Incesto / pedofilia / violación : teorías del deseo y jurisprudencia = Incest / pedophilia / rape : theories of desire and jurisprudence

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(1)ITliana Rodríguez aller de Letras N° 47: 45-59, 2010. Incesto/pedofilia/violación: teorías deseo… issn del 0716-0798. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo y jurisprudencia. Incest/Pedophilia/Rape: Theories of Desire and Jurisprudence Ileana Rodríguez Iliana Rodríguez. Ohio State University rodriguez.89@osu.edu En este trabajo examino cinco posiciones sobre el incesto: (1) la psicoanalítica, que arguye que el tabú del incesto y el complejo de Edipo regulan lo social y constituyen la transición entre aparearse y hacer el amor; (2) la de Michel Foucault, que introduce la noción de consenso en las relaciones niño/adulto y aboga por sacar de circulación la figura del perverso y del monstruo de la legislación; (3) la de las filósofas feministas, que arguyen contra la noción de consenso en las relaciones entre adultos y niños porque esta posición apoya los derechos de los homosexuales no la de los niños; (4) la de la perversión, que arguye la relación entre poder, comunidad y eros e introduce la noción de agresión en las relaciones sexuales; (5) la cultural, que pone en escena las diferentes maneras de narrar el incesto. Palabras clave: incesto, pedofilia, violación, jurisprudencia, perversión, voyerismo.. In this paper I examine five positions on incest: (1) the psychoanalytic position that argues that incest taboo and the Oedipus complex are regulators of the social and constitute the transition between mating and lovemaking; (2) the Foucaudian position that introduces the notion of consensus in child/adult relationships and asks for the removal of the figure of the perverse and the monster from legislation; (3) the feminist philosophers of law position that argue against the notion of consensus for children cannot enter into contractual relations and legalizing adult/child relations helps homosexual’s rights, but not children’s; (4) the perversion position that argues the relationship between power, community and Eros and introduces the notion of aggression in sexual relations; (5) the position of culture that analyses the different ways in which incest is narrated. Keywords: incest, pedophilia, rape, legality, perversion, voyeur.. Recibido: 20 de agosto de 2010 Aprobado: 14 de septiembre de 2010. 45 ■.

(2) Taller de Letras N° 47: 45-59, 2010. Mi interés en el incesto (que considero a la vez como pedofilia y violación aunque sé que muchas teóricas los separan) se inició a partir de una historia muy bien contada que oí a una doctora que trabajaba en un dispensario para pobres en el barrio de Ciudad Sandino, uno de los más pobres de Managua, Nicaragua. Ella trabajaba para un organismo no-gubernamental financiado por españoles que atendían gratuitamente la población de esa localidad. Todos los días que caminaba hacia mi centro de trabajo, Ileanitá, me encontraba en la puerta de su casa a un hombre que sostenía a una niña de unos 5 años en su regazo. Ve, qué padre tan bueno, me decía yo; como esos no abundan en Nicaragua. Vos sabés como son los hombres aquí. Buenos días, lo saludaba yo con mucho placer al verlo tan cariñoso con su hijita. Un día me trajeron a la niña al consultorio con la vagina totalmente desgarrada, sangrando y en estado de shock. Me contaron que el hombre la levantó de sus dos brazos y se la ensartó en el pene desbaratándole todo el tejido vaginal y causándole un gran trauma a la criatura. Después de este evento, el cuento cambió. La doctora transformó al padre amable y amoroso en un hombre gordo detestable, grasoso, descamisado, la imagen misma de lo abyecto. Seguramente, pensaba ella, cuando sostenía a la niña en su regazo la manoseaba y, probablemente, al sentársela en su regazo la niña le provocaba una erección, hasta que un día la embistió con su pene, deshilachándole todo el tejido vaginal y dañándola de por vida. “Y fíjate, Ileanitá, que la niña pegaba gritos al ver entrar a cualquier hombre a la sala donde estaba hospitalizada. Y lo peor es que la madre de la niña se puso del lado del hombre y desdijo el hecho dejando a la criatura al abrigo de la solidaridad social”. Como todo relato oral, la historia de esta niña era contada con una gran agitación emocional producida, a mi ver, no solo por la instancia relatada sino por un sentido de rechazo y hasta se diría de rabia e impotencia social ante lo ocurrido. Quedé tan sorprendida por la historia como por la manera de contarla. El asunto de la historia era de abuso sexual y violencia contra la niña, acto inaugural que podría trazar no solo la genealogía de la continua violencia y agresión del hombre contra la mujer sino que, llevada al límite, hasta explicar su extremo drástico en el femicidio, que era uno de mis temas de investigación pasados. También me tomó por sorpresa el vuelco drástico del estilo. Si bien la historia seguía un patrón narrativo realista, en la medida que relataba un hecho presencial, mezclado con un poco de romanticismo que entrelazaba el afecto de padres e hijos, devino de pronto una historia de horror propia a las películas de ese género mezcladas con las de la pornografía –a la Demonlove. Como el incidente era narrado por una doctora en medicina que había atendido el caso y lo había reportado a la policía, el cuento inmediatamente sobrepasó lo íntimo y devino un asunto público bajo la jurisdicción de la ley, convirtiéndose por tanto, de inmediato, en un asunto forense, en un archivo policial. ¿Cómo era posible que una narrativa de afecto se transformara tan rápidamente en una de criminalidad?. ■ 46.

