Disertación de estudio del presidente Ikeda
CONFERENCIAS SOBRE GOSHO
“ LA HERENCIA DE LA LEY SUPREMA DE LA VIDA”
Capítulo 12 - 13
SOKA GAKKAI INTERNACIONAL DE CHILE
CONFERENCIAS SOBRE EL ESCRITO LA HERENCIA DE LA LEY SUPREMA DE LA VIDA
[ Capítulo 10 ]
“Los deseos mundanos son la iluminación” y “los sufrimientos de la vida y la muerte son el nirvana”: Convertir la ilusión y el sufrimiento, alegría y esperanza
Decídase a extraer el inmenso poder de la fe, y entone Nam-myoho- renge-kyo con la oración de que su fe sea correcta y firme en el momento de la muerte. Jamás busque otra manera de heredar la Ley suprema de la vida y la muerte, y manifiéstela en su vida. Sólo entonces comprenderá que los deseos mundanos son la iluminación y que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana. Aun el hecho de abrazar el Sutra del loto resultaría inútil sin la herencia de la fe.
En otra oportunidad le daré más detalles.
Con mi profundo respeto, Nichiren,
el shramana1 del Japón
En el undécimo día del segundo mes, noveno año de Bun´ei (1272), signo cíclico mizunoe-saru.
Respuesta al honorable Sairen-bo
Disertación
El poder benéfico de la Ley Mística es indescriptible. Si mantenemos la práctica correctamente, tal como enseña el Daishonin, podemos lograr el supremo estado de Budeidad en esta existencia presente cuyo valor es inapreciable. En el último pasaje de La herencia de la Ley suprema de la vida, el Daishonin esclarece la clave de la fe correcta para heredar la Ley y nos pide que construyamos una existencia en verdad insuperable.
Sólo la Soka Gakkai ha heredado de Nichiren Daishonin la Ley suprema de la vida y la muerte, y sólo nuestra organización ha mantenido y practicado esta enseñanza en forma correcta, propagándola al mundo ampliamente de acuerdo con sus instrucciones. Por esta razón, el poder infinito de la Ley Mística brota con potencia en la vida de cada uno de aquellos que se esfuerzan en bien del kosen-rufu.
Cuando hacemos surgir en nuestro interior el júbilo inmenso que deriva de comprender que somos entidades de la Ley Mística, podemos convertir en sabiduría hasta el problema más recalcitrante y el sufrimiento más arraigado, y aprovechar esa sabiduría para crear valor. Poseemos en forma inherente el
1 Shramana: (Sansc.) El que busca el Camino. En la India, originariamente la palabra se aplicaba a cualquier asceta, ermitaño, mendicante o practicante religioso que renunciaba a la vida secular y se marchaba de su hogar en busca de la verdad.
poder de superar cualquier atolladero o situación aparentemente imposible.
Cuando creemos con convicción rotunda y absoluta en nuestro poder innato de
“convertir el veneno en remedio” ––la fuerza de convertir cualquier sufrimiento o adversidad en un trampolín hacia la felicidad absoluta––, desaparecen todos los miedos.
La Ley Mística es el medio fundamental para hacer surgir ese poder ilimitado que cada uno lleva en su interior. Esa fuerza nos permite convertir en sabiduría todos los deseos mundanos o impulsos derivados de la ilusión, así como el fuego consume la leña para dar luz. También podemos transformar una existencia marcada por las desdichas del nacimiento y la muerte en una vida coronada por la alegría vibrante e ilimitada, así como el sol primaveral derrite el hielo y la nieve para formar un arroyo fluido.
El tema primordial del budismo es la transformación de la vida propia. La filosofía de Nichiren Daishonin es una enseñanza que permite cambiar al vida en forma real y tangible. Todo parte de nosotros mismos y de nuestra revolución humana. Esto forma la trama profunda del budismo expuesto por Nichiren Daishonin y de las actividades que hacemos en la Soka Gakkai.
