• No se han encontrado resultados

Poetica de la Kabala.pdf

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Poetica de la Kabala.pdf"

Copied!
157
0
0

Texto completo

(1)

POÉTICA DE LA KABALA

SENDEROS

EN EL JARDÍN DEL CORAZÓN

MARIO SATZ

Digitalizada y corregida por: JMRT

Concluída: 03/04/2005 Nota:

Entre corchetes (“{}”) figuran todo comentario o ampliación del digitalizador.

{DHE} = abreviatura del Nuevo Diccionario Hebreo-Español de Abraham Cohen Fernández, Editorial SIGAL, 1978.

(2)

ÍNDICE

I Sístole

II La letra ALEPH - à - 1 III La letra BETH - á - 2 IV La letra GHIMEL - â - 3

V La letra DALETH - ã - 4 VI La letra HE - ä - 5 VII La letra VAU - å - 6 VIII La letra ZAIN - æ - 7

IX La letra CHETH - ç - 8 X La letra TETH - è - 9 XI La letra YOD - é - 10 XII La letra CAPH - êë - 20 XIII La letra LAMED - ì - 30 XIV La letra MEM - íî - 40

XV La letra NUN - ïð - 50 XVI La letra SAMECH - ñ - 60 XVII La letra AIN - ò - 70 XVIII La letra PHE - óô - 80

XIX La letra TZADE - õö - 90 XX La letra QOPH - ÷ - 100 XXI La letra RESCH - ø - 200 XXII La letra SHIN - ù - 300 XXIII La letra TAU - ú - 400

XXIV OLAM HA-HATZILUT, El mundo de la emanación

XXV OLAM HA-BRIAH, El mundo de la creación

XXVI OLAM HA-YETZIRAH, El mundo de la formación

XXVII OLAM HA-ASSIAH, El mundo de la acción

XXVIII Diástole

XXIX Bibliografía

XXX Notas

(3)

Yo dormía, pero mi corazón velaba CANTARES 5:2

Estos dos árboles del Paraíso crecen dentro de cada cuerpo humano: el sistema circulatorio no es otra cosa que el Árbol de la Vida; y el sistema nervioso, el Árbol del Conocimiento. URSULA GRAHL, LA SABIDURÍA DE

(4)

AGRADECIMIENTO

A mis amigos y compañeros de estudio –gentes del Jardín del Nogal– de Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Logroño, Burgos y Bilbao, quienes, sin ser nombrados, están entre las páginas de este libro y sin cuya colaboración, alegría, paciencia y gratitud nunca habría podido escribirse. A ellos y a los estudiantes de hoy y de ayer, a los maestros de toda época y lugar agradezco las señales, las frases casuales y no tan casuales que me han asistido durante el largo y complejo período que abarcó la redacción de esta modesta disquisición sobre la médula secreta de Occidente: la Kábala.

M.S. Barcelona, 1983-1984

(5)

SÍSTOLE

(Índice Ê) Existe una palabra hebrea cuya traducción aproximada es sendero, pero que mirada más de cerca, aprehendida en todo su múltiple esplendor, leída jeroglíficamente –como signo sagrado–, trasvasa todo su significado del conocimiento a la vida, de la periferia al centro. Si mal no recuerdo fue Maimónides el primero en expresar, mediante la frase SHBIL HA-ZAHAB, áäÈÈåäÇ ìéáĖÀ {áäåä ìéáù = 18 + 342 = 360}, sendero dorado, el camino simbólico que en la India se conoce por DHARMA y los chinos denominan TAO. Así, pues, la palabra SHBIL, ìéáĖÀ {ìéáù = 342}, “sendero”, será nuestra brújula semántica para desandar el camino hacia el jardín del corazón.

Pero antes de iniciar un viaje que va de lo finito a lo infinito y de la sangre a la luz, es preciso recordar que la palabra jardín, paraíso, procede de una voz persa que indica huerto y que, a pesar de estar “cerrado” tal como anota el Cantar de los Cantares, es posible contemplarlo o sentirlo en nuestro interior en la medida en que seamos capaces de recorrer los treinta y dos senderos que postula la Kábala o Tradición del Fuego Original. El lento pero constante aumento de sinapsis o contactos neuronales que nacen de ese recorrido exige de nosotros perseverancia y atención en el labrado de lo que el maestro Simeón Bar Yojai {Simeón Ben Jochai} denomina el campo. En una de las estelares páginas del Zóhar {Zohar} –de las que el famoso rabí es personaje principal– se lee: “Sabed que todos los mundos superiores e inferiores están comprendidos en la imagen de Dios. Todo ha sido y todo será. Nunca ha cambiado y nunca cambiará. Es el centro de toda perfección. Encierra todas las imágenes de todas las cosas de las que somos conscientes con todos nuestros sentidos y en todas las formas. Pero nosotros lo vemos solamente como una reproducción, pues nadie lo ha visto y nadie puede verle en su verdadera forma. Todo lo que nosotros sabemos es que el hombre tiene la más próxima semejanza con el original. Y sabemos que estas cosas son tan sólo reveladas a los que cultivan el campo.”

El trabajo agrícola implica un continuo remover de tierras a la vez que un equilibrado empleo de abono o estiércol. Principio y fin del proceso orgánico se hallan así dentro y fuera de nosotros. Al respecto, la parábola del grano de mostaza, que tan sabiamente utiliza el Evangelio (Mateo 13:31), alude al inexorable camino de todo lo viviente: no hay conocimiento sin muerte, resurrección sin pasaje de ultratumba. Pero el cuerpo glorioso, se sabe, es espiritual, es decir, extremadamente elástico por invisible. La transmutación del corazón de piedra en corazón carnal (Ezequiel 11:19) equivale entonces a la transfiguración de lo inorgánico en orgánico. Nitrógeno, carbono, calcio y demás elementos empujarán el corno, abrirán la flor, ascenderán por el tallo hasta que el fruto cordial mime en sus latidos la eterna danza de las galaxias. No es enteramente cierto que el corazón sea de piedra, pero tampoco que la carne de la que está hecho cante al unísono con el Universo a menos que la partitura –es decir, las letras y notas dibujadas en los senderos– sean fieles al verbo primigenio.

Ahora sí podemos, como quien extrae granos de oro de una pepita esférica, separar la partícula que indica pertenencia, de, ì–Å {ìù = 330}, SHEL, de nuestro sendero, ìéáĖÀ {ìéáù = 342}. Las letras restantes conducen a BI, év {éá = 12}, que significa a través de mí, en mí. O sea, que, reordenando el mensaje, podemos leer: ese camino que hay en mí, esa ruta que pasa por mi interior puede trasladarme al jardín del corazón. Observemos que LEB, áìÅ {áì = 32}, corazón, está ya implícito en el sendero. De manera que para oír mejor su oscura música surgen otras dos letras –recogidas también ellas en el camino– y vienen a decirnos que sí, que hay, ùé {310}, IESH, que

(6)

AB

HATI existe aquello que buscamos. La fortuna de estas metamorfosis semánticas, de estas aliteraciones, permutaciones y despliegues, no es menos asombrosa que la de los tripletes del código genético, las combinaciones químicas o los saltos en los orbitales atómicos. Si este cuerpo nuestro que hoy se reconoce en el espejo nació de un punto microscópico, en su primera partícula viviente vibraba ya su actual fórmula cósmica. Puesto que física y metafísica son paralelas, con candorosa ternura Simeón Ben Jochai pudo decir: “Las veintidós letras del alfabeto están impresas en cada alma, que a su vez las imprime en el cuerpo que anima.” El lenguaje nos hace y deshace, tal como registra el proverbio bíblico, pues “vida y muerte dependen de la lengua” (Proverbios 18:21). A su vez, cada lengua tiene una dimensión fonológica limitada en su número pero ilimitada en sus combinaciones. De modo que hay muchos senderos bajo los pies de un solo peregrino.

Ocurre con la Kábala y sus armonías verbales lo que con el sistema de BIJAS {Bîja} o sílabas en la tradición hindú: a cada parte del cuerpo humano le corresponde un segmento alfabético. De la palabra a la frase y de los pies a la cabeza, el lenguaje trepa sentido tras sentido al loto craneano, al níveo SAHASRARA PADMA {Sahasrâra Padma = Loto de mil pétalos} en cuyos pétalos se inscriben todas las letras, que sintetizan el silencio, la culminación del verbo: donde acaba el hueso se inicia el cielo. Entre los siete CHAKRAS o ruedas simbólicas, del loto de los pétalos es la más veloz y significativa porque resume el poder y el fin de la lengua. En la tradición judeocristiana, en cambio –y a pesar de los Siete Palacios atravesados por el maestro Simeón Ben Jochai–, el centro o núcleo privilegiado es el del áìÅ {áì = 32, corazón}, LEB, que la iconografía cristiana nos ha legado en las conocidas estampas del Sagrado Corazón. Los profetas de Israel y Jesús operaron como terapeutas y maestros, extrayendo energía del área cardíaca, devocional del ANAHATA {Anâhata = chakra cardíaco} (rojo oscuro, cárdeno), y siguiendo finalmente la figura del sello salomónico o estrella de seis puntas que simboliza el microcosmos. El Hijo del Hombre, situado aún en el mundo de los parentescos, inscripto en la historia y la profecía, escoge la vía media {Sendero del Medio}, puesto que, como Verbo Encarnado, responde así a la primera letra del Génesis, á, BET, y a la última de la palabra final en la Biblia hebrea, ì, LÁMED; letras que, según hemos comprobado, remiten al corazón.

