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Sheldrake Rupert de Perros Que Saben Que Sus Amos Estan Camino de Casa

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RUPERT SHELDRAKE

DE PERROS QUE

SABEN QUE SUS

AMOS ESTÁN

CAMINO DE CASA

y otras facultades inexplicadas de los animales

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Traducción de Marco Aurelio Galmarini

Cubierta de Ferran Cartes y Montse Plass

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de ios titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

© 1999 Rupert Sheldrake

© 2001 de la traducción, Marco Aurelio Galmarini © 2001 de todas las ediciones en castellano,

Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Mariano Cubí, 92 - 08021 Barcelona y Editorial Paidós, SAICF,

Defensa, 599 - Buenos Aires http://www.paidos.com ISBN: 84-493-1001-6 Depósito legal: B-49.709/2000 Impreso en Gráfíques 92, S.A.,

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Con mi agradecimiento a todos los animales de los que he aprendido

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Prefacio a la edición norteamericana... 11 Introducción... 17

Primera parte

VÍNCULOS ENTRE ANIMALES Y SERES HUMANOS

1. La domesticación de animales... 29 Segunda parte

ANIMALES QUE SABEN CUÁNDO SUS AMOS ESTÁN CAMINO DE CASA

2. P e rro s... 47 3. Gatos ... 83 4. Loros, caballos y seres hum anos... 95

Tercera parte EMPATÍA ANIMAL

5. Animales que reconfortan y curan ... 115 6. Muertes y accidentes a distancia... ... 129

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10 DE PERROS QUE SABEN QUE SUS AMOS ESTÁN CAMINO DE CASA

Cuarta parte

INTENCIONES, LLAMADAS Y TELEPATÍA

7. Captación de intenciones ... 143

8. Llamadas y órdenes telepáticas... 157

9. Telepatía de animal a anim al... 181

Quinta parte SENTIDOS D E ORIENTACIÓN 10. Viajes increíbles... 199

11. Migraciones y m em oria... 223

12. Animales que saben cuándo se acercan al d estin o ... 239

13. Animales de compañía que encuentran a su gente a grandes distancias ... 247

Sexta parte PREMONICIONES ANIMALES 14. Premoniciones de ataques, comas y muertes repentinas ... 263

15. Presentimientos de seísmos y otros desastres... 279

Séptima parte CONCLUSIONES 16. Poderes animales y mente hum an a... 303

Ap é n d i c e s A. Cómo participar en la investigación... 321

B. Experimentos con Jaytee ... 327

C. Campos mórficos... 341

Bibliografía ... 361

índice de nombres ... 373

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a la edición norteamericana

Este libro es un libro de reconocimiento. En efecto, en él se reconoce que los animales tienen capacidades que los seres humanos hemos perdido. Una parte de nosotros lo ha olvidado, pero otra parte siempre lo supo.

En mi infancia, lo mismo que muchos otros niños, me interesaban los animales y las plantas. Mi familia tenía una gran variedad de animales do­ mésticos. Además de nuestro perro —Scamp— , teníamos un conejo, hams- ters, palomas, una corneja, un periquito australiano, tres tortugas, varios pe- cecillos de colores y renacuajos y orugas que criaba yo cada primavera. Mi padre, Reginald Sheldrake, farmacéutico y aficionado al microscopio, esti­ muló mis intereses y potenció mi fascinación por el mundo natural al ha­ cerme ver los millares de formas de vida que contenía una gota de agua y el aspecto de las escamas de las alas de las mariposas.

Me intrigaba especialmente la manera en que las palomas regresaban a casa. Los sábados por la mañana mi padre me llevaba a una gran suelta de palomas. En la estación de ferrocarril local de Newark-on-Trent, en las Midlands inglesas, aves de carrera de toda Gran Bretaña aguardaban en ces­ tos, unos encima de otros, cuyas puertas los guardianes me permitían que les ayudara a abrir en el momento señalado. Con una gran conmoción de aire y de plumas, centenares de palomas salían al mismo tiempo de su en­

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12 DE PERROS Q UE SABEN QUE SUS AMOS EST ÁN CAMINO DE CASA

cierro. Se elevaban en el cielo, volaban en círculo y partían en diversas di­ recciones hacia sus hogares lejanos. Mi pregunta era: ¿cómo lo hacen? Na­ die parecía saberlo. Aún hoy sigue sin explicación su capacidad para volver a su casa.

En la escuela, mi preferencia por la biología y otras ciencias fue com­ pletamente natural, así que continué mi educación científica en la Universi­ dad de Cambridge, donde estudié en el último curso botánica, fisiología, química y bioquímica, tras lo cual me doctoré en bioquímica. Pero, dado que nunca abandoné mi formación de biólogo, comenzó a abrirse un gran abismo entre mi experiencia personal con animales y plantas y el enfoque científico que se me enseñaba.

La teoría mecanicista de la vida, que todavía hoy constituye la ortodoxia dominante, afirma que los organismos vivos no son más que máquinas com­ plejas programadas genéticamente. Se los supone inanimados, literalmente desalmados. Por regla general, lo primero que hacíamos cuando estudiába­ mos organismos vivos era matarlos o seccionarlos. He pasado muchas horas de trabajo de laboratorio diseccionando y más adelante viviseccionando. Por ejemplo, una parte esencial de mi currículum de biología consistía en disecar los nervios de patas amputadas de ranas y estimularlos eléctrica­ mente para que los músculos se contrajeran. Nunca oí decir nada acerca de cómo volvían las palomas a su casa.

Estos ejercicios de estudiante eran juegos de niños en comparación con mi experiencia en calidad de técnico temporal de laboratorio en el departa­ mento farmacéutico de una compañía farmacéutica multinacional, donde se desarrollaban y se ponían a prueba nuevos medicamentos. Trabajé allí seis meses desde que terminé la escuela secundaria hasta que ingresé en la uni­ versidad. Tenía entonces diecisiete años. Había habitaciones llenas de ratas, conejillos de India, ratones y otros animales a la espera de convetirse en ob­ jetos de experimentación. Al final de cada día se mataba con gas a docenas de animales que habían sobrevivido a diversas pruebas y se los arrojaba a un recipiente para incinerarlos.

El amor a los animales me había inducido a estudiar biología y eso era lo que me había deparado. Algo fallaba. Comencé a preguntarme qué ocu­ rría y a tratar de descubrirlo. Una vez terminados mis cursos en Cambridge, se me otorgó una beca Frank Knox en Harvard, donde, en busca de una

perspectiva más amplia, estudié filosofía e historia de la ciencia. Luego re­

gresé a Cambridge para empezar a investigar en bioquímica.

Unos años después me encontré por casualidad con un grupo de cientí­ ficos y filósofos llamado Epiphany Philosophers, con sede en Cambridge, formado por distinguidos filósofos de la ciencia, físicos cuánticos y

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visiona-ríos, que exploraban áreas a medio camino entre la ciencia, la filosofía y la comprensión espiritual. En este grupo había consenso en que la ciencia me- canicista de antiguo cuño era demasiado limitada y en que la física cuántica desbrozaba el camino hacia una visión más amplia de la naturaleza. Poco des­ pués me incorporé al grupo y descubrí que bajo la superficie aparentemen­ te convencional de la ciencia había un fermento de ideas que apuntaban a una nueva comprensión del mundo.

Durante diez años estuve en Cambridge investigando en biología del desarrollo, mientras continuaba reflexionando sobre las líneas generales de una ciencia más holista. Como profesor del Clare College de Cambridge, fui director de estudios en bioquímica y biología celular. Se me eligió miembro investigador de la Royal Society, con cuyo auspicio trabajé en la Universidad de Malaya sobre plantas de bosques tropicales. Luego fui fisiólogo principal de plantas en ICRISAT —International Crops Research Institute for the Semi- Arid Tropics— en Hyderabad, India, donde colaboré en la mejora del cre­ cimiento y el rendimiento de cosechas que constituyen un elemento vital de la dieta de centenares de millones de personas.

Sobre la base de mi experiencia en investigación biológica y en años de discusiones con colegas, en 1981 publiqué un libro, A New Science ofLife, en el que esbozaba una nueva hipótesis que pudiera servir como base para un tipo más amplio de biología, la hipótesis de los campos mórficos, que de­ sarrollé más tarde, en un libro de 1988 que llevaba por título The Presence

o/Past. En este libro que ahora presento describo nuevas maneras de poner

a prueba esta hipótesis, que resumo en el Apéndice C.

