CASO DE ESTUDIO Ken Kelly
Un maestro en su primer año de impartir la clase de ciencias sociales, tiene problemas para motivar la discusión en sus clases de la escuela secundaria. Visita una clase de filosofía de cuarto grado, donde la enseñanza se da completamente a través de la discusión.
Ken Kelly se fijó en las cuatro filas alineadas de sus 24 estudiantes del noveno grado. Un de sus ojos parecía ver el reloj y el otro a la puerta.
Después de pasarse una semana en conferencias sobre principios económicos simples, Ken estaba intentando comprometer al grupo en una discusión sobre las diferencias entre la planeación de sistemas económicos y la planeación libre.
El comunismo había sido desintegrado en Europa del Este desde hacía meses, y Ken les había pedido a sus estudiantes que vieran las noticias cada noche para que pudieran conocer las deficiencias de ese sistema. Los estudiantes estaban haciendo sus asignaciones escritas de lo que ellos entendían de los problemas, pero todavía no estaban preparados para exponer sus puntos de vista en clase y empezar a discutir.
Las preguntas de Ken obtuvieron sólo dos o tres respuestas simples.
Él se fijo en el mar de caras vacías y prosiguió. “ Christie, ¿quiénes son los dueños de las empresas en los países comunistas?
¿empresarios privados o el gobierno? ”
“ ¿ El gobierno?” Christie contestó insegura.
“ E xactamente. Muy bien. ¿Alguien sabe por qué? Cuando nosotros estudiamos la semana pasada, dijimos que los gobiernos de los países comunistas poseen los medios de...” Ken se detuvo por un segundo y esperó a que alguien diera la respuesta. “ De… ¿de qué, Carlos? ”
“ P roducción. ”
“ E xactamente. Producción. Bien, Carlos.” Ken se levantó de su escritorio y se paseó por el frente del salón.
“ ¿ Y quién posee los medios de producción en Estados Unidos? ¿Quiénes son los dueños de las empresas aquí? Díganos, Craig. ”
“ L os empresarios privados. Lee Iacocca.”
“ M ás o menos, Craig. Los accionistas son dueños de Chrysler Motors. Iacocca es presidente de la compañía. Recuerde, nosotros hablamos sobre las acciones la semana pasada. Ahora, díganos cuál piensa que es mejor sistema. Debería el gobierno ser el dueño de empresas o por... ”
“ S í. El gobierno ” , dijo Craig.
“ E spere un momento, Craig. No interrumpa.
Nosotros ya lo hemos escuchado. Permita que escuchemos a alguien más. Además, usted debe esperar hasta que yo termine mi pregunta. Usted no puede contestar una pregunta hasta que yo se lo indique. ¿Deberían las empresas ser expropiadas por el gobierno o sólo por las personas que pueden permitirse el lujo de comprarlas? ¿Deberíamos nosotros tener la propiedad privada como la tenemos aquí en Estados Unidos, o la propiedad debe pertenecer al gobierno para que pueda ser compartida equitativamente con todas las personas? Jessie,
¿qué piensa usted?, ha estado todo el día callado. ¿Cuál es su respuesta?”
Silencio.
“ ¿ Jessie? ”
“ M e gusta como nosotros la tenemos aquí. ”
“ E stá bien. ¿Por qué? ”
“ U sted debe ganarse lo que posee. ”
“ E xcelente. Buena respuesta. ¿Alguien está en desacuerdo? ”
Silencio.
“ ¿ Nadie? ”
Más silencio. Varios estudiantes se movieron inquietos en sus asientos o encontraron maneras de ocuparse. Keith, un estudiante regularmente desatento, que también era capitán de ligas menores de la universidad de la escuela secundaria de Littleton, miró fijamente su reloj mientras colocaba una mano sobre su muñeca, al parecer tomando su pulso. Delante de él, María trabajaba atentamente, tejía una trenza en su cabello
“ ¡ Keith! Díganos, ¿cuáles son las ventajas de una economía planeada? ¿Puede controlar el gobierno los precios?, contestó inseguro Keith.
Correcto. Dígame otra. Vamos. Usted debió haber leído esto anoche en su texto. ”
“ ¿ Los impuestos son más bajos? Ah, no. Yo quiero decir...”
