ISSN: 1576-7914
UN TRADUCTOR DE LA CIENCIA ILUSTRADA:
SUÁREZ Y NÚÑEZ
A Translator of Enlightenment Science: Suárez y Núñez
Francisco AGUILAR PIÑAL
Consejo Superior de Investigaciones Científicas Fecha de recepción: 30/4/2007
Fecha de aceptación definitiva: 9/6/2007
RESUMEN: Hay que insistir en la importancia de las traducciones al castellano de los libros franceses sobre ciencia básica y aplicada, como base indispensable de la Ilustración española en el siglo XVIII, que no se limita a las mentalidades ni a los deseos de emancipación del Antiguo Régimen.
Uno de los traductores más activos pero también más olvidado es el madrileño Miguel Gerónimo y Núñez, que murió a los 58 años después de haber publicado 26 obras de tecnología aplicada a la agricultura, a la industria y al comercio de otras tantas obras de autores franceses, como Mollet, Macquer, Duhamel, Delor- mois, Ribacourt y otros, ilustradas siempre con láminas explicativas de las máquinas propuestas. Académico de Sevilla y Socio de la Economía Matritense, fue durante quince años el más activo miembro de la sección de Artes y Oficios, muriendo en la más penosa indigencia en 1791, aunque llegó a ser agente fiscal de la Junta de Comercio, Moneda y Minas.
Palabras clave: traducciones, tecnología, ciencia aplicada, agricultura, industria, comercio, Suárez y Núñez, Sociedad Económica Matritense, Junta de Comercio, Moneda y Minas.
ABSTRACT: The importance of the translation to Spanish of French books about basic and applied science is stressed as the indispensable basis of the Spanish En- lightenment in the 18th century, which was not limited to mentalities and desires for emancipation from the ancien regime.
One of the most active translators but also the most forgotten was Miguel Gerónimo Suárez y Nuñez from Madrid, who died at age 58 after having published
26 books on technology applied to agriculture, industry and trade by French au- thors such as Mollet, Macquer, Duhamel, Delormois, Ribacourt and others, which included explanatory illustrations of the machines proposed. He was a Member of the Academy of Seville and the Económica Matritense and for fifteen years the most active member of the section of Arts and Trades. He died as a pitiful indigent in 1791, even though he had become a Fiscal Agent of the Board of Commerce, Cur- rency and Mines.
Key words: translations, technology, applied science, agriculture, industry, trade, Suárez y Núñez, Sociedad Económica Matritense, Junta de Comercio, Moneda y Minas.
En España, el Absolutismo ilustrado, a mi modo de ver, es la concreción polí- tica y social de una ideología filosófica importada de la Europa del norte, que conocemos aquí como Ilustración, aunque reconociendo en la actualidad que las diferencias son notables entre los diversos países, incluso dentro de una misma sociedad. No todos los actos políticos justifican el calificativo, pero muchos otros sí lo hacen, avalando la teoría de un «absolutismo ilustrado» en las nuevas insti- tuciones, en la orientación política de sucesivos gobiernos, en la legislación más progresista, destinada al mejor desarrollo del país, en el comercio, en la agricultura, en la industria, en la modernización económica y cultural1. Pienso que el término
«ilustrado» se debe aplicar a muchas personas de la época, que sin ser grandes pensadores promueven, en la medida de sus fuerzas y saberes, la modernización de España en los ámbitos de sus respectivas competencias. Unas más activas que otras, por supuesto. Pero todas decididas a superar las tradiciones obsoletas, colocando al país en la órbita de los países europeos más adelantados en los conocimientos técnicos, científicos, económicos, sociales y políticos.
Un grupo social que, en la España del siglo XVIII, contribuyó de manera ejemplar a esta modernización «ilustrada» fue, sin duda, el de los traductores. Profesión cuya importancia se omite en las más de las historias generales de la época, incluso en las específicas de la Ilustración. Pero que no se puede obviar si se quiere llegar a comprender, en sus orígenes, limitaciones y consecuencias lo que significó para España el movimiento ilustrado. Es preciso destacar, por supuesto, que no fue un movimiento nativo sino importado, tanto de Gran Bretaña como de Centro Europa, pero principalmente de Francia, en cuyo idioma se entendían todas las clases cultas del continente. Es, por tanto, de imperiosa necesidad el calibrar la procedencia de las ideas ilustradas, de las «Luces» que, a lo largo de todo el siglo XVIII, fueron moldeando mentes y conductas en los españoles más comprometidos con un futuro de progreso, modernidad y cambio.
No podemos ignorar que, con el cambio de dinastía, el idioma francés se fue imponiendo en las clases sociales burguesas, a imitación de los reyes y cortesanos.
1. AGUILAR PIÑAL, F. La España del absolutismo ilustrado. Madrid: Espasa Calpe, 2005, p. 34.
Las academias que se instalaron para su aprendizaje, sobre todo en la Corte, dan fe de la importancia que a su conocimiento dieron quienes pretendían medrar, tanto en el ámbito cultural y científico como en el comercial y político. De esta enseñanza personalizada se nos dio cuenta abreviada hace años2, pero no estará de más recordar las palabras de un destacado escritor como Sempere y Guarinos, quien comentó en 1782 la progresiva aceptación de la lengua francesa en España de su época:
Aunque al principio muchos la despreciaban, o por el desafecto a los franceses o por la falsa persuasión en que estaban nuestros nacionales de que no había más que descubrir en las ciencias que lo que se sabía en nuestro país, ella fue gustando poco a poco, hasta que llegó a hacerse de moda y a componer una parte de la educación de la nobleza3.
Y no sólo de la nobleza, habría que añadir, porque su conocimiento fue casi imprescindible para la creciente burguesía, que no podía quedar al margen de las novedades de todo orden que nos llegaban con el marchamo de la lengua de Molière.
Habré de recordar que sólo de la Llave nueva y universal para aprender con brevedad y perfección la lengua francesa sin auxilio de maestro, del profesor Antonio Galmace, avecindado en Madrid, se hicieron diez ediciones entre 1748 y 1796.
Ni que decir tiene que esta afición a la lengua francesa no se limitaba al apren- dizaje. No eran pocos los españoles que podían acudir a las fuentes originales de libros en idioma francés, pero eran muchos más los que reclamaban la traducción al castellano. Versiones que abarcaban todos los campos de la cultura, como se encargan de precisar cuantos estudios se han hecho sobre el tema4, incluido el precedente del bibliotecario real Juan Antonio Pellicer Ensayo de una biblioteca de Traductores españoles (1778), que mereció la aprobación de Capmany, Cerdá y García de la Huerta, aunque se limitaba a tiempos antiguos. El mismo Pellicer fue apreciable traductor del francés, junto a otros nombres como Caldera, Bails, Calzada, Alonso Ortiz, Terreros, Díez González, Lavedan, Alsinet, Clavijo, Foronda y tantos otros, más de cien, que se mencionan en los diez tomos de mi Bibliografía5. Aunque son más numerosas las traducciones de textos históricos y literarios, los más estudiados son los introductores en la Península de los escritos económicos europeos6,
2. GONZÁLEZ PALENCIA, Ángel. Notas sobre la enseñanza del francés a fines del siglo XVIII y prin- cipios del XIX. Revista Nacional de Educación, 1942, 23, pp. 26-34.
3. Texto ya citado por mí en La España del absolutismo ilustrado, p. 143.
4. LAFARGA, Francisco. La traducción en España (1750-1830). Lleida: Universitat de Lleida, 1999 y en colaboración con M.L. DONAIRE, Traducción y adaptación cultural: España y Francia, Oviedo:
Universidad, 1991. José Francisco Ruiz Casanova, con miras más amplias, ha publicado una muy extensa Aproximación a la historia de la traducción en España, Mádrid: Cátedra, 2000.
5. AGUILAR PIÑAL, Francisco. Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII. Madrid: CSIC, 1981-2001.
6. REEDER, John Ph. Bibliografía de traducciones al castellano y catalán, durante el siglo XVIII, de obras de pensamiento económico. Moneda y crédito, 1973, 126, pp. 57-77 y Economía e Ilustración en España: traducciones y traductores, 1717-1800. Moneda y crédito, 1978, pp. 47-70. Más recientemente,
con especial atención a los economistas Adam Smith, Necker, Turgot, Condillac, Genovesi, Filangeri, Beccaria o Duhamel du Monceau, que influyeron decisivamente en la nueva orientación teórica de nuestra política económica y social.
