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Antología con huecos y remiendos

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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.

bat

a

h

o

l

a

q

u

e

arra~

a co

n

ta

nt

a

tr

a-di

cio

n

e

y

ín

1bo

lo

d

e

l mit

o o

ri

g

i-n

a

L

e

l de

un

a co

n1

ogo

a

uni

ve

r

a

l

e

n l

a q

u

e e

l

h

o

mbr

e se co

nfund

ía

con

l

a

n

a

tur

a

leza.

E

n

fin

aq

e

s

t

amos ante

un

li-bro de

ensayos

de un conocido

no-velista

y a

utor

de cuentos

,

que

aban-dona la ficción para presentamos

las

fotografías de

su

mundo

,

y de

lo

s

cambios

que

él

ha tenido

,

a

los

cua-le

s

él

obs

erva

con

su óptica

particu-lar

,

con a

lgunos grises

que expresan

su

desconcierto

ante

los

cambios

tan

abruptos

,

pero nos pone

ante

un

fresco en

el

que no ahorra

la

agra-dable

lectura

de una prosa bien

cons-truida, que nos muestra

la

riqueza

que

emana

de una

vida

dedicada al

trabajo de las

letras.

LIBARDO GO N Z Á LEZ

Antología con huecos

-y

remiendos

.

-El mausoleo iluminado.

Antología del ensayo en Colombia 6 scar Torres Duque

Biblioteca Familiar Presidencia de la

República, Bogotá, 1997, 639 págs.

Tal v

e

z el

principal mérito de

la

An-tolo

g

ía

del

ensayo en Colombia

pre-"'

parada

por Osear

Torres

Duque

sea

la

forma

provocadora

con

la que

el

anto

logi

sta

apuesta

por unos

criterios

de

s

elección

.

En el estudio

intro-[154]

du

c

t

orio a

l libro.

T

o

rr

es

Duqu

e

inclu-o e

ñ

a

l

a, o

qui

habría

que d

ec

ir

qu

e co

nfi

esa.

qu

e

un

o

d

e

l

os más g

r

an-d

es

pl

a

c

e

r

es

qu

e

pued

e

tener un

a

ntol

og

i

s

t

a es e

l d

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a tr

a

v

és

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e

la

se-le

c

ció

n

qu

e

hace,

m

os

trar

sus

gu

sto

s

parti

culares res

catando

uno que

otro

a

uto

r olvidado y d

es

cab

ez

ando a

la

ve

z

alguna

s

vaca

s s

agrada

s.

Si

mal no recu

e

rdo

, e

n

su

s é

po

-c

a

s

d

e e

studiante

,

Óscar Torres

pen-s

aba

hacer una

anto

logía

de la poe

-sía en Colombia cuyo propósito

fundamental era

darse

el gusto

de

excluir a Gui

llermo

Valencia

.

E

s

ta

antología

no

es

de poesía

-por

es

o

la

exclusión

de

Guillermo

Valencia

no resulta tan notoria- pero

otras

exclu

siones -

a

las que

Torres

hace

referencia

en el

prólogo

,

a

veces no

sin cierto p

lacer

morboso

-

,

resul-tan reveladoras

.

La

exclusión en

la

que Torres

se

detiene más

tiempo

-

y

por la que

a

ratos parece

estar a

punto de pedir

disculpas

-

es

la de Germán

Arcinie-gas.

La razón principal que tuvo

Torres para

exclu

ir a

Arciniegas,

se-gún

dice,

fue que

en su obra

"

hay un

evidente

propósito divulgador que

más bien riñe

con

la

agudeza

que

debe tener un

ensayista

",

ya

que

"

un

ensayista

no divulga

,

se expresa

"

(pág

.

XXIII)

.

Como

puede

verse

,

detrás de la decisión de

excluir

a

Arciniegas hay una concepción del

ensayo

que

sirve de

rasero

a

la

anto-logía

y

que Torres defiende.

Lo primero que

se

puede decir de

esa concepción

del

ensayo, a

partir

de

l

a afirmación sobre

Arciniegas

,

es

que

Torres consid

era el ensayo como

expresión o, como

lo dice

en otra

parte

,

como

literatura

;

es

decir,

"como

una

creación surgida

de una

persona que

escribe

con todo

su

mun-do

"

(pág

.

XVII).

Si se

tiene

en

cuen-ta

ese criterio

,

no resulta

entonces

extraño

que Torres

e

limine a

Jaime

J aramillo

Uribe -demasiado,

acadé-mico, dice-

a Estanislao

Zuleta

-descuido

formal-

,

a

Luis López de

Mesa

-rebuscado y

pseudocientí-fico--

y

a José María Vargas Vil

a

, de

quien dice

con

todas

sus

letras que

"

no

sabía escribir

"

.