¡Qué precisión simbólica hay en la linea de fuerza que une a Clemente de Alejandría, para quien Dios era el corazón del mundo, con los Caballeros de la Tabla Redonda, que buscaban en Jerusalem el Santo Grial! De Oriente a Occidente viaja el sol, y de Occidente a Oriente reconstruye la conciencia su luz interior. Precisemos que, para la escritura jeroglífica egipcia, el corazón se representaba mediante un vaso, imagen que luego reaparecerá en el cáliz. Exotéricamente, cualquier manual anatómico nos dirá que el conjunto de arterias, venas y capilares por los que circula la sangre se denominan vasos sanguíneos Esotéricamente, el Santo Grial o San-graal simboliza la FONS VITAE, la bomba de vacío crístico en pos del cual se peregrina para alcanzar la

inmortalidad. No es casual, entonces, que el capítulo XXXI de El Libro de los Muertos sostenga: “¡Esté conmigo mi corazón (AB) en la Casa de los Corazones! ¡Esté conmigo mi corazón (HAT) en la Casa de los Corazones! ¡Esté conmigo mi corazón y reste!” El terapeuta y egiptólogo Eduardo Alfonso anota que HATI-AB era el corazón físico, mientras que AB aludía al aspecto emotivo-espiritual del mismo. Su representación {ver imagen de AB}, iba precedida de un busto leonino (ver imagen de HATI), y no podía ser de otro modo, pues según la astrología este signo está en correspondencia directa con el corazón. Fue Horapolo quien, en su estudio sobre la escritura egipcia –a la que la Kábala

debe más de lo que comúnmente se piensa–, destacó que “la cabeza del león era el símbolo de la vigilancia y el estado de alerta, porque este animal cierra los ojos cuando está despierto y los abre durmiendo. A causa de tal atribución simbólica se colocaban, al término de los templos, como

(7)

( ) Anagrama: 1) Transposición de las letras de una palabra o sentencia de que resulta otra palabra o sentencia1 distinta. 2) Palabra o sentencia que resulta de esta transposición; como de amor, Roma, o viceversa. {LK}

( ) Hermópolis Magna: antigua ciudad al Sur de Egipto, sobre el río Nilo, próxima a la actual Ashmunein. Fue2

el antiguo lugar principal del culto a Thoth {Hermes}

guardianes, leones (I. 19)”. ¡Yo dormía, pero mi corazón velaba! En hebreo león se escribe, àéáÄìÈ {àéáì = 43}, LABIÁ, cuya raíz vuelve a ser nuestra ya familiar palabra LEB, áìÅ {áì = 32}, corazón. ¿Sabía todo esto Ricardo Corazón de León? Y la mística Tabla Redonda, en torno de la cual se sentaban los iniciados, ¿era, tal vez, idéntica a la Tabla de Esmeralda del hermetismo egipcio? La clave nos la da otra palabra significativa, ìàÅéøÄà {ìàéøà = 242}, ARIEL, en la cual la partícula EL, ìàÅ {ìà = 31}, se refiere a Dios, y la voz ARI, éøÄà {éøà = 211}, al sonido de león. Asociada a la ciudad de Jerusalem, conserva aún el fonema AR, OR, fragmento incandescente de Horus, dios solar. Por todo lo precedente sabemos que los buscadores de la copa mágica, cruzados y peregrinos, intentaban llegar al jardín de su propio corazón.

Estar “atento” o “despierto” posee en hebreo la connotación de “pon el corazón en lo que haces”, SIM LEB, áìÅ íé”Ä {áì íéù = 32+910 = 942}. Es oír bien sus latidos, percibir cómo su fantástico goteo atrae el rocío estelar. Una vez en el camino, la oscura selva que, según Dante, debemos atravesar, exhibe sus claros, abre sus oquedades, abanica sus ramas mientras la salida se modela bajo nuestras huellas. El mapa acústico que seguimos paso a paso coincide cada vez más con la realidad, e inclusive aquello que más alejado nos parece del espíritu, aquello que, como esta reflexión del padre de la lingüística moderna, Saussure, parece racional, suena místico: “La lengua es comparable a una hoja de papel: el pensamiento es el anverso, y el sonido, el reverso; no se puede cortar el anverso sin cortar al mismo tiempo el reverso. Igualmente, en la lengua no podría aislarse el sonido del pensamiento, ni el pensamiento del sonido.” Es como si cada hoja fuera el anagrama( )1

del bosque, y cada letra, una estrella. En la India, la filigrana de la hoja del árbol sagrado del Budismo alude con sus cientos de nervaduras al conocimiento interior (recordemos que se trata del sistema nervioso); seca esa hoja, se vuelve traslúcida; muerta en vida, vive para siempre.

Hacia el corazón llegan los deshechos y del corazón surgen los hechos. El supremo misterio del sistema circulatorio radica, quizá, en la duración temporal existente entre las fases de contracción o sístole y relajación o diástole: en las ocho décimas de segundo que llevan por nombre “una revolución cardíaca”. El ocho, número de la resurrección, signo de la vida, ç {= 8}, JET, nos conduce nuevamente a Egipto. La ciudad de Hermópolis( ) consagrada a Hermes-Thoth, dios2

escriba, tres veces sabio, es llamada SCHMOUN en copto, nombre que en hebreo remite al SHMONE, ocho, äÆð|î–À {äðåîù = 401}. Que el proceso de búsqueda se inicie por una contracción tiene varias explicaciones. Bástenos, por el momento, recordar la idea de otro león, esta vez Rabí Luria, el iluminado de Safed que viviera en el siglo XVI y acuñara la idea del TZIMTZUM, í{öîÀöÄ {íåöîö = 826}, contracción genésica a partir de la cual tuvo lugar, surgiendo de un hipotético punto o partícula –la IOD {Yod}–, el cosmos íntegro.

Labrar y cuidar el campo, entonces, presupone que el magnetismo central del tórax, su joya secreta, necesita del residuo o estiércol, ìáÆÆæ {ìáæ = 39}, ZÉBEL, para que la semilla (ZAIN, æ {= 7}) del oro solar se abra en el corazón, áìÅ {LEB, áì = 32}. El estiércol representa, químicamente, el camino inverso al proceso de crecimiento orgánico, de ahí que la negación no, ìvÇ {ìá = 32}, se escriba BAL, o sea, al revés que LEB. Como la Kábala opera con las raíces de las palabras, dejaremos de lado por el momento los puntos diacríticos o vocales que las diferencian. Para los viejos alquimistas no había la menor duda respecto a que el estiércol era el LOCUS por excelencia donde se hallaba la piedra filosofal o el elixir. En él coinciden fin y comienzo, muerte y

(8)

resurrección. Alude al color de la tierra pero al dinamismo del cielo, así como nosotros tenemos la sombra de la primera y la luz del segundo. Para que se absorba la sombra hay que alcanzar el áureo mediodía, la altura máxima a partir de la cual ya no importa volver a lo oscuro, pues uno ha cargado su lámpara interna de fotones indestructibles. La contracción, como “el reino de los cielos”, postula un vacío imprescindible: el centro del corazón es hermético, y como músculo hueco descansa sobre el diafragma y está fijo por los vasos que salen de su base. Despojarse de prejuicios, liberarse de cargas inútiles y asumir la vacuidad elemental de nuestro ser, transforma al cuerpo en el mejor instrumento de captación, en el espejo de la gracia. Nosotros somos el viajero, el viaje y los senderos: pericardio, miocardio y endocardio de un solo latido.

(9)
(10)

( ) Guematría o Gematría: Adición numérica de los valores asignados a cada letra en una palabra dada.3

II

(Ç Índice Ê)

La letra ÁLEF à 1

{“Buey”}

Puesto que cada letra equivale a un número y es lícito, por el método que la Kábala llama guematría {Gematría}( ), transformar la primera en el segundo para luego reconvertir número en3

letra, observemos de cerca la cifra que encierra el corazón LEB {corazón, áì = 32}, que vale 30 por la LÁMED y 2 por la BETH, y alberga los 32 senderos de la sabiduría, 22 de los cuales corresponden a las letras del alfabeto y los 10 restantes a los sefirot {Sephiroth} o emblemas virtuales del Creador. La década, base del sistema decimal, es también potencia de la ÁLEF {Alef} à inicial. Los estudiosos del Budismo percibirán aquí los estigmas del Iluminado, y los amantes de la cristalografía –base inorgánica sobre la que se asienta el jardín–, las 32 reagrupaciones posibles de los elementos de simetría que constituyen las clases de cristales. Número mágico, también lo hallamos en el tablero de ajedrez –16 piezas por jugador– y en la dentadura del hombre adulto. La relación del ajedrez con el lenguaje ya la había intuido Saussure, aunque sin derivar de ella ningún significado profundo. La de los dientes con la boca y el aparato fonador con la lengua es evidente. El alternante pasaje del negro al blanco –que la Kábala asimila al fuego negro y al fuego blanco a través de los cuales fue dada la Torá {Torah} (Pentateuco)– recuerda la relación entre Arjuna y Krishna, lo terrestre y lo celeste. Por alguna razón, la bóveda del paladar es asimilada, en muchas culturas, al cielo.

