La puerta de la estación

Texto completo

(1)

HOMBRES

LUGARES

Y COSAS

DE

LA MANCHA

Por

RAFAEL

MAZUECOS

LIBRO 52

La puerta de la estación

Es importante dejar constancia en Alcázar de

esta bella entrada a su

estación,

la tercera que

!¡e

re-cuerda y que parece, hasta por la abundancia de

carteles, la fachada barroca de un gran teatro de

capital.

l-a primera entrada fue una empalizada de

tra-viesas en el rincón de la calle de la estación, frente

por

frente

a la taqlJilla

de

los billetes que est¡;¡b¡;¡ en

el andén junto a 1i3 lampistería, Con una

cadena

que

obstaculili3ba el tránsito como un paso a nivel

cual-quiera.

Al cambiarla al paseo se hizo una entrada de

puerta, de puerta ¡:¡bierta, claro, con garita para el

portero y caseta Para los conslJmistas, pero la

nece-sidad de Sacar los bilIetes en el andén segu ía

moti-vando algunas desgracias

v

se hizo esta tercera

re-forma para sacar las taquillas al exterior, que na era

una obra monumental, como se deseaba, pero

re-sultó armoniosa

v

suficiente. dentro de su sencillez.

l-o que vaya a suceder ahora, después de tirado

este edificio, el tiempo lo dirá, aunque sobrecoge la

incertidumbre.

(2)

I

t

s

Ji

t

Iler

"

fl

H~ ~quí el austero y poco cod ir.;iable taller donde se fue labran(:lo esta obra en elsilencio de las madrugadas, cuando te vienen a ver, vivos, todos losdesaparee].

dos que te esperan para enderezar en· tuertos,

Foto: ARISTlpES LasCOS¡¡S muy usadas adquieren personalidad porque el hombre, como los oficios, deja su huella en cuanto manosea.

Los mecanismos se amoldan a la obligación y la cumplen con suave facilidad, mUGbQ más tiempo del que pudiera suponerse adaptados, el hombre y la máquina, a la misma necesidad.

He conocido mucho a las sastras antiguas que pasaron su vida con una máquinade

mala muerte, sin averías ni interrupciones en el largo trabajo de todos los días y he visto muchas máquinas flamantes repartidas en las casas qué nunca marcharon bien. Todo depende de la máquina y de su manipulador, de la buena adaptación del uno al otro ydel modo de llevar la labor, pero sobre todo de la función.

Con los grifos del agua pasa lo mismo. Uno cualquiera puede durar toda la vida o estar siempre pasado de rosca. Y no digamos las máquinas del tren, tan defendidas

siem-pre a capa y espada por las parejas que nu quer ían perder su máquina porque se la

estro-peaban, como si la máquina conociera la mano que le tiene cogido el tranquillo.

Yeso que pasa con todo no es ajeno a este trasto que apenas te oye empieza a dar

vueltas corno el borrico de la noria y no lo deja mientras te siente orilla.

Solo si tú te paras se para él o se entorpece. Y esa es la importancia de la continuidad, para la máquina y para tí mismo, pues, es una ley que no excluye ninguna clase de

(3)

mees-HOMBRES, LUGARe:S

y

COSAS Oe: LA MANCHA

Ap4ntell para un estudío médico - topográfico de la Comarca POR

RAFAEL MAZUECOS

Febrero de1984

pUE3I-ICACIONES DE LA

FU NDACrON MAZUECOS

ALCAZAR DE SAN JUAN

Fascículo L11 IN D ICE Portada La puerta de la Estación (Foto Arfstides) Contraportada Primera El Taller solitario Contraportada Segunda Lafirma deEstrella Página1 El Libro 52 Página 2

.1,).Marrano,MédICO rUJaI

Página 5 Meditación Página6

Títulos honoríficos Página 9

La depravación del Paseo Página12

Escenas pastoriles Página 14

Plano mudo del lugar Página 19

Callejero del plano Páginas20 - 21

Plano Página 22

Edificiosycalles señaladas en el plano

Página 23

AIIDJnas viviendas de nuestros hidalgos, Página 25 Buena idea Página 26 Universidades manchegas Página 27 En pos de D. Demetrio Página 28 Hallazgo Página 29 Cartas a D. Rafael Página 37 Carnaval alcazareño Página 39 Periodiquillos viejos

Desde el libro anterior ten (amos la

obli-gación de publicar el plano de Alcázar del

año 1840 que nos da una idea clara del

con-torno urbano de la Villa antes de la

instala-ción del

terrccarrí].

circunstancia

sumamen-te insumamen-teresansumamen-te.

Las cualidades de dicho plano nos

obli-gaban, además, a ocupar con él las

péqinas

centrales, lugar también indispensable para

las hojas del índic(;¡ general de la obra

debi-do a Emilio Rodríguez Martín, pero corno

dichas hojas se tienen que desqrapar para

coleccionarlas, se ha considerado lo más

práctico, publicarlas en cuadernillo

separa-do, siguiendo su numeración romana

y

dis-tribuyéndolo

Goma

encarte dentro del

mis-mo libro 52. Y así va.

Estas son las circunstancias del presente

libro que deseo entretenga a todos

y

au-mente su cariño a nuestra tierra. Muchas

gracias.

(4)

OH

arlano, méd

ral

El trabajo publicado sobre don Mariano en el libro 51 me ha dejado

des-contento a pesar de considerarlo real.

Es frecuente que me pase esto, pero no me resigno y, se vea o no se vea

por

fuera, yo Sigo

d~nelol~

vueltas

al molino con los proplemas planteados

y con rE,llaCión a don Mariano me elisglJsta no habElf

dado

una imagen más

completa

del

m~ico

rural vercadero

que,

Pélfa el caso lo

flS

~I

únicamente,

entre

[os

ele aqlJí y no habE.!fle visto en

SU

propio medio nativo

para

poder

Hi:lga frío o calor, esté lloviendo o nevando, don Mariano toma el camino para visitar los enfermos de cada 'pueblo de su demarcación y queda dispuesto, al volver, para atender cuanto haga falta las restantes horas del día y de la no-che, cualquiera que sea la festividad de todas las épocas del añoy sus circuns-tancias personales, no siendo raro que tenga que interrumpir o faltar a la cena familiar de noche buena o a la de la boda de algún hijo.

transmitir

a

los lectores que le han conocido y tratado y otorgado su

con-fianza, la exactitud de esas vidas tan meritorias y ejemplares con

descripcio-nes

y

fotografías auténticas.

No es esto un capricho, sino una necesidad de establecer comparación

con el ejercicio de la Medicina en los pueblos manchegos, que es igual en

todos ellos, pero

muy

diferente de

la

de los pueblos serranos.

(5)

CHAVES con explicaciones machaconas para que nos hiciera un boceto

que dejara en esta obra unademostracióngráfica de tales ideas, cama

apa-recen plasmadas en el dibujo que acompaña, porque el médico serrano lo era

de a caballo, como el manchego lo era de tartana y bien se les notaba en todo

a uno y a otros y más que nada en la fortaleza y agilidad. El médico de

tartana era un médico apoltronado, conducido por un gandul y el de a

caballo, ágil y fuerte, obligado

a

la brega personal con la bestia que puede

cambiar en cualquier momento y darle un disgusto.

Hay que suponer que en la casa de don Mariano se cambiara de caballo,

tanto por él como por su padre y hay que admitir que esta vez les tocara este

fortachón de robustas ancas y abultados pechos, caballo fuerte como es

me-nester para el continuo caminar.

El dibujo tiene todas las buenas cualidades a que nos tiene

acostumbra-do nuestro admiraacostumbra-do Abel González y no se si alguna pequeña incongruencia

entre lo vivo y lo pintado cuando no sé conoce, pero la figura del médico que

sale de su aldea para dirigirse a las demás de su partido es evidente y hasta

con su poco parecido con don Mariano.

El médico responde un algo a la organización oficial, un poco

impositi-va, aún en los tiempos de don Mariano, como el maestro, el cura, el

albéitar.

etc., pero cada pueblo se busca sus soluciones propias con arreglo a los

ele-mentos de que dispone y la parroquia tiene su sacristán, que es el que conoce

el paño y a mucha honra según él, y el médico se encuentra siempre con el

ministrante, la partera y el pastor que entiende de torceduras, tres

maestri-llos, cada uno con su librillo bien sabido Y defendido con buenos artificios,

que ponen al médico en rid [culo cada tres por cinco, sin contar la nube de

curanderos más o menos hechiceros que pululan por todas partes, con

oracio-nes, unturas

y

cocimientos de todas clases, que son los jueces que atisban

¡:tI médico en todas sus actuaciones y dan o quitan confianza a los pacientes

y farnlllares, porque son los avezados, los irresponsables que se quedan atrás

para sembrar la duda o la

cizaña

y remover la tierra donde ha de resbalar el

pobre médico que al fin queda siempre solo, indefenso, inseguro e ineficaz

contra el fantasma de la vida que huye como espantado de su perplejidad.

