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Filosofía y personalismo en un mundo en crisis: tomo 1

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Academic year: 2020

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(1)en un mundo en crisis TOMO 1. Édgar Javier Garzón-Pascagaza Compilador. MAESTROS. Filosofía y personalismo. 2.

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(3) Filosofía y personalismo. en un mundo en crisis Tomo 1. Departamento de humanidades Édgar Javier Garzón-Pascagaza Compilador. 2.

(4) Garzón-Pascagaza, Édgar Javier Filosofía y personalismo en un mundo en crisis / Édgar Javier Garzón-Pascagaza y otros doce . — Bogotá : Universidad Católica de Colombia, 2017 Tomo I; 17 x 24 cm – (Colección Maestros ; no. 2 ) ISBN: 978-958-8934-86-0 (impreso) ISBN: 978-958-8934-87-7 (digital) I. Título II. Serie. III Araújo-Castro, Ana María IV. Díaz-Soto, Víctor Manuel V. González, Carmen VI. Gélvez-Higuera, Carlos Rubén VII. Ramírez-Orozco, Sandra Ligia VIII. Gómez-Álvarez, Nieves IX. Gutiérrez-Orozco, Jaime Édgar X. León-Casero, Jorge XI. Montero-Anzola, Jaime XII. Puentes-González, William Fernando XII. Santa Cruz-Vera, Dalia Jaqueline. XIII. Urabayen, Julia 1. PERSONALISMO (FILOSOFIA) 2. FILOSOFIA Dewey 141.5 ed. 21. Proceso de arbitraje 1era evaluación: 8 de febrero de 2016 2da evaluación: 25 de abril de 2016 © Universidad Católica de Colombia © Édgar Javier Garzón-Pascagaza Ana María Araújo-Castro Víctor Manuel Díaz-Soto Carlos Rubén Gélvez-Higuera Nieves Gómez- Álvarez Carmen González Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco Jorge León-Casero Jaime Montero-Anzola William Fernando Puentes-González Sandra Ligia Ramírez-Orozco Dalia Jaqueline Santa Cruz-Vera Julia Urabayen Primera edición, Bogotá, D. C. Marzo de 2017. Dirección editorial Stella Valbuena García Coordinación editorial María Paula Godoy Casasbuenas Corrección de estilo John Fredy Guzmán Diseño y diagramación Juanita Isaza Merchán Impresión Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A. Bogotá D.C. Colombia. Departamento de Humanidades Diagonal 47 # 15-50 Sede El Claustro [email protected] Editorial Av. Caracas no. 46 - 72, piso 5 [email protected] www.ucatolica.edu.co Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni total ni parcialmente o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sin el permiso previo del editor. Hecho el depósito legal © Derechos reservados Impreso y hecho en Colombia.

(5) Contenido Prólogo............................................................................................................................ 5 Francisco José Gómez-Ortiz. 1 El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani...........................................................................................................7 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. 2 El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo............................... 23 Jaime Montero-Anzola. 3 La filosofía como orientación en época de crisis: lecturas actuales de Ortega y Marías.................................................................... 37 Nieves Gómez-Álvarez. 4 Persona y mundo en crisis: Las acciones humanas y los horizontes personales desde el personalismo...........................................................................51 Édgar Javier Garzón-Pascagaza. 5 La persona frente a un mundo en crisis: El arte de frente a la persona y su realidad social.............................................................................................................65 Sandra Ligia Ramírez-Orozco. 6 Los sentimientos y su significado: una búsqueda por la esencia de la noción de persona en Charles Taylor............................................................... 75 Carlos Rubén Gélvez-Higuera. 7 Universidad católica y cultura de la vida............................................................. 85 Dalia Jaqueline Santa Cruz- Vera.

(6) 8 Un personalismo encarnado en el corazón: Aportes de Dietrich von Hildebrand..........................................................................................95 Víctor Manuel Díaz-Soto. 9 La ipseidad des-en-mascarada: exterioridad, alteridad y apertura del otro en Lévinas y Derrida........................................... 113 Julia Urabayen, Jorge León-Casero. 10 La expresión literaria como medio de conocimiento antropológico en la filosofía de Karol Wojtyla................................................. 129 Carmen González. 11 Proyecto vital o de la felicidad en el pensamiento de Julián Marías...............................................................................139 Ana María Araújo-castro. Conclusiones..............................................................................................................157.

(7) Prólogo Francisco José Gómez Ortiz Rector Universidad Católica de Colombia. El hombre del siglo XXI es presa de temores que lo llevan a vislumbrar un mundo sin ilusiones y sin futuro. El personalismo contribuye en estas circunstancias a una renovación espiritual mediante un pensamiento realista, ontológico, fenomenológico y crítico que permite transformar e influir en la sociedad con propuestas educativas, filosóficas y culturales, fortalecidas con la afectividad. Esto, debido a que el amor y la acción se ordenan a la primacía de la vida, reflejados en la solidaridad que demuestra cómo el hombre se realiza exponencialmente en la donación del otro. El personalismo también despierta el esplendor de la belleza y enciende una luz de esperanza que ilumina en la persona la bondad, la admiración, la perfección, el asombro, el interés por el otro y el entorno, lo cual le induce a la creatividad y le hace apreciar el silencio, la reflexión y el diálogo. Despertar la belleza en la persona es posesionarla de una apertura emocional que la hace sentir y vivir el mundo, no con efímeros estados de ánimo, sino colocándola en un estado permanente, profundo y fundamental frente a la vida. En Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Aranguren (1994) sostiene a este respecto: La vida es alegría y tristeza, paciencia e impaciencia, sosiego y prisa, evidencias y fe, tedio y diversión, amor y odio, desesperación y esperanza, angustia y confianza, paz y desgarramiento interior. El que de veras quiere conocer la realidad, debe verla a través de todos los colores, y todas sus luces, a la del sol, a la penumbra y hasta la oscuridad. No hay pues un único estado de ánimo apto para el conocimiento..

(8) 6 - Maestros Prólogo. Esta obra se ocupa de diecinueve temas de reflexión sobre “la persona en un mundo en crisis: análisis y propuestas”. La diversidad de los temas tratados en la obra reúne múltiples intenciones investigativas en torno al concepto de persona y las implicaciones que contiene reflexionar sobre este concepto frente a un mundo en crisis. De esta manera, la religión, la poesía, el cuidado de sí, la filosofía como orientación para ubicarse frente a una época en crisis, el arte como respuesta a la formación de la persona y a las crisis que la abordan, los sentimientos y su significado, la persona en el contexto de la Universidad Católica de Colombia, la cultura de la vida, el personalismo encarnado en el corazón, la ipseidad des-en-mascarada, la expresión literaria como medio de conocimiento antropológico, la condición shemática del hombre, la persona humana y la búsqueda del bien, la persona en el pensamiento de Ignacio Ellacuría, la apreciación de lo bello y lo bueno, la persona abierta a la trascendencia y el fenómeno de la voluntad, el personalismo ante las características de la posmodernidad, la persona como centro y el proyecto vital o de la felicidad son los temas que componen el presente libro; el pensamiento y las reflexiones de sus autores se ofrece a los lectores como una variedad de posturas en torno a un tema actual: la persona y el mundo en crisis. El Dr. Juan Manuel Burgos, presidente de la Asociación Iberoamericana de Personalismo, en sus conferencias generalmente afirma: No nos debería resultar dramático asumir que, de algún modo, siempre estaremos en crisis, que el mundo feliz nunca será nada más que una utopía. Pero la utopía, en su mejor sentido, posee un gran valor: ser el motor que impulse a la acción y evite la caída en distopías reales. Y, en esa inmensa y noble tarea de construcción de un mundo mejor pero no feliz, al personalismo le corresponde sin duda un lugar privilegiado.. La Universidad Católica de Colombia se congratula con el aporte derivado de esta nueva publicación del Departamento de Humanidades, que pone su sello en la persona, razón de ser de esta alma mater.. Universidad Católica de Colombia.

