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Nuevas formas de organización social en
los Montes de María.
Alejandra Medina Medrano
Departamento de Antropología
Universidad de los Andes
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Tabla de Contenido
Introducción……….…….3
Montes de María y su posición geoestratégica………..……….………6
Marco Teórico………..……….………9
Contexto Histórico………..18
Breve recuento sobre el trabajo de campo en los Montes de María…………..………34
Introducción sobre la Mesa Campesina y las problemáticas del campesinado en los Montes de María……….…40
Nuevas formas de organización……….49
Relación Mesa Campesina con el Estado y organizaciones de cooperación internacional………51
Conclusiones………54
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Introducción
Los procesos sociales que se han dado a lo largo de la historia de los Montes de María no
solo son interesantes per se, sino que estos a vez pueden dilucidan parte de las
problemáticas que hay y han habido en el país. La tradición de organización del
campesinado, de pensamiento crítico y de exigencias al Estado le ha costado a sus
pobladores estigmatizaciones, amenazas y muertes, sucesos agudizados aun más por la
presencia de los distintos actores armados que existen en Colombia. Para ser más exactos,
los Montes de María se convirtieron en un epicentro de violencia y terror, hechos reflejados
no sólo por las 43 masacres que se ejecutaron entre 1996 y 2003, sino por el
desplazamiento de sus pobladores, cifra que asciende a más de 181 mil personas entre 1997
y 2010, y que corresponde a mas o menos el 35% de su población (Memoria Histórica,
2010).
Aunque la entrada de los grupos paramilitares a la zona causo la mayoría de las masacres,
estos grupos lograron su cometido de limpiar la zona de presencia guerrillera, que desde los
ochentas venía haciendo presencia en el territorio y asediando a la población civil. A pesar
de la desmovilización de los primeros en el 2005, en la región se viven las nuevas formas
de violencia que han brotado en Colombia recientemente, las Bandas Criminales
Emergentes, BACRIM. Estos rezagos de los grupos de Autodefensas no son grupos
paramilitares, sino más bien son grupos dedicados a actividades ilegales, como narcotráfico
y delincuencia. La presencia de estos en la región se da paralelamente con el sentimiento
de los pobladores del inminente regreso de las FARC a la zona.
A partir de los procesos de violencia que ha vivido la región, se han dado procesos de
resiliencia, que se manifiestan en el auge de organizaciones de parte de la población civil
de distinto tipo (Conte, 2010). Estos procesos se han dado transversalmente con el ascenso
de protagonismo que ha tenido la región, ya sea por la presencia y creación de múltiples
fundaciones de todo tipo (desde Fundaciones creadas por los locales hasta fundaciones de
empresas reconocidas a nivel nacional), o por la presencia de organismos multilaterales.
Además, las poblaciones como mujeres y jóvenes han sido foco de estas ayudas, y sus
4 por su parte también ha hecho un esfuerzo de hacer mayor presencia en la zona, lo que no
equivale a que tenga una presencia fuerte, continua ni eficiente.
A partir de este breve recuento del contexto de la zona, que además se profundizará más
adelante, surge la curiosidad personal de poder conocer y vivir las zonas de conflicto en
Colombia, de ver los procesos que genera la violencia y sus dinámicas para sus pobladores,
sino también cómo ha afectado los procesos de organización del campesinado. Así, el
propósito de esta investigación no es sólo dilucidar cómo es la organización campesina en
la primera década del siglo XXI, sino que a partir de la experiencia de conocer la región y a
sus pobladores, también es posible plasmar las nuevas problemáticas a las que se enfrenta
la población civil.
La investigación consta de varias partes. La primera es una explicación de la posición
geoestratégica de los Montes de María, donde se explicará porque ha sido un territorio tan
codiciado en las últimas décadas por los grupos armados. Posteriormente, el marco teórico,
se constituye de dos elementos indispensables para entender el movimiento campesino hoy
en día. Primero, las teorías en torno a los nuevos movimientos sociales contemporáneos
que están surgiendo en Latinoamérica; estos se diferencias de los movimientos sociales
tradicionales de los sesentas y setentas, donde la sociedad era vista dentro de los estrictos
términos de clase, que definía tanto la idiosincrasia como la capacidad de acción de los
movimientos. Los nuevos movimientos sociales se dan entorno a otro tipo de
reivindicaciones, mucho más concretas, donde la ideología se vuelve menos necesaria para
hacer parte de estos y hay una visión distinta sobre cómo resolver las problemáticas que
tratan. Es importante resaltar que estos nuevos movimientos están replanteando los
términos de democracia como de participación. Segundo, el problema agrario en Colombia,
entendido históricamente como la carencia de tierras, pero que ha venido evolucionando y
ha visto como las dinámicas de la economía de mercado han generado otros problemas en
el sector rural de Colombia. El tercer capítulo es un recuento del contexto histórico de la
zona, indispensable para entender porque el movimiento toma la forma que tiene hoy en
día. En el caso de los Montes de María el poder que tuvo la ANUC y la violencia fueron
factores determinantes para el tipo de organización que se está dando. Se verá también
porque la figura de la hacienda ganadera ha sido determinante para la región.
5 metodología, cómo se logró el contacto con el movimiento campesino y cómo fue el
acompañamiento que se hizo, las actividades realizadas y las limitaciones que hubo en
campo. El siguiente capítulo expondrá las formas que está tomando el movimiento
campesino y las problemáticas que busca abordar. La multiplicidad de organizaciones y la
atomización entre ellas, la entrada de las grandes empresas y la compra masiva de tierras
son problemáticas que se van de la mano con la presencia de bandas criminales, que no sólo
se dedican al negocio del narcotráfico, sino que cumplen el papel de amedrentar a la
población, por ejemplo con toques de queda o amenazas a los líderes. La relación y la
visión que se tiene con el Estado colombiano y qué tipo de presencia hace en la zona. El
papel y la visión sobre la reciente Ley de Victimas y Restitución de Tierras define también
6
7 Los Montes de María es un territorio que se compone de 15 municipios. De estos, siete
hacen parte del departamento de Bolívar y ocho del departamento de Sucre. Del primero los
municipios son el Carmen de Bolívar, Marialabaja, San Juan Nepomuceno, San Jacinto,
Córdoba, El Guamo y Zambrano; de Sucre Ovejas, Chalán, Colosó, Morroa, Los Palmitos,
San Onofre, San Antonio de Palmito y Tolúviejo. De un total en área de 6.466 Km2, el
58.59% es del departamento de Bolivar, y 41,401% en Sucre (PNUD, 2003). Se estima que
aproximadamente viven unas 438.119 personas para el 2011 (PNUD, 2011).
Las zonas planas corresponden a los municipios de El Guamo, Zambrano, Córdoba y
parcialmente de San Juan de Nepomuceno, San Jacinto y el Carmen. Esta zona se ha
dedicado históricamente a la ganadería, pero actualmente se dedica a cultivos
agroindustriales. Además, El Guamo, Zambrano, Córdoba y San Juan de Nepomuceno
limitan con el río magdalena. La zona montañosa, que está compuesta por inicialmente
por Chalan, Ovejas, Coloso y Morroa pero también parte de los municipios de Toluviejo,
San Antonio de Palmito, Los Palmitos, San Onofre, Carmen de Bolívar, San Jacinto y San
Juan Nepomuceno. Tradicionalmente estas zonas se han dedicado a la economía
campesina. Por último, está la zona del litoral Caribe, compuesta por el municipio San
Onofre. (PNUD, 2003).
La posición en la que se encuentra hace que sea un punto estratégico. La salida hacia el
Golfo de Morrosquillo permite que sea una de las salidas de los productos narcóticos hacia
el exterior, y a al mismo tiempo es un puerto donde se reciben armas que entran al país.
