Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 1
TEMA 12
Imperialismo y colonización
Objetivos:
Análisis de las tendencias y fuerzas de toda índole dominantes a lo largo del XIX, que, a partir del Congreso de Viena, marcan la construcción de Europa: fuerzas de cambio anteriores a 1885, diferentes potencias en el concierto mundial.
Apreciación de la evolución de las ideologías políticas dominantes que se mezclan con importantes cambios internos de los Estados procedentes de cambios en las estructuras sociales, que marcan intereses y pautas de comportamiento internos y externos.
Conocimiento de la nueva dinámica imperialista surgida de esos cambios: intereses, conflictos, repartos pautas y líneas de actuación.
Introducción a los factores internacionales sistémicos que marcan la política europea a partir de los nacionalismos militares (1885-1906).
1. Tendencias y fuerzas dominantes de la época
Entre 1885 y 1914 se produce en las relaciones internacionales, en el contexto de todas las graves crisis que sucederán (reparto de África, revuelta bóxer, guerra bóer, ocupación japonesa de Corea, Fashoda, etc.), un traspaso sistémico de poder de origen europeo a otro de carácter mundial: las viejas potencias tradicionales deben aceptar en el contexto internacional a las dos nuevas potencias, EEUU y Japón.
Todos estos hechos están precedidos de grandes cambios en la conceptualización política, social y económica de la sociedad occidental en el XIX que lleva a un nuevo siglo agitado y distinto, inserto en el llamado “Gran Imperialismo”. Para comprenderlo en su desarrollo y consecuencias se deben apreciar las fuerzas y tendencias que movieron las relaciones internacionales en el XIX.
Algunos estudiosos sitúan que la Revolución Industrial está en el fondo de todo el proceso de cambio experimentado en las relaciones internacionales respecto a las concepciones del Antiguo Régimen. Fue el fenómeno socioeconómico más importante de la humanidad, ya que el cambio que provocó en las estructuras sociales y económicas de producción en Europa fue tan profundo, que desbordó las fronteras europeas y sus consecuencias adquirieron carácter de universalidad.
Si el motor de los nuevos planteamientos fue la revolución industrial y sus agentes impulsores continuaron siendo los hombres de Estado y las políticas nacionales, las coordenadas internacionales decimonónicas se perfilan como directamente relacionadas con la política interna, es decir con el “ciclo revolucionario atlántico” (revolución de la Trece colonias en EEUU y Revolución francesa, ambos fenómenos históricos llevados a cabo en un período de tiempo relativamente próximo y corto a ambos lados del Atlántico), que acabó por instalar en principio en el poder a la burguesía capitalista comercial desplazando a la antigua aristocracia
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 2 terrateniente. Este ciclo revolucionario adquiriría un carácter europeo con el sistema napoleónico, si bien el extremismo alcanzado en la fase ascendente de dominio jacobino hizo reaccionar a las cancillerías europeas. Provocó un ataque frontal opuesto al proceso, con la idea de contener lo que en un principio había sido la liberalización de fuerzas económicas que se trasladaban intuitivamente a la sociedad y a sus bases, a las fuerzas políticas internas y externas. Ello dará lugar a una línea política de choque o contención, sustentada por los Estados de régimen monárquico, en defensa de un supuesto principio de legitimidad establecida lo que llevó a un sistema de coaliciones militares antifrancesas en las relaciones internacionales del momento. Persistía un enfrentamiento entre el concepto hegemónico de poder planteado por el sistema napoleónico y el intento de equilibrio que se mantenía tácito en Europa dese Westfalia (Guerra de los Treinta años) y Utrecht (Guerra de Sucesión española).
Otro factor, sumado a los anteriores, es el de la introducción del principio de las nacionalidades como fuerza de acción operativa, lo que se produce en un momento de cambio de las estructuras socioeconómicas, a causa del desarrollo tecnológico y financiero de la revolución industrial. Ello obliga a las naciones europeas liberales a plantarse las relaciones internacionales de manera más coherente.
Así, las fuerzas de cambio son:
- Políticas: las nuevas fuerzas ideológicas del liberalismo y nacionalismo, contrapuestas a la ideología reaccionaria de la Restauración.
- Económicas: revolución agrícola, demográfica e industrial. Desarrollo del capitalismo industrial y financiero.
- Sociales: ascenso al poder de las clases medias e insatisfacción de las clases obreras y campesinas.
Desde un punto de vista estrictamente político, el devenir histórico de la Europa del siglo XIX se estructura en tres fases:
A) La Europa de la Restauración (1815-1830) B) La época de la burguesía liberal (1830-1870)
C) La Europa de Bismarck y la era del Gran Imperialismo (1870-1914).
En la primera y segunda fases se afirma en las relaciones internacionales la institucionalización de la inestabilidad como consecuencia de las contradicciones del nuevo sistema económico resultante de la expansión mundial del capitalismo industrial. Consecuencias: crecimiento económico, inestabilidad laboral, pujanza de la burguesía, aparición de nuevas fuerzas sociales como el movimiento obrero, tendencia a la disminución de los beneficios en el momento expansivo de la revolución industrial, incremento general de la demanda, aumento de los mercados de trabajo y las ventas. Rueda imparable y proceso que envuelve a toda Europa y países no europeos que viven a su sombra. La conexión entre unos Estados y otros es tan intensa que lo que puede provocar una crisis en un país es capaz de arrastrar a otros.
La Restauración, como sistema político, supuso un movimiento ideológico involucionista, en el que Francia, que había sido el eje de la política internacional del cambio de siglo, renunciaba a parte de sus conquistas ideológicas a cambio de legitimidad internacional. El sistema de los
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 3 Congresos: reuniones periódicas de plenipotenciarios de las cancillerías europeas en las que se buscaría el mantenimiento de la paz y la estabilidad internacionales, aun en detrimento de la política interna. Ésta fue muy represiva en cuanto a libertades se refiere. Y el XIX tardó en recuperar los derechos y libertades de la Revolución francesa.
La política exterior del sistema correspondería a la política de la fuerza militar, un ejército sería el encargado de mantener la estabilidad. Se crea pues un nuevo concepto: el principio de intervención que da derecho a la injerencia externa en asuntos internos si el equilibrio europeo o el orden internacional se ven o pueden verse comprometidos: se legitima y entra en juego en el Derecho Internacional. Su misión es vigilante y policial y actúa bajo el nombre de Santa Alianza. Este sistema implica cierta coordinación y cooperación permanentes entre las naciones que las integran, que van más allá de las meras relaciones comerciales o bélicas, al margen de la ética de su finalidad real, por lo que Inglaterra dudó de su legitimidad y se negó a integrarse.
La realidad económica europea aconsejaba la paz a toda costa y Gran Bretaña, cuna de la revolución industrial, era su principal defensora. Había que crear un sistema de igualdad entre las naciones más importantes (Francia, Prusia, Austria, Gran Bretaña y Rusia). El capitalismo industrial británico necesita expansión más allá de las islas y no puede obtenerla si una Europa unida le hace la competencia; interesa una Europa desunida mediante un “balance of power”.
Así, Gran Bretaña podría exportar capitales y técnica, controlando la competencia en los mercados de la periferia, sobre todo en América Latina, en plena ebullición independentista respecto de España y Portugal, a quienes se relega como primeras potencias en los principales acuerdos del Congreso de Viena y de la Cuádruple Alianza (1815). La garantía de estabilidad la proporcionaría el llamado Sistema Metternich de Congresos, auspiciados por Austria. Pero el sistema n era efectivo, siendo Gran Bretaña, la que retomó la pauta de la política internacional.
Dos puntos de vista, sobre el papel prioritario de Gran Bretaña en este proceso:
1. La directriz de la política exterior británica siempre fue impedir verse excluida del continente, actuando bien como competidor capitalista o bien unificando criterios de actuación. Gran Bretaña no participará en la Santa Alianza argumentando ambigüedad, cuando en realidad escondía una defensa solapada de su modo de entender el Antiguo Régimen, contrario al talante liberal parlamentario británico.
