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1. ¿CÓMO ABORDA BENJAMIN EL PROBLEMA DE LA HISTORIA?

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PABLOCESARCALANAVARRO

L O H A S I D O , S I G U E S I E N D O .

L A B Ú S Q U E D A D E L O S D E S A P A R E C I D O S C O M O E L J E T Z T Z E I T O T I E M P O A H O R A .

PONTIFICIAUNIVERSIDADJAVERIANA Facultad de Filosofía

Bogotá, 22 de febrero de 2021

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L O H A S I D O , S I G U E S I E N D O .

L A B Ú S Q U E D A D E L O S D E S A P A R E C I D O S C O M O E L J E T Z T Z E I T O T I E M P O A H O R A .

Trabajo de Grado presentado por Pablo César Cala Navarro, bajo la dirección del Profesor Mario Roberto Solarte Rodríguez,

como requisito parcial para optar al título de Filósofo

PONTIFICIAUNIVERSIDADJAVERIANA Facultad de Filosofía

Bogotá, 22 de febrero de 2021

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Profesor

LUIS FERNANDO CARDONA SUÁREZ Decano

Facultad de Filosofía Estimado Fernando:

Un cordial saludo.

Me permito poner a consideración de la Facultad de Filosofía, por intermedio suyo, el Trabajo de Grado de Filosofía del estudiante Pablo César Cala Navarro, titulado Lo ha sido, sigue siendo. Una aproximación a Walter Benjamin. Pablo ha realizado un estudio muy detallado sobre el concepto de Historia en Benjamin, en especial desde las Tesis de Filosofía de la Historia, comprendiendo el desarrollo benjaminiano de memoria como Jetztzeit, Tiempo-Ahora. Esto le ha permitido generar una reflexión desde su propia experiencia en la búsqueda de personas desaparecidas forzadamente. Como se observa en sus conclusiones, la imagen del desaparecido corresponde al ha sido que sigue siendo, la memoria en Benjamin.

Considero que el trabajo es sumamente juicioso, que recoge muchos años de trabajo y reflexión; considero que cumple con las exigencias de forma y contenido de la Carrera, por lo cual puede ser sometido a consideración de la Facultad.

Atentamente,

Roberto Solarte Rodríguez Profesor Asociado

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A quienes siguen tercos en la esperanza, a quienes buscan, aunque no encuentren, a quienes permanecen en la memoria cotidiana como un grito emancipatorio de Nunca Más desapariciones forzadas, a quienes buscamos,

Hasta Encontrarlos.

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Agradecimientos

Gracias a la Pontificia Universidad Javeriana por ser paciente y darme la oportunidad de culminar este trabajo de grado a pesar del tiempo transcurrido desde mi terminación de materias; al profesor Roberto Solarte, con quien he logrado comprender a Benjamin y realizar una reflexión filosófica desde lo que soy, un defensor de derechos humanos; a la profesora Adriana Urrea, por el acompañamiento en los primeros momentos de esta reflexión y gracias a ella acercarme a Benjamin. A mi esposa e hijos, por su tiempo, comprensión y ánimo impregnado para lograr terminar este trabajo de grado; a mis padres por su incondicional apoyo. Finalmente, y no menos importante, gracias a los familiares de las personas desaparecidas con las que he compartido la búsqueda de sus seres queridos, a través de ellos he logrado conocer a mujeres y hombres que en los últimos 40 años se han transformado en contagiadores de posibilidades de emancipación y utopía, desde sus proyectos de vida y desde la barbarie de la represión política, lo utópico y lo catastrófico se resignifica en la memoria, en el pasado que no ha pasado, lo ha sido que sigue siendo, en el Tiempo Ahora, en la memoria.

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Tabla de contenido

Contenido

INTRODUCCIÓN ... 13

1. ¿CÓMO ABORDA BENJAMIN EL PROBLEMA DE LA

HISTORIA?... ... 18 1.1. La dialéctica en suspenso. La crítica al progreso desde el

materialismo histórico Crítica al historicismo ... 22 1.2 Lo relampagueante y su fugacidad ... 29 1.3 Lo sido, sigue siendo. El ahora del despertar. Un campo de fuerzas:

polarización del pasado y el presente, lo sido con el ahora ... 31 1.4 El salto, la interrupción del acontecer en un instante de peligro.

Peligro y catástrofe ... 35 1.5 Romper el continuum, rechazo al historicismo ... 36 1.6 El concepto de historia planteado en las Tesis de Filosofía de la Historia…….. ... 41

1.7 El ángel de la historia. El nuevo concepto de historia en Benjamin 43 2. ¿CÓMO LA BÚSQUEDA DE LOS DESAPARECIDOS ES

JETZTZEIT O TIEMPO AHORA? memoria histórica, lo ha sido sigue siendo .. 49 2.1. La memoria histórica, el Tiempo Ahora: el Jetztzeit de la

rememoración ... 51 2.2 La imagen del desaparecido como imagen dialéctica y el ángel de la historia……… ... 56

2.3 La búsqueda de los desaparecidos por los familiares. Labor del historiador, construye la memoria histórica ... 64

3. A MODO DE CONCLUSIÓN: El pasado no ha pasado, lo ha sido sigue siendo. La permanencia de los desaparecidos, hasta encontrarlos ... 69

BIBLIOGRAFÍA ... 79

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INTRODUCCIÓN

Esta reflexión filosófica en torno a algunas de las “tesis” Sobre el concepto de historia de Walter Benjamin, desde la traducción de Pablo Oyarzún, se encaja en el abordaje del sentido de la memoria histórica como Jetztzeit o Tiempo-Ahora1, en la experiencia vital de la búsqueda de las personas desaparecidas forzadamente, como uno de los problemas actuales de la sociedad colombiana y labor en la que me desempeño como defensor de derechos humanos.

Pretendo desde esta reflexión desarrollar dos capítulos sobre las preguntas ¿Cómo aborda Benjamin el problema de la historia? y ¿Cómo la búsqueda de los desaparecidos es Jetztzeit o Tiempo-Ahora?, finalizando con algunas conclusiones y perspectivas frente al abordaje realizado, esperando que contribuya no solo con el propósito de cumplir con un requisito para optar al título de Filósofo, sino también para fortalecer la labor de la búsqueda de personas desaparecidas.

Este trabajo pretende en el primer capítulo desarrollar la pregunta ¿Cómo aborda Benjamin el problema de la historia? desde algunas de sus tesis, en especial la tesis XIV, poder comprender cómo el pasado no ha pasado y lo ha sido sigue siendo, desde el concepto Jetztzeit que se suele traducir en castellano como Tiempo-Ahora. Este trabajo no pretende cotejar cada una de las “tesis” Sobre el concepto de historia, sino rastrear cómo y por qué Benjamin rompe con el historicismo, con el continuum de la historia y elabora

1 Traducción usada por Pablo Oyarzún en “Walter Benjamin. La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia”, página 48, LOM Ediciones, Santiago de Chile

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los conceptos de Jetztzeit desde la novedad y fugacidad de la imagen dialéctica, en particular en la comprensión del nuevo concepto de historia expresado en la imagen del Angelus Novus, el Ángel de la Historia.

Busco comprender la memoria como lo ha sido sigue siendo, la historia como Tiempo-Ahora, y cómo desde las “tesis” Sobre el concepto de historia, se da una ruptura con la razón histórica, donde la comprensión de Tiempo-Ahora e imagen dialéctica, está dada desde la percepción del tiempo histórico en su realidad misma, como yuxtaposición de momentos cualitativamente diferentes los unos de los otros, en particular desde la comprensión de la guerra, sus vencedores y vencidos, las esperanzas y catástrofes, las víctimas y su redención en la historia. Donde “Los sufrimientos pasados no quedan abolidos por el futuro, ni siquiera triunfante, que pretende darles un sentido, como tampoco las esperanzas truncadas se ven desautorizadas por los fracasos que parecen sancionarlas”, (Mosès, 1997, p. 22) y la actualización del tiempo histórico, el Jetztzeit, constituye la nueva visión de la historia, comprendida como el salto dialéctico en la comprensión del Tiempo-Ahora que supera el nexo causal entre diversos momentos de la historia, y se concibe como presente, como lo ha sido que sigue siendo, donde no puede ser predecible el futuro de antemano, ni existe un fin de la historia, sino que la novedad se presenta como condición de posibilidad, en movimiento abierto.

