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Cloud Computing. Ventajas y retos del. Prólogo de Joan Majó. Libros de Cabecera

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Ventajas y retos del

Cloud Computing

Prólogo de Joan Majó

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Empresas en la nube Jordi Torres

La revolución tecnológica que actualmente estamos viviendo bien podría ser la más profunda de nuestra historia. Los servicios convergen y pasan del mundo físico al mundo digital, siendo accesibles desde cualquier dispositivo. Un hecho relevante es que nuestros datos ya no residen en nuestros ordenadores sino en una Internet Global que adquiere entidad propia y se convierte en mucho más que una simple infraestructura de conexión: es la plataforma que ofrece servicio a millones de dispositivos inteligentes conectados a la red.

Es lo que se conoce como Cloud Computing o informática en la nube de Internet, que permite que los consumidores, empresas o particulares, no se tengan que preocupar de cómo se provee el servicio que necesitan.

Las empresas no podrán evitar este cambio si no quieren perder el tren del avance tecnológico, y esto implicará tomar decisiones sobre la dirección a seguir para mejorar sus negocios.

“Este libro de Jordi Torres puede ser muy útil para quien quiera encontrar una descripción comprensible de las posibilidades del Cloud Computing, de sus ventajas y, también, algo muy de agradecer, de sus peligros”. Joan Majó, exministro de Industria y autor del libro 'Luz al final del túnel'

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Empresas

en la nube

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Empresas en la nube

Ventajas y retos del Cloud Computing

Jordi Torres Viñals

Prólogo de Joan Majó

Libros de Cabecera

www.librosdecabecera.com

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1a edición: junio 2011

© 2011 Jordi Torres Viñals

© 2011 Libros de Cabecera S.L.

Rambla de Catalunya, 53, ático 08007 Barcelona (España) www.librosdecabecera.com

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

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Diseño de la colección: Erola Boix Editor: Llorenç Rubió

Maquetación: Barreras&Creixell

ISBN: 978-84-939082-2-5 ISBN PDF: 978-84-939082-3-2 ISBN EBOOK: 978-84-939082-4-9

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A mi familia

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Índice

Prólogo ¡... de Joan Majó! 9

Prefacio Como vivíamos sin Internet 15

PARTE I: Internet está cambiando la sociedad

1. El mundo se está digitalizando 21

2. Del movimiento físico al movimiento de información 25 3. La transformación de la sociedad y de los negocios 29 PARTE II: Internet, hoy

4. Un nuevo paradigma de computación 37

5. Internet se ha industrializado 45

6. La deslocalización de la computación 55 PARTE III: Oportunidades para las empresas

7. La informática disponible a través de Internet 65 8. Motivos para subirse a la nube de Internet 75 9. Una nueva herramienta para las empresas 85 PARTE IV: Retos que aparecen

10. Seguridad y privacidad de nuestros datos 95 11. Las redes de comunicación en el Cloud 103 12. La transformación del sector TIC 111 PARTE V: La sostenibilidad de la nube

13. El agotamiento de los recursos energéticos 121 14. La dependencia de la información 131 PARTE VI: El futuro

15. El escenario de los servicios TIC 143 16. Todo estará conectado a la Internet Global 151

Clausura Cómo afrontar los cambios 157

Agradecimientos 161

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Prólogo

¿Nube o red?

Supongo que tanto el concepto de «Cloud-Computing» como el de

«Inter-net» nacieron de la mano de algún ingeniero o periodista es- tadounidense. No lo sé seguro. Lo que sí sé es que yo los escuché o leí, por primera vez, allí, en EUA. De cada uno de los dos nombres me interesa sobre todo una parte —el Cloud y el Net, es decir, la nube y la red— porque, al ser utilizados en forma de metáfora, contienen por analogía un significado diferente y muy importante, que hay que entender.

Una nube es un espacio lleno de partículas todas iguales, y por tanto, homogéneo y desorganizado. Una red es una estructura que llena y que organiza un espacio, formada por partes diferentes con caracte- rísticas diferentes y con funciones diferentes. Si permutan su lugar dos moléculas de agua dentro de una nube, ésta no cambia en nada.

Si se cambian dos conexiones dentro de una red, la red a menudo cambia de propiedades. La nube es el ejemplo de la no-organización (en términos técnicos, de la entropía máxima) mientras que la red es el ejemplo de la organización (la mínima entropía). La nube se hace sola, la red se ha de construir.

He empezado por aquí porque siempre he pensado que hablar de la nube de Internet era una contradicción. Puede ser una nube para aquéllos que lo miran desde fuera sin entenderlo. Sería una manera de expresarse equivalente a cuando se habla de una «caja negra» por- que no se conoce lo que hay dentro. Pero los que han entrado, aunque sea sólo parcialmente, en la caja, saben que es un elemento de gran complejidad y muy organizado. La red tiene puntos de entrada (emi- sores), tiene puntos de salida (receptores), tiene elementos de conec- tividad, tiene repetidores, tiene almacenes, tiene transformadores y procesadores… y es la organización de esta complejidad la que le da toda su potencia y la convierte en un elemento transformador de las

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relaciones sociales. No me gusta pues hablar de nube, me gusta más hablar de red.

Es por ello que me complace mucho ver cómo, a pesar de tener el encargo del editor de crear un texto llano usando los términos que ya pueda conocer el lector, en varias partes del libro Jordi Torres hace uso de una traducción de Cloud Computing con muchos más matices, como el de «trabajo en red», que representa esta Internet Global, no conformándose en ser un esclavo del diccionario, como se ha venido haciendo hasta ahora en los textos que tratan este tema. Conozco al autor desde hace años y sé que piensa como yo en que es necesario que nos esforcemos en poner las cosas en su sitio. A veces vale la pena que el tradutore sea traditore como dicen los italianos, si la traición original va en la dirección de devolver las palabras a su sentido real.

Este libro puede ser muy útil para personas interesadas en temas infor- máticos desde posiciones empresariales y profesionales, que necesiten un panorama y una orientación, sin entrar en aspectos demasiado ex- pertos. Les puede ayudar mucho, no tanto para hacer cosas sino sobre todo para entender lo que los expertos hacen o lo que los expertos les proponen hacer. Es imprescindible poder valorar el significado de las nuevas estrategias y sus posibles consecuencias, y para ello hay que sa- ber situar las cosas en su sitio y entender lo que suponen. Creo que eso es lo que Jordi Torres ha intentado y ha conseguido aportar con este libro para este tipo de lectores. Espero que sepan sacarle provecho.

Como creo que yo no puedo añadir otro elemento nuevo ni interesan- te, me gustaría aprovechar este prólogo para hacer una reflexión de un carácter más general que, yendo más allá de la tecnología y de las empresas, ponga de relieve el papel que juegan y deben jugar las redes en nuestra vida, tanto en nuestra vida económica como en nuestra vida personal.

A lo largo del proceso de la evolución, la especie «homo» se caracte- riza por su nivel de capacidad inteligente (que significamos con el vo-

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lumen y la complejidad del cerebro), por su capacidad de modificar el entorno (que simbolizamos con la funcionalidad de la mano, liberada de su carácter locomotor), por su capacidad de relación (que se ma- nifiesta en la organización de la convivencia) y también de comuni- cación simbólica (gracias al lenguaje). No hay sociedad humana, por primitiva que sea, sin que se dote de una posibilidad de intercambio de información, sin un sistema de obtención y distribución de recur- sos, sin un reparto personal de tareas, y sin algún tipo de jerarquía.