(9) 1. El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani William Fernando Puentes-González* Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco**. Introducción Reconstruir la obra de un personaje que ha hecho historia, que ha contribuido a cambiar el mundo con sus sueños y utopías, implica analizar el valor del legado familiar, de su círculo social, pero sobre todo de su vocación, para contextualizarlo y acercarse a lo que fue y significó su vida. De esta manera, Luigi Giussani es el ejemplo claro de un hombre que hizo realidad sueños, vocación y deseos. En definitiva, todo lo que le ha sucedido en la vida, en su casa, en el seminario y sus diversas experiencias no bastan para “justificar” el nacimiento del movimiento Comunión y Libertad a partir de su persona. En este sentido, el don del Espíritu, o carisma, introduce un valor que aumenta y transfigura incluso las circunstancias contingentes en las que se formaron la personalidad y el temperamento de este hombre que le dedicó toda su vida a la juventud, a la Iglesia y a la fe (Lecturalia, s. f.). * Magíster en Historia por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia; especialista en Docencia Universitaria por la Universidad El Bosque; especialista en Filosofía Latinoamericana por la Universidad INCA de Colombia y Villas Cuba; licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas; guía histórico del Instituto Colombiano de Historia, de la Academia Colombiana de Historia. Profesor del Departamento de Humanidades, Universidad Católica de Colombia. ** Magíster en Desarrollo Educativo y Social por la Universidad Pedagógica Nacional; especialista en Ética por la Corporación Universitaria Minuto de Dios; profesional en Ciencias Religiosas por la Pontificia Universidad Javeriana; ha realizado Estudios Eclesiásticos: Filosofía y Teología, en el Seminario Arquidiocesano de Bogotá. Profesor del Departamento de Humanidades, Universidad Católica de Colombia..

(10) 8 - Maestros El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani. No solo brota la inspiración cuando la naturaleza dota al ser humano de una serie de dones, sino que la gracia y el don del Espíritu depositan en el ser una voluntad carismática, que en el caso de Luigi Giusanni fue despertada por los conmovedores poemas de Leopardi, quien a través de sus versos pone al desnudo al hombre frente a la verdad de la vida, su papel y trascendencia. Giussani hace de su vida un hermoso poema dedicado a su fe y al otro; como siempre lo repitió, “simplemente he vivido mi fe católica en la praxis de la vida amando al prójimo” (Lecturalia, s. f.).. Vida y obra de Luigi Giussani Luigi Giussani nace en 1922 en Desio, un pueblo cerca de Milán. De su madre Ángela, mujer piadosa, recibe la más profunda inducción a la fe, por su sensibilidad frente a las maravillas de la naturaleza, que contaban entre las más hermosas pistas de belleza dadas por Dios. En sus charlas y encuentros recordaba uno de los tantos episodios que vivió con ella, como el día en que contemplaba la primera luz del amanecer camino a misa, y la repentina exclamación al ver la última estrella que brillaba en la creciente luminosidad del cielo: “¡Qué bello es el mundo y qué grande Dios!”. El impacto de este chico frente al firmamento magistral y esa voz pausada pero totalmente emocionada entró en su corazón y permaneció toda su vida como una luz que siempre lo acompañó y fortaleció en su entrega a Dios. Como un elemento que no se puede tomar a la ligera en la formación espiritual está su padre Beniamino, un socialista anarquista, quien le dedicaba tiempo a lecturas de Marx y de los anarquistas de la época, y que de alguna forma le inculcó la dialéctica que siempre lo obligó a preguntarse el porqué de las cosas, la razón última de estas. Su padre venía de una familia artística por excelencia; tallador, dibujante y restaurador, depositó en él la pasión por la música, que le lleva no solo a solventar momentos de dificultad en la familia cantando arias célebres, sino también a privilegiar, a pesar de los pocos lujos de una situación económica modesta, la costumbre de invitar a casa el domingo por la tarde a algún músico para escucharlo (Lecturalia, s. f.).. Universidad Católica de Colombia.

(11) Maestros - 9 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. De esta manera, se despierta en Luigi una sensibilidad no solo por lo artístico y lo espiritual, sino también por lo humano, lo cual queda plasmado en su amor por el arte, su vocación sacerdotal y su labor como profesor. Siempre maravillaba a los que lo rodeaban, por su interés por la estética y la belleza, como camino al corazón de sus estudiantes, compañeros del seminario y sus docentes. En las biografías de Luigi suele decirse con contundencia: Desde entonces, el reclamo a que la verdad se reconoce por la belleza con que se manifiesta formará parte siempre del método educativo del movimiento. En la historia de su vida se puede hablar de un privilegio otorgado a la estética, entendida en el sentido más profundo, tomista, del término, respecto a la insistencia en el reclamo de orden ético. Desde los años de seminario y de estudio, aprendió que el sentido estético y ético provienen ambos de una correcta y apasionada claridad en lo que concierne a la ontología. Y que un gusto estético vivo es el primer indicio de dicha claridad, como muestra de la más sana tradición católica y ortodoxa. La observancia de la disciplina y el orden en la vida del seminario se sumará a la fuerza de un temperamento que se distingue, en el coloquio con sus superiores y en las actividades con los compañeros, por su vivacidad y agudeza. (Scritti s. f.). Luigi entra muy joven pero seguro al seminario diocesano de Milá de San Pedro Mártir Seveson, el 2 de octubre 1933, donde asistió a los primeros cuatro años de la escuela secundaria (1933-1937). En 1937 fue transferido al Seminario de Venegono, donde pasó ocho años: completa el último año de escuela (1938-1941) y los cuatro de teología (1941-1945); finaliza sus estudios en la Facultad de Teología de Venegono, bajo la guía de maestros de la talla de Gaetano Corti, Giovanni Colombo, Carlo Colombo y Carlo Figini, quienes siempre van ser aclamados y valorados, hasta el punto de que él siempre repetía: “Todo es debido a la lealtad de un docente, el recibido en los años de la escuela secundaria y el seminario diocesano de Venegono, de verdaderos maestros que fueron capaces de darme una sólida tradición cristiana” (Scritti, s. f.). Fue ahí cuando, además de la formación cultural y de las relaciones de estima y humanidad que le son características, revive una pasión por la literatura y especialmente retoma la poesía de Giacomo Leopardi, que producen en él una herida, como dijo el cardenal Joseph Ratzinger en la homilía de su funeral: “Don Giussani… desde el principio fue tocado, o más bien herido, por el deseo de la belleza, no. Departamento de Humanidades.

(12) 10 - M a e s t r o s El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani. estaba satisfecho con cualquier tipo de belleza, de una belleza banal, buscando la Belleza misma, la Belleza infinita, por lo que encontró en la poesía de Leopardi que, según cuenta Luigi, a veces le acompañaba en su meditación después de comulgar”. A mediados de los cincuenta quiso retribuir de igual forma lo recibido por sus maestros y tuvo el coraje de abandonar la enseñanza en el seminario y cambiarla por una cátedra en la Escuela Media Superior que regentó durante diez años (1954-1964), enseñando en el Liceo Clásico G. Berchet de Milán. Esta experiencia le permitió moldear su propio “modelo pedagógico” frente a una juventud desorientada, desalentada y desinteresada por lo humano. En aquellos años de maestro se refuerza su convicción de que el culmen de todo genio humano (se exprese como se exprese) es profecía, a menudo inconsciente, del acontecimiento de Cristo. Así le sucedió al leer el himno “A su mujer” de Leopardi como una especie de introducción al prólogo del Evangelio de san Juan, y reconoce en Beethoven y en Donizetti expresiones vivísimas del eterno sentido religioso del hombre (Lecturaria, s. f.). Desde 1964 hasta 1990 ejerció la cátedra de Introducción a la Teología en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán. El nombre actual del su movimiento, Comunión y Liberación (CL), apareció por primera vez en 1969, y el Vaticano, bajo el expreso deseo del Papa Juan Pablo II, reconoció el estatuto de Fraternidad. En 1982 Luiggi Giussani consolidó esta iniciativa por el convencimiento de que el acontecimiento cristiano vivido en la comunión es fundamento de la auténtica liberación del hombre. Con el tiempo, los grupos que pertenecen a este movimiento se dedicaron a obras culturales y caritativas tanto en Italia como en otros países; es el caso del Banco Alimenticio, que proporciona comida y alojamiento a medio millón de pobres en Italia, o el Banco Farmacéutico, así como centros de solidaridad para exconvictos, desempleados o familias pobres. En la actualidad, CL está presente en unos setenta países de los cinco continentes (Aciprensa, 2005). “No me siento un fundador —ha escrito y repite a menudo Luiggi—; durante toda la vida he tratado simplemente de vivir la fe católica que me comunicaron mi madre y mis profesores” (Guissani, 1987).. Universidad Católica de Colombia.

