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12.12 LIBRO DE LA SOET

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YASSER LEODAN RODRIGUEZ ACOSTA

Academic year: 2022

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SÍNTESIS BIOGRÁFICA

30 de julio de 1976, es la fecha de su nacimiento, en el seno de una familia humilde, de origen y procedencia social obrera, en la otrora villa de Santa María. Fundador de la Sociedad de Estudios Templarios1 (SOET) no registrada o reconocida en el ámbito legal hasta que concluyan los proyectos de leyes y actualizaciones en la nación. Desde su más temprana juventud, se muestra interesado por la carrera militar y uniformada. Mientras que su avidez por la lectura y el saber lo ubica entre varios libros de aventuras, historia medieval, gestas heroicas y romances caballerescos. Años más tarde, descubre algunos ejemplares y escritos sobre la Segunda Guerra Mundial. Siendo esta su mayor afición, cuando no se encontraba estudiando las materias correspondientes a su nivel educacional.

Su inquietud literaria, como el ingreso en el Temple Moderno, surge a raíz de esta vocación. Sin embargo, el 20 de mayo de 2015, le cambió su vida para siempre, dando un giro brusco por causa de un accidente ferroviario, pero no se detuvo. Durante su recuperación y rehabilitación, mediante el uso de las tecnologías, continúa la investigación sobre los principales acontecimientos bélicos y las órdenes militares de la cristiandad. El origen y evolución de las grandes manifestaciones religiosas, grupos esotéricos, gnósticos, y otros.

Incursiona en las redes sociales y descubre por internet varias publicaciones, sobre asociaciones públicas y privadas, sectas iniciáticas y sociedades secretas, autoproclamadas como herederas de las tradiciones y rituales de la Orden, más conocidos en el argot popular como los Caballeros Templarios. Antecesores de lo que llaman hoy organizaciones o Cofradías que se inspiran en la espiritualidad, el legado ideológico y los valores que dieron origen a la Hermandad de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón «Pauperes Commilitones Christi Templique Salomonici».

AGRADECIMIENTOS

Hoy quiero agradecer a todos aquellos que creyeron en mi palabra. A los que no creyeron también, pues me ofrecieron la posibilidad de probarme y templar mi voluntad, interés y perseverancia, hasta el máximo nivel.

Dándome continuamente la fuerza y el valor para seguir adelante, superando cada obstáculo y desilusión.

El camino de la Fe no es para todos, aunque muchos digan, yo creo en Dios. La vida y obra de un Caballero de Cristo, es de sacrificio y lealtad a sus nobles principios. Jesús, el mejor maestro, nos conduce a la verdad y la luz que emana desde el Creador de todo lo visible, y lo nunca visto por el ojo humano. En esto se encierra el secreto de la verdad que, como hijos de Dios y eternos guerreros de su templo, somos portadores.

INTRODUCCIÓN

Esos misterios que encumbró el romanticismo europeo en los siglos XVIII y XIX, y que siguen llenando páginas y páginas de novelas de ficción, fueron en sus orígenes batallas libradas en nombre de la fe cristiana. Nada más y nada menos. Esos caballeros que tiempo después serían cubiertos de enigmas esotéricos fueron hombres que juraron morir defendiendo el reino de los cielos. Cuando no existía lo primero, los misterios y las leyendas, cuando solo importaba lo segundo, la fe y las batallas en su nombre, los templarios se asentaron en Tierra Santa. Desde aquel remoto lugar, tan lejano en la Edad Media, consiguieron penetrar en toda Europa y llegaron a la Península

1 Los orígenes de la SOET se constituyen como un grupo de estudios templarios y medievales (GETm) en 2018, con la creación de la primera encomienda o preceptoría del temple (SMOTH) no masónico en la isla.

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Ibérica, donde libraron esas mismas batallas, y también otras nuevas, al amparo de uno de los reinos más importantes de nuestra historia: el Reino de Aragón.

Entre los templarios “verdaderos” existe un afecto y respeto mutuo, a pesar que subsistan algunas tensiones leves y diferencias. Es incongruente que uno vea un templario en una situación de necesidad o apuro, en cualquier latitud o región del mundo, y no le brinde su ayuda, una vez que se identifique debidamente. Las organizaciones templarias modernas tienen cartas o credenciales y tarjetas de identificación. Que se emiten conforme a sus estatutos y se otorgan a sus miembros en cada nación.

También cada maestre o regente conoce a sus pares en todo el orbe, y los hermanos deben conocerlos de igual forma, porque no se concibe que, siendo templarios, seamos ajenos a las noticias y el surgimiento de otras órdenes o asociaciones neotemplarias en el mundo.

Además, un templario conoce la historia oficial divulgada, sobre la Orden Medieval y todas las versiones que subsisten o se inventan, por aquellos que buscan intereses opuestos y devienen artistas sensacionalistas en este contexto. Siendo que también, sus admiradores y seguidores, creen esas fábulas que les enseñan, porque los humanos necesitan ciertas dosis de fantasías para vivir en este mundo plagado de injusticias y desigualdad. Por ello entendemos que deben existir neotemplarios que sueñan con arcángeles, dragones y duendes. Y que afirman o dan por hecho, que todo ello forma parte de la historia del temple y sus orígenes.

Entre otras elucubraciones que se vierten, pues como dijo un escritor: sobre la Orden del Temple, se han vertido ríos de tinta. Y los que faltan. Pero igual se les tiene gran estima, porque la ley primera de un templario es el amor. Somos hermanos en Cristo y en el Temple, y eso lo resume todo.

Los dragones, son seres mitológicos que se veneran o demonizan, según la cultura o creencia. Cada civilización los representa conforme a sus intereses o imágenes y mensajes que desean transmitir.

Los Ángeles y Arcángeles, principados y potestades, serafines y querubines. Eso es otra cosa, para los que deciden creer y confiar en ellos. En lo personal me gusta pensar que son reales e invisibles para el ojo humano. Que nos traen recuerdos y visiones de vidas pasadas o futuras. Y que debemos interpretar o entender para no caer en la especulación y la ignorancia.

Como dice un viejo refrán popular: para que haya mundo, tiene que haber de todo. Yo diría, hay de todo en este mundo, porque además de lo tangible y visible, en este plano físico, están los sueños y fantasías, y todo lo que no se ve, a simple vista, pero se siente o percibe de alguna manera.

PRÓLOGO

Nuestra historia comienza en 1492. Nuestro primer roce con la civilización del “viejo mundo” (viejo continente).

Nos llamaron el “nuevo mundo” aquellos que se atrevieron a cruzar la mar océana (Océano Atlántico). Allende los mares, no sabían que ya estábamos aquí -como la isla de mayor longitud- en el Golfo de México. Nos

“descubrieron” y colonizaron. Y nos legaron -o transmitieron- un inmenso conocimiento y lenguaje, hasta ese momento desconocido en América. Pero este no es un libro de historia, sobre el “descubrimiento” de nuestro continente. Diseñado, en primera instancia, para la Sociedad de Estudios Templarios en Cuba (no registrada, hasta la fecha) es un arduo trabajo de investigación de su fundador (con argumentos y análisis detallados) sobre la HISTORIA OFICIAL de la Orden del Temple y otras versiones que incluyen su llegada y asentamiento en América, antes de Colón.

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También muestra un acercamiento al mundo de las organizaciones neotemplarias, y diversas aristas que se vierten (según la región y el entendimiento de las personas que tratan de rescatar o seguir ese legado) para mantener vivo el espíritu caballeresco y monástico de los monjes guerreros (caballeros devotos). Un libro donde también se muestran las disímiles polémicas o controversias del temple actual.

La idea original se debe a un profundo anhelo de transmitir o dar a conocer lo que es la “Orden” actual. Derivada en varias organizaciones y grupos neotemplarios. Su forma de vida, proyectos futuros e impacto social. Como parte de una mayor cultura general, y tal vez un mensaje para los “Grandes” Maestres o fundadores en este siglo.

Padres de familia y esposos. Hombres de bien, consagrados a un ideal que va más allá de la pretensión y aspiración por sobresalir o alcanzar la fama, dinero, gloria o admiración. Legado que los primeros templarios dejaron, con la misión de mantener vivos los valores y principios del Temple.

Estos hermanos, además de tener el valor de alzarse sobre las masas o erigirse como guías de la nueva milicia del templo (con los cuales he tenido el honor de compartir comunicación) en todo momento han demostrado una gran capacidad de dirección o liderazgo y vastos conocimientos, sobre diversos temas. Personas preparadas, profesionales, cada quien donde le tocó nacer y morar. Que hacen de su día y cotidianidad, un ejemplo a seguir por las generaciones venideras de caballeros y damas de Cristo. Hermanos que me acogieron e instruyeron como lo hace un padre a su hijo. A quiénes voy a estar siempre agradecido, por su jovialidad, sencillez, humildad, dedicación y enseñanzas.