2. Insistencia en mantener abierto, de modo directo o indirecto, el resto del mundo como mercado, algo ya imbricado en su esencia histórica desde las mismas leyes de navegación de Cromwell. Sólo cuando la expansión de la segunda revolución industrial (1860-1914) alcanzó el resto de los Estados europeos, el mantenimiento de su control de los mares y vías marítimas le llevó a un colonialismo de ocupación directa de espacios geográficos de mayor amplitud y entonces se dio paso al imperialismo.
Como ejemplo de las contradicciones que se dan en la mayor parte de los países europeos, Alemania e Italia defienden la unificación, pero dudan acerca de los sistemas políticos posteriores aún por establecer.
Estos vaivenes en la política exterior de los Estados europeos, aparentemente contradictorios en relación a la ideología política gobernante en su momento, son el resultado de la propia
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 4 concepción de la sociedad burguesa europea, inducida desde la Revolución francesa, así como de la necesidad de acceder a las esferas del poder. A lo largo del XIX, el parlamentarismo británico se había afirmado como sistema idóneo de poder civil; la burguesía liberal europea se miraba en la británica cuando conseguía ascender en la escala del poder. Las revoluciones liberales de 1830 y 1848 procuraron el restablecimiento progresivo de derechos y libertades, mas nunca se plantearon alterar el sistema de las relaciones internacionales. En tal sentido, el sistema británico garantizaba vías comerciales seguras, nuevos mercados y hinterlands, desarrollo tecnológico transferible. Ello se mantuvo hasta la década de los setenta en que el capitalismo llevo al imperialismo.
La preponderancia de Gran Bretaña dentro de las relaciones internacionales europeas del XIX no significa en ningún modo que existiese un sistema jerarquizado. El sistema estaba planteado en planos de igualdad, pero también de competencia entre sociedades industrializadas, que estaban obligadas a organizarse y a movilizar todos sus recursos políticos, militares e ideológicos para la expansión mundial del capitalismo como base económica de su desarrollo.
Así, mientras la revolución industrial británica, en su primera y segunda fases, fue siempre obra de la iniciativa privada, en el continente europeo fueron sus gobiernos los que la impulsaron y expandieron. Sólo en Gran Bretaña y Estados Unidos se implantó plenamente el laissez faire. Los alemanes reconocieron que el librecambio propugnado por Gran Bretaña era perjudicial para una economía débil y, en consecuencia, establecieron aranceles proteccionistas y uniones aduaneras, como primer paso en la competencia frente a Gran Bretaña y su supremacía económica.
Las unificaciones de Italia y Alemania (1848-1870) son claros efectos de la dinámica del capitalismo industrial en Europa y nacen, entre otras razones, como mecanismos de protección económica de dichas áreas geográficas, en las que se instrumentalizan hábilmente otros factores ideológicos como el nacionalismo y el liberalismo.
Dentro de este proceso de crecimiento económico mundial se produjo también el desarrollo de una nación: los Estados Unidos de América, un Estado nacido en 1776 en la costa Este de Norteamérica y al que, ya hacia 1820, su Presidente Monroe, daba una proyección internacional específica: “América para los americanos”, confirmada más tarde con el “Destino Manifiesto” (explicaba la necesaria expansión estadounidense no sólo como algo inevitable, sino como un mandato divino. Se debería ocupar todo el territorio continental, desde el océano Atlántico hasta el océano Pacífico). Para calificar esta etapa de la diplomacia estadounidense se utilizaron diversos calificativos, como “diplomacia del dólar” y “política del gran garrote”. Mientras Europa abre los ojos al imperialismo, los Estados Unidos apenas están saliendo de los traumas de la guerra, pero con un claro objetivo: aislacionismo respecto de Europa, mas no del resto del mundo.
2. Las ideologías políticas decimonónicas
El XIX estuvo presidido por una profunda transformación de las ideologías políticas en un plano universal. Las corrientes político-ideológicas que conviven n el siglo fueron:
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 5 2.1. La ideología política de la Restauración (1815-1830)
2.2. El liberalismo (1830-1870) 2.3. El nacionalismo (1870-1814)
2.1. Ideología política de la Restauración
Aunque a partir de 1830 quedan desbancadas como aplicación sistémica algunas de las ideas inherentes a los principios de la Restauración subyacen en la ideología política de las principales estadistas de la Europa Central y del Este en el último tercio de siglo, especialmente en la del canciller Bismarck. Estas ideas conformaron un sistema diferente de relaciones internacionales. El Congreso de Viena y la Santa Alianza no se limitaron a un simple reparto o reestructuración de territorios y fronteras, sino que pretendieron justificar su política, mediante la elaboración de una serie de principios:
1. Legitimismo
2. Responsabilidad Internacional 3. Sistema de Congresos
4. Derecho de Intervención.
Legitimismo: sólo se consigue la paz si al frente de los Estados hay legítimos soberanos, lo que les es otorgado por la titularidad transferida por Dios. Pero esto no tiene nada que ver con el hecho de que el soberano sea o no de la misma nacionalidad que sus súbditos. Las dinastías legítimas son aquellas consagradas por la historia durante siglos. Las ilegítimas se basan en la fuerza y son tan efímeras como su triunfo. El problema radica en la concepción de la soberanía: si se aceptase que el monarca recibe el poder por delegación del pueblo, habría que imponer el juramento previo de una Constitución que limitase ese poder, pero si procediese de Dios, ningún poder terrenal lo limitaría. Surge así la fórmula de “Carta Otorgada” El absolutismo se mantiene, pero se concede al pueblo parte de la soberanía que reclamó en la Revolución francesa.
Responsabilidad internacional: se concibe la idea de potencia: países cuyo potencial económico y militar les hace responsables del mantenimiento del statu quo del Concierto europeo (Austria, Prusia, Gran Bretaña, Francia y Rusia). El resto queda relegado a un plano de segundo orden, permitiéndose que éstas tengan hegemonía sobre las restantes siempre que no se altere el equilibrio europeo. Ostentan la responsabilidad sobre la estabilidad y el orden internacional y, si existen diferencias, éstas se dirimen bien en congresos o bien en la periferia europea.
Congresos: antes que llegar a una situación de inestabilidad generalizada, los conflictos se resolverán con rapidez y eficacia. En verdad sólo fueron efectivos durante el llamado Sistema Metternich (principal diplomático del Congreso de Viena). Más tarde fueron sustituidos por Conferencias con la finalidad de dialogar y negociar pactos o estrategias de paz, siendo al respecto especialmente importantes las de la Haya de 1899 y la de Algeciras de 1906.
Intervención: el orden o desorden de un Estado no es una simple situación interna, pues puede traspasar las fronteras. Por tanto, es lícito intervenir en su proceso interno. Pero no se
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 6 debe simplemente a la cuestión de prevenir el contagio ideológico, sino a evitar que se altere el orden internacional estable, necesario para el desarrollo de la revolución industrial en Europa.
Esta ideología acabó por fracasar en su conjunto debido a que no fue democrática. No se le dio participación a todas las potencias europeas y no todas gozaron de trato parecido frente a ideas como igualdad, libertad y fraternidad, mucho más fuertes y acordes a los cambios socioestructurales del momento. Gran Bretaña cuestionó el legitimismo y su conexión con el concepto de soberanía nacional como excusa para no participar en la Santa Alianza. Sin embargo, los otros tres principios sí cobran importancia, en cuanto que, aun variando en su formulación, se van a mantener durante todo el siglo y, en parte, explican que el XIX fuese un siglo de paz dentro de los confines europeos, con enfrentamientos muy localizados y parciales, llevándose a la periferia los roces existentes.
Crítica:
a) La línea inglesa de Burke, que defiende la libertad y soberanía parlamentaria.
b) La línea alemana, en contra de los desórdenes de la Revolución Francesa.
c) La línea francesa de De Bonald que vuelve a los postulados de la alianza entre el trono y el altar y la de De Maitre que considera la revolución como castigo de Dios.
d) La línea sentimental, mezclada con cierto liberalismo. Chateubriand es el máximo exponente con su exaltación del catolicismo tradicional.
