Social Catholic Thought and the Economy of Communion as business model
José Luis Fernández Fernández y Cristina Díaz de la Cruz
I. INTRODUCCION
La Doctrina Social de la Iglesia ha venido fraguándose durante más de cien años al hilo de la preocupación por los problemas derivados de lo que en su momento se empezó a conocer con el nombre de: cuestión social. Las cambiantes circunstancias y el surgimiento de situaciones nuevas hicieron que el magisterio fuera tomando progresivamente en consideración aspectos y problemas inéditos, que hasta entonces no habían requerido un tratamiento específico. Tal fue el caso de la elaboración de una doctrina acerca de la empresa o de los lineamientos de una visión cristiana de la misma.
En efecto, al igual que ocurriera con otras tradiciones de pensamiento, la Doctrina Social ha empezado a prestar atención sistemática a la empresa sólo bien entrado el siglo XX. No podía haber sido de otra manera. Ello prueba, en primer lugar, el carácter histórico y dinámico de aquel corpus doctrinal; por otro lado, refleja la toma de conciencia de la importancia que a la empresa se le ha concedido en nuestro tiempo, hasta el punto de ser considerada como una de las instituciones fundamentales de la Cultura y como instrumento privilegiado de cambio y progreso de cara al futuro de la Humanidad. Finalmente, es índice de la permanente apertura de la Doctrina a las aportaciones de las Ciencias Humanas y Sociales. En nuestro caso concreto, observaremos cómo, por ejemplo, la última Encíclica de Juan Pablo II (Centesimus Annus), evidencia una seria atención a las modernas Ciencias de la Empresa y del Management o proceso directivo, a las que incorpora a la ya centenaria tradición del Pensamiento Social Cristiano.
A lo largo del presente capítulo expondremos de manera genético-evolutiva las reflexiones del Magisterio respecto a la empresa, tratando de ofrecer una imagen coherente de la misma, sistematizando múltiples observaciones dispersas y algunas otras mucho más elaboradas, a la luz de los principios y constantes fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia.
No debemos perder de vista, ante todo, el lugar en el que hemos de ubicar nuestra consideración del tema. Dado que se trata de un aspecto central en la organización de la vertiente económica de la vida humana, habrá que ponerlo en sintonía, ante todo, con los epígrafes de esta obra que abordan problemáticas afines ("Sistemas económicos", "Sindicato", "Desarrollo de los pueblos"). Y si quisiéramos precisar aún más, creo que se podría afirmar que las claves inmediatas que iluminan el problema de la empresa vienen recogidas en los dos capítulos precedentes; a saber: "El trabajo humano" y "La propiedad". Ello sea dicho, sin perjuicio de reafirmar lo obvio: que son los principios permanentes (humanismo, subsidiariedad, etc.) tratados en el Capítulo tercero, los que sirven de cimiento y dan consistencia a todo lo que la Iglesia ha venido afirmando a lo largo del tiempo respecto a la empresa como unidad productiva en la que se implican mutuamente y colaboran personas humanas.
Dado que estos aspectos tienen tratamiento específico en otras partes de esta obra, remitiremos a ellos en su momento. Quedando, así, nosotros, exentos de abordarlos en detalle, centraremos nuestra atención de manera concreta en lo que hace referencia puntual a la consideración que de la empresa ofrece la Doctrina, desde los tiempos de León XIII hasta la publicación, en Mayo de 1991, de Centesimus Annus.
II. DESARROLLO HISTORICO-SISTEMATICO
1. De León XIII a Pío XI
El tipo de discurso empleado por León XIII, San Pío X o Benedicto XV1, contaba, sin duda, con la existencia de los "patronos" y de los
"ricos"; les prescribía conductas de equidad y justicia, de liberalidad, moderación y templanza; recomendaciones tales como la de pagar el salario justo y respetar la integridad física y espiritual de los obreros; evitar el fraude y la usura...Sin embargo, aún no había hecho acto de presencia la preocupación ut sic por la empresa y el empresario.
El tenor de las reflexiones de Pío XI al respecto, hay que inscribirlo todavía en el contexto general de las preocupaciones por el "salario justo". En línea con Rerum Novarum, insiste en la necesidad de superar la unilateralidad de la visión del proceso productivo: Ni el capital, ni el trabajo, aislados o enfrentados el uno al otro, explican el fenómeno. Señalará el Papa, al lado de las injustas pretensiones monopolizadoras de parte del capital, la necesidad de tener en cuenta por parte de los trabajadores, la situación de la empresa de cara a la determinación del salario justo.
En el mismo lugar encontramos también una neta exigencia moral a la responsabilidad del empresario, en cuanto técnico y experto en la consecución de beneficios, al recordarle que no procede disminuir el salario apelando al escaso rédito de la empresa "cuando esto sea debido a incapacidad o abandono o a la despreocupación por el progreso técnico y económico". Critica de paso también las cargas injustas y gravosas impuestas a las
1Véase León XIII, Rerum Novarum, A.A.S., vol 23 (1890-91), pgs. 641-670. Manejamos la edición castellana editada por Jesús IRIBARREN y José Luis
GUTIERREZ GARCIA en : Ocho grandes mensajes, B.A.C., Madrid, 1977, pgs. 13-56. Ver especialmente los parágrafos 14,33 y 34.
Véase también LEONIS XIII, Pontificis Maximi, Il y a deux ans (20 de Octubre de 1889), Acta, Romae, 1890, t. 9, pg. 227. Puede verse en versión castellana en F. RODRIGUEZ, o.c., pgs. 280-287. Se trata de un discurso a los delegados de las Sociedades de Uniones de Obreros Católicos Franceses, peregrinos a Roma. Interesa el párrafo 9.
De S. Pío X, véase, por ejemplo: Fin dalla prima nostra Enciclica (18 .Diciembre . 1903) en A.S.S., Romae 1903-1904, vol. 30, pgs. 339-345. Edición catellana en F. RODRIGUEZ, o.c., pgs. 461-468. Se trata de un motu proprio sobre la regulación de la acción popular cristiana. Interesa el párrafo VIII.
Respecto a Benedicto XV, cfr Soliti nos (11 de Marzo de 1920) en A.A.S. vol 12 (1920), pgs. 109-112. Es una carta al obispo de Bérgamo sobre la observancia de las prescripciones en materia social. Ver, a su vez, Intelleximus (14 de Junio de 1920), en A.A.S., vol 12, pgs. 290-291. (Edición castellana en F. RODRIGUEZ, o.c., pgs 523-528 y 529-532, respectivamente.