Llegue hasta ellos y todos los hermanos templarios del mundo (de manera excepcional para los que me siguen) la más cordial felicitación y un fuerte abrazo fraternal. Que verlos unidos aquí en este sencillo trabajo, sirva para que la Orden vuelva a ser una sola y no se encuentre seccionada o dividida por tantas ramas o extensiones, y cada quien pujando por hacer valer más que los otros, su valía y legitimidad.

A mi familia y para el pueblo cubano que ejerce o desempeña una profesión, estudia y contribuye al mejoramiento humano, optando por una mayor calidad de vida y ejemplo de solidaridad, humildad, honestidad, disciplina, desinterés y altruismo. Rechazando todo aquello que implica ser esclavo de los vicios y las modas, la vulgaridad y el materialismo desenfrenado. Esperamos que sea bien acogido el contenido de este libro.

I. ¿CUÁNTO SE HA ESCRITO SOBRE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS?

Eso no estaba en mi libro de historia de los templarios

¿Sabías que, probablemente en algún momento de la historia, los caballeros templarios fueron los custodios de las cuatro grandes reliquias de la cristiandad? El Santo Grial, la Vera Cruz, el Arca de la Alianza y la Sábana Santa.

¿Cuáles fueron los templarios que se sentaron en la Tabla Redonda del rey Arturo? ¿Qué relación guardaron esos caballeros con la familia de Jesús el Nazareno? ¿Conoces la vinculación del Nombre secreto de Dios y la Mesa de Salomón, el origen de las primeras cruzadas o los últimos momentos del Gran Maestre Jacques de Molay? La Orden del Temple y sus caballeros, su historia y su mitología siguen constituyendo a día de hoy uno de los grandes episodios de nuestra historia. Su vinculación con algunas de las reliquias sagradas, su origen o su abrupto final continúan encandilando a historiadores, buscadores de enigmas y aficionados al misterio, los cuales recorren los antiguos parajes que llevan a los castillos de la Hermandad Blanca buscando las huellas de un saber oculto que, quizás con suerte, el tiempo haya guardado. En esta obra, Manuel Fernández nos expone algunos de los grandes capítulos de la historia de los templarios, explorando sus grandes secretos y sacando a la luz episodios poco referenciados, como su vinculación con el Santo Grial y los caballeros del rey Arturo, la existencia de dos facciones

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en el seno de la Orden y la mística dentro de la hermandad. «Cuentan que, hace mucho tiempo, un caballero oyó hablar de un dragón que vivía dentro de una cueva. El paladín, portando la cruz de Cristo bordada en sus vestiduras blancas, entró en la guarida del dragón dispuesto a matar a la bestia. Pero, cuando estuvo frente a ella, de repente descubrió que el único monstruo que había allí era él»

EL GUARDIÁN DEL MANUSCRITO Antonio Galera Gracia

Una obra que revela, en absoluta primicia, la sorprendente historia por la que, en realidad, la Orden del Templo nunca fue suprimida. La historia que en esta obra se da a conocer no es una leyenda deformada por la fantasía, ni un rumor sin fundamento que haya llegado al autor por tradición oral. Se trata de un hecho cuya historia, por increíble que nos parezca, ha existido durante siglos en un manuscrito privado que hoy se encuentra en la biblioteca de un monasterio de la Comunidad de Castilla y León.

El manuscrito fue escrito por un ex templario en el año de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo de 1334, y entregado después a un monje lego para que lo preservase de miradas imprudentes y guardase especialmente de las incesantes búsquedas de la Santa Inquisición. El texto de este manuscrito nos demuestra, mediante acta notarial, que la Orden del Templo propiamente dicha jamás fue suprimida. Este asombroso hallazgo ha venido siendo ignorado por cuantos investigan, escriben o simplemente simpatizan con estos monjes soldados, desde que el papa Clemente V suprimió la Orden del Templo, hasta hoy.

«Era el día 8 de marzo del año del Señor de 1136. El anciano maestre don Hugues de Payns, después de besar el crucifijo que el capellán le puso en la boca, entregó su vida a Dios. Al día siguiente, en la iglesia de Santa María de Sion, se celebraba una misa de difuntos por la salvación del alma del primer Maestre de la Orden de los caballeros del Templo. El Abad que la oficiaba, el padre Ribaud, después de terminar la oración de presentación ante Dios del difunto, subió al púlpito, y desde allí, según las siguientes fuentes documentales: “Gesghichte des Ausganss des Tempelhdrrenardens. Havemann. (funcionario del Archivo Histórico de Sttutgart)” manifestó lo siguiente: — Mis queridísimos hermanos. Dejadme decir qué difícil es dar a conocer las obras de nuestro Hermano que ya está en el cielo. Después de siete años de estar sirviendo a Cristo y a los cristianos, bajo la Regla de San Agustín, como Canónicos Regulares, recibió de manos del rey el honor de ocupar un convento en el Templo de Salomón. Sus soldados han seguido recorriendo las montañas y los caminos de esta demarcación territorial en busca de ladrones, malandrines y gentes de mal vivir para echarlos de estos dominios y dejarlos libres de trúhanes. Cosa que los peregrinos cristianos que se acercan de lejanas tierras a estas para orar tendrán que agradecerle mientras vivan en este mundo. A su llegada a Jerusalén, la orden por él fundada no tenía residencia propia, ni hábito ni alimentos para comer. No poseían más bienes que los que la gente les daba por amor a Dios y agradecimiento a sus sagrados servicios en favor de los peregrinos que a esta Santa ciudad vienen con la esperanza de orar ante el Rey de todos los reyes. Ahora, nuestro hermano se encuentra ya entre los que han lavado su túnica con la sangre del Cordero. Si los caminos que llegan a Jerusalén están limpios de ladrones y bandidos, el mérito corresponde en buena parte al ilustre defensor de la fe que, desde el fondo de su sacrificada alma, trazó a sus caballeros y a sus legos la senda del sacrificio y del martirio...

El maestre Hugues murió sin ver hecho realidad su sueño de portar, con el mismo derecho que ya lo hacían los caballeros hospitalarios de san Juan de Jerusalén, una cruz sobre su hábito blanco. Este acontecimiento, Alfa y Omega de la orden fundada por Hugues de Payns, fue profetizada por san Malaquías en sus profecías sobre los papas. En ellas da como lema al papa Eugenio III «Ex magnitude montis», que quiere decir de la “grandeza del

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monte”. Y si observamos que el alfa de la orden se gestó en la “grandeza del monte de Sion”, nos daremos cuenta de que la Omega o fin de la perfección de esta estaba en la concesión de la cruz roja, que fue entregada por alguien que había nacido en una ciudad italiana llamada “Montemana” (monte destacado) y que había sido designado por san Malaquías con el lema de la: “grandeza del monte”. Pero este fue un acontecimiento que el fallecido maestre ya sabía porque el prior de Santa María de Sion se lo había presagiado a través del Apocalipsis:

“Me llevó en espíritu a la grandeza de un monte y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, que tenía la gloria de Dios. Su color era semejante a la piedra de jaspe pulimentada... El que hablaba conmigo tenía una medida para medir la ciudad, sus puertas y sus muros.” En este pasaje está alojada en símbolos toda la historia del Temple, veamos: Me llevó en espíritu a la grandeza de un monte...

Godofredo de Bouillon le pidió a Hugues de Payns que fuese al Monte Sión y se postrase a los pies de Santa María antes de comenzar su misión. Y me mostró la ciudad santa... En ella y para proteger a sus hijos, tendría que fundar la Hermandad de los Pobres Compañeros de Cristo. Jerusalén... Símbolo de la santa cruz desde que santa Elena encontrara en ella y mostrara a todo el mundo el Lignum Crucis. Que descendía del cielo, por parte de Dios, que tenía la gloria de Dios... Cruz concedida y autorizada por la Santa Sede que gozaba de la gracia de Dios. Su color era semejante a la piedra de Jaspe... Juan solo se puede referir a una clase de Jaspe sanguíneo (rojo) que era típico de calcedonia, pues los de color verde o amarillo se encuentran en Siberia, Java y en algunas otras partes de Europa. El que hablaba conmigo tenía una medida para medir la ciudad, sus puertas y sus muros. El que concede la cruz es el papa Eugenio III, que fue quien inició la construcción del Palacio Pontificio, ciudad futura del acontecer cristiano.

Hugo de Champagne era hijo del conde de Thibaut, conde de Champagne. Hugo se mostró siempre muy devoto de las cosas religiosas en general, y muy particularmente con todo lo concerniente a los monasterios cistercienses, a los que hizo grandes donaciones. Fue el primer conde de Bar-sur-Aube, y a la muerte de su hermano Eudes, pasó a ser también conde de Troyes. Por su gran corazón fue muy estimado por san Bernardo, quien hizo todo lo posible porque el joven Hugo ingresara en la Orden cisterciense que él regentaba como abad.