También es un corredor de tropas de estos grupos. Por estas razones, la zona ha sido un
punto codiciado y disputado por guerrillas como por distintos grupos dedicados al
narcotráfico (Memoria Histórica, 2010). Además, las vías de comunicación que atraviesan
a la región. La troncal del Caribe que es una de las principales vías nacionales, que permite
la conexión entre Turbo (Antioquia) con Riohacha (La Guajira) y por lo tanto todas las
ciudades y pueblos que esta carretera atraviesa y por lo tanto vincula, entre ellas Montería-
Sincelejo- Cartagena- Barranquilla. Por hacer parte de la depresión momposina permite la
8 el Cesar. Además, la zona plana permite la comunicación fluvial por el río Magdalena
(Sanchez, 2009).
Los recursos naturales, que van desde fuentes hídricas hasta minería. Esta última ha sido el
motor de municipios como Toluviejo, que posee piedra caliza y mármol. En materia de
hidrocarburos actualmente hay explotación de gas y petróleo (Memoria Histórica, 2010).
La fertilidad del suelo es también siempre mencionada en la región como una de sus
potencialidades, pues se dice que “cualquier cosa que se siembre se da en esta tierra.”
(Conversación líder Mesa Campesina de los Montes de María)
9
Marco Teórico
Ernesto Laclau (1985) plantea que los nuevos movimientos sociales que se están dando
desde finales del siglo XX tienen un paradigma distinto a los movimientos sociales
tradicionales. Los últimos se han basado en el presupuesto de la existencia de una unidad y
homogeneidad dentro las clases sociales por el simple por el hecho de pertenecer y encajar
en alguna de estas. Laclau sugiere que las relaciones de producción no definen la totalidad
de las relaciones sociales ni las otras instancias de la vida de los sujetos, es por eso que dice
que la posición del sujeto es autónoma de su condición de clase: “categorías como “clase obrera”, “pequeños burgueses”, etc., se vuelven menos y menos significativas como
conceptos para entender la identidad total de los agentes sociales” (Laclau, 1985: 4). Así, el
agente social no es una entidad homogénea, al igual que los individuos que lo componen,
pues son sujetos complejos y particulares, que no son irreductibles a una clase social. Estas
categorías ya no son suficientes para poder conocer la identidad y expectativas de las
personas, pues actualmente los sujetos cuentan con múltiples identidades e intereses, que no
necesariamente se pueden conocer ni racionalizar. Los nuevos movimientos sociales se
crean a partir de las condiciones particulares de los individuos y responden a esta visión
heterogénea sobre ellos: Estos movimientos se crean a partir de situaciones específicas de
la cotidianidad de cada sujeto, a partir de demandas concretas, que pueden surgir a raíz de
relaciones sociales particulares entre estos. Es por esto que Laclau dice que los nuevos
movimientos tienen visiones indeterminadas de la sociedad, donde las utopías, los modelos
concretos y teorizados sobre cómo debería ser la sociedad ya no guían el horizonte de
estos. No hay un paradigma completo que se contraponga a la realidad, que la dicotomise
y la critique en su totalidad. Sobre el caso específico de América Latina, Laclau plantea que
la realidad ya tampoco es vista desde estos movimientos como una dimensión totalizadora,
donde ésta se veía en términos de oposiciones básicas, como oligarquía/pueblo,
imperialismo /nacionalismo. Ahora los movimientos latinoamericanos no se organizan en
torno a un conflicto que divide la totalidad de las instancias de la vida, sino que estos se dan
entorno a reivindicaciones concretas, lo que ha hecho que haya demandas y
reivindicaciones de toda índole actualmente. Ante esta coyuntura, Laclau se pregunta: “¿La
10 llevará a una proliferación de espacios, reduciendo la distancia entre representantes y
representados?” (Laclau, 1985: 6). Laclau dice que una causa de los nuevos movimientos
sociales sí es la creación de nuevos y más espacios políticos: “(en el presente) las
movilizaciones populares (…) descansan sobre una pluralidad de demandas concretas que
llevan a una proliferación de espacios políticos.” Sobre la cuestión de si la creación de más
espacios políticos genere mayor relación, diálogo y difusión entre las demandas de los
ciudadanos con los mandatarios, parece que estas acciones y movimientos buscan llegar a
una democracia más participativa. Igualmente los espacios políticos tradicionales tienen
que buscar poder manifestar estas nuevas reivindicaciones, esta diversidad, que ahora
parece más difícil de organizar mediante categorías totalizantes (Laclau, 1985: 11).
Por otro lado, Arturo Escobar plantea que a partir de la crisis de la idea de desarrollo estos
(nuevos) movimientos sociales están forjando visiones alternativas de democracia, sociedad
y del concepto de desarrollo;1 los movimientos, sobretodo del Tercer Mundo, han venido
siendo frecuente objeto de estudio de los científicos sociales a raíz de lo anterior.
Estos movimientos según Escobar (1992), han sido caracterizados por abarcar
colectividades de distinta índole, ya sea a nivel de una comunidad, de una región específica
o a una coordinación entre grupos. Evidencian también una expansión de lo político al
campo cotidiano, que ahora abarca las prácticas y relaciones sociales diarias. Es alrededor
de estas últimas que los movimientos se han venido consolidando: “For a model of
participatory democracy, the question is how and where systems of social and cultural
relations are articulated with mechanisms of power and what are the mechanisms of
intermediation. We believe that daily life and social movements are privileged spaces in
which to study these processes of mediation, since social movements are situated, at least in
theory, in the intermediate space between individualized, familiar, habitual, micro-climatic
1
“The development is about paving the way for the achievement of those conditions that characterize rich societies: Industrialization, agricultural modernization, and urbanization” (Escobar, 1992:20).
2
Fals Borda define el campesinado como un conjunto de clases sociales, que tiene en común dedicar su fuerza de trabajo a la producción de la tierra de forma directa. La racionalidad de este ha cambiado dependiendo del momento histórico y del sistema económico imperante, Borda dice que en la época precapitalista el campesinado tenía una mentalidad enfocada a la satisfacción de las necesidades básicas, mientras que actualmente tiene una mentalidad de acumulación de excedente. (Borda, 1975: 51).