Véase el artículo 'Patronos" en A. TORRES CALVO, Diccionario de textos sociales pontificios, Biblioteca de Fomento Social, Madrid, 1956, pgs. 848 y ss.
empresas,y concluye apelando de nuevo a la concordia entre obreros y patronos para superar las dificultades, señalando a su vez la obligación que al Estado corresponde a la hora de velar por tan grave asunto.
Como vemos, a tono con los cambios desde los tiempos de la Rerum Novarum, en 1931 ya son perceptibles en los mensajes sociales del Papa alusiones directas a la empresa y exigencias concretas acerca de la necesidad de cumplir eficientemente con el papel de empresario.
2. El tema de la empresa bajo el pontificado de Pío XII
Pío XII, a través de alocuciones, radiomensajes y cartas, trata en distintos momentos temas que tienen que ver directamente con la empresa.
Más que llevar a cabo un resumen sistemático de la postura de Pío XII frente al problema que nos ocupa, cabría señalar algunos planteamientos de fondo que animaron sus propuestas en temas tales como la "cogestión", la nacionalización de la empresa o el perfil del empresario cristiano.
En primer lugar, se advierte un deseo de situarse en continuidad con el magisterio de su predecesor, lamentando que algunas de las más aprovechables sugerencias de Quadragesimo Anno no hubieran sido tenidas en cuenta.
En segundo término, hace gala el Papa de un juicioso sentido común en sus constantes apelaciones al "realismo" que debe presidir las acciones y prácticas en materia de reforma de la empresa y humanización de la economía y anima a ir institucionalizando la nueva empresa y el nuevo orden económico cristiano, por pasos, con apertura de miras y sin desánimos.
Finalmente evitar la postura del laissez-faire, sin caer en la trampa de la "planificación" y el estatismo; y aceptar como legítima y deseable la intervención estatal en aspectos importantes de la vida empresarial y del ordenamiento económico: Tal parece ser uno de los argumentos básicos del pensamiento de Pío XII2.
2"Se oyen a veces comprensibles, aunque no justificadas, quejas en relación con algunas intervenciones del Estado, dirigidas, no a impedir el impulso de la
producción, sino a regular una más justa distribución del bienestar que la industria humana produce. Tales intervenciones no pueden, sin más, ser declaradas
ilegítimas. Rechazada la "planificación", que destruye toda iniciativa individual, no quiere decirse con esto que pueda aceptarse el régimen de libertad absoluta en
*BALANCE DEL MOMENTO: LA CARTA DE MONTINI A SIRI
Una buena síntesis del pensamiento pontificio de la época respecto a la empresa, nos la ofrece quien, años más tarde, habría de ser Pablo VI. En Septiembre de 1952, el entonces "sustituto" de la Secretaría de Estado, G.B.Montini, envía una carta por encargo del Papa a Monseñor Giuseppe Siri, arzobispo de Génova, con ocasión de la celebración en Turín de la XXV Semana Social de los Católicos Italianos. Detengámonos brevemente en este documento3, para
destacar, al hilo del mismo, algunos aspectos significativos.
Tras reconocer la importancia del tema ("La empresa en la economía moderna") y de animar a los que se ocupan desde el mensaje cristiano en la tarea de realizar la justicia y la fraternidad, pasa a recordar algunas de las enseñanzas papales, inspiradas siempre por el deseo de que la vida económica redunde en beneficio de la comunidad y el desarrollo de los individuos que la componen. Tres son los aspectos que, a juicio de Montini, merecen ser destacados en lo referente al ámbito empresarial: la relación entre máquina y trabajador; la posición jurídico-social de los trabajadores; y las relaciones entre la empresa y el Estado. Los tres aspectos habían recibido puntual tratamiento por parte de Pío XII.
No cabe dudar de que el progreso técnico representa un logro de la capacidad racional e innovadora del ser humano y que dicho desarrollo ha conocido un gran avance, posibilitando a la vez mayor producción económica. Sin embargo, este fenómeno tiene también su contrapartida en la alienación del trabajador. 4. En consecuencia,
insta a reconsiderar el problema no sólo para paliar el posible impacto negativo que la incorporación de los procesos mecánicos pudieran tener como generadores de situaciones de paro obrero, sino, sobre todo, para remediar la situación alienante derivada de la tecnificación.
Un segundo bloque de cuestiones importantes, a juicio de Montini, viene representado por la reflexión que Pío XII hace acerca
las actividades económicas" (alocución del 14 de Abril de 1956 a la Sociedad Italiana de Conducciones de Agua, recogido en F. RODRIGUEZ, o. c., pg, 1105, nota "d").
3Véase en: J.L. GUTIERREZ GARCIA, Cartas de la Santa Sede a las Semanas Sociales, Centro de Estudios Sociales del Valle de los Caídos, Madrid, 1978, pgs. 183-187.
4La empresa en la economía contemporánea , carta dirigida por Montini a Mons. G. Siri, ed. cit., pg. 184.
de la naturaleza jurídica de la empresa y de ésta respecto a los trabajadores. Ante el problema de la cogestión, advierte el Papa en ella el peligro de que organizaciones gobernadas al margen de la institución empresarial sean las que acaben por dirigirla. En síntesis, pues, afirma que no hay razones para exigir el derecho de cogestión5.
Sin embargo, ello no impide la participación de los obreros en la marcha de la empresa, promovida desde el propio empresario o incluso desde instancias estatales.
Como se ve, la matización semántica del término "cogestión" al de "participación" es muy significativa. Años más tarde, la doctrina del Concilio insistirá sobre este punto, haciendo hincapié en la deseable participación del trabajo en la rección de la empresa. El planteamiento, por lo demás, es nítido en Pío XII, cuando señala con energía el hecho de que la empresa es una comunidad de intereses (de obreros y empresarios) y que, en consecuencia, sería injusto impedir la participación del trabajo en la vida de la misma. Todo lo que redunde en la introducción de elementos del contrato de sociedad en el contrato de trabajo, dice en otro lugar6, es visto con
buenos ojos por la Iglesia.
Desde otro punto de vista, las exhortaciones a la humanización de las relaciones entre patronos y obreros, son motivo recurrente en el mensaje pastoral de Pío XII, como señala Montini7. La fraternidad
cristiana ha de inspirar las relaciones personales en el interior de la empresa; de esta solidaridad habrá de derivarse el fundamento de un nuevo orden económico justo, capaz de producir benéficos efectos, que vayan más allá de un simple "instrumento" al servicio de la producción.