Lo antedicho no lo afirmamos nosotros, sino que lo hemos deducido de la siguiente carta que todos ustedes pueden encontrar en la obra que a continuación reseñamos: Oeuvres complètes de Saint Bernard. Paris, librairie Louis de Vivès, editeur. Rue Delambre, número 9. Año 1866. Este afecto que el santo Bernardo muestra en esta epístola por su hijo muy querido el conde de Champagne está cimentado en el gran corazón que Hugo mostró siempre por los pobres y los desheredados, y también, como es natural, por las grandes donaciones que este hizo en favor de los monjes del cister. Él fue quien donó personalmente a san Bernardo los terrenos y las dependencias donde posteriormente sería ubicado el monasterio de Claraval. Y para quienes duden de lo que aquí se dice, pueden ver y leer el documento de donación cuya fuente documental es la siguiente: Oeuvres complètes de Saint Bernard. Paris, librairie Louis de Vivès, editeur. Rue Delambre, número 9. Año 1866. Y sepan ustedes, además, que, para ingresar en la Orden de los templarios, el conde de Champagne, como era preceptivo en aquella época, tuvo que obtener el permiso de su esposa. La carta se puede encontrar en el documento cuya fuente documental es la siguiente: Archivo histórico religioso de la Catedral de Chartres. Armario 5. Libro 45. Páginas 12-13. En cuanto obtuvo el permiso eclesiástico de su esposa, le vendió su condado a Thibaut, hijo de su hermano Etienne, y distribuyó todos sus bienes por iguales partes entre su mujer y sus hijos. Sobre lo antedicho hay historiadores que basándose en las crónicas de Pedro de Pithou, aseguran que antes de partir hacia Jerusalén para ingresar en la Orden, Hugo de Champagne desheredó a su hijo Eudes, sin aportar pruebas de las causas que pudieron motivar tal decisión. No parece creíble ni opinamos que fuese cierta esta aseveración porque pensamos que el conde se sentiría en aquel momento crucial de su vida lleno del Espíritu de Dios y, por lo tanto, contrario a cualquier

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venganza, escarmiento o eliminación. Hugo de Champagne, tal vez por ser de muy noble cuna y tener muchas propiedades, fue el último en entrar a formar parte de la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo. Esto nos hace descubrir que los nueve caballeros no estuvieron nueve años integrando la Orden como algunos afirman, tal vez para hacer cábalas y conjeturas más o menos misteriosas con el «nueve», sino que los nueve caballeros estuvieron siendo nueve solamente siete años, ya que desde la incorporación del conde Champagne, hasta el Concilio de Troyes, en cuya fecha se cumplieron los nueve años de existencia de la Orden, fueron ya diez caballeros quienes la totalizaron.

A los miles de documentos de carácter oficial que se hallan en los diferentes Archivos Históricos de buena parte de Europa y Vaticano Secreto, hay que añadir otros cientos de carácter particular que no han trascendido mucho, precisamente por haber sido dirigidos a una persona en concreto. Estos son los siguientes: La correspondencia privada del rey de Francia con los monarcas extranjeros para forzarles al arresto de los templarios en sus reinos respectivos. Las cartas que mediaron entre el rey Felipe IV y el papa Clemente V, descontento del flácido proceder de este. Consultas de orden jurídico que hoy no se encuentran o están perdidas, dirigidas a la Facultad de Teología de París o a juristas particulares. Solo hay una parte de estos documentos que sí han trascendido y llegado hasta nosotros. Estos son el gran número de cartas que el rey Felipe IV le escribió al papa Clemente V, con intimidaciones y amenazas, por medio de libelos, que se hallan hoy suficientemente representadas, gracias a que el jurista Pedro Dubois, que fue el paniaguado del rey que las escribió, estaba tan orgulloso de su trabajo que no permitió que fuesen destruidas. En el próximo artículo que se publique, daremos a conocer cómo, a través de un falso documento de denuncia de unos desalmados que el rey Felipe IV consiguió bajo promesa de perdonarles la condena a muerte que estaban cumpliendo, comenzó el fin de la Orden de los Caballeros Templarios.

Felipe IV comenzó a aborrecer a la Orden del Templo con todas sus fuerzas en el mismo momento que se pusieron de parte del papa Bonifacio VIII cuando este lo excomulgó por tomar los bienes de la Iglesia en su propio beneficio, y cuando se mantuvieron junto al reino de Aragón en la guerra que sostuvo contra Nápoles… Entonces fue cuando comenzó a gestar, empujado por su odio y por su ilimitada codicia, la más vil y cruel persecución contra la Orden del Templo. Las primeras acusaciones contra los templarios surgieron en la época del conclave de Perusa (1304- 1305), en la región de Argen. El rey de Francia Felipe IV, aprovechándose del odio que un prior que lo había sido de la Abadía benedictina de Sant-Martial llamado Esquiu de Floriano sentía por la Orden del Templo, por haber sido expulsado de su abadía debido a que solía quedarse indebidamente con parte del dinero que recibía del rey, de los grandes señores y de la Orden del Templo para las necesidades y manutención de la mencionada abadía, creyendo que su destitución y destierro había sido por culpa de una denuncia impuesta por los templarios, accedió a los exigencias del rey y comenzó a urdir lo que desde entonces se ha venido en conocer como “La historia negra de los Templarios”. Según cartas de dos personalidades que estuvieron muy próximos a los sucesos

—cartas que fueron escondidas en húmedos lugares y han quedado por ello en muy mal estado de lectura—, dos individuos corrompidos, un ex templario que había sido echado de la Orden por borracho, mujeriego y criminal (ya que, estando bajo los efectos del vino, había apuñalado a un Hermano por la espalda sin previo aviso), y un carnicero que había cortado el cuello a su mujer, se comprometieron con Esquiu de Floriano. Este se entrevistó con ellos en nombre del rey. Y les dijo que el monarca les concedería el indulto si atestiguaban en contra de los templarios en cuantos juicios fueren llamados, revelando y dando por cierta la larga lista de abominaciones que Esquiu había inventado posteriormente. El rey Felipe IV mandó enseguida estas acusaciones al papa Clemente V para que comenzara la investigación y posterior arresto. El pontífice para contentar al rey redactó una bula que fue conocida como: “Faciens misericordiam” (Registro de bulas papales. Clemente V. Armario 1884, pp. 363-366), sin darle mucha importancia a las acusaciones por venir de individuos desalmados y poco creíbles. El rey entró

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en cólera. Y tanto miedo tuvo que meter en el cuerpo al papa, que este se dio mucha prisa en escribir un adjunto a la bula mencionada, en el cual se daban a conocer pormenorizadamente todas las acusaciones. El acreditado historiador Raynouard, asegura que la lista con todas las acusaciones fue preparada en la corte del rey Felipe IV y no por el papa. El historiador nos deja escrito lo siguiente: “encontré el borrador original en los Archivos Nacionales (Tresor de Chartres) con las correcciones y tachaduras antes de pasarlo a limpio y ser enviado a la Santa Sede” (Francois Juste Marie Raynouard. Monuments historiques relatives. T II, p. 246). Cuando el proceso contra los templarios comenzó, el sacrílego Esquiu de Floriano, como ya había obtenido una gran suma de dinero del rey francés, le escribió a Jaime II de Aragón con la rastrera intención de obtener alguna clase de recompensa por parte de este. En la carta presumía, entre otras cosas, de lo siguiente: “…Sea manifiesto a su majestad real que yo soy el hombre que reveló los hechos relacionados con los templarios al señor rey de Francia…”

Quizá tengamos que explicar por qué la Orden del Temple se vio en la necesidad de crear la “Orden Tercera” y admitir caballeros casados: la Orden, como todos sabemos, comenzó únicamente con los caballeros profesos que hacían voto de castidad y profesaban para siempre. Llegó un momento en que los que se comprometían a profesar para siempre y juraban el voto de castidad comenzaron a escasear, así que, ante la dificultad de reclutar caballeros que engrosaran las filas de los templarios, la Orden no tuvo más remedio que abrir la mano y crear dos clases más de caballeros: los Caballeros Seglares, que entraban solteros y se comprometían a no casarse y a ser castos mientras duraba el tiempo que ellos mismos habían elegido para servir, y los caballeros de la Orden Tercera, que podían entrar indistintamente casados o solteros, e incluso, casarse una vez dentro de la Orden. El artículo LV de su regla así lo dice: “De qué modo se tengan o reciban los hermanos casados. —Os permitimos tener hermanos casados de este modo—: que si piden el beneficio y participación de vuestra hermandad, la porción de hacienda que tuviesen ambos, y los demás adquiriesen, la concedan a la unidad común del Capítulo después de la muerte, y entretanto, hagan honesta vida y procuren hacer bien a los Hermanos; si el marido muriese antes, deje a los Hermanos su parte y la otra quede para la subsistencia de la mujer; esto consideramos justo: que habiendo los Hermanos Profesos prometido castidad a Dios, que semejantes Hermanos, o sea los de la Orden Tercera, que vivan fuera de la Encomienda, en sus casa con sus mujeres e hijos, si los tuvieren. Y estén siempre prestos para acudir cuando sean llamados por sus superiores»

Regla de la Orden. LV. Sobre el modo de recibir a los hermanos casados. Os permitimos tener hermanos casados de este modo: que, si piden el beneficio y participación de vuestra hermandad, la parte que le corresponda de la hacienda que tuviesen ambos, y las demás que adquiriesen, las concedan a la unidad común del Cabildo después de su muerte, y entre tanto hagan honesta vida y procuren hacer el bien a los hermanos, y que no traigan vestidura blanca. Si el marido muriese antes, deje a los hermanos su parte y la otra quede para el sustento de su mujer. Pero no consideramos adecuado que, habiendo prometido los hermanos castidad a Dios, los cofrades habiten en su misma casa.

