"Lo que siguió después me parece que lo he soñado": representaciones literarias chilenas de la Guerra del Pacífico en 1930

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Texto completo

(1)“LO QUE SIGUIÓ DESPUÉS ME PARECE QUE LO HE SOÑADO”: REPRESENTACIONES LITERARIAS CHILENAS DE LA GUERRA DEL PACÍFICO EN 1930. Tesis para optar al grado de Doctor en Literatura. Alumno: Claudio Andrés Véliz Rojas Profesora guía: Rocío Rodríguez Ferrer Profesor informante interno: Rodrigo Cánovas Profesor informante externo: Javier Uriarte Diciembre de 2019 1.

(2) ÍNDICE. Resumen…………………………………………………………………………………….6. Introducción………………………………………………………………………………..7 -Justificación…………..…………………………………………………………………...17 -Grado de innovación………………………………………………………………………30 - Objetivos……………...………………………………………………………………..…36 -Hipótesis………………………………………………………………………………..…36 -Metodología……………………………………………………………………………….39. Marco teórico……...……………………………………………………………………...46 -Representación……………………………………………………………………………46 -Guerra…………………………………………………………………………………….54 -Nación…………………………………………………….………………………………63 -Campo de poder/Campo intelectual………………………………………………………69 -Teorías de la lectura………………………………………………………………………78. Estado de la cuestión/recepción crítica………………………………………………….88 - La literatura chilena sobre la Guerra del Pacífico (siglos XIX-XXI)…………………….89 - Recepción crítica sobre la literatura chilena que aborda la Guerra del Pacífico (siglos XIXXXI)………………………………………………………………………………………109 I) Capítulo 1. Chile y la Guerra del Pacífico. Antecedentes del panorama cultural de la década de 1880……………………………………………………………………………127 2.

(3) I.1) Imperialismo y desarrollo. Contexto mundial y americano……….……………….…127 I.2) Chile y la Guerra del Pacífico (1879-1884)……………………….……………….…136 I.3) Inicios de la autonomía literaria. Campo cultural chileno en 1880……………………143 I.4) Daniel Riquelme (1855-1912), el intelectual orgánico…………….……………….…176 I.41) Materialidad de Bajo la tienda (1890)…………………………….…………………185 I.42) Inicio de la canonización. Recepción crítica de Bajo la tienda (1890)…………….…193 I.5) Ramón Pacheco (1848-1888), El hijo del pueblo……………………….………….…199 I.51) Protoindustria del libro chileno. Materialidad de La chilena mártir (1883), Las aventuras de la Generala Buendía (1885) y Aventuras de la exgenerala Buendía (1887)……………………………………………………………………………………..215 I.52) Funesto en su estilo, enaltecido por su público. Recepción crítica de La chilena mártir (1883), Las aventuras de la Generala Buendía (1885) y Aventuras de la exgenerala Buendía (1887)……………………………………………………………………………………..219. II) Capítulo 2. Campo intelectual y campo de poder en Chile durante la década de 1930: Editoriales, obras y corpus seleccionado…………………………………….……………228 II.1) Entreguerras: Contexto mundial y americano para 1930………………..……………228 II.2) Chile: De clases medias, giros a la izquierda y movimientos sociales….…………….233 II.3) El periodo de oro del libro chileno. Campo cultural nacional en 1930….……………237 II.31) Zig-Zag (1905-1950): La industria editorial chilena………………….…………….255 II.31) “Libros baratos y al mejor precio”. El caso de Ercilla (1933-1942)…………………261 II.4) “Y eso es Pedro Sienna, un hombre múltiple”. Pedro Sienna en 1931…....…………..270 II.41) El libro quincenal. Materialidad de Recuerdos de ‘El Soldados Desconocido’ (1931)…………………………………….……………………………………………….274. 3.

(4) II.42) De periodista a poeta. Recepción crítica de los Recuerdos de ‘El Soldado Desconocido’ (1931)……………………………………………………………………………………..294 II.5) Validado por Benito Pérez Galdós. Ramón Pacheco en 1930……….………………..299 II.51) Una larga operación editorial. Materialidad de los Episodios de la Guerra del Pacífico (1936-1942)……………………………………………………………………….………303 II.52) La Biblioteca Chilena. Recepción de los Episodios de la Guerra del Pacífico (19361942)………………………………………………………………………..…………….310 II.6) “La chilenidad de Daniel Riquelme”. Daniel Riquelme en 1930….…..………….…..311 II.61) La consolidación de una obra. Materialidad de Bajo la tienda (1937)….……….…..328 II.62) La comprensión del alma popular en Guerra. Recepción crítica de Bajo la tienda (1937)………………………………………………………………………………….….332. III) Capítulo 3. Narrando la experiencia límite. Concepto de Guerra en los textos de Sienna (1931), Pacheco (1936) y Riquelme (1937)……………………………………………….336 III.1) Prolegómenos a un análisis de la representación de la guerra…………………….…336 III.2) “He olvidado mi fardo de lectura antibélica”. Conceptualización de la Guerra en los Recuerdos de ‘El Soldado Desconocido’ de Pedro Sienna (1931)……………………..….343 III.3) “Los héroes del pacífico”. La gesta de un pueblo en armas a través de las novelas de Ramón Pacheco (1936-1942)……………………………………………………………..367 III.4) “Lo que siguió después me parece haberlo soñado”. La Guerra en el límite de su representación en los cuadros de Daniel Riquelme (1937)……………………………….407. IV) Capítulo 4. “Y el símbolo es todopoderoso”. Representaciones de la Patria en Guerra en las obras de Sienna (1931) Pacheco (1936) y Riquelme (1937)………………………...…437. 4.

(5) IV.1) La Patria racionalizada en los Recuerdos de ‘El Soldado Desconocido’ (1931)….…437 IV.2) Los Episodios de la Guerra del Pacífico (1936) y el valor del sacrificio por la Patria……………………………………………………………………………………...463 IV.3) El amor a la Patria en Daniel Riquelme (1937)…………………………………..….487. Conclusiones…………………………………………………………………………..…509. Bibliografía………………………………………………………………………………518 .. 5.

(6) Resumen El presente trabajo abordará las representaciones literarias sobre la Guerra del Pacífico (1879-1884) publicadas en Chile durante la década de 1930. En este sentido, mi trabajo está orientado al análisis de tres textos: Recuerdos de ‘El soldado Desconocido’. Episodios de la Guerra del Pacífico que no menciona la historia (1931) de Pedro Sienna, Episodios de la Guerra del Pacífico (1936) de Ramón Pacheco y Bajo la tienda. Recuerdos de la campaña al Perú y Bolivia 1879-1884 (1937) de Daniel Riquelme. La tesis gira en torno a la caracterización que desarrollan estas escrituras sobre el tópico de la Guerra y la Nación durante la década de 1930. La década de 1930 comprendió una serie de discursos nacionalistas que se venía asentando en el repertorio chileno desde la crisis del centenario (Rinke, 2002; Subercaseaux, 2011b). En este sentido, los textos de Pacheco y Riquelme que tuvieron su primera aparición en inmediatamente al término del conflicto (1883-1887 para el caso de Pacheco y 1890 para el caso de Riquelme), fueron utilizados como catalizadores a la consolidación de la identidad nacional. Por otro parte, la obra de Sienna funcionó como un contra discurso intelectual a estas formas de representar la Guerra. Desde esta perspectiva, trabajaré sobre la teoría de campos de poder y sistemas culturales propuestos por Pierre Bourdieu, Jacques Dubois y Itamar Even Zohar para vincular el mercado cultural, las trayectorias y las obras de los autores. A su vez, analizaré las obras ya mencionadas desde la categoría de “representación” propuesta por Gayatri Spivak, Frederich Jameson, Stuart Hall entre otros autores, para establecer la conceptualización que realiza el corpus mencionado sobre los términos de Guerra y Patria.. 6.

