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La DERROTA de los pedantes. - En Madrid : En la Oficina de Benito Cano, 1789 [2], 108 p.t A-F8, G7;8 R-7397

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La DERROTA de los pedantes. - En Madrid : En la Oficina de Benito Cano, 1789

[2], 108 p.t A-F8, G7;8°

R-7397

(2)

LA DERROTA

D E

LOS PEDANTES.

Neminem^ specialiter meus sermo pulsabit,

1 Gene faits de vit ils dîsputatio est. Qui m ihi-irdsci voluerii ) priés ipse de sef . quqd talis sit , confitehipur,

S. Hieronym. Ep?stf ad Nepotiañf j

CON LICENCIA: EN MADRID,

E N h A O F I C I N A D E ’ B E N I T O C A N O , A R O DE M DCÇLXXXIX.

(3)

y

§ •

E sta obra no necesita Prólogo :

por eso no le tie n e : necesitaba N o ta s ; pera e l A u to r no ha que­

rido ponérselas ♦.

«■

(4)

mosquitero verde le defendía de pelusa y moscas; la alcoba tenebrosa y fresca : el pa- lacio en profundo silencio ; y el Dios bien com ido, mejor bebido, y nada cuidadoso- Roncaba pues su reluciente magestad , ha- ciendo retumbar la s bóvedas ; y Mercurio, que se habia quedado tr a s p u e s to s un cbi- rivitil cercano , dábase á Pluton , por no darse al Diablo , viendo que los bufidos de1

su hermano no le dexaban pegar los ojos, >

En esto se ocupaban las dos referidas"

Deidades , quando de repente se levantó tal estruendo en los patios , corredores y portalón del palacio , que parecía hundirá se aquella soberbia máquina : alteróse Mer-^

A 3 cu-

(5)

w

cu tio : dió un salto de la cama al suelo, y hubo de perder el juicio hallándose á pie ; esto es , sin talares ? porque Mada­

ma Terpsicore, la mas juguetona y re"

voltosa de todas las nueve , habia ido poco antes á la cama pasito á pasito , y se los habia quitado por hacerle rabiar. Afligióse sobre manera , y á tientas se puso los gre- güescos , la chupa y la camisa ; porque es fama que el tal Dios no puede dormíf en verano si no depone todos los trastos, que.

dándose á la ligera como su madre le parió- Y a que se halló decente el correveydile de los Dioses , salió en pernetas con su caduceo en la mano, y en la cabeza el acostumbrado sombrerillo. Iba corriendo á averiguar la causa del alboroto $ y al atra­

vesar un corredor, vio venir un burujón de gente , que luego conoció ser de los de casa. Bernardo de Valbuena , y el buen Ercilla conducían á Clio desmayada y casi

j mo-

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íflóribunda , el peynado deshecho, el brial roto , y las narices hinchadas y sangrien­

tas. i Qué es esto? dixo el Dios , al ver aquel lastimoso espectáculo, ¿qué es esto?

¿Qué ha de ser ? respondió Juan de la C u e ­ va , que venia haciendo ayre á la desma­

yada con un quaderno de minuetes, ¿qué ha de ser? sino que toda la comarca está en arma , el palacio lleno de enemigos , las Musas qual mas qual menos estropeadas, y Apolo nuestro S e ñ o r, muy á pique de quedar por puertas, si duerme qua- tro minutos mas. ¿Pero no s a b re m o s ? ...

N o hay mas que saber , añadió Ercülaj sino buscar á Apolo , darle parte de lo que pasa , y acudir todos á la defensa , sin andarse en aquí me la puse , ni en tú te

la tienes Pedro.

¡Cáspita! dixo M ercurio, y en qué lin­

dó dia me he venido á comer á esta m al­

dita casa! Bien hacia yo en no querer ad- A 3

(3)

mi-

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piítir el convite, por mas que mi herma­

no me molía á recados todos los Domin­

gos : mí padre come mucho mejor que é l, y mas me gustan dos tragos de néctar ? que tres pucheros de agua fresca de Aganipe:

n o , si yo no fuera tonto * no me sucede­

ría esto, j Majadero de m í! que podria es­

tar ahora en el Olim po, miéntras mi ma­

drastra duerme la siesta, jugando con Hebe á la pizpirigaña y al salta t ú , y no que ahora el diantre sabe lo que me aguarda?

¡Voto va mi fortuna!

Esto decia Mercurio lleno de indigna^

cion $ y miéntras unos llevaban á acostar á la triste Clío , y otros buscaban á Es­

culapio ? que estaba hervorizando en un te ­ jado húmedo , y otros corrian desatinados

de una parte á otra , él marchó en diligen­

cia á la alcoba de Apolo , que muy age­

no de lo que pasaba ? roncaba todavía co ­ mo un provincia}.

P ió -

(4)

(8)

por esas podia dispertarle 5 de manera , que irritado de la poltronería , alzó el palitro­

que de las serpientes , y le dió con él tan desmesurado masculillo , que á darle otro, no lo hubiera contado por gracia el Señor Timbreo. Desenvolvióse de las colchas me­

dio aturdido, y á pocas razones que en­

tre los dos pasaron , los interrumpieron Erato y Polimnia , que entráron en el dor­

mitorio dando alaridos , y remesándose los pelos como unas desesperadas.

g Qué haces, hermano í le decían á Apo­

lo : aprisa, co rre, v u e la , vete por la puer^

ta de la b o d ega, que ya las Horas han ensillado y enfrenado á Phlegon , para que montes en é l , y escapes. Corre , y avisa á nuestro padre Júpiter , para que á fuer­

za de rayos , centellas y tempestades de azufre , alquitrán y ruedas de m olino, ata­

je si puede nuestra desgracia. ¡A y ! y di-

A 4 rás-

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rasle que no se descuide , que no es esta como la de antaño; que no son giganti- llos de por ahí los que tiene que despa­

churrar y hacer gigote , sino un exército el mas formidable que se habrá visto des­

de que , para oprobrio de la hutnanidad>

se estilan ejércitos en el mundo.

Vamos , dixo Apolo , vamos á ver qué es ello , que ni yo os entiendo , ni puedo adivinar á qué viene toda esta bulla ? y á buena cuenta ya estoy medio descalabra- do , y quanto he comido se me ha revuel­

to en el estómago con el susto., ¡ A y hijo mió! ¿descalabrado estás? dixo E rato: ¿ pues qué te has hallado ya en la refriega? ¿te ha herido alguno de aquellos Poetas des­

comunales? N o se quien me ha herido, dixo Apolo $ pero jq u é dices de Poetas?

¿Qué ? los que asisten en palacio 5 y son mis cortesanos y amigos , han' podido mo­

ver alguna sedición? N o son esos, replicó P o -

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ellos tal iniquidad í N i son los que cono­

cemos , ni son P oetas, ni sabios , ni cosa que lo valga : son unas quantas docenas de docenas de Pedanrones, Copleros ridí­

culos s Literatos presumidos , Críticos ig ­ norantes , Autores de tanta traducción ga­

licada , tanto compendio superficial , tan­

tos versecillos infelices , que ni hemos ins­

pirado , ni hemos visto. Son de aquellos que de todo tratan y todo lo embrollan, para quienes, no hay conocimiento 5 ni fa ­ cultad peregrina : unos , que hacen tráfi­

co del talento ageno , y le machacan , y le filtran , y le revu elven, y le venden al Pu­

blico dividido en tomas : otros , que no ha­

biendo saludad^ jamas los preceptos de las Artes , y careciendo de aquella sensibili­

dad , don del Cielo ? que es sola capaz de dar el gusto fino y exacto que se necesi­

ta para juzgarlas, se atreven á decidir con a y -

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ayre magistral de todo lo que no es suyo;

persiguen y ahogan los mejores ingenios con sátiras tan mordaces como desatina­

das , y aspiran por medios viles á levan­

tar su gloria sobre la ruina de los demas¿

Otros , y estos, estos son los mas en nú­

mero y los tnas insolentes , que pasan la vida atando en insufribles versos una po­

lilla asquerosa , que embadurnan y apes­

tan el teatro con unas cosas que llaman Com edias, compuestas de retazos mal ar­

rancados de aquí y de allá ? atestadas de mas defectos que los originales que co­

pian ? y sin ninguna de aquellas perfec­

ciones que disculpan ó hacen olvidar los errores de las antiguas. Estos son los que por tanto tiempo han tenido y tienen ti­

ranizado el teatro Español * estos los que empuercan diariamente los papeles públi­

cos , y estos ? en fin ? los que haciéndose Intérpretes de la Nación que los tolera ? se

han

(8)

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han atrevido al son de zambombas, chifla­

tos y cencerros , á llorar las desgracias de la patria en la pérdida de sus amados Prín­

cipes ? y á interrumpir con desapacibles graznidos el común quebranto , quando la muerte arrebató al Cielo al mas piadoso de sus Reyes , para levantar sobre el tro­

no Español al mas grande de todos ellos.