Referencias

• es.scribd.com/document/402651163/Ahriman-el-secreto-templario-Chema-Ferrer-pdf

• es.scribd.com/document/68217875/corazon-templario

• www.amazon.com/Los-Templarios-América-Secretum-Sigilum-ebook/dp/B09PS9DHY1

• www.casadellibro.com/libro-templarios-en-america-de-las-cruzadas-al-nuevo- mundo/9788497774703/1199458

• editorialdelfos.com/libro/la-orden-del-templo-y-sus-falsedades_140149

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• editorialdelfos.com/libro/el-guardian-del-manuscrito_124766

La Orden fue creada en 1118 (según otros fue 1119-20 y algunos sostienen la teoría de 1099 o mucho antes) por Hugo de Payens y otros caballeros franceses en la ciudad de Jerusalén, luego de la Primera Cruzada. Fue una de las órdenes militares cristianas más poderosas de la Baja Edad Media. El patriarca latino de Jerusalén, Garmond de Picquiqny, le impuso la llamada Regla Latina, que tenían los canónigos agustinos del Santo Sepulcro. Luego que el rey de Jerusalén Balduino II, los instalara en un palacio cercano al antiguo templo, adoptaron el nombre de: Orden de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón. También conocida como la Orden de los Caballeros del Templo. El Obispo de Roma, aprobó oficialmente su creación en 1129, en el Concilio de Troyes. Su padrino era el monje cisterciense francés Bernardo de Claraval. Superior de la recién creada por este, abadía de Clairvaux.

Pero allí hay algo que no me cuadra. Si la Hermandad fue aprobada por un rey cristiano, católico, y luego se les impuso una regla que compartían con otros caballeros que formaban parte de una orden monástica. Y todos, desde Jerusalén hasta Roma, conocían la existencia de esa cofradía de caballeros, al servicio de la iglesia, para escoltar y proteger a los cristianos que peregrinaban, viajando por los caminos que conducían al Santo sepulcro.

Cómo es que se habla de aprobación o reconocimiento OFICIAL en vez de considerar el Concilio de Troyes, como un acontecimiento y lugar donde se eleva o asciende la sagrada milicia jerosolimitana, al status de orden monástica y militar. Y se instaura o aprueba su nueva regla de vida.

El signo distintivo de los templarios era un manto blanco, símbolo de pureza y castidad, con una cruz de color bermejo/rojo a la altura del pecho, justo encima del corazón. Otros afirman que, esta cruz otorgada por el papa Eugenio III en 1145, se debía usar sobre su hombro izquierdo.

Los templarios tuvieron una destacada participación durante la Segunda Cruzada. También participaron de la Tercera Cruzada, cuando apoyaron a Ricardo I de Inglaterra, que llegó a un acuerdo con el sultán Saladino para convertir a Jerusalén, en una ciudad libre para el peregrinaje. Además de actuar en Tierra Santa, los templarios estuvieron presentes en la península ibérica, donde tomaron parte de la Reconquista Española.

La pérdida de San Juan de Acre, marcó el declive de los caballeros templarios que lograron retirarse de Tierra Santa e instalar su cuartel general en la isla de Chipre. La Orden fue disuelta por el papa Clemente V en 1312, a instancias del rey Felipe IV de Francia, que estaba fuertemente endeudado con los templarios.

PRINCIPALES MISIONES Y FUNCIONES

La misión primordial de los caballeros templarios consistía en proteger a los cristianos que peregrinaban a Jerusalén y otros lugares de Tierra Santa. Esa misión original pronto dejó lugar a otra: los templarios se transformaron en el brazo armado de la Iglesia, siendo una fuerza de choque en las batallas decisivas de las Cruzadas. Así, por ejemplo, en 1177 durante la Batalla de Montgisard, 500 caballeros templarios ayudaron a derrotar al ejército de Saladino, compuesto por más de 25.000 soldados.

En el Occidente europeo, la función militar fue reemplazada por la económica, salvo en la península Ibérica, donde la función fue doble. Por una parte, participaron en las campañas de los reyes cristianos contra los musulmanes, y por otra, llevaron a cabo una serie de actividades económicas destinadas a solventar la guerra en Tierra Santa. La Orden se enriqueció rápidamente, gracias a las donaciones de terrenos o tierras laborables, castillos, molinos, iglesias, y las rentas que obtenía de su explotación.

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Con frecuencia, los bienes venían acompañados de personas, que ingresaban en la Orden como frailes o donados.

También aumentaron su patrimonio con una política de concentración de tierras mediante permutas, compras y ventas. A menudo sólo trabajaban directamente una parte de esas tierras, las más cercanas y productivas. El resto la cedían con diferentes tipos de contratos de arrendamiento.

Hacia 1170 los caballeros templarios se extendían en los territorios de las actuales Francia, Alemania, Inglaterra, España y Portugal. En esa época la Orden llegó a tener más de veinte mil (20.000) miembros. Su riqueza creció hasta límites insospechados llegando a conceder préstamos de dinero a los reyes y sus nobles. De esa manera, la Orden dispuso de suficientes recursos para financiar la construcción de setenta iglesias y casi ochenta catedrales.

Sus crecientes desplazamientos de mercancías, tropas, caballos y provisiones, se realizaban en barcos alquilados, pero con el tiempo la magnitud del volumen de transporte los llevó a construir sus propios navíos, carracas, taridas y naos. Esas naves que se construyeron en sus propios astilleros, transportaban peregrinos a Tierra Santa, escoltadas por galeras armadas que las protegían de los piratas sarracenos en las aguas del Mediterráneo.

Luego de perder todas las ciudades y fortalezas que tenían en Tierra Santa, la Orden de los caballeros templarios comenzó a declinar. A partir de entonces instaló su cuartel general en la isla de Chipre, y muchos caballeros regresaron a sus países de origen, donde su presencia representaba una molestia para los nobles y reyes, que les debían grandes sumas de dinero. Sin embargo, el peor de todos, que les tenía una envidia desmesurada, era Felipe IV de Francia. Cabe decir que la Orden del Temple y sus caballeros, por sí sola no podía mantener a raya o detener el avance de las fuerzas rivales, siendo que superaban en número a los templarios, y los contingentes cruzados en Tierra Santa, o estaban mal dirigidos, o mantenían una rivalidad entre ellos.

En 1306, Ramón Llull presentó un proyecto para fusionar a los templarios con otras órdenes militares, como los hospitalarios. La negativa del gran maestro templario, Jacques de Molay, para aceptar este proyecto de fusión, selló el destino de la Orden, que se ganó la enemistad del papa de origen francés Clemente V. Esta afirmación difiere de las que se publican en otros artículos donde la idea o propuesta de fusionar ambas órdenes, proviene del propio papa Clemente y no de otra persona. También, el mencionado pontífice, no sentía gran aversión hacia los templarios. Al contrario, ellos tenían al papa como su máxima autoridad, después del maestre. Y este solo cedió a las presiones del rey francés, para evitar un conflicto de mayor envergadura.

Al año siguiente Felipe IV que les debía grandes sumas de dinero, decidió acabar con ellos. El rey francés presentó ante el papa una denuncia compuesta por 127 acusaciones, entre las que destacaban, la posesión de más poderío y riquezas que la Iglesia, la toma de juramentos a sus miembros para enriquecer a la Orden a toda costa, las relaciones clandestinas mantenidas con los musulmanes, los ritos de iniciación, en los que se obligaba a los novicios a cometer sacrilegio contra la cruz, el asesinato de los miembros que revelaban secretos de la Orden, la adoración de ídolos paganos, etc.

Ese mismo año, Jaques de Molay con aproximadamente 140 templarios, fueron arrestados y llevados a la Inquisición para ser juzgados. De Molay fue torturado varios días hasta que confesó su culpabilidad y probablemente fue liberado. En otras versiones, el gran maestre fue mantenido en prisión hasta su ejecución.