Pero no menor importancia tiene en el siglo XVIII español el conjunto de libros franceses que introducen las novedades «prácticas», es decir, «técnicas», que van naciendo en la Europa de las Luces sobre temas industriales, agrícolas y comer- ciales, pero sobre todo de ciencia aplicada, que van a desterrar usos y costumbres tradicionales, pero obsoletos en el nuevo mundo soñado por los filósofos de la Ilustración. En este campo el atraso español era evidente y reconocido por los polí- ticos, pero el principal obstáculo para su modernización era la falta de traductores que, a la vez, tuviesen conocimiento de las materias traducidas y del lenguaje a emplear, con un léxico novedoso, inusual en España, ya que las obras científicas publicadas con anterioridad estaban escritas en latín, por lo general. Era preciso contar con especialistas que, además, fuesen capaces de crear los neologismos necesarios, sin adulterar el idioma7.
En uno de los últimos «Cuadernos de Historia de la Ciencia», de la Universi- dad de Zaragoza, se ha publicado un «Ensayo de Diccionario de Traductores» que incluye las biografías compendiadas de algunos traductores que contribuyeron con su dedicación y esfuerzo a la difusión de la Ciencia en España8. Recordaré algunos nombres que merecen ser destacados por su ambiciosa labor de traducciones técnicas, beneficiosas para el conjunto de la sociedad española, muy especialmente para los artesanos, médicos, agricultores, fabricantes o científicos. Carlos Le Maur tradujo los Elementos de Comercio (1765) de Forbonnais; el botánico Casimiro Gómez Ortega tradujo varias obras de Duhamel: Memorias sobre la granza (1763), Física de los árboles (1772), Tratado de las siembras (1773) y Tratado del cuidado de los bosques (1774); Pedro Dabout, Discurso sobre el mejoramiento de los terrenos (1774) de Henry Pattullo; Galisteo y Xiorro tradujo en la década de los setenta los tratados médicos y quirúrgicos de Astruc, Ledran, Louis, Presle, Levret y Tissot;
Benito Bails, famoso matemático, el Tratado de la conservación de la salud (1781) de Ribeiro; Tadeo Lope y Aguilar, los Elementos de Física (1787) de Sigaud de La Fond;
Pedro Gutiérrez Bueno, el Método de una nueva nomenclatura química (1788) de Lavoisier, y una Memoria sobre el blanqueo del lino (1790) de Berthollet; Domingo
el Instituto de Estudios Fiscales ha propiciado la publicación de la bibliografía realizada por Rocío SÁNCHEZ LISSÉN y Mª José ARACIL FERNÁNDEZ. Traducciones al español de libros de Hacienda pública (1767-1970). Sevilla: Universidad, 2001. Siguiendo la escuela de mi malogrado amigo, vilmente asesi- nado, Ernest Lluch, que estaba profundizando en las raíces y consecuencias de la fisiocracia en España, su discípulo Vicent LLOMBART ha logrado completar las Traducciones españolas de economía política (1700-1812): catálogo bibliográfico y una nueva perspectiva. Cromohs, 2004, 9, pp. 1-14.
7. GARCÍA GARROSA, Mª. Jesús y Francisco LAFARGA. El discurso sobre la traducción en la España del siglo XVIII. Estudio y antología. Kassel: Ed. Reichenberger, 2004.
8. RIERA PALMERO, Juan y Luis RIERA CLIMENT. La Ciencia extranjera en la España ilustrada. Zara- goza: Universidad, 2003. El profesor Riera Palmero dirige las monografías del Seminario de Historia de la Medicina de la Universidad de Valladolid.
García Fernández, Elementos de Farmacia teórica y práctica (1793) de Beaumé y Elementos del arte de teñir (1795) de Berthollet. El jesuita Esteban Terreros y Pando tradujo la obra fundamental del abate Pluche, Espectáculo de la naturaleza, y fue autor, además, de un Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes, y sus correspondientes en las tres lenguas, francesa, latina e italiana (1786-93)9. Vicente Alcalá-Galiano, por otra parte, fue el promotor de los estudios de la «nueva ciencia de la Meteorología»10.
Uno de los más activos traductores del momento fue Miguel Jerónimo Suárez y Núñez, quien, al publicar sus primeras traducciones (1771), se presenta en la República de las Letras11, a los 38 años, como «socio de mérito» de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, fundada apenas hacía cinco años12 y en la que ingresó en 1769, como «socio profesor», siendo Director de las Reales Fábricas de El Puerto de Santa María; también como corresponsal de la Academia de Agricultura de Galicia13 y honorario de la Academia Latina Matritense14. Todavía no era archi- vero, por tanto, cuando publica sus primeras traducciones. De su vida anterior se tienen pocas noticias. Por un informe del Archivo Histórico Nacional15 se sabe que durante ocho años tuvo a su cargo una Casa de Comercio abierta en Sevilla, «por cuenta de la Casa de Uztáriz, Vélez y Cía. de Cádiz, que levantó en 1764 para pasar a establecer en Puerto de Santa María las Fábricas de seda tituladas de la Concep- ción, de que fue director general hasta 1771, año en que suspendió pagos D. Juan José Vélez, conde de Guevara, en quien habían recaído aquellas Fábricas». Por su
9. Hay edición facsímil en cuatro volúmenes, por la editorial Arco Libros (1984).
10. VALLÉS GARRIDO, José Manuel. Un científico Amigo del País en la España de la Ilustración:
Vicente Acalá-Galiano (1757-1810). Segovia: 2004.
11. Véase La República de las Letras en la España del siglo XVIII de Joaquín ÁLVAREZ BARRIENTOS, Inmaculada URZAINQUI y François LOPEZ, Madrid: CSIC, 1995.
12. Los Estatutos de la Sociedad Vascongada fueron aprobados en 1765. Ver Paula y Jorge DEMER-
SON y Francisco AGUILAR PIÑAL. Las Sociedades Económicas de Amigos del País en el siglo XVIII. Guía del investigador. San Sebastián: 1974. En el Plan de la Colección general de estatutos de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (Vitoria, 1770) aparece el nombre de Suárez y Núñez como «socio Profesor», director de las Reales Fábricas del Puerto de Santa María, en 1769, el mismo año en que ingresaron Campomanes, Francisco de la Mata Linares y Pablo de Olavide.
13. Nacida cuando Campomanes redactaba su Idea segura para extender y adoptar en España los conocimientos verdaderos de la Agricultura (1763), inédito que se conserva en la Fundación Universitaria Española (Pap. de Campomanes, 21-17). Puede consultarse Paula y Jorge DEMERSON. Una pionera: la Academia de Agricultura de Galicia, decana de los Sociedades Económicas de España. En Homenaje a Pedro Sainz Rodríguez, 1986, III, pp. 203-217.
14. Creada en 1755 por quince profesores de latín de la Corte, que se enemistaron entre ellos por rivalidades profesionales y económicas (ya que no había alumnos suficientes para todos) recibió en 1770 el apoyo de Carlos III, que les otorgó la facultad de expedir títulos académicos y controlar la enseñanza, como paso previo a la secularización que siguió como política docente a la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767. Ignoro si Suárez fue profesor de latín en Madrid. (Cf. AGUILAR PIÑAL, F. La Real Academia Latina Matritense en los planes de la Ilustración. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 1968, III, pp. 183-217.
