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Las características del derecho indiano

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DEL DERECHO I N D I A N O

Beatriz BERNAL Instituto de Investigaciones

JuTldlCCLS JJMA Ad

INTRODUCCIÓN

DESDE UN PUN ro DE VISTA FORMAL, el derecho indiano n a c i ó tres

meses y medio antes de que C r i s t ó b a l C o l ó n zarpara del puerto de Palos de Noguer en su p r i m e r viaje de descubri-m i e n t o . Y con casi seis descubri-meses de anterioridad a su arribo a la isla de G u a n a h a n í . Su certificado de nacimiento fueron las Capitulaciones de Santa Fe, fechadas el 17 de abril de 1492. E n ellas, y en los documentos despachados en los días sucesi-vos, el A l m i r a n t e y los Reyes C a t ó l i c o s establecieron las ba-ses j u r í d i c a s con las cuales se iba a gobernar u n m u n d o a ú n desconocido: el Nuevo M u n d o .

C o m o es lógico suponer, en dichas capitulaciones no se t o m a r o n en c o n s i d e r a c i ó n las peculiaridades del variado y e x t e n s í s i m o t e r r i t o r i o que u n d í a h a b í a de regir E s p a ñ a . Las

Capitulaciones de Santa Fe se basaron en los principios j u r í d i c o s imperantes en l a Castilla de entonces, reino al cual h a b í a n quedado incorporadas las Indias occidentales.

¿ C u á l e s fueron esos principios? L a respuesta es obvia: los contenidos en el derecho medieval castellano (en t r á n s i t o del medioevo al modernismo), así como los derivados de la esca-sa experiencia obtenida por l a M e t r ó p o l i en sus primeros contactos y conquistas en las islas de la costa africana. C o n fundamento en dichos principios y en el texto de Santa Fe se les re co n o ci ó a los p r í n c i p e s de l a I n d i a —a cuya presencia

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se esperaba que llegara C o l ó n — su dignidad y a u t o n o m í a . Por el contrario, a las islas y tierras que se encontrasen en el camino se les s o m e t i ó —con sus habitantes— a la auto-r i d a d de los Reyes C a t ó l i c o s , n o m b auto-r á n d o s e a C auto-r i s t ó b a l Co-l ó n A Co-l m i r a n t e de Co-la M a r O c é a n a y gobernador de Co-las isCo-las y tierras descubiertas y por descubrir. Esto es, la autoridad suprema y delegada de los reyes castellanos. Fue por eso que C o l ó n , sin reconocer a los i n d í g e n a s de las islas personalidad j u r í d i c a alguna, n i tampoco derecho de propiedad sobre sus

tierras, t o m ó posesión de las islas y las puso bajo el dominio de Castilla. Actuaba, no sólo conforme a su especial capitu-l a c i ó n , sino t a m b i é n acapitu-l viejo derecho internacionacapitu-l decapitu-l me-dioevo. De esta forma, todas las disposiciones que se dicta-r o n padicta-ra odicta-rdenadicta-r la vida del Nuevo M u n d o en el p dicta-r i m e dicta-r lustro a partir del descubrimiento, se basaron en los p r i n c i -pios e instituciones del derecho medieval castellano.

A h o r a bien, como siempre sucede cuando se legisla sin te-ner en cuenta la realidad social, el sistema j u r í d i c o ; hasta entonces implantado sólo en las Antillas, fracasó rotunda-mente. N i C o l ó n llegó a las Indias — y sí los portugueses en 1498— n i se estableció tampoco el ansiado comercio de las especies. Y lo que es peor a ú n , los gastos del descubrimiento —no redituados— m e r m a r o n t o d a v í a m á s las arcas reales, convirtiendo la empresa indiana en una carga insoportable para los reyes.

Y cuando C o l ó n esclavizó a los indios, éstos se rebelaron. Y cuando llevó algunos de ellos a E s p a ñ a con el fin de ven-derlos y sacar beneficio, la p i í s i m a reina Isabel se escandali-z ó . Y m á s tarde, en su famoso codicilo, los declaró libres y vasallos de la corona de Castilla. N i siquiera los españoles permanecieron en paz. Por el contrario, desobedecieron al almirante y campearon en las islas por su respeto. El descu-b r i m i e n t o h a descu-b í a culminado en u n fracaso total.