II

Mi prolongada y continua

actuación

profesional en todos los pueblos de

la comarca, me permite enjuiciar ahora la actuación de don Mariano, sin

haberle visto en su propio medio, por haber protagonizado muchas escenas

médicas en lucha contra la adversidad y la pobreza y sufriendo íntegramente

o compartiendo los sacrificios necesarios para resolverlas.

Conozco la situación de don Mariano y sus problemas, como ya insinué,

que son los de la medicina rural y que no se refieren a asistir pulmon íacos

o tifoideos que más o menos evolucionan espontáneamente, sino aquellos

otros procesos donde se ve clara la actuación

y

la responsabilidad del

mé-dico, como el sondaje que, pese a todo, no le hizo a don Magdalena, el

bra-zo o la pierna rotos o luxados, la asfixia por difteria, la hernia

(6)

-da, el estómago perforado, el empiema ineVcll::Uaelo o la herida penetrante, Ahí, como en los malos partos y en otros no tan malos es donde

se

veía la competencia y el espíritu de sacrificio de los profesionales que no omitían sus esfuf1rzos Pélrél resolverlos ni pod [an escurrir el hombro para no desacre-ditarse.

No he cruzado las trochas serranas en las noches de grandes tormentas, al estilo ele la primera escena echeg(jriana en

EL PUÑAL DEL

GODO, con los cuatro tizones en la c(jbClfía pastoril y ICI voz qrave del c(jchicªn, que lo era aquel <::01050 de la e5<::ena que se llamó Francisco Morano y volvía diciendo:

i"Qu~noche, v~lgClm!':lel clelol, ¡Qué tormenta nos ¡,¡maga! ¡Si está lloviznando hielo ..."!

No he pasado la negrura ele los montes azotados por el viento y por la llu-via, sin más luz que la ele los relámpClgos y el horrible estruendo ele los true-nOS espantosos, pero sí he soportado léls inclemencias de toda índole en los campos

rnancheqos

y me he visto en l(js circunstancias más apuradas sin nin-guna clase de recursos. Y conozco la alegría que cuenta Ff1lipe Trigo, gran es-critor casi olvidado y

rnédlco

como 6aroja, cuando al flna] de una empeñada lucha, se va uno dejando una vida salvada o en vías de

recuperación,

pues aunque el

médico

no pueda presumir de salvador, hay casos en los que el pa-ciente y sus ClllegClqos lo proctarnan y él mismo, sin alardes, puede decir que lo fue.

Comprendo la vidCl de don Mariano mejor que los demás médicos de Al-cázar, que me superaban en todo, porque esto no depende de las cualidades personales, sino de las circunstancias que le rodean a uno y un poco de sus ánimos, que no es vanidad decirlo cuando se cumple con el deber.

Hablé poco con don Mariano, tal vez demasiado poco, pero siempre con esta respetuosa admiración que él no podía comprender en mí y que me sa-tisface dejar consiqnada en esta obra de eternidad, como la vida misma,

inclu-véndole

en el grupo de los grandes médicos de esta comarca con los cuales batallé mucho más, compartí aleqr

ías

y tristezas y aprendí a conocer a la hu-manidad, lo cual no es nada ventajoso para la felicidad y la tranquilidad.

1I1

Aparte de las cualidades profesionales ya señaladas, como actuaciones

públicas

de don Mariano en Alcazar. h¡:¡y que

señalar

el haber sido Alcalde, con las mismas maneras de prudencia, celo y ecuanimidad que en la profe-sión y alguna aventurllla empresarial maloqrada, derivada imaginativamente de la instalación de la estación Enológica.

Coincidente con ICI misma o coincidiendo con la inauguración de este centro, se celebró un concurso de prensas continuas. Vinieron muy ilustres ingenieros de los que recuerdo a Garcla de los Salmones, Oliveras, Marcilla y algún otro que dieron sendas lecciones y realzaron los numerosos actos que se celebraron con tan aqradable motivo y se abrió el primer curso de enolo-gía elemental del cual formé parte.

(7)

Como consecuencia del espíritu renovador puesto de manifiesto en

tan-tas actuaciones brillantes y concurridas, con una verclacll:lrél explosión del

es-píritu cooperativista, aqu í desconocido, se unieron unos cuantos señores,

entre ellos don Mariano, para cambiar la industria vinatera, empe;zando por

hacer una bodega modelo que tomó él su cargo el ilustre Sr. Marcilla y que la

llevó a cabo con asombro general, en la

fábrica

de pasta para sopa de los

hermanos Goberna, enfrente del matadero. No le féllló ª Mélrcillél ni el

nom-bre, que fue bien adecuado: "La Cepa ManchI:l9ª".

No faltó requisito en la instalación en un ¡;¡lardEl de tecnicismo teorizante

al que no acompañaba la experiencia ni el duro contraste de la realidad. con

frecuencia desdeñada en las tertulias casinerlles.

Faltó también el

esptritu

empresarial, tan

¡::SGélSO

Y difícil de logrélr y sin

el cual fracasa todo lo demás, que aqlutinara y capitaneara él los asociados

hi-dalgos, más bien tocados de fantasía que se

encarqó

de ir diluyendo los

varia-dos mostos y, como ha pasado tantas veces, se quedo solo el hombre tenaz,

forjado en el trabajo y capaz del sacrificio y del esfuerzo élún en asuntos que

no los entendiera, que era Rafael Bonarde]] que

tlJVO

que rendirse ante lo

imposible y la dejación de cuantos le

accmpañeron.

Rªfªel Bonardell y

Sán-chez-Mateos que .no en balde estaba ir Jertéldo entre los Canteros

y

Estrellas,

pues en los demás había más

presunción

que

efíclencla y tratándose

de

ha-blar se iba muy lejos pero puestos en el camino les félllabél la cabalqadura.

MEDITACION

He aquí

el

equipo

de la Clínica cuando

empezó a formarse por

eJ año

1 942,

con la

ins-titución ya bien

conso-lidada y mejor probada

en

el período de la

guerra.

Le faltó brio

y

for-taleza física,

disgregán-dose antes de tiempo,

pero constii.uyc

el

hecho médico mas Importante de la medicina comarcal

contemporánea

y

como

tal

deberá estudiarse su significación en algún

mo-mento, pues llena toda una época de más de medio siglo -sesenta años

apro-ximadamente- de existencia, durante el cual cubrió íntegramente las

necesi-dades públicas, en tales condiciones que, ni

el

Ayuntamiento ni

el

Estado

han podido igualar ni las igualarán.

Fue

el trabajo

y

la generosidad -el donador alegre-

el motivo de todo

y no hay inmodestia en proclamarlo como ejemplo para los venideros.

(8)

-5-TITULOS

I

Lo son en realidad y tal vez

únicamente

los

que

otorqa la

gen-te

di?

tu

pueblo, la

que

ha

asisti-do a tu desarrollo y te conoce a

fondo "como si

te

hubiera

pari-do".

y

hay

que

poner en primer

término

los motes que son la

ex-pre¡¡ión más certera Y cabal que

puede merecer una persona. Yel

que

quiera

y

sepa.

que analice,

porque brotan espontáneos en

momentos inesperados y salen

perfectos.

Otras

veces parecen

el

resultado

de largas

observacio-nes de personas de

arnplla

prepa-ración porque no les falta detalle,

Pero no, son

~I

fruto del

macha-caneo de cada minuto de

tu

vida.

Un

el

ía

me

estaba

esperando

en el

patio pélrél

una incurnhencla

la Gabina de

Borreqo,

prima hermana de

rr.i

padre. Me habló desde el pie

de I¡:¡ escalera,

le contesté

y

exclama.

- ¡Ay! que tío

Basto eres, puñeta, y no tengo gélng de

hablar

mal.

1:1 tío Basto era el

abuelo de

131as, tío de la Gabina

y

mis modales, sin

du-da

confiados e improcedentes, se Ip

hicieron

recordar.

y

de

sequro que

con

exactitud. El tío l3'gS, Rufao y Borreqo eran hermanos, con diez más, por lo

tanto la Gabina hablaba con conocimiento y buen ojo.

y

alqo habrá porque

las g13nt~¡¡

de

confianza

me

han 11amadQ mlJchasV~c~s don Rufao o Refael,

que ere el nombre de Rufao.