3
“ El movimiento campesino no está dentro de la visión occidental” ( Starn, 1992: 26)
4 Machado propone el término de sociedades rurales en vez del la tradicional economía campesina. Esta
última la ve como un término “definido tradicionalmente con un criterio más económico, como unidades de producción y consumo caracterizadas por un equilibrio inestable y frágil que tiende a moverlas hacia la parte mas baja de la estructura social y económica” (Machado, 1998: 190). Sociedades rurales se entiende como
11 daily life, on the one hand, and socio-political processed writ large, of the state (…)” (Jelin
en Escobar, 1992:29). Estos nuevos movimientos evidencian una concepción sobre las
relaciones de poder, que permean las distintas instancias tanto de la vida del individuo
como social. Además, muestran cómo están surgiendo nuevas formas de manifestación,
reivindicación y de relación con el Estado. Citando a Fals Borda, Escobar reconoce que los
movimientos en América Latina buscan mayor autonomía del Estado y se alejan de los
partidos tradicionales, buscando formas paralelas de poder. Machado plantea que este
alejamiento, específicamente entre los campesinos, se debe a que los primeros no han sido
incluyentes ni capaces de expresar las demandas del campesinado. A raíz de esto se han
venido dando formas distintas de organización, donde los movimientos sociales han
cobrado fuerza pero igual esto no implica que se tenga una representación política del
campesinado (Borda, 1998: 36). Es pertinente resaltar la afirmación de Machado de que “en
el sector rural hay muy poca democracia,” que no se debe sólo a la carencia de
representación de los partidos políticos, sino debido al conflicto armado y narcotráfico que
ha azotado a las zonas rurales de Colombia (Machado, 2012). Estas nuevas formas de
participación han modificado las relaciones sociales y la relación misma con el Estado,
relaciones que van definiendo tanto las identidades colectivas como particulares. Los
nuevos movimientos tienen una estructura más flexibles y cambiante, se crean a partir de
distintas dimensiones, ya sean a nivel familiar, veredal, regional, etc. No buscan, a
diferencia de la lógica del Estado (State Science) buscar constantes, certezas, jerarquías ni
teoremas sobre los sujetos, sino que estos se definen y articulan a partir de los cambios y las
coyunturas por las que acontece a un sujeto. Lo que se busca es que quepan dentro del
movimiento las distintas voces, corrientes, vivencias y contradicciones que puede haber
dentro de un grupo, una comunidad, etc. Otro rasgo de éstos, es que reconfiguran y
reinterpretan los términos de igualdad, democracia y participación, al igual que la idea de
necesidades básicas. Estas últimas han venido siendo problematizadas por los movimientos
y politizadas, pues no se ven como un problema meramente económico, social, cultural o
político; las problemáticas actualmente no se encierran, limitan ni reducen a una
determinada categoría, si no que están interconectadas y por lo tanto relacionadas unas con
otras. A pesar de esto, la cultura es un tema que ha sido central para estos movimientos,
12 procesos y reivindicaciones particulares que suceden en determinado grupo social. Escobar
identifica tres tipos de discursos que se dan en Latinoamérica alrededor de los movimientos
sociales: 1. Discursos alrededor de los imaginarios democráticos occidentales (de
derechos humanos, satisfacción de necesidades básicas, etc.) 2. Discursos a partir de la
diferencia cultural, de la alteridad, del derecho a la autonomía y autodeterminación. 3.
Discursos antidesarrollistas, donde se le hace una crítica al sistema capitalista y se tiene
como norte alternativas al sistema económico y de sociedad actual (Escobar, 1992: 46)
Para Escobar la potencialidad que tienen estos nuevos movimientos es la posibilidad de
crear distintas estructuras de significado y su distancia de los paradigmas que giran entorno
a los países tercermundistas, esperando por lo tanto que re-imaginen el Tercer Mundo
dentro de sus propias lógicas.
A partir de esta concepción de los nuevos movimientos, se puede inferir que aunque
existieron movimientos sociales tradicionales que se forjaron alrededor de las condiciones
de clase, ya sea clase obrera o campesinado, estos no tuvieron que haber sido homogéneos
ni cohesionados en su interior. Sobre la cuestión del campesinado, Theodor Shanin (1979)
plantea que el campesinado es un grupo heterogéneo, con divisiones internas y en muchas
ocasiones con distintos intereses: “la segmentación vertical de los campesinos en
comunidades, clases y grupos locales, y la diferenciación de intereses dentro de estas
mismas comunidades, han proporcionado las dificultades de la cristalización de los
objetivos y símbolos nacionales y del desarrollo del liderazgo y la organización nacionales
que, a su vez, ha generado lo que hemos llamado escaso “carácter de clase”” (Shanin, 1979:
229) La cuestión de si el campesinado constituye o no una clase no es de relevancia en esta
investigación pero el escaso carácter de clase nos dice que dentro de esa población que se
denomina campesina2, no existe una reivindicación única inherente, una bandera que todo
ese campesinado comparta, por lo que no necesariamente existen objetivos compartidos
dentro de ese campesinado ni dentro de los movimientos sociales que muchas veces lo
abarcan. Un ejemplo de lo anterior es el movimiento campesino en Colombia, la
2 Fals Borda define el campesinado como un conjunto de clases sociales, que tiene en común dedicar su
fuerza de trabajo a la producción de la tierra de forma directa. La racionalidad de este ha cambiado dependiendo del momento histórico y del sistema económico imperante, Borda dice que en la época precapitalista el campesinado tenía una mentalidad enfocada a la satisfacción de las necesidades básicas, mientras que actualmente tiene una mentalidad de acumulación de excedente. (Borda, 1975: 51).
13 Asociación Nacional de Usuarios Campesinos ANUC. León Zamosc plantea que la ANUC
estaba compuesta por “diferentes tipos de campesinos independientes, arrendatarios,
aparceros, colonos y jornaleros agrícolas” (Zamosc, 1987: 98). Sobre la ANUC se
profundizará más adelante, pero el ejemplo ilustrativo muestra esa diversidad que abarca el
término campesino. Asimismo hay que recordar que el denominar a cierto grupo o
población como campesina está cargado de relaciones de poder. Además, siguiendo la línea
de pensamiento del académico Orin Starn, lo que se considera campesino o no depende
también del momento histórico y del lugar desde donde se está hablando (Starn, 1992:33).
En el caso de los países tercermundistas, Laclau plantea que nunca se ha podido analizar
estas sociedades en términos estrictos de clase (Laclau, 1985: 11). La justificación de lo
anterior se debe a que la visión de la sociedad en clases sociales responde a una realidad y
un proceso europeo, por lo que analizar a otros países dentro de esos términos corresponde
a una visión etnocentrica del resto del mundo.
En el caso de America Latina, Orin Starn (1992) comenta que lo más frecuente en (los
nuevos) movimientos rurales es que se desarrollan a pequeña escala y que tienen como eje
reivindicaciones inmediatas de supervivencia. Los movimientos campesinos también
muestran procesos de organización alternativa, al mismo tiempo que una identidad política
particular, que tiene su propia simbología, pero debe verse como una posición particular
inmersa dentro de un mundo globalizado. Se sostiene que tanto los campesinos como sus
formas de organización no son formas aisladas e incomunicadas con el centro, sino que
son igualmente tocados e influenciados por las dinámicas y discursos que se crean en las
urbes, en la academia y en las instituciones3. Así, estos movimientos tienen
micro-procesos de creación de significado que confluye con macromicro-procesos de dominación
(Escobar, 1992). Muchos de los discursos que manejan estos movimientos evidencian la
influencia de distintas corrientes e ideologías externas (desde movimientos ecologistas
hasta marxistas), que muchas veces se mezclan y modifican según la necesidad. Otro rasgo
de los movimientos rurales en Latinoamérica es que dentro de sus discursos mezclan tanto
la aceptación como el desdén hacia la autoridad. Así, pueden promover la oposición hacia
el Estado pero al mismo tiempo aceptan y reproducen las pautas de representación y de
legalidad impuesta por el primero, es por esto que se dice que el movimiento campesino
3
14 “mezcla y es un matiz entre adaptación y resistencia” (Starn, 1992: 31). Enmarcado dentro
de los nuevos movimientos sociales, la organización rural debe ser entendida también como
la elaboración de nuevos modos de identidad y cultura política, pues la organización crea
formas de auto-identificación, de imaginación colectiva y sus propias dinámicas de
funcionamiento (Starn, 1992: 44). Hay que tener en cuenta que estos movimientos surgen
de un conjunto de circunstancias singulares y contextos específicos, a lo que Starn indaga,
“¿Cuál es la condición específica que hace que esa forma de organización surja en ese
determinado momento?”(Starn, 1992: 22).
En el caso Colombiano el campesinado es heterogéneo, contiene distintas labores y
necesidades y por lo tanto reivindicaciones.