(7) INTRODUCCIÓN Perdóneme que evite describirle al detalle la espantosa carnicería que hicieron nuestros sables afilados a molejón. ¡Qué quiere Ud.! La Guerra es la Guerra. Pedro Sienna, Recuerdos de ‘El Soldado Desconocido’, 1931. La Guerra es daño, la Guerra es destrucción, la Guerra es campaña, la Guerra es lo ominoso, en definitiva, la Guerra es la Guerra. La dificultad de precisar qué es la Guerra ha llevado a hombres, soldados, comunidades completas, a intentar comprender este significado como un momento que, siendo altamente experiencial, un momento que nos marca de por vida, muchas veces se plantea desde un enfoque ambiguo. Porque si bien la Guerra puede parecer el resultado de la lucha contra un enemigo, su determinación de tan diversas formulaciones permite su empleo para justificar el desarrollo y el declive de la sociedad humana. En el caso de nuestra Guerra del Pacífico, su empleo no está exento de esta clase de ambigüedades. Si por el lado vencedor tenemos la generación de una identidad nacional que se presenta con solidez solo a partir de su desate, por parte de los vencidos (Perú y Bolivia) la Guerra del Pacífico se evoca como un fenómeno de muerte, caos, destrucción, saqueo y amputación territorial. Esta multiplicidad de discursos que tienen su eclosión en un hoy que está constantemente volviendo sobre su pasado, conflictúa la determinación de la Guerra del Pacífico en tanto hecho objetivo. Debido a ello es que, más que buscar las causas o consecuencias reales que tuvo el conflicto entre los estados nación involucrados, es el análisis sobre la representación que lograron estas comunidades un aporte que me parece sustancial a la discusión. Tanto nuestro siglo XIX como nuestro siglo XX poseen una larga trayectoria de historiadores e intelectuales que buscaron datar la Guerra como un punto gloria y 7.

(8) delimitación del repertorio nacional, sin embargo, la búsqueda por la “representación” de la Guerra del Pacífico, ha sido considerablemente breve. Para el caso de la presente investigación doctoral, abordaré específicamente una parte de esta representación como fueron las narrativas chilenas publicadas en 1930 y la propuesta de estos textos literarios sobre los términos de Guerra y Nación. Como un hito que nos da la vida como pueblo, la Guerra, como motor de identidad para nuestro siglo XIX (Góngora, 1981), al parecer sigue más presente que nunca. En cada encuentro futbolístico, en cada cumbre con países fronterizos, en respuesta a las oleadas migratorias, la reafirmación del ser chileno frente a otro que hoy, muchas veces, sigue pareciendo una amenaza, parece obedecer a esta experiencia traumática que aún no termina de cerrarse. Chile, el estado nación que se impuso sobre los otros estados americanos en enfrentamiento sin igual, contiene en su fuero interno el trauma del vencedor: descubrir la historia para hallar las justificaciones necesarias que habiliten la moralidad del actuar chileno en Guerra, como un actuar moral correcto, como un actuar justo (Walzer, 2001). El presente trabajo pretende analizar determinadas narrativas que, intuyo, contribuyeron, por una parte, a reforzar el repertorio nacional, así como, por otro lado, a reflexionar sobre dicho repertorio. Desde la teoría de campos y sistemas culturales, abordaré el análisis de dos textos reeditados en la década de 1930 en Chile así como uno publicado por primera vez en dicha época, obras que se abocaron precisamente a representar la Guerra del Pacífico. Se trata de Recuerdos de ‘El Soldado Desconocido’. Episodios de la Guerra del Pacífico que no menciona la historia de Pedro Sienna publicado por primera vez en 1931; Episodios de la Guerra del Pacífico de Ramón Pacheco, publicado por primera vez entre 1883-1887 y reeditado en 1936 por Editorial Ercilla; y Bajo la tienda. Recuerdo de las campañas al Perú y Bolivia (1890/1937). 8.

(9) de Daniel Riquelme, publicado por primera vez en 1890 y reeditado en 1937 por Editorial Zig-Zag. El ejercicio analítico aquí planteado utilizará la comprensión de estos textos como medios conectados con su contexto de emergencia. La importancia del mercado, la labor editorial, los libros con los que debieron competir las obras aquí analizadas nos parecen factores relevantes en la construcción de los textos. Es mi intención comprender estos textos en tanto contenidos que expresan un mensaje de materialidad como libros, así como en su interrelación con las operaciones editoriales que hicieron posible su circulación en el campo cultural chileno de 1930. Mi propósito no es solo comprender el contenido que alojan estos textos sino analizar de que forma el diseño del libro, el tamaño de su edición, así como los colores y dibujos que acompañaron el textos forman parte importante de las obras. Como ya he mencionado, dos de estos textos, Bajo la tienda (1890) de Daniel Riquelme así como los Episodios de la Guerra del Pacífico (1883/1885/1887) de Ramón Pacheco, fueron publicados por primera vez en la década de 1880. El texto de Pedro Sienna, por su parte, fue publicado por primera vez en 1931, lo que condicionó su escritura al contexto de emergencia del periodo. Lanzado como facsímil en el periódico de tarde Los Tiempos (1931), las temáticas que fueron incluidas en la obra de Sienna como es la Primera Guerra Mundial así como la figura del jazz, constituyen elementos que permiten evidenciar la separación de esta obra de los textos de Riquelme y Pacheco; textos que, como ya mencionamos, fueron publicados por primera vez a pocos años del término de la Guerra del Pacífico. En este sentido, la década de 1930 la considero un momento clave para la delimitación del repertorio nacional en tanto que permitió la consolidación de elementos que fueron pensados al término de la Guerra (1884) así como revitalizados por una serie de discursos 9.

(10) nacionalistas que alentados desde la intelectualidad chilena, buscaron asentar teóricamente la unidad requerida al proyecto nacional. Grandes editoriales de la época como Ercilla y ZigZag, tomaron estos discursos e impulsaron una serie de obras que reafirmarían una visión gloriosa sobre la Patria, en directa conexión con el desempeño de los chilenos a lo largo de la contienda. Esta situación se dio en un panorama que debía “olvidar”, como ya lo indicara Pedro Sienna en su obra, los horrores de la Primera Guerra Mundial para abrazar el sueño de gloria y valentía que presuntamente había legado la Guerra del Pacífico a nuestra comunidad nacional. En este sentido, la década de 1930 se vio atravesada tanto por discursos nacionalistas que fortalecieron el modelo de Patria así como propuestas americanistas que disputaron el campo intelectual y de poder, en lucha por dominar el mercado cultural chileno. Bajo estas consideraciones, el trabajo teórico lo realizaré desde tres categorías conceptuales y dos enfoques críticos. Las categorías conceptuales para trabajar el corpus seleccionado serán la representación, Guerra y Nación; los enfoques críticos seleccionados son la teoría de campos y sistemas culturales, así como las teorías de la lectura. En torno a la categoría de representación, me interesa trabajar las nociones desarrolladas por Gayatri Spivak Chakrabarty, sobre la representación del subalterno; de Roger Chartier en relación con la representación social; de Stuart Hall respecto de la definición de identidad y lo analizado por Slavoj Zizek, en vinculación a los dos puntos de congruencia entre identidad social e identidad personal. Sobre el término de Guerra, trabajo específicamente sobre los conceptos desarrollados por Sun Tzu, Carl von Clausewitz así como las reformulaciones modernas en el ámbito académico por Elaine Scarry, Michael Walzer, Miguel Ángel Centeno y el trabajo reciente de Felipe Martínez-Pinzón y Javier Uriarte. Respecto del término de Nación, aplicaré el texto ya clásico de Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas.. 10.

