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ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA: EL LANCE DE LOS CUATRO JUANES (1409)

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ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA: EL LANCE DE

LOS CUATRO JUANES (1409)

Between history and legend: The launch of the Four Juanes (1409)

Juan ABELLÁN PÉREZ

Universidad de Cádiz

RESUMEN: En este trabajo estudiamos uno de los muchos encuentros

fron-terizos que durante la Baja Edad Media tuvieron lugar entre los jerezanos y los nazaríes, pero en esta ocasión, los protagonistas del enfrentamiento fueron cua-tro caballeros hidalgos de Jerez de la Frontera.

PALABRAS CLAVE: Jerez de la Frontera, Reino de Granada, frontera,

bata-lla, siglo xv.

ABSTRACT: In this paper we study one of the many border meetings during the Mid-dle Ages took place between Jerezanos and Nazaríes, but this time, the protagonists of the confrontation were four gentlemen knights of Jerez de la Frontera.

KEY WORDS: Jerez de la Frontera, Kingdom of Granada, border, battle, XV Century.

Fecha de recepción del artículo: 10-10-2015. Comunicación de evaluación al au-tor: 18-12-2015. Fecha de la publicación: 9-2016.

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ESTUDIOS SOBRE PATRIMONIO,CULTURA Y CIENCIAS MEDIEVALES, 18 (2016), pp. 69-80 ISSN e: 2341-3549

EL LANCE DE LOS CUATRO JUANES VISTA POR LA HISTORIOGRAFÍA LOCAL.

Los oficiales del cabildo jerezano encargaron a su escribano, Juan Román de Cuenca, la redacción de un Memorial de los Hechos de Ar-mas en los que había participado la ciudad, desde su conquista por

Al-fonso X hasta época de los Reyes Católicos, con la finalidad de que quedara constancia de los mismos para el conocimiento de las futuras generaciones. El Memorial fue presentado ante la asamblea concejil el

sábado 1 de octubre de 1484 y copiado en el Acta correspondiente a esa sesión. Como es obvio, en dicha relación no se menciona la batalla de los Cuatro Juanes, dado que en ella no intervino la ciudad; pese a ello, este acontecimiento bélico, protagonizado por cuatro caballeros hidal-gos jerezanos que, deseosos de honor y gloria, buscaban el enfrenta-miento con los musulmanes de los núcleos occidentales de la frontera nazarí, dependientes de la Cabecera de Ronda, tuvo una amplia acogida y difusión en la historiografía local, equiparable, e incluso superando, otras hazañas de mayor envergadura como fue la batalla de Rancho o del Alcornocal Hermoso1, acaecida unos años después, en 1426.

La historiografía local y las fuentes documentales que se conservan coinciden, en que la confrontación tuvo lugar cuando se ganó la villa Zahara por primera vez a los musulmanes. Así lo atestigua en el siglo XV el escribano del concejo, Juan Román de Cuenca, en su Libro del

Alcázar, quien dice textualmente que la escaramuza tuvo lugar “en el

tienpo que se avía ganado Zahara a los moros la primera vez en

aque-llos gloriosos tienpos” 2; afirmación que comparte y recoge el doctor

Gonzalo de Padilla (siglo XVII), en el capítulo 25 de su obra Historia

de Xerez de la Frontera3: “aviéndose ganado Zahara del poder de los

moros, siendo alcayde y capitán de ella Alonso Fernández Melgarejo.

1 Véase, JUAN ABELLÁN PÉREZ: “Las relaciones castellano-granadinase en el sector

xericiense durante la tregua de 1424-1426”, en Homenaje al profesor Eloy Benito Ruano, Vol. 1, 2010, págs. 13-20-

2 JUAN ROMÁN, El Libro del Alcázar. De la toma de Jerez a la conquista de

Gibral-tar. Siglos XIII-XV, introducción, edición e índices de Juan Abellán Pérez, Jerez de la

Frontera, EH Editores, 2012, p. 45.

