Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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de un conocido
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,
que
aban-dona la ficción para presentamos
las
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su
mundo
,
y de
lo
s
cambios
que
él
ha tenido
,
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los
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s
él
obs
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con
su óptica
particu-lar
,
con a
lgunos grises
que expresan
su
desconcierto
ante
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cambios
tan
abruptos
,
pero nos pone
ante
un
fresco en
el
que no ahorra
la
agra-dable
lectura
de una prosa bien
cons-truida, que nos muestra
la
riqueza
que
emana
de una
vida
dedicada al
trabajo de las
letras.
LIBARDO GO N Z Á LEZ
Antología con huecos
-y
remiendos
.
-El mausoleo iluminado.
Antología del ensayo en Colombia 6 scar Torres Duque
Biblioteca Familiar Presidencia de la
República, Bogotá, 1997, 639 págs.
Tal v
e
z el
principal mérito de
la
An-tolo
g
ía
del
ensayo en Colombia
pre-"'parada
por Osear
Torres
Duque
sea
la
forma
provocadora
con
la que
el
anto
logi
sta
apuesta
por unos
criterios
de
s
elección
.
En el estudio
intro-[154]
du
c
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orio a
l libro.
T
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studiante
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Óscar Torres
pen-s
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anto
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-sía en Colombia cuyo propósito
fundamental era
darse
el gusto
de
excluir a Gui
llermo
Valencia
.
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s
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antología
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de poesía
-por
es
o
la
exclusión
de
Guillermo
Valencia
no resulta tan notoria- pero
otras
exclu
siones -
a
las que
Torres
hace
referencia
en el
prólogo
,
a
veces no
sin cierto p
lacer
morboso
-
,
resul-tan reveladoras
.
La
exclusión en
la
que Torres
se
detiene más
tiempo
-
y
por la que
a
ratos parece
estar a
punto de pedir
disculpas
-
es
la de Germán
Arcinie-gas.
La razón principal que tuvo
Torres para
exclu
ir a
Arciniegas,
se-gún
dice,
fue que
en su obra
"
hay un
evidente
propósito divulgador que
más bien riñe
con
la
agudeza
que
debe tener un
ensayista
",
ya
que
"
un
ensayista
no divulga
,
se expresa
"
(pág
.
XXIII)
.
Como
puede
verse
,
detrás de la decisión de
excluir
a
Arciniegas hay una concepción del
ensayo
que
sirve de
rasero
a
la
anto-logía
y
que Torres defiende.
Lo primero que
se
puede decir de
esa concepción
del
ensayo, a
partir
de
l
a afirmación sobre
Arciniegas
,
es
que
Torres consid
era el ensayo como
expresión o, como
lo dice
en otra
parte
,
como
literatura
;
es
decir,
"como
una
creación surgida
de una
persona que
escribe
con todo
su
mun-do
"
(pág
.
XVII).
Si se
tiene
en
cuen-ta
ese criterio
,
no resulta
entonces
extraño
que Torres
e
limine a
Jaime
J aramillo
Uribe -demasiado,
acadé-mico, dice-
a Estanislao
Zuleta
-descuido
formal-
,
a
Luis López de
Mesa
-rebuscado y
pseudocientí-fico--
y
a José María Vargas Vil
a
, de
quien dice
con
todas
sus
letras que
"
no
sabía escribir
"
.
Menos claro queda
e
l
criterio
para
excluir a
Rafael Maya
,
a
quien
RESEÑAS
Torr
es
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com
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es
la
de
1orge Zalamea
Borda
,
d
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e
n
Torr
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dic
e
qu
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mi-radas
panor
ámicas
tiende
a
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la realidad
concreta
"
,
lo
qu
e
lo d
e
-jaba por fuera de
la
antología
,
ya
que
Torres
,
como
lo dice
en otra
parte
,
s
e
había
puesto como criterio
e
xcluir
todos
los
texto
s que "s
ólo bu
s
caban
mostrar un panorama
general
de
cualqui
e
r materia
".