Y seguramente como más evolucionadas, eficientes y equitativas sean estas funciones, más rica y acomodada será la sociedad.

Es por eso que las «redes», en su sentido más amplio, se han con- vertido en un elemento básico de nuestra sociedad. En las últimas décadas se han producido tres fenómenos que, conjuntamente, han cambiado nuestras vidas: una capacidad prácticamente infinita de procesar, almacenar y transmitir bits, es decir, información; la progre- siva globalización de una red de gran capacidad, que puede transmitir todo tipo de contenidos a gran distancia y de forma casi instantánea;

y la posibilidad de estar conectado a la red en movilidad, es decir, no sólo por cable sino también por ondas. Esto es lo que configura un nuevo paradigma: capacidad de vivir conectado, siempre y con todo el mundo, con todas las ventajas y todos los inconvenientes que esto significa.

Creo que la conectividad es la médula espinal de la sociedad que está emergiendo, porque ésta no sólo sirve para enviar y recibir informa- ción sino también, y sobre todo, para «vivir juntos» independiente- mente de la proximidad física. Este es el fenómeno social que están experimentando las nuevas generaciones y que a toda prisa estamos intentando los adultos comprender, y a veces participar, a pesar de las dificultades culturales que representa. Del mismo modo que, desde hace algunas décadas, sobre los bits camina la información, ahora so- bre el soporte de las redes telemáticas se construyen las redes sociales, y a través de estas redes se pueden compartir e intercambiar todos aquellos recursos de tipo inmaterial que pueden circular codificados

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en bits. Esto es a la larga más trascendente que todo lo demás, ya que permite la creación de nuevos modelos de comunidad, la generación de información desde nuevos emisores no formalizados, así como el intercambio y la difusión rápida al margen del monopolio de los me- dios tradicionales.

Lo más importante de todo esto es que cambia el concepto de «proxi- midad», que va dejando de tener un carácter físico o geográfico por- que la conectividad permanente hace desaparecer, en muchos aspec- tos, la distancia.

Es muy importante entender que todo este fenómeno que he descrito en referencia a las personas, tiene una aplicación tanto o más intensa cuando hablamos, no de individuos, sino de organizaciones y, espe- cialmente, de empresas. Las empresas modernas pueden aumentar su eficiencia —y por tanto su competitividad— utilizando en muchos casos recursos que pueden encontrar en la red y que pueden suponer una reducción de costes. Del mismo modo que hace un siglo apren- dieron a conectarse a la red eléctrica en vez de producir su propia energía, ahora pueden utilizar a través de la red telemática una gran cantidad de recursos que les faciliten el tratamiento y el almacena- miento de la información.

El libro de Jordi Torres puede ser muy útil para quien quiera encon- trar una descripción comprensible de estas posibilidades, de sus ven- tajas y, también, algo muy de agradecer, de sus peligros.

Me gustaría terminar expresando mi convicción, sin que pueda en estas pocas líneas razonarla con detalle, que la utilización de recursos internos y de recursos en red será siempre un problema de encontrar un punto de equilibrio, ya que son dos soluciones alternativas a una necesidad, y por tanto, soluciones que habrá que evaluar comparati- vamente en cada empresa y en cada caso. Un siglo de experiencia en la distribución en red de la energía eléctrica me hace ver muy claro que la mejor opción es disponer de una cierta capacidad de producción

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local, que en algunos momentos será necesario complementar «com- prando» energía a la red, mientras que en otros se podrá evacuar la energía sobrante «vendiéndola» a la red. Esto da la mejor rentabili- dad a la empresa y permite optimizar la eficiencia global. Puede ser que algo similar ocurra en el campo de la información y de las redes telemáticas.

Pero actualmente estamos muy lejos del equilibrio. Espero que este libro sea una contribución para ir acercándonos a él.

Joan Majó Cruzate Barcelona, abril de 2011

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Prefacio

Cómo vivíamos sin Internet

Nunca se descubriría nada si nos conformásemos con las co- sas ya descubiertas.

Séneca, filósofo latín

Últimamente, en los diferentes ámbitos en los que me muevo, en casa, con los amigos o en el trabajo, surge a menudo en la conversación la pregunta sobre qué quiere decir avanzar. A pesar de que pueda sig- nificar cosas distintas para cada uno de nosotros, es evidente que el tema nos interesa a todos. Después de contrastar varias experiencias, me doy cuenta de que, más allá de opiniones particulares, hay unos elementos básicos que componen este fenómeno.

Nadie puede negar que en los últimos quince años hemos cambiando mucho. Uno de los espacios donde esta transformación es más evi- dente es en las relaciones sociales. Para ilustrarlo me remitiré a un caso concreto: el día en que conocí a mi mujer. Era sábado y había ido a la universidad a poner en ejecución unos experimentos en el supercomputador del departamento. Tuve que desplazarme porqué, aunque ya desde principios de los años 90 se había ido implantando paulatinamente Internet en las universidades, no fue hasta 1995 que su uso empezó a extenderse también a nivel doméstico.

Recuerdo que ese sábado estaba trabajando en mi despacho y, como de costumbre, había dejado la puerta abierta, lo que me permitió ver pasar a unos compañeros que venían a buscar un coche. Volvían de una calçotada en el campo y aproveché para saludarlos, a ellos y a sus amigos. Fue en ese momento cuando la vi por primera vez.

Esa tarde cada uno siguió su camino y, como podéis imaginar, no aproveché demasiado el resto del tiempo: no me la podía quitar de

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la cabeza. De regreso de la universidad empecé a idear una estrategia para coincidir de nuevo con ella. Si hubiera sido un sábado cualquiera de 2011, seguro que la encontraría buscando en Facebook las amigas de mis amigos y, con la ayuda de otros recursos de la red, como Go- ogle, podría descubrir alguna de sus aficiones dominicales y, como quién no quiere la cosa, acercarme. Pero en 1994 esto era impensable, Google aún tardaría unos cuantos años en ser creado y Facebook unos cuantos más.

Desde entonces el contexto de las relaciones personales ha cambiado mucho y la aparición de Internet ha supuesto una revolución en la manera de vivir nuestra dimensión social. Jóvenes y no tan jóvenes colgamos nuestros datos, nuestros pensamientos, nuestras imágenes, nuestras relaciones sociales y parte de nuestra vida en Internet.

Estos cambios también son tecnológicos: es relevante que en Facebo- ok nuestros datos compartidos no los tenemos en nuestro ordenador;

están en algún sitio de Internet. Si tu ordenador se estropea, no te preocupes, las fotografías aún están en Facebook, en la nube de In- ternet, al otro lado de la red, almacenadas en granjas de ordenadores que ocupan varios campos de fútbol. Ahora Internet ha pasado a ser tu ordenador: tu hardware, tu software y tus contenidos.

Por otro lado, observamos que, en esta ocasión, la tecnología que aca- bamos de describir ha llegado antes a la informática doméstica que a las empresas. Es cierto que las empresas han modificado profunda- mente cómo se comunican y cómo venden sus productos. Si la infor- mática del año 1994 ya había cambiado la capacidad productiva de las empresas, la incorporación de Internet aceleró este cambio abriendo sus puertas a un mercado global. El presente, sin embargo, no es un punto de llegada. Hoy las empresas se encuentran ante un nuevo vuel- co, ante una auténtica revolución que les permitirá avanzar mejor.