(11) Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo (1983), así como las posteriores revisiones de esta obra en el análisis de Elías Palti, Craig Calhoun y Homi Bhabha. Como punto vinculante entre estos textos, vale decir, representación, Guerra y Nación, trabajaré particularmente sobre el artículo de Frederic Jameson “War and Representation” (2009). El texto de Jameson me permitirá ingresar a la dimensión discursiva de los textos seleccionados desde una metodología que considera la Guerra como como el límite de la representación, como una experiencia inefable. Lo anteriormente dicho dio como resultado la generación de cuatro capítulos en los que intento hacerme cargo de los objetivos de investigación. En el capítulo primero que va de 1880 a 1890 –año en que se publican por primera vez las obras de Daniel Riquelme y Ramón Pacheco—, establezco antecedentes para la comprensión del establecimiento de un campo cultural concreto en Chile para 1930: esto lo desarrollo indicando a modo general ideas e hitos históricos que circularon en el contexto internacional y americano del periodo. A su vez, introduzco y analizo particularmente el panorama cultural de país durante este momento fundacional. Me detengo en la producción de obras chilenas que se publicaron, así como en los medios que lo hicieron posible; todo ello, para hipotetizar las posibles variables que permitieron la circulación de los textos de Riquelme y Pacheco, así como de qué formas este mercado permite comprender las trayectorias intelectuales de los autores ya citados. En mi capítulo dos, analizo siempre bajo el enfoque teórico del campo de poder y los sistemas culturales, los elementos que permiten la construcción de la década de 1930 como un momento histórico para el desarrollo cultural chileno. Establezco un breve resumen de la década a nivel mundial para pasar rápidamente al contexto americano y el impacto que dejó la Guerra del Pacífico en los países conflictuados (Perú y Bolivia, década de 1930). Sobre 11.

(12) Chile, analizo la situación cultural y editorial de nuestro país. Apelando a esta época de oro del libro chileno (Subercaseaux, 2010), tomo particularmente los referentes de las dos grandes industrias del momento: Ercilla y Zig-Zag. Desde estas dos industrias culturales, comprendo la reedición de las obras de Pacheco y Riquelme, así como la primera edición de Pedro Sienna, como parte de las demandas del mercado cultural chileno de 1930. Considero esta década una etapa axial en la generación de cultura impresa chilena. Es por ello que me pareció necesario analizar la materialidad de cada uno de los textos, bajo la intensión de comprender este momento del libro chileno, a través de sus productos. De lo anterior, revisé las operaciones editoriales a las que se sometieron las obras, así como la valoración que alcanzaron dichos textos ante una institución crítica ya consolidada. Me parece fundamental volver a insistir en que es esta década la que por un lado permite una reflexión decantada en torno al significado de la Guerra –reflexión de Pedro Sienna— así como, por otro lado, la necesidad de defender el proyecto nacional fundado por el conflicto a través de narrativas que ensalcen los valores patrios como las de Riquelme y Pacheco. El capítulo tres se centra directamente en los significados que construyeron estos textos publicados en la década de 1930, sobre el concepto de Guerra. Analizando estas discursividades, me interesé por la comprensión que alcanza Pedro Sienna en torno a un concepto de Guerra que está mediado por la Primera Guerra Mundial; la Guerra como una carnicería, la Guerra ingenua y la metaforización de la violencia desatada, nos hablarán de otras formas para leer el conflicto desde las memorias de un veterano del 79 que clama por relevar su verdad en torno al discurso oficial de la Guerra del Pacífico. Sobre Pacheco, recojo los significados que el autor va implantando en su narración a lo largo de sus 20 episodios. La Guerra como sacrificio, la representación de los símbolos patrios, así como la Guerra más. 12.

(13) allá de las palabras, forman parte del campo semántico que construye este texto. Daniel Riquelme, por su parte, desde su canónico Bajo la tienda, nos permite adentrarnos en una comprensión de la Guerra al límite de la experiencia. El sueño, la fiesta, el horror son términos que poseen representación en la pluma de este escritor que, a pesar de su condición de intelectual orgánico al poder, nos entregará una forma intersticial para comprender el fenómeno bélico. El capítulo cuatro cierra mi análisis sobre la representación del conflicto. La Guerra y la Nación, si bien son conceptos que se presentan como principios que se auto justifican entre si (la Guerra origina la Nación; la Nación se justifica por la Guerra), realizar un análisis por separado de ambos conceptos, supuse, otorgaba más densidad a la discusión. Bajo la perspectiva de Clausewitz, es innegable que la Guerra es el medio para alcanzar un fin político. No obstante, en el caso de estas tres obras el fin nacional se dará bajo diferentes tonalidades. Pedro Sienna nos presenta un modelo patrio heredero de la matriz cultural pero que, en sus intersticios, logra introducir elementos tales como el símbolo, en tanto artificialidad de la narración. En esta perspectiva, una sugerente lectura de esta obra nos permite proponer una cierta fisura de lo que hasta ese momento, para la década de 1930, había sido la comprensión de Chile como una estructura sólida y justificada de los valores nacionales. Ramón Pacheco, hijo de su tiempo y su circuito de lectores (el capítulo primero ayudará a comprender este anuncio), desarrolla una idea de Patria que apunta al sacrificio, a los símbolos y a la memoria como baluarte de lo nacional; figuras ante la que los verdaderos chilenos deberán rendirse. Propuesta similar, pero con mayores recursos literarios es lo que hallamos en la escritura de Riquelme. El ideal de raza chilena, la definición de ‘el roto’ frente. 13.

(14) a un otro subalterno, así como la Patria erotizada, son nociones que instala el relato del autor, en favor de la comprensión de la Patria como un ideal que todo lo justifica. Esta tesis doctoral forma parte de una constante búsqueda por transitar la frontera literaria que, entre contaminaciones y contaminaciones, me permite ver lo que hace mucho tiempo Hayden White anunciaba como un juicio casi ineludible: la artificialidad de los pactos de verdad conduce a repensar gran parte de los textos históricos como estrategias de géneros, más que como un ejercicio disciplinar distinto. De allí que la posibilidad de trabajar interdisciplinariamente, toda vez que los textos no tienen un único punto de ingreso o egreso del mensaje, se me presenta como una necesidad imperiosa hoy más que nunca. La vinculación entre la filosofía, la historia, la literatura, la antropología, la sociología forma parte de mi propuesta para crear un sentido más amplio del texto. Al comprender esto, puedo reconocer que el campo de estudios que se ha creado sobre la Guerra del Pacífico forma un conjunto de discursividades que, estando en continua disputa, aún no han sido capaces de vincularse como un esfuerzo conjunto para mirar más allá de lo que las fronteras disciplinares intentan cautelar. Desde la comprensión de que en el caso de la historia ya se ha recorrido un vasto trayecto, esta vez me auto impulsé a desarrollar el ejercicio desde la literatura. Adentrarme en el texto y los significados que este aloja; moverme entre las galaxias de sentido que ocultan los conceptos de Guerra y Nación así como no perder la conectividad con el fuera de texto, en el caso que lo hubiera, fueron aproximaciones que utilicé para el análisis de las obras. Los dispositivos, las formas, los campos, los agentes que han conformado nuestro repertorio sobre lo nacional fueron obsesiones que se vieron plasmadas en mis capítulos primero y segundo. Ahora, si bien sé que en esta trayectoria he dejado, conscientemente, un corpus no menor de textos literarios sobre el conflicto, felizmente, cada. 14.