(3) Iliana R odríguez Ileana Rodríguez. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo…. Para responder esta pregunta consideré dos aproximaciones: una concerniente a la ley del deseo y sus límites, marcada por discusiones relativas a la heterosexualidad debatida por teóricas feministas y queer; la otra, la consideración judicial de los casos de incesto, pedofilia y violación que convocan la participación del Estado. Mi preocupación central era, primero, explicar si la tolerancia a expresiones atípicas concernientes a las neosexualidades en discusión, hoy trivializan el incesto, la pedofilia y la violación como un acto de ejercicio de poder heterosexual; segundo, si la introducción de la noción de consenso en las relaciones sexuales entre niños y adultos añade algo a la discusión sobre la pedofilia, el incesto y la violación; y tercero, si el abuso sexual es verdaderamente un “placer bucólico sin consecuencias” como argumenta Foucault, el gran forjador de la palabra con muchas de ellas a su mando, o un crimen1. *** El psicoanálisis define el incesto (la pedofilia y la violación) como la irrupción del deseo sexual masculino al centro de la estructura familiar. Este impulso siempre implica relaciones de parentesco y disparidades de edad, poder y conocimiento. Bajo esta luz, el incesto (la pedofilia y la violación) causan parálisis, desestructuran los procesos psíquicos de los niños y perturban profundamente la cadena edípica y narcisista. Esta perturbación, a su vez, deshilacha el tejido de la estructura familiar tanto como disloca el lazo social. Siguiendo el dictum de Lévi-Strauss, Jacques Lacan remarca que la prohibición del incesto (la pedofilia y el rapto en este trabajo también) “es aquella que al regular el lazo matrimonial sobrepone el reino de la cultura al de la naturaleza abandonada a la ley del apareamiento”2 (66)3.. 1 En. el texto de Vicky Bell encontramos una referencia a un debate de 1978 en el cual Foucault, Guy Hocquenghem y Jean Danet discuten si la relación sexual entre un adulto y un niño debe ser restringida por la ley. Estos tres escritores piden al Código Penal de Francia que remueva la ley que prohíbe la incitación de menores a ‘debuachery’ y criminalizaba la relación entre menores y adultos. Ver páginas 150 y 173. El punto que persigue la intervención de Foucault es hacer explícito el movimiento desde la teoría a la política, y desde una genealogía descriptiva a un estado moral prescriptivo. Aquí se nos recuerda que el discurso legal produce, mantiene y apoya, con conocimiento disciplinario, lo que se supone una división natural. Nos encontramos, entonces, con el debate naturaleza/cultura de Lévi-Strauss, mas en el otro lado de la línea divisoria, donde el argumento deja de ser el bien común y pasa a ser el control. Ver: Bell, Vicky. Interrogating Incest. Feminist, Foucault and the Law. London: Routledge, 1993. Ver también: Foucault, Michel. Politics, Philosophy, Culture. Interviews and other Writings 1977-1984. Trad. Alan Sheridan et al. New York: Routledge, 1988: 271-281. 2 Mi traducción. 3 Para Lévi-Strauss, el tabú del incesto es un hecho cultural aplicado a las relaciones de sangre que subrayan la transición de la naturaleza a la cultura. El instinto sexual es un intercambio a través del cual la naturaleza se manifiesta, así, la transición entre un orden estructural y otro ocurre en este dominio. El horror al incesto no está en la contigüidad sanguínea sino en la violación de las leyes de la paternidad. En ellas, la sangre desplaza a la sangre simbólica, común a todos los miembros del clan; y los efectos estructurales sobre la cultura y las relaciones sociales son los mismos que en el caso del tabú del incesto. Es por esta razón que la figura de Edipo es tan emblemática.. 47 ■.