“Una noche –narra nuestro Zohar– el Maestro (Simeón Ben Jochai) se acercó a unos cuantos de sus discípulos, quienes trataban de leer el misterio de las estrellas, y les dijo: “Sabed que en la bóveda formada por los cielos alrededor de la tierra hay figuras y signos por medio de los cuales nosotros podemos descubrir los misterios más profundos y secretos. Estas figuras están formadas por las constelaciones y las estrellas, que son para el sabio una fuente de contemplación y de felicidad mística. Estas formas brillantes son las letras con las cuales Dios ha creado los cielos y la tierra. Ellas forman Su Nombre misterioso y santo.”

De manera que, aun considerando arbitrario el signo lingüístico, no podemos desconocer que su frecuencia fonética responde –tal como lo atestigua la música– al canto esférico de los pitagóricos. Somos eco del cielo, cuyo silencioso acorde fluye en nuestra sangre. Por eso el hombre, íãÈàÇäÇ {íãàä = 610}, es una mezcla de sangre, íyÇ {íã = 604}, DAM, e infinito encarnado en la à. Volverse silencioso es llegar al íãä {íãä = 609}, HEDAM, palabra que trae consigo el eco, ãäÅ {ãä = 9}, HED antes mencionado. Por otra parte, la relación entre la tierra, äîÈãÈà {äîãà = 50}, ADAMÁ, y el hombre, íãÈàÈ {íãà = 605}, ADAM, participa de lo espiritual abierto simbolizado por la letra HEI, de la que hablaremos más adelante.

El primer Adam a ADAM KADMÓN, ï|îãÀ÷Ç íãÈàÈ {ïåîã÷ íãà = 850 + 605 = 1455}, era rojo, íãÒàÈ {íãà = 605}, ADOM, lo cual al cabo de la leyenda forjada por los siglos hizo de Cristo el Segundo Adam que derramó su sangre para renovar el pacto abrahamánico. El sentido esotérico de

(11)

la sangre es casi tan profundo como ella e igualmente oceánico. La tarea de transportar el oxígeno de los pulmones al corazón izquierdo o arterial, consiste en impulsar el flujo que, partiendo de la aorta, irrigará a todo el organismo. Esto hace que la circulación sea en el hombre doble y completa: del corazón a los pulmones y de éstos a aquél en una mimesis de lo que en la India se conoce por el doble movimiento de expansión y reabsorción universal: PRAJÂPATI, origen del ciclo temporal, encarnación del aspecto formador de Brahma. Para los chinos adeptos del Taoísmo, el corazón rige el aliento. Su peculiar energía o K'I {KHI}, asimilada también a la luz, es intrínsecamente espíritu. Curiosa ecuación la que registra el corazón, LEB, áìÅ {áì = 32}, ya que por aliteración da aliento,

suspiro, ìáÆäÆ {ìáä = 37}, HÉBEL; como si desde siempre los maestros de la Kábala hubiesen sabido de la analogía existente entre los sistemas respiratorio y circulatorio.

La ALEF, primer sendero, inefable trazo termonuclear en torno a las lejanas nubes de hidrógeno, halla su doble estructural en nuestro oído. El oído –en la tradición cátara Jesucristo viene al mundo por la oreja de María–, el oído, ïÆæàÒ {ïæà = 708}, ÓZEN, es, por supuesto, el epicentro de la tradición oral hebrea, de esa TORÁ-SHE-BE-AL-PÉ, que desde los días de Moisés ha sido celosamente guardada por el pueblo de Israel. De ahí que el texto escrito no tenga un valor en sí mismo y el arte de leer sea comparable al de transformar la hoja de papel en hoja del Arbol de la Vida, para lo cual, el maestro, receptáculo del diálogo, es el encargado de reciclar el mensaje, oxigenar las palabras, transformar el pan en sueño y remitir los seres y las cosas a su origen.

Si, tal como consigna el PIRKÉ ABOT o Sabiduría de los Padres (siglos II y III EC), Moisés es el primer iniciado de la cadena, la palabra entonces que figura en el comienzo del capítulo 15 del Exodo, æàÈ {æà = 7}, AZ, nos indicaría la inseminación(por la ZAIN, æ = 6) del Infinito o à {= 1} en la memoria de los hijos de Jacob. La letra que falta para reconstruir la palabra oído, ïÆæàÒ {ïæà = 708}, es la NUN, ð {= 50 / ï = 700}, que simboliza al hijo que la recibe. Ezra de Gerona (siglo XIII), discípulo de Isaac el Ciego, insinúa, en su comentario al Cantar de los Cantares, que el oro representa la Ley escrita y la plata la Ley oral, siendo la segunda reflejo de la primera a la vez que vía lunar y secreta. La luna, äÈðáÈìÀ {äðáì = 87}, LEBANÁ, contiene el color blanco, ïáÈìÇ {ïáì = 732}, LABÁN, que es hijo, ïáÅ {ïá = 702}, BEN, del corazón, áìÅ {áì = 32}. Su abanico de días y de meses, que aún hoy rige el calendario hebraico, es ese Espejo Luminoso que, según dice el Zohar, se puede mirar de frente cuando, a través de una acción correcta, “una chispa de luz superior viene abajo (desciende) y se une con el hombre que la ha suscitado”.

El Hijo del Hombre, vástago del sol en tanto verbo mirífico, se manifestará lunarmente, de ahí que entre la muerte y la resurrección medien tres días con sus noches. En el momento de la transfiguración (Mateo 17) –al que nos dedicaremos especialmente en el noveno sendero– “resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz”. El Evangelio hebreo nos aclara el tipo de blancura: aclararse es traducido por HILBINU, {ðévÄ ìÀä {åðéáìä = 103}, en donde hallamos tanto a la luna como al corazón. La sangre del hombre sube tan intensamente a sus fuentes, tan hermosamente baña el cerebro, que termina por convertirse en luz. “Este es mi hijo bien amado –continúa Mateo– con quien tengo complacencia. A él oíd.” Referencia a la transmisión oral y pervivencia de la voz sin principio ni fin, la voz de la Eternidad, à, percibida por el tiempo humano, el ritmo celeste coreado por el corazón y, nuevamente, el descanso hacia el nivel cotidiano, espacio en el que el maestro debe probar su clarividencia sanguínea. Las vestiduras cárdenas o rojas, luego de haber sido confrontadas con la luz, tornan a envolver el maravilloso vehículo de la imagen y semejanza: el cuerpo.

Es probable que no exista idea más exacta del misterio de la semejanza, que el encerrado en la palabra hebrea que la nombra, äîÆyÒ {äîã = 49}, DOMÉH, en la que reaparece otra vez la sangre, íyÇ {íã = 604}, DAM, sustancia milagrosa que al ofrecerse como don nos introduce en el

(12)

( ) 13: Dijo M oisés a Dios: –Si voy a los hijos de Israel y les digo: “Jehová, el Dios de vuestros padres, me4 ha enviado a vosotros”, me preguntarán: “¿Cuál es su nombre?”. Entonces ¿qué les responderé?

14: Respondió Dios a M oisés: –“Yo soy el que soy”. Y añadió: –Así dirás a los hijos de Israel: “ ‘Yo soy’ me envió a vosotros”.

15: Además, Dios dijo a M oisés: –Así dirás a los hijos de Israel: “Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros”. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. {RVL}

eco, ãäÅ {ãä = 9}, HED, de la gran cadena trófica que une todo lo viviente. El mismo concepto de

comida, ìëÆàÒ {ìëà = 51}, ÓJEL, que permea {interpenetra?} toda la historia de la alimentación y acaba como imagen sublime en la Ultima Cena, conlleva la idea de participación mística en la totalidad del Universo: por eso hallamos la ALEF, à, dibujo del Infinito, junto a la palabra COL, ìƒ {ìë = 50} que indica todo a la vez que cada. ¡Cada individuo es, pues, el todo, y su corazón, el altar donde la luz ilumina los glóbulos rojos llevando luego a las columnas templarias de los huesos la chispa que despierta a los hematíes! El mundo y tú, parece decir la sangre, son la misma entidad. La imaginación, ï|éîyÄ {ïåéîã = 760}, DIMIÓN, es la prolongación de la circulación sanguínea que, como una cinta de Moëbius {Möbius}, ni empieza ni termina más allá, sino que apunta desde siempre a un ti, ‰‹Å {êì = 530}, LEJÁ, que, situado en el centro del campo de observación, descubre la irrealidad de su yo.

Lo que ya habíamos descubierto para el vocablo “sendero” reaparece ahora en la reversibilidad del tú, que contiene el todo. El hombre, microcosmos, está unido al macrocosmos por el sacrificio, es decir, por lo que revela la sangre y dilata la imaginación. Casi hay aquí una prefiguración de la teoría holística: es posible que cada individuo constituya el modelo de todo el Universo. La parábola que cuenta el Zohar en relación a la ALEF, primera de las tres letras madres, nos lleva de la comprensión de la humildad y el ocultamiento como fuente de grandeza, a lo que Menájem ben Saruq, fundador en el siglo X de la Escuela Hebrea de Córdoba, denomina el sonido más profundo, por cuanto es el inicio de toda articulación o pronunciación. Lo más hondo es al mismo tiempo lo más secreto. Tal vez por ello cuando Moisés recibe la respuesta a su pregunta (Éxodo 3.14 ( )), acerca de cuál es el Nombre del Creador, El Que Es emplea tres palabras iniciadas4

por la letra ALEF, à. Antes de que la onda, ä, se comportara como partícula, é, la à ya oscilaba a velocidad ultrasónica en las profundidades de la bóveda celeste. Al transformarse en sonido y entrar por el oído al cerebro, al inscribir su íntima vibración en las neuronas, ¿no grabó en él, en el circuito impreso por las circunvoluciones, ese ritmo alfa que los neurólogos registran como la pulsación sincrónica de una gran masa de células nerviosas actuando al unísono? El lenguaje nos tiende trampas que sólo el lenguaje puede abrir.