(15) una de estas obras me sirven como objetos y herramientas para trabajos posteriores, pues aún tengo una larga marcha que recorrer sobre el campo de la Guerra. Por otro lado, no me gustaría dejar pasar la oportunidad de apelar a mi propio contexto para indicar el difícil momento por el que atraviesa nuestro pacto nacional. Mientras escribo esta tesis (1 de noviembre de 2019), el Presidente de la República, Sebastián Piñera Echeñique, ha utilizado los medios de represión del Estado para reprimir las demandas sociales de una comunidad que hoy parece más real que nunca, pues nos une la transversalidad de la injusticia. Años de postergación y de abusos, de violencia simbólica y efectiva, se han tomado las calles, para decir: NO + AFP, IGUALDAD, No + CAE, salarios justos, entre multiplicidad de demandas. El Gobierno oligárquico, al sentir que pierde su captura mágica ha instalado el concepto de “Estado de Emergencia”. El saldo es ominoso: en dos semanas, ha asesinado más de 20 personas y suman un centenar de heridos. Apelando a una frase que tristemente pasará a la historia de la infamia, el Estado encarnándose en el dictador/Presidente, ha hecho público su slogan de “Estamos en Guerra”. Me es difícil eludir una situación tan compleja como la declarada por nuestro Mandatario toda vez, entre consultadas y discusiones, gran parte del pueblo chileno ha desafiado esta máxima, indicando que esta ‘no es una guerra’ y que si así lo fuera, es el Estado que violenta a sus connacionales. De esta forma, el potencial semántico del término me invita a repensar que nuestro repertorio nacional se vuelve activar ante situaciones de crisis, verbalizándose en una figura de poder como nuestro propio Presidente de la República, que nos coacciona con su Ejército –que no es el nuestro— y con su Estado Policía, que nos está diezmando. ¿Cómo explicar que No estamos en Guerra? ¿Cómo explicar que el término de Guerra lleva directamente la violencia del concepto, de la destrucción, de la masacre, de la violación; de infligir un daño bajo el fin. 15.

(16) de que el enemigo no pueda retomar sus acciones? La Guerra que pierde su condición de contienda, ya no es más juego y adquiere el estado definitivo de la muerte. Es difícil escribir sobre la Guerra cuando, no estamos en Guerra, pero la violencia sigue estando allí. Marcados por la sangre de los cayeron, vemos la estrategia del Estado pero denunciamos su máscara. YO denuncio su máscara. No estamos en Guerra. Finalmente e intentando recuperarme del sufrimiento de escribir en la catástrofe, sin recuperarme en absoluto, quisiera agradecer a cada persona que tuvo un papel importante en este proceso. A su vez, me gustaría agradecer a todos aquellos que han hecho posible la realización de este trabajo. A mi familia: mis hijos José Tomás y Alejandra, a mi esposa Danaee. A mis padres: Derna y Claudio. A un sinfín de académicos/amigos que me permitieron repensar mi tema y mi lugar en el campo. Mi profesora guía, Rocío Rodríguez por su paciente corrección y espera; Javier Uriarte, como un referente en esta área en desarrollo como son los estudios de representación sobre las Guerras latinoamericanas; a Rodrigo Cánovas por sus sugerencias en el corpus de esta tesis. A mis profesores de doctorado, Cristian Opazo y Magda Sepúlveda, por presionar análisis más allá de lo que suponía, eran mis capacidades. A mi grupo de estudios LEXIX (Lecturas y Escrituras del siglo XIX), por las interesantes conversaciones respecto del desarrollo y las formas de abordar el siglo XIX latinoamericano desde la literatura. A mis colegas de la “cofradía de la Guerra del Pacífico”: Mauricio Rubilar, Patricio Ibarra y Claudio Tapia. Cada uno de ustedes fueron relevantísimos en el proceso de fuentes, así como en la contextualización precisa del conflicto. Finalmente, a mis primeros profesores que me enseñaron las armas de la crítica: desde la Historia, Luis de Mussy. Desde la literatura, profesores Nelson Osorio y Carolina Pizarro. Muchos nombres quedan fuera del texto, pero vuelvo a indicar que, así como. 16.

(17) potencialmente no existe un fuera de texto, todos estamos presente, de una u otra forma, en este cuadro representacional. A todos ustedes, muchas gracias.. Justificación La escritura de la Guerra del Pacífico desde el lado chileno operó como un mecanismo de legitimación del proyecto nacional oligárquico (Naranjo, 2011). Más allá de las causas que la motivaron o la participación que tuvieron los múltiples actores involucrados, este conflicto se prestó para la validación del estado chileno como productor del repertorio cultural nacional: el refuerzo a la representación de la Nación chilena como país civilizador/vencedor sobre los pueblos bárbaros vencidos. Si bien estos dos niveles –la Guerra como fenómeno histórico social por un lado, así como las representaciones literarias sobre la Guerra, por otro—, corresponden a planos que avanzaron en una misma dirección, la propuesta de mi tesis profundizará en el plano representacional del conflicto, por sobre el análisis de la Guerra como fenómeno histórico social. La Guerra del Pacífico decantó en la conformación de un repertorio cultural nacional que aún es significativo en nuestro país. ‘Chileno pícaro’, ‘chileno guerrero’, ‘chileno valiente’, ‘chileno pendenciero’, son imágenes de un pueblo construido en el siglo XIX que fueron reproducidas tanto por la literatura de la época así como por los manuales escolares, sirviéndose del conflicto como base para la reafirmación identitaria del proyecto nacional. Este proyecto nacional, pensado y articulado por las elites intelectuales, tomó como base una historia nacional gloriosa en oposición a un pasado colonial decadente. Esta fue la memoria de José Victorino Lastarria ante la dura evaluación de Andrés Bello que, lejos de ser. 17.

(18) representativa de un solo nombre, se hizo extensiva a toda una generación de pensadores chilenos.1 Benjamín Vicuña Mackenna, Diego Barros Arana, Miguel Luis Amunátegui, entre otros, son portavoces de la glorificación de este proyecto republicano que, ensalzando las grandes batallas de un pueblo unido ante la amenaza, se refleja como una época de esplendor ante su antepasado colonial (Zea, 1978). Dichas caracterizaciones, si bien pertenecen básicamente a nuestro largo siglo XIX –reparemos en la gran cantidad de artículos de costumbres desperdigados en la prensa de la época—,2 con el estallido de la Guerra se verán sobreexpuestas en favor de fortalecer la legitimidad del conflicto. La prensa de la época, prensa que durante gran parte del XIX sostuvo enconados encuentros a favor de los intereses conservadores y liberales, ante la declaración del conflicto se verá unificada para enfrentar el momento de crisis nacional. A su vez y en el plano civil, las agrupaciones sociales de diversas regiones harán a un lado sus diferencias para trabajar en el mantenimiento de un ejército chileno que no estaba preparado para entrar en dicho estado de crisis. De esta forma es que ropa, alimentos, dinero, entre otras ayudas, no simbolizarán exclusivamente el aporte voluntario de cada persona, sino el apoyo de toda una sociedad en defensa de la Patria. En este mismo sentido, el conflicto también seduciría las mentes de los niños toda vez que los contenidos de los periódicos tendrían múltiples accesos para la comunidad nacional.3 Sobre lo anterior, el caso de Arturo Benavides Santos resulta. 1. La memoria de José Victorino Lastarria se tituló Investigaciones sobre la influencia social de la conquista y del sistema colonial de los españoles en Chile (1845) y fue duramente criticada por su maestro, Andrés Bello, debido a la metodología utilizada por Lastarria, así como por sus exageraciones en torno al medievalismo del sistema colonial en Chile. Para más información respecto a esta y otras disputas historiográficas desarrolladas en el XIX, véase Cristian Gazmuri, La historiografía chilena. Tomo I (1842-1920) (2006). 2 Véase el extenso estudio de Lofqüist y Foresti en que dedican gran parte de sus dos volúmenes a caracterizar teóricamente el costumbrismo en Chile para posteriormente, estudiar los casos de Alberto Blest Gana y Daniel Barros Grez. Serrano, C. F., Löfquist, E., Foresti, A., & Medina, M. C. (1999). La narrativa chilena desde la Independencia hasta la Guerra del Pacífico. 2 volúmenes. Andrés Bello. 3 En este mismo sentido, pero esta vez desde la construcción del repertorio cultural nacional al interior de las escuelas, el historiador Pablo Toro Blanco nos indica que: “en agosto de 1879, los alumnos del Liceo de San. 18.