15. Hacienda, 2923/487.
actividad posterior hay que suponer que esa Casa de Comercio trataba en sedas, paños y toda clase de tinturas de telas. Reconoce que, después de haber estudiado matemáticas, se ejercitó en la «química experimental, con la idea de perfeccionar en España el Arte de la tintura». He tenido que desechar, por imposible, la idea de que Suárez estudiase química en el famoso Seminario de Vergara, al que una real provisión de 19 de agosto de 1769 destinó los edificios de la Compañía de Jesús en Vergara, «para la educación de la juventud», pero que no se estableció hasta 1776 y cuya enseñanza comenzó en 1778, cuando se incorporaron los jóvenes franceses François Chabaneau y Louis-Joseph Proust, ambos de 24 años, como profesores de Física y Química experimentales, respectivamente16. En el catálogo de 1768, que aparece al final del Ensayo de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País, figura como socio supernumerario Juan Miguel de Uztáriz (que ingresó en 1767), Director de la Real Fábrica de Talavera, pero no el de Suárez y Núñez (ingresado en 1769), al que sí se le menciona en la lista de socios publicada en el Plan de la Colección general de Estatutos, de 1770, ambos residentes en Madrid. No figura entre los alumnos, ni entre los profesores «provisionales» del Seminario, en el que
«la disciplina más destacada fue la Química, cuyo estudio tuvo por primera vez en España un carácter experimental y eminentemente práctico»17.
Pero antes de su regreso a Madrid, en la década de los sesenta, durante su estan- cia en Andalucía, dio muestras de su inquietud literaria, escribiendo una Censura de la sátira, que se conserva inédita en la Institución Colombina de Sevilla18. El escrito es de gran interés, no sólo para conocer la cultura de que hace gala el autor, sino también para enmarcarlo en el ambiente satírico y crítico que se vivía en España durante los primeros años del reinado de Carlos III. El autor se presenta como un cristiano comprometido y enemigo de la sátira como medio de mejorar las costumbres: «Por más útil que nos quieran pintar la sátira, es constante que los celosísimos escritores de los primeros tiempos jamás echaron mano de este medio entre los cristianos». Repasa a grandes rasgos la historia desde griegos (cínicos y estoicos) y romanos, para terminar en su época, colmada de críticos, sobre todo periodísticos, que carecen de autoridad para la censura: «No hablo de sujetos, ni aun me limito a censurar escritores determinados. Pregunto en general, de la sátira: ¿con
16. SILVÁN, Leandro. Los estudios científicos en Vergara a fines del s. XVIII. San Sebastián: 1953.
17. MARTÍNEZ RUIZ, Julián. Filiación de los seminaristas del Seminario de Vergara, pp. 73-82 y SILVÁN, Leandro. Algunas características del plan cultural patrocinado por la Real Sociedad Vascongada.
Pp. 155-178. Ambos en Las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País y su obra. San Sebastián:
1972.
18. Censura de la Sátyra. Examen de algunas objeciones contra las costumbres de este Siglo; y Apología de las conductas de nuestras Damas Españolas, principalmente de las Damas Gaditanas.
Con algunas reflexiones sobre la educación de la Infancia. Por Dn. Miguel Gerónimo Suárez y Núñez, Archivero de la junta General de Comercio: Socio de mérito y Profesor de la Real Sociedad Bascongada, y Académico Corresponsal y Honorario de las Reales Academias de Galicia, Sevilla y Latina Matritense.
(Bib. Colombina, 58-4-34).
qué títulos se usurpa la jurisdicción de juez de los vivos y los muertos?». Sale a la Alameda (se supone que de Cádiz) y no encuentra los vicios que señalan «algunos papeles» satíricos, escritos sin duda por mano extranjera, «porque estoy persuadido a que no es, no puede ser español el artífice de estas calumnias». Defiende con ardor el recato de las mujeres españolas, precisando que «solas las Damas Sevillanas pudieran dar lecciones exquisitas en este punto» y que se anima a escribir al leer
«acusaciones tan feas de nuestras Damas Españolas, y con especialidad de las de Cádiz», agregando esta nota biográfica: «Había yo vivido en muchas de las principales y más opulentas ciudades de esta monarquía, y no lo había visto». Nada que justifi- que tan sañudas sátiras. «¿Se han de hacer monjas todas las mujeres? ¿Han de estar encerradas en un serrallo, como las tienen los turcos?». Escribe ampliamente sobre las relaciones de los sexos, de la «marcialidad» de algunas, cuyo concepto explica, poniendo como ejemplos a la reina de España Isabel la Católica, la emperatriz María Teresa de Austria, la zarina Catalina de Moscovia. «Estos son los exemplares de la Marcialidad y del Heroísmo de su sexo».
Porque la mujer, como aclara, no puede educarse entre cuatro paredes, sino que ha de aprender a convivir en sociedad, ya que algún día, de casada, habrá de atender a los negocios de su ausente esposo. Se muestra partidario acérrimo de la modernidad:»La historia de Gassendo y de Mr. Descartes —escribe— es una Iliada sin término de persecuciones movidas contra ellos en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Esta misma fue la suerte de Campanela, Galileo, Maignan, en una palabra, de todos los que adelantaban un paso más en lo que supieron los antiguos».
Reconoce, sin empacho, el cambio generacional, ya que «nosotros no acabamos de ser modernos. Pero ya seremos viejos: pronto se dispondrán nuestros jóvenes a disputarnos nuestras propias opiniones». En otra parte, el mismo «escritor periódico»
al que critica, se atreve a satirizar a los españoles, calificándolos de afeminados».
Acusación injusta, denuncia, aunque admitiendo un grado de ociosidad, causada por la abundancia de riquezas que provienen de las Indias. Su feminismo se alegra de la sana libertad de que gozan en España las mujeres: «Hemos enmendado aquel rigorismo de guardarlas como esclavas, según nos habían inspirado los árabes», y ya los matrimonios gozan de una fidelidad basada en el amor. También rechaza con energía la acusación que se hace de libertinos a los militares y propone que los cortejos queden prohibidos a los hombres casados y a los eclesiásticos, finalizando con un soneto (prosaico) «en desagravio de nuestras Damas españolas».
Sigue un Discurso sobre la educación de la infancia, también inédito. El manuscrito (en la versión conservada en la Biblioteca de Bartolomé March)19 está fechado en 1763 y con toda probabilidad está escrito en Cádiz, por su defensa de las mujeres gaditanas y por citar expresamente los paseos de Cádiz. (Aunque no hay que desechar a Sevilla, ciudad donde ejerció su profesión y donde quedó el
19. No he podido cotejar los dos manuscritos, porque la Biblioteca de Bartolomé March ha sido trasladada a Palma de Mallorca.
manuscrito. Y suponemos los múltiples contactos que tendría con Cádiz, donde estaba la casa-madre de su negocio). El año de 1763 es la misma fecha en que aparece la obra periódica La Pensadora gaditana, cuya autoría a nombre de «Beatriz Cienfuegos» sigue siendo un enigma para los estudiosos. Hay dos ediciones modernas del periódico: una, antológica, debida a Cinta Canterla (1996), que estudia también los conceptos de «patria» y «nación» en las páginas del periódico20, y otra, completa, del hispanista Scott Dale (2005), con posiciones críticas no coincidentes sobre la autoría, aunque ninguna concluyente. En la edición completa21 hay capítulos sobre la marcialidad, la afeminación de los hombres, el tapado, el matrimonio, el cortejo, la educación de los hijos, que son temas también tratados por Suárez y Núñez en su manuscrito inédito. Lo mismo cabe decir de la inclusión de un soneto al final de los capítulos. Al principio, me ilusionó la idea de que fuesen escritos por la misma mano, pero el cotejo estilístico y temático ha dado resultados no concluyentes.
Suárez, desde luego, es un buen patriota, sabe escribir correctamente, pero sin los adornos metafóricos de la «Pensadora». Ambos escritos están fechados el mismo año, en el mismo lugar y con las mismas intenciones de elogiar al sexo femenino.
Sin duda se tenían que conocer. Tampoco cabe duda de que Suárez discutiría en las tertulias a que acudía sobre la supuesta «Beatriz», a quien todos querían conocer. Su Censura se dirige contra las injustas acusaciones antifeministas y contra los »abusos»
denunciados de los «papeles satíricos». ¿Se podrá identificar a este gran defensor de las damas con la enigmática Beatriz Cienfuegos? Este interrogante sólo puede ser contestado por los especialistas en la prensa del XVIII.