Es la posibilidad de comprender la historia desde otra perspectiva, la de los vencidos y las víctimas, como sujetos de transformación, de posibilidad de emancipación y utopía, donde lo pasado es comprendido en “la imagen dialéctica (que) es una [imagen]

relampagueante. Así como una imagen que relampaguea en el ahora de la cognoscibilidad ha de aferrarse firmemente lo sido”, (Benjamin, 2009, p. 113) para ser preservado en el presente, en la memoria histórica. Y esta es la labor del historiador, emancipar el pasado y proteger el presente, es la memoria abordada desde el ahora, en la imagen dialéctica, que da contenido a la historia: “En la imagen dialéctica está lo sido de una determinada época, pero siempre a la vez lo ‘desde siempre sido’”. (Benjamin, 2009, p. 98)

En la memoria, como imagen dialéctica, está “lo sido” y lo “desde siempre sido”, con lo que “sigue siendo”, con el Ahora. Es el pasado que no ha dejado de pasar, que se

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actualiza en el ahora, reconocido en la imagen dialéctica, donde lo sido comparece con el ahora, se actualiza aquello excluido, marginado y desechado por la historia de los vencedores, por el historicismo. Es la construcción desde los destrozos, lo excluido, desechado, lo que fue marginado, donde “las cicatrices del pasado remiten a todo un mundo de circunstancias que las explican y que quedan vinculadas con ellas”, (Mate, 2006, p. 267) donde algo minúsculo puede representar el todo, la imagen dialéctica.

La memoria, como Tiempo-Ahora, como experiencia de tiempo histórico, es la actualidad que “socava desde el interior la coherencia del tiempo histórico, hace que salga de sus casillas, lo pulveriza en innumerables instantes mesiánicos. Esta forma de actualidad, “la única verdadera”, es la que encarna el Ángel de la Historia”. (Echeverría, 2005, p. 21) El Ángel de la Historia, evocando la imagen del Angelus Novus de Paul Klee, es para Benjamin la representación del tiempo actualizado, del presente, del Tiempo- Ahora. En este sentido, el Ángel es la imagen dialéctica, la representación, de la redención y la de la utopía. El Ángel “tiene el rostro vuelto hacia el pasado”, pero “Bien quisiera demorarse, despertar a los muertos y volver a juntar lo destrozado”. (Benjamin, 2009, p.

115) Es la imagen dialéctica, la imagen de la interrupción mesiánica de la historia en el instante de peligro, en el presente, como memoria.

En el segundo capítulo pretendo desarrollar ¿Cómo la búsqueda de los desaparecidos es Jetztzeit o Tiempo-Ahora? Abordando la comprensión de la experiencia vital de quien busca como creación de memoria, el hacer memoria no solo en el plano individual sino como memoria colectiva, memoria histórica, lo ha sido que sigue siendo. Buscando concluir que la búsqueda de los desaparecidos es la permanencia en el ahora, desde la imagen dialéctica que hace presente lo ausente, en la memoria que emancipa la historia de lo excluido, de lo olvidado, recreando la historia del desaparecido y quien le busca en el presente, la historia como Tiempo-Ahora.

En este capítulo abordaré la imagen del desaparecido como imagen dialéctica, en una reflexión desde la comprensión del Ángel de la Historia, como memoria histórica.

Para lo cual haré uso de la experiencia de búsqueda de dos personas desaparecidas, por parte de sus familiares con la Fundación Hasta Encontrarlos, organización de derechos

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humanos dedicada a la labor de buscar y encontrar a las personas desaparecidas forzadamente desde acciones de memoria, acceso a la verdad y justicia. Desde la imagen del desaparecido poder comprender la labor de hacer memoria, como la labor del historiador, en este caso como labor de quienes los buscan.

La reflexión en este capítulo aborda a Benjamin nuevamente desde las “tesis”

Sobre el concepto de historia, en especial desde la Tesis II, para desarrollar la comprensión de la memoria histórica como acto de la conciencia, individual y colectiva, que evoca el pasado para transformarlo. Es el hacer memoria desde la utopía y las esperanzas truncadas que renacen desde la rememoración. Así, el pasado sigue vivo en la rememoración y es reinventado en la novedad del presente, en el Tiempo-Ahora:

El pasado lleva consigo un secreto índice, por el cual es remitido a la redención. ¿Acaso no nos roza un hálito del aire que envolvió a los precedentes? ¿Acaso no hay en las voces a las que prestamos oídos un eco de otras, enmudecidas ahora? ¿Acaso las mujeres que cortejamos no tienen hermanas que jamás pudieron conocer? Si es así, entonces existe un secreto acuerdo (entendimiento, compromiso – Verabredung – encuentro o cita) entre las generaciones pasadas y la nuestra. (Benjamin, 2009, pp. 39-40)

La memoria histórica, la rememoración, es la presencia de la ausencia, en la labor de quien siendo testigo de la historia hace la actualización del Tiempo-Ahora, como un encuentro entre pasado y futuro que se da en cada instante presente. De esta manera, la labor del filósofo o el historiador, es la de “inclinarse sobre el desastre, vendar las heridas y resucitar a los muertos”, es la labor de quien busca a los desaparecidos, desde la memoria, desde las experiencias vitales de los excluidos, los vencidos, las víctimas de las guerras, y en el caso de la realidad de las personas desaparecidas forzadamente y de quienes los buscan, hasta encontrarlos.

La experiencia vital, es lo particular que hace comprensible la memoria, y ella a su vez polariza pasado y presente, lo ha sido con el ahora, con lo que sigue siendo. Desde la experiencia vital, la memoria es como una constelación saturada de tensiones, donde lo particular es el campo de fuerzas donde se polariza pasado y presente. En lo particular, como experiencia vital, desde el secreto acuerdo entre las generaciones pasadas y la nuestra, comparece lo sido y el ahora, se tiende un puente entre el pasado y el presente, en

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el presente de quienes buscan se construye la historia como lo sido que sigue siendo, la presencia de los desaparecidos. El tiempo, en la desaparición forzada, se expresa en la memoria histórica, relampagueante en quienes buscan en el presente.

La presencia-ausencia del desaparecido está dada en quien lo busca, en la memoria y el objeto de hacer memoria, en la imagen del desaparecido como imagen dialéctica, la que “ha vuelto el rostro hacia el pasado” siendo testigo del presente, donde observa lo catastrófico y al tiempo lo utópico. El tiempo histórico – la memoria – es la diversidad de expresiones de un mismo rostro o de múltiples rostros, diversidad de alternativas de comprender la historia. Es la comprensión de la historia en su novedad, en la imagen de lo catastrófico o lo emancipatorio. El rostro o los rostros de los desaparecidos son imágenes dialécticas, que como en la imagen del Ángel de la Historia actualizan la historia en su movimiento, en condiciones de posibilidad, como imagen cargada de fugacidad.

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1. ¿CÓMO ABORDA BENJAMIN EL PROBLEMA DE LA HISTORIA?