(19) un claro ejemplo sobre esta situación. Desde sus Seis años de vacaciones. Recuerdos de la Guerra del Pacífico 1879-84 (1925), Benavides Santos evoca sus 13 años con las siguientes líneas: “Cuando por fin se declaró la Guerra al Perú y Bolivia el 5 de septiembre de 1879, el entusiasmo fue indescriptible y en los alumnos del Liceo y Escuela superior, desbordante. Corríamos en grupos de la Intendencia a los cuarteles y desde estos diarios y a las plazas, donde el pueblo se aglomeraba para oír a improvisados oradores, que eran muy aplaudidos” (1988: 13). A través de oradores públicos que posibilitarían el acceso a la gran población analfabeta de la época sobre los hechos esenciales, la Guerra recibió una cobertura en todos los niveles sociales de la comunidad imaginada. Por su parte, el clero del Estado chileno también realizará su aporte al repertorio cultural nacional, ofreciendo ayuda de efectivos que viajarán al norte para acompañar a los soldados, así como largas prédicas que vincularán la voluntad de Dios con los éxitos del ejército chileno en campaña. Sobre esta lógica de Guerra que apoya al ejército y sus componentes en la derrota del enemigo por todos sus niveles, no es de extrañar que tan elevada participación ciudadana conservase para la posteridad dispositivos como la escritura, que servirían al fortalecimiento de la unidad y la identidad nacional (Mc Evoy, 2010).4 Avanzando ya en el siglo XX, la década de los 30 se prestó para aumentar el acervo nacionalista en toda nuestra sociedad. Desde una estructura oscilante entre la caída del precio del salitre y el reemplazo de la economía del nitrato por la del cobre, la compleja situación. Fernando, poseídos por los mismos entusiasmos nacionalistas, se sustraían a las clases para hacer representaciones de la Guerra del Pacífico” (2011: 33). 4 De acuerdo con el análisis de Carmen Mc Evoy: “La palabra desempeñó un papel fundamental durante la Guerra del Pacífico. Entre 1879 y 1884 el homo rethor chileno se valió de ella para definir el conflicto armado con sus vecinos, exacerbar el patriotismo de la población y resaltar la preminencia de una tradición republicanocristiana considerada como única en la región. Aún cuando la disputa entre Cicerón y Catilina estableció el principio de que en las relaciones civilizadas las armas estaban vedadas, la retórica que surgió en Chile a partir del desembarco en Antofagasta sirvió, entre otras cosas, para justificar la violencia organizada” [el énfasis es de la autora] (2010: 22).. 19.

(20) financiera nacional5 se vio acompasada por un panorama político de amplia variación. Con la salida urgente de Carlos Ibáñez de la presidencia (1931) y un interregno de un año bajo la primera experiencia socialista chilena (1931-1932), el sistema político chileno se equilibraría por un breve tiempo con el ascenso de Arturo Alessandri Palma a la primera magistratura (1932-1936). Considerado por algunos historiadores como un populista (Donoso, 1954) así como por otros, como la transición del sistema decadente elitista (Salazar y Pinto, 2018), el viraje de timón llegará con el alzamiento del Frente Popular en el año 1938. De Ibáñez a Pedro Aguirre Cerda, la década del 1930 dejó una huella indeleble en el alzamiento de un nuevo modelo económico, el ISI, un nuevo/viejo partido, el partido radical y una nueva clase social: la clase media.6 A partir de esta convulsa época, la necesidad de alentar una identidad chilena en medio de una crisis social pareció un llamado lógico a la industria editorial de la época. Así nos lo explica Bernardo Subercaseaux quien, al estudiar el auge del libro chileno para este periodo, señala la importancia de comprender el advenimiento de esta nueva clase social al. 5. Basándonos en la clásica tesis de Osvaldo Sunkel, la economía chilena fue el sistema más impactado por la gran depresión de 1929. Economía dependiente como gran parte de los mercados americanos, la caída de la bolsa y los bonos, causaron una recesión en nuestra sociedad que sólo se podría apreciar a partir de la década de 1930. Cariola Sutter, Carmen y Sunkel, Osvaldo. 1982. La historia económica de Chile, 1830 - 1930: dos ensayos y una bibliografía. Ediciones Cultura Hispánica, Madrid. 6 Durante esta época, los sistemas latinoamericanos desarrollarán un vuelco a lo que tradicionalmente habían sido sus orientaciones económicas. Frente a la debacle generada por la crisis bursátil de 1929 (el jueves negro norteamericano) el derrumbe de las economías monoexportadoras latinoamericanas intentarían la construcción de una industria propia. Es así como Lázaro Cárdenas en México, Juan Domingo Perón en Argentina, así como el Frente Popular en Chile, aprobarán reformas a sus economías, orientadas a desarrollar una industrialización en pleno siglo XX. Ello, considerando que los sistemas noreuropeos desarrollaron su fase industrializadora más relevante a lo largo del XIX. En Chile este sistema fue conocido como ISI, modelo sustitutivo de importación. Es durante esta época que se fundan las grandes empresas estatales: IANSA, CAP, ENAP, entre otras. Esta nueva forma de construir y auto construirse, también da pie a la figuración expresa de una emergente clase social: la clase media. Con un sentido distinto respecto al devenir social que el expresado hasta el momento por las clases populares, así como por la clase dirigente, las capas medias se asocian durante esta primera época al auge del Partido Radical de Cerda, así como al fortalecimiento de la educación como medio de ascenso. Para más información respecto a la industrialización del país, así como al ascenso de las capas medias, sugiero los textos de Salazar y Pinto (2018), Historia contemporánea de Chile. Vol. 1; Rolle, Figueroa y Jocelyn Holt, et. al (2001), Historia del siglo XX chileno.. 20.