(13) M a e s t r o s - 11 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. La poesía de Giacomo Leopardi: inspiración divina Leopardi siempre acompaño a Luigi desde lo más temprano de su ser; lo sedujo en su niñez, le atrapó su corazón apasionado en la adolescencia, lo mitigó en sus años de seminarista, lo fortaleció como maestro y le guio su fe durante toda su vida. Luigi comentaba: “Me dejó una profunda herida”, y esa herida lo llevó a un reencuentro con su camino; cómo no compartirla con sus versos llenos de humanidad, capaces de penetrar en cualquier corazón terco o desorientado, porque sus versos develan esa negación a la verdad a la que nos negamos encontrar; y al leerlos son tan auténticamente humanos que se encuentra la posibilidad de un destino positivo, con futuro, esperanza, porque despierta la Fe. Es la “sublimidad del sentir”, es decir, la densidad de emoción, deseo y temor enigmático causados por la desproporción que existe entre el hombre y la realidad. Se trata de una desproporción trágica porque, por una parte, a la grandeza del hombre la realidad parece oponer cínicamente un límite que la descompone, y, por otra parte, a la inmensidad de la creación, a la magnitud de la realidad, le corresponde la diminuta pequeñez, la efímera vanidad del hombre (Giusani, 2005). Leopardi de manera descarnada y real analiza esa desproporción entre nuestro espíritu grande, fuerte, bello; y, sin embargo, débil y frágil, frente a la pasividad, al no experimentar ante un peligro o problema ningún temor o angustia, adormecido frente a grandeza o dolor humano. Giussani (2005) lo llama “el juego de la penumbra”. Si te pones de espaldas a la luz, mira hacia la penumbra, dirás: “me introduce en la oscuridad total”, la última palabra es, pues, la oscuridad; pero si te pones de espalda a la oscuridad, dirás; “es el vestíbulo de la luz”, es decir, la última palabra es la luz. De las dos posturas la más adecuada, como hipótesis, al fenómeno en cuestión es la segunda, dado que la primera no explica ni siquiera la posibilidad de la penumbra. A mi entender este es el verdadero mensaje que Leopardi aporta a la experiencia del hombre. (§ 15). La gran preocupación de Leopardi es la fragilidad del hombre sin esperanzas frente a la magnitud de la vida, de la soledad humana en medio de la muchedumbre desorientada y vacía:. Departamento de Humanidades.

(14) 12 - M a e s t r o s El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani. La gran realidad humana que se desvanece con el tiempo y la conciencia de ser el pequeño punto exalta, desmesuradamente, el sentir del hombre, la sublimidad del sentir, constituyen, por tanto, el primer factor de la concepción y del sentimiento de su propia humanidad expresado por Leopardi. (Giussani, 2015, § 17). En esta evocación del hombre, rescata la posibilidad de la grandeza del ser, su sublimidad al sentir, el poder cambiar su falso destino por una realidad infinita de posibilidades que le permiten ir en búsqueda de su grandeza. Creemos que el poema que más evoca este pasaje de libertad del hombre es el “Canto nocturno de un pastor de Asia”, que así dice: Por montañas y valles, por rocas, arenales, precipicios, al viento, a la tormenta y cuando abrasa al aire, y cuando hiela, se apresura, corre. Anhela, cruza torrentes, charcos cae, se levanta, más y más se apresura, sin tregua, sin descanso, herido, ensangrentado, hasta que llega allá donde el camino y donde tanto afán se dirigió; abismos horribles inmensos, donde al precipitarse todo lo olvida. Virginea luna, así es la vida.. Pero ese viacrucis precisa de un humilde campesino, que sin importar los imposibles sigue adelante, buscando su ser, su naturaleza, y nada lo detiene porque tiene fe y sabe para dónde va. Así es la vida, y la realidad, en voz de Leopardi, “hace soñar al hombre”, y este soñar es lo que permite que el hombre reluzca y saque todas sus posibilidades; es la realización de los sueños la prueba fehaciente donde se engrandece la fe del ser humano. Luigi diría concretamente: La naturaleza —cuando el genio no mantiene despierta la dimensión religiosa— siempre hace de impertérrito telón de fondo ante el dolor y la tragedia del hombre, mientras. Universidad Católica de Colombia.

(15) M a e s t r o s - 13 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. que cuando el artista o el poeta mantienen viva una sensibilidad religiosa, la naturaleza participa del pathos humano, comparte la tragedia o la alegría del hombre. (Giussani, 2005, § 23). Y en otro momento dirá: El poeta expresa una exaltación del sentimiento de sí mismo que hace que la vida del hombre se vea dominada por una tensión última, por la tensión hacia una respuesta última, hacia algo que sea la solución última. Se trata del “pensamiento dominante”, que puede identificarse con la mujer de la que se ha enamorado, o con la contemplación de la naturaleza, o con el pensar “en el vuelo de las edades”, en el transcurrir del tiempo y de la historia y que adquiere en cada hombre una imagen definida, justamente la que le hace vivir. Uno lleva dentro de sí, aun sin darse cuenta, una imagen que le permite vivir. (Giussani, 2005, § 19). La poesía de Leopardi nace de un realismo frente a la vida y al hombre. La tragedia del campesino luchador, el paso amargo y doloroso por el camino y la realización de sus sueños nos pone frente a la imagen poética de que el hombre es como esa hoja reseca en otoño, frágil, solo, desorientado y a merced del viento; pero es en ese momento cuando el hombre se hace grande porque demuestra realmente quién es y qué tiene, como dirá Luigi: Por tanto —insisto— el que un hombre no esté amarrado por su límite, no esté definido por lo que es limitado, permanezca abierto a cierta atracción de la realidad coincide con una inevitable afirmación de otra presencia, de una repuesta última. Dicha afirmación de una presencia positiva última representa un factor tan implícito en la razón —entendida como conciencia de lo real—, que Leopardi terminó incluso por reconocerlo. (Giussani, 2005, § 26). Luigi retoma a Leopardi para recitar en verso que la poesía no solo se encuentra en un poema o en una obra artística en general, sino que la poesía está en uno mismo, en la vida de cada ser. Toda poesía lírica tiene como fin la existencia y la búsqueda de poder captar un instante de plenitud, un sentimiento, una emoción, una tierna mirada o cualquier experiencia única e irrepetible por medio de la palabra, que es lo que estos dos genios encontraron en la poesía: el ritmo, la rima, la aliteración y la armonía. Entiéndase por ritmo la repetición periódica de ciertos elementos distribuidos armoniosamente en el poema y que crean una verdadera. Departamento de Humanidades.

(16) 14 - M a e s t r o s El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani. sinfonía poética; esta musicalidad interior hace que un poema sea leve, grave, rápido, vivo, denso, triste, etc. La rima consiste en la repetición de sonidos finales entre verso y verso. La aliteración es el procedimiento análogo a la rima, solo que la repetición de sonidos o sílabas no van al final, sino en su interior, y se realiza entre palabra y palabra. La armonía consiste en la disposición adecuada de todos los elementos que convergen en la realización de un poema.. Naturaleza del sentido religioso La religiosidad en el hombre es una realidad que se actualiza en la vida personal y lo realiza con la trascendencia. Hoy más que nunca se hace necesario cultivar y fortalecer el sentido religioso, porque la modernidad, contaminada de paganismo, relativismo y ateísmo, agudiza el olvido de Dios: Toda la historia de las religiones demuestra la incansable tendencia, muchas veces humilde y sublime, otras tantas fantásticas e innobles del alma humana hacia lo divino. […] Se debe, en efecto, reflexionar que el sentido religioso no es criterio de verdad: es una necesidad de verdad. (Pablo VI, 1957). El sentido religioso brota de nuestra conciencia y exige abrirse a la realidad para introducirse en ella y abrazarla cada vez más. Por ello, toda experiencia educativa debe actualizar una pedagogía que dé cuenta del sentido religioso, buscando enriquecer a la persona en orden a su dignidad. Entonces, la pregunta que debemos responder es esta: ¿de qué manera la poesía como experiencia estética posibilita en Luigi Giussani una explicación al sentido religioso? El sentido religioso es un hecho, y es el más conocido por toda la humanidad, ya que se entiende como una experiencia religiosa que afecta toda actividad humana. Giussani (2005) dice: “Para poder saber en qué consiste el sentido religioso, no es necesario en primera medida acudir al pensamiento de los grandes filósofos” (§ 14). Esto quiere decir que el fenómeno religioso como experiencia de sentido pertenece al ser humano; por tanto, “es sobre mí mismo sobre lo que debo reflexionar, es necesaria una averiguación sobre mí mismo, es una indagación existencial, es un fenómeno que vivo yo” (§ 14).. Universidad Católica de Colombia.