Estos son los que acaudillan y dan atre­

vimiento á ios demas, ¿Pero qué me deten­

g o ? , . , ¡ m ísera! • . f Corre , y verás por tí mismo lo que es ocioso referir : el ries­

go es inminente $ y si tu presencia no le aparta , se perdió el P arnaso; tu sobera­

nía , y el esplendor de las Musas Caste­

llanas se perdieron para siempre.

En efecto, Apolo echó á correr como un gam o, y Mercurio jadeando detras de él, se despepitaba por la pérdida de sus talares. De esta manera iban que volaban á puto el postre j y el estruendo militar crecía por

C9)

ins-

(13)

(to)

instantes* Abrió Apolo una ventana que daba al patio del alcazar , y vió el mas tremendo espectáculo que pudiera creerse.

Dos ejércitos ( porque según su numero no parecían otra cosa) se combatían furio­

samente al pie de la escalera principal j el uno defendiendo el paso de ella $ y el otro, que ocupaba todo el portalón y gran par- te de las galerías baxas, obstinado en abrir­

se camino , y ganar los puestos que se le defendían. E l exércíto amigo se componía de las guardias y dependientes del pala­

cio , y de los Poetas comensales de Apolo, que capitaneaban las tropas , y resistían con vigor los ataques del enemigo, en tan­

to que las Musas , esto es , siete de las n u eve, porque Calíope y Clio estaban ya á componer , acompañadas de varias Nim­

ias subalternas y de las criadas , se ocu­

paban en conducir al puesto armas y per­

trechos para los que combatían en defen­

sa

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sa de su titubeante honor. E l exército con-*

trario era una turba confusa de diversas gen tes, que había unido por casualidad el furor , y peleaban sin órden, ni discipli­

na , ni Xefes que los gobernasen ; pero con tal ímpetu y desesperado arrojo, que entrambos Dioses rezeláron mucho del éxi­

to que podria tener aquella tremenda pe­

lea.

Apolo se rebuxó en una capa astrosa, que al paso le prestó un Proyectista , y se caló hasta las cejas un bonete de Doc­

tor , para no ser de nadie conocido. Echó á andar, siguiéndole su hermano, y á bre­

ve rato se hailáron en lo alto de la esca­

lera : Mercurio quiso informarse del esta­

do de las cosas, y volvió diciendo que por parte de los suyos se hacían prodigios de valor $ pero que era tal la fuerza contra­

ria , que temían verse precisados á retirar­

se í las eminencias, para desde allí ofen­

der

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det con mas ventaja , aunque en me­

nos terreno , á los sitiadores*

Malas nuevas fueron estas para el Dios de los tabardillos , tanto, que al escuchar­

las comenzó á temblar de pie y de ma­

no como los que tienen mucho miedo * el qual miedo se le aumentó sobre manera*

viendo subir á Terpsícore muy llorosa y cariacontecida ? con un diente en la mano, y apretándose con toda su fuerza un chi­

chón que llevaba en la frente tamaño co­

mo un huevo \ y entre suspiros , y sollo­

zos y gemidos tristísimos , ¡ ay * hermanos!

díxo , que esto va de mal en peor , los nuestros ya desfallecen ; Que vedo y Cer­

vantes , j mi querido Cervantes! están he­

ridos , y se han retirado de los puestos que guardaban : los enemigos se aumentan sucesivamente : no hay remedio, cedamos á tanta desventura,

1

Y mis zapatos i dixo Mercurio * ¿ qué h n

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hiciste de ellos ? j en dónde me los has puesto , picarona? Ahí los tien es, respon­

dió la Musa , sacándolos de la ; faltriquera;

póntelos aprisa , que para escaparte son que ni pintados. ¿Q ué es eso de escapar?

replicó Mercurio , puesto ya en cuclillas, y atándose á toda prisa las correhuelas de los escarpines alígeros, ¿ yo escapar ? no en mis dias : ahora s í , escapar : dexadme a m í , y veréis quién es Calleja.

Dicho e sto , se disparó por los ayres ade*

lante como un cohete ; y encaramándose;

á las bobedillas sobre el campó de bata­

lla , empezó á gritar con voz de trueno, ó estampido, de cañonazo á aquellos deses-;

perados combatientes. ¡ Ah de abaxo ! decía,

¿ qué tremolina, es ésta ? ¿ qué locura se os, ha metido en los cascos? ¿ Así se profana el aicazar d$ mi hermano? ¿ Estamos en algún bodegón ? Canalla so e z, ¿ qué es e sto l

- , - ; O yen -

(I3)

(17)

( u )

Oyendo tan halagüeñas razones, paró al­

gún tanto la pelea : alzáron todos la vista, y viendo en el ayre aquel espantajo vocea­

dor , no pudieron ménos de maravillarse;

y é l , valiéndose de la turbación que su presencia les había causado , prosiguió di­

ciendo : mi hermano Apolo quiere que de?

xeis las armas por una y otra parte: y 4 vosotros , quien quiera que seáis , hombres desconocidos y revoltosos , os ordena , que si alguna pretensión tubiereis , me la di­

gáis al instante , sin andaros en ambajes, ni tranquillas, que como ella sea justa, des­

de luego quedaréis servidos ; porque de no hacerlo a s í , por el alma de mi madre os juro , que yo os daré á conocer del modo con que se debe tratar á los Dioses.

Separáronse, e$ efecto, las dos quadri- lias : los de casa volvieron á ocupar su es-’

calera ; y los intrusos recogiendo algu-^

nos heridos, se hicieron un pelotón. M er­

c a -

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curio entóneos volvió á preguntar la cau­

sa de aquella barahurida; pero como no había entre los contrarios caudillo alguno que llevara la v o z , fueron ratitas las que dieron por querer responderle todos á la par , que aunque se desgañifaba diciéndo*

les que callasen , y uno solo hablara por ellos , no lo pudo conseguir en manera

alguna. ! f '

Irritad o, p u es, de ver qué nada podía lograrse de bien á bien con aquella gente vocinglera y atolondrada batió’ los: talones, echóse encima de la tu rb a ,1 y agarrando del pescuezo al priméro'que1 le vino á ma­

no , voló con el otra vez:aí techó, y desde allí les d ix o : puesto qué no'es posible haya unión en vosotros, para qué? un Comisiona­

do vaya á dar cuenta á tííi hermano de lo que solicitáis , he pillado á éste para que hable por todos, y nos informe de lo qué hasta ahora no habéis querido d ecir; pero

< B en-

(*0

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entretanto que le lle v o , y os le traigo , ha­

y a un armisticio general para que no pasen los estragos adelante, y se componga todo á pedir de boca* Los nuestros no saldrán un solo dedo de el último escalón de esa esca­

lera , ni vosotros pasaréis tampoco de la línea de esros arcos; nadie se atreva á in­

sultar á o tro; no hagan gestos, ni se tiren chinarritos, ni se escupan ? ni se oiga una p u lla , ni m ala,razón, y cuenta con ella;

por que si hasta ahora he usado de medios suaves para conteneros, si llegáis á enfa­

darme , vibraré contra vosotros los rayos de mi padre Júpiter, que los tenemos apilados en la arm ería, muchos en número, recien buhídos, y todos ellos sin estrenar* Esto decía el Dios del babeo únicamente para atemorizarlos : porque, según se supo des­

pués , no habia en toda la casa mas instru­

mentos bélicos, que un puñal sin punta y mohoso de la Señora Melpomene*

L o

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L o cierto e s , que cou esta diligencia cesó el com bate: las tropas se retiráron á los parages señalados; y el Dios¡, satisfecho de aquella obediencia ? marchó con el peri- lian que había pescado, asiéndole fuerte­

mente de las a gallas, que no le dexaba gañir.