Llevo más de veinticinco años como científico profesional, publicando artículos en revistas científicas y hablando en congresos científicos, y hace ya mucho tiempo que pertenezco a sociedades científicas, como la Society for Experimental Biology, y que soy miembro de la Zoological Society. Creo firmemente en el valor de la investigación científica, pero estoy más con­ vencido que nunca de que la teoría mecanicista de la naturaleza es demasia­ do estrecha. He descubierto que la escisión que he experimentado en mi propia persona, el abismo entre la experiencia personal de la vida y la teo­ ría según la cual los organismos vivos, incluso nosotros, son meros autóma­ tas sin alma, está muy extendida dentro y fuera de la comunidad científica.

He llegado a advertir que esta división no es inevitable y que es posible un tipo de ciencia más abarcador, así como más barato. Pero esto es inelu­ diblemente controvertido. Para ciertos científicos, la teoría mecanicista de la naturaleza no es una mera hipótesis a comprobar, sino más bien un credo religioso. Para otros, la investigación con mentalidad abierta es más impor­ tante que la defensa de dogmas tan celosamente defendidos durante tanto

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14 DE PERROS QUE SABEN QUE SUS AMOS EST ÁN CAMINO DE CASA

tiempo. Estos últimos han prestado una gran colaboración en mis investiga­ ciones y me han brindado su valiosísimo estímulo personal a la vez que su sostén práctico.

En 1994 publiqué un libro titulado Seven Experiments That Could Chan-

ge the World, en el cual exploraba siete fenómenos muy conocidos, pero es­

casamente comprendidos, y sugería cómo una investigación de bajo coste podía conducir a descubrimientos importantes. Uno de esos experimentos se refería a las posibles capacidades telepáticas de perros y gatos y me cen­ traba en especial en la capacidad de algunos perros para saber cuándo sus amos están de camino a su casa.

De esta suerte, tratando de encontrar maneras en que fuera posible de­ sarrollar científicamente una visión más amplia de la vida, volví a los ani­ males domésticos. Me llevó mucho tiempo reconocer que son los animales que mejor conocemos. Lo supe cuando era niño. Para mucha gente esto es una evidencia flagrante, pero para mí tenía toda la fuerza de un descubri­ miento nuevo. Estos animales pueden ayudar a ensanchar nuestra com­ prensión de la vida; no son simplemente bonitos, cariñosos, reconfortantes y divertidos.

Durante los últimos cinco años he investigado acerca de la capacidad de percepción de los animales domésticos, con ayuda de más de dos mil propie­ tarios y entrenadores de animales. He inspeccionado a más de mil propietarios de animales domésticos, elegidos al azar, y he descubierto que hay varios ti­ pos de comportamiento comunes, pero que no tienen explicación. Mi equi­ po y yo hemos entrevistado a centenares de personas con mucha experiencia en animales, incluso entrenadores de perros, usuarios de perros de busca y rescate y de perros de la policía, personas ciegas con perros lazarillos, vete­ rinarios, propietarios de perreras y caballerizas, entrenadores de caballos y jinetes, granjeros, pastores, guardias de zoológicos, propietarios de tiendas de animales domésticos, criadores de reptiles y amos de animales domésticos.

Si hubiera citado todos los relatos y entrevistas de las que he tenido in­ formación, este libro habría sido por lo menos diez veces más grueso. En al­ gunos casos, cientos de personas me relataron pautas de conducta muy similares en sus animales domésticos, como perros que saben cuándo sus amos están regresando a su casa. He tenido que condensar esta información y dar sólo unos cuantos ejemplos de cada clase de comportamiento percep­ tivo. Aunque es mucha la gente que ha contribuido al cuadro de conjunto, sólo puedo reconocer por nombre a una pequeña minoría. Sin toda esta colaboración de personas conocidas y de gente anónima hubiera sido im­ posible escribir este libro. Soy deudor de todos aquellos que han colaborado conmigo, así como de sus animales.

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Inicialmente, este proyecto de investigación fue financiado por el difun­ to Ben Webster, de Toronto, Canadá, y contó con la gran ayuda de los sub­ sidios de la Lifebridge Foundation de Nueva York; el Institute of Noetic Sciences de Sausalito, California; Evelyn Hancock de Oíd Greenwich, Con- necticut, y el Ross Institute de Nueva York. También he disfrutado de apo­ yo organizativo: en Estados Unidos, del Institute of Noetic Sciences; en los países de lengua alemana, de la Schweisfurth Foundation de Munich; y en Gran Bretaña, de la Scientífic and Medical NetWork. Estoy muy agradecido por toda esta generosidad y aliento.

Mucho debo a mis compañeros de investigación, Pamela Smart en Lan- cashire, Jane Turney en Londres, Susanne Seiler en Zurich y David Brown en Santa Cruz, California, así como también a mi secretaria, Cathy Lawlor, quienes me han ayudado de distintas maneras: con la realización de encues­ tas y entrevistas, la producción de experimentos y la recogida de datos. To­ dos han contribuido a crear una gran base de datos informatizada acerca de la capacidad de percepción de los animales domésticos, pero Pam Smart ha tenido la responsabilidad principal de su mantenimiento y ampliación. Agra­ dezco también a Anna Rigano y a la doctora Amanda Jacks su colaboración en la investigación y a Helmut Lasarcyk su amosoro trabajo de traducción de centenares de informes de países de lengua alemana para agregarlos a nuestra base de datos.

Debo un agradecimiento especial a Matthew Clapp por el regalo de sus servicios en la instalación y mantenimiento de mi sitio en la World Wide Web (www.sheldrake.org), con los que comenzó antes de graduarse en la Universidad de Georgia.

En mi investigación y en la redacción de este libro he contado con la ayuda de muchas discusiones, comentarios, sugerencias y críticas, así como de gran asistencia práctica. Vaya mí agradecimiento en particular a Ralph Abraham, Shir- ley Barry, Patrick Bateson, John Beloff, John Brockman, Sigrid Detschey, Lindy y Ava Dufferin, Peter Fenwick, David Fontana, Matthew Fox, Winston Franklin, Robert Freeman, Edward Goldsmith, Franz-Theo Gottwald, el di­ funto Willis Haman, Myles Hildyard, Rupert Hizig, Nícholas Humphrey, Tom Hurley, Francis Huxley, Montague Keene, David Lorimer, Betty Markwick, Katinka Matson, Robert Matthews, Terence McKenna, John Michell, Michael Morgan, Robert Morris Jo h n O ’Donohue, d difunto Brendan O ’Reagan, Bar­ bara y Charles Overby, Erik Pigani, Anthony Podberscek, Jill Purce (mi mujer), Anthony Ramsay, John Roche, Miriam Rothschild, MarÜyn Schlitz, Merlin y Cosmo Sheldrake, Paul Sieveking, Amaud de St. Simón, Martin Speich, Den- nis Stillings, Dennis Turner, Varena Walterspiel, Ian y Victoria Watson, Ale- xandra Webster, Richard Wiseman y Sandra Wright.

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16 DE PERROS QUE SA BEN QUE SUS AMOS E ST ÁN CAMINO DE CASA

En mis pedidos de información he contado con la colaboración de mu­ chos diarios y revistas de Europa y de América del Norte, así como de una amplia variedad de programas de televisión y de radio. Agradezco a todos los que han hecho posible tal cosa.

También agradezco a todas las personas que me han aportado sus co­ mentarios y sugerencias a diferentes borradores del libro: Letty Beyer, Da­ vid Brown, Ann Dochery, Karl-Henz Loske, Anthony Podberscek, Jill Purce, Janis Rozé, Merlin Sheldrake, Pam Smart, Mary Stewart, Peggy Taylor y Jane Turney. He tenido la fortuna de contar con editores tan simpáticos y cons­ tructivos como Steve y Kristin Kiser en Nueva York y Susan Freestone en Londres, a cuyas útiles sugerencias debe mucho la forma final de este libro.

Finalmente, agradezco a Phil Starling su permiso para reproducir las fo­ tografías de las figuras 2.1, 4.1 y 8.1; a Gary Taylor, la figura 2.2 y a Sydney King, los dibujos y los diagramas.

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Kate Laufer, comadrona y trabajadora social de Solbergmoen, Noruega, trabaja con un horario extraño y regresa a su casa de manera inesperada. Sin embargo, siempre que Walter, su marido, está en casa, la recibe con una taza de té recién hecho. ¿Qué es lo que explica este misterioso sentido del tiem­ po de Walter? El terrier de la familia, Tiki: «Esté donde esté y haga lo que haga —dice el doctor Laufer—, cuando Tiki se lanza a la ventana y se queda en el antepecho, sé que mi mujer está de camino a casa».