3 GONZALO DE PADILLA, Historia de Xerez de la Frontera (Siglos XIII-XVI),

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En el siglo XVIII, Joseph Ángelo Dávila en el capítulo154 de su obra aporta la misma información que sería, a su vez recogida por Bartolomé Gutiérrez5 y Adolfo de Castro6 en el siglo XIX.

FECHA DEL ENCUENTRO

Casi la totalidad de los historiadores que han descrito este suceso con anterioridad al siglo XIX, no ofrecen una fecha exacta de cuándo ocurrió el lance, limitándose a solventarlo de una manera vaga: “en el tiempo que se avía ganado Zahara”, “aviendose ganado Zahara” o “en este tiempo”. Es evidente que debió ocurrir entre la conquista de la villa por el infante don Fernando en 1407 y su pérdida en 1410. De todos los autores que tocan este tema, solo Esteban Rallón (siglo XVII) acota un poco más la fecha, al afirmar que aquella tuvo lugar cuando aún “era tiempo de treguas”, es decir, según este autor, dicho acontecimiento po-dría haber ocurrido en el periodo de la tregua pactada con el sultán gra-nadino Muḥammad VII (15 de abril al 15 de noviembre de 1408) y las sucesivas prórrogas de la misma que Juan II de Castilla otorgó a Yusuf III y que concluyeron a finales del mes de marzo de 14107. Sin embargo,

4 JOSEPH ÁNGELO DÁVILA, Historia de Xerez de la Frontera. Estudio preliminar,

edición anotada e índices de Juan Abellán Pérez, Helsinki, Academia Scientiarum Fen-nica, 2008, p. 109, dice: … la villa de Zahara que avía pocos días que se avía ganado a los moros”.

5 BARTOLOMÉ GUTIÉRREZ, Historia del estado presente y antiguo, de la mui noble

y mui leal ciudad de Xerez de la Frontera, Jerez, 1886, tomo I, p. 256.

6 ADOLFO DE CASTRO, Historia de la muy noble, muy leal y muy ilustre ciudad de

Xerez de la Frontera, Cádiz, 1845, pp. 93-96.

7 Así se recoge en una carta que Juan II de Castilla, dada en Toledo, el 20 de febrero

de 1410, presentada en el concejo de Jerez de la Frontera el 11 de marzo, en la que el monarca castellano informaba que el infante don Fernando había partido para la frontera de Granada, dado que la tregua finalizaba 31 de marzo. Veáse JUAN ABELLÁN PÉREZ,

Diplomatario del reino de Granada: documentos de Juan II de Castilla (1407-1454),

Granada, 2011. Sin embargo, por esa misma fecha, Yusuf III también habían comen-zado los preparativos para la confrontación con los castellanos, tal y como se recoge en la sesión concejil del miércoles 26 de febrero, en la que se expuso: “… que por quanto era fama quel rey de Granada avia mandado a sus moros que, de cavallo e de pie, poderosamente entrasen a esta tierra e a los lugares de las comarcas della a fazer todo mal e dapño que pudiesen”. AMJF. AC. 1410, f. 37r. Sobre estas treguas puede verse:

MIGUEL ÁNGEL LADERO QUESADA, Granada. Historia de un país islámico (1232-1571),

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tenemos dudas si este lance fue recogido en alguna de las sesiones con-cejiles de esos años, en los que la historiografía local sitúa el desarrollo de esta acción bélica, dado que no se han conservado las Actas Capitu-lares correspondientes a los años 1407 y 1408, mientra que, de otras como las de 1409, solo disponemos de un breve cuadernillo de 10 hojas, recto-vuelto, correspondientes a los meses de noviembre y diciembre y nada en las del año 1410. Sin embargo, el archivero jerezano Agustín Muñoz y Gómez en su libro sobre las calles y plazas de Jerez recoge en la entrada correspondiente a la calle denominada Cuatro Juanes, ante-riormente llamada de Poca Sangre, lo siguiente:

“El nombre actual lo lleva para recuerdo de los cuatro Jua-nes que en 1409, ó poco después, derrotaron á unos 27 mo-ros en el camino de Jerez á Zahara”8.

