VICTOR BROSSA
COMO REPROGRAMAR TU VIDA
Basado en el Método Syneidesis de creación conscienteAPRENDE A TRANSFORMAR TU REALIDAD
EN LO QUE DESEA TU CORAZÓN
Como reprogramar tu vida Autor: Víctor Brossa
Cubierta creada por
Ilustraciones del libro: Víctor Brossa © del texto, 2016, Víctor Brossa
© de esta edición: Víctor Brossa Primera edición: Junio del 2016
Queda rigurosamente prohibido, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright.
NOTA DEL AUTOR
Este libro es la edición revisada y ampliada del que en su día publiqué con el título EL CAMINO DE LA CREACIÓN CONSCIENTE. Siento que con el nuevo material añadido, esta guía para la reprogramación esencial es mucho más completa y dinámica, ya que ahora contiene información referente a la aplicación práctica del arte ritual, los marcos de protección, los mapas iniciáticos y la gestión emocional ritualizada, siempre desde la pro-puesta holística e integrativa que sugiere el Método Syneidesis de creación consciente que yo mismo he creado. Además, en esta edición he apoyado el libro imágenes fuerza basadas en simboligía y geometría sagrada, con la intención de que al leerlo vayas recibiendo la doble información. Los Q’ eros, último vestigio de la raza inca, dicen que la transmisión del conocimiento se da en un 33,3% a través de la palabra, otro 33,3% a través de la geometría y el tercer 33,3% lo aprendemos a través de la experiencia. Bien, este libro te ofrece las dos primeras. La tercera de-pende únicamente de ti y de tu voluntad a la hora de aplicar en tu vida cotidiana lo que comparto en estas páginas.
Más allá de un listado de instrucciones precisas, deseo que este libro sea una fuente de inspiración para ti, convirtiéndose en una propuesta liberadora que te ayude a recordar que eres lo más importante de tu vida. Un manual que de verdad te impulse a crear y a aprender a gestionar la realidad que mereces vivir. Para ello, solamente necesitas comprender los mecanismos de creación y las dinámicas que intervienen en los procesos en los que vives sumergido. Reconocer que lo que piensas, sientes y deseas se convierte en la realidad que respiras cada día y sobre-todo, que muchas veces, las verdaderas creencias, esas que con-forman nuestra forma de ver y sentir la vida, viven ocultas de nosotros mismos en lo más profundo de nuestra propia inconsciencia.
Lo que si necesito aclarar, antes de que empieces a leer este libro, es que no deseo que creas a pies juntillas todo lo que comprarto a lo largo de sus páginas. Más bién tengo la esperanza de que absorbas solamente aquella información que resuene contigo más allá de la verdad que ahora mismo manifiesto. Al fin y al cabo, se trata de mi propia verdad, tan válida como cualquier otra. De hecho, podría estar totalmente equivocado e incluso cambiar de parecer mañana mismo y eso sería lo de menos. No importa entonces la información en sí misma, sino aquello que recojas más allá de mis palabras. Me refiero a la huella que deje en tu corazón mi más sincero y profundo deseo de que recuperes, por ti mismo, el sentido sagrado de tu
propia existencia.
Si tu vida no es lo que tu corazón te pide, transfórmala aquí y ahora en aquello que para ti tenga un sentido. Lo que pierdas en el camino solo será lo que te impedía ser feliz. El secreto entonces está en empezar por ti, por tu transformación interna. Al fin y al cabo, tú creaste todo aquello que en tu vida te genera conflicto y hastío. Nadie más que tú es responsable de lo que te ocurre. Eres siempre tú el que permite que las creencias que te habitan y los conflictos que te generas alimenten la realidad que respiras cada día. Por tanto, profundizar y resolver en ti mismo aquello que te separa de lo más grande es la clave. Aprende a reconocer y equilibrar tus fuerzas, a elegir las creencias que te conviene asimilar y reprográmate tú mismo haciendo honor a ese dios o diosa que eres. Puedes hacerlo. Ahí empieza el camino de todo mago, de todo artista consciente.
Todo aquello que expresas en tu vida, de la forma que sea, es arte, porque cualquier cosa que sale de ti contribuye a crear tu experiencia vital, una realidad de la que también te nutres día tras día. Eres lo que creas y creas lo que crees. Tu norte es tu corazón y solo él conoce la verdadera razón que te impulsó a decidir encarnar y vivir esta experiencia vital que ahora transitas. En forma de deseos esenciales, tu corazón tiene las respuestas que siempre has buscado y solo atendiéndolo podrás abrazar la coherencia que te lleve a crear una vida saludable para ti. Una vida que te permita resolver esa sombra que te pone a prueba constantemente, conflicto tras conflicto, obstáculo a obstáculo, pues la oscuridad se hace luz en la escena, así como la luz se oscurece más allá de nuestra propia conciencia. No tiene sentido pues luchar contra uno mismo. Basta asumir nuestros conflictos internos hasta lograr transformar aquello que nos impide avanzar en el poderoso aliado que nos impulse a crecer. Al fin y al cabo, no hay mayor oscuridad que nuestra propia inconsciencia.
Respirar la presencia de tu corazón es amarte tanto como para comprender que la única misión que traes en esta vida es la de ser tú mismo, es decir, un fiel representante de todo aquello que tu corazón desea encarnar en la Tierra. Esa es la experiencia que has venido a transitar y lo más maravilloso es que puedes hacerla realidad sin grandes esfuerzos. Solo debes convertirte en el auténtico artista consciente de tu vida y disfrutar de la experiencia de aceptar vivir lo que viniste a ser. Así de simple. Te aseguro que tienes todas las herramientas para lograrlo. Si hay coherencia entre lo que te pide el corazón y lo que piensas, sientes y haces, el universo entero conspirará para que puedas realizarte. Bienvenido pues al camino de la creación consciente.
Jesús llamó a la multitud y dijo: Escuchad y entended. Lo que contamina a una persona no es lo que entra en la boca sino lo que sale de ella. Mateo 15
INDICE
EL MÉTODO SYNEIDESIS INTRODUCCIÓN
I – PUEDES ENCARNAR TU CIELO EN LA TIERRA
Eres la causa de tu vida y puedes transformarla en un paraíso
II – NECESITAS CREAR UN PROPÓSITO DE VIDA
La misión de tu vida es ser tú mismo
III – LO MÁS IMPORTANTE ERES TÚ
Del amor hacia ti mismo nace tu brillo, lo único que puedes dar
IV – ERES UN FRACTAL DE LA DIVINIDAD
Ser un artista consciente es elegir ser el dios de tu universo
V – ESTÁS REPRESENTANDO UN PAPEL: DISFRÚTALO
Representa a tu personaje sin dejarte poseer por él
VI – HAZ SAGRADA TU VIDA
Eres sagrado y nada puede salir de ti que no lo sea
VII – TRANSFORMA TU SOMBRA EN UN ALIADO
En el inconsciente está la sombra que proyectas fuera
VIII – REPROGRAMA TU VIDA
Tienes el poder para de elegir quién eres y lo que deseas vivir
IX – CONOCE LA RECETA PARA CREAR LO QUE DESEAS
Conviértete en el artista consciente de tu vida
EL KIBALIÓN CREATIVO
MENTE, EMOCIONES, VÍSCERAS Y CUERPO LOS MARCOS DE PROTECCIÓN
EL MÉTODO SYNEIDESIS
<<El arte es la consecuencia de todo aquello que expresamos y esa misma expresión, puede ser saludable o insana. Cuando el arte favorece el equilibrio de nuestra salud mental, espiritual y material hablamos de arte sagrado>>
Víctor Brossa
El arte es aquella parte de nosotros que nos permite crear realidad, encarnando lo que pensamos, sentimos y deseamos al mismo tiempo que lo experimentamos. Incluso cuando dormimos, seguimos creando posibilidades que activamos a través de la imaginación. Realidades paralelas en las que también vivimos y experimentamos. Un sueño es en definitiva una obra de arte considerada en algunas culturas, algo tan o más real que lo que llamamos nuestra realidad cotidiana. Pero si somos tan poderosos, ¿por qué no logramos tener la vida y el mundo que creemos desear? La respuesta es muy sencilla: alguien o algo crea por ti. Por eso en lugar de sujeto, te ves convertido en objeto de tu propia escena. Tu falta de presencia es la clave, porque cuando estás ausente, cuandio no eres consciente, tus creencias deciden por ti.