Menos claro queda

e

l

criterio

para

excluir a

Rafael Maya

,

a

quien

RESEÑAS

Torr

es

liquid

a

con

lo

s

adj

e

tivo

s

"

s

up

e

rfi

c

ial

" y

"relan1id

o

'

'

no

s

in

a

nt

es

d

ecirn

os, s

in

e

xplicar por

qué

,

qu

e es

t

e e

scritor

no hubier

a

acepta

-d

o

par

a s

í

mismo

e

l

calificativo

d

e

e

ns

ayi

sta

. La

o

tra e

xclu

sió

n

com

e

n-tada

es

la

de

1

orge Zalamea

Borda

,

d

e qui

e

n

Torr

es

dic

e

qu

e ''en sus

mi-radas

panor

ámicas

tiende

a

pe

rder

la realidad

concreta

"

,

lo

qu

e

lo d

e

-jaba por fuera de

la

antología

,

ya

que

Torres

,

como

lo dice

en otra

parte

,

s

e

había

puesto como criterio

e

xcluir

todos

los

texto

s que "s

ólo bu

s

caban

mostrar un panorama

general

de

cualqui

e

r materia

".

No

obstante

,

hay que

advertir

que en esto

último

Torres

no

fue

del

todo

consecuente

,

como

lo muestra

la

inclusión

en la antología

del

pom-poso trabajo de Francisco Posada

Díaz titulado

"

Ideas

sobre

la

cu

ltu-ra nacional

y el

arte realista

",

en el

que procura pasarle revista

a

la

his-toria

cultural co

l

ombiana,

empe-zando

por la

Colonia y

terminando

con

los

años sesenta.

La presencia

de

este e

nsayo en

l

a antología es

desconcertante

,

ya

que

-además

de

ser

un panorama bastante

gene-ral- difícilmente podría

ser

califi-cado como el

texto de

al

guien

que

escribe

con todo

su

mundo debido

al esquematismo

marxista-leninis-ta de

las

reflexiones

de Posada.

f

.

1 .-J, i '

.. ' ~

Lo mismo que la presencia de

Posada

,

sorprenden

por

l

o

menos

dos

ausencias

que Torres no

funda-menta

en

el prólogo. La primera de

estas ausencias es

la de la

colombo-argentina

Marta Traba. RevisaiJdO

BOLET(N CU LTU RAL Y DIBLIOORÁFI CO, VOL. 40, NÚ M. 6 2, 2003

(2)

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. RESEÑ A S la introducción, el índice y algunos trabajos de los ensayistas selecci o-nados, se puede incluso llegar a t e-ner la sospecha de que Torres senci -llamente se olvidó de ella. Y, si se olvidó de ella, esto se debió muy pro-bablemente al hecho de que no tomó en cuenta el mundo de las artes plás -ticas y la reflexión sobre las mismas al elaborar la antología. \ i- c ~ '-'-.. ~"' (

'

' "

(

\

.,

\

.}:

P' \ . 1"""1

'

r---

· - {

1 La afirmación anterior se apoya en que entre los veinticinco autores que están representados en la anto -logía no hay uno solo cuyo interés

principal hayan sido las artes plásti -cas ni entre los 37 textos elegidos se encuentran trabajos que se ocupen de esa área, si se hace abstracción de algunas notas marginales que

es-tán en el ensayo de Posada, en el que

también se habla de teatro, de cine,

del feudalismo, de la crisis ideológi -ca de Luis Eduardo Nieto Arteta - por no ser un buen leninista - y

de la revolución proletaria.

Además, en las páginas finales de

la introducción -donde Torres tra

-za lo que podría ser un esquema para

una historia del ensayo en Colo m-bia- no hay una sola referencia a la

reflexión sobre las artes plásticas como posible fuente para el surgi

-miento de textos ensayísticos y ni si

-quiera al final - cuando Torres hace

una subdivisión de lo que él llama el

ensayo disciplinario y habla de la crí

-tica literaria, el análisis político, el análisis filosófico, el estudio psicol ó-gico, los trabajos historiográficos y el

ensayo de análisis económico- no

considera la crítica de arte como una

posible subdivisión del ensayo de pr o-cedencia disciplinaria. Considerando lo anterior, puede decirse que es probable que haya sido el olvido del arte y de la reflexión so-bre el arte lo que llevo a Torres al o l-vido de Marta Traba. Su ausencia en la antología resultará sin duda para muchos lamentable pero, sin ernbar -go, puede ser explicable desde la perspectiva personal de Torres. Es posible que el arte -y no me refiero aquí a la literatura ni a la poesía

-no esté entre sus intereses, tal y como

lo hacen pensar las reflexiones ant

e-riores. Y, si eso es así, es perfectamen

-te natural que ni siquiera le haya pa-sado por la me nte el nombre de

Marta Traba durante el tiempo en que trabajó en la antología.

Otro descarte no fundamentado en la introducción, en cambio, resul -ta absolutamente inexplicable y d es-concertante. Se trata del descarte de

Andrés Holguín, cuya prosa encar

-na eso que exige Torres de un en sa-yista: escribir con todo su ser, vitalizar la relación con los temas y "mostrar cómo un conjunto de co -nocimie ntos y argume ntacio nes corresponde a la propia necesidad de expresión" (pág. XXII). Pienso, al escribir esto, sobre todo en el recuer -do de la lectura de aquel libro tem

-bloroso que es

El

pr

o

bl

ema de

l m

al,

en el que Holguín revisa la solución que se le da al tema del mal en di ver-sos sistemas de pensamiento y, d

es-pués de exponer cada solución, pasa a comentarla, casi siempre desde la soledad de la decepción que cada una

de las soluciones le produce.