En el párrafo final de La herencia de la Ley suprema de la vida, el Daishonin parecería decirnos: “¡Tomen conciencia del inmenso poder que poseen!”,
“¡Hagan daimoku con la firme convicción de que podrán construir una vida espléndida, de tremenda satisfacción!”; “¡De esto se trata la verdadera herencia!”. Concluye este escrito explicando que la “herencia de la fe” es el único medio por el cual nosotros y todas las personas podemos compartir la herencia de lograr la Budeidad.
La esencia de la fe para heredar la Ley
En La herencia de la Ley suprema de la vida, vibra el espíritu budista fundamental de conducir a cada persona al logro de la iluminación. En este escrito palpita el inmenso deseo compasivo del Daishonin de hacer que toda la humanidad viva enfocada en la felicidad suprema.
En la entrega anterior, tal como habíamos estudiado, el Daishonin declara que él está llevando a cabo la práctica que debería emprender el bodhisattva Prácticas Superiores, heredero de la Ley de la vida y la muerte, quien juró aparecer en el Último Día de la Ley. Como se desprende de este hecho, la Gran Ley para la iluminación de todos los seres fue establecida nada menos que por Nichiren Daishonin, el “maestro de la verdadera causa”.
El pasaje final, que sigue a continuación, establece los elementos esenciales de la fe que deben reunir los seres humanos en el Último Día para heredar del Daishonin la Ley que conduce al logro de la Budeidad. Estos elementos están plasmados en expresiones como “el inmenso poder de la fe”; “una fe correcta y firme ene l momento de la muerte”; “la comprensión de que los deseos mundanos son la iluminación y que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana”, y la “herencia de la fe”. En esta entrega y en la siguiente, analizaré estos principios y su práctica.
Ahora analicemos este fragmento, renglón por renglón.
En primer lugar, el Daishonin dice: “Decídase a extraer el inmenso poder de la fe”, y recalca que ese “inmenso poder de la fe” es la base para que cada persona comparta la herencia de la Ley. “Decídase” implica un compromiso y una determinación conscientes. Podría decirse que el “inmenso poder de la fe”
es la capacidad de seguir dedicándonos siempre, cada día con nueva disposición, y de abastecer nuestro corazón con una vitalidad siempre renovada.
A continuación, el Daishonin explica, concretamente, cómo debemos enfocar nuestra postura en la práctica budista. Dice: “Entone Nam-myoho-renge-kyo con la oración de que su fe sea correcta y firme en el momento de la muerte”.
Ya desarrollamos en forma detallada en esta serie el concepto de tener una postura de fe correcta y firme en el momento de la muerte. En otras palabras, cerrar el telón de nuestra existencia con una profunda sensación de plenitud y serenidad, producto de nuestra fe en la Ley Mística, sin dejarnos perturbar por la obstrucción de la muerte ni por otras funciones negativas, es lo que nos conduce a un estado de felicidad ilimitada que perdure por toda la eternidad.
Como ya estudiamos antes, para tener una postura de fe correcta y firme en el momento de la muerte, es fundamental que nos esforcemos día tras día, mes tras mes, con la actitud esencial de vivir cada instante como si fuera el último: vivir siempre de tal forma que no tengamos nada que lamentar ni que reprocharnos. Para llegar a este estado interior, el Daishonin nos enseña a profundizar nuestra oración cada día, y a perseverar con la decisión de practicar la fe sin escatimar la vida. También nos informa que no hay otra manera de heredar la Ley suprema de la vida y la muerte, salvo practicar correctamente el budismo haciendo surgir “el inmenso poder de la fe” y entonando Nam-myoho-renge-kyo para la felicidad de uno y de los demás, con la convicción de que nuestra postura de fe sea correcta y firme en el momento de la muerte.
En la raíz de la herencia de la Ley anida la propia transformación interior
Como conclusión de este escrito, el Daishonin enfoca lo que cada uno de nosotros debe hacer para lograr la iluminación.