Muchos mitos afirman que, en diferentes momentos del pasado terrestre, existieron otras civilizaciones que sabían utilizar los sonidos, las vibraciones y la representación como herramientas para producir o alterar la realidad. Hubo un tiempo en el que el arte era la herramienta sagrada para encarnar el poder divino en la Tierra y generar, afectar o gestionar lo que llamamos vida. Me refiero a un tiempo donde la palabra arte todavía simbolizaba lo mismo que palabras como magia, alquimia o chamanismo. Eso fue antes de que se redujera el arte a simples disciplinas relacionadas con acciones y profesiones concretas, siendo desvinculado de la vida cotidiana. Se ocultó su valor y se lo separó de lo mágico, de lo sutil, de lo alquímico y lo iniciático. En realidad, este es el origen de nuestro rompimiento interno, donde lo masculino aprendió a someter a lo femenino, cuando nuestro hemisferio izquierdo se puso por encima de un infravalorado hemisferio derecho.
Precisamente el arte es una herramienta de unión, pues además de ser el lenguaje de lo inconsciente, no entiende de separación. Eso es debido a que está en contacto con el hemisferio derecho. Es por eso que se hace sagrado ante su uso sagrado, ante la voluntad creadora de la conciencia que lo genera, proyecta y gestiona. Es importante aclarar entonces, volviendo al tema de la importancia de estar presentes en nuestras vidas, que no es el arte como herramienta en sí misma la que tiene la voluntad y la responsabilidad, sino más bién el estado de presencia del que la usa, algo que si hacían los primeros artistas, cuidando hasta el extremo su estado de
presencia para usar el arte en favor de la vida, para crear la realidad que necesitaba el colectivo. Creaban arte sano y por eso todavía hoy hablamos de artesanía cuando nos referimos a la aplicación artística más tradicional.
En los orígenes, el arte fue usado para detonar los estados cerebrales, corporales o vivenciales que generaran una transformación dirigida al crecimiento interior. Como si de una planta de poder se tratara, se usaba el arte para generar el acceso a estados de conciencia amplificados desde los cuales podían resolver lo que desde su estado habitual no era posible. El arte era un medio para la reprogramación cotidiana. Hubo un tiempo en el que se crearon edificios basados en la proporción áurea, música que armonizaba el flujo interno o imágenes que nos recordaban nuestra unión al mundo espiritual. Culturas herederas de todo este conocimiento, todavía hoy programan de colores y símbolos sagrados paredes, ropas y objetos de uso cotidiano. Esa es su forma de hablarle al cuerpo, de reprogramar a la mente subconsciente. El chamán es a la vez curandero y artista, ya que interactúa con los mundos inconscientes para generar lo aparentemente imposible. Generalmente los artistas del nivel de los chamanes comprenden el arte de forma integral y lo usan a través del ritual cotidiano ejerciendo una acción terapéutica sobre su comunidad en beneficio de todos.
Absorbidos y educados por el poder de las iglesias, reyes y emperadores, los artistas pasaron a ser mercenarios al servicio de sus señores. Lejos de la responsabilidad del chamán, el artista ya no era libre y generaba un arte que programaba el subconsciente de la población en beneficio de los más poderosos. El arte era usado, al igual que se hace hoy en día a través de la publicidad y los medios de comunicación, para sugestionar y programar las necesidades, impulsos, creencias y deseos del grueso de la población. A pesar de todo ello, artistas rebeldes al sometimiento como en el caso de Leonardo da Vinci, dejaron en sus pinturas y creaciones mensajes que traspasaban, velados gracias a su sublime belleza, la influencia y conocimiento de sus señores. Un arte capaz de transmitir al inconsciente del espectador la verdad de la naturaleza sagrada del ser humano más allá de toda manipulación.
La llegada del siglo XX dio paso a una tecnología cada vez más abrumadora, permitiendo que por un lado los artistas pasaran a crear un arte cada vez más dirigido hacia ellos mismos, mientras el sistema absorbía el verdadero poder del arte para establecer una auténtica ingeniería social. Primero fueron los nazis y tras la guerra, las agencias de inteligencia y de forma oficial, la publicidad, las que normalizaron la aceptación del engaño como parte de nuestra realidad. Me refiero a un sistema de venta y propaganda capaz de inducir y llegar a convencer a nuestro subconsciente de cualquier cosa, pasando por encima de nuestra propia elección
personal. Ese es el poder del arte. Un poder que podemos usar en nuestro beneficio si comprendemos la forma en la que actúa sobre nuestras emociones y pensamientos.
Gran parte de lo que transmite este libro está inspirado en las bases del Método Syneidesis de creación consciente que yo mismo he creado, a través del cual se investiga la forma de usar el arte desde su vertiente más sagrada para ayudar al ser humano a proyectarse de forma saludable y equilibrada. La clave está en comprender que para el Método Syneidesis, el concepto de arte es algo mucho más grande de lo que la ortodoxia oficial reconoce. Me refierio a lo que nos desvela la propia etimología de la palabra, que define el arte como la herramienta o pilar para crear realidad. Por tanto, el Método Syneidesis es una vía hacia el estudio de la aplicación práctica del arte desde su vertiente más iniciática, cuyo propósito es acompañar al ser humano a transformarse en un canal consciente, capaz de gestionar, integrar y reciclar la información que se maneja a través de los procesos alquímicos vitales de creación, así como a desarrollar la capacidad para desvelar lo oculto y aprender a proyectar y dirigir la realidad en función de sus deseos más esenciales.
Para nuestra mente subconsciente no existe diferencia entre una experiencia real y una ficción representada de forma metafórica, simbólica o ritual. Se trata pues de abrazar la experiencia artística como una poderosa herramienta que nos impulse a pintar y transformar nuestra vida desde lo psíquico hasta lo corporal, desde lo emocional hasta lo visceral, planteando nuestra propia vida como una partida metafórica, donde nuestra capacidad creativa nos permita, no solo gestionar y crear la experiencia vital que nos satisfaga, sino también disolver las creencias que, transformadas en leyes aparentemente inamovibles dentro de nosotros, condicionan nuestra percepción del mundo.
Sin lugar a dudas, mis investigaciones, respaldadas por la forma en las que las culturas iniciáticas de todo el planeta usaron el arte, evidencian que es a través de la experiencia artística como podemos conocer, drenar, traspasar y transformar lo que desde el subconsciente nos impide ser nosotros mismos, además de aprender a proyectarnos de una forma saludable en nuestras vidas. El arte no es solamente el acto de crear, sino también el resultado de todo aquello que expresamos de la forma que sea. El simple hecho de respirar ya afecta nuestro universo interno y externo. El arte es entonces mucho más que un lenguaje. Es la esencia de toda forma de creación y comunicación, capaz de traspasar cualquier límite o programa establecido.
Al margen de si se trata de un arte sano o insano para nosotros, esa capacidad de traspasar límites es la que convierte al arte en una poderosa herramienta de transformación, que nos permite la posibilidad entre otras muchas cosas, de reprogramar nuestro propio sistema de creencias si sabemos usarlo adecuadamente. Cientos de pensamientos y acciones inconscientes determinan por nosotros cada día
quienes somos y la forma en la que percibimos el mundo. Programas heredados o adquiridos a largo de nuestra experiencia vital, muchas veces generadores de conflictos internos y poderosos bloqueos que nos impiden ser aquello que nuestro corazón anhela. A través de la experiencia artística, tomando el arte de forma sagrada, podemos aprender a autosugestionarnos, a reinventarnos provocando en nosotros profundas transformaciones hasta donde nos atrevamos a soñar. Como podrás comprobar, la forma en la que aquí trataremos el arte tal vez sea totalmente nueva para ti. Por eso necesito que abras tu mente a muchas cosas que tal vez el mundo oficial todavía hoy no reconoce. Aspectos relacionados con el verdadero poder del ser humano y su capacidad creativa. Aunque en realidad, me basta con que abras tu corazón.
INTRODUCCIÓN
<<El auténtico aprendizaje no es computar información para adecuarla a nuestros conceptos, sino descubrir con todo el riesgo que conlleva, nuestra propia capacidad, nuestro potencial y nuestro apoyo>>.