Quiso ante todas cosas dar cuenta á Apo­

lo de lo ocurrido; y abriendo un camaran­

chón sucio , que había servido muchos años de carbonera, metió en él su presa : torció la llave ? colgósela del dedo menique , y en un santiamén buscó á su hermano , que es­

taba hojeando á toda prisa El\ ¿irte de la Guerra del Filósofo de Sans+Souci y y dispo­

niendo un plan de fortificación y defensa, le dio buenas esperanzas, y le contó , ni mas ni menos ? quanto se acaba de referir.

Holgóse en extremo el Dios intonso con Jas noticias que le dio M ercurio: tratóse de lo que en el caso convenía ? y resolvieron

B 2

(*7)

que

(21)

( .

8

)

que Apolo recibiese la embazada con toda ceremonia, para dar á la pompa y aparato un remusguillo de amenaza: que se oyese con benignidad al enviado , ó por mejor d#

cir al trahido, y que aunque fuese necesa­

rio ceder un poco á las circunstancias , se procurase no exasperar á unas gentes dema­

siado dispuestas á cometer qualquíer exceso y en fin* que mientras durase la grave esce­

n a , Mercurio desgastara los talares en ir y ven ir, y volver y tomar , para lo que ocurriese en una y otra parte.

Hecho esto , mientras Apolo se fué á ves­

tir de gala, y alheñarse la cabellera, su her­

mano marchó á buscar el preso : asomóse de camino á un agugero que caía al porta- ion , y vjó que estaban todos quietecitos como unos muertos, sin chistar,, ni mistar, ni decirse los unos á los otros una mala desvergüenza .^Alegróse mucho de ver aque­

lla. tranquilidad; y se fué en.derechura á la

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cuchó un poco por la cerradura , y pare­

cióle que estaba recitando versos, y así era la verd ad , porque en ménos de un quarto de hora que llevaba de encierro , había ya compuesto dos ovillejos, un m adrigal, y tres sonetos caudatos, quexándose de su mala suerte, y llorando su prisión, como pudiera el mismo Macias.

¡Cuerpo de tal conm igo, dixo Mercurio*

y qué páxaro tenemos en la jaula! ¡para mis barbas si no es éste el peor de su reba­

ño ! ¡ haya picaruelo ! ¿No ha nada que en­

tró en el cisquero, y ya tenemos coplillas de pie quebrado , y estrambotes , y marípo- silla in ca u ta , y arroyuelo/murmurador?

por mi vida que el tal improvisante debe de tener manejo, y vena.

En esto le abrió la puerta del cochitril, diciéndole muy halagüeño; salga acá afue­

r a , señor galan, salga acá afuera, que ya

B 3 he

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(so)

he llegado á entender su habilidad i salga, y véngase conmigo, que mi hermano Apolo

está deseoso de conocerle,

¡O favor! exclamó el de los ovillejos, í o favor! y tendiéndose en el suelo quart largo era, agarró de las piernas á Mercu­

rio , y le besó los pies una y muchas veces:

el Dios se resistia ; pero no lo pudo evitar;

levantóle con mucho agasajo, y el Poeta, sin curarse de limpiar el cisco y telarañas que tenia en el rostro, manos y vestido^

siguió á Mercurio haciéndole mjl reveren­

cias , quitándole con ridicula oficiosidad las pelusitas que llevaba en la topa, y adelan­

tándose á espantar con un pañuelo asque­

roso Jas proseas, para que no ofendiesen á Ja Deidad , que al ver aquellos obsequios apénas podía contener Ja risa*

¡Que es posible ? decia, arqueando las ce­

jas , y dándose palmadas en la fre n te , que es posible que Apolo , el rubicundo D ejio,

el

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verme , solicita conocerme, y tratarme! ¡ o favor ! ¿ Pero es cierto , soberano Alípede, es verd ad , ó ilusión dulce de mi deseof je s realidad física, ó extravío de la ima­

ginación férvida ? ¿ es soporoso nocturno rapto , que en la atezada calígine. . . N o es calígine , ni rapto atezado, ni cosa alguna de las que habéis dicho, replicó Mercurio:

mi hermano os quiere ver, y á eso vamos allá $ pero os advierto en caridad, que tra­

téis de no hablarle en c u lto , ni le juguéis del vo cab lo , ni le digáis quisicosas ni ga­

rambainas , por que os mandará tirar de un balcón , y le obedecerán al puntó.

¿Qué d ecís, ínclito Nuncio del Tonan- te? replicó el del cisco: ¿tanta cólera po­

drá caber en los celestes Númenes? N o, facundo nieto de Athlante , no lo hallo po­

sible* Si es posible ó no , añadió M ercu­

rio , vereislo después * y vuelvo á avisa-

B 4 ros,

(25)

ros , que si no dexais esas gallardías de es­

tilo , lo habréis .de pasar muy m al, señor repentista. Sileo libenter, dixo el Poeta $ y en éstas y otras razones se hallaron en una pieza inmediata al salón de audiencia: aso­

móse Mercurio , y vió que aun no había venido Apolo $• y no hallando á quien po­

der confiar la guardia dei Coplero i tuvo que detenerse con é l , mal de $u grado.

El otro se paseaba por la sala á gran­

des trancos , haciendo una reverencia pro­

fundísima siempre que atravesaba delante de Mercurio , y esto lo repetía tantas ve­

ces , que ej Dios le encargó que no lo hi­

ciera , porque no gustaba de cumplimien­

tos.

¡ Qué variedad ! ¡ qué diferencia ! \ qué apuestos polbs ¡ exclamó entonces con voz recalcada y n asal: aquí desprecia un Dios Jo que en el mundo, en las Cortes, en los Palacios exigen los hombres de los otros

hom-

(22)

(26)

que por esto se consigue alguna cosa, va­

ya con mil demonios, transeat , todo pu­

diera tolerarse; pero ¿quién d irá , que un hombre como yo , de tan exquisito méri­

to , de tan gigantes prendas , se ve me­

nospreciado, burlado, desamparado, ham­

briento , y obscurecido entre el vulgo , pro- phanum vulgus , sin que un M&cenas ata- vis ¡ magnánimo y liberal le haga surgir del abismo de miserias en que ’ desgracia­

damente yace? Y o he tratado con Próce- res , Potentados ? Ministros y Magnates de primera magnitud ; ¿ y qué he consegui­

do ? \ Animas benditas! ¿ qué he consegui­

do ? Díganlo tantos preciosos Opúsculos, que existen arratonados en mi guardilla, que jamas verán la luz publica : ¿ y por qué? por la pobreza de su autor. ¡O po^

b reza! Paupsriem p a t i, que dixo el Anó­

nimo : esto es , paupsriem , la pobreza

9

pct-.

t'h

(27)

t i , sea para t í , que yo no la quiero : tan odiosa es la pobreza , que aun de los va­

rones mas doctos es abominada.

j Y qué obras son éstas que conservo ?

