LITERATURA Y VIDA:
UN PERDIDO
YEL NifJO QUE ENLOQUECió DE AMOR
A. M. V ÁZQUEZ BIGl
De los que suelen llamarse clásicos de la novela hispanoameri- cana 1, las obras de Eduardo Barrios se destacan por la variedad de ambientes y casos, por la extensa gama de temperamentos de sus personajes, por la penetración
ydensidad psicológicas,
ypor la complejidad de la creación artística
2•También en cuanto al número de obras que han sido consideradas como maestras, Barrios aventaja a los autores de su generación -esos clá.sícos- en Hispanoamérica;
ninguno de los más famosos ha producido más de una novela de importancia,
yla limitación de sus temas y tipos hace resaltar más la rica diversidad de la creación de Barrios. Y parece ya innegable que el novelista chileno está en la cumbre de la novela psicológica contemporánea.
Por muchos años la crítica no anduvo afortunada con la obra de Barrios -quizá debido a esa misma extraordinaria complejidad
1 Así suele llamarse a las novelas más notables aparecidas a fines de la década de 1920 -Don Segundo Sombra, La vorágine y Doña Bárbara-, a las que se unió en la consideracióp. la primera novela de la Revolución Mexicana, Lo.s de abajo ( 1916), y El hermano asno, de Barrios ( 1922). Críticos espa- ñoles, norteamericanos y europeos empezaron a ocuparse de la novela hispano- americana, y poco después Torres Rioseco hizo la contribución más valiosa a la divulgación de ésos y algunos otros novelistas hispanoamericanos -algu,nos de los cuales suelen agregarse a la •lista de clásicos según el gusto del critico o profesor.
2 Este problema lo estudié en "Los tres planos de la creación artística de Eduardo Barrios", Revista Iberoamericana (XXIX, 55, p. 125-137).
psicológica y estructural. En un estudio que recientemente apareció en Cuadernos Hispanoamericanos
11hice notar un paralelo entre El hermano asno y la famosa novela corta de Henry James The Turn of the Screw; en ambas la crítica tardó casi medio siglo en perca- tarse del punto de vista y tenerlo en cuenta al interpretar el perso- naje y los sucesos de la ficción noveHstica.
Manuel Gálvez afirmó que Un perdido -que había aparecido en 1917- era, quizá, la mejor novela producida por un hispanoameri- cano, y al menos acertó parcialmente al calificarla de realista 4. El realismo de esa obra es innegable, sin perjuicio de que señalemos el papel esencial de la visión psicológica en la creación de la misma
5•Pero varios críticos -entre ellos Federico de Onís- cayeron en la simpleza de cla-sificarla como subjetiva (concepto que equiparaban a no-psicológica) dado que el autor usaba en ella elementos sacados de su propia vida, y hubo obras de carácter general que recogieron ese juicio
6•Con la primera narración que escribió Barrios luego que dejó de hacerlo para el teatro -El niño que enloqueció de amor ( 1915)- la 'critica ha andado aún más extraviada. Esa novela corta ha sido uno de los más constantes best-sellers en Chile; los críticos por su parte elogiaron y hasta declamaron loas a la artística ilusión de naturalidad, la poesía y el encanto del estilo, pero en general se inclinaron a ne·
gar toda verdad psicológica, cuando no la indispensable verosimilitud, en la pasión
yla desgarradora historia del niño. Ya Torres Ríoseco -entre los criticas de valor-, aunque supo ver la observación exacta
3 «Los conflictos psíquicos y religiosos de El hermano asno", Cuadernos Hi.Ypanoamericanos (números de marzo y abril de 1968).