El último punto que señala Montini en la carta que venimos comentando es el de la relación entre la empresa y el Estado. Nos hemos referido más arriba a este aspecto cuando afirmábamos que
5"...en razón de principios y de hechos, el derecho de cogestión económica que se reclama, está fuera del campo de estas posibles realizaciones" (PIO XII, Nous vous adressons, ed. cit. , pg. 1095).
En otro lugar leemos: "El propietario de los medios de producción, quienquiera que sea -propietario particular, asociación de obreros o fundación-, debe, siempre dentro de los límites del derecho público de la economía, permanecer dueño de sus decisiones económicas. Se comprende que el beneficio que él percibe sea más elevado que el de sus colaboradores". (PIO XII, Avec une égale sollicitude, ed. cit., pgs. 1070-1071).
6Es evidente para él, en línea con lo señalado por Pío XI en Quadragesimo Anno, que no hay necesidad intrínseca de modelar el contrato de trabajo sobre el contrato de sociedad; pero que la Iglesia "ve con buenos ojos y aún fomenta todo aquello que, dentro de lo que permiten las circunstancias, tiende a introducir elementos del contrato de sociedad en el contrato de trabajo y mejora la condición del obrero" . (PIO XII, Amadísimos hijos, ed. cit., p 1099).
Pío XII se alejaba del liberalismo extremo tanto como del estatalismo anulador de la libertad.
3. La empresa en Mater et Magistra
A los tres años de su pontificado, en Mayo de 1961, Juan XXIII saca a la luz Mater et Magistra: una nueva encíclica de la que habría que destacar ciertos aspectos referidos al tema que nos ocupa.
En primer lugar, el Papa aborda la conocida temática de la relación entre la iniciativa privada y la intervención del Estado en la esfera económica. Reitera la tesis de la subsidiariedad, a la vez que reconoce el creciente protagonismo que al Estado compete, demandada por las exigencias del bien común del momento. En este sentido, legitima la existencia de las empresas públicas, a condición de que se respete al mismo tiempo la necesaria libertad e iniciativa privada8
.
Un segundo aspecto relevante de la encíclica hay que situarlo en el replanteamiento de la participación del trabajo en la vida económica y empresarial. Las exigencias de la equidad y la justicia abogan por tal efectiva participación, sin la cual el sistema económico será profundamente inhumano e injusto9.
Guiado precisamente por este deseo de humanizar las estructuras económicas y situándose en línea con Pío XII, el Papa entiende que ciertas formas de organización empresarial son más aptas para conseguir dicho objetivo. En consecuencia pide que se aseguren y promuevan, de acuerdo a las exigencias del bien común y a la viabilidad técnica, las empresas de tipo artesanal, las de estructura cooperativista y, de manera especial, las agrícolas. Tarea del Estado será promover estas instituciones; fomentarlas con adecuadas medidas de política social, que contribuyan a elevar la calidad de vida de sus miembros; facilitar la instrucción en las nuevas técnicas de producción y estimular las iniciativas tendentes al desarrollo de las mismas10.
Dos últimos aspectos merecen ser destacados en relación con el tema de la empresa: Por una parte lo que podríamos llamar "la concertación"; y por otra, la preocupación por el "control" de la acción directiva.
8JUAN XXIII, Mater et Magistra, nº 116.
9"...Si el funcionamiento y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de la responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su propia iniciativa, hay que afirmar que ese orden económico es injusto, aun en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel y se distribuya según criterios de justicia y equidad". (Mater et Magistra, nº 83).
Los aspectos macroeconómicos de la economía son el marco en el que se desarrolla la vida de las empresas individuales. En consecuencia, dice el Papa, será preciso definir desde la instancia pública las grandes líneas rectoras para los diversos sectores de la vida económica. Ahora bien, el Estado y los organismos internacionales habrán de tener en cuenta para ello a empresarios y trabajadores, representados por sus asociaciones profesionales y sindicales. Afortunadamente, ha pasado el tiempo en que estas instituciones se entendían como armas para la lucha de clases y se van convirtiendo en medios adecuados para la colaboración11.
Por lo que toca al control de la acción directiva, el mensaje es diáfano: tecnificada y profesionalizada la dirección de empresas (tras la separación de las figuras del propietario y el directivo), habrá que velar por que éstos últimos sean técnicamente competentes y por que sus actuaciones no se desvíen del bien común.
* Pablo VI, su discurso a los empresarios y las enseñanzas del Concilio
Una exposición verdaderamente paradigmática respecto a la toma de postura del magisterio ante la empresa, nos la ofrece Pablo VI en Junio de 1964 en el discurso dirigido a los Empresarios y Dirigentes católicos de la "U.C.I.D."12.
Comienza el Papa alabando la figura del empresario, como agente que reúne y coordina el capital y el trabajo, el saber técnico y el comercial, para satisfacer las necesidades de bienes y servicios y crear la riqueza y los puestos de trabajo. Sin embargo, a tenor de las injusticias manifiestas, se pregunta el Papa con frases lapidarias:"¿Quién se atrevería a sostener que el fenómeno sociológico derivado de la organización moderna del trabajo es un fenómeno de perfección, de equilibrio y tranquilidad? ¿No es verdad precisamente lo contrario?" Y precisando aún más: "Vuestras empresas, maravilloso fruto de vuestros esfuerzos, ¿no son acaso motivo de disgustos y de choques? Las estructuras mecánicas y burocráticas funcionan perfectamente, pero las estructuras humanas todavía no...Algún vicio profundo, una radical insuficiencia tienen que existir en este sistema..."13
11JUAN XXIII, Mater et Magistra, nº 97-103.
12Manejamos la edición de este discurso incluída como "Apéndice" ("Economía: mensaje cristiano de Pablo VI") en Ph. De WOOT, Doctrina de la empresa, Rialp, Madrid, 1970, pgs. 328-333.
13PABLO VI, "Economía:mensaje cristiano", Apéndice en De WOOt, o. c., pg. 330. Subrayado mío.
¿Cuál es ese vicio profundo, esa radical insuficiencia de la empresa capitalista? Pablo VI responde sin miedo: El sistema económico-social derivado del liberalismo manchesteriano, al que hay que sustituir por otro modelo más justo de economía y empresa.
*El Concilio
El magisterio de la Iglesia vuelve nuevamente a ocuparse del tema de la empresa durante el Concilio, en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy : Gaudium et Spes14.