¿ qué felices partos ? ¡ Ahí es nada ! ¡ ahí es un grano de anís lo que tengo escrito! F i­

gúrese Vuestra Serenidad de primera en­

trada veinte y tres Comedias , nueve F o ­ llas , cinco Tragedias , dos Loas * cincuen­

ta y dos Saynetes tabernarios,.. ¿Q ué tal?

d ig o , quid tibí videtur í y esto únicamente por lo que toca al género bucólico : vamos ahora por lo lírico , épico, dramático, elegia­

co , satírico > epigramático , didascàlico y mixto.

Primeramente tres Epopeyas concluidas,y puestas en lim pio, con su dedicatoria he­

cha á prevención de á veinte y quatto cau­

tos por barba ; esto es las Epopeyas , no las dedicatorias , que juro por el nombre que tengo , .que cada upa , esto e s , no las

de*

(*4)

(28)

dedicatorias , sino las Epopeyas , se puede reputar por una Enciclopedia Metódica, por­

que de todo tratan usque ad satietatem^y na­

da dexan al Lector amantísimo que desear.

g Y qué diré de mis piezas fugitivas ? g qué diré > sino que pasan de quatrocien- tos mis sonetos , sin contar algunos que se me han escabullido , por mor de no es­

tar siempre mis faltriqueras bien acondicio­

nadas ; ni incluir tampoco Jos que acabo de hacer alusivos á tní prisión , á la obs­

curidad de la carbonera , y á los cendales áráchneos que me cubrían- Pero ¡qué so­

netos ! ¡ qué madrigales ! ¡ qué romances !

¡qué estrambptes! ¡qué enigmas amorosos!

Todos ellos ó la mayor parte , ya se ve, era preciso , son alabanzas , quexas , favo­

r e s , zelos de mi N ise; y esta N is e , ben­

dígala Dios , es una dama id e a l, compues­

ta de retazos, en la qual he querido epilogar y unir quantas perfecciones repartió en las

de-

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demás la naturaleza..* ¡A y mi dulce Nisei

¡ay idolatrada Señora m ia! Esta , pues, N i- se predilecta (de la qual ya tengo suce­

sión , según consta en el Madrigal dos­

cientos y quatro de mi Colección manus­

crita ) , esta es la que encendió mi numen tímido ? la que me ha inspirado , la que ha dictado modulaciones á mi ebúrnea cí­

tara por espacio de quarenta y cinco años porque yo tendría diez y ocho y la ma­

mada quando resolví enamorarme de ella, y si mal no me acuerdo 5 voy á cumplir sesenta y quatro para las vendimias,

Pero no siempre amarrado á la coyun­

da de amor , del crudo amor , que como llevo dicho , vulneró mi corazón en los adolescentes años , he llorado desvios > he manifestado inquietudes , he cantado sus breves y apetecidas victorias : n o , que tal vez levantando mi voz á mayores objetos, al pulsar la acorde lira , alma del viento.,

(»0

me

si»

(30)

iqe atreví á interrumpir la siempre acorde revolución de ios orbes celestes , causando universal trastorno en la naturaleza ; y ved aquí si queréis la prueba unos quatrocíen- tos endecasílabos , que compuse á la Pro­

clamación de nuestro Soberano , dicen así, ni mas ni ménos avete linguis : >

E l dia diez y siete del corriente,

A cosa de las nueve ó nueve y quarto /

D a la mañana , se juntáron todos , Los Señores que estaban convidados*

Y como era preciso, cada uno Llevó á la fiesta su mejor caballo;

D e manera , que cosa mas lucida

N i se ha visto jam as, ni se ha pensado*

Todos iban de gala , como digo,

Con vestidos muy ricos, bien cortados, Los mas con bordadura, y los restantes A cada qual mejor (si no me engaño), Pues como llevo d ich o, se dispuso

L a

(a7)

/

(31)

(.8 )

L a cavalgata , y luego muy despacio, Cogieron y se fuéron á la Villa

Según estaba ya determinado.

. Y al llegar á la puerta. *.

' B asta, basta, dixo Mercurio , no me re­

citéis mas versos, que esos pocos me han parecido detestables , y me sospecho que los demas no serán mejores; callad por Dios , que tengo ya atolondrada la cabe­

za de oiros#

Atolondrado me vea yo á garrotazos, prosiguió el P oeta, si esta composición Pin­

dàrica no es la mas acabada. pieza que ha salido jamas de cabeza “humana ; pero ni el público la ha gozado hasta ahora, prob dolor ! ni sé quando me veré Con dinero para imprimirla, ¡ó livor! ¡ó ignorancia!

¡ó siglo calamitoso , y fatal á los alumnos de las Musas! jY o sin capa ! ,*yo sin haber almorzado todavía ! ¡ yo debiendo cincuen­

ta

(32)

ta reales al P. Procurador del Carmen, por los alquileres de mi desvan ! ¡ y o ? que he puesto eh verso el Flos Sanctorum de Villegas y el Roselfi , y el Sánchez de Matrimonio ! ¡ yo , que he escrito un curso completo de Artes y Ciencias , que pue­

de ir en carta! \ yo , que he comentado los Comentarios de Gangora * y he traducido al Castellano los Prologas de Huerta , y me muero de necesidad ! .¿ Quién ha sido el coco de Madrid y sus Literatos de mu­

chos años á esta parte? ¿quién ha hecho callar á tanto hombron erudito, á tanto so­

noro cisne , á tanto Ampbion harmónico? Sí señor, debaxo de mi cama tengo muchas obras de crítica, que aun; manuscritas han dado terror al o rb e ; ¿ qué. seria , ¡ó C ile- nio raudo! s¡ hubieran sudado los tórcu­

los para publicarlas ? P ero. ¿ qué me canso en manifestar mi. suficiencia exótica , si el mismo A p o lo ,, , E l .mismo infierno con to­

das

(29)

(33)

das sus furias desatadas debeis de tener erí esa boca , hermano s díxo M ercurio; ¿qué es esto? ¿no os he dicho ya que calléis?

¿os estaréis hablando hasta mañana? ¡par­

lanchín ridículo! Por vida de Júpiter 5 que si descoséis los labios para decirme Una sola palabra , os desuelle vivo á latigazos* ¡Cás-

i

oarás , y qué pesado es el pedanton, y qué insolente!

1 Parce domine , respondió el Coplero ; y no bien habia abierto la boca para decir­

lo , quando el Alípéde alzó el puño en ade­

man de descargar sobre su coronilla tal ca-1 chete

7

que él solo hubiera dado fin á tan^

tas locuras $ pero? lo estorbó ■ uir ■ guardia^

que salió á dar la noticia de que ya Apo^

lo esperaba al Embaxador,' "

Entráron y pues , ert un salón magnífico y espacioso: el pavimento y las paredes eran de exquisitos mármoles > la decoración corintia ? las basas y capiteles de sús co-

lum-

(34)

los adornos del cornisamento y zócalo*, y en las.: bóvedas apuró la pintura todos los encantos de la ficción. „ " ^ - ^

; A llí se vetan los orígenes dé las . Artes y los progresos d e l talento humano: muda 'historia y ¿capaz de encender el ánimo y ar­

rebatarle^,:1a contemplación .de los objetos mas sublimes. En uña parte se veiar á • los vhombreS:fabricar chozas.de troncos y ra- i mas , de,donde la Arquitectura tomó las i * formas ^ que; p dió; después á matedias i mas

! durables, \ variando; según la mayor, ó mfe- .ñor consistencia deJellasda, proporción; de

