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La Psicología como profesión en Puerto Rico: desarrollo y nuevos retos

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La Psicología como profesión en

Puerto Rico: desarrollo y nuevos

retos

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Frances Boulon-Díaz1

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217

E

l desarrollo de la psicología como profesión en Puerto Rico se inicia temprano en el siglo veinte, cuando varios pioneros/as de la psico-logía cursaron estudios graduados en Estados Unidos. Se observa que su formación incluyó más de una especialidad y se desempeñaron exitosamente en diversos escenarios, públicos, privados, docentes y de servicio. Las contribuciones de profesionales de la psicología continúan tendiendo impacto en la comunidad y los programas graduados que forman dichos profesionales han crecido aceleradamente. Se discute la

diversidad de escenarios de trabajo, la influencia de las asociaciones y

de la Ley 96 del 4 de junio de 1983 que Reglamenta la Práctica de la Psi-cología. En virtud de ésta se otorgaron 2,618 licencias desde 1984 hasta 2005. En enero de 2006, 1,899 profesionales de la psicología mantenían

sus licencias vigentes. Se invita a la reflexión sobre el trabajo en equipo,

estándares éticos y de calidad, actualización de leyes y reglamentos y otros asuntos profesionales.

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T

he professional practice of psychology in Puerto Rico began early in the twentieth century, when several pioneers completed gradua-te degrees in the Unigradua-ted Stagradua-tes. These early practitioners earned more than one specialty and performed distinguished services in diverse settings, including government, private practice and teaching. The con-tributions of professional psychologists to the community continue to

be significant and psychology graduate programs are growing rapidly. Some issues discussed are the variety of work settings, the influence of

professional organizations and of Law 96 of June 4, 1983 which regulates the practice of psychology. As a result of its enforcement, 2,618 licenses to practice psychology were granted between 1984 and 2005. By January, 2006, 1,899 practitioners have kept their licenses current. Some issues of concern are: teamwork with mental health and other professionals; the promotion of ethical behavior and standards for practice; and updating of statutes and regulations of the profession.

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E

ntrado el siglo veintiuno la práctica de la psicología en Puerto Rico continúa en un proceso de desarrollo acelerado. En el artículo sobre este tema publicado en el volumen 9 de la

Revista Puertorriqueña de Psicología

(Boulon, 1993/94), planteé que los recursos y conocimientos de la ciencia psicológica son de enorme valor para enfrentar retos sociales cada vez más complejos. Entonces y ahora, afirmo una visión optimista del psicólogo o psicóloga como agente de cambio

que realiza un papel significativo

en la intervención y estudio sobre los urgentes problemas sociales que enfrenta nuestro pueblo. Para

enaltecer nuestra eficacia profesional sigue siendo necesario intensificar

esfuerzos en las siguientes áreas:

Definir con mayor precisión

estándares de excelencia en el ejercicio de nuestras labores, especialmente en el manejo de asuntos éticos

Promover mayor integración de las diferentes especialida-des en psicología y el manejo adecuado de procesos relacio-nados con cambio de especia-lidad y el ejercicio profesional

en una combinación de espe-cialidades

Análisis de nuestra relación con otros profesionales de la salud y el desarrollo de guías para el trabajo en equipo Mayor aprecio de nuestra ca-pacidad, como profesionales

de la psicología, para influir

en las diferentes organizacio-nes en que intervenimos.

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Labor profesional de los

primeros psicólogos

puerto-rriqueños

Los pioneros/as de la

psico-logía en Puerto Rico identificados

por la Dra. Irma Roca de Torres (1993/94) se desempeñaron como profesores universitarios, fun-cionarios en el servicio público, consultores e investigadores. Si-multáneamente algunos mantenían

oficinas para la práctica privada de

la profesión. Las áreas de especiali-dad a nivel doctoral y de maestría de estos pioneros/as se indican a continuación:

Carlos Albizu: Clínica, PhD; Experimental, MS

Miguelina Hernández:

Esco-lar, PhD, Enseñanza de Inglés, MEd

Abigail Díaz: Social, EdD, Ex-perimental, MA

Efraín Sánchez Hidalgo: So-cial, PhD, Educativa, MA

Pablo Roca: Evaluación y

Orientación, PhD, Supervisión y Administración, MEd

Juan N. Martínez: Recursos

Humanos, PhD, Educativa y Clínica, MA

Observamos diversidad en la preparación de estos pioneros/as; todos cursaron una especialidad a nivel de maestría y otra diferente a nivel doctoral. Los roles y funcio-nes que desempeñaron incluyen tareas docentes, administrativas, de investigación y de servicio en

uni-versidades, agencias de gobierno y el sector privado.