No obstante, creo que este lance habría que situarlo en el 1409, en el periodo de las prórrogas de las treguas firmadas por Yusuf III9, aun-que como afirma Agustín Muñoz, bien pudiera haber ocurrido en los

de Antequera y las relaciones castellano-granadinas (1407-1416), Cádiz, 1999,R A-CHEL ARIÉ, El reino naṣrí de Granada, Madrid, 1992, JOSÉ E.LÓPEZ DE COCA C ASTA-ÑER: “El Reino de Granada (1354-1501)”, en Historia de Andalucía, Barcelona, 1980,

págs. 334-336, FRANCISCO VIDAL CASTRO: “Yūsuf III (810-820/1408-1417). La pérdida

de Antequera. Treguas”, en El Reino Nazarí de Granada (1232-1492). Política, Insti-tuciones, Espacios y Economía, coordonado por María Jesús Viguera Molins, Madrid,

2000, vol. VIII-II, pág.144 y 151-153, MANUEL ROJAS GABRIEL, La frontera entre los reinos de Sevilla y Granada en el siglo XV (1390-1481), Cádiz, 1995 y DOLORES MARÍA

PÉREZ CASTAÑERA, Enemigos seculares. Guerra y treguas entre Castilla y Granada (c. 1246-c. 1481), Madrid, 2012, págs. 74-75. Para el estudio de esta frontera es muy útil

la visión que ofrece VIRGILIO MARTÍNEZ ENAMORADO a través de un minucioso análisis

documental y arqueológico de las fortalezas de los valles del Guadalteba y del Turón en su libro Un espacio de frontera. Fortalezas Medievales de los Valles del Guadalteba y del Turón, Málaga, 1997.

8 AGUSTÍN MUÑOZ Y GÓMEZ, Noticia histórica de las calles y plazas de Xerez de la

Frontera. Sus nombres y orígenes, enriquecida con datos inéditos, sacados del Archivo Municipal de la propia ciudad y de diferentes libros, relaciones, papeles y estudios oficiales y particulares, antiguos y modernos, Jerez de la Frontera, Imprenta Guadalete,

1903, pp. 39-40.

9 Algunos autores que han tratado este suceso o hace referencia a alguno de los

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meses previos a toma de Zahara por los musulmanes, en los que, según consta en las Actas capitulares de 1410, hubo una cierta actividad bélica en la frontera occidental granadina, como se recoge en la sesión concejil del 26 de febrero, en la que, por parte de los oficiales jerezanos presen-tes en ese cabildo, se expuso que Yūsuf III había dado órdenes “a sus moros que de cavallo e de pie poderosamente entrasen a esta tierra e a los lugares de las comarcas della a fazer todo el mal e dapño que

pu-diesen”10. Este tipo de noticias que suelen darse con mucha frecuencia

a lo largo del siglo XV, no siempre fueron veraces, pero creaban un estado de intranquilidad, y sobre todo, suponían para el concejo jere-zano un incremento de los gastos de defensa, fundamentalmente origi-nados por el establecimiento de atalayas y guardas a lo largo de la línea fronteriza11.

Al margen de la fecha en que tuvo lugar la batalla de los Cuatro Juanes, y si aquella se realizó en periodo de paz, no impiden, como era usual, que por ambos lado de la frontera se acometieran incursiones con el propósito de conseguir ganados y esclavos, que tan buenos beneficios proporcionaban, pero también algunas de esas incursiones, tuvieron otra finalidad como la busqueda de honor y gloria, aunque el lance no excluía, que la parte vencedora consiguiera un botín, compuesto por los vencidos, mientras que las personas caían en cautiverio con cabalgadu-ras, armas y bagajes.

en Jerez: Los del puesto de abajo, Vol. II, Madrid, 1932, p. 103, donde a mencionar a

Juan Fernández de Herrera, dice que era “uno de los Cuatros Juanes famosos en 1408”. Rafael Sánchez Saus, Linajes medievales de Jerez de la Frontera, vol I: Estudios his-tóricos, Sevilla, 1996, p. 96b, al estudiar el linaje de Herrera, ofrece la misma fecha que

Moreno de Guerra, sin embargo, en el linaje de Picazo ofrece otra distinta, el 1409, Op. Cit, p. 146.