Ese libro - a pesar de contener p artes que podrían considerarse

didácticas- es expresión pura, ya

que lo didáctico que hay en él obe -dece a la necesidad de explicar que es lo que no satisface al autor vi-talmente. Además, los capítulos son lo suficientemente autónomos como para seleccionar alguno aislado para incluirlo en la antología. Y si eso a Torres no le pareció posible, en el

resto de la obra de H olguín -como, por ejemplo, en sus trabajos sobre

poesía francesa o en sus polémicas anticlericales- hubiese podido en -contrar algo que lo dejara satisfecho.

E l caso de Holguín es en cierta

medida paradigmático. Si hubiera

que definirlo en una línea, habría que

decir que fue un ho1nbre que, siendo

8 O L 1! 'J' r N C U L. '1 U K 1\ 1. Y D 1 U l. 1 O O K ,{ 11 l t O , V O 1, · 4 O • N Ú M fl Z , 2 O <J :\

E NSAYO

hijo de una familia católica, en deter

-minado momento, y por motivos que aquí no vienen al caso, decidió

aban-donar la Iglesia y se dedicó a in da-gar. En otras palabras, Holguín fue

un hombre que se quedó sin doctri

-na y que por eso empezó a buscar respuestas en todas partes a las pre-guntas que habían quedado abiertas.

Y, en cierta tnanera, eso es un en sa-yista. Un hombre que no tiene d oc-trina y que por eso indaga.

Sin duda, la definición anterior

debe ser relativizada por otras - lo

mismo que la de Torres según la cual un ensayista se expresa- pero, pen -sada históricame nte , es exacta.

Montaigne, el padre del ensayo m

o-derno, era precisamente un hombre

que indagaba porque sentía que la

humanidad se había quedado sin doctrina y sin certezas. Esa sen sa-ción de orfandad doctrinal suele arrojar al hombre contra su propio yo desde el cual empieza a tratar de volver a tejer el mundo. En ese con

-texto - que en el caso de Montaigne estaba teñido de melancolía- cada

idea y cada creencia deja de ser una cosa heredada o aprendida y se con -vierte en una decisión personal y en una apuesta. Lo anterior podría llevar a pen -sar en la importancia que tiene, o puede tener, el tema religioso en la

literatura ensayística y, a este resp

ec-to, llama la atención el hecho de que

Torres no haya seleccionado ningún texto de algún pensador anticlerical

del siglo XIX. U na posible razón para ello sería que a Torres no le in -teresara mucho el tema de la pol é-mica - o la confusión- religiosa, lo cual podría arrojar luces sobre la no inclusión de H olguín, detrás de cuya obra late permanentemente el tema \ ' ,

~--¿/

---~

)

/

, ~ "

(::/

.

/,-1·

·"

. /--' 4 .. . / [ 155]

(3)

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.

l- ,. • \ )

o

d

e

l

de

c

r

e

imi

e

nt

o.

P

e

r

o.

ade

m

á

de

e

a

p

o

ib

l

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ra

n ubjetiva.

cabe

pen

sa

r que

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n

la literatura co

l

o

mbia

-n

a

d

ec

imonónica Torres

n

o e

n

co

n

-tr

a

r

a

un

po

l

e

mi

s

ta

a

nti

cle

ri

cal

d

e

l

a

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nv

e

r

gad

ur

a

de

,

para

poner

e

l

e

j

e

m-plo

m

ás

n

ota

bl

e e

l

p

e

ru

a

n

o

Manu

e

l

Gonzá

l

ez

Prada

.

P

ara

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ncontrar

un

defensor d

e

la

I

g

l

es

i

a y

e

l

pensamiento

cató

li

cos

,

e

n

cambio.

l

a

figura d

e

Miguel

Anto-ni

o Ca

r

o

re

so

lví

a

por

mi

s

m

a

l

os

problem

as,

ya

que,

a

unqu

e

Torres

n

o

se

l

ecc

i

o

n

a

un

texto que

e

nfrent

e

di-r

ectame

nt

e e

l

tema

r

e

li

g

io

so, sí

in-cluye

un

o,

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bre

"

l

a

conquista",

e

n

e

l qu

e e

l

problema

r

e

li

gioso es

t

á e

n

e

l

fundamento

de l

as

reflexion

es

.

P

e

ro hubi

era s

ido ilu

s

trativo qu

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n

l

a

antología, frente a

Ca

r

o

estuviera

t

a

mbi

én

alguien a

qui

en se

hubie

se

podido

g

r

a

duar de

"

anti-Caro

"

para

tratar d

e

tomarle

el

pul

so

a

ese

de

-bate

d

ec

imonóni

co e

n

el

qu

e, a

un-que

l

os acto

r

es

del mi

s

mo

apostaban

por una d

oc

trina

- c

l

e

rical

o

anti-cl

e

rical

-

la

apuesta

por

ella

termi-naba

s

i

e

ndo una d

ec

i

sió

n

vital y, con

e

llo

,

un

a a

puesta por l

a

propia

visión

d

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l mund

o.