Debemos tener presente que no sólo Google o Facebook han apare- cido en el escenario como proveedores de servicios en esta nube que

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llamamos Internet. En estos momentos, ya existen un gran número de compañías que facilitan a las empresas la posibilidad de disponer de un conjunto de servicios de procesado y almacenado de datos a través de la nube. Esto, por de pronto, les permite algo crucial: reducir significativamente los costes y mejorar su capacidad operativa.

Aunque estos cambios puedan parecer simples, tienen repercusiones de gran alcance. Potenciar la nube de Internet está suponiendo un verdadero cambio de paradigma y, como toda transformación profun- da, comportará nuevos retos ante los cuáles habrá sectores beneficia- dos y sectores que sufrirán las consecuencias.

Lo decíamos al principio: en los últimos quince años las cosas han cambiando mucho. Es cierto, yo entonces no disponía de Internet y al máximo que podía aspirar era a conseguir su número de teléfono.

Si tengo que ser sincero, fácil no lo fue. Tardé casi dos meses en poder quedar con ella por primera vez.

Y constato que yo, como muchos otros, a pesar de las diferencias con los recursos tecnológicos actuales, fui capaz de avanzar. Y si lo conse- guí fue seguramente porque el hecho de avanzar es el mismo ayer que hoy. Avanzar es vivir el presente con toda intensidad y aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Así pues, si nosotros como so- ciedad somos capaces de vivir con pasión y ponernos en movimiento, podremos beneficiarnos conjuntamente de los retos que van apare- ciendo y así escribir nuestro propio futuro.

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Parte I

Internet está

cambiando

la sociedad

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1. El mundo se está digitalizando

La web no sólo conecta máquinas, conecta personas.

Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web

La revolución tecnológica que en la actualidad estamos viviendo bien podría ser la más profunda de nuestra historia: está transformando de manera sustancial nuestra forma de entender las relaciones eco- nómicas y sociales. Los servicios convergen y pasan del mundo físico al mundo digital, siendo accesibles desde cualquier dispositivo, ya sea un teléfono, un iPad, un ordenador portátil o un televisor.

Según un estudio reciente realizado por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en 2002 la información digital de la humanidad superó por primera vez a la analógica (la que está almacenada en libros, documentos en papel o simila- res), y, desde entonces, el porcentaje de información digital ha seguido aumentando hasta alcanzar actualmente el 90% de toda la información almacenada.

Un hecho relevante es que, desde mediados de los noventa, la dismi- nución de los costes en hardware junto con la expansión de Inter- net, ha propiciado un punto de inflexión importante: la tecnología en nuestro hogar ha eclipsado a la tecnología de nuestros puestos de trabajo. Hace quince años, era complicado disponer de un ordenador portátil o de un teléfono móvil si no era por motivos laborales. Hoy en día, muchos de nosotros tenemos ordenadores y teléfonos móviles mejores que los que nos facilitan nuestras empresas.

Este cambio viene corroborado por el reciente estudio realizado por la IDC (empresa dedicada a la investigación de mercados), en el que se apunta que, en pocos meses, las ventas de dispositivos como Smartphones o Tablets superará las de PCs, a pesar de que las ventas de éstos no dejarán de crecer.

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Y esto se da especialmente entre las personas nacidas a partir de los años ochenta. Generaciones que han vivido la mayor parte de su vida en un mundo digital y que no entienden la tecnología sólo como una herramienta de trabajo. Se levantan con tecnología y se acuestan con tecnología. No acceden a las redes sociales únicamente a través de su ordenador, sino que es habitual que también lo hagan desde el móvil.

Colgar tus fotos al momento o compartir tu ubicación con el resto de usuarios, es un nuevo aliciente.

Según un estudio de Nokia realizado a principios de 2011, más de la mitad de los españoles ya acceden a Internet a través de su móvil.

Otro ejemplo: en julio de 2010 Facebook anunciaba que había superado los 500 millo- nes de usuarios y seguramente, en este mismo momento, ya hayan superado los 600 millones. Usuarios como los que durante el año 2010 generaron los miles de millones de tweets, entre ellos el mismo Carles Puyol. El propio Twitter reconoce como uno de los 10 micromensajes más poderosos del mundo el que envió el defensa del F.C.

Barcelona y la selección española en medio de la rúa de celebración tras la victoria de la Copa del Mundo: «Gran ambiente en la rúa!! Orgulloso de ver a tanta gente feliz», y adjuntaba una foto hecha con su móvil.

Fijémonos en cómo ha cambiado el uso del teléfono móvil. Hasta hace poco, en nuestro móvil teníamos nuestra agenda, contactos, no- tas, tareas o fotos, y, a lo sumo, lo conectábamos con nuestro ordena- dor para sincronizar la agenda o realizar una copia de seguridad. Hoy en día, aprovechando la conexión a Internet de los teléfonos móviles, no necesito sincronizarlo, sino que accedo directamente a mis datos almacenados ahora en la nube de Internet.

Lo relevante de todo esto es que nuestros datos ya no residen en nues- tros PCs sino en una Internet Global que coge entidad propia y se convierte en mucho más que una simple infraestructura de conexión:

es la plataforma que ofrece servicio a millones de dispositivos inteli- gentes conectados a la red.

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Empresas en la nube

Mis contactos ya no están en mi móvil, sino en Facebook o en Linke- dIn, mis fotos en Flickr y mis videos en Youtube. No necesito copiar mis datos del teléfono al PC, pues los tengo disponibles desde ambos dispositivos simultáneamente a través de las múltiples bases de datos que conforman esta Internet Global. Una Internet Global dinámica que va ofreciendo cada día nuevos servicios a los que nos podemos conectar de una manera simple a través de cada uno de los distintos dispositivos, ya sea un Smartphone, un iPad o el portátil de siempre.

Sin embargo, todo lo dicho hasta aquí es relativo principalmente al ámbito del ocio. La nueva Internet Global no sólo está teniendo impacto a nivel social sino que también tiene, y aún tendrá más, re- levancia a nivel económico y ambiental. Sin ninguna duda, el creci- miento de la economía en general está totalmente vinculado al desa- rrollo del sector de la informática. Las inversiones y aportaciones en este sector son claves para asegurar el aumento de la productividad en las empresas, la eficiencia en las administraciones públicas o el incremento de la calidad de vida de los ciudadanos, además de con- tribuir al aumento de la competitividad.

Según la Comisión Europea, las nuevas tecnologías son las respon- sables del 50% del crecimiento europeo e impulsan la innovación en todos los sectores de actividades económicas. Ciertamente, la Inter- net Global es el mejor instrumento para mejorar la economía de los países ante la globalización, estimulando la innovación, la creativi- dad y la eficiencia.

Llegados a este punto, me gustaría añadir una última consideración para cerrar este primer capítulo. Hasta ahora, la extensión de las tec- nologías informáticas ha contribuido a la transformación del tejido

Porque mi ordenador ya no es mi PC.

Ahora mi ordenador es la nube de Internet

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empresarial, avanzando en la optimización de los procesos producti- vos. A partir de ahora, con la transformación de la empresa analógica a la empresa digital a la que se le incorpora el factor Internet Global, aquello que va a cambiar son los procesos organizativos y las estrate- gias de comercialización. Sin entrar a valorar aún cómo esta Internet Global es fundamental para la sostenibilidad de nuestro planeta, in- fluyendo y modificando hábitos de trabajo o facilitando la reducción del consumo desmedido de materias primas o energías.