Siempre que suena el teléfono en la casa de un conocido profesor de la Universidad de California en Berkely, su mujer sabe si en el otro extremo de la línea está su marido. ¿Cómo? Porque Wishkins, el gato plateado de la fa­ milia, se lanza al teléfono y manotea el receptor. «Muchas veces consigue descolgarlo y emite apreciables maullidos, claramente audibles para mi ma­ rido, al otro lado de la línea — dice la señora— . Pero si llama cualquier otra persona, Wishkins no se inmuta.»

Julia Orr creía que sus caballos se habían instalado con toda felicidad en su nueva caballeriza cuando se mudó de Skirmet, Buckinghamshire, a una granja situada a unos quince kilómetros de distancia. Pero Badger, una ye­ gua galesa de veinticuatro años, y Tango, de veintidós, simplemente espera­ ban su oportunidad. Seis semanas después, una noche en que la tormenta

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18 DE PERROS QUE SABEN QUE SUS AMOS EST ÁN CAMINO DE CASA

arrancó la puerta de su campo, aprovecharon la ocasión. Al amanecer aguardaban pacientemente en la puerta de la antigua casa de la señora Orr. Habían encontrado el camino de regreso por pistas y senderos desconoci­ dos, dejando a su paso reveladoras huellas de sus cascos en la hierba y en bancos de flores.

El 17 de octubre de 1989, Tirzah Meek, de Santa Cruz, California, vio que su gata subía a toda prisa a la buhardilla y se escondía, cosa que nunca había hecho hasta entonces. Parecía aterrorizada y se negó a bajar. Tres ho­ ras después se produjo el seísmo de Loma Prieta, que destruyó el centro de Santa Cruz.

Perros que saben cuándo sus amos están regresando a su casa, gatos que responden al teléfono cuando llama una persona a la que están vinculados, caballos capaces de encontrar el camino de regreso a su casa en un terreno desconocido, gatos que anticipan terremotos: he aquí algunos de los aspec­ tos del comportamiento animal que sugieren la existencia de formas de perceción que escapan a la comprensión científica actual.

Tras cinco años de extensa investigación sobre las capacidades inexpli- cadas de los animales, he llegado a la conclusión de que muchos de los rela­ tos de los amos de animales domésticos están bien fundados. Hay animales que parecen tener realmente poderes de percepción que trascienden con mucho los sentidos conocidos.

Las misteriosas capacidades perceptivas de los animales no son ninguna novedad. Hace siglos que la gente las viene observando. Millones de dueños de animales domésticos las han experimentado personalmente. Pero, al mis­ mo tiempo, hay mucha gente que se siente obligada a negar esas capacidades o a trivializarlas. La ciencia institucional las ignora. Los animales domésti­ cos son los que mejor conocemos, pero su comportamiento más sorpren­ dente e inquietante se trata como algo carente de auténtico interés. ¿A qué se debe esto?

Una razón es el tabú que impide tomar en serio a los animales domésti­ cos.1 Este tabú no se limita a los científicos, sino que es resultado de la do­ ble actitud que adopta el conjunto de nuestra sociedad en relación con los animales. Durante las horas de trabajo nos comprometemos con el progre­ so económico, fomentado por la ciencia y la tecnología y basado en la visión mecanicista de la vida. Esta perspectiva, que se remonta a la revolución

científica del siglo XVII, deriva de la teoría de Renato Descartes para la que

el universo era una gran máquina. Aunque con otras metáforas (de asimilar el cerebro a la máquina hidráulica de la época de Descartes y al conmutador

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telefónico de la generación que nos antecedió, se ha pasado, como hoy está en boga, a ver en él un ordenador), se sigue concibiendo la vida en térmi­ nos de maquinaria.2 En las plantas y los animales se ven autómatas genéti­ camente programados, a la vez que se da por supuesta la explotación de los animales.

Pero, cuando volvemos a casa, nos encontramos con nuestros animales domésticos, que no pertenecen a la misma categoría que el resto de los ani­ males. El mantenimiento de anímales domésticos se circunscribe al ámbito privado o subjetivo. Las experiencias con animales domésticos se han de sustraer al mundo «real» u «objetivo». Hay un abismo gigantesco entre los animales de compañía, a los que se trata como miembros de la familia, y los de las granjas fabriles y los laboratorios de investigación. Las relaciones que te­ nemos con nuestros animales de compañía se basan en otra clase de actitud, más en una relación de tú a tú que en el enfoque de yo a eso, que es la que la ciencia estimula. Como he dicho en el prefacio, yo mismo he experimen­ tado esta división de una manera particularmente intensa.

Ya sea en el laboratorio, ya en el campo, es típico que los investigadores científicos traten de evitar conexiones emocionales con los animales con los que realizan la investigación. Aspiran a una objetividad distante. En conse­ cuencia, no es probable que encuentren modalidades de conducta que de­ pendan de las relaciones estrechas entre los animales y las personas. En este terreno, los amaestradores de animales y los amos de animales de compañía suelen tener mucho más conocimiento y experiencia que los investigadores profesionales del comportamiento animal, a menos que éstos sean también amos de animales domésticos.

El tabú que impide tomar en serio los animales domésticos es sólo una de las razones por las que la ciencia no ha prestado atención al fenómeno que analizo en este libro. Otra es el tabú que impide tomar en serio fenó­ menos «paranormales». No se llama paranormales a estos fenómenos —en el sentido de «allende lo normal»— porque sean raros o excepcionales. Al­ gunos son incluso muy comunes. Se les llama paranormales porque no se los puede explicar en términos científicos convencionales; en efecto, no se ade­ cúan a la teoría mecanicista de la naturaleza.

2. Para un análisis de la teoría mecanicista de la vida y de las alternativas a ella, véase Sheldrake (1988a; 1990).

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20 DE PERROS QVE SA BE N Q UE SUS AMOS EST ÁN CAMINO DE CASA

In v e s t i g a c i ó n c o n a n i m a l e s d o m é s t i c o s

La riqueza de la experiencia con animales entre amaestradores de caba­ llos y de perros, veterinarios y dueños de animales domésticos se considera en general como anecdótica. Tan a menudo ocurre esto que he averiguado el origen de esta palabra y he descubierto su significado. Viene de las raíces griegas an + ekdotos, esto es, «no publicado». Una anécdota es una historia que no se ha hecho pública.

Ciertos campos de investigación, como por ejemplo la medicina, des­ cansan en gran medida en anécdotas, pero, cuando se las hace públicas, de­ jan literalmente de ser tales para elevarse a la categoría de casos clínicos.

En el curso de la investigación que se describe en este libro me he en­ contrado con que hay muchas personas que tienen experiencias muy simi­ lares en cuanto a la percepción de sus animales. Y cuando las informaciones de tanta gente apuntan de manera independiente a patrones coherentes y repetidos, las anécdotas se convierten en historia natural. Como mínimo, se trata de una historia natural de qué cree la gente acerca de sus animales. El paso siguiente es averiguar si estas creencias tienen o no fundamento. Por eso la investigación experimental constituye un aspecto esencial de esta in­ dagación.

Uno de mis libros preferidos de biología es Las variaciones de los ani­

males y las plantas por efecto de la domesticación, de Charles Darwin, cuya

primera edición data de 1868. Está lleno de información que Darwin reunió a partir de naturalistas, exploradores, administradores coloniales, misione­ ros y otros, con quienes mantuvo correspondencia en todo el mundo. Estu­ dió publicaciones como Poultry Chronicle y The Gooseberry Growe's Re-

gister. Cultivó personalmente cincuenta y cuatro variedades de grosella

silvestre. Se inspiró en la experiencia de aficionados a los gatos y los cone­ jos, de los criadores de caballos y perros, cuidadores de abejas, granjeros, horticultores y otras personas experimentadas en animales y plantas. Se afi­ lió a dos clubes de palomas de Londres, crió todas las variedades que pudo conseguir y visitó a los aficionados más destacados para observar sus aves.

Los efectos de la crianza selectiva en animales domésticos y plantas, que hombres y mujeres prácticos observaban con tanta atención, proporciona­ ron a Darwin su prueba más vigorosa del poder de la selección, ingrediente esencial de su teoría de la evolución por selección natural.