(4) Taller de Letras N° 47: 45-59, 2010. Al borrar la frontera entre los miembros de una familia, el incesto, la pedofilia y la violación, atacan severamente la triangulación edípica que conecta el deseo a la ley simbólica y permite la emergencia de la alteridad. Al negar la exclusión de la escena primaria, el sujeto queda atrapado en ambigüedades sociales y subjetivas que le impiden una exitosa negociación de la pulsión edípica, tal como los procesos de diferenciación, separación e individuación. Es aquí, precisamente, donde el complejo de Edipo marca los límites de aquello que, desde el punto de vista de Lacan, “el sujeto puede conocer de su participación inconsciente en el movimiento de las complejas estructuras del lazo matrimonial, al verificar los efectos simbólicos en su existencia individual de los movimientos tangenciales hacia el incesto (pedofilia y violación) que se han manifestado en sí mismas desde el advenimiento de una comunidad universal” (66). La perspectiva psicoanalítica nos enseña que el incesto es un tipo de relación omnipotentemente narcisista donde el afecto dominante es el odio4. El padre incestuoso que usa el cuerpo de su hija para obtener un tipo de. 4 Este. tema tiene que ver con cuestiones relacionadas a identificaciones primarias y secundarias y agresiones. Una identificación primaria se refiere a la etapa del reflejo, cuando los humanos logran identificar su propia imagen en el espejo. Esta es primaria porque está en la base de otras funciones como la energía expresada en la alegría incluso cuando al infante le falta capacidad motora. Una tensión entre lo psicológico y lo biológico y la unión indisoluble entre ambos se vuelve evidente. De esta tensión podemos evidenciar una fractura en el corazón del impulso que explica la agresividad, la falta de la habilidad motora que interfiere con la alegría. Ahora es más fácil comprender la afirmación inicial de Lacan con respecto al yo y al otro, al ser en el otro, ser en la imagen, al conocimiento como malinterpretación, y lo real como imaginario. Estos procesos se mantienen en otras etapas del desarrollo, desde el destete, a la fase de Edipo, la pubertad, la maternidad, etc. El meollo del asunto, para nosotros, es la transición del deseo libidinal a la escoptofilia y la erotogenización sexual. Como un objeto libidinal, la madre es la línea divisoria entre la prohibición del incesto y la objetivación del sujeto. La prohibición del incesto permite dicho proceso. La función de la madre es servir de pivote, transformando la prohibición y el deseo en la ley del padre. Esto involucra agresividad. Presento, aquí, un pasaje clave para entender este proceso: Through [Melanie Klein] we know the function of the imaginary primordial enclosure formed by the imago of the mother’s body; through her we have the cartography… of the mother’s internal empire, the historical atlas of the intestinal divisions in which the imagos of the father and brothers (real or imaginary), in which the voracious aggression of the subject himself, dispute their deleterious dominance over her sacred regions. We know […] the persistence in the subject of this shadow of the bad internal objects, linked with some accidental association […] Hence we can understand by what structural means the re-vocation of certain imaginary personae, the reproduction of certain situational inferiorities may disconcert in the most strictly predictable way the adult’s voluntary functions: namely, their fragmenting effect on the imago of the original identification. (Lacan 20-21) Interno significa, aquí, la experiencial intrauterina. Lacan plantea que “with the infants (pre-verbal) stage of early childhood, the situation of specular absorption is permanently tied: the child observed, the emotional reaction (pale), and this reactivation of images of primordial frustration (with and envenomed stare) that are the physical and somatic coordinates of original aggressivity” (20). Además, “[i]t is this captation by the imago of the human form…which between the ages of six months and two and a half years, dominates the entire dialectic of the child’ behavior in the presence of his similar. During the whole of this period, one will record the emotional reactions and the articulated evidences of normal transitivism. The child who strikes another says that he has been struck; the child who sees another fall, cries” (19).. ■ 48.

(5) Iliana R odríguez Ileana Rodríguez. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo…. placer sexual, la niega como persona diferente de sí mismo. La consecuencia es la construcción de una enredada tela de araña de identificaciones, proyecciones, introyecciones y reflexiones especulares por parte de la niña, demasiado complejas para ser diferenciadas y significar algo concreto, pero suficientemente fuertes como para enloquecerla. En nuestra escena inaugural, la negación materna de la percepción de la niña desbarata su entera red de significación, arruga tempranamente su rostro e instala el miedo y el susto en sus ojos. Aquí cito un buen ejemplo de esta confusión tomada de Lacan que dice lo siguiente: Conocemos de hecho las devastaciones que una filiación falsificada puede producir, llegando hasta la disociación de la personalidad del sujeto, cuando las prohibiciones del entorno se usan para sostener una mentira. Pueden ellas no ser menores cuando, como resultado de que un hombre, habiéndose casado con la madre de una mujer con la cual ha tenido un hijo, el hijo tendrá como hermano un niño que es el hermano de su madre. Pero si este último es adoptado –y el caso no es inventado– por la afable pareja compuesta por la hija de su padre en previo matrimonio y su esposo, él mismo se encontrará de nuevo con un medio-hermano de su madre substituta, y uno puede imaginarse la complejidad de sentimientos con las cuales él esperará el nacimiento de un niño que será en esta situación recurrente su hermano y su sobrino al mismo tiempo. (67)5. Estas citas hablan abundantemente de la falta de diferenciación entre el yo y el otro, de la función estructuradora que posee el estadio del espejo como una metáfora extendida que involucra al niño y a su universo. Si el estadio del espejo es amor propio y placer, “unidad ideal” e “imagen saludable”, es también amor y placer en el otro; a la vez que ‘it is invested with all the original distress resulting from the child’s intra-organic and relational discordance during the first six months, when he bears the sign, neurological and humoral, of a physiological natal prematuration” (19). El imperio interno (prenatal) está poblado de imagos de “rivales”, “reales o virtuales”, “objetos internos malvados”, sombras, fantasmas. Todo esto será re-evocado y reproducirá “cierta inferioridad situacional”. El estrés y la incomodidad vienen junto con la presencia del otro, por lo tanto estructuran la defensa/agresión. Thus the aggressive reaction is seriated in a continuous manner, from the sudden, unmotivated outburst of the act, through the whole gamut of belligerent forms, to the cold war of interpretive demonstrations paralleled by imputation obnoxiousness which, not to mention the obscure kakon to which the paranoia attributes his alienation from all living contact, rising in stages from a motivation based on the register of a highly primitive organicism (poison), to a magical one (evil spells), a telepathic one (influence), a lesional one (physical intrusion), an abusive one (distortion of intention), dispossession (appropriation of secrets), a predatory one (violation of intimacy), a juridical one (prejudice) a persecute one (spying and intimidation), one involving prestige (defamation and attacks on one’s honor), and revenge (damage and exploitation). (17) 5 “We know in fact what ravages a falsified filiation can produce, going as far as the dissociation of the subject’s personality, when the constraint of his entourage is used to sustain the lie. They may be no less when, as a result of a man having married the mother of the woman of whom he has had a son, the son will have for a brother a child who is his mother’s brother. But if he is later adopted–and the case is not invented–by the sympathetic couple formed by a daughter of his father’s previous marriage and her husband, he will find himself. 49 ■.