2.2. El liberalismo
Tiene su origen en el siglo XVIII como un movimiento filosófico relacionado con la Ilustración.
Sus primeras pautas provienen del campo de la economía. Adam Smith en su La Riqueza de las Naciones, establece la libertad económica como premisa básica de progreso y desarrollo económico. Las ideas de libre empresa, libertad de enriquecimiento y libertad de mercado son desarrolladas por autores posteriores y acompañan en todo momento al liberalismo, que precisa de ello para la expansión de la revolución industrial. Su traslación al campo político proviene de Benjamin Constant. Su obra De la Libertad de los antiguos comparada a la de los modernos establece su base filosófica: cada individuo consiente en sacrificar parte de su libertad para asegurar el resto, pero si la autoridad invadiera toda la libertad, su sacrificio no tendría objeto”. Por lo tanto, la libertad es el valor absoluto del hombre, por encima del propio Dios, al que se le reconoce dentro de un vago deísmo. La libertad del ser confiere autonomía a la razón, por lo que todo ha de seguir un proceso racional. Ello desarrolla el racionalismo en todos los órdenes. La naturaleza que envuelve la vida del ser humano es la primera en ser un ente racional es igualitaria en el ciclo de la vida. Por lo tanto, nada escapa al orden natural, ni la moral, ni el derecho, ni la ciencia.
Esta corriente ideológica adquiere en su aplicación práctica diferentes matices y caracterizaciones, según el momento y el lugar. En un principio, al menos en el primer tercio de siglo, quedó reducida al ámbito de los eruditos y los intelectuales, como un movimiento fundamentalmente cultural. Más tarde se extenderá al ámbito político, social y económico. De sus tres ideas básicas (libertad, racionalismo e igualdad) se deducen varias consecuencias. La libertad confiere autoridad sobre uno mismo, y, para que exista convivencia social, sin roce
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 7 entre las diversas inquietudes o aspiraciones, la sociedad debe organizarse en un Estado mediante el consenso social, donde uno o varios representantes establecidos por la sociedad coordinen la complejidad de los intereses. Para lograrlo es fundamental el principio de la tolerancia respecto a las ideas o la libertad de los demás y todos han de ceder en ello. El conocimiento racional de las cosas permitirá el desarrollo de este espíritu y por ello la educación es básica dentro del sistema liberal. En él la moral es individual y subjetiva, por lo que no implica obligaciones colectivas. En tal sentido la religión es algo externo al hombre y por lo tanto hay que desprenderse de ella racionalmente, separando Iglesia y Estado.
Principio de igualdad: el Estado liberal ha de establecerse sin privilegios y sus representantes deben ser elegidos por todos sus miembros por igual, en absoluta libertad. De ahí la búsqueda de sistemas electorales participativos y el secretismo que ampara al voto individual. Ambos principios, conciliados, desembocan en una concepción individualista, que, en el plano de las relaciones internacionales encuadran el liberalismo en una visión que se correspondería con el realismo político.
En el plano teórico, Hayek en Fundamentos de la libertad, distingue dos concepciones teóricas en el liberalismo:
1. La anglosajona, vinculada a los filósofos escoceses Hume, Smith, Burke y Paley, entroncada con el common law o derecho común de la jurisprudencia británica.
2. La francesa, simbolizada por los enciclopedistas como Condorcet. Constant, Montesquieu y Tocqueville pertenecen a la línea anterior.
El liberalismo se identifica a veces erróneamente con la democracia, pero no es lo mismo. El liberalismo pretende la acción libre de los individuos, en el más amplio espectro posible. Lo más difícil es controlar ese poder que el ser humano tiende a incrementar innatamente.
Aparece, pues, el liberalismo ligado a la idea de progreso. Es una noción también algo confusa, que implica avance, desarrollo hacia delante, hacia más y mejor: el que no se integra en este sistema queda fuera, queda excluido y no se le da apenas participación en ese progreso.
El liberalismo, en su concepción originaria relacionada con la idea de progreso estaba ligado a la ampliación progresiva de libertades que controlasen el poder interno y externo de los Estados. Y, en tal sentido, el liberalismo político conectó con las concepciones democráticas de la Antigüedad. En el concepto democrático de la antigua Grecia, el poder político tiene la fuerza que le otorgan los individuos que componen la sociedad. No se trata de servilismo hacia una persona o una institución, sino de un sistema instituido libremente por hombres libres, y consentido por sus iguales. Para evitar la tendencia humana hacia el abuso o el exceso de poder se ponen límites, separándose cuidadosamente el ejercicio de gobierno del meramente administrativo. El primero se encarga de lo común, pero no distingue bien entre la esfera pública y la privada, mientras que en el segundo éstas acaban mezcladas.
EL liberalismo inglés pretende corregir tal desviación de la democracia pura. Su objetivo ha de ser garantizar la libertad de la comunidad contra peligros internos y externos, en especial las amenazas contra la vida y lo que se considera legítimamente propio, es decir, la propiedad.
Toda acción se considera válida si no provoca consecuencias contrarias a la libertad.
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 8 Los partidos políticos, en aras de la obtención de votos, incluyen la forma política en sus puntos programáticos, junto con numerosas promesas de reformas y progreso que, en definitiva, hacen que en el continente europeo se confundan con mucha frecuencia los términos de liberalismo y democracia. Un ejemplo muy significativo fue el caso de España. A partir de 1840 se establece el liberalismo y los partidos adoptan las nomenclaturas de
“moderados” y “progresistas”, pero ambos participan por igual del liberalismo; durante el Sexenio revolucionario a los liberales moderados se les aparta del poder y junto a los progresistas aparecen otros grupos llamados “demócratas” y “republicanos”, todos igualmente liberales, aunque la población los va identificando por sus programas concretos y así la confusión terminológica crece. Su mala experiencia política llevó a los políticos liberales a recapacitar y las libertades se adscriben a dos bandos: liberales conservadores y fusionistas liberales, quedando fuera de juego demócratas, republicanos y socialistas, por plantear la forma del régimen como asunto prioritario para participar en él. La confusión entre democracia y liberalismo fue total.
Durante el XIX el liberalismo doctrinario francés fue llevado al plano de la actuación política directa desde el propio sistema napoleónico. Será defendido por la burguesía revolucionaria que hará partícipe de él a toda a población, en sus procesos revolucionarios de 1820, 30 y 48, incluidos campesinos y obreros. Pero, en esta última fase del proceso se apartará de estos grupos, pues la divergencia de sus intereses le lleva a no reconocer para ellos lo que en un principio reivindicaba para todos, en especial el sufragio universal. Miedo y egoísmo se conjugan para implantar la fórmula reaccionaria de limitar el acceso al poder o a la toma de decisiones, son los sufragios censitarios.
A lo largo del XIX habrá, pues, tres planos diferentes de liberalismo: el económico que propugna el laissez faire o librecambismo; el político, que defiende el principio constitucional;
y el intelectual, que defiende los derechos y libertades, con interés principal a lo largo de todo el siglo. A veces se manifestaría con un fuerte cariz de violencia y, sobre todo, con un sentimiento de individualismo. Esta tendencia destaca al individuo entendido como el ser primario de la sociedad, pero a su vez necesitado de los demás para funcionar; de ahí su organización en partidos fuertes, en asociaciones empresariales o pseudo culturales o bien en grupos clandestinos unidos por lazos de fraternidad al modo de logias. El liberalismo es, pues, un movimiento unitario y contradictorio, protagonizado principalmente por la burguesía decimonónica que se manifestará en la propagación de las revoluciones por toda Europa, seguida del freno de las mismas en el momento en que rebasan sus propósitos y aspiraciones.
