Círculo de Testigos.
Compartiendo la sabiduría
que procede de la Eucaristía
Nancy Polacek y P. Louis J. Cameli
Profesamos que la Iglesia refleja la luz de Cristo. Creemos, asimismo, que nosotros como pueblo de Dios y cuerpo de Cristo, reflejamos mejor esa luz cuando renovamos nuestra esperanza y nuestra misión.
—Plan estratégico de pastoral de la Arquidiócesis de Chicago.
A los equipos parroquiales
El plan de pastoral de la Arquidiócesis de Chicago ha llamado a este año “Año de la Misa Dominical”. Por tal motivo estas notas (Círculo de Testigos) quieren ser una invitación a la reflexión y la oración de los equipos parroquiales, ahora que comienzan sus actividades coincidiendo con el inicio de la primavera.
El Año de la Misa Dominical, primeramente, no consiste en educar a nuestra gente sobre la Eucaristía, aunque aparecerán sin duda algunos elementos catequéticos necesarios. Tampoco en hacer mejoras litúrgicas, aunque ciertamente algunas se necesitan. El propósito principal del “Año de la Eucaristía” lo ha señalado muy bien Monseñor Canary, nuestro Vicario General:
La intención fundamental del Año de la Eucaristía es resaltar la vital importancia de nuestro culto semanal y, por lo mismo, motivar a la par-ticipación asidua a la misma. A fin de cuentas, se trata de la auténtica vida de fe que compartimos, es decir, nuestra vida en Dios.
Podríamos expresar de muy diversas maneras el propósito de este Año de la Misa Dominical. Queremos, ante todo disponer y hacer realidad que todas las personas adquieran un apa-sionado conocimiento de la fe eucarística. Movidas por una fe así de profunda, podrían compartirla en las celebraciones dominicales, además de convertirse en testigos de esa misma fe. ¿Cómo podría ser esto posible?
Imaginemos un movimiento en círculos concéntricos que comienza por el círculo más interno de servicio parroquial, el equipo parroquial y los líderes de los diferentes ministerios. Si el equipo parroquial se llena de un conocimiento profundo de la fe que nace de la Eucaristía, podrá hacer vibrar a toda la comunidad en esa misma sintonía de fe y de entusiasmo. Así, el equipo parroquial se convierte en el círculo central que da testimonio de la fuerza y de la sabiduría que procede de la Eucaristía.
El testimonio del equipo parroquial se amplía después al círculo de aquellos que frecuentan la misa dominical. Si estos últimos son capaces de asimilar un entusiasmo semejante en sus propias vidas, podrán después ampliar su testimonio de fe al círculo familiar, al de los amigos y a la comunidad entera.
Toda esta visión concéntrica – Círculos de Testigos - inicia siempre en el centro del equipo parroquial. Pero, ¿cómo puede el equipo parroquial caminar en este sentido?
Un proceso para los equipos parroquiales
Lo que ahora tienen en sus manos es una propuesta específica para las reuniones del equipo parroquial. El objetivo está claro: asumir un conocimiento apasionado de la fe eucarística y así lanzar el Círculo de Testigos.
El equipo de liderazgo parroquial incluye a los sacerdotes, diáconos, asociados pastorales, directores de educación religiosa, líderes escolares, ministerio juvenil, coordinador de liturgia y otros más. Se sugiere que las reuniones duren un poco más de una hora. El primer paso para dar testimonio de nuestra fe eucarística y de servicio parroquial es el proceso de oración-reflexión-compartir. Este proceso puede promover los lazos de unión espiritual entre los miembros del equipo pastoral y revitalizar su sentido de misión.
Existen algunos recursos bibliográficos básicos para este proceso (y para otros elementos del Año de la Misa Dominical). Señalamos especialmente el libro: Pan de vida: Explorando la presencia de la Eucaristía en nuestras vidas (Chicago: LTP, 2012) del Padre Louis J. Cameli. También disponible en inglés, igualmente en LTP, Bread of Life: Exploring the Presence of the Eucharist in Our Lives.