Avancemos un paso más: ¿nos hemos planteado nunca cómo se hace realidad esta Internet Global que va tomando vida pro- pia? ¿Qué se requiere para sostenerla? ¿Cuáles son los retos y las oportunidades que pueden surgir? Indudablemente, conocer ciertos detalles de todo este proceso es esencial para compren- der la transformación que está sufriendo la manera cómo interac- tuamos y, particularmente, la manera cómo hacemos negocios.

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2. Del movimiento físico al movimiento de información

Quien quiera ser alguien en el futuro de la comunicación, que vaya pensando en abandonar el papel.

Enrique Dans, profesor IE Business School

La Internet Global puede contribuir a configurar modelos de nego- cio y estilos de vida que no requieran un soporte o una presencia física. Esto es lo que se conoce por desmaterialización: reducir el número de objetos materiales que es necesario producir y que se pueden substituir por un equivalente virtual.

Un ejemplo de ello son los periódicos on line. A principios de 2011 aparecía el primer periódico diseñado exclusivamente para tablets tipo iPad. El usuario podía tener actualizada la información automá- ticamente varias veces al día, a la vez que se aprovechaba al máximo las funciones multimedia de este tipo de dispositivos. El magnate de la comunicación y propietario de dicho periódico, Rupert Murdoch, apelaba a la reducción de costes en impresión y distribución.

Otro caso parecido es el de las facturas y los recibos, que ya en mu- chos casos preferimos no recibir físicamente en casa y optamos por consultar, sólo si lo consideramos oportuno, a través de las páginas digitales de las respectivas entidades bancarias.

El objetivo de fondo es eliminar el papel que, con la explosión de in- formación que actualmente estamos viviendo, ha empezado a causar problemas, no solamente económicos, a las empresas. De hecho, la necesidad de digitalización de la documentación surge ante la difi- cultad de almacenar toda la documentación económica y financiera que las empresas, por ley, deben conservar. No sólo debemos tener en cuenta el coste que supone para una empresa mantener los grandes

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archivos en formato papel sino también todo el coste derivado de los procesos de duplicación, que en un formato digital, en cambio, son prácticamente nulos.

Pero no sólo el papel, cada día hay y habrá más servicios que irán desapareciendo del mundo físico y pasarán a estar disponibles exclu- sivamente en la red. Si hasta hace relativamente poco, cuando adqui- ríamos contenido digital o software lo recibíamos en un soporte tipo CD o DVD, actualmente en cambio viene siendo normal y aceptable descargarse simplemente los ficheros necesarios a través de Internet.

Y esto significa que la Internet Global es una de las mejores oportuni- dades de desmaterialización de las que disponemos, ya que cada vez ofrece mejor calidad de servicio y una mayor conectividad.

Esta misma desmaterialización la encontramos aplicada a las personas cuando en distintos tipos de actividades u operaciones ya no se requiere de nuestra presencia física. Por ejemplo, lo que se conoce por teletra- bajo, actividad profesional que se desarrolla en un puesto diferente del que ocupa la organización para la que se trabaja. Aprovechando la In- ternet Global, especialmente en ese tipo de actividades que conllevan una importante gestión de información, evitamos los desplazamientos de los trabajadores, haciendo posible una disminución de la congestión del tránsito o una redistribución de la población. Con la integración de procesos tecnológicos, procesos humanos y procesos on line, la imple- mentación de un puesto de trabajo virtual disminuye sustancialmente los costes. Así, la sede de trabajo no necesitará estar ubicada en ningún sitio físico concreto, ya que gracias a la Internet Global hablaremos de puestos de trabajo virtualizados, desde dónde los trabajadores podrán interactuar entre ellos independientemente de su ubicación real.

Una variante del teletrabajo es lo que conocemos como teleconferen- cia, un sistema de comunicación que permite mantener reuniones colectivas entre varias personas que se encuentran en sitios diferen- tes. Los costes que se evitan, tanto económicos como de tiempo, de- rivados de los desplazamientos son importantes, especialmente en

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aquellas corporaciones internacionales que, hasta hace poco, tenían a una serie de personal recorriendo las distintas sedes.

Y podríamos seguir enumerando infinidad de nuevas realidades don- de la presencia física se ha sustituido por un acceso a través de la In- ternet Global. Son todas ésas que recientemente han empezado a de- nominarse «e-*»: e-government, e-commerce, e-health, entre otras.

A modo de ejemplo, ahora ya en Sanidad hay una integración digital de la gestión de recetas, historiales clínicos u otros. O existen varios ejemplos de telemedicina (e-health) que permiten trasladar los servicios asistenciales a casa del paciente o entre hospitales. Todo ello reduciendo, evidentemente, los costes médicos y mante- niendo, o incluso aumentando, la eficiencia y la eficacia del servicio.

Hasta ahora hemos visto cómo la Internet Global induce a la eficien- cia por el mero efecto de la sustitución, de haber pasado del movi- miento físico al movimiento de información. Pero también permite a otros sectores optimizar sus procesos reduciendo los recursos reque- ridos para hacer una misma actividad. Es el caso del sector energé- tico, el transporte o la industria en general. En el sector energético, como veremos detalladamente en el capítulo 11, podemos observar cómo se aplican procesos más inteligentes en las redes de distribu- ción de energía para reducir las importantes pérdidas que venían ocurriendo. En el transporte de mercancías ya se está aplicando las ventajas ofrecidas por la Internet Global para disminuir la cantidad de kilómetros recorridos por carretera, optimizando rutas, mejo- rando la planificación de flotas de transporte o la consolidación de mercancías. Lo que supone, todo ello conjuntamente, una innegable reducción de los gastos y una manera de hacer más competitivas las empresas.

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3. La transformación de la sociedad y de los negocios

Es difícil dar una noticia en primicia, siempre hay alguien que lo ha hecho público antes a través de Twitter.

Marc Melillas, periodista y director general Xarxa Audiovisual Local

La nueva Internet Global está provocando una profunda transfor- mación en la estructura económica, social y cultural occidental, inci- diendo en casi todos los aspectos de nuestra vida: en el mundo labo- ral, manifestándose en la empresa, en la economía, en la sanidad, en el diseño o en la burocracia administrativa; y en lo social y cultural, haciéndose patente en nuestras relaciones personales o en nuestros sistemas de información, educación, comunicación y ocio. Es indu- dable que ocupa y ocupará un papel central en nuestra vida, a pesar de que aún no somos conscientes de ello plenamente.

Aunque a nivel general en este libro nos vayamos a centrar en su ver- tiente más económica, en este capítulo ahondaremos un poco en esa magnitud social y cultural de la Internet Global que está afectando a aspectos fundamentales para la evolución de la sociedad, como son la democratización del acceso a la información o la reducción de las di- ferencias derivadas de circunstancias geográficas. En ambos casos se trata de dos hechos que aumentan las garantías para la igualdad de oportunidades. Las habituales restricciones del espacio y del tiempo han cambiado en pocos años, haciendo a la sociedad en general más consciente de todo lo que sucede, tanto a nuestro alrededor como en la otra punta del mundo.

Un ejemplo claro de cómo la tecnología impulsa los cambios sociales es el caso de Túnez a principios de 2011. En el desarrollo de la revolución tunecina hubo una amplia variedad de factores, pero sin lugar a duda, uno de ellos fue el papel que Internet tuvo en la explosión y coordinación de las revueltas. Las redes sociales, desde Twitter

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a Facebook pasando por YouTube, fueron cruciales para dar a conocer en tiempo real lo que estaba sucediendo en un país dónde la prensa estaba fuertemente amordaza- da. Ciertamente, la Internet Global por sí sola no provoca revoluciones, pero puede convertirse en un desencadenante de las mismas gracias a la rapidez y eficiencia con la que esta tecnología permite distribuir la información on line, ya sea a través de video o de mensajes de texto.