(17) M a e s t r o s - 15 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. No se puede dejar a otros la averiguación del sentido religioso, porque es una experiencia única y exclusiva de la persona: “La opción de otro se convertiría en vehículo de una opinión alienante” (Giussani, 2005, § 16). ¿Pero qué es una experiencia? Aquí no es comprobar algo, no es establecer relaciones con la realidad; la experiencia en Giussani implica una valoración, es entender una cosa, es descubrir su sentido. El compromiso con la vida personal como experiencia posibilita reconocer las situaciones propias de la vida. Así lo expresa Giussani (2005): “La vida es una trama de acontecimientos y de encuentros que provocan a la conciencia produciendo en ella problemas de distinto tipo” (§ 52). Entonces, la experiencia religiosa es un encuentro de sentido que coincide con el compromiso radical de nuestro yo con la vida: “El sentido religioso es aquella cualidad que caracteriza al nivel humano de la naturaleza y que se identifica con esa intuición inteligente y emoción dramática con que el hombre, al mirar a su propia vida y a sus semejantes, dice: somos como hojas, lejos de la rama, dónde vas pobre hoja frágil” (§ 62). El sentido religioso entonces está presente en este drama lleno de sentimientos y emociones. Utiliza el recurso poético para iluminar el sentido como experiencia persona y social, evidenciado en el poema “Canto nocturno de un pastor errante de Asia”: A menudo, cuando te miro estar así muda sobre el desierto llano, que, en su giro lejano, llega al cielo; o bien con mi rebaño seguirme, viajando mano a mano, y cuando miro arder las estrellas en el cielo, digo pensando en mi interior: ¿A qué tantas antorchas? ¿Para qué el aire infinito y ese profundo Infinito (cielo) sereno? ¿Qué significa esta Soledad inmensa? ¿Y yo qué soy?. Departamento de Humanidades.

(18) 16 - M a e s t r o s El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani. El sentido religioso es el significado de todo, es la relación con el infinito, reflejada por Giussani en este bello poema de Leopardi: Dulcísimo, poderoso dominador de mí profunda mente, terrible, pero amado don cielo; consorte de mis lúgubres días, pensamiento que con frecuencia tornas, de tu naturaleza arcana ¿quién no habla? Su poder en nosotros ¿quién no siente? ¡Qué solitaria quedó mi mente desde entonces, y tú la tomaste por morada! Rápidos como rayos, del entorno, mis otros pensamientos Se desvanecieron. Al igual que torre en campo solitario, estás tú solo, gigante, en medio de ella.. Giussani utiliza la estética literaria como pedagogía para explicar el sentido religioso: ¡Ciérrame los ojos y todavía te veo, hazme sordo y oigo tu voz, trúncame los pies y corro tu camino, sin habla, y a ti elevo oraciones! Rómpeme los brazos y yo te estrecho con mi corazón, hecho de repente mano; si paras mi corazón, late mi cerebro, quémale también y mi sangre, entonces, te acogerá, Señor, en cualquier gota. (Rilke). En estos poemas se puede advertir la grandeza del sentido religioso y la comprensión que el hombre debe hacer de él; se trata de algo que por naturaleza “está más allá”, fuera del alcance de cualquier movimiento humano. Muchos científicos. Universidad Católica de Colombia.

(19) M a e s t r o s - 17 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. afirman que cuanto más indagaban y ahondaban en la investigación científica, ese estudio estaba en función del absoluto, que les sugería y los interpelaba sobre nuevos rumbos, y una respuesta por el sentido: “Quien no admite el misterio insondable no puede ser tampoco un científico”, señalaba Einstein. Y prosigue Giussanni: “Solo un objeto inconmensurable puede representar una invitación indefinida a la apertura estructural del hombre; la vida es hambre y sed y pasión de un último objeto que le incumbe en su horizonte, pero que está más allá de él” (§ 67). La presencia del misterio resulta adecuada para la estructura de indigencia que vive el hombre. Lo afirma con estas palabras: “El mundo sin Dios sería como una fábula contada por un idiota en un acceso de ira, sin capacidad de establecer nexos, de modo intermitente, sin orden verdadero” (§ 75). Así, el sentido religioso brota de nuestra conciencia, teniendo la capacidad de abrirse a la realidad Divina y sumergirse de amor por ella: En este mundo aquel que me aman buscan por todos los medios tenerme atado a ellos. Tu amor a que yo los olvide, no se atreven a dejarme solo. En cambio los días pasan el uno detrás del otro y tú no te dejas ver nunca. No te llamo en mis oraciones, no te tengo en mi corazón, y, sin embargo, tu amor por mí espera todavía el amor mío. (Tagore). Camino del sentido religioso Este camino explica la manera como el sentido religioso se evidencia y se concreta en la realidad; lo desarrolla Giusanni en cinco pasos. 1. El estupor de la presencia. Esto significa que los primeros sentimientos del hombre se dan por el asombro de saber que hay una realidad que existe fuera de él. Departamento de Humanidades.

(20) 18 - M a e s t r o s El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani. y que depende de esa posibilidad. Giussani la denomina evidencia, como presencia necesaria, como don de una realidad que se presenta, que se impone y no podemos hacer nada. “Es este estupor el que despierta la pregunta última en nuestro interior” (Guissani, 2005, § 127). “El estupor absoluto es para la inteligencia de la realidad de Dios lo que la claridad y la distinción son para la comprensión de las ideas matemáticas. Privados de la capacidad de maravillarnos, resultamos sordos a los sublime” (§ 126). El primer sentimiento del hombre en su despertar consciente es el asombro, por la maravilla de la creación, del ser, de la vida misma. Aquí radica la religiosidad desde el reconocimiento de las cosas: el hombre se siente inclinado a contemplar, a venerar. Así Giussani lo ilumina bellamente en el libro de Job: Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad: ¿Quién es éste que empaña el consejo con razones sin sentido? Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás. ¿Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad. ¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabías? ¿Quién tiró el cordel sobre ella? ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿Quién asentó su piedra angular entre el clamor a coro de las estrellas del alba?. 2. El cosmos. Cuando el hombre advierte la presencia real de Dios, también se da cuenta de que en la realidad también hay orden, armonía, simetría, pulcritud; definitivamente es la presencia de la belleza: Si, atolondrados por naturaleza, todos los hombres en quienes había ignorancia de Dios no fueron capaces de conocer por las cosas buenas que se ven a Aquel que es, ni atendiendo a las obras, reconocieron al artífice, sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses, señores del mundo.. Universidad Católica de Colombia.