Mi caso se parece un poco al de don Mélgdaleno, pero él tenía un nombre

de

pila y otro

en el Reqistro.

Siempre

se

le conocía por Alejo -Ale]o

García-hasta que al necesitar documentar su nombre apareció el Magdalena que

flo-tó por encima de todo, aunque debió pasar algo antes.

Otra vez, el Angel de Borrego, hermano de la Gabina, me dijo hablando

-y estos Borreqos no fueron de los más bastos- tú eres gañán de cuadra,

de los que duermen en el camastro al celo de la yunta para que no se dañen

las mulas si se echan

mal

y no ele los que se las dejan enganchadas en la besana

y se van corriendo detrás de una liebre.

(9)

La gente indeterminada, el personal de tu pueblo que te considera como

de la familia o más y te confía sus cuitas, te dice cada cosa que es para

des-ternillarse o para inflarse como un pavo, porque no hay satisfacción mayor

ni alegría más grande que la de verse querido con tan buen cariño.

Yeso son los apodos, una prueba de cariño familiar muchas veces puestos

por el padre lleno de mimo hacia el chico que le enternece con sus gracias. Y

cuando es puesto por la corrección de vanidades infundadas, o defectos

singulares e irreversibles, como es el caso del mismo

Basto

o el de

Pucheritos

cuya expresión facial quejumbrosa con

el

soponcio que precede al "éloto,

era

tan manifiesto desde eh ico que no se pod ía dudar de la aqudeza de la gente al

designarlo.

Algunas veces se revuelven las palabras de tal modo que acaban los

nombres tomando la

supremacía

de los apodos pues el valor

simbólico

del

apodo es de siempre y para siempre,

rnuv

superior al del nombre llamado

propio, hasta el punto que en muchos casos se los ponen los

propios

interesados

para sobresalir o alzarse sobre nombres o apellidos demasiado vulgares.

Son ejemplo de esto entre nosotros los escritores, los toreros y hasta los

bandidos.

y

en cualquier pueblo la mayoría de las personas significadas que

lo habitan.

Los Galianas son un apellido de los mejor implantados en Alcázar con

ca-tegoría de mote y por su claridad aplicado a muchos de los que no lo llevan,

pero que atendían por él admirablemente aunque después no lo usaran en la

escritura, naturalmente.

Es el caso de Dieguito Galiana, tan reciente, que él puso tanto empeño en

sepultar inútilmente aireando cuanto pudo su Gonzalez y Pérez-Vázquez.

Casi todos ellos figuran en esta obra por lo muy considerados y bien

re-lacionados, pero lo que yo no sabía y he descubierto leyendo a un autor

cas-tellano, es que se denominan así las cañadas o vertientes de los cerros.

Casares dice que Galiana es el nombre de las cañadas o vías pastoriles. Y

con este gran diccionario ideológico se muestran de acuerdo los demás

dic-cionarios de uso corriente, empezando por el de la Real Academia.

Seguro que Dieguito no sabía eso ni sus primos los de don

Vicente

que

todavía andan por el mundo aunque jubilados, que es no andar y

tambalear-se.

II

La suerte, que sale siempre al paso del perseverante, y por conducto de

una mujer que es un torbellino de inquietud y se llama Gloria siendo un

in-fierno, me ha traído esta demostrativa y característica fotografía de

Pucheri-tos siendo niño, Antonio Castellanos Alvarez, una trilla doble puesta sobre

los caudales de don Joaquín que logró pulverizar lo que parecía imposible.

Se casó con la hija de don Gonzalo-Consuelo que tuvo una niña,

falle-ciendo tempranamente la hija y la madre con lo que Antonio perdió el

re-gulador y le faltó gas para el final de su viaje, dejando barrida la era.

La fotografía está hecha por Benjamín Esperón. Es su clase, pero en

Herencia, como si hubiera estado establecido all

í

antes que en Alcázar.

(10)

-Antonio era hijo de don Juan Castellanos Arias, el de la calle de San

Francisco esquina a la calle Resa, donde estuvieron las monjas francesas, ano

tiguo alcalde de la Villa

y no afortunado transmisor de herencias biológicas

a pesar de los cambios de sangre. Don Juan fue alcalde a continuación de don

Joaqu ín, inmediatamente antes de don Antonio Castillo, de 1881 al 83, hace

un siglo justo y fue el encargado de instalar a las monjas en el Hospitalillo.

Don Joaquín había hecho una gran labor hacendística en silencio, de las que

no brillan pero acreditan a las personas y levantan los pueblos.

En el libro 13 hay una fotografía muy entrañablemente alcazareña con

un grupo numeroso de personas muy significadas en la localidad.

La atmósfera que les rodea es de carácter político y en ella aparece

An-tonio, ya viudo y muy embigotado, sentado en la primera fila entre don

Al-varo y don Gonzalo, su suegro. En la misma fila están Vicentito Jaén, Pedro

Cañizares, Frías y Juan Leal. Está tan natural que da la impresión de que

fuera a ser propuesto para Alcalde o Diputado Provincial y tan serio que no

se le notan los gestos lacrimosos que tan ostensibles eran hablando y más al

reírse que tanto sorprend ían, porque lo hacía con expresión de llanto

cómi-co. Reía haciendo pucheros aunque no muy escandalosamente, de ah í el

acierto del apodo, "Pucheritos", Y no estaría muy lejos de él quien se lo

pu-siera, pero a quien se da un aire Antonio en este retrato, gordinfloncete, es

pre-cisamente a don Joaquín, tío suyo, hermano de su madre.

y

hay que destacar otro aspecto muy utilitario del apodo que resalta en

este mismo caso.

En Alcázar hay su media docena larga de Antonios Castellanos que se va

ampliando con las descendencias que no se aclaran siquiera con los segundos

apellidos y surgen los apodos rotundos, breves, claros, inconfundibles,

defini-tivos, Pucheritos, Castaña, el Pití, etc.

Qué hermosura. Los recuerdos de la infancia, dice don Enrique Chicote,

evocados ya avanzada la vida, pasan por el espíritu como una bocanada de

frescura y perfume. Verdad grande.

SUCEDIDOS

Uno de Argamasilla, de los que suele oír Alfonso Arenas, trabajaba en el campo

y se quedó parado. Se metió a corredor de cereales y compró una partida de cebollas a 3,50 que colocó en el porche, empezando a venderlas a 3,25 kilo porque no las pagaban a más.

Su mujer le decía:

-Yo creo que estás perdiendo dinero con las cebollas. Y él le contestaba: -Tú que sabes. ¡Ande que no quedan gordasl.

Había un criado ya viejo cuando pusieron en el pueblo la luzyle decía el ama: -Sebastián, enciende la luz:

-Quíte usted, señorita, que eso es cosa de demonios.

En un velatorio estaba una mujer dormida y se le fue un cuesco de sonoridad lenta

yprolongada. En medio del silencio exclamó uno: -Dale cuerda a ese reloj, que no tiene.

(11)

La depravación del paseo

I

Al hablar de los golfos del paseo, -hombres y perros- y referir fugazmente

alguna escena de sus vidas, me di cuenta de lo poco que tenían de atractivas

y que lo de vivir sin trabajar de que se hablaba como aspiración suprema, no

era nada apetecible.

A pesar del bullicio de la época, el aburrimiento era perceptible y

predo-minante en la golferancia y a medida que aumentaban los años en quienes la

practicaban se hacía más ostensible.

La misma relación hombre-mujer perd ía todo su atractivo y

desemboca-ba en la

más

indiferente vulgaridad, pues los hombres bostezaban al lado de

las camareras como los perros, abriendo una boca de a cuarta

y

manejando

la baraja de los solitarios que es la mejor prueba de la magnitud del

aburri-miento.

Me complace mucho destacar que la vecindad del paseo era de las

mejo-res cualidades que he conocido, aqu í yen Madrid, pues la depravación se

re-fería a los concurrentes, no a los residentes, de los que se podría lamentar

únicamente su tolerancia, su manga ancha, para no oponerse. La masa de

concurrentes estaba constituida por gentes de todas partes que concurrían a

esta especie de barrio chino donde cada cual se divertía a su manera sin

inge-rencias de nadie, pues hasta los guardias y serenos eran como los de la

zar-zuela, que ni tocaban el pito ni tocaban nada, aunque tampoco hizo nunca

falta más que darle vueltas a la manzana.

