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Academic year: 2022

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UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES

FACULTAD DE COMUNICACIÓN Y LETRAS ESCUELA DE PERIODISMO

LA GRAN INDUSTRIA MUSICAL EN CHILE:

Nacimiento y Desarrollo

JUAN FRANCISCO DÍAZ - VALDÉS ALVIM MANUEL JOSÉ MAIRA BENAVENTE HUMBERTO ANDRÉS SICHEL VICENCIO

RAFAEL SOUSA AMUNATEGUI

Tesis para optar al grado de Licenciado en Comunicación Social

Profesor Guía: Patricio Cuevas Figueroa

Santiago, Chile 2004

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Concluida la revisión de la tesis de los alumnos Francisco Díaz-Valdés, Manuel Maira, Humberto Sichel y Rafael Sousa, me corresponde referir algunos aspectos destacados de la misma.

En primer término, creo que con absoluto desprejuicio y, al mismo tiempo, un gran sentido de profundidad, los alumnos supieron manejar las variables más importantes del fenómeno de la industria discográfica en Chile y supieron establecer una nueva ruta anecdótica gracias a las numerosas entrevistas que contiene el documento. En este sentido, es pertinente agregar que el criterio informativo de los autores rescató y vinculó aspectos no considerados en reportajes anteriores.

Es también destacable el equilibrio que los autores establecen entre la sencillez de su lenguaje y la profundidad de la historia misma, la que transcurre de manera expedita y clara, apta para cualquier lector.

Por todo lo anterior, estamos frente a un trabajo de sobria factura y de gran intuición, entretenido, bien escrito y desprejuiciado de aspectos ideológicos o económicos, los cuales inciden en la historia de la música popular chilena.

Atentamente,

PATRICIO CUEVAS F.

PROFESOR PATROCINANTE

En Santiago, septiembre 29 de 2004

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Agradecimientos

A nuestras familias y amigos. A Patricio Cuevas y Paula González, por su constante apoyo y ayuda. A nuestros entrevistados: Marcelo Aldunate, Sergio “Pirincho” Cárcamo, Hugo Chávez, Pablo Díaz, Tito Escárate, Roberto Espinoza, Camilo Fernández, José Alfredo Fuentes, Eduardo Gatti, Gonzalo González (Chalo-G), Juan Pablo Ibeas, Mauricio Jürgensen, Denise Malebrán y Luciano Rojas (Saiko), Cristián Moraga (C-Funk), Hugo Moraga, Claudio Narea, Francisco Nieto, María José Quintanilla, Peter Rock, Pablo Rodríguez, Héctor Sánchez, Octavio Silva, Juan Carlos Touma, Paz Undurraga, Carlos Valdivia, Antonio Zabaleta. Además, por su ayuda a Carlos Salazar, Mónica Farías, Carolina Jiménez y Jorge “Flaco” González.

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Resumen (abstract)

Reportaje en profundidad que recoge las principales claves del funcionamiento de la industria discográfica en Chile, su proceso de segmentación y las principales variables participantes a través de los años. Dicha descripción permite diagnosticar el estado de la música popular y sus posibilidades de desarrollo en el escenario presente.

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Índice

02 Calificaciones 03 Agradecimientos 04 Resumen (Abstract) 07 Introducción

09 Nacimiento de la gran industria discográfica chilena 10 El rock & roll llega a Chile

20 Tres grandes hitos de la Nueva Ola 26 El rol de los medios

31 Las claves del éxito

36 El Ocaso de la Nueva Ola

37 Validación Artística de la Nueva Ola 42 El Desembarco del rock

48 El Neo Folclore

51 La Nueva Canción Chilena

57 Industria discográfica en la actualidad 58 Influencia del gobierno militar en la industria 67 La industria musical en los noventa

74 ¿Crisis Creativa?

78 La industria en jaque

86 El futuro de la industria

87 Tendencias de la Industria Discográfica en el Mundo 91 Proyecciones

95 Conclusiones

102 Bibliografía

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104 Anexos

105 Proyecto de Tesis 112 Entrevistas 112 Marcelo Aldunate

125 Sergio “Pirincho” Cárcamo 143 Hugo Chávez

146 Pablo Díaz 148 Tito Escárate 151 Roberto Espinoza 165 Camilo Fernández 173 José Alfredo Fuentes 185 Eduardo Gatti

199 Gonzalo González 211 Juan Pablo Ibeas 213 Mauricio Jürgensen

218 Denise Malebrán – Luciano Rojas 220 Cristián Moraga

225 Hugo Moraga 230 Claudio Narea 239 Francisco Nieto 246 María José Quintanilla 249 Peter Rock

255 Pablo Rodríguez 258 Héctor Sánchez 263 Octavio Silva 267 Juan Carlos Touma 282 Paz Undurraga 289 Carlos Valdivia 292 Antonio Zabaleta

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Introducción

Este año se cumplieron cincuenta años desde la grabación de una canción. El registro se hizo un 5 de julio de 1954, en los estudios Sun de la ciudad de Memphis, Estados Unidos. El que estaba frente al micrófono era un camionero de 19 años que trabajaba para la empresa Crown Electric, acompañado por un guitarrista y un bajista. La canción que tocó, un blues compuesto en 1947 por un músico negro llamado Arthur Crudup. El nombre del joven era Elvis Aaron Presley, el de la canción “That’s all right mama”. Y el 5 de julio de 1954, el día en que nació el rock & roll.

Ese día no sólo empezó a cambiar la música, sino el mundo. El ritmo acelerado de esta melodía cautivó a la juventud como nada lo había hecho hasta entonces. También escandalizó al establishment como sólo lo hacen las cosas que huelen a revolución. El resto, en mayor o menor medida, es historia conocida.

Pero lo que no es tan sabido es cómo el rock & roll llegó a Chile, un lugar tan alejado de Memphis. Quiénes lo escucharon, quiénes lo tocaron, quiénes lo presenciaron y quienes lo popularizaron por primera vez en nuestro país. Tampoco es tan conocido el desarrollo que tuvo hasta transformarse en el movimiento más exitoso y popular en la historia de nuestra música, de la mano de la Nueva Ola, ni las razones por las que este fenómeno decayó para transformarse con los años en la música oficial de la nostalgia para varias generaciones.

No se conoce con certeza la forma en el que el explosivo éxito de la Nueva Ola cambió para siempre las reglas del juego dentro de la industria discográfica. Ni la manera en que ésta se desarrollo a partir de ese momento hasta llegar a una actualidad crítica, en que la piratería en todas sus versiones amenaza con cambiar las reglas otra vez.

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De eso se trata este reportaje. De las muchas dudas y las pocas certezas. De los muchos hechos y de los muchos más mitos que se mezclan con hechos cuando se trata de hablar sobre el comienzo, desarrollo y futuro de la gran industria discográfica en Chile.

Desde este punto de vista, les presentamos una historia de cincuenta años que empezó a escribirse en un pequeño estudio de grabación en Memphis, con los acordes acelerados rasgueados en la guitarra de un joven camionero de 19 años.

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Nacimiento de la gran industria discográfica chilena

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El rock & roll llega a Chile

“Se suponía que era un concierto infantil, pero de repente aparece un grupo primero y luego otro con esta música nueva que ya se estaba escuchando, al menos en Valparaíso, debido a que los contrabandistas traían los discos”, Sergio “Pirincho” Cárcamo, locutor radial.

“Era necesario crear nuevos ídolos con los que los jóvenes pudieran identificarse”, Eduardo Guillot, escritor.

“No recuerdo exactamente si eso fue el verano de 1956 o 1957. Fue justo cuando llegué a Valparaíso y existía el diario La Unión, cuyo edificio queda todavía frente a la Plaza Victoria. Ahí había un suplemento que se llamaba Mampato y ellos organizaron un festival en el verano, un concierto gratis que fue como al mediodía de un sábado o domingo. Se suponía que era una cuestión infantil, pero de repente aparece un grupo primero y luego otro con esta música nueva que ya se estaba escuchando, al menos en Valparaíso, debido a que los contrabandistas traían los discos. De pronto aparece William Red (cuyo nombre verdadero era William Rebolledo) con su banda ‘The Rock Kings’ (los reyes del rock & roll) y hacían un repertorio básicamente de Elvis Presley y Bill Haley.

Después se presentó ‘Harry Show and The Rock Time’, que hacían el mismo repertorio más música de Little Richard. Fue bastante sorpresivo y causó harto impacto porque la gente empezó a bailar con los niñitos, pero fue sorpresivo porque era una fiesta infantil, un regalo del diario a través de su suplemento Mampato. Esa fue la primera vez que yo vi rock

& roll y lo vi en la calle, en directo, no había bajo eléctrico y ocupaban el contrabajo acústico. Eran bastante buenos. Hacían covers, pero eran buenísimos”.