En el caso de Túnez, la Internet Global posibilitó la coordinación entre las personas, incrementando la efectividad y la eficiencia de su lucha, al mismo tiempo que per- mitió emitir información al exterior, dando publicidad de los acontecimientos a la sociedad occidental. Después de esos hechos, todos fuimos testigos de lo que pasó en los países vecinos. Fue la primera revuelta globalizada en cuanto a información, dónde, a diferencia de lo que venía sucediendo, no fueron los medios de comunica- ción los que informaron a la gente, sino que la información la recibimos de los miles de testimonios que nos la suministraban en directo.

Por otro lado, también el mundo de los negocios se está transforman- do a gran velocidad. La desmaterialización ya ha revolucionado dis- tintos sectores de negocio, y, en algunos, incluso ha acabado con un modelo que venía funcionando durante años. Un ejemplo conocido es el mundo de la música, en el que, hasta hace poco, las discográficas controlaban toda la cadena de producción, desde el autor hasta el consumidor. Internet ha puesto fin a este negocio con el solo hecho de hacer prescindible el soporte físico del CD, dejando sin sentido el rol que jugaban todos los intermediarios. Tiendas como iTunes de Apple han pasado a sustituir a las discográficas en la distribución de la música.

No es simplemente que haya cambiado la manera de vender cancio- nes, sino que Internet ha convertido la música en un servicio más.

Esto es lo que nos ofrecen empresas como Spotify: toda la música del mundo a un precio determinado sin tener que comprarla ni alma- cenarla. Ahora lo más importante ya no es poseer la música, sino el acceso a las piezas que uno quiere escuchar. De hecho, la situación es más parecida a la de ir a un concierto de música en directo, en el que

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hemos adquirido el derecho a acceder al comprar la entrada. Pero esto en cualquier momento y desde cualquier sitio, sin la necesidad de que, realmente, haya en ese momento un concierto. Y lo mismo ocurrirá con toda la producción audiovisual, que ya no se verá desde el televisor a las horas establecidas sino desde cualquier dispositivo electrónico o incluso a través de las redes sociales, y sólo cuando a nosotros nos apetezca.

Ahora bien, como explica Josep Valor, profesor del Instituto de Es- tudios Superiores de la Empresa (IESE) y experto en la materia, no se trata de que no se continúe creando valor, lo que ocurre es que cambian los protagonistas que lo capturan. Desaparece la posibili- dad de cobrar por un plástico con música grabada, pero la música, en sí misma, continúa generando valor.

Tomamos uno de sus ejemplos: el cantante Bon Jovi, quién en la gira de conciertos de 2010 lo vieron en directo 1,6 millones de fans, consiguió una entrada de 146 mi- llones de dólares, de los cuáles el grupo se quedó aproximadamente la mitad. Si lo comparamos con el disco más vendido del mismo Bon Jovi, que es Slippery when wet del año 1986, que ha tenido 28 millones de copias vendidas, los ingresos acumulados que ha supuesto para el grupo son de 30 millones de dólares. Paradójicamente, el álbum The circle, que es el que da contenido y nombre a esta última gira, es uno de los más descargados de la red. Y seguramente ha sido uno de sus mejores reclamos para su concierto.

Pero la desmaterialización no sólo afecta a este sector, sino a un gran número de ellos. Tomemos ahora el ejemplo del mundo editorial. Lo que más ha aumentado en ventas en este sector son los libros elec- trónicos en plataformas como Kindle, de Amazon, el Sony Reader o el mismo iPad.

Un indicador: el año 2010, las ventas de libros electrónicos a través de Amazon, que actualmente es el distribuidor más grande de libros del mundo, ya fue superior a la venta de libros impresos.

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Como apunta Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa (IE) especializado en el tema, lo que ha ocurrido con la música terminará ocurriendo también con los libros o con otros muchos sectores: van a desaparecer gran parte de los intermediarios como mayoristas, mi- noristas y distribuidores; todos ellos víctimas de lo que se conoce como la desintermediación de la economía en Internet y que está transformando toda la industria cultural.

Una industria cultural que se resiste, ya que aún no ha encontrado los nuevos modelos de funcionamiento y, de momento, trabajan para blindar su status quo a partir de leyes cuya consolidación se prevé difícil. Y es que el cambio de paradigma parece inexorable, a pesar incluso de lo que se ha llamado la Ley Sinde, cuya tramitación, más que su contenido, ha puesto de manifiesto que hay dos universos di- ferentes en la sociedad: el de aquellos que viven en lo digital y el de los que viven en lo analógico; y la distancia entre ambos es cada vez mayor.

No vamos a entrar más en detalle, ya que escapa al ámbito de este texto, pero me permito terminar esta parte introductoria del libro con una interesante reflexión del escritor Juan Gómez-Jurado que viene a mostrar que, una vez más, la sociedad civil marcará los cam- bios:

Nadie llega a crear nada que merezca la pena sin haberse empapado de los que soñaron antes que él. Alejandro Sanz, en ese barrio obrero de Moratalaz que nos vio nacer a Penélope Cruz, a él y a mí, tuvo que copiarse muchas casetes en su adolescencia, igual que yo me sentaba en un rincón en la FNAC de Callao los sábados por la mañana y leía por la cara decenas de novelas que me han ayudado a ser el escri-

Indudablemente, estamos en el centro de un gran cambio y, todo aquello susceptible de ser digital, cambiará

necesariamente su modelo de distribución

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tor que soy. Vivimos el advenimiento de un cambio de modelo que está dando como resultado la era más luminosa de la humanidad, y ahora mismo hay centenares de adolescentes en nuestras calles que llevan dentro de sí el potencial para ser los cantantes, los escritores y directores del mañana. Ellos también están descargando. No paréis nunca de hacerlo, ni de soñar. Y a quienes soñamos primero, os digo:

dejad de tener miedo y abrazad el futuro de una vez por todas.

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Parte II

Internet, hoy

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4. Un nuevo paradigma de computación

La red es el ordenador.

Scott McNeally, cofundador de SUN Microsystems

Breve historia de los orígenes del Cloud Computing

Seguramente, toda reflexión sobre la informática requiere de un preámbulo sobre sus orígenes para situar al lector. Habitualmente se hace un recorrido de su historia a partir de la evolución tecnológica que ha permitido avanzar en el sector y se habla de generaciones. Sin embargo, esta opción no siempre permite captar las implicaciones que algunos de estos cambios han tenido, debido, básicamente, a la rapidez con que se han producido. Adoptaremos ahora una visión aparentemente más simplificada pero que nos permitirá observar como los diferentes cambios ocurridos han propiciado diferentes paradigmas de computación.

La informática es una disciplina muy joven si la comparamos con el resto de ingenierías. Sus orígenes se remontan no más allá de la mi- tad del siglo pasado, con grandes nombres como John von Neumann, quien ideó el modelo de estructura que debe tener un computador y que todavía está vigente hoy en día.

Los primeros ordenadores funcionaban con válvulas, similares a las bombillas de ahora, y su uso era exclusivamente para el ámbito cien- tífico y militar. La programación se hacía directamente en los propios circuitos de las máquinas. Ya a finales de los cincuenta aparecieron los transistores y también los primeros ordenadores que permitían una cierta programación a través de interpretar instrucciones de len- guajes como Fortran.

