Cuántos significados se le pueden cargar a una palabra?

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¿Cuántos significados se le pueden cargar a una palabra?

Silvia Vertanová

Universidad Comenius, Bratislava

El uso del idioma es impensable sin la memoria. La memoria humana es el mejor de los "discos duros" hasta ahora conocidos en cuanto a capacidad. Todavía no se ha calculado satisfactoriamente cuánta información exactamente - en términos del lenguaje informático cuántos bites - representa la capacidad total del cerebro humano, pero nos puede llenar de orgullo el hecho de que ningún ordenador conocido hasta ahora la haya podido igualar. No obstante, sabemos muy bien que nuestra memoria funciona de manera selectiva y que no tenemos ni idea de cuándo ni qué almacenó nuestro cerebro inconscientemente.

Para que la lengua nos sirva de codigo comunicativo tenemos que hacer uso de las informaciones almacenadas conscientemente. (Todo el que alguna vez en su vida haya tratado de memorizar vocablos de una lengua extranjera sabe cuánto trabajo representa). Es muy sorprendente que a pesar de la supuesta enorme capacidad del cerebro humano, el léxico virtual en nuestra memoria no crece de manera proporcional a la necesidad objetiva de crear nuevas unidades onomasiológicas, creando nuevos significantes para nuevos significados. Nosotros no creamos cada vez que surge la necesidad de denominar algún nuevo fenómeno, cosa o idea una nueva secuencia fónica o gráfica. Si dejamos de lado la minoría de neologismos motivados por una razón más bien casual (p. e. el término de la Física Cuántica que denomina un tipo de partículas subatómicas quark1 ), la mayoría de las palabras se crea a base del inventario de las palabras ya existentes y su estructura. Esto sucede porque la percepción del mundo por el hombre no es pasiva, contemplativa, como un espejo inerte, sino una percepción activa. En el proceso de nuestra actividad transformadora social percibimos los objetos y fenómenos del mundo circundante, y nuestro cerebro los ordena, seleciona y almacena. En ese proceso desempeñan una función muy importante no sólo los objetos percibidos y los órganos sensoriales, sino también toda la experiencia histórica acumulada por el hombre y la humanidad. De ahí viene la importancia del lenguaje como instrumento cognitivo que permite conocer más a fondo el mundo.

Para los fines de esta ponencia nos interesan los procesos de creación de nuevas unidades onomasiológicas que representan un aumento de significados sin multiplicar el número de significantes. En la Sémantica denominamos este fenómeno Polisemia, en la Onomasiología se le conoce como Tautonimia. Hay varias razones del por qué las palabras cambian de significado; lo pueden extender o restringir. La extensión del significado sucede por varias causas:

* Cambio referencial

A lo largo del tiempo, la realidad a la que se refiere una palabra ha cambiado o la palabra ha pasado a aplicarse a un nuevo referente. (Por ejemplo, la palabra tecla, aplicada inicialmente a los instrumentos musicales, se ha aplicado después a las máquinas de escribir y finalmente a cualquier pieza móvil que puede pulsarse.)

* Vinculación a un medio social o profesional

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Introducido por el físico Murray Gell-Mann, inspirado por una frase de la obra “Finnegans´ wake“ de James Joyce. El mismo físico no entendía la frase „Three quarks for Muster Mark“ y pensó que significaba „Three quarts for Mister Mark“... Quark debe de ser una voz inglesa de raro uso, no se sabe qué significa originalmente ¡ni hay acuerdo sobre cómo se pronuncia! (Gell-Mann dice que Joyce lo usó para evocar el sonido que emiten las gaviotas). En alemán quiere decir «requesón», pero este significado parece ser accidental. Qué inspiró el nombre exactamente no se sabe.

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En el lenguaje técnico de una profesión determinada, o en un estrato social, la palabra puede adquirir un significado especializado. (Por ejemplo, la masa a la que se refiere un panadero no es la masa a la que se refiere un albañil y ninguna de estas dos es la masa a la que se refiere un físico.) * Traslado del significado

El uso de las figuras rétoricas y poéticas (en la mayoría de casos de metáfora) permite una aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión.

Aquí nos parece apropiado recordar que la palabra metáfora, es en griego un término polisémico que, al ser tomado como préstamo por otras lenguas, ha restringido su significado para denominar el mencionado fenómeno lingüístico.

La extensión del significado de una palabra (desde el denotativo al connotativo) después de descubrir y expresar ciertos conceptos mediante la metáfora, proporciona a la hora de su creación la sensación de innovación lingüística, de frescura, de originalidad. Con el uso, sin embargo, la frescura de lo nuevo desaparece, la originalidad se convierte en rutina y el nuevo significado termina en el inventario de significados convencionales. Entonces hablamos de metáforas muertas (naturalmente en sentido metaafórico). Sobre la metaforización como proceso de creación lingüística podríamos hablar sin fin. Es un fenómeno que a lo largo de la historia no ha dejado de inquietar ni a filósofos ni a lingüistas.