Así cuenta el locutor radial y coleccionista Sergio “Pirincho” Cárcamo su primera experiencia con el rock & roll en vivo, cuando él era todavía un niño y ni siquiera imaginaba lo que significaría este fenómeno para el mundo y también para Chile. Y para Cárcamo es perfectamente posible que esa sea la primera vez que se tocó rock & roll en

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Chile. “Según mi experiencia y según investigaciones que he hecho, en la primera parte que se hizo rock & roll en Chile, fue en Valparaíso. En todas partes del mundo el rock & roll entró por los puertos; Liverpool en Inglaterra, Hamburgo y Ámsterdam, en Alemania, Holanda…en todas partes entró por los puertos, porque ahí siempre hay alguien que tiene un pariente marino, ya sea mercante o naval, que trae distintos productos. Habían personas que se llamaban contrabandistas, que traían los jeans americanos, el jabón Camay, los chicles Bazooka, las primeras radios portátiles y, lo que más se encargaba eran los vinilos y, había una cosa que son como los CDs del Billboard, que salían los top ten, donde venían los diez temas más populares del ranking “Hit Parade” norteamericano. Entonces esos llegaban a manos particulares y rápidamente a las radios”, dice “Pirincho” Cárcamo.

Hasta ese momento la música bailable era propiedad casi exclusiva de los adultos y en Chile lo seguiría siendo hasta finales de la década de los cincuenta. En Estados Unidos reinaban ritmos como el swing, el charleston y el foxtrot. “En Chile, antes de la llegada del rock & roll, o sea en los cuarentas y casi hasta finales de lo cincuenta, se escuchaba tango, guaracha, cha cha cha, en menor medida valses peruanos, música tropical como la que hacía Pérez Prado. Dominaba el bolero en todas las clases sociales y también en todas las edades, aunque sobre todo entre los jóvenes. Entre los adultos dominaba el tango”, cuenta el coleccionista Hugo Chávez. “Entre los años cuarenta y cincuenta hubo un tema muy fuerte con la música mejicana. Había ciertos ídolos como Jorge Negrete, que fue un artista que tuvo mucho éxito de la mano del fenómeno del cine mejicano. Sus discos se vendían mucho y mucha gente lo iba a ver a la Estación Mapocho. Incluso hubo gente de acá que hizo música mejicana, como Guadalupe del Carmen”, agrega el músico y escritor Tito Escárate.

Ese era el panorama que reinaba en la industria musical chilena: música común para toda la familia y sin mayor segmentación por edades. Como explica el coleccionista Hugo Chávez, “no existía el concepto de adolescente. Tú usabas pantalón corto hasta los quince años y en ese minuto te regalaban tu primer reloj y pantalones largos. En ese momento pasabas inmediatamente a ser un adulto. A los dieciocho ya usabas bigote y no podías visitar a una niña si no andabas de terno y corbata”.

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La llegada del rock & roll a Chile encontraba un país sumido en una grave crisis económica y una desconcertante indefinición política, producida durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. “Para hacer frente al problema económico, el Gobierno, fuertemente influenciado por sectores de la (oposición) derecha, contrató… una firma de asesores norteamericanos. Bajo la apariencia del carácter apolítico, técnico y objetivo de la misión, se producía una significativa alianza del Gobierno con los partidos de derecha…

Pero el programa fracasó. Mientras el Ministro de Hacienda se comprometía en un plan antiinflacionario, desde otros ministerios se provocaba la inflación. No se reformaron los sistemas de tributación, en 1957 los impuestos no cubrieron ni siquiera los gastos corrientes fiscales y hubo que recurrir a la emisión”1. En el año 1958 la inflación se disparaba, la producción bajaba, el empresariado quitaba su apoyo al gobierno y la derecha se fue alejando de éste. Un hecho positivo de ese año, en el marco de la reforma a la ley electoral, fue la creación de la Cédula Única. Esto junto con la nueva obligatoriedad de votar, ayudaron a que las elecciones se transparentaran y que el cohecho se redujera. También se derogó la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, lo que permitió que el Partido Comunista volviera a la escena, luego se ser declarado ilegal por aquella ley.

Con la cercanía de las elecciones presidenciales de 1958, se reformó el mapa político chileno. “Ya era posible visualizar el sistema político chileno dividido en tercios, los que con algunas modificaciones muy temporales, van a dominar la escena política en los años siguientes, incluso después de 1970”2.

Primeros pasos de la gran industria discográfica en Chile

Así, con el apoyo de liberales y conservadores, Jorge Alessandri enfrentaba a Salvador Allende, apoyado por socialistas y comunistas a través del Frente de Acción Popular (FRAP) y a Eduardo Frei, representante del por entonces incipiente partido Demócrata Cristiano, además del radical Luis Bossay. El candidato Alessandri, con el 31,6

1 AYLWIN Mariana y otros. Chile en el Siglo XX, Editorial Planeta, 1990, Pág. 194.

2 AYLWIN Mariana y otros. Chile en el Siglo XX, Editorial Planeta, 1990, Pág. 200.

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% de los votos ganó las elecciones, seguido por Allende 2,6 puntos por debajo, siendo una de sus primeras medidas, el establecimiento de una nueva unidad monetaria: el escudo.

Tres años después de lo que “Pirincho” Cárcamo definió como la llegada del rock &

roll a Chile, se producía el primer hito de este movimiento. Peter Moschulski, un joven de catorce años nacido en Austria y radicado en Chile desde los nueve, grababa el primer disco de lo que luego sería conocido como la Nueva Ola, bajo el nombre artístico de Peter Rock.

“El primer disco lo grabé a fines de 1959 para RCA Víctor. Traía “Nena no me importa”, una canción originalmente cantada por Elvis Presley por el lado A y “Algo pasó”, de Paul Anka, en el lado B, que para el segundo disco que grabé pasó al lado A. Ese fue el primer disco de la Nueva Ola y la versión de “Nena no me importa” de Elvis la pararon en las radios para que sonara la mía”, cuenta el protagonista. Como explica el escritor y músico Tito Escárate, con el nacimiento de la Nueva Ola “se produce una transformación en la industria discográfica. Se comienza a vender ídolos juveniles como segmento, lo que agranda el rango de consumo. Por lo tanto ya no es sólo el público adulto el que compra discos, sino también el joven”.

En este proceso de segmentación de la industria discográfica, es fundamental la influencia de lo que ocurría en Estados Unidos, “que después de la Segunda Guerra Mundial desplazó a Francia como modelo cultural referente”, agrega Escárate. En Estados Unidos, “el nacimiento del rock & roll está íntimamente ligado a la conversión del joven en sujeto social autónomo. Tras el periodo de incertidumbre que sucede al fin de la Segunda Guerra Mundial, en los Estados Unidos se opera un proceso de esplendor económico que propicia el nacimiento de un nuevo tipo de adolescente. Son los teenager, término que se utiliza para describir a los jóvenes que disponen de un trabajo y por ello de cierto poder adquisitivo, y necesitan una oferta de ocio acorde con sus necesidades, radicalmente opuestas a la de sus mayores… El recién obtenido poder adquisitivo de los jóvenes no pasa desapercibido para los rectores de la industria del entretenimiento… así que era necesario crear nuevos ídolos con los que pudieran identificarse.”1

1 GUILLOT Eduardo, Historia del Rock, editorial La Máscara, 1997, pág. 38.

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Así, mientras en Estados Unidos aparecían a partir de 1954 cantantes de rock & roll que apuntaban al incipiente mercado de los adolescentes como Bill Haley, Elvis Presley, Little Richard, Jerry Lee Lewis, Budy Holly y James Vincent, en Chile algunos productores informados del nuevo fenómeno musical y social que ocurría en Norteamérica, adaptan esta corriente al mercado nacional concientes de que podía ser un buen negocio. Peter Rock cuenta que el fue “el primero de la Nueva Ola en grabar, pero conmigo empezaron los hermanos Zabaleta con Red Juniors, los hermanos Carrasco con los Carr Twins, Danny Chilean (Javier Astudillo)que llegó en 1960 o 1961 a Santiago desde Antofagasta, Pat Henry (Patricio Núñez)…”.

Sin embargo, a pesar de que los artistas chilenos tomaban como modelo a los norteamericanos, no significaron un golpe al establishment como lo fueron sus pares norteamericanos. Según Tito Escárate, esto se dio porque “la Nueva Ola estaba inspirada en el movimiento de los Pretty Faces (caras bonitas) que era el rock más domesticado y aceptado por la sociedad estadounidense. Los ídolos eran conductual y políticamente muy correctos y el mercado los apoyaba. Esto porque la sociedad chilena de entonces era casi medieval, muy conservadora”.