“ ¡ Oh!, ¿realmente? ¿Quiere usted mostrarme dónde leyó eso en el texto? Tara, Keith dijo que los impuestos son más bajos en una economía controlada. ¿Es eso correcto? ”
“ L o siento ” , respondió Tara. “ N o pude oír la pregunta. ¿Puedo ir al tocador de mujeres? ”
Ken caminó por el salón y se detuvo detrás del facistol. “ Esto no está funcionando” , pensó.
“ E stos niños saben este tema, pero no hablarán de manera significativa sobre él. Simplemente no están interesados. ”
Su enojo aumentó. Ken decidió cambiar sus tácticas. “ Quizá si ellos vieran que la alternativa de una discusión es una prueba, los motivaría a participar ” , pensó.
“ B ien. Todos saquen una pluma y una hoja de papel ” , dijo Ken. “ Escriban su nombre arriba de la hoja, y contesten la pregunta que acabo de hacer. ¿Quiénes deberían tener las acciones?,
¿accionistas privados o el gobierno? Ustedes tienen de tiempo para contestar hasta terminar la clase. ”
* * *
Ken recogió los papeles y caminó por el salón cuando la campana sonó, molestó de que tuviera que recurrir a la prueba, y desconcertado de que sus estudiantes se vieran forzados por él. Recordó que las discusiones en las primeras semanas de clase era más animadas, pero cada vez la participación disminuía hasta una o dos intervenciones regulares. “Éstos son todos los chicos brillantes, todos están en un curso superior de su clase”, pensó. “Muchos de ellos son amigos y deberían sentirse a gusto en el aula y facilitar la discusión.”
Ken estaba libre en las siguientes dos clases. Se dirigió hacia una escuela primaria cercana, donde él normalmente comía con un amigo que enseñaba ahí. Caminó rumbo al vestíbulo, cuando llegaba a la cafetería, vio a Sybil Avilla, una maestra del programa de superdotados que había enseñando filosofía a sus estudiantes superdotados en la escuela primaria y estaba usando el mismo método ahora en clases regulares.
Ken se había mostrado escéptico cuando escuchó que se enseñaría filosofía en tercer y cuarto grados. Ahora, también se enseñaría en la última clase. El se preguntó cómo los estudiantes más jóvenes podrían comprometerse en discusiones filosóficas si él no podía conseguir que sus alumnos de noveno discutieran sistemas económicos simples. Pero la clase de la maestra Avilla había estado ganando una buena reputación entre los maestros. Ken decidió saltarse el almuerzo y buscar a la maestra.
La encontró en el salón y le hizo señas con la mano. “Buenas tardes, señorita Avilla, soy Ken Kelly, enseño ciencias sociales en la escuela secundaria. He oído hablar de su clase, ahora estoy libre. Pensaba si puedo entrar a su clase, sentarme en una esquina y observar. Quiero ver cómo trabaja usted.”
“Siéntese en una esquina o en nuestro círculo. Nosotros estamos felices de tenerlo, Sr. Kelly”, respondió la señorita Avilla. “He tenido a varios maestros de la escuela medio superior aquí. Usted es el primer maestro de la escuela secundaria. Tome asiento en cualquier parte.”
La clase apenas estaba empezando y los 17 estudiantes de cuarto grado estaban sentándose en sillas que habían ordenado en círculo. Sybil, se sentó con los niños en el círculo y volvió su atención a la clase.
“La semana pasada les pedí que pensaran en esta pregunta: ¿Serían ustedes diferentes si su nombre fuera otro?
Varios estudiantes empezaron a hablar enseguida. “Sólo uno, por favor”, dijo Sybil, y se dirigió a una alumna que había levantado su mano.
“¿María?”
“Yo estuve pensando sobre eso el otro día”, dijo María. “Realmente, depende. Porque si usted tiene un nombre y alguien empieza a fastidiarlo sobre él, bien, podría cambiar su actitud, y usted podría ser una persona diferente o usted podría hacer cosas diferentes.”
Desde su asiento, Sybil sostuvo un libro. “Bien, éste es un libro sobre un nombre. Me gustaría que ustedes pensaran sobre eso mientras yo se los leo; me gustaría que pensaran sobre esa pregunta ¿Sería usted el mismo si tuviera un nombre diferente? El libro se llama El oso que quiso ser un oso. ”
Sybil empezó a leer. “Las hojas estaban cayéndo de los árboles;
grupos de gansos salvajes volaban en lo alto hacia el Sur. El oso café sentía un viento fresco en su piel, estaba sintiéndose muy soñoliento...”