{

\

' \ '

Ha

s

t

a a

quí he h

abla

do

de

do

s

n

o

mbr

es

ausentes

d

e

la antología

-

Mart

a

Traba y

Andr

és

Holguín

-y

de d

os

carencias

tem

á

tica

s

:

el arte

y

l

a

polémica anticlerical.

Otra

s

ca-rencias que

se

podrían

se

ñalar

se

ría

l

a

d

e

lo

s

t

e

mas filo

ficos

-no

hay

un

so

l

o

texto

so

bre Ni

etzs

ch

e,

por

eje

mpl

o,

que

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sido

bit

áco

ra int

e-l

ect

ual

de tantos

e

n

Co

lombia

-

y

l

a

d

e

la

o

bra de

algunos autores

na

-cio

nal

es, ya

qu

e

no hay

ensayos

so

-bre Silva

ni

sobre

I

saacs

ni

s

obre

Ga

rcí

a

M

árq

uez

.

Lo

s c

l

ás

ico

s

hi

spa-noam

e

ric

a

no

s,

por

otra

part

e, só

lo

apa

r

ece

n

e

n un texto de Raf

ae

l

G

uti

é

rre

z

Girardot

sob

r

e

Alfonso

R

eyes

y

e

n

o

tro d

e

l

mi

s

m

o a

ut

o

r ti

-t

ul

ado

...

Am

é

rica

s

in r

ea

li

s

m

o

m

ág

i

-co''

y

e

n un

e

n

sayo

d

e

Juan

Gustavo

Cobo

Borda

sob

r

e

Rub

é

n D

a

río

, s

i

se

h

ace abs

tr

acc

i

ó

n

de

m

e

n

c

i

o

ne

s

marginale

s

que

aparece

n

e

n

ot

ro

s

tr

abajos se

l

ecc

i

o

n

ados.

Sobre esas

ca

r

e

n

c

ias

se

p

o

drían

adelantar

r

e

fl

exio

n

es

e

intentos de

justificación

,

co

m

o se

ha h

ec

h

o so

br

e

la

s

otras,

p

e

ro

es

m

ejo

r no h

ace

rlo

,

ya

qu

e, a

fuerza d

e e

num

era

r

y

di

s-cutir carencias,

se

corre

e

l ri

esgo

de

e

mp

eza

r

a formular

e

l programa para

un

a

p

a

r

aa

ntolo

gía

y

t

er

min

a

r

olvi-dándo

se

de re

señar

la preparada por

Torres.

Por

eso, al

menos por un

mom

e

nto

,

es

necesario

olvidarse

de

lo

que Torres

no incluy

ó

y

ace

rcarse

un poc

o

a

los

veinticinco autores

que

seleccionó,

para

ver, entre otras

co-sas,

cuáles hubiera podido

o

debido

dejar por fuera de haber querido

ga-nar

espacio

para

s

ub

s

anar

lascaren-cias anotadas arriba.

Entre los veinticinco autores es

-cogidos

hay doce que

se

pueden

considerar ya como canónicos y sin

lo

s

cuales

no

es

imaginabl

e

una

an-tología del

ensayo

en

Colombia.

Estos son, en orden cronológico,

Miguel Antonio

Caro,

Rafael

Ma-ría Merchán

,

Baldomero Sanín

Cano, Carlos

Arturo Torre

s,

Maxi-miliano Grillo

,

Hernando Téllez

,

Ernesto

Volk

e

ning

,

Jorge

Gaitán

Dur

á

n

,

Rafael

Gutiérrez Girardot,

Hernando Valencia

Goelkel,

Rafael

Humberto Moreno Durán y Juan

Gustavo Cobo

Borda. Sobre

ellos

lo

caben

di

sc

u

s

iones

en

lo refe

-rent

e

a

la

selección

de lo

s

textos

que

los r

e

presentan.

Pero

s

in duda resulta mejor

dete-ner

se e

n los

otros trece autores

que

,

ha

s

ta

cierto

punt

o,

pueden

tomarse

como decisiones personales de

Torre

s

.

El

primero de

ellos es

nada

m

e

no

s

que

el

Lib

e

rtador, Simón

Bo-lívar

,

d

e

quien

Torres escoge

e

l

"

En-sayo

so

bre las diferencia

s soc

iales

en

Am

é

rica

",

publicado

en

Jamaica en

1

8

15

.

Habrá qui

e

n

se

sorprenda

de

qu

e e

l nombr

e

de

Bolívar no

este

incluido

entre

la li

s

ta d

e

ensayistas

que he

considerado

canónicos. La

ra

n de ello

está en

la d

efi

nición

RESEÑA S

que

m

a

n

eja

Torres

d

e

l

e

n

sayo.

¿C

abe e

l t

ex

t

o

de

B

o

var

,

qu

e s

in

dud

a es

un

documento

int

e

re

sa

nt

e

desde

e

l

punto

d

e

vista

hi

s

tóri

co,

político y

soc

iológi

co,

d

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ntro d

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lo

que

Torr

es

ll

a

m

a e

l

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n

sayo co

mo li

-t

era

tura

?