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Antecedentes del Cloud Computing

COMPUTACIón CEnTRALITzADACLIEnTE sERVIDORCLOUD COMPUTIng

Principio de los 50

Mediados de los 60

Primeros ordenadores en ámbito militar y científico

Implantación de los mainframes en las empresas Principio de los 80

Mediados de los 90

Aparición de los ordenadores personales y las redes locales

Llegada de Internet a la empresa Principio de los 10

Adveniminto del Cloud Computing

Pero no fue hasta mediados de los años 60 que la informática cruzó el hábitat de la investigación para entrar progresivamente en el ám- bito de los negocios. En aquellos momentos, la informática se basaba en grandes ordenadores ubicados en centros de proceso de datos de las empresas. Unos ordenadores muy costosos que eran compartidos por muchos usuarios y gestionados por los nuevos departamentos de informática.

Inicialmente, se programaba con tarjetas perforadas por unas má- quinas parecidas a las máquinas de escribir, y que el ordenador leía con un lector de tarjetas similar a los contadores de billetes que tienen los bancos. El resultado de la computación normalmente era impreso sobre papel a través de unas impresoras conectadas a estos ordenadores centrales. Más tarde ya vino lo que se llamaban

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terminales, con una pantalla y un teclado para cada puesto de tra- bajo, y que estaban conectados a un ordenador central, llamado mainframe. Varios usuarios a la vez ya podían interaccionar con el ordenador central a través del teclado y podían ver los resultados por pantalla. Todo un avance.

Fue hacia el año 80 cuando llegó lo que se conoce por PC (Personal Computer) u ordenadores personales. Los ordenadores dejaron de ser un producto extremadamente caro, haciendo posible que la informá- tica llegara al alcance de pequeñas y medianas empresas, e incluso de particulares. Ahora, las empresas podían disponer de tantos PCs como fuera necesario para soportar las diversas aplicaciones y eso hizo que terminaran teniendo una serie de máquinas distribuidas por varios departamentos que gestionaban diferentes aplicaciones.

Empezaba a surgir un nuevo paradigma llamado cliente-servidor.

La arquitectura de estos sistemas era muy diferente de la del modelo de computación centralizada que había habido hasta entonces y no requería tampoco la misma inversión económica.

En ese momento, lo más habitual era que cada uno de los PCs sólo se dedicara a dar servicio a una sola aplicación. Los usuarios se co- nectaban directamente a través del propio teclado y pantalla o bien a través de PCs que estaban conectados por una red local. Es relevante que estas máquinas que actuaban de servidores, teniendo en cuenta que no eran compartidas por muchos usuarios, estaban claramente infrautilizadas, sólo aprovechándose entre un 10% o un 20% de su capacidad máxima.

Aunque podríamos considerar que la infraestructura de Internet, como hoy en día la conocemos, nació a mediados de los años 80 cuan- do la comunicación entre ordenadores en red pasó a ser a través del protocolo llamado TCP / IP (desarrollado por Vinton Cerf), no fue hasta mediados de los años 90 cuando realmente las empresas co- menzaron a usarlo. Las aplicaciones seguían utilizando el paradigma cliente-servidor pero ahora la diferencia estaba en cómo accedían al

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servidor: si hasta entonces lo hacían desde un PC cliente conectado a una red local, a partir de entonces lo empezaron a hacer a través de aquella nueva infraestructura llamada red Internet.

Desde ese momento, los servidores comenzaron a recibir una carga de trabajo muy superior a la que soportaban hasta entonces y se em- pezaron a requerir unas máquinas con una capacidad y fiabilidad también muy superior. Esta nueva necesidad hizo que se empezaran a construir servidores más potentes, tanto en lo referente al hard- ware como el software. Es cuando aparecieron webs como Yahoo, Go- ogle o Amazon, que daban servicio a un amplio abanico de usuarios que se conectaban desde cualquier lugar del mundo con el propósito de buscar información, comprar o simplemente navegar. Es en este periodo cuando nace lo que se ha llamado Web 2.0, donde los usua- rios ya no sólo son consumidores de información sino que también son productores de una información que ahora puede ser consumida por el resto de personas a través de la red Internet. Es el momento de los blogs, las wikis y el inicio de las redes sociales.

Pero la explosión de los dispositivos móviles de los últimos años, acompañado de la previsible aparición de un gran número de nue- vos dispositivos con sensores que estarán conectados a Internet para interactuar con él, ha evidenciado el agotamiento del paradigma cliente-servidor. La computación basada en este modelo no está preparada para que los servidores puedan soportar crecimientos re- pentinos y sobrevenidos de peticiones de clientes que se conectan a través de estos millones de nuevos dispositivos móviles. Se requiere que un gran número de potentes servidores aparezca para dar servi- cio a una infinidad de usuarios que se conectan desde cualquier tipo de dispositivo.

Ahora, sin embargo, estos servidores ya no se pueden encontrar alo- jados en las empresas que han creado los programas informáticos o los servicios. Debe desplazarse toda la computación y almacena- miento de datos de sus servidores hacia algún lugar exterior donde

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puedan acceder fácilmente a través de Internet. Es lo que se conoce como Cloud Computing o informática en la nube de Internet. Esto permite que los consumidores, empresas o particulares, no tengan que preocuparse de la manera en que se provee el servicio que necesi- tan, haciendo más sencillo el consumo y la interacción de los recursos tecnológicos, desde cualquier lugar o dispositivo, creando una revo- lución en la manera en que los servicios, aplicaciones e información son consumidos.

Una analogía que se utiliza para explicar lo que representa esta nueva manera de proveer los recursos informáticos es compararlo con la manera de utilizar la energía eléctrica: simplemente conectamos los aparatos a la red eléctrica para hacerlos funcionar. No sabemos qué hay al otro lado del enchufe, ni si la energía es generada por medios eólicos o nucleares. Sólo sabemos que podemos hacer uso de un ser- vicio que está disponible. La informática pasa a ser un servicio más como la electricidad, el agua, el gas o el teléfono.

Un paso más en la externalización de la informática

La búsqueda constante de la eficiencia en la gestión empresarial per- sigue, desde hace tiempo, convertir la informática en una herramienta que no absorba los esfuerzos que deberían estar dedicados al núcleo de negocio de la empresa. Por eso, cada vez más, las empresas optan por subcontratar su gestión tecnológica y permitir así la concentración de todos sus recursos corporativos a lo esencial de su negocio. Es lo que conocemos por externalización: se trata de discernir cuáles son aquellas capacidades que hacen que una empresa tenga una ventaja competitiva respecto a las demás. Y todo el resto de tareas, incluida la gestión infor-

Este nuevo paradigma de computación permite que la tecnología digital penetre en cada rincón de nuestra

economía con un gran impacto

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mática, se delegan para que lo gestionen empresas el núcleo de negocio de las cuales sea precisamente éste. Cada uno debe hacer lo que sabe hacer bien.

Desde hace años, las empresas externalizan tareas de limpieza, mensajería, logística y, más recientemente, también parte de las ta- reas de los sistemas de información. Este fenómeno de externaliza- ción se puede dar en varios niveles en la informática. Desde aquella empresa que sigue conservando todas las aplicaciones y el hardware en su sede, pero delega su mantenimiento a otra empresa especia- lista, hasta otra empresa dónde sus aplicaciones son trasladadas a las instalaciones informáticas de una empresa suministradora que se encarga totalmente del funcionamiento de las aplicaciones. Por ello, se suele entender este nuevo paradigma de computación como una evolución de la externalización de los sistemas de información que permite adaptarse mejor a las necesidades de las empresas.