En 1312, durante el Concilio de Vienne, Clemente V disolvió la Orden y transfirió todos sus bienes a la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta.

En 1314, Felipe IV adujo que De Molay se había retractado de su anterior confesión y continuó el proceso judicial en su contra. El ex gran maestre fue encontrado culpable y quemado en la hoguera, frente a la Catedral de Notre

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Dame. En los demás países europeos no prosperaron las acusaciones contra los templarios, sin embargo, a raíz de la disolución o dispersión de la Orden, sus bienes pasaron a las órdenes de nueva fundación, como la de Orden de Santa María de Montesa en Valencia, y la Orden de Cristo en Portugal.

Bibliografía:

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HUGS DE PAYENS

1) Hugues de Payns (en francés), Hugo de Paganis en latín y en fuentes italianas a menudo Ugo De' Pagani (Payns, circa 1070-Palestina, 1136) fue un caballero medieval francés, primer maestro de la orden de los Caballeros Templarios.

Hugues de Payns, según algunos estudiosos, nació en Payns, a unos 10 km de Troyes, En Champagne - Ardenne, Francia. Hugo era un caballero Señor de Montigny-les-Monts, un pequeño pueblo a 23 km de Troyes, pero también tenía tierras cerca de Tonnerre, a unos 30 km de Auxerre. Era un caballero de la aristocracia media y tenía estrechos lazos con los señores de Troyes ya que su firma aparece en algunos actos del conde de Champagne junto con la de otros señores locales; también estaba relacionado con los Montbards, la familia de la

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madre de San Bernardo. Tuvo una esposa y al menos un hijo, Teobaldo, entonces abad del Monasterio de Sainte - Colombe en Troyes. Tal vez participó en la Primera Cruzada (1096-1099), sirviendo en el ejército de Godofredo de Buglione y regresó a Francia en 1100, pero la primera fecha segura es 1104, el año en el que acompañó al conde Hugo de Champagne en su primera peregrinación a Tierra Santa. En 1114 volvió a tierra santa y permaneció allí varios años. Se funda la Orden de los Templarios, según el historiador alemán R. Hiestand, entre enero y septiembre de 1120, por él y por Godofredo de Saint - Omer y, según la tradición, por otros siete caballeros, para un total de nueve.

Los nombres de los otros caballeros fundadores fueron Payen de Montdidier, Archambaud de Saint-Amand, André de Montbard, Geoffrey Bison y otros dos reportados solo con los nombres de Rossal y Gondemar. El nombre del noveno Caballero sigue siendo desconocido. Este es probablemente un número simbólico, que no debe tomarse literalmente. En 1126 su Señor, El Conde Hugo de Champagne, hizo su tercera peregrinación a tierra santa y se convirtió en parte de los Templarios abandonando sus propiedades en Francia, lo que sugiere, dadas las estrechas relaciones entre los dos, que el conde de Champagne participó en el nacimiento de la orden.

En 1127 volver a Francia, que envió del Rey, junto con otros cinco Caballeros Templarios, y diferentes religiosos para conocer la Orden, el reclutamiento de nuevos seguidores, o luchar por la Tierra Santa y dar a la orden una regla aprobada por la Iglesia, el viaje es probablemente financiado por el rey Balduino II, que envía una carta a San Bernardo incitándolo para que la Orden tiene la protección de la Iglesia.

En 1128 Hugo conoció a Folco de Anjou, Señor de Anjou, Turenne y Maine y le presentó la propuesta de Balduino II de casarse con su hija Melisenda ya que no tenía hijos varones. Folco era conocido por el rey de Jerusalén, porque había tomado la cruz en 1120, había sido el primer autor de una donación a la Orden de los Templarios y era un hábil administrador y diplomático, se vio obligado a hacer malabares como vasallo de Enrique I de Inglaterra y Luis VI de Francia. Folco acepta la propuesta de Balduino II y Hugo le ayuda a resolver el largo conflicto con su vasallo, Hugo D''Amboise, quien a su vez toma la Cruz.

Hugo continúa su viaje en Francia, llegando a Poitou, y luego en Normandía, donde es recibido por Enrique I, quien lo envió a Inglaterra y Escocia y luego llega a Flandes, luego en su Champagne en 1129 y seguido por un gran grupo de caballeros listos para tomar la cruz y seguirlo a Tierra Santa. Durante su viaje Hugo, al igual que los otros Templarios sus compañeros que hicieron viajes similares a otras regiones de Francia y Europa, recibieron varias donaciones a favor de la orden que formó una base sólida en Occidente; a estos se suman las posesiones dejadas por los mismos fundadores Templarios, incluido el propio Hugo.

El 13 de enero de 1129, a petición suya, se reunió el Consejo de Troyes, que estableció la regla de la orden según las palabras de Hugo, como se informa en el texto de la regla.

San Bernardo consagró la orden, convirtiéndose así en su fundador, escribió la regla (la famosa de laude novae militiae) junto con el resto del Consejo, que proporcionó pobreza, castidad y obediencia entre otras cosas, deberes de todos los cánones.

Hugues estaba casado, no obstante, como se casó antes de ser sometido a los votos monásticos, se podía hacer una excepción. A pesar de esto, para ser verdaderamente el guía de sus caballeros, Hugues abandonó a su esposa y tomó los mismos votos que los otros caballeros.

En 1130 Hugo está en el sur de Francia, cerca del Ródano, acompañado por Folco de Anjou y su hijo Tebaldo, que se convirtió en abad de Saint-Colombe en Troyes, luego viene a Aviñón, luego a Marsella, donde se embarca para

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Jerusalén. Hugo dirigió la Orden de los templarios como maestro durante 16 años hasta su muerte en 1136, sentando las bases de lo que también se convertiría en una influyente organización militar y financiera. Fue sucedido por Robert de Craon. Un historiador del siglo XVII, Marco Antonio Guarini, afirma que Hugues de Payns fue enterrado en la Iglesia de San Giacomo en Ferrara.

2) Hijo de Gautier de Montigny y nieto de Hugo I, Señor de Payns, su infancia y su juventud se ven influidas por el ambiente de reforma religiosa que se desarrolla en la Champaña y que dará figuras de la talla de san Roberto de Molesmes, fundador de las abadías de Molesmes y Cîteaux, o la de san Bernardo de Claraval, impulsor de la reforma del cister y mentor eclesiástico de la misma Orden del Temple. De la ferviente pasión religiosa de Hugo II de Payns es muestra su breve paso como monje por la abadía de Molesmes, tras la muerte de su primera esposa Emelina de Touillon, con la que se había desposado hacia el 1090. Fruto de este matrimonio nació su hija Odelina, futura señora de Ervy.

Vasallo fiel del conde Hugo de Champaña, Hugo II de Payns abandona los hábitos y a partir del año 1100 se integra plenamente como uno de los principales miembros de la Corte champañesa, uniendo en su persona el señorío de Montigny y el de Payns.

Es muy probable que Hugo II de Payns realizara su primer viaje a Tierra Santa junto al conde de Champaña en 1104-1107. Tras regresar de este, y para ayudar a consolidar las pretensiones políticas de su señor, casó en segundas nupcias con Isabel de Chappes (entre 1107 y 1111), perteneciente a una de las familias más importantes del sur de la Champaña. Del matrimonio nacieron cuatro hijos: Teobaldo, futuro Abad de Santa Colombe de Sens;

Guido Bordel de Payns, heredero del señorío; Guibuin, vizconde de Payns, y Herberto, llamado el ermitaño. Sin embargo, en 1119, la pasión religiosa que sentía Hugo II de Payns le llevó a tomar votos de castidad y a partir nuevamente a Tierra Santa, donde creó, un año más tarde, la que llegaría a ser la Orden Militar más importante de la Cristiandad: La Orden del Temple.

Se afirma que los otros caballeros eran Godofredo de Saint-Omer, Payen de Montdidier, Archambaudo de Saint Agnan, Andrés de Montbard (tío por parte de madre de San Bernardo de Claraval), Godofredo Bison, y otros dos de los que solo se conoce su nombre, Rolando y Gondamero. Se desconoce el nombre del noveno caballero, aunque hay quien piensa que pudo ser Hugo, Conde de Champagne.

En 1127 Hugo II de Payns regresa a Europa acompañado por Godofredo de Saint-Omer, Payen de Montdidier, y dos hermanos más, de nombre Raúl y Juan, con el fin de reclutar nuevos miembros para la Orden, tomar posesión de las numerosas donaciones que habían sido otorgadas a esta y para organizar las primeras encomiendas de la Orden en Occidente (casi todas ellas en la región de la Champaña). Así pues, Hugo inicia un periplo que le lleva por Roma, la Champaña (otoño de 1127); Anjou y Poitou (abril y mayo de 1128), Normandia, Inglaterra y Escocia (verano de 1128) y Flandes (otoño de 1128).