El budismo de la verdadera causa propagado por Nichiren Daishonin es una enseñanza para que las personas reales, de carne y hueso, pongan en acción el principio causal para lograra la Budeidad. La base está en el ser humano:
cada persona es fundamental. Si no se pone en práctica el espíritu de atesorar a cada individuo, hablar de la herencia de la Ley es un pura teoría hueca, por muchas palabras exaltadas que empleemos en nuestra retórica.
Como interpretación adicional, aquellos que practican el budismo del Daishonin deben tener la conciencia y la convicción de que es posible cambiar infaliblemente la vida en el nivel más profundo. El motivo por el cual Nichiren Daishonin expresa: “Jamás busque otra manera de heredar la Ley suprema de la vida y la muerte, y manifiéstela en su vida” es que la herencia de la Ley no existe fuera de la fe en el budismo de la verdadera causa, que permite a cada individuo transformarse por dentro y lograr la Budeidad en esta existencia, basado en su práctica de Nam-myoho-renge-kyo.
¿De qué manera, entonces, se transforma nuestra vida? ¿Qué clase de estado espiritual obtenemos mediante la fe? En relación con esto, el Daishonin escribe: “Sólo entonces comprenderá que los deseos mundanos son la iluminación y que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana”.
En otras palabras, uno sólo comprende que los deseos mundanos son la iluminación y que las aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana cuando se decide a hacer surgir el gran poder de la fe y entona el daimoku con
lograr este estado de vida es el verdadero beneficio del budismo de Nichiren Daishonin.
Esto quiere decir que mediante el poder de una fe firme e inconmovible, y de la práctica de Nam-myoho-renge-kyo, podemos convertir las ilusiones y padecimientos en un medio para desplegar sabiduría creadora de valor, y consolidar un estado de vida interior de completa alegría y tranquilidad.
El estado espiritual que permite a una persona vivir sus deseos mundanos como iluminación y experimentar las aflicciones del nacimiento y la muerte como un nirvana interior equivale al logro de la Budeidad con la forma que cada uno posee. Y es, también, el gran beneficio de “transformar el veneno en remedio”. En el budismo de la verdadera causa de Nichiren Daishonin, todas las personas, mediante el poder de la fe, pueden establecer en lo más hondo de su vida el estado colosal e indestructible de la Budeidad.
Ahora quisiera extenderme un poco más en este estado espiritual que permite experimentar los deseos mundanos como iluminación y vivir los sufrimientos del nacer y del morir como el nirvana.
El estado de vida y el beneficio de lograr la Budeidad con la forma que uno posee
Para comenzar, reafirmemos el significado de estos dos principios budistas:
“los deseos mundanos son la iluminación” y “los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana”. Ambos expresan la capacidad de transformación inherente a la vida. Que los deseos mundanos sean la iluminación significa que la sabiduría para lograr la Budeidad (o sea, la iluminación) se manifiesta en una vida dominada por los deseos mundanos o impulsos derivados de la ilusión.
Que los sufrimientos del nacimiento y la muerte sean el nirvana significa que el estado de verdadera paz y tranquilidad del Buda (es decir, el nirvana) se manifiesta en una vida impregnada por las aflicciones del nacimiento y la muerte.
Cuando nos referimos a los escritos del Daishonin, vemos que hay muy pocos casos en que se mencione alguno de estos dos principios sin incluir también el otro. En la mayoría de los casos, aparecen juntos para expresar ya sea el estado de vida o bien el beneficio de lograr la Budeidad con la forma que cada uno posee.
La causalidad de las “semillas de los opuestos” y la Ley Mística de
“convertir el veneno en remedio”
Tomados en sentido literal, los “deseos mundanos” y la “iluminación” son opuestos diametrales, y no pueden identificarse entre sí. Lo mismo cabe afirmar de los términos tan antagónicos como las “aflicciones del nacimiento y la muerte” y el “nirvana”. En todo caso, la similitud estaría entre los deseos mundanos y los sufrimientos del nacimiento y la muerte. Como bien se sabe, el buda Shakyamuni percibió profundamente el papel causal que había entre deseos mundanos como la codicia, el odio y la estupidez, y la generación de los sufrimientos del nacimiento y la muerte.