Resulta conmovedor leer que Dios agrega, líneas más adelante, “así dirás a los hijos (LIBNEI, éÅðáÄìÅ {éðáì = 92}) de Israel: “El Que Es me envía” (Exodo 3.15). ¿Acaso sólo los hijos del

corazón, LEB, áìÅ {áì = 32}, entienden el mensaje contenido en el Nombre? La correspondencia de este pasaje con la parábola del sembrador que aparece en el Evangelio (Mateo 13.19), establece un atajo entre los senderos que pisamos: “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en su corazón.” Independientemente de la connotación moral del citado fragmento hay que percibir en él la ZAIN de la simiente, æ. El campo citado por Simeón Ben Jochai. Puesto que el que siembra es “el que siembra la palabra”, la cosecha no puede ser otra que el sentido, un sentido nuevo para su vida.

La transmutación del conocimiento en vida, del verbo en acto, requiere que retornemos a la idea de “reconstruir un huerto” en el centro del Paraíso y que veamos en los cuatro ríos que surgen de él la interpretación más recóndita de las cuatro cavidades, las dos aurículas y los dos

(13)

ventrículos del corazón. En realidad hay una sola corriente dividida en cuatro brazos que hacia afuera reconocen una geografía, y hacia adentro sitúan al geógrafo en el eje de su visión. Que la Creación es un producto del amor y que donde hay amor hay frutos del espíritu, nos lo indicará la entrada al segundo sendero.

(14)

Ka

III

(Ç Índice Ê)

La letra BET á 2

{“Casa”}

Inefable, la à engendra la á. La corriente protoplástica necesita una membrana, un apoyo relativamente rígido que, en la naturaleza, sujeta los tejidos vegetales y animales. Entre ambas letras se nombra al alfabeto-padre, áà {= 3}, AB. Un viejo texto egipcio anota:

“Mi corazón pertenece al señor de Hermópolis (el dios Toth {Thoth}, el Hermes Trismegisto conocido por los griegos), a aquel cuyas palabras son obedecidas por sus miembros y cuya alma está tranquila en su pecho. El me protege contra los dioses y me deja eternamente el corazón.”

La relación de la Kábala con la tradición hermética se remonta en parte a Moisés, y en parte a la demografía alejandrina de los primeros siglos de la era común. Hasta qué punto los iniciados hebreos sabían que en el pensamiento egipcio tres conceptos básicos se reparten la fisiología mística del hombre, y que, de esos tres, BA era la “inteligencia” y AB el “sentimiento”, la primera idea función de la segunda, es difícil dilucidarlo. Pero la partícula KA, vehículo sutil del alma, doble etérico, y el determinativo l, representado misteriosamente por un león, que –recordemos– se decía en hebreo LABIÁ, àéáÄìÈ {àéáì = 43}, y conducía directamente al corazón, reconstruye en el breve fulgurar de un reordenamiento semántico la voz KABALÁ, äÈìÈáÇ÷ {äìá÷ = 137}, “recibo”, “herencia” mediante la cual el hombre puede seguir los caminos dobles de su alma, percibir su prístina inteligencia y a la vez sentirla.

De manera que el AB, áà {= 3}, que en hebreo es padre, y para los egipcios era el centro de la conciencia, se sitúa entre KA {ver imagen}, imagen que evocaba una “cesta” o un “recipiente” y aparece como determinativo de “vagina”, y el fonema l que, siendo liquido en fonética, también parece serlo en simbólica. La matriz de nuestra madre nos transporta del mundo de lo invisible al universo de lo visible, por lo que para retornar a lo primero,

al origen, es necesario volver a nacer. La palabra BA es en hebreo derivado del verbo BO, à|v {àåá = 9}, “venir”, aunque también “entrar”. Alusiones paradójicas pero exactas: para salir hay que volver a entrar, y así como algún día estuvimos en el Paraíso, natural es que constantemente queramos retornar a él. La membrana, el límite, no puede evitar un mínimo de porosidad, y por sus estomas o poros fluye la inagotable energía de la ALEF, generando el anhelo por lo ilimitado, por el fuego primero.

Al igual que para Heráclito y los estoicos, el fuego enciende y apaga el universo también para la Kábala. La misma palabra “tradición” recibe, por decirlo de algún modo, la impronta ígnea del cosmos. LEHABÁ, äáÈäÈìÅ {äáäì = 42}, la llama que arde en el corazón de la comunidad, el KAHAL, ìäÈ÷Ç {ìä÷ = 135}, lo hace partícipe de ese misterio transmitiéndolo generación tras generación por la doble vía de lo genético y lo cultural. Desde antaño se ha asimilado la función del corazón al SANCTA SANCTÓRUM del Templo de Jerusalem. Por lo mismo, fue natural situar –desaparecido el santuario– el famoso DEBIR, del que hablaremos más adelante, a la altura del plexo solar. Que el amor es mimesis del fuego, hipérbole de sus danzas, modelo de sus encuentros y consumaciones, podemos detectarlo en la palabra hebrea que lo nombra: AHABÁ, äáÈäÂàÇ {amor,

(15)

( ) Sutra: sermón, sentencia, discurso. Aforismos sobre la verdad.5 ( ) 6: Después el ángel de Jehová amonestó a Josué diciéndole:6

7: “Así dice Jehová de los ejércitos: Si andas por mis caminos y si guardas mi ordenanza, entonces tú gobernarás mi Casa y guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré lugar.

8: Escucha pues, ahora, Josué, sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, pues sois como una señal profética: Yo traigo a mi siervo, el Renuevo.

9: Mirad la piedra que puse delante de Josué: es única y tiene siete ojos. Yo mismo grabaré su inscripción, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré en un solo día el pecado de la tierra.

10: En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera» {RVL}

äáäà = 13}. Entre la corriente inconmensurable de la à y el vaso temporal de la á, respira así la letra HEI {Hé}, ä, signo del espíritu, oxígeno de la lengua. ¿No se dice que amar, áäàÅìÅ { áäàì = 38; quizás “el” ì “amar” áäà} LEEHOB, es retornar de la dualidad al uno indiviso, de los colores al prisma transparente, y que su dulce levitación, transformada o no en gravedad más tarde, recuerda la invisible eclíptica de los soles distantes? Entonces, cuando el Zohar nos explique por qué la Torá {Thora} comienza por una BET, á, oiremos nuevamente la BRAJÁ, äëÈøÈáÀ {äëøá = 227}, la

bendición que celebra el amor, y el amor que anuda lo viviente.

El mundo ha “venido” a ser por causa del amor, pero ese mismo amor, dual en lo manifestado, que asume la carne, ø”È vÈ {øùá = 502}, BASAR, para ser percibido, debe y tiene que alcanzar el estado evangélico, enunciativo, la “buena nueva” de la BESORÁ, äøÈå”áÀ {äøåùá = 513}, tras lo cual la trama celular y atómica que nos teje brevemente, abre sus suturas, lee sus sutras ( )5

interiores y percibe el luminoso vacío preexistente. Cuando soñamos con un espejo, solía decir el sabio Artemidoro, se trata de una mujer para el hombre y de un hombre para la mujer. Del mismo modo, verdaderamente despiertos, podemos adivinar la superficie pulida que subyace en todos los principios, comenzando por el BERESHIT bíblico. En efecto, abierta la primera palabra del Génesis, úé–Ä àøÅv {úéùàøá = 913}, en el comienzo, está el REÍ, éàøÅ {éàø = 211}, espejo enmarcado en el espacio sagrado del sábado, úáÈ–Ç {úáù = 502}, SHABAT. Único día de la semana que carece de número explicito. Imagen cíclica de lo eterno, el sábado, momento septenario que recuerda que el hombre –según la Biblia– es “imagen y semejanza del Creador”, alude también a las semillas, a lo infinitesimal como modelo de lo Infinito. Celebrar el sábado es así celebrar la semejanza, fomentar la circulación de las imágenes primordiales por los hondos circuitos de la mente. A su vez, las imágenes trazan senderos, alzan vuelo y desprenden al hombre de su envoltura cúbica y terrenal. En el mágico jardín del corazón siempre es primavera, áéáÄàÈ {áéáà = 15}, ABIB, voz que también tiene connotación de verde. Tan arquetípica es esta metáfora, que hasta Berceo en la Edad Media, cuando homologue María al prado florido, responderá a la milenaria tradición reflejada en el Cantar de los Cantares. María, la virgen Madre Tierra, da al hombre la oportunidad de ser un

renuevo (Zacarías 3.8 ( )) si a su vez éste da al planeta en el que vive la oportunidad de devenir un6

jardín. Para ello es preciso que recuperemos el estado de criaturas frente a la Creación; debemos dejar de hacer para dejar al Ser lo que le corresponde. El proceso mental, su dispar zumbido, necesita alcanzar la contemplación esencial, ú{ðÀð|vúäÄ {úåððåáúä = 919}, HITBONENUT, a través de la BET {á} y de la NUN {ð}, es decir, del “hijo”, BEN, ïáÅ {ïá = 702}. Existe una expresión sufí que alude a ese fenómeno por el que el discípulo se transforma en un IBN AL-WAQT, “hijo del instante”. Pero alcanzar ese estado, pronto se constata, es recuperar nuestra verdadera naturaleza, ya que la contemplación conduce a la BINÁ o entendimiento, äÈðévÄ {äðéá = 67}, de que el hombre, el ser humano, se halla constantemente entre, ïéáÅ {ïéá = 712}, BEIN, los infinitos pascalianos. Es el medio sobre el cual se medita, el orgánico mandala hacia el que confluyen las estrellas y del que

(16)

( ) 12:1 Jehová había dicho a Abram: “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que7 te mostraré.