(21) M a e s t r o s - 19 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. Pues si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de éstos, pues fue el autor mismo de la belleza quien los creó. Y si fue su poder y eficiencia lo que les dejó sobrecogidos, deduzcan de ahí cuánto más poderoso es aquel que los hizo, pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor. (Sab 13, 1-5). 3. Realidad providencial. En las religiones más antiguas se encuentran discursos que evidencian la posibilidad de una realidad providencial: se constata por el orden natural una presencia perenne de la realidad divina, por la belleza que atrae todo el dato de la creación en un orden armónico: “Esta realidad tiene establecidos el día y la noche, la mañana y la tarde, el otoño, el invierno, el verano, la primavera, tiene establecidos los ciclos en los que el hombre puede rejuvenecerse, refrescarse y sostenerse, reproducirse” (Guissani, 2005, § 130). 4. El yo dependiente. Significa que el hombre toma conciencia de sí, afirmando que percibe muy profundamente “que yo no me hago a mí, yo no me doy el ser, no me doy la realidad que soy, soy algo dado” (Guissani, 2005, § 131). Es decir, el hombre se da cuenta de su origen providencial, es como una intuición natural y le da relevancia a su identidad existencial: “Hay otra cosa que es más que yo, y que me hace” (§ 131). Esa otra cosa se percibe desde la contingencia; el hombre experimenta que “subsiste por otra cosa”, que está presente soportado por otro: Dios es la respuesta a todo aquello por lo que somos. 5. La ley en el corazón. La define Giussani desde la ley moral cuando dice que dentro del yo hay como una voz que nos dice cuando actuamos bien o mal. La describe con un bello poema de Pascoli: Hay una voz en mi vida, que advierto justo cuando muere. Voz cansada, voz perdida, con el temblor del latir del corazón. Voz de mujer anhelante, que a los pobres labios se aferra, Para decir muchas cosas, y después otras tantas, Pero su boca está llena de tierra.... Departamento de Humanidades.

(22) 20 - M a e s t r o s El sentido religioso y la poesía de Giacomo Leopardi en Luigi Giussani. La pretensión de traer a Luigi de la mano de Leopardi no es sino la intención de invitarlos a que hagamos de nuestra vida un hermoso poema lírico, donde la belleza, la armonía, el equilibrio, la rima sean los compases que nos acompañen por el camino de la vida con seguridad, fe y alegría. Hagamos de nuestra vida un hermoso poema.. Conclusiones El sentido religioso se encuentra en la trama de los poemas de Leopardi que inspiraron a Giussani como acontecimientos naturales llenos de emociones que evidencian la revelación divina, transmitidos con fuerza, agudeza y sensibilidad del autor, para mostrar sin contradicciones el misterio insondable del creador. El sentido religioso en Giussani tiene la capacidad de expresar su naturaleza profunda en un interrogante último; el misterio como respuesta a la soledad del ser humano: “El mundo sin Dios sería como una fábula contada por un idiota en un acceso de ira”, diría Shakespeare. La experiencia del asombro, desde la observación maravillosa de la realidad, es para Giussani la primera aproximación racional para explicar el sentido religioso: “Mientras dure la tierra, sementera y retoño, frío y calor, verano e invierno, día y noche no cesarán” (Gn 8, 21). En la medida en que el ser humano viva más en contacto y en relación con la naturaleza, más pronto comienza a reconocer el misterio del sentido religioso: Vibra en el viento con todas sus hojas el chopo severo: sufre espasmo el alma en todos sus dolores, con el ansia del pensamiento. Desde el tronco en ramas se expresa por frondas todas tensas al cielo en apretadas copas: quieto permanece el tronco del misterio, hunde su raíz donde es más verdadero. (“El Chopo”, de Clemente Rebora). Universidad Católica de Colombia.

(23) M a e s t r o s - 21 William Fernando Puentes-González, Jaime Édgar Gutiérrez-Orozco. Referencias Aciprensa (2005, 22 de febrero). Don Luigi Giussani, una vida al servicio del Evangelio. Recuperado de https://www.aciprensa.com/noticias/don-luigi-giussani-una-vida-al-servicio-del-evangelio/ Giussani, L. (1987). El sentido religioso. Madrid: Encuentro. Giussani, L. (2005). Mis lecturas. Madrid: Encuentro. Lecturalia (s. f.). Biografía de Luigi Giussani. Recuperado de www.lecturalia.com/autor/10061/luigi-giussani Papa Pablo VI (1957). Sul senso religioso. Carta pastoral a la archidiócesis de Milán. Recuperado de http://www. gliscritti.it/blog/entry/3732 Scritti (s. f.). Luigi Giussani, biografia essenziale. Recuperado de http://scritti.luigigiussani.org/controls/biografia.aspx. Departamento de Humanidades.

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(25) 2. El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo* Jaime Montero-Anzola**. Introducción Este texto se basa específicamente en dos textos de Pierre Hadot: Ejercicios espirituales y filosofía antigua (2006) y ¿Qué es la filosofía antigua? (2000). Este autor se ha ocupado temáticamente de los ejercicios espirituales tanto en la tradición grecorromana como cristiana; a su vez, en este escrito se toma tangencialmente como referencia el texto de Foucault (2006): La hermenéutica del sujeto. El personalismo se inicia en el siglo XX; sin embargo, tiene antecedentes cristianos en la Edad Media, que a su vez se inspiran en la antigüedad griega y romana. En la Edad Media, la filosofía toma como punto de referencia a los griegos, inicialmente a Platón y posteriormente a Aristóteles. Sócrates es la inspiración de las escuelas moralistas grecorromanas que influyen en las concepciones de la filosofía medieval. Para los griegos y grecorromanos, el cultivo de sí es una herramienta fundamental en el proceso de transformación del ser humano; allí no se habla temáticamente de persona, pues esto viene más adelante con la filosofía cristiana. En la filosofía antigua mencionada, específicamente para la nobleza, la vida era trabajada en sí misma para que esta adquiriera sentido y coherencia. * Capítulo resultado del proyecto de investigación "Prácticas de transformación y persona: Michel Foucault y Julián Marias, relaciones y contrastes". ** Magíster en Filosofía por la Pontificia Universidad Javeriana; licenciado en Filosofía por la Universidad de San Buenaventura; profesor de planta del Departamento de Humanidades, Universidad Católica de Colombia..

(26) 24 - M a e s t r o s El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo. Sócrates lo llamaba Epimeleia, condición básica para lograr la felicidad, que tiene relación directa con el cultivo de la virtud; en ese caso, a diferencia de lo que se concibe actualmente, tanto en la filosofía como en la religión occidentales, no era algo meramente de tipo gnoseológico sino ontológico.. Los ejercicios espirituales Esta expresión habitualmente suscita relaciones ambiguas, pues se la asocia con una institución religiosa o acciones derivadas de ella; sin embargo, para Hadot (2009) son prácticas específicas que producen cambios profundos en el interior del sujeto que los lleva a cabo. El que realiza estos ejercicios puede ser creyente o no en Dios o en una determinada corriente de pensamiento, ya sea occidental u oriental. Este conjunto de prácticas sobre sí mismo, según muchos investigadores, se han llevado a cabo desde que el ser humano ha habitado el planeta en diversas regiones y se siguen realizando de manera aislada en la actualidad, en su mayoría de manera seglar (Eliade, 1999, 2001). Otra analogía evidente que se puede hacer con la expresión Ejercicios espirituales es su relación con los Exercitia spiritualia de Ignacio de Loyola: La expresión Ejercicios espirituales, por lo que sé, no se suele emplear a propósito de la filosofía. En su libro aparecido en 1954, titulado Dirección de las almas. Método de los ejercicios en la antigüedad, Paul Rabbow, que inspiró a todos aquellos que se interesaron por este aspecto de la filosofía, empleó la expresión “ejercicio moral”, mostrando que los famosos Ejercicios espirituales de San Ignacio se sitúan en esa tradición. (Hadot, 2009, p. 137). Lo que Hadot (2006) nos está mostrando acerca de los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola es que estos suponen más que la versión cristiana de cierta tradición grecorromana; la expresión y el contenido de ella está documentada desde mucho tiempo antes que Ignacio de Loyola por el antiguo cristianismo latino, que correspondía además a aquella askesis del cristianismo griego (Hadot, 2006, p. 24). Aclaremos de la mano de Rabbow: El ejercicio espiritual, del todo semejante en esencia y estructura al ejercicio moral, ha sido llevado a su más alto grado de perfección y rigor clásico por los Exercitia spiritualia de Ignacio de Loyola, formando parte por entero de la esfera religiosa porque tiene como. Universidad Católica de Colombia.