L a c o n t r i b u c i ó n d e profesionales de la psicología al desarrollo del país se demuestra con la labor de los pioneros/as antes mencionados y otros. Merece destacarse Efraín Sánchez Hidalgo, fundador y primer presidente de la Asociación de Psicólogos de Puerto Rico (APPR); quien ocupó el cargo de Secretario de Instrucción Pública (hoy Departamento de Educación) para el Estado Libre Asociado desde el 1957 hasta 1960.

Posteriormente lograron ocu-par cargos de nivel similar en el gobierno dos féminas. En 1973, la Sra. Milagros Guzmán dirigió la

Oficina Central de Administración

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16 de febrero de 2006). En estas tres instancias vemos a profesionales de la psicología ocupando cargos del más alto nivel en la rama ejecutiva del gobierno, ya que respondían al Gobernador de Puerto Rico.

Durante las décadas iniciales del siglo veinte, un grupo de puertorriqueños/as completó estudios graduados en psicología en universidades norteamericanas y de otros países. Al regresar a su patria varios se dedicaron a la enseñanza en la Universidad de Puerto Rico (UPR). Inicialmente se concentraron en la Facultad de Pedagogía de dicha universidad. En 1943 la Universidad inició un programa de cursos de Psicología en la Facultad de Ciencias Sociales; algunos profesores/as cambiaron de facultad y gradualmente otros profesionales de la psicología iniciaron sus carreras docentes en la Facultad de Ciencias Sociales. Desde la década de los cuarenta y entrados los años cincuenta, practicantes de psicología clínica e industrial comenzaron a ofrecer sus servicios en agencias gubernamentales y en la práctica privada.

En los comienzos de la década del mil novecientos cincuenta la Administración de Veteranos de la Fuerzas Armadas de los Estados Unidos ofrecía servicios de eva-luación y tratamiento psicológico, y a comienzos de la década del se-senta se estableció formalmente un Servicio de Psicología, con Rafael García Palmieri como su primer jefe. El Departamento de Salud

también comenzó a contratar psi-cólogos/as clínicos, quienes tenían la administración de evaluaciones psicológicas como su principal función y quienes estaban ubicados principalmente en centros de salud mental.

El primer puertorriqueño en ostentar un grado doctoral en psi-cología industrial fue Héctor Puig, quien lo obtuvo durante la década del cuarenta y regresó a Puerto Rico a practicar su especialidad, en la práctica privada y como profesor universitario. Otros pioneros en esta área fueron Milagros Guzmán, cuyos logros se mencionaron antes, Gabriel Cirino y Lucy López Roig, quienes también fueron becados para cursar estudios graduados en los Estados Unidos. El programa de becas patrocinado por el gobierno se creó para cumplir las necesida-des de evaluación psicológica de las

oficinas de personal en las agencias

gubernamentales, entre otros pro-pósitos.

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Roig se especializó en psicología clí-nica además de industrial y dirige una organización: Lucy López Roig y Asociados, que ofrece servicios en las áreas industrial/organizacional, clínica y educativa desde hace casi treinta años.

Este breve trasfondo histórico realza algunos de los logros alcanzados por profesionales de la psicología en Puerto Rico, que cursaron estudios fuera de Puerto Rico y ofrecieron servicios desde antes que la profesión estuviese reglamentada por ley. Se reconoce que existen otras contribuciones valiosas de destacados colegas que representan diferentes especialidades. Otros artículos de este volumen cumplirán con la necesidad de identificar muchos logros adicionales en las áreas clínica (Bernal), escolar (Sumaza) y otras. La información presentada tiene el propósito de demostrar el grado de desarrollo de la psicología en Puerto Rico antes de que estuviera disponible la oportunidad de cursar estudios graduados en la Isla y de que la profesión estuviese reglamentada.

La formación de

profesiona-les de la Psicología en Puerto

Rico

El aumento en la necesidad de servicios psicológicos condujo a que en 1966 la Universidad de Puerto Rico estableciera un Programa de Maestría en Artes con

concentra-ción en Psicología. Ese mismo año, el Instituto Psicológico, que luego se conoció como el Centro Caribeño de Estudios Postgraduados, y hoy es la Universidad Carlos Albizu, estableció otro programa gradua-do de psicología clínica, también a nivel de maestría.

La oportunidad de cursar estudios doctorales en psicología en Puerto Rico surgió en la déca-da de 1970 en el Centro Caribeño de Estudios Postgraduados, hoy Universidad Carlos Albizu. Su programa doctoral ofrece grados en Psicología Clínica-PhD y PsyD; Psicología General y Psicología In-dustrial/Organizacional.