Como las empresas trabajan habitualmente en red entre proveedo- res, clientes y socios, y que además gestionan cada vez cantidades mayores de información, el modelo que plantea este nuevo paradig- ma se adapta perfectamente a las nuevas necesidades. El resultado es una externalización más a medida y más dinámica, permitiendo a las empresas diseñar su estructura tecnológica en función de sus necesidades reales y no a partir de suposiciones hechas a priori.

Los recursos, tanto de hardware como de software, se pueden ajustar a las necesidades de la empresa, ya que ésta sólo paga por la cantidad que realmente consume. Por tanto, el nuevo paradigma de computa- ción ofrece una clara mejora respecto a la externalización tradicional en cuanto a la estructura de costes y adaptación rápida a los cambios del mercado.

Algunas de las empresas que han hecho posible esta externalización son Amazon, Google, Microsoft o IBM, entre muchas otras, que ofre- cen recursos informáticos a través de la red de Internet. Empresas

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que ya han marcado un camino sin retorno que tiende a convertir la informática en un producto indiferenciado más: mientras se ajuste a las necesidades del consumidor, es indiferente quien la ofrezca. Y eso hará que sea aún mayor el potencial que tiene para transformar la economía y la sociedad en general.

Para explicar este proceso de externalización Nicholas Carr, polemis- ta especializado en tecnología, utiliza el símil de la electricidad que antes hemos mencionado. Ya hace más de un siglo que la electricidad dejó de ser una tecnología propietaria, usada sólo por unos cuantos, y pasó a estar disponible de manera generalizada y compartida por todos.

Hasta finales del siglo xix, las empresas invirtieron en generar su propia electricidad, primero con ruedas hidráulicas y posteriormente a partir de generadores de electricidad. Pero con el paso de los años, apareció la red eléctrica y su distribución se fue optimizando hasta que los costes bajaron de tal manera que, todas aquellas empresas que tenían generación propia de energía terminaron utilizando la energía de la red eléctrica para poder continuar produciendo com- petitivamente.

En aquel momento, la ventaja competitiva dejó de ser la capacidad de producir electricidad propia para convertirse en quién podía utilizar mejor la energía eléctrica. Este cambio fue un punto de inflexión im- portante. La electricidad barata dio forma al mundo tal como lo co- nocemos hoy, donde ésta fluye de los enchufes de nuestras paredes.

Carr sugiere que lo mismo ocurre ahora con los sistemas informáti- cos y la gestión de la información. Para él, la red eléctrica de entonces es la red de Internet de hoy. Y la electricidad de antes es la capacidad de procesar información a través de ordenadores de hoy. Es decir, durante años miles de empresas han visto la capacidad de procesar datos como una ventaja competitiva, realizando grandes inversio- nes en sistemas informáticos que permitieran optimizar su gestión

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interna, pero ahora, progresivamente, lo que era una ventaja es una necesidad común que se resuelve de una forma tan sencilla como conectándose a Internet.

En resumen

Esta nueva manera de externalizar la informática hace emerger

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un nuevo paradigma de computación.

Se trata de un hecho relevante en el sector si tenemos en cuenta

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que, en toda la historia de la informática, sólo encontramos dos más: la computación centralizada de los primeros mainframes y la computación cliente-servidor.

Curiosamente, este nuevo paradigma tiene una cierta similitud

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al modelo de los mainframes, donde también teníamos las apli- caciones y datos en un gran «ordenador» centralizado, pero aho- ra la llamamos Internet y los podemos utilizar desde todas partes.

Se puede constatar que, aproximadamente cada quince años, se

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ha producido un importante punto de inflexión en el mundo de la informática. Y ahora toca otro para responder a un conjunto de nuevas necesidades.

A partir de ahora, la ventaja no consistirá en tener un departamento de informática lleno de ordenadores que procesen los datos muy rápidamente, sino en saber cómo la empresa puede utilizar de la mejor manera posible este nuevo

abanico de servicios que tiene disponible a través de Internet

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5. Internet se ha industrializado

Creo que esta industrialización de los servicios acabará sien- do uno de los ingredientes clave de lo que los futuros histo- riadores terminen por identificar como el equivalente de la Revolución Industrial del siglo xxi.

Irving Wladawsky-Berger, presidente emérito de la Academia de Tec- nología de IBM

Proveedores gigantes

En el capítulo anterior, se ha observado como el Cloud Computing es, en cierto modo, un retorno a un modelo clásico de computación en el que la red de Internet y todos sus servicios conforman una nube de recursos que se puede equiparar a un gran mainframe de la primera época. Es decir, se está produciendo una transición de un modelo don- de cada empresa poseía sus aplicaciones y datos, hacia un modelo don- de los datos y aplicaciones de las empresas coexisten en unas nuevas plataformas compartidas, ofrecidas actualmente por grandes provee- dores que han sabido adelantarse dentro de un mercado innovador.

Todo el mundo sale ganando: el proveedor hace crecer un negocio próspero y los clientes pagan menos para ejecutar sus aplicaciones y almacenar sus datos. Los proveedores procuran conseguir que mu- chos usuarios de sus servicios estén haciendo exactamente lo mismo

Este nuevo paradigma se basa en la capacidad de los proveedores de ofrecer su servicio a un coste mucho menor al que tendrían los usuarios si tuvieran que proveerse de este

mismo servicio por ellos mismos

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y, de esta manera, el coste por usuario resulte mucho más bajo. Es así como pueden optimizar y mantener todos los componentes del Centro de Proceso de Datos (CPD), incluyendo el hardware y el soft- ware. Un ejemplo muy claro es el correo electrónico como servicio, que ya está diseñado y construido pensando en que tendrá millones de usuarios. Los CPDs que alojan estas aplicaciones han sido anali- zados con precisión para gestionar grandes cargas de trabajo y, por tanto, el coste por usuario puede ser una fracción de lo que sería si el usuario quisiera conseguir el mismo servicio por su cuenta.

Estamos hablando de grandes proveedores que disponen de centros de procesos de datos de miles de metros cuadrados, lo que les per- mite aplicar una economía de escala sin precedentes en cuanto a la compra y mantenimiento de sus servidores. Además, estas máquinas son usadas de manera extremadamente eficiente, aplicando innova- doras tecnologías de administración de recursos como pueden ser la virtualización, pero sobre todo, la estandarización y automatización de todas las tareas de gestión, consiguiendo minimizar los recursos humanos necesarios para hacer su mantenimiento.

Consumo energético de un CPD tradicional

De los diferentes aspectos que tienen en cuenta estos proveedores a la hora de optimizar costes, la gestión de la energía que realizan respecto a la de los CPD tradicionales es uno de los elementos que más compe- titivos los hace.

Un ejemplo real es el CPD de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) inaugu- rado en 2007. Este CPD da servicio a buena parte de los usuarios de la universidad, así como al resto de usuarios de Internet que acceden a servicios de la universidad.

Es un espacio diáfano, con hileras de armarios donde hay ordenados los servidores que contienen las diversas webs de la universidad, el correo electrónico de todos los alumnos, los sistemas de gestión académica y económica de los centros docentes, entre otras muchas cosas.