Hugo y sus compañeros regresan en enero de 1129 a la Champaña para tomar parte en el Concilio de Troyes, un concilio de la Iglesia católica, que se convocó en la ciudad francesa el 13 de enero de 1129, con el principal objeto de reconocer oficialmente a la Orden del Temple. En dicho concilio estuvieron presentes: el cardenal Mateo de Albano (representante del Papa); el arzobispo de Reims y el de Sens; diez obispos; ocho abades cistercienses de las abadías de Vézelay, Cîteaux, Clairvaux (que en este caso no era otro sino San Bernardo), Pontigny, Troisfontaines y Molesmes; y algunos laicos entre los que destacan Teobaldo II de Champaña, el conde de Campaña, André de Baudemont, el senescal de Champaña, el conde de Nevers y un cruzado de la campaña de 1095.

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Hugo de Payns relató en este concilio los humildes comienzos de su obra, que en ese momento solo contaba con nueve caballeros, y puso de manifiesto la urgente necesidad de crear una milicia capaz de proteger a los cruzados y, sobre todo, a los peregrinos a Tierra Santa, y solicitó que el concilio deliberara sobre la constitución que habría que dar a dicha Orden. Se encargó a San Bernardo, abad de Claraval, y a un clérigo llamado Jean Michel la redacción de una regla durante la sesión, que fue leída y aprobada por los miembros del concilio.

Tras el concilio de Troyes, Hugo II de Payns nombró a Payen de Montdidier Maestre Provincial de las encomiendas sitas en territorio francés y en flandes, y a Hugo de Rigaud Maestre Provincial para los territorios del Languedoc, la Provenza y los reinos cristianos hispánicos y tras ello, regresó a Jerusalén dirigiendo la Orden que el mismo había creado durante casi veinte años hasta su muerte en el año 1136 (el 24 de mayo según el obituario del templo de Reims), haciendo de ella una influyente institución militar y financiera internacional. Un obituario de la Comandancia de Reims indica que los Caballeros Templarios celebraron su memoria el 24 de mayo, pero nada prueba que sea la fecha precisa de su muerte.

La escritora italiana Barbara Frale menciona en su libro: "Los templarios y la Sábana Santa", la posibilidad de que la cabeza barbada venerada por los Templarios, el Baphomet, podría ser en realidad la cabeza momificada o incorrupta de Hugo de Payns. Según la autora, los Templarios veneraban a su fundador en ciertas liturgias nocturnas con el culto propio de un santo (a pesar de que Hugo de Payns nunca fue canonizado). Este hecho, pudo incitar a Clemente V amonestarlos para que redujeran el culto a una devoción mucho más sobria y privada.

Esto debido a que, para la Iglesia católica, Hugo de Payns era simplemente un lego que había escogido el camino de la religión como tantos otros monjes y sacerdotes anónimos.

3) No existe una biografía temprana de Hugo de Payns, ni los escritores posteriores citan dicha biografía. Ninguna de las fuentes en su carrera posterior da detalles de sus primeros años de vida. La información es, por lo tanto, escasa e incierta. Las afirmaciones hechas dependen en parte de documentos que pueden no referirse al mismo individuo y de historias escritas décadas o incluso siglos después de su muerte.

El nacimiento de Hugo de Payns, primer Maestro y fundador de la Orden del Templo, está envuelto en el misterio.

Algunos historiadores lo ubican en Ardeche, pero la mayoría está de acuerdo en que proviene de Champagne.

Nació alrededor de 1070 en las tierras de Payens, ubicado a unos 10 km de Troyes.

La única declaración tardía de que el fundador de los Caballeros Templarios vino de «Payens cerca de Troyes»

tiene alguna confirmación circunstancial ya que una comandancia Templaria fue construida en Payens, sin embargo, algunos estudiosos han buscado los orígenes de Hugues en otros lugares.

Hubo un reclamo temprano de que venía de Vivarais, distrito de Viviers en el departamento moderno de Ardèche.

Hugo también ha sido identificado como Hug de Pinós, tercer hijo de Galceran I, señor de Pinós en Cataluña, no obstante, Galceran se casó solo en 1090, una fecha demasiado tardía para ser el padre del fundador de los Caballeros Templarios.

Hugo de Payns parecía ser una persona importante en el Tribunal del Conde de Champagne. Su nombre se menciona varias veces como testigo de las donaciones hechas por el Conde de Champagne. Nadie puede decir con seguridad si el caballero participó en la Primera Cruzada o no, sin embargo, es interesante notar que su nombre está ausente de los actos de donación hasta el regreso de los primeros cruzados.

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Con un elemento de seguridad podemos decir que de Payns acompañó al Conde de Champagne en su peregrinación a Jerusalén en 1104. Regresó a Francia el año siguiente sólo para visitar Tierra Santa en 1114 con otros caballeros seculares, apoyados por el Conde.

Los cronistas posteriores escriben que Hugo de Payns se acercó al rey Balduino II de Jerusalén, cuyo reinado comenzó en 1118, con ocho caballeros, siendo todos parientes por sangre o matrimonio, con el fin de formar la Orden de los Caballeros templarios. Los otros caballeros fueron Godfrey de Saint-Omer, Payen de Montdidier, Archambaud de St. Agnan, André de Montbard, Geoffrey Bison y dos hombres registrados solo con los nombres de Rossal y Gondamer. Balduino aprobó la fundación de la Orden y confió el Templo de Jerusalén a su cuidado.

Hugo de Payns y sus compañeros se pusieron al servicio del Canon del Santo Sepulcro para cuidar y proteger a los peregrinos que vinieron a meditar a Jerusalén. Con este fin, una de sus primeras acciones fue construir la torre de Destroit, en la carretera de Cesaree a Haifa. En 1118, crearon la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo que, en 1119, después de haber tomado sus votos monásticos frente al Patriarca de Jerusalén, asumieron el nombre de «Caballeros del Templo de Jerusalén», o más simplemente, Caballeros del Templo, o solo los Templarios. Hugo de Payns fue el primer Maestro de esta Orden floreciente.

Hasta 1127, Hugo de Payns y sus compañeros proporcionaron protección a los peregrinos que iban a Jerusalén.

En otoño de este año, Balduino II, rey de Jerusalén, y el patriarca Goromond decidieron enviar a Hugo de Payns y cinco de sus compañeros al Oeste para pedir ayuda.

Al mismo tiempo, Balduino II envió una misiva a Bernard de Clairvaux por dos razones. Primero, era importante establecer reconocimiento para los templarios. Segundo, la nueva Orden requería una Regla para vivir y, por lo tanto, alguien para escribirla.

Durante los siguientes dos años, Hugo de Payns y sus compañeros viajaron por Francia desarrollando su floreciente Ejército. Sus viajes también sirvieron para asegurar las provisiones indispensables para su funcionamiento en Tierra Santa.

En la primavera de 1129, Hugo de Payns se embarcó desde Marsella para el viaje de regreso a Tierra Santa. Fue acompañado por sus compañeros y numerosos nuevos Caballeros.

Hugo de Payns murió, aparentemente en Palestina, en 1136. Las circunstancias y la fecha de su muerte no están registradas en ninguna crónica, aunque los Templarios lo conmemoraron todos los años el 24 de mayo, y se presume que murió de viejo. El historiador del siglo XVI, Marco Antonio Guarini afirmó que Hugo fue enterrado en la Iglesia de San Giacomo en Ferrara. Fue sucedido como Gran Maestro por Robert de Craon.

EL GRAN MAESTRE

Gran Maestre o Gran Maestro, o simplemente Maestro o Maestre, es el rango más alto dentro de la jerarquía de la Orden de los Templarios. Otorga al portador el control total sobre sus miembros y de sus operaciones.

Habiendo dado previamente un rostro más público, los Grandes Maestros eran más conocidos que sus homólogos en la Hermandad de los Asesinos. A pesar de que los templarios se ocultaban en las sombras, las identidades de sus líderes acaban siendo reveladas.

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Hasta el siglo XVIII, el rango simbolizaba la "corona" dentro de la Orden del Temple, todos los Templarios de alrededor del mundo debían estar a su servicio. Sin embargo, el rango fue modificado de tal forma que solo fuese el mayor rango de cada región, haciendo que hubiese varios Maestres.

HISTORIA

Uno de los primeros Grandes Maestros fue un francés llamado Hugo de Payns, quien, junto con su compañero Bernard de Clairvaux, escribió el documento conocido como la Regla Latina, que dictaba las conductas de los Caballeros de la Orden, en el año 1128. Se aplicó el siguiente año y pronto se extendió por toda la Orden.

Desde 1184 hasta 1189, Gérard de Ridefort fue el Gran Maestro de la Orden.Con ese titulo, dirigio varias campañas militares contra los Sarracenos, que terminaron en desatre. Finalmente, Ridefort murio el 1 de octubre de 1189 en Acre, Israel.