Los padres conciliares ponen el énfasis una vez más en el aspecto humano del proceso productivo. Asumiendo como premisa inaplazable el aumento de la producción de cara a satisfacer las necesidades del género humano, pide que se favorezca el progreso técnico, la innovación y la creación de nuevas empresas. Puntualiza, sin embargo, el objetivo final de la vida económica: ésta no se debe encaminar sin más al aumento de los stoks, ni a la consecución del beneficio máximo, o al monopolio del poder, sino al servicio del hombre15. Por eso, se afirma: "las condiciones laborales degradantes,
que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro...son en sí mismas infames, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al creador"16.
En definitiva, se pide no dejar el desarrollo económico en manos de un ciego mecanicismo, sino someterlo a los dictados humanos. Sólo así, introduciendo reformas y coordinando iniciativas públicas y privadas, se mitigarán las injusticias y las desigualdades observables en la actualidad. En este contexto vuelve el Concilio a insistir en la necesidad de promover y dignificar la empresa agrícola, así como en la conveniencia de repartir propiedades insuficientemente cultivadas17
.
Abundando en aspectos que, explícita o implícitamente, se refieren a la empresa cabría señalar además: una nueva insistencia en el tema de la remuneración18; el reconocimiento de la legitimidad
del derecho a la huelga como último recurso19; el deber moral de
14Gaudium et Spes, 7 de Diciembre de 1965, A.A.S. 58 (1966), pgs. 1025-1116. Manejamos la edición de Ocho grandes mensajes, o. c., pg. 367-489.
15Gaudium et Spes , nº 64 (pg. 456 de la ed. cit.). 16Gaudium et Spes, nº 27 (pg. 414 de la ed. cit.).
17La propiedad privada es básica; igualmente lo es el destino común de los bienes. La tensión entre estas dos exigencias habrá de acomodarse a los dictados de la justicia. (Ver los números 69 a 71 en las páginas 461-465 de la edición citada).
18Gaudium et Spes , nº 67 (pg. 459 de la ed. cit.). 19Ibidem, nº 68.
invertir20; y la apuesta en favor de la participación de los obreros en
la vida de la empresa, como medio para evitar la alienación del trabajo. En esencia, se reitera lo conocido: "En las empresas económicas son personas las que se asocian, es decir, hombres libres y autónomos, creados a imagen de Dios. Por ello, teniendo en cuenta las funciones de cada uno, propietarios, administradores, técnicos, trabajadores, y quedando a salvo la unidad necesaria en la dirección, se ha de promover la activa participación de todos en la gestión de la empresa"21.
4. Empresa y empresario según Juan Pablo II
Bajo el pontificado de Juan Pablo II se pondrá de manifiesto con insistencia la honda preocupación que la Iglesia siente por los problemas socio-económicos en sentido amplio y, en concreto, aparecerán toda una serie de consideraciones explícitas que nos ayudan a delinear la imagen resultante de la empresa y del empresario.
*Laborem Exercens
En línea con aquel "vicio profundo", con la "radical insuficiencia" del sistema que ya denunciara Pablo VI, Juan Pablo II reconoce: "hay algo que no funciona y concretamente en los puntos más críticos y de mayor relieve social"22. Movido por este
convencimiento, aprovechará la conmemoración del 90º aniversario de Rerum Novarum, para dar a la luz pública una encíclica de carácter social: Laborem Exercens.
20Ibidem, nº 70.
21Gaudium et Spes, nº 68 (pg. 460 de la ed. cit.).
22JUAN PABLO II, Laborem Exercens, Ediciones Paulinas, Madrid, 1981, nº 18, pg. 53.
Véase: F. FERNANDEZ (coord.), Estudios sobre la Laborem Exercens, B.A.C., Madrid. 1987.
Remitimos al lector a los capítulos 10 y 13 de esta obra :en los que hallará cumplida exposición de la temática.
Esta encíclica lleva a cabo una sistematización antropológica y teológica del trabajo, al que considera la pieza más importante de toda la cuestión social y de todo el Pensamiento Social Católico 23
desde los tiempos de León XIII. Insiste en la necesidad de superar la dicotomía Capital/Trabajo y en interpretar adecuadamente el derecho a la propiedad privada
Como sabemos, la propuesta reiterada por la Iglesia apunta a "la copropiedad de los medios de trabajo, a la participación de los trabajadores en la gestión y o en los beneficios de la empresa, al llamado "accionariado" del trabajo y otras semejantes...Un camino para conseguir esa meta podría ser el de asociar, en cuanto sea posible, el trabajo a la propiedad del capital y dar vida a una rica gama de cuerpos intermedios"24.
Con este transfondo, dedicará el capítulo IV de la encíclica al tema de los "Derechos de los hombres del trabajo", entrando en pormenores respecto a la deontología y las obligaciones empresariales25.
Antes de abordar la relación entre el trabajador y el empresario, introduce Juan Pablo II una distinción importante: el empresario indirecto y el empresario directo26. Cada uno de ellos
tendrá peculiares responsabilidades frente al trabajo. El empresario indirecto, figura en la que se involucran personas, instituciones, contratos colectivos y el propio Estado, delimita el sistema socioeconómico y es el que determina y condiciona la relación del empresario directo con el trabajador concreto. Tarea, pues, del empresario indirecto (Estado, ante todo) será la de elaborar una política laboral éticamente correcta, que respete los derechos de los trabajadores y contribuya a un verdadero progreso en el orden nacional e internacional. Así mismo debe actuar de manera positiva en la erradicación de la "calamidad social" que supone el desempleo; y, en todo caso, está obligado a "prestar subsidio a favor de los desocupados". Para ello, debe coordinar justa y racionalmente la vida
23JUAN PABLO II, Laborem Exercens, ed. cit., nº 3, pg. 11. 24Ibidem, pg. 42-43.
25"...Esta consideración no tiene un significado puramente descriptivo; no es un tratado breve de economía o de política. Se trata de poner en evidencia el aspecto deontológico y moral" (nº 19, pgs. 53-54).
26JUAN PABLO II, Laborem Exercens, nº16 y ss, pgs. 46 y ss.
"Si el empresario directo es la persona o la institución, con la que el trabajo estipula directamente el contrato de trabajo según determinadas condiciones, como empresario indirecto se deben entender muchos factores diferenciados, además del empresario directo, que ejercen un determinado influjo sobre el modo en que se da forma, bien sea al contrato de trabajo, bien sea, en consecuencia, a las relaciones más o menos justas en el sector del trabajo humano" (ibidem, nº 16, pg. 47).
económica27, sin caer en los excesos de la planificación centralizada,
cercenadora de las iniciativas personales.