Pero muy pronto, la vida de este incipiente escritor moralista va a dar un giro inesperado y brusco. El relato de su vida continúa dibujando una personalidad inquieta, activa y emprendedora, que coincide, casi año por año, con el reinado de Carlos III. Entre sus méritos y servicios anota los viajes que realizó «a su costa» por toda la península en 1766, «recorriendo todas las Fábricas, Industrias y Manufacturas, averiguando las causas del atraso de algunas». Este era el consejo de Campomanes,
«y es lo que efectivamente, debieron hacer los traductores: visitar talleres y oficinas, hablar con los artesanos, con los fabricantes, con los especialistas en cada materia que les proporcionaron los términos facultativos»22. Este párrafo parece escrito pensando en Suárez y Núñez, pues, según cuenta, visitó también las fábricas de seda de Valencia y Aragón, pasando después a las de Talavera y Andalucía (Sevilla, Granada y Jaén), pero no parece que como mero turista, sino «estableciendo en ellas la Prensa de aguas y de alustrar tejidos». Es decir, que, de alguna forma, estaba
20. CANTERLA, Cinta. El problema de la autoría en La Pensadora gaditana. Cuadernos de Ilustra- ción y Romanticismo, 1999, 7, pp. 29-54 y Patria y nación en La pensadora gaditana. Cuadernos de estudios del siglo XVIII, 2005, 15, pp. 33-44.
21. La pensadora gaditana, por Doña Beatriz Cienfuegos. Edición, introducción y notas de Scott Dale. Newark, Delaware: Juan de la Cuesta, 2005.
22. Así lo indican en su estudio preliminar María Jesús García Garrosa y Francisco Lafarga en su citado libro El discurso sobre la traducción en la España del siglo XVIII. Estudio y antología.
comisionado y autorizado para enseñar algunas novedades industriales, sin que se pueda precisar más. Pero parece cierto que este viaje lo realizó después de dirigir en El Puerto de Santa María las escuelas de enseñanza pública de nuevos métodos para tejer medias y redecillas de seda, hilar el lino al torno, «hacer listonería batida de Nápoles para sustituir la tradicional cintería de jaquelillo, en que se emplean miles de gentes en Sevilla, Córdoba, Granada»23. La maestra, que cobraba seis reales diarios, tenía a su cargo doce telares «y en ellos se trabajaban a diario entre 120 y 130 varas de listonería, al precio de seis maravedíes, que suponían un ingreso de 21 a 23 reales cada día». De esta forma, dice, «se habilitaron en tres años más de seiscientas mujeres». Estableció, por tanto, con espíritu plenamente «ilustrado», y precursor de las «escuelas patrióticas», las cinco escuelas de tejidos para «enseñar gratuitamente varias maniobras a las gentes pobres de El Puerto de Santa María, en donde sólo se conocían las fábricas de seda por el nombre»24.
En 1769 pasó, también «a sus expensas», aunque por orden de la Real Junta de Comercio, a la ciudad de Barcelona, para que Isidro Catalá le enseñase «el modo práctico de pintar sobre telas de seda». En compensación, «enseñó en San Feliu de Llobregat «el modo de hilar la seda por el método Vaucanson». Visitó, además, algunas fábricas de Montpellier, Carcassonne y Marseille. Con todo este bagaje se dispuso a comenzar su trabajo de traductor, con tal intensidad que, sólo en el primer año (1771) publicó tres obras importantes que descubrían a los españoles, en su propio idioma, las novedades que Francia ofrecía en tres campos de la mayor utilidad práctica: las tinturas de toda clase de materiales para adorno y vestido, de Delormois25; el arte de teñir las sedas, de Macquer26; y la nueva fabricación de
23. Este «método» fue publicado en 1787, en el tomo III de las Memorias de la Económica Matritense.
24. Real Sociedad Económica Matritense, Informe de 1779, en el leg. 27/24.
25. Arte de hacer las indianas de Inglaterra; los colores firmes para ellas; las aguadas o colores líquidos para la pintura sobre telas de seda; para la miñatura y los planos, y para teñir maderas, plumas, pajas, cerda, marfil y otras cosas. Escrito en francés por Mr. Delormois, dibujante y colorista de S.M.
Christianissima. Traduzido de orden de la Real Junta General de Comercio, Moneda y Minas y añadidas varias noticias sobre el modo de preparar en Indias el Algodón para las telas, fábrica de éstas, su pintura, tintura, etc. sacadas de las Memorias Geographicas, Phisicas e Históricas de la Asia, Africa y América. Por Don Miguel Gerónimo Suárez y Núñez, Socio de mérito de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y Académico Corresponsal y honorario de las Reales Academias de Agricultura de Galicia y Latina Matritense. Madrid: Imp. de la Gazeta, 1771. Con licencia privativa por cuatro años. Al final de la obra, el traductor añade unas Notas, a modo de índice de materias, donde se explica qué es el antimonio, el vitriolo, el alumbre, el arsénico, y dónde se encuentran en España, así como el modo de hacer el agua- fuerte, el carmín o la laca. En notas a pie de página asegura que «nosotros tenemos varias maderas de América que dan el color amarillo mucho mejor que el fustet, de que comúnmente se usan en Francia»;
que «el añil de Guatemala es hermosísimo, pero mucho más caro que el azul de Prusia»; que «la sal catár- tica nuestra, una vez purificada por los ingleses, se trae a España, «llevándose crecidas cantidades». Una de las mejores sales se encuentra «en una fuente mineral de Vacia.-Madrid, tres leguas de la Corte».
26. Arte de la tintura de sedas. Escrito en francés por Mr. Macquer: Publicado por la Academia Real de las Ciencias de París. Y traducido al castellano de orden de la Real Junta de Comercio, Moneda
sombreros, del abate Nollet27. Las traducciones debieron ser del agrado de la Junta de Comercio, de cuya orden se realizaron, aunque no corrieron a su costa, ni se imprimieron en la misma imprenta.
En consecuencia, la Real Junta de Comercio y Moneda, cuya ascendencia sobre Suárez desconozco28, le nombró Archivero en 1772, con un sueldo anual de cuatro mil reales, insuficiente a todas luces e indigno del extraordinario esfuerzo del voluntarioso traductor, que había sucedido al anterior archivero Mateo Barbieri, quien ocupaba el cargo desde 1769. A pesar de todo, siguió con su empeño y en poco más de dos años logró reunir gran cantidad de estampas y grabados de maquinaria técnica para fabricación de todas clases de objetos útiles al conjunto de la sociedad, vertiendo al castellano la explicación de cada una de ellas, lo que dio lugar a la publicación de 54 láminas con sus correspondientes explicaciones, sobre molinos, péndulos, relojes, grúas, fuelles, aserradores de materiales duros, bombas para elevar el agua, batanes, poleas, modos de hacer tiendas de campaña, puentes de gran longitud, y otros artificios útiles para agricultores, artesanos y comerciantes, a la que dio el título genérico de Colección general de máquinas29.
y Minas por Don Miguel Gerónimo Suárez y Núñez, Socio de mérito de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País; y Académico corresponsal y honorario de las Reales Academias de Agricultura de Galicia y Latina Matritense. Madrid: Blas Román, 1771. Esta obra tiene ya seis láminas plegadas y se vendía en la «Tienda de D. Joseph Ballejo, Puerta del Sol; y en la Librería de Copin, Carrera de San Gerónymo». Al tratar de la Grana Kermes, el traductor anota: «Contra lo que aquí supone el autor, ha demostrado D. Juan Pablo Canals que la Grana Kermes prende muy bien en la seda por medio de la sal de Saturno y otras sales, como acreditan las muestras que presenté a la Real Junta de Comercio y cuyas operaciones por menor constan en las Memorias que de su orden publicó en 1768».
27. Arte del sombrerero, escrito en francés por el Abad Nollet, de la Academia Real de las Ciencias de París: Y traducido al castellano, de orden de la Real Junta General de Comercio, Moneda y Minas, por Don Miguel Gerónimo Suárez y Núlez, Socio de mérito de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País; y Académico corresponsal y honorario de las Reales Academias de Agricultura de Galicia y Latina Matritense. Madrid: Andrés Ramírez, calle de la Magdalena (sin año). El privilegio, por cinco años, está fechado en San Lorenzo del Escorial, el 10 de octubre de 1771. Tiene también seis láminas en español, grabadas por Cuesta. En la introducción, el autor francés presenta una breve historia del sombrero, en la que expone que «sólo intento manifestar las materias que actualmente se emplean y las diferentes formas que se dan a la especie de gorro con ala redonda a que damos el nombre de sombrero». Naturalmente, indica que los mejores sombreros se fabrican en Francia, y muchos se exportan a España
28. La Real Junta de Comercio, Moneda y Minas tuvo su origen en 1679, fusionándose en 1730 con la Junta de Moneda, a la que se unieron más tarde las ramas de Minas y Extranjería. En el Minis- terio de Hacienda se conserva, manuscrita, la historia de esta Junta de Comercio, escrita en trece volúmenes por Eugenio Larruga y Boneta, el sucesor de Suárez como Archivero en la Junta desde 1779.