¿ Q u é hacer?, se plantearon las autoridades de la é p o c a . Fue entonces cuando se produjo u n golpe de p é n d u l o y se inició una nueva etapa. E n ella, el ordenamiento j u r í d i c o , aunque basado t o d a v í a en el castellano, se hizo poco a poco especial hasta llegar a integrar las peculiaridades del Nuevo M u n d o . S u r g i ó así u n derecho t í m i d o en los inicios,

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vacilan-te duranvacilan-te casi todo el siglo X V I , que inspirado en las nor-mas del antiguo derecho c o m ú n medieval nació nuevo, pero con e s p í r i t u viejo: el derecho indiano.

¿ C u á l e s fueron las características de este estatuto j u r í d i c o destinado a regir la vida americana durante m á s de tres si-glos? S e ñ a l a r l a s , precisarlas, intentar desarrollarlas con cla-r i d a d son los fines de este ensayo que hoy esccla-ribo en home-naje al m á s prolífico y destacado de todos los indianistas mexicanos: d o n Silvio A . Zavala.

~^*J DEREC O V AGIL AN'I E, INI3ECISO ~. DE ErSTS A^^C3 "V ER.R.OR.

L a legislación —es cosa ya sabida— constituye en cierto mo-do u n reflejo indirecto de la sociedad que está regulanmo-do. Reflejo que se a d e c ú a en mayor o menor medida a la reali-d a reali-d , reali-depenreali-dienreali-do reali-de m ú l t i p l e s factores que reali-deben tenerse en cuenta en la coordenada espacio-temporal que se e s t á histo-r i a n d o .

A h o r a bien, ¿ q u é sucede cuando se legisla con el f i n de re-gular la v i d a de una sociedad desconocida y multifacética? ¿ Q u é cuando se carece de una política n o r m a t i v a y el Estado se enfrenta de repente al desgobierno? L a respuesta es evi-dente. Se genera una legislación cambiante en extremo; una legislación que se va formando a medida que los problemas se suscitan con el objeto de resolverlos con la mayor celeri-dad posible. Surge así u n derecho apresurado, a contrapelo.

Eso fue lo que aconteció con el derecho indiano. Por eso n a c i ó ocasional, vacilante, poniendo parches allá donde la fuerza de la realidad acusaba fisuras en el ordenamiento v i -gente. E n efecto, ante la ausencia de una política específica y predeterminada, la corona e s p a ñ o l a d i c t ó infinidad de le-yes con el objeto de resolver los conflictos que brotaban en cada o c a s i ó n , en cada momento, en cada lugar, dentro del vasto y variado territorio de las Indias. Leyes a d e m á s que —sobre todo en el siglo inicial de la conquista— r e s p o n d í a n a una i n f o r m a c i ó n derivada de intereses h e t e r o g é n e o s y en muchos casos contradictorios. No hay que olvidar que la em-presa conquistadora — m á s tarde pacificadora según los

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tos de la é p o c a — fue concebida de manera distinta por quie-nes la llevaron a cabo. De ahí que a partir de las varias crisis que se sucedieron en la primera m i t a d del siglo X V I , la co-r o n a se planteaco-ra u n examen de conciencia, no sólo sobco-re el p r o b l e m a ético que las denuncias sobre el m a l trata-m i e n t o de los indios l l e v a b a n consigo, sino t a trata-m b i é n sobre el p r o b l e m a j u r í d i c o que i m p l i c a b a gobernar u n m u n d o desconocido y nuevo con los esquemas viejos del derecho de C a s t i l l a .