Francisco Peñarrubia (Terapia Gestalt, la vía del vacío fértil, 1998)
Ser conscientes del acto de crear empieza por hacernos conscientes de nuestra propia respiración, porque en cierto modo, mientras respiramos la vida, la estamos creando, aunque muchas veces lo hagamos de forma totalmente inconsciente. Claro está que para muchos, la vida es algo que ocurre a pesar de ellos, por lo que directamente considerarán una locura plantear que somos los creadores de nuestra propia experiencia vital.
La física más avanzada está demostrando ya que vivimos en un universo lleno de energía flotando en el vacío. Un universo mental capaz de crear escenarios holográficos de experiencia tan perfectos como lo es el nuestro. En definitiva, lo que trato de decir es que la física cuántica descubrió hace tiempo que los electrones, generan la realidad condicionados por el ojo del observador, que por el simple hecho de estar presente, afecta de forma directa en el proceso de creación.
El hecho de ser los protagonistas de nuestra experiencia vital nos convierte también en sus observadores directos y por tanto, en sus creadores, como se pudo comprobar en laboratorio, cuando se estudió la forma en la que los electrones se comportaban en función de quién estaba presente en la escena. Lo que pensamos, ya sea de forma consciente o inconsciente, afecta a nuestra realidad de manera directa.
El cerebro procesa cualquier información que recibimos, interpretándola a través de nuestro sistema de creencias. Todo aquello que creemos, condiciona nuestra vida en una dirección u otra y está directamente relacionado con los programas que llevamos instalados en el disco duro de nuestra mente. Programas heredados y adquiridos a través de nuestra propia experiencia en la vida.
Sin duda, lo que vivimos día a día es la consecuencia de nuestros propios pensamientos y creencias expresados y proyectados, ya sea de forma consciente o inconsciente, ordenando a los electrones que creen para nosotros aquello que creemos merecer, que creemos ser. Así creamos nuestra realidad, desde nuestros deseos más ocultos. Así somos de poderosos, cumpliendo a la perfección aquello de que somos imagen y semejanza de Dios. En este caso, podría decirse que somos dioses dormidos, o una parte de esa fuerza que llamamos Dios que todavía duerme dentro del sueño.
Para convertirte en el artista consciente de tu vida solo tienes que ungirte como el dios de tu universo, creértelo y actuar como tal, eligiendo crear despierto una realidad a imagen y semejanza de tu ser esencial, ese que vive en tu corazón y que sabe perfectamente lo que lo vino a encarnar. Se trata de que te atrevas a brillar, a manifestar tu propio esplendor y a responsabilizarte de todo lo que forma parte de tu escenario vital, de todo lo que expresas y manifiestas. Si deseas ser el artista de tu vida debes conocer cómo crear realidad propia de forma coherente y reprogramar, a tu imagen y semejanza, aquello que hasta ahora formó parte de tu realidad cotidiana. El arte permite hacerlo. Es cuestión de saber cómo y persistir hasta lograrlo. Si abrazas el camino de la creación consciente, lo primero que transformarás es a tu propio personaje, ese que representas y con el que tanto te has ido identificando a lo largo de los años. Te darás cuenta de que solo es una creencia más que manifiestas para poder moverte dentro de este escenario que todos compartimos y que llamamos nuestra vida.
Comprendo que para algunos pueda resultar difícil asimilar el hecho de que seamos los creadores de nuestra realidad. Plantearnos al menos que lo que hacemos es cocrearla puede resultar más asimilable. Es en el inconsciente donde están los bloqueos, las emociones mal digeridas y los programas que nos impulsan a proyectarnos de una forma destructiva ante las circunstancias que nos presenta la vida. Aprender a usar el arte para generarse una experiencia positiva no es un despropósito. El arte tiene la capacidad de comunicarse con el inconsciente y así como puede manipularlo, también puede reprogramarlo.
Para el inconsciente, la experiencia artística es totalmente real. Es por eso que en publicidad se usa el arte desde una manipulación totalmente legalizada para inducir a nuestro inconsciente a que compre un producto o abrace una idea. La buena noticia es que podemos sugestionarnos de la misma manera en nuestro propio beneficio. Está demostrado que imaginar algo genera las mismas conexiones neuronales que cuando lo vivimos realmente. Es por eso que podemos usar el arte para traspasar bloqueos y generarnos nuevas y maravillosas oportunidades, y cuando hablo de arte no me refiero únicamente a la plástica, la escritura, la palabra, la danza o la escenografía. Me refiero a cualquier forma de expresión usada de manera consciente, empezando por la respiración y la intención que ponemos en ella. Todo vibra y la vibración también crea.
El vértigo a la responsabilidad que representa aceptar que somos los creadores de la realidad que vivimos es muy grande. Pocos están dispuestos a erigirse en los dioses de su propio universo y prefieren ceder el poder fuera, a un dios separado de ellos. En la actualidad, la representación de ese poder externo está focalizada en los
cuatro paradigmas imperantes que según muchas profecías van a derrumbarse: La religión, la ciencia, la economía y la política.
Ceder nuestro poder personal es pasar a ser objeto de otros, creando en función de condicionantes externos que determinan por nosotros lo que es y lo que no es real, lo que podemos y no podemos hacer, a pesar de que nuestro corazón diga lo contrario. Apagar la voz del corazón es abandonar un estado de presencia desde el que creamos en coherencia, desde la armonía de lo que sentimos, pensamos y actuamos, al margen de lo que diga el mundo exterior.
Cedemos nuestro poder personal cuando dejamos de hacer lo que sentimos porque es considerado incorrecto desde el sistema de creencias imperante, o porque no es posible según el punto de vista científico, o porque no tenemos el suficiente dinero y todo el mundo repite que hay crisis desde el paradigma económico, o directamente, porque el entorno nos dice que es una locura aquello que soñamos y sentimos, convenciéndonos de que no estamos capacitados para ello.
Ciertamente hay unas leyes que nos conviene respetar. Cuando nos alineamos con la esencia de lo que de verdad somos eso ocurre de forma natural. Me refiero a las leyes o principios universales que nombra el Kibalión, leyes que veremos al final de este libro y que forman parte de lo esencial, más allá de las leyes impuestas por los paradigmas que pretenden limitar nuestra autenticidad dentro de un escenario que estamos cocreando todos juntos. Ser el artista de tu vida es convertirte en un auténtico mago.
En iniciación, al mago se lo conoce también como al artista. Esto es así porque el artista consciente usa la magia en su día a día. La magia solo es la ciencia que sabe como interactuar con el inconsciente para generar realidad propia y el arte es el idioma para hacerlo. En estas páginas te incito a que te atrevas a ser el artista, el mago , el dios y el rey de tu universo, porque solo tu vas a determinar lo que es y lo que no es real para ti a partir de ahora, respetando únicamente lo que tu corazón te pida, para bien tuyo y de los demás. Si no estás dispuesto a amarte tanto como para que tu corazón sea lo primero, no sigas leyendo porque este libro no es para ti y lo que te propondré te parecerá poco humilde y pretencioso. Ser el creador de tu vida merece un reconocimiento y eso no significa que debas hinchar tu ego creyendo que eres superior a los demás. Todo lo contrario. Si te eriges como el dios que esencialmente ya eres, verás que todo lo que te rodea también es parte de ti y de la divinidad que todo lo abarca. Comprenderás que todo es sagrado porque no existe la separación, solo espejos en los que te reflejas. El mayor antídoto a la falta de humildad es reconocerse uno mismo de forma interna. Si comprendemos lo grandes que somos, no necesitaremos competir o compararnos. Nadie puede ser mejor que tú siendo tú mismo. Cuando vemos a alguien que parece creerse superior al resto, en
realidad está manifestando una falta de valoración personal aunque nos parezca lo contrario.
Ser uno mismo es abrir una nueva vía de experiencia jamás experimentada por el programa colectivo. Entonces todo es posible. Solo tú puedes realizar lo que viniste a vivir y no podrás hacerlo si ahogas tus sueños más esenciales por falta de fe en ti mismo. Tengo la fortuna de ser amigo de Víctor Truviano, un chico maravilloso que no come ni bebe desde hace más de siete años. Ha sido estudiado por especialistas de la NASA, que lo único que pudieron decir de él fue que no entendían cómo hacía para ser consciente de su respiración todo el tiempo. Mi amigo Víctor siempre es feliz, incluso cuando algo le duele y te aseguro que no es una postura. Es como un hermano y puedo garantizar que su estado de felicidad se debe a su estado de presencia. Lo de menos para mí es el hecho de que no coma o no beba.