Sybil leyó durante 10 minutos el libro, que describía a un oso que al despertar después de una larga hibernación en el bosque, encuentra que ha sido construida una fábrica encima de su guarida. Él intenta convencer a los oficiales de la fábrica que él es un oso, pero ellos dicen que él sólo es un “obrero perezoso, sin afeitar, con una chaqueta de piel” y le piden que trabaje en una línea de montaje. El oso trabaja durante la primavera y el verano en la fábrica, y llega a creer que él no es un oso. La siguiente temporada, cuando empieza una nueva estación de hibernación, el oso empieza a quedarse dormido en el trabajo. Se despide de los oficiales, y finalmente encuentra en su camino una guarida en el bosque para dormir durante el invierno.
Sybil cerró el libro y observaba.
“Yo no me olvidaría de que soy un oso”, dijo Rita y se inclinó hacia adelante en el círculo. Sybil preguntó: “Por qué?”
“Porque aun después de una cantidad de años, yo no me olvidaría. Yo soy un oso. Yo me parecería a un oso, aun si me afeitara.”
Kathy levantó su mano y empezó a hablar. “Pero si usted estuviera en un ambiente totalmente diferente, ¿actuaría usted igual? ¿Pensaría usted todavía en verse igual? Quiero decir, quizás no habría ningún espejo.
Quizás habría sólo uno, para afeitarse. Así que ¿cómo sabrían ustedes que todavía eran un oso y no una persona que trabaja en una fábrica como todos los demás?”
Craig que había levantado su mano cuando Kathy lo hizo, habló: “Si
yo estuviera rodeada por máquinas, y todo lo que yo hacía en todo el día era presionar un botón, realmente no pensaría en mis actividades normales porque estaría concentrándome en presionar los botones. Por lo tanto, yo pensaría que me parezco y actuó igual que todos en la fábrica.”
Rita agitó su cabeza de manera negativa. “Bueno, yo recordaría que por lo menos era un oso.”
“Pero estaría rodeado por humanos”, dijo Kathy.
Un coro de voces llenó el salón. Sybil levantó su voz sobre el alboroto y volteo hacia una de las niñas. “Prosigue, Camille.”
“Yo sé cómo se siente. Yo estoy rodeada en casa por adultos y algunas veces me siento como un adulto y por lo tanto yo hago cosas de adultos porque todos a mi alrededor en mi casa son adultos.”
“Así que respóndanos la pregunta que hicimos el año pasado”, dijo Sybil, y se dirigió de nuevo a Camille. “¿Sería usted la misma si tuviera la piel blanca?”
Camille pensó por un momento. “Bueno...”
Varios estudiantes empezaron a hablar enseguida.
Sybil alzó su mano. “Esperen. Esperen. Sólo permítanle un segundo.”
Camille prosiguió: “Sí. Usted tendría la misma personalidad. Es como un día de Halloween. Cuando usted se viste elegante como otra persona. Pero usted no es esa persona.”
“Pero eso es temporal. No es por mucho tiempo. Si fuera permanente,
¿sería usted la misma?” La voz de Mickey subió de volumen cuando preguntó.
Terrell respondió: “Sí y no. No sería usted el mismo porque tendría piel blanca. Pero sería igual porque haría lo que normalmente hace.”
Maya, que había estado escuchando en silencio, se inclinó hacia adelante y se dirigió a Terrell: “¿Qué pasaría si estuvieras en un ambiente completamente diferente? ¿Si te convirtieras en una estrella infantil de la televisión, y todas las mañanas tuvieras que trabajar, y no pudieras ir a la escuela, pero conseguirías un tutor para estudiar con él todas las tardes, sin descanso? ¿Aún serías el mismo? ¿Aún correrías alrededor, jugarías y todo? o ¿estarías practicando tus líneas todo el tiempo. Probablemente
tendrías una personalidad diferente si siempre estuvieras en un ambiente diferente.”
Terrell empezó a responder, “Bueno, sí, pero...”, y fue interrumpido por varios estudiantes que empezaron hablar y varias manos se levantaron. Sybil interfirió otra vez. “Permítanle terminar. Entonces les daremos la oportunidad a ustedes. Bajen sus manos por un segundo.”