/

■ sus ¿edificios.-A?otro !ladíU|los Egipcios da-

1 s ^

*bar^piincipi0;,áila ¿Geometrías, señalando i ^sus;tcampos, con; térrrrinbsde piedras* hacina­

das-:^ p a r q u e ; e l £$ilq enrsús inundácíones

* no - altérase los có n oe í d os; di mi te s. Otras; su­

éñala ba¡n ¿$mneldsueIo£ lGkubontoruba >d¿* ¿la

¿sombra*^,dj stóntte, tongfól auídrígeh fa & in -

C tu-

(35)

tura ; perfeccionándose después lentamen­

te con la invención casual de los colores,

■ y la perspectiva ^ que apenas conoció la an­

tigüedad* Otros cortaban la corriente de un r io , fiados á un tronco mal seguro:

una gran multitud admiraba desde la opues­

ta orilla el temerario atrevimiento , y las madres tímidas apretaban al pecho sus pe-

*

queñuelos hijos, Los Arabes y Caldeos ob­

servaban el aparente giro del S o l, y en las serenas noches al Planeta qué recibe su l u z , y los demas astros que la distan*

d a nos amenora ó nos oculta, La Escul­

tura en otra parte ponía sobre las aras vul­

tos informes, que adoraba supersticioso el temor 5 y mas allá los Phidias , Xisipos y Praxíteles daban á ios mármoles y bronces tan elegante forma ? que en algún modo parece que el arte disculpaba la idolatría.

A llí Orféo reducía á los hombres en vida social, les daba leyes , y les persuadía la

(36)

enseñaba virtudes morales á los remotos Chinos* E a c o , Radam anto, M inos, Solon,

Licurgo y Numa establecían leyes > "go­

bernando en justicia y paz nuevas Repú­

blicas ; y í mas distancia se veían flore­

cer las Ciencias y Jas Artes 4 la sotnbra de la libertad, A llí estaba representado el Padre Humero , á quien rodeaban con ad­

miración los Poetas de todas las Naciones y todos los siglos* Píndaro al son de la lira celebraba con sublime verso las vic­

torias Isthmias y Olímpicas , y eternizaba el nombre de Hyeron, Symónides cantaba tiernas elegías* Alceo de Lesbos, añadien­

do nuevos sonidos á las cuerdas griegas, hacia aborrecible entre los hombres el des­

potismo de los tiranos* Sapho , desgracia-*

da en am or, se precipitaba del Prbmonto^

rio de Leucate al mar , y* repetía murien­

do el nombre de su in grato P h áo n ^ en tan-

C a tq

(37)

to que' Anacreon de ; Teos , coronado, de pámpanos , con la copa en la m ano, dan­

zaba; alegre al son de las flautas entre las G raciasy los Amores. A llí acudía la juven­

tud de Grecia á escucharen las Academias el Lyceo y el Pórtico, las austeras lecciones dé la m orally no muy léjps se levantaban tea-t tros magníficos, para declamar cón elíau&ílio deA a vMdsica las grandes obras de .Eschy- l o , Sophocles y Eurípides , queakernaban con las del atrevido Aristophanes, á quien Men andró, siguió después para obscurecer la gloria de quantoS t le i habían precedido»

En otra parte D em ócrko, y e) divino, Hi^

p orrales, reclinados Junto á pn sepulcro ya destruido conversaban profundamente á la- sombra de uqps^cip^eses mustios ^ so­

bre la Física del cuerpo anim al, lanbre-*

vecl^d'.de J a Vida , J o s -acerbos majes-que la trodfa^:^ y. los cortos y falaces medios que>9jFrefev.el;^ rte^ j^ a djlatáp ^Urfi^i^y

o: mas

(38)

lafcarengas , conmcVia ai pueblo* Atenien­

se'- ■ Ie : persuadía por- algunosinstdñtes á *

$acudir;él yugó 'Mátedónióo : éXcifába en- él-estímulos de valor J reco'rdándóleda’s épo-l- cas gloriosas de sus* triunfos 5 los hórrtbres santós-de-Milthiade'S’^ Cónon , Cfthotiü?' y }

e l: justó Arístides} yóp onién dose pór una1 p£rté d^tódo el -poder de F ilip o -,^ -p o r*

ottfa á d á ;énvidia \ la calumnia atroz ,-y la*

inconstancia de uh vulgo corroínpidó^é g r á tó ; Veía á pesar de su eloqüenciairre- sistible perecer parasiempre la libertádde su país , -y ^perecía con ella, ^

^ E fi^ lct$stero dersalon ^habia un trono riquísimo y en él estaba A p o lo : -siete de^

las Musas le acom p^aban' inmediatas a l’

solio-, y los mas-célebres Poetas Españo­

les según la edad- en §ue floreciérórr ¿ así' ocupaban por su órden la s ^sillas. ’ i ■ ’ - i j Si mucho < se adirii'r<> el Coplero de aquel'

C 3 apa-

(39)

aparato y magnificencia * no menos se ad­

miraron todos los demás al ver su figura ridículo * porque era el hombre ia masítris-;

te visión que imaginarse: puede i reviejue- lo y arrugadito * moreno* remellado * tuer­

to de urt ojo f romo *■ calvo * algo tiñoso*

chiquirriúlio y contrahecho ; sí bien es ver­

dady que le desfiguraban en parte las barbas*

el sudor negro * él polvo, el cisco y las tela­

rañas qué le cubrían el rostro. Revolvíase en unas bayetas pardas.* raidas y llenas de;

chorreaduras de aceyte y caldo * con un ribete d e arambeles por las orillas a modo de randas ó cucharetero : sus movimientos eran mas vivos de lo que su edad prome­

tía* la acción teatral * y la voz gangosa*

chillona y desapacible*

Éste es * dixa Mercurio á su hermano*

el que he podido agarrat entre aquella tur­

ba : él te dirá lo qUé deseas saber; y acer­

cándose á él * le dixo ál oido ¡ mirad * se­

ñor*

(40)

flor, que aquí no os sufrirán disparates; de­

cid claramente quiénes son los del portal, y i qué es su buena venida , sin andar­

nos en mas repulgos, porque si así no lo Ijiciéreis , témome mucho que mi hermano osjtnande freír, y echar á los perros, se*

gun le he visto de mal humor esta tarde;

y habiendo dicho esto , se fué volando á observar lo que jpasaba en la escalera.

E l Poetastro encarándose con A p o lo , le hizo tres grandes cortesías, y quedó aguar­

dando el permiso de hablar i diósele A po­

lo , y él comenzó á delirar de esta manera:

Reverberante N u m en, que^del Jstro ~ A l Marañon sublimas con tu zurda A l que en rithmo dulcísono te urda Elogio al son del címbalo, y del sistro:

- Si la alígera prole de Caistro

* Blandos, ministra acentos á mi burda Harmónica pasión, ¡a y ^ n o te aturda

C 4 V er

(37)

(41)

^ V e r rompo de tu tímpano el teristro,.!

:X a rjubígena Dea en alto plaustro/

: Ungiendo;el nervio* de oloroso electro/

oi -M elleva en alas del Ouest y^eit Austro*

m:Y ;hurtando á;ia£,Memnósides :ei plectro/

Hoy me intromito en $1 fulgénté ciando

-t i „ tro, ,.l ; i • ' 1 ' ' ‘J-: V.