En nuestros trabajos anteriores hemos tratado de demostrar que entre la creación de fraseologismos a base de una cierta palabra (con sus respectivos significados) y la extensión del significado de dicha palabra hay una relación de dependencia. Con otras palabras: cuanto más fraseologismos existen donde figura cierta palabra como palabra clave tanto más significados (connotativos) encontramos en esta palabra, tanta más polisemia desarrolla. En la fraseología es donde muy a menudo una palabra recibe un nuevo significado (traslaticio) dado que los procesos fraseológicos están basados generalmente en el uso de tropos. A base de los resultados verificados por métodos estadísticos podemos constatar que la creación de significados translaticios mediante figuras rétoricas y poéticas en la fraseología es el proceso más fructífero para crear polisemias. Y la polisemia parece ser un proceso muy fructífero, si no el más fructífero para el desarrollo del léxico. Mediante este proceso ahorramos la capacidad de nuestra memoria mecánica sustituyéndola por la memoria figurativa. Esto parece ser la esencia del funcionamiento del lenguaje desde su nacimiento y gracias a ello, el lenguaje humano es la herramienta y, a la vez, el producto del pensamiento.

Y como última causa:

* Préstamo semántico del idioma extranjero

Adopción de un significado o acepción que no existe de cierta palabra en una lengua procedente del significado que tiene una palabra paralela en otra lengua extranjera . (Por ejemplo, por influencia del inglés, la palabra ratón ha extendido su significado tanto en español como en eslovaco o checo).

Como la lengua es un fenómeno tan complejo, se merece y necesita de un enfoque multidisciplinario. En la búsqueda de respuestas a la pregunta que titula mi ponencia ¿cuántos significados se le pueden cargar a una palabra? hemos partido de la experiencia empírica que uno tiene con el lenguaje en base a su uso diario (más adelante como profesor, intérprete y traductor, etc.) Sí, somos conscientes de la polisemia pero ¿cuántas de estas palabras hay en nuestro léxico común y qué número de significados puede llegar a tener una palabra?, ¿son decenas, centenas...? Nos hemos servido una vez más de métodos matemáticos para conseguir ilustrar cómo nos comportamos a la hora de crear neologismos mediante la extensión del significado.

Hemos seleccionado al azar 600 palabras para el corpus del eslovaco2 y la misma cantidad para el corpus español3

. Utilizar la comparación en la lingüística contrastiva suele revelar

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características muy interesantes sobre los nexos desconocidos que hay entre los idiomas y culturas diferentes. En la tablilla 1 se pueden ver las frecuencias de las palabras de dichos corpus disribuidas según el número de sus significados. Podemos observar que en ambas lenguas más de la mitad del corpus solamente tiene un solo significado. Dos significados manifiestan más de un centenar de palabras en ambos corpus. Cuanto mayor es el número de significados, tanto menos frecuentes son las palabras en dicho rango.

Tab. 1 Frecuencias de palabras en función del número de sus significados en eslovaco y español

Número de significados Frecuencia observada Fo ∑FoSk + FoE Frecuencia teórica Ft ∑ FoSk + FoE x 600 1200 (Ft – Fo)2 Ft Eslovaco Español 1 362 302 664 332 2,71 2 118 124 242 121 0,07 3 49 54 103 51,5 0,12 4 22 29 51 25,5 0,84 5 11 18 29 14,5 0,84 6+ 38 73 111 55,5 5,52 600 600 1 200 600 10,1 = χ2

Hemos comparado las frecuencias de los primeros 6 rangos de ambos corpus mediante la prueba Ji-cuadrado para ver si las diferencias encontradas entre los dos idiomas son resultado de casualidad o pueden depender de algún fenómeno general lingüístico. La distribución según la prueba de Ji-cuadrado4 es igual a χ2 = 10,1 < 11,1 = χ2 0,05 [con cinco grados de libertad y nivel

de significancia de 5 %], lo que nos dice que estas diferencias no son estadísticamente insignificantes.

Después de calcular la distribución de frecuencias relativas de los dos corpus hemos podido trazar un gráfico que ha subrayado nuestra suposición. (Tab. 2)

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Dicionario DRAE. 1970 4

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Tab. 2 Frecuencia de palabras en función del número de significados 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 1 2 3 4 5 6 7 8 9 Número de significados F rec u encia d e pala b ras eslovaco español

Al observar las dos líneas que describen los dos idiomas hemos tratado de encontrar una ecuación matemática para la descripción de dicha función, que podría ser la siguiente:

nk = (1/2)k . N siendo k = el número de significados de una palabra

nk = frecuencia de palabras en el corpus respectivo con el número k de significados N = cantidad total de palabras seleccionadas al azar de una lengua (corpus)

Ejemplo: En una muestra de 600 palabras tendríamos según dicha ecuación: n2 = (1/2) 2 . 600 = 0,25 . 600 = 150 palabras con 2 significados.