Por lo que toca al empresario directo, el aspecto fundamental lo sitúa en la justa remuneración del trabajo. Entiende el Papa que tal remuneración, hoy por hoy, dista mucho de ser moralmente correcta28, siendo, como es, por lo demás, la piedra de toque para
valorar los quilates de justicia de un sistema económico29. Qué sea un
salario justo, había de entenderse como el "suficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro". Dicho salario familiar podría vehicularse con medidas sociales, emanadas del "empresario indirecto", tales como subsidios familiares, o ayudas a la madre que se dedica exclusivamente a la familia.
Al hilo de estas consideraciones aboga el Papa por el respeto a la especial índole del trabajo femenino y por la obligación de posibilitar el trabajo a los minusválidos. Capítulo aparte tiene, a su vez, el problema del trabajo agrícola30, tan reiterado en la doctrina
pontificia.
*Sollicitudo Rei Socialis
Para celebrar el 20º aniversario de la publicación de Populorum Progresio, da a la luz pública Juan Pablo II una nueva encíclica de contenido social: Sollicitudo Rei Socialis31. Tal vez la quintaesencia del
mensaje podríamos expresarla en los siguientes términos: Al "no es
27Ibidem, nº17 y 18, pgs. 47-53.
28"El empresario directo, inmerso en concreto en un sistema de
condicionamientos, fija las condiciones laborales por debajo de las exigencias objetivas de los trabajadores, especialmente si quiere sacar beneficios lo más altos posibles de la empresa que él dirige..."(nº17, pg. 49).
29"...La relación entre el empresario (principalmente directo) y el trabajador se resuelve en base al salario...La justicia de un sistema socio-económico y, en todo caso, su justo funcionamiento merecen en definitiva ser valorados según el modo como se remunera justamente el trabajo humano dentro del sistema" (nº 19, pg. 54).
30Ver números 19, 21 y 22.
31JUAN PABLO II, Sollicitudo Rei Socialis, Ediciones Paulinas, Madrid, 1988. Para un estudio detallado de este documento, véase: AEDOS, Estudios sobre la encíclica "Sollicitudo Rei Socialis",Unión Editorial, Madrid, 1990. Ver especialmente D. MELE, "La empresa en el desarrollo", pgs. 513-539.
posible la paz sin la justicia", de Pablo VI, hoy habría que añadir: Ni la paz ni la justicia son posibles al margen de la solidaridad32.
Aunque, como vemos, el objeto de la encíclica es mucho más amplio que el de una reflexión puntual acerca de la empresa, es posible espigar algunos pasajes que de manera más o menos directa apuntan al tema que nos ocupa.
En primer término, procede señalar la meridiana claridad con que el Papa aboga por el derecho a la libre iniciativa económica, Capítulo importante y que incide sobre la visión cristiana de la empresa y el ethos empresarial, cabría situarlo en la explícita denuncia que lleva a efecto frente a procederes institucionalizados, responsables directos de muchas de las lacras que observamos en el panorama internacional. Por una parte, vuelve a referirse, en línea con Laborem Exercens, a la injusticia en las relaciones laborales (sub-empleo, desempleo33, falta de viviendas dignas); por otra, pone el
dedo en la llaga de las inmoralidades anexas al mundo de las altas finanzas34, en gran parte responsables del endeudamiento de los
países pobres35.y concluye pidiendo la reforma de las estructuras
injustas que anulan el desarrollo de los pueblos
En el fondo de dichas injusticias, del desorden macroeconómico y de la inmoralidad en el mundo empresarial, está la misma causa: el egoísmo. "El afán de ganancia exclusiva, por una parte; y por otra, la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podría añadirse, para caracterizarlas aún mejor, la expresión "a cualquier precio". En otras palabras, nos hallamos ante la absolutización de actitudes humanas, con todas sus posibles consecuencias"36.
32JUAN PABLO II, Sollicitudo Rei Socialis, nº39, pg. 73 de la ed. cit.
La virtud de la solidaridad no hemos de entenderla a nivel individual solamente: "Una nación que cediere a la tentación de cerrarse sobre sí misma, olvidando la responsabilidad que le confiere una cierta superioridad en el concierto de las naciones, faltaría gravemente a un preciso deber ético" (nº 29, pg. 40, ed. cit.). La superación de los dos bloques militares e ideológicos (Este-Oeste) aparece como requisito para subsanar el abismo Norte-Sur y la distancia entre "el primer mundo" y los otros tres...(Ver nº 33, pg. 59 y ss de la ed. cit.).
33Ver números 17 y 18; pgs. 29-33 ed. cit.
34Critica el hecho de la mala inversión de capitales, utilizados en la compra de armas (nº 24; pgs. 40-42 de la ed. cit.) y en la financiación de inmorales campañas contra la natalidad en el Tercer Mundo, en gran medida "financiadas por capitales provenientes del extranjero" (ibidem, nº25).
35Ver nº 19, pgs. 33-34 de la edición citada.
"El sistema monetario y financiero mundial se caracteriza por la excesiva fluctuación de los métodos de intercambio y de interés, en detrimento de la
balanza de pagos y de la situación de endeudamiento de los países pobres" (nº 43, pg. 82 de la edición citada).
*Ante los empresarios
Uno de los momentos en que el pensamiento de Juan Pablo II resulta más explícito para nuestro tema es cuando se dirige a los empresarios directamente. Tal ha sido, por ejemplo, el caso de diversas alocuciones, como la del 22 de Marzo de 1982 en Milán; la de Barcelona del 7 de Noviembre del mismo año, dirigidas a obreros y empresarios; la pronunciada en Buenos Aires el 11 de Abril de 1987; o el discurso pronunciado en Durango (México) el 9 de Mayo de 1990. La idea de fondo queda patente en palabras como éstas, pronunciadas en Montjuich: "Al instaros a reflexionar sobre la concepción cristiana de la empresa, quisiera ente todo recordaros que, por encima de sus aspectos técnicos y económicos -en los que sois maestros- hay uno más profundo: el de su dimensión moral...También la empresa es para el hombre y no el hombre para la empresa".
El empresario cristiano ha de luchar ante todo por la justicia y el bien común. Sus responsabilidades giran básicamente en torno a tes coordenadas: "las personas que forman parte de las empresas, la sociedad y el ambiente"37. El empresario debe tomar conciencia de
que es "artífice de una sociedad más justa, pacífica y fraterna".