La media tarde, hasta el cubre luz, eran las horas de mayor incertidumbre

para los manipuladores de la juerga, aquellas en que no se sabía qué hacer y

cómo ir templando los ánimos

y

al cruzar por las puertas de los

estableci-mientos se percibía el silencio, la soledad, la frialdad y, por lo general, la

po-ca luz, dificultada por las gruesas cortinas que impedían su entrada.

Nadie hubiera podido suponer un,ambiente más tranquilo ni de mayor

honestidad, ni sospechar que aquellos que más lentamente iban de un lado

para otro, eran los iniciadores del jaleo, los que estimulaban y sostenían con

más vigor manteniéndolo toda la noche

y

las restantes horas del día, pues

las de por la mañana eran siempre movidas y entretenidas en los quehaceres

domésticos proveedores de la comida

y

la bebida que sirven de fondo a toda

broma desde que el mundo es mundo.

Esta regla general sufría alguna alteración parcial los domingos y días

fes-tivos que los habituales o menos mirados, sol ían concentrarse después de

co-mer, aunque nunca fue como el casino. Los casinos que fueron múltiples

los nombraban en singular, el casino de cada uno o del que era socio, aunque

los preferidos eran siempre los neutrales, los que no tuvieron nunca carácter

polftico

y

se reunían en ellos libremente los de todas las ideologías, que era

lo propio del liberalismo alcazareño, discutir en tertulia toda las actuaciones

(12)

-9-y sus resultados, sin duelo -9-y sin quebranto.

1I

Uno de los signos más nefandos de este personal y más reprobados por

el vecindario en qeneral, era que fumaran lascamareras,

- ¡Qué muieres, que hasta fuman y todo, decía la gente del pueblo!.

y

a los hombres les parecía iqualrnente detestable

y

un detalle de la

máxima relajación, que no todos admitían sin protesta ni indignación.

A ninguna mujer le apetecía hacerlo, pero aunque le hubiera apetecido

se hubiera abstenido por su propio decoro Y estimación personal,

Los intercambios de la guerra de Cuba hicieron que se viera aunque

no con poca extrañeza, alguna que otra señora con su cigarro puro en la

boca

y

el arrebato de celos

íncompresíble

que condujo a la tía Negrita al

sepulcro, tal vez no fuera ajeno

¡:¡

este viciejo como le

pasó

a Malacara, el reo

ejecutado en la placeta de Palacio, que echó aquel cantar al pie de la horca,

lamentando la mezquina utilidad de su crimen.

"Por un cigarro puro

y

por una mala compaña

la víspera del Señor

mataron a Malacara

La quiebra de todos los resortes morales durante nuestra guerra

últi-ma, la promiscuidad de las gentes, los estilos

y

modos internacionales

y

un

factor de tan inmenso poder como la moda hicieron que se extendiera

mu-cho el vicio de fumar entre las mujeres. Grandes contrastes he observado

en-tre ellas debidos a estos factores

y

sólo me quedé con ganas de ver el de la

Pantoja, a la que visitaba con frecuencia.

La veía don Gregario Marañón, y él fue el inventor de las marchas a pie

hasta la

Cañarnona,

los masajes diarios de toda la mañana por una mujer

amaestrada

y

cien mil detalles que no hacenal casosin conseguir bajar ni un

gra-mo a los doscientos kg. en bastantesaños. Cuando surgenestas cuestiones

pien-so siempre que si doña Enriqueta hubiera vivido la moda de los

adelgaza-mientos, seguro que pierde peso, pero fue al centrarlo, se estilaban en su

tiempo los abultamientos y aunque le pesaran no los perdía.

Y

puede que

hasta hubiera fumado sin que le pegara mal por su carácter viril.

Lo de fumar para no engordar es un achaque antiguo

y

de observación

vulgar entre los hombres de antes, aunque ahora lo practiquen también las

mujeres. Es que la carne se hace comiendo

y

el tabaco quita el apetito más

que la botica y na comiendo no se engorda. Lo difícil es dejar de comer

te-niendo hambre y comida, por eso Faca el de la Moya, que era el caso más

notable de la Cruz Verde, por la gordura, por la vagancia y por la

carraspean-te voz, dejaba y tomaba el tabaco a carraspean-temporadas y se hacía la ilusión de que

subía mejor al casino cuando fumaba, como la Pantoja iba a la Cañamona.

(13)

an-tigüedad, pero de todas maneras son abundantes los

CélSOS

de gordura

desco-munal en ambos sexos. Hay que nombrar lo del sexo porque ello está muy

relacionado con las gorduras pero con tabaco o sin tabaco, como dejara de

estilarse el desnudismo, veríamos lo que pasaba.

Y

nO faltará quien lo vea,

porque las cosas cambian.

Alcázar, tan imaginativo y socarrón, se ha fijado siempre en lo que tenía

y

en lo que no tenía y lo ha solido distinguir con acierto y claridad en pocas

palabras.

Podemos señalar a la Petrucha, modelo de nombre expresivo

destacando-se de todas las mujeres del Cristo.

O

a Inocentón !3n la plaza,

él

Cañamón

I

Ca-raca y Franciscon por donde fueran o la Sastrona en sU obrador.

La tfa

Antoñona,

la partera, aunque sin compararse con la R!3lojerél que

le ven ían estrechas las puertas de todas las casas

y

en muchas la entraban de

canto, todo hecho a fuerza de tortas de bizcocho

y

tazas de chocolate

ayu-dando a las mujeres a comerse los dolores.

El tío Sanchón que pidió ración doble de recompensa cuando le

mata-ron el caballo a Prim

y

se ofreció él para llevarlo a hombros durante la

ba-talla.

El zapatero Gordo, la Teresona y algunos que se me

olvldarén

conocién-dolos como a éstos, como el Cojo de la carne, Cabeza Hierro, la Talana

y muchos matrimonios bastante parejicos, Como Bonifacio y la Sirnona,

Ju-Iián el Civil y la Gabina. Juanaco

y

la Cándida, Antonio el Cartero

y

la

Ma-tilde, José Culón y la mujer, Pedro el del Cartucho y la suya, Morano

y

la

Lorenza, la Cayetana

y

Casitas, el tío Mocho, la Ciriaca

y

tantos otros que

brillaron por sus colores en nuestras calles diciendo que no hay gordo feo

y en nuestras cocinas rodeando la sartén bendecida con el dicho delpobre

de: antes reventar que sobre.

A varias de estas personas

y

otras que no menciono por no alargar esta

relación, les pesaron poco las carnes

y

no se les acumularon demasiado las

mantecas ni necesitaron tratamientos de complacencia, porque trabajaron

como fieras y el que gana

y

gasta no se hace rico ni se le crean problemas de

acu-mulación ni de privaciones que tambiéh se dejan de sentir.

111

En el sentido convencional tampoco se recuerdan grandes trifu leas, a

pe-sar de

v~mir

qentes de ValdePeñéls, Murciél

y

Alhacete que ten ían fama de

ca-morristas

y

de diestros en el manejo de las grandes navajas que no permiten

escurrir el bulto,

PUe!!

el (mico hecho luctuoso fue el de Emilio el Pámpano

de mala sombra

y

entre

alcazareños,

El vino corría, desde luego, pero más

la codicia del juego

y

la barraganía de las muieres.

En el aspecto médico-sanitario de lél vidél del paseo, puedo decir que no

tue tan nociva como pod

ía

supont¡rst¡, por léI privatización de las relaciones

humanas, pudiendo asequra]' que la mélYQríc¡ de las enfermedades graves

ob-servadas eran de importación

y

no g¡;¡neréldas aquí donde un temor,

instinti-vo pero fundado, dio lugar a que el ruido fuera más que las nueces.

(14)

-ESCENAS PASTO

ILES

Juana Pérez Vela, nieta de la loca de la

Carretera. nos ha hecho la merced de

traernos este Par de fotografías con

esce-nas típicas de nuestro pastoreo,

En

la primera aparece

Bedeia~,

su

pa-dre, Ca!iimiro

Pérez Fernández, con dos

de los

hermosos mastines

del ganado de

ia "Cañá",

U!1Q

de esos grcmdes ganados

que no

ven

(éln

nunca

éll pueblo.

En la segunda está

Casirniro

con la

To-masa Vela, su mujer, lavando los rollos,

serillos

o pleitas de

hacer

el queso.

Es una estampa médica de primer

or-den, pues la que lava es ella mientras

él

permanece sentado con los rollos entre

las

piernas porque se le ve en todo que le

falta resuello, se afianza en el suelo con

los pies

Y

con las manos en las piernas, se

echa la boina hacia atrás

y

ensancha los

hombros porque le estorba todo. Siendo delgado se le ensancha el pecho

por-que lo tiene lleno de aire por-que se le retiene dentro

y

se agarra a todo lo que le

pueda ensanchar la caja del pecho que no coje más. Con lo poco que hace la

T

ornasa.