Casi al mismo tiempo en que la Nueva Ola empezaba a tomar forma como movimiento, se realiza el primer Festival de Viña, en 1960. La iniciativa del alcalde de la ciudad, Gustavo Lorca y de su relacionador público, Carlos Ansaldo, que nació como una especie de feria artística de verano, se transformaría en el escenario más importante de Chile y uno de los más importantes de Latinoamérica, siendo una vitrina inmejorable para los artistas nacionales hasta el día de hoy.

Su primer animador fue el productor y locutor radial Ricardo García, y la primera canción ganadora del concurso de música popular fue "Viña del Mar" de José Goles y Manuel Lira, interpretada por Mario del Monte, quien ganó 500 escudos como premio además de la lira y el arpa de oro, premios que se entregaban por entonces y que fueron reemplazados en 1972 por la gaviota de plata. No fue coincidencia que la primera canción ganadora del evento fuera alusiva a la ciudad donde se realizaba ya que, como el festival

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había nacido para incentivar el turismo en la zona, era requisito obligatorio en esa primera edición, que todas las canciones tuvieran como tema central a la ciudad jardín.

El éxito fue absoluto. Asistieron un total de 35.133 personas que dejaron 6.150,90 escudos de recaudación, por lo que un año después de su creación el festival sería transmitido por televisión, con lo que se consolidaba como el evento musical más importante del país. Sin embargo este primer Festiva de Viña no tuvo como grandes protagonistas a los exponentes de la Nueva Ola, a pesar de que gran parte del público era joven y ávido por esta nueva música. De hecho la canción ganadora, “Viña de Mar”, era un bolero y la lista de artistas que se presento estaba lejos del rock & roll: el cómico argentino Luis Sandrini, Manolo González, Jorge Romero “Firulete”, Los Quincheros, la japonesa Teal Joy y el dúo campestre Los Perlas fueron los encargados de poner música a las jornadas. La organización del espectáculo llegó a temer por la reacción que podría tener la juventud ante un show tan conservador, pero no ocurrió nada fuera de lo normal y todos disfrutaron de las jornadas en paz. La Nueva Ola tendría que esperar por su oportunidad en el escenario de la Quinta Región.

El primer Festival de Viña del Mar encontró a Chile tratando de superar la crisis económica heredada del gobierno de Ibáñez del Campo. En este sentido, una de las primeras medidas de Alessandri fue conocida como la “revolución de los gerentes”. Este plan consistió en alejar el modelo de desarrollo económico de la figura del estado, para darle un protagonismo mayor a las iniciativas privadas. También comienza un fuerte énfasis en áreas como vivienda y obras publicas, junto con un plan de estabilización económica en el que se mantenía el tipo de cambio fijo para lograr controlar la inflación. A estas medidas se agregó un aumento en las importaciones, lo que trajo en el corto plazo, un gran alivio para Chile.

Con estas medidas, la economía nacional logró un repunte que provocó un paulatino incremento de la clase media y de su poder adquisitivo. Este hecho, sumado a la importancia que tenía Estados Unidos como referente cultural para Chile, provocó que nuestro país viviera una situación parecida a la de la Norteamérica de post guerra, en cuanto

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a la oferta de ocio para jóvenes que de alguna manera ya empezaban a manejar algo de dinero. “El joven norteamericano aún hoy tiene clara la vida a los 21 años; si es sano, el perico va a hacer el servicio militar y va a ir a la guerra y, si vuelve de la guerra va a llegar inválido, tonto o traumado. Entonces el joven norteamericano tenía limitancias (sic), sabía que hasta los 21 años podía hacer lo que quería y tenía que hacer lo que le diera la gana porque no sabía si iba a vivir más allá de los 21 años, sin decirlo era lo que sentían. De ahí nació un movimiento que se llamó ‘rebeldes sin causa’ y en Chile ‘los coléricos’, que aquí no tenían mucha justificación, por lo que se confundió en muchas partes con lo que era la delincuencia juvenil, era como choro andar en moto y agarrarse a cadenazos. Era una onda de seudo rebeldía sin razón de ser en nuestro país y en muchos países. Entonces en Chile esa presión de revelarse del joven norteamericano también tiene su forma. Acuérdate que son los años de la reforma universitaria y, a medida que avanzó el movimiento hippie con la convicción de ‘no a la guerra’, esto se convirtió en un fenómeno mundial. Eso que muchas veces no sabemos lo que queremos pero sí tenemos claro lo que no queremos se empezó a manifestar fuerte a finales de los cincuentas y durante todos los sesentas hasta el año 1973”, explica Sergio “Pirincho” Cárcamo.

De esta manera, el movimiento del rock & roll en Chile iba tomando fuerza con una rapidez inédita para la industria discográfica nacional. Peter Rock, según él cuenta, había vendido cerca de sesenta mil copias de su primer disco y su éxito en las presentaciones en vivo era absoluto. “El año 1958, 1959, ya empezó a producirse este fenómeno con Peter Rock y su hermano (Alex Alexandre), y de ahí empezaron a salir Rafael Peralta, Sergio Inostroza, Danny Chilean. Era una cosa de locos como se vendía en esa época. Un poco después llegó Gloria Aguirre, Fresia Soto. Y esto empezó a constituir un movimiento que cada vez se hizo más fuerte y que se hizo poderosísimo cuando irrumpieron a principios de los sesenta los The Ramblers, de ahí los Blue Splendors, Los Tigres con Lucho Zapata, su director, y varios grupos más”, relata Roberto Espinoza, integrante de Clan 91 y actualmente productor musical. Pero para que esta explosiva moda del rock & roll tomara la forma definitiva de una industria consolidada y lucrativa, fue necesaria la acción de productores que estuvieran dispuestos a invertir tiempo y dinero en los nuevos artistas nacionales. Dentro de este contexto, la figura de Camilo Fernández resultaría esencial y

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emblemática dentro de la Nueva Ola. Este valdiviano se define como “un descubridor de talentos”. Había llegado a Santiago a estudiar odontología, aunque tenía una fuerte vocación por las comunicaciones, empezó escribiendo en la revista Ecrán, una de las principales revistas de espectáculos de finales de los cincuenta, contactado por el también valdiviano Raúl Matas. Esto le permitió acercarse al mundo de los sellos discográficos y al tiempo recaló en el sello Columbia. “Columbia era una licencia de EMI. Pero yo propuse que con un sólo simple, este sello podía vender más de lo que EMI había vendido en todo el año. Pedí permiso para sacar en Chile la canción “Como antes” y vendimos como 400 mil discos. Columbia estaba fascinada con las ventas y esa plata nos permitió crear una fábrica.

Así me dieron la oportunidad de producir mis primeros discos, que fue como el preludio de la Nueva Ola. Pero tuve un problema porque me tomé un día más de vacaciones y me llamaron la atención. Y como soy ‘parao en la hilacha’ dije que hasta aquí no más llegábamos. Entonces me llamaron de RCA para trabajar como productor”, explica.

“Esto (el movimiento de la Nueva Ola) irrumpió por la visión de Camilo Fernández principalmente y después de Antonio Contreras, que recientemente falleció, con el sello Caracol. Fueron los primeros que se instalaron con sus licencias independientes”, cuenta el mismo Espinoza, que además agrega que “(Camilo Fernández) fue extremadamente visionario, porque fue el primero que se instaló con un sello particular. No fue gerente de esto o de lo otro, ni de las multinacionales que en esa época se empezaron a instalar en Chile. Llegó la RCA, que después se nacionalizó y se transformó en la IRT y se fue a las pailas. También llegó la Phillips que tenía a la Odeón y antes de eso se manejaban como Columbia. Ellos empezaron a ver que en Chile había una aceptación enorme de todo esto y empezaron a fabricar. La primera fábrica se instalo en Vicuña Mackena, a la vuelta de La Tercera, se instaló la RCA y empezó a fabricar. Un monopolio que ni te explico, o sea Lucho Reyes, que era el jefe de fábrica, era para el medio artístico un dios. Si estabas bien con Lucho Reyes, que a mi gusto era un hombre muy culto, estaba todo bien”.