Mi intención al hablarte de Víctor Truviano no es convencerte para que dejes de beber y comer, sino para mostrarte cómo lo imposible puede hacerse posible si activamos el programa que vibra con la misión que cada uno de nosotros traemos al nacer, a eso me refiero cuando hablo de la autenticidad de tu corazón. Para la ciencia oficial, lo que le sucede a Víctor es imposible, pero está sucediendo porque para el corazón de Víctor sí fue posible y él se permitió escucharlo. Todos tenemos una misión en la vida y va siempre íntimamente ligada al elegir ser, por encima de todo, nosotros mismos. El brillo que desprendemos al expresarnos desde ese estado de amor es lo que realmente podemos regalar al mundo. Nada más y nada menos, porque si te desprendes de lo que esencialmente necesitas para ser tú mismo estás atentando contra la vida, aunque desde la herencia judeocristiana te hayan programado para que creas lo contrario. La necesidad, al igual que el desprendimiento, nunca es un problema cuando se transforma en elección, pero solo puedes elegir realmente si estás presente, si estás en ti. Demonizar la necesidad o el deseo es ir en contra de lo que estás eligiendo ahora, o no estarías vivo. Recuerda que tu experiencia vital nació de tu propio deseo por vivirla y experimentarla.
Si dejas de entregar el poder a los paradigmas externos para atender la voz de tu propio corazón y confiar en tu capacidad creadora, podrás hacer posible lo imposible como mi amigo Víctor. Te animo a desenterrar todos los sueños que un día desestimaste porque parecían imposibles en su realización y te invito a unirte a mí y a otros que decidieron y deciden cada día abrazar la posibilidad de verlos realizados abriendo una vía para lograrlo. Si Víctor hubiera atendido al paradigma científico y médico que le decía que se moriría si seguía sin comer y beber, probablemente estaría muerto. En lugar de eso confió en lo que su cuerpo le pedía y desde lo esencial activó el programa que hizo posible lo aparentemente irrealizable. Ahora su alopecia se ha curado, su miopía ha desaparecido y su cuerpo se regenera
de forma sorprendente. Incluso le ha nacido una tercera dentición.
Víctor Truviano me dijo una vez que alguien le había contado que los delfines están siempre felices, precisamente porque necesitan estar conscientes de su respiración todo el tiempo. Si no lo hicieran morirían. No sé si eso es cierto, pero resuena conmigo y con mi convencimiento de que la felicidad está directamente relacionada con el estado de presencia, con el vivir el aquí y el ahora. Obviamente, cuando hablo aquí de felicidad no me refiero a la emoción en sí misma, sino a un estado interno relacionado con la calma, con la certeza de que lo que ocurre es lo que necesitamos que se manifieste. Solo desde ese estado de presencia podemos crear de forma consciente.
Cuando sintonizo con algo y mi corazón me dice que aquello es real para él, automáticamente pasa a serlo para mí, a pesar de que el resto del mundo crea o demuestre lo contrario. Hubo un tiempo en el que eso no era así, un tiempo en el que escuchaba más al exterior que a mi propio corazón, que confundía con cientos de otras voces que creía mías porque así lo determinaban los programas que, desde el disco duro de mi mente, decidían por mí quién era yo y cuál debía de ser mi vida. Al no estar presente, esos programas creaban por mí en el día a día a través de cientos de actos y pensamientos automáticos que llenaban mi cotidianidad inconsciente. No es de extrañar que mi vida no me gustara, que me sintiera desafortunado y desgraciado al creer que lo que me ocurría en la vida no dependía en absoluto de mí.
No es que hoy en día sea capaz de estar siempre en ese estado ideal de presencia, pero al menos lo sé reconocer y trato de volver a él siempre que detecto que algo me ha tomado como objeto. Puedo hacerlo porque un día decidí existir por mí mismo, eligiendo quién quería ser y cómo deseaba que fuera mi vida dentro de este escenario que todos compartimos durante un tiempo. Puedo dar fe de que ya no tengo mucho que ver con el tipo negativo, melancólico, frustrado y amargado que era cuando con veintisiete años me planteé el suicidio. Traspasé el miedo a la muerte y abracé el amor a la vida para elegir vivir de otra manera. Dieciocho años después, puedo decir que yo mismo y la vida que disfruto y sigo proyectando, son el resultado d e l éxito de mi propio experimento y la prueba principal de que la creación consciente funciona.
Descubrir que yo era el creador de mi propio infierno me llevó a tomar la responsabilidad sobre todo lo que pensaba, sentía y hacía. Decidí experimentar con el arte y aprendí a reprogramar mi vida hasta convertirme en el verdadero artista consciente de mi experiencia vital, la obra de arte más grande que cada uno de nosotros puede crear y recrear cada día, porque está viva y nos permite respirarla, sumergirnos en ella e incluso alimentarnos de todo aquello que genera. No se trata de ser un triunfador fuera, sino de ser uno mismo dentro y manifestarlo fuera. Ese es el
verdadero camino del éxito. Lo único que de verdad te puede llenar ya lo llevas contigo.
I
PUEDES ENCARNAR TU CIELO EN LA
TIERRA
ERES LA CAUSA DE TU VIDA Y PUEDES TRANSFORMARLA EN UN PARAÍSO
La creación es un acto de engendrar cuyo proceso es similar en todas las áreas. Crear una pintura, una silla, un cocido, una empresa, un bebé e incluso una vida totalmente diferente a la que tienes ahora precisa de unos pasos muy similares. La buena noticia es que todos sabemos hacerlo. La no tan buena es que la mayoría de esos procesos los generamos desde el inconsciente. Por eso hablamos aquí de creación consciente. Solo responsabilizandonos de lo que creamos desde nuestra sombra y haciéndonos conscientes de la forma en la que lo hacemos podremos proyectar una vida realmente elegida. La creación consciente exige entonces un profundo conocimiento de la verdad de lo que ocurre bajo la apariencia y del proceso creativo desde sus orígenes en el plano psíquico. Tanto para generar algo concreto como para reprogramar cualquier cosa en nuestras vidas, necesitamos conocer antes cómo interactuar con el inconsciente, de forma que todo lo que desde allí expresemos cree siempre a nuestro favor y no en nuestra contra, que es lo que acostumbra a ocurrir muy a nuestro pesar cada vez que nos proyectamos de forma automática o rutinaria. Durante el día generamos cientos de pensamientos y actos vestidos de cotidianidad que responden a reacciones emocionales muchas veces ancladas en el pasado. Órdenes instaladas en el disco duro de nuestra mente en forma de programaciones que nos limitan y sabotean constantemente.
No me cansaré de repetirlo a lo largo de estas páginas. Si deseamos abrazar el camino de la creación consciente, lo primero que debemos saber es que todo creador es responsable de su obra, y tu vida es tu obra de arte por excelencia, porque respira a través de ti mientras la vas recreando cada día aunque no seas consciente de ello. Mientras lo haces, ella te brinda la posibilidad de experimentarla como escenario, te p e r mi te observarla mientras te observa, respirarla mientras te respira y fundamentalmente, alimentarte de ella. Nada de lo que pasa en tu vida es fruto de la casualidad. Algo de ti está eligiendo siempre, incluso cuando lo hace a través de la memoria biológica que se expresa en forma de enfermedad.
HACERTE CONSCIENTE
Para saber la forma en la que creas desde el inconsciente, solo tienes que observar cómo su sombra se refleja en tu vida y en tu propio cuerpo. Ellos te mostrarán siempre lo que de verdad está ocurriendo en ti, para que al desocultar lo oculto sepas desde dónde estás creando realmente. Un punto de partida que te permitirá la posibilidad de transformarte a ti mismo eligiendo un nuevo lugar desde donde proyectarte de una forma favorable. Transformarse dentro es el principio fundamental de toda verdadera reprogramación. Solo entonces lo externo reflejará el cambio, y lo hará en tu vida y en tu cuerpo. Si no deseas ver tu sombra, si no la aceptas para integrarla y transformarte en alguien nuevo, seguirás atrapado en el mismo lugar de siempre a pesar de creer que tus condiciones externas han cambiado.