ORACIÓN Y REFLEXIÓN
Oración inicial
Dios de misericordia y de bondad,
tú sostienes a tu pueblo con el pan de la vida y la copa de la salvación. Bendice nuestra reunión de este día.
Profundiza nuestra fe en tu amor providente.
Ayúdanos a servir mejor a tu pueblo santo mediante nuestros ministerios de la palabra y de los sacramentos.
Haznos capaces de escuchar atentamente tu palabra y acogerla en nuestro corazón y entre nosotros, para que podamos cantar tus alabanzas con alegría.
Lectura
Concéntrate en la lectura del santo evangelio según san Juan Jesús dijo,
“Les aseguro que quien cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida.
Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron.
Éste es el pan que baja del cielo, para que quien coma de él no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
Quien coma de este pan vivirá siempre.
El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.” — Juan 6:47-51
Palabra del Señor.
Respuesta: ¡Gloria a ti, Señor Jesús!
REFLEXIÓN SOBRE LA EUCARISTÍA
En su libro, Pan de Vida, el padre Cameli se pregunta a sí mismo: “En mi camino de fe, ¿qué papel central ha tenido la Eucaristía?” Para responder a esta pregunta, el padre nos ofrece una serie de historias que él llama “autobiografía eucarística”. Las historias muestran un camino de fe desde la niñez pasando por su juventud y durante los años de su servicio sacer-dotal. Esos años están marcados por la presencia de la Eucaristía. A través de esa autobio-grafía eucarística podemos recibir un estímulo para revisar nuestro propio camino de fe, y ver cómo la Eucaristía nos ha acompañado en las diversas etapas de nuestra vida. El padre Cameli nos da algunas buenas razones para elaborar nuestra propia autobiografía eucarística:
“Si como creyentes y como Iglesia vamos a dar testimonio de la fuerza y centralidad de la eucaristía, debemos estar muy conscientes y tener muy claras esa fuerza y esa centralidad en nuestra propia vida . . . Necesitamos tomar en las manos nuestra experiencia eucarística, encontrar el lenguaje apropiado para expresarla, y después, compartirla generosa y despreo-cupadamente con los demás.”
Seguramente no será posible desarrollar una exhaustiva autobiografía eucarística con el tiempo que contamos, pero es suficiente el hecho de iniciarla ya, ahora. Tómate algunos minutos, tal vez diez, y medita las siguientes preguntas. Quizá quieras hacer algunas anota-ciones conforme vas pensando, recordando y rezando. Después de este momento de sosiego personal, reúnete con otros, en pequeños grupos, y comparte lo que has reflexionado.
Aquí están las preguntas:
Recuerda tu vida y tu vivencia de la Eucaristía. ¿Puedes recordar dos o tres
momentos en los que la vivencia de la Eucaristía significó algo muy especial
para ti? Tal vez, más allá de esos momentos, hubo alguna etapa en tu vida en
la cual la Eucaristía te sostuvo de un modo particular, ¿puedes identificar esas
etapas también?
Ya que has mirado en retrospectiva y has recordado, piensa ahora ¿existen
maneras que te muestren un sendero para avanzar en tu aprecio a la Eucaristía
conforme caminas por la vida?
Después de un momento de silencio comparte tus reflexiones por unos quince o veinte minutos.
Enseguida, de identificar y compartir nuestra experiencia de la Eucaristía, vayamos a los modos como servimos la vida eucarística de nuestro pueblo, especialmente en el contexto de la Misa Dominical.
Reflexiones de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI
Meditemos dos párrafos de la carta apostólica del Papa Juan Pablo II, Dies Domini: Sobre la santificación del Domingo.
