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CAPÍTULO 3. DIFERENCIA ENTRE EL EVANGELIO DE JUAN

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© HarperColling, 2013

© Traducción: Asociación M. Légaut J. S. Spong, El 4º evangelio (extractos del libro) Distribución : https://johnshelbyspong.es - pág. [16]

CAPÍTULO

3

.

D

IFERENCIA ENTRE EL

E

VANGELIO DE JUAN

Y LOS OTROS EVANGELIOS

Para la mayoría de los cristianos de todo el mundo, las tradiciones de los evangelios han sufrido un importante proceso de fusión. Al escuchar un pasaje del evangelio, pocas personas pueden identificar inmediatamente si es de Marcos, Mateo, Lucas o ni siquiera de Juan. Digo “ni siquiera” porque el Evangelio de Juan es muy diferente de los otros tres, que se conocen colectivamente como “los sinópticos”. Cuando Mateo y Lucas escribieron, ya lo había hecho antes Marcos, y ellos incorporaron a sus narraciones importantes fragmentos de Marcos, alrededor de un 90% Mateo, y de un 50% Lucas. Ambos también añadieron otros textos a sus propias y personales versiones. Encontramos algunos ecos de estas tradiciones más primitivas en Juan, pero este evangelio no revela ninguna dependencia capital con respecto a los anteriores. Sin embargo, aunque no se sabe si Juan estaba familiarizado con la tradición sinóptica, a mí me parece inconcebible que al menos el editor final del evangelio de Juan no estuviera al tanto de los otros tres, y documentaré mis razones a favor de esta opinión a medida que se desarrolle este libro.

La experiencia de la mayoría de la gente, tanto clérigos como laicos, es que, cuando se lee el evangelio del día en una iglesia, los asistentes sólo oyen un pequeño fragmento sin contexto, sin tener en cuenta lo que venía antes o lo que seguirá después. Incluso cuando, en la celebración del domingo, se comienza diciendo: “Lectura del Santo Evangelio según…”, y se indica entonces que el evangelio de ese día es de Marcos, Mateo, Lucas o Juan, esta identificación no causa apenas efecto en la mayoría de los fieles.

También es verdad que, en la liturgia de días tan relevantes como Navidad, Semana Santa y Pascua, la mezcla de fuentes de las Escrituras es tan grande que nuestra mente está programada para ni siquiera intentar separarlas e identificarlas. Cuando contemplamos la representación anual de la Navidad, dramáticamente recreada cada diciembre en la mayoría de las iglesias, la combinación es también notable. La puesta en escena típica es una mezcla de textos que ha perdido su razón de ser.

El patrón normal de las representaciones de Navidad es tomar el argumento de Lucas, aun cuando la narración de Mateo del nacimiento de Jesús apareció mucho antes, y a continuación recurrir al evangelio de Mateo para añadir la escena de los Magos como acto final. Así, los asistentes se ahorran escuchar los sucesos más cruentos de Mateo, como la matanza de los niños inocentes de Belén ordenada por Herodes en su intento de eliminar al salvador prometido por Dios. En este proceso de fusión, sin embargo, la narración de Mateo se tiene muy poco en cuenta. En Mateo, por ejemplo, no hay viaje de María y de José a Belén, ni posada ni pesebre. Mateo supone, sin más, que María y José viven en Belén, en una casa suficientemente identificable como para que una estrella se detenga sobre ella y la ilumine con su luz. Esto, por supuesto, le supone a Mateo un problema que Lucas no tuvo, porque Mateo sabía que a Jesús lo identificaban a veces como el galileo, y a veces como alguien que provenía de

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© HarperColling, 2013

© Traducción: Asociación M. Légaut J. S. Spong, El 4º evangelio (extractos del libro) Distribución : https://johnshelbyspong.es - pág. [17]

Nazaret. Así que tiene que inventar una historia por la que Jesús viaja primero a Egipto, luego vuelve a la casa familiar de Belén, para ir después a Galilea y, finalmente, a Nazaret, todo con tal de escapar de la amenaza de Herodes, al cual retrata como temeroso de que un niño nacido en la pobreza sea una amenaza para su trono –cosa, por cierto, bastante extraña–. Todo esto es, por supuesto, más un cuento de hadas que historia.

Lucas, por su parte, supone que María y José viven en Nazaret y, por tanto, tiene que inventarse algo para que Jesús nazca en Belén, la ciudad de David, y así poder asumir la idea de que el Mesías tenía que ser heredero del trono de David. Para justificar este traslado, Lucas inventa la existencia de un empadronamiento ordenado por Roma, que exige que todo el mundo regrese a su lugar de origen a empadronarse, incluido José, de quien Lucas dice que es descendiente directo del rey David.