(6) Taller de Letras N° 47: 45-59, 2010. Los periódicos nicaragüenses reportan un ejemplo similar cuando “el padre se casa con su hijastra, el abuelo con su nieta y al final, el autor del cuento termina siendo su propio padre”6. De aquí se colige que el abuso físico no es el único trauma infligido en la niña. También lo es el terror provocado por la evidencia de los deseos y necesidades del padre adulto y por la substitución de su pasión por la ternura. La personalidad de la niña no está todavía suficientemente consolidada como para comprender o protestar tales cambios en las reglas del juego. Para no hablar ya de la fuerza de la autoridad del adulto que la obliga a ceder, a olvidarse por entero de sí misma y a identificarse con el agresor, a introyectar la culpa del adulto sin comprender por qué. Una seducción traumática no es una seducción sexual, fuente de vida, creadora del lazo social sino una persecución que aniquila. Erotizar la situación es ocultar la dimensión tanática. Esta es en breve la aproximación psicoanalítica. Veamos ahora a la aproximación jurídica. Los debates legales sobre el incesto giran en torno a la definición de incesto/pedofilia como una violencia física y psíquica cuyo modelo es la violación7. Los que se oponen a esta idea arguyen que desear a alguien más joven no es un deseo anormal. Para ellos, el trabajo sociológico empieza con el problema del control y mantenimiento del orden social para entender la producción de la desviación como delincuencia. La ley ha estado siempre implicada en la demarcación de fronteras entre la normalidad y la anormalidad de todo tipo, para establecer normas que castiguen los extremos. Aun más, la verdad para la ley se basa en el método que establece el estado legal del conocimiento y autoriza al personal legal como expertos. Ocasionalmente, la ley cede a otras formas de conocimiento y abre la puerta para que ellas ejerzan su peso sobre una decisión legal, pero la interpretación de tal conocimiento es siempre traducida a términos legales. El poder de la ley reside en su habilidad de establecer el conocimiento psicológico como acceso a la verdad, a la interpretación de los hechos, y alcanzar lo que tradicionalmente no es un discurso legal. Las psicólogas feministas que defienden la prohibición del incesto y cuyo punto de partida es la naturaleza de la sexualidad infantil que la ley protege, han sido responsables de la creación del ‘monstruo’ definido como aquellos que desean sexualmente a los menores de edad. La tendencia no es solo a fabricar un tipo de crimen que implica la relación sexual adulto/niña-o, sino a calificar a un segmento de la población, definido mediante esos deseos y tendiente a gozar de esos placeres como perversos o monstruos. Aquellos opuestos a esta visión desean despenalizar la relación sexual adulto/niña-o y distinguir el viejo del nuevo lenguaje para hablar de esas cosas. Argumentan que mientras. once again the half-brother of his foster mother, and one can imagine the complex feeling with which he will await the birth of a child who will be in this recurring situation his brother and his nephew at the same time” (Lacan 67). 6 Montoya, Oswaldo. “¿Por qué el abuso infantil es noticia?” El Nuevo Diario. 25 Mar. 2008. (Artículo publicado en el “Informe de Monitoreo 2006 sobre Niñez y Adolescencia en la Prensa Escrita Nicaragüense” – Centro Dos Generaciones). Save the Children es Miembro del Movimiento contra el Abuso Sexual. Hablemosde.abusosexual@gmail.com 7 Véase Vicky Bell.. ■ 50.

(7) Iliana R odríguez Ileana Rodríguez. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo…. el viejo lenguaje niega el deseo del niño, el nuevo permite el establecimiento de la noción de consenso, y elimina, así, el concepto de perversión. Para Linda Williams, lo perverso No es […] el extremo de la violencia ocurrida o soportada para obtener placer, sino más bien la manera en la cual la violencia, la agresión, y el dolor vienen a ser vehículos para otros fines –para poner en escena dramas de suspenso, súplica de abandono y alivio que aumentan o substituyen el acto sexual […] [E]l aspecto distintivo de la sexualidad perversa, tal y como es definida por Freud, es la manera de no finalizar con el coito, su falta de subordinación a metas genitales o descargas o “fines-placenteros”. (195)8 Las científicas sociales feministas argumentan que no es la prohibición del incesto, sino el incesto mismo lo que proporciona las claves para el entendimiento de las estructuras sociales y culturales. Ellas combaten fuertemente la introducción de la noción de consenso para absolver las relaciones sexuales entre adultos y menores, y demuestran la posición aporética de una discusión que empieza argumentando la ley como poder y después aboga por el establecimiento de leyes que, vía consenso, eliminen la criminalización de la sexualidad niño/adulto como perversión. Las feministas reconocen que el meollo de la cuestión es la eliminación del deseo masculino puramente como heterosexual. No obstante, reclaman que una vez que los obstáculos para las relaciones sexuales adulto/niño sean removidas, el amor homosexual será el ganador; y esta, más que una victoria a favor de los derechos humanos, es una derrota de los derechos de los niños, porque la legislación que protege a los niños no castiga a los niños; castiga a los adultos perpetradores. Si la noción de consenso en las sexualidades adulto/niño-a se introduce como ley, los perpetradores mismos serán liberados –y esto constituirá una victoria legal más para los hombres en el terreno de la sexualidad y de la ley. Aun más, la noción de consenso sobre la cual la sexualidad adulto/niño-a se predica está fuera de lugar porque los menores de edad no están en posición de negociar (la elección requiere oportunidades iguales dentro de los contextos familiares y sociales manejables), y tampoco pueden entrar, por ley, en relaciones contractuales. Seguramente, argumentar contra la prohibición sexual entre adulto/ niño-a es argumentar contra las redes de poder que nos dominan. Pero, así como dice Foucault, el poder es ubicuito, móvil. Una red de relaciones y el despliegue de la sexualidad no pueden localizarse solamente dentro de una institución o forma de conocimiento porque lo afecta todo. No obstante, él parece argumentar como si la ley fuese la única responsable de la prohibición de la relación adulto/niño-a, y que al hacer desaparecer la ley contra. 8 “is. not […] the extremity of the violence enacted or endured for purposes of obtaining pleasure, but rather the way in which violence, aggression, and pain become vehicles for other things–for staging dramas of suspense, supplication, abandon, and relief that enhance or substitute for sexual acts […] [T]he distinctive feature of perverse sexuality as defined by Freud is its way of not ending in coitus, its lack of subordination to a genital goal of discharge or ‘end-pleasure’” (Williams 195).. 51 ■.