Aumentando el número de significados en uno, o sea a 3, disminuye según esta fórmula la frecuencia de tales palabras a la mitad de la anterior:

n2+1 = (1/2) 2+1 . 600 = 0,25 . 0,5 . 600 = 0,125. 600 = 75 palabras. Así continuadamente: 37,5 palabras con 4 significados, 18,75 con 5 significados etc.

Para ilustrar de qué medida difieren las dos líneas del ideal supuesto por la fórmula, trazamos una línea teórica:

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Tab. 2 Frecuencia de palabras en función del número de significados 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 1 2 3 4 5 6 7 8 9 Número de significados F recu en ci a d e p al ab ras eslovaco español teórica

Se nota que la fórmula es solamente aproximativa; para precisarla se necesitaría de un corpus más grande. Sin embargo es práctica para conseguir una idea aproximada de la multiplicación de la polisemia en el lenguaje.

En nuestra selección de palabras podemos observar que el eslovaco en nuestro corpus tiene mayor cantidad de palabras monosémicas mientras que el español manifiesta una mayor tendencia a la polisemia. Este hecho no es nada sorprendente, si comparamos el número de hablantes de eslovaco y español. El español cuenta con grupo 80 veces mayor que el eslovaco de usuarios nativos que son potenciales creadores de nuevos significados. Y no solamente el aspecto cuantitativo sino también el cultural desempeña un papel importante.

„Cuanto más adelantada en cultura es una nación, más diversidad de acepciones acumulan los términos de que se sirve.“ (M. Bréal) No obstante, detrás de todo ello hay que buscar la necesidad del ser humano de describir y explicar por medio de imágenes lo que piensa y siente [...] Así vemos sin saber de dónde emergerse nuevas imágenes para describir cosa antiguas como el mismo mundo – a veces en cabezas de grandes escritores pero mucho más a menudo en cabezas de autores anónimos. Si las imágenes acertan y son lo suficiente plásticas para ser entendidas quedan recibidas por el lenguaje.5

La gran divisa de la fraseología es que las imágenes, las metáforas de que hace uso al crear nuevos significados connotativos de palabaras pasan por verificación de los hablantes durante años y siglos de la historia de la respectiva sociedad lingüística y, muchas veces incluso traspasan las fronteras y llegan a convertirse en internacionalismos. En este contexto no deja de encantar el modelo ejemplar del poder de supervivencia de las imágenes ocultadas en las palabras:

La palabra HUNET designaba en el antiguo egipcio jeroglífico “la pupila del ojo”, “la creación acabada” y a la vez “la muchacha joven”. Según la explicación encontrada en el diccionario griego-inglés de nuestra bibliografia, el nexo conceptual entre la pupila y la muchacha se debe al hecho de que en el ojo de una persona se refleja la figura disminuida de otra persona que le está mirando a la cara. Fijémonos en la extensión internacional de esta extraordinaria asociación:

La palabra griega κόρη niña tiene dentro de sus otros significados también el de “pupila del ojo“; en latín pupula o pupilla significa también las dos cosas (“la pupila“ y “la huérfana“ o “niña tutelada“). Según V. Krupa, en el turco se expresa la noción “pupila“ con la locución “muñeca del

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ojo“, y como “niño“ se denomina la pupila también en el lenguaje efik.6

Significados análogos podemos encontrar en la palabra francesa pupille prestada del latín, inglesa pupil (aquí también significa “alumno“) y española pupila. En español incluso hallamos la metáfora también en la locución “niña del ojo“. Así que esta creación lingüística llegó a otros idiomas no por préstamo lexical, sino por préstamo de la misma asociación, de la unión de dos conceptos a base de la metáfora. En eslovaco no existe tal unión en una palabra, sin embargo en el idioma vecino, el checo, encontramos la palabra panenka – que significa “muñeca“,“muchacha joven“ y “pupila del ojo“.