Desde la época de Darwin la ciencia se ha ido separando cada vez más de la rica experiencia de quienes no son científicos profesionales. Todavía hay millones de personas con experiencia práctica en palomas, perros, ga­ tos, caballos, loros, abejas y otros animales, como en manzanos, rosales, or­

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quídeas y otras plantas. Todavía hay decenas de miles de naturalistas aficio­ nados. Pero, hoy en día, la investigación científica se limita casi por com­ pleto a las universidades y los institutos de investigación y está a cargo de profesionales con título de doctor. Esta exclusividad ha empobrecido gra­ vemente la biología moderna.

¿ Po r q u é n o s e h a r e a l i z a d o a n t e s e s t a i n v e s t i g a c i ó n?

La investigación acerca de las capacidades inexplicadas de los animales que describo en este libro se ha visto facilitada por recursos técnicos mo­ dernos, como los ordenadores y las cámaras de vídeo, pero en principio se trata de investigaciones que se podían haber llevado a cabo hace cien años o más. Que sólo se encuentren en una etapa inicial es el tributo que se co­ bra la fuerza de los tabúes contra esas investigaciones.

A mi juicio, si ignoramos esos tabúes obtendremos grandes ganancias. También creo que tenemos mucho que ganar de la aplicación de un enfoque científico. Pero la palabra «científico» puede tener diferentes significados. Con harta frecuencia se equipara la cientificidad a un dogmatismo obceca­ do que trata de negar o desprestigiar lo que no se adapta a la visión meca- nicista del mundo. Por el contrario, tal como yo lo empleo, el término «científico» se refiere a un método de investigación con amplitud de miras, que presta atención a la evidencia y pone a prueba explicaciones posibles por medio del experimento. El camino de la investigación responde mejor al espíritu de la ciencia que el camino de la negación. Y no cabe duda de que es más divertido.

Estas diferentes actitudes científicas encuentran ilustración en el relato acerca de Hans, el Caballo Inteligente, que suele emplearse para justificar el desprecio de los poderes animales aparentemente sin explicación. Por mi parte, extraigo de la historia la enseñanza contraria, a saber, que es un ejemplo de la necesidad de investigar los fenómenos inexplicados, no de negarlos.

L a h i s t o r i a d e Ha n s, e l c a b a l l o i n t e l i g e n t e

Antes o después, todo el que se interese por los poderes inexplicados de los animales se encontrará con la historia de Hans, el Caballo Inteligente. Para los científicos, esta historia cumple la función de advertirnos que he­ mos de ser prudentes.

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22 DE PERROS QUE SABEN QUE SUS AMOS EST ÁN CAMINO DE CASA

A comienzos del siglo XX hubo en Berlín un caballo, conocido como

Hans, el Caballo Inteligente, del que se decía que era capaz de realizar ope­ raciones matemáticas, leer alemán y deletrear palabras alemanas. Respondía golpeando con el casco. Su entrenador, Herr von Osten, ex profesor de ma­ temáticas, estaba convencido de que Hans tenía capacidades mentales que se consideraban exclusivas de los seres humanos. El caballo causaba sensa­ ción y se hicieron múltiples exhibiciones dedicadas a profesores, oficiales del ejército y otros públicos.

Las habilidades de Hans, el Caballo Inteligente, fueron estudiadas por el profesor C. Stumpf, director del Instituto de Psicología de la Universidad de Berlín, y su asistente Otto Pfungst. Encontraron que el caballo podía res­ ponder correctamente sólo cuando la persona que preguntaba conocía la respuesta y Hans podía verla. Concluyeron que Hans no tenía habilidades matemáticas y no sabía leer alemán. En cambio, leía pequeños movimientos corporales del interrogador, que le hacían saber cuándo había dado la can­ tidad correcta de golpes con el casco.

Esta historia de Hans, el Caballo Inteligente, se ha utilizado incluso para justificar el desprecio de las habilidades inexplicadas de los animales, que se atribuían a «sutiles señales» y no a poderes misteriosos de ningún tipo que el animal pudiera tener. En resumen, esta historia se ha utilizado para inhibir la investigación, para impedir la indagación antes que para es­ timularla. Pero extraer esta conclusión de la historia de Hans, el Caballo Inteligente, no hace justicia a las investigaciones de Stumpf y Pfungst. En vez de negarla, éstos investigaron una afirmación discutible, lo que reque­ ría valor, pues sus conclusiones se opusieron a las creencias de muchos de sus colegas.

Las capacidades de Hans, el Caballo Inteligente, no eran discutibles porque se supusiera que implicaban poderes psíquicos, sino más bien por­ que se suponía que aquéllas demostraban que los animales podían pensar. Muchos científicos, sobre todo darwinianos, se sentían felices de creer que Hans, el Caballo Inteligente, fuera capaz de realizar operaciones aritméticas y de entender alemán. Les agradaba la idea de que los animales fueran ca­ paces de pensamiento racional porque eso minaba la creencia convencional de que el intelecto humano era único. Preferían la idea de evolución gra­ dual, de diferencias de grado entre los seres humanos y los anímales no hu­ manos, antes que la de diferencias de calidad.

A la inversa, los tradicionalistas se mostraban muy escépticos respecto de Hans, el Caballo Inteligente, porque pensaban que las facultades menta­ les superiores eran exclusivas del hombre. Los hallazgos de Stumpf y Pfungst apoyaban a los tradicionalistas y eran impopulares entre «los

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dar-winianos decepcionados que temían que los puntos de vista eclesiáticos y reaccionarios sacaran provecho de las conclusiones».3

Aunque a veces los biólogos se refieren al «efecto Hans, el Caballo Inte­ ligente» como una razón para despreciar todas las habilidades inexplicadas en los animales, el efecto es completamente específico. Depende del len­ guaje corporal, que en los caballos, lo mismo que en muchas otras especies, es un elemento importante en su comunicación recíproca. Si un animal puede responder a un ser humano cuando éste se halla fuera de su visión, eso no ejemplifica el efecto Hans, el Caballo Inteligente, sino que requiere otra explicación.

En el curso de la investigación sobre los poderes inexplicados de los ani­ males domésticos he descubierto que la mayoría de los amaestradores de animales y de los dueños de animales domésticos son muy conscientes de la importancia del lenguaje corporal. Pero, en cualquier caso, muchos de los fenómenos que aquí analizo, como la evidente capacidad de los animales para saber cuándo sus amos están regresando a casa, no pueden explicar­ se en términos del efecto Hans, el Caballo Inteligente. Un animal no pue­ de leer el lenguaje corporal de una persona que está a muchos kilómetros de distancia.

Tr e s t i p o s d e p e r c e p t i v i d a d i n e x p l i c a d o s

En este libro analizo tres grandes categorías inexplicadas de perceptividad en los animales: la telepatía, el sentido de la orientación y las premoniciones.

1. Telepatía. Empiezo con la capacidad de algunos perros, gatos y otros

animales para saber cuándo sus amos están de camino a su casa. En muchos casos, las anticipaciones que los animales realizan del regreso de las perso­ nas resultan completamente inexplicables en términos de hábito, señales de la gente de la casa o audición de la aproximación de coches cuyo ruido les es familiar. En experimentos con cintas de vídeo se ha visto que hay perros capaces de anticipar el regreso de sus amos en momentos escogidos al azar, aun cuando estén viajando en taxis u otros vehículos extraños para el animal. De alguna manera, las personas comunican telepáticamente su intención de volver a casa.

Hay animales de compañía que también responden telepáticamente a una variedad de otras intenciones humanas y reaccionan a llamadas y órde­

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24 DE PERROS QUE SABEN QUE SUS AMOS EST ÁN CAMINO DE CASA

nes silenciosas. Algunos saben cuándo está al teléfono una persona determi­ nada. Algunos reaccionan cuando su amo sufre o agoniza en un sitio lejano.

Sugiero que la comunicación telepática depende de vínculos entre per­ sonas y animales y que esos vínculos no son meras metáforas, sino conexiones reales. Se conectan a través de campos llamados campos mórficos. Presen­ to estos campos en el capítulo I, en el que también analizo la evolución de los vínculos entre seres humanos y animales.

2. E l sentido de orientación. Las palomas mensajeras pueden encontrar el camino de regreso a su palomar a través de centenares de kilómetros de te­ rreno desconocido. Las golondrinas migratorias europeas viajan miles de kilómetros hasta sus fuentes de alimentación en África para regresar en pri­ mavera a sus tierra nativas, incluso al mismísimo edificio donde previamen­ te habían anidado. Su capacidad para navegar hacia destinos lejanos sigue aún sin explicación y es imposible explicarlo en función del olfato ni de nin­ guno de los otros sentidos conocidos, ni siquiera de una suerte de brújula biológica.