él

se tend

ría que sentar o agarrarse al Carro o a la ventana. t:l

espa-cio, el

suelo, las

puertas son típicos de un gran corral de ovejas

Y

este hombre

de

tan ostensible enfisema

pulmonar. fuma. como se ve. convencido de que

esto no hé!Y

quien

lo entienda, porque negro de

toser,

echa un cigarro

y

se le

calma la to!i

y

h¡:jber quien atina, porque eso

es

!iegún le

da,

Pero qué

perrán-canos tan fuertes y tan tus

trosos

le acompañan.

La Pilar

Octavio

está

ahí con

SU

padre, Bonif,,·

cío. nuestro

pastor

poeta

y

su

hermana AVelinil,

puestos

~n

el entremiso

haciendo el queso.

Ya salieron el padre

y

la

hija en el libro cuarto con

la misma faena

y

amplia

explicación.

Los serillos, el

entrerni-so o mesa de hacer el

(15)

que-so

y

las queseras o

plan-chas que se ponen al queso

.por ambas caras, son los

útiles de que se sirve la

quesería.

Lo demás

lo

hacen las manos y I¡:¡

habilidad

de que no suelen

estar faltos los pastores

acostumbrados a labores

de adorno en sus obligados

ocios

mientras come o

duerme el genado.

Reproducimos esta

fotoqraffa

de las escuelas ferroviarias. que

de-bemos al buen alcazareño Sé!ntii::!go Ramos Plaza, para que no

des-aparezcan sin dejar señales de su existencia, como sucede con todo

en Alcázar.

(16)

-Plano mudo del lu ar

I

Cuya

ínterpretación

prinoo a los entendidos, anticipando yo los detalles

d~ mili recuerdos Y léI posible interpretación del dibujo.

Corr!:'lsponoe al año

Hl4Q,

es oe autor

anónimo

y debemos su localización a

nuestro

paisano ¡;¡I

Genera]

MéoiGO

don

Emilio

Garcfa-Vaquero

Garrido, pa-ra

entendernos amlstosemente.

el hijo de Jesús Vaquero el

del

Registro. El plano proG¡;¡de de los servicios g¡;¡ogr¡:ífiGOs del Ejército.

II

Por mi parte no considero fácil la interpretación de este plano mudo, sin é1penélS indicaciones, pero aprovechando bien las pocas que figuran manuscri-tas,

podernos

darnos una ioea del contorno del pueblo antes del ferrocarril, debiendo manifestar en este punto mi admiración por la facilidad con que don Emilio se ha hecho cargo de casi todo el callejero, lo que demuestra lo mucho que se fijan las ideas en los ausentes, aparte de la costumbre que pUE)da tener de interpretélr mélpas en

Su

juventud.

Si mentalmente O gráficamente, trazamos una cruz que comprenda todo el plano, quedará dividido en cuatro compartimentos ígUal!:'lS, dos arriba y dos abajo, dos a la qer¡;¡Gha Y qOS a la izquierqa y veremos que el cuadrante inferior izquierdo y I.jna bl.jena parte del superior, están OCUPados por salitre-rías, dlvldldaa por el Arroyo, que recoge las aquas de la mitad izquierda del pueblo y se pierde en la Veguílla, a unos tres cuartos de legua, dice el plano en el que se escribe Veguilla con

a,

dicho sea por lo que puede significar.

Este arrovo que se le ve doblí'lr en [as proximidades de léI Carnicerfa, (el matadero antiguo donde estaba PiGuco). p13ra buscar el otro arroyo que pa-sa por la puerta de la Benqa, y recogen todas las ¡:¡gu¡:¡s de la mitad occldental de la POblé:lción, quedando 113 otré:l' mitad para el arroyo de lé:l Mina desde los puntos que marcan las

corrtentes

s!:'lgún léls alturé:ls del terreno, Por cierto que este arroyo de I¡:¡ Min¡:¡ está peor señalado en el plano a pesar de su importan-cia no inferior a la del arroyo de los Sitios, aunque lé:l unión de ambos formen la Veguilla. Es posibl¡;¡ también qu¡;¡ esta, al parecer, falta de interés por la Mí-ni:l del autor del plano, pl.jedél

deberse

él que no est~mqqhechéllél vía ni sus te-rraplenes y alcantarillas, no se acumularé:ln las é:lgué:lS tanto y no tuvieran tanta importancia sus corrientes como la tuvieran luego,

Detalle digno de consignarse es que todo el pueblo aparece rodeado de eras menos el extenso campo de las salitrer

ías.

No hay ningún detalle que recuerde 1;::1 estación y los caminos de Villa-franca, de

Ouero,

de la Puebla y de Miguel Esteban, salen separados desde la

(17)

Tampoco hay indicios de la existencia del Arco, porque aún no estaba,

como la estación y deberíamos encontrarlo en el mismo camino siguiendo la

línea de la Carnicería o matadero. Todo esto nos dice aproximadamente el

tiempo en que se pudo hacer el plano.

Delante y a los lados del cementerio de San Sebastián, está la explanada

por donde galopaban los caballos al final de sus carreras para coger los gallos,

explanada donde se inician ya las calles a partir del molino del aceite para

abajo, pero

écórno

se diferencian estas calles siendo que la del Santo baja

de-recha hasta el Arenal y precisamente visible desde la esquina del cementerio?

Hay que tener en cuenta que no existían ninguna de las calles actuales, ni

siquiera la del Norte que aunque más antigua, es de construcción reciente,

como la bodega de Estrella.

Hay demasiadas construcciones en todo este barrio para determinarlas sin

explicaciones, siendo que todas las hemos conocido de campo y se recuerda

perfectamente la época en que el Conde y otros propietarios hicieron sus

ca-sas para alquilarlas a los treneros.

Las eras del camino de Miguel Esteban llegaban hasta la Cruz Verde,

donde como en los Sitios, hizo Ricardo la segunda Montijana y hemos visto

de hacer también todas las casas de la misma Cruz, incluso la de Melitón. La

casa del tío Melchor se hizo en una era, igual que la del Mono en la esquina y

frente por frente las de Raspilla, Lorente, la bodega de Bonifacio y las que le

rodean hasta la de Narciso Sierra que se han conocido de eras y de pilancones

estando ya la estación en toda su pompa como se ha dicho mil veces.

Pero hagamos un estudio un poco detallado de cada cuartelada.

Vemos a la izquierda, en su centro, el Arroyo que divide este sector en

dos partes casi iguales. En la mitad inferior, totalmente despoblada, como se

conoció, está la Fábrica del Salitre, lindando por el norte con el arroyo y en

todo su contorno con las salitrerías, dando por el saliente a la Corredera, por

el Sur al camino de Herencia hasta Santa María y rodeando a ésta numerosos

montones de tierra para sacar el salitre:

La iglesia tiene delante el Palacio, claramente escrito.

Con todo ello queda iniciado el conocimiento seguro de esta cuarta parte

del plano, dando salida a los caminos de Herencia y Manzanares.

Más allá del arroyo, hacia el Norte, una gran extensión de terronteros

donde Ricardo López hizo la Montijana primitiva que desaguaba en el

arro-yo, por cuyo alboyón vimos muchas veces a Nanaeque dándole a la bomba.

Ahora bien, la Corredera que pasa por el Saliente de la fábrica del Salitre,

termina en la calle de la Feria en su confluencia con la plaza de la Aduana y

deja a su derecha Santa Ouiteria (marcada con una cruz) y la carnicería, (el

matadero) en el campo, junto a las portadas del Tuerto y de Castaña, donde

puso su hijo Eugenio el taller de marmolista con el tiempo. Forman

triángu-lo las cruces de Santa María, Santa Ouiteria y la de la capilla del cementerio

(18)

15-~l.::

tian Juan, con

Uné:l

serie de construcciones hasta llegar a las eras que no se

consigue interpretar por haberlas conocido todas de campo

y

haber en esa

época demasiadas calles e incluso una cruz que podía ser la cruz Humilladero

de esa entrada del pueblo.

Todo ello completa la mitad inferior del plano.

Por arriba, a la izquierda, por encima del Arroyo, siguen los montones de

tierra para el salitre

y

las salidas a Villafranca

y

Ouero y la cruz del

cemente-rio de San Sebastián. A la altura del cementecemente-rio y siguiendo la línea

horizon-tal, hacia el camino de la Puebla, hay marcado un pozo que sería abrevadero,

como a la entrada de la calle del Crudo, a cuyo final aparece la plazoletilla

del Altillo de Soria, marcada por cinco puntos en forma de flor, como el

po-zo mismo.