¿Es

el

text

o

de

a

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g

uien qu

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esc

ribe

co

n todo

s

u

se

r

? ¿

O

,

m

ás

bi

e

n

, es

un

a

proclama d

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un hom

-br

e

públi

co

qu

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pre

c

i

sa

mente

por

ser

lo

,

no pu

e

d

e

tener

l

a

lib

e

rtad d

e

l

esc

ritor no dir

ectame

nt

e co

mprom

e-tido

con

un

a

causa

políti

ca?

Planteo lo anterior

a

manera de

interrogante

y

haciendo la

salvedad

de que

,

en

una antología del

ensayo

político

,

no

sólo ese

texto

sino

tam

-bi

é

n

otros

de Bolívar tendrían una

obligatoria acogida.

Pero queda la

duda de hasta qué punto, en una

antología

del

ensayo como

literatu-ra, tal

y como

la presenta Torres

,

sea

lícito incluir

ensayos escritos

con una

intención política inmediata.

En

el

caso

de Bolívar,

soy

cons-ciente

de que

este

reparo

es

proble-mático

,

debido a que

,

como se

pue

-de ver al leer Las

corrientes

literarias

e

n la Am

é

ri

c

a hispana de Pedro

Henríquez Ureña

,

literatura y vida

política

en

nuestro

continente

vi-ven, en gran

parte del

siglo

XIX

,

en

permanente

simbiosis. El

reparo

,

en

cambio,

pesa del todo

sobre el

en-sa

yo

"

La revolución

a

la derecha

"

del político

conservador

Gilberto

Alza

te Avendaño

,

que Torres

inclu-ye

,

aunque

no así sobre Miguel An

-tonio

Caro, cuya obra

literaria

,

tie-BOLETfN CULTURAL Y 818l.IOGRÁ PICO, VOL. 40, I'IÚM. 62, 2003

(4)

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.

RESEÑAS

ne la

suficiente

personalidad

como

para

aproximarse a ella

poniendo

entre

par

é

ntesi

s

al activista

políti-co aunque

no nece

sa

riamente

al

ideólogo

.

En

todo

caso

pienso que

,

tratán-dose de literatura

,

se

hubiera

po-dido dejar de

lad

o e

l

pensamiento

político

-

que

ya e

ncontrar

á s

u

s

antologistas

espec

ializado

s -

y

has-ta

cierto

punto también

lo

s

análisis

sociopolíticos.

De

éstos

últimos

l

o

uno

,

escrito

por Gonzalo

Sánchez y titulado

"

La

violencia y

la

supresión

de la política

",

fue

se-leccionado por Torres. El trabajo

es sugerente

y

se

deja leer bien

.

Pero,

¿se expresa

Sánchez

en él?

A

mí, la relectura del mismo

-

reali-zada

después de formularme la

pre-g

unt

a anterior-

m

e

dejó más bien

l

a

impresión de un excelente

análi-sis

académico

de

un

problema

·

con-creto

y, en cierta

medida, me

ale-gra

tener

ahora en

mi poder

un

libro

en el

que aparezca

un

texto

semejan

te

,

pero dudo que

él

pue-da incluirse

e

n

la

categoría

que

Torres llama

"e

l

ensayo como

lite-ratura

".

Algo parecido me ocurre

con

"

Gólgotas y draconianos

"

de

Germán Colmenares

.

Lo

anterior obligaría

a

plantear-se

l

a

pregunta de

en

qué medida

hubiera

sido

recomendable

descar-tar ensayos

del tipo que Torres

lla

-ma

"de

procedencia

especializada",

si se

quería

ser consecue

nt

e con

l

a

exigencia

de

seleccionar

l

o

tex-tos

en

los que

el

autor

se apropiara

de una manera per

so

nal

-y

no

so-lamente

académica-

de

s

u

s

temas

.

Aunque,

ante esa

pregunta

,

cabe

también

otra

que

sería

l

a

de

si

no

sería

mejor

aflojar

l

a

definición

para poder permitirse

escoger

al-gunos

t

ex

to

s

que

,

aunque

no

res-pondan

a

la mi

s

ma

,

tien

e

n

un valor

indudable

.

Sin embargo

,

me

inclino por la pri

-mera

so

lución

,

ya

que

eso

resaltaría

una

característica

típica d

e

l

ensayis-ta que

es, como

la define Torres

,

"

l

a

li

cencia

qu

e

tiene para meter

se

en

casa ajena

"

(pág.

XXII)

,

que hace de

é

l

una

especie

de

antiespecialista

por

excelencia.

"

La

especialización

-

ha

escrito

Torre

s

en otro

trabajo

so

bre

el

tema

-

mata

e

l

ensayo

".

Un ensayista

,

y esto

para

agregar

elementos a

la definición

,

es alguien

que se ocupa

de temas

y objetos

que

le dicen

algo, y

normalmente

l

o

que

procura hacer

es

tratar de ponerlos

a

h

ablar en

s

u nombre.