¿ C u á l e s fueron esos intereses h e t e r o g é n e o s ? ¿ C u á l e s esas informaciones contradictorias? El primero y m á s i m p o r t a n -te: tratar de conciliar la c o n t r a d i c c i ó n existente entre la de-claración de libertad de la p o b l a c i ó n i n d í g e n a y la necesidad de someter a ésta a u n p a t r ó n de servidumbre con el fin de garantizar la p r o d u c c i ó n en los territorios conquistados. A d e m á s , conciliar ambos con el interés de los clérigos enca-minado a la e v a n g e l i z a c i ó n . Y con el de los funcionarios rea-les encargados de hacer c u m p l i r con rectitud las leyes. Y con el de los conquistadores y los colonizadores cuyo fin p r i n c i -pal era el enriquecimiento. T a m b i é n con el de la propia coro-na que no p o d í a n i q u e r í a p e r m i t i r que estos ú l t i m o s adqui-riesen u n poder e c o n ó m i c o susceptible de convertirse en poder político, en perjuicio y detrimento de sus intereses centralistas.

De lo dicho en el p á r r a f o anterior, unido a la disparidad cultural y al desconocimiento de los territorios conquistados, se deriva lo que ya a p u n t é sobre el c a r á c t e r contradictorio de las informaciones. Era lógico que el desgobierno y el fracaso del m u n d o americano fuera visto de forma diversa por las partes en conflicto. U n o era el punto de vista de los conquis-tadores y colonizadores. O t r o el de los indios. O t r o distinto el de las ó r d e n e s religiosas. Y otro m á s el de las autoridades delegadas del rey en las Indias. C o n fundamento en todos es-tos intereses e informaciones contradictorias —intentando ajustarlos, e s f o r z á n d o s e por coordinarlos—, el rey y el C o n -sejo de Indias legislaron (tomando como base el derecho cas-tellano) con la p r e t e n s i ó n de regular la vida espiritual y tem-poral del N u e v o M u n d o . N o es pues de e x t r a ñ a r que el resultado se tradujese en u n a n o r m a t i v i d a d v a c i l a n t e ,

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indecisa, susceptible a m ú l t i p l e s y constantes rectificaciones. E n resumen: de ensayo y error.

E L CASUISMO Y EL PARTICULARISMO EN EL DERECHO INDIANO

U n derecho es casuístico cuando se legisla para cada caso concreto; cuando se renuncia a la u n i f o r m i d a d , a las amplias construcciones j u r í d i c a s y se acomodan las normas teniendo en cuenta principalmente al destinatario de las mismas. U n derecho es particularista cuando se abandona u n criterio ge-neralizador y se intenta la b ú s q u e d a y aplicación de solucio-nes particulares como consecuencia de diferencias de cultura y costumbres. E n ambos casos el derecho se torna prolífico, profuso, minucioso en su r e g l a m e n t a c i ó n . Entonces corre el riesgo de provocar u n caos legislativo por la dificultad de su conocimiento. Esto sucedió con el derecho indiano: casuista como todos los de su é p o c a y particularista en contraste con el europeo. Ambos caracteres explican la necesidad que tuvo la corona de ordenar una r e c o p i l a c i ó n poco tiempo d e s p u é s de iniciada la conquista.

N o se trata ahora de analizar el largo y complejo proceso recopilador indiano que c u l m i n ó en 1680 con la promulga-ción de la Recopilación de las Leyes de los Reinos de Indias. Se trata de destacar el c a r á c t e r particularista del derecho indiano a pesar de los intentos llevados a cabo —tanto por los monar-cas de la monar-casa de Austria como posteriormente por los de la d i n a s t í a de los Borbones— con el p r o p ó s i t o de estructurar la v i d a j u r í d i c a de sus dominios bajo u n a visión uniformadora y asimilada a las concepciones peninsulares.

Las causas de este particularismo pueden encontrarse en varios factores. U n o de ellos fue el c a r á c t e r vacilante y oca-sional de este derecho, s e ñ a l a d o en el a c á p i t e anterior. E n efecto, ante la ausencia de u n plan general, de una política definida, el legislador i n d i a n o se v i o precisado a dictar nor-mas para cada r e g i ó n , para cada estamento, para cada cir-cunstancia particular. Normas que, si bien es cierto, se r e p e t í a n constantemente —cambiando sólo el nombre del destinatario— t a m b i é n atentaban contra la vigencia general

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que se p r e t e n d í a tuvieran las leyes. Por eso fueron tan pocas las disposiciones que se dictaron en su conjunto para regular una i n s t i t u c i ó n o una situación que se daba en A m é r i c a . Y en cambio infinitas las que se expidieron para encauzar as-pectos concretos de ellas.