Estar conscientes y presentes nos permite reconocer tanto nuestra luz como nuestra oscuridad. Darle espacio a todo aquello que se oculta en la sombra para que se exprese es darle amor y eso frenará su crecimiento bajo las profundidades de nuestra mente inconsciente. Como una olla exprés que va dejando escapar el aire para evitar explotar, regular la salida que produce la presión emocional es fundamental para entender que el arte es una vía esencial de sanación. Expresarnos de forma constructiva es necesario y muy saludable, porque además de evitar la acumulación de presión interna nos permite elegir la forma en la que proyectarnos en la vida. Conociendo que todo lo que expresamos está cocreando nuestra experiencia vital, podemos dirigir nuestros pensamientos y acciones de una forma beneficiosa para nosotros. Esa es precisamente la base de investigación del Método Syneidesis de creación consciente.
Ser conscientes implica haber despertado de la amnesia que nos hizo olvidar nuestro interés por experimentar la vida. Un interés que vive del deseo de la experiencia y el conocimiento. Ser conscientes es recordar que mientras experimentamos la vida como actores, la creamos a su vez como dioses, encarnando el cielo que llevamos en nuestros corazones. Una posibilidad que perdemos cuando
estamos ausentes, cuando no estamos conscientes. Ser consciente es elegir materializar el sueño de ser nosotros mismos desde la autenticidad más esencial. Ser lo que deseemos ser, lo que sintamos que necesitamos y hemos venido a manifestar, y que todo lo que nazca de nosotros nos represente en cualquier área de nuestra vida. Esa coherencia es el camino de la sanación y tiene que ver con ser uno mismo sin dejar de ser la Totalidad que nos envuelve. Cuando eres tú mismo, desaparece el conflicto.
MAGIA Y CREATIVIDAD
La creación consciente responde a leyes superiores que es importante conocer. Mientras el hombre común depende de algo externo para poder llegar a materializar sus creaciones, el artista consciente depende de sí mismo porque es un mago capaz de centrar su energía en aquello que desea, generando la magia necesaria para que las aparentes casualidades lo guíen hasta lograrlo. Una vez más, esto es aplicable a todas las áreas de creación. Se trata de respirar y lanzar la flecha confiando en que llegue al lugar elegido, o lo que es lo mismo, centrar el objetivo y generar la posibilidad, dirigiendo nuestra energía hasta conectar con el estado creativo capaz de abrir una vía aparentemente imposible. Así ocurre cuando pinto un cuadro. Puedo pintar tratando de controlar el resultado mediante un proceso puramente técnico o dejarme llevar permitiendo que la casualidad me sorprenda. La creatividad es la clave, porque nos conecta con la sabiduría, la fluidez, la espontaneidad y lo más esencial de nosotros mismos, que una vez más, es lo que trata de alimentar el artista
consciente en cualquier área de su vida.
En el terreno empresarial por ejemplo, podemos crear una empresa en función del mercado, la competencia, el cálculo de los factores de riesgo, estudios de mercado, etc., o por el contrario, podemos simplemente respirarnos y escuchar cuál es la empresa que nuestro corazón nos pide generar, la que siente que vino a crear. El secreto es confiar entonces en los estados creativos que nuestro conocimiento interno genere, para ir desplegando y activando las circunstancias adecuadas que nos lleven a que las cosas sucedan por sí mismas, sin esfuerzo y sincrónicamente. Eso no significará que no tengamos en cuenta los factores externos, pero jamás nos dejaremos dirigir por ellos. Observará el lector que en este libro propongo siempre una forma de proyección que tenga en cuenta el deseo interno de cada uno y no el capricho de un ego competitivo o temeroso, porque sin un camino con corazón el trayecto que se recorre es el de la enfermedad y la muerte, algo que no deseo abonar. Para mí, el tema no está en crear lo que mi capricho desee sino más bien lo que mi corazón me pide. Claro está que se puede generar realidad desde otros estados. Lo hacemos cada día sin darnos cuenta, pero el sentido de este libro, así como el del Método Syneidesis es, una vez más, el de la creación consciente, saludable, favorable a lo más esencial de cada ser humano. Esta es al menos mi elección de vida y lo que deseo alimentar y transmitir.
LA FORMA PARA LOGRARLO ES COSA DEL UNIVERSO
preguntarnos a la hora de crear cualquier cosa en nuestra vida es sobre la forma en la que lo lograremos. Centrar nuestra atención en buscar el mejor medio para llegar a nuestro fin o tratar de controlar la forma de lograrlo es condicionar la magia que generamos cuando confiamos y nos focalizamos en sentir internamente el estado esencial de lo que pretendemos. Solo existe el aquí y el ahora. El arte nos permite experimentar cualquier deseo, activando las emociones a través de nuestra capacidad de imaginar. El camino para atraer y materializar lo que deseamos empieza cuando jugamos a sentirlo como algo vivo dentro de nosotros. Ya sabemos que nuestro inconsciente no distingue entre la realidad y un acto artístico o imaginado, así que jugamos a experimentarlo dentro proyectando la posibilidad en nuestra vida. Cuando vas a comprar lechugas, no te preocupas en cómo harás para sembrarlas. Es evidente que si las compras es porque alguien las cultiva por ti. El Universo hace lo mismo, cultiva para ti tus deseos y si aportas la energía necesaria, te las entrega.
DEFINIR PARA EVITAR LA DISPERSIÓN
Cuando creamos cualquier cosa, generalmente debemos definir antes lo esencial de la idea que deseamos encarnar para evitar la dispersión. Muy poca gente sabe realmente lo que quiere incluso creyendo saberlo y eso genera caos a la hora de crear. Una cosa es entregarse a los procesos creativos y otra muy distinta es olvidar que antes de hacerlo, debemos definir el objetivo y enfocarnos en él para no perdernos en el camino. Cuando escribo una canción, deseo moverme dentro de unos marcos de armonía, ritmo y estilo que definen el camino hacia el cual focalizar mi creatividad, al igual que cuando pinto un cuadro, hago una escultura o deseo encarnar una situación concreta en mi vida. Si no definimos lo que deseamos vivir a través de la concreción de un marco, lo que manifestaremos en nuestra experiencia vital será la suma del total de todos nuestros pensamientos contradictorios.
La mejor forma de concretar es el lenguaje. Poner un título a una obra es definirla. El lenguaje invoca porque determina en palabras lo que deseamos encarnar en nuestra vida, algo fundamental para no perderse en el caos de la idea, como bien comparte el psicoanalista argentino Jose Luis Parise en sus once pasos de la magia, de gran influencia en mi camino. Si invocamos lo que deseamos y logramos sentirlo real dentro de nosotros, tenemos la mitad del recorrido ganado. Abiertos a la magia q u e provoca cualquier estado creativo, el Universo hará el resto de forma sorprendente, un universo que representa la esencia de lo que llamamos Dios o Conciencia primigenia si lo prefieres, una conciencia de la que todos formamos parte indisoluble.
LOS OBSTÁCULOS LOS CREAS TÚ MISMO
El dilema a partir de aquí está en cómo salvar los obstáculos que nosotros mismos crearemos y proyectaremos desde dentro de forma inconsciente para impedir lograr lo que nos proponemos. Siempre que una parte de nosotros desea algo, otra frena el deseo. Así se crean las dialécticas internas que nos mantienen atrapados en eternos enfrentamientos y temerosas dudas. La actitud aquí es la del guerrero que se mantiene firme y no pierde jamás el foco de su atención, traspasando cualquier impedimento al disolverlo dentro de sí. El obstáculo reflejado fuera es solo eso, un reflejo de lo que nos ocurre dentro. El poder, una vez más, siempre es nuestro.