No
obstante
,
hay que
advertir
que en esto
último
Torres
no
fue
del
todo
consecuente
,
como
lo muestra
la
inclusión
en la antología
del
pom-poso trabajo de Francisco Posada
Díaz titulado
"
Ideas
sobre
la
cu
ltu-ra nacional
y el
arte realista
",
en el
que procura pasarle revista
a
la
his-toria
cultural co
l
ombiana,
empe-zando
por la
Colonia y
terminando
con
los
años sesenta.
La presencia
de
este e
nsayo en
l
a antología es
desconcertante
,
ya
que
-además
de
ser
un panorama bastante
gene-ral- difícilmente podría
ser
califi-cado como el
texto de
al
guien
que
escribe
con todo
su
mundo debido
al esquematismo
marxista-leninis-ta de
las
reflexiones
de Posada.
f
.
1 .-J, • i • '
.. ' ~
Lo mismo que la presencia de
Posada
,
sorprenden
por
l
o
menos
dos
ausencias
que Torres no
funda-menta
en
el prólogo. La primera de
estas ausencias es
la de la
colombo-argentina
Marta Traba. RevisaiJdO
BOLET(N CU LTU RAL Y DIBLIOORÁFI CO, VOL. 40, NÚ M. 6 2, 2003
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. RESEÑ A S la introducción, el índice y algunos trabajos de los ensayistas selecci o-nados, se puede incluso llegar a t e-ner la sospecha de que Torres senci -llamente se olvidó de ella. Y, si se olvidó de ella, esto se debió muy pro-bablemente al hecho de que no tomó en cuenta el mundo de las artes plás -ticas y la reflexión sobre las mismas al elaborar la antología. \ i- c ~ '-'-.. ~"' (
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· - {
1 La afirmación anterior se apoya en que entre los veinticinco autores que están representados en la anto -logía no hay uno solo cuyo interésprincipal hayan sido las artes plásti -cas ni entre los 37 textos elegidos se encuentran trabajos que se ocupen de esa área, si se hace abstracción de algunas notas marginales que
es-tán en el ensayo de Posada, en el que
también se habla de teatro, de cine,
del feudalismo, de la crisis ideológi -ca de Luis Eduardo Nieto Arteta - por no ser un buen leninista - y
de la revolución proletaria.
Además, en las páginas finales de
la introducción -donde Torres tra
-za lo que podría ser un esquema para
una historia del ensayo en Colo m-bia- no hay una sola referencia a la
reflexión sobre las artes plásticas como posible fuente para el surgi
-miento de textos ensayísticos y ni si
-quiera al final - cuando Torres hace
una subdivisión de lo que él llama el
ensayo disciplinario y habla de la crí
-tica literaria, el análisis político, el análisis filosófico, el estudio psicol ó-gico, los trabajos historiográficos y el
ensayo de análisis económico- no
considera la crítica de arte como una
posible subdivisión del ensayo de pr o-cedencia disciplinaria. Considerando lo anterior, puede decirse que es probable que haya sido el olvido del arte y de la reflexión so-bre el arte lo que llevo a Torres al o l-vido de Marta Traba. Su ausencia en la antología resultará sin duda para muchos lamentable pero, sin ernbar -go, puede ser explicable desde la perspectiva personal de Torres. Es posible que el arte -y no me refiero aquí a la literatura ni a la poesía
-no esté entre sus intereses, tal y como
lo hacen pensar las reflexiones ant
e-riores. Y, si eso es así, es perfectamen
-te natural que ni siquiera le haya pa-sado por la me nte el nombre de
Marta Traba durante el tiempo en que trabajó en la antología.