(21) mercado cultural: “Las capas medias, especialmente los sectores estudiantiles y profesionales, asumen y perfilan por una parte una identidad-móvil ascendente y por otra, una que busca consolidar una visión nacional-popular de la cultura, tanto en el plano interno como con respecto a América Latina” (2008: 226). De esta forma es que el ascenso de estas capas medias, específicamente de los profesionales y los sectores estudiantiles, dispondría un camino en el que la lucha por los bienes culturales sería determinante en la construcción de este ascenso social, así como, al mismo tiempo, para la generación de una industria que permitiría la circulación de estos bienes (Heise, 1960). Es bajo este contexto que apreciamos la publicación y circulación del corpus seleccionado. El relato de Pedro Sienna, Recuerdos de ‘El soldado Desconocido’. Episodios de la Guerra del Pacífico que no menciona la historia (1931), tuvo su origen en la prensa de la época, específicamente en el periódico Los Tiempos, diario de la tarde. La primera aparición del texto de Sienna tuvo un soporte masivo, que lo catapultó a integrar una colección de amplia circulación como fue Universo. De esta forma y de manera muy resumida, justificamos el análisis de esta obra inserta en su contexto de emergencia. La comprensión del campo en el que circularon las obras nos aporta elementos relevantes para conocer el impacto que estas generaron en su época, así como el significado que los códigos presentes en las mismas conservaron tras su publicación. La obra de Sienna narra la entrevista realizada por un periodista a un veterano de la Guerra del Pacífico, respecto de su experiencia durante el conflicto. Sobre la estructura del texto no debemos olvidar que los géneros literarios que tradicionalmente se habían utilizado para narrar la Guerra habían sido los cuentos, del estilo de Riquelme, o las novelas históricas, género extensamente desarrollado Pacheco. Estas formas de escribir la Guerra, por lo general, 21.

(22) fueron concebidas sobre la base de un narrador que daba cuenta, desde su perspectiva, de la ilación de hechos que llevaron a la justificación del conflicto, o bien, la narración de la Guerra con el fin predeterminado de ensalzar los valores patrios. Para el caso de Sienna, si bien existen alusiones en el relato respecto de los recuerdos gloriosos que detenta el entrevistador sobre la imagen de los soldados en campaña, es el mismo periodista quien declara rápidamente ser incapaz de identificar a estas figuras bizarras con los veteranos que circulan por las calles de Santiago en la década de 1930.7 Con un personaje que clama por que se incluyan sus recuerdos en el relato existente sobre la Guerra, y desde unos recuerdos que reparan más en el tiempo que en torno a los valores esenciales chilenos, el texto de Sienna figura como un paréntesis sobre el amplio discurso nacionalista chileno que utilizó la literatura para legitimar la Guerra. Otro es el caso de los textos de Pacheco y Riquelme. Como ya lo adelantamos, tanto los Episodios de la Guerra del Pacífico de Ramón Pacheco como Bajo la tienda de Daniel Riquelme fueron publicados por primera vez en la década de 1880. Emanados directamente de la atmósfera cultural que produjo la Guerra del Pacífico, estos textos forman parte de una amplia gama de productos culturales que tomaron por temática el conflicto. Sin embargo, ambos textos fueron recuperados en la década de 1930 por grandes editoriales. Con la publicación completa de los Episodios de la Guerra del Pacífico de Ramón Pacheco por Ediciones Ercilla (1936), la reedición de estas novelas contribuyó a fomentar el carácter belicoso, galante y civilizador de los chilenos. El tono nacionalista de la obra, entendiendo que el origen primero de la novela (1883) corresponde a un momento en el que aún no había. “Yo no los conocí; sólo los vi en dibujos. Yo no los conocí, repito, porque hay tan poco de mis héroes de antaño en esos viejecitos gibados y temblorosos que, en las mañanas de sol, se sientan en los bancos de los paseos, ostentando en la bocamanga –muchas veces vacías— el consabido ‘parche del honor’, que se me hace imposible creer que sean ellos mismos” (1931: 9). 7. 22.

(23) finalizado el conflicto, alberga una serie de referencias que fundamentan el estallido de la Guerra como una causa de honor y que aloja todo el mal en el espacio fuera de la comunidad nacional chilena. No obstante, lo anterior, es necesario recalcar que el ensalzamiento de los valores patrios que patrocina la reedición de las novelas en 1936, está contrapuesto a otras circunstancias entre las que destaco la eclosión de una amplia red de conexiones americanas que albergó la Editorial Ercilla durante dicho periodo. De acuerdo con lo indicado por Subercaseaux así como por la tesis doctoral de Sebastián Hernández, la Editorial Ercilla para la década de 1930 proponía un objetivo más bien conciliador de los intereses latinoamericanos antes que la acentuación de los nacionalismo particulares. ¿Por qué? Debido a su público: Ercilla también prestaba atención a lo nacional popular, asumiéndolo en una perspectiva no confrontacional, amplia e integradora (afín, por lo tanto, a la visión de los sectores medios). Así se desprende de los títulos incluidos en la serie Biblioteca Patria (1936-1938), que incluía desde Las aventuras del roto Juan García de Antonio Acevedo Hernández (cantadas en versos criollos), hasta La fronda aristocrática en Chile de Alberto Edwards Vives. Puede afirmarse, entonces que Nascimento y Ercilla, considerando la presentación física de los libros, los destinatarios o lectores implícitos y la mayoría de los agentes culturales que las alimentan, están impregnadas en su fisonomía editorial por el aporte de las capas medias a la producción y reproducción de sentido social (Subercaseaux, 2008: 227). En este sentido, si bien el contenido de los Episodios de Pacheco se presenta con una tonalidad claramente nacionalista chilena –específicamente antiboliviana y antiperuana por los mismos hechos de Guerra—, es notable reconocer que potencialmente la disposición de 23.

(24) esta obra para las capas medias fue seleccionada por esta tonalidad no confrontacional explicada por Subercaseaux y desarrollada con amplitud por Hernández. Con una modalidad que pretende instruir a los chilenos respecto a los hechos relevantes para el entendimiento de la Guerra, los Episodios de Pacheco los comprendemos como una selección de lo nacional mesocrático, realizada por profesionales de esta clase media para un público del mismo interés. Por otro lado, Zig-Zag se presentó durante el periodo de 1930 a 1950 como la gran industria cultural del mercado chileno. A través de variadas estrategias comerciales, maquinaria de última generación, así como innovadoras colecciones, las clases medias también se presentaron como un público objetivo para esta industria editorial. Y es que la germinación de estas empresas editoriales fue a la par con el desarrollo de este grupo y su particular interés por el área de la educación. De acuerdo con Subercaseaux: “Se intensifica así la valoración del libro como instrumento de saber, como vehículo de cultura y también de movilidad y ascenso social; énfasis que implica, como contraparte, cierta reticencia frente al ‘libro-esparcimiento’, al ‘libro-objeto’ o al libro ‘como mera entretención” (2010: 145). Es así como bajo la lógica editorial de la época, los títulos puestos a disposición de este público no estarían destinados solamente a un afán de entretener (o definitivamente no estarían orientados en este sentido, como lo indica Subercaseaux), sino más bien ofrecidos a la educación de lectores ávidos de conocimiento útil; para el caso de los textos de Pacheco y Riquelme, ávidos de representación identitaria nacional. Ambos textos, los de Riquelme y Pacheco, apelan al fomento de un sentimiento patrio en el que la Guerra toma un rol fundamental para definir los vínculos entre la comunidad y el proyecto nacional. La disposición de escenarios y personajes a través de los que hombres 24.