Comenta Larruga que Suárez «no hizo nada, porque el sueldo era corto y tuvo que dedicarse a otras tareas que le diesen honor, como lo ha conseguido con las traducciones». Obsérvese que los motivos no son económicos, sino honoríficos, aunque impulsados por la Junta. Véase MOLAS, Pere. La Junta General de Comercio y Moneda. La Institución y los hombres. Cuadernos de Historia, 1978, 9, pp. 1-38.
29. Colección general de Máquinas, escogidas entre todas las que hasta hoy se han dado a luz en Inglaterra, Francia, Italia y otros reynos; y en que se comprehenden los utensilios y demás máquinas que se han inventado en ellos para facilitar las operaciones de las Artes y Oficios, según las publica
Debo anotar aquí el testimonio del Ensayo de la Sociedad Bacongada de los Amigos del País (Vitoria, 1768), obra ya citada, en la que se daba cuenta de las novedades en toda clase de materias experimentales, que bien pudieran haber servido de modelo a Suárez y Núñez.
Confirmada la utilidad de tales publicaciones y empeñado Suárez en su carrera profesional como traductor, busca el amparo de instituciones culturales ya conso- lidadas, como la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, que le admite como académico honorario en diciembre de 177330, y poco después de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, una institución naciente, promovida por el todopoderoso Fiscal del Consejo don Pedro Rodríguez Campomanes, que había publicado y repartido con generosidad por toda España su Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento31 y estaba buscando afanosa- mente socios que secundaran sus ideas en una institución orientada al fomento de la artesanía, la agricultura, la industria y el comercio, a imitación de la Vascongada.
Lastimosamente, Campomanes dirigió su mirada a las personas que menos le podían ayudar: la nobleza y el clero. Entre los socios propuestos por él figuran en las Actas los duques de Alba, de Crillon y de Osuna, los marqueses de Villafranca, de Villanueva del Duero y del Real Tesoro, los condes de Castillejo y del Puerto, un obispo electo de Nicaragua y militares de alta graduación como el Teniente General y Gobernador Militar de Madrid, el futuro ministro Pedro Cevallos. Por supuesto, ninguno de ellos participó en la vida activa de la Sociedad. Esta Sociedad Económica de los Amigos del País de Madrid, nacida en 1775, era el proyecto más querido de Campomanes, al que, quizás con excesivo optimismo, auguraba un gran porvenir, por ser «una imitación acertada de semejantes establecimientos establecidos en Berna y Dublín, cuyas dos Sociedades han propagado la industria de los suizos e irlandeses al mayor punto de prosperidad». (No menciona a la Vascongada).
Su experiencia en la fundación de escuelas de hilados y sobre todo la reciente publicación de sus traducciones técnicas constituían, a juicio de Suárez, el mejor aval para su candidatura de nuevo socio de la Matritense. En efecto, en la Junta de la Sociedad, celebrada en locales del Ayuntamiento como todas las iniciales, el 25 de noviembre del mismo año fundacional, Campomanes presenta las obras de Suárez y Núñez, con la recomendación de su admisión «mediante lo útil que
la Real Academia de las Ciencias de París. Traducido por Don Miguel Gerónimo Suárez y Núñez, Archivero de la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas: Socio en las clases de Mérito y Profesor de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País; y Académico corresponsal y Honorario de las Reales Academias de Agricultura de Galicia y Latina Matritense. Madrid: Andrés Ramírez, 1773. Incluye 54 láminas, copiadas por los grabadores españoles Joseph Giraldo, Joseph Hernández, Fernando Palo- mino, Mansilla y Bernardo Albiztur. Los textos son una mera explicación de las láminas. Esta obra tuvo una segunda edición, en dos volúmenes, por el impresor madrileño Pedro Marín, en 1783/84.
30. AGUILAR PIÑAL, F. La Real Academia Sevillana de Buenas Letras en el siglo XVIII. Madrid: 1966, p. 316.
31. Cito por mi edición de la Editora Nacional, Madrid: 1978.
podría ser para las traducciones de obras que se le presentasen»32. Se le admitió sin más pesquisas, el mismo día que al duque de Frías y José Pérez Roldán, influ- yente Director de los Cinco Gremios Mayores de Madrid. Pero haciendo constar que se admitía como «socio de mérito», sin contribución económica, ya que carecía de fortuna personal y de ingresos cuantiosos, como los demás miembros de la Sociedad. Sin más respaldo que su laboriosidad33, un escritor, prolífico traductor de obras útiles a los proyectos de la Matritense, con poco más de 300 reales de sueldo mensual, se sentaba junto a duques, condes, marqueses, militares con mando en plaza, burgueses y adinerados comerciantes de la Corte34. Estos comerciantes son quienes, desde el principio, constituyeron el grupo más numeroso, interesado y activo, hasta que fueron comprobando la realidad de la política de Carlos III, adversa a las corporaciones gremiales y sus privilegios35. Tres de los socios funda- dores tenían intereses en el comercio de la Corte: José de Almarza, Vicente de Rivas y Policarpo Sáenz de Tejada. A ellos se unieron en los primeros meses otros comerciantes madrileños, como Manuel Navajas, José Gil de la Torre, Antonio de Ibarrola, Manuel García de Tejada, Baltasar de Iruegas, Juan Antonio de los Heros, Antonio Sobrado, Juan Manuel Diliz, Juan Machón, José Melchor de Urquijo, Tomás de Jáuregui, Matías de Sobrevilla y Nicolás de Echenique, del comercio con Amster- dam. Frente a los diez socios que se adscribieron a la Clase de Agricultura, otros 39 lo hicieron a la de Artes y Oficios (a la que perteneció Suárez) mientras que la de Industria, la más poderosa, contaba con 67 miembros. Según las Actas, en 1789 un artesano francés, de apellido Dupaquier, tornero real, solició el ingreso,
32. RSEM, Acta del 25 de noviembre de 1775.
33. Hecha esta afirmación, no carente de respaldo en su biografía, cabe pensar en un apoyo de la familia Uztáriz a su antiguo empleado. Suponiendo, con todas las reservas, que esta familia de comerciantes gaditanos tengan algún parentesco con los Uztáriz navarros. El primero, Gerónimo, secretario de Indias hasta 1732 y autor de una muy famosa Teoría y práctica de Comercio (1724) y su hijo, Casimiro, que fue secretario de la Junta de Comercio desde 1722. Como falleció en 1766, este marqués de Uztáriz pudo haber estado detrás de las traducciones de Suárez y Núñez, «de orden de la Junta de Comercio». La admisión de Suárez, como queda dicho, «en la clase de socio de mérito» figura en la RSEM, leg.4/5.
34. Basta repasar las Actas de la Económica Matritense para comprobar que ingresaban en ella los personajes más destacados de la Corte, los Grandes de España, funcionarios y políticos de primera fila, con la única salvedad de residir en Madrid y «su distrito», que comprendía —de momento— las provincias de Toledo, Guadalajara, Segovia y Ávila. Suárez se sentiría, pues, muy halagado al poder sentarse junto a los prohombres que rodeaban a Carlos III. En la siguiente Junta ingresaron el ministro Múzquiz, Eugenio Llaguno, los hermanos Domingo y Bernardo Iriarte, Ventura Figueroa y el pintor Mengs. Desde luego, Suárez superó a todos en asistencias y laboriosidad en los trabajos de la sección de Artes y Oficios, de la que fue nombrado secretario en 1776. Para una breve reseña histórica de la Económica de Madrid, puede leerse mi conferencia La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Madrid: Ayuntamiento-Instituto de Estudios Madrileños, 1972.