Algunos perros, gatos, caballos y otros animales domesticados también tienen un buen sentido de orientación y encuentran su camino a casa desde lugares que desconocen y a muchos kilómetros de distancia. Los animales parecen atraídos a su destino deseado como si una banda elástica invisible los mantuviera ligados a ese sitio. Estas conexiones podrían explicarse en términos de campos mórficos.

A veces los animales no «vuelven» a lugares determinados, sino a deter­ minadas personas. Hay perros capaces de encontrar a sus dueños, que se han marchado sin ellos, en lugares lejanos en los que nunca han estado. El rastreo olfativo de la persona podría explicar algunos casos, cuando las dis­ tancias son cortas, pero en otros casos la única explicación viable parece ser una conexión invisible entre el animal y la persona a la que está ligado. Una vez más, cabe la comparación con una banda elástica estirada, que yo atri­ buyo al campo mórfico que vincula al animal con su amo.

3. Premoniciones. Algunas premoniciones pueden explicarse en térmi­ nos de estímulos físicos. Por ejemplo, las perturbaciones de algunos anima­ les antes de un seísmo pueden ser reacciones a sutiles cambios eléctricos y los perros que alertan a sus amos epilépticos de un ataque inmediato pue­ den advertir sutiles temblores musculares u olores insólitos. Pero hay otras premoniciones que parecen implicar misteriosos presentimientos que desa­ fían nuestros supuestos usuales acerca de la separación entre pasado, pre­ sente y futuro.

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La telepatía, los sentidos de orientación y la precognición son ejemplos de lo que algunos llaman percepción extrasensorial o PEE. Otros los califi­ can de «sexto sentido» (o «séptimo sentido» o, en todo caso, un sentido o sentidos adicionales). Otros los denominan «paranormales». Otros, «pa- rapsicológicos». Todos estos términos concuerdan en apuntar allende los lí­ mites de la ciencia establecida.

«Percepción extrasensorial» significa literalmente percepción más allá o al margen de los sentidos. A primera vista, la expresión «sexto sentido» pa­ rece significar lo opuesto, porque implica una perceptividad en el marco de los sentidos, aunque mediante otro tipo de sentidos, que hasta ahora la cien­ cia no reconoce. Este conflicto desaparece si se entiende «extrasensorial» en el sentido de «al margen de los sentidos conocidos».

Ni la expresión «percepción extrasensorial», ni la de «sexto sentido», sugieren qué son estos fenómenos, ni cómo se producen. Simplemente nos dicen lo que no son. No se los puede explicar en términos de los sentidos conocidos. Los tres tipos de perceptividad —la telepatía, el sentido de orientación y las premoniciones— parecen mejor desarrollados en especies no humanas, como los perros, que en las personas. No obstante, también se producen en el dominio humano. Los poderes parapsicológicos humanos o «sexto sentido» parecen más naturales, más biológicos, cuando se los consi­ dera a la luz de la conducta animal. Gran parte de lo que hoy se presenta como «paranormal» parece normal cuando se amplían nuestras ideas de normalidad.

La ciencia sólo puede progresar si trasciende sus límites actuales. En este libro aliento la esperanza de mostrar que es posible investigar científi­ camente habilidades inexplicadas de los animales y hacerlo de maneras no invasoras ni crueles. También sugiero una variedad de formas en que los dueños y los estudiosos de animales podrían realizar importantes contribu­ ciones a este nuevo campo de investigación.

Tenemos mucho que aprender de nuestros animales de compañía. Y ellos tienen mucho que enseñarnos sobre la naturaleza animal... y sobre no­ sotros mismos.

(26)
(27)

PARTE

Vínculos entre animales

y seres humanos

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__________________________

1

La domesticación de animales

Ví n c u l o s c o n a n i m a l e s

Hay muchas personas que aman a sus animales domésticos y a las que éstos aman a su vez. Entre unas y otros se desarrollan vigorosos vínculos emocionales. En este capítulo exploro la evolución y la naturaleza de esos vínculos entre los seres humanos y los animales.

Pero antes es importante reconocer que los vínculos emocionales entre personas y animales son más bien la excepción que la regla. Por cada perro o gato querido hay centenares de animales domesticados confinados entre rejas en sistemas de crianza intensiva y en laboratorios de investigación. En muchos países del tercer mundo, la brutalidad con que suele tratarse a las bestias de carga convierte a los seres humanos en auténticos brutos. Y las so­ ciedades tradicionales no acostumbran a suscribir los ideales modernos de bienestar animal. Los esquimales, por ejemplo, tienden a tratar duramente a sus huskies.

Luego están los animales que son víctimas de descuido irreflexivo y crueldad deliberada. En todo el mundo industrializado, las organizaciones para la prevención de la crueldad con los animales desvelan y publican con­ tinuamente estremecedores sufrimientos de animales a manos del hombre:

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30 V ÍN CU LO S ENTRE AN IM ALES Y SERES HUMANOS

caballos tan flacos que se les transparentar! las costillas bajo la piel; perros atados y descuidados; gatos torturados. Y a muchos animales simplemente se los abandona. Sólo en los Estados Unidos, las autoridades locales o las organizaciones voluntarias sacrifican alrededor de cinco millones de perros no deseados y una cantidad similar de gatos.1

Pero a pesar de toda esta explotación, este abuso y este abandono, hay mucha gente que crea vínculos con animales ya desde la infancia. Es común dar ositos de peluche y otros animales de juguete a los niños pequeños y que a éstos les guste oír relatos acerca de animales. Pero a la mayoría le gustan sobre todo los animales reales. La mayor parte de los animales domésticos vive en casas con niños.2

Oír relatos sobre animales temibles —incluso cuentos de hadas como el de Caperucita Roja— y crear relaciones con los amistosos parece ser un aspecto fundamental de la naturaleza humana. En verdad, a lo largo de su historia evolutiva, nuestra naturaleza se ha modelado a través de nuestras interacciones con animales y todas las culturas humanas tienen canciones, danzas, rituales, mitos y relatos acerca de animales.

La e v o l u c i ó n d e l o s v í n c u l o s e n t r e s e r e s h u m a n o s y a n i m a l e s

Las primeras especies que reciben la denominación de homínidos, co­ nocidas gracias a restos fósiles, son la de los australopithecus ramidus y la de los australopithecus anamensis, que se remontan a más de cuatro millo­ nes de años. Las primeras herramientas de piedra se usaron hace alrede­ dor de dos millones y medio de años y las señas de haber comido carne aparecen en torno a un millón de años después, más o menos cuando el

homo erectus se expandió de África a Eurasia (fig. 1.1). El uso del fuego

pudo haber comenzado hace alrededor de 700.000 años. Los humanos modernos se originaron en África hace más o menos 150.000 años. El pri­ mer arte, las pinturas de las cavernas, que incluyen muchos animales, se realizaron hace alrededor de 30.000 años. La revolución agrícola comenzó hace unos 10.000 años; las primeras civilizaciones e inscripciones escritas, hace unos 5.000 años.3

Nuestros antepasados fueron recolectores y cazadores para quienes la recolección era mucho más importante que la caza. La vieja imagen del

1. Karsh y Turner (1988).

2. Godwin (1975); Marx y otros (1988). 3. Leakey y Lewin (1992); Mithen (1996).

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años transcurridos PRESENTE

Revolución Industrial (150) Revolución agrícola (10.000)

Primera manifestación de arte (30.000)

100.000 ■ Primera domesticación de perros

150.000 Orígenes, en Africa, de los humanos modernos

í

7700.000 ■ Uso del fuego

1.000.000

-2.000.000

Señales de ingesta de carne

3.000.000 —

4.000.000

-Expansión cerebral. Primeras herramientas de piedra

m

Primeras especies denominadas homínidos

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32 V ÍN CU LOS E N T R E ANIM ALES Y SERES HUM ANOS

Hombre Cazador que, lleno de confianza, se paseaba a grandes zancadas por la sabana africana, resultó ser un mito. Incluso entre los cazadores-re- colectores hoy existentes, sólo una pequeña proporción del alimento que comen proviene de la caza; la mayor parte es producto de la recolección, principalmente a cargo de las mujeres. (La excepción son los cazadores-re- colectores de las regiones árticas, pobres en plantas.)4 Los homínidos y el primer homo sapiens obtenían en general carne más bien de la limpieza de los esqueletos que dejaban depredadores más eficaces, como los grandes ga­ tos, que de la caza propia.5 La caza mayor, en oposición a la actividad ca- rroñera, quizá se remonte sólo de 70.000 a 90.000 años.