(25) y mujeres pudieran sentirse representados, fueron dispositivos eficaces en una época en la que, como hemos visto, la valoración del libro y la lectura alcanzaron un nivel único durante el siglo XX. El sacrificio por la Patria, la Guerra como un momento sublime en que los hombres transitan hacia el camino de los héroes, fueron elementos que el público lector de la época pudo decodificar con claridad, y sumar este estímulo a un panorama que venía acrecentando el nacionalismo ya desde la década de 1920 (Rinke, 2002). Y es así como para el año de 1937, Zig-Zag incluía la obra de Daniel Riquelme con la necesidad de fomentar los imprescindibles valores nacionales. Como justificación de la colección, Zig-Zag declaraba: En la Colección Autores Chilenos la Empresa Editorial Zig-Zag, reunirá lo mejor de las letras nacionales, sin especialidad alguna. A los libros escritos especialmente para ella se juntarán viejas producciones, que son ya escasas en el mercado de los libros, y todos aquellos textos, en fin, que sirvan para representar adecuadamente la producción nacional entre los propios chilenos y extranjeros (Solapa, 1937).8 El texto de Riquelme está puesto a la venta con dos objetivos relevantes para mi investigación. Por un lado, expone “lo mejor de las letras nacionales”, por lo que el gesto canonizante –al igual que lo sucedido con la edición de Mariano Latorre—, se hace presente para señalar los escritos de Riquelme como un ejemplo de ‘lo chileno’ a nivel literario. Así como, por otro lado, el texto de Riquelme representa la producción nacional. Dicho término, “representar”, colocaría al escrito del autor como un representante de lo chileno en la comunidad nacional de lectores, así como ante la visión de la otredad extranjera.. 8. El énfasis es nuestro.. 25.

(26) Ante esta acentuación del repertorio patrio, las lecturas ideológicas se distribuyeron en la sociedad lectora nacional con prontitud. Una vez más, tanto las empresas editoriales Ercilla como Zig-Zag señalaron la necesidad de reimprimir obras que eran del “gusto de la gente” y que estaban agotadas en el mercado cultural (Pacheco, 1936; Riquelme, 1937). Las construcciones semánticas en torno a ‘los cholos’, las mujeres postergadas, los soldados bizarros y la muerte gloriosa, se esparcieron con gran rapidez promovidas por las respectivas editoriales.9 ¿Y qué pasó con la relación entre educación escolar y literatura sobre la Guerra del Pacífico? El catálogo Studium de la Editorial del Pacífico para el año de 1960 exponía claramente su finalidad pedagógica hacia los públicos escolares: Nuestros textos están inspirados en los preceptos de la pedagogía moderna, evitan los extensos desarrollos sintetizando nuestros desmesurados programas. Presentan en forma amena lo fundamental descartando los detalles secundarios y exponen en forma objetiva las diversas interpretaciones o posiciones. Se han fijado también como requisito presentar una síntesis de los más recientes avances científicos. Por último, tienen como orientación ideológica un humanismo espiritualista, defienden los valores trascendentes y eternos de nuestra cultura occidental, y proponen el perfeccionamiento de nuestro sistema democrático (1960:1-2).. 9. Esta caracterización de hombres y mujeres es reiterada en ambos textos. Tanto en el caso de Pacheco como en Riquelme vemos la aparición de hombres chilenos repletos de coraje sin miedo a la muerte –“los rotos” para el caso de Riquelme, los hombres chilenos para el caso de Pacheco—, mujeres abnegadas (mujeres chilenas en general con Riquelme, la esposa e hijas de Fernando Aravena en el caso puntual de Pacheco) así como una serie de términos para referir la debilidad del enemigo tales como cholos (en ambos textos, esta palabra será utilizada despectivamente tanto hacia los civiles como ante los soldados enemigos).. 26.

(27) Al interior de este catálogo, la tercera edición de Bajo la tienda de Riquelme figura como una lectura recomendable para alumnos de II año de Humanidades (Editorial del Pacífico 1960: 25). En este mismo sentido y de acuerdo con lo señalado por la investigadora Carmen Gloria Zúñiga, en 1952 el Ministerio de Educación Secundaria chileno implementó un nuevo marco curricular que no sería renovado sino hasta 1965. En este marco: “los objetivos expresados en relación con la enseñanza de la Historia se relacionaron con la comprensión de los problemas sobre espiritualidad humana y destino histórico, el desarrollo de los rasgos morales, cívicos y sociales de los estudiantes, la formación del carácter por medio del ennoblecimiento de la personalidad de los estudiantes y la conciencia sobre los deberes y la dignidad humana” (Zúñiga 2015: 125). Es así como el texto de Riquelme estaría siendo utilizado para formar a los estudiantes chilenos en los aspectos morales, cívicos y sociales aludidos por la Editorial. Sobre el mismo punto, la vida sacrificada en aras de la Patria, la visión de los hombres chilenos como referente de fortaleza ante la debilidad femenina,10 la visión de los otros peruanos y chinos como personajes bárbaros, entre otros rasgos descritos por el texto, servirían como referentes para la formación de estos jóvenes. Siguiendo el orden cronológico de nuestra propuesta, la manipulación del repertorio cultural nacional se volvería un arma sumamente efectiva para la hegemonía militar post golpe. Durante el periodo que abarcó la dictadura chilena (1973-1990), la valoración de la Guerra del Pacífico coincidió con la conmemoración de los 100 años del estallido del conflicto. Este homenaje tuvo como gran maestro de ceremonias al general Augusto Pinochet. Levantando monolitos y reposicionando ritos cívicos para una ciudadanía. “Y de lo dicho no hay que asombrarse, porque el carácter comadrero de los rotos, su galante truhanería, el corte hercúleo de sus formas y la misma viril brusquedad de sus palabras y modales, dábanles aquel prestigio sino encanto, que el espectáculo de la fuerza y el valor ejercerá siempre sobre la debilidad femenina (…)” (1937: 119). 10. 27.

(28) militarizada, la Guerra del Pacífico sirvió como un dispositivo predilecto en la exhibición del soldado como referente nacional. Esto lo podemos apreciar tanto en los desolados páramos de la quebrada de Tarapacá, en el cerro Dolores así como en el mismo morro de Arica. Las placas conmemoran a la muerte y gloria de sus héroes, ante una ciudadanía que se alimenta de este repertorio provisto por el régimen militar (Errázuriz, 2009; Naranjo, 2011; Figueroa, 2016). Respecto a la literatura alusiva al conflicto, durante esta época asistimos una vez más a la reedición de Bajo la tienda de Riquelme así como la sobreexposición (Huberman, 2014) del texto de Jorge Inostroza. Teniendo múltiples reediciones desde el año de su publicación (1955),11 el Adiós al séptimo de línea se presenta como una narración clave que, en apelación al subtexto social, legitima la posición del soldado como fundamento de chilenidad. La continua edición de este texto por parte de Zig-Zag alimentó un repertorio cultural chileno sobre la Guerra que aun cuando ya los análisis históricos han intentado desarticular este tipo de narrativas, para el año 2010 aún vemos la adaptación de este relato en una telenovela producida por el canal Megavisión para conmemorar el bicentenario de Chile.12 En el hoy y a 30 años del término oficial de la dictadura militar, las consecuencias de esta memoria que fue tomada y re-legitimada por los distintos gobiernos de turno, aún acusa de forma indirecta un tema que ha sido difícil de zanjar. Las opiniones en torno a cuál debería ser la respuesta de Chile ante las demandas de Bolivia y Perú, se ven empañadas por un. 11. Sobre la base de la información extraída de la Biblioteca Nacional de Chile, la novela de Inostroza durante la dictadura fue reeditada, a lo menos, cinco veces. Para 1974 la novela fue publicada en dos editoriales distintas, Zig-Zag y Gabriela Mistral. Luego volvería a publicarse en los años de 1983 y 1987. Asimismo, en el año de 1979, volvería al gran público en formato de radioteatro. Por otro lado, Jorge Inostroza fue nombrado agregado cultural tanto en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, así como bajo el mandato de Augusto Pinochet. 12 Adiós al Séptimo de Línea (2010) fue una miniserie ganadora del fondo audiovisual del Consejo Nacional de Televisión, basada en la novela épica del mismo nombre y dirigida por Alex Bowen para el canal de televisión abierta Megavisión. Emitida de septiembre a octubre de 2010, la miniserie fue estelarizada por Fernanda Urrejola como Leonora Latorre, Nicolás Saavedra como Alberto Cobo y Matías Stevens como Manuel Rodríguez. Para ver los 12 capítulos que componen esta miniserie, sugiero revisar el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=EDLYKrq60JM&t=21s.. 28.