Un

ensayis-ta

,

y éste es otro e

l

emento

de la defi

-nición, polemiza

con

una

visión

h

a-bitual del tema que trata para tratar

de

sacar a

l

a

luz

otra

visión que

es

l

a

suya

.

En un

ensayo sobre el ensayo

que David Jiménez publicó hace un

par de

años en e

l

Magazín

Domini-cal

de

E

l

Espectador

se sugería

que

el género ensayístico

podía

ser

con-siderado en cierta

medida

como

un

género

de ficción

,

en

la medida

en

que

el autor

tenía que

empezar

por

inventarse un

contradictor co

n

el

cual polemizar. Así, para pasarle

revista

a

algunos

de

lo

s

trabajos que

aparecen en el

libro compilado por

Torres

,

se

puede decir que Bolívar

se enfre

nt

a a

un rival

arquetípico

que

asegura

que

en

América no

puede haber

gobiernos

indepen-dientes

,

debido

a

l

as

diferencias de

castas

,

y

trata de

convencerlo de

lo

contrario.

Miguel Antonio

Caro

,

contra

quienes renegaban de

l

a

he-rencia hi

s

pánica. Rafael Marí

a

Merchán

,

contra

quienes no

que-rían una

crítica

literaria

severa.

Baldomero Sanín

Cano

- e

n

s

u

en-sayo

"

De

l

o exótico"-, contra

quienes

consideraban

que

l

os escri

-tores de un paí

s

tenían qu

e

circuns-cribir

s

e

temáticament

e

a

l

o

s

límite

s

de

su

nacionalidad.

En

todo

s

esos

casos

,

lo mismo

que

e

n

e

l traba

j

o

de

Gutiérrez

Girardot

"

América sin realismo

mágico

''

, o en el

d

e

William

Ospina

titulado

"

Lo

s

cien años

d

e

W

a

lt

FJO LBliN CU L'rURAL y IJ IU LIOORÁI'ICO. VOL. 40, NÚ M. 62 , lOO)

ENSA Y O

Whitman

'

,

se

transparenta una po

-s

ici

ó

n per

so

nal

del autor frente

a

un

tema que

se

contrapone a

o

tr

as

vi-s

i

o

n

es

d

el

mi

s

mo.

En

el

ca

so

de

Gutiérrez Girardot

,

la

tesis per

s

o-nal

es

qu

e

no

se

puede

considerar

e

l llamado

boom

de la

literatura hi

s-panoam

e

ricana

sin

tener

e

n

cuenta

l

a

tradición literaria ant

e

rior qu

e

la

hi

zo

po

s

ible

.

En el caso

d

e

O

sp

in

a

-cuyo

trabajo

es

quizá

el más

cla-ramente

ensayístico

de toda la

an-tolo

gía-

la

s

tesi

s

se suceden

una

s

a otra

s

p

e

ro

s

e podrían resumir

en

la id

ea

-

para la

cual é

l

evoca

la

voz

de

Whitman

-

de

que

hay

que bu

s

-car afirmar

la

vida en su totalidad

,

incluyendo una

aceptación

d

e

l

do-l

or y

de

l

a

muerte.

En

O

s

pina

,

di

-cho sea

de paso

,

se ve

también

e

l

peligro que corre

s

iempr

e el

ensa-yista

de

caer e

n l

a

divagación pura

.

Pongo como

ejemp

l

os

l

os

dos

úl-timos trabajos

citados

porque mue

s

-tran do

s

extremos

que

,

sin embargo

,

siguen

moviéndose

dentro

de lo que

se

podría

considerar como ensayo

.

Gutiérrez Girardot está

muy

cerca

del

especialista

-de hecho

,

per

s

o

-nalmente

es

un

espec

i

alista- pero

el ánimo

polémico de mucho

s

de

s

u

s

trabajos

lo

saca

del terreno d

e

la

ciencia

pura

y

l

o

lleva

al ensayo

.

Ospina, en cambio,

no tien

e

nada

que ver

con

un

especialista, y

para

f¡AJ (C !}-f .j> ¿.=>.A

[ 1

57

]

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.

(5)

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¿ ¡

l

os

t

ex

t

o

·ólo

·

o

n pr

e

t

ex

to

·

p

a

r

a

e

x

po

n

e

r

~ u

p

r

opia

·

i

d

ea

o

br

e e

l

mund

o.

E

n

ca

mhi

o.

l

a

o

br

a

d

e

D

a

o

Ac

hu

r

y

V

a

l

e

n

z

u

e

l

a.

d

e

q

ui

e

n T

o

rr

es

inclu

ye

d

o

·

trab

a

j

o

e

n

l

a a

nt

o

lo

g

ía.

n

o

p

a

r

ece

.

..

i se

ju

zga

p

o

r

la

s

mues-tras se

l

ecc

i

o

n

a

da

s.

r

es

po

nd

er

a

l

ca-ráct

e

r p

e

r

s

o

n

a

l

y

,

e

n

c

i

e

rto

sent

id

o

pol

é

m

i

co

,

q

u

e

d

e

b

e

t

e

n

e

r t

odo e

n

-a

yo.