Como plantea Serje (2004), Colombia es un país fragmentado y de contrastes, donde en
ciertas zonas ocurren los procesos de desarrollo, de progreso, donde se va creando
metrópolis y hay una inserción en el mercado mundial. Por otro lado está la Colombia sub
desarrollada, donde no existe presencia estatal y que se aleja de los procesos de ciudadanía
que hay en las grandes urbes. Sobre estas últimas zonas se forjan imaginarios negativos de
bandidismo, insurgencia y barbarie, y como forma de “civilizarlos” se ha implementado la
integración de estas dentro del mercado nacional como internacional. En el caso de la
explotación petrolífera, Serje plantea que trae consigo un discurso de integración al país,
acompañado de la promesa de prosperidad para la región. Así, los intereses de las
petroleras son representados como intereses nacionales. En la realidad, las experiencias
petroleras han dejado corrupción, pobreza y desolación en las zonas de explotación, por lo
que Serje plantea que el discurso manejado por el gobierno como por estas empresas
difiere de la realidad, cuando la empresa privada llega a las regiones apartadas de Colombia
(Serje, 2004 ).
El planteamiento de Serje concuerda con los ideales que rodearon a la urbe (en contra
posición con lo rural), como la plantea el informe del PNDU del 2011: “por acción u
omisión, el mensaje que la sociedad colombiana ha enviado a los pobladores rurales ha sido
que su progreso o el de sus familias dependen de abandonar el campo.” (PNUD, 2011: 26).
La urbe se asocia con ojos de prosperidad, progreso y bienestar, idea que se contrapone a la
15 ha hecho que la atención se centre en las urbes, mientras que la realidad del campo se vaya
marginando cada vez más. El problema es que estudios actuales muestran que todavía una
parte importante de los colombianos viven en zonas rurales. El informe del PNUD 2011:
“Colombia Rural” plantea que 32% de los colombianos son pobladores rurales, cifra que difiere de la tradicional idea de que sólo el 25% de colombianos lo hacia. Así, “Colombia
es mas rural de lo que pensamos” (PNUD, 2011: 9). Hay que recordar que dentro de esa
ruralidad colombiana existe también una diversidad. Como dice Zamosc, existen
estructuras agrarias regionales, lo que implica que cada región tiene su propio desarrollo,
sus determinadas actividades productivas y sus propios procesos históricos (Zamosc, 1987:
62). A pesar de esta diversidad, se concuerda con la tesis de Machado de que el modelo de
desarrollo en Colombia es excluyente, pues no se considera al sector rural como estratégico
para el país (Machado, 1998). No obstante, el problema agrario en Colombia ha sido
importante y a lo largo del siglo XX tuvo protagonismo. Absalón Machado plantea que
actualmente el problema agrario se da entorno a la pobre respuesta de la agricultura
colombiana a las exigencias del mercado nacional como internacional (Machado, 1998:
15). La estructura agraria, concepto tomado de Antonio García, se basa en el sistema de
tenencia de la tierra y medios de producción, y es a partir de ésta que se forjan las
relaciones sociales; igualmente ésta evoluciona con el desarrollo de la sociedad y de las
relaciones de mercado, la estructura cambia según el contexto histórico (Machado, 2002:
26). La estructura agraria tiene elementos dinámicos, como la tenencia agraria, es decir las
relaciones jurídico-políticas de dominio de la tierra, la estructura de explotación agrícola,
donde entran las relaciones laborales, la tecnología y la comunicación con el mercado y la
estructura del poder (Machado, 2002: 30). Según Machado, García no alcanzó a ver el
papel que la tecnología, la información y el conocimiento jugarían como elementos
dinámicos también. Actualmente, la estructura agraria evoluciona hacia un sistema Agro
industrial, a causa del desarrollo del capitalismo e implica la modernización de las
relaciones de producción en la agricultura, pero el centro de poder de la economía es lo
urbano-industrial (Machado, 2002: 61). Las empresas transnacionales juegan un papel
protagónico dentro de este naciente contexto, pues poseen el control sobre la tecnologías
moderna. El mercado internacional también es determinante, como los organismos
16 tienen un papel pedagógico e ideológico dentro del mundo globalizado (Machado, 2002:
84). Lo anterior es de suma importancia para Colombia, que es un país donde sus políticas
están condicionadas por las políticas de los países industrializados, por las normas del
comercio internacional y por el desarrollo de la democracia En los países en desarrollo,
coexiste el modelo tradicional agrario con el sistema capitalista moderno. En el primero los
terratenientes, colonos, campesinos sin tierra y minifundistas son las figuras del agro. En el
sistema capitalista moderno desaparecen y se crean nuevos agentes, los propietarios de la
tierra, empresarios- propietarios, arrendatario capitalista, el asalariado y el conglomerado
agroindustrial Colombia tiene un sistema donde coexisten las figuras de terratenientes,
capitalistas (tanto arrendatarios como propietarios), asalariados, latifundios, minifundistas,
campesinos sin tierra, colonos y empresas agroindustriales (Machado, 2002). Además,
dentro de lo rural entraron otros age La tendencia en Colombia además es el crecimiento
tanto del latifundio como del minifundio, pero la mediana propiedad tiende a fragmentarse.
En la propiedad minifundista muchas veces la cantidad de tierra que se posee es ineficiente
para la manutención (pues según Machado en los noventas el 87.7% de los minifundios son
microfundios, (Machado, 2003) y sus propietarios son asalariados o semi- proletarios),
además de la incapacidad de los propietarios para acceder a créditos o tecnología para el
trabajo de la tierra (Machado, 2002: 39). Las sociedades rurales4 aunque son productoras de
los alimentos básicos a nivel nacional, pero estas tienden a disminuir o desaparecer, y se
vuelven abastecedoras de mano de obra agrícola que requiere la agro industria. Empieza
entonces una dinámica donde “la tierra y la mano de obra empiezan a hacer parte de la economía de mercado” (Machado, 1998: 65) que terminan generando nuevas formas de
concentración de la tierra y de poder. La visión neoliberal se torna hacia el agro, por lo que
se busca la eficiencia de este para poder competir en los mercados y se de el crecimiento
agrícola (donde prima el aumento de la producción, el desarrollo de marcados y la
competencia, las ganancias y rentas). Así el problema agrario se ha venido reformulando, y
se define como cuando la agricultura no responde a las exigencias de los mercados:
4
Machado propone el término de sociedades rurales en vez del la tradicional economía campesina. Esta última la ve como un término “definido tradicionalmente con un criterio más económico, como unidades de producción y consumo caracterizadas por un equilibrio inestable y frágil que tiende a moverlas hacia la parte mas baja de la estructura social y económica” (Machado, 1998: 190). Sociedades rurales se entiende como un término mas extenso, donde la actividad agropecuaria tiene un peso determinante en todas las instancias de una vida rural, de pocos habitantes y donde la industrialización no ha modificado la cultura.
17 “cuando la oferta es estructuralmente ineficiente, en altos precios de los alimentos y
materias primas, en una expansión poco dinámica de las exportaciones y en aumentos
continuos de las importaciones del sector” (Machado, 1998: 15). Igualmente es necesario
recordar que el modelo de tenencia bimodal sigue vigente, es decir, donde la mayoría de la
tierra está repartida entre pocos propietarios, mientras que una porción pequeña de tierra
está a manos de muchos propietarios. Además, hay que recordar que la cuestión agraria
como el problema agrario en Colombia es un tema extenso, que abarca la relación de lo
rural con lo político, con la institucionalidad, con la tecnología, con la ilegalidad, el
conflicto y la violencia y con las nuevas visiones de sostenibilidad y medio ambiente
(Machado, 1998). Machado propone que se debe buscar un modelo de desarrollo no
excluyente, que abarque los distintos agentes presentes en el agro hoy en día, de los
18
Contexto Histórico
La hacienda en las sabanas de Sucre surge a partir de la decadencia de la Encomienda a
comienzos del siglo XVII. Desde su fundación, el proceso de consolidación de ésta se ha
encontrado con un obstáculo significativo: la carencia de mano de obra. Así, el método
usado desde esos comienzos ha sido la monopolización de la tierra para conseguirla.