2: Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición.

3: Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. {RVL} hm;d;a}h; tjoP]v]mi lKo òb] Wkr]b]nIwÒ raoa; òl]L,q'm]W òyk,r]b;m] hk;r}b;a}w"

( ) 4.1: Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor8 de todo,

2: sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo señalado por el padre.

3: Así también nosotros, cuando éramos niños estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.

4: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, 5para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos.

6: Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre!». 7: Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. {RVL}

parten las palabras.

En el hebreo coloquial, la función de la BET es preposicional y puede adaptarse al sentido de en, para, con, por, a, frente, ante, dando así la nota complementaria al concepto de dualidad que suponía esta letra. El famoso pasaje del Génesis (12.3 ( )) en el que se estipula que por Abram serán7

“benditas todas las familias de la tierra”, tiene una faceta esotérica muy cara a los maestros de la Kábala: el por ti, o por tu intermedio, traducción de BEJÁ, ‰áÅ {êá= 502}, alude al número 22 {ê es final de ë = 20 + á = 2}, es decir, a las letras del alfabeto sagrado. Como supuesto autor del SÉFER YETZIRÁ {Sepher Yetzirah} o Libro de la Formación, Abram –aun antes de la circuncisión– porta entre sus letras la huella del padre y también de la madre: ABRAM, íøÈáÀàÇ {íøáà = 803}, y es sin duda ése el motivo de la atribución a la autoría del libro. En tanto héroe mítico, habitante temprano de OR KASDIM, ciudad cuyo nombre secreto es Luz de los Magos o Sabios, convertido más tarde en maestro e iniciador de reyes y sacerdotes, Abram entrará por el pacto al conocimiento del vacío arquetípico. Existe un Midrash o comentario sobre la relación kabalística {cabalística} que se da entre el nombre de Abraham –ya circuncidado– y la palabra BE-HIBARAM, traducible por “cuando fueron creados”, en “los orígenes”, el cielo y la tierra. Allegro, en su sorprendente libro sobre los cultos de fertilidad en el Oriente Medio, de la oscura Acadia a la ajardinada Babilonia, anota que el acádico ABARAQQU, que significa “protector de la matriz”, derivó en ABRAHAM, íäÈøÇáÀàÇ {íäøáà = 808}. El misterio de los nombres y su destino es, hasta cierto punto, inescrutable, pero cuando se nos dice por boca de San Pablo (Gálatas 4.6 ( )): “Dios8

envió a vuestros corazones (BELI-BABJEM en hebreo, es decir, al núcleo central del ser, LEB, áìÅ {áì = 32}) el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”, aseverando que todos los hombres –judíos o griegos– son herederos de la Alianza, esto es, del mismísimo espíritu de la HE, ä, entonces la resonancia en nuestro propio corazón de esa verdad metahistórica alcanza la dimensión de la certeza. Abraham, que posee a la madre, EM, íàÅ {íà = 601}, y al padre, AB, áàÈ {áà = 3}, tiene también en su críptico nombre el verdor de la tierra y el azul del cielo.

Testigo de la Alianza, el patriarca es, además, portador del ALEF-BETH, áà, el alfabeto sagrado cuyo conocimiento recuperará luego Moisés en la Alta Montaña RAM, íøÈ {íø = 800}, HAR, øäÇ {øä = 205}, de Sinaí, y que más tarde, en alguno de los círculos cabalísticos de Pumbedita o Alejandría, Elefantina o Bagdad, reaparecerá en la leyenda que lo toma por el sabio autor del

Libro de la Formación. Si todas las familias de la tierra le deben su bendición como “padre (que

fue) de muchos pueblos”, el retorno a su seno, real o simbólico, no puede ser sino buscar amparo en la matriz, retomar una y otra vez los orígenes de lo creado. En tal sentido la BETH es una base a partir de la cual, en tanto casa, úéáÇ {úéá = 412}, el buscador puede medir su destino. En la bíblica

(17)

( ) 5: ...Llegaron a Canaán,9

6: y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, donde está la encina de M ore. El cananeo vivía entonces en la tierra.

7: Y se apareció Jehová a Abram, y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra”. Y edificó allí un altar a Jehová, quien se le había aparecido.

8: De allí pasó a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda entre Bet-el al occidente y Hai al oriente; edificó en ese lugar un altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. {RVL}

( ) 16: Por tanto, di: “Así ha dicho Jehová, el Señor: Aunque los he arrojado lejos entre las naciones y los he10 esparcido por las tierras, con todo les seré por un pequeño santuario en las tierras adonde lleguen”.

17: Di, por tanto: “Así ha dicho Jehová, el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos y os daré la tierra de Israel.

18: Volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones.

19: Y les daré otro corazón y pondré en ellos un nuevo espíritu; quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne y les daré un corazón de carne,

20: para que anden en mis ordenanzas y guarden mis decretos y los cumplan, y sean mi pueblo y yo sea su Dios. {RVL} Bet-el {Beth-el}, la Casa de Dios, Abram (antes del corte simbólico) erigió un altar al Creador (Génesis 12.8 ( )). Altar que necesitaba “piedras enteras”, porque la piedra, que siglos después9

servirá a Jesús para fundar en Pedro la Casa-Iglesia en la que morará su enseñanza, indica en su mismo nombre, EBEN, ïáÆàÆ {ïáà = 703}, la indisoluble unión del padre, áà {= 3}, AB, con el hijo, ïáÅ {ïá = 702}, BEN. También la Ley parece haber sido grabada en piedra, ya que entre sus redes cristalinas brota, como vimos, aquel 32 fundamental. El halo sagrado de la piedra simbólica, ese aura que la convierte en graciosa a los ojos del escriba que nos relata los anales bíblicos, pervive aún en las catedrales, libros sólidos que historian la pasión de la carne y el verbo.

El profeta será entonces el que dé sentido a la piedra, el que la haga reverdecer. Obsérvese que el NABÍ, àéáÄÈð {àéáð = 63}, forma aliterada de ÉBEN o piedra, es profeta o vidente del lazo que une lo infinito, à, con lo finito, á, o bien al padre, AB, áà {= 3}, con el hijo, BEN, ïáÅ {ïá = 702}, en torno a la YOD, é. En el antiguo mundo egipcio, el determinativo genérico de todos los nombres de plantas, hierbas y flores –afirma Champollions– es ABE, que significa papiro, junco. Líquenes y musgos constituyen los primeros seres vegetales surgidos de la porosidad calcárea o granítica de la tierra; inversamente, lo petrificado, éÄðáÀàÇ {éðáà = 63}, ABNÍ, necesita de la labor del maestro o iniciado para volver a la vida, al movimiento, a la danza. Por ese motivo leemos en Ezequiel 11.19 ( ): “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos, y quitaré el corazón de10

piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne.” El llamado a la sensibilidad no podía ser más claro, la mutación o extracción de la piedra, en muchos casos rígida y ciega, supone la implantación en su lugar de un latido ultraterreno, eco de los cielos, murmullo cósmico que habitará en el altar humano, del nacimiento a la muerte lúcida. El maestro tiene la misión de dilatar la piedra hasta que se hagan visibles sus redes secretas, o bien humedecerla con su saliva para que del vacío emerja otra vez la vida.

Situado muy cerca del proceso creador, del verbo BARÁ, àøÈáÈ {Crear: àøá = 203}, el profeta se convierte primero en un BAR, øáÇ {øá = 202}, hijo o grano de cereal de la ALEF, à. Extrae de lo superior su fuerza espiritual para, luego, labrado y sembrado el campo, dejar nacer de él la salud, ú{éøáÀ {úåéøá = 618}, BRIUT, de su comunidad. Y puesto que no solamente de pan vivimos, es preciso ingerir las palabras y cantos de quienes frotan y articulan en palabras el vasto tesoro de la luz para que el eterno devenir de la especie incremente día a día su conciencia. Cada nuevo sendero, cada camino o ruta abierta entre el dolor y la alegría, nos acerca más y más a nuestro propio centro.

(18)

( ) 18: Después dijo Jehová Dios: “No es bueno que el hombre esté solo: le haré ayuda idónea para él”.11 19: Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viera cómo las había de llamar; y el nombre que Adán dio a los seres vivientes, ese es su nombre.

20: Y puso Adán nombre a toda bestia, a toda ave de los cielos y a todo ganado del campo; pero no se halló ayuda idónea para él.

21: Entonces Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras este dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar.