E

l

texto

s

obr

e

l

a

madre

Fran-c

i

s

ca

Jo

se

fa de

l

Ca

s

tillo

es

un

traba-jo de ex

é

g

e

si

s

minu

c

i

osa

de

un t

ex

t

o

co

n

c

r

eto e

n

e

l qu

e

l

a

úni

ca

voluntad

que

se p

u

e

de

obse

r

va

r

es

l

a

d

e e

n

-tender y

h

ace

r

e

nt

e

nd

e

r l

o

que

se

l

ee.

Y un

exege

t

a

n

o es

por

sí so

l

o

un

ensay

i

s

t

a

.

El

exege

t

a só

lo

se

vu

e

l-ve e

n

sayi

s

ta

c

u

a

nd

o se a

propi

a

d

e

l

texto que

int

erpreta act

u

a

l

izándo

l

o

y

por

ejemp

l

o, co

m

o s

u

e

l

e

h

ace

rl

o

G

uti

ér

r

ez

Girardot

o

poni

e

nd

o

l

a

l

ec

tur

a

personal

a o

tra

s

l

ect

ur

as.

Achury Valenzuela

,

e

n

ca

mbio

,

es

t

á

e

n

cerrado e

n

el

texto

sob

r

e e

l

que

trabaja

y

n

o

par

ece

ir m

ás

allá

-o,

s

i

se

qui

e

r

e,

m

ás

acá-

del mi

s

m

o.

H

asta aquí se

h

a

n

señala

d

o a

l

g

u

-na

s

carencia

s

de

l

a anto

l

ogía

de

Torre

s

y

s

e

h

a

puesto

e

n

cuestión

l

a

inclu

sió

n

de algunos

nombr

es e

n l

a

misma

.

Tamb

i

é

n

se

h

a

h

ec

ho un

a

li

s

-ta

de

autore

s

ca

n

ó

ni

cos

que

está

n

en

l

a a

nt

ología y

que no pueden faltar

en

nin

g

un

a y se

h

a seña

l

ado

t

a

mbi

é

n

el

nombre de

Willi

a

m

Ospina

co

m

o

un nombre que

está

incluid

o

con todo

derecho en

l

a a

nt

o

l

ogía

.

Al nombre

de O

s

pina podría

ag

r

ega

r

se

,

sin a

l

e

-jarse mucho

ge

n

erac

i

o

nalm

e

nt

e

,

e

l

del psiquiatra Luis

Car

l

os

R

estrepo

,

cuyo

trabajo

"

D

efe

n

s

a

de

l

a

depen-de

n

c

i

a afect

i

va

" tiene

e

l

carácter

m

ás

o

m

enos

polémico

y

personal

qu

e s

u

e-l

e e

s

cond

e

rse detrás de

t

odo e

n

sayo.

[r

s8J

T

a

mbién lo

s

texto

s

incluid

os

de

J

a

in1

e

Barr

e

ra P

a

rra

y To

m

a

Varga

s

O

o

rio

re ult

a

n

co

n

v

in

ce

nt

e

s

co

n

r

e

p

ec

to

a

l

carácte

r

de

ensay

i

s

ta

s

de

s

u

s

a

ut

ores

.

E

l

caso

d

e

Ni

co

l

ás

G

ó

m

ez

D

ávi

l

a

,

figura que

a

tr

ae a

Torr

es

de una manera

obsesiva, es

más

comp

l

ejo.

Otro

a

nt

o

l

ogis

t

a

se-g

ur

a

m

e

nt

e

n

o

hubi

e

ra

pensado

e

n

Gómez

D

ávi

l

a co

m

o e

n

say

i

s

t

a

debi-do

a

l

carácter afo

st

i

co

de

s

u

ob

r

a.

Torr~s

sabe eso

,

y sabe

que

m

ez

D

áv

il

a es

un

a

de

s

u

s

apuestas

per

-so

n

a

l

es e

n

es

t

a a

nt

o

logí

a

,

y por eso,

e

n

e

l

prólogo,

se ap

r

es

ur

ará a c

itar

a

l m

exica

n

o

Gabriel Zaid, quien

ase-g

ur

a

que

no h

ay e

n

sayo

m

ás

breve

qu

e

un

aforismo

(

g

. XXI

).

"

¿E

n

sayos?

"

, se

pre

g

unt

a

Torres

(pág.

275)

r

e

t

ór

i

ca

ment

e e

n l

a

nota

introdu

c

tori

a a

la

selección

de

"esco

lio

s'

'

d

e

Gómez

D

áv

ila

y

pasa

a responderse

e

n

seg

uida qu

e

no hay

dud

a

de

e

llo

, ya

que

d

etrás

d

e

lo

s

textos

d

e

l

c

undinam

a

rqu

és "es

e

l

p

e

n

sa

miento úni

co

y coherente

qu

e

lo

s

u

s

tenta

(el

pensamiento r

eac

cio

-n

ario)"

"

la minucio

sa

elaboración

lit

era

ria

",

"

l

a

formación

h um

a

s

-tica

"

y

"

la mir

ada

asistemática

so-br

e s

us t

e

ma

s"

.