La Universidad de Puerto Rico estableció su programa doctoral en 1986 y ofrece las especialidades Clínica, Industrial/Organizacional, Social/Comunitaria y Académica/ Investigativa. Otros centros de en-señanza debidamente acreditados que ofrecen programas graduados

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En resumen, el crecimiento de los programas graduados de psicología en Puerto Rico es un factor de gran impacto sobre el desarrollo de nuestra profesión. Desde mediados de la década del setenta la gran mayoría de los psicólogos y psicólogas puertorriqueños han tenido la oportunidad de adiestrarse y llevar a cabo sus proyectos de investigación en Puerto Rico. De esa forma han ayudado a expandir grandemente el conocimiento y la práctica psicológica en la Isla.

Las organizaciones

profesio-nales y el desarrollo

profe-sional

La Asociación de Psicólogos de Puerto Rico (APPR) se fundó en 1954. Muchos líderes de la comuni-dad de psicólogos en ese momento eran especialistas en psicología educativa, quienes enseñaban a ni-vel universitario, tales como el Dr. Efraín Sánchez Hidalgo, presidente fundador. Otros líderes eran psicó-logos/as clínicos e industriales que ejercían la práctica privada de la profesión y que prestaban sus ser-vicios en agencias de gobierno. Esta nueva asociación inmediatamente

se afilió a la Asociación Americana

de Psicología (APA).

L a A P P R , d e s d e s u s

comienzos, se fijó como meta lograr

la reglamentación por ley de la práctica de la psicología en Puerto Rico (Boulon de Díaz, 1984). Este esfuerzo se convirtió en el asunto

profesional de más envergadura para los psicólogos y psicólogas en Puerto Rico por casi tres décadas y fue motivo de intensos debates entre diferentes sectores de colegas, aun después de la aprobación de la Ley 96 del 4 de junio de 1983: Para reglamentar la práctica de la psicología en Puerto Rico. La Dra. Blanca Ortiz presidía la APPR al momento de aprobarse este importante estatuto. Algunos presidentes de la APPR que realizaron una intensa labor por su gestión relacionada con la reglamentación de la psicología fueron: Gabriel Cirino, Ana M. Ramírez (QEPD) y José Enrique Cangiano, además de numerosos miembros de Juntas de y Comités que colaboraron en estas gestiones durante más de veinte años (Cangiano, 1978). Más adelante describiremos aspectos de esta Ley que se continúan debatiendo y sus implicaciones para la práctica profesional actual y futura.

A noviembre de 2005 la APPR contaba con 885 socios (Moreno-Velázquez, 2005). La gran mayoría de estos profesionales se concentran en el Área Metropolitana de San Juan. A través de los años, la APPR ha mantenido su liderato como el representante principal de este

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otras asociaciones, tales como la APA, la Sociedad Interamericana de Psicólogos (SIP) y la Asociación Psicológica Nacional Hispana

(Na-tional Hispanic Psychological Asso-ciation).

En 1998 se fundó la Asociación de Psicólogos Escolares de Puerto Rico (APEP) que se dedicó a promo-ver el servicio de psicología dentro de los planteles escolares, entre otros

propósitos. La APEP está afiliada a

la National Association of School

Psy-chologists (NASP), organización que

agrupa a profesionales de la psicolo-gía que laboran en escuelas en Esta-dos UniEsta-dos. Un logro sobresaliente de la APEP fue impulsar y lograr la aprobación de la Ley 170 del 12 de agosto de 2000 que establece un plan para integrar profesionales de la psicología a las escuelas públicas de Puerto Rico (Zambrana & Vargas, 2001). La implantación de la ley ha estado muy limitada (Hornedo,

2005), pero ha servido para identifi -car y orientar la comunidad sobre un área donde la labor de profesionales de la psicología puede contribuir al desarrollo pleno de la juventud y a la prevención de serios problemas sociales.

En los esfuerzos por impulsar la Ley 170 se estableció colaboración con la APPR y con la Junta Examinadora de Psicólogos. Esta colaboración entre organizaciones es provechosa para el desarrollo de la profesión. Facilita compartir tareas y recursos limitados y presenta ante la comunidad un frente unido que

aumenta la probabilidad de influir

sobre instituciones y funcionarios con poder decisional.

Ley 96 del 4 de junio de 1983,

según enmendada, y su

im-plantación

El estatuto vigente, según enmendado, define las áreas de práctica independiente y restrin-ge la designación de psicólogo a aquellos/as licenciados por la Junta Examinadora de Psicólogos. Psicólogos/as a nivel de maestría y doctorado están representados en dicha Junta, la cual tiene a su cargo implantar las leyes y reglamentos que guían la práctica profesional de la psicología.