La responsabilidad hacia las personas y la sociedad queda concretada en motivos ya conocidos: consideración del trabajo humano como algo superior y cualitativamente distinto a la pura mercancía; creación de puestos de trabajo; la cuestión del salario justo; la orientación del progreso social hacia el bien común; hacer de la empresa un factor de auténtico crecimiento de la sociedad; amplitud de miras para ser capaz de ir más allá de la perspectiva nacional en la proyección económica.
La preocupación ecológica, por su parte, en cuanto que es un problema que afecta a la humanidad en su conjunto, ha de concretarse en un cambio en el modo de explotación de los recursos. Esto, sin duda, representa un gran desafío a la creatividad y a la responsabilidad de los hombres de empresa.
Como colofón alude el Papa a un tema escabroso, cual es el de "vuestra responsabilidad hacia vosotros mismos y hacia vuestras
37Ibidem.
Ver el citado discurso de Barcelona en A. CUADRON, Pensamiento Social Cristiano, II. Selección de Textos, ICADE, Madrid, 1990.
familias". El materialismo práctico junto al que se desarrolla la vida empresarial, supone una gran tentación. Es el "afán de ganancia a cualquier precio", de Sollicitudo Rei Socialis, el que lleva a desentenderse de la propia familia y de la educación de los hijos, con las consiguientes crisis matrimoniales. "La familia", dice el Papa, "reclama algo más que el tenor de vida elevado que podéis darle; exige vuestra presencia, vuestro afecto, vuestro sincero interés de esposo y padre, o de esposa y de madre"38.
5. La "Economía de Empresa":
El mensaje papal en los umbrales del siglo XXI
El primero de mayo de 1991, firma Juan Pablo II Centesimus Annus, una nueva Encíclica social que conmemora el centenario de Rerum Novarum39. Desde el punto de vista que nos ocupa en estas
páginas, cabe afirmar que nunca antes se había pronunciado el magisterio con tanta claridad respecto a la teoría de la empresa.
Hay al menos dos claves que explican esta circunstancia. En primer término está sin duda el hecho de que ya estaban firmemente fundamentados los principios a partir de los cuales entender desde el cristianismo el fenómeno empresarial.
En segundo lugar, las trascendentales "cosas nuevas" que se habían sucedido en cascada en los países del "socialismo real" durante el año 1989 demandaban sin dilación una toma de postura firme por parte de la Iglesia respecto a los dos grandes modelos económicos, hasta entonces contrapuestos: el capitalista-liberal y el colectivista-planificador, de inspiración marxista.
Muchos son los aspectos que habría que destacar en esta Carta. Para contribuir a la presentación de la imagen cristiana de la empresa y de la economía de empresa habría que referirse en primer lugar a la contraposición capitalismo-comunismo. En segundo lugar, al tema del mercado y la intervención estatal. Finalmente, a la empresa y la economía de empresa como soporte de la auténtica democracia y camino hacia un mundo más humano40.
Vamos a referirnos sin más a este último aspecto, que podríamos considerar como una verdadera síntesis de la filosofía de
38Ibidem.
39JUAN PABLO II, Centesimus Annus. En el centenario de "Rerum Novarum", P.P.C., Madrid, 1991.
40Remitimos al lector al capítulo 16 de esta obra ("Los sistemas económicos") para una mayor profundización en el tema.
la empresa a la luz de la Doctrina Social Católica. El núcleo central de este discurso se expone en el nº 32 de Centesimus annus, si bien habría de ser completado con las indicaciones y matices recogidos en los números 33, 35, 36, 42, 46 y 48. Todos estos epígrafes, por lo demás, se insertan, de manera muy significativa, en el capítulo IV: "La propiedad privada y el destino universal de los bienes".'
*¿Qué entiende Juan Pablo II por "empresa"?
Dado que es éste el punto de arranque de toda ulterior consideración acerca de la misma, conviene captar en toda su hondura la siguiente definición: "La empresa no puede considerarse únicamente como una "sociedad de capitales"; es, al mismo tiempo, una "sociedad de personas", en la que entran a formar parte de manera diversa y con responsabilidades específicas los que aportan el capital necesario para su actividad y los que colaboran con su trabajo"41. En definitiva, la empresa hunde sus raíces en la libertad de
la persona y en el valor del propio hombre, capaz de llevar a cabo un "trabajo social"; es decir, un trabajo con y para los otros hombres42.
Es también la empresa una expresión contemporánea de la propiedad privada; a saber: la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber. Como, además, sobre ella se cimenta en la actualidad la riqueza de las naciones industrializadas, la Iglesia no duda en proponer como alternativa al sistema socialista y al capitalismo en su versión deshumanizadora, "una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación"43.
*¿Cuál es la finalidad de la empresa?
En el fondo de la cuestión, la razón de ser de la empresa no es otra que la de satisfacer necesidades, pues quien produce una cosa, lo hace "para que otros puedan disfrutar de la misma después de haber pagado el justo precio, establecido de común acuerdo después
41Nº 43, pg. 82-83. 42Nº 32, pg. 66-67. 43Ver el nº 35, pg. 71. Subrayado en el original.
de una libre negociación"44. Sin embargo, desde un punto de vista
más amplio, la finalidad de la empresa es ante todo, "la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres...al servicio de la sociedad entera"45. Esto supuesto, un índice de la buena marcha de la
empresa será la obtención de beneficios. Sin embargo, no es éste el único, ni cabe buscarlo a cualquier precio. En este sentido leemos: "Es posible que los balances económicos sean correctos y que al mismo tiempo los hombres, que constituyen el patrimonio más valiosos de la empresa, sean humillados y ofendidos en su dignidad. Además de ser moralmente inadmisible, esto no puede menos de tener reflejos negativos para el futuro, hasta para la eficiencia económica de la empresa"46.
Definida, pues, la empresa como una unidad productiva en la que se involucran personas y capitales, y como una institución que, con vocación de permanencia en el tiempo, se orienta a satisfacer necesidades mediante la producción de bienes y servicios, logrando así beneficios económicos mediante su actividad, apunta la Encíclica a un elemento fundamental en la vida de la empresa: el papel del empresario y el proceso directivo. En efecto, para poner en funcionamiento una empresa se necesitan una serie de capacidades y el desarrollo competente de una serie de funciones, comúnmente analizadas y descritas en los tratados al uso de la ciencia del Management: planificación, organización, motivación, comunicación, control, etc.