(Reyes, 1978) La apropiación de tierras pudo haber sido por medio de enajenación de
baldíos, modificación de los límites de la propiedad establecidos en las escrituras, que eran
imprecisos y que se aumentaba con el uso del alambre de púas o la apropiación de las
tierras comunales, que según Reyes erano usadas tanto por campesinos como hacendados.
Además se utilizaron títulos fraudulentos y la entrega de tierras como forma de pago de
bonos de deuda pública. Para mantener la mano de obra se usó el concierto, que consiste
en el pago de una deuda mediante trabajo; el arriendo por pastos, que consta según Reyes
de ir abriendo bosque y civilizarlo, es decir mediante la tala y quema5 donde el suelo se
tiene que dejar sembrado en pastos para el terrateniente y así este puede poner a pastar al
ganado en ese territorio. En algunos casos también se dio el arriendo conjunto con pago en
dinero o especie. Aunque anteriormente había haciendas dedicadas a cultivo de algodón,
tabaco, café y maderables Reyes dice que la ganadería fue reemplazando la producción
agrícola en las sabanas de Sucre.
Desde comienzos del siglo XX en Colombia se han creado ciertas leyes que han buscado
que el campesino sea propietario de la tierra. Las reacciones que se han dado en esta región
van desde la ignorancia de estas hasta la expulsión de los campesinos de las tierras. Hay
que recordar que la presencia estatal en esta zona del país es considerablemente débil y que
son las élites regionales las que históricamente han ejercido el poder político. “El desarrollo
5 La tala y quema es un método de cultivo, donde se tala la vegetación y se quema lo que queda en el terreno.
Generalmente se hace en máximo dos hectáreas según Reyes. La quema permite la utilización del suelo por aproximadamente 2 años, lo que hace necesario que los agricultores se muden de predio en ese tiempo. Estos predios se dedican generalmente a cultivos de pan coger. (Reyes, 1978).
19 de la hacienda ganadera en Sucre no hubiera sido posible si los hacendados no hubieran
tenido el control del poder político real, que a su vez surge de la concentración del poder
económico que resulta de todo el proceso de desarrollo de la hacienda” (Reyes, 1973: 113).
Este poder que han ganado los hacendados, no sólo en Sucre sino en toda la Costa Caribe
corresponde a lo que Bernal llama poder fundacional del régimen de hacienda, que
comienza desde la Colonia con una clase terrateniente que busca consolidarse como poder
político, y que lo logra mediante la Independencia y el proyecto liberal en Colombia. Es
pertinente resaltar que esta clase hacendada logra posicionarse por medio de la violencia en
el poder político, primero contra indígenas y después contra campesinos en torno a la
propiedad de la tierra, pero posteriormente con el Proyecto Liberal, donde la participación
en el sistema democrático estaba supeditado a la propiedad. Así, Bernal plantea que el
proyecto independista y basado en los valores liberales, como el respeto y reconocimiento
por la propiedad privada y las libertades individuales, conjunto con la idea de creación y
consolidación de un Estado y sus instituciones pertinentes, no chocaba con las relaciones de
poder que venían desde la colonia: “ (…) bajo el supuesto establecimiento de la democracia
liberal y sus instituciones, estas sociedades mantuvieron el orden social colonial, la
estructura de privilegios, la hegemonía de la clase terrateniente, el ejercicio del poder y la
representación política, la protección a sus privilegios” (Bernal, 2012: 4).Es por esto que
al proyecto liberal en Colombia se le denomina liberalismo colonial.Bernal expone que la
sociedad rural no estuvo dentro de las prioridades de este proyecto, por lo que el reformar
su estructura, la tenencia de la tierra, y sus jerarquías no estuvo dentro de la reforma liberal.
Es más, la independencia ayudó a que se consolidara aún más la clase hacendada en la
Costa Atlántica como clase dominante en lo político y social. Otro aspecto es que el
sufragio, al igual que los cargos públicos, y por lo tanto el derecho a ejercer la ciudadanía,
se limitaba según la renta o posesiones (Bernal, 2012). Posteriormente con la
democratización del sufragio, Reyes plantea que el clientelismo ha sido la forma en la que
el poder político ha sido mantenido por los latifundistas de la región (Reyes, 1973). Por
último, el aislamiento geográfico no solo fue otro aspecto para que no se consolidara el
Estado y sus instituciones, si no también para que no hubiera un acatamiento de las leyes,
20 En la segunda mitad del siglo XX se promulga la Ley 135 de 1961 de Reforma Agraria,
que tuvo como consecuencias la división del latifundio entre familiares y amigos y la
eliminación de contratos de arrendamiento, dándose nuevas formas de contratación como al
destajo o trabajo asalariado. En 1966 sube a la presidencia Carlos Lleras Restrepo por el
Partido Liberal bajo el Frente Nacional. Es bien sabida la coyuntura de Latinoamérica, la
reciente Revolución Cubana y la política exterior de los Estados Unidos para mitigar la
influencia de ésta mediante el programa Alianza para el Progreso6. Bajo este marco es que
se dan las políticas del presidente liberal Carlos Lleras Restrepo, enfocadas a la realización
de la reforma agraria en Colombia. Lleras creía que para la realización de ésta era necesario
un marco legislativo que hiciera posible un movimiento campesino para que la presionara y
contrarrestara la oposición que iba a tener por parte de la clase política y terrateniente
regional y nacional (Zamosc, 1987). Se impulsó el movimiento campesino a nivel
nacional mediante el decreto presidencial 755 del 2 de mayo de 1967, creando el registro de
Usuarios de Servicios Agropecuarios del Estado, que conformarían la Asociación Nacional
de Usuarios Campesinos (ANUC). El Ministerio de Agricultura fue el encargado de
capacitar a promotores, encargados de impulsar los comités verdales, que serían las bases
de la estructura del movimiento. Zamosc resalta que la ANUC logró articular los distintos
intereses del campesinado y agrupar la heterogeneidad de este. Las principales
reivindicaciones que tuvo el movimiento campesino en Colombia fueron la lucha por la
tierra, la defensa de los colonos y la protección a los minifundistas. La estructura que esta
adoptó fue pre meditada por el gobierno, y consistía en la creación de comités veredales
que hicieran parte de la asociación municipal. Esta última tendría cinco miembros que
harían parte de la asociación departamental, donde se escogerían cinco miembros que
harían parte de la Asamblea Nacional; de esta última se escogería a un representante de
cada asociación departamental para hacer parte de la Junta Directiva Nacional. De estos se
escogían cinco que hicieran parte del Comité Ejecutivo Nacional, es decir los
representantes de la ANUC a nivel nacional. Estos líderes, según Zamosc, contaban con
salarios y viáticos a cargo del Ministerio de Agricultura (Zamosc, 1987).
6
Alianza para el progreso fue un proyecto Estadounidense para los países latinoamericanos que se creó en el mandato de J. F. Kennedy. Su intención fue la inversión social y la acentuación de los valores democráticos para contra restar la influencia y popularidad que estaba teniendo el éxito de la revolución cubana.