El pasado no ha pasado, lo ha sido sigue siendo. La pregunta de cómo resuelve Benjamin el problema de la historia, orienta a manera de premisa hacia la comprensión del desarrollo dado sobre el concepto de historia, desde sus primeros escritos hasta llegar a las “Tesis de filosofía de la historia”, atendiendo a la advertencia realizada por Pablo Oyarzún en su introducción a “Walter Benjamin. La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia”. Oyarzún advierte que “no es posible – ni deseable – la clausura de tales textos (se refiere a las “Tesis de filosofía de la historia”, los fragmentos sobre teoría del conocimiento en el Libro de los pasajes y el temprano “Fragmento teológico-político”) en un sistema ya resuelto de legibilidad”. Continúa diciendo:

que se incluye a todos los textos como estelas de un complejo movimiento, que en su trazado notoriamente inconcluso quiere expresar el verdadero centro. Las múltiples versiones de las “tesis”, tan reiterativas como digresivas, acusan que su texto sigue, por así decirlo, pendiente y en proceso, en formación (Oyarzún, 2009, p. 7).

Esta advertencia estará referida en este capítulo al desarrollo sobre el concepto de historia en Benjamin, como problema presente desde sus primeros textos de juventud hasta la elaboración de las “tesis”, buscando comprender cómo llega al concepto de historia y cuál es su ruptura con la razón histórica. Sobre el concepto de historia en Benjamin, planteado desde la comprensión de tiempo ahora e imagen dialéctica, como abordaje del problema de la historia como progreso, el historicismo.

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La guerra nos obliga a percibir el tiempo histórico en su realidad misma: como una yuxtaposición de momentos cualitativamente diferentes los unos a los otros, que por lo tanto no se dejan totalizar. Los sufrimientos pasados no quedan abolidos por el futuro, ni siquiera triunfante, que pretende darles un sentido, como tampoco las esperanzas truncadas se ven desautorizadas por los fracasos que parecen sancionarlas. (Mosès, 1997, p. 22)

Esta cita de Mosès en su introducción a El ángel de la historia hace referencia a la Alemania de los años 20 cuando tres pensadores judíos, desde diferentes lugares, elaboran una crítica radical de la razón histórica y el historicismo, de sus axiomas más relevantes:

la idea de continuidad, la de causalidad y la de progreso de la historia.

Estos pensadores, Franz Rosenzweig, Gershom Scholem y Walter Benjamin elaboraron una nueva visión de la historia, resaltando la idea de la actualización del tiempo histórico, que Benjamin expresará en el concepto Jetztzeit que se suele traducir en castellano como tiempo-ahora.

Sobre el concepto Jetztzeit presenta variantes en su traducción, como “tiempo- ahora”2, también traducido como “tiempo de ahora” o “tiempo del ahora”3, en otras como “tiempo de hoy”, como sería su traducción literal del alemán o la de su sinónimo Gegenwart como “Presente”. En la edición estadounidense de 1968 de las Illuminations, una nota a píe de página plantea que se debe entender Jetztzeit como el “místico nunc stans” lo que podría traducir como "eterno ahora" o "eterno presente", o mejor aún

“Siempre Presente”, afín con la traducción de la versión francesa de la Tesis XIV donde aparece la palabra “Présent” para traducir Jetztzeit, mencionada nuevamente en la Tesis XIX.

En el presente escrito optaré por “Tiempo-Ahora” siguiendo la traducción de Pablo Oyarzún de la Tesis XIV, siendo ésta la explicación más acorde de Jetztzeit, por ser

2 Traducción usada por Pablo Oyarzún en “Walter Benjamin. La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia”, página 48, LOM Ediciones, Santiago de Chile

3 Traducción usada por Bolívar Echeverría en la Tesis XIV, “el que está lleno de “tiempo del ahora” [En alemán: Jetztzeit. Regresar]

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la elaborada directamente por Benjamin como Tiempo-Ahora, abordado nuevamente en la Tesis XVIII y el Apéndice A:

XIV

“El origen es la meta.

Karl Kraus, Palabras en versos I.

La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, sino aquel pletórico de tiempo-ahora. Así, para Robespierre, la antigua Roma era un pasado cargado de tiempo-ahora, que él hacía saltar del continuum de la historia. La Revolución Francesa se comprendía a sí misma como unas Roma rediviva. Citaba a la antigua Roma tal como la moda cita a un viejo atuendo. La moda tiene el barrunto de lo actual, dondequiera que éste se mueva en la espesura de lo de antaño. Ella es el salto de tigre hacia lo pretérito. Sólo que tiene lugar en una arena en la cual manda la clase dominante. El mismo salto bajo el libre cielo de la historia es el [salto] dialéctico, como el cual concibió Marx la revolución. (Benjamin, 2009, pp. 48-49)

XVIII

“Los míseros cincuenta mil años del homo sapiens”, dice uno de los biólogos recientes,

“representan, en comparación con la historia de la vida orgánica sobre la tierra, algo así como dos segundos al término de un día de veinticuatro horas. Toda la historia de la humanidad civilizada, puesta en esta escala, llenaría un quinto del último segundo de la última hora”. El tiempo-ahora, que, como modelo del [tiempo] mesiánico, resume en descomunal abreviatura la historia de toda la humanidad, coincide rigurosamente con aquella figura que hace la historia de la humanidad en el universo. (Benjamin, 2009, p.

52)

[Apéndice A]

El historicismo se contenta con establecer un nexo causal entre diversos momentos de la historia. Pero ningún hecho es histórico meramente por ser una causa. Habrá de serlo, póstumamente, en virtud de acaecimientos que puedan estar separados de él por milenios.

El historiador que toma de aquí su punto de partida ya no deja más que la sucesión de acaecimientos le corra entre los dedos como un rosario. Coge la constelación en que su propia época ha entrado con una [época] anterior enteramente determinada. Funda así un concepto del presente como tiempo-ahora, en que están regadas astillas del [tiempo]

mesiánico. (Benjamin, 2009, p. 53)

Este trabajo no pretende cotejar cada una de las “Tesis de filosofía de la historia”, sino rastrear cómo y por qué Benjamin rompe con el historicismo decimonónico y elaboró

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los conceptos de Tiempo del Ahora e imagen dialéctica, impugnando con ellos cierta idea de progreso, resaltando la idea de catástrofe.

Esta reflexión sobre el concepto de historia en Benjamin está encajada en la experiencia directa de los grandes trastornos y catástrofes que marcaron los primeros cuarenta años del siglo XX, a saber: la primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique, la crisis de la social democracia alemana, la llegada de Hitler al poder, la persecución a los judíos con los exilios correspondientes, y el pacto de Stalin con Hitler.

Las “tesis” Sobre el concepto de historia4, último texto escrito por Benjamin, están signadas ante todo por el pacto Molotov-Ribbentrop.

Si bien es en las “tesis” Sobre el concepto de historia, donde se logra aprehender la preocupación de Benjamin por la misma, su desarrollo está presente en todo su recorrido intelectual. Benjamin lo expresó en sus cartas a su amiga Gretel Adorno, al referirse al pensamiento contenido en las “tesis” como aquello que “había tenido en resguardo consigo mismo, a salvo incluso de él mismo, durante unos veinte años”, como lo expresa Bolívar Echeverría:

Sobre el concepto de historia es un borrador, compuesto en diferentes momentos entre fines de 1939 y comienzos de 1940, a partir de notas escritas en un cuaderno, en papeles de muy distintos formatos, inclusive en bordes de periódicos. Es el escrito de un hombre que huye, de un judío perseguido. Se trata de reflexiones que en 1940, cuando las circunstancias en torno a la guerra le impelen a escribirlas, llevan a su autor a percatarse de que “las había tenido en resguardo consigo mismo, a salvo incluso de él mismo, durante unos veinte años”. Son ideas que envía por correo a su amiga Gretel Adorno, “más como un manojo de hierbas juntado en paseos pensativos”, destinado a un intercambio de ideas íntimas, “que como un conjunto de tesis” que estuviera maduro ya para la publicación y preparado así para absorber el “entusiasta malentendido” que su contenido iba a provocar necesariamente. (Echeverría, 1994, pp. 9-10)

4 Estas ideas “íntimas” sobre el concepto de historia fueron publicadas en 1942, dos años después del suicidio de Benjamin, por Adorno bajo el título Sobre el concepto de historia que luego han venido a convertirse en las ya muy reconocidas Tesis sobre el concepto de historia o Tesis sobre la historia.