Este enfoque de la causalidad derivó en la práctica budista del Hinayana consistente en buscar la extinción de los deseos mundanos como medio para suprimir los sufrimientos fundamentales. Sin embargo, esta práctica budista
conducía a la gente a despreciar y a buscar eludir los sufrimientos del nacimiento y la muerte. Pues se concentraba sólo en eliminar los deseos mundanos (el mal) partiendo de una comprensión parcial de la causalidad, según la cual el mal es el único resultado posible del mal. Con un enfoque como este, el afán de erradicar por completo el mal se destina a ser tan frustrante como inútil.
Aunque las enseñanzas provisionales del Mahayana enseñaron, luego, los principios de que los deseos mundanos son la iluminación y de que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana, la práctica real de tales enseñanzas conllevaba el hecho de aspirar a la Budeidad ya fuese mediante la acumulación de buenas causas ––como se ve, por ejemplo, en la práctica de austeridades a lo largo de muchísimas existencias–– o bien depositando la posibilidad de toda salvación en un buda absoluto y trascendental, fuera de este mundo.
Con todo, en última instancia estas prácticas y creencias del Mahayana también conducían a la gente a rechazar los sufrimientos del nacimiento y la muerte y a buscar cómo escapar de este mundo. Y era así, porque tales prácticas y creencias se basaban en un concepto parcial de la causalidad que afirmaba que el bien sólo podía ser producido por el bien. Pero ¿qué sucedía entonces? Las personas que llevaban a cabo una práctica autónoma y de motivación interna como bodhisattvas sólo tenían esperanza de lograr la iluminación en el futuro inconcebiblemente distante, y los que practicaban con una fe dependiente, no tenían más remedio que confiar en la intervención de un buda absoluto, como Amida, que los liberara de este mundo saha y les permitiera renacer en las “buenas” circunstancias de una tierra pura, donde les fuese posible retomar su esfuerzo para acumular buenas causas. Pero de un modo u otro, no había ninguna garantía de obtener en esta existencia el fruto de la práctica. En definitiva, esta perspectiva causal era sólo la inversa de la creencia en que el mal sólo generaba el mal.
Sea como fuere, la gente que vivía capturada en las ilusiones de los deseos mundanos y en las aflicciones del nacimiento y la muerte no podía experimentar la auténtica alegría de romper esas cadenas, y no había nada que les brindara ninguna esperanza o confianza real en cuanto al logro de la iluminación.
El Daishonin describe así los enfoques erróneos de las enseñanzas anteriores al Sutra del loto con respecto a los deseos mundanos y a las aflicciones del nacimiento y la muerte, en relación con la iluminación y el nirvana:
La esencia de las enseñanzas anteriores al Sutra del loto es que uno debe descartar los deseos mundanos, despreciar los sufrimientos del nacimiento y la muerte y buscar la iluminación y el nirvana fuera de ellos, en otro lugar. El espíritu del Sutra del loto es que los deseos mundanos son la iluminación y que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana.
En tal caso, ¿qué significa considerar los deseos mundanos y las aflicciones del nacimiento y la muerte son inseparables de la iluminación y del nirvana? En un escrito titulado El significado de escuchar por primera vez el vehículo de la Budeidad, dirigido a su discípulo laico Toki Jonin, el Daishonin
afirma que la esencia de las personas comunes que practican el Sutra del loto se encuentra en el concepto de las “semillas de los opuestos”. El principio de las “semillas de los opuestos” significa que aquello que es lo opuesto al efecto o fruto de la Budeidad ––es decir, los deseos mundanos y las aflicciones del nacimiento y la muerte–– se convierte en la causa o semilla para el logro de la Budeidad.