21 La creación de la ANUC precedió a la Ley primera de 1968, que causó la expulsión de
arrendatarios masivamente en el campo. Con ésta se buscaba que el INCORA expropiara
las tierras que eran arrendadas a los campesinos, para volver a estos últimos propietarios.7
Las primeras tierras que entraron a este proceso fueron las baldías, es decir, donde el
propietario de las tierras que trabajaban los campesinos era el Estado, pues estas eran vistas
como “incultas de propiedad privada, “inadecuadamente explotadas, ocupadas por
arrendatarios o parceleros y tierras adecuadamente explotadas” (Reyes, 1973: 144). En
Sucre particularmente, las disputas con latifundistas se venían dando desde los años
cincuentas, cuando estos últimos empezaron a apropiarse de las ciénagas y playones para el
ganado, terrenos que históricamente eran de uso del campesino libremente para realizar
cultivos de subsistencia (Reyes, 1973). Conjunto con este antecedente y por razones que
se expondrán a continuación, se puede decir que la ANUC fue un movimiento que tuvo una
exitosa acogida en el departamento de Sucre, y en general en la Costa Atlántica, por parte
del campesinado, y por lo tanto que fue un movimiento fuerte en la región :
1. La concentración de la tierra, que estaba sobretodo bajo las manos de ganaderos. Reyes
expone que del total de extensión del departamento de Sucre, 1‟052,300 hectáreas, 844.865
eran propiedad privada en el año de 1970. De estas últimas, 623.500 hectáreas, es decir, el
73.8% estaban sembradas en pasto. De las fincas con mas de 500 hectáreas eran
propietarias 303 personas, que concentraban en total 361.679 hectáreas, es decir el 41.6%
de la superficie aprovechada. Los propietarios de fincas entre 200 y 500 hectáreas eran 599,
los cuales tenían 173.762 hectáreas, es decir el 20.6% de las tierras, por lo que Reyes indica
que los propietarios de fincas mayores a 200 hectáreas poseían el 62.2% de la tierra,
concentradas en 902 propietarios, es decir bajo el 4.2%. Estas últimas propiedades se
dedicaban mayoritariamente a la ganadería. Los propietarios de fincas entre 10 y 100
hectáreas eran 5.030 y en total tenían 166.627 hectáreas, que correspondía al 19.7%. Los
propietarios de 1 a 10 hectáreas sumaban 8.091 (es decir, 42.7% del total de propietarios)
y en total reunían 29.366 hectáreas, es decir, el 3.4% de la superficie total. (Reyes, 1973).
De las fincas menores de una hectárea eran dueñas 5.399 personas, que en total
concentraban 2.931 hectáreas.
7 Tanto Zamosc, como Reyes, Borda y Bernal reconocen las distintas formas que había de arrendamiento en
22 2. La carencia de bosques que ya se evidenciaba a finales de los cincuentas, lo que hacía
menos necesario la siembra de pastos y por lo tanto el arrendamiento, lo que causó
desplazamiento de la población e improductividad. Conjunto con lo anterior, se dió el cierre
de la frontera con Venezuela, lo que impidió que mucha gente de la Costa Caribe inmigrara
en búsqueda de trabajo, movimiento frecuente en la región (Zamosc, 1987).
3. El determinante papel de los cuadros estudiantiles sobretodo de Antioquia y Córdoba
como estimulo a adherirse a la ANUC y a los distintos partidos de izquierda. La influencia
a comienzos de los setentas sobre el campesinado de las distintas corrientes de izquierda,
especialmente el Partido Comunista Marxista Leninista y la Liga Marxista Leninista y de
grupos Maoistas, que en general se centraron en los departamentos del Caribe, sobretodo
en Córdoba, Sucre y Bolívar (Zamosc, 1987 y Borda, 1986). Dependiendo de la corriente,
el campesinado podía ser visto como sujeto revolucionario, o como aliados del proletariado.
No obstante, el campesino era un elemento clave para poder realizarla. Además de esto, hay
que recordar la política de “pies descalzos”, desarrollada por el MOIR, que buscaba que los
militantes del partido vivieran y conocieran las condiciones en las que se encontraban las
clases menos favorecidas, en las que tenia cabida el campesinado8. La influencia de la
izquierda dentro del movimiento campesino fue determinante, al darles un matiz ideológico
pero también como factor de división y radicalismo frente a las políticas estatales. Con el
tiempo la lucha ideológica también se dio al interior del movimiento, pues no existía una
izquierda cohesionada, lo que causó fragmentación y sectarismo dentro del movimiento
(Pérez, 2010).
Es importante plantear que la ANUC hizo una fuerte presencia no sólo en lugares donde
imperaba el latifundio, si no también donde había minifundio campesino, zonas de
colonización y en las que predominaba el capitalismo agrario. No obstante, la consigna
principal de la ANUC desde que se constituyó oficialmente, a partir del primer Congreso
en Julio de 1970 fue la lucha por el acceso a la tierra por parte del campesinado. Aunque la
creación de este movimiento fue una iniciativa estatal, en la segunda reunión de la Junta
Nacional en Bogotá en 1971 la ANUC tomó un viraje más radical a partir de la idea de una
8
http://tribunaroja.moir.org.co/HECTOR-VALENCIA-INFATIGABLE.html Consultado el 18 de septiembre de 2012.
23 ruptura con el Estado y se proclamo como un movimiento autónomo e independiente de
éste y de los partidos tradicionales. Zamosc plantea que este enfoque se dio aunque dentro
de la organización había una vertiente menos radical, que sostenía que se debía evitar la
ruptura con el gobierno. Fue así como se decidió la realización de recuperación de tierras
secretamente para el 21 de febrero de ese año, bajo la concepción de que el campesinado
debía realizar la reforma agraria, y se creó la consigna “tierra sin patronos”. No era la
primera vez que se realizaban acciones de este tipo, pues Zamosc plantea que se empezaron
a dar desde 1970, pero de forma desorganizada y poco masiva. Es así como en el setenta y
uno se da un total de 645 invasiones, a diferencia de las 47 que se habían dado el año
pasado, acciones que habían posicionado al departamento de Sucre como el tercero con
mayor toma de tierras a nivel nacional. En el 71 en Sucre se habían realizado 60 tomas y en
Bolívar 54, el primero ocupando el cuarto lugar de mayores tomas a nivel nacional y
Bolívar el quinto respectivamente. Zamosc caracteriza las tomas en Sucre como con
desenlaces exitosos y al movimiento como coordinado, sincronizado, integrado, solidario y
sólido, hasta el punto en que se volvió un factor de poder en el departamento, reconocido
por las autoridades y hacendados. A raíz de lo anterior y por consecuencia la transacción
de predios ocupados en ese año, Zamosc dice que hubo un triunfo regional de la ANUC.
Las consignas de la ANUC, que fueron cambiando a lo largo del desarrollo del
movimiento, pueden reflejar la mentalidad y los debates internos que había dentro del
campesinado como el grado de radicalización. Al comienzo del movimiento se hablaba de
“A desalambrar,” que se cambió a “tierra sin patronos” y que evolucionaria a “tierra pa‟l que la trabaja.” Como lo relata Pérez, las consignas reflejan las visiones ideológicas que
imperaban dentro del movimiento (Pérez, 2010). La primera consigna muestra una visión
de abolición de la propiedad privada, mientras que la próxima sugiere una sociedad
horizontal, sin jerarquías, aunque puede mantener la idea de eliminación de la propiedad.
La última tácitamente sugiere el reconocimiento y la prevalencia de la propiedad privada,
dentro de la idea de una sociedad que reconozca y gratifique el trabajo rural. Las consignas
reflejan no solo posturas alrededor de la propiedad, la igualdad, si no que muestran cómo
dentro del movimiento campesino había una visión de cambio estructural de la sociedad, de
24 opciones distintas a éste. Estos lemas además demuestran la influencia del pensamiento
marxista y sus distintas corrientes dentro del movimiento.
En los comienzos de los setentas se dio el auge de las famosas recuperación de tierras.