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de Psicólogos, 2005). En el año 2005, más de 400 aspirantes solicitaron la reválida. Esta cifra continuará creciendo debido al crecimiento en programas graduados. Además, debido a que las personas que no aprueban la reválida pueden solicitar re-examen, sin límite de oportunidades.

El 19 de octubre de 1984 se otorgó la primera licencia para la práctica de la psicología en Puerto Rico y para el primero de diciembre de 2005, se habían otorgado 2,618 licencias, según consta en el Libro de Registro de Licencias de la Junta

Examinadora de Psicólogos, Oficina de Reglamentación y Certificación

de Profesionales de la Salud. Para mantener las licencias vigentes, se requiere aprobar un mínimo de cuarenticinco horas de educación continua cada tres años y someter

la solicitud de recertificación ante

la Oficina de Reglamentación y

Certificación de Profesionales de la

Salud. El número de profesionales de la Psicología con licencias vigen-tes en enero de 2006 era de 1,899. Otros 486 no habían completado la

recertificación (Meléndez, 2006). La recertificación es un proceso

continuo por lo cual el número de licencias vigentes varía de mes a mes. Generalmente 10 a 20 perso-nas por mes someten datos para renovación tardía, presentando razones de salud y otros motivos a la consideración de la Junta Exami-nadora. El total se ajusta al ocurrir fallecimientos y solicitudes para inactivar licencias.

El grado de maestría es el requisito mínimo para obtener una licencia para practicar psicología en Puerto Rico. En la versión original de la Ley 96 del 5 de junio de 1983, el inciso (e) del artículo 2 establecía que transcurridos siete años de la vigencia de esta Ley o cuando se graduase la primera clase doctoral de una institución del Estado, el grado mínimo requerido para poder ser admitido al examen de psicólogo sería el grado doctoral. La Ley 47 del 12 de diciembre de 1990 enmendó la Ley 96 antes mencionada y por tal razón, a partir de 1994, el grado doctoral se estableció como el mínimo requerido para obtener licencias para la práctica de psicología, solamente cuando la especialidad del psicólogo o psicóloga es psicología clínica. Otras especialidades se continúan licenciando a nivel de maestría.

Los debates que se desarrollaron alrededor de esta enmienda a la reglamentación de la práctica de la psicología se describen en el Boletín

de la APPR, Año XIV, número 3, de

marzo de 1991. El Mensaje de la Junta escrito por la Dra. Dolores Miranda, entonces Presidenta de la APPR, menciona los esfuerzos por lograr un consenso entre diferentes

grupos de presión y afirma que “es

imperativo nuestra colaboración con la Junta Examinadora de Psicólogos” (Miranda, 1991).

En numerosas ediciones del

Boletín de APPR se observa la

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visiones diversas. Por ejemplo, en la edición del Año VII, núm. 2 de enero de 1984, Jorge Montijo Colón (1984) comenta sobre el impacto en la práctica privada; Irma Serrano García (1984) sobre la psicología so-cial comunitaria; Miguel Martínez (1984) sobre la psicología industrial organizacional. Además, María M. López-Garriga (1984) presenta una discusión profunda sobre contro-versias, mitos, implicaciones éticas y riesgos de la reglamentación con el sugestivo título: La ley que

regla-menta la práctica de la psicología o la pérdida de la inocencia.

En otra edición del Boletín de

APPR, la del Año XIV, núm. 2, de

septiembre de 1990, se discute una controversia relativa a la reválida para aspirantes a licencia de psicólogo. Surge de quejas relacionadas con que un elevado número fracasó la reválida que se administró en mayo de 1990 (Maldonado y Rivera, 1990). En el mismo volumen, Gabriel Cirino (1990) comenta acerca del desarrollo de la reválida desde que se estableció la Junta Examinadora, su razón de

ser y los procedimientos científicos

utilizados. Otro tema profesional fue reseñado por Blanca Rivera (1990) en la columna Perspectiva Estudiantil, donde comenta sobre la reciprocidad de licencias entre territorios. Presenta las implicaciones de solicitar licencias fuera de Puerto Rico para graduados/as de programas de maestría, ya que en Estados Unidos generalmente se exige el doctorado para licenciarse en esta profesión. La Dra. Rivera

junto con el Dr. Leslie Maldonado, continuaron escribiendo respecto a la reglamentación en la Revista

Puertorriqueña de Psicología (Rivera

y Maldonado, 1995), entre otras publicaciones.