Otro descarte no fundamentado en la introducción, en cambio, resul -ta absolutamente inexplicable y d es-concertante. Se trata del descarte de
Andrés Holguín, cuya prosa encar
-na eso que exige Torres de un en sa-yista: escribir con todo su ser, vitalizar la relación con los temas y "mostrar cómo un conjunto de co -nocimie ntos y argume ntacio nes corresponde a la propia necesidad de expresión" (pág. XXII). Pienso, al escribir esto, sobre todo en el recuer -do de la lectura de aquel libro tem
-bloroso que es
El
pr
o
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al,
en el que Holguín revisa la solución que se le da al tema del mal en di ver-sos sistemas de pensamiento y, d
es-pués de exponer cada solución, pasa a comentarla, casi siempre desde la soledad de la decepción que cada una
de las soluciones le produce.
Ese libro - a pesar de contener p artes que podrían considerarse
didácticas- es expresión pura, ya
que lo didáctico que hay en él obe -dece a la necesidad de explicar que es lo que no satisface al autor vi-talmente. Además, los capítulos son lo suficientemente autónomos como para seleccionar alguno aislado para incluirlo en la antología. Y si eso a Torres no le pareció posible, en el
resto de la obra de H olguín -como, por ejemplo, en sus trabajos sobre
poesía francesa o en sus polémicas anticlericales- hubiese podido en -contrar algo que lo dejara satisfecho.
E l caso de Holguín es en cierta
medida paradigmático. Si hubiera
que definirlo en una línea, habría que
decir que fue un ho1nbre que, siendo
8 O L 1! 'J' r N C U L. '1 U K 1\ 1. Y D 1 U l. 1 O O K ,{ 11 l t O , V O 1, · 4 O • N Ú M • fl Z , 2 O <J :\
E NSAYO
hijo de una familia católica, en deter
-minado momento, y por motivos que aquí no vienen al caso, decidió
aban-donar la Iglesia y se dedicó a in da-gar. En otras palabras, Holguín fue
un hombre que se quedó sin doctri
-na y que por eso empezó a buscar respuestas en todas partes a las pre-guntas que habían quedado abiertas.
Y, en cierta tnanera, eso es un en sa-yista. Un hombre que no tiene d oc-trina y que por eso indaga.
Sin duda, la definición anterior
debe ser relativizada por otras - lo
mismo que la de Torres según la cual un ensayista se expresa- pero, pen -sada históricame nte , es exacta.
Montaigne, el padre del ensayo m
o-derno, era precisamente un hombre
que indagaba porque sentía que la
humanidad se había quedado sin doctrina y sin certezas. Esa sen sa-ción de orfandad doctrinal suele arrojar al hombre contra su propio yo desde el cual empieza a tratar de volver a tejer el mundo. En ese con
-texto - que en el caso de Montaigne estaba teñido de melancolía- cada
idea y cada creencia deja de ser una cosa heredada o aprendida y se con -vierte en una decisión personal y en una apuesta. Lo anterior podría llevar a pen -sar en la importancia que tiene, o puede tener, el tema religioso en la
literatura ensayística y, a este resp
ec-to, llama la atención el hecho de que
Torres no haya seleccionado ningún texto de algún pensador anticlerical
del siglo XIX. U na posible razón para ello sería que a Torres no le in -teresara mucho el tema de la pol é-mica - o la confusión- religiosa, lo cual podría arrojar luces sobre la no inclusión de H olguín, detrás de cuya obra late permanentemente el tema \ ' ,
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Torres.
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espacio
para
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lascaren-cias anotadas arriba.
Entre los veinticinco autores es
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hay doce que
se
pueden
considerar ya como canónicos y sin
lo
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cuales
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una
an-tología del
ensayo
en
Colombia.
Estos son, en orden cronológico,
Miguel Antonio
Caro,
Rafael
Ma-ría Merchán
,
Baldomero Sanín
Cano, Carlos
Arturo Torre
s,
Maxi-miliano Grillo
,
Hernando Téllez
,
Ernesto
Volk
e
ning
,
Jorge
Gaitán
Dur
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n
,
Rafael
Gutiérrez Girardot,
Hernando Valencia
Goelkel,
Rafael
Humberto Moreno Durán y Juan
Gustavo Cobo
Borda. Sobre
ellos
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selección
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publicado
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Jamaica en
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en
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sólo ese
texto
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Pero queda la
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antología
del
ensayo como
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y como
la presenta Torres
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lícito incluir
ensayos escritos
con una
intención política inmediata.