Frente por frente del cementerio y luego de la gran explanada que le

ro-dea, hay una calle ancha y corta que no puede ser más que la del Santo que

desemboca en el Arenal, también señalado con cinco puntos diminutos en

forma de florecilla. Al desembocar la calle tiene a su derecha la gran fachada

de Diego el Galgo y las del tío Marcelo Vaquero y el Niño, su hermano,

ali-neadas por el arroyo que va a la puerta de la Renga. Y enfrente, al saliente, la

manzana que va a dar al Altillo, donde estaba la carpintería del Rulo, que

tie-ne enfrente la manzana que bordea la calle Jadraque y las que continuan

has-ta la Cruz, comprendiendo la calle de Machero. Todas ellas forman la acera

de la lzqulerda de la Cruz Verde que se la ve llegar hasta el límite como un

camino más, separado de los de la Puebla y Miguel Esteban. Esto de la

sepa-ración de los caminos desde su origen, tiene la importancia de que la

esta-ción, al cortarlos, dejó una salida común con barrera y que se dividían después

ramificándose

él

cierta distancia del pueblo.

En la acera de enfrente de la Cruz Verde, son evidentes los macizos que

divide la corriente de las aguas hacia el arroyo de la Renga y el de la

Correde-ra

él

través de la plaza de la Aduana. Todo esto está muy claro, como la

entra-da y descubierto del corral de los frailes y la calle Ancha que termina en el

cristo de Villajos, señalado con una Cruz. En esta calle son evidentes, la

baja-da por el alterón de la calle de la Victoria, impuesta por las aguas, y la

entra-da a la placeta del Progreso con la cruz del Cristo Zalameentra-da detrás de la

calle-juela.

Son muy claros los corrales que dan a las eras. Por debajo de la calle

An-cha aparece un conglomerado donde están comprendidas las construcciones

del cuadrante superior derecho que nos ofrece una calle central siguiendo la

línea del Cristo, que no puede ser más que la Castelar, bajando por la cual

hay

él

la derecha la calle de ojos de Rana y la de la esquina de Bonifacio. No

había más ni las hay hasta llegar a la Plaza y torciendo a la mano izquierda

se encuentran paralelas las calles de Resa, (por Marañón y Resa) y Verbo que

da al Altozano, en cuyo fondo hay una cruz que señala la iglesia de San

(19)

Fran-cisco con un arroyo a su derecha que solo puede ser el de la Mina, aunque

li-mita su origen al campo.

A la derecha de la Castelar sale la calle de Santa Ouiteria, marcada con

otra cruz y continua la de la Trinidad con otra cruz en la placeta del Pretil,

comprendiendo el gran descampado que era la huerta de los frailes que

he-mos visto en la descripción anterior de la Cruz Verde. Queda con esto dada

una idea somera de tres de los cuatro cuarteles del plano, quedándonos solo

el cuarto que es el inferior derecho del plano, que va a enlazar con lo de

San-ta María por la Torrecilla y todo aquello de la PuerSan-ta de Cervera.

Cualquiera puede coger el plano y entretenerse en la identificación de las

calles con los entrantes y salientes de las casas antiguas. Este sector, como los

demás del pueblo, están rodeados de eras, lo que significa que no había más

construcciones de fábrica y las zonas claras son descubiertos, caminos y

tie-rras y en las salitrerías hay hoyitos, dice el desconocido autor.

No es mucha la luz que arroja este plano para lo que se espera y desea,

pero es suficiente para saber como era el contorno urbano de la Villa en su

tiempo y merecen la pena los sacrificios que supone poder dejarlo

consigna-do en esta obra para ayudar a los entusiastas del porvenir.

III

Estos arroyos y estas corrientes son la

razón-de

la amplitud del Arenal y

de la calle del Santo, tan diferentes de las demás calles

y

plazuelas del pueblo

y

tan impropias del espíritu de los que las trazaron a la pura fuerza. Y lo

mis-mo el Altozano y la plaza de la Fuente, independizada de la plaza verdadera,

por ser lugar de paso y de acumulación de grandes cantidades de aguas con

peligro de inundaciones que arrastraron más de cuatro veces los puestos de

la feria cuando se celebraba en su sitio, explicación clarísima del origen de la

Veguilla, a la que por otra parte contribuyen el cerro Gigüela y la cuesta del

Bernardillo, impidiendo todavía que nuestras aguas vayan a la Vega y

favo-reciendo el establecimiento del charco a este lado, cosa que no era ninguna

desgracia y ofrecía abundantes cosechas en aquellas tierras. Es la geografía

la que manda en esto, no es la poi ítiea y no hubiera estado mal con que no

lo estropeara, pero con tanto saber, la suerte de que viertan para acá las aguas

de la cuesta de Criptana y del Cristo, se convierte en un calvario y nos

enzar-zamos en una lucha a brazo partido para enmendar la plana a la naturaleza

que lo ten ía resuelto de la forma más natural del mundo y no había más que

dejarla obrar

y

acomodar a esa suprema ley todos los alrededores de las

co-rrientes

y

apartarse de ellas llevando el caserío al llano de lo alto.

Nuestro pueblo, situado en una extensa loma, está materialmente

dibuja-do por las corrientes naturales. El paralelismo de las calles se debe a ellas y

las transversales están marcadas por las desviaciones de las aguas para

incor-porarse a los cauces de mayor amplitud, cuyo respeto hubiera dado al pueblo

(20)

-un aspecto más atractivo y cordial. Los que hemos conocido algo de aquello

y

pataleado tanto barro en las calles de nueva creación y visto totalmente

anegadas la mayoría de las calles principales, nos damos bien cuenta de ello,

porque hay divisiones producidas totalmente por la erosión de las aguas, que

las hemos visto de ir haciéndose poco a poco, como el alterón de la calle

An-cha o el del Altillo Soria aunque más pequeño. Y la,Mina, que es bien

demos-trativa desde la calle de la Virgen como colector de lo que baja de la

alcanta-rilla de la vía

y

del paseo por debajo de las Bilbainas

y

la fábrica de harinas

cruzando el camino y continuando por entre las bodegas de Miguel Rebato y

Lino el Botero.

El paseo no hay quien lo conozca, ha perdido su grandiosa naturalidad de

centro de trabajo, jaraneo y admirable vitalidad. Un fenómeno curioso es que

todas las aguas de la estación son tributarias de la Mina, pero al oponerse el

hombre con sus manipulaciones, las aguas de la mitad de la calle de la

Esta-ción, se vuelven a la estación misma e inundan el rincón de los pellejeros. O

sea que el hombre se las echa encima sin que las atariees de los lados de la vía

sirvan para evitarlo aunque perduren como obra muerta.

Se ve claro que el pueblo, que lo era el barrio de Santa María, se

constru-yó en la parte más alta, rodeado por las corrientes, pero apartado de ellas

previsoramente. Fue el hombre adelantado o sabihondo el que produjo los

entorpecimientos y los ha ido aumentando con el tiempo. La Mina

contor-neaba el pueblo sin peligros y las aguas de aqu í arriba iban a encontrarse con

ellas con la misma seguridad y al expansionarse el pueblo lo hizo hacia los

cerros, no hacia los desagües

y

se previó el peligro haciendo el Arenal

y

el

Santo y la Cruz Verde con las profundas cunetas de tierra que se necesitaban

para no ahogarse, trazadas por albañiles conocedores del terreno y de lo que

se pod ía necesitar, llenando de pasaeras y de puentecillas todos los puntos de

mayor peligro en las grandes avenidas, que no escaseaban. Y se respetó la

corriente de la Mina por detrás de la bodega de la Espada sin pretender

echarla por arriba de la calle de

la

Virgen y el final de la calle de las Cruces

que estaban de campo, porque las aguas no necesitan ayudas, sino que no les

estorben, pues saben ir solas desde que nacen como los pollos de perdiz.

IV

Es un hecho raro la existencia de este plano.