Estas consistían en la organización del campesinado para invadir predios de terratenientes
para que el INCORA se los adjudicara. La literatura sobre la ANUC varía entre términos
para referirse éstas, entre los que está recuperación, invasión y tomas. Las tomas de tierra
siempre han sido vistas como ilegales, pero en su comienzo gozaron con la mediación del
INCORA, además de que el movimiento campesino era visto como legitimo y respaldado
por el gobierno. Esta situación empezó a cambiar desde mediados de 1970 cuando Misael
Pastrana, candidato conservador pasa a ser presidente de Colombia. Aunque en su campaña
prometió mantener el apoyo al INCORA como al movimiento campesino, en su mandato
empezó la contrarreforma agraria. En el setenta y dos se dio el Pacto de Chicoral, reunión
entre el gobierno, sectores políticos, hacendados y empresarios a nivel nacional, donde se
pacto que a cambio del pago de impuestos los terratenientes tenían la garantía del freno a la
política de redistribución de tierras y se apoyaría la producción agrícola a gran escala
(Zamosc, 1987). Las consecuencias fueron la reducción del presupuesto como el marco de
acción del INCORA, además de elevar las exigencias para la adjudicación de tierra y la
abstención a iniciar tramites de predios invadidos. Contra el movimiento se inició la
estrategia de represión y divisionismo. Es dentro de este contexto donde se da la división
del movimiento campesino, entre la línea radical o línea Sincelejo y la línea Armenia, la
línea moderada, oficialista y aliada con el gobierno. Sobre esta última se dice: “La línea
Armenia surgió como un simple instrumento de división que no cumplía con ninguna
función real de representación de las demandas campesinas” (Zamosc, 1987: 175). La línea
Sincelejo, que fue mayoría, quedo en una situación de ilegalidad y con el tiempo dejó de ser
reconocida por el gobierno. Esta estrategia vino acompañada de la represión a las zonas
invadidas, conjunto con el posicionamiento de alcaldes militares en las zonas más
conflictivas, la militarización de regiones enteras, detenciones masivas, persecución a los
líderes, libre acción a pájaros o bandas armadas de los terratenientes y mano dura en los
desalojos. Así ya para finales del setenta y dos, la toma de tierras disminuyó por los
25 en 1971; en Sucre de las 5.500 familias inscritas en la ANUC, cuatro mil habían logrado
obtener parcelar a partir de los predios invadidos. Así surgían también nuevos problemas y
reivindicaciones del campesinado, como la legalización de los predios o ayudas para la
explotación de estos, pero la línea Sincelejo se enfoco en contra restar a la línea Armenia y
en buscar financiamiento, por lo que se acercó más a intelectuales de izquierda y grupos
religiosos, fundaciones de caridad y asociaciones agrarias. En Sucre a comienzos del
setenta y tres las tomas se habían vuelto mas violentas igual que la resistencia a estas, por lo
que se decidió el Plan de Emergencia para Sucre, donde participo el INCORA y
FEDEGAN para entregar 12 mil hectáreas más al campesinado. Al final del año y
comienzos del setenta y cuatro se dieron tomas de tierras como respuesta a la demora en el
plan de emergencia, que lograron ser apaciguadas por el gobernador del momento y que
logró que las principales haciendas invadidas fueran afectadas por el INCORA. Zamosc
caracteriza a la ANUC en Sincelejo del momento como con una fuerte combinación en
presión de vías de hecho y negociaciones centralizadas a alto nivel, con mayor nivel
político y apoyo orgánico (Zamosc, 1987: 193).
Posteriormente la ANUC línea Sincelejo rompe con las distintas vertientes de izquierda que
la influenciaban y componían, hecho que fragmentó aun mas el movimiento. Así, después
del tercer congreso de la ANUC en Bogotá se intenta forjar un ala política del movimiento
y del campesinado, creando la Organización Revolucionaria del Pueblo (ORP). El
problema que surgió a raíz de las disputas internas dentro de la línea Sincelejo, es que se
afectaron los comités regionales, ósea las bases. Además muchas veces el movimiento
perdiera el norte, acompañado de acusaciones de maniqueísmo y corrupción entre los
líderes (Zamosc, 1987). En el setenta y cuatro Alfonso López llega a la presidencia de
Colombia con la política de Desarrollo Rural Integrado (DRI), tampoco apoyada por la
ANUC línea Sincelejo. Creó la Ley 6 de 1975 de aparecía, que buscaba regular los
contratos de aparecía y resolver el problema de la mano de obra en el campo. Como forma
de mostrar el descontento, se hizo un llamado a la invasión de predios, haciendo énfasis en
las zonas donde había apoyo masivo y en predios donde los campesinos habían sido
desalojados. La reacción fue más violenta por parte del Estado: otra vez la militarización de
regiones enteras, detenciones masivas a campesinos (así estos no hayan participado en
26 de éstos a manos de bandas pagadas por terratenientes (Zamosc, 1987: 227). En Sucre lo
anterior vino acompañado del allanamiento de la casa campesina y la muerte de dos
campesinos en un desalojo en Ovejas. Además, el DRI empezó a tener una acogida por
parte de campesinos ricos y medianos, lo que fue causando más la ruptura y fragmentación
en la ANUC (Zamosc, 1987).
Según Zamosc, 66 mil familias tuvieron acceso a la tierra mediante la lucha por ésta y en
total se distribuyó un millón doscientos mil hectáreas. Estas familias representan el 11.8%
de beneficiarios de los 558 mil usuarios como beneficiarios a potencia. Asimismo, sólo el
9.5% de las tierras repartidas se dio de propiedades con más de 500 hectáreas, por lo que
Zamosc indica como una conquista parcial las tomas de la ANUC, además de paliativa y
apaciguadora. Además hay que tener en cuenta que los predios deben tener entre 37 y 104
hectáreas para poder absorber la fuerza de trabajo familiar, pero Zamosc indica que las
familias accedían en promedio menos de 30 hectáreas, lo que no les permitía tener una
economía independiente y autosuficiente. Así se forjaron relaciones de producción a base
de la mano de obra libre para complementar las fuentes de ingreso, donde se daba el trabajo
asalariado dentro del contexto de en un modelo de capitalismo agrario. Así se muestra
como el acceso a la tierra no era garantía para el mantenimiento del campesinado y su
economía. Además, el campesinado se encontraba (y encuentra) con limitaciones de
créditos, infraestructura, falta de servicios básicos y de asistencia técnica. Las empresas
comunitarias se vinieron degradando, no alcanzando ni siquiera los niveles del salario rural.
También los campesinos beneficiarios empezaron a depender de migración, jornales y otras
fuentes complementarias de ingreso. Estas problemáticas no fueron vistas ni tenidas en
cuenta por la línea Sincelejo, lo que los alejó mucho más del campesinado y las nuevas
necesidades que venían surgiendo en una parte de éste. (Zamosc, 1987)
Con la idea del campesinado como clase, dentro de la línea Sincelejo la ORP lanza su
partido político, Movimiento Democrático Popular (MNDP). En 1977 se une con Frente
por la Unidad del Pueblo y se lanzan a las elecciones al año siguiente. Lograron 23
concejales municipales en todo el país, cuatro en Sucre y dos de Bolívar. Zamosc lo plantea
como un fracaso electoral por la poca acogida que tuvo la MNDP dentro de las bases y el
mantenimiento del clientelismo y el apoyo a líderes políticos tradicionales que muchas
27 hicieron que el movimiento se fragmentara más, pues tanto los líderes como las bases
buscaron la forma de desasociarse de la línea Sincelejo. Zamosc dice que para 1978 la
ANUC línea Sincelejo estaba liquidada, mientras que otro tipo de organizaciones venían
creándose, algunas de tipo local, otras adscritas a sindicatos o movimientos de izquierda.