En
el
caso
de Bolívar,
soy
cons-ciente
de que
este
reparo
es
proble-mático
,
debido a que
,
como se
pue
-de ver al leer Las
corrientes
literarias
e
n la Am
é
ri
c
a hispana de Pedro
Henríquez Ureña
,
literatura y vida
política
en
nuestro
continente
vi-ven, en gran
parte del
siglo
XIX
,
en
permanente
simbiosis. El
reparo
,
en
cambio,
pesa del todo
sobre el
en-sa
yo
"
La revolución
a
la derecha
"
del político
conservador
Gilberto
Alza
te Avendaño
,
que Torres
inclu-ye
,
aunque
no así sobre Miguel An
-tonio
Caro, cuya obra
literaria
,
tie-BOLETfN CULTURAL Y 818l.IOGRÁ PICO, VOL. 40, I'IÚM. 62, 2003
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
RESEÑAS
ne la
suficiente
personalidad
como
para
aproximarse a ella
poniendo
entre
par
é
ntesi
s
al activista
políti-co aunque
no nece
sa
riamente
al
ideólogo
.
En
todo
caso
pienso que
,
tratán-dose de literatura
,
se
hubiera
po-dido dejar de
lad
o e
l
pensamiento
político
-
que
ya e
ncontrar
á s
u
s
antologistas
espec
ializado
s -
y
has-ta
cierto
punto también
lo
s
análisis
sociopolíticos.
De
éstos
últimos
só
l
o
uno
,
escrito
por Gonzalo
Sánchez y titulado
"
La
violencia y
la
supresión
de la política
",
fue
se-leccionado por Torres. El trabajo
es sugerente
y
se
deja leer bien
.
Pero,
¿se expresa
Sánchez
en él?
A
mí, la relectura del mismo
-
reali-zada
después de formularme la
pre-g
unt
a anterior-
m
e
dejó más bien
l
a
impresión de un excelente
análi-sis
académico
de
un
problema
·
con-creto
y, en cierta
medida, me
ale-gra
tener
ahora en
mi poder
un
libro
en el
que aparezca
un
texto
semejan
te
,
pero dudo que
él
pue-da incluirse
e
n
la
categoría
que
Torres llama
"e
l
ensayo como
lite-ratura
".
Algo parecido me ocurre
con
"
Gólgotas y draconianos
"
de
Germán Colmenares
.
Lo
anterior obligaría
a
plantear-se
l
a
pregunta de
en
qué medida
hubiera
sido
recomendable
descar-tar ensayos
del tipo que Torres
lla
-ma
"de
procedencia
especializada",
si se
quería
ser consecue
nt
e con
l
a
exigencia
de
seleccionar
só
l
o
tex-tos
en
los que
el
autor
se apropiara
de una manera per
so
nal
-y
no
so-lamente
académica-
de
s
u
s
temas
.
Aunque,
ante esa
pregunta
,
cabe
también
otra
que
sería
l
a
de
si
no
sería
mejor
aflojar
l
a
definición
para poder permitirse
escoger
al-gunos
t
ex
to
s
que
,
aunque
no
res-pondan
a
la mi
s
ma
,
tien
e
n
un valor
indudable
.
Sin embargo
,
me
inclino por la pri
-mera
so
lución
,
ya
que
eso
resaltaría
una
característica
típica d
e
l
ensayis-ta que
es, como
la define Torres
,
"
l
a
li
cencia
qu
e
tiene para meter
se
en
casa ajena
"
(pág.
XXII)
,
que hace de
é
l
una
especie
de
antiespecialista
por
excelencia.
"
La
especialización
-
ha
escrito
Torre
s
en otro
trabajo
so
bre
el
tema
-
mata
e
l
ensayo
".