Comenzó una verdadera fiebre no sólo por parte del público para tener los discos de los nuevos artistas chilenos, sino también por parte de los grupos y cantantes que querían un espacio dentro de este negocio. Como consecuencia de la especie de monopolio del que

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habla Espinoza y la lógica del mercado, los artistas recibían una porción bastante menor de lo que producían. Pero de esto sólo se darían cuenta con el tiempo. “A nosotros nos cagaban por cielo mar y tierra. Era cabro y ganaba mucha plata, tenía catorce o quince años. Del Caupolicán todavía me deben millones de esa época. Del primer single vendí sesenta mil discos, pero nosotros éramos inocentes, además yo vivía con mis padres, me compraba ropa, motos, pero con los contratos nos metían el dedo en la boca”. El ex integrante de Clan 91, Roberto Espinoza, va incluso más allá: “(Camilo Fernández) nunca le firmó un contrato a algún artista, entonces los que participábamos teníamos tal entusiasmo por llegar, que firmábamos contratos que ni veíamos o no firmábamos ningún contrato. Nosotros firmábamos vales por grabar, lo que firmabas en el fondo era un reconocimiento de los costos, los cuales estaba invirtiendo la compañía grande o el productor independiente que te grababa. Tú firmabas un papel asociándote a los costos. En mi disco se está gastando en este momento, llevado al día de hoy a un single, que es lo que se grababa en esa época, un millón 200 mil pesos. Pero al que le preguntes de la Nueva Ola, que fue donde principalmente basaron su bandera de lucha en estos últimos espectáculos del despertar de la Nueva Ola, fue la reivindicación de nuestros derechos, que en ese momento no se nos pagó. Lo malo fue eso, sin duda muy malo, pero en esa época era la puerta del paraíso. Resulta que te decían que vendiste 300 mil copias, eras disco de oro y cosas así, te volvías loco. Los shows son la fuente más grande de ingreso, desde la Nueva Ola en adelante. Ningún artista, salvo uno, compositor, arreglador y genio, Joaquín Prieto, hermano de Antonio Prieto, quien venía de España y fue como una revolución, porque se quedó con mucho y exigió sus derechos”

A esta idea también se suma Antonio Zabaleta, integrante de los Red Juniors y luego de los Bric a Brac, diciendo que “éramos más romántico en ese tiempo, no se ganaba la plata que se gana hoy. Los productores se llevaban toda la plata, pero los artistas de a poco fueron dándose cuenta que fueron una necesidad dentro del espectáculo y ahí empezaron a pedir más y a exigir más”.

Pero Fernández, que era director de la etiqueta subsidiaria de RCA que bautizó como Demon, ya que “la idea del nombre era un diablito que le pinchaba el poto a las

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compañías grandes”, tiene otra visión: “a mí la RCA me daba un 10% y yo a los artistas les daba un 2% por disco vendido, pero con mi 8% yo tenía que pagar una serie de cosas, así que a mí me quedaba un margen pequeñísimo, como del 3%. Así que la única manera de que yo ganara dinero era vendiendo mínimo cien mil copias. Pero yo no cobraba por los contratos que hacían los artistas para presentarse en televisión o en vivo”. En este sentido, el productor de eventos musicales Carlos Valdivia, sobre esa situación, piensa que “no es culpa del chancho sino del que le da de comer. Si un artista llegaba y grababa sin un contrato era porque los artistas eran unos ansiosos y unos pelotudos, o estaban mal asesorados, pero eso no me consta porque yo no estaba ahí. La modalidad de contratos de Fernández era pagar unas lucas por disco grabado, sin regalías por venta. Es un trato normal, incluso hasta hoy”.

Ni siquiera el decaimiento económico que se produjo a fines de 1960 y que culminó con la devaluación del peso a fines de 1961, podía detener la explosión de la industria discográfica, de la mano da la Nueva Ola. Carlos Valdivia cuenta que “el sello EMI llegó a tener catorce en prensas en Chile haciendo discos todos los días, una locura”.

Las radios, cuando la televisión prácticamente no existía todavía en Chile, se transformaron en las grandes difusoras de la Nueva Ola. “Las radios eran el gran espacio de difusión, en Santiago había más de diez radios que tenían estudios con una capacidad promedio de cien personas y cada una de esas radios tenía un show diario, que iba desde las ocho hasta las once de la noche, donde tú ibas en la mañana y te regalaban las entradas.

Cada una de esas radios tenía una orquesta. La más chica era la de Roberto Inglés en el show continuado de radio Portales. Entonces, si tú tenías un grupo y eras solista podías cantar un lunes, miércoles y viernes en la Portales y, los martes, jueves y sábados en la Corporación, la Minería o la Cooperativa”, cuenta “Pirincho” Cárcamo. Roberto Espinoza explica que “la proporción entre música extranjera y chilena que se pasaba en las radios era de 1 a 99”. Esta repentina explosión de la música hecha en Chile trajo como consecuencia un incremente inmediato en la cantidad de artistas. “Al principio eran dos o tres, pero después pasaron a ser más de cien. Pero los que primeros abrimos la puerta, fuimos a los que más nos costó”, cuenta Antonio Zabaleta.

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Tres grandes hitos de la Nueva Ola

“Cuando escuché a Elvis me dije para allá quiero ir. Como nací hablando alemán, para mi el inglés era mucho más fácil”, Peter Rock, músico.

“Estaba sentado en la Quinta Vergara viendo el Festival de Viña y escuché a un grupo que yo creo que nadie conocía, cantando una canción relacionada con el Mundial de Fútbol que se iba a hacer ese año. Terminaron de actuar y me fui a los camarines. Pregunté quién era el autor de la canción. Los traje a Santiago y los hice grabar, porque todos los sellos los habían rechazado”. Camilo Fernández, productor musical.

“Salía con un pito en lo oídos después de cantar por los gritos y desmayos de las chicas”, José Alfredo Fuentes, cantante.

Mediados de la década del cincuenta. Mientras en la sociedad chilena conservadora de la época, la música que escuchaban adultos y jóvenes estaba ligada a estilos como el tango, bolero, guaracha, cha cha cha, vals peruano, orquestas tropicales y mejicanas e incluso música clásica, un inquieto niño rubio nacido en Austria, había llegado a Chile con su madre y su padrastro. Proveniente de una familia de buen pasar económico, Peter Mociulski von Remenjik sobresalía por su cabellera rubia y su personalidad extrovertida que le significó pasar por varios colegios, entre ellos el Victorino Lastarria, donde conoció a uno de los grandes compositores de canciones de la Nueva Ola, Jorge Pedreros. A esas alturas comenzaba a notar que la música era lo suyo. “El año 1957 me di cuenta de que lo que yo quería hacer era música, no sólo para mantenerme monetariamente”, dice quien luego sería bautizado por su padrastro como Peter Rock.

Influenciado por Elvis Presley, el joven austriaco comenzó a buscar oportunidades dentro del ambiente musical. “Cuando escuché a Elvis me dije para allá quiero ir. Como nací hablando alemán, para mi el inglés era mucho más fácil. A la primera radio que me presenté fue a la Pacífico y no me querían dar bola. Me decían cabro vuelve otro día.

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Llegué en la mañana y ya era tarde, hasta que apareció el gerente de la radio y dijo: ‘Ya escuchémoslo’. Yo andaba con camisa roja, pañuelo verde, casaca multicolor. Agarré la guitarra y partí cantando. Se empezó a llenar de gente y al final el gallo me dijo que debutaba esa misma noche”. El repertorio del pequeño show de esa tarde, que duró media hora, incluyó temas de Elvis Presley, Paul Anka y Bill Halley. Luego junto a su hermana y Jorge Pedreros, formaron Peter Rock and The Lions, nombre que se debía a que el signo zodiacal de Pedreros era Leo.

A poco andar, se le acerca a Peter, un ex boxeador que lo doblaba en edad. “Luciano Galleguillos me dijo: ‘Quiero que seas el equivalente a Elvis Presley’. A los tres meses estábamos en el primer lugar”, dice el pionero de la Nueva Ola. El éxito llegó rápidamente para Peter Rock. Con apenas catorce años, grabó su primer disco a fines del 1959 para RCA Víctor, con el tema “Nena no me Importa”, originalmente interpretado por Elvis Presley por el lado A del vinilo, y “Algo Pasó” de Paul Anka por la cara B. “Ese fue el primer disco que la Nueva Ola. En las radios pararon la versión de Elvis para que sonara la mía”, comenta a pesar de la diferencia de fechas con el polémico ensayista del rock chileno Fabio Salas, quien plantea que el primer disco del movimiento fue grabado para RCA Víctor entre marzo y abril de 1960 por la solista italiana Nadia Milton.

Otro aspecto que contribuyó al éxito del joven artista fue el manejo comunicacional de su representante. “Galleguillos era un hombre de mucho marketing. Por ejemplo, iba a un colegio y regalaba cincuenta entradas para el teatro y les decía: ‘Se van a tirar al suelo, le van a romper la ropa, se van a desmayar’”. Peter Rock sobresalió de inmediato por su actitud en el escenario, sus movimientos pélvicos imitados de Elvis Presley, y su vestimenta poco tradicional para la época. “Todos se vestían de gris y negro pero a mi me aceptaron vestirme distinto porque era gringo. Era un cambio grande que se introdujo a la juventud”, explica el cantante. Con el éxito y la popularidad que le llegó rápidamente, Peter Rock reemplazó el colegio por un tutor que le enseñó cultura general hasta los 17 años.

Convertido en un fenómeno popular, Peter Rock generaba mucho dinero para un joven que bordeaba los quince años.