Lo es así mismo su anonimato y la falta de explicaciones aunque dice

que figuran en el borrador aparte. Teniendo en cuenta la época -1840- el

es-tado del pueblo y como se vivía, es casi seguro que el autor del plano

técni-co tan exacto, no era de Alcázar y que la

razón

de que se hiciera fue por

al-gún motivo de fuera también, que a primera vista podían ser derivaciones de

las guerras civiles antiques y los amurallamientos protectores que se hicieron

en este tiempo, diferentes de los primitivos de la -Fortaleza Palacio- y que

(21)

tu-vieron por objeto protegerse contra las incursiones de los facciosos, que

aca-baron por morir aquí o bien estar motivado por los primeros tanteos para la

instalación de la vía férrea. No se vislumbra ningún otro motivo probable

aunque parece un poco pronto para lo del ferrocarril y el hecho de que el

plano se encuentre en los servicios geográficos del Ejército ¿no induce a

pen-sar más en las necesidades militares que en las industriales? La necesidad

mi-litar justificaría la buena ejecución del plano por corresponder a Ingenieros y

Geógrafos del Ejército, en relación con lo cual puedo decir que he visto en

catálogo un croquis de Villarrobledo hecho por el Ingeniero militar don

Antonio RodríglJf:ll y esta población, no se por qué, ha estado siempre ligada

a Alcazar guerreramente, y además ha pertenecido al partido de

Alcázar,

como Socuéllamos, hasta la última división poi ítica.

CALLEJERO DEL PLANO

Aparte de la apreciación de conjunto expuesta en la introducción de este

trabajo, penetraremos algo en las calles siguiendo las indicaciones de D.

Emi-lio Vaquero, de Angel Palmero y las nuestras propias que Chaves ha recogido

y

hecho visibles y aún palpables con su habitual maestría.

Todo sea en honor de esta bendita tierra que tanto nos inquieta y nos

conmueve.

Son las calles de por el año 1840 adaptadas a los nombres actuales,

sin-tiéndolo mucho porque con ello pierde la Villa su casticismo, pero no hay

otra solución porque en las actas municipales no hay ninguna nota que nos

advierta de tales cambios, sabiendo que existieron. En este mismo trabajo se

habla de la calle de Ojos de Rana por parecernos lo más claro y propio del

lugar, pues de llamarle del Galgo, como fue, nadie lo comprendería

y

lo de

General

Lacharnbre

que llevó mucho tiempo no lo entendería ni quien se lo

pusiera.

En

cambio lo de Ojos de Rana lo saben hasta las piedras, aparte de

ser una notable cosa por tratarse de un apodo que ni pintado, de los más

acertados de Alcázar.

En las relaciones, ya largas, de esta obra, hay algunos nombres antiguos

que se han perdido o alterado sin acierto, como el Navajo de por Santa

Ma-ría, la Torrecilla que lo era la plazoletilla de dónde parten la puerta de

Cer-vera

y

la torre del Cid, la de la Pringue que lo era la de la Tahona o

Inde-pendencia; Almireces que perdura y Cruz del Tolmo o el Cristo del

Ampa-ro, la callejuela Cerrada, el callejón del ToAmpa-ro, etc., aunque son muchos los

nombres antiquos qua se recuerdan pensando que no pudieron tener otros,

como los citados en el escrito de don Juan Alvarez-Guerra reproducido en

el libro 51, que citaba en plural los altozanos de San Francisco, la calle

Nue-va, el callejón de los Frailes

y

algunas callecillas cortas

y

estrechas que

sir-ven para cruzar entre otras mayores, por las placetas de Cebailla y de Santa

María.

(22)

-oe

JJuan

(23)

-'~

\

\.>

.:R____ .'

2 .

?ICS

csstenancs

l'

.,

---:--'lano

muco

bel

JEugar

(24)

Edificios

y

c'aHes señaladas en el plano

1 Toledo

2

Sandoval

3

San Sebastián (Santo)

4 Crudo

5

Madrid

6

Jadraque

7

Cruz Verde

8 Plaza

Arenal (El Arenal)

9 Plaza Aduana

10 Corredera

11

Plaza Sta. Quiteria (Glorieta de)

12 Hermanos Galera (Feria)

13

Antonio Maura (Arjona)

14 Trinidad

15 Torres

16 Gral. Alcañiz (Ancha)

17

Moral (Galgo. General

Lacham-breo Alberca Lorente)

18 Victoria

19 Juan de Dios Raboso (Cristo

Zalameda. Alcolea)

20 Muertos (Barco y D. Magdalena)

21 Alberca Lorente (Moral)

22 Castelar (San Andrés)

23

Canalejas (Resa)

24 Tribaldos

25 Horno

26

Pineda

27 Pintor Lizcano (Cuartel)

28 Barroso (Marina. Ramón y Cajal)

29

Unión

30

Montes

31

Plaza

España

32

San Francisco

33

Plaza Altozano

Y

de D.

Joa-quín

Alvarez (Altozano].

34 Independencia

(Pringue.

Taho-na).

35 Cautivo

36 M~nde.z Núñez (Alrnaquela)

37 Mediodía

38 Plaza Bolsa

39 Carrasola

40 Puerta Cervera

41 Recreo

42 San Juan

43 Salitre

44 Rubio

45 San Antonio

46

Diana

47 Santo Domingo

48 J. Romero (Santa María)

49 Doctor Bonardell (Carretera de

Herencia)

50 Alvarez Arenas (Callejón de D.

Juanito Ode Santiago).

51

Plaza Palacio (Placeta)

A

Ayuntamiento

B

Torreón

C

Iglesia San Francisco

D

Iglesia. Santa María

E

Iglesia Santísima Trinidad

F

Iglesia Santa Quiteria

G

Cristo Zalameda

H

Cristo Villajos

I

Casa de Cervantes

J

Casa de la Niña

K

Casa Juan Castellanos

L

Capilla Santo Domingo

M

Fábrica del Salitre

N

Hospitali

110

(25)

Algunas viviendas de nuestros Hidalgos

Me ha parecido que para la mejor interpretación del callejero

representa-do en el plano sería útil señalar algunas de las casas notables de su época que

se puedan localizar por otros detalles diferentes a los de su construcción o

enclavamiento, pero son demasiados los Hidalgos de la localidad y ocuparía

mucho espacio la descripción de sus viviendas por lo que nos conformaremos

con algunas de las que se puedan concretar con más Claridad. Al mismo

tiem-po los lectores tiem-podrán observar los nombres antiguos de algunas calles que les

llamarán la atención y que puestos en el plano lo hubieran convertido en un

verdadero tesoro aunque lo sea de todas maneras, para los amantes del lugar.

A estos efectos, recuerdo a uno de los que no han dejado de sonar

toda-vía, que lo era Mantilla -D PEDRO MANTILLA DEL R 10-, cuya casa era

la conocida por el motor de Alfredo, es decir que vivía en la calle del Verbo,

lindando a oriente con la calle, al sur con la casa de Aqueda Ruiz, al poniente

con la callejuela que sube de la calle Resa, que era u na callejuela de verdad lo

que ahora se llama calle de Tintoreros. Localizada esa casa que yo la visité

mucho en los tiempos de Paco Saiz y sus hermanas, queda localizado un

amplio sector. Es menester haber visto esta casa antes de convertirla en

fábrica de Harinas, para darse cuenta de las diferencias de calidades y

lamen-tar los cambios tan feos que vienen sufriendo las construcciones, presididas

únicamente por el espíritu utilitario.

Hay otros nombres de Hidalgos que siguen sonando como nombres de

demarcaciones rústicas, pero que se han perdido las particularidades urbanas,

como los Tardíos, los Barchinos, los Guerreros, etc.

DON JUAN FRANCISCO ROPERO TARDIO vivía en la calle de San

Francisco, lindando a oriente con los herederos de María Lucendo, al sur la

calle, al poniente la Casa de las Comedias y al norte la casa de don Fernando

Aguilera, que es la de don Joaquín, luego la cosa está bien clara teniendo en

cuenta que la Casa de las Comedias lo era la de don Juan Comas, el número

siete.

Don Fernando de Aguilera tenía varias casas pero debía vivir en la que

luego fue de don Joaqu ín en la calle Resa.

DON PEDRO LOPEZ DE PARRAGA Y ALARCON. Ya se sabe que a

él se debe el nombre de esquinas de Párraga dado a las de Bonifacio, pero

en-tre sus muchos bienes ten ía otras casas

Y

ejercía el cargo de Alquacll Mayor

del Priorato de San Juan, motivo con el que debe estar relacionado el escudo

y otras características de la Casa derribada hace pOGO tiempo, cuyo patio

tenemos publicado con el Sr. Bonifacio en él, muy puesto de sombrero

hongo y acompañado de la señora Gregoria, su segunda esposa.

DON FRANCISCO DE RESA Y OROSCO vivía en la calle llamada Resa

en honor de su apellido, lindando a oriente con Angela Valenzuela, al sur con

Manuel Romeral, al poniente la calle y al norte la casa de don Alonso

(26)

-23-ñón.