Si dudamos aunque solo sea un momento y cedemos el poder a lo externo, sin comprender que todo lo que vemos es el fruto de un bloqueo personal que solo puede arreglarse dentro de nosotros, entonces el obstáculo nos someterá. El ejemplo más claro lo tenemos en los casos donde, ante la falta de dinero, renunciamos a nuestro sueño por creerlo imposible, por ejemplo, el sueño de vivir en una casa en el campo. También puede ocurrir que nos resistamos y luchemos, lo que alimentará el poder del obstáculo. Siguiendo con el ejemplo anterior, al ver que no tenemos dinero, luchamos contra el sistema capitalista y los bancos, algo que no nos dará el dinero para conseguir la casa de nuestros sueños y sí desviará nuestra atención y energía alimentando el poder de lo que percibo como un gran enemigo. Cuando ponemos la atención en algo, ese algo se hace más fuerte. El artista consciente jamás se somete o lucha, simplemente crea una vía alternativa en la que hace compatible lo incompatible, transformando al obstáculo en el trampolín que lo impulsará hacia su destino elegido. Para terminar con nuestro ejemplo, imagínate que decides tomar al obstáculo, es decir, el dinero o la falta de dinero y buscas qué pasa contigo dentro respecto a la abundancia y el merecimiento hasta disolver el conflicto. Entonces y de
forma mágica, aparece el dinero o la vía para ganarlo, si lo que ocurre no es directamente algo totalmente inaudito que desde nuestra rigidez y ausencia de creatividad no podíamos ver. En el ejemplo, podría ser que en lugar de comprar la casa, nos ofrecieran alquilarla a un precio totalmente asumible. Conozco un caso en el que una casa preciosa estaba en venta. Todos deseaban vivir en ella pero nadie tenía la cantidad de dinero que pedían. Entonces a alguien se le ocurrió proponer al dueño el pagarle un alquiler. A los dos meses vivía allí. A nadie se le había ocurrido que desearan alquilarla. Seguramente los dueños tampoco lo deseaban. Solo hacía falta crear la posibilidad desde esa tercera vía, desde lo interno. De eso va la creación consciente. Cosas más grandes he visto y se ven cada día, aunque los medios se encarguen de no mostrarlo al mundo. Recuerda a mi amigo Víctor Truviano.
VIVIR JUGANDO
Mi taller de pintura es un banco de pruebas. Allí puedo dejarme llevar respetando un marco inicial, centrando mi atención en la respiración mientras dejo que mi cuerpo y los pinceles se expresen desde el fluir, dirigidos por una fuerza ideal desde la que empiezo a explorar. El obstáculo que puedo encontrar por el camino es la autoexigencia que me impide seguir fluyendo al desear controlar el resultado. La resolución es seguir confiando en lugar de tirar la toalla o de luchar contra mi propio control. Al fluir, traspaso el bloqueo y acepto la manifestación de lo esencial sin juicio. El resultado aparente es lo de menos, porque lo importante es el resultado interno, es decir, el estado que obténgo al jugar a crear lo que deseo. En el caso de mi propia vida, al final no importa tanto si logro o no encarnar un sueño tal y como lo imaginaba, sino más bien si consigo conectar con el estado emocional que
buscaba al perseguirlo. Me refiero a la felicidad de sentir que transito un camino con corazón. Un camino en el que elijo caminar de forma totalmente consciente, jugando, experimentando. Ese es el proceso de creación saludable. Eso es jugar y abrazar la vida, como hace cualquier niño, como hacen los delfines o nosotros mismos cuando nos sentimos felices y realizados.
HEMISFERIO IZQUIERDO Y HEMISFERIO DERECHO
La mente analítica es muy útil para muchas tareas, aunque otras veces se convierte en nuestro principal obstáculo, porque busca siempre recrear el camino que ya conoce y no cree en lo que no puede ver ante sí. Por eso, cuando actuamos desde ella sin tener en cuenta el hemisferio derecho, lo que ocurre es que nos encontramos con los mismos obstáculos e impedimentos de siempre, esos que el mundo exterior tan bien conoce y de los que nos advierte una y otra vez cuando nos decidimos a hacer algo fuera de lo común. La mente analítica sirve al hemisferio izquierdo del cerebro y está absolutamente programada, ya sea para bien nuestro o para mal. Mucha gente de la nueva era lo ve como a un enemigo, algo tan absurdo como que un informático vea la parte protocolaria para programar un ordenador como un obstáculo. Todo lo contrario. Para el informático es esencial conocer el mecanismo de programación porque le da la posibilidad de insertar en el ordenador personal todo lo que desea. El problema no está en el hemisferio izquierdo, sino en negar el poder del hemisferio derecho y su posibilidad de ayudarnos a reprogramar nuestro sistema de creencias. Lo mismo sucedería al revés. Todo desequilibrio genera caos.
No sirve de nada soñar y sentir toda nuestra infinitud si no insertamos la posibilidad deseada dentro del disco duro que nos conecta a nuestro programa de vida. Lo que permite encarnar un ideal es la interacción entre ambos hemisferios. El problema del hemisferio izquierdo nace cuando no tiene registrada la posibilidad que deseamos generar. Hemos sido programados desde la barriga de nuestras madres. Tenemos instalados programas personales, familiares, sociales e incluso
programas heredados. Me refiero a eso de que no tenemos suficiente dinero por ejemplo, o al clásico sentimiento de culpabilidad o de inmerecimiento. Esos son los obstáculos que nos mantienen atrapados a los paradigmas imperantes de los que ya he hablado en la introducción y a los que damos el poder de nuestras decisiones. En lugar de conectar con el programador que vive dentro de cada uno de nosotros y tratar de encarnar nuestro deseo desde la creatividad y la posibilidad de abrir nuevas vías, nos regimos a través de un programa limitante que, aunque a duras penas nos ayuda a sobrevivir, nos marca una cantidad indecible de obstáculos y condiciones como única vía para llegar a nuestro destino. Esa es la fuerza de los programas que llevamos dentro y también la clave de nuestra propia liberación.
EL SECRETO DE NUESTRA CAPACIDAD DE IMAGINAR
Imaginar es poner imagen a un ideal para reconocerlo, para definirlo. Al hacerlo, podemos empezar a experimentarlo dentro sintonizándonos emocionalmente. Imaginar es una herramienta fundamental que, en muchas culturas ancestrales del planeta, sirve para acceder a estados alterados de conciencia donde uno puede saber y conocer más sobre sí mismo. Hoy en día, nos han acostumbrado a imaginar para huir de una realidad que no nos agrada. Desde la publicidad, el cine y los medios, permitimos que imaginen por nosotros el mundo en el que debemos vivir, la vida que debemos hacer, el coche que nos conviene conducir o incluso el futuro al que nos estamos dirigiendo. A través de catálogos y ofertas, nos ofrecen posibilidades entre las que elegir. Pocas veces imaginamos antes lo que necesitamos realmente. Pocas veces decidimos crear conscientemente.
Imaginar por nosotros mismos es conectar con nuestro deseo y generarlo sin depender de causas externas. Si lo que deseamos es decorar nuestra casa, lo primero que haremos es imaginarla, para “ver” cómo quedará tras realizar todos los cambios. Al “verla” en nuestra mente o simplemente, al hacer un dibujo o un boceto, podremos saber si la idea nos agrada y modificar lo que sea necesario hasta concretarla definitivamente. También podemos contratar a un profesional que nos ayude a hacerlo. Un decorador en este caso. Cuando tenemos claro lo que queremos, cuando l a emoción del primer impulso nos ha ido acompañando y creciendo con nosotros hasta generar la energía sufíciente para lograrlo, simplemente vamos a comprarlo. En la tienda, le decimos al vendedor lo que necesitamos, es decir, invocamos lo que precisamos, ya sea un sofá rojo, unas cortinas verdes, una mesa de madera de pino, etc. Lo hacemos para generar un intercambio mediante nuestro dinero, es decir, la energía materializada que hemos generado para tal fin. Sin energía no existe la vida, debes tenerlo claro. El dinero solo es un medio. Hay muchos otros. El problema que tenemos con el dinero está dentro, no fuera. Ni en los bancos ni en un sistema que todos alimentamos. En todo caso, es desde cada uno de nosotros y nuestra conflictiva relación con la abundancia y la responsabilidad, desde donde proyectamos todos esos demonios.