Si se analizan las revoluciones del XIX se observan unas constantes que nos indican que el proceso era siempre igual: crisis económica que desencadenaba crisis política, los estudiantes se manifestaban en las calles y un grupo armado intentaba asaltar el Congreso; si el ejército las respaldaba, la revolución proseguía: se producía el nombramiento de un gobierno provisional, se realizaba una convocatoria de elecciones por sufragio universal, se asistía a enfrentamientos con los contrarrevolucionarios y a una expansión de la revolución, con un programa similar en las capitales de provincias o departamentos. Si el gobierno se consolidaba se proclamaba una Asamblea Constituyente y se esperaba la reacción de los Estados vecinos, en los cuales se habría producido un movimiento parecido. A veces se prefería distraer a las
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 9 fuerzas revolucionarias para evitar que la Sana Alianza actuase o que los Estados vecinos enviasen tropas de apoyo aunque se supiese que la revolución no iba a triunfar.
Revoluciones más destacadas:
- España: la de 1820, la del Almirante Riego en Cabezas de San Juan.
- Las de Hispanoamérica que le dieron su total independencia (1810-1824).
- Las revoluciones de 1830 que derribaron la monarquía de julio en Francia y dieron la independencia a Bélgica y Grecia.
- Las revoluciones de 1848 que implantaron un sistema constitucional y la separación de poderes en el ámbito continental como logros definitivos de la sociedad decimonónica y dieron pie al comienzo de las unificaciones de Italia y Alemania, culminadas en 1870.
- La revolución irlandesa de 1856.
- La Guerra de Crimea y el inicio de la descomposición del Imperio Otomano.
- La Gloriosa española de 1868.
- La de la Comuna de París de 1871 y la III República Francesa.
En adelante, el liberalismo se divide en tendencias más o menos conservadoras respecto de los progresos logrados o la búsqueda de otros nuevos, agrupados en diferentes partidos políticos, según la amplitud de libertades que se defiendan y según la amplitud del sufragio concedido a la sociedad. La defensa de la libertad individual, la de expresión, la separación entre Iglesia y Estado, las reformas agrícolas infraestructurales, reformas electorales, forma de la soberanía, compartida o nacional, limitaciones a los poderes del Estado, librecambismo o proteccionismo:
estas serán las cuestiones básicas del liberalismo burgués, imperantes en la política europea durante todo el XIX.
Instrumentos de expansión del liberalismo: centros educativos (universidades, liceos, institutos); desarrollo de la prensa; el ejemplo de las democracias anglosajonas; la propia evolución del capitalismo que exigía mas libertades económicas para su desarrollo y derivándose de ellas las políticas; el romanticismo, como expresión literaria y artística del liberalismo, que aportó una carga sentimental.
Instrumentos de acción: reaparición de unas instituciones ocultas, conocidas como
“sociedades secretas” con un carácter universal de sus postulados y la puesta en marcha de principios de solidaridad.
2.3. El nacionalismo
Aparentemente, el nacionalismo es un movimiento político ideológico nacido en el XIX al calor de la Revolución francesa, cuando unos individuos considerados libres y soberanos para el ejercicio de los derechos recién conquistados reclaman autodefinirse como miembros de una nación mediante el sufragio, el cual se otorga a aquellos que ostenten una homogeneidad cultural e histórica comunes. El Romanticismo, como expresión literaria y artística del liberalismo, exaltaba en un principio sólo los postulados de libertad y fraternidad revolucionarios, pero pronto se inclinó hacia postulados nacionalistas. El sentimiento nacionalista había nacido por inspiración de una idea revolucionaria: la autodeterminación.
Todo pueblo tiene derecho a disponer de sí mismo y los franceses, que transmitieron esa idea
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 10 al implantar el sistema napoleónico, hicieron reclamar para sí dicho principio a los pueblos dominados. Algo parecido ocurrió en América.
A partir de 1815 el arbitrario reparto de comunidades de diferente nacionalidad en Europa hace que esta idea recobre sentido. Ahora bien, esto va siempre acompañado del liberalismo, utilizando sus mismos instrumentos. Del concierto de Viena surgieron: dos naciones desunidas (Italia= 7 Estados, Alemania= 39) dos Estados plurinacionales, el Imperio Austro-Húngaro donde conviven alemanes, checos, eslavos, croatas, húngaros, rumanos, italianos y serbios, y el Imperio otomano integrado por turcos, griegos, búlgaros, albaneses, rumanos y serbios.
Además, nueve nacionalidades sometidas a otras: Irlanda a Gran Bretaña, Noruega a Suecia;
Schleswig y Holstein a Dinamarca; Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, a Rusia.
La idea de nacionalismo es muy difícil de definir. La filosofía alemana la identifica más con un sentimiento que con un término jurídico político, e implica desarrollo de uno más difuso
“nación”. Ya en la Biblia se distinguía entre nación judía y naciones gentiles. Para el judaísmo era y es una especie de selección divina dentro del conjunto de las sociedades humanas como miembros de un pueblo elegido. Es por lo tanto, un ámbito de vida que no tiene que coincidir obligatoriamente con una estructura de poder determinada.
En verdad, es un concepto que agobia y que se elude, del que todos opinan con amor y vehemencia, en términos filiales, es decir, siempre con criterios de parentesco, lo que se intensifica cuando se viaja fuera de las fronteras propias. El nacimiento de las lenguas romances, mezcla de otras lenguas indoeuropeas, varió las etimologías y confundió los términos.
El Renacimiento supuso una ampliación del mundo conocido y el surgimiento del Nuevo Mundo impuso unos cambios políticos y económicos que obligan a la reflexión política y a la fijación, no sólo teórica, sino también práctica, de otros conceptos y realidades. Las fronteras se fijan. La ampliación de los territorios de origen no implicaba a veces la creación de nuevas naciones, aunque la integración de pueblos étnicamente muy diferentes.
El concierto de las naciones surgido tras la Guerra de los Treinta años mostró especial interés en perfilar fronteras, no bien definidas hasta entonces, y en tal proceso los soberanos se toparon con que las naciones estaban divididas a veces. Eso no habría tenido importancia en un mundo feudal, ni en un mundo pseudofeudal como el del Barroco, pero la ambición de hegemonía territorial de las casas reinantes europeas y las nuevas coordenadas de poder, es decir, la economía capitalista comercial que Inglaterra desarrollaba desde el régimen de Cromwell, llevaba a plantear cuestiones como la identificación de las personas dentro del principio internacional de la nacionalidad, es decir, la confirmación legal de la pertenencia o no a una determinada nación configurada como Estado. Y ahí surge el problema, al no ser todos los Estados homogéneos. La idea más inmediata y sencilla es la de identificar a todos los que viven en un mismo Estado, entendiendo que todos han de pertenecer por igual a una comunidad de lengua, costumbres y tradiciones populares con una trayectoria histórica común originaria. Algún rasgo puede diferir y eso no tiene por qué obstaculizar el funcionamiento interno, pero en el plano internacional es conveniente adscribir una nacionalidad a los pobladores del reino o república: un buque debe navegar bajo un pabellón determinado, un
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 11 contrabandista o un pirata deben dar cuenta de sus actos y, si son apresados, los Estados a los que pertenecen, deben responder por ellos.
De aquí el paso de la idea de nación a una concepción meramente política es mínimo:
individuos libres y soberanos que, pertenecientes a una nación determinada, reclaman su derecho a la autodeterminación, mediante el voto nacional que se le otorga inicialmente a quien disponga de una homogeneidad cultural y lingüística con sus connacionales, o bien simplemente de una voluntad de pertenecer o conformar una nación.
AL igual que el liberalismo, el nacionalismo nació como patrimonio de las minorías intelectuales y posteriormente fue indoctrinado sobre el pueblo, que por su carácter sentimental, lo acogió fácilmente. La literatura, el arte, el teatro, tuvieron a través del Romanticismo su más genuino vehículo de difusión. Se implantan las lenguas nacionales en las universidades, se publican gramáticas, se rescatan las leyendas medievales y se recupera el arte medieval mediante los revivals, se recopilan cuentos populares y se exaltan las gestas heroicas, de tiempos remotos. Las óperas de Wagner o de Verdi difunden con intensidad estos sentimientos; las “Exposiciones Universales” son un alarde de progreso, pero también de orgullo nacional de quien las patrocina; las Sociedades Científicas muestran interés por la Antropología, por la Arqueología, por la Etnografía, por la Geografía, por la Historia, pero siempre conectando todo ello con la idea de revalorizar el nacionalismo.