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Luego de convertirse en el ídolo juvenil del momento, Peter Rock emprende rumbo a Buenos Aires en 1963 con la idea de ampliar el éxito que había obtenido en Chile, viaje que después lo llevaría a Europa y lo tendría fuera de Chile por quince años. Paralelamente, el fenómeno iniciado por Peter Rock, incentivó a otros artistas nacionales a empezar con una carrera musical. De esta forma nacen grupos y artistas en su mayoría con nombres en inglés como Los Red Juniors (hermanos Zabaleta), Los Carr Twins (hermanos Carrasco), Larry Wilson (Reinaldo Rojas), Alan y sus Bates, Buddy Richard (Ricardo Toro), Luis Dimas y Los Twisters, Pat Henry (Patricio Nuñez), Sergio Inostroza, Rafael Peralta y Danny Chilean (Javier Atudillo), antofagastino quien fue el primer cantante de provincia en tener éxito en Santiago y el primero que se atrevió a cantar temas en español. También hubo carismáticas mujeres con voces privilegiadas como Gloria Benavides, Fresia Soto, Luz Eliana, Maritza y Cecilia que también lograron un gran nivel de popularidad. “Es lo que se llamo la Nueva Ola. Estaba naciendo un mercado dedicado única y exclusivamente a los adolescentes”4.

A pesar de que las mujeres de la Nueva Ola también tenían buena recepción del público, obtenían un protagonismo un poco menor que el de los hombres de la corriente.

“Siempre la mujer ha sido como más expresiva. El público femenino siempre ha sido más expresivo en cuanto a los fan club para los hombres. Para las mujeres era relativamente más tranquilo”, afirma la cantante Gloria Benavides que se hizo famosa en la época de la Nueva Ola con la canción “La Gotita”.

Así como Peter Rock marcó el inicio del movimiento, el segundo hito en la consolidación del fenómeno fue el tema “Rock del Mundial” de The Ramblers, hecho para el Mundial de Fútbol de 1962 organizado por Chile. “No fue casualidad que la Nueva Ola explotara en 1962. En mayo arrancó en Chile el Mundial de Fútbol y con él se despertó un inusitado ánimo nacionalista. Atento a la pasión generada por el fútbol entre la población chilena, el hasta entonces casi desconocido grupo The Ramblers, que ese mismo año había

4 PLANET, Gonzalo. Se Oyen los Pasos, Editorial Beatgurú Libros 2004, pag. 19

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actuado en el Festival de Viña del Mar, grabó una canción alusiva al campeonato del mundo celebrado en el país en la que se avivaba al equipo anfitrión”5.

La conjunción de elementos como un movimiento musical ascendente en popularidad y la recepción de la gente, más la organización del evento futbolístico más importante del mundo, generó un ambiente que aprovechó Camilo Fernández para afianzar el fenómeno de la Nueva Ola. “Estaba sentado en la Quinta Vergara viendo el Festival de Viña y escuché a un grupo que yo creo que nadie conocía cantando una canción relacionada con el Mundial de Fútbol que se iba a hacer ese año. Terminaron de actuar y me fui a los camarines. Pregunté quién era el autor de la canción. Los traje a Santiago y los hice grabar, porque todos los sellos los habían rechazado, para mi sello Demon, lo que sería el primer rock chileno en castellano”, comenta Fernández. “El ‘Rock del Mundial’ fue su nombre, y al poco de iniciado el torneo ya superaba las ventas históricas de cualquier disco de un cantante local”6.

La Nueva Ola vive su auge en la primera mitad de la década de los sesenta. Cuando este suceso comenzaba a declinar, empezó a tomar protagonismo una nueva corriente que retomaba clásicos del folclore nacional. Este movimiento fue conocido como Neo Folclore.

Dentro de esa corriente se ubicaba en el conjunto Los del Sendero, que en 1965 estaba a punto de grabar su disco y se les fue el cantante. En busca de un reemplazante escucharon que había un joven que cantaba en colegios que le decían el “Chico” Fuentes.

“Me fueron a escuchar, me contrataron inmediatamente y grabamos un disco. Eso hace que un año más tarde Antonio Contreras del sello Caracol me ofrezca grabar para él”, cuenta José Alfredo Fuentes, quien fuera bautizado como “Pollo” al poco tiempo de unirse a la agrupación. “Un día llegué mojado, entumido de frío, con el pelo muy cortito, y luego de haber caminado muchas cuadras desde la micro que me había dejado, uno de ellos (Los del Sendero) me dijo que parecía pollo”. Su religiosa madre fue convencida por un cura para que Fuentes pudiera cantar por un año para que probara suerte. “En ese año me fue

5 PEÑA, Juan Cristóbal. Cecilia, la vida en llamas, Editorial Planeta, 2002, Pág. 48

6 PEÑA, Juan Cristóbal. Cecilia, la vida en llamas, Editorial Planeta, 2002, Pág. 48

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espectacular. A los tres meses ya era muy popular, se vendió una gran cantidad de discos”, comenta.

Luego de grabar su tercer tema, “Te Perdí”, el éxito obtenido le permite registrar su primer disco de larga duración. Fuentes logró rápidamente una popularidad fuera de lo normal, elevándose junto a Cecilia, que venía desde la Nueva Ola, como los nuevos ídolos juveniles masivos. “Cecilia es parte de la Nueva Ola porque yo la iba a ver al teatro Caupolicán. Fui amigo de ella antes que me pusiera a cantar”, dice Fuentes. Sin embargo el estilo que cultivaban se relaciona con una vertiente más cercana al pop que al rock mismo.

“Fueron exponentes nacionales con creaciones nacionales pero con estilos mas bien románticos y poperos, no rockeros. Nacieron los compositores de música pop chilena”, aclara Roberto Espinoza.

De esta forma surge una segunda camada de ídolos ligados a la Nueva Ola, con grupos como Clan 91, los Bric a Brac, impulsados por las gran popularidad que despertaba el “Pollo” Fuentes y Cecilia que partió avanzado el movimiento pero traspasó la barrera de la mitad de la década del sesenta. “Hubo una gran estrella que fue Cecilia. Fue la primera mujer ídolo. Ella partió un poco más tarde de la Nueva Ola” afirma Gloria Benavides.

El “Pollo” Fuentes se había convertido en un verdadero ídolo popular. “De repente me vi enfrentado a hacer el Teatro Caupolicán con cinco mil personas en la tarde y cinco mil en la noche, que estaban el 80% vestidas de amarillo, porque las fans del ‘Pollo’ se vestían de amarillo”, dice Fuentes. “Surgieron los clubes de fans. Llegó a haber diez mil inscritas. Mi manager, que era Jorge Mackenna, más que preocuparse del escenario, se preocupaba de cómo sacarme de donde estaba cantando. Salía con un pito en lo oídos después de cantar por los gritos y desmayos de las chicas”.

Sin embargo, el éxito que ostentaba Fuentes, no se reflejaba en el dinero recibido.

“Uno firmaba con los ojos cerrados. Un porcentaje muy pequeño de las ventas iba hacia ti.

Yo era autor de mis canciones. Varios de mis grandes éxitos son de mi autoría y otros de Gustavo Arriagada, que era un profesor del colegio. Pero yo no tenía idea de que había

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cedido los derechos y de repente me di cuenta cuando un día fui a RCA y me dijeron que Antonio Contreras los cobraba”.

En ese momento, el país comienza a polarizarse en términos políticos lo que sumó detractores en la carrera de Fuentes. “Me doy cuenta que la gente muy de izquierda de ese momento, que era bastante soñadora, revolucionaria y con deseos de hacer un cambio brusco en lo que eran los gobiernos anteriores, no les gusta que haya un ídolo de la canción que cante canciones simples y de amor”, relata el artista que tenía una fuerte llegada, principalmente en la clase popular del país.

A pesar de la molestia que causaba en sectores ligados a la izquierda de la época y de la diversificación de corrientes musicales a partir del año 1965 como la Nueva Canción Chilena, el movimiento de rock nacional inspirado en The Beatles y agrupaciones de raíz folklórica, Fuentes no dejó de actuar en público. “Cuando sale electo Salvador Allende, entre 1970 y 1973 yo diría que fue el tiempo que más trabajé. Estaba lleno de show a niveles populares. Hice muchas carpas en poblaciones. Te pagaban bien”, dice el ahora animador de televisión.

Luego, hacia el año 1973, la música no era prioridad en el país. La tensa situación política hizo que Fuentes buscara futuro fuera de Chile, lo que marcaría la decadencia en popularidad del último ídolo masivo de la música chilena.

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El rol de los medios

“La revista Ritmo trataba los temas que le interesaban a la juventud, como las espinillas, ‘me gusta pero no me mira’, los mismos temas de ayer, hoy y mañana”, Luz María Vargas, ex directora de Ritmo.