35. Los gremios vieron el fin de sus días en el resto de Europa desde 1770, al menos, en que los suprimió el Gran Duque de Toscana. Después le fueron imitando Suiza (1776), Austria (1786), Francia (1791) y Gran Bretaña (1800). En España el proceso se prolongó hasta 1836.
también como «socio de mérito», por sus conocimientos y «habilidad para construir máquinas». Es uno de los pocos socios artesanos reconocidos, a los que quizás se podrían añadir los relojeros Felipe Charots, Manuel Zerella y Diego Rostriga, junto a pintores como Maella y Mengs, o escultores con Alfonso Bergaz, Juan Lacombe y Felipe de Castro, el primer socio fallecido. Un estudio detallado de la Clase de Artes y Oficios reconoce que «el artesanado urbano es el grupo social peor cono- cido de nuestra historia», aunque estaba en el punto de mira político y social de las Sociedades de Amigos del País, que «intentaron racionalizar el proceso productivo y mejorar la condición sociolaboral de los menestrales»36.
En 1776, al enunciar sus méritos en la portada de sus traducciones, añade a los títulos conocidos el de socio de la Económica de Baeza y Jaén, fundada en el mismo año de la Matritense, para asociar en el empeño a «los verdaderos Patricios de Baeza y Reino de Jaén», fundada por el arcediano de Úbeda, Joaquín de Salazar, aunque los socios jienenses se desgajaron en 1786, formando nueva Sociedad, promovida por el obispo de Jaén37. De 1776 es su traducción del Arte de cultivar las moreras38 y de 1777 el Arte de Cerero. En la primera, Suárez se deshace en elogios del gusano de seda: «¿Celebró por ventura Ovidio alguna metamorfosis tan maravillosa como la de este animal?». Describe con detalle su corta vida (que no llega a seis semanas) y comenta la riqueza que produce, sobre todo en España, donde —dice— «están cubiertas de moreras Andalucía, Murcia y Valencia… Si a España se le quitasen las sedas sería despojarla, con solo este golpe, de algo más de la mitad de sus rentas o usufructos». Pero el país no debe dormir en sus laure- les, por la fuerte competencia de China y demás países orientales, con Francia, Prusia, Dinamarca, Suecia, y grandes extensiones de Italia (Nápoles, Sicilia, Toscana,
36. Así lo indica Antonio Manuel Moral Roncal en su estudio Gremios e Ilustración en Madrid (1775-1836). Madrid: 1998, al tratar de la «Prosopografía (palabra mal empleada) y organización de la Clase de Artes y Oficios», donde disecciona esta clase, dividiéndola en grupos sociales más o menos homogéneos, pero extraña que despache a Suárez y Núñez en media página, cuando fue el alma de Artes y Oficios durante varios años. Además, comete varios errores, como afirmar que sus traducciones eran «folletos», constituidos por «reflexiones de la élite ilustrada española». Desde luego, sus traduc- ciones no fueron de Teoría económica», sino de aplicación práctica y técnica. Algunos de estos fallos, así como el título y número de sus traducciones, hubieran sido fácilmente subsanables si hubiera consultado mi Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, a la que no menciona entre las obras de obligada consulta.
37. Algunos han pensado que se trataba de dos Sociedades distintas, pero estuvieron unidas hasta 1786. Cf. DEMERSON, P. y J., AGUILAR PIÑAL, F. Las Sociedades Económica de Amigos del País en el siglo XVIII. Guía del investigador. San Sebastián: 1974.
38. Arte de cultivar las moreras: el de criar los gusanos de seda y curar sus enfermedades, y el de la hilanza de la seda en organcín, y preparación del hiladillo. Traducido de orden de la Junta General de Comercio, Moneda y Minas, por Don Geronimo Suárez y Núñez, Archivero de la Secretaría de ella, Individuo de mérito de la Real Sociedad Económica Matritense y Bascongada de los Amigos del País; de la de Baeza y Reyno de Jaén; y Académico corresponsal y honorario de la Real Academia de Agricul- tura de Galicia, de Bellas Letras de Sevilla y de la Latina de esta Corte. Madrid: Pedro Marín, 1776. No es propiamente la traducción de un texto, pero cita a Vaucanson, Isnard y de la Plombanie.
Piamonte). Las fábricas españolas emplean cada año, continúa Suárez, de 24 a 25 millones de libras tornesas, «de las cuales 14 ó 15 son de importación». De aquí la importancia, recalca el traductor, de que el Estado anime a los particulares a multiplicar esta plantación. Esta obra le valió su nombramiento como secretario de la Clase de Artes y Oficios, en abril de 1776.
Al año siguiente ya daba al público el Arte de Cerero39, con un prólogo del traductor, donde afirma que «nuestros cereros españoles están más adelantados que los franceses». Y confiesa con modestia que las numerosas notas que ha añadido se deben «a las luces que me ha comunicado Don Juan Castellanos, maestro cerero de los más hábiles de esta Corte, establecido en la calle del Príncipe», quien le fran- queó su obrador con total generosidad. Esto le sirve para atacar la mezquindad de
«otros artífices que prefieren ocultar sus adelantos a la generosidad de revelarlos y ser útiles al Género Humano… imposibilitando el progreso y lustre de las Artes».
A continuación relata la penosa experiencia del generoso amigo Castellanos que sufrió la destrucción de sus instrumentos por el simple hecho de ser «nuevos», viendo cómo su negocio quedaba arruinado «por parte de otros oficiales del Arte, y hubo de acomodarse por fuerza al método tradicional de los demás». Esta postura de agresividad gremial es la que, con mejores intenciones que logros, intentó erradicar la Económica de Madrid, siendo Suárez y Núñez uno de sus primeros socios en corregir las nuevas ordenanzas de los gremios, acomodándolas a los nuevos tiempos. Meridianamente claras son sus palabras: La Real Sociedad Econó- mica Matritense «actualmente medita sobre desterrar tales preocupaciones y toda otra suerte de abusos que puedan impedir sus progresos a las Artes y Oficios». Al final de la obra incluye una «Noticia de los pueblos de España en donde se puede hacer acopio de cera», indicando que la mejor es la de Antequera, pero que es de Extremadura de donde «regularmente se surten las Cererías de esta Corte». Sigue un
«Diccionario de voces» de esta industria, que ocupa 25 páginas, del mayor interés para la lexicografía española, pero cuya iniciativa se ignoró un año después en la propia Sociedad, al tratar de elaborar un Diccionario técnico, propuesto por Sixto Espinosa en diciembre de 1777, idea retomada por Jovellanos en 1786, pero ninguno de los dos cita el precedente de Suárez y Núñez, ni tengo constancia de que le invitaran a colaborar.
En octubre de ese año 1777 pide licencia para publicar unas Memorias de Agricultura que la Sociedad remite al Consejo de Castilla, explicando que «ha dispuesto la traducción de varias Memorias escogidas entre las publicadas por las Academias de Francia, Inglaterra, Prusia y Suecia, y que corresponden a las Artes
39. Arte de Cerero, escrito en francés por Mr. Duhamel du Monceau: Traducido, de orden de la Junta General de Comercio, Moneda y Minas, y aumentado con varias notas: el Diccionario de las voces facultativas y una noticia de las cosechas de cera de las Provincias de España, en dónde se puede hacer acopio de ella... por Don Gerónimo Suárez y Núñez… Madrid: Pedro Marín, 1777. Si la traducción de las moreras iba acompañada por seis láminas, ésta de la cera traía nueve, por obra del grabador Bernardo Albiztur.