En las culturas de cazadores-recolectores, los seres humanos no se ven como algo separado del dominio de los otros animales, sino en íntima inter­ conexión con ellos.6 Los especialistas en comunicación con el mundo no humano son chamanes que, gracias a sus espíritus guardianes o animales de poder, se conectan con los poderes de los animales. Hay una solidaridad misteriosa entre la gente y los animales. Los chamanes se sienten guiados por los animales o bien transformados ellos mismos en animales, cuyo len­ guaje comprenden y cuya preciencia y poderes ocultos comparten.7

L a d o m e s t i c a c i ó n d e l o s p e r r o s

Los primeros animales que se domesticaron fueron los perros. Sus ante­ pasados, los lobos, cazaban en manadas como cazaban los hombres y ya en una etapa muy antigua se usaron perros en la caza, así como para la custodia de animales. Su domesticación es anterior al desarrollo de la agricultura.8 La opinión convencional afirma que la primera domesticación de lobos tuvo lugar hace entre diez y veinte mil años. Pero evidencias recientes a par­ tir del estudio de ADN en perros y en lobos señalan una fecha mucho más lejana para la primera transformación del lobo en perro, unos cien mil años atrás. Esta nueva evidencia también sugiere que los lobos fueron domesti­ cados varias veces, no sólo una, y que los perros siguieron cruzándose con lobos salvajes.9 4. Ehrenreich (1997). 5. Ibíd. 6. Eliade (1964); Burkert (1996). 7. Eliade (1964), pág. 94. 8. Masson (1997). 9. Morell (1997).

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Si este descubrimiento se confirmara, significaría que tal vez nuestra an­ tigua compañía de perros haya desempeñado un papel importante en la evolución humana. Los perros pudieron haber cumplido una función capi­ tal en los progresos de las técnicas humanas de caza que se produjeron hace entre 70.000 y 90.000 años. El veterinario australiano David Paxton llega a sugerir que más bien los lobos domesticaron a los humanos que éstos a aquéllos. Tal vez los lobos comenzaron a vivir en torno a la periferia de asen­ tamientos humanos como una manera de parasitismo. Algunos aprendieron a vivir en una suerte de ayuda mutua y poco a poco se convirtieron en pe­ rros. Como mínimo habrían protegido los asentamientos humanos y emitido advertencias con sus ladridos ante cualquiera que se aproximara.10

Los lobos que se convirtieron en perros tuvieron gran éxito en términos evolutivos. Se los encuentra por doquier en el mundo habitado y en cen­ tenares de millones. Los descendientes de los lobos que siguieron siendo lobos están ahora muy dispersos y a menudo en poblaciones en peligro de extinción.

La domesticación de perros precede con mucho a la domesticación de otros animales. En verdad, los perros pueden haber desempeñado un papel esencial en la domesticación de otras especies, tanto por su capacidad para pastorear animales, como las ovejas, como por su colaboración en la pro­ tección de los rebaños del ataque de depredadores.

Algunas razas de perro son muy antiguas. Ya en el antiguo Egipto ha­ bía varias razas completamente distintas: galgos o de tipo Saluki, mastines, basenji, pointer y un perro pequeño parecido al terrier maltés (fig. 1.2).11 En Egipto se veneraba a los perros. A algunos incluso se los embalsama­ ba y en todas las ciudades se dedicada un cementerio íntegramente a tum­ bas de perros. El dios de los muertos era Anubis, con cabeza de perro o de chacal.

En el mundo moderno de hoy, el modo de tratar a los perros varía mu­ cho de una cultura a otra. En el mundo árabe, en general se los aborrece, en parte debido a la existencia de grandes poblaciones de perros extraviados o salvajes que son fuentes de peligrosas enfermedades, como la rabia. Incluso así, se admira y se mima a los perros individuales de caza. En otras regiones del mundo, como en zonas de Birmania, Indonesia y Polinesia, se mata a los perros para la alimentación humana y en general no se los considera bien.12 Pero en la mayoría de las culturas, sobre todo allí donde se usan los perros

10. Paxton (1994).

11. Fiennes y Fiennes (1968). 12. Serpell (1983).

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34 V ÍN CU LO S E N T R E AN IM ALES Y SE RES HUM ANOS

Figura 1.2. Razas de perros egipcios, de las tumbas de Beni Assan (2200-2000 a.C.)

(según Ash, 1927).

para la caza o el pastoreo o se los mantiene sin motivo utilitario, se los trata en general con afecto.13

L a d o m e s t i c a c i ó n d e o t r a s e s p e c i e s

Francis Galton, primo de Charles Darwin, fue pionero del pensamiento moderno sobre domesticación. Señaló que relativamente pocas especies se prestaban a ello. Para poder ser domesticadas, las especies han de satisfacer las siguientes condiciones:

Deben ser fuertes y sobrevivir con poco cuidado y escasa atención, te­ ner un gusto intrínseco por el hombre, amar la comodidad, cruzarse libre­ mente, ser gregarias y, por tanto, fáciles de controlar en grupos.

Las ovejas, las cabras, el ganado ovino, los caballos, los cerdos, las galli­ nas, los patos y los gansos satisfacen estos criterios. Pero otras especies,

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como los ciervos y las cebras, aunque son gregarias, no los satisfacen y, a pe­ sar de muchos intentos de domesticación, permanecen demasiado «salva­ jes» como para manejarlas con comodidad.14

Los gatos son la única especie domesticada que no es gregaria, pero de­ bido a su naturaleza territorial y su amor a la comodidad crean relaciones simbióticas con las personas aunque preservan algo de su independencia de cazadores solitarios. Se pasan con relativa facilidad a una existencia libre, salvaje.15

Los gatos fueron domesticados hace mucho menos tiempo que los pe­ rros, probablemente no más de cinco mil años atrás. Los primeros registros de gatos se encuentran en el antiguo Egipto, donde se los consideraba sa­ grados y estaba prohibido matarlos. Se los momificó en tal cantidad que a

principios del siglo XX se extraían momias de gatos por toneladas, se las mo­

lía y se las vendía como fertilizante.16

También es relativamente reciente la domesticación de los caballos, que con toda probabilidad ocurrió hace alrededor de cinco mil años en la región que rodea al Turquestán. Tal vez se los usara primero como animales de tracción. El primer registro de un caballo montado se halla en Egipto, alre­ dedor del 1500 a.C.17 Muy pronto, una vez que fueron más bien camaradas que esclavos, los caballos resultaron importantes en la guerra y en la caza.

En las primeras civilizaciones, aunque los animales domesticados eran explotados al servicio del hombre, ya había un sentido de conexión hom­ bre/animal que impregnaba la relación. Eran varios los animales a los que se consideraba sagrados, como en India lo son actualmente las vacas, los ele­ fantes y los monos. Muchos dioses y diosas adoptaban formas animales o tenían anímales como ayudantes.

A primera vista, son escasas las huellas de este sentido de solidaridad con el reino animal en las sociedades industriales. Las bestias de carga han sido sustituidas por máquinas; los caballos, los asnos, las muías y los bueyes ya no se utilizan como compañeros cotidianos. La íntima familiaridad del campesino con los animales ha sido sustituida por la gestión agrícola mo­ derna, en que los animales permanecen en granjas fabriles e instalaciones alimentarias a escala industrial.

No obstante, en nuestra vida privada se mantiene la afinidad antigua con otros animales. Hay muchos observadores aficionados de aves, natura­

14. Galton (1865).

15. Kerby y Macdonald (1988). 16. Clutton-Brock (1981), pág. 110. 17. Kiley-Worthington (1987).

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36 V ÍN CU LO S ENTRE ANIMALES Y SERES HUM ANOS

listas y fotógrafos de la vida salvaje. Las películas sobre la vida natural go­ zan de permanente preferencia en la televisión, lo mismo que los relatos acerca de anímales, sobre todo acerca de perros como Lassie18 y Komissar Rex, el perro detective austríaco. Pero es en la tenencia de animales domés­ ticos donde estos vínculos se conservan principalmente y de un modo más íntimo. Aun cuando la mayor parte de la gente de las ciudades modernas ya no necesite gatos para cazar ratones ni perros para cuidar el rebaño ni para cazar, se sigue manteniendo estos animales a millones, junto con una multi­ tud de otras criaturas que no desempeñan ninguna función utilitaria: ponis, loros, periquitos australianos, conejos, cobayos, jerbos, hámsters, peces de colores, fásmidos y muchos otros tipos de animales domésticos.