La discusión de controversias en torno a la reválida continuó en la edición del Boletín que se publicó en marzo de 2001(Año XIV, núm. 3). El Dr. José Enrique Cangiano, entonces Presidente de la Junta Examinadora, explicó aspectos de la preparación del examen y res-pondió a cuestionamientos que se habían publicado en el Boletín ante-rior, así como a críticas que presentó el periodista Luis Francisco Ojeda en un programa televisivo. Estos in-tercambios demuestran que las pu-blicaciones de la APPR, el Boletín y la Revista, han servido de foro para documentar la historia de asuntos profesionales en psicología en Puer-to Rico. Consideramos que esPuer-to ha contribuido a divulgar posturas divergentes, lo cual es esencial para que se consideren visiones diversas en las decisiones respecto a nuestro desarrollo profesional.

Las implicaciones de la Ley 47 del 13 de noviembre de 1990 para la práctica profesional se continúan debatiendo en el 2006 y son un asunto de alta prioridad para el desarrollo de nuestra profesión. La complejidad de la situación se des-cribe en la tesis doctoral: Actitudes

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(2005). Las siguientes recomenda-ciones de dicho estudio merecen especial atención:

Estos resultados sugieren una revisión a la Ley 96, mejor

fiscalización y reglamentación

de especialidades en Puerto Rico y la clarificación del problema de la certificación como psicólogo/a a un nivel de maestría en la mayoría de las

especialidades y la certificación

de la especialidad clínica requiriendo un doctorado. (Rodríguez-Rivera, 2005, p. xv)

Estado actual de la

psicolo-gía en Puerto Rico

El Dr. Fernando Medina de la Junta Examinadora de Psicólogos, está llevando a cabo una investigación sobre áreas de especialidad y otros asuntos concernientes a los profesionales de la psicología. Él envió cuestionarios por correo a todos los psicólogos y psicólogas de Puerto Rico con licencia y registrados en el Departamento de Salud. Hasta febrero de 2006 se habían recibido 298 cuestionarios llenos. Utilizando los datos preliminares de esos 298 psicólogos/as el Dr. Medina los agrupó por especialidad, según informada por ellos/as, de la siguiente forma: clínica (45%), consejería (11%), industrial-organizacional (10%), académica/ investigativa y educativa (6%),

general (5%), escolar (4%), social-comunitaria (3%), neuropsicología (2%) y otros (1%). Entre las tareas informadas por esta muestra de psicólogos/as se encuentra la práctica privada, enseñanza en universidades, consultoría, investigación y otras. Estos datos preliminares están sujetos a cambios (Medina & Boulon, 2006).

Un área creciente es la de psicología forense, que en el 2006 no se ofrece como especialidad en ningún programa graduado en Puerto Rico. Profesionales interesados en este campo suelen adiestrarse en cursos de educación continua, generalmente ofrecidos en el exterior. Existe la inquietud entre personas que realizan labores de peritaje en cortes, de que el desempeño de profesionales de la psicología a veces refleja desconocimiento de normas y expectativas del ambiente jurídico y sugiere la necesidad de mayor adiestramiento en esta área en los programas graduados (F.Medina, comunicación personal, 23 de septiembre de 2006).

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grande-mente los servicios de Salud Mental ofrecidos por el gobierno y otros factores relacionados a la reducción de la nómina gubernamental. Los escenarios de trabajo disponibles en la actualidad son:

1. Instituciones de educación

superior, como la Universidad

de Puerto Rico, Recintos de Río Piedras, Mayagüez, Ponce, Ba-yamón y Carolina; la Universi-dad Interamericana de Puerto

Rico, la Pontificia Universidad

Católica de Puerto Rico, la Universidad del Sagrado Co-razón, la Universidad Metro-politana, la Universidad del Turabo, Universidad del Este y la Universidad Carlos Albi-zu. Todas las anteriores ofre-cen cursos sobre psicología; algunas a nivel subgraduado solamente. Las funciones de profesionales de la psicología en estas instituciones incluyen responsabilidades administra-tivas, supervisión de prácticas e internados, enseñanza a ni-vel graduado y subgraduado, investigación y consultoría. Hay un número creciente de instituciones de educación su-perior que ofrecen grados téc-nicos y carreras cortas donde se ofrecen algunas oportuni-dades docentes y de servicio a estudiantes en el área de la psicología. Un ejemplo es John Dewey College.

2. Agencias de gobierno, inclu-yendo servicios de psicología clínica en los Departamentos

de Salud, Familia, Servicios Contra la Adicción, Policía de Puerto Rico, Administración de Corrección y otros. El Departa-mento de Educación emplea a psicólogos/as mayormente para servicios de evaluación, y en algunos casos para investi-gación, desarrollo y asuntos de personal. Los servicios ofreci-dos a niños y niñas con impe-dimentos se ofrecen a través de corporaciones privadas. Este modelo de servicios ha sido muy criticado y forma parte de las inquietudes discutidas con frecuencia en actividades de la APPR y la APEP (Hornedo, 2005; Moreno Velázquez, 2005; Zambrana, 2002).