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Estos pensamientos resguardados o preservados sobre el concepto de historia plasman su crítica a la razón histórica, a la idea de historicidad y de historicismo5. Es un manojo de hierbas juntado en paseos pensativos a lo largo de veinte años, en los cuales el abordaje del problema sobre la historia está siempre presente, tanto en los textos escritos en sus años universitarios, como La bella durmiente y La vida de los estudiantes, como en El origen del drama barroco alemán, los ensayos sobre Baudelaire y el Libro de los pasajes, en los cuales se expresa el problema en cuestión que se expondrá de manera condensada en las “tesis” Sobre el concepto de historia.

1.1. La dialéctica en suspenso. La crítica al progreso desde el materialismo histórico Crítica al historicismo

En la historia de las ideas del siglo XX, las “Tesis” de Benjamin parecen un desvío, un atajo a un costado de las grandes autopistas del pensamiento. Pero mientras que éstas se hallan bien marcadas y visiblemente señalizadas y conducen a etapas debidamente indicadas, el pequeño sendero benjaminiano lleva a un destino desconocido. Las tesis de 1940 constituyen una especie de manifiesto filosófico –en forma de alegorías e imágenes dialécticas y no de silogismos abstractos– por la apertura de la historia. Es decir, por una concepción del proceso histórico que se abra a un vertiginoso campo de posibilidades, una vasta arborescencia de alternativas, sin caer pese a ello en la ilusión de una libertad absoluta: las condiciones “objetivas” son también condiciones de posibilidad. (Löwy, 2002, p. 169)

Para Löwy, el sendero abordado por Benjamin está inscrito en lo no predecible, en cuanto a un destino desconocido que se debe comprender como condiciones de posibilidad, como algo novedoso. Esta novedad está expresada en las “tesis” Sobre el concepto de historia, las cuales “constituyen una especie de manifiesto filosófico por la apertura de la historia”. Este manifiesto, emprendido en forma de alegorías e imágenes

5 Los tres conceptos, razón histórica, historicidad e historicismo, aunque pareciera que se refieren de igual manera a la reflexión sobre la historia, tienen marcadas diferencias. La razón histórica hace referencia al contenido de pensamiento filosófico que se desarrolló a partir de la época de la ilustración, en pensadores como Vico, Kant, Schelling, Hegel, Marx, Kierkegaard, Dilthey, Lukács. Mientras que la historicidad, por su parte, se comprende como una interpretación de la temporalidad de los hechos pasados. Y el historicismo es una reflexión desde la historicidad que se presenta como corriente de pensamiento filosófico que comprende la historia como una evolución o un devenir, en su idea de progreso, causalidad y continuo.

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dialécticas, constituye un abanico de posibilidades desde una concepción del proceso histórico como algo no previsible sino novedoso, y en tal sentido con diversidad de ideas que lo puedan comprender y enunciar, como diversidad de expresiones de un mismo rostro o de muchos rostros, como “una vasta arborescencia de alternativas”. (Löwy, 2002, p.

169)

Esto quiere decir que para Benjamin si la novedad es una condición de posibilidad que se abre en la historia, es porque no es posible conocer el futuro de antemano. De esta manera se rompe con la idea del fin de la historia, su telos, como “el producto necesario y previsible de las leyes “naturales” de la transformación social, el fruto inevitable del progreso económico, técnico o científico” (Löwy, 2002, p. 172).

Es la apertura de la historia, desde una racionalidad dialéctica que rompe con el continuismo y la previsión del porvenir, del futuro o fin de la historia. Como una referencia necesaria de comprensión a la apertura de la historia, desde la novedad de lo posible, distante de la idea de progreso o fin de la historia, la siguiente cita de Auguste Blanqui, usada por Benjamin, nos aborda a la comprensión de la novedad y apertura de la historia:

“¡No! Nadie conoce ni posee el secreto del porvenir. Aun para el más clarividente, apenas son posibles presentimientos, vislumbres, visiones fugaces y vagas. Sólo la revolución, al despejar el terreno, aclarará el horizonte, levantará poco a poco los velos, abrirá las rutas o, mejor, los numerosos senderos que conducen al nuevo orden. Quienes presumen de tener en su bolsillo el plano completo de ese territorio desconocido son unos insensatos”

(Löwy, 2002, p. 169)

Ante la novedad de la apertura de la historia y las condiciones de posibilidad que de ella se pueden ramificar, es donde Benjamin ubica la labor del historiador, su función de traductor de la historia. Para Benjamin, “la transformación del pasado en historia va en función del presente del historiador, del momento en el tiempo y del lugar en el espacio en que se engendra su discurso” (Mosès, 1997, p. 81). La instancia del presente del historiador condiciona su visión del pasado y de futuro, pero desde la ideología del progreso que aparece en el siglo XVIII, se sostiene la pretensión “según la cual los procesos pasados de la humanidad permitían deducir, con una certeza casi científica, sus progresos futuros” (Mosès, 1997, p. 82).

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Pero ni las revoluciones ni las guerras, ni las catástrofes de la humanidad fueron deducidas o previstas desde la ideología del progreso de la historia. La acción política del siglo XX estuvo muy lejos de ser previsible desde la razón histórica, y similar a la del siglo XXI, ha estado ligada a una acción política llena de novedad como de terror. Esto es el resultado de comprender la historia de manera abierta, de su novedad, que genera la consideración de la posibilidad desde la acción política de la revolución junto con su emancipación, como de la guerra con sus catástrofes. Es de manera simultánea el mesianismo y el utopismo, en un movimiento abierto, donde la condición de posibilidad será siempre una situación condicional, pero nunca previsible:

Contrariamente a lo que pretende el discurso tranquilizador de la doxa actual, el aviso de incendio de Benjamin conserva una asombrosa actualidad: la catástrofe es posible –si no probable – a menos que… Formuladas a la manera de las profecías bíblicas, las previsiones pesimistas de Benjamin son condicionales: esto es lo que amenaza con suceder si…”. (Löwy, 2002, p. 176)

Si bien no podemos evitar la catástrofe, la guerra y su terror, sí podemos soñar, pensar y actuar hacia otras posibilidades, por ello la historia es abierta y no estamos determinados a su fin, entendido como telos. La novedad, en esta comprensión de la historia, es la posibilidad de lo catastrófico o lo emancipatorio, del terror o la utopía. Es la posibilidad de concebir la historia desde otra perspectiva, desde la de los vencidos, de las víctimas, como sujetos de transformación, de posibilidad de emancipación y utopía.

La crítica de Benjamin en sus tesis sobre la historia, es la concepción que se tiene de ésta como desarrollo lineal y gradual del pasado que deviene en el presente y el futuro, de manera homogénea. Es la crítica a pensar que la historia tiene un fin o propósito determinado y que éste debe estar definido por los vencedores, por los que proyectan una visión de la historia como una continuidad del pasado. Por ello, la historia debe estar relatada en función del presente del historiador, y desde ese materialismo mesiánico de Benjamin, es la historia de los vencidos.

La construcción tradicional de la historia gusta de presentar una continuidad. Da importancia a aquellos elementos del pasado que han tenido repercusiones en la historia.

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Se les escapan aquellos lugares en los que la tradición se interrumpe y, con ellos, las rugosidades y salientes que darían apoyo a quien quisiera ir más allá de la representación corriente de la historia. (Mate, 2006, p. 316)

Lo que Benjamin critica de la idea de progreso es que “se basa en una visión lineal y continua del tiempo histórico, correlación de esta visión con una actitud política de resignación con respecto al presente” (Mosès, 1997, p. 83). Se opone a la concepción de organicidad y estructura que anula cualquier posibilidad de desviación, de fallo, peor aún, de luchas o transformaciones, revoluciones, que niega la novedad y con ello el presente desde la comprensión de Benjamin como actualización de la historia.