(8) Taller de Letras N° 47: 45-59, 2010. la pedofilia, la pedofilia misma desaparecería. Finalmente, mientras las feministas pueden estar teóricamente de acuerdo con que la división niño/ adulto es meramente discursiva, con que la discusión está embebida de moral y viejos discursos, y con que la pedofilia es una categoría discursivamente creada que presenta a los pedófilos como monstruos, para ellas la cuestión persiste: ¿cómo pensamos y actuamos en la práctica en casos como los que inauguran este artículo? Aquí nos movemos de lleno en arenas movedizas. Sandor Ferenczi propone que la pasión adulta implica emociones ambivalentes y contradictorias de tal manera que la definición de hacer el amor en los adultos es una mezcla de odio y culpa. Él se pregunta si el odio, la culpa y la pasión no son, en realidad, propias al desarrollo integral del ser humano; se pregunta, también, qué parte del sadomasoquismo es producto de la civilización y cuál debido a un desarrollo independiente de ella, como fase de nuestra propia organización psíquica; y finalmente, cómo explicar la crueldad tal y como la conocemos en el sadismo y la subordinación en el masoquismo como vías al placer. Para contestar estas preguntas, Nancy C.M. Hartsock propone que poder, dominio y Eros están entretejidos. Dice: Las teorías del poder están implícitas en las teorías de la comunidad […] La cuestión fundamental propuesta por los teóricos del poder es la que se refiere a la base legítima sobre la cual una comunidad de actores puede organizarse y mantenerse. Pero si las teorías del poder son siempre y desde ya teorías de la comunidad, ellas también deben responder a cuestiones centradas en el Eros. Esto es tanto un punto lógico […] [como] una observación de sentido común (muchos científicos sociales han notado que el poder está ligado a la noción de potencia, virilidad y hombría). (28)9 Para Hartsock, las sociedades se estructuran mediante relaciones de dominación (sadismo) y de sumisión (masoquismo), y ambos rasgos son centrales a la excitación sexual: “hay un sorprendente grado de consenso en que la hostilidad y la conminación, como opuestas a la intimidad y el placer físico, son centrales a la excitación sexual” (28)10. El trabajo de Robert Stoller sobre la perversión presenta la posición más extrema de este aspecto. Él asevera explícitamente que “matar excita sexualmente, que la mutilación para excitarse, los juegos violentos, el sadismo usando castigos físicos precisos, tales como golpear, cortar, encadenar, amarrar, defecar u orinar sobre el objeto” (Hartsock 30), todos son, en escala descendente de conciencia, rabia hacia. 9 Mi. traducción. tándem con Hartsock, para A. H. Maslow, el sexo, “in general […] has far more intimate relationships with dominant feeling that it has with a physiological drive”; para Kate Millet “the pleasure of humiliating the sexual object appears to be far more intoxicating than sex itself”; y finalmente, para George Bataille, “sexual activity is a form of violence” (Hartsock 29).. 10 En. ■ 52.