Psicólogos/as industriales-organizacionales, clínicos y de otras especialidades sir-ven en divisiones de perso-nal y programas de ayuda al empleado en corporaciones públicas como la Autoridad de Energía Eléctrica y la Au-toridad de Acueductos y Al-cantarillados. En la Adminis-tración de Tribunales varios profesionales de la psicología han realizado una labor inno-vadora dentro del Centro de

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En la privatizada Puerto Rico

Telephone Company, continúan

laborando profesionales de la psicología algunos de los cuales se iniciaron en dicha empresa cuando era agencia de gobierno. Varios psicólo-gos/as ocupan o han ocupado cargos directivos de gran res-ponsabilidad en agencias gu-bernamentales, tales como: Di-rectores de Recursos Humanos y otros programas, subsecreta-rios/as y Asesores de Directo-res Ejecutivos y Secretarios.

3. Empresas privadas, tales

como bancos, hospitales, la Junta Examinadora para En-trada a Universidades (College

Entrance Examination Board),

Test Innovations (antes

Cor-poración Psicométrica) y di-versos grupos de consultoría, cuyos servicios abarcan las es-pecialidades principales de la práctica psicológica.

4. La práctica privada de la

pro-fesión. Un elevado número

de psicólogos/as clínicos y al-gunos psicólogos/as de otras especialidades sirven directa-mente al público mediante la práctica de la profesión. To-mando como referencia el di-rectorio telefónico de la Puerto

Rico Telephone Company para

2005-2006, Área Metropolita-na, se encontró que

psicólo-gos/as y oficinas de servicios

psicológicos ofrecen servicios, bajo el título general: Psicólo-gos, dentro de las siguientes categorías (Ver Tabla 1):

Tabla 1

Psicólogos que se anuncian en la Guía telefónica por especialidad

Especialidad Frecuencia

Clínica 144

Envejecientes 1

Escolar 15

Familia 4

Forense 7

General 27

Industrial 11 Niños/as y Adolescentes 13 Sexología Clínica 2 Psicología Aplicada 2

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Esto representa alrededor de 200 profesionales y grupos, ya que varios aparecen en más de una categoría. Considerando que casi 1,900 profesionales de la psicología mantienen la licencia vigente, esta información sugiere que muchos tenedores de licencias se de sempeñan en escenarios distintos de la práctica privada.

Controversias y retos

profe-sionales

La reglamentación de la prác-tica profesional es un esfuerzo por mantener la calidad del servicio y proteger al público que recibe servicios de profesionales de la psicología. Es muy complejo lograr el control del ejercicio individual de labores que se desarrollan en con-textos muy disímiles y con diversos niveles de discreción por parte del profesional y sus supervisores. El Estado es responsable ante la comu-nidad de evitar que los/as clientes de los profesionales sean víctimas de acciones que les puedan perjudi-car. Se presume que el peritaje pro-fesional provee un poder que debe ser constructivo y útil pero también potencialmente nocivo para el o la cliente. Ellos y ellas, por lo general, se acercan a solicitar servicios debi-do a situaciones que les colocan en una posición vulnerable, desde el mismo origen de su relación con el profesional.

La responsabilidad del pro-fesional de la psicología ante su clientela es muy seria y requiere

una reflexión profunda. La regla -mentación por ley nace de nuestro compromiso con promover la ex-celencia, pero no podemos dejar en manos del Estado únicamente los esfuerzos por guiar nuestra gestión profesional. Tenemos que desarrollar continuamente guías

para enfrentar en forma eficaz nece -sidades cada vez más complejas de las poblaciones que servimos.

Es este esfuerzo la labor de las sociedades profesionales es vital. Reconocemos un ejemplo muy significativo de guía profesional desarrollado en 1991 por la Asocia-ción de Psicólogos de Puerto Rico: Los estándares mínimos para la evaluación psicológica. La Asocia-ción Psicológica Americana publica numerosas guías profesionales que

definen las prácticas consideradas más eficaces y señala áreas que se

debe ejercer discreción y cautela. Al-gunos documentos de este tipo son las Guías generales para proveedores

de servicios psicológicos (APA, 1987)

y Prácticas ideales en psicología escolar [Traducción de la autora para: Best

Practices in School Psychology]

(Tho-mas & Grimes, 2002). Dichas guías tienen la intención de mejorar la

calidad, eficacia y accesibilidad de

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Los documentos disponibles para guiar la práctica profesional requieren una mayor divulgación y un análisis crítico continuo para asegurar que se mantienen actualizados. En Puerto Rico, la discusión y diseminación de guías como las mencionadas es aún muy limitada. Las asociaciones profesionales hacen meritorios esfuerzos por promover el desarrollo profesional, pero no todos los profesionales se mantienen activos en dichas organizaciones.