A Obstupefacto j á venerar tu espectro. ¡c

Rebentaba Apolo eotre la indignación y la risa : las M úsanse tendían p o llo s sue-- los dando exórbitantes carcaxadas; los Poe­

tas* se.miraban' unos; á otros ? sin saber lo.

que les sucedía ; y el badulaque, muy sa­

tisfecho ; se -disponía á proseguir dispara­

tando* en culto p pero Franciscos de Rioja, que estaba inmediato , le díxo :^ved / Se­

ñor1 Enviado / que : Apolo nuestro amo ? no os llama aquí .para que le declaméis ver­

sos tenebrosos $' l o . que únicamente quiere e s ,, > ¡ Á h ! dixQ ql de la$ sopalandas / y a

(42)

iHélo jrqft^ya^ lo he

quiere .esiíttrobsonet©'^£<Mrfo&fá\&iÁo$cék&

sonantesu-pues allá '-va^¿ 'hij^^rde ^Latofíáf*

escuchadme’¡benévolo: vo. í¿ív ¿;í / ivjr:.! ¿ “i.-■>v t - > * - i - *?-■■>

< Dios rutilante,' q u ed e! Ebro a llstro r^ l:^

P roteges, honras al que versos urtf&y 7 - ■' Rauca mi lira atiende tóscay burda, * -í - Simíl fíio mucho á resonante sistro*

Que si tal vez alado el de Cáistro

i) Páxaro dulce en la ribera zurda, j Hace canoro que fugaz aturda

. Su v o z , rompiendo el diáfano teristro.

N o ya disimif yo > si e lín d id electro í

P restarme gustas , que veloz al Austro Sones encarga de curvado plectro, Métricos! mucho al eminente claustro* ;

Llevaré rithmos, ¡o divino espectro!

Que el zenit giras en ebúrneo plaustro.

(43)

. Qla , Ministros , dixo A p o lo , al instaría' te coged i ese hombre5 atadle, y embíad-*

sele á p lu to n c o n un recado m ío , para que se le entregue á los Genios Tartáreos, y le atormenten con los suplicios mas atro­

ces* ; Qué desvergüenza , venir á hacer burla de m í! L levadle, digo, no quiero

verle* -- - r ? ■■ ■■

Esto decía el Dios bermejo con tales ade­

manes , que manifestaban demasiado su có­

lera ; pero las Musas , compadecidas de aquel infeliz, ó sintiendo se malograse el fin á que era traído, ó deseosas de diver*

tirse oyendo sus desvarios , íntercediéron por él cotí el mayor empeflo*

Costó mucha dificultad aplacar á Apo­

lo ; pero al fin se moderó algún tanto, habiéndole prometido todos en nombre del tuerto , que no volvería á decir mas ver­

sos , sino que en prosa llana y pedestre, relataría quanto era menester 5 y él mien­

tras

(44)

(4*y

Iras ésto sucedía estaba abocinado en el suelo , hecho uti ovillo , sin rebullirse , ni alentar siquiera , imaginándose ya,; arreba-i tado á los Infiernos , y dando hervores, en

las calderas de p e z , alcrebite,y plomo, donde se rehogan los Comerciantes por me­

n or, las Viejecitas que azuzan , y lós A d -, ministradores que desuellan* Y a llevaba compuestas dos estancias de una canción estigia , que pensaba, recitar a Tesiphone luego que llegase , en que la alababa de lin d a , y de la mas jovencita y agraciada de todas las Furias pero á este tiempo le levantáron entre Figueroa y D. Juan de Jáu regu i, los quales volvieron á predicarle de nuevo lo que debia h acer, para no in­

currir en la indignación de Apolo,

Haré quanto me decís, respondió después de haberse compuesto los hábitos , haré quanto Phebo ordena, y omitiré los episo­

dios y partes de adorno, usando en mi nar­

ra

(45)

ración unéstiío medio , y a - que el sublime*

ha merecida tan equívoco aplauso. Soberano Delio s Titán radiantéy* prodigio Deifico, Deidad S tilintea , él suceso“és éste. : '; t

'■ Yo ^ aunque indigno , y mis compañeros' Jos dei zaguan'V’sortios altHñrtOB Vuestros : la- di vina Póesisfué nuestra delicia desde los­

ados infantes: herrtos elaborado opúsculos

1

admirables, tremendos, hijos álr fíri de viiés-5 tra sacra - inspiración : basta esto, süficity para noticia preliminar $ peto réflexíonernos,

¿Qué és Poética? Elarte^de hacer coplas.5

¿Qué son coplas ? Unos montoncitos d e l i ­ neas desígnales , llamadas versos. ¿ Qüé; e$:

un verso ? ¡ Un numero determinado de síla­

bas. ¿Qué dificultad ofrece su composición?- Los consonantes. ¿Cómo se adquieren estos¿

consonantes? Comprando un Rerígifo por tres pesétas. ¿Qué otra cosa es necesaria5 además de esto para hacer qualquiera obra poética digna de la luz publica í U n poco

de

(46)

de p ráctica, y otro poco d e ; p,qca ver­

güenza. r ■= .. .

Pues ahora b ien : supuesto que-nosotros -sabemos hacer, coplas en verso aconsonan­

tado j que tenemos cada qual nuestro Ren- ígifo ? que hemos pasado toda J a .vida en esta ocupación , y que áltamente persuadí­

a o s del mérito de nuestras obras T no duda­

remos ofrecerlas: por modelo a l orbe, que las admira ,; y á las generaciones futuras, que han de anonadarse Tal verlas , ¿ qué nos falta para llamarnos alumnos vuestros?

¿quién nos disputará este. honor ? dicite Pierid.es , ;cn: tanto que yo prosigo, hilva­

nando premisas., y conseqiiehcias,

Siendo P oetas, como lo somos'.sin reme#- dio y : ¿ qual- d ebe; ser nuestro exercicio ? { te- x,eE esteras ? ¿coser zapatos^, ¿álqüilar ca­

mas ? ¿vender achicorias ? Claro es que rió:

ciato es que ¡indigna^ ocupaciones de

¿os grandes genios aquellas > :que ,por útiles

i., y

(47)

y honestas, están reservadas al ignorante v u lg o : así, pues, siendo Poetas, debemos poetizar, y no otra cosa: debemos ilus­

trar á la nación, y ella debe coronar núes*

tras fatigas con premio digno, dándonos la mitad en aplausos, y la mitad en pesos duros,

Pero esta Nación in grata, ni nos da de comer ni nos aplaude , miéntras nosotros, procurando su felicidad y su gloria , la enriquezemos diariamente , semanalmente, mensualmente , continuamente , de conoci­

mientos profundos; sin los quales la racio­

nalidad hubiera dado en España un esta­

llido , según la hemos visto decadente y mal parada.

Nosotros , en fin , hemos sostenido1 él honor de la lira ( barbitos polycordos, que dixo el G riego) cantando y llorando nenies Q flen tes, que hubiera dicho el L a­

tino ) en todas las ocasiones en que el hado,

(44)

ya

(48)

ya favorable i y a protervo, envió á la pa­

tria prosperidades ó desdichas.

- Se ajustó la p a z , coplas á la p a z : nacen los G em elos, coplas á los Gem elos: ná~

ce nuestro Príncipe F em an d o , coplas á D . Fernando: se hace el bombardeo de A r­

g e l, coplas á las bombas $ en una palabra, casamientos, nacimientos , muertes ^entier­

ros , proclamaciones , paces, gu erras, todo, todo ha sido asunto digno de nuestra cítara*

¡Pero con qué novedad, con qué acierto lo hemos sabido desempeñar! ¡Qué felizes invenciones las nuestras, ¡ó qué felices ! ó huevos de L e d a , huevos benéficos, y de inestimable valor! ¡O Jacob y Esaü! ¡ó Ró-

■ mulo y Remo! ¡Con qué oportunidad la -Providencia os hizo nacer dé una ventrega­

da! ¡Y con qué gracia nosotros sin reparar en frioleras, parangonizamos mellizos á m ellizos, haziendo saber al mundo que nuestra Princesa había dado á luz un Esau

bru-

(45)

(49)

i/ p t a l, un Rómplo: fratricida j^ríJo qufc es mas lindo (p o rq u e al fin todo-iba. dentro ,del- par de huevos mitológicos) r utia Clí^

