia este propósito se podría constituir en un paso importante para hacer de la participación una posibilidad real de transformación social, de allí que las implicaciones para los ciudadanos se convierten en todo un desafío, puesto que requiere de esfuerzos tanto personales como colectivos hacia la toma de decisiones pensando en el bien común. Para Murcia (1994), la participación representa todo un proceso donde está implícito: la comunicación, la toma de decisiones y la ejecución de acciones conjuntas, lo cual, debe estar en consonancia con el intercambio permanente de conocimientos y las experiencias. Así mismo considera que la participación debe ser activa, deliberada, organizada, eficiente y decisiva.
Ahora bien, ¿Cuál es el panorama de la participación en nuestro país? La realidad nacional muestra que en gran parte de la ciudadanía hay desinterés y apatía respecto a los procesos asociados a la participación porque existe en el imaginario la idea de que los políticos son corruptos y siempre están en función de sus intereses particulares, desentendiéndose de su compromiso para con la población; de allí que la participación se reduce a procesos electorales, aun cuando existen mecanismos de participación ciudadana que están contemplados en la ley, pero que se desconocen y apenas se hace uso de unos pocos de estos y en situaciones aisladas, por ejemplo, la revocatoria del mandato, la consulta popular y el voto, siendo este último, el mecanismo de participación más utilizado por la comunidad, quienes terminan creyendo que al acudir a las urnas están haciendo uso del derecho a la participación, sin embargo, no es consultada o escuchada respecto de las decisiones que le afectan.
otras maneras de entender y practicar la participación podría acercarnos al interrogante planteado en tanto se supere el estado del ciudadano no educado descrito por Bobbio (1984); es decir, aquella persona que poco se interesa por las situaciones que afectan su vida.
Si el propósito es que los sujetos a través de acciones participativas contribuyan con cambios sustanciales en su entorno familiar, escolar, etc., se hace indispensable complementar la teoría con la praxis, ésta según Freire (1970), se refiere a la reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo. Hablar de sujeto requiere de la interacción del ser humano, es decir, se es sujeto cuando se tiene la posibilidad de actuar, puesto que “el sujeto no es un “alma” presente en el cuerpo o en el espíritu de los individuos, sino la búsqueda, emprendida por el individuo mismo, de las condiciones que le permitan ser actor de su propia historia” (Touraine, 2000, p. 65). Al respecto, la escuela podría propiciar ambientes democráticos que permitan el desarrollo de libertades e interacciones del sujeto con sus pares de manera permanente con los cuales contribuiría a la construcción de espacios participativos donde se tenga en cuenta los saberes propios de su experiencia y el reconocimiento de las “[…] demandas individuales y colectivas” (Sarmiento et al., 2013, p 5). Una escuela que atiende las voces de los estudiantes contribuye con la consecución de ambientes participativos al propiciar escenarios de interacción que permitan el desarrollo de la persona y por consiguiente aunar esfuerzos para mejorar las condiciones sociales que se tienen de manera conjunta.
Teoría y práctica se deben complementar, siendo esta relevante, puesto que evidencia las acciones y decisiones que las personas asumen de manera voluntaria haciendo uso de su ciudadanía de manera responsable. Este hacer ciudadano, en teoría, lo contempla La Constitución Política de 1991, que en su artículo uno, establece entre otras cosas, que Colombia es una República democrática y participativa, lo cual implica que el Estado debe garantizar y fomentar la participación ciudadana en todos los espacios de interacción social. En relación a lo anterior, la participación como capacidad en la educación para la ciudadanía se relaciona con la acción de ser parte, tomar parte y sentirse parte de algo como lo señala Salazar (2011). Lo dicho es una muestra del deber concerniente a todo ciudadano de hacer uso del derecho a participar de manera activa en todos los escenarios posibles. Este cometido, requiere de la formación de ciudadanos críticos, políticos, democráticos y participativos, características expresadas por León & Pulgarín (2009). Tal como se planteó antes, en este proceso de hacerse ciudadanos participativos, tiene incidencia de manera directa la escuela, vista como un espacio “para elaborar la cultura, construir un saber más allá de la experiencia que se hace instrumento de lucha, para transformarse en sujeto de su propia historia” (Freire, 2007, p. 19). Según Santos Guerra (2000), esta tiene como misión fundamental contribuir a la mejora de la sociedad a través de la formación de ciudadanos críticos, responsables y honrados.