(27) M a e s t r o s - 25 Jaime Montero-Anzola. objetivo la fortificación, la salvaguarda, la renovación de la vida “en el Espíritu”, la vita spiritalis. (Citado en Hadot, 2006, p. 60). La palabra ascesis por lo general es tomada en el sentido cristiano de limitación de las necesidades básicas, austeridad, castidad; sin embargo, en el sentido griego, se refiere a prácticas sobre sí mismo; ese es el sentido que le damos en este texto. Otra relación es la de la preparación para las dificultades de la vida, que sería muy apreciada por los estoicos, que a su vez había sido sugerida por Anaxágoras cuando, al enterarse de la muerte de su hijo, expresa: “Sabía que había engendrado un ser mortal”. Otro ejemplo es el de Platón cuando en el Fedón dice que “filosofar es ejercitarse en morir”, es decir, separarse del cuerpo y del punto de vista egoísta sensible que se nos impone (Hadot, 2009, p. 138). Para este autor, la tradición filosófica griega está basada no en lo teórico sino en lo teorético, es decir, en lo contemplativo, que antes que desear un resultado exterior, lo que buscaba era una práctica sobre sí mismo, es decir, sobre el alma: Quiero decir, pues, que el discurso filosófico debe ser comprendido en la perspectiva del modo de vida del que es al mismo tiempo medio y expresión y, en consecuencia, que la filosofía es en efecto, ante todo, una manera de vivir, pero que se vincula estrechamente con el discurso filosófico. (Hadot, 2000, p. 13). Más adelante Hadot (2000) expresa que todas las escuelas helenísticas tienen como interés fundamental la perfecta tranquilidad del alma, ataraxia, propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos. La filosofía sería entonces una terapéutica de las preocupaciones, de las angustias y de la desgracia humana provocada por las convenciones y las obligaciones sociales, según los cínicos; por la búsqueda de los falsos placeres, de acuerdo con los epicúreos; por la persecución del placer y del interés egoísta, según los estoicos, y por las falsas opiniones, de acuerdo con los escépticos (Hadot, 2000, p. 117). Para los estoicos, la filosofía es “ejercicio”; no es mera enseñanza de teorías abstractas o, menos aún, de exégesis textual, sino un arte de vivir, un estilo de vida capaz de comprometer por entero la existencia, un proceso que aumenta nuestro ser, que nos hace mejores. En otras palabras, es una suerte de “conversión” que afecta el ser. Departamento de Humanidades.

(28) 26 - M a e s t r o s El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo. que la lleva a cabo. Desde esta perspectiva, la filosofía sería básicamente un proceso pedagógico con el fin de que los seres humanos obtengan exclusivamente ese bien que se puede obtener y evitar el mal que es posible evitar (Hadot, 2006, p. 26). Hemos hablado en general de los ejercicios espirituales de manera muy amplia, pero no hemos mencionado específicamente su naturaleza. Gracias a Filón de Alejandría hay una lista de esas prácticas, de inspiración estoico-platónica, que sin que se les llegue a especificar directamente, se las menciona de forma sumaria. Señalemos entonces algunos de los más importantes. El estudio (zetesis), el examen de profundidad (skepsis), la lectura, la escucha (akroasis), la atención (prosoche), el dominio de uno mismo (enkrateia) y la indiferencia ante las cosas indiferentes (apateia). También se pueden mencionar las meditaciones propiamente dichas (melatai), la terapia de las pasiones, la rememoración de cuanto es beneficioso, entre otros. En sí, los ejercicios son un entrenamiento que busca crear hábitos y reorientar la existencia en una dirección más adecuada, para lograr esa sensación de plenitud, tan agradable y necesaria para la vida. Hay que comenzar a ejercitarse con cosas sencillas para sedimentar progresiva y sólidamente el hábito y convertir el logos en ethos; para el practicante cristiano, en la antigüedad era estar en comunión con Dios. Por ello, filosofar es ejercitarse para vivir, es decir, “consciente y libremente”, pues son superados los límites de la individualidad para renunciar a desear aquello que no depende de nosotros y que se nos escapa, no ocupándonos más que de lo que depende de nosotros; en otras palabras, es una rectitud de acción de conformidad con la razón (Hadot, 2006, p. 26). Por ello, hemos hablado que la filosofía es una terapia como lo decía Epicuro: “Nuestra única ocupación debe ser curarnos”, liberando el alma de las preocupaciones vitales y de este modo recuperar la alegría por el simple hecho de existir. Siguiendo con la línea estoica, el sufrimiento humano proviene del temor ante cosas que no deben temerse y del deseo de cosas que no es preciso desear y que nos son por lo demás negadas. De esta forma, la existencia se consume en la incertidumbre que producen los temores injustificados y sus deseos insatisfechos;. Universidad Católica de Colombia.

(29) M a e s t r o s - 27 Jaime Montero-Anzola. se encuentra así el ser humano privado del único y auténtico placer: el placer de ser, de existir. Por otra parte, la filosofía también implica el ejercicio y aprendizaje de la muerte, que supone la separación espiritual del alma y del cuerpo. Idea que menciona Platón en el Fedón: “Separar el alma lo más posible del cuerpo y acostumbrarla a concentrarse y recogerse en sí misma, retirándose de todas las partes del cuerpo, y viviendo en lo posible tanto en el presente como después sola y en sí misma, desligada del cuerpo como una atadura” (67C). No es solamente la muerte como el final de la vida, sino que este ejercicio se relaciona directamente con la muerte de la individualidad, de las pasiones para contemplar las cosas con la perspectiva de la universalidad y la objetividad, es decir, del pensamiento puro. Hadot (2006) señala a este respecto: La grandeza del alma es el fruto de la universalidad del pensamiento. La tarea especulativa y contemplativa del filósofo se torna de este modo en ejercicio espiritual en la medida en que, elevando el pensamiento a la perspectiva del Todo, lo libera de las ilusiones de la individualidad. (p. 42). Así, entonces, la filosofía romana y, a su vez, la griega en buena parte constituyen una forma de pensamiento que se interroga acerca de lo que le permite al sujeto tener acceso a la verdad mediante la espiritualidad, la forma de pensamiento que intenta determinar las condiciones y los límites del acceso del sujeto a la verdad. Podríamos llamar espiritualidad a la búsqueda, la práctica y las experiencias por las cuales el sujeto efectúa en sí mismo las transformaciones necesarias para tener acceso a la verdad. La espiritualidad postula que la verdad nunca se da al sujeto con pleno derecho; que, en cuanto tal, el sujeto no tiene derecho, no goza de la capacidad de tener acceso a la verdad. Postula que la verdad no se da al ser humano por un mero acto de conocimiento que esté fundado y sea legitimado por el sujeto. Postula que es preciso que el sujeto se modifique, se transforme, se desplace, se convierta, en cierta medida y hasta cierto punto, en distinto de sí mismo para tener acceso a la verdad: “La verdad solo es dada al sujeto a un precio que pone en juego el ser mismo de éste. No puede haber verdad sin una ‘conversión o una transformación del sujeto’” (Foucault, 2006, p. 33).. Departamento de Humanidades.

(30) 28 - M a e s t r o s El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo. El cultivo de la persona y los ejercicios espirituales San Agustín, al tratar de definir al hombre concreto, se encuentra con una dificultad, pues el hombre no es solamente causa de su libertad y vocación, sino que apunta aún más allá: posee una intimidad, es una persona que comparte con otros su libertad (Herrera, 2002, p. 26). Y algo maravilloso, muy parecido a lo que hemos mencionado de los griegos y de Plotino, es lo que dice Agustín: “No vayas fuera, vuelve a ti porque en el interior del hombre habita la verdad. Y si encuentras que tu naturaleza es inestable, trasciéndete a ti mismo” (San Agustín, De veritate relig., 39, 72; Cf. Confesiones III, 6, I; IX, 4, 7, citado en Herrera, 2002, p. 26). Más adelante con la escuela franciscana se comienza a definir a la persona en términos éticos, aspecto que tiene que ver con su dignidad, su valor y, con mucho énfasis, la libertad, la independencia y la incomunicabilidad o singularidad. La experiencia de Francisco de Asís en su forma de comunicarse con el hombre y con el mundo va a influir notablemente en las reflexiones posteriores; aquí acentuamos la palabra experiencia, diferente a la teorización estéril acerca de...; la experiencia es directa de “otro como yo en comunión conmigo y con el mundo”. Mucha reflexión se lleva a cabo con posterioridad a la filosofía franciscana, que fue la que realmente vivió la experiencia de la persona. En el siglo XX, la reflexión acerca de la persona adquiere una dimensión de gran relevancia con el surgimiento de la fenomenología de Husserl. La fenomenología es una filosofía de la persona o, específicamente, de la primera persona; de ahí que muchos tomaron su inspiración y se dirigieron en distintas direcciones, pero siempre teniendo en cuenta a la persona para criticarla o para afirmarla. De allí surgió toda una variedad de lo que posteriormente se llamó filosofía de la existencia y existencialismo. Todas estas corrientes toman como punto de referencia la idea de persona, algunos relacionándola con Dios, otros sin tenerlo en cuenta, otros más negándolo enfáticamente. Tomaremos brevemente al personalismo como caso paradigmático en el estudio de la persona. Hemos reseñado que las reflexiones acerca de la persona, sin que se las llame de ese modo, se han realizado en Occidente desde los griegos. En el siglo XIX, Kierkegaard (1813-1855) hace una defensa vehemente sobre el. Universidad Católica de Colombia.