La Nueva Ola tuvo a los medios de comunicación masivos, especialmente la radio y las revistas juveniles, como sus máximos aliados. La voz de los artistas y del público era transmitida a través de muchos de estos canales. Así se generó el ya comentado movimiento.

“Las radios eran el gran espacio de difusión, en Santiago habían más de diez radios que tenían estudios con una capacidad promedio de cien personas y cada una de esas radios tenía un show diario, que iba desde las ocho hasta las once de la noche, donde tú ibas en la mañana y te regalaban las entradas”, señala Sergio “Pirincho” Cárcamo, para quien la Nueva Ola surgió en un programa de la radio Portales de Talca dirigido por Eduardo Brunner.

Mientras se hablaba de detalles de la vida de los diversos artistas, las radios se disputaban la transmisión de temas exclusivos que iban saliendo de los estudios de grabación del país, así lograban captar al público que llenaba los grandes estudios radiales.

Emisoras como Corporación, Cooperativa, Minería y Portales organizaban shows en vivo donde la gente se relacionaba con los artistas.

Según el periodista Juan Cristóbal Peña, “la radio fue el principal catalizador de la Nueva Ola y de todos los géneros musicales en Chile hasta mediados de los sesenta. En sus auditorios actuaron los principales números mundiales que aterrizaron en el país y fue ahí donde los cantantes hicieron su práctica profesional antes de saltar a los escenarios masivos”7.

7 PEÑA, Juan Cristóbal. Cecilia, la vida en llamas, Editorial Planeta, 2002, Pág. 51.

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La industria musical chilena estaba muy ligada a la radio y esto apoyó la aparición del discjockey “como promotor y consorte del éxito de tal o cual artista. La cantidad de programas radiales que presentaba su propio animador a comienzos de los sesenta es clara:

sólo en la capital se escuchaban cerca de un docena de espacios dedicados a transmitir solamente música popular estándar”8.

Para Cárcamo, actual locutor de radio Futuro, en esa época hubo muchos discjockeys importantes y que se transformaron en un aporte a la Nueva Ola, ayudando a que se transformara en el movimiento más escuchado en los inicios de la década de los sesenta. Entre estos DJs destacaban, según Cárcamo, “Ricardo García (Ricardo Larrea) y Miguel Davagnino en radio Portales de Valparaíso. También estuvo Agustín ‘Cucho’

Fernández, que trabajaba en Cooperativa, Hernán Pereira, Margarita Alarcón (‘Estrellas de la Canción’), Juan Carlos Gil, Juan La Rivera y Antonio Contreras (‘Savory Hits’)”. Estos decidían lo que los chilenos escucharían en sus casas, fiestas o en cualquier evento.

“Discomanía” de Radio Minería se transformó en uno de los programas que más destacaban en la época. Presentado en un comienzo por Raúl Matas y posteriormente por el que se transformaría en uno de los mentores de la Nueva Canción Chilena, Ricardo García.

“El Tocadiscos” era una obligación para todos los músicos y público en general, conducido por Julio Gutiérrez en radio Cooperativa. “Era tal la cantidad de gente que lo escuchaba que todos llegábamos a esa hora (de seis a siete de la tarde) para escucharlo. Lo que tocara él ya era un éxito”, explica el músico Roberto Espinoza.

Por su parte, algunos jóvenes intentaban crear un movimiento paralelo, más ligado al rock anglo. Las radios no se sumaban a ese fenómeno y se dedicaban casi de forma exclusiva a la Nueva Ola y el Neo Folclore. El cantautor chileno Eduardo Gatti, quien después formaría parte de importantes grupos rockeros del país y llegaría a escribir uno de los himnos de la música popular como es “Los Momentos”, recuerda que en esa época él no tenía música de la Nueva Ola y que escuchaba mayoritariamente música extranjera y grupos que según Gatti no se tocaban en la radio, “ya que eran muy underground”.

8 SALAS Z., Fabio. La Primavera Terrestre, Editorial Cuarto Propio, Pág. 26.

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A pesar de esto, el rock empezaría a tener cierto espacio gracias a DJs como Robinson Retamales, Orlando Walter Muñoz, el propio Ricardo García, Freddy Hube, Sergio “Pirincho” Cárcamo y Pablo Aguilera. Pero todo esto tenía más que ver con “la opción y el gusto de estas personalidades ligadas del medio”9.

Mientras la radio era el motor principal del fenómeno denominado como Nueva Ola, ya existía cierta prensa escrita que se dedicaba a los espectáculos. Revistas como Ecrán eran la forma en que, tanto jóvenes como adultos, se enteraban del acontecer cultural mundial abarcando diversas áreas del entretenimiento, especialmente antes de aparecer masivamente la televisión a partir del Mundial de 1962.

Según Cárcamo “la aparición de la televisión en 1962 mató a la radio y las radios AM (amplitud modulada) se acomplejaron tanto que, por ejemplo, Minería que era la radio más emblemática, casi desapareció. Los circuitos se fueron achicando en Chile porque la televisión no absorbió los shows de todos los días”.

Si bien en la sociedad actual es casi inimaginable estar sin aparatos televisivos, su entrada a Chile no fue tan simple. El Presidente Jorge Alessandri se negaba a la masificación de la televisión, dificultando su producción e importación. La consideraba enajenante para el pueblo, postura compartida por buena parte del establishment. Sin embargo, el avance que este medio tenía en el resto del mundo, junto con la exigencia de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) de que Chile tuviera un sistema televisivo normalizado para el Mundial de 1962, permitieron el ingreso al país de la televisión. Su impacto fue tan grande que para finales de este año había veinte mil aparatos, cuatro veces más que en 1959.

La revista que mayor responsabilidad tiene en el nuevo apogeo de la música nacional, una vez que la Nueva Ola ya venía en decadencia, fue desde 1965 Ritmo de la Juventud. “La revista Ritmo se vendía mucho. Cuando apareció, existían en el mercado El

9 PLANET, Gonzalo. Se Oyen los Pasos, Beatgurú Libros, 2004, Pág. 55.

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Rincón Juvenil, que era de Zig-Zag, el Ecrán en cuanto a espectáculos y el Vea que a veces trataba espectáculos cuando eran cosas demasiado masivas. Ritmo tomó rápidamente protagonismo y se vendía muchísimo más que las otras”, indica Luz María Vargas, periodista y posterior directora de la publicación.

Según Roberto Espinoza, quien en más de una oportunidad apareció en la revista con su grupo Clan 91, “Ritmo empezó a endiosar a los artistas chilenos de una forma fantástica, con decirte que las ventas nuestras y en general eran increíble. Nosotros llegamos a vender de forma total un millón 200 mil copias”.

Para Gloria Benavides, “la radio era fundamental y la revista Ritmo, que en ese tiempo era 'la' revista de espectáculos. La revista Ritmo fue la base de este movimiento porque ellos hicieron que nacieran los clubes de admiradores. Ellos apoyaron mucho y la radio era vital porque no existía la televisión como ahora, estaba en pañales. Había uno que otro canal que salía pero era muy diferenta a ahora”.

Tal como sucedía con la radio lo que salía en la revista Ritmo, que contaba con el gato yo-yo como imagen corporativa, se transformaba en un éxito. Los fanáticos, especialmente las mujeres, recortaban las portadas y empastaban sus cuadernos, veían su compatibilidad con sus ídolos, cantaban con los cancioneros. Así los artistas empezaron a acercarse cada vez más a los medios escritos, especialmente considerando las grandes ventas de éstos. Según la periodista y presidenta del Consejo Nacional de Televisión, Patricia Politzer, “la revista Ritmo, dirigida a los jóvenes, vendía entre 85 y cien mil revistas a la semana. Ecrán, la gran revista del espectáculo, 45 mil”10. Cifras, que según Politzer, son muy distantes a lo que sucede en la actualidad, donde este tipo de medios no exceden los diez mil ejemplares.

Para José Alfredo Fuentes, quien a partir de 1966 se transformó en uno de los más grandes ídolos nacionales, “la revista Ritmo fue fundamental en el éxito de todos los

10 POLITZER, Patricia.El instinto básico por la información, Universidad de Concepción, 2003. Disponible en: www2.udec.cl/periodismo/general/Paggen/Publicaciones/Estudios/Estudios8/Politzer/Articulopolitzer.htm

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cantantes de la Nueva Ola y de perpetuarla a través del tiempo”. Esto según Luz María Vargas se debió a que los diarios no tenían una sección importante de espectáculos. “Eran muy pocas las noticias de índole musical que podían importar y generalmente eran las visitas de gente tan importante para la época como Leo Marini o Jorge Negrete, Paul Anka, Neil Sedaca”, agrega la ex editora de la publicación juvenil.