cuenta propia. Los niños deben ser protagonistas de esa sociedad que se requiere, en tanto esa nueva sociedad que se necesita construir “[...] es una en la cual los niños aprendan a ser ciudadanos competentes y sensibles por medio de la participación con adultos competentes y sensibles” (Hart, 1993 p.6). La construcción del ciudadano es una responsabilidad compartida, es importante acompañar a los educandos en este proceso de la mejor manera posible; es decir, debe haber coherencia entre lo que el profesor dice y hace; y por parte de los educandos se espera disposición y compromiso en las tareas y responsabilidades que les corresponde.
Entender la participación, implica cambios sustanciales desde la cotidianidad de la familia, la escuela y la sociedad en general. El asunto de la participación dada su trascendencia en el ámbito escolar exige ser reevaluada casi que a diario. Por tal motivo la escuela se convierte en punto de encuentro de saberes y experiencias, siendo esta una situación podría generar cambios y transformaciones en los sujetos, así como en la comunidad a partir de procesos participativos que permitan entre otras cosas, el convidarse a sí mismo en torno a intereses colectivos relacionados con asuntos políticos o no. Con estos planteamientos a favor, se estaría avanzando hacia la construcción de cultura democrática, fundamentada en un pilar estratégico de vital relevancia en la transformación de sí y del entorno, cual es la participación real de los ciudadanos.
1. 2. Democracia
La democracia desde su origen ha sido y sigue siendo pensada, analizada, reflexionada, etc., por sus implicaciones políticas, económicas, sociales, culturales e ideológicas en la sociedad. Desde su creación en la antigua Grecia, la democracia ha tenido cambios dependiendo de las necesidades de la población y del momento histórico que se vive. La democracia directa vivenciada por los griegos; la democracia representativa, en la modernidad y; la democracia participativa como un referente actual, son algunos de los cambios que a través de la historia las personas han pensado y construido para hacer posible una mejor sociedad; con esto se ratifica que “la democracia no es un hecho natural y su desarrollo soporta un alto valor de individuación a la vez que implica un gran nivel de institucionalización de los aspectos de la vida de los sujetos” (Castillo, 2003, p. 34). Cabe preguntar ¿Cuál es la democracia que se quiere? Y ¿Cómo es posible conseguirla? Necesariamente hay que conocer la comunidad y el contexto que indaga por esto para acercarse a lo que se desea.
Respecto a lo planteado, la democracia es un tema del que se habla en diferentes escenarios, tanto mundial, nacional y local, por su significado para los ciudadanos y el impacto que podrían tener unas buenas prácticas democráticas en la comunidad, esto dadas las circunstancias actuales, donde se cuestiona el proceder de los gobernantes en quienes se ha depositado la confianza para dirigir el rumbo de una nación.
En este sentido la democracia es una “forma de gobierno que se caracteriza por un conjunto de reglas que establecen quien está autorizado para tomar las decisiones y bajo qué procedimientos” (Bobbio, 1984, p.14). Por su parte, Dewey, va un poco más allá al considerar que “una democracia es más que una forma de gobierno; es primariamente un modo de vivir asociado, de experiencia comunicada conjuntamente” (1997, p. 82). La interacción de los sujetos, el trabajo conjunto, la consecución de acuerdos y consensos, se constituyen en factores que podrían posibilitar la construcción de espacios democráticos y dicho sea de paso un modo de vivir asociado; es decir, vivir con otros, con los otros, independientemente de su forma de ver, sentir y pensar el mundo.