22: De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. {RVL}

IV

(Ç Índice Ê)

La letra GUÍMEL â 3

{“Camello”}

Un conocido pasaje de Mateo (13.31) circunscribe el Reino de los Cielos al grano o la simiente: “El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo.” La palabra campo, SADEH, äãÆ” {äãù = 309}, contiene el eco, ãäÅ {ãä = 9}, HED, de lo que “vela en el interior del corazón”. La voz SHAD, ã–È {ãù = 304}, pecho, conduce parabólicamente al césped, à–Æ yÆ {àùã = 305}, DÉSHE, cuyo verdor revela el poder del infinito emanado de la ALEF, à. Por ello, pues, el campo aludido es el campo magnético interior, y la cosecha, o sea el fruto de la labor espiritual, la comprensión de nuestra naturaleza celeste. Si recurrimos a la que debe de haber sido la versión original de la parábola, nos maravilla descubrir que Jesús emplea GARGAR, øxPøÀâÇ {øâøâ = 406}, para grano. La doble GUÍMEL {GHIMEL}, x {â = 3}, y la doble REISH, øÌ {ø = 200}, duplican el vocablo habitar, øâÇ {øâ = 203}, GAR. El ser humano habita en el cielo en la misma medida en que el cielo habita en él. De ahí que a mayor eco, más honda la voz, más polifónico el abismo de las sucesivas semillas uránicas que encierran, una detrás de otra, como el ciclo respiratorio, la aparición y desaparición del Universo. Pero la parábola continúa, y al final de la germinación al hombre le ha nacido el árbol en el que se posan los pájaros angélicos.

Nuevamente el conocimiento busca la vida, la metáfora una raíz desde cuya sombra tender hacia el sol. La BET, morada, casa, necesitaba un sonido, una música para su contorno: las cuerdas vocales, ubicadas bajo la epiglotis, constituyen el habitáculo de ese sonido revelador que con el tiempo, de lo gutural a lo melódico, irá estructurando la idea que el hombre tiene de sí mismo. La garganta es el puente entre el silencio y el sonido, el presentimiento y el sentimiento. Poco a poco, en la contracción de las edades, un silabario hecho de jadeos y breves interjecciones dotará a la especie de un código de reconocimiento por medio del cual se extenderá la red de su poder sobre el paisaje circundante. Ciertamente, el hombre es hijo del lenguaje o por lo menos tiene la mitad de la responsabilidad (Génesis 2.20 ( )) nominal y taxonómica, quedando la primera mitad a cargo del11

Creador. Con la aparición de la mujer, se agregan sentidos a los nombres, ayuda y solución. Comenzamos a hablar antes de saber que lo que empleamos son palabras. La lengua parece articular la conciencia del mismo modo que el esqueleto sostiene el cuerpo, por dentro. Su misterio radica esencialmente en que, por más que busquemos sus limites y medidas, su ENERGEIA –que decía Humboldt– genera metáforas de desplazamiento, tropos inesperados, silogismos, y en tales movimientos el sentido crece a medida que se amplía nuestra comprensión, de manera que tienen

(19)

( ) 20: Del fruto de la boca del hombre se llena su vientre; se sacia del producto de sus labios.12 21: La muerte y la vida están en poder de la lengua; el que la ama, comerá de sus frutos. {RVL}

( ) monospermo, ma: (Botánica) Se aplica al fruto que solo contiene una semilla. {LK}13 ( ) Proceloso, sa [adj.] poético Borrascoso, tormentoso, tempestuoso. {LK}14

razón los cabalistas al situar, más allá de la topografía de la cabeza, el AIN SOF, e1 Infinito, inasible, pre y posexistente. Se trata de algo cerrado y abierto a la vez: un organismo para los vivos y un sistema para los muertos. El famoso Proverbio (18.21 ( )) que sostiene que “vida y muerte12

dependen de la lengua” y de su empleo, utiliza la voz LASHÓN, ï|–À ìÈ {ïåùì = 1036}, lengua, en la cual distinguimos SHELÓ, o sea, de él, |ìÇ–Æ {åìù = 336}, y la NUN, ï, que significa percepción. Lo que indica que el hombre se percibe a si mismo a través de la lengua, cuya raíz fisiológica está en la garganta.

Durante siglos –al menos del XI al XIV– los cabalistas aludían a sí mismos como los ANSHEI GUINAT-HA-ÉGOZ, “los compañeros del Jardín de la Nuez”. Ese fruto monospermo ( ),13

indehiscente –que no se abre por sí mismo–, similar a un aquenio, pero producido por más de un carpelo, posee unas paredes duras, leñosas, que ocultan y protegen su interior –¡tan semejante a un cerebro humano, por lo demás!–, posee dos hemisferios que replican el clásico sistema de estudio por parejas. Efectivamente, el vocablo ÉGOZ, æ|âàÁ { nuez æåâà = 17}, contiene a la pareja ZUG, â{æ {âåæ = 16}, cuyo trabajo es descubrir y detectar la luz de la ALEF, à. Por otra parte, ¿no suele decirse, coloquialmente, la “nuez de Adam”, de la prominencia que forma el cartílago tiroides en la parte interior del cuello del hombre? La glándula tiroides, cuya hormona se llama tiroxina y contiene gran cantidad de yodo, tiene por función regular el crecimiento, es decir, el desarrollo integral del hombre, de ahí que el proverbio citado tenga su razón de ser en un plano espiritual. Las propiedades antisépticas del yodo, su virtud terapéutica, se aclara cuando entramos en lo que va a revelarnos la ola, ìâÇ {ìâ = 33}, GAL. Sabido es que las deficiencias tiroideas suelen curarse en el mar, a cuyo nivel el aire contiene grandes cantidades de ese elemento simple.

Parece ser que éste guarda lo oculto, æ{ðÇâ {æåðâ = 66}, GANUZ, aquello que únicamente puede comenzar a revelarse cuando la pareja, el par, â{æ {âåæ = 16}, ZUG, es puesto en movimiento por el oleaje que desata la letra GHIMEL, â. Letra que, según el libro YETZIRAH, es doble. Cuando el Maestro de Nazareth {Nazaret} utiliza el símil del grano se está refiriendo por homofonía a la parte más íntima, al núcleo del sonido mágico, generador, que habita en la garganta, ïéòÄøÀÇx {ïéòøâ = 983}, GARÓN. Pero aunque el centro de ese grano, ïéòÄøÀxÇ {ïéòøâ = 983}, GARÍN, lleve la impronta del “ojo”, ò, los hombres no perciben nada porque “tienen ojos y no ven, oídos y no escuchan” (Marcos 8.18): motivo por el cual no comprenden la grandeza de lo pequeño ni el desarrollo de la vida creadora, así como tampoco perciben que la redención o liberación, äìÈ{à x {äìåàâ = 45}, GUEULÁ, consiste en subirse a la ola, ìâÇ {ìâ = 33}, ascender por encima del mar y buscar por transparencia el tesoro, äìÈ{âñÄ {äìåâñ = 104 o äìâñ = 98}, SGULÁ, que no es otro que el brillo y la luminiscencia

violeta, ìâÒñÅ {ìâñ = 93}, SEGOL, producida por el mismísimo yodo volatilizado por la energía solar. Unir, en una palabra, las aguas inferiores a las superiores, fuego y agua, cielo y océano primordial. Más de una vez los discípulos de Jesús son llamados “galileos”, epíteto que además de situarlos en el espacio los remite al tiempo de la revelación o el descubrimiento. Embarcados en las procelosas ( ) aguas de su época, habían visto a su rabí caminar sobre las olas, y tal vez por ello les14

es dado descubrir, ú|ìâÈìÅ {úåìâì = 469}, LEGALOT, la alegría, ìéâÄ {ìéâ = 43}, implícita en ese acto milagroso. La GUIL {alegría}, que también significa edad, deshace la secuencia temporal, arrebata la cronología mediante la interiorización del cosmos. Aparentemente, el mundo no ha cambiado

(20)

( ) 19: Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas que los hijos de Israel presenten a Jehová, las he dado15 para ti, tus hijos y tus hijas por estatuto perpetuo. Un pacto de sal perpetuo es este delante de Jehová para ti y tu descendencia”.

Nota: 18.19 “Pacto de sal”: (cf. 2 Cr 13.5). Esta expresión probablemente alude a la solemnización de un pacto por medio de la participación de las personas contratantes en una comida con sal. El empleo de la sal para solemnizar un pacto sugería simbólicamente las ideas de permanencia y estabilidad, ya que ella preserva los alimentos de la corrupción. Véase Lv 2.13 n. {RVL}

después de esa experiencia. La arena de la costa es tan numerosa y leonada como siempre, los árboles oscilan inclinados por la brisa, las tardes agonizan y las estrellas bordan sus caminos en el cielo; pero, súbitamente, todo es nuevo, un extraño y sutil movimiento anima a las cosas: la ola que está afuera también está adentro. Los ejes siderales laten en los granos de mostaza y la novedad consiste en que se han abierto los ojos y destapado los oídos. Los ritmos se responden: la válvula aspirante-impelente que es el corazón bate, entre el tórax y la espalda, el futuro y el pasado. La maravilla de la sal marina es “pacto perpetuo” (Números 18.19 ( )), renovado al hacerse presente15

por obra de quienes son “la sal de la tierra” (Mateo 5.13).

Y el corazón, a su vez, se revela entonces como la mediación-entre-todos-los-seres, BEIN, ïéáÅ {entre, ïéá = 712}, tarea que el BEN ADAM o Hijo del Hombre debe realizar tratando de ligar o unificar sus diferentes partes, y, después, transportando del oculto órgano sagrado al mundo de lo manifestado la frescura de una época más luminosa.