y Oficios, Fábricas, Agricultura y Comercio»40. El Juez de Imprentas, Manuel María de Nava, pide los originales de la traducción para ver si esta obra es de «la misma clase que la de D. Juan Cubié», quien había protestado porque él tenía licencia para imprimir una obra similar con el título de Semanario Económico. En la Sociedad, de letra del socio Nicolás Fernández de Moratín, nombrado censor, se puede leer: «aunque es semejante a la de Cubié no se pueden comparar» y la Junta completa el informe diciendo que «pueden correr juntas»41. Poco después comienza la publicación de los doce volúmenes de que se compone la obra Memorias instructivas y curiosas sobre Agricultura, Comercio, Industria, Economía, Chymica, Botánica, Historia Natural que publicó el impresor madrileño Pedro Marín, el mismo que había publicado las dos anteriores42. A juicio del profesor Riera ésta fue «la traducción más ambiciosa» de Suárez, obra «destacable por su amplitud de miras realmente enciclopédica, que reúne un amplísimo material de información, de las cuestiones de mayor aplicación y utilidad, en los ramos de la ciencia aplicada y oficios de los años finales del siglo XVIII. Las Memorias están sacadas de la mejor bibliografía europea del momento»… «La labor de Miguel Jerónimo Suárez Núñez tuvo que basarse, no sólo en la traducción, sino en una lectura e información cuidadosa, para seleccionar lo mejor y trasladarlo a los lectores y artesanos españoles del reinado de Carlos IV» (y de Carlos III, cabría añadir, ya que comenzó durante su reinado). El elogio del escritor que, sin ser original, aportó a la España de su tiempo un enorme caudal de conocimientos, no termina aquí, sino que: «merecería un puesto de obligada cita en la ciencia y técnica española del siglo XVIII, que hasta ahora no ha sido suficientemente valorada»43. En efecto, este benemérito traductor no sólo no aparece en las obras de consulta más usuales, ni en diccionarios o enciclopedias de escritores, sino que lo ignora, incluso, el Diccionario histórico de la Ciencia moderna en España (Barcelona, Edicions 62, 1983). Igualmente extraño me parece que el profesor Moral Roncal, en su extenso y bien documentado estudio sobre la Matritense, no aluda a Suárez más que de pasada, sin elogiar como se merece sus traducciones,
40. AHN, Consejos, leg. 5540/26.
41. RSEM, leg. 16/26.
42. Memorias instructivas y curiosas sobre Agricultura, Comercio, Industria, Economía, Chymica, Botánica, Historia Natural, etc. Sacadas de las obras que hasta hoy han publicado varios autores extranjeros y señaladamente las Reales Academias y Sociedades de Francia, Inglaterra, Alemania, Prusia y Suecia. Por Don Miguel Gerónimo Suárez y Núñez, Archivero de la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas: Individuo de mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos del Pays de esta Corte, y su Vice-Secretario en la clase de Artes y Oficios: de la Bascongada, y de las de Vera y Baeza, y Académico correspondiente y honorario de las Reales Academias de Agricultura de Galicia, de Bellas Letras de Sevilla y Latina Matritense. Madrid: Pedro Marín, 1778.1791. 12 vols. De esta obra se publicaron reseñas en el Memorial Literario en los años 1784, 85 y 86. Hay expedientes de censura en el AHN, Consejos 5540/23 y 50674.
43. RIERA PALMEROY RIERA CLIMENT, op. cit., p. 191.
afirmando que «sólo se imprimieron en las Memorias de la Sociedad algunos extractos de autores extranjeros traducidos por Lorenzo Irisarri»44.
El mismo año en que comenzó la publicación del tomo primero de las Memo- rias instructivas, Suárez tenía en prensa la siguiente traducción, el Arte de hacer el papel45. Después de resumir la historia del papel, menciona las diferentes clases que se fabrican en los alrededores de Rouen y de Borgoña, con tablas que registran el peso, tamaño y precio. El mismo Lalande agrega un escrito sobre «el arte del cartonero», dando noticia de un nuevo molino «de cilindro», usado en Holanda hacía medio siglo. Suárez, en su traducción, añade algunas notas a pie de página. Por ejemplo: «Cada libra tornesa, moneda imaginaria de Francia, equivale con cortísima diferencia a 4 reales de vellón nuestros» (p. 174). En otra ocasión explica la voz
«sargazos», que traduce del francés fucus. La lámina séptima, que dibuja el molino de papel «a la holandesa», está grabada por Nemesio López46. En la siguiente publi- cación, Arte de convertir el cobre en latón, publicada en 1779, trae al final una lista de sus obras, que se podían adquirir en la «librería de Orcel, en calle Carretas»47. El autor recordaba que hasta 1695 todo el latón se trabajaba en Namur a fuerza de brazos, hasta que se pusieron en marcha las nuevas máquinas movidas por la fuerza del agua (del río Mosa). «Con esta máquina se podía fabricar más latón en un día que diez manufacturas ordinarias». Naturalmente, los artesanos protestaron
44. MORAL RONCAL, op. cit., p. 345. Más adelante atribuye a Suárez «las mayores contribuciones teóricas a la difusión de este tipo de técnicas» (p. 376) pero sin mencionar las valiosísimas láminas que ilustran cada obra, que no considera como contribución de la Matritense, aunque el autor era el alma de la clase de Oficios en estos años y solicitaba licencia a la Sociedad para cada una de ellas. Véase, además, del mismo autor, La Real Sociedad Económica Matritense y el fomento de la tecnología. Torre de los Lujanes, 1996, 32, pp. 155-175.
45. Arte de hacer el papel, según se practica en Francia y Holanda, en la China y en el Japón.
Descripción de su origen: De las diferentes materias de que puede fabricarse: De los molinos holandeses, y de los Cylindros: y del Arte de hacer los cartones, caxas y varios adornos de pasta. Escrito en francés por Mr. de La Lande, de la Real Academia de las Ciencias de París, y traducido de orden de la Real Junta de Comercio y Minas, por Don Gerónimo Suárez y Núñez, Archivero de la misma Junta: Individuo de mérito de la Real Sociedad de Amigos del Pays de esta Corte y su Secretario en la clase de Artes y Oficios;
de la Bascongada y de las de Vera y Baeza, y Académico correspondiente y Honorario de las Reales Academias de Agricultura de Galicia, de Bellas Letras de Sevilla y Latina Matritense. Madrid: Pedro Marín, 1778. La obra incluye 15 láminas plegadas. Nótese que, como en ocasiones anteriores, equivoca el título de la academia sevillana, que no es de «Bellas Letras» sino de «Buenas Letras». La licencia del Consejo le fue concedida el 15 de marzo de 1776 (AHN, Consejos, leg. 5539/27)
46. De esta traducción se hizo un facsímil en 1968, sin más datos ni introducción, por la Papelera Española para felicitar la Navidad a sus clientes.
47. Arte de convertir el cobre en latón por medio de la piedra calamina: de fundirle y vaciarle:
batirle en el martinete: tirar el alambre: hacer con él toda suerte de obras, y sacar las composicio- nes del metal del Príncipe, del de Tumbaga, el similar, etc. Escrito en francés por los señores Gallon y Duhamel..Y traducido de orden de la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas, con aprobación de S.M. por Don Gerónimo Suárez y Núñez... Madrid: Pedro Marín, 1779. Al final hay XVIII láminas plegadas, sin nombre de grabador. El expediente se conserva en el AHN, Consejos, leg. 5539/27. Hay facsímil de 1981, por el Instituto Geográfico y Minero.
porque el martinete los dejaba reducidos a la miseria, pero se permitió a todos ellos el uso de semejantes «baterías». El privilegio fue renovado en Francia en el año 1749. En España, la noticia de esta importante industria metálica fue difundida por la Vascongada y enriquecida por Suárez, que, además de las dieciocho láminas ilustrativas de los pormenores de la fabricación, añade unas adiciones sacadas de la edición alemana (1777). El mismo año, esta vez sin láminas, aparece en Madrid, impreso también por Pedro Marín, el Ensayo sobre el blanqueo de los lienzos48, obra que había aprobado Gómez Ortega el primer día del año 79, después de que el traductor corrigiera algunos reparos que habían puesto los censores anteriores, Imbille y García de Texada, quienes elogiaron las versiones de Suárez, conside- rándolas «traducciones utilísimas»49. El día 1 de septiembre de 1779 el socio José Faustino Medina suscribe la lista de los que se han inscrito en Artes y Oficios, en total de 35, encabezados por él mismo, con nombres tan destacados, como Bernardo de Iriarte, Ignacio López de Ayala, Lorenzo Irisarri, Carlos Lemaur, Manuel Sixto Espinosa y el propio Suárez50. En otra lista de 1785 figuran nuevos socios, como el corregidor Armona, José de Villafañe, Francisco de la Mata Linares y Julián de Velasco51, que destacarán en el siguiente decenio.