(9) Iliana R odríguez Ileana Rodríguez. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo…. el propio objeto sexual –una versión popular abyecta de estas ideas queda encarnada en el hombre gordo y grasoso de nuestra historia inaugural. Aun cuando el punto de enfoque de Stoller es la perversión, y lo que él propone puede encontrarse en relaciones sexuales “normales,” lo que me importa a mí es el caso del ejercicio de poder masculino en el acto de hacer el amor, o el amor en forma de odio que caracteriza las relaciones incestuosas hasta llegar al femicidio. Las películas de horror y las pornográficas forman parte de este corpus de interés. Las narrativas sociales de horror imitan el lenguaje de horror de las películas y en ambas somos testigos (y disfrutamos –de otra manera no las veríamos), lo que en el incesto y femicidio real está prohibido. Permítanme ahora presentar un ejemplo concreto.. Estudio de caso: incesto y violación de niñas en Nicaragua11 Permítanme ahora presentar el caso de ‘la otra Rosita’ como un ejemplo de la manera en que lo privado deviene público, cómo las narrativas de género y el género se entrecruzan, y cómo lo perverso cobra cuerpo12. En enero 26 de 2008, el periódico El Nuevo Diario publicó. 11 Las. narrativas del incesto comienzan en casa, dentro de la privacidad de la familia en aquello que los filósofos de la ley llaman la esfera privada. Las niñas son violadas por miembros masculinos de la familia, no solo padrastros, sino también padres biológicos, abuelos, y no solo adultos, sino también adolescentes –primos, tíos y vecinos. Las niñas no gozan de ningún área de seguridad, pública o privada, y no cuentan con la protección de nadie– como se puede ver en nuestra historia inaugural. El archivo público del incesto comienza cuando la niña es llevada al hospital y escriben su historial clínico; después de eso, los medios de comunicación toman el caso, que se vuelve dominio público. Estos textos comienzan el tiempo presente y recobran un pasado inmediato, el evento mientras tomaba lugar y luego, al ser reportado a la policía. Aunque cada uno de los reportes de incesto tiene una secuencia, creemos que el evento ha ocurrido solo una vez. Esta fantasía calma los golpes de dolor e impotencia que el acto mismo provoca. Muy pocas veces hay una genealogía. El abuso infantil es siempre misterioso. He leído la mayor cantidad de las historias sobre incesto en libros y periódicos, pero también he escuchado algunas en confidencialidad. Estos son testimonios de amigos íntimos o miembros de la familia, narrados impromptu como instancia de otros demonios sociales, tales como los secretos familiares, anécdotas escuchadas en otros círculos sociales, etc. El rango es amplio, desde ‘el embajador francés era un pedófilo; mandaba a su asistente a conseguir niños jóvenes para él” hasta “uno de mis tíos, o mi ex marido era un pedófilo”. A través de estas anécdotas, estoy al tanto de cómo los padres, padrastros, tíos han abusado de las hijas, primas y colegas de mis amigos. Verdaderamente, no se trata solo de la prohibición del incesto, sino del incesto mismo, lo que proporciona una pista para comprender la estructura social y cultural. 12 Hubo un caso previo a este, en el cual una niña con el nombre de Rosita fue abusada sexualmente por su padre. El caso fue notorio porque el padre trató de acusar al vecino de haber cometido el crimen. El incidente tuvo lugar en Costa Rica y luego fue llevado a Managua. Esto dio pie a un importante debate sobre el aborto, que terminó con su prohibición, incluyendo el aborto médico.. 53 ■.

(10) Taller de Letras N° 47: 45-59, 2010. cuatro imágenes de ‘la otra Rosita’ –el padre había violado a la primera Rosita y ese es un evento que he trabajado en otra parte. La primera imagen es la de una niña de entre 10 y 13 años de edad, de pelo largo, castaño, vestida de color verde musgo con mariposas estampadas, su cara vuelta contra la cámara mientras una de sus manos descansa sobre su protuberante vientre. Me recuerda una madona joven del Renacimiento, de la misma edad de “la otra Rosita,” en cuadros como el del “Retrato de Arnolfini” (1434) de Jean Van Eyck que muestro a continuación. No puedo evitar ver en la joven Arnolfini la representación cultural ancestral de “la otra Rosita.” Quizás es solo la postura, la edad o el estado de preñez; pero este parecido sirve para subrayar la relación entre lo privado y lo público, lo civil y lo natural (tanto en el siglo XV como en el XXI, ambas niñas totalmente localizadas dentro de la ley del padre), y su representación cultural. Una lectura rápida del uso de la luz, por ejemplo, el claroscuro de la pintura holandesa y la radiante luz del sol de Nicaragua hablan de códigos representacionales de lo íntimo y lo público; tanto como la abundancia de elementos de la domesticidad de la primera y la absoluta ausencia de los mismos en la segunda subrayan similar distinción. La disparidad en el estatuto social de las dos niñas es abismal. La niña holandesa pertenece al mundo de la burguesía; la nicaragüense a estados fallidos y sociedades mendicantes. Así, mientras la primera disfruta de la seguridad de lo privado, pues tiene una casa bien establecida, la segunda parece abandonada a sus propios recursos. Rodeada de un jardín, la niña nicaragüense se encuentra en un sentido obvio de naturaleza. La segunda imagen se recorta contra la fría piedra. Una mujer, “la madre putativa” de “la otra Rosita”, con la mirada baja, parece contemplar de reojo el protuberante vientre de la niña, denotando incomodidad. La tercera imagen muestra a “la otra Rosita” sentada en el alféizar de una ventana, sus manos unidas entre sí, su ropa bien planchada y limpia. Solo fragmentariamente podemos entender su juventud a través de la imagen. Ella está situada de lleno en el ámbito de lo público, esperando pacientemente un veredicto serio. La cuarta imagen la muestra en la mesa del ginecólogo, cubriéndose el rostro con las manos.. ■ 54.

(11) Iliana R odríguez Ileana Rodríguez. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo…. Leídas en conjunto, estas cuatro imágenes forman un tableau que transita de la representación clásica romántica de la madona niña, a la realista de una niña embarazada; de ahí que en la clínica se sitúe al doctor al centro de la imagen. Pero hay una imagen que falta en esta curva representacional y esa es la de la violación misma que ni la representación artística, literaria y romántica, ni la profesional política, ni la personal íntima, ni la política pública pueden suplir. Claramente, los reporteros del periódico no tienen acceso a esta escena privada. Los textos, escritos y visuales, responden a esta cuestión, ya sea en forma de intervenciones coactivas o de “placeres bucólicos”–ustedes escojan la que mejor les parezca. Para acceder a la escena privada necesitamos tomar un derrotero que nos lleva al análisis de las películas de horror y pornografía, instrumentales para el entendimiento y representación de la emergente figura de lo perverso. En el caso de “la otra Rosita”, la imagen de su padrastro contradice enteramente nuestra prefiguración del monstruo, de tal manera que estamos tentados a revisar el argumento contra el abuso de las niñas presentado anteriormente13. Todo lo que vemos aquí es un joven de aspecto frágil custodiado por policías enmascarados. ¿Por qué entonces representarlo como monstruo? Para contestar la pregunta tenemos que imaginar el momento en que la mirada de este. 13 Carlos. Monsiváis cita lo popular-abyecto.. 55 ■.