Otro problema serio es que las normas administrativas de las empresas no siempre armonizan con las prácticas más deseables en la profesión. En numerosas oca-siones, los psicólogos y psicólogas nos vemos afectados por presiones

en el ambiente laboral que dificul -tan asignar el tiempo, recursos o condiciones ambientales óptimas a las intervenciones que hacemos. Algunos ejemplos son encomiendas como evaluar potencial cognosciti-vo de niños/as en periodos míni-mos como una hora por alumno; en lugares sin privacidad y con equipo de medición obsoleto. Es-tas situaciones se han discutido en numerosas reuniones y actividades profesionales y forman parte de la agenda de trabajo en APPR y APEP (Moreno Velázquez, 2005, 25 de abril; Zambrana, 2002).

Las expectativas sobre los re-sultados de la gestión del profesio-nal de la psicología cuyos supervi-sores tienen trasfondos diferentes, pueden confligir con principios

científicos o éticos de nuestra pro -fesión. Un tipo de situación que enfrentan psicólogos/as en funcio-nes de evaluación de candidatos a empleo o ascenso es la presión por alterar recomendaciones debido a presiones políticas o criterios ajenos al proceso evaluativo. Un resulta-do lamentable de estas presiones es que los psicólogos/as se ven obligados a rechazar contratos con organizaciones que no facilitan las prácticas profesionales deseables; se limitan los servicios a clientes y a su vez crean presiones económicas y se limita el desarrollo profesional del psicólogo/a.

Otros conflictos profesionales

se relacionan con la multiplicidad de roles que debe realizar un psicólogo/a, a menudo por presiones económicas, donde se

afecta su eficiencia en alguno o todos

ellos. Es indispensable evaluar con claridad los límites que cada rol nos impone y evitar interferencia de unas obligaciones con otras. Por ejemplo, la supervisión puede requerir la aplicación de sanciones que sean incompatibles con el rol de consejero. Cada situación requerirá un análisis particular y debemos estar continuamente actualizando nuestros conocimientos de las implicaciones éticas y legales de nuestra labor.

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acercarnos eficazmente a otros profesionales y colaborar en equipos multidisciplinarios. La competencia con otros especialistas, el menosprecio de otros, la arrogancia y el exagerado proteccionismo de nuestra profesión deterioran nuestra oportunidad de enriquecer las intervenciones de servicio psicológico y pueden conducir a enajenarnos de contextos donde deberíamos tener mayor impacto.

Proyecciones y

recomenda-ciones

La psicología fue descrita por Ray Fowler como Disciplina Medu-lar o Core Discipline, en su discurso Presidencial ante la American

Psy-chological Association (Fowler, 1990).

El Dr. Fowler hizo el siguiente lla-mado a la unidad en la profesión:

Podemos construir, entre no-sotros y con colegas en disci-plinas relacionadas, relaciones de cooperación y sinergia. En lugar de fragmentar, podemos unirnos para hacer que nuestro acervo de conocimientos

tra-baje para beneficio de la huma -nidad. En un nuevo periodo de casi ilimitado crecimiento tecnológico, la disciplina de psicología puede aportar la vi-sión intelectual y humanística que...[conduzca a] una edad dorada para toda la psicología. (Fowler, 1990, traducción de la autora)

Este mensaje inspira un com-promiso con el estudio y aplicación de las ciencias del comportamiento para la promoción del desarrollo pleno y bienestar de la humanidad. Las realidades actuales de la co-munidad puertorriqueña, muchas de las cuales son compartidas por numerosas naciones, requieren la

intervención cada vez más eficaz

de nuestra profesión. Entre estos problemas se encuentran la crimi-nalidad, la necesidad de promover

reformas educativas, los conflictos

entre sectores laborales, crisis en la integración familiar, abuso de sustancias, violencia doméstica y en los planteles escolares, deser-ción escolar, la epidemia del SIDA, otros problemas de salud pública y muchos otros.

La atención a estos retos re-quiere intervenciones desde el nivel individual, grupal, comunitario y sistémico que presten atención al país en su totalidad. La psicología debe ser un recurso de importancia en el desarrollo de la política públi-ca dirigida a atender los urgentes problemas sociales que hemos men-cionado. Para hacer esto posible, te-nemos que asumir responsabilidad por nuestro desarrollo profesional continuo y reconocer con valentía las limitaciones nuestras que han

afectado la eficacia e impacto de

nuestra profesión.