Después de dos años sin un Gran Maestro, Roberto de Sable entró en la orden de los Caballeros Templarios y reinó como Gran Maestro durante 1191. Durante su reinado, buscó los Fragmentos del Edén, en particular el Fruto del Edén.

Después de haber perdido el Fruto, lanzó un ataque a Masyaf, la Fortaleza de la Hermandad de los Asesinos. Más tarde, durante la Batalla de Arsuf, fue asesinado por su rival, Altaïr Ibn-La'Ahad.

Después de la muerte de Roberto, Armand Bouchart tomó el titulo mientras él y los templarios se retiraban a Chipre. Sin embargo, Altaïr y Armand lucharon en el Archivo Templario, después el asesino, frustró los planes del Gran Maestro, dando como resultado la victoria de Altaïr y la pérdida de otro líder Templario.

Durante el siglo XIV, el rey castellano Felipe el Hermoso fue, sin saberlo, la influencia de los Asesinos, y conspiró contra los Templarios. Como resultado, ellos fueron calificados como herejes y cientos de ellos fueron detenidos, con el último Gran Maestre, Jacques de Molay.

El Maestre se dejó quemar para dar la ilusión de que el era el último de los Templarios, su engaño dio resultado, la Orden sobrevivió, pero se vio obligada a actuar en la oscuridad. Aparte de esto, antes de su muerte, Molay envió nueve hombres de mayor confianza en el mundo para continuar su obra.

RENACIMIENTO

En 1476, los Templarios en Europa fueron dirigidos por el español, Rodrigo Borgia, un cardenal bajo el pontífice, Sixto IV. Operando desde Roma, el objetivo principal de Rodrigo era unir a Italia bajo la bandera Templaria, Sin embargo, los Templarios se alejaron mucho de su ideología principal. En este caso, la Orden fue una manera de lograr y mantener el poder para ellos.

A pesar de las interferencias de los Asesinos, principalmente por Ezio Auditore da Firenze, Rodrigo logró sobornar a los demás cardenales, y fue nombrado Papa en 1492, tomando el nombre de Alejandro VI.

Rodrigo aseguró entonces el poder de la Iglesia por los Templarios, y desde el Vaticano, supervisó el progreso de los demás Templarios en Europa, incluyendo Inglaterra y España. Sin embargo, en 1500, la resolución de Rodrigo se había debilitado, y el control sobre la Orden pasó su hijo, César Borgia.

Después de que él matase a su propio padre en agosto de 1503, César se convirtió en el Gran Maestro oficial de la Orden, aunque sin el poder de su padre en la Iglesia, no pudo mantener la misma influencia en Europa que su padre había hecho. César pronto fue encarcelado con la ascensión del nuevo Papa, Julio II, y al escapar, huyó a

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su hermano-en-ley de Juan III de Navarra en Navarra, España. El Gran Maestro fue asesinado en Viana en 1507 por Ezio Auditore, desestabilizando a los Templarios en Europa y haciendo que se retiren temporalmente.

EDAD DE ORO DE LOS PIRATAS

Laureano de Torres y Ayala (1645 - 1722) fue Maestre en el Caribe, así como también fue el gobernador español de Florida desde 1693 hasta 1699, el gobernador de Cuba en dos ocasiones entre 1707 y 1716. Junto a sus compatriotas templarios Julien du Casse y Woodes Rogers, Torres conspiró para utilizar al Sabio Bartholomew Roberts para tener acceso al Observatorio, un lugar que permitía ver lo que otra persona veía con una solo gota de sangre de esa persona, para así obtener el control de los imperios europeos.

Torres fue asesinado más tarde por el pirata asesino Edward Kenway en el Observatorio, mientras intentaba acceder al primer sitio de la Primera Civilización. Después de la muerte de Torres y sus compatriotas, no se a sabido nada más de ningún otro Maestro Templario en el Caribe.

En el siglo XVIII, el título de Gran Maestro había sido ligeramente modificado, convirtiéndose en un rango, dependiendo de su región. En Inglaterra, el Gran Maestro de la orden era Reginald Birch, un inglés que trabajaba como un hombre de negocios como tapadera. Él fue responsable del crecimiento de la influencia Templaria en las colonias británicas, envío a Haytham Kenway para guiarlos. Haytham, a su llegada a las colonias, reunió a los conspiradores que habían sido reclutados y ubicados por Birch, y se convirtió en el Gran Maestro de la América Colonial.

A finales del mismo siglo, el título de Gran Maestro había sido otorgado a Charles Lee, tras la muerte de Haytham durante el asedio de Fuerte George por su hijo, el Asesino Connor. Charles, siendo el único conspirador, intentó huir por barco de vuelta a Inglaterra después de que su plan inicial fallase. Lee fue asesinado por Connor en una taberna.

En Francia durante el siglo XVlll el Gran Maestre era François de la Serre. François trató de hacer las paces con los asesinos, pero esto no fue aceptado por otros templarios. Fue asesinado por sus compañeros templarios en un golpe de Estado instigado por François-Thomas Germain, que fue seguido por un cambio en el poder y las ideologías fundamentales dentro de la Orden. Después de la muerte de de la Serre, la Orden dividida entre la facción conservadora liderada por Élise de la Serre y los seguidores del nuevo Gran Maestre, Germain, que quería alentar el surgimiento de la clase media a expensas de la aristocracia.

ROGER DE FLOR ¿EXPULSADO?

1) (Brindisi, c. 1267-Adrianópolis, 1305) caudillo mercenario italiano al servicio de la Corona de Aragón. Ejerció como uno de los capitanes de los almogávares y también fue conocido como Roger von Blume y Rutger Blume.

Roger fue hijo de un oficial de cetrería del emperador Federico II llamado Ricardo y de una burguesa de Brindisi, donde él nació. Cuando se arruinó la familia, su madre le confió a un caballero de la Orden del Temple y allí fue Hermano sargento al mando del navío Halcón. Participó en la última cruzada a Tierra Santa, donde se distinguió en la defensa de San Juan de Acre (1291). Sin embargo, los templarios le acusaron de haberse apropiado de tesoros de la orden, en la confusión en la que se desarrolló el desalojo de la ciudad, por lo que fue expulsado de la orden. Aprovechando su experiencia militar, se hizo mercenario, entrando al servicio del rey Federico II de Sicilia (hijo de Pedro III el Grande de Aragón). Federico puso a Roger de Flor al mando de las compañías de almogávares, mercenarios que habían sido empleados por la Corona de Aragón en la conquista de Valencia y Mallorca, y más tarde para consolidar sus dominios de Sicilia frente a las pretensiones de la Casa de Anjou.

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Participó en la defensa de Mesina en 1302 demostrando dotes de auténtico líder. Tras la Paz de Caltabellota (1302) entre Carlos II de Anjou y Federico de Sicilia, en 1302 se puso al servicio del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo para ayudarle contra el peligro otomano, al mando de una expedición de 4.000 almogávares, 1500 soldados de caballería y 39 naves enviada por Federico (la Gran Compañía Catalana).

2) Nació en Brindisi en 1226. Su padre, Ricardo de Flor, de origen alemán, era halconero del emperador Federico II y murió combatiendo contra Carlos de Anjou. A la edad de 15 años entró al servicio de un caballero del Temple.

Entró en la orden de los Templarios, pero acusado de haberse enriquecido ilícitamente fue expulsado. Se trasladó a Italia dedicándose a la guerra del corso y llegó a ser comandante naval de Fadrique de Aragón, rey de Sicilia.

En 1302 apoyó al emperador bizantino en su lucha contra los turcos, poniéndose al frente de los almogávares (soldados mercenarios, originarios de tierras de la Corona de Aragón). El monstruoso Leviatán citado profusamente en el Génesis, durante varios miles de años, encarnó uno de los grandes temores de la humanidad, tan habituada a vivir en una incertidumbre plagada de horrores más o menos disimulados. Este monstruo del Averno más profundo, una criatura creada por un Dios engendrado en mente humana (nada que ver con el otro, su doble, eterno e indiferente a nuestra existencia), un generoso distribuidor de caos y mal para meter en vereda a través de una especie de indescifrable terrorismo espiritual – menos mal que estamos hechos a su imagen y semejanza -, causando pavor desde las páginas del antiguo testamento.