Esta comprensión de la historia desde la crítica al progreso, a la razón histórica, se encuentra de manera permanente en el desarrollo del pensamiento benjaminiano. Esta crítica se desarrolla desde los textos de juventud, en particular en “La vida de los estudiantes”, donde se anticipa lo que desarrollaría en sus tesis sobre la filosofía de la historia:

Hay una concepción de la historia que, partiendo de la base de un tiempo considerado infinito, distingue el tiempo de los hombres y épocas en función de la mayor o menor rapidez con que transcurren por el camino del progreso. De ahí la carencia de conexión, la falta de precisión y de rigor de dicha concepción con respecto al presente. La reflexión que viene a continuación, por el contrario, señala una situación en la que la historia parece hallarse concentrada en un núcleo tal y como antiguamente aparecía en las concepciones de los pensadores utópicos. Los elementos del estado final no se manifiestan en una tendencia progresiva aún sin configurar, sino que se encuentran incrustados en el presente en forma de obras y pensamientos absolutamente amenazados, precarios y hasta burlados.

La tarea de la historia no es otra, en consecuencia, que representar el estado inmanente de la perfección como algo absoluto, y hacerlo visible y actuante en el presente. Ahora bien, este estado no debe definirse mediante una descripción pragmática de particularidades (instituciones, costumbres, etc.), pues se encuentra muy lejos de todo eso, sino que ha de captarse en su estructura metafísica, como, por ejemplo, el reino del Mesías o la idea de Revolución Francesa. (Mosès, 1997, pp. 82-83)

Benjamin cuestiona una concepción de la historia que pretende reconstruir el pasado acumulando “hechos” y prever el futuro ignorando la proporción de novedad radical, es decir, de utopía, que constituye su cualidad, a partir de la definición del presente como instancia original en la que se engendra el tiempo histórico. Varias de las

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preocupaciones manifiestas por Benjamin en este temprano texto, se desarrollaron a través de su obra y se condensaron en las tesis de filosofía de la historia, años después.

“¿Cómo debemos leer los acontecimientos? ¿qué matriz de lectura les debemos aplicar para que sean significantes?” (Mosès, 1997, p. 83), es la pregunta que se desprende en la crítica a la visión lineal y continua del tiempo histórico, que define un método histórico nuevo en rechazo al dominante, en los primeros años del siglo XX, pero continuado hasta hoy, el historicismo. Esta nueva aproximación a la historia anunciado en

“La vida de los estudiantes”, no tiende a seguir los procesos históricos en su evolución, sino a inmovilizarlos, es decir, a describir sus articulaciones fundamentales, identificar en ellas los elementos utópicos y evocarlos en forma de imágenes. Descifrar este momento utópico precisamente en todo lo que, en el pasado, ha venido a cuestionar el orden establecido, leer en fin la imagen de la utopía desde el modelo doble, teológico y político, del mesianismo y de la revolución.

Posteriormente a este texto de juventud, Benjamin elabora en uno de los manuscritos previos a las Tesis sobre la filosofía de la historia, lo que podría considerarse la estructura de su comprensión de la historia, la esencia conductora de su elaboración:

Críticas. Crítica del progreso –sobre la alegoría–, crítica de la historia de la cultura y de la historia de la literatura, crítica de la historia universal, crítica de la empatía –crítica histórica–cita–imputación– introducción, crítica de la celebración, crítica de la historia compartimentada, crítica de la teoría del progreso infinito, crítica de la teoría del progreso automático, crítica de la teoría de un progreso posible en todos los campos. Ningún progreso en el arte, de acuerdo con su dimensión profética. Diferencia entre progreso en las costumbres –¿pero con qué medirlo? – y progresos morales ¡para los que se ofrece como criterio evaluativo la voluntad pura y el carácter inteligible en cuanto objeto! Crítica de la teoría del progreso en Marx. Ahí el progreso se define por el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero entre ellas figura el ser humano o, en su caso, el proletariado. Sólo se consigue postergar la pregunta por el criterio del progreso. (Mate, 2006, p. 313)

Crítica, tanto al historicismo, en su idea de continuidad, de progreso, como de fin de la historia; al igual que al materialismo histórico, en su idea de progreso desde el desarrollo de las fuerzas productivas, desde una interpretación no adecuada de los materialistas a la obra de Marx. Pero la crítica al progreso no pretende ser la negación del

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mismo, sino que para Benjamin de progreso se podría hablar solamente si “el desarrollo histórico se desliza ante el historiador con la soltura de un hilo entre sus manos” y en él se observan también sus hilos sueltos, lo catastrófico y lo utópico de cada instante.

Es decir, la historia y su idea conexa del progreso histórico debe ser repensada al no ser posible concebirla como algo homogéneo o línea continua en el tiempo, ya que lo que existe es una cuerda deshilachada, con flecos por doquier, ninguno de los cuales tendrá un lugar asignado si antes no se les recoge y entreteje, la labor propia del historiador. Por ello, la crítica al progreso es la crítica al historiador y a su práctica historicista, y dicha crítica se realizará desde un ejercicio de “materialismo mesiánico”, donde será fundamental para Benjamin el tránsito entre los paradigmas teológico, estético y político, comprendiéndolas como categorías de conocimiento histórico, que se sintetizarán en las Tesis sobre la filosofía de la historia.

Es desde el punto de vista del historicismo y en ruptura con él, desde donde hay que entender la reflexión de Benjamin sobre la historia. Según el análisis elaborado por Mosès, cuando se evidencia el papel del historiador en la constitución de la historia, se comprende como el producto de una actividad heurística, en una instancia de presente precisa. Según Mosès, Benjamin se pregunta por las categorías del conocimiento histórico y en la evolución de su reflexión, elabora tres categorías diferenciadas, que con el tiempo se sintetizan. En una primera fase, los dos textos, Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los humanos (1916) y La tarea del traductor (escrito en 1921 y publicado en 1923), proponen un paradigma teológico de la historia. Un poco más tarde, El origen del drama barroco alemán (1923-1925, publicado en 1928) desarrolla, a propósito de la historia, un paradigma estético. En fin, a partir de los años 1925-1926, que marcan el giro marxista de Benjamin, desarrolla poco a poco un paradigma político de la historia, cuya formulación más clara se encuentra en La obra de los pasajes y en Tesis de filosofía de la historia, de 1940. Estos paradigmas, en el desarrollo dado hasta las Tesis sobre la filosofía de la historia, se arrastran, según Mosès, de una manera subordinada el uno al otro. Quiere decir esto que para Benjamin, la elaboración de un nuevo paradigma no significa el abandono del anterior: “se conservan, pero en la nueva estructura conceptual que se crea,

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pierden su función dominante para subordinarse a otras categorías que, a su vez, se hacen dominantes”. (Mosès, 1997, p. 85)

Es la creación y recreación de la comprensión de la historia, desde la subordinación de los paradigmas, llegando a la concepción de las Tesis sobre la filosofía de la historia como un momento de condensación. Donde el paradigma teológico se mantiene presente, mientras que el paradigma político es la combinación de todos los elementos de su visión de la historia. En cuanto al paradigma estético, éste se mantiene como instancia mediadora entre el teológico y el político, con ello mantiene su protagonismo central a lo largo de toda la obra de Benjamin, expresado en la mayoría de las ocasiones desde la función epistemológica de las imágenes.

Este manojo de hierbas, o como expresa Oyarzún, a propósito de las distintas variantes de elaboración de las “tesis” Sobre el concepto de historia, los fragmentos sobre la historia son textos como estelas de un complejo movimiento, que no orbitan alrededor de un centro fijo, sino que en su trazado notoriamente inconcluso quieren expresar el verdadero centro como una constelación.