(31) M a e s t r o s - 29 Jaime Montero-Anzola. individuo, tal vez como reacción a la filosofía hegeliana que, dada su magnificencia, según el filósofo mencionado, deja por fuera al individuo: es una filosofía para los grandes procesos, pero que deja por fuera a la persona. El hombre, dice Kierkegaard, es un ser finito con ansias de infinito; de ahí su contradicción profunda al ser reducido meramente a la “eficacia productiva”. Con Kierkegaard se escribe Persona con mayúscula, y no se refiere al individuo aislado y anárquico del momento, el individuo empírico, sino el hombre transfigurado en su relación con Dios (Mounier, 1973, p. 91). Sin embargo, el personalismo hace con Manuel Mounier (1905-1950) un tema específico de la persona. Este pensador, siendo consciente del carácter reduccionista de dar una definición de persona, nos ofrece una hermosa observación al respecto: Siendo persona la presencia misma del hombre, su característica última no es susceptible de definición rigurosa. Ella se revela mediante una experiencia decisiva propuesta a la libertad de cada uno; no la experiencia inmediata de una sustancia, sino la experiencia progresiva de una vida personal. Ninguna noción puede sustituirla. […] Una persona es un ser espiritual constituido como tal por su forma de subsistencia y de independencia en su ser. […] La persona, en el hombre, está “sustancialmente encarnada”, mezclada con su carne, aunque trascendiéndola. (Citado en Burgos, 2003, p. 61). En otras palabras, el hombre no es solo lo que hemos mencionado, sino que es también un proyecto que se hace realidad en el ejercicio de su libertad. Todo hombre es un proceso de personalización o, si es el caso, de despersonalización. Hay tres claves, según Mounier, a las cuales debe girar este desarrollo del hombre que llamó dimensiones de la persona. La primera es la vocación, es decir, que el hombre debe descubrir cuál es el principio o la actividad para actuar coherentemente, cuál es su lugar y misión en el mundo. La otra es la encarnación: No puedo pensar sin ser, ni ser sin mi cuerpo; yo estoy expuesto por él a mí mismo, al mundo, a los otros; por él escapo a la soledad de un pensamiento que no sería más que un pensamiento de mi pensamiento. Al impedirme ser totalmente transparente a mí mismo, me arroja sin cesar fuera de mí en la problemática del mundo y las luchas del hombre. Por la socialización de los sentidos me lanza al espacio, por su envejecimiento me enseña la duración, por su muerte me enfrenta con la eternidad. Me hace sentir. Departamento de Humanidades.

(32) 30 - M a e s t r o s El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo. el peso de la esclavitud, pero al mismo tiempo está en la raíz de toda conciencia y de toda vida espiritual. Es el mediador omnipresente de la vida del espíritu. (Citado en Burgos, 2003, p. 62). La tercera dimensión es la de comunión, que es el carácter social y comunitario de la persona. Aquí se hace necesario distinguir entre sociedad y comunidad. La sociedad es la agrupación y relación que forman las personas en un determinado sitio. Pero es claro que no toda relación es una comunidad, pues hay agrupaciones donde reina la discriminación, la despersonalización. El hecho de ser un ciudadano con derechos no implica que se viva en comunidad, pues para que haya comunidad la persona debe tomarse con todas sus dimensiones. El otro es visto como un tú, como un prójimo, para poder crear un nosotros. El nosotros surge de un proyecto común en el que cada uno es reconocido y valorado como un yo (Burgos, 2003, p. 64).. Ejercicios espirituales y persona Si se le pregunta a una persona cualquiera: ¿qué es lo más importante en su vida?, posiblemente dirá que ser feliz; claro está, haciendo una variedad de cosas de su gusto e inclinación; si indagamos un poco más, nos daremos cuenta de que dicha felicidad está en relación directa con personas, con objetos: estudio, trabajo, dinero, una casa, viajar, ser reconocido, tener una esposa, etc.; pero todo ello incluye lo económico de una u otra forma. La base es el dinero, así está determinado por el sistema actual; el dinero sustenta todo lo demás, esa es la imagen que se ha creado, es el gran espejismo por el que supuestamente hay que luchar “obligadamente”, quiérase o no. Para “ser alguien” respetable, hay que tener algo de dinero mediante un trabajo. Ahora bien, si se le pregunta a una persona que tenga mucho dinero si es feliz, tal vez nos va a decir dubitativamente que no hay felicidad completa, pues como decía Winston Churchill, “la vida es una maldita cosa tras otra”. Puede agregar que a pesar de tener diversos problemas producto de las circunstancias, que no paran de cambiar con gran inestabilidad, afortunadamente por lo menos económicamente tiene ingresos suficientes para “vivir muy bien”; así es que vivir bien,. Universidad Católica de Colombia.

(33) M a e s t r o s - 31 Jaime Montero-Anzola. para la gran mayoría, está relacionado fundamentalmente con las condiciones económicas. Esto ha llevado a confundir lo fundamental con lo transitorio, que cambia de época en época. El ser se ha equiparado con el tener; y cuando esto ocurre, ya todo es posible; solamente hay una meta: tener dinero, pues este supuestamente lo da todo. Cualquier persona con algo de sensatez sabe que esta afirmación es ligera y carente de sentido de realidad, pues es falsa. Lo realmente importante de la vida no lo da el dinero; es cierto que se requieren condiciones aceptables que ayudan a tener una vida que permite una subsistencia aceptable; en esto último todos podemos estar de acuerdo sin mayores discusiones. Lo más curioso es que la anhelada felicidad que da el tener depende completamente de la suerte, y no de sí mismo; depende de otros o de circunstancias ajenas que siempre cambian. En muy pocos casos se llega a pensar que eso que llamamos el buen vivir depende de algo que se hace sobre sí mismo en relación con todo lo demás, con un cambio de la mirada sobre el quehacer cotidiano. Sugerirle a alguien que el tema fundamental no es el tener cosas, sino lo que hace con su vida —aquello que los griegos llamaban cuidado de sí mismo— producirá perplejidad y desconcierto en quien escucha. Y si llega remotamente a entender de qué se le está hablando, es posible que experimente poco interés y se justifique diciendo que el dinero y los placeres que este puede dar son lo importante, pues la vida es corta y hay que disfrutarla como sea antes de llegar a la vejez y a la muerte; precisamente, esto era lo que Epicuro criticaba siglos atrás. El sujeto del que estamos hablando se quedaría pensativo y preguntaría sorprendido: ¿acaso es que hay que hacer algo sobre sí mismo? Habitualmente se entiende que hacer algo sobre sí mismo tiene que ver con la salud, el cuidado del cuerpo, el cultivo de las artes y de las letras, de las buenas maneras, las adecuadas relaciones y un saber que me informe y pueda más o menos decir por dónde se debe ir; aspectos sin duda muy valiosos y necesarios, incluso imprescindibles, pero que no son lo fundamental en la vida en sí misma, pues hay muchas personas en condiciones óptimas y son bastante infelices.. Departamento de Humanidades.