4 Prólogo a Un perdido (Madrid, &pasa-Calpe, 1926).
5 Lo hice ver en mi primer artículo sobre el novelista chileno, aparecido en 1959: "El tipo sicológico en Eduardo Barrios y correspondencias en las letras europeas". Revista Iber0011U1ricana (XXIV, 48, p. 265-296). Mi visión total del problema -en Barrios y los clásicos europeos estudiados- ha seguido evolucionando en estos años y puede llevar a un nuevo estudio integral, pero las observaciones sobre los ejemplos Uteratios, ey.sayisticos y científicos que se encuentran en ese artículo mantienen su valor, en un campo de investigación prácticamente virgen.
6 Por ejemplo, E. Anderson lmbert, Historia de la literatura hispanoame·
ricana (México, Fo:ndo de Cultura ·Económica, varias ediciones).
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de la realidad en Barrios
7,la puso en duda en este relato: para un psicólogo acaso no existe en esta obrita
laverdad científica
8-obser- var el matiz que agrega el diminutivo. Otros fueron más categóricos y hablaron de celos de adulto en mente de niño, lo cual resultaba menos perdonable cuando en el mismo estudio el critico mentaba la psicología, Freud y el complejo de Edipo; justamente en su niño Barrios intuyó, con portentosa complejidad y exactitud, los conflictos que Hermann Hesse y otros usaron de segunda mano pocos años después bajo la directa influencia del psicoanálisis y los psicoanalis- tas
9 •Ejemplos de esa incomprensible ceguera -en especialistas de literatura- se encuentran tanto en la critica norteamericana como en la que se ha escrito en nuestro idioma; de ésta entresacamos el su- mario juicio de Zum Felde: Por más que el autor nos diga que el caso se basa en una experiencia de su propia infancia, luego trans- formada literariamente, resulta excesiva hasta lo inverosímil esa mor- tal pasión amorosa en un niño de diez años por una mujer amlga de su madre
10•Dejemos por ahora los antecedentes literarios. Sin buscarlos es-
7 Grandes novelistas de la América hispana. Tomo II: Los novelistas de la ciudad. ( University of California Press, 1949), p. 26, y todo el comentario sobre Un perdido.
8 Ibídem. p. ~.
ll Antes de escribir Demian (se cree que en 1917) y "Kinderseele" ("Al- ma de niño", se cree que en 1919 [la relación cronológica de estas dos obras no ha sido considerada críticamente, y ha!Y motivos para hacerlo
1 ) ,
Hesse había sido psicoanalizado durante un largo período por el psiquiatra Lang, quien seguía a Jung sin dejar de tener en cuenta la concepción ortodoxa freudiana.Juug fue categórico en su afirmación de que Demian .prese.ntaba en forma poética su concepción del inconsciente (Io cual en principio es innegable), y Hesse, en tono un tanto displicente, negó su dependencia de Jung. En cuanto a "Kinderseele", a mí me parece un ejercicio literario basado en :la teoría freu- diana; he hecho un análisis crítico de esta poco conocida novela corta de Hesse -que creo es el primero- en la tesis doctoral La verdad skol6gfca en Eduardo Barrios (Universidad de Minnesota, 1962; Ann Arbor, Michigan: University Mi- crofilms, N9 62-3103, 343 p.). En Ja misma tesis analizo extensamente El niño que enloqueció de amor, también como un adelantado y auténtico testimonio literario de los conflictos que describió Freud; hay un breve resumen, con desarrollo de Ia cro.nología, en el articulo mencionado en la nota ( 2) (supra) , y vuelvo con mayor precisión a la cronología en el más reciente estudio sobre El hermano asno (supra, nota 3, N9 de marzo).
lO Indfce crítico de la literatura hispanoamericana. ll: La narrativa. ( Mé- xico, Ed. Guarania, 1959), .p. 216.