Otras revistas de la época, surgidas entre 1964 y 1965, fueron Rincón Juvenil y El Musiquero, con su lema “Uno que sabe de discos” salía viernes por medio con decenas de cancioneros. Estas magazines tenían relativo éxito pero no comparable con la publicación a cargo de María Pilar Larraín, quien fuera la directora y representante legal de Ritmo en su apogeo.

Es así como el público chileno tenía la opción de escuchar la música nacional y además de enterarse sobre la vida de sus artistas. Los ídolos no eran tan inalcanzables y tenían un pasado muy similar al de sus fanáticos. La gran cantidad de teatros y locales para mostrar el trabajo artístico ayudaron a formar este movimiento. Panorama que cambiaría radicalmente con la fuerte arremetida de la televisión hacia fines de la década del sesenta, momento en el que muchas familias ya contaban con un aparato televisivo.

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Las claves del éxito

“Fue como si tiraras semillas y tienes agua y sol y, de pronto, vez que está creciendo pasto, entonces dices: ahhh, voy a vender pasto”, Antonio Zabaleta, músico.

Sin duda alguna, la Nueva Ola ha sido el periodo más prolífero en la historia de la industria musical chilena y, podemos atribuir su éxito a la convergencia de diversos factores, destacándose la gran segmentación de público que se realizó en aquella época y que tenía como principal objetivo a los jóvenes.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos hubo un momento de mucha producción y demanda, que involucró un aumento en el ingreso monetario de los ciudadanos y, sobre todo, de los adolescentes o teenagers, que comenzaron a recibir una mesada que les permitió tener un importante poder adquisitivo y, de paso, convertirse en un nuevo segmento económico, al que apuntaron gran parte de los empresarios que en ese entonces estaban dedicados al mundo del entretenimiento, como lo refleja una frase de un millonario californiano con motivo de las revueltas juveniles de los años sesenta, “Os compraremos vuestros insultos, nos pondremos vuestras zamarras asquerosas y sobre ellos crearemos otro imperio”11.

En Chile, se optó por repetir el modelo norteamericano y el resultado fue igual de exitoso y, aunque algunos protagonistas de la época como Antonio Zabaleta, integrante de los Red Juniors, digan que la Nueva Ola fue un movimiento que se dio de forma espontánea y que sólo después los medios se dieron cuenta que podían lucrar, la mayoría de los que participaron en esta corriente coinciden en que algunos visionarios y, particularmente el productor Camilo Fernández, captaron el fenómeno que se había generado en el extranjero y lo pusieron en práctica en Chile. “Fue como si tiraras semillas y tienes agua y sol y, de

11 GUILLOT, Eduardo. Historia del Rock, Editorial La Máscara, 1997, Pág. 18.

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pronto vez que está creciendo pasto y dices: ahhh, voy a vender pasto. Nadie se puede atribuir haber creado la Nueva Ola”, relata Zabaleta.

Pero lo mejor de todo este fenómeno no fue haber puesto en funcionamiento una industria en relación con un público objetivo determinado para satisfacer mejor sus intereses, sino que lograr que este movimiento careciera de colores políticos y llegara a todas las clases socioeconómicas. El productor musical Roberto Espinoza recuerda que “los Red Juniors nacieron en el Drive in de Lo Curro y luego empezaron a batir todos los records, eran locura. Entonces, cuando se dieron cuenta (las personas) que el Drive in se llenaba todos los días, subieron todos”. Fue una tendencia absolutamente popular.

Otro factor determinante fue el desarrollo de la tecnología, que permitió la masificación del nuevo formato de 45 revoluciones por minuto, cuya ventaja era la posibilidad de comerciar uno o dos temas y así abaratar los costos al no tener que vender obligadamente un álbum de larga duración, aún cuando contuviera únicamente un tema exitoso. En este sentido, el bajo precio de los pic-ups o tornamesas, que en un comienzo fabricó la RCA Víctor con el nombre de “vitrolas”, también fue un aliciente para popularizar el acceso a la música y fomentar el negocio.

Otro elemento primordial al momento de explicar las causas del éxito de la Nueva Ola fue el apoyo de los medios de comunicaciones locales y, sobre todo, de las radios, si se considera que la televisión recién llegó a nuestro país en 1962 y muy pocos hogares contaban con uno de estos aparatos, debido a su escasez y elevado precio. Por esta razón, las estaciones radiales eran consideradas un lugar de encuentro de la juventud y, además, un fiel reflejo de sus gustos, porque los músicos iban a presentarse en vivo constantemente.

Programas insignes como los llamados “Calduchos”, donde se buscaban nuevos talentos y se le daba una oportunidad a cientos de jóvenes o los shows diarios que se realizaban en los auditorios de radios más emblemáticas como Minería, Portales, Corporación y Cooperativa, entre otras, se transformaron en un punto de referencia muy importante y fueron una amplia vitrina para los artistas.

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En relación con el poder de las radios, Antonio Zabaleta reflexiona: “Tal vez por eso tuvo tanto éxito la Nueva Ola, porque la gente no nos vio en pantalla, no vio nuestra imagen. Nosotros vendíamos la ilusión, la voz, pero no la imagen, que hoy es un factor en contra porque a la televisión llegas muy ‘verde’ y no tienes el dominio del escenario, que se va adquiriendo con el tiempo, entonces, si tú no eres afortunado físicamente, te liquidan de un viaje. Antes, primero pegaban tus canciones y si no eras afortunado físicamente, pero la gente te tenía buena, ya tenías un combo dado”.

Para Pablo Díaz, actual label manager de marketing estratégico de Sony Music, la explicación es más lapidaria: “Ahora uno se cansa de los artistas porque los ve”.

Además, la aparición de revistas musicales como Ritmo, El Musiquero y algunos suplementos como El Rincón Juvenil, que aparecía en la revista Ecrán, ayudaron a glorificar aún más la figura de los artistas nacionales y a extender su popularidad por algunos años más.

La casi nula influencia de la televisión derivó en que se comenzaran a organizar giras, con el fin de que los jóvenes de todo Chile pudieran ver a sus ídolos, que hasta ese entonces sólo podían ser escuchados a través de las radios. Estos fueron los primeros conciertos que se realizaron en un formato profesional, aunque muchas veces la producción de los eventos y la calidad del sonido fueran defectuosos.

El guitarrista Oscar Arriagada, famoso por el tema “El twist del esqueleto”, creó la gira “007” (cuyo nombre fue extraído del detective James Bond) y se contrataron muchos músicos que recorrieron varias ciudades del país en bus. Según Carlos Valdivia, productor de la Nueva Ola y actual productor de eventos musicales, “la locura de la gente por ver esos shows era enfermante, porque no los conocían”. Además, el precio de las entradas no era un inconveniente, porque como la frecuencia de recitales era alta, los boletos eran baratos.

La gran cantidad de lugares para presentarse que existían en esa época, también fue un acicate para que la Nueva Ola se consolidara. Sergio “Pirincho” Cárcamo señala al

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respecto que “había muchos más lugares de los que existen hoy y de mayor capacidad. Los circuitos duraban toda la noche, o sea, en las boites se tocaba y se bailaba en dos salidas; a la una y a las cuatro de la madrugada”.

Todo este panorama permitió que se generara una escena de músicos nacionales, con características y metas similares, que sirvió para darle continuidad a este movimiento.

A su vez, influyó para que se presentara una relación de causa y efecto y, de esta forma, la Nueva Ola siguiera acaparando adeptos, en el sentido de que esta regularidad hace que los medios den mayor cobertura al fenómeno y, por ende, que la gente se informe y se sienta más atraída por éste, lo que conlleva inevitablemente al éxito.

Así, la cercanía con estos nuevos ídolos fue cada vez más estrecha y también colaboró al éxito del movimiento, porque existía un sentimiento de familiaridad muy fuerte con los músicos y su trabajo. Además, a diferencia de lo que acontecía con los artistas extranjeros, el público podía verlos cantar constantemente, tocarlos y pedirles autógrafos.

No se puede dejar de lado el trabajo que realizaron los productores, que fueron visionarios y supieron adaptar el molde norteamericano a nuestro país y a sus costumbres.

Personajes como Camilo Fernández y Antonio Contreras, entre otros, fueron claves al momento de vislumbrar que este movimiento podía llegar lejos y al empezar a apadrinar artistas y trabajar con ellos.

La traducción de temas extranjeros a nuestra lengua fue una jugada magistral de su parte, porque eran canciones con un éxito comprobado y, como en esos años la globalización no existía, era muy difícil que llegaran todas las canciones a los rankings nacionales y, las que llegaban, se demoraban mucho. Entonces, además de ahorrar dinero en importaciones, ligaban los temas a la idiosincrasia chilena.