CREER, CREAR Y CONFIAR EN LAS “CASUALIDADES”
Volviendo a la creación consciente, el problema del deseo es no creer en la propia capacidad para generarlo. En el caso de nuestro ejemplo anterior, si en la tienda no encontramos el sofá rojo, podemos acabar comprando lo que el vendedor desee, conformándonos con un sofá verde, que es el que les quedaba, a pesar de detestar el verde, por ejemplo. Si olvido la importancia de mi objetivo inicial o no confío en la posibilidad de generar lo que necesito, puedo acabar tirando la toalla y sometiéndome a los condicionantes externos, en lugar de seguir proyectándome hacia lo que deseo hasta hacerlo realidad. A veces, no caemos en la cuenta de que existen vías alternativas que pueden presentarse de forma casual tras confiar en la fluidez generada por nuestros estados creativos. Tal vez al volver a casa sin sofá, feliz ante la certeza de que lo acabaré atrayendo a mi vida tarde o temprano porque es lo que de verdad deseo, varío mi ruta habitual y paso por delante de una tienda de la que no tenía conocimiento, encontrando el objeto de mi deseo expuesto en el escaparate al precio que puedo pagar.
No invento nada extraordinario. Algo parecido me ha ocurrido numerosas veces. Así creamos mi mujer Ariadna y yo cada día. Es algo que hemos aprendido. Lo puede hacer todo el mundo. Solo debes sintonizar con el artista que vive en tu corazón, ese que se atreve a jugar y a soñar. Si lo haces, incluso puede que un amigo te llame esa misma noche preguntándote si quieres un sofá de las características que buscas porque ha decidido cambiar el mobiliario de su casa. Esta es la magia generando continuas “casualidades” para el que abraza el camino de la creación consciente. A mí me han aparecido cosas increíbles junto al contenedor de casa. Justo las que necesitaba. Todo es posible cuando me abro a la magia de ser yo mismo y confío en mi poder interno y en la sabiduría y conexión que todos tenemos con el Universo. Por desgracia, es habitual terminar conformándonos con algo que no deseamos, por creer que lo que de verdad queremos no existe o no está a la altura de nuestras posibilidades, que es lo mismo que decir que no nos creemos lo suficientemente capaces de crearlo para nosotros.
Es importante creer en uno mismo y confiar. En este libro repetiré muchas veces la importancia del estado de presencia. Olvidar lo esencial, aunque solo sea un instante, puede llevarnos a la dispersión. Entonces es cuando lo externo puede tomar el control sobre nosotros y podemos acabar comprando cualquier cosa: ideas, creencias, productos. Es interesante empezar a poner atención a lo que nombramos. Si no resuena con lo que deseas crear, no lo nombres. Tienes mucho poder, el poder de encarnar tu propio cielo en la Tierra o de convertir tu vida en un infierno, no lo dudes.
LOS IDEALES
donde lo idealizamos. Esa es la razón por la que muchos idealistas jamás viven felices en el universo material. No comprenden que en cualquier acto de creación existe una línea de expectativa que debe ser cruzada. Un ideal genera grandes expectativas si no comprendemos que para insertarlo en un terreno concreto, necesitaremos modificarlo y readaptarlo antes en algo que lo represente dentro de nuestro escenario limitado. Eso mismo ocurre con nuestro cuerpo, adaptado como un avatar para representarnos dentro del juego que llamamos “nuestra vida”. Para aterrizar una idea debemos darle límites, forma y concreción. Para eso sirve también, una vez más, la imaginación. Ponerle imagen a un ideal es definirlo. Eso evita la dispersión.
A mucha gente le cuesta creer que genera su realidad. Asimilar que estamos enfermos porque lo elegimos, o que tenemos malas experiencias porque las generamos de forma inconsciente es algo que cuesta de procesar. Podemos construir de nuevo una metáfora a partir de la creación de una pintura, en este caso, una metáfora de la vida. Imagina que pintas un cuadro y al día siguiente no recuerdas haberlo hecho. Te encuentras delante de la pintura, experimentando tu obra de arte sin conciencia alguna de que tu eres el que la has creado. Esa amnesia te lleva a creer que no puedes cambiar aquello que permanece ante ti, así que solo puedes mirarlo o apartar la vista. No crees saber pintar. No recuerdas que tienes el poder de tomar los pinceles y transformar lo que desees. Miras hacia dentro, donde viven tus ideales y los buscas en el cuadro sin encontrarlos porque no recuerdas que fueron maquillados ante la ilusión de tu propio reflejo. Si supieras que ese cuadro salió de ti y que el juicio con el que lo miras es el mismo que no te permite estar en paz contigo mismo, tal vez comprenderías que todo lo que reflejas es la transmutación del ideal hecho materia. Solo así tiene sentido reprogramar la tela, pintando encima una nueva experiencia visual y vital que simplemente te acerque a experimentar de una nueva manera, ni mejor ni peor, cada una de tus ideas.
Cuando pinto un cuadro, el miedo a la tela en blanco es el miedo a la vida, el miedo al error que me permite el aprendizaje, el miedo al juicio sobre las expectativas creadas ante la posibilidad de lo que voy a crear. Asusta encarnar un ideal. Cuando me enfrento a una tela me enfrento a mi miedo al vacío y mientras lo traspaso sobre la tela, algo de mí aprende a traspasarlo en mi vida. Tener miedo y atreverme a respirarlo me hace más valiente. Ser consciente de que yo creo mi realidad y decidir responsabilizarme de cada pensamiento o acción que genero me hace estar más presente.
II
NECESITAS CREAR UN PROPÓSITO DE
VIDA
LA MISIÓN DE TU VIDA ES SER TÚ MISMO
Cuando estamos ante un bebé, encontramos en la transparencia de su mirada ausencia total de juicio o culpa. Es un ser tan poco corrompido todavía, que la pureza de su presencia capta automáticamente toda nuestra atención. Ante un bebé, nada de nosotros se atreve a poner en duda su autenticidad y a nadie en su sano juicio se le ocurriría juzgar de egoístas sus actos, a pesar de que ese pequeño ser recién encarnado solo está ocupado en una cosa: cubrir exclusivamente sus necesidades básicas desde el presente en el que vive y se manifiesta.
RECUPERA TU AUTENTICIDAD ORIGINAL
Un bebé no se preocupa en contentarnos, en darnos lo que no tiene o lo que necesita. No le interesa ser bueno o hacer algo para no ser malo. No le importa tu opinión ni la mía. Solo se ocupa de él, de ser exclusivamente él mismo y para ello, pide lo que desea llorando hasta la saciedad porque sabe que ese es su derecho natural de abundancia y el foco principal de su supervivencia. Un bebé llora también para descargar tensión, algo que deberíamos aprender a recordar y practicar para vivir más centrados. Somos eléctricos y necesitamos descargar a tierra toda la tensión que acumulamos durante el día si deseamos tener un buen descanso.
Un bebé todavía no ha aprendido a fingir y siempre que se expresa, lo hace mostrando abierta y efusivamente todas sus emociones. No se guarda nada dentro, porque su instinto sabe que eso enferma. Un bebé es un artista de lo más auténtico, aunque su expresión y fluidez nos incomode algunas veces y prefiramos ahogar su llanto en lugar de aprender a sostenernos ante el. Un bebé solo es el espejo de lo que un día fuimos, cuando todavía nada nos condicionaba.
A estos maravillosos seres jamás se les ocurre despreciar aquello que los hace genuinos y mucho menos, renunciar a lo que necesitan para repartirlo entre los más necesitados. Eso no significa que no sean generosos. Lo que comparten con los demás es precisamente el brillo resultado de estar saciados, de estar llenos de todo lo que les permite ser pura vida en acción. Cuando un bebé está lleno de alimento,
amor y descanso, la luz que irradia su felicidad es tan intensa que nos parece suficiente.
Un bebé se ama tanto a sí mismo que se ocupa de expresar lo que necesita sin vergüenza alguna, atendiendo siempre a su propio interés. Para estos maestros de la autenticidad y el amor incondicional, lo políticamente correcto no significa nada. Si un adulto actúa de ese modo, automáticamente es tildado de egoísta e interesado y se le supone carente de amor, pero del amor se habla mucho y se conoce poco.