Precisamente el núcleo central del parágrafo nº 32 de la Encíclica apunta hacia esta temática de la competencia técnica empresarial. En primer lugar se hace eco el Papa de la necesaria "capacidad de conocer oportunamente las necesidades de los demás hombres"; pero no menos relevante que el hecho de detectar las oportunidades empresariales está el de saber ordenar y organizar los factores productivos para satisfacer dichas necesidades y así generar riqueza.
El trabajo directivo en la empresa es un modo especial del trabajo humano, que ha de ser mirado "con atención y positivamente", toda vez que en él se manifiesta la libertad de la persona en el campo económico. Este trabajo conlleva una serie de virtudes y destrezas en las que el Papa insiste explícitamente: disciplina, creatividad, capacidad de iniciativa y espíritu emprendedor, "la diligencia, la laboriosidad, la prudencia para asumir los riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales, la resolución de ánimo en la ejecución de decisiones
44Ver nº 32, pg. 66.
45Ver nº 35, pg. 71. Subrayado mío. 46Ibidem
difíciles y dolorosas, pero necesarias para el trabajo común de la empresa y para hacer frente a los eventuales reveses de la fortuna"47.
Hoy en día, pues, el factor decisivo de la producción ya no será ni la tierra ni el capital, sino el hombre, el trabajo humano; y de manera especial el conocimiento, "que se pone de manifiesto mediante el saber científico, y su capacidad de organización solidaria, así como la de intuir y satisfacer las necesidades de los demás"48.
Si esto es así, habría que esforzarse por conseguir que todos los países entraran de manera efectiva y humanamente digna en el sistema de empresa, posibilitándoles a los más atrasados la adquisición de aquellos conocimientos que les capaciten para competir con posibilidades de éxito en el contexto internacional. El Papa afirma: "Es necesario que las naciones más fuertes sepan ofrecer a las más débiles oportunidades de inserción en la vida internacional; que las más débiles sepan aceptar estas oportunidades, haciendo los esfuerzos y los sacrificios necesarios para ello, asegurando la estabilidad del marco político y económico, la certeza de perspectivas para el futuro, el desarrollo de las capacidades de los propios trabajadores, la formación de empresarios eficientes y conscientes de sus responsabilidades"49.
La toma de postura por parte de la Iglesia respecto a una sociedad basada en el trabajo libre, la empresa y la participación, es clara. Con todo, exige depurar en este sistema todo aquello que no conduzca a una más plena humanización de la vida para todos los pueblos. Desde esta clave hay que entender una serie de consideraciones dispersas a lo largo de la Encíclica que, por otro lado, sugieren cuáles son los retos inmediatos que a la economía de empresa se le presentan.
Hemos mencionado el de la generalización de este modelo económico en los países del Tercer Mundo; señalemos algunos más.
En la misma línea está la urgente necesidad de solucionar el problema de la deuda de los países pobres50 y el no bajar la guardia
en el esfuerzo continuo de recalificación profesional, como auténtico escudo frente a las bolsas de marginación y miseria que configuran el "Cuarto Mundo".
47JUAN PABLO II, Centesimus Annus, nº 32, pg. 67, ed. cit. 48Ibidem.
49Nº 35, pg. 72, ed. cit. 50Ver nº 35, pg. 72.
La promoción de los países pobres, señala más arriba, es un reto, una ocasión para el progreso moral y económico (nº 28, pg. 61 de la ed. cit.).
Más puntual y concretamente: a las empresas no se les pide sin más producir cantidad, sino, sobre todo, dar calidad en los bienes y servicios que ofrecen. Esto nos conduce de manera inmediata al problema medioambiental.
Considera el Papa que el problema ecológico es un grave asunto que la humanidad actual tiene planteado y que exige, por parte de todos, responsabilidad y circunspección a la hora de actuar. Para las empresas, esta responsabilidad deviene imperativo moral y un nuevo criterio que habría de ser ponderado cara a la optimización y mejoramiento de los procesos productivos.
Otro aspecto que queda insinuado, en línea con el destino universal de los bienes, y que compete a las empresas, es el de la inversión. El Papa afirma: "también la opción de invertir en un lugar y no en otro, en un sector productivo en vez de otro, es siempre una opción moral y cultural"51. No se olvide, leemos más adelante, que "la
propiedad se justifica moralmente, cuando crea, en los debidos modos y circunstancias, oportunidades de trabajo y crecimiento humano para todos"52 .
Podríamos seguir espigando ideas respecto a la empresa. Hagamos, sin más, una última observación en línea con la licitud de la búsqueda del beneficio. Este, decíamos, es un índice de la buena marcha de la empresa como institución que favorece la productividad, la eficacia, el desarrollo personal y el bien común. Con todo, no hay que absolutizar la búsqueda de beneficios hasta el punto de convertirlos en el fin primordial de la empresa. Ello supondría malinterpretar la índole específica de la institución. A fortiori, en modo alguno cabe hablar propiamente de "empresa" para referirse a las que utilizan "fuentes impropias de enriquecimiento y de beneficios fáciles, basados en actividades ilegales"53.
Es importante destacar cómo entre las fuentes de enriquecimiento y los beneficios fáciles señala a renglón seguido las actividades puramente especulativas. Estas no generan realmente riqueza e incluso pueden llegar a ser un obstáculo para el desarrollo y el orden económico54 .
Es pertinente hacerse eco de esta afirmación papal, toda vez que algunos de los más conspicuos teóricos de las Ciencias de la
51Nº 36, pg. 74.
52Ver nº 43, pg. 84 de la ed. cit. 53Nº 48, pg. 90.
Dirección y empresarios de probada valía en nuestros tiempos insisten en el mismo tenor.
III. CONCLUSION
Tras este recorrido por algunos de los hitos fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia respecto al tema de la empresa y del empresario, procede a continuación intentar ofrecer de una manera sintética algunos de los elementos que a nuestro entender se destacan con mayor énfasis y recurrencia en todo este proceso discursivo. No pretendemos entrar en cuestiones disputables (y de hecho, disputadas) entre teólogos y economistas de uno u otro signo55. Pretendemos simplemente resaltar los rasgos más
sobresalientes del ethos empresarial56 derivado del magisterio papal
a lo largo de la última centuria. Los puntos de insistencia y de detalle pueden variar o estar más o menos explicitados57; con todo, el fondo
de la cuestión es básicamente el mismo.