Suárez y Núñez, según se desprende del informe que sigue, enfermó en 1777 durante tres años seguidos, lo cual, unido a la poca venta de sus libros, le obliga a presentar un memorial a la Sociedad Económica pidiendo «en atención al mérito que ha contraído con las obras que está imprimiendo se le proporcione algún medio con que animarse en sus tareas, sin verse reducido a miseria como actualmente»52. No parece que todo fuera una exageración interesada, ya que la Sociedad lo toma en cuenta y estudia el memorial de Suárez, quien comienza por exponer la situación del país: «Nosotros, entre quienes es preciso confesar que, respecto a las naciones instruidas de la Europa, caminamos por ahora con casi un siglo de atraso en estas materias… precisamos en Artes y Oficios una revolución, como la que han experi- mentado en Francia». Y continúa con su propio caso de indigencia económica: «Mis atrasos por la falta de venta en las obras a que me dediqué con tesón… la falta de
48. Ensayo sobre el blanqueo de los lienzos, según se practica en Irlanda, Escocia y Olanda:
Varios métodos de conocer las aguas gordas, y de endulzarlas, ya para el uso de la vida, o ya para otros fines: Y reflexiones sobre el modo de mejorar las manufacturas de lienzo: Publicado en inglés por el Doctor Home, Profesor de Medicina en Edimbourg; y traducido al castellano por la versión francesa, de orden de la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas, y con aprobación de S.M. por Don Miguel Geró- nimo Suárez y Núñez, Archivero de la misma Junta: Individuo de mérito de la Real Sociedad Econó- mica de Amigos del País de esta Corte y su Secretario en la clase de Artes y Oficios; de la Bascongada y de las de Vera y Baeza; y Académico Correspondiente y Honorario de las Academias de Agricultura de Galicia, de Bellas Letras de Sevilla y de la Latina Matritense. Madrid: Pedro Marin, 1779. Sin láminas.
49. RSEM, leg. 16/29.
50. RSEM, leg. 28/9.
51. RSEM, leg. 68/19
52. Todo el expediente se conserva en el AHN, Consejos, leg. 817/10.
salud por tres años seguidos… no han sido bastante para desanimarme». Enumera las obras publicadas y las que están en prensa, como el Arte de refinar el azúcar, subrayando la importancia de las traducciones, ya que «por este fácil medio de instrucción se puede esperar que lleguen a florecer las Artes y que se críen oficiales diestros y laboriosos». La Sociedad toma en consideración las palabras de su activo (y menesteroso) socio y solicita al Consejo de Castilla que obligue a los maestros y oficiales artesanos a comprar las traducciones de Suárez, «sin que de ahora en adelante pueda recibirse aprendiz que no las tenga». Esta solicitud está fechada el 19 de enero de 1780.
Pero la falta de contestación hace que Suárez y Núñez escriba esta vez al ministro Floridablanca, el 5 de julio, con expresivas palabras que revelan una de las causas del fracaso «ilustrado»: «El suplicante pudiera no mendigar, como en el día mendiga, si se hubiera aplicado a la traducción de sermones y de otras obras morales que logran buen despacho»53. Esta petición de «algún desahogo» econó- mico llega a la mesa del Consejo, por mano de Floridablanca, y se resuelve que el propio autor «proponga el modo y medios oportunos de favorecer sus tareas». El expediente se vuelve a tomar en consideración en enero de 1783, cuando Suárez, que pide una pensión anual de 20.000 reales, porque «se halla atrasado» en más de 80.000 reales «que debe a diferentes mercaderes», propone al Consejo que S.M.
mande comprar los libros a intendentes, corregidores y Sociedades Económicas del País. El Fiscal, reconociendo que el traductor «tiene acreditado su celo patricio, aplicación e inteligencia en las Artes y manufacturas», dice que la pensión depende de S.M. pero que el Consejo debe atender los deseos de este hombre «aplicado y desvalido». En vista de la cual, en agosto del 83 se envía a los corregidores la noticia pormenorizada de las traducciones de Suárez en venta «para su propaga- ción entre los artesanos» y promover «su salida entre los cargadores a Indias», de acuerdo con el presidente de la Casa de Contratación. Siguen en el expediente las contestaciones de 54 corregidores de toda España, pero esta solución no debió ser muy satisfactoria, porque al año siguiente sólo recibe 500 reales de derechos por la venta de sus libros54.
En el relato de sus méritos y servicios habla de su lamentable situación econó- mica, ya que sus traducciones «de las que carecíamos absolutamente en España»
le habían costado muchos miles de reales, gasto del que no ha podido resarcirse, y que «asciende a una suma muy superior a las fuerzas de un pobre particular, cuio celo y deseo del beneficio público no ha podido extinguirse». En su informe a Floridablanca, Bernardo de Iriarte escribe: «Todo quanto expone Suárez… es cierto y efectivo… y yo añado a V.E. que la ilustración y adelantamiento que se van experimentando en algunas Artes y Manufacturas se deben, en gran parte, a los Tratados publicados por él», solicitando a continuación, con fecha 14 de julio
53. AHN, Consejos, leg. 817/10.
54. RSEM, leg. 57/16.
de 1784, que se le ponga a las órdenes del nuevo fiscal de la Junta, Juan Antonio de los Heros55. La resolución de Carlos III fue rápida y eficaz, atendiendo a la consulta de Floridablanca. En el archivo de la Sociedad se conserva una carta de Suárez en la que éste comunica que el Rey le ha conferido la Plaza que ha creado de Agente Fiscal de la Real Junta General de Comercio y Moneda, por lo tocante a lo «no contencioso, en todos tres ramos, únicamente para que yo la sirva». Está fechada el 20 de noviembre de 178456 pero no se indica ninguna cantidad mensual para el antiguo asalariado de la Junta.
En el entretanto, Suárez y Núñez había presentado el 26 de mayo de 1781, su renuncia al cargo de secretario de Artes y Oficios, que había desempeñado durante seis años y un mes «con el celo que es notorio», porque «no ha podido evitar el repetido gasto de papel, escribientes y algunas otras ocurrencias en que hasta aquí no ha pensado la Sociedad, y que ciertamente ha hecho demasiado gravoso el oficio, especialmente para sujetos de tan corta fortuna como la mía». Reconoce haber puesto de su bolsillo tres mil reales en sólo copiar las actas de la Sociedad y después en el libro de informes y ordenanzas, en que se habían invertido unas tres resmas de papel57. El 8 de junio de 1782 se acepta su dimisión y entrega los papeles y efectos pertenecientes a la Secretaría desde el año 76 hasta el 82, con un índice del contenido58. Esta renuncia no impide que siga colaborando en los asuntos ordinarios de la Sociedad: Desde los comienzos Suárez y Núñez venía informando sobre las nuevas ordenanzas del gremio de «Laneros de Madrid» (1776), las de Tejedores de Mallorca (1777), las de Bordadores y Botoneros de Madrid (1780), las de «Tiradores de oro» de Zaragoza (1781), las de «pelayres» de Valencia (1783). Los informes se extienden también a opinar sobre la composición química de las tinturas de lienzos (1777), sobre el plan de una nueva fabricación de relojes (1778), sobre la fabricación del acero por un nuevo método (1779), sobre privilegio exclusivo para fabricar el cartón (1779), sobre fabricación de obras de marfil (1779), sobre maquinaria para fabricar medias (1780), sobre teñido de los tafetanes (1781).
En este último año informa también sobre el «reprobado modo de vivir y trabajar de los oficiales del gremio de chapuceros59.
Aunque no es la industria textil el tema que me ocupa, quisiera destacar la Memoria formada por el Sr. Dn. Miguel Gerónimo Suárez y Núñez sobre Fábricas de medias y su historia, que, en 13 folios inéditos conserva el archivo de la Socie- dad60. El origen de este informe es la pretensión de establecer en Madrid una nueva fábrica de «medias de estambre», iniciativa que había fracasado en España cuantas
55. AHN, Hacienda, leg. 2923/487.
56. RSEM, leg. 64/14.
57. En la Económica Matritense no hubo escribiente con sueldo hasta 1793.
58. RSEM, leg. 40/1.
59. RSEM, leg. 90/3.
60. RSEM, leg. 32/8.