pecialmente, me he encontrado con niños enamorados desde una canción sefardita (de notable similitud con un detalle del niño chi- leno) hasta Dostoyevsky y Ana tole France. Barrios se caracteriza por su aparente despreocupación con respecto a antecedentes literarios o autores predilectos -pensemos en Baroja y sus abundantes listas de lecturas, y en el eco que encontrámos en Herningway; pensemos en W. Somerset Maugham, en Sábato, en tantos otros. En cambio sí distingue al novelista chileno una concernencia por la vida que llega hasta la obsesión. Ese es también el sentido de que ante la ignoran- cia de los críticos alegara que a él mismo le había ocurrido enamo- rarse de chico, o de la anécdota del viejo que se le presentó con la siguiente exclamación: ¡Pues yo soy el niño que enloqueci6 de amor/
11 •Con ese mismo afán don Eduardo Barrios me habló -en su casa santiaguina, en 1960- de los casos conocidos, y se remontó por la biografía literaria recordando a Byron y Alfieri. Luego ·sacó un libro del pequeño estudio que tenía en la planta baja -edición castellana de 1905- del cual yo anoté lo siguiente:
"El hombre destinado a ser el fuguete de fuertes pasiones mo- rales, se distingue de los. demás desde su infancia, por una viva impresionabilidad moral, por una imaginación ardiente, que algunas veces le lleva hasta la alucinación." [Sigue con varias observaciones muy interesantes sobre Grimm y Byron, tomadas de las Memorias de Moore (sobre Byron).]
"Durante toda su vida fue ( Byron) el juguete de pasiones, de emociones incesantes. A los ocho aíios se enamoró apasionadamente de una niña, María Duff, y cuando supo, ocho años más tarde, su casamiento oon otro, fue atacado de horribles convulsiones: Estuve próximo a ahogarme. . . y ni entonces, nl muchos años después, tenía ciertamente Idea alguna re~~Pecto a los sexos [como el niño de la ficción chilena] y, no obstante, mis penas, mi amor por ella, fueron tan violentos, que hasta dudo algunas veces si después he amado nunca
verdaderamente. . . . ..
A los doce afios se enamoró de su prima, Margarita Parker (trece afios). Esta pasi6n, dice, tuvo para11 Barrios la repitió insiste,ntemente; yo se la oi en 1960. Puede leerse en reportaje de Bemard Dulsey, The Modem Language ]ournal, nov. 1959 (XLUI, 349). Conf. tesis referida en nota 9, supra, p. 206 y nota 98.
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mí sus efectos ordinarios. No podía dormir, no comía, no tenía re·
poso, y aunque hubiera podido creer que me amaba, el único empleo que hacía de mi vida era pemar en el tiempo que había de transcu- rrir antes que volviéramos a vemos. Comúnmente eran doce horas
de
separación. Estaba rematadamente loco, pero hoy no estoy mucho más cuerdo que entonces." 12En el mismo capítulo aparece el amor precoz de Alfieri referido por el poeta, y el amor de Dante a los nueve años, de Casanova a los cinco, y de J. J. Rousseau a los once. Este pasaje bien pudo haberle dado elementos a Barrios -alucinación, horribles convulsiones, aho- garse, pasiones violentas, no poder dormir de amor (en un niño), locura- para integrarlos en su niño enamorado junto con los temas psico-sociológicos de la madre "débil" y los hogares desquiciados que se encuentran en sus dramas de la misma época (de los que se per- ciben ecos hasta en El hermano asno). Lo cierto es que en ese pasa- je biográfico -vida- hay mucho más en común con el relato de Barrios que en las dos o tres obras que algunos críticos han señalado (sin el menor análisis) como antecedentes del enamoramiento in- fantil en la ficción literaria.
En El niño que enloqueci6 de amor Barrios logró lo que ya pa- rece imposible en las letras: "inaugurar" -o llevar a su mayor desa- rrollo- un tema o asunto
13•Y así como la vida fue la fuente de su creación, la vida se encarga luego de dar testimonio.