Dicho de otro modo, ambas concepciones parciales de la causalidad ––ya sea ver el mal como el único producto posible del mal o ver el bien como único producto resultante del bien–– son inadecuadas para conducir a la iluminación a las personas comunes. En última instancia, los enfoques que trazan una línea tajante y absoluta entre el bien y el mal no pueden sino causar a la gente un estado de desesperanza, en la medida en que al ser humano no le queda más opción que vivir rodeado del mal.
Si nos preguntamos por qué muchas de las escuelas budistas en tiempos del Daishonin acabaron distanciándose de la realidad o sucumbiendo a un elitismo estrecho, centrados sólo en un pequeño puñado de practicantes o sacerdotes, una causa posible sería su probada incapacidad de dar esperanza a la población de una época malvada e impura, derivada de ver el bien y el mal como dos términos diferentes y separados.
Cabe suponer que el Daishonin recalcó el concepto de las “semillas de los opuestos” por haber comprendido que las personas, para sentir genuina esperanza en la vida, necesitaban contar con una visión de la causalidad que les presentara la posibilidad del bien como derivado del mal; es decir, la posibilidad de que algo negativo pudiera ser transformado en algo positivo.
En El significado de escuchar por primera vez el vehículo de la Budeidad, el Daishonin describe esta causalidad de las “semillas de los opuestos” como el principio de “convertir el veneno en remedio”, según el cual así como un médico excelso toma una sustancia ponzoñosa y la transforma en un medicamento eficaz, mediante el poder de la Ley Mística los seres humanos podemos transformar los tres caminos de los deseos mundanos, el karma y el sufrimiento en las tres virtudes del cuerpo del Dharma, la sabiduría y la emancipación. En verdad, los deseos mundanos se convierten en la iluminación y las aflicciones del nacimiento y la muerte se transforman en el nirvana.
En el mismo escrito, el Daishonin concluye planteando que sólo es posible superar los padecimientos del nacimiento y la muerte, y sólo es posible decir que uno ha “escuchado de verdad el Sutra del loto en sentido real” cuando se llega a la convicción profunda de que los tres caminos son, en esencia, las tres virtudes.
Dicho de otra forma, cuando creemos con todo nuestro ser que los deseos mundanos son la iluminación y que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana, los hechos del vivir y del morir dejan de ser para nosotros un motivo de sufrimiento. Entonces, podemos de verdad “escuchar el Sutra del loto”.
El principio de las “semillas de los opuestos”, también mencionado como
“abrir y fusionar las semillas de los opuestos”, significa unificar términos que están en contradicción y revelar su significado más profundo, a través de verlos desde una perspectiva más amplia y superadora. Con respecto a los deseos mundanos que son la iluminación, y a las aflicciones del nacimiento y la muerte que son el nirvana, este principio implica dar un nuevo significado más
profundo a los “deseos mundanos” y a los “sufrimientos del nacimiento y la muerte”, en tanto opuestos a los términos de la iluminación y del nirvana.
Precisamente porque tenemos sufrimientos, podemos orar sinceramente al Gohonzon. La determinación de confrontar nuestras desdichas con seriedad hace que brote y se fortaleza más y más en nosotros el poder fundamental inherente a nuestra vida.
En ese mismo momento, nuestros sufrimientos ––es decir, nuestros deseos mundanos–– se convierten en “deseos mundanos como causa de iluminación”;
podría decirse, incluso, que nuestros deseos mundanos, de hecho, contienen la iluminación. En cierto sentido, los deseos mundanos, de hecho, contienen la iluminación. En cierto sentido, los deseos mundanos experimentan un cambio cualitativo: dejan de ser “deseos mundanos que causan angustia” y pasan a ser
“deseos mundanos que pueden transformarse en iluminación”. Lo que torna posible este cambio sustancial es el poder de Nam-myoho-renge-kyo, la Ley Mística de la simultaneidad de causa y efecto.