Un ensayista
,
y esto
para
agregar
elementos a
la definición
,
es alguien
que se ocupa
de temas
y objetos
que
le dicen
algo, y
normalmente
l
o
que
procura hacer
es
tratar de ponerlos
a
h
ablar en
s
u nombre.
Un
ensayis-ta
,
y éste es otro e
l
emento
de la defi
-nición, polemiza
con
una
visión
h
a-bitual del tema que trata para tratar
de
sacar a
l
a
luz
otra
visión que
es
l
a
suya
.
En un
ensayo sobre el ensayo
que David Jiménez publicó hace un
par de
años en e
l
Magazín
Domini-cal
de
E
l
Espectador
se sugería
que
el género ensayístico
podía
ser
con-siderado en cierta
medida
como
un
género
de ficción
,
en
la medida
en
que
el autor
tenía que
empezar
por
inventarse un
contradictor co
n
el
cual polemizar. Así, para pasarle
revista
a
algunos
de
lo
s
trabajos que
aparecen en el
libro compilado por
Torres
,
se
puede decir que Bolívar
se enfre
nt
a a
un rival
arquetípico
que
asegura
que
en
América no
puede haber
gobiernos
indepen-dientes
,
debido
a
l
as
diferencias de
castas
,
y
trata de
convencerlo de
lo
contrario.
Miguel Antonio
Caro
,
contra
quienes renegaban de
l
a
he-rencia hi
s
pánica. Rafael Marí
a
Merchán
,
contra
quienes no
que-rían una
crítica
literaria
severa.
Baldomero Sanín
Cano
- e
n
s
u
en-sayo
"
De
l
o exótico"-, contra
quienes
consideraban
que
l
os escri
-tores de un paí
s
tenían qu
e
circuns-cribir
s
e
temáticament
e
a
l
o
s
límite
s
de
su
nacionalidad.
En
todo
s
esos
casos
,
lo mismo
que
e
n
e
l traba
j
o
de
Gutiérrez
Girardot
"
América sin realismo
mágico
''
, o en el
d
e
William
Ospina
titulado
"
Lo
s
cien años
d
e
W
a
lt
FJO LBliN CU L'rURAL y IJ IU LIOORÁI'ICO. VOL. 40, NÚ M. 62 , lOO)
ENSA Y O
Whitman
'
,
se
transparenta una po
-s
ici
ó
n per
so
nal
del autor frente
a
un
tema que
se
contrapone a
o
tr
as
vi-s
i
o
n
es
d
el
mi
s
mo.
En
el
ca
so
de
Gutiérrez Girardot
,
la
tesis per
s
o-nal
es
qu
e
no
se
puede
considerar
e
l llamado
boom
de la
literatura hi
s-panoam
e
ricana
sin
tener
e
n
cuenta
l
a
tradición literaria ant
e
rior qu
e
la
hi
zo
po
s
ible
.
En el caso
d
e
O
sp
in
a
-cuyo
trabajo
es
quizá
el más
cla-ramente
ensayístico
de toda la
an-tolo
gía-
la
s
tesi
s
se suceden
una
s
a otra
s
p
e
ro
s
e podrían resumir
en
la id
ea
-
para la
cual é
l
evoca
la
voz
de
Whitman
-
de
que
hay
que bu
s
-car afirmar
la
vida en su totalidad
,
incluyendo una
aceptación
d
e
l
do-l
or y
de
l
a
muerte.
En
O
s
pina
,
di
-cho sea
de paso
,
se ve
también
e
l
peligro que corre
s
iempr
e el
ensa-yista
de
caer e
n l
a
divagación pura
.
Pongo como
ejemp
l
os
l
os
dos
úl-timos trabajos
citados
porque mue
s
-tran do
s
extremos
que
,
sin embargo
,
siguen
moviéndose
dentro
de lo que
se
podría
considerar como ensayo
.
Gutiérrez Girardot está
muy
cerca
del
especialista
-de hecho
,
per
s
o
-nalmente
es
un
espec
i
alista- pero
el ánimo
polémico de mucho
s
de
s
u
s
trabajos
lo
saca
del terreno d
e
la
ciencia
pura
y
l
o
lleva
al ensayo
.