En la primera página del PIRKÉ ABOT o Sabiduría de los Padres se recomienda a los discípulos construir un vallado, SIAG, âÈéñ {âéñ = 73}, en torno a la Torah, del mismo modo que es necesario, mediante el rigor de la era o la geometría del surco, enfocar el trabajo humano sobre los límites y la periferia del huerto o GAN, ïxÈ {ïâ = 703}. El detalle es importante puesto que notifica sobre la “prevención” o el “cuidado” que es necesario tener con el deletreo o la combinación de los versículos para que el hallazgo final sea comestible y el justo se aproxime al árbol fértil. Quien desconozca el principio que subyace en la YOTA o YOD, é, y no lo tenga en cuenta, se convierte en un ser grosero, GAS, ñâÈ {ñâ= 63}; y en lugar de tapiar o cercar el terreno puede cerrarse a sí mismo, privándose de elasticidad de entendimiento o bien del tutor que toda planta necesita para ascender, especialmente cuando está en sus comienzos. Si el tutor o el báculo de apoyo está mal hecho, uno nunca aprende a caminar solo.

Paralelamente, es sabido que el jardín o huerto existe pero está oculto, o sea GANUZ, æ{ðâÈ {æåðâ = 66}. Dónde está escondido el GAN, ïxÈ {jardín o huerto, ïâ = 703}, la pista nos la evidencian las letras VAV {VAU}, å {= 6}, y ZAIN, æ {= 7}. Seis y siete, respectivamente, de acuerdo con el orden alfabético. Si el sexto día alude al hombre y el séptimo al Creador, entre ambos se halla pues la clave paradisíaca de la que hablaremos más adelante. Baste, por el momento, recordar a los “amigos del Huerto del Nogal”, a los degustadores del fruto del árbol que alude al cerebro o inteligencia. Estos tenían en común el deseo de romper las cáscaras, abrir las palabras, quebrar verbos y artículos en pos de su verdadera pulpa. Para ello, con frecuencia su propio cuerpo o GUF, ó{â {óåâ = 809}, debía romperse, deshacerse de todo aparato convencional, comenzando por la rigidez de la boca, äôÆ {PE, äô = 85}, encarnada en la letra PEH {PHE}, ô, que era terminación y a la vez principio del cuerpo por obra milagrosa del lenguaje. Sólo el desmayo o la evaporación (del vehículo físico), PAG, âÇ {âô = 83 (?) Ver GAF, óxÇ {óâ = 803}, cuerpo}, descubría al hombre desnudo, encarnado por la VAU, å {ya que Cuerpo, substancia: GUF, ó{â {óåâ = 809}}. El pasaje por el cráneo, el ir más allá de la vacía calavera o GULGÓLET, úìÆxÒìÀxË {úìâìâ = 466}, equivale a comprender toda la crucifixión como el sitio de la reencarnación o GUILGUL. Allí donde acaba la forma emerge la nada plena de sentido. Reencarnar supone desencarnar y ésa es la labor de la

(21)

( ) Nimbo: [sust. masc.] En el arte sagrado es el disco o halo que rodea la cabeza de Cristo, la virgen o los16 santos, ángeles, etc. En el uso cristiano se supone que el nimbo representa la radiación sobrenatural que emana de quienes han recibido el don del Espíritu Santo. {LK}

GHIMEL. Sobre el “calvario” se desvanece el yo, vuelve a abrirse la coronilla y la luz nimba ( )16

la juntura de los huesos. Lo que el cuerpo encerraba era lo mismo que abría. El justo puede, en un instante, descubrir la chispa, õâÅ {õâ = 903}, GUETZ, y encerrándola fuertemente en su corazón, proceder a encender con ella a su prójimo.

En el Paraíso o GAN EDEN, ïãÅòÅ ïâÇ {ïãò ïâ = 774 + 703 = 1477}, hay también un sitio para el “almacenaje” de granos. El DUGÁN, ïxÇãË {ïâã = 707}, nace de la TMURÁ o ligazón de las dos

palabras que nombran el sitio beatífico: GAN, ïâÇ {ïÈx {ïâ = 703}}, y EDEN, ïãÅòÅ {placer, delicias, ïãò = 774}, de modo que volvemos a hallar nuevamente el “reino de los cielos” en el mínimo cereal.

La voz AD, ãòÇ {ãò = 74}, simboliza la eternidad. Por ello es preciso regresar del tiempo al no-tiempo, de la parte al todo, de la criatura al Creador o la Creación. En el Paraíso también está GAD, ãxÇ {ãâ = 7}, la felicidad, el bienestar. ¿Lo sabía Nietzsche cuando dijo aquello de que “toda alegría quiere eternidad”? Entre el parpadeo de la ignorancia y el de la sabiduría el ojo, ò {= 70},

percibe, ï {= 700}, toda la amplitud de su vuelo. En tanto el hijo de la luz se deje iluminar por esa

chispa misteriosa y así acceda a la fuente de lo invisible; en tanto la memoria, el continuo caminar sobre las páginas de la naturaleza permita la recogida del grano y su posterior siembra; en tanto lo paulatino se transforme en hábito y podamos dedicar parte de nuestras vidas a disipar la ilusión de lo separado, de lo distinto, habremos adelantado en uno de los muchos senderos: el de lo unido, el de lo idéntico, convirtiendo la expulsión o GERUSH, –{øxÅ {ùåøâ = 509}, en causa de nuestra sensibilidad, pues sólo el ser sensible, RAGUISH, –éâÄøÈ {ùéâø = 513}, habita, GAR, øxÈ {øâ = 203} [Vivir, morar, habitar: GAR, ø{x {øåâ = 209}], en el fundamento o la existencia, –Åé {ùé = 310}, IESH de su propio ser. Sólo quien educa su sensibilidad puede construir un puente, GÉSHER, ø–Æ âÆ {øùâ = 503}, capaz de sostenerse en un punto, é, el de la inalterable YOTA {YOD}

(22)

V

(ÇÍndiceÊ)

La letra DÁLET ã 4

{“Puerta”}

Hay un pasaje, en el Salmo 119, que lleva el subtítulo de la letra DÁLET {DALETH} (25, 26) y que pide: “Vivifícame según tu palabra”. El concepto de palabra, øáÈyÈ {øáã = 206}, DABAR, tiene en hebreo el mismo sentido ontológico que la idea griega del Logos, ëïãïò. Con la letra anterior, GHIMEL, â, se percibía la trascendencia del aparato de fonación, del sonido humano aún no transformado en palabra. La cuarta dimensión que viene a concretar la ã enuncia la palabra, la “mínima unidad de sentido” dentro de la lengua, según especificó Aristóteles. La mayor parte de los profetas comienzan su ministerio advirtiendo que “la palabra del Creador viene” hacia ellos. El vibrante, nítido sonido de las cuerdas vocales, es el que abre la puerta, úìÆãÆ {úìã = 434}, DÉLET, del conocimiento, úòÇyÇ {úòã = 474}, DAAT, y en todos los casos la palabra es la llave. Nótese que superpuestos ambos conceptos se distingue la semejanza de la DAT, úyÇ {úã = 404}, que significa

ley, y la desemejanza del vocablo AL, ìòÇ {ìò = 100}, encima, sobre. La “puerta es estrecha”; pero una vez pasada, una vez articulada o abierta, es la vida la que importa: accediéndose a lo inefable se trasciende el hábito de la ley.

En el hombre, íãÈàÈ {íãà = 605}, ADAM, la palabra-puerta de la DALETH parece separarlo a la vez que unirlo a su madre, íàÅ {íà = 601}, EM. El ED, ãàÅ {ãà = 5}, vapor, exhalación o nube de la que surge el hombre a través de la sangre, íyÇ {íã = 604}, DAM, consiste en esa energía que condensada en el cielo presagia la rotura de las aguas, es decir, el nacimiento de una vestidura o

medida, ãîÈ {ãî = 44}, MAD, para que lo ilimitado de la à pueda existir en el plano fenoménico. Volviendo a los Salmos, verdadero vivero de maravillas, hallamos la constatación de lo anterior. “Mi hijo (BNÍ, Salmos 2.8) eres tú. Yo te engendré (IALDETIJÁ, ‰é˜Ä yÀìÀÈé {êéúãìé = 954}) hoy.” Alusión al presente continuo de la puerta-palabra a nuestra disposición, espacio que sólo puede ser franqueado por un nuevo nacimiento, o bien –como aseguró Jesús– por los niños. El niño, ãìÆÆé {ãìé = 44}, IÉLED, es el que conoce el poder misterioso de la doble YOTA, é, contenida en la frase anterior, exactamente en la voz “engendré”. Pero volver a nacer es entender que así como nuestra madre nos dio la luz, del mismo modo debemos ser capaces de darla, desde nuestra materia, nosotros. Por otra parte, ¿quién sino el niño se comporta frente al lenguaje, una vez que ha cruzado el umbral del mero sonido, como ante una puerta giratoria o un trompo acústico cuyos movimientos, reveces y paronomasias, conducen a la captación inmediata del mundo circundante? Para el adulto el lenguaje es convención o prevención; para el niño, música y misterio, onomatopeya y metáfora luminosa. Prolongación de sí misma, la lengua es mano, ãÈé {ãé = 5}, YAD, y la mano, lengua, cuyo movimiento, encarnado en la LÁMED, ì, le ayuda a celebrar y experimentar la dimensión en la que ha aparecido. Sin embargo, con los años dejará de utilizar tanto la mano, y la lengua ya no lo conducirá al acto con la misma naturalidad de antes, pero por eso mismo, en la búsqueda ulterior de lo sagrado, de lo extático, tendrá que recuperar aquella dimensión que tuvo en sus primeros años. La Kábala emplea varios métodos de lectura. Entre ellos, hay uno muy curioso que consiste en obviar los puntos y comas, las señales de puntuación a la vez que es posible comenzar el texto por donde lo creamos conveniente. Ya que todo es manifestación de una sola célula verbal, y cada parte refleja al Creador con la misma fidelidad, ¿por qué no leer, en lugar de “mi hijo eres tú”, “mi Dios es mi hijo”, ELAI BNÍ ATÁ, ä˜È àV é]ðvÀ éì]àÅ {äúà éðá éìà = 406+62+41 = 509}, siendo que EL,