Esta historia, claramente mitológica, revela cuánto se tiene que modificar la realidad para hacer que la mitología sea creíble. En primer lugar, observemos que hay unas 50 generaciones entre David y José. Teniendo en cuenta las muchas esposas de David y el gran número de hijos e hijas que tuvo, los herederos directos de David después de 50 generaciones serían (si hubiesen sobrevivido todos, lo que por supuesto no pasó) miles de millones. Si todos hubiesen vuelto a Belén, como sugiere esta historia, ¡obviamente no habría sitio en la posada! En segundo lugar, Lucas nos dice que este censo ocurrió cuando Quirino era gobernador de Siria, pero los documentos históricos nos informan de que Quirino no llegó a ser gobernador hasta el año 6 o 7 d.C., cuando Jesús ya tendría 10 u 11 años. En tercer lugar, esta historia, leída literalmente, presupone que José habría expuesto a su esposa, casi al final de su embarazo, a un viaje de 151 kms en burro para ir de Nazaret a Belén. En conclusión, ninguno de estos detalles del evangelio de Lucas puede sostenerse históricamente, y varios de ellos son totalmente incompatibles con la versión de Mateo. Estos relatos son las dos únicas narraciones del nacimiento de Jesús que tenemos, sólo están separados por un intervalo de tiempo de unos 10 años, pero representan dos tradiciones totalmente diferentes. Sin embargo, esto no impide que, en la última escena del espectáculo anual de la Navidad, aparezcan los Magos llegando al establo, y es porque no queremos que la erudición científica eche por tierra una fantástica celebración.

Existe una combinación similar en nuestra celebración de la crucifixión y de los momentos finales de la vida de Jesús. Como con la Navidad, también los relatos de la pasión de los diferentes evangelios se fueron unificando poco a poco. Durante siglos, las iglesias celebraban el Viernes Santo con sermones o meditaciones basadas en “las siete palabras” que Jesús pronunció en la cruz, según se cree. Realmente, nunca existieron las “siete palabras”, pues éstas son el resultado de la combinación de los cuatro relatos de la pasión, que nunca se escribieron con la intención de que se pudieran combinar. La verdad es que no parece probable que Jesús dijese en la cruz ninguna de las siete palabras. Todas ellas son mitos creados a lo largo del tiempo.

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© Traducción: Asociación M. Légaut J. S. Spong, El 4º evangelio (extractos del libro) Distribución : https://johnshelbyspong.es - pág. [18]

El evangelio más antiguo, el de Marcos, sugiere que nadie podría haber recogido las últimas palabras de Jesús porque Jesús, de hecho, murió solo. Según Marcos, cuando Jesús fue arrestado, “todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mc 14: 50), lo que quiere decir que no había nadie para ver o escuchar al lado de la cruz. Los primeros cristianos argumentaban que esta deserción se incorporó con el fin de que se cumplieran las profecías, y se citaba un texto de Zacarías como prueba. En ese texto, el profeta escribía “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas” (Za 13: 7). Por lo general, no se elabora la justificación de una conducta si esa conducta no está tan arraigada en la tradición que es imposible ignorarla.

Por otra parte, este primer relato de la crucifixión, escrito por Marcos (14: 17-15: 49), no es, evidentemente, el relato de un testigo presencial, sino más bien un intento de contar la crucifixión como el cumplimiento de las escrituras judías, especialmente del Salmo 21 y del capítulo 53 de Isaías. La primera historia escrita de la pasión es, por lo tanto, una interpretación litúrgica, no una historia sucedida y recordada.

La primera “palabra” que, al parecer, Jesús dijo en la cruz se menciona en la narración-interpretación de Marcos. Es lo que llamamos el grito de abandono: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Esta expresión resulta ser nada menos que el primer versículo del Salmo 21, y ésta es la primera ocasión, aunque no la última, en la que Marcos usa el Salmo 21 para enmarcar la historia de la crucifixión. Cuando Mateo escribe su historia de la pasión, con el evangelio de Marcos como guía, él también afirma que Jesús, en la cruz, sólo pronunció esta angustiosa pregunta sobre su abandono.

En cambio, cuando Lucas escribió el tercer evangelio, a finales de los 80 o primeros de los 90, la idea de que Jesús hubiera sufrido sintiéndose separado de Dios o incluso abandonado por Dios era más de lo que los cristianos de aquella generación podían soportar. Era también un grito demasiado humano para tener sentido en la interpretación, cada vez más extendida, de que Jesús había sido un ser divino. Por eso Lucas hace desaparecer de su narración el dicho original (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”), aunque su fuente, Marcos, lo incluya. Más tarde, Lucas sustituye este grito de angustia por tres expresiones diferentes, nunca antes oídas o recogidas por la tradición. Primero, hace que Jesús pronuncie unas palabras de perdón para los soldados: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23: 34). Luego, recoge unas palabras de esperanza dirigidas a uno de los dos ladrones, un hombre al que Lucas –y sólo Lucas– describe como arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23: 43). Por último, pone una frase de confianza en boca de Jesús en el momento de morir: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23: 46), algo muy alejado del grito de “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Cuando se escribió el Cuarto Evangelio, a su autor le pareció que ninguna de las frases anteriores se ajustaba a la figura de Jesús que él estaba dibujando, así que se deshizo de todas y añadió tres suyas. La primera son las palabras con las que Jesús encomienda a su madre al cuidado del “discípulo amado” y