Es probable que

esta

casa sea la del Conde

después. Y

por

si

no hay otra

ocasión, debe decirse que la calle de la Marina, nombre político, de la época

revolucionaria, se llamaba entonces de Valenzuela, por ese apellido que ha

sa-lido a relucir.

DON JUAN CASIMIRO ZELEDON. Este señor tenía una hacienda muy

regular y ocupaba el cargo de Contador General de la Superintendencia de la

Villa y su partido. Ten ía muchas casas, cosa que pocos ambicionaban, en las

calles Nueva, Perdonavidas, Pozo de las Vacas y otras, incluso una en la calle

de los Romeros que linda al sur con la de la Pringue que es la de la

Indepen-dencia (también de las políticas). Ya se sabe que esta calle va estrechando la

manzana hacia la calle del Mediod ía dando las casas a las dos calles, luego la

de los Romeros puede ser el trozo de calle Resa que va desde la de San

Fran-cisco a la del Mediad ía. El viv ía sin embargo en la calle Nueva que fue hecha

por él y se reservó un buen trozo en la acera de allá puesto que lindaba con

la calle al sur, a oriente con D. Juan Rafael Bobadilla y al poniente con la

casa del Cibero.

DON DIEGO SAAVEDRA QUINTANILLA tenía media casa

proindivi-so con Francisco Coronado, en la callejuela de la Huerta de San Francisco

que linda a oriente con los herederos de Nicolás Ouintanilla al sur, solar de

los Alterones, al poniente dicha calle y al norte don Tomás Merino Sumerilla.

DON FRANCISCO SAAVEDRA QUINTANILLA

y

OTROS;

HERMA-NOS DEL ANTER 10 R. Tienen su vivienda en el Altozano y linda a oriente

con la callejuela del pozo Coronado, que es la calle actual de Fray Patricio

Panadero, vecino del barrio por Fraile, pero no por alcazareño que lo era de

por el Arenal. Esta casa es la de Villoslada, últimamente de Conchita

Pal-mero.

DON DIEGO MORENO BARCHINO tenía de

todo y por lo menos seis

casas, pero él vivía en una de planta baja de la calle Almaguela. En la misma

calle tenía otra con la cual no lindaba, siendo lindera de la suya Sor Doña

Josefa de Buenaventura, monja que pudo ser hermana o tía del Hidalgo,

por-que la hacienda tenía un censo a favor de las Trinitarias de El Toboso,

con-vento de muchas y frecuentes relaciones con Alcázar en todos los tiempos.

DON MANUEL ANTONIO CERVANTES vivía en la calle Resa,

lindan-do al norte con los herederos del maestro Palomo, al sur con la calle de San

Francisco, al poniente con la calle Resa y el Hospital de Nuestra Señora del

Socorro, luego esta casa estaba en la esquina de don Luis Espadero.

DON FERNANDO CERVANTES vivía en la plaza Nueva, lindando a

oriente con la plaza, al sur con la casa de la Orden Tercera, al poniente los

herederos de Alfonso Martín Abendaño y al norte la calle. No se dirá que no

tiene interés la noticia, pues es una de las casas tiradas para hacer el casino

que fueron por lo menos cinco y lo de llamarle Nueva a esta plaza significa

que lo sería al cambiarla desde la de Palacio que sería la vieja,

instalán-dose la nueva al pie del Torreón más distante que fue Ayuntamiento al final

del recinto amurallado. No hay duda de ser esta la plaza nueva y que la otra

(la de la Fuente) quedaba fuera del recinto, al otro lado de la corriente,

(27)

ini-ciándose Yfj con ello la expansión del pueblo hacia las alturas.

DOÑA JOSEFA LOPEZ DE PARRAGA vivía en Ifj plazuela de los

Pa-tudos, lindando a oriente con la calle, al sur con doña María Rojas y al

nor-te la plazuela que adivina cual fuera.

Estas casas tomadas como mejor conocidas entre las muchas que podrían

aqreqarse, nos indican

I¡;¡

época de la expansión del pueblo hacia los cerros,

salvando las corrientes naturales de las aguas ele la Villa, pero es indudable

que sus antecesores vivieron en el recinto murado de Santa Mélría, cUYas

ca-ses desaparecieron como el recinto mismo.

por cierto que Madoz dice que la torre de Santa María se hundió toda,

la noche del 24 ele Abril de 1844;

Tarnbjén

habla de que el AYuntamiento era un edificio cuadrado, de

pie-dra ele sillería elel terreno, -élreniscél de las Abuz¡;¡eras-, con portales en

los costados, se9!Jn se tiene publicado Y que separa las dos plazas, La

pobla-ción cuenta, ¡;¡demªs con 1.200 casas habltadas Y varlas

plazuelas

muy

capa-ces con grandes corrales o descubiertos por toda la

población.

Deben observarse las dimensiones de estas plazas, sobre todo la de la

fuente Y Santa Ouiteria, parecidas al Arenal Y el Santo por la necesidad de

dar paso a las aquas de lluvia, preferentemente a las de aquí arriba.

Buena idea

Seél de quien fuere, hay que aplaudir la idea, poco frecuente en

Alcá-zar, de colocar la portada Y escudo de la casa de

Párraqa,

en la puerta de la

Cfjsa de la Cultura, aunque no le pegue, pero es lo mejor para conservarla, si

bien no suficiente porque debió conse.rvarse donde estaba y precisamente por

el sitio y sus cualidades, ser restaurada la casa Y convertida en museo,

por-que lo merecía.

f:n esta obra hay publicada una fotografía de un rincón del patio cuyo

estilo

arcáico

hace juego con el Sr. Bonifacio -Bonifacio Cano Ortiz- y la

señora

Gregaria, su segunda esposa. En él forman una estampa tradicional de

personaS bondadosísimas y de mucho conocimiento que vivieron en perenne

añoranza de la sucesión.

Todo acaba, desde luego, pero no sin dolor Y algo se va de cada uno

CUando desaparece una oportunidad de conservar los elementos que rodearon

tu vida al nacer.

(28)

-25-ciándose yr;¡ con

~1I0

Ir;¡

expansión del pueblo hr;¡cia Ir;¡s alturas.

DOÑA JOS!=FA LOPEZ DE PARRAGA vivía en la pla:zuela de los

Pa-. tudosPa-. lindando a oriente con la calle, al sur con doña María Rojas y al

nor-te la plazuela que adivina cual fuera.

Estas casas tomadas como mejor conocidas entre las muchas que podrían

agregarse, nos indican la época de la expansión del pueblo hacia los cerros,

salvando las corrientes naturales de las aquas de la Villa, pero es indudable

que sus antecesores vivieron en

~I

recinto murado de Sémta Mr;¡ríél, cuyas

ca-sas desaparecieron como el recinto mismo.

Por cierto que Mado:z dice que la torre de Santa Maria se hundió toda,

la noche del 24 de Abril de 1844;

También

habla de que el Avuntarniento era un edificio cuadrado, de

pie-dra de sillería del terreno, -arenisca de las Abuzaeras-, con portales en

los costados,

s~gún

se tiene publlcado y que sep;;¡rr;¡ lasdos plazas, La

pobla-ción cuenta,

éldem~s

con

1.200

casas habitadas y varias plazuelas muy

capa-ces con qrandes corrales o descubiertos por toda la

población.

Deben observarse las dimensiones de estas plazes, sobre todo la de la

fuente y Santa Ouiteria, parecidas al Arenal y el Sr;¡nto por la necesidad de

dar paso a las aquas de lluvia, preferentemente a las de aqu í arriba.

Buena idea

Sea de quien fuere, hay que aplaudir la idea, poco frecuente en

Alcá-zar, de colocar la portada y escudo de la casa de

P~rraga,

en la puerta de la

Casa de la Cultura, aunque no le pegue, pero es lo mejor para conservarla, si

bien no suficiente porque debió conservarse donde estaba y precisamente por

el sitio y sus cualidades, ser restaurada la casa y convertida en museo,

por-que lo merecía.

En esta obra hay publicada una fotografía de un rincón del patio CUyo

estilo arcáico hace juego con el Sr. Bonifacio -Bonifacio Cano Ortiz-

y

la

señora Gregoria, su sequnda esposa. En él forman una estampa tradicional de

personas bondadosísimas y de mucho conocimiento que vivieron en perenne

añoranza de la sucesión.

Todo acaba, desde luego, pero no sin dolor y algo se va de cada uno

cuando desaparece una oportunidad de conservar los elementos que rodearon

tu vida al nacer.

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