¿Cómo podemos hablar de la historia? ¿Cómo hacer inteligible un caos de acontecimientos? Son estos los interrogantes que Mosès expresa están presentes de manera constante en el pensamiento de Benjamin, como un hilo que se deshilacha entre los dedos. Su preocupación gira en torno a la pregunta “¿Cómo se han desarrollado las cosas en realidad? El problema no es tanto responderla como saberla expresar” (Mosès, 1997, p. 81), es decir, su interés se orienta no tanto al proceso histórico en sí como hacia la forma de evidenciarlo y en consecuencia a la función del historiador.

La forma de evidenciar el problema de la historia presenta desde Benjamin una teoría del conocimiento diferente a la de un proceso de evolución histórica, con un desarrollo lineal, de lo predecible o de lo causal, es decir, a la idea de progreso sustentada en el historicismo, en la tradición de los vencedores, en la continuidad y la totalización de una razón histórica. Para Benjamin, la teoría del conocimiento será comprendida de forma relampagueante: “En las regiones con las que tenemos que ver hay conocimiento sólo a la

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manera del relámpago. El texto es el trueno que sigue retumbando largamente” (Mosès, 1997, p. 81).

La imagen del relámpago, como lo fugaz, se presenta en el ahora de la cognoscibilidad, en el instante en el que el historiador logra incorporar “todo aquello en que se está pensando (…) al trabajo al que uno está abocado” (Mosès, 1997, p. 81). Es el presente y la función del historiador articuladas a la forma de evidenciar el problema de la historia; “[E]l ahora de la cognoscibilidad es el instante del despertar” (Benjamin, 2009, p. 133), y éste solo aparece “restregándose los ojos” (Benjamin, 2009, p. 98), en la

“confrontación histórica” (Benjamin, 2009, p. 115), cuando se da un “salto”.

Benjamin aborda el problema de la historia desde un método de “montaje literario”, articulado al “método marxista”, entendido como la construcción de lo particular a lo general, desde los “residuos de la historia”, desde los andrajos y desechos, usándolos y demostrando que existe “un materialismo histórico” cuyo “concepto fundamental no es el progreso sino la actualización”. Donde la “comprensión histórica ha de concebirse fundamentalmente como una post-vivencia de lo comprendido”, donde

“[L]a superación del concepto de “progreso” y del concepto de “época de decadencia” no son sino dos aspectos de una y la misma cosa” (Benjamin, 2009, p. 115).

Abordar de esta manera el problema de la historia no sólo hace evidente que es insuficiente la visión historicista sino y, sobre todo, que devela lo errado de comprenderla desde la idea de progreso, desde la tradición de los vencedores.

1.2 Lo relampagueante y su fugacidad

La verdadera imagen del pretérito pasa fugazmente. Sólo como imagen que relampaguea en el instante de su cognoscibilidad para no ser vista ya más, puede el pretérito ser aferrado. “La verdad no ha de escapársenos”: este lema, que proviene de Gottfried Keller, designa con exactitud, en la imagen de la historia del historicismo, el punto en que ésta es atravesada por el materialismo histórico. Pues es una imagen irrecuperable del pasado que amenaza desaparecer con cada presente que no se reconozca aludido en ella. (Benjamin, 2009, p. 41)

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Benjamin precisa que el abordaje del pasado no puede ser sino a la manera de una imagen relampagueante, cuya fugacidad nos indica el constante movimiento del pasado, que, de no ser reconocido en el presente, tiende a desaparecer. El pasado no es estático, no está ahí para ser valorado por el historiador cuando éste quiera, sino que en su movimiento se presenta en un instante a nuestra mirada, de manera fugaz.

El pasado es aferrado sólo en el instante en que su conocimiento se presenta como imagen relampagueante, es decir, como imagen dialéctica. “La imagen dialéctica es una [imagen] relampagueante. Así como una imagen que relampaguea en el ahora de la cognoscibilidad ha de aferrarse firmemente lo sido” (Benjamin, 2009, p. 113). Si lo sido no se aferra a la imagen dialéctica, no se puede preservar (salvar). “El salvamento (…) sólo se deja cumplir en aquello que al instante que sigue se ha perdido ya irremediablemente” (Benjamin, 2009, p. 113), este salvamento o rescate6 de la imagen del pasado en el presente que se reconoce aludido en ella, es la verdad que no ha de escapársenos. Esta verdad es aferrada en el ahora, solamente como imagen dialéctica, donde la actualización del pasado es el presente reconocido en él, de lo contrario desaparece y es irrecuperable.

Según Reyes Mate, la explicitación de esta “tesis” está dada en que Benjamin nos plantea que “hay que analizar el pasado como si fuera un texto” (Mate, 2006, p. 107), cuya lectura se da desde el instante presente, es decir, como un texto nunca antes escrito y que debe serlo de manera actual e interpretado desde el ahora. Más allá de conocer y elaborar nuevas valoraciones del pasado, “se trata de salvar ese pasado y para ello esa imagen fugaz tiene que quedar grabada en la placa del presente. La memoria es salvación del pasado y del presente” (Mate, 2006, p. 108), es un pasado emancipado desde la memoria y desde ella una protección del presente, del ahora, de una manera fugaz.

6 Se traduce por “salvamento” en atención a que Benjamin en Convoluto [N 9, 3], [N 9, 4] y [N 9,7] hace referencia a “salvar los fenómenos”. También hace uso la traducción de “rescate”. Ambas son usadas para traducir Rettung del alemán. Según lo explicado en nota 53 a “los fragmentos sobre teoría del conocimiento y teoría del progreso” de La obra de los pasajes (Convoluto N), de Benjamin, Walter, en Traducción de Pablo Oyarzún, La dialéctica en suspenso.

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La fugacidad no es velocidad, sino movimiento que se expresa en el instante de su cognoscibilidad, ante la cual no está preparado el historiador para captarla y la imagen relampagueante se puede escapar de manera irrecuperable. Por ello, el lugar y función del historiador es determinante en la manera como abordamos el problema de la historia, la manera cómo se capta la imagen fugaz. Desde dónde y cómo se aborde la historia, será el lugar y la manera de darle su contenido, su interpretación y escritura, evitando que se nos escapen para siempre, tanto el pasado como el presente, la historia misma.

El papel del historiador es abordar la realidad del pasado desde su lectura en el presente y el presente desde el instante de peligro en que surge, fugazmente, la imagen del pasado. Esto para Benjamin es la imagen dialéctica, como “encuentro o conexión o interacción entre pasado y presente” (Mate, 2006, p. 110).

La fugacidad es movimiento, la imagen relampagueante, que si no se capta se escapa, y no se puede recuperar ya más. El papel del historiador es captar esa imagen, abordarla desde el ahora de su conocer, para darle contenido, interpretarla y escribirla;

desde ese lugar y de esa manera, es desde el dónde y cómo se aborda la historia. Si no se capta la imagen, se nos pierde el pasado como el presente, la historia como tal.

1.3 Lo sido, sigue siendo. El ahora del despertar. Un campo de

fuerzas: polarización del pasado y el presente, lo sido con el ahora

En la imagen dialéctica está lo sido de una determinada época, pero siempre a la vez lo

“desde siempre sido”. Sin embargo, sólo se le aparece como tal, en cada ocasión, a una época completamente determinada: esto es, a aquélla en que la humanidad, restregándose los ojos, [re]conoce precisamente esta imagen onírica como tal. Es en este instante que el historiador se hace cargo de la tarea de interpretar el sueño. (Benjamin, 2009, p. 98) En la imagen dialéctica está “lo sido” y lo “desde siempre sido”, con lo que “sigue siendo”, con el ahora. El pasado no ha dejado de pasar, sigue siendo y ese es su constante movimiento que sólo aparece de manera fugaz en el instante de peligro del tiempo presente, del ahora, del tiempo-ahora. Para apreciar, captar, ver la imagen dialéctica, es necesario el despertar, “restregándose los ojos”, re-conocer la imagen y desde la labor del

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historiador, interpretar. “El ahora de la cognoscibilidad es el instante del despertar”

(Benjamin, 2009, p. 113); el despertar es el tiempo-ahora y “cada ahora es el ahora de una determinada cognoscibilidad” donde las imágenes sólo son legibles en una época determinada, en un presente determinado de manera anacrónica con ellas.