Con lo explanado anteriormente creemos haber aportado suficientes pruebas sobre la grandeza de la palabra, acorde con la primera parte del título de esta conferencia La Grandeza y la Decadencia de la Palabra en el Siglo XXI. Nos queremos detener brevemente también en el concepto decadencia. Las palabras a veces pierden su contenido - ya mencionamos la restricción del significado. Conocemos otros casos, llamados clichés, de aquellas expresiones que por uso abusivo llegaron a desemantizarse. Sin embargo en la actualidad somos testigos de otro tipo de pérdida de significado en las palabras de nuestras lenguas respectivas: ocurre por el descuido de sus usuarios, por el uso inadecuado del lenguaje en general. La decadencia no se encuentra en las palabras o en el lenguaje. Si ahí la sentimos, es por ignorancia o por motivos de lo más egoistas – ya que el lenguaje es una gran arma para la manipulación con los demás. Muchas palabras recobran fama de gastadas, profamadas, sin un significado palpable y por ello utilizadas cuando lo importante del discurso es hablar mucho sin decir o prometer nada. No dejar que ello pase con nuestro lenguaje es una tarea común de todos los usuarios, y especialmente de nosotros, lingüístas y profesores universitarios.

Bibliografía

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Čermák, F. et al.: Slovník české frazeologie a idiomatiky. Academia, Praha, 1983-1994

Diccionario de la lengua espaňola. RAE, Madrid, 1970

Ďurčo, P. - Mlacek, I.: Frazeologická terminológia. Stimul, Bratislava, 1995 Jacq, Ch.: Malý ilustrovaný Champollion. Remedium, Bratislava, 2003

Justo Gil, M.: Fundamentos del Análisis semántico. Universidad de Santiago de Compostela, 1990 Krupa, V.: Metafora na rozhraní vedeckých disciplín. Tatran, Bratislava, 1990

Llidell, H. G. – Scott, R.: Greek-English lexicon. At the Clarendon Press, Oxford, 1901

Martín Fernández, M. I.: Préstamos semánticos en español. Cáceres, Universidad de Extremadura, 1998 Peciar, Š. ed. Slovník slovenského jazyka. Tomo 1- 6. Vydav. SAV, Bratislava, 1959-1968

Peciar, Š.“O vzťahu polysémie a homonymie”, en: Jazykovedné štúdie XVI. Veda, Bratislava, 1981, pág. 225-219 Swoboda, H.: Moderní statistika. Svoboda, Praha, 1977

Resumen

El lenguaje, o mejor dicho sus usuarios se sirven de relaciones lingüísticas internas a la hora de crear nuevas unidades onomasiológicas, y esto sucede a pesar de la supesta “enorme“ capacidad de la memoria humana para almacenar datos. En cada lengua encontramos por ello una gran cuantía de palabras polisémicas. Fuera de la polisemia que se debe a los préstamos de otro idioma y al cambio de significado relacionado con la evolución de la sociedad humana, una gran parte de significados “secundarios“ de las palabras polisémicas se debe al traslado de significado utilizando para ello la metáfora u otras figuras retórico-poéticas. El fin de nuestra ponencia ha sido descubrir en qué medida una palabra y por consecuencia una lengua desarrollan significados secundarios, si hay rasgos comunes que se podrían generalizan etc. Para una comparación contrastiva nos servimos de un corpus de 600 palabras del eslovaco y el mismo del español, seleccionados al azar. Hemos podido observar que en ambas lenguas más de la mitad del corpus solamente tiene un

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solo significado, más de un centenar de palabras manifiesta dos significados en ambos corpus y así sucesivamente: cuanto mayor es el número de significados, tanto menos frecuentes son las palabras en dicho rango. Con el fin de cuantificar esta correlación buscamos una ecuación matemática y trazamos un gráfico.

Para citar este artículo (gracias!):

Vertanová, Silvia (2007) ¿Cuántos significados se le pueden cargar a una palabra? In: La Grandeza y la Decadencia de la Palabra en el Siglo XXI. Romanica Olomucensia XVIII. Actas Univeritatis Palackianae Olomucensis,

Facultas Philosophica, Philologica 92, Univerzita Olomouc, 2007, pgs. 317– 324, ISBN 978-80-244-1820-9

Summary

How Many Meanings Can Take one Word?

The language, or better its speakers make use of the internal linguistic relations when it comes to the creation of new onomasiological units, and this happens in spite of the suggested “enormous“ data-storing capacity of human memory. Thus we can find a huge amount of polysemantic words. Apart from the polysemy due to the foreign word loans and semantic shifts caused by the evolution of human society, a great part of “secondary“ meanings of polysemantic words is due to the semantic shift using metaphore or other rethoric and poetical figures. The aim of our paper has been to discover the limits of how many secondary meanings a word and consequently a language can develop if there are common features that can be generalized, etc. We have used a randomly picked out 600-word-corpus of Slovak and the same one for Spanish in order to carry out a contrasting comparison. We have been able to observe that in both languages more than a half of the corpus only has one meaning, more than a hundred words have two meanings and so on: the more the number of meanings, the less frequent are the words on the scale. In order to cuantify this correlation we have sought mathematic equation and outlined a graph.

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