10 JUAN ABELLÁN PÉREZ: “Jerez y la frontera occidental castellano-granadina en

visperas de la conquista de Antequera”, en Estudios de Frontera, núm. 9, Alcalá la Real,

2014, págs. 43- 54.

11 Sobre la ubicación de atalayas y guardas en la frontera gaditana, así como las

ordenanzas que regulaban su funcionamiento, puede verse RAFEL SÁNCHEZ SAUS y E MI-LIO MARTÍN: “Ordenanzas jerezanas del siglo XV sobre la milicia concejil y la frontera

de Granada”, en Historia. Instituciones. Documentos, 28 (2001), págs. 377-390 y JUAN

ABELLÁN PÉREZ: “Ordenanzas jerezanas sobre la guarda de la frontera frente a Ronda

y su Serranía a comienzos de la Guerra de Granada (1482-1484)”, en Studia Orientalia,

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LA PARTIDA

Este lance fue protagonizado por cuatro caballeros jerezanos: Juan Sánchez de Herrera, Juan Fernández de Cuenca, Juan García Picazo y Juan Fernández Catalán, quienes guiados por su deseo de confrontación con los granadinos acordaron hacer una entrada en su territorio12. Con ese propósito se dirigieron a Zahara a consultar con el alcaide Alonso Fernández Melgarejo, quien desde su posición avanzada en la frontera se veía envuelto en constantes situaciones de peligro. Su consejo y ex-periencia en estas lides así lo requerían. La posición geográfica de Zahara frente reino nazarí era el lugar idóneo y preferido por los jere-zanos para realizar este tipo de encuentros como así lo recoge en su historia el escribano Juan Román de Cuenca:

“… los nobles de esta çibdad tenían por estilo por no estar ociosos y exercitarse que donde sabían que los moros más perseguían y hazían daño grande a los chriptianos y avía frontera grande, yvanse alla por servir a Dios y hazer daño a los infieles y aver algunas presas”13.

La partida la integraban, a demás de los Cuatro Juanes, dos mance-bos que debían encargarse del cuidado de los caballos y de las armas y una mujer, cuya presencia era frecuente en estas partidas, para que se ocupara de las vituallas.

12 Sobre estos persanajes puede verse RAFAEL SÁNCHEZ SAUS, Linajes medievales

de Jerez de la Frontera, op. Cit., yJUAN ABELLÁN PÉREZ, El Concejo de Jerez de la frontera en la primera mitad del siglo XV: Composición, sistema de elección y funcio-namiento del Cabildo, Jerez de la Frontera, BUC, 1990-

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DESARROLLO DEL LANCE

El grupo partió de Jerez hacia Zahara, tomando la vía de Bornos, pero al bajar la cuesta del puerto del Timón, antes de llegar al arroyo de Comares14, se le unió un caballero extranjero, bien armado y con exce-lente cabalgadura, que deámbulaba por aquellas tierras con el mismo propósito15.

El camino hasta Bornos debió de ser tranquilo y sin sobresaltos, pero la proximidad a territorio granadino y, sobre todo, su entrada a una zona donde las incursiones musulmanas eran frecuentes, les hizo prestar ma-yor atención, acordando que uno de ellos debía adelantarse recono-ciendo el terreno y evitar así caer en una emboscada. De esta manera se hizo, pero a unos 4 kms., de Zahara, el caballero que estaba adelantado divisó a un pequeño grupo de caballeros musulmanes. Todos subieron a un cerro desde el que se divisaba el valle del río Comares compro-bando que efectivamante el grupo invasor estaba compuesto por veinti-siete caballeros granadinos.