Finalmente, todos estos factores encuentran cabida en la sociedad de esa época, que permitió que todo se conjugara de forma positiva. Sergio “Pirincho” Cárcamo lo explica de la siguiente manera: “Todos éramos más superficiales, la vida era bastante más fácil, en el

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sentido que, si ustedes hoy trabajan, van a pasar por muchas pegas a lo largo de toda su vida, pero antes una persona entraba en una carrera y jubilaba a los treinta o cuarenta años de trabajo en esa misma carrera, en la misma empresa. Hoy se calcula que, en promedio, una persona ocupa cinco puestos antes de jubilarse, de los cuales dos pueden ser diferentes a sus estudios. Entonces, antes la vida era mucho más fácil en ese sentido, mucho más light, más liviana, aún cuando había mucha conciencia política, quizás más que ahora. Pero cada cosa en su lugar, la música era la música y había mucho tiempo para divertirse y, sobre todo, para bailar. Y esa función la cumplió muy bien la Nueva Ola, porque los temas que grababan eran los que venían calados y los temas que empezaron a crear posteriormente también eran éxitos calados, porque reflejaban el sentir de la gente joven de esa época”.

Antonio Zabaleta lo reafirma, “en ese tiempo todo era muy romántico, porque nosotros cantábamos porque nos gustaba. Hoy tú sabes que si pegas te puedes hacer rico, entonces el que está atrás te quiere bajar para agarrar también, pero en ese tiempo no…pagaban veinte lucas por ir a cantar a un local, así que daba lo mismo”.

En resumen, el éxito de la Nueva Ola radica en que se gestó y desarrolló un movimiento adecuado para las circunstancias sociales y económicas que se vivían en ese momento en nuestro país.

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El Ocaso de la Nueva Ola

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Validación Artística de la Nueva Ola

“La música popular no es arte, es comunicación masiva. Este es un negocio, una industria, y el artista es un producto”, Camilo Fernández.

El éxito de la Nueva Ola a nivel comercial está fuera de discusión. Los cantantes y grupos de ese movimiento llenaban todos los lugares donde tocaban a lo largo de Chile, las ventas de los discos llegaron a niveles nunca igualados y hubo medios como la revista Ritmo que nacieron casi por consecuencia lógica de la exposición que los artistas tenían en la radio y luego en la televisión.

Visto desde ese punto de vista, el fenómeno de la Nueva Ola se impone casi con prepotencia como uno de los hitos más importantes en la historia de la industria musical chilena. Pero visto con la perspectiva que dan los más de treinta años transcurridos desde que la Nueva Ola decayó como movimiento, vale la pena analizar el valor real de este fenómeno más allá de los números, ámbito en que su éxito es indiscutible.

En general, entre quienes critican este movimiento hay una especie de consenso. La mayoría de ellos es de la idea de que artísticamente no tuvo un peso que pueda llevar a sus artistas a la trascendencia porque tenía mucho de imitación y las canciones eran de un contenido liviano. Pero no por eso le quitan validez. Pero algunos, como Eduardo Gatti, músico que en los años sesenta estaba ligado a la corriente más roquera con bandas como Apparition y Los Blops, tenía una posición de mayor rechazo frente a la Nueva Ola, algo que rara vez se tradujo en ataques directos a ese movimiento o en enemistad con quienes hacían música de ese estilo. De hecho, The Apparition una vez le abrió un show al “Pollo”

Fuentes, aunque no era lo común. “A mi no me gustaba la Nueva Ola, no la escuchaba. No me gustaban ni esos cantantes italianos ni nada. A mi me gustaban The Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, la Violeta Parra y paremos de contar, además de la música clásica. A mi no me gustaba de frentón, la encontraba fome, canciones que no decían nada. Hasta el día de hoy lo encuentro anecdótico, pero como música no”, cuenta Gatti, a lo que agrega

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que “me indignaba porque encontraba que la Nueva Ola era muy básica, tres acordes y punto, vamos pa delante. Aunque Miguel Zabaleta me impresionó hasta el día de hoy, lo respeto mucho como músico y guitarrista. Para mí si hay alguien de la Nueva Ola que respeto y de quien aprendí es Miguel Zabaleta. Pero el resto en realidad no”. Respecto a su postura, indica que “(Nosotros), teníamos otra idea: queríamos hacer rock & roll; en cambio, la Nueva Ola estaba más inclinada a la balada y al twist. Era simpático, era comercial. Nosotros queríamos algo más de carne, más de jugo, y el rock & roll nos daba eso. Por el contrario, la Nueva Ola estaba influenciada por el movimiento de los Pretty Faces, una tendencia que apuntaba a domesticar esta cosa salvaje que era el rock & roll”12, es la opinión de David Mac Iver, integrante del conjunto roquero Los Mac`s. Y ciertamente, Mac Iver tiene razón en el sentido que, a pesar de que el nacimiento de la Nueva Ola está íntimamente ligado a la llegada del rock & roll a Chile, nunca tuvo el componente salvaje al que hace alusión el músico de Los Mac’s. Este hecho, seguramente la hizo más vulnerable a dos factores que, como veremos más adelante, determinaron en gran medida su ocaso. Lo primero es que al ser una música muy comercial y producida con escasa calidad, estaba casi condenada a pasar de moda. El director de Multimúsica, Carlos Valdivia, explica que “la Nueva Ola fue una moda en que la inversión y la calidad de la producción fue poca. Lo único que queda de eso es la nostalgia. Los discos eran mal grabados, no había grandes voces aunque tenían carisma. Lo que se sacaba se vendía muy rápido, entonces había que producir. Fresia Soto sacaba cuatro discos en el año… Fue un movimiento comercialmente y musicalmente exitoso, pero malo en términos de producción. Los artistas se hicieron millonarios. Había medios como para que algunos artistas grabaran afuera, pero no hubo nivel profesional. Faltó visión para que en veinte años se vendieran ‘los grandes éxitos de’, como ocurrió en Estados Unidos, por ejemplo, con Frank Sinatra”.

El segundo factor, muy relacionado con el primero, es la exposición de la música que llegaba desde afuera. Cuando ya había pasado en alguna medida el furor por los artistas de la Nueva Ola, y empezaban a llegar más discos desde otros países, especialmente del movimiento beat, fue muy evidente la inferioridad de las producciones nacionales en

12 ESCÁRATE, Tito. Canción Telepática, Editorial LOM, 1999, pág. 41.

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comparación con las que se podían escuchar de los grupos extranjeros. El mismo Valdivia cuenta que “La Nueva Ola se murió rápido porque lo que venía de afuera era mucho mejor.

El peor grupo de Inglaterra sonaba mejor que cualquiera de acá”.

Otro aspecto al que se suele recurrir cuando se critica a la Nueva Ola en cuanto al valor artístico de sus obras es que fue un movimiento demasiado imitativo de las figuras de la música popular norteamericana de esa época. El ex Bric a Brac Antonio Zabaleta, reconoce que “al principio eran puros covers, se copiaba lo que venía de Estados Unidos”.

Pablo Díaz, manager de marketing estratégico de Sony Music Chile, piensa que la Nueva Ola fue “una moda que perduró porque fuimos buenos copiadores, pero no es un modelo innovador”. De hecho ya en esa época surgían críticas en este sentido. Por ejemplo, la revista Ritmo hizo eco de las críticas que se le hacían a Clan 91: “En Chile cada vez que alguien surge y tiene éxito, el resto se dedica a hacer el blanco en esa persona… Uno de los casos más recientes es el de Clan 91. En base a esfuerzo y dedicación, fuera de la evidente capacidad, estos cuatro muchachos lograron surgir entre cientos de conjuntos hasta situarse en un primer plano de popularidad nacional. Desde el mismo momento en que lograron esa deseada meta empezaron las andanadas: ‘son imitadores – decían unos- no tienen originalidad – comentaban otros- les falta mucho – reclamaban los terceros’”13. En ese momento, el líder de la banda, Roberto Espinoza, enfrentaba las críticas diciendo que “no renegamos de nuestros comienzos porque sería absurdo hacerlo… Empezamos en la misma línea de los Four Seasons, pero con un sonido diferente. Nosotros aportamos algo más

¿Acaso podrían decir que The Monkees son burdos imitadores de The Beatles y que no han impuesto un sello personal a su ritmo?... ¿Innovación? No hablaría de eso tan categóricamente, lo que sí diría es que seguiremos mejorando”14. Hoy, el mismo Espinoza defiende las producciones hechas en esa época por la Nueva Ola y las valida diciendo que

“no quiero entrar en una discrepancia en eso, pero yo siempre defendí que todo producto o acción cultural, evento o música en este caso hecho por un chileno, es un producto chileno.

Yo te lo puedo poner al revés, hay un artistas que fue durante seis años número uno, pegado, ídolo y multimillonario en Venezuela y las cosas que eran de él eran relleno de los

13 Revista RITMO. Número 144, 4 de junio de 1968, pág. 27.

14 Revista RITMO. Número 144, 4 de junio de 1968, pág. 27.

Referencias

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