Es curioso apreciar cómo el pueblo judío sí tenía un auténtico sentido de nación, siempre ajeno al Estado; precisamente su negativa a integrarse en otras naciones, fue un factor importante que provocó que tuviera siempre la animadversión del resto de las naciones europeas con la que convivía. Hasta finales del XVIII, pueblo, nación y Estado se confunden en los textos políticos e históricos, hasta que en la Revolución Francesa se invoca a la nación como síntesis de la voluntad popular, provista de fronteras naturales con una historia y lengua comunes. El nacionalismo, en su acepción actual, es un concepto nuevo, contemporáneo, desarrollado y exaltado en el XIX según las pautas indicadas.
Las dos corrientes teóricas fundamentales en el nacionalismo fueron:
- El romanticismo: busca lo particular de cada pueblo y le lleva a una revalorización de épocas o costumbres del pasado.
- El racionalismo: vertiente derivada del positivismo. Contempla los aspectos de la realidad social en tanto que son comunes y universales. Los seres humanos son todos de la misma especie, pero no todos tienen un mismo destino, ya que sus capacidades, más la realidad social adquirida, son diferentes, de ahí las realidades históricas diversas.
3. La sociedad del siglo XIX. Estructura y problemas sociales
Desde la aparición del marxismo, la sociología ha intentado analizar la estructura de la nueva sociedad industrial europea a lo largo de la segunda mitad del XIX. Se trata de definir criterios que permitan calificar a los individuos en grupos y, a ser posible, explicar el dinamismo de las fuerzas sociales.
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 12 Para Karl Marx la división del trabajo entre el campo y la ciudad es la premisa fundamental que marcó desde la Antigüedad unas relaciones de dominio entre unos grupos y otros dentro de una misma sociedad.
Una de las primeras consecuencias de la revolución industrial fue el desarraigo del campo de enormes cantidades de población, que acudieron a la ciudad para trabajar en la industria. Las primeras generaciones que protagonizaron este éxodo rural se seguían considerando campesinos y tardaron en considerarse a sí mismos obreros.
Para la escuela francesa neomarxista la sociedad del XIX fue una sociedad clasista, de clara oposición entre dos fuerzas sociales, proletariado y burguesía.
3.1. Proletariado y movimiento obrero
Miseria, desarraigo y hacinamiento constituyen la primera consecuencia de la revolución industrial. El movimiento migratorio del campo a la ciudad es cuatro veces superior al de la época de los descubrimientos del XV. La revolución industrial vino propiciada por una revolución demográfica, que aún la estimuló más. Sin vivienda ni infraestructura para toda esa población, ello provocó la extensión de la miseria y un abuso de la burguesía, al contar con un exceso de mano de obra en el mercado de trabajo. Ello propicio situaciones laborales injustas como la “ley de hiero de los salarios”, la contratación abusiva de mujeres y niños, la libre contratación y despido, la ausencia de protección legal en materia laboral y sanitaria, todo lo cual generó penosas condiciones de vida para los obreros, que no tardaron en tomar conciencia de clase y poner en marcha el llamado movimiento obrero.
Los originales formulaciones teóricas de este movimiento son las conocidas como:
1. Socialismo utópico:
2. Anarquista: que tuvieron prefere3ncia por el sector agrario desdeñado por Marx.
3.1.1. La clase obrera en Gran Bretaña
La población obrera en Inglaterra está claramente definida ya hacia 1840. Para entonces constituye la cuarta parte de la población. Charles Dickens lo refleja en sus novelas.
Se trata de obreros nacidos ya en la ciudad, que no conocen otro tipo de vida; son hijos de obreros que trabajan desde la infancia. Existe cierta estratificación social: en lo más alto se sitúan los obreros especializados. A continuación están los obreros semiespecializados. A continuación los obreros sin formación. Les siguen los trabajadores domésticos y finalmente, los peones.
Cabe destacar que, en el caso británico, en su mayoría, los obreros son escoceses y sobre todo irlandeses, a la espera de reunir el dinero suficiente para emigrar a América. En el último peldaño están los inadaptados.
3.1.2. La clase obrera francesa
Cuatro áreas de implantación obrera:
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 13 - Región parisina: artesanía artística, alimentación, confección y metalurgia.
- Norte de las Ardenas: industrias textiles y pequeña metalurgia.
- Normandía: industrias textiles.
- Región de Lyon: industrias textiles y metalurgia.
En la escala jerárquica, se encuentra primero el trabajo artesanal, que se considera un oficio noble.
En Francia existe una gran disparidad entre los salarios, lo que hace muy difícil catalogarlos, como ocurre con los ingleses. Por un lado, se produce la diferencia entre el trabajo artesanal y el de la gran industria. Después, la dispersión geográfica y la deficiente concentración implican una baja mecanización. Aun así la productividad aumenta y con ella los salarios y el coste de la vida.
3.1.3. La clase obrera alemana
En Alemania la clase obrera nació con posterioridad a la de Inglaterra y Francia, pero se desarrolló a un ritmo más rápido y con peculiaridades propias. Su primera característica fue la fuerte concentración regional, así como un desarrollo jurídico apropiado. El corporativismo artesanal había desaparecido entre 1860 y 1870. Y en la década siguiente se organiza un sistema de mutualidades contra enfermedad, invalidez, accidente y vejez, que colocan al obrero alemán en una situación ventajosa. También hubo una actitud paternalista por parte del empresario, que proporcionó vivienda en condiciones a los obreros, salvo en Berlín.
Con el aumento de la productividad aumentaron los salarios.
Pese a la mejora de las condiciones de vida del obrero alemán frente al inglés, fue precisamente allí, en Alemania, donde Karl Marx fundó la Internacional Socialista. Tras el fallecimiento de K. Marx fue precisamente en Alemania donde surgiría, ya a principios de siglo, la idea de un socialismo reformado, admitiéndose la vía democrática electoral como medio de ascenso al poder.
3.2. Las burguesías
En el siglo XIX es la clase con futuro, elogiada por el mismo Marx en el Manifiesto Comunista, en tanto que demostración de lo que puede conseguir la actividad humana.
3.2.1. La burguesía inglesa
En la Inglaterra victoriana la burguesía se llama a sí misma Middle Class. Engloba al rico industrial, al negociante, al fabricante próspero, al médico, al abogado, al obispo, pero también al campesino rico, al tendero y al encargado de comercio. Límites: tanto hacia arriba como hacia abajo. Existía una barrera que la separaba de la aristocracia tradicional y otra que la apartaba de todos aquellos que no eran considerados “respetables”.
LA primera característica: exiguo número (apenas el 5% de la población hacia 1840).
Educación: un burgués procede generalmente de la nada.
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 14 Ahora bien, la compenetración con la aristocracia no se produce por imitación de la primera a la segunda, a medida que sus capitales aumentan, sino a la inversa; es la aristocracia la que se adhiere al nuevo código moral victoriano, no sin fuerte influencia de su estilo de vida sobre la propia corte real.
A este sector se suma la pequeña burguesía (20%de la población). Se localiza en los condados, los landlords (señores agrícolas) y granjeros capitalistas acomodados. Ciudades: gestores de las sociedades, los comerciantes y empleados acomodados y funcionarios ajustan su modo de vida a las formas victorianas. A ellos se suma un alto porcentaje de población asalariada obrera (30%) que intenta seguir un modo de vida burgués y se considera a sí misma gente respetable de clase media, siendo precisamente este aspecto de vida burguesa el que impera en Inglaterra durante todo el XIX. Aunque con gran diferencia de ingresos, el modo de vida es muy uniforme y contagia a la clase obrera.
3.2.2. La burguesía alemana
No fue hasta la creación del Imperio cuando la burguesía alemana cobró fuerza, aun cuando su enriquecimiento general fue paralelo a la mejora de la clase obrera. Más que en ninguna otra parte, existen diferentes burguesías:
- Burguesía liberal tradicional: urbana, orgullosa de su historia y sus libertades. Se fusiona con la Burguesía comercial y ambas son el principal foco nacionalista del país.