Terrell continuó con una serie de preguntas que él había estado formulando. “¿Ustedes se olvidarían de quiénes son y de que viven en este pueblo? ¿Se olvidaría usted de que era blanco? ¿Se olvidaría de que tiene que ir a la escuela todos los días? ¿Se olvidarían ustedes de todas esas cosas?”
Paula habló después: “Usted no se olvidaría de eso. Pero ya no sería igual una parte de usted, por lo tanto cambiaría de como es ahora. Si viviera en un ambiente diferente, entonces su personalidad o cualquier cosa que usted pensó o piense sería diferente.”
“Cuando yo vivía en Florida, todos éramos amables, tímidos y no hablábamos”, Allison empezó. “Entonces yo era tímida y no hablaba.
Pero entonces me mudé al norte y todos los niños dicen lo que piensan y lo que ellos quieren hacer. Así que eso es lo que me pasó. Cambió mi vida totalmente. Porque ahora puedo hablar y digo lo que yo quiero.
Antes, me guardaba todo. Por lo tanto usted cambia con su ambiente.”
Sybil se dirigió al grupo entero. “Si eso es verdad, entonces nosotros no debemos sorprendernos de que el oso no sabía que él era un oso.
¿Pueden hacer ustedes la conexión conmigo ahora? ¿Me siguen?”
Varios estudiantes movieron la cabeza afirmando, y Sybil continuó.
“Si lo que Allison acaba de decir es verdad, si ustedes aceptan su declaración, entonces nosotros podríamos entender por qué el oso no sabía que él era un oso. Aunque nosotros sabemos que él era un oso. ¿Es su animalidad o su humanidad algo externo o interno? ¿Quién determina lo que usted es? Sonya, se ve su mano levantada.”
Sonya sonrió a Sybil cuando empezó a hablar. “Bien, si usted tiene amigos que son ricos y convive con ellos, se volverá como ellos. Usted actuará como si fuera rica.”
“Por lo tanto, ¿su personalidad es definida por otras personas?”, Sybil preguntó.
Sally, cuya mano había estado levantada durante varios minutos, dijo: “No, no lo es. Porque si usted convive con personas ricas, no es porque le guste ser rico. Usted puede actuar como ellos, pero sólo está pretendiendo ser.”
Otra vez, Sybil respondió con una pregunta. “Entonces, ¿qué es lo que hace que usted sea quien es?”
Sally continuó: “Sólo usted mismo. Suponga que algunos niños son de familias ricas y usted va y convive con ellos. Dicen que ellos realmente son ‘felices,’ y ellos hablan de ‘gustos’, totalmente, y con seguridad. Y dice usted que empieza a hablar así. Eso no será bueno. Si usted convive con las personas que no son como usted y se vuelve como ellos, entonces no intenta regresar con sus viejos amigos. Porque ellos verán que usted ha cambiado mucho y a ellos no les gustará como es usted.”
Cuando Sally hizo una pausa, Sybil dijo: “Lo siento, tenemos que detenernos ahora mismo. La clase está a punto de terminar.”
Varios estudiantes protestaron.
Sybil estaba de pie y agitó su mano para detener la charla. “Esperen un momento”, dijo ella. “Sólo porque nosotros hemos terminado esto en clase no significa que ustedes deben dejar de hablar después sobre lo mismo. Me gustaría que hablaran sobre esto con quien ustedes cenen esta noche. Intenten recordar la historia de El oso que quería ser un oso, y quiero que ustedes hablen sobre lo que nos hace humanos. ¿Son otras personas las que nos definen, como ellas definieron al oso? ¿O nosotros nos definimos? Y si nosotros nos definimos a nosotros mismos, entonces ¿cómo cambiamos cuando estamos con todo tipo de personas diferentes, cuando hemos estado hablando sobre eso? O quizá, ¿quién de ustedes puede cambiar?”
La charla entre los estudiantes continuó luego que reordenaron sus pupitres en filas. Unos cuantos se acercaron a Sybil y empezaron a explicar sus ideas sobre la discusión. Después de un minuto, Sybil dijo a los estudiantes que volvieran a sus asientos y recogió sus materiales del salón del cuarto grado. Emocionado, Ken la siguió. Ella le dijo:
“Podemos conversar en mi oficina, que está cruzando el vestíbulo.”