El empresario que nos propone la Doctrina Social habría de responder al siguiente perfil: ha de ser competente y estar dotado de un talento intelectual multiforme, que le permita erigirse en instrumento de progreso y paz social. La diligencia, la laboriosidad, la prudencia, la lealtad, la resolución de ánimo, el espíritu emprendedor, la veracidad, la firmeza, la iniciativa, la amplitud de miras, la preocupación por el bien común y la solidaridad habrían de ser las notas dominantes en su carácter. Su función iría en primer término encaminada a la creación de riqueza y de puestos de trabajo, mediante la inversión y la gestión adecuada de las unidades productivas. Sin embargo, no se reducen las exigencias a este aspecto de la productividad y la rentabilidad. Es responsable también del clima y la estructura humana de la empresa y de su relación adecuada con el entorno.
La empresa que propugna la Doctrina Social deberá estar adornada con las siguientes características: técnica y económicamente, rentable, creadora de riqueza; éticamente justa;
55Un sugerente artículo en el que se plasman las diversas tendencias valorativas respecto a algunos de los problemas más candentes relacionados con la empresa desde la consideración eclesial de la misma, puede verse en: V. ORTEGA, "La Iglesia postconciliar y la empresa. Justificación del lucro desde una ética católica", Revista de Fomento Social, 42 , nº 165, 1987, pgs. 13-22.
56Apuntemos como reeferencia bibliográfica, entre otros, los siguientes títulos: A.S. ALVAREZ, "Una concepción humana de la empresa", Signo de los tiempos, vol. 4, nº 22, 1988, pg. 3-6; P. de LAUBIER, "L'éthique de l'entreprise", Revue Thomiste, vol. 88, nº 1, 1988, pgs. 115-123; P. LAURENT, "Para uma ética da empresa", Broteria, vol. 124, nº 1, 1987, pgs. 13-21; M. SPIEKER, "Líneas directrices de la Doctrina Social de la Iglesia para el ordenamiento económico", Tierra Nueva, vol. 15, nº 58, 1986, pgs. 47-58.
57Ha tenido honda repercusión el documento del episcopado norteamericano: Justicia económica para todos, P.P.C., Madrid, 1987.
socialmente participativa; en definitiva, humana, digna del hombre que la compone, la dirige y al que se orienta como institución social.
No olvida la Iglesia el aspecto económico de la empresa cuando aboga por una reforma estructural de la misma. Antes al contrario, reconoce y legitima la finalidad económica de la empresa, en cuanto productora de bienes y servicios. Lo cuestionable es la utilización del beneficio, que habría de estar orientada hacia el bien común y no a saciar intereses particulares y egoístas. En esta línea va la exigencia de que la empresa sea una institución moralmente justa.
Cuestión disputada fue, como sabemos, la de la participación en la empresa por parte del trabajo. Es éste uno de los capítulos más reiterados en relación con la reforma estructural de la empresa. El problema de la cogestión, tan vivo en tiempos de Pío XII, queda bien definido a partir de Mater et Magistra y el Concilio Vaticano II. Más allá de interpretaciones encontradas58, cabría decir que hoy en día la
participación en la gestión de la empresa responde al estado de opinión generalizado y al grado de desarrollo sociopolítico de las sociedades occidentales, que reclaman no sólo la democracia político-formal, sino también, la real democracia económica.
La entraña humanista del Cristianismo queda patente de manera singular en su consideración de la empresa. Ante todo, debe ésta ser humanamente digna; es decir, respetuosa con los hombres que la componen y que con ella se relacionan. En este sentido, cabría afirmar que el punto de anclaje de la consideración del trabajo humano en la actividad empresarial por parte de la Iglesia, se mueve en consonancia con algunas de las reflexiones últimas en las ciencias del trabajo y de la dirección. Indiscutiblemente, a la base de toda "economía de la empresa", late una concepción de lo humano, una cierta antropología implícita, que condicionará el cuerpo teórico y los supuestos de la praxis: los objetivos y el contenido de las reflexiones en torno al trabajo humano en el contexto empresarial59.
El modelo de F.W. Taylor en The principles of Scientific Management se basaba en una consideración mecánica del hombre, manejable y condicionable desde simples estímulos monetarios. Una concepción tal del trabajo humano fue criticada, por reduccionista, desde múltiples paradigmas (uno de ellos, el del Pensamiento Social Católico), al considerar al trabajador y al trabajo como un conjunto de actividades "realizadoras", sin el menor margen de decisión libre. Desde tal perspectiva "no se tiene en cuenta que toda forma de
58Ver el artículo situado supra, nota 105 de V. ORTEGA.
59Véase al respecto, D. MELE, "Human Development and the Images of the Organisatio", en G. ENDERLE et al., People in Corporation, Kluwer Academic Publishers, 1990, pgs. 93-104.
trabajo humano constituye una acción en la que concurren la actividad conformadora o creadora y la ejecutora"60.
La insistencia eclesial en la "humanización", en la "participación" del trabajador en la marcha de la gestión empresarial, por lo demás, va mucho más allá de lo que en su día supuso el movimiento de las "relaciones humanas" en el scientific management. El hombre ha de ocupar el centro del proceso de explotación; la empresa es concebida como una institución en la que trabajan grupos de personas; la acción conjunta habrá de fundamentarse en una base ético-normativa, con miras al logro de los objetivos de la organización (conditio sine qua non de su viabilidad) y a los del desarrollo humano de los que en ella participan.
En este punto es en el que más netamente se observa la confluencia de las reflexiones del magisterio con las tesis del modelo de "coalición", presente en la actual ciencia del proceso directivo, fundamentada en una imagen del hombre científico-social. Para este tipo de discurso (y nuevamente queda resaltado el paralelismo con la visión cristiana de la empresa), "el trabajo humano es considerado...como la acción conjunta de la actividad conformadora o creadora y de la ejecutora...El trabajo humano...es ampliado y entendido como comportamiento humano en el puesto de trabajo"61.
En suma, la llamada a la búsqueda de una empresa "humanamente digna", reiterada y presente en la Doctrina Social, desde la exigencia de humanismo ínsita en el mensaje cristiano, no resulta ser, en absoluto, incompatible con las tesis que la "altura de los tiempos" parece mantener desde planteamientos estrictamente técnicos, derivados de las ciencias de la dirección.
60E. HEINEN, "El trabajo humano desde la perspectiva de la economía de la empresa", Universitas, vol. 24, nº 1, 1986, pg. 42.