La mayor parte de nosotros parece necesitar a los animales como parte de nuestra vida. Nuestra naturaleza humana está íntimamente ligada a la na­ turaleza animal; separados de ella, nos vemos disminuidos: perdemos una parte de nuestra herencia.

El m a n t e n i m i e n t o d e a n i m a l e s d e c o m p a ñ í a

En todo el mundo se crían animales de compañía. Como observó Fran- cis Galton en 1865: «Es un hecho familiar a todos los viajeros que los salva­ jes a menudo capturan animales jóvenes de distinto tipo y los crían como fa­ voritos para luego venderlos o presentarlos como curiosidades».19

Galton sugirió que ese tipo de crianza de animales fue el modo principal en que se domaron muchas especies, junto con el mantenimiento de anima­ les sagrados y la conservación de jardines zoológicos por jefes y reyes. En al­ gunos casos, estos animales, siempre que satisficieran las condiciones necesa­ rias (ya enunciadas), llegaron a ser domésticos. Me agrada la idea de Galton de que el mantenimiento de animales de compañía precedió a la domestica­ ción, y la encuentro muy plausible. Y, si los lobos se hicieron primero secua­ ces de los hombres y sólo después se convirtieron en perros, la teoría de Gal­ ton sugiere una manera simple en que este proceso pudo haberse acelerado a través de la adopción de cachorros como animales de compañía.

En el antiguo Egipto, así como en muchos otros lugares del mundo, ade­ más de los perros de gran tamaño que se usaban para la caza, la vigilancia y el pastoreo, había también razas más pequeñas que parecen haber vivido en

18. Para un interesante estudio sobre la evolución de las historias de Lassie, véase Gar- ber (1996).

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Figura 1.3. Pequeños perros domésticos de la Grecia antigua (según Keller, 1913).

las casas en calidad de animales de compañía. Los griegos y los romanos an­ tiguos también los tenían (fig. 1.3). Ciertamente, se han hallado perros pe­ queños en todo el mundo y hay antepasados de muchos perros domésticos de hoy. En Tíbet y en China existía la costumbre de criar tanto perros guar­ dianes como perros de hogar; los primeros eran grandes y feroces y vivían al aire libre, mientras que los últimos vivían en casas o monasterios.20

La tenencia de animales domésticos en oposición a su tenencia con fines utilitarios era en cierto modo un lujo. Hoy en día hay mucha más gente rica y, por tanto, más animales de este tipo. Y a menudo los animales domésticos

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38 V ÍN CU LO S ENTRE AN IM ALES Y SERES HUMANOS

que viven en la casa en calidad de compañeros establecen una conexión más íntima con su familia humana que los que viven fuera de la casa, en la granja, el establo o el corral. En países industriaÜ2ados como Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, la mayoría de las casas tienen al menos un animal de compañía. Y en las últimas décadas, con el incremento de la urbanización y la prosperidad, la cantidad de animales domésticos, lejos de disminuir, au­ mentó. En el Reino Unido, por ejemplo, entre 1965 y 1990 la cantidad total de perros se elevó de 4,7 a 7,4 millones y la de gatos, de 4,1 a 6,9 millones.

Es probable que los hábitos de mantenimiento de las diferentes naciones desempeñen un papel importante en la formación del «carácter nacional». Pero es ésta un área en la que no ha habido prácticamente investigación, pues sólo disponemos de estadísticas. En el cuadro 1 se dan las cifras corres­ pondientes a dueños de perros y gatos en un abanico de países.

Los porcentajes más elevados de casas con perros se encuentran en Po­ lonia y los Estados Unidos, y luego en Francia, Bélgica e Irlanda. Algunos de los niveles porcentuales más bajos de propietarios de perros y gatos se hallan en Alemania. En la mayoría de los países son más las casas que tienen perros que las que tienen gatos, pero en algunos, sobre todo Suiza y Austria, es sorprendente el predominio de gatos sobre perros como animales de ho­ gar preferidos.

En los últimos años se han producido cambios asombrosos en la confi­ guración de la propiedad de animales de compañía. En el Reino Unido, la cantidad de perros descendió, mientras que la de gatos siguió aumentando (fig. 1.4). A partir de 1992 hubo más gatos que perros, pero todavía hay más

casas con perros que con gatos, porque en muchas hay dos gatos o más. Sólo

en los Estados Unidos ha habido un incremento semejante de popularidad de los gatos en relación con los perros, pues hacia 1996 los primeros supe­ raron a los segundos en cantidad, con poblaciones de 59 y 53 millones res­ pectivamente. Pero, lo mismo que en el Reino Unido, sigue habiendo más casas con perros que con gatos.21

VÍNCULOS SOCIALES CON LOS ANIMALES

Originariamente, la mayoría de los animales domesticados eran sociales, como señaló Francis Galton. También tienden a ser animales con jerarquías

21. En 1996 había en EE.UU. un promedio de 2,2 gatos por cada casa con gatos, en comparación con los 1,7 perros por cada casa con perros (fuente: Humane Society of Ame­ rica, Washington, DC).

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Cuadro 1. Porcentaje de casas que tienen perros y gatos, clasificadas p or países

(según Fogle, 1994).

Porcentaje de casas con: perros gatos Polonia 50 33 Estados Unidos 38 30 Francia 36 25 Bélgica 36 25 Irlanda 36 20 Canadá 32 24 Portugal 30 14 República Checa 30 16 Reino Unido 27 21 Dinamarca 23 17 Holanda 22 24 Italia 20 22 Finlandia 20 18 Noruega 17 18 Suecia 16 19 España 16 8 Austria 15 26 Japón 12 5 Alemania 11 9 Suiza 10 26 Grecia 10 7

de dominación, lo que facilitó su control por parte de los seres humanos. In­ cluso los gatos, a pesar de sus hábitos de caza independiente y en solitario, crecen con relaciones sociales estrechas entre las madres y su descendencia.

La naturaleza social original de los animales domesticados se pone de manifiesto cuando vuelven a la vida salvaje. Charles Darwin, en su Variation

of Animáis and Plants, se interesó particularmente por el retorno de los ani­

males domesticados a sus hábitos ancestrales.22

En general, los animales no domesticados viven en grupos similares a los de sus parientes salvajes. Por ejemplo, los caballos no domesticados viven

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40 V ÍN CU LO S EN T R E AN IM ALES Y SERES HUM ANOS

1960 1 96 5 1 9 7 0 1 97 5 1 98 0 1 98 5 1 99 0 1 99 5 2 00 0

años - o - perros (cantidad)

gatos (cantidad) -D - perros (casas con)

gatos (casas con)

Figura 1.4. Cambios en las poblaciones de perros y de gatos en el Reino Unido en­

tre 1965 y 1997 (fuente: UK Pet Food Manufacturera’ Association).

en general en grupos de alrededor de cinco, lo mismo que sus parientes sal­ vajes.23 Los perros no domesticados viven en manadas y construyen guari­ das, al igual que los lobos.24

Los animales sociales se vinculan con otros miembros del grupo a través de lazos invisibles. Lo mismo vale para los vínculos sociales humanos. Nues­ tros animales domesticados son sociales por naturaleza y nosotros también lo somos. Los vínculos entre las personas y los animales son una suerte de híbrido entre los tipos de vínculos que crean los animales entre sí y los que crean entre sí las personas.

Una dificultad para comprender la naturaleza de estos vínculos estriba en la pobreza de nuestra comprensión de los vínculos entre seres humanos

23. Kiley-Worthington (1987).

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y entre animales. Sabemos que existen conexiones emocionales invisibles entre miembros de una familia y sabemos que esas conexiones persisten con el tiempo y mantienen unidas a personas que se pueden encontrar incluso en distintos continentes. Sabemos que los animales tienen grupos sociales y que de alguna manera el grupo en conjunto está unido de tal manera que funciona como si se tratara de un superorganismo: es lo que analizo en el ca­ pítulo 9. Esto resulta más claro en el caso de los insectos sociales, como las hormigas, las termitas, las abejas y las avispas. Es flagrante en las bandadas que giran y se inclinan prácticamente al mismo tiempo, sin molestarse en absoluto los individuos entre sí. Y lo mismo ocurre con un cardumen que nada en formación cerrada pero que cambia de dirección en cualquier mo­ mento y responde con rapidez a la aproximación de un depredador.