.teinnestra y una Helena; disolutas*: pérfidas, y crueles, que todo esto dixifflos- muy arro- .patios, con nuestra licencia poétifca, en elor gio de lo sd osm alograd os Infantes, infan~

¿íum Regina J#besr como -dixp allá el F\r

flÓSOfp* '■ . \ v-.-i , ;T

, i Y qué diré> del sutil .arbitrio; que dís*

(Currimos para form ar las ¡fíbulas ?de nues­

tro?. poemitas'? ; A.rbitrio que pareció tan cór anodo , que todo Poeta : de -bien, y , timpra^- rto le ha éscpgido para s í ,; y traías llevan de no soltarle hasta.la consumación de Jos .siglos. í^ b e ta m arbitriQ-, que ahorra mu­

cho. tiempo,,:- y; muchos polvos. de tabaco, -y .muchatórpida, al candil 1-Arbitrio ^ ;cPn el quai se, for-ma.en un guiñar de ojos quaJ- quier poema r ’:P^esM ío^ ;iyieéevcomQ;iia- vido

al-

(50)

a lg o , de profetizar alg o , de llorar algo, de referir algo í El Poeta no tiene mas que

t

acostarse , y apagar la luz* A media no­

che se le aparece un trasgo , una Ninfa ó qualquiera otro personage alegó rico , con gran concurso de geniezuelos al rededor ; y este tal personage reprehende al vate su modorra y su pigricia , le manda que se levante inmediatamente, y que escriba es­

to , y aquello, y lo demas allá, y de es­

te modo le informa de quanto hay que sa­

ber en el caso ; de suerte , que desapare­

cer la fantasma, despedirse el Poeta del Lector p ió, y acabarse el poema, todo es á un tiempo* Sobre este molde de apari^

cion hemos compuesto de once años á es­

ta parte quantas obras se han necesitado para el surtido de las esquinas; con la so­

la diferencia de que á un Poeta le pilló la visión acostado y sin c e n a r, al otro paseándose á la orilla del r io , al otro co-

D gierr

(47)

(51)

gtendo el sol en un cerro \ pero siendo el fondo de la ficción el mismo , siempre es el mérito ig u a l, y el artificio de la fíb u la siempre maravilloso y sutil,

¿Y el estilo? iy la versificación? ¿y el estro poético que resplandece en aquellas composi­

ciones? ¿no es particular? ¿no es admirable?

Desde el ovillejo mas diminuto y v il, á las octavas mas retumbantes y pomposas, ¿no se descubren beilezas incomparables, que darán fama inmortal á las recalientes sese­

ras que las piroduxéron? ¿No es cierto, S e­

ñor , que con esta irrupción de coplas, con este chorroborro perenne de versos, hemos llevado al mas ■ alto punto de perfección el buen gusto y la,elegancia poética, dan­

do cordelejo á los mas célebres Autores de la edad vetusta , y revolviendo el Par­

naso Castellano patas arriba ? ¿ no es cierto ?

Así nos lo persuadíamos: con este fin

(48)

tra-

(52)

trabajábamos, con el fin de asegurarnos un taburete en el templo de la inmortali­

dad ? y ganar el pan por medios honrados en esta vida transitoria, Pan curat oves obiumque magistros, como dixo Gronobio, muy á mi intento*

¿Pero qué sucedió? ¡ó iniquidad! ¡ó li­

vor ! ¡ ó influxo adverso! ¿ Qué sucedió?

Que así como el murciélago torpe (vesper­

tilio le llamó el doctísimo R equexo, y con el Calepino, Faccíolatí, y otros) , que así como el murciélago torpe , que busca las tinieblas pavorosas del angosto mechinal, aborreciendo la claridad diurna ^ si tal vez J la atrevida mano pueril, asiéndole una de sus aurículas, le extraxo con violencia de su lobreguez apetecida , no pudiendp con cecuciente párpado sufrir los rayos de luz que iluminan al o rb e , forceja , y se resis­

te , y bate las alas membranáceas , y se desespera , y chilla , y m uerde, y arana

D a la

(49)

(53)

Ja mano que le tiene asido 5 de la propia manera , no pudiendo algunos Zoylos ma­

lévolos resistir la esplendorosidad de nues­

tras obras, á la que en vano se oponía la opacidad de su insipiencia

9

comenzaron á gritar contra nosotros ? nos desacreditáron enteramente, nos adjetivaron del modo mas cruel.

Este fué el galardón, ésta la gloria que nos resultó de nuestros afanes literarios:

después de habernos recocido los sesos en amontonar erudición gentílica 3 histórica y dogmática; en rehinchir versos, ajustar ca­

dencias , y cazar figuras , en cuya desas­

trada ocupación ganábamos por la mano al lucero matutino, negando el tributo á M orfeo, que nos hallaba en vela todas las noches, Bella per Emathios plus quam ci- vilia campos, como dixo no se q u ién , en no se qué libro.

Pero como por especial favor de la pro-

(54)

mo Filólogos incomparables, discurrimos no ceñirnos á una sola cosa, sino abrazar todos los ramos de la literatura , dividién­

donos en pelotones, y quadríllas. U nos, á quien vuestro celeste incendio mas inme­

diatamente retuesta y asura , se hiciéron sectarios de la exáctitud , economía y cor- recion , que algunos invidos traducen frial­

dad, pobrera, languidez, y echaron á vo­

lar unos poemas tan exactos , tan ecóno­

mos y correctos, labrados á com pás, ni­

vel y esquadra, que nada se puede en ellos quitar , m udar, ni añadir. Otros se dieron á extractar, com pilar, abreviar y reducir en pequeños papelitos el árido y dilatado estudio de las C iencias, para que todas ellas las pueda aprender como un papagayo qualquier curioso, mientras el Peluquero le ata la bolsa. Otros se die­

ron á la jocosidad festiva, y regaláron á

D 3 ía

(55)

(?a)

la Nación gran cantidad de epigramas 9 di- chicos, anécdotas, chufletas , quisicosuelas y acertijos ; en una palabra , aspiramos por todos medios á hacernos los dispensadores de la ilustración publica. ¡O cómo regur­

gitamos ciencia por todas partes! ¡ ó qué traducciones hicimos tan agraciadas! tra­

ducciones que no las distinguirá de sus originales el mas pintado. ¡Y qué Come­

días á la antigua! esto ¡es,á nuestro modo;

quiero d e cjr: sin esto que llaman arte, gusto y verosimilitud; ¡y qué apologías del teatro ! digo de nuestro teatro , del teatro que nosotros nos hemos hecho; y en esto s o l o s i he de hablar en puridad, en esto solo hemos triunfado impunemente de nuestros enemigos, E l teatro nos ha ofrecido un desquíte, un consuelo de todos los sinsabores que padecemos continua*

mente; bien es verdad, que según él está arreglado, parece que se hizo exprofeso

para

(56)

yeramos con nuestras obras admirables; así lo hacemos tod avía, allí retumbamos , y

¡ ó nunca la suerte enemiga nos prive de su pacífica posesión!

j Y qué diré de tantas eruditas diserta­

ciones sobre el lu xo , sobre la inoculación, sobre hacer feliz al Reyno con una hipó*

tesis, dos ilaciones y un c á lc u lo , sobre la excelente moral de ios Caribes y Hoten- totes, sobre hacer pan de avellanas en los años m alos, sobre la mejor de las repú­

blicas posibles ? sobre aumentar prodigiosa­

mente Ja Agricultura á fuerza de ruedas, tubos p émbolos, pifiones y cilindros , so­

bre la tolerancia ? sobre la tortu ra, sobre el patriotismo ? sobre las chinches.. . . ¡ O , Dios omnipotente y m áxim o.! ¡ que tan ha - b ile s, y tan eximios nos hiziste! ¿Por qué así como somos universales en la ciencia, no somos universalmente venerados?, ¿por

D 4 qué,

(57)

q u é , siendo tan desaforadamente instrui­

dos , nos llaman Pedantes ? ¡ Pedantes!