- Burguesía capitalista: motor de la revolución industrial y financiera. Sus capitales proceden de la empresa privada pequeña (banca, comercio, inventores, artesanos, ingenieros). Se preocupan tanto por la calidad como por la cantidad de su producción, así como también por el bienestar obrero a fin de mantener su productividad. Ellos les supone una vida ejemplar ante los operarios. Son austeros, disciplinados, trabajadores y con pleno dominio de la técnica y enseñanzas.
- Alto empresariado o barones de la industria: quieren imitar a la nobleza en sus pautas de vida, sin ser aceptados por ésta plenamente. Sólo una minoría de la mediana burguesía logra mezclarse con la aristocracia a través de la alta administración o el ejército.
3.2.3. La burguesía francesa
Es sensiblemente diferente a la británica y alemana. Su nivel de vida burgués no lo debe a la economía, sino a su participación en la política y a su influencia en la administración, bajo todos los regímenes que vivió Francia desde la propia Revolución francesa. Formada por rentistas, latifundistas y funcionarios. Proporcionalmente más numerosa que en otros países, aunque menos adinerada. La noción del ahorro es esencial para definir al burgués francés.
En la cumbre reina la alta clase parisina: directores de bancos, compañías marítimas y ferrocarriles, corredores de bolsa, médicos y abogados eminentes, políticos y propietarios de fincas. Le siguen los burgueses provincianos, relacionados con la política y la administración departamental, así como los rentistas.
Después vendrían los empresarios industriales: desconocen la vida de las fábricas, ni se preocupan ni relacionan con los obreros; son simples inversores que quieren colocar sus
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 15 ahorros. La inmensa mayoría de los que acumulan ahorros prefiere invertir en la tierra y se convierte en grandes rentistas. Por debajo de ellos hay una pequeña burguesía de tenderos, comerciantes, oficinistas, estudiantes.
3.3. La aristocracia europea
Francia es una excepción, ya que en ella la aristocracia ha perdido antes que en otras partes sus privilegios legales, el puesto dominante que ocupaba en los engranajes del Estado, la alta administración y el ejército. Aún así, se destaca la curiosa supervivencia de la aristocracia como signo de estabilidad de las estructuras sociales el XIX.
En el resto de las naciones, la aristocracia sigue constituyendo un grupo dominante, a la vez que triunfa la segunda revolución industrial. Su base económica, la tierra. En provincias la aristocracia ejerce una fuerte influencia en los centros de decisión, hasta el punto de que el sistema electoral inglés de preferencia al medio ambiente rural que al urbano.
De todas, la más poderosa fue la inglesa. Las mayores fortunas son las de las Pares e Inglaterra, que ocupan en exclusiva la Cámara de los Lores. A la nobleza se accede por nacimiento, matrimonio, honor militar o político.
Si bien Inglaterra no es un país agrícola, una hábil explotación de la tierra orientada hacia la ganadería permitía abonar a los arrendatarios elevadas rentas de ellas viven los landlords. La mayoría de las minas pertenecían a la nobleza. Se obliga a sí misma a una elevada educación en las public schools; las viejas universidades de Oxford y Cambridge le están reservadas. La aristocracia se hace capitalista por ósmosis e imitación de la burguesía, manteniendo sus rasgos nobiliarios.
El caso de la aristocracia alemana es diferente. Mucho menos adinerada que la inglesa y procedente en su mayor parte de las filas militares, sólo destaca la figura del Junker prusiano, quien cultiva la tierra a través de un administrador y de obreros agrícolas, y confía las tierras marginales a aparceros medianeros. Pero él se encarga personalmente de su comercialización.
Concibe sus tierras como una empresa agrícola y ello le favorece a partir de 1870, momento en que no sólo trabaja la tierra sino que transforma sus productos, sobre todo, en destilerías de cerveza y empresas azucareras y transformadoras de cereales. En Prusia dominan las Cámaras y los Consejos provinciales, y también la administración, el ejército y la diplomacia. Hacia 1880 tienen que ceder poder ante los barones del acero, alta burguesía a la que detestan, pero que cobra importancia con la expansión de la segunda revolución industrial.
Francia: se trata de una nobleza nueva, creada durante el II Imperio, junto a algunos restos de la tradicional. Es una nobleza pobre, dueña de tierras y algún castillo, y sólo aquélla que reinvierte en la transformación de sus productos consigue una posición desahogada. No tienen influencia en la esfera política local, salvo en momentos de crisis, en que son llamados para cooperar en el destino del Estado. Sí participan en la política central como diputados en el Parlamento, aunque sólo una cuarta parte. Ingresan en el ejército y en el cuerpo diplomático.
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 16 3.4. El Campesinado
Grupo social más numeroso y tradicional y por ello el menos llamativo y estudiado. Muy heterogéneo procedente del antiguo estado llano, intenta asemejarse a la clase media o a la clase obrera en razón de sus posibilidades económicas o sus esquemas ideológicos. Hay fuertes diferencias entre unas áreas geográficas y otras.
En Inglaterra se trata de un mundo marginado socialmente y minoritario (10%). En la cúspide:
campesinos ricos, antiguos colonos descendientes de los vencedores de la revolución de Cromwell o beneficiados por la Enclosure Acts del XVIII, que han superado las crisis agrícolas, llegando algunos a convertirse en landlords. Se encuentran en este grupo los cottagers, abundantes en Escocia e Irlanda, que poseen una casa aunque sin tierras apenas y que trabajan intensivamente el campo, aunque su rendimiento sea insuficiente para todo un año.
Muchos de ellos son expulsados de sus tierras cada vez que hay crisis agrícolas, y de ellos se nutre gran parte de la emigración a América del siglo XIX.
Alemania: coexisten dos sectores: uno enclavado en las sociedades rurales de Europa Occidental, el otro en las sociedades rurales de Europa central y oriental. En el Este del Elba, hasta los años sesenta, no se produce la emancipación campesina respecto de las servidumbres feudales, si bien los Junker ostentarán hasta 1889 derechos legales sobre sus campesinos. Estos pertenecen a tres categorías:
- Pequeños propietarios: siempre con malas tierras.
- Colonos aparceros de los Junker.
- Simples aparceros.
En la zona de la Alemania Occidental el campesino es independiente e incluso acomodado, explota personalmente sus tierras con ayuda de su familia o bien es arrendatario de buenas tierras. Entre 1870 y 1880, comienzan a aparecer en Alemania cooperativas, que renuevan todos los métodos de cultivo y recurren a créditos agrícolas.
Francia: el campesinado es tan numeroso como en Alemania, pero su evolución es más lenta.
A finales del siglo Francia es todavía un país de campesinos amantes de la tierra, libres y algo hostiles a las innovaciones. Es el país más rural de toda la Europa occidental, donde la mayoría vive en el campo. Constituye en Francia la mitad de la población activa hacia 1880. La mitad son dueños de sus propias tierras, por pequeñas que sean las parcelas. La cuarta parte son colonos y aparceros de tierras de burgueses o nobles; el resto son jornaleros. Son muy individualistas y rehúyen las formas cooperativistas al menos hasta 1890.
Otros rasgos regionales en Francia: la cuenca parisina dominada por colonos capitalistas que emplean jornaleros asalariados y tienen un mercado nacional asegurado en el Norte. Destaca la alta productividad de la agricultura francesa, pese a no usar abonos ni maquinaria moderna, todo ello a base de un trabajo muy intensivo y dedicado. El campesinado francés vivió ajeno a los grandes avances de la industria y los transportes, manteniéndose como un mundo estable, sin reivindicaciones especiales.