Entre las gentes de bien que viven callada y discretamente sus vidas, ocasionalmente surgen fuerzas que nos arrebatan la paz y el precario bienestar de nuestras anónimas existencias. Este y no otro, fue el caso de un temible militar al servicio de la Corona de Aragón, que no reparaba en repartir obleas a diestro y siniestro con tal de ser respetado y temido, aunque ello supusiera sembrar los campos y ciudades de cadáveres, que ya extintos, llevaban el inequívoco mensaje y firma de uno de los más atroces guerreros del medievo. Al sur de la costa adriática italiana, conoció a un templario que pilotaba una de las naves de la Orden y que, con el consentimiento de la madre del chiquillo, se ocuparía de él. Así, aprendería el arte de la navegación, y más tarde cuando entró en la Orden del Temple en 1285, le adjudicarían la gestión de una Coca catalana de notables dimensiones, ligeramente artillada, poco veloz, pero de gran resistencia al proceloso mar y que iba a ser una mina para el espigado joven.

Ya dueño de su destino, el chaval se hizo con una ruta entre el Levante mediterráneo y los puertos de la costa sureste de lo que hoy es Italia.

Tras medrar por el Mediterráneo en busca de un horizonte adecuado a sus bolsillos, ofrecer sus servicios a aristócratas de medio pelo y reyes de andar por casa, este elemento de la naturaleza se puso en manos de la Corona de Aragón que a la sazón controlaba Sicilia y unos cuantos cientos de miles de kilómetros allende la península. Y ahí, es cuando su nombre cobra fama y sus hazañas se tiñen de rojo.

Entonces, este falso mito lleno de negras costuras, expulsado de la Orden del Temple por prácticas ajenas al rígido código de honor de estos monjes soldados, pensó que sería interesante repartir estopa por los pagos de oriente, y dicho y hecho. Se necesitaba gente de guerra con un curriculum que impresionara y los Almogávares - la columna vertebral de esas fuerzas - eran los soldados mejor preparados de su tiempo. A pesar que se habían constituido como la Gran Compañía Catalana, eran aragoneses – sobre todo la infantería - sub pirenaicos muy entrenados originalmente en la caza menor y mayor. Se piensa que luego de la disolución de la orden, este caudillo marinero, que comandaba una de las naves de la flota del temple, cambió el baussant por una insignia peculiar que más tarde serían conocidos como piratas. Un cráneo y dos tibias cruzadas en campo de sable.

Convirtiéndose en el azote del Mediterráneo, contra las armadas y buques mercantes de la corona. De esta

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leyenda surge la idea que algunos defienden, que en realidad la bandera pirata y sus barcos eran antiguos guerreros templarios proscritos, llevando a cabo su venganza por las acusaciones que le sirvieron de pretexto al rey de Francia para ejecutar la infame persecución de los pobres caballeros de Cristo y obligar al papa de turno disolver la orden del temple.

No son pocos los que se preguntan cómo un ejército bien entrenado y pertrechado, pudo ser cazado y apresado de manera muy simple, en apariencia. Y es que los templarios no solo eran guerreros, veteranos y probados en las batallas y conflictos de menor importancia del medievo. También eran monjes, con un estricto código moral y reglas que les prohibieron desde sus inicios a levantar sus armas en contra de otros cristianos. Siempre hubo excepciones y como en toda compañía de hombres, existen quienes rompen esas normas de conducta y todavía los hay. Sin embargo, el maestre y sus oficiales en París, se abstuvieron de ofrecer una resistencia tenaz ante sus captores. Garantizando así que la flota del Atlántico norte zarpara desde el puerto de la Rochelle con todo su cargamento. Entre otras acciones que se llevaron a cabo, con el objetivo de preservar un legado que ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, antes de hablar sobre los destinos o derroteros que llevaron estos marineros y los demás grupos que pasaron a formar parte de otras órdenes militares, hay que mencionar la creación de dos nuevas órdenes con un marcado carisma o perfil templario, bajo una apariencia y nombres muy sugerentes. La Orden de Cristo, en Portugal, y la Orden de Santa María de Montesa, en España.

Ahora, nos podemos preguntar si este Roger lo expulsaron del temple, por la razón que conocemos o la causa es otra. Se puede hablar mal o difamar de un hermano templario, en esta época. Se hizo en el pasado también, para manchar el buen nombre y la imagen de la orden y sus miembros. Siempre hubo y habrá quienes, movidos por la envidia, la avaricia, y otras cualidades humanas muy bajas, buscarán menospreciar o difamar de los demás para destruir o disminuir el prestigio, admiración y respeto que ellos no pueden alcanzar. Esto no debe ser confundido con la valentía de expresar una verdad o desenmascarar una mentira, defender un ideal o mantener la imagen, visión, y misión del temple.

Referencias

• www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2021-10-30/roger-de-flor-un-heroe- endemoniado_3314578

• www.biografiasyvidas.com/biografia/r/roger_de_flor.htm

• es.wikipedia.org/wiki/Roger_de_Flor

• es.wikipedia.org/wiki/Almogávar

• historiageneral.com/2014/07/09/roger-de-flor-y-los-almogavares

• www.artehistoria.com/es/personaje/flor-roger-de

• youtu.be/9A8Yl55qIrc

• youtu.be/-yPYggfkzs8

• www.ecured.cu/Roger_de_Flor

• www.ecured.cu/Caballeros_templarios#Maestros_del_Temple

• www.ecured.cu/Los_templarios_(libro_español_de_1996) II. TEMPLARIOS ENTRE NOSOTROS

Publicamos aquí un interesantísimo artículo sobre los posibles herederos del Temple, publicado en la revista MÁS ALLÁ… escrito por la Sociedad de Estudios Templarios y Medievales, TEMPLESPAÑA

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Os invitamos a que leas detenidamente, debido a su alto valor informativo. Fueron, con casi toda seguridad, los personajes más enigmáticos de la historia del cristianismo. Hablamos de la Orden del Temple, una institución que desapareció en el año 1314 con la muerte en la hoguera del último Gran Maestre, el templario Jacques de Molay.

Sin embargo, los caballeros del Temple siguieron reuniéndose en secreto, y la misteriosa orden se perpetuó...

hasta hoy. MÁS ALLÁ presenta, por primera vez y en un completo dossier, las claves secretas de la postrera historia de los templarios y aquellas organizaciones actuales que aseguran ser las herederas del legado que dejó Jacques de Molay.

La Sociedad de Estudios Templarios y Medievales de España tiene carácter cultural, científico, formativo y social.

Sus fines u objetivos fundamentales son los que se contemplan en el artículo 10 de sus Estatutos Sociales:

1) Fomentar la investigación sobre la Orden religiosa y militar jerosolimitana de los Pobres Soldados de Cristo y del Templo de Salomón, conocida como Orden del Temple, y de su contexto histórico medieval, especialmente en el ámbito de España y del resto de territorios ibéricos.

2) Realizar estudios históricos y tradicionales (relativos al ámbito de la denominada Tradición Primordial o Philosophia Perennis) acerca de las manifestaciones culturales, artísticas, arquitectónicas, científicas y religiosas de la Edad Media.

HISTORIA SECRETA DEL TEMPLE

Fernando Arroyo Durán y Jorge L. Fernández Palacios

Su espíritu no se extinguió con la muerte del Gran Maestre, Jacobo de Molay, en 1314 a manos de la Inquisición.

Ni tampoco su fuerza. Muy al contrario, los caballeros templarios que permanecieron en Europa lograron reorganizarse en secreto (y vengar la memoria de su líder) en una sucesión de acontecimientos históricos cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días. Además, gracias a su poderosa flota, algunos de ellos habrían alcanzado el continente americano, mucho antes de su “descubrimiento” oficial en 1492...

París, 18 de marzo de 1314. Sobre un patíbulo alzado ante Nôtre Dame, fueron colocados los importantes acusados: Jacobo de Molay (y tres altos dignatarios de la Orden del Temple). En un gesto postrero de la Caballería Medieval (conscientes que la gloriosa Orden a la que representaban, y a la que habían servido fielmente, iba a ser derribada injustamente por el azote del destino) los Caballeros del Temple se adelantaron para dirigirse a las gentes de París y proclamar por última vez, en boca del Gran Maestre Jacobo de Molay, su inocencia ante los delitos que se les imputaban.

Fue un acto cargado de pasión suicida y sinceridad que, cuando menos, les permitió morir habiendo recuperado una dignidad que jamás debieron perder, aunque sólo fuera por la memoria de aquellos gloriosos Caballeros Templarios que en el campo de batalla pagaron con su vida su fe en el Temple. Con la puesta del Sol se erigió una enorme pira en la Isla de los Judíos, en el Sena, donde las llamas devoraron inexorablemente los cuerpos de aquellos últimos templarios... Sin embargo, transcurridos siete siglos desde la violenta extinción/proscripción de la Orden, un gran interrogante sigue planteándose.

¿Continúan los templarios entre nosotros? Para responder a esta cuestión es necesario hacer una distinción entre las dos formas de pervivencia que pueden ser entendidas como tal. Por un lado, no constituye un dislate considerar que el ideal templario ha perdurado hasta nuestros días, en tanto su legado espiritual e ideológico puede perfectamente haberse asentado en el sentir, y hasta en la forma de pensar y vivir de muchos caballeros

Referencias

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