Cuando ellos se alejaron del salón, Sybil se volvió a Ken y le preguntó: “¿Qué tal, Ken?” ¿Cómo disfrutó usted la clase? Diferente, ¿no cree usted?”
“No hay ninguna duda, usted los tenía motivados. Yo no he tenido mucho de eso con ninguno de mis estudiantes, de manera particular en mi clase de noveno grado de estudios generales, desde que el semestre empezó. Pero...”, Ken se detuvo por un instante.
Sybil parecía darse cuenta de su vacilación. “¿Pero qué, Ken?”
“Bueno... pero ¿cuál es la enseñanza? Usted no hizo nada. Usted dijo sólo unas palabras y los niños sólo... hablaron.”
“Si usted asume que esa enseñanza es sólo hablar, usted tiene razón”, le respondió Sybil. “Yo les digo muy poco en esta clase. Pero si lo que usted quiere es crear un conjunto de preguntas, usted tiene que asumir que la opinión de un maestro es una más. Mi trabajo es conseguir que los estudiantes hablen conjuntamente de manera activa y construyan su propio pensamiento y no repitan toda mi agenda.”
“¿La agenda? Nosotros tenemos que ser realistas, Sybil. La zona escolar y el estado nos han dado una agenda del plan de estudios. Al término del próximo año, mis estudiantes tendrán que hacer el examen del plan de estudios estatal. Yo necesito cubrir ese plan con ellos en dos años nada más, y no creo que pudiera hacerlo utilizando sin riesgos las discusiones abiertas muy a menudo.”
“Ciertamente, usted tiene que ayudar a sus estudiantes a prepararse para el examen”, dijo Sybil. “Pero también puede usar simplemente la técnica de Sócrates, que acaba de ver. Un maestro comunica en conferencias cuando es importante dar demasiada información por las prisas, pero hay momentos en los que el maestro tiene que ser, más que un entrenador, un facilitador de información. Hay momentos en que es apropiado escuchar a los estudiantes; etapas en las que ellos deben participar más activamente: hablar, responder, reaccionar, analizar, personalizar y pensar. Para eso son estos diálogos. Todo maestro podría usarlos en cualquier tema.”
“¿Todo maestro?”, preguntó Ken. “Quizás hay un espacio para estos diálogos en las ciencias sociales que yo enseño, ¿pero cómo podrían usarse los diálogos en ciencias o matemáticas? Los niños no aprenderán divisiones largas sentándose en círculos para charlar entre sí sobre eso.
Vamos, Sybil, no está aterrizando usted en el punto.”
Sybil empezó a responder, pero entonces hizo una pausa. Se encogió de hombros, y dijo: “Quizás así es, Ken. Probablemente yo no aterrizo en
el punto”. Ken no estaba seguro de si ella estaba enfadada o no, y no supo qué decir después. Él observo que Sybil organizaba sus materiales para su próxima clase.
“Es una técnica válida, Sybil. Yo disfruté viendo su trabajo. Y gracias por hablar conmigo. No sé si podré resignarme ante mi falta de control. No sé si funcionaría para mí.”
“Quizás eso es verdad”, Sybil respondió. “Es interesante, ¿no es así?
Los niños adoran este método y los maestros se asustan, creen que es su muerte. Para que funcione, los maestros tienen que cambiar sus puntos de vista, observar sus métodos de educación. Tienen que hacer preguntas interesantes de manera auténtica con las cuales no estén buscando la respuesta correcta, absoluta, todo el tiempo. Es complicado para hacerlo.”
Ken se despidió y se dirigió hacia el salón de descanso del maestro, donde esperaba encontrar al amigo con quien regularmente comía. Él necesitaba otra opinión sobre lo que había observado, pero el salón estaba vacío. Ken compró un bocadillo y un refresco del expendedor automático y tomó un asiento en una mesa. Abrió el periódico que llevaba, pero se encontró con que sus pensamientos regresaban continuamente al salón de Sybil Avilla.
“Yo soy un maestro, no un organizador de debates”, dijo un poco fuerte. “He obtenido una montaña de historia curricular —he recorrido la historia del mundo de Este a Oeste— y ella quiere que suspenda las lecciones cada cuarto o quinto día para que pueda permitirle a mis niños charlar sobre eso.”
“No puede haber ninguna respuesta correcta en las clases de Sybil.