También, Zuleta, dice que la democracia “es el derecho del individuo a diferir contra la mayoría; a diferir, a pensar y a vivir distinto, en síntesis, al derecho a la diferencia, es dejar que los otros existan y se desarrollen por sí mismos” (2001, p. 47). La democracia vivenciada de esta forma es una muestra de madurez desde todo punto de vista, por ello es necesario que haya en la población unos niveles de formación cultural que potencien entre otras cosas, los valores democráticos indispensables para la construcción de una sociedad mejor donde quepamos todos; es el caso del reconocimiento y respeto por las diferencias entre los seres humanos, el respeto por el otro, la solidaridad, la equidad, la justicia y la libertad, etc. Dichos valores “fundamentan no solo la formación de ciudadanos sino también la construcción de una sociedad democrática” (Aguilar & Betancourt, 1999, p. 38). El conocimiento y la práctica de los valores democráticos es un deber de la persona y la sociedad, puesto que de ello depende, entre otros factores, la construcción y el fortalecimiento de ambientes que propicien prácticas de tolerancia, solidaridad y participación en todo sentido.
En el país estamos lejos de vivir la democracia tal y como se ha planteado; el irrespeto al otro por pensar diferente, la indiferencia, la amenaza, la persecución y hasta la pérdida de la vida, son algunas de las expresiones de intolerancia que han impedido que los otros existan y se desarrollen por sí mismos, tal como lo plantea Zuleta.
& Betancourt (1991), un desaprovechamiento de la participación como principio básico de la democracia.
La situación del país no puede ser ajena a una institución clave en la construcción de la cultura como lo es la escuela. En su interior tienden a repetirse algunas de las situaciones ocurridas en otros contextos, no por esto sin conexión con ella, puesto que los estudiantes vienen con actitudes, comportamientos, saberes, en últimas un estilo de vida que se convierte en todo un reto desde el ámbito escolar ya sea para fortalecer la cultura propia o intervenirla. Ahora bien, reconocer y aprovechar los saberes de los estudiantes podría ser útil como insumo para continuar su proceso de construcción conjuntamente con la escuela como ciudadanos activos a través de la participación y el pleno ejercicio de la democracia. La democracia como el derecho a diferir, como un estilo de vida o, el resultado de la construcción colectiva ¿qué hay de esto en la escuela? A decir de Bayona, Escobar & Molina (1999), la escuela ha sido el espacio socializador por excelencia, pero a la vez, ha sido y es uno de los lugares más antidemocráticos, por ser réplica de las instituciones políticas y administrativas, porque la práctica individual refleja que los actores educativos son resultado de modelos autoritarios que establecen el divorcio entre lo que se piensa y lo que se dice. Lo planteado es reafirmado por García (1999), al considerar que la práctica democrática se circunscribe a la distribución del poder, el Consejo Directivo lo determina prácticamente todo, al momento de tomar determinaciones el rector procede a nivel institucional, los docentes en el aula y, los estudiantes y padres de familia con poca o ninguna incidencia en las decisiones que se toman; para dar soporte de legalidad al proceso se utiliza el sistema electoral como mecanismo de legitimación. Según esto, la construcción de ciudadanos democráticos es un proceso complejo, teniendo en cuenta la realidad de la escuela, aunque no imposible de lograr. Para pensar en su transformación, un buen comienzo es ahondar en la cultura democrática, pero, para que ella haga presencia en las instituciones escolares es necesario modificar una serie de discursos, acciones y prácticas que no le permiten avanzar (Santos Guerra, 1995), dentro de ellas el autoritarismo y las relaciones de verticalidad que aún persisten.
Luego, ¿qué se entiende por cultura democrática? La cultura democrática:
“[...] es el complejo de significados que estructuran los comportamientos, las prácticas, los saberes, valores y representaciones que configuran el marco de las relaciones de convivencia en el ámbito escolar, los cuales están basados en principios democráticos, aspectos que les confiere un sentido particular a este tipo de convivencia” (Aguilar & Betancourt 1999, p. 33).
todos, independientemente de la edad, maneras de ver y representar el mundo. Respecto a los estudiantes es necesario, retomando a Freire (2007), estimularlos a que pregunten, critiquen, creen y recreen su mundo.