ÁMATE A TI MISMO PARA PODER AMAR A LOS DEMÁS
En la Grecia antigua había varios tipos de amor y estaban bien diferenciados. Antes de hablar de ellos, deseo clarificar algo con respecto al interés. En nuestra sociedad, el interés está mal visto. Al interesado se lo relaciona con alguien falso y sin escrúpulos, carente de corazón. A pesar de eso, en el terreno laboral o incluso dentro de cualquier tipo de formación o estudio, se espera siempre del individuo que ponga todo su interés en lo que hace. Esta es la incoherencia en la que nos hemos criado y desarrollado, donde el interés solo es valorado dentro de marcos
específicos y nunca cuando se trata de algo esencialmente propio.
A pesar de que muchos crean estar desligados de las religiónes, vivimos marcados por la oscuridad de su herencia. No me refiero, claro está, a la parte amable de estas, sino a la oscura influencia de todos los programas limitantes que actúan todavía hoy sobre nuestra voluntad a través de pensamientos y actos inconscientes. Algo de nosotros vive entre el juicio y la culpa, tratando de reproducir modelos de bondad que representan el desprendimiento de lo material y la ausencia de interés en uno mismo, sin comprender que vinimos a la vida justamente a prendernos de ella, a ser nosotros mismos a través de cada aliento encarnado, aunque sea solo por un corto espacio de tiempo. No tiene sentido separar espíritu de materia dignificando al primero y condenando a la segunda. Todo lo que existe forma parte de nosotros y por tanto, es absolutamente sagrado.
Un bebé mira siempre por su interés y no conoce la indignidad o el sentido de sufrir por los demás. Reconoce en sí mismo la manifestación de lo divino y le basta con ser, desde donde se sabe merecedor de todas las atenciones. Cada vez que nos mira y nos regala su limpia sonrisa, una mueca de asombro o su estado de presencia, en realidad nos está reconociendo también como a seres divinos. Esa es la razón por la que un bebé nunca nos mirará con superioridad o deprecio. Observarlo nos conecta con nuestra autenticidad esencial, esa que hemos ido perdiendo al dejarnos absorber y condicionar por un sistema educativo que se ha ocupado más en programarnos en la docilidad que en reconocernos, potenciarnos y enseñarnos a gestionar emociones.
Si el interés es algo mal visto a nivel social, el sufrir por los demás es algo muy valorado. Nos identificamos con el esfuerzo y la dificultad porque, en cierto modo, llevamos programas de servilismo asimilados desde nuestra memoria celular. El esclavo debe ganarse el pan, debe ganarse la dignidad ante su amo, que es el único que merece disfrutar del placer y la dicha de forma incondicional. Una prueba de ello es que la base de nuestra sociedad se sustenta en el trabajo y la familia, palabras ambas etimológicamente conectadas a la esclavitud, al igual que la palabra servir, que viene de servus, el esclavo de la casa de Roma.
PROGRAMAS DE SUFRIMIENTO, ESFUERZO Y DIFICULTAD
Estamos convencidos de que, al sufrir por los demás como hizo el Cristo que nos han vendido, accedemos a la bondad y al merecimiento que nuestro inconsciente tanto anhela, en lugar de comprender que no necesitamos ganarnos algo que por ser nosotros mismos ya tenemos. Sufriendo por los demás interpretamos el rol de salvador que nos ha conectado durante años a una forma de amor totalmente neurótica. En realidad, a través de esa forma de amor solo hacemos que generar deuda, además de afianzar las cadenas que inevitablemente pasaremos a nuestros hijos si no las rompemos antes en un acto de amor hacia nosotros mismos.
Un bebé no se preocupa en salvar a otros porque respeta la vida por encima de todo. Sabe que solo puede ser quien ha venido a ser y trata de crecer desde esa misión interna. Un bebé tiene claro que ha venido a expresarse desde su autenticidad. En ella radica su valor. Por eso nunca lo verás ahogando su espontaneidad y sencillez como hacemos los adultos o incluso los niños que ya fueron programados para dejar de ser ellos mismos. El único interés que parece tener un bebé es el de desarrollarse desde la manifestación de su individualidad esencial a través de los dones innatos que trae integrados en su memoria interna. En cambio, cuando nos hacemos mayores, lo último que valoramos es lo que esencialmente ya somos. Nos pasamos la vida tratando de ser lo que los demás esperan, lo que los modelos de bondad que nos han vendido proponen, en lugar de brillar desde lo que surge de nosotros reconociéndonos sagrados al hacerlo.
Nuestra expresión natural tiene un gran valor y nace siempre sin esfuerzo porque va unida a estados creativos esenciales. Hemos aprendido a despreciar lo que nos sale fácil sin saber que eso es lo más valioso que poseemos. Curiosamente, no hay
nada más sencillo que ser uno mismo, pero nos asusta tanta sencillez y autenticidad. Preferimos complicarnos la vida convirtiéndonos en alguien que construimos desde la carencia y el miedo, un personaje que lo último que atiende es al canto de nuestro corazón. Tememos el juicio externo sin saber que solo es un reflejo de nuestro propio juicio interno. Somos demasiado duros con nosotros mismos.
Así estamos todos, repitiendo patrones generados en base a programas de sufrimiento, carencia y falta de merecimiento. Entenderás que es lógico que, por mucho que creas desear prosperidad en tu vida, no la tengas si a niveles inconscientes tus células creen que eso es algo indigno para ti. Así funcionan las cosas. Tu mente inconsciente crea por ti, a pesar de que te cueste creerlo. Lo primero que te pido entonces es que te vuelvas un interesado de por vida. Un interesado en ti y en la obra de arte que es tu vida. Eso hace un artista consciente. Entonces, solo tienes que tratar de valorar lo que ya eres y lo que sale de ti de forma natural y sencilla. Esa es la forma de empezar a ser uno mismo y esa es tu única verdadera misión de vida.
MUESTRA TU INTERÉS
El problema del interés no es tenerlo, sino ocultarlo mostrando un interés completamente falso disfrazado de desinterés. El interés debe ser puesto en todo lo que alimente la misión de ser tú mismo. Cuando yo muestro mi interés, me estoy mostrando tal y como soy. Al moverme con un interés claro, lo que hago es poner atención a lo que nutre mi necesidad interna de ser yo mismo. En el mundo de la creación consciente debemos evitar todo desinterés. Si algo no te interesa, no lo hagas o transfórmalo en interesante. Cualquier acto es sagrado y no merece tu desinterés. Crear con desinterés es crear sin alma. Una vez más, tu máximo interés en la vida debe ser el de convertirte en lo que tu corazón te pide, es decir, dejar ir todo lo que no es propio de ti para descubrir lo que esencialmente ya eres. Manifestarte
desde allí es tu sanación. Ese es el regalo más grande que puedes darte y a su vez compartir.
Con el pasar de los años hemos ido ahogando a ese bebé que un día fuimos. Lo hacemos desde cada gesto aprendido, desde cada obligación adquirida, desde nuestra rigidez domesticada. Todo eso nos aparta del amor hacia nosotros mismos. Crecimos en la indignidad y la falta de merecimiento, herencia judeocristiana de la culpa y el pecado, donde dar a los demás es identificado como un acto de amor mientras que darse a uno mismo está directamente relacionado con el egoísmo. Es importante que repita algunos conceptos para que los asimile tu inconsciente. Es tan grande la programación celular que llevamos dentro, que ante la demanda externa y el miedo a volvernos egocéntricos, elegimos anular nuestro propio brillo y vivir a medias. Nuestro verdadero enemigo está dentro. Es nuestro propio juicio. Somos nosotros mismos los que sin saberlo, nos condenamos a la indignidad y a la pobreza. Nos educaron para alimentarnos de las migajas, tras ganarlas con gran esfuerzo, olvidando que por el simple hecho de ser hijos de la Creación ya somos merecedores de todo aquello que deseemos.
Mientras vivimos desvalorizando nuestra propia grandeza, en la sombra, ese niño brillante, ese maestro que un día llegó al mundo para encarnar el cielo que llevaba en su corazón, vive olvidado y anulado. Este es el fruto real de la enfermedad y la destrucción del ser humano que hoy camina sobre el planeta Tierra. Seres humanos que temen ser ellos mismos mientras, desde sus entrañas inconscientes, alimentan la frustración y el odio. Todas esas emociones ahogadas son las que proyectamos cada día sin saberlo sobre nuestro mundo, en forma de todo aquello que percibimos como el mal que tanto creemos combatir.