También surgieron organizaciones promovidas por el Estado, como las Juntas de Acción
Comunal (que vinieron siendo muy exitosas sobretodo en las regiones donde la línea
Sincelejo era fuerte), los grupos entorno al DRI y la línea Armenia de la ANUC. Todos
estos movimientos fueron receptores de muchos líderes que hacían parte de la línea
Sincelejo. Todas estas organizaciones auspiciaban reivindicaciones más inmediatas y
menos radicales, sin el componente ideológico marcado. En cuanto a la línea Armenia,
Zamosc plantea que había dejado su colaboracionismo pasivo y que en 1977 había venido
recuperándose y re estableciendo bases. Aunque gozaba del apoyo del gobierno, había
tornado un tono crítico frente a este, actitud que se reflejan bajo su consigna “sin ser corderos, los armenios somos oídos por el gobierno”. Las reivindicaciones eran concretas,
como por ejemplo la inoperancia del INCORA, la falta de créditos, becas para campesinos
y seguros para las cosechas, entre otras. Se afirma que ya en los ochentas la línea Armenia
alcanzó a representar el grueso de los usuarios campesinos.
Respecto a la línea Sincelejo, Zamosc dice que al final de este periodo sólo tenía apoyo en
algunas zonas de Sucre y focos aislados en otros departamentos, que se basaba muchas
veces en clientelas personales de los líderes. Además había empezado una lucha contra su
desintegración, buscando la conciliación con el gobierno. Zamosc define a esta línea
Sincelejo en ese momento como una organización ficticia, compuesta por un puñado de
líderes que no representaban a ningún sector del campesinado y donde primaba los
intereses personales e individuales de los pocos campesinos que la componían (Zamsc,
1987: 342).
En 1981 se dio el Congreso de Reunificación, donde sucedió realizó la re- unión entre las
dos líneas de la ANUC. Esto se dio en mayor parte por la presión y maniobras del ministro
de agricultura del momento y contra la negativa de líderes de la línea Armenia. Una gran
mayoría de la línea Sincelejo veía esta con bueno ojos, al ser la opción de que prevaleciera
la ANUC, que no se extinguiera la línea Sincelejo, y que las cabecillas de ésta línea
28 Nacional de Dirigentes, compuesto por opositores de la reunificación de la ANUC, donde
ciertos s sectores radicales de la línea Sincelejo buscaron reunificarse como la línea
opositora otra vez. Zamosc indica que se volvió a forjar una posición radical y con
reivindicaciones abstractas, y que se oponía otra vez a cualquier política del gobierno. No
hubo una reunificación de esta oposición, pues el grupo de investigación de Memoria
Histórica9 cuenta que a lo largo de los ochentas las distintas organizaciones que brotaron de
las dos líneas de la ANUC empezaron a tener importancia, atomizadamente, aunque
algunos sectores lograron éxito electoral a nivel local. En los Montes de María imperaban
entonces las Organizaciones Civico-populares, el sindicato Fanal y en menor medida la
Anuc línea Armenia. Hay que recordar que igualmente la represión del movimiento
campesino se iba agravando, con asesinatos selectivos, quema de ranchos, destrucción de
cosechas y detenciones. Cuando más se evidenció fue en el periodo del estatuto de
seguridad de Turbay Ayala, pues además de los asesinatos a campesinos se marca la
entrada de bandas criminales, auspiciados por terratenientes y apoyados por el Estado
(Reyes, 2009, Memoria Histórica, 2010). Conjuntamente se dio la entrada de la guerrilla a
la región, que como relata Pérez, al principio respetaron a la organización campesina, pero
esto les causó que la organización y cualquier líder campesino fuera señalado como
guerrillero (Pérez, 2010.) Además hay que recordar que en los ochentas hubo otros sucesos
de suma importancia, como la compra de tierras por parte de narcotraficantes sobretodo en
los municipios costeros10; el alejamiento de la guerrilla de las FARC sobre cuestiones
agrarias y sociales y enfocados en buscar una autonomía económica y una expansión
9
El grupo de Memoria Histórica hace parte de la Comisión Nacional de Reparación (CNRR), creada a partir de la Ley de Justicia y Paz en el 2004. Esta se da dentro del contexto de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia en el gobierno de Uribe Vélez (2001-2008). Conjunto con la entrega de las armas, los grupos paramilitares adquirían el compromiso de verdad, justicia, reparación a sus víctimas y la no repetición. Dentro de este marco nace Memoria Histórica, con el fin de esclarecer los sucesos de violencia que han azotado las diferentes regiones de Colombia, teniendo presente el testimonio de las víctimas y los distintos tipos de violencia y duelo que han tenido las personas. Además, los testimonios de paramilitares reinsertados y una revisión histórico- académica sobre la zona y el conflicto hacen parte también de sus análisis.
10
Tanto Reyes como Machado plantean que la compra de tierras por parte de los narcotraficantes causó la denominada contrareforma agraria. Es decir, que la compra de tierras por parte de éstos desde mediados de los ochentas fue tan extensa, que contrarrestó los esfuerzos por la democratización de la tierra. La mayoría de compras se dieron en zonas apartadas de Colombia, donde había poca o nula presencia estatal, en lugares donde la guerrilla hacia presencia y además zonas estratégicas para el narcotráfico. (Reyes, 2010; Machado, 2012).
29 territorial (Reyes, 2009). Además, hacían presencia en ciertas partes de los Montes de
María las guerrillas, PRT, ELN, Patria Libre y el EPL.
Las reivindicaciones dieron un giro, pasando a ser en torno al respeto y defensa de la vida,
pero también la Anuc se enfocó en crear un movimiento político campesino, como el
Movimiento Social Agrario y Campo (Sánchez, 2010: 260). Este último proclamaba
principalmente la democratización y modernización del campo y el derecho a la
neutralidad. No lograron la meta de poner senadores, pero si lograron cuatro alcaldías de
los Montes de María, de los cuales dos de los ganadores fueron asesinados. Igualmente
dentro de este decenio, las organizaciones veredales fue el tipo de organización que se dio
en algunas zonas de Montes de María. Se puede decir entonces que la organización pasó de
ser centralista y con miras de ser unitaria, a ser descentralizada y con reivindicaciones más
puntuales (Memoria Histórica, 2011: 268). Las demandas giraban en torno no sólo a la
tierra, sino al acceso a servicios básicos para el campesinado y a visibilizar la violación de
los derechos humanos y el respeto por estos. Para comienzos de los noventas, Pérez relata
que el movimiento campesino estaba muy debilitado, pues sólo había expresiones locales
que no podían actuar por fuera de la vereda (Pérez, 20120: 169) Además, el fenómeno del
paramilitarismo venía cada vez mas en auge, desde comienzos de los noventa con las
convivir y ya en 1997 la creación e integración de éstos grupos en las Autodefensas Unidas
de Colombia (AUC), auspiciadas por ganaderos y políticos de la región al igual que por
narcos, traídas desde Córdoba y que trabajan en complicidad tanto con la policía como el
ejército. Aunque estas se encargaron de contrarrestar el poder que las FARC habían ganado
en la región, sobretodo al colmar el espacio dejado por la desmovilización del EPL
mediante el boleto, la extorsión y el secuestro tanto a grandes como medianos y pequeños
propietarios, productores y comerciantes, también se dedicaron al negocio del narcotráfico
(Reyes, 2009). La entrada de los paramilitares se marca por una política que consideraba
que afectando a la población civil se debilitaría a la guerrilla. Hay que recordar que la
persecución a los líderes siguió. Un caso emblemático es el de Guillermo Montero,
presidente de la Anuc Sucre y asesinado en 1997. Su muerte es atribuida a un ex
paramilitar hoy vinculado con la banda emergente “Los Rastrojos” (El Meridiano, Sucre,