Cuando mis alumnos de décimo grado se sienten para hacer el examen del plan de estudios estatal el próximo mes de junio, ellos necesitarán saber muchas respuestas correctas. Ellos no van a encontrar esas respuestas sentándose en círculos y hablando de algún oso durante una crisis de identidad.”
Ken tomó el periódico de nuevo y hojeó las páginas de los deportes, pero su pensamiento regresaba a la clase de Sybil. “Hay argumentos certeros para lo que Sybil hace”, pensó. “Claramente, la clase era más amena que cualquiera de las mías ha sido en un momento. Pero mucho de lo que ella hace, o no hace, contradice algunas de las estrategias básicas que yo estudié en clases de educación; su lección no tenía realmente un avance organizado. Necesitó más conclusiones. Ella nunca elogió una respuesta correcta; nunca corrigió lo incorrecto. El punto obvio de la
lección era que sólo uno puede definir el tipo de persona que uno es. Pero cuando algunos niños dijeron exactamente eso, ella ni siquiera les hizo un reconocimiento. Los niños necesitan de eso”.
“Y la clase duró 40 minutos, pero sólo medio grupo dijo algo concluyente. Yo no estoy seguro de que la otra mitad incluso estuviera escuchando. No pienso que ellos obtuvieran algo de eso. Ella nunca llamó la atención de los niños, incluso aquellos que estaban obviamente soñando. Y cuando la discusión se dispersaba, ella nunca tomó la iniciativa para centrarla en el punto. Yo me pregunto qué aprendieron realmente los niños de Sybil el día de hoy.”
Ken miraba el periódico, pero sin leer, luego miró su reloj. Recogió el periódico y los restos de su almuerzo, los echó en la basura, y se dirigió hacia la escuela secundaria a sus clases de la tarde. “Ella es sólo demasiado radical”, pensó cuando abría la puerta de la escuela primaria, la cerró suavemente detrás de él.
PREGUNTA GENERALES SUGERIDAS
1. Ken Kelly parece ser un maestro que realmente puede necesitar nuestra ayuda. Empecemos por observar el aula de Ken detalladamente. ¿Qué observaciones haría usted sobre lo que Ken está enseñando?
Explore…
1. ¿Cuál es el objetivo de la lección de Ken?
2. ¿Qué tipo de preguntas hace Ken?
3. Describa la atmósfera en el salón de Ken.
4. ¿Por qué parecen los estudiantes de Ken sin motivación para participar?
2. Ken camina a la escuela primaria cercana y observa el desempeño de otra maestra, Sybil Avilla. ¿Cómo describiría usted la enseñanza de ella?
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1. ¿Cuál es la atmósfera en la clase de Sybil?
2. ¿Qué hace Sybil con la primer pregunta que formula?
3. ¿Tiene Sybil reglas o procedimientos para dirigir las discusiones de la clase? ¿Cómo lo sabe usted? ¿Cuáles son esas reglas y cómo las refuerza ella?
4. ¿Por qué participan los estudiantes de Sybil?
3. Cuando la clase concluye, Ken rechaza aplicar las técnicas de Sybil en su propia su aula.
¿Está de acuerdo usted?
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1. ¿Cuál es la filosofía que Ken está enseñando? ¿La de Sybil? ¿La suya?
2. ¿Cuál es la manera más eficaz de comunicar contenidos para que los estudiantes los recuerden?
3. ¿Cuál es la diferencia entre efectividad y eficacia?
4. ¿Qué es más importante: enseñar hechos o cómo desarrollar habilidades del pensamiento?
5. ¿Puede un maestro enseñar simultáneamente las dos? ¿Cómo?
4. Diseñemos una lección con la cual Ken involucre a sus estudiantes en mejores discusiones y análisis.
Explore…
1. ¿Cuál debería ser el objetivo de Ken para esta lección?
2. ¿Con cuál pregunta debería iniciar Ken? (¿Su segunda pregunta? …etc.)
3. ¿Cómo debería reaccionar Ken a las respuestas de los estudiantes?
4. ¿Qué otras actividades, además de la discusión, podrían involucrar a sus estudiantes y conseguir que ellos pensaran más críticamente sobre este asunto?
PREGUNTAS ASIGNADAS
1. ¿Por qué fue la lección de Ken infructuosa?
2. ¿Por qué funcionó la lección de Sybil Avilla?
3. ¿Puede usar Ken las técnicas de Sybil en su clase? ¿Por qué sí o por qué no?