O t r o factor que p r o v o c ó tanto el casuismo como el par-ticularismo del derecho indiano, fue la vasta legislación de origen local (derecho indiano criollo) sancionada por las autoridades delegadas en Indias (virreyes, audiencias, go-bernadores, cabildos, etc.); legislación que estuvo destinada a regular aspectos de la vida j u r í d i c a americana no contem-plados en el derecho especial emanado directamente de la M e t r ó p o l i (derecho indiano metropolitano). Fueron muchas y m u y variadas las instituciones que se regularon a t r a v é s del derecho indiano criollo, teniendo en cuenta las peculiari-dades de cada una de las provincias y virreinatos.

Si a estos dos grandes factores a ñ a d i m o s el carácter legalis-ta de los reyes de la E s p a ñ a imperial, acentuado por la desconfianza en sus autoridades coloniales, así como por la m u l -tiplicidad de disposiciones legislativas que se dictaban para las Indias ( p r a g m á t i c a s , reales cédulas, ordenanzas, instruccio-nes, rescriptos, cartas reales, edictos y todo tipo de manda-mientos de gobernación) podremos comprender con relativa facilidad no sólo el carácter particularista del derecho, sino t a m b i é n su tendencia a una excesiva r e g l a m e n t a c i ó n .

E A FLEXIBILIDAD DEL DERECHO INDIANO Y SU INTENTO DE ADECUARSE A LA REALIDAD

D u r a n t e mucho tiempo fue lugar c o m ú n repetir que el p r i n -cipio " o b e d é z c a s e pero no se c u m p l a " h a b í a sido inventado por las autoridades e s p a ñ o l a s con u n p r o p ó s i t o h i p ó c r i t a . N a d a m á s lejos de la verda.d. Dicho principio proviene del derecho medieval castellano y se e x t e n d i ó en las Indias con el fin de flexibilizar las normas que p r e t e n d í a n gobernarlas. M e d i a n t e él, lo que se p e r s e g u í a era que las autoridades de-legadas en A m é r i c a pudieran suspender la aplicación de una n o r m a dentro de su j u r i s d i c c i ó n , si estimaban que ésta p o d í a

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resultar injusta o d a ñ i n a a los particulares o a la colectivi-dad. Es de todos sabido c ó m o el virrey de Mendoza evitó q u i z á s una revuelta de conquistadores en la Nueva E s p a ñ a suspendiendo la aplicación de las Leyes Nuevas.

N o pretendo negar con lo anterior el divorcio existente entre la ley y la realidad que i m p e r ó en las Indias durante la colonia. L o hubo. Y se hizo patente en el constante y con-tinuado i n c u m p l i m i e n t o de las normas que se e x p e d í a n des-de la M e t r ó p o l i . Pero t a m b i é n en ellas puedes-de observarse el i n t e r é s de la corona por remediarlo. Muchas fueron las rea-les c é d u l a s que se dictaron a lo largo de tres siglos insistiendo en el cumplimiento de la legislación expedida con anteriori-dad. Muchas cuyo contenido dispositivo estuvo encaminado a p r o h i b i r , l i m i t a r y atenuar acciones que sin lugar a dudas se p r o d u c í a n , pero que el legislador p r e t e n d í a eliminar —a t r a v é s de u n derecho p r o h i b i t i v o — con el ñ n de poner coto al m a l tratamiento de la p o b l a c i ó n i n d í g e n a y a la deficiente a d m i n i s t r a c i ó n y desgobierno de las Indias. Muchas en f i n , dado su particularismo, que pretendieron y lograron adaptar el derecho a la realidad social, a ú n en contra de la tendencia centralizadora del monarca y sus hombres de gobierno.