Somos budas tal como somos
No hay posibilidad real de lograr la iluminación fuera de los deseos mundanos y de las aflicciones del nacimiento y la muerte que experimentan las personas comunes. Para lograr la Budeidad no debemos convertirnos en seres sobrehumanos que trascienden todo lo mundano. Este es un punto que el presidente Toda siempre recalcaba. Una vez comentó:
Los principios de que “los deseos mundanos son la iluminación” y de que “las aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana” describen una vida que se deleita en la felicidad y en la paz interior, pero experimentando los deseos mundanos tal como estos son. […] La iluminación no es nada fuera de lo normal. Como tenemos deseos mundanos, podemos experimentar la satisfacción. Y como experimentamos satisfacción, podemos entregarnos a la felicidad.
Despertar cada mañana con una clara sensación de sentir angustia o preocupación por la vida… Vivir de este modo es estar iluminado. No es nada excepcional. Así que no interpretemos equivocadamente el principio de que los deseos mundanos son la iluminación deduciendo que habremos de convertirnos en seres de ultraterrenos o especiales.
El señor Toda era un maestro en el arte de ser natural y fiel a uno mismo.
Por fuera, era en todos los respectos un hombre común. Pero su mente y su corazón estaban siempre enfocados en el avance de la Soka Gakkai. Por sobre todas las cosas, su sentido de la responsabilidad por el kosen-rufu eran reflejo de su monumental estado de iluminación. El maestro Toda vivía desplegando un febril deseo mundano de lograr el kosen-rufu, y su compromiso con esta causa trascendía la vida y la muerte, pues se basaba en un inmenso estado de vida que yo describiría como “iluminación expresada en forma de responsabilidad”.
“Ser tal como somos” significa cultivar incesantemente nuestra vida sin perder nuestra individualidad personal. En otras palabras, en su aspecto esencial, hacer la revolución humana es dar prueba real de haber logrado la Budeidad, cada uno con la forma que posee. Los principios de que los deseos
mundanos son la iluminación y de que las aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana se ponen en acto en nuestra vida, en el devenir de nuestra práctica budista por forjarnos y desarrollarnos mediante la fe.
La máxima alegría entre las alegrías
Hay un inmenso júbilo en el hecho de esforzarnos con la conciencia de que los deseos mundanos son la iluminación y de que la aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana. No hay alegría más grande que llegar a la profunda conciencia de que “las personas comunes son idénticas al nivel más elevado del ser” y de que uno es “un Buda en la vida y en la muerte”.
Nuestro afán de lograr la Budeidad con la forma que poseemos, y de expresar así los principios de que los deseos mundanos son la iluminación y de que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana, siempre están imbuidos de dicha. Por ejemplo, cuando enfrentamos un problema o sufrimiento determinado y activamos la sabiduría que nos permite darle solución, casi sin darnos cuenta experimentamos un estado de inmenso deleite. Nuestra vida rebosa de potente vitalidad, y esto nos permite evaluar todo lo sucedido desde una perspectiva más elevada, donde cada circunstancia termina siendo un puro beneficio.
El estado de vida de la Budeidad vibra de júbilo incontenible; esta es una de sus cualidades inherentes, pues en él palpita la alegría de la Ley, que es el gozo de comprender la verdad última. La vida de Buda, habiendo adquirido un estado capaz de trascender la muerte, rebosa eternamente con la alegría de experimentar la vida. Manifestar la Budeidad significa hacer surgir desde lo profundo del ser la alegría del Buda.
Si practicamos la Ley Mística y actuamos con bravura, surgirá en nosotros la fuerza vital de la Budeidad, que nos permite remontar cualquier clase de dificultades. Y si poseemos una esperanza intrépida, capaz de brillar aun ante los reveses más duros de la vida, esa fuerza vital jamás se extinguirá.