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 17 3.5. Las estructuras sociales en otras áreas geográficas
Los demás países europeos siguieron una evolución que les asemeja en mayor o menor medida a los modelos ya expuestos. Las naciones del Este de Europa, incluida Rusia, se aproximan más al modelo prusiano. Austria y Croacia se asemejan al modelo occidental alemán, al igual que Italia y Grecia. España y Portugal son más difíciles de catalogar. Portugal sigue el modelo francés. España se aproxima más al inglés que al francés, si bien las fortunas aristocráticas no alcanzaron nunca los niveles de las inglesas. La aristocracia española, conocida como los Grandes, seguía abarcando a los más ricos del país, con claro dominio en las esferas políticas locales. Plano político nacional: se asentó la burguesía definitivamente hacia la década de los setenta. Los nobles se mezclaron con ella, especialmente con la burguesía relacionada con la industria y el comercio. Favorecidas ambas por las desamortizaciones eclesiásticas, pues pudieron comprar fincas que convirtieron en cotos de caza y recreo, a diferencia de los ingleses no especializaron sus propiedades ni los mecanizaron, con lo que el campo español sufrió un grave proceso. La mediana burguesía fue ganando terreno, sobre todo la procedente de las filas industriales de Catalunya y el Levante. Fue ésta la que impuso unas formas de vida nuevas e impulsó el crecimiento económico del país a finales del siglo.
El proletariado español fue poco fuerte y poco numeroso vivía en mejores condiciones relativas que el europeo, debido a los bajos niveles de industrialización del país y se agrupaba en sindicatos dependientes de caciques locales, directamente relacionados con los nobles y la alta burguesía: escalas cesantes, militares, funcionarios, tenderos, incluso sirvientes que acudían a escuelas públicas y buscaban el ascenso social mediante el estudio o la paciencia continua, situados tras alguien influyente. En último lugar, los campesinos, como en Francia, la inmensa mayoría de la población, aunque sus niveles de vida eran mucho más bajos. Con excepción de la zona de Levante y Catalunya, que logran subsistir, la mayoría son jornaleros de los grandes latifundios del Sur, con trabajo estacional, sin reglamentación adecuada y en condiciones de vida ínfimas. Por este motivo, el anarquismo sería un movimiento social más aceptado en España que el marxismo y protagonizaría serios enfrentamientos sociales a finales y principios de los siglos XIX y XX.
4. El gran imperialismo o el delirio del imperialismo europeo
La palabra imperialismo comenzó a utilizarse en 1840, en una fase del desarrollo económico europeo que le impulsa a una proyección mundial. Designa conjuntos políticos caracterizados por una extensión territorial multicontinental y una heterogeneidad nacional, étnica y cultural.
El nuevo o gran imperialismo consistía en una gran empresa colonial que debía transformar a un tiempo colonia y metrópoli dentro de la dinámica revolucionaria del XIX. Es una consecuencia directa de la segunda revolución industrial más que del capitalismo en sí, y no es hasta 1870 cuando se inicia con un carácter diferente al que hasta entonces había tenido. La diferencia esencial con los imperialismos anteriores radica en que no se rige por cánones hegemónicos, mercantilistas o bien por el afán de explotaciones parciales, sino por una totalidad de acciones políticas, económicas, sociales, culturales, que suponen el completo dominio del territorio a conquistar y marcan diferencias de poder o fuerza con las otras metrópolis europeas.
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 18 El materialismo histórico fue la primera teoría explicativa del fenómeno, ya en el XIX. Para ellos el fenómeno se debe al exceso de acumulación de capital, beneficiando sólo a una minoría. Hobson: es una distorsión del capitalismo provocada por sus beneficiarios que hacen degenerar incluso el sistema democrático.
De acuerdo con el materialismo histórico, formulado en los escritos de Marx, Engels y Lenin, en cada época histórica el sistema económico imperante determina las necesidades de la existencia, la forma de organización social y política, así como los aspectos religiosos, éticos, intelectuales y artísticos de cada época.
Otros marxistas (Hilferding, R.Luxemburgo) insisten en los problemas financieros de expansión de capitales, reinversiones, plusvalías en el extranjero, etc. Para Lenin, el monopolio sustituye a la libre competencia típica del capitalismo: se exportan capitales en vez de mercancías.
Sin embargo hoy, estas ideas no tienen vigencia. Schumpeter sostiene que el imperialismo no se debe sólo a factores económicos, sino que se mezclan con posturas agresivas, ideológicas y políticas. De su obra se derivan diversos factores interpretaciones en función de cada potencia.
Inglaterra: rueda de molino atada al cuello. Alemania: más interés en la unificación que en salir de Europa. Francia y Rusia: invirtieron más capital en l extranjero que en sus propias colonias.
Los aspectos económicos fueron importantes. En su primera fase, los enclaves fueron colonias de explotación mercantil, bases comerciales en la costa, sin penetración en el interior. Factores sociales incidieron en las colonias de poblamiento (Canadá, Australia, Suráfrica). Factores geopolíticos en colonias de posición o Estados tapón (Túnez, Birmania, Afganistán) por razones de equilibrio europeo. Algunos historiadores consideran conveniente establecer una tipología, según cada modelo nacional, mediante coordenadas cronológicas.
Clasificación más habitual. Diferencia 4 tipos de factores de expansión:
Factor demográfico: en 1870 la población europea era de 300 millones. En 1914, 400 (27% mundial). Europa no podía asimilar tal flujo poblacional y aumentó el movimiento migratorio, sumado a un fenómeno de emulación unido al nacionalismo:
derecho del emigrante a no romper lazos con la patria de origen o a solicitar protección de la nación de origen.
Factor económico: antes de 1870 Francia, Inglaterra, Alemania, Holanda y Bélgica invierten capitales a modo de préstamos, realizan construcción de ferrocarriles y puertos. En 1873 se da superproducción lo que genera:
- Búsqueda de nuevos mercados sin barreras proteccionistas.
- Establecimientos de medidas proteccionistas en las economías nacionales.
- Caída de los precios y nuevo aumento de los movimientos migratorios.
La busca de nuevas minas y materias primas provoca la aparición de europeos en zonas no codiciadas antes (belgas en Congo, franceses en Indochina, ingleses en Egipto). También incide en ello el sistema creditico: Credit Lyonnais o Banco de Paris con capital público y privado invierten en las colonias. También influyó la segunda revolución industrial en el progreso técnico en armamento y medios de comunicación, lo que facilitó la expansión del sistema mediante grupos de presión.
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 19 Factor político: las claves geopolíticas fueron la seguridad o la consecución de logros de posición estratégica en un área determinada. Si existía el equilibrio de poder en Europa también debía haberlo en el ámbito internacional. Junto a la idea de seguridad se desarrolló la de grandeza y prestigio. Si se producían derrotas en Europa se trataba de compensarlas con victorias en las colonias. Además destacan las necesidades energéticas para mantener posiciones geoestratégicas lo que induce al control de otras (centros de avituallamiento de las rutas oceánicas).
Factor ideológico: uno de los aspectos más debatidos por los parlamentarios decimonónicos. Por un lado, el nacionalismo fue una de las causas del imperialismo. La exaltación de la raza blanca como civilizadora, con el darwinismo colonial: la raza mejor dotada por la naturaleza sobrevivirá en un mundo salvaje que será desbarbarizado. Paradójicamente se expande el filantropismo, y los ideales de justicia y fin del esclavismo, la tortura el hambre, la superstición y la suciedad. Reaparecen asociaciones religiosas, católicas y protestantes, que reimpulsan las misiones.
Para Weber, paradójicamente, el desarrollo del movimiento obrero y el socialismo, sobretodo alemán, contribuyó al fenómeno del imperialismo: sus postulados elevaban el nivel de vida del obrero europeo y facilitaba la llegada de la revolución industrial a las colonias y, por lo tanto, la expansión del ideario socialista internacional.
En la formación de una colonia cabe distinguir tres fases:
A. Conquista: desde una simple demostración de fuerzas hasta campañas largas y complicadas. Varió según áreas geográficas en pluricontinentales o a zonas concretas.