14Para una información más detallada sobre el paisaje y la toponimia de donde tuvo lugar el encuentro, véase ERNESTO PANGUSIÓN CIGALES: “La batalla de los Cuatro

Jua-nes. Narracion, localización y aportaciones a la caminería medieval del campo de Ma-trera”, en A los pies de Matrera (Villamartín, Cádiz). Un estudio arqueológico del oriente de Šidūna, Eds. José María Gutiérrez López y Virgilio Martínez Enamorado, Villamartín, 2015, págs. 587-622.

15 La mayor parte de los cronistas que hace referencia a a este caballero, afirman

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Tal desigualdad, dificilmente podía asegurar la victoria a los jereza-nos, pero decidida la confrontación, a vida o muerte, acordaron poner a salvo a la mujer y a los mancebos y plantear la estrategia que debían seguir, pero con la que no estuvo de acuerdo el caballero extranjero, argumentando que, en el mejor de los casos, librados de la muerte, su final sería el cautiverio. Expuesta su decisión abandonó al grupo, y si-guiendo el curso del arroyo de Comares, se dirigió a Zahara, donde dio por hecho ante el alcaide Alonso Fernández de Melgarejo que los Cua-tro Juanes habrían sucumbido ante la superioridad de los musulmanes y que los mancebos y la mujer habrían caídos en cautiverio, sin tener conocimiento del resultado del lance.

El enfrentamiento y táctica a seguir estaba decidida: Descenderían del cerro sin ser vistos, hasta situarse en la margen del arroyo de Coma-res contraria a la de sus enemigos, aprovechando que lo abrupto del terreno jugaba a su favor. Allí dejarían ver a los musulmanes su infe-rioridad númerica, lo que precipitaría el ataque. En realidad, los Cuatro Juanes y Francisco Vázquez, el ballestero de monte, que no estaba dis-puesto a enconderse con el otro mancebo y la mujer, sino a participar en la contienda, habían acordado que, una vez descubiertos, esperar a que algunos de los caballeros nazaríes, cruzaran el arroyo y cuando al-gunos de ellos estuvieran próximos a cruzar el cauce, huír para de in-mediato dar la vuelta y acometerlos con virulencia. Así lo hicieron y en la primera arremetida derrivaron a 5 o 6, lo que permitió que el balles-tero de monte consiguiera cabalgadura y armamento y se dedicara a re-matar a cuantos musulmanes descabalgaban los Cuatro Juanes.

Esta primera fase de la escaramuza fue favorable a los cristianos, sin que se produjeran ninguna pérdida ni heridas de cierta significación. Conscientes de que no podían hacer frente a los cristianos desde sus posiciones, los musulmanes concentaron sus fuerzas en la margen del Arroyo donde se hallaban los Cuatro Juanes, jurando ante el Coran, lu-char hasta la muerte, arremetiendo contra los cristianos que simulaban una retirada, pero como en el primer lance, dieron la vuelta producién-dose un nuevo enfrentamiento, esta vez más equilibrado ante la huída de casi la mitad de los musulmanes.

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Zahara, pero en las eras viejas de villa, se encontraron con el alcaide Alonso Fernández Melgarejo, quién, informado por el caballero extran-jero, salió de inmediato en socorro de los Juanes, a tomar venganza si habían sido aniquilados o buscar el rastro de los musulmanes por si ha-bían caído en cautiverio para tratar de liberarlos.

Grande debió de ser la sorpresa del alcaide Alonso Fernandez de Melgarejo, al ver a los Cuatro Juanes maltrechos, pero con vida.

EL LANCE DE LOS CUATRO JUANES EN LA NOVELA HISTÓRICA

Este episodio bélico que, recoge los principios fundamentales del romanticimo, encaja dentro de la visión idealista que de la España me-dieval tenían los escritores del siglo XIX, para quienes el sentimiento religioso, el amor, el honor y el valor son temáticas recurrentes, tal y como se recoge en la novela histórica titulada Los Cuatro Juanes o los

desposorios en el Castillo de Zahara16, en la que su autor nos ofrece

una visión novelada de este suceso, en la que los Cuatros Juanes, acom-pañaron a Alonso Fernández Melgarejo a su castillo de Zahara.