Lo sido y lo desde siempre sido, sigue siendo. Sólo nos percatamos que lo sido sigue siendo al despertar en el ahora e interpretar el sueño en el cual la imagen está; en el despertar, la imagen es re-conocida como tal, como imagen onírica. El despertar, “como el sitio de más alto grado de ruptura dialéctica de la vida” (Benjamin, 2009, p. 97), debe ser comprendido como el “ahora del conocimiento” o el ahora del despertar, “en que las cosas ponen su semblante verdadero – surrealista –” (Benjamin, 2009, p. 97). Y “como en Proust empieza la historia de su vida con el despertar, así tiene que empezar toda exposición de la historia con el despertar” (Benjamin, 2009, p. 98). En el despertar se da la “explotación de los momentos oníricos” y éste debe ser el “canon de la dialéctica”, es decir, el modelo para el pensador y la obligación para el historiador es la explotación del ahora del despertar, el ahora del conocimiento, reconociendo la “imagen onírica”, la imagen dialéctica (Benjamin, 2009).

La imagen dialéctica, en el despertar, es el pasado que no ha pasado, que es actualizado en el ahora. “El presente determina en el objeto del pasado dónde se apartan su pre- y su post-historia, para aprehender su meollo” (Benjamin, 2009, p. 118), el despertar es “el presente que polariza el acontecer en pre-historia y post-historia”

(Benjamin, 2009, p. 109), y al polarizarlo actualiza el pasado en el presente, mejor aún, lo sido con lo que sigue siendo, con el ahora.

No es así como lo pasado arroje su luz sobre lo presente o lo presente sobre lo pasado, sino que es imagen aquello en lo cual lo sido comparece con el ahora, a la manera del relámpago, en una constelación. En otras palabras: [la] imagen es la dialéctica en suspenso. Pues mientras la relación del presente con el pasado es una puramente temporal, la de lo sido con el ahora es dialéctica: no de naturaleza temporal, sino imaginal. – Sólo las imágenes dialécticas son genuinamente históricas, es decir: no arcaicas. La imagen leída, vale decir, la imagen en el ahora de la cognoscibilidad, lleva en el grado más alto el sello del momento crítico, peligroso, que está en el fundamento de todo leer. (Benjamin, 2009, p. 96)

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Lo sido comparece con el ahora, es la imagen relampagueante, en una constelación. Al leer el Convoluto N [N 3,1], en relación a la “tesis” XVII de Sobre el concepto de historia, comprendemos que lo sido comparece en el ahora en una constelación “saturada de tensiones” (Benjamin, 2009), y en ella el pensamiento se detiene súbitamente, se genera un “shock” y éste se presenta como mónada. Las tensiones presentes están dadas por la mirada del historiador, el cual desde el historicismo sostiene la mirada de “historia universal”, que carece de “armazón teórico”, presentan escasa fundamentación al fallar en su pretensión de universalidad. Según Reyes Mate, leyendo la “tesis” XVII, explica que “tenemos dos grandes conceptos rivales que van a articular todo el desarrollo de las tesis: el de historia universal, por parte del historicismo, y el de mónada, por parte del historiador benjaminiano” (Mate, 2006, p. 264).

El historicismo yerra en su pretensión de universalidad cuando ésta se sustenta en la sumatoria de “datos” o “hechos” y son asumidos desde el interés del historiador, desde lo que busca de significado en ellos, que le puedan servir de refuerzo a su postura o al concepto que quiere dar de universalidad. La universalidad no la logra porque en su relato de hechos, el dato da cuenta de una parte de la realidad, “el dato es el momento fáctico de la realidad, lo que ha tenido lugar, pero de la realidad también forma parte lo que no ha llegado a ser” (Mate, 2006, p. 265).

El historiador “benjaminiano”, como lo denomina Reyes Mate, es el historiador materialista, el que desde el método marxista lee la historia, es decir, la construye. Lo constructivo es la detención de la lógica que anima el movimiento de la historia. La detención como interrupción ocurre tanto en el pensar, la mirada del historiador, como en la historia, como constelación “saturada de tensiones”. Al “interrumpir el movimiento del pensar o de la historia en el que un hecho del pasado estaba inserto” (Mate, 2006, p. 265), se crea un “shock” en la constelación, un sacudimiento en la imagen y el pensar se cristaliza como mónada (Benjamin, 2009).

Para llegar a la mónada es necesario comprender que la historia es una constelación

“saturada de tensiones”. Por el contrario, el historicismo tiende a excluir las tensiones en su concepto de historia universal, lo que significa expulsar de la historia lo marginado. Y,

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por ende, romper con la lógica de universalidad con la que se quiere explicar el conjunto de los hechos. Para Benjamin, no puede existir universalidad en la historia si lo marginado, lo excluido no hace parte de la lectura del historiador. Por ello, plantea que se debe construir la historia y su pretensión de universalidad desde lo particular, dando a lo marginado, a lo excluido, lo desechado una situación privilegiada dentro de esta construcción.

El campo de fuerzas donde se polariza el pasado y el presente, lo sido con el ahora, es la mónada. En la polarización, actualiza lo sido con el ahora, hace que lo sido comparezca con el ahora. Es la construcción desde los destrozos, desde lo que fue excluido, desechado, donde “las cicatrices del pasado remiten a todo un mundo de circunstancias que las explican y que quedan vinculadas con ellas” (Mate, 2006, p. 267);

es el reconocimiento de que algo minúsculo puede representar el todo, la mónada.

De esta manera, la mónada contiene el todo, incluido lo marginado por el historicismo. La mónada es como un campo de fuerzas, donde se polarizan el pasado y el presente, lo sido con el ahora: “La estructura monadológica del objeto tiende un puente entre pasado y presente hasta el punto de que al considerar el historiador la suerte del Espartaco histórico, éste se le ofrece tendiendo la mano al revolucionario de la Bastilla”

(Mate, 2006, p. 267), es la exposición dialéctica del hecho la que hace presente tanto la pre-historia como la post-historia en él mismo.

Como lo expresa Benjamin en la “tesis” XIV, “la historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, sino aquel pletórico de tiempo-ahora” (Benjamin, 2009, p. 48). El pasado está cargado de tiempo-ahora, de actualidad, que el historiador está llamado a hacer saltar del continuum de la historia, como lo sido que sigue siendo. “La Revolución Francesa se comprendía a sí misma como una Roma rediviva” (Benjamin, 2009, p. 48), y en tal sentido es un salto hacia el pasado actualizado, “es el [salto] dialéctico, como el cual concibió Marx la revolución”

(Benjamin, 2009, p. 48).

“La historia es objeto de una construcción” (Benjamin, 2009, p. 48), y en tal sentido es dialéctica, ya que “la construcción supone la destrucción” (Benjamin, 2009, p.

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108), y no se puede confundir con la “reconstrucción” como la idea de restaurar lo que una vez fue. Por ello, el lugar de la “construcción” no es el tiempo homogéneo sino “aquel pletórico de tiempo-ahora”, el que fugazmente aparece en un instante de peligro, en el momento destructivo en el que se hace saltar la continuidad de la historia y se visualiza el objeto histórico (Benjamin, 2009, p. 116), y en su detención aparece la exposición materialista de la historia, como actualización. Y “allí donde el pensar llega al detenimiento en una constelación pletórica de tensiones, aparece la imagen dialéctica”

(Benjamin, 2009, p. 117), como el objeto mismo construido en la exposición materialista de la historia.

1.4 El salto, la interrupción del acontecer en un instante de peligro.

Peligro y catástrofe

Articular históricamente el pasado no significa conocerlo “como verdaderamente ha sido”.

Significa apoderarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro.