Ospina, en cambio,
no tien
e
nada
que ver
con
un
especialista, y
para
f¡AJ (C !}-f .j> ¿.=>.A
•
[ 1
57
]
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¿ ¡
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la
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l
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a
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l
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lo
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l-ve e
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s
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propi
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l
texto que
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u
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l
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Girardot
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l
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,
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,
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el
texto
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l
que
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y
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ás
allá
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e,
m
ás
acá-
del mi
s
m
o.
H
asta aquí se
h
a
n
señala
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o a
l
g
u
-na
s
carencia
s
de
l
a anto
l
ogía
de
Torre
s
y
s
e
h
a
puesto
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n
cuestión
l
a
inclu
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n
de algunos
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n l
a
misma
.
Tamb
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se
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ología y
que no pueden faltar
en
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l
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a
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n
el
nombre de
Willi
a
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Ospina
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m
o
un nombre que
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o
con todo
derecho en
l
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.
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de O
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se
,
sin a
l
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-jarse mucho
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e
,
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l
del psiquiatra Luis
Car
l
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,
cuyo
trabajo
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s
a
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l
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de
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s
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s
u
s
a
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ores
.
E
l
caso
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e
Ni
co
l
ás
G
ó
m
ez
D
ávi
l
a
,
figura que
a
tr
ae a
Torr
es
de una manera
obsesiva, es
más
comp
l
ejo.
Otro
a
nt
o
l
ogis
t
a
se-g
ur
a
m
e
nt
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n
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ra
pensado
e
n
Gómez
D
ávi
l
a co
m
o e
n
say
i
s
t
a
debi-do
a
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carácter afo
rí
st
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co
de
s
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ob
r
a.
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sabe eso
,
y sabe
que
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s
u
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apuestas
per
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n
a
l
es e
n
es
t
a a
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o
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a
,
y por eso,
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e
l
prólogo,
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n
o
Gabriel Zaid, quien
ase-g
ur
a
que
no h
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e
un
aforismo
(
pá
g
. XXI
).
"
¿E
n
sayos?
"
, se
pre
g
unt
a
Torres
(pág.
275)
r
e
t
ór
i
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ment
e e
n l
a
nota
introdu
c
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a a
la
selección
de
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.
Además,
podría decir
se
,
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apoyo
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Torres,
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s
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Gómez
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,
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s
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,
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Co-lombi
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El caso de otro autor
selec-cio
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,
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Eduardo
Jaramill
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,
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complicado, ya que
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parcialmente.
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antología
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Si
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l
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l
pro-yecto
de
Torres
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un
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primera parte
de
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n de diversos
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acompa-ñado
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toria del paí
s.
Pero
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efectos secundarios.
Lo prin
-cipal sería encontrar
una
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vo-ces
lúcida
s
p
a
ra juntarla
s
en
una
es-p
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e
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polifonía
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n la que -para
seg
uir
con
la
tendencia ensayística
a
romper barr
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ras
-
la historia del
en-sayo
terminar
a
convirtiéndose en
un
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es
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o
d
e
n
ove
la.
Para t
er
minar
,
t
e
n
go
que decir
qu
e,
a
p
esar
d
e
todos
lo
s
reparos que
puedan
hac
é
r
se
le
a este
libro
,
es
una
dicha
es
tar
e
n po
ses
i
ó
n de
é
l
y
sa
b
e
r
qu
e,
en cualquier
momento
,
se
pue-d
e
n leer
ciertos
texto
s,
incluyendo
algunos
,
como
los
citados
de
Elisa
Mújica
y
J.
Eduardo
Jara millo
Zuluaga,
so
bre
cuya condición
e
n
sa
yístic
a
puede hab
e
r dudas.
R O DRI GO Z UL.ETA
BOL ETfN CULTU RAL Y BIB LI OGRÁ PI CO, VOL. 4 0 , N ÚM . 62 , 20 0 3