Además,

podría decir

se

,

e

n

apoyo

d

e

Torres,

qu

e e

l mi

s

mo

título que

dio

Gómez

Dávil

a a

la

mayor p

a

rt

e

de

su obra

-Escolios

a

un

texto

implíci-t

o-

mu

es

tra

e

l

carácter de

int

e

rp

e

-laci

ó

n

que

ti

e

nen

s

us t

ex

t

os

.

Y

un

ensayo, e

n

cierto

se

ntido

, es eso:

una

int

e

rp

e

lación

,

una discu

s

i

ó

n

con el

mundo

,

en

la qu

e

se afirma

e

l propio

yo. Esa

interp

e

laci

ó

n

al

mundo

es

la

que ya

h

e

di

c

h

o

que

se ex

traña

e

n lo

s

trabajos

se

l

ecc

ion

a

do

s

d

e

A

c

hury

Val

e

n

z

uel

a

y,

también

,

aunque en

m

e

n

o

r m

e

dida

, e

n

el excelente e

in

-teresantísimo

es

tudio de

Elisa

Mújica

"

Raí

ces

del

c

u

ento

popul

a_r e

n

Co-lombi

a"

.

El caso de otro autor

selec-cio

nado

,

J

.

Eduardo

Jaramill

o

Zu-lu

aga

,

es

algo

complicado, ya que

s

u

es

til

o es

el

d

e

un

e

n

say

i

s

ta

pero

s

u

e

nf

o

qu

e

del t

e

m

a - e

n

este caso

la

nov

e

l

a

d

e

Eduardo

Zalamea Borda

Cuat

r

o

años a bordo de mí

mismo-só

l

o

lo

es

parcialmente.

Ha

s

t

a

aquí

se

ha

pasad

o

r

ev

i

s

ta

a

l

a

antología

de

Torres

desd

e

la pers

-pecti

va

de l

a

d

efin

ici

ó

n d

e

l

e

n

sayo y

R ESEÑAS

e

h

a co

ntribuid

o e

n

a

l

go, espe

r

o, a

un

a

discu

s

ión de

l

a

mi

s

ma.

Si

n

duda

,

l

a

r

e

flexión

s

ob

r

e

l

o

que

es e

l

e

n

sa-yo

,

co

n

s

id

erado co

m

o

lit

e

r

at

ur

a. es

un

a

d

e

l

a

s

cosas

que puede

s

u

sci

t

a

r

e

s

ta

a

nt

o

l

ogía,

l

o

mi

s

mo

q

u

e e

l

pro-yecto

de

Torres

de realizar

un

a

hi

s

-toria del

e

n

s

ayo e

n

Co

l

o

mbi

a

,

a

l qu

e

alude

e

n

a

l

g

una p

ar

t

e

del

pr

ó

l

ogo.

Es

de

espe

r

a

r

que

esta a

nt

o

l

ogía só

l

o

s

ea

l

a

primera parte

de

e

se

proyecto

e

n

e

l

que

,

a

m

ed

id

a

que madure

,

Torres

ir

á

s

ub

sa

n

a

nd

o

l

as ca

r

e

n

cias

que tiene

h

a

s

ta ahora.

"'

.

)

1

1'

•.

4-Ad

e

m

ás

d

e esa

di

sc

u

s

i

ó

n

sobre e

l

e

n

sayo,

un proyect

o se

m

ejante

podr

á

arro

jar luce

s so

bre la hi

sto

ria de la

s

id

eas

en Colombia,

so

br

e e

l

grado

de

r

ece

pci

ó

n de diversos

autores

y

so-bre

las di

sc

u

s

ione

s

qu

e

han

acompa-ñado

la hi

s

toria del paí

s.

Pero

eso

l

o

se

rían

efectos secundarios.

Lo prin

-cipal sería encontrar

una

se

rie de

vo-ces

lúcida

s

p

a

ra juntarla

s

en

una

es-p

ec

i

e

d

e

polifonía

e

n la que -para

seg

uir

con

la

tendencia ensayística

a

romper barr

e

ras

-

la historia del

en-sayo

terminar

a

convirtiéndose en

un

a

es

p

ec

ie d

e

dr

a

ma

o

d

e

n

ove

la.

Para t

er

minar

,

t

e

n

go

que decir

qu

e,

a

p

esar

d

e

todos

lo

s

reparos que

puedan

hac

é

r

se

le

a este

libro

,

es

una

dicha

es

tar

e

n po

ses

i

ó

n de

é

l

y

sa

b

e

r

qu

e,

en cualquier

momento

,

se

pue-d

e

n leer

ciertos

texto

s,

incluyendo

algunos

,

como

los

citados

de

Elisa

Mújica

y

J.

Eduardo

Jara millo

Zuluaga,

so

bre

cuya condición

e

n

sa

yístic

a

puede hab

e

r dudas.

R O DRI GO Z UL.ETA

BOL ETfN CULTU RAL Y BIB LI OGRÁ PI CO, VOL. 4 0 , N ÚM . 62 , 20 0 3

Referencias

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