Mediante el poder de la Ley Mística, llegamos a reconocer que aunque antaño nos hayan deprimido las dificultades y los obstáculos, en realidad poseemos la fortaleza interior de enfrentar y superar cualquier adversidad. Si nos dedicamos al gran objetivo del kosen-rufu, podemos entender que nuestras propias problemas y sufrimientos son la fuerza motriz para mejorar nuestra vida y mostrar la validez del budismo de Nichiren Daishonin. Así llegamos a apreciar que nuestra postura de no dejarnos vencer por el sufrimiento es una inspiración y un aliento para muchas otras personas. A partir de mantener siempre vivo el espíritu de luchar por el kosen-rufu terminamos comprendiendo que nosotros mismos somos originariamente Budas.
El Sutra del loto dice que “el corazón se colmó de una infinita alegría”. En el Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, la frase “infinita alegría”
aparece comentada con las siguientes palabras: “los deseos mundanos son la iluminación; los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana”. El estado e vida que nos permite lograr la Budeidad, cada uno con la forma que posee, es la mayor de todas las alegrías, como lo es también comprender que los deseos mundanos son la iluminación y que las aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana.
El Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente continúa diciendo:
“Este pasaje se refiere a la infinita alegría que uno experimenta al comprender
por primera vez que nuestra vida, desde el mismísimo comienzo, ha sido el Buda. Nam-myoho-renge-kyo es la máxima alegría entre las alegrías”.
Los principios de que los deseos mundanos son la iluminación y las aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana indican que podemos construir una vida plena, fuerte y satisfactoria, donde hasta las desdichas y aflicciones sean percibidas con deleite.
Recuerdo las siguientes palabras de Tolstoi:
¡Regocíjate! ¡Regocíjate! Nuestra misión y nuestra obra en la vida son una alegría. Regocíjate del cielo, del sol, de las estrellas, de la hierba, de los árboles y animales, y de los semejantes. Y mantente siempre alerta para que nada destruya ese gozo. Pues si tu alboroto se desvaneciera, significaría que has errado en algún punto. Descubre ese error y enmiéndalo.
Cuando el célebre autor proclama que “nuestra misión y nuestra obra en la vida son una alegría”, ¿no está expresándose en el mismo tenor que nuestra profunda filosofía budista? La práctica del budismo nos permite sentir en nuestra vida ese caudal de júbilo inmenso. Tolstoi nos exhorta a detectar cualquier error de nuestra parte que destruya esa dicha profunda y a tomar medidas para corregirlo. Desde el punto de vista del budismo, esto corresponde a la práctica de transformar positivamente los deseos mundanos y los sufrimientos del nacimiento y la muerte. Es decir, internalizar los principios de que los deseos mundanos son la iluminación y las aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana, y esforzándonos por transformar nuestro karma.
Los miembros de la SGI, que practicamos y proclamamos la Ley Mística, quizá experimentemos períodos de sufrimiento o de ilusión, pero en realidad estamos transitando el camino de los campeones de la filosofía y la sabiduría sin parangón. A través de nuestra fe en el budismo del Daishonin, podemos convertir positivamente cualquier veneno en el supremo remedio benéfico de la Ley Mística.
El Daishonin escribe:
Mediante el extraordinario poder del ideograma myo o “maravilloso”, este veneno [de los deseos mundanos y de las aflicciones del nacimiento y la muerte] se convierte en la comprensión de que los sufrimientos del nacimiento y la muerte son el nirvana y de que los deseos mundanos son la iluminación.
La Ley Mística es una brillante enseñanza para construir una vida de victoria absoluta. El éxito del budismo expuesto por Nichiren Daishonin, que permite a cada persona compartir la herencia de la Ley suprema de la vida y la muerte, queda demostrado en la cantidad creciente de personas que, basadas en la Ley Mística, están viviendo de manera triunfal con la conciencia de que los deseos mundanos son la iluminación y las aflicciones del nacimiento y la muerte son el nirvana.