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1. Mantener apertura a la con-tribución de otras disciplinas a nuestro quehacer y hacer un mayor esfuerzo por cono-cer aplicaciones pertinentes. Algunas áreas que debemos explorar más incluyen la edu-cación, jurisprudencia, admi-nistración, diversidad cultu-ral, problemas ambientales y desarrollo tecnológico.

2. Desarrollar destrezas y fo-mentar oportunidades para colaborar en equipos multi-disciplinarios. Esto requiere cultivar aprecio por logros de otros grupos, tolerancia ante diferencias de estilo y meto-dología y manejo creativo y constructivo de las diferencias de criterio.

3. Fomentar el acercamiento en-tre la comunidad estudiantil y profesional para propiciar el crecimiento de ambos. En este esfuerzo las sociedades profe-sionales pueden ser muy

sig-nificativas, proveyendo foros

para el intercambio de infor-mación y el desarrollo de pro-yectos e investigaciones. Esto también se logra mediante los programas de prácticas de es-tudiantes que sean requeridos en los currículos de progra-mas graduados. Los profesio-nales de psicología tanto en la cátedra como en organiza-ciones de servicio e industrias deben reconocer y apreciar más el potencial de desarrollo que supone este intercambio con estudiantes. Esta

sugeren-cia cobra mayor importansugeren-cia ante la tendencia creciente de profesionales con experiencia a cursar estudios graduados en psicología. La colaboración con estudiantes graduados puede incluir el compartir la perspectiva de profesionales

de campos afines, como traba -jo social y educación.

4. Enfrentar con entusiasmo y valentía los retos de un mun-do cada vez más integramun-do por una economía globaliza-da y la tecnología en las co-municaciones e informática. Para aprovechar el potencial de esta experiencia, debemos mantener una apertura a la diversidad cultural, al cam-bio acelerado y a la compleji-dad tecnológica, sin perder de vista la identidad nacional ni la trascendencia de nuestras raíces. Además es necesario tomar medidas para facilitar que profesionales de la psico-logía licenciado/as en Puerto Rico practiquen en el exterior y que los credenciales obteni-dos en el exterior sean evalua-dos y reconocievalua-dos de forma ágil en Puerto Rico. Aunque hay personas que han logrado licenciarse en diferentes juris-dicciones, se debe evaluar el esfuerzo requerido para lo-grarlo y una discusión amplia

de los beneficios y riesgos de

la movilidad en la profesión. 5. Promover cada vez mayor

(19)

investigacio-nes científicas, conocimiento

actualizado sobre tendencias profesionales y educación continua. La obligación de mantenernos al día en la pro-fesión es vital para la calidad del servicio. Requiere un es-fuerzo constante, dentro del cual el cumplir con los requi-sitos de educación continua para la licencia es un compo-nente importante, pero debe ser complementado con ges-tiones constantes y variadas de mejoramiento profesional. Reconocemos que la comu-nidad de profesionales de la psicología está publicando cada vez más libros y artículos profesionales sobre diferen-tes temas, con aplicaciones a las profesiones que servimos. Además, la oferta de progra-mas de educación continua está en continuo crecimiento y

diversificación. Es importante

hacer uso óptimo de todas es-tas oportunidades de mejora-miento profesional accesibles en nuestro entorno.

6. Participar en esfuerzos colec-tivos que promuevan el me-joramiento de condiciones de empleo, sueldo y desarrollo profesional. Es preocupante la tendencia en profesionales de la psicología a aceptar

múl-tiples empleos como recurso para la subsistencia, cuando no están disponibles oportuni-dades que faciliten la estabili-dad y caliestabili-dad de vida laboral. La inestabilidad laboral y con-diciones de trabajo onerosas representan un peligro para la calidad de los servicios que ofrecemos y pueden afectar el prestigio de la profesión, entre otras consecuencias.

7. La reglamentación de la pro-fesión establecida en 1984 ya cumplió más de veintiún años.

Es necesario reflexionar sobre

la pertinencia de las leyes vi-gentes y las necesidades de

cambio que surgen en la “ma -yoría de edad”de la psicología profesional en Puerto Rico.

Estos retos son complejos, tal vez abrumadores. Los presento con optimismo y orgullo por haber seleccionado una profesión con una misión vital para el desarrollo de la humanidad. En el Puerto Rico del siglo veintiuno, considero la psico-logía como una profesión medular que tiene una enorme responsa-bilidad que cumplir. Les invito a colaborar en los esfuerzos que

implica esta reflexión sobre nuestro

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Nota

1 Presidenta, Junta Examinadora de Psicólogos de Puerto Rico (JEP); Ex Presidenta APPR.

Referencias

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