B. Organización: implicó diferentes formas de colonización (posición, poblamiento, arrendamiento y explotación). Se depende por completo de la metrópoli. Pueden constituirse en Protectorado, Departamento, Dominio en función del mayor o menor poder interno. Las Áreas de Influencia son zonas sobre las que ningún Estado tiene autoridad efectiva, lo cual generó serios enfrentamientos entre potencias.
C. Explotación: desde las bases comerciales costera se penetra hacia el interior siguiendo las vías fluviales y la colonia se instala en paralelo con el ferrocarril. Se construyen puertos, viviendas, hospitales y colegios. Se crean infraestructuras de comunicación y se eliminan los aranceles, imponiéndose la moneda de la metrópoli y manteniendo la autóctona.
Esquema de la dinámica imperialista:
1. hasta 1870-80 siguió las líneas de las bases coloniales existentes con anterioridad.
2. A partir de 1880 se produjo una auténtica fiebre imperialista que determinó el reparto del mundo a lo largo de unos veinte años con el eje en la India.
La zona mediterránea era tradicionalmente de inmigración europea. Hacia 1870 los colonos franceses, situados allí desde 1830, piden ayuda a Francia frente a las tribus del Sahara. Se ocupa Argelia y fortifican Túnez, como estado tapón, frente a Italia que reclama Libia. Penetran en el interior. Con intereses económicos en el control del Canal de Suez pactan un condominio Anglo francés con los egipcios. Pero la crisis económica de 1873 provoca malestar social y se produce la revuelta xenófoba de Alí
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 20 Pachá, a causa de la subida de impuestos. Inglaterra reacciona inmediatamente y ocupa militarmente el norte de Egipto. Como lugar de paso estratégico hacia la India es lugar codiciado y ello genera el inicio de la rivalidad entre Francia e Inglaterra por el control del canal.
Todo esto provoca una auténtica fiebre imperialista en Francia que consideraba suya la zona egipcia. Trata de llegar a ella por el Sur desde el Chad y bajar hacia el Mediodía centroafricano, donde se encuentra con otras potencias. Los ingleses movilizan su ejército hacia el rio Níger para vigilar a los franceses, lo que genera la protesta de Bélgica. El Rey Leopoldo había dejado en herencia a su nación acciones de la Compañía Comercial de las minas del alto Katanga, y la alemana que pretendía conectar con sus bases de explotación del marfil y empeñada en la busca de minas de diamantes, estaño, cobre y otros minerales.
La situación fue tensa: franceses y británicos ocupaban posiciones contiguas alternándose la vigilancia mutua, pero la Alemania de Bismarck convocó la Conferencia de Berlín de 1884-85. Allí se establece el reparto de África y algunos nuevos principios de relaciones internacionales concernientes al proceso imperialista: libertad de comercio en el Congo y Níger, fin de trata de esclavos.
Francia: zona derecha del Níger lo que conlleva pérdida de contacto con el norte de África.
Inglaterra: margen derecha del Níger, Suráfrica y parte de la costa Este de Suráfrica.
Bélgica: cabecera del Congo (Congo Belga) e impide el corredor hacia el sur para Inglaterra.
Alemania: Togo, Camerún y África del Suroeste y parte de la costa Este de Suráfrica.
Se acuerda que sólo la ocupación efectiva, junto con la organización y explotación de una colonia, otorgan derechos sobre ella.
Para lograr el cumplimiento de ese acuerdo se inicia una carrera imperialista entre todas las potencias europeas. El proceso se inicia con campañas militares lo que deriva en enfrentamientos con los nativos (guerra de los mau-mau en Kenia o los Boers tras la ocupación británica de Suráfrica. O conflictos abiertos entre potencias europeas como en el control por Madagascar o Sudán -encuentro de Fashoda, 1898-).
Cabe destacar que, tanto Francia como, sobre todo, Inglaterra (de norte a sur, de Egipto a Sudáfrica) intentaron lograr un espacio territorialmente continuo para su acción colonialista. Inglaterra de norte a sur, de Egipto a Suráfrica, empresa imposible por los conflictos con holandeses, franceses, alemanes, italianos y portugueses. Fue una labor ardua, ya que gran parte del cono sur estaba sin explotar y la población nativa no estaba dispuesta a colaborar. Ello provocó desplazamientos de población nativa y constantes rebeliones.
Asia: todo giraba en torno a la India y Gran Bretaña será la mayor potencia de la zona.
Allí también entraron en juego Francia, Holanda, Alemania, España o, posteriormente, Japón, Rusia y Estados Unidos. Estos tres últimos competirán por el área del Pacífico.
Rusia se extiende por Siberia y llega hasta Alaska que venderá a los americanos.
Avanza hacia Afganistán donde tropieza con los británicos. Llega a Chechenia chocando con Turquía y también Manchuria. Tropieza con Japón con la que se enfrenta y sale derrotada (guerra ruso-japonesa). Como consecuencia Japón inicia la ocupación de Corea, reivindicada por China. Estados Unidos reivindicará la “Política de
Relaciones Internacionales. Tercer Curso. Primer Parcial. Tema 12 21 Puertas Abiertas” que le permitirá comerciar libremente en el Pacífico. España será derrotada por los intereses de Estados Unidos y Alemania perdiendo sus posesiones en el Pacífico en 1898. Holanda, Francia e Inglaterra consolidarán sus posiciones en Indochina, Insulindia, Australia y la India. Inglaterra creará estados tapón (Birmania, Paquistán y Afganistán), para proteger el dominio de la India.
La Península arábiga y el Próximo Oriente se convertirán en zonas de influencia británica y se frenará el avance ruso en la zona, siempre para asegurar la vía a la India.
Hasta la Primera Guerra Mundial el Próximo Oriente no será zona codiciada por sus materias primas energéticas (petróleo). Pero el dominio no será efectivo y las familias de potentados árabes sostendrán la influencia occidental frente al dominio turco o ruso.
Resto del continente americano: se verá resguardado de la influencia europea por la influencia de EE.UU. A pesar de ello, Alemania, Francia y Gran Bretaña intentaron ejercer colonialismo económico desde su independencia. Con la excepción de la aventura francesa fracasada en México de Maximiliano y Carlota y la guerra hispano- yanqui no hubo expansiones imperialistas, excepto norteamericanas, propulsadas por la Doctrina Monroe . El fuerte sentimiento de cohesión nacional permitió hacer frente a la colonización europea.
Las consecuencias de la guerra hispano-yanqui fueron muy importantes para el plano de las concepciones sistémicas internacionales. Ello dará pie al ministro inglés Salisbury a hablar de “naciones vivas” y “naciones moribundas”. Para España fue el fin del colonialismo y para EEUU el despegue de un neocolonialismo de vertiente más económica. Se inicia una doble vía de expansión económica: la de los domestic affaire orientada a la culminación de la Doctrina Monroe y una de expansión comercial de puertas abiertas en el Pacífico. Ello le llevará a enfrentarse a Japón.
Para España el 98 representa un giro en sus relaciones internacionales. El aislamiento del momento le lleva a aliarse con Alemania. Peligraban sus archipiélagos y las plazas africanas. Decidió consolidar su soberanía en las islas desde bases continentales africanas y exigir a las naciones europeas su participación en el nuevo reparto mundial de corte imperialista. Fortalece la zona de la Línea tras las pretensiones inglesas de ampliar el área de soberanía de Gibraltar. Renuncia a todas las posesiones del Pacífico y vende Guam, Marianas y Palaos a Alemania con quien establece lazos de amistad.
Alemania presiona a España por las posesiones africanas y entonces Francia que ve peligrar las suyas negocia con España el Tratado hispano francés de 1900 y 1902, con el fin de desplazar el área de influencia alemana en la zona de Tánger (Conferencia de Algeciras 1906).
5. Europa y la política militar nacionalista: los sistemas bismarckianos
De manera paralela al fenómeno del gran imperialismo que modificó las relaciones internacionales en el último tercio del XIX, en Europa también se producen reajustes territoriales y cambios en estas relaciones. El nacimiento se había manifestado de manera centrífuga, pero también, intensamente, de manera centrípeta. Estos Estados quisieron reforzar su posición en Europa mediante una política imperialista.