La n a t u r a l e z a d e l o s v í n c u l o s s o c i a l e s

Hay muchos tipos de vínculos sociales en el seno de las especies, como las que existen entre la gata madre y sus mininos, una abeja y otros miem­ bros de la colmena, un estornino y una bandada, un lobo y su manada, así como la gran variedad de vínculos sociales humanos. Además, hay vínculos sociales entre especies, como las que se dan entre los animales de compañía y sus amos.

Todos estos vínculos conectan unos con otros a los miembros de un grupo e influyen en la manera de relacionarse. Mi propuesta es que estos vínculos no son meras metáforas, sino conexiones reales que siguen conectando a los individuos entre sí aun cuando estén separados, más allá de la comu­ nicación sensorial. Estas conexiones a distancia podrían ser canales para la telepatía.

Los vínculos entre animales existen dentro de un campo social. Al igual que los campos conocidos de la física, los campos sociales conectan cosas a distancia, pero se diferencian de los campos conocidos de la física en que evolucionan y tienen un tipo de memoria. En mi libro The Presence of the

Past he sugerido que los campos sociales son ejemplos de una clase de cam­

pos llamados campos mórficosP

Los campos mórficos mantienen unidas y coordinan las partes de un sis­ tema en el espacio y en el tiempo y tienen memoria de sistemas similares an­ teriores. Los grupos sociales humanos tales como las tribus y las familias he­ redan a través de sus campos mórficos una clase de memoria colectiva. Los

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42 V ÍN CU LO S ENTRE AN IM ALES Y SERES HUM ANOS

hábitos, las creencias y las costumbres de los antepasados influyen en el comportamiento actual, tanto consciente como inconscientemente. Todos sintonizamos memorias colectivas, semejantes al «inconsciente colectivo» que propuso el psicólogo C. G. Jung.

Las colonias de termitas, los cardúmenes, las bandadas, los rebaños, las manadas y otros grupos de animales también se mantienen unidos y estruc­ turados gracias a los campos mórficos, y todos estos campos están configu­ rados por su propio tipo de memoria colectiva.

Los animales individuales están unidos entre sí en el seno de campos sociales de su grupo y siguen modelos habituales de relaciones que se re­ piten de una generación a otra. Los instintos son como hábitos colectivos de la especie, o de la raza, creados por experiencia a lo largo de muchas generaciones y sometidos a los rigores de la selección natural. Esta con­ cepción de los instintos como efectos heredados del hábito y la experien­ cia se aproxima mucho al pensamiento de Charles Darwin, que se expre­ sa con la máxima claridad en La variación de animales y plantas bajo la

acción de la domesticación y desempeña un papel capital en E l origen de las especies.21'

El proceso por el cual esta memoria se transfiere del pasado al presente se denomina resonancia mórfica e implica una influencia de lo semejante sobre lo semejante a través del espacio y el tiempo.27 En el capítulo 9 y en el Apéndice C expongo la naturaleza de los campos mórficos y de la resonancia mórfica.

Los campos mórficos vinculan los miembros de un grupo social entre sí y el campo abarca en su seno a todos los miembros del grupo (fig. 1.5A). Si un miembro del grupo se desplaza a un lugar lejano, sigue conectado con el resto del grupo gracias al campo social, que es elástico (fig. 1.5B).

Los campos mórficos permitirían que un abanico de influencias telepá­ ticas pasara de un animal a otro dentro del grupo social, o de una persona a otra, o bien de una persona a un animal de compañía. La capacidad de estos campos para estirarse como bandas elásticas invisibles las habilita para actuar como canales de comunicación telepática, incluso a grandes distancias.28

En este momento no es preciso exponer en detalle la hipótesis del cam­ po mórfico, del que sólo he dado un brevísimo resumen. Lo importante es

26. Francis Huxley ha señalado que sería más adecuado que el libro más famoso de Dar­ win se titulara «El origen de los hábitos» (Huxley, 1959).

27. Sheldrake (1981; 1988a).

28. Para un modelo matemático de comunicación por medio del campo mórfico, véase Abraham (1996).

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A

Figura 1.5. Diagrama que representa un campo mórfico del grupo social (A) y que

ilustra la manera en que el campo se estira y sigue conectando a un individuo con otros miembros del grupo aun cuando se encuentre a gran distancia de éstos (B).

que esta hipótesis no sólo hace posible la telepatía, sino incluso probable. Pero, una vez sentada su posibilidad teórica, cabe preguntarse si ocurre en realidad. Sobre la base de la evidencia disponible, que se expone en los ca­ pítulos siguientes, llego a la conclusión de que la telepatía es ciertamente un fenómeno real.

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(45)

PARTE

Animales que saben cuándo sus amos

están camino de casa

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__ 2

Perros

La mayor evidencia de telepatía entre personas y animales procede del es­ tudio de perros que saben cuándo sus amos están de camino a su casa. Este comportamiento anticipatorio es común. Muchos dueños de perros lo dan simplemente por supuesto, sin reflexionar acerca de sus vastas implicaciones.

Cuando Peter Edwards llega a casa en su granja en Wickford, Essex, sus setters irlandeses están casi siempre en la puerta para saludarlo. Ivette, su mujer, dice que a menudo lo esperan entre diez y veinte minutos antes de su llegada, mucho antes de que Peter deje la carretera para entrar en el desvío privado de su casa. Durante más de veinte años, la mujer había dado esta conducta por supuesta, con este simple pensamiento: «Ya vuelve Peter; los perros han ido a la puerta».

Sin embargo, después de leer un artículo en Sunday Telegraph acerca de mi investigación sobre perros que saben cuándo sus amos están camino de su casa, Ivette empezó a preguntarse: ¿cómo saben los setters que Peter está en camino? Peter trabaja con horario irregular en Londres y en general su mu­ jer no tiene datos para saber cuándo esperarlo. Y los perros responden con independencia de la dirección del viento y del vehículo en el que llegue.

La capacidad de los setters irlandeses para detectar el regreso de Peter con anticipación es típica de muchos otros perros. En respuesta a averigua­

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48 ANIM ALES QUE SABEN CUÁNDO SUS AMOS E ST ÁN CAMINO DE CASA

ciones realizadas en Europa y en América del Norte he reunido más de 580 informes de perros que saben cuándo sus amos están camino de su casa. Al­ gunos esperan en una puerta o una ventana diez minutos o más antes del re­ greso del trabajo, la escuela, las compras y otras salidas. Otros salen a en­ contrarse con sus amos en la calle o en una parada de autobús. Hay perros que exhiben esta conducta de manera casi cotidiana; otros, sólo cuando sus amos regresan de unas vacaciones u otra ausencia prolongada, en cuyo caso dan muestras de excitación durante horas o incluso días antes del regreso. Mientras algunos científicos se apresuran a atribuir este fenómeno a la ruti­ na o la agudeza del olfato y el oído de estos animales, pronto se descubre, caso tras caso, que estas explicaciones no son suficientes.

El contexto de esta conducta anticipatoria es el entusiasmo con que mu­ chos perros dan la bienvenida a sus amos. A menos que estén muy bien edu­ cados, tratan de saltar y lamer la cara de su amo, tal como los cachorrillos saludan a sus padres, sacudiendo la cola con tal vigor que el movimiento se transmite a las patas traseras.

De modo parecido saludan los lobeznos. Cuando son destetadas, las crías comienzan a pedir alimento a sus padres o a otros miembros de la manada que regresan a la cueva. Cuando el adulto se aproxima con comida en la boca, se amontonan en torno a él con excitación, agitan la cola, adoptan gestos de sumisión y saltan para lamer los rincones de la boca. En los lobos adultos, la misma clase de conducta toma la forma de saludos ritualizados. La mayor parte de la atención se dirige a los animales de mayor jerarquía.1 Así, la conducta de saludo que despliegan los perros respecto de sus amos tiene antiguos antecedentes evolutivos, pues se remonta a los lobos, de los que descienden nuestros perros domésticos. Pero muchos perros van más allá del mero saludo a sus amos cuando éstos regresan, pues en verdad anticipan su llegada y parecen saber que se encuentran en camino cuando todavía están a muchos kilómetros de la casa.

¿ Po d r ía t r a t a r s e d e m e r a r u t i n a?

Cuando una persona regresa todos los días a la misma hora, la conduc­ ta de sus perros podría ser simple rutina. Teresa Preston, de Suffolk, Virgi­ nia, supuso que esto era lo que ocurría cuando se dio cuenta de que el pe­ rro de la familia, Jackson, esperaba el regreso de sus hijos en el autobús escolar. Pero tuvo que repensar la cuestión cuando se percató de que

Referencias

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