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CPDs como el del ejemplo son pequeños centros neurálgicos de In- ternet, formados por muchos ordenadores juntos que actúan de ser- vidores de datos y aplicaciones para los usuarios que los requieran. Y para poder hacerlo, los servidores deben estar las 24 horas del día en funcionamiento para que los usuarios de cualquier lugar del mundo se puedan conectar a cualquier hora del día o de la noche.

De todas formas, los verdaderos centros neurálgicos de Internet son aquellos CPDs de grandes compañías como Google. Sus CPDs pue- den ocupar una superficie equivalente a media docena de campos de fútbol y consumen la misma cantidad de electricidad que requieren los hogares de un distrito de una ciudad como Barcelona. En resu- men, Internet lo hacen realidad millones de ordenadores, alojados en miles de CPDs, repartidos por todo el planeta y que necesitan un gran consumo de energía para hacerlos funcionar.

Una parte importante de la energía que utilizan los CPDs es desti- nada a los potentes sistemas de refrigeración que requieren, ya que cuando los ordenadores están en funcionamiento generan calor. Si la temperatura de los ordenadores superara unos determinados um- brales, éstos comenzarían a fallar.

En el CPD de la universidad la temperatura se mantiene entre los 20oC y 22oC con un sistema de refrigeración mixto de agua y aire. Al tratarse de un CPD de construcción reciente, su sistema contempla que, durante los meses más fríos, se aproveche el aire fresco del exterior, una medida muy sencilla para que los equipos de refrigeración mejoren su rendimiento energético.

La eficiencia energética del sistema de refrigeración es muy impor- tante ya que, antes del 2007, buena parte de los CPDs gastaban tanto en hacer funcionar los ordenadores y demás dispositivos como en re- frigeración. Esto es, por cada Kwatt (1.000 vatios) gastado para hacer funcionar los recursos informáticos, eran necesarios 1.000 vatios más para hacer funcionar los sistemas de refrigeración y otros componen- tes de menor consumo como transformadores o humidificadores.

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Por tanto, la computación en los centros de proceso de datos tradi- cionales era una tarea muy ineficiente en términos energéticos. Ade- más, por el camino transcurrido desde la central eléctrica donde se genera la energía hasta la llegada al CPD, se estima que puede haber una pérdida derivada del transporte que puede llegar a un 10%. Es decir, tal y como se muestra en la figura adjunta, de cada 35 vatios generados por una central eléctrica, llegan aproximadamente al CPD 32 vatios y, de estos 32 vatios, sólo 16 son utilizados para hacer fun- cionar los servidores.

Consumo de energía en un CPD tradicional

CPD 32 Watts

50% 50%

refrigeración

hARDWARE DE sERVIDOREs

16 Watts

70% 30%

ventiladores, memoria, discos, etc.

CARgA DEL sERVIDOR

5 Watts

80% 20%

computación no usada

1 Watt

TRABAJO úTIL 35 Watts

Como ya se ha mencionado, el CPD de la universidad ya dispone de una tecnología de refrigeración más actual y, por este motivo, sólo se necesita dedicarle 690 vatios por cada 1.000 consumidos por los recursos informáticos. Uno de los elementos que con- vierte este CPD en más eficiente es precisamente los criterios energéticos tenidos en cuenta en su confección. Y no sólo por el sistema de refrigeración y ventilación men- cionado, sino también por medidas como la distribución de los servidores evitando la concentración de puntos de calor en la sala, o la misma ubicación de ésta en la planta subterránea del edificio. Aunque entonces parecía un sistema bastante eficiente, ya durante el mismo año 2007 se construyeron CPDs que le superaban. Uno de ellos muy cerca, en el mismo campus. Nos referimos al supercomputador Marenostrum.

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El Barcelona Supercomputing Center (BSC) había sido creado dos años antes y, dentro de la capilla que hay en la Torre Girona del campus norte de la UPC es donde, aún hoy, se hospeda el Marenostrum. El Marenostrum, que hasta ese noviembre había sido el más potente de Europa, ya forma parte de una nueva generación de supercomputa- dores que para abaratar costes fue construido con servidores estándares. Además, los servidores estaban más compactados físicamente y apilados ordenadamente en armarios. En cualquier caso, lo único que lo diferencia de un CPD normal es la red de interconexión entre servidores, más adecuada para el tipo de aplicaciones científicas que debe ejecutar. Pero a efectos de operación y consumo es el equivalente a un CPD con más de 2.500 servidores de 4 procesadores cada uno, es decir, más de 10.000 procesadores.

Aquí, por cada 1.000 vatios empleados para hacer funcionar los recursos informá- ticos, sólo se necesitan 300 vatios de media para refrigerarlos. En este caso, la me- jora de la eficiencia tiene un impacto económico importante dado que el supercom- putador consume alrededor de 1,2 megavatios y supone una factura de más de un millón de euros anuales. Si, por el contrario, este supercomputador hubiera tenido la eficiencia del sistema de refrigeración del CPD de la Universidad Politécnica, ten- dríamos cada año una factura del orden de 300.000 euros adicionales para hacer exactamente lo mismo.

Este ejemplo ha servido para mostrar la importancia de la refrigera- ción y la compactación del hardware para garantizar unos CPDs más eficientes a nivel, al menos, energético. Es por este motivo que, en los últimos años, se ha avanzado mucho en la construcción física de los CPDs, sector en el que ha habido mucha innovación y en el que, sin lugar a dudas, todavía se avanzará más.

Una de las tendencias actuales es poner los CPDs dentro de conte- nedores de tamaño estandarizado, como los que se pueden ver en los puertos industriales y que luego se distribuyen por tierra en camiones o trenes. Esta nueva manera de construir CPDs dentro de contene- dores representa una significativa reducción de costes y mucha más rapidez operativa por el solo hecho de poder ser premanufacturados y fácilmente trasladables gracias a su tamaño estándar.

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Además, estos CPDs tienen muchos menos requisitos de espacio una vez llegan a destino, ya que incluso pueden apilarse uno sobre otro.

Pero sobre todo, en cuanto a ahorro energético, suponen una mejora considerable con respecto a los costes derivados de la refrigeración.

Son contenedores que, aparte de los ordenadores, discos y compo- nentes de red, ya incluyen su propio sistema de refrigeración, y que cuando llegan a destino sólo les hace falta ser conectados a la red eléctrica y a la de Internet.

A modo de ilustración, si se pusiera en contenedores el supercomputador Marenos- trum, sólo se requerirían 113 vatios para refrigeración por cada 1.000 vatios de con- sumo para componentes informáticos.

Como se mostraba en la figura anterior, por cada 35 vatios generados en una central, el 10% se perdía en el transporte, llegando al CPD aproximadamente 32 vatios. De estos, la mitad se destina a refrige- ración. Así, los 16 vatios que finalmente quedan para alimentar los servidores, sólo un 30% de media se usa para generar capacidad de computación efectiva. El resto se utiliza para alimentar los armarios que mantienen las placas de servidores, ventiladores, memorias o discos. Este coste depende mucho del tipo de hardware y, actualmen- te, también se está trabajando para mejorar esta parte de pérdida.

Ahora bien, ¿qué pasa con la parte de energía que se destina a la computación efectiva?

Los grandes proveedores tienen otra herramienta muy potente para optimizar el uso de los recursos informáticos de sus CPDs, más allá de una buena optimización de la refrigeración y del hardware; es lo que se conoce por virtualización.

La virtualización de servidores

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