“El reto para la escuela es por tanto no solo formar para la democracia, sino también formar en democracia, es decir, construir ambientes y escenarios propicios que no solo enseñen la democracia, sino que faciliten aprendizajes de la praxis, la reflexión, la convivencia democrática y el reconocimiento del conflicto”. (Aguilar & Betancourt, 1999, p. 37).
Bajo esta perspectiva ¿cuál podría ser la apuesta frente a la democracia en la escuela? Y ¿cómo se llevaría a cabo? Las preguntas suscitadas invitan a pensar en otras maneras de ver, sentir y vivir la democracia; mejor aún, la cultura democrática. A mi modo de ver, la cultura democrática es un aspecto de vital importancia que bien aplicado desde diferentes escenarios, no solo desde la escuela, contribuye con vivencias democráticas reales y lo más importante en beneficio de todos. Lo anterior requiere ser pensado en tanto la cultura democrática exige ciudadanos activos conocedores de sus derechos, deberes y de la realidad en la que se está inmerso para su transformación; así mismo, implica esfuerzos tanto individuales como colectivos que fortalezcan los procesos de formación esenciales para que los ciudadanos sean reconocidos como sujetos de derechos.
1. 3. Ciudadanía
La ciudadanía se constituye en factor fundamental para la vivencia de la democracia. A través de la participación los ciudadanos podrían contribuir con la construcción de relaciones democráticas producto de la interacción de los sujetos. En palabras de Gimeno (2005), citado por León & Pulgarín (2011), sin ciudadanía la democracia no es posible; sin ciudadanos, la ciudadanía tampoco lo será. Ciudadanía, participación y democracia, son conceptos que se entrelazan mutuamente, es decir, se requieren entre sí, para un empoderamiento de los ciudadanos respecto a la comunidad de la que forman parte. La ciudadanía para su realización “requiere de derechos civiles como la vida, la libertad, la propiedad e igualdad frente a la ley; políticos, es el caso del voto, la participación y la representación; de igual forma, sociales, representados en la educación y el trabajo” (Jiménez, 2003, p. 22). Los derechos humanos son consustanciales a la construcción de ciudadanía, por medio de ellos, los sujetos se fortalecen siempre que interactúan activamente con sus pares en el contexto del que forman parte.
conquista de sus derechos que garanticen el bienestar general y la adquisición de mejores condiciones de vida. De allí que la ciudadanía se ha convertido en un tema susceptible de reflexión en tanto se podría considerar como factor fundamental para que sea posible la participación y la construcción tanto de espacios como de sociedades democráticas que posibiliten la interacción de todos y cada uno de quienes la integran.
Para Sánchez Praga (1995), citado por Castillo & Sánchez (2003), la ciudadanía hace referencia al grado de control sobre el destino que una persona posee al interior de una sociedad, además confluyen el grado de sujeción a su grupo y su influencia sobre el gobierno o la manera como este conduce la sociedad. Por otra parte, “el concepto de ciudadanía se compone del reconocimiento de la sociedad hacia sus miembros y su consecuente adhesión por parte de estos a los proyectos comunes” (Cortina, 1997, p. 23). En la medida en que la sociedad involucra al ciudadano, hay un proceso de corresponsabilidad en donde cada quien debe asumir, por decirlo así, roles específicos. De esta manera la ciudadanía se convierte, siguiendo las ideas de Cortina, “en un tipo de relación que tiene una dirección doble: de la comunidad hacia el ciudadano y del ciudadano hacia la comunidad” (1997, p. 79). El ciudadano es y con los demás, no está solo ni se hace solo, requiere de los otros para su construcción permanente en un contexto social determinado.