(12) Taller de Letras N° 47: 45-59, 2010. hombre se volteó a ver a “la otra Rosita”, y la miró como un posible objeto de deseo. ¿Qué le permitió hacer tal cosa? Las estudiosas de género en las películas pornográficas y de horror aproximan el tema acudiendo al análisis de la escopofilia, o el placer de la mirada. La gran pionera en estos asuntos es Laura Mulvey y su artículo fundador es titulado “Placeres Visuales”. Su punto de partida es la fantasía generativa de la diferencia anatómica de las mujeres (la falta de pene) que entrelaza un narcisismo omnipotente al voyeurismo. Su argumento es bastante complejo pero básicamente considera a la mujer como objeto de la mirada masculina y argumenta que la pantalla tiene el mismo efecto de un espejo en una audiencia que, en completa oscuridad y anonimidad, se proyecta a sí misma en la imagen. Este acto de mirar obedece a dos mecanismos mentales, el del Voyeur –el placer de ver sin ser visto; y el del narcisismo –el placer de verse a uno mismo en el héroe como ego ideal. Tanto el voyeurismo como el narcisismo están asociados al ejercicio del poder como dominio y subordinación; sadismo y masoquismo en palabras de Hartsock14. Podemos pensar en el perverso como aquél que queda entrampado entre estas dos prácticas mentales. El padrastro de la niña, su mirada puesta sobre ella, es una de apareamiento –hasta este punto, un placer libidinal independiente de la zona erotogénica. A diferencia del Voyeur y del narcisista, el perverso actúa su impulso. En The eye of horror, Carol J. Clover ofrece otra manera de leer este placer, sádico y perverso. Nos dice que hay una doble mirada, la del perpetrador que mira a su víctima y la de la víctima que mira al perpetrador –en el lenguaje fílmico la analogía de la cámara, los ojos del fotógrafo o focus puller. Linda Williams en su artículo “Cuando una mujer ve” nos asegura que la mirada de la mujer es peligrosa porque constituye una amenaza, aquella que consiste en expresar su deseo. Williams se apoya en el artículo de Mulvey y lo interpreta de la siguiente manera: Laura Mulvey ha demostrado que la mirada masculina sobre la mujer en el cine implica dos formas de subyugación sobre la amenaza de castración representada por. 14 Linda. Williams resume el argumento de Laura Mulvey de la siguiente manera: “[t]o the psychoanalytic feministic film theorists […] the dominant ‘male gaze’ of cinema encodes male dominance and sadism into the very structure of looking. The ‘look’ that governs cinematic narrative is founded on voyeuristic and sadistic male desires that, at best, treat women as exhibitionist objects, fetishizing their difference, or, at worst, aggressively master their treat of difference through various forces of sadistic punishment […] In this cinema as perversion view, the while of the institution of cinematic narrative is dominated either by sadism […] or by a sadistic interpretation of fetishism […] [by] ‘fetishistic scoptophilia’. This alter perversion is interpreted as an “erotic instinct focused on the look alone” (Williams 204).. ■ 56.

(13) Iliana R odríguez Ileana Rodríguez. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo…. la carencia del pene: un voyeurismo sádico que castiga o pone en peligro a la mujer mediante la agencia de un protagonista masculino activo y poderoso; y la sobrevaloración fetichista que controla la amenaza de castración invirtiendo en el cuerpo de la mujer un exceso estético de perfección. (22) De esta perversión masculina, me interesa aquella que implica la libido en los límites de lo social, predicada sobre la estricta articulación del logo y falocentrismo. El voyeurismo y el fetichismo son dos aspectos que manejan el mismo problema, esto es, el miedo del deseo de la mujer, íntimamente conectado al miedo de la castración. No necesitamos volver a las fuentes de esta teoría en este momento, sino solo puntualizar cómo las teóricas feministas explican cierto tipo de perversidad en las sexualidades masculinas. Tanto el voyeurismo como el fetichismo son conceptos útiles para leer las películas de horror y entender los argumentos sobre como las mujeres ven dichas películas. Se argumenta que la mujer usualmente se cubre los ojos para no ver su propia impotencia ante el terror de su mutilación –aún cinematográficamente. La lectura de las películas de horror es interesante en la medida en que la violación es el momento del terror, aquel en que la niña experimenta su total impotencia. Las películas de horror son ejemplos primarios de la representación de la perversión masculina y único acceso que tenemos a las estructuras psicóticas15. Poder y afecto son los dos eventos en cuestión en este asunto del incesto y ambos están concentrados en la mirada de la mujer. La mujer, sostiene Williams, no puede devolver la mirada de deseo porque si lo hace inmediatamente se mete en problemas y es responsable de lo que le suceda posteriormente. Una niña buena en las películas de horror, como una niña buena en la vida diaria, es metafóricamente ciega16. Porque ver lo que le va a suceder la paraliza y es esta parálisis lo que capacita al monstruo para abusar de ella. Ella se transforma en la responsable del horror que puede verse en sus ojos y que el monstruo provoca. El Voyeur es esencialmente un transgresor, el que ve sin ser visto. Siempre se sitúa a una distancia prudente, en un espacio oculto constituido entre él y su víctima. Este espacio le permite actuar con la seguridad de no ser capturado en el momento de realizar su deseo prohibido. Uno de los ejemplos más decidores es el de Chikatilo, un asesino en serie que les sacaba los ojos a sus víctimas para no ser visto por ellas17. El padre incestuoso sigue la misma estrategia de seducción y engaño, dos tipos diferentes de afecto que confunden a la víctima antes que él las golpee. ¿Qué sucede si la niña llora o implora? Le sucede lo que a la mujer cuando expresa su deseo, apelando a un sentido de responsabilidad que el violador no posee y con el cual no puede lidiar. El deseo del violador es. 15 Salecl,. Renata. “Worries in a limitless world”, Cardozo Law Review, 26 Mar. 2005: 101-19. 16 Ver la película Red Dragon (Brett Ratner 2002), donde la heroína es física y no sólo metafóricamente ciega. 17 Ver, entre otros: Cullen, Robert. The Killer Department. Victor Burakov’s eight-year Hunt for the Most Savage Serial Killer in Russan History. New York: Pantheon Books, 1993.. 57 ■.