El niño acaba loco, claramente un esquizofrénico; multitud de detalles significativos en psiquiatría y ninguna nota discordante se transparentan en el ingenuo relato
14•He encontrado en un libro de psiquiatría (texto para facultades de medicina) un caso de notable
12 CARLos I..ErouRNEAU, Las pasiones humaMS. Traducción del francés (Barcelona y México, 1905), p. 113-114.
13 Este juicio sobre la obra del novelista chileno -aplicado especialmente a Los hombres del hombre- lo prqnunció por primera vez Francis de Mioman- dre en sus notas para Hommes et Mondes de Paris.
14 .En la tesis referida en nota 9, supra, he estudiado los rasgos tempera- mentales del niño de Barrios y el progreso de su enfermedad, examinando la novela página por página y comparándola con los resultados de recientes inves- tigacio,nes en psiquiatría (parte III, cap. IV, "El primer ensayo caracterológico de Barrios").
semejanza con el de El niño que enloqueci6 de amor. El pasaje que transcribiré lo ha tomado el especialista argentino de los escritos de un esquizofrénico, estudiante fracasado:
"Desde los 12 años hasta los 14 fui el amante precoz. Quise a una niña de mi misma edad. [Notar la confusión entre lo que dice este párrafo y el que sigue.] Fui correspondido. Todas las ma- ñanas a las 8 la acompañaba al mercado.
Una jovencita de unos dieciséis años (hoy toda una incipiente mujer) que hablaba con mi hermano; nos esperaba en la puerta de su casa para burlarse de nosotros. Más allá, unos muchachones gua- rangos y brutos [como lo son los demás muchachos para el niño de Barrios] la esperaban a ella. . . Yo era un accidente que pasaba a su lado.
Le decían ... No sé ... no quería escuchar. Los miraba fu- rioso. Parecía un impotente niño hombrecito.
Pasó lo de siempre: Ella era una señorita. Yo, un niño que quizá todavía no podía o no debía dejar los brazos de mi madre.
Quise volar muy pronto. . . [Aunque es una imagen corriente, notar la correspondencia con la que desarrolla Barrios en la introducción al diario del niño.] Y amé con alas precoces. (La precocidad no es una virtud, es un defecto. . . ¡y qué peligroso!. .. )
Me desesperaba porque sabía que ella se entregaba a Jos besos de un aprovechador de 18 años... (Sinvergüenza!. .. )
¡Ella ~o quería! . . . Era él el que la incitaba ...
Así siguieron mis cartitas infantiles, mis peleas amorosas y la sonrisa de los despechados e incomprensi¡;os mayores.
Un día ¡ah fatalidad perversa! esa niña arrancó el llanto de los ojos de un hombre . ..
-¡No quiero verte más! -me dijo ...
¡Terribles palabras!. . . que sonaron más de una vez junto a mi a•lmobada, entre sollozos ...
Y me acordaba de que un aprovechador la habfa besado ... ¡Y yo que ni siquiera ~e había tocado u~ dedo! ...
¡Ay, estas señoritas que hacen sufrir a los niños!
¡La venganza iba a ser terrible!: Un día la habría de tomar entre mis brazos de ogro para besarla bien; para marcarla eterna- mente con mis besos. (¡Pobre niño tonto!) ...
Pero el tiempo fue quien se vengó de ml:: Abrió una boca gran- de como el viento, se rió a carcajadas ... "
Sin la fecha 1944 en el pie de imprenta ¿quién no habría admi-
tido que esas páginas pudieran ser una fuente de inspiración de la
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novela corta chilena? Pero no dejemos este testimonio
sinrepetir otros párrafos que a su vez recuerdan sendos episodios de Un perdido (cuyo protagonista está también vinculado temperamentalmente con el niño del relato anterior) :
"VQlvi a los amigos de la calle. Nos íbamos a u:n parque todos los domingos. Jugábamos al fútbol. Me emborrachaba de deporte para olvidar mis penas . ..
Hoy sé que Jos que me quisieron bien fueron mis amigos de la calle.
Cuando nos encontramos ahora, si la casualidad lo quiere, me evocan siempre nuestras andanzas . . . y me llaman con el mismo cariño: Albertito . ..