El episodio bélico de los Cuatro Juanes, en la novela, tiene su inicio en el propósito del alcaide del alcázar de Jerez de hacer una expedición en la villa de Garciago. Para tal fin, solicitó la presencia de Alonso Fer-nández de Melgarejo, para consultarle sobre las posibilidades de éxito que podría tener una expedición a dicho lugar. El alcaide de Zahara acudió a la entrevista, aunque en realidad, la finalidad de la misma, era muy distinta: El alcaide jerezano trataba de concertar el matrimonio de doña Elvira, hija de don Alonso, con el hidalgo Juan de Cuenca, ajeno a los sentimientos de la joven que se inclinaban hacia Alonso, un joven cristiano, que siendo niño había sido rescatado de su cautiverio por Mel-garejo en una incursión realizada a Garciago. En el desarrollo de la con-versación se incorporaron los otros tres Juanes, Juan Sánchez de He-rrera, Juan Fernández Catalán y Juan García Picazo que manifestaton su propósito de contraer nupcias don doña Elvira.

Entre tanto que se celebraba este encuentro, que el autor de la novela sitúa en 1450, la villa de Zahara se vió amenazada por los musulmanes de la Serrania de Ronda que dispusieron sus huestes frente a la villa en

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un intento de hacerse con ella. La situación de peligro obligó a los si-tiados a enviar un trotero a Jerez para que informara a don Alonso de la amenaza en la que se hallaba la villa. Y así lo hizo, comunicándole que

“Los moros, dice este, han intentado una alborada en tra ausencia, y han sido rechazados y desechos por vues-tros soldados, pero ayer aparecieron de nuevo en número tan considerable, que la campiña esta cubierta con sus es-cuadrones”.

Los Cuatros Juanes se ofrecieron a acompañarlo y en agradeci-miento don Alonso prometió conceder la mano de su hija al que más se distinguíese en la campaña. El autor de esta novela histórica, expone que los cinco caballeros partieron de inmediato hacia Zahara. En el viaje, en la proximidad de la villa de Bornos, en un bosque espeso, se detuvieron para decidir si continuaban el viaje o se detenían a descan-sar, cuando observaron que alguien les vigilaba, capturado el observa-dor, pudieron comprobar que se trataba de un caballero morisco de nombre Abdalla, al servicio del marqués de Cádiz, según el salvaducto que les mostró. El grupo, ante la caída de la noche, optaron por dirigirse a la villa de Cardelas donde habían resuelto pasar aquella noche.

El relato que comentamos, no explica como el morisco logró escapar de la prisión en que lo tenía el alcaide de Zahara, que lo sitúan en el castillo de Bornos, manteniendo una conversación con un escudero cris-tiano de nombre Diego, quién a su vez comunicó, la información que había recibido de Abdalla a un caballero que estaba en los aposentos superiores de la fortaleza, cuyo nombre no se menciona. De regreso, Diego comunicó a Abdalla las instrucciones que debía seguir en la mi-sión que se le encomendaba.

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la ayuda que le ofreció el caballero, quien insistió que al menos admi-tiera su lanza y de esta manera el grupo se incrementó en seis.

En el camino, proximos a la fortaleza, los hidalgos, Juan García y Juan Fernández Catalán, que se había adelantado explorando el terreno, regresaron para notificar a sus compañeros que había divisado un grupo de musulmanes, que por la distancia no habían podido contar, pero al llegar a una cumbre pudieron ver que se trata de veintisiete. El desarro-llo del enfrentamiento que se describe en la novela coincide a grandes rasgos que el que nos ofrece la historiografía local, pero a diferencia de aquella, incluye la participación del caballero adicto al marqués de Ca-diz -que sería el caballero extranjero que mencionan las historias que narran este suceso- y a Alonso Fernández Melgarejo y omite la presen-cia de los escuderos y de la mujer.

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