(14) Taller de Letras N° 47: 45-59, 2010. ilimitado y todopoderoso. Mirar desprivatiza el momento; no mirar borra lo público constituyendo el espacio en un santuario para el Voyeur. Por estas razones, Stephen Heath declara que [e]l lado no dicho de la formulación de Mulvey sugiere que la mirada de la mujer solo puede funcionar para entramparla más dentro de las estructuras patriarcales de la mirada: si la mujer ve, el espectáculo provoca la castración que se cierne en el aire, la cabeza de la Medusa no está lejos; por tanto ella no debe mirar, debe quedarse absorta en sí misma. (22) El adagio es que mirar deviene un acto de investigación y eso solo justifica su victimización. Lo que importa no es tanto la expresión del deseo femenino cuanto lo que el masculino interpreta como deseo. El otro lado del argumento de Williams complica más las cosas puesto que considera que dentro de los parámetros del logocentrismo, la representación del afecto hacia el monstruo por parte de la mujer es el reconocimiento del monstruo en sí misma, la imagen de su propia negación. No tenemos tiempo, aquí, de discutir este asunto. Aquí hago un alto en el camino. Yo he quedado totalmente convencida del argumento de Hartsock referente a la relación entre poder, comunidad y Eros. Si el poder masculino descansa en la habilidad de obligar a obedecer promoviendo relaciones de dominio y sumisión, entonces el sadomasoquismo es un rasgo central del poder. Si la relación sexual establece un paralelismo con la relación de poder (el dominio y la sumisión en vez del placer físico), tal tendencia se transforma en el centro de la excitación sexual. La perversión (forma erótica del odio y del deseo de infligir dolor, daño, hostilidad, como clama Stoller) es un dominio que descansa en la fetichización y deshumanización del objeto sexual que corta el cuerpo en pedazos –de ahí que “el enfoque [sea] sobre los pechos, las nalgas, las piernas, el pene, y no la cara” (29). Si todo lo anterior es cierto, el sexo es un arma de poder relacionada a la dominación en vez de a la pulsión fisiológica; y el ejercicio de poder es la forma erótica por excelencia. Esto es bastante fuerte. En este breve trabajo he presentado dos de las líneas principales que conciernen al incesto/pedofilia y ofrecí dos ejemplos de narrativas del incesto para puntualizar sus condiciones de producción. He demostrado el cambio drástico en la narrativa de género que entrelaza la discusión del deseo y la jurisprudencia, la violencia y abuso que reproducen, representan y alimentan las teorías cinematográficas. Las bibliografías sobre el tema ejercen mucho peso sobre estos asuntos. El trabajo hecho al respecto es decisivo tanto en el entendimiento de las tomas cinematográficas, como en aquello por lo que hay que luchar, siempre manteniendo la brújula con manos firmes. Los espíritus animales, la manera en que la gente percibe al incestuoso y al pedófilo, hacen del debate algo espeluznante. Si la “naturaleza humana” y la “cultura humana” tienden al incesto y a la pedofilia, significaría que las culturas son perversas. Esto es lo que algunos más desean, y lo que otros más temen.. ■ 58.

(15) Iliana R odríguez Ileana Rodríguez. Incesto/pedofilia/violación: teorías del deseo…. Obras citadas Ambrosio, Giovana. On incest. Psychoanalytical perspectives. New York: Karnak, 2005. Clover, Carol J. The Eye of Horror. New Brunswick, N.J.: Rutgers University Press, 1995. Ferenczi, Sándor. Sex in psychoanalysis; contributions to psychoanalysis. Pref. Ernest Jones. New York: R. Brunner, 1950. Hammer, Mary. Incest and new perspective. Cambridge: Polity Press, 2002. Hartsock, Nancy C. M. “Community/Sexuality/Gender: Rethinking power”. Revisioning the political: feminist reconstructions of traditional concepts in western political theory. Eds. Nancy J. Hirschmann y Christine Di Stefano. Boulder: Westview Press, 1996: 27-51. Lacan, Jacques. Ecrits. New York: W.W. Norton and Co, 1977. Mulvey, Laura. Visual and Other Pleasures. Bloomington: Indiana University Press, 1989. Stroller, Robert J. Perversion: the erotic form of hatred. Washington, DC: American Psychiatric Press, 1986. Williams, Linda. Hard Core. Power pleasure and the ‘Frenzy of the visible’. Berkeley: University of California, 1999.. 59 ■.

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