E L PROTECCIONISMO DEL DERECHO INDIANO

T o d o derecho proteccionista es discriminador. Sólo se ampa-ra a aquellos a quienes se consideampa-ra inferiores. Así c o n s i d e r ó E s p a ñ a a los indios y por eso les o t o r g ó u n sistema j u r í d i c o tutelar [favor indiarum). Para lograrlo echó mano de institu-ciones y figuras j u r í d i c a s del ius commune. E l caso que se cita con mayor frecuencia es la a s i m i l a c i ó n del indio con el me-nor de edad del derecho romano, sometiendo al p r i m e r o a una especie de c ú r a t e l a . Sólo que en este caso el tutelaje p r o v e n í a de la legislación misma. E l libro V I de la Recopila-ción de Leyes de Indias es el mejor ejemplo de ello. H a y a d e m á s otros muchos ya s e ñ a l a d o s y estudiados por los especialistas de la r e c e p c i ó n de los derechos romano y c a n ó n i c o en los mundos europeo y americano.

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equidad. Q u i z á s no entendida literalmente como la justicia de cada caso concreto; pero sí con la finalidad de crear u n estatuto j u r í d i c o que trate igual a los iguales y proteja a los que se considera desiguales por pertenecer a determinados segmentos de la p o b l a c i ó n . E n el derecho indiano fue la po-b l a c i ó n i n d í g e n a la considerada desigual. De a h í que se ge-nerara una a m p l í s i m a legislación tendiente a protegerla. Q u i e n se encuentre familiarizado con las leyes de Indias a t r a v é s de sus m ú l t i p l e s compilaciones y recopilaciones ha po-dido observar la gran cantidad de disposiciones legislativas tendientes a proteger a los indios en sus personas, en sus pro-piedades y d e m á s derechos que, conforme a la mentalidad de la é p o c a , les fueron concedidos. Que dichas leyes se apli-caran o no es harina de otro costal. Su discusión nos h a r í a entrar en el viejo y no resuelto conflicto que se ha dado a lo largo de la historia entre el derecho legislado y el realmente aplicado. Conflicto que, a d e m á s , t o d a v í a permanece.

L A EVANGELIZACION: FUNDAMENTO Y FIN DEL DERECHO INDIANO

C o n v e r t i r a los indios al cristianismo e imponerles la religión católica fue, sin lugar a dudas, p r e o c u p a c i ó n p r i m o r d i a l de la corona e s p a ñ o l a . P r e o c u p a c i ó n que a d e m á s q u e d ó asenta-da como obligación en las bulas alejandrinas (segunasenta-da Inter Caetera, de mayo de 1493) y que se reflejó m á s tarde en toda la legislación indiana.

E n las mencionadas bulas se les c o n c e d í a a los reyes de C a s t i l l a y L e ó n las tierras descubiertas y por descubrir —siempre que no perteneciesen a otro p r í n c i p e cristiano— que se encontrasen al oeste de una l í n e a imaginaria que co-r co-r í a de polo a polo, a cien leguas de las islas Azoco-res y Cabo V e r d e . T a m b i é n en ellas aparece la r e c o m e n d a c i ó n hecha a la corona de evangelizar la p o b l a c i ó n a u t ó c t o n a que habita-ba dichos territorios.

Pero. . . ¿ t e n í a derecho el papa de disponer de tierras ya ocupadas por los a b o r í g e n e s ? Y , por otra parte ¿la d o n a c i ó n t e r r i t o r i a l era perpetua y sin condiciones, o estaba sujeta a la p r e d i c a c i ó n evangélica? A resolver estos cuestionamientos