¡Qué gana de llorar me da, junto a esos hombres de hoy! ...
Pasadas esas etapas busqué amigos de mi condición. Los busqué en los amigos de mí hermano ...
Ellos me echaban: ¡ya hacía un año que se habían puesto pan- talones largos!. .. Me decía pibe... ¡Qué cosa bárbara!... ¡Y yo los conquisté! Y yo creía conquistarlos.
Pasó, que fui siempre el pibe simpático. . . ¡y nada más! f ..• ] La vida universitaria separó a mi hermano de· sus amigos. Re- cién entonces comprendí que habían sido amigos de mi herma:no tan sólo ...
Mis amigos fueron ellos . . . pero me los prestó él .•.
¡Qué tarde me di cuenta!
Fui decayendo. Busqué a una mujer a quien amar con todas las fuerzas de mi ternura perdida. . . Durante 4 6 5 años no la en- contré ...
¡Ah, y cuando la ·hallé, zozobré porque fui un barquichuelo de papel en medio de tormentoso mar que apagaba la mansedumbre de un riacho, de una laguna . . Cuando yo estuve en sus aguas, éstas se agitaron traidoramente ...
Y aqui estoy. . . en la playa del pesimismo y de la incredu- lídad, apenas con el esqueleto de la que fue esbelta nave IUltes de navegar ... » Hl
La misma oposición con el hermano; el mismo hallarse con los ami- gos de la calle y su mismo cariño y proteccionismo; el mismo decaí-
1:> ERNEsTO DANIEL ANDÍA, Clínica psiquiátrica (Buenos Aires, Aniceto L6pez, 1944), p. 411 y SS,
miento; la misma búsqueda de una mujer, la cual en vez de tabla de salvación resulta tormentoso y traidor mar -y las superpuestas imágenes del tormentoso mar de la mujer que se opone al barqui·
chuelo de papel, al riacho, a la laguna del eterno adolescente (como Teresa opuesta a Lucho)-; la misma predisposición esquizoide del tipo refinado y delicado, que acaba hundiéndose de manera análoga a la del ocioso desquiciado de la psíquiatría médica clásica.
La dirección de influencias a que aludí más arriba se invierte:
en lugar del autor (como Hesse y otros) que refleja en sus obras las teorías psiquiátricas en boga, aqui la creación literaria es la que co- bra vida, una generación más tarde, en el caso real que se registra en un texto de psiquiatría. Esas sorprendentes coincidencias -sin negar factores casuales- no podrían darse sin una coincidencia bá- sica de la naturaleza humana
ysus inclinaciones temperamentales, en las que vio con rara penetración el novelista. A lo cual hay que agregar la semejante realidad social de los medios urbanos de Chile y Argentina -y Barrios no fue menos un alerta, objetivo, profunda- mente interesado observador del medio social de su patria.
últimamente el tema del despertar sexual precoz ha aparecido en el cine y en la novela. Parece que Barrios desde El niño que enlo- queci6 de amor en adelante -como otros grandes en su período de plenitud- ha imaginado y tratado sus temas con un desprendimiento total de las modas y corrientes literarias. Si Tamarugal ( 1942) y particularmente Gran señor y ra¡adiablos ( 1948) hubieran aparecido a continuación de Un perdido -situadas entre Los de abajo y las no- velas sudamericanas llamadas de la tierra- mientras que sus obras más psicol6gicas como El niño que enloqueci6 de amor y El herma- no asno (1922) hubieran esperado la décadade 1940 para comple- tarse con Los hombres del hombre ( 1950), a la crítica le hubiera resultado más fácil "situar" e interpretar acertadamente su obra y -más que todo- no se hubiera limitado a proclamar obras maestras (especialmente El hermano asno) para descuidarlas luego a favor de un gusto o necesidad de literatura "sociológica" o de mitos
nacionales.
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