Anatema cru e l, que nos sigue por todas partes, y nos extremece y horripila.

Y a en algún modo hemos procurado opo^

ner las artimañas á la fuerza , y viendo quán pocos elogios hemos merecido á la ingrata p atria, que paga en desprecio y pullas nuestras vigilias , hemos dado en la fior de alabarnos los unos á los otros, tra­

tándonos mutuamente de científicos y pre­

claros varones , por aquello de asinus asi- num fr tc a t, que quiere decir : el sapiente aplaude al sapiente $ pero esto dura ocho dias , el publico se desengaña, ó nosotros por un quítame allá esas paxas , nos es-*

tropeamos á garrotazos en un portal, y la discordia, que volvió en cenizas los sober­

bios muros de Ilio n , nos conduce al Hosr pido , ó nos reduce á la sopa de un C on­

vento,

Pe-

(58)

Pero en el htc (S nunc, en que tímido^

y vacilantes juzgábamos irremediable núes-*

tra desgracia , quando circuidos de horro­

res , y faltos de consejo ? hollábamos cali*

ginoso pavor , y palpábamos atezadas lo~

bregueces- Ecce Corintia venit y ecce benig­

na rutilante estrella , que aparece á núes*

tra vista para serenar tan deshechas tempes­

tades. Asturias va á tener un Príncipe , la Nación le jurará sucesor al trono de su Pa­

dre, Madrid previene regocijos, y ésta es precisamente la época de nuestra gloria?

el feliz instante de nuestra resurrección.

Queremos cantar , sí señor , queremos cantar como si empezáramos de nuevo; que­

remos aplaudir la jura del Príncipe D. F er­

nando con la misma gracia con que des­

empeñamos ios asuntos anteriores ; quere­

mos celebrar las felices invenciones en los adornos de la carrera ; y no ha de haber espejo , ni pedazo de holandilla sobre que

no

(59)

no arrojemos décimas y octavas como el puño : voiverémos á extasiarnos ? y á dor- m im os; y cruzarán por esos ayres á me­

día noche , al son de los chirriones de la limpieza , tantas ninfas , tantas matronas alegóricas , tanta hermosa visión despren­

dida del Olimpo á nuestras guardillas, pa­

ta mandarnos escribir cantos heroycos y ro- manzones , que será una confusión.

¿ Y los loros ? ] Ó mi Dios ! j Los toros!

fQué de conceptos hemos prevenido para la fiesta! ¡qué ocurrencias exquisitas esta­

mos almazenando para los Caballeros que se caigan , para los que no se caigan , pa­

ra los que corran , y para los que no pue­

dan correr! ¡Y qué de cosas tenemos dis-^

curridas para las lunadas fieras y qué lindas comparaciones, en que saldrán á lu ­ cirlo los toros de Coicos , los toros de Guisando , los toros del Sol , el toro de C r e ta , el toro de P haiaris, el toro de

S.

(60)

Paterí

Querem os, pues, con motivo tan plau*

sible fatigar las prensas t no ha de haber p oste, ni esquinazo , ni guardaruedas, ni registro de cañería , ni bola de puente, que no engrudemos de alto abaxo con cane­

lones inarrancables y eternos , llenos de letras gordas y provocativas $ ni habrá Dia­

rio , ni Gazeta ? ni Biblioteca mensual que no salga atiborrada de nuestras obras.. . . Pero ¡ ay , Cirreo Numen ! ¡ ay , reverendo Citarista fúlgido! ¡Cómo nos illude con ha­

lagüeñas imposibilidades el deseo!

¿Qué haremos desamparados é inermes contra la osadía de tantos C ríticos, que aca­

so estarán ya aguardando nuestras produc­

ciones , productior actu , para despedazar­

las con viperino diente i A q u í, bio jacet

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aquí se necesita todo vuestro fa v o r , ¡ ó Deidad crinada y arcitenente! aquí implo-

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tamo* toda vuestra beneficencia, para po­

dernos llamar verdaderamente afortunados, fortunam Priami cantabo, que dixo el M i­

tólogo,

Ni es imposible, S e ñ o r, ni temeraria la pretensión que nos ha conducido á vuestro portal au gu sto; ántes en su pequeñez he­

mos fundado la confianza de conseguirla*

Mis compañeros y yo no deseamos otra cosa , sino que vuestra rubicunda celsitud nos dé una patente firmada y sellada se­

gún estilo , en la qual se exprese , que nuestras obritas, las ya publicadas, y las que vamos á publicar , de las quales , y de sus Autores han dicho y dirán los en­

vidiosos Críticos tantas perrerías , son ele­

gantes , doctísimas , incomparables , y de aquí arriba lo que pareciese conveniente añadir en su elegió. Diréis , adem ás, que nosotros los que tales obritas hicimos y ha­

remos, no somos :Poetillas hüerós, trasgos

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n -

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ridiculo* , ni cuervos raucos sino Filome­

nas dulcísonas y Syrenas machos , que con vuestro influxo y aprobación hemos canta­

do , cantamos [y cantarémos hasta soltar la piel. D iréis, que para que la Nación aca­

be de iluminarse , es necesario que el ra­

mo de literatura se estanque como los nay- pes y el aguardiente, siendo nosotros los Administradores, que podamos impunemen­

te dar lecciones al Público, ya en pape­

lillos sueltos, ya en tomos de tres puentes, ya de viva voz en las tabernas honradas de la C o rte , en sus librerías y concurrencias, ó y a remitiendo nuestros áureos dramas al gran teatro. D iréis, que en materias de buen gusto , de Lógica * de erudición , de racionalidad , de talento , nadie chiste con­

tra nosotros, nadie nos inquiete $ advir­

tiendo , que de hoy en adelante á todo crítico se le llamará envidioso,á toda prue­

ba , calum nia, á toda censura, lib e lo , y a

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(fio)

á todo raciocinio personalidad é insulto. Y que , por último , vuestra luminosidad muy resplandeciente , amonesta , y en caso ne­

cesario manda , y condena á todo erudito que sepa deletrear , á que luego que los carteles , los ciegos y la trompa de la Fama anuncien la irrupción poly-métri-en- comiástica , que tenemos prevenida á la jura del nuevo Príncipe , acudan á las li­

brerías acostumbradas , y cada qual se pro­

vea , á lo menos , de un exemplar de ca^*

da obrita ; para que por este medio, al pa­

so que ellos se orientan y se instruyen, po­

damos nosotros subvenir á nuestras urgen­

tes necesidades.

Tal e s , Señor , nuestra pretensión: con este deseo abandonamos nuestros tugurios, y esta mañana, entre diez y once , nos hallamos á la falda de ese bifroríte cerro:

comenzamos á gatear con harta fatiga por escabrosidades y derrumbaderos iniquos$ pe­

ro

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peligrosos , quando hallamos nuevas difi­

cultades, En una floresta som bría, que el Abril pavimentó de colores alegres, don­

de batiendo lascivo el zéfíro las alas suti­

les ungidas en aromas índicos ; . , . . pero en vuestro ceño , radiante N um en, advier­

to no se qué displicencia , que tne obliga á omitir la pintura de las flores, los favo­

nios , las avecillas canoras , y los arroyue- los : sig o , p u e s, adelante.

En e sta, como d ix e , deliciosa mansión de F lora descubrimos un edificio, del qual salieron al acercarnos seis

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siete hombres no nada inermes , y mucho ménos que na- da tácitos y tranquilos : comenfcáron con grandes ululatos á decir que nos detuvié­

ramos: hicímoslo así: nos preguntáron ¿quié­

nes éramos ¿ y á qué veníamos ? respondi­

mos á todo 5 y sacando el que parecía Xefe de los demas un volumen membranáceo^

le -

Referencias

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