(34) 32 - M a e s t r o s El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo. En los griegos y los romanos el cuidado de sí, aunque se hacía en la vida cotidiana, iba más allá de las actividades cotidianas; había que hacer trabajo sobre sí mismo para así transformar el animalitas en humanitas, había que desarrollar ese humanitas, pues ese trabajo era lo que daba la verdadera condición de hombre. Foucault (1994) dice al respecto: Creo que entre los griegos y los romanos —sobre todo entre los griegos— para conducirse bien, para practicar la libertad como era debido, era necesario ocuparse de sí, cuidar de sí, a la vez para conocerse —y este es el aspecto más conocido del gnothi seauton— y para transformarse, para superarse a sí mismo, para controlar los apetitos que podrían dominarlos. […] Plutarco dice: es necesario que hayáis aprendido los principios de una forma tan constante que, cuando vuestros deseos, vuestros apetitos, vuestros miedos se despierten como perros que ladran, el Logos hable en vosotros como la voz del amo que con un solo grito sabe acallar a los perros. (pp. 112-114). Si no hay ascesis, es decir, “prácticas de transformación” —o como hemos mencionado, “ejercicios espirituales”, trabajo sobre sí mismo—, es muy difícil que se vaya más allá de la poderosa determinación de los dos instintos básicos de supervivencia individual y de la especie; la lucha va a ser permanente y en aumento, a medida que la población crece en el planeta y los problemas se multiplican. El concepto de persona es muy relevante, pero si no va acompañado de un conjunto de prácticas precisas, queda como un ideal, como sugerencias sabias, como algo que todo el mundo diría: así deben ser las cosas, no hay la menor duda; pero no se crearía una vivencia directa, profunda, “encarnada” con esos principios, y al menor descuido se olvidarían y esas personas terminarían siendo arrastradas por los valores competitivos, consumistas y utilitarios capitalistas; se convertirían en cosas, como otras tantas personas que los rodean; el respeto y la dignidad quedarían solamente como un ejercicio de las buenas maneras en función de los intereses hipócritas del momento. Si se habla con una persona con grado universitario y se le pregunta: ¿qué prácticas de transformación o ejercicios espirituales realiza cotidianamente para ser cada vez mejor, para sentirse cada día más feliz y hacer feliz a otros?, seguramente nos miraría con asombro y escepticismo; posiblemente nos expondría algún argumento, pero en sí no nos daría una respuesta clara acerca de la pregunta.. Universidad Católica de Colombia.

(35) M a e s t r o s - 33 Jaime Montero-Anzola. Estas prácticas, según Foucault (1994), se perdieron con el surgimiento de la Modernidad, y lo más curioso es que no se tiene conciencia de que se perdieron y mucho menos de que son necesarias para llevar una vida de plenitud. Podemos a su vez encontrar personas de buena formación intelectual, con grandes habilidades en distintos aspectos, con inteligencia, pero sin ningún escrúpulo a la hora de delinquir; es más, utilizan todo ese aprendizaje, ese saber, para lograr sus nefastos objetivos, y así se podrían mencionar personas importantes de varias instituciones. Esto nos muestra un divorcio evidente entre el saber y el ser, lo que se cree no está encarnado en la vida; hay tres vectores que van en direcciones contrarias: se piensa en una dirección, se siente en otra y se actúa en función de la conveniencia y del lucro personal, sin que nadie ni nada importe. Lo que estamos diciendo es que el comportamiento ético del hombre moderno es ambiguo y no tiene “un centro desde donde proceda la acción”, basada en un “estilo de vida”, de acuerdo con un propósito claro y definido. No existe un propósito interno que tenga que ver con ser mejor, de sentirse cada vez; lo que existen son múltiples propósitos difusos y muchas veces contradictorios en la gran mayoría de personas que actúan mecánicamente, dirigidas hacia la adquisición de bienes de consumo. Este es un simple reflejo de lo que el sistema le dice que debe hacerse para subsistir y ser alguien respetable. Varela (1996), biólogo chileno, plantea algo muy interesante acerca del aprendizaje en Ética y acción: Adquirimos nuestra conducta ética de la misma forma en que adquirimos todos los demás modos de conducta: se vuelven transparentes para nosotros a medida que crecemos en sociedad. El aprendizaje es circular: aprendemos lo que se supone que debemos ser para ser aceptados como aprendices. Bajo este prisma, un experto en ética no es ni más ni menos que un participante total en una comunidad. Somos todos expertos porque todos pertenecemos a una tradición ampliamente constituida en la que nos movemos. En las comunidades tradicionales existen modelos de maestría ética que han sido singularizados como únicos (los “sabios”). En nuestra sociedad moderna estos modelos éticos son cuestionables y múltiples. Postulo que ésta es una fuente importante del tinte nihilista que caracteriza a la conducta ética moderna. (p. 28). Departamento de Humanidades.

(36) 34 - M a e s t r o s El cultivo de la persona a partir del cuidado de sí mismo. Reflexiones finales Las religiones y los planteles educativos a partir de la Modernidad han enseñado cosas valiosas acerca del comportamiento humano; sin eso no seríamos lo que somos en este momento, pero en general, ese saber ético ha operado como información, y no como formación en el sentido en que estamos hablando, pues es algo netamente teórico. En los programas de ética en muchas universidades se enseñan los sistemas de los filósofos más destacados, enfrascándose en largas y estériles discusiones exegéticas acerca de textos, inútiles para lo que estamos comentando en este momento; otras se contentan simplemente con repetir exhortaciones desdibujadas de morales anacrónicas. Ambas actitudes ofrecen información, más la primera que la segunda, que pretende una edificación de la persona sin lograrlo en la gran mayoría de casos, pues los comportamientos sociales son una clara muestra de la fuerza poderosa del sistema imperante. Es claro que no se pueden comparar las condiciones griegas o romanas antiguas con las condiciones actuales; incluso tampoco las condiciones del cristianismo en sus inicios con el momento actual, pues se trata de otro tipo de vida y de rasgos. Sin embargo, el ser humano no ha cambiado: son esencialmente los mismos problemas vitales en circunstancias diferentes. Los grandes sabios han hablado de ello, las tragedias griegas lo mencionan, las grandes obras clásicas lo recrean una y otra vez. Es bastante paradójico que en el momento actual, cuando las variables y posibilidades de infelicidad son cada vez mayores en muchos aspectos y las prácticas de transformación son prácticamente inexistentes para la inmensa mayoría, los sustitutos ilusorios adictivos y no las soluciones reales abunden cada vez más. Esta situación debería generar una profunda reflexión acerca de la responsabilidad y función de los centros educativos sobre el ser humano que se está educando. Por lo anterior, quiero terminar con una cita de Charles Taylor: Gran parte de la filosofía moral contemporánea, sobre todo, pero no sólo en el mundo angloparlante, ha enfocado la moral en forma tan estrecha que algunas de las conexiones vitales que quiero establecer resultan incomprensibles en esos términos. Esta filosofía moral ha centrado su atención en lo que es correcto hacer más que en lo que es bueno ser, en definir el contenido de la obligación más que la naturaleza de la buena vida; y no ha dejado un espacio conceptual para la noción del bien como objeto de nuestra devoción o... como el privilegiado foco de atención o de voluntad. (Citado en Varela, 1996, p. 9). Universidad Católica de Colombia.

(37) M a e s t r o s - 35 Jaime Montero-Anzola. Referencias Burgos, J. (2003). El personalismo. Madrid: Biblioteca Palabra. Eliade, M. (1999). Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Madrid: Paidós. Eliade, M. (2001). El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Madrid: Fondo de Cultura Económica. Foucault, M. (1994). La Hermenéutica del sujeto (entrevista). Madrid: La Piqueta. Foucault, M. (2006). Hemenéutica del sujeto. Curso en el Collége de France (1981-1982). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. Hadot, P. (2000). ¿Qué es la filosofía antigua? Madrid: Fondo de Cultura Económica. Hadot, P. (2006). Ejercicios espirituales y filosofía antigua. Madrid: Siruela. Hadot, P. (2009). La filosofía como forma de vida. Barcelona. Barcelona: Alpha Decay. Herrera, D. (2002). La persona y el mundo de su experiencia. Bogotá: Universidad de San Buenaventura. Mounier, E. (1973). Manifiesto al servicio del personalismo. Madrid: Taurus. Varela, F. (1996). Ética y acción. Santiago de Chile: Dolmen.. Departamento de Humanidades.

Referencias

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