Al materialismo histórico le concierne aferrar una imagen del pasado tal como ésta le sobreviene de improviso al sujeto histórico en el instante del peligro. El peligro amenaza lo mismo al patrimonio de la tradición que a quienes han de recibirlo. Para ambos es uno y el mismo: presentarse como herramienta de la clase dominante. En cada época ha de hacerse el intento de ganarle de nuevo la tradición al conformismo que está a punto de avasallarla. Pues el Mesías no viene sólo como redentor; viene como vencedor del Anticristo. Sólo tiene el don de encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador que esté traspasado por [la idea de que] tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer. (Benjamin, 2009, pp. 41-42)

Es la función del historiador, el reconocer tanto la imagen relampagueante, lo sido que comparece con el ahora, como la interrupción generada, el suspenso: “[la] imagen es la dialéctica en suspenso” (Benjamin, 2009, p. 96). En ella, el tiempo no es más que “una semilla preciosa, pero insípida” (Benjamin, 2009, p. 50), en la relación del presente con el pasado, siendo la dialéctica la relación entre lo sido con el ahora, lo que imaginalmente es genuinamente histórico. La naturaleza imaginal de lo sido con el ahora, la imagen en el ahora de la cognoscibilidad, en su interrupción, es dialéctica en suspenso (Benjamin, 2009).

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La interrupción del acontecer, desde su fugacidad, como imagen, es la dialéctica en suspenso que “hace saltar la época de la cosificada continuidad de la historia. Pero también hace saltar la homogeneidad de la época [misma]. La satura de material explosivo, es decir, [de] presente” (Benjamin, 2009, p. 96). Conserva y suprime en el presente, donde la “chance7 revolucionaria” es el salto “a una determinada época del decurso homogéneo de la historia” y a una “determinada vida de la época”, de esta manera

“a una determinada obra de la obra de [toda] una vida” (Benjamin, 2009, p. 50). De esta manera, “el materialista histórico aborda un objeto histórico única y solamente cuando éste se le presenta como mónada” (Benjamin, 2009, p. 50), y en tal sentido el shock generado es una interrupción del acontecer, un suspenso, en el cual el historiador materialista tiene la función de reconocer dicho suspenso como “la chance revolucionaria en la lucha por el pasado oprimido” (Benjamin, 2009, p. 50).

En la lucha por el pasado oprimido, la “chance revolucionaria”, como momento crítico, es un instante de peligro, “en el que la obra entera está [a la vez] conservada y suprimida en la obra, en la obra entera la época y en la época el entero curso de la historia”

(Benjamin, 2009, p. 50), superada en la temporal relación del presente con el pasado, en una dialéctica en suspenso que es la imagen de aquello en lo cual lo sido comparece con el ahora, y cada ahora es el ahora de un determinada cognoscibilidad, de una verdad que ha estado oprimida.

1.5 Romper el continuum, rechazo al historicismo

En las Tesis de filosofía de la historia, está inmerso el rechazo al historicismo, de manera radical. Esto es, una concepción de la historia que pretende reconstruir el pasado

7 Se trata de un término, proveniente del francés, recogido en el DRAE con el significado de 'oportunidad o posibilidad de conseguir algo', de uso mayoritario en los países de América, tanto en género masculino como femenino: la chance y el chance. En España, en cambio, es una palabra de escaso uso. Para el presente trabaja usaremos la mención femenina “la chance”.

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acumulando “hechos” y prever el futuro desde la visión lineal y continua del tiempo histórico, ignorando la novedad enraizada en el presente, de utopía, del Tiempo Ahora.

Frente a esa continuidad es que Benjamin esboza sus Tesis, como manera de romper el continuum, la organicidad de la historia, desde el discontinuum en la imagen dialéctica que “centellea como un relámpago en esa constelación de peligros” (Mate, 2006, p. 316), que amenazan tanto a lo transmitido en la tradición como al receptor de la misma. “Es igual que el objetivo histórico, pues justifica que se haga saltar el continuum”

(Mate, 2006, p. 316).

La idea de “progreso” es el contenido que ofrece el relato de la historia de los vencedores, en la pretensión de justificar que todo siga igual. Y esta teleología se ancla tanto en la filosofía de la burguesía capitalista como, guardando las proporciones, en el estalinismo y la socialdemocracia de su época. La crítica a la teleología de la historia es la crítica al historicismo, comprendido desde el determinismo histórico o tendencia a un fin de la historia, negando las ruinas, las catástrofes, los destrozos que generó y genera el progreso.

Para Benjamin:

Una representación de la historia que se liberara del esquema de la progresión en un tiempo vacío y homogéneo, podría, por fin, contar de nuevo con las energías destructivas del materialismo histórico, paralizadas durante tanto tiempo. Con ello se tambalearían las tres posiciones más importantes del historicismo. (Mate, 2006, p. 315)

A saber, en primer lugar: la idea de historia universal, que “en el sentido actual no puede ser más que una especie de esperanto” (Mate, 2006, p. 310) –lengua universal.

Ante la idea de universalidad, se presenta “la pluralidad de las historias” (Mate, 2006, p.

310), estrechamente identificada con “la pluralidad de lenguas” (Mate, 2006, p. 310), como la posibilidad de superar el historicismo. Es decir, ante la pretensión de una historia universal, del continuum, la escritura materialista de la historia se fundamenta en “la discontinuidad del tiempo histórico” (Mate, 2006, p. 310).

En segundo lugar, es “la idea de que la historia es algo que se deja contar”

(Mate, 2006, p. 310), como un relato épico, que se permite repetir. Es la idea que subyace

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en el acontecer mítico, la repetición como curso cíclico de la historia, la idea del eterno retorno, que Nietzsche, al repensarla “en el siglo XIX, encarna la figura de aquel en quien se cumple el destino mítico. Porque la esencia del acontecer mítico es la repetición (Sísifo, las Danaides)” (Mate, 2006, p. 309). De ahí el llamado de Benjamin: “hay que hacerse cargo de la liquidación del momento épico” (Mate, 2006, p. 315), en la exposición de la historia.

Esta liquidación está a cargo del sujeto mismo de la historia, en un momento de peligro y, “ese sujeto no es en modo alguno un sujeto transcendental, sino la clase oprimida que lucha en situación de máximo peligro. Solo ella tiene conocimiento histórico y eso sólo en un instante histórico” (Mate, 2006, p. 317). Esto implica hacer saltar, en el relato materialista de la historia, el momento épico y hacerse cargo de su liquidación:

Igual que hizo Marx, en cuanto autor, en el Capital. Se dio cuenta de que la historia del capital sólo se puede construir con el armazón férreo y abarcador de una teoría. Los intereses de la humanidad están mejor representados en el esbozo teórico sobre el trabajo bajo el dominio del capital, que es de lo que trata Marx, que en esas monumentales, ambiciosas y, en el fondo, estancadas obras del historicismo. Es más difícil honrar la memoria de los sin nombre que la de los famosos, de los célebres. A la memoria de los sin nombre está consagrada la construcción histórica. (Mate, 2006, p. 315)

Es decir, ante la pretensión de que la historia es algo que se deja contar, “la fuerza destructora de la clase obrera” – entendido el proletariado como sucesor de los oprimidos – es “la historia de los oprimidos, un discontinuum” (Mate, 2006, p. 317), y “el sujeto de la historia: los oprimidos, no la humanidad” (Mate, 2006, p. 318). Entonces, “hacer saltar el presente fuera del continuum del tiempo histórico: tarea del historiador” (Mate, 2006, p. 318). Así como los intereses de la humanidad están mejor representados en el esbozo teórico sobre el trabajo bajo el dominio del capital, elaborado por Marx, existe la misma

“necesidad de una teoría de la historia a partir de la cual pueda ser mirado el fascismo”

(Mate, 2006, p. 318).

Y el tercer bastión del historicismo, según Benjamin, “es el más fuerte y el más difícil de asaltar. Se presenta como la “empatía con el vencedor”. Los que en cada momento mandan son los herederos de los que alguna vez triunfaron en la historia” (Mate,

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