(23)

( ) 23.15: Hijo mío, si tu corazón es sabio, también a mí se me alegrará el corazón,17

16: y mis entrañas también se alegrarán cuando tus labios hablen con rectitud. {RVL} ( ) Quizás, en el sentido de hospedarse, alojarse.18

( ) Proverbio 24.13: Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, Y el panal es dulce a tu paladar.19

14: Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría; Si la hallares tendrás recompensa, Y al fin tu esperanza no será cortada. {RVL}

( ) Himenóptero, ra: [adj.] (Zoología) Se dice de los insectos con metamorfosis complicadas, como las abejas20 y las avispas, que son masticadores y lamedores a la vez por estar su boca provista de mandíbulas y, además, de una especie de lengüeta; tienen cuatro alas membranosas. El abdomen de las hembras de algunas especies lleva en su extremo un aguijón en el que desemboca el conducto excretor de una glándula venenosa. {LK}

ìàÅ {ìà = 31} constituye uno de sus nombres, y la YOTA {YOD} indica pertenencia de primera persona? Si la verdad es imagen y semejanza, el tránsito de identidad se da entre dos términos, de manera que lo que afecte a uno, modifica sensiblemente al otro. “Hijo mío –anota Proverbios 23.15 ( )–, si tu corazón fuera sabio, también a mí se me alegrará el corazón.” ¿Es que hay dos corazones?17

¿Es que el Creador es antropomórfico? ¿O acaso, desde el punto de vista de la conciencia iluminada, padre e hijo son el mismo ser, pasado y futuro únicamente el envase en el que resplandece ese “nacer hoy”, aquí y ahora? La palabra es divina cuando el hombre la emplea divinamente.

Es un vehículo, no el viaje. De ahí que uno sólo pueda librarse de ellas cuando las emplea como “puertas” hacia la otra dimensión, y únicamente pueda apearse ( ) cuando se aproxime al18

silencio, fin de todo periplo metafísico. Entre tanto, el lenguaje es nuestra segunda naturaleza, nuestro doble. La atribución de los Salmos al Rey David, ãÄåãÈ {ãåã = 14}, portador de la doble ã, cantor, poeta y sabio, se relaciona con ese don de la palabra que hace que algunos espíritus tengan la capacidad de dilatarla, forjarla, soplarla y pulirla hasta que deviene vaso, cántaro, CAD, ãƒÇ {ãë = 24}, para el agua esencial de la vida. “Las palabras de la Ley son como vasos de oro –solía decir Rabí Natán, un maestro de la época talmúdica–: cuanto más se restriegan y pulen, tanto más relucen y reflejan la cara de quien se mira en ellas. Si repites las palabras de la Ley te harán resplandecer el rostro.” A su vez, las palabras arquetípicas por una suerte de juegos de espejos, hacen brillar a las cotidianas, y en ese ir y venir la luz se condensa, espesa y transforma en alimento, símil que un Midrash sobre el Salmo 24.13 {es Proverbios 24:13 ( )} recuerda cuando dice que “la Ley es,19

también, comparable a un tarro lleno de miel”.

Substancia dorada, milagro floral, tesoro de las abejas, la miel o DBASH, –áÈãÀ {ùáã = 306}, posee muchas cualidades, entre las que se cuenta la de curar enfermedades de la vista. Para los antiguos egipcios, la abeja era el símbolo del pueblo obediente. En hebreo se la llama DEBORÁ, äøÈ|áãÆ {äøåáã = 217}, que como puede percibirse participa de la raíz DABAR, øáÈyÈ {øáã = 206},

palabra. Tal vez por esa razón el Salmo aludido advierta: “Come, hijo mío, miel, porque es buena,

y el panal es dulce a tu paladar. Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría.” La relación entre la miel y la sabiduría ya la habían remarcado los hierofantes del Nilo cuando dedicaban a los reyes el glifo de la abeja, signo de iniciación temporal y eterna a la vez. De algún modo nuestras palabras vuelan en busca de polen, así como las abejas danzan en círculos e infinitos su lenguaje. Por lo que, a cada palabra, DABAR, øáÈyÈ {øáã = 206}, le corresponde una gota de miel, DBASH, –áÈãÀ {ùáã = 306}. La permutación entre ambos términos nos da SHAR, øùP {øù = 500}, cántico,

canción; y BAD, ãvÇ {ãá = 6}, que indica parte, porción. El desplazamiento de una especie lingüística a otra himenóptera ( ), la extracción o síntesis de un encuentro poético y el fulgor del20

parentesco no podían sino iluminar sonoramente nuestro paladar. “Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa”, dice Cantares 4.11, refiriéndose al alma transformada por la sabiduría.

(24)

( ) Levítico 2.11: “No le pongan ustedes levadura a ninguna de las ofrendas de cereales que presentan al Señor.21 Es más, ninguna clase de levadura ni de miel deberá ser quemada como ofrenda al Señor.

12: P ueden presentar la levadura y la miel al Señor como ofrendas de primeros frutos, pero no ofrecerlas en el altar como aroma agradable. {LK}

Es que el panal, YAARÁ, äøÈòÇé {äøòé = 285}, del hombre, el que paciente y laboriosamente construyen sus abejas-palabras, lleva entre sus letras la voz ER, øòÅ {øò = 270}, que alude al estar

despierto, es decir, a la percepción de aquello que hará resplandecer su rostro. Se trata de un retorno, á–È {áù = 302}, SHAB, de una vuelta que en la miel, –áÈãÀ {ùáã = 306}, lleva a cabo la DALETH, ã, es decir, la palabra. Quizá por esa razón, el Zohar sostenga que “las palabras no caen en el vacío”, sino que tienen su destino secreto, un vuelo preciso y magnífico cuando el piloto es diestro y el paisaje celeste propicio. En términos tradicionales, a la exploración del texto bíblico se la llama DRASH, –øÈãÀ {ùøã = 504}. Un midrash será el comentario de un maestro sobre tal o cual pasaje o versículo. Si lo explorado es la miel, DBASH, –áÈãÀ {ùáã = 306}, lo que surge de ella, al contacto de nuestra inquisición, –øÈãÀ {DRASH, ùøã = 504}, es el maestro, áøÇ {áø = 202}, RAB, convertido en hijo, øvÇ {øá = 202}, BAR, de sí mismo. Que es como decir que el hombre infanta al Creador, pues, como decía Tagore: “Dios creó al hombre, y para agradecerle, el hombre creó a Dios.”

Las crónicas nos dicen que la parte más importante del Templo de Jerusalem, su alveolo secreto, se denominaba DEBIR, øéáÄyÀ {øéáã = 216}. El santuario, o SANCTA SANCTÓRUM, está de este modo relacionado con la palabra o logos, que existía antes de la construcción templaria y seguirá existiendo después, en el exilio. “Aunque les he arrojado lejos entre las naciones, y les he esparcido por las tierras, con todo eso les seré un pequeño santuario”, escribe Ezequiel 11.16. Ese

les seré, expresado en dos palabras, atribuye al lenguaje la capacidad de albergar y suscitar la misma

devoción que la piedra, puesto que es el verbo quien mejor define al verbo. La división ternaria del templo, en cierto modo símbolo del cuerpo, el alma y el espíritu, respectivamente, consistía en una estructura cuyo modelo era ascensional –tal como veremos en relación a las fiestas de peregrinaje– y reflejo, a su vez, del hombre como microcosmos. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”, recordará 1 Corintios 3.16 sin por ello aludir a la sabiduría y, no obstante, insistiendo en la fe.

El “conocimiento de la sabiduría” o DÉEH JOJMÁ, äîÉÈëÀçÈ äòÁyÇ {äîëç äòã = 73 + 79 = 152}, que menciona el autor del proverbio –¡significativamente enunciado en el capítulo 24, es decir, CAD, ãƒÇ {ãë = 24}, vasija!-, posee el hondo recuerdo, la reminiscencia, el eco, ãäÅ {ãä = 9}, HED, de la eternidad o lo perpetuo, ãòÇ {ãò = 74}, AD. El discípulo mismo es la vasija, el colmenar que con los años y el correcto y hondo uso del lenguaje puede condensar miel. Pero para ello es preciso alcanzar antes la noción de receptáculo de cera, el vacío hexagonal de la celdilla individual y humana en la cual cada vocablo, luego de pasearse por las flores y los episodios del mundo, dejará su miel, cuya cualidad de inalterable, además de sagrada, parece reflejarse en el pasaje de Levítico 2.11, donde se dice: “de ninguna miel se ha de quemar ofrenda” ( ). No se puede tratar el fuego con21

fuego, ni la transfiguración azucarada de la luz con llamas. Como el rocío, la miel participa de lo superior. Es ambrosía solar, un néctar que los iniciados degustaban en las criptas subterráneas de Tebas o Sais y que, aún hoy, los maestros hebreos utilizan para untar ligeramente las páginas de la Biblia en las que los niños hacen sus primeros intentos de lectura.

Referencias

Documento similar