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se dedicaron los juristas y teólogos de la p r i m e r a m i t a d del siglo X V I , dando lugar a una p o l é m i c a de altos vuelos que —partiendo de una denuncia que fray A n t ó n de Montesinos hizo en Santo Domingo (1511) en torno al mal tratamiento de los indios— i n v o l u c r ó varios problemas: el de la validez de los títulos de d o m i n i o que t e n í a E s p a ñ a sobre los territorios descubiertos y posteriormente conquistados (justos títulos); el de la c o n d i c i ó n j u r í d i c a que d e b í a dársele a los i n d í g e n a s ; y el de la posibilidad de hacerles la guerra en caso de que éstos no quisieran ser sometidos n i cristianizados. E n í n t i m a rela-ción con dichos problemas, como fundamento y t a m b i é n fin de la colonización, estuvo siempre el proyecto evangelizados

D e todos es sabido que en la Europa del medioevo exis-t i e r o n corrienexis-tes políexis-tico-ideológicas enconexis-tradas. Por u n la-do l a corriente cesarista que postulaba la s u p r e m a c í a del po-der c i v i l . Por el otro la t e o c r á t i c a que daba al sumo pontífice la autoridad m á s alta, tanto en el orden espiritual como en el t e m p o r a l . Esta ú l t i m a fue la que prevaleció en E s p a ñ a , d e s p u é s de u n sinfín de cuestionamientos, estudios, alegatos y juntas que estuvieron a cargo de personajes de la talla de B a r t o l o m é de Las Casas, J u a n G i n é s de S e p ú l v e d a , D o m i n go de Soto, J u a n L ó p e z de Palacios R u b i o , Francisco de V i toria y otros. L a conclusión a la que llegaron fue que las b u -las alejandrinas c o n s t i t u í a n , aunque no el ú n i c o , sí el mejor título que p o s e í a Castilla para justificar sus dominios sobre el Nuevo M u n d o .

¿ Q u é papel j u g ó en estas p o l é m i c a s la e v a n g e l i z a c i ó n ? L a respuesta está, a d e m á s de en las bulas, en la solución eclécti-ca que —basado en la doctrina de Santo T o m á s de A q u i n o — ofreció a la postre Francisco de V i t o r i a .

S e g ú n V i t o r i a , aunque al papa le c o r r e s p o n d í a ú n i c a m e n -te la po-testad espiritual, p o d í a in-tervenir en la -temporal cuando fuese necesario para obtener fines sobrenaturales. Por consiguiente, los e s p a ñ o l e s no sólo t e n í a n el derecho de v i v i r en las Indias —derecho que se sustentaba en el consor-cio universal existente entre todos los hombres y todas las naciones— sino t a m b i é n el de predicar el evangelio e inclusive declararles la guerra a los indios en caso de que éstos i m p i -dieran l a p r é d i c a . T a m b i é n cuando amenazaban o

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tigaban a otros grupos i n d í g e n a s ya convertidos. Fue así como la labor e v a n g é l i c a se convirtió en fundamento y j u s t i f i -cación de la conquista. Y m á s tarde, en fin de la coloniza-ción.

Sobre el i n t e r é s de los monarcas españoles por c u m p l i r la obligación misional impuesta en la bula de d o n a c i ó n hay n u -merosos testimonios en las leyes de Indias. Fueron muchas a d e m á s las instituciones j u r í d i c a s y e c o n ó m i c a s (como por ejemplo la encomienda y las congregaciones) que se funda-mentaron en la e v a n g e l i z a c i ó n . E l hecho de que t a m b i é n sir-vieran para reglamentar la innegable servidumbre a la que fue sujeta la p o b l a c i ó n i n d í g e n a no invalida lo antes dicho.