Del número 31: “Para que esta presencia sea anunciada y vivida de manera adecuada no basta que los discípulos de Cristo oren individualmente y recuerden en su interior, en lo recóndito de su corazón, la muerte y resurrección de Cristo. En efecto, los que han recibido la gracia del bautismo no han sido salvados sólo a título personal, sino como miembros del cuerpo místico que han pasado a formar parte del pueblo de Dios. Por eso es importante que
Del número 81: “. . . esta observancia, antes que precepto, debe sentirse como una exigencia inscrita profundamente en la existencia cristiana. Es de importancia capital que cada fiel esté convencido de que no puede vivir su fe, con la participación plena en la vida de la comu-nidad cristiana, sin tomar parte regularmente en la asamblea eucarística dominical.” Del Papa Benedicto XVI en su carta apostólica Porta fidei (La puerta de la fe), en la procla-ma ción del Año de la Fe, en el número 9:
“Deseamos que este año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, “que es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza”. Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada y reflexionar sobre el acto mismo con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este año”.
Tómate unos diez minutos para reflexionar en silencio las siguientes preguntas:
¿Qué crees que podría ayudar a la gente de tu parroquia para que adquiera
una comprensión más profunda y valore la celebración de la misa dominical?
En tu propia experiencia, ¿sientes algún cambio de actitud entre las personas
católicas respecto a la Eucaristía y a su participación en la misma? ¿Cuáles
son las razones de ese cambio? ¿Cuál crees que deba ser la respuesta de
tu parroquia a ese cambio?
¿Sientes que las personas son capaces de unir su participación en la Eucaristía
con el hecho de ser discípulos y testimoniar la palabra de Dios y trabajar por la
justicia y la paz?
Comparte tus reflexiones con el grupo.
Al terminar de compartir, podrías elegir un momento o una próxima reunión donde se puedan tomar algunos pasos concretos para impulsar el Año de la Misa Dominical en tu parroquia.
ORACIÓN FINAL
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
“Mientras cenaban, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: -Tomen, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y bebieron todos de ella. Les dijo: Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos.”
—Marcos 14:22–24 Palabra del Señor.
Respuesta: ¡Gloria a ti, Señor Jesús!
Hermanos y hermanas, oremos por nuestras necesidades y por las necesidades de nuestra comunidad parroquial. Oremos al Señor.
Respuesta: ¡Escúchanos, Señor!
Por la Iglesia de Dios en todo el mundo, para que sea capaz de seguir siendo instrumento de paz y de unidad para todas las gentes. Oremos al Señor.
Respuesta: ¡Escúchanos, Señor!
Por nuestra comunidad parroquial, para que crezcamos en la fe y nos sostenga el Pan de la Vida. Oremos al Señor.
Por nuestros jóvenes y niños, para que la Eucaristía los alimente y sostenga en su camino de vida y de fe. Oremos al Señor.
Respuesta: ¡Escúchanos, Señor!
Por nuestros hermanos y hermanas, que por las razones que hayan sido, se han alejado de nuestras asambleas eucarísticas, para que regresen pronto y encuentren en nuestra comu-nidad de oración a Cristo Vivo. Oremos al Señor.
Respuesta: ¡Escúchanos, Señor!
Por nuestros hermanos y hermanas agobiados por la enfermedad, en especial los que se encuentran en hospitales, en casas de asistencia o en sus propios hogares, para que sean animados y fortalecidos con el alimento de la Eucaristía, y den así testimonio del Cristo resucitado. Oremos al Señor.
Respuesta: ¡Escúchanos, Señor!
Por aquellos que se nos han adelantado en el camino de la vida y han sido marcados con le signo de la fe, para que habiendo participado del cuerpo y de la sangre de Cristo en sus vidas, pueda ya participar del banquete eterno en el cielo. Oremos al Señor.
Respuesta: ¡Escúchanos, Señor!
Por nuestras intensiones particulares. Oremos al Señor.
Respuesta: ¡Escúchanos, Señor!
Oremos hoy y siempre, para que el Señor nos conceda nuestro pan de cada día: Padre nuestro . . .
BENDICIÓN
Que el Señor te bendiga, te guarde y te proteja. Que ilumine su rostro sobre ti y te conceda la paz.
Y que te bendiga Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu. Amén.
Vayamos en la paz de Dios.