(29) lenguaje que denota una gran carga semántica en la construcción de nuestro pasado nacional.13 “Cholos”, “indios”, “cobardes”, “llorones”, “maricones” constituyen términos que aparecen en nuestro lenguaje día a día (más aún con la gran oleada migrante que está arribando a nuestro país): estos conceptos, al ser comparados con los términos figurantes en los textos literarios seleccionados, exhiben un cierto tipo de inmutabilidad. Si en Pacheco leemos la mariconería de los cholos cobardes,14 en los encuentros deportivos vamos a constatar este hecho. Si en el texto de Riquelme apreciamos la belleza superior de los rotos blancos, por sobre la mezcolanza de razas peruanas,15 en nuestro cotidiano escuchamos a diario la jactancia de la superioridad blanca/criolla por sobre los indígenas. Si bien existen estudios académicos que miden el nivel de discriminación del chileno ante su “otro”, solo baste leer los comentarios en las redes sociales de ese gigante anónimo llamado “opinión pública”, que no pierde oportunidad para denostar las demandas de Evo Morales ante el. Ante la noticia “Evo Morales plantea que paro de aduanas busca perjudicar y agredir económicamente a Bolivia”, publicada por EMOL (versión electrónica del periódico chileno El Mercurio) el 15 de enero de 2017, se aprecia desde el primer momento la exaltación racista y despreciativa que convoca la imagen del presidente Evo Morales y su nacionalidad. De los 10 primeros comentarios (hasta el momento en que redacto mi proyecto la noticia ha sido comentada por 239 usuarios), podemos leer las siguientes aseveraciones: “ufffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff bolivi-ano”, “Pobre imbécil...!!!”; “No cabe dudas que este aborigen habla para consumo interno, lo triste es que le den tribuna acá. Deben ponerlo en la página de farándula”; “Si no te gusta trafica por otro puerto aunquenido metamorfosiado. Aqui nadie te va a dar la pasada” y “Pobre diablo, esta esquizofrenico, Evo para que tu sepas a Chile lo que menos le interesa es que pasa con Bolivia, uds son solo una piedra en el zapato, hazle un favor a tu pueblo y tírate al metro (pfff como son de pobres ni metro deben tener)”. De los 10 primeros comentarios, cinco atacan de forma despreciativa la posición de Morales sin dar ninguna posibilidad a sus argumentos. Sólo como un ejemplo, el primero de estos comentarios altera el término boliviano para mutilar la palabra en son despectivo, para atacar la imagen del presidente con su propia nacionalidad. Estos comentarios son reiterativos en las noticias publicadas respecto a las demandas de Bolivia contra Chile. 14 “Sin darse cuenta del porqué, el carácter, las suaves maneras, la verbosidad de sus paisanos le chocaban. La especie de afeminación de los peruanos les hacía mirarlos como muy poco superiores a las mujeres, de ahí que su corazón, que necesitaba tal vez de un ser fuerte, más bien un poco rudo que meloso, no hubiese encontrado hasta entonces a quien amar” (1936, XVII: 18). 15 La cita textual es: “Sin pretender rebajar a unos y ensalzar a otros—, puede decirse que el roto era como pan blanco, si no francés, en medio de aquella mescolanza de razas con que se ha formado el bajo pueblo peruano” (1937: 119). 13. 29.

(30) Estado chileno o criticar la inmigración peruana a nuestro país. La Guerra, con 100 años de firmado los principales tratados, hoy se lucha en su vertiente simbólica todos los días. Ahora bien, y para el caso que motivó este proyecto, puedo comprender que parte de las bases para sustentar la permanente disputa chilena en contra de la otredad peruana y boliviana se nutrió de las representaciones literarias que construyeron textos como lo aquí analizados. Teniendo mayor capacidad de penetración en la comunidad nacional de lectores populares del XIX, Pacheco alienta el sentimiento nacional a través de sus episodios. Por otro lado, Jorge Inostroza como primer autor de best seller nacional, también otorga una serie de características raciales y etnocentristas respecto del actuar del chileno al interior del conflicto (Arrelucea, 2007). A su vez, Daniel Riquelme desde una demostrada legitimidad literaria autorizada por la academia, construye un ideal transversal de chileno colectivo, el roto chileno, para fomentar un repertorio nacional que tendría amplia recepción durante la década de 1930. Todos estos textos construyeron ideas, personajes y escenarios en los que la identidad nacional podía volver a reencontrarse con su ethos glorioso e imaginario. El caso de Sienna, como ya lo indicamos, ilustra la excepción a la regla, la resistencia ante esta hegemonía cultural del repertorio nacional chileno sobre el conflicto.. Grado de innovación Ante lo que he podido consultar, no existe un trabajo dedicado exclusivamente a las representaciones literarias chilenas sobre la Guerra del Pacífico, para un periodo clave en la formación de nuestra identidad nacional como lo es la década de 1930. Como ya lo explicamos anteriormente, este momento histórico responde a una época de grandes cambios. 30.

(31) para nuestro país. Cambio económico por el desarrollo de un modelo de industrialización para nuestra economía monexportadora; cambio político por la llegada, por primera vez, de una alianza de partidos de izquierda, “El Frente Popular”, a la Presidencia. Estos cambios políticos y económicos, a su vez, impulsaron un gran espíritu de nivelación para la sociedad: teniendo por baluarte el desarrollo educacional de los chilenos –lo que en la campaña de Aguirre Cerda se conoció como “Gobernar es Educar”—, el respaldo a esta nueva sociedad que incluyó a la clase media también trajo consigo el intento por satisfacer la demanda cultural de esta clase. De allí que la pujante industria de la época también logró impactar el mercado de bienes culturales. El cambio de la valoración del libro en la época de oro del libro chileno recuperó textos que enaltecían ya no solamente a las clases dominantes sino que describieron al sujeto colectivo popular –el nacionalismo popular, en palabras de Subercaseaux—. De esta forma y para efectos de mi tesis, el pueblo encarnado por la figura de “el roto” fue reeditado por las crónicas de Riquelme (1937), puesto en circulación por la novela histórica de Pacheco (1936), así como pensado en la narrativa de Pedro Sienna (1931). La década de 1930 –con sus crisis económicas (1929-1930), sus cambios de gobiernos y sus alzamientos populistas— constituye un eje clave para comprender el devenir de la historia nacional. Por otro lado, si bien los estudios de Laura Hosiasson (2011) y Rodrigo Naranjo (2011) logran desarrollar sus respectivas tesis en torno al exacerbado nacionalismo chileno y las distintas retóricas operantes tanto en Perú como en Bolivia, sus análisis funcionan sobre textos sin contexto de producción. Obras escritas bajo el género ensayístico, las propuestas de estos autores son hipotetizadas sin mayor referencia a los soportes que sustentaron sus mensajes, a los circuitos en los que se leyeron sus ideas, a los públicos que recepcionaron sus. 31.

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