E L CARACTER PÚBLICO DEL DERECHO INDIANO

L a m a y o r í a de las normas que integraron el sistema j u r í d i c o indiano pertenecieron a la rama del derecho p ú b l i c o . U n re-corrido por las colecciones de leyes privadas y oficiales (Pu-ga, Encinas, Recopilación de Leyes de Indias, V e n t u r a B e í e ñ a , etc.) así como por los textos doctrinales (la Política Indiana de S o l ó r z a n o y Pereira, por ejemplo) m á s destacados de la é p o -ca lo demuestra -cabalmente. Esto no es de e x t r a ñ a r . L a pre-o c u p a c i ó n p r i m e r a y p r i m pre-o r d i a l de la cpre-orpre-ona e s p a ñ pre-o l a fue siempre el buen gobierno de las Indias. De a h í que se aboca-ran de inmediato a la tarea de emitir y dictar leyes referentes a: los gobiernos temporal y espiritual, la a d m i n i s t r a c i ó n de la justicia, la hacienda, la guerra, la p r o d u c c i ó n a g r í c o l a y minera, las condiciones laborales, la n a v e g a c i ó n y el comer-cio i n t e r o c e á n i c o . Sólo una parte m í n i m a del derecho india-no estuvo dedicada a resolver relaciones entre particulares. D e n t r o de las normas del derecho privado indiano destacan las destinadas a lograr la u n i d a d de domicilio de las personas casadas y las relativas a los derechos sucesorios de aquellos que, habiendo fallecido en las Indias, t e n í a n herederos en E s p a ñ a .

E l publicismo del derecho indiano se debió —ya lo he di-cho— a la necesidad que tuvo el Estado e s p a ñ o l de organi-zar la v i d a de u n m u n d o nuevo, h e t e r o g é n e o y

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completa-m e n t e distinto al que ellos c o n o c í a n . Y de ajusfarlo, a d e completa-m á s a sus propios fines e c o n ó m i c o s , políticos e ideológicos. Para l o g r a r dichos fines no eran suficientes los esquemas del dere-cho medieval castellano. Por eso hubo que crear otro siste-m a j u r í d i c o con el objeto de hosiste-mogeneizar hasta cierto pun-to las peculiaridades del orbe americano. N o sucedió así en lo que respecta al derecho privado. Las normas de esta rama del derecho —aunque no inmutables— tienen siempre ma-y o r estabilidad en el tiempo ma-y en el espacio que las del dere-cho p ú b l i c o . Por tal r a z ó n , los monarcas sólo se vieron en la necesidad de legislar en esta á r e a cuando se enfrentaron a situaciones que atentaban contra lo dispuesto por la reli-g i ó n católica, o cuando las costumbres j u r í d i c a s i n d í reli-g e n a s i n f r i n g í a n las europeas. T a l fue el caso de las disposiciones que se expidieron sobre domicilio, tendientes a lograr la es-t a b i l i d a d m a es-t r i m o n i a l y la u n i d a d familiar, es-tanes-to enes-tre los indios como entre los propios peninsulares. Sólo me resta a ñ a d i r que en todos los aspectos relativos al derecho privado se a p l i c ó el derecho de Castilla, considerado supletorio en todo aquello que no estuviera especialmente dispuesto por las leyes de Indias.

R E F E R E N C I A S

A L C A L Á Z A M O R A Y T O R R E S , N i c e t o

1980

B E R N A L , B e a t r i z

1986

1987

1988

1988

Nuevas reflexiones sobre las leyes de Indias. P r ó l o g o de A n

-t o n i o M a r -t í n e z B á e z . M é x i c o , E d i -t o r i a l P o r r ú a .

" C ó m o p e r i o d i z a r el D e r e c h o I n d i a n o " , en Boletín

Mexicano de Derecho Comparado, x i x : 5 6 (mayo-agos.).

" E l derecho i n d i a n o " , e n OMNIA, 3:7 Q u n . ) .

" D e r e c h o i n d i a n o " , en Diccionario Jurídico Mexicano. M é x i c o , E d i t o r i a l P o r r ú a U n i v e r s i d a d N a c i o n a l A u -t ó n o m a de M é x i c o , I n s -t i -t u -t o de Inves-tigaciones J u r í d i c a s .

"Juntas de V a l l a d o l i d " , e n Diccionario Jurídico Mexicano. M é x i c o , E d i t o r i a l P o r r ú a U n i v e r s i d a d N a c i o n a l A u t ó

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-674 BEATRIZ BERNAL

n o m a de M e x i c o , I n s t i t u t o de Investigaciones J u r í -dicas.

G A R C Í A - G A L L O , A l f o n s o

1972 " E l derecho c o m ú n ante el N u e v o M u n d o " , en

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Referencias

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