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viceversa: “Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a tu madre” (Jn 19: 27). La segunda frase que Juan introduce expresa la angustia de “Tengo sed” (Jn 19: 28), pronunciada, según Juan, para cumplir las escrituras –en concreto (Sal 69: 21), que luego Juan cita –. Finalmente, Juan recoge la frase culminante “Todo se ha cumplido”, que indica un final no trágico, sino triunfal. No entenderemos ningún evangelio, y en especial el Cuarto Evangelio, si no nos liberamos y superamos el batiburrillo de evangelios y empezamos a conocer cada uno de ellos en su unicidad.

Por eso, en este capítulo, de un modo escueto, mediante el listado y el enunciado de unos breves detalles, quiero diferenciar el Cuarto Evangelio respecto de los otros tres para que podamos verlo en su individualidad original y así poder aprovechar su particular mensaje.

Estas son las particularidades del Cuarto Evangelio:

- No hay ningún relato de un nacimiento milagroso o virginal. Me resulta inconcebible que al menos el último redactor o editor de Juan no hubiese oído dicha historia, puesto que existía en la tradición de Jesús desde hacía diez o quince años. Así que nos tenemos que preguntar por qué no se alude a ella. No sólo no hay una historia de un nacimiento sobrenatural, sino que, en dos ocasiones (Jn 1: 45; Jn 6: 42), se refiere a Jesús con total naturalidad como “el hijo de José”.

- Juan el Bautista no bautiza a Jesús, como se cuenta en los tres primeros evangelios. Todo lo que hace Juan el Bautista en el Cuarto Evangelio es ser testigo de Jesús.

- No hay un relato de las tentaciones de Jesús en el desierto ni de la transfiguración de Jesús cuando habla con Moisés y Elías.

- No hay expresiones provocativas de Jesús, ni parábolas, ni nada que se parezca al Sermón de la Montaña. En cambio, Jesús aparece pronunciando largos y a veces complicados diálogos o monólogos teológicos.

- La historia de la expulsión de los mercaderes del Templo no se asocia a la semana final de la vida de Jesús, como en los otros evangelios, sino que aparece en el capítulo 2, casi al principio de su vida pública.

- El escenario es sobre todo Jerusalén, y Jesús se retira a Galilea sólo para escapar de la vigilancia hostil de las autoridades de Judea. En los tres evangelios anteriores, Jesús va a Jerusalén solamente una vez, por la Pascua, momento en el que lo detienen, lo juzgan y lo crucifican. En Juan, en cambio, está en Jerusalén en tres Pascuas sucesivas.

- No hay ninguna descripción de la Última Cena en el Cuarto Evangelio. En ningún fragmento Jesús comparte la Cena Pascual con sus discípulos en una habitación del piso superior. En lugar de la institución de la Última Cena, este evangelio nos cuenta la ceremonia del lavatorio de los pies. Todas las enseñanzas de Jesús sobre la Eucaristía se insertan en el capítulo 6, cuando alimenta a cinco mil personas.

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© Traducción: Asociación M. Légaut J. S. Spong, El 4º evangelio (extractos del libro) Distribución : https://johnshelbyspong.es - pág. [20]

- Los milagros se transforman en “signos”, que describen una verdad dramática que nos introduce en la conciencia humana de Jesús. La mayoría de estos signos se relacionan muy superficialmente con los milagros de los evangelios anteriores.

- No hay agonía en el huerto de Getsemaní ni una oración en la cual Jesús pida a Dios que le ahorre el sufrimiento de la cruz. En su lugar, Jesús rechaza esa tradición sinóptica al declarar que nació para ser crucificado (Jn 12: 27).

- La crucifixión de Jesús supone precisamente su glorificación. Cuando levantan a Jesús en la cruz, es cuando éste atrae a toda la gente hacia sí. No es a un Cristo que sufre a quien se ve en la cruz, sino a un Cristo glorificado cuya misión se completa, de alguna manera, con su muerte.

- En el Cuarto Evangelio, hay una gran cantidad de personajes inolvidables que no se mencionan en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. Este desfile de personajes comienza en el capítulo 1, con un hombre llamado Natanael, y concluye con un personaje conocido como el “discípulo amado”, que se introduce en el Discurso de Despedida y que luego desempeña un importante papel en la pasión y resurrección de Jesús. Para entender este evangelio, tenemos que familiarizarnos con estas creaciones exclusivas de Juan.

- También se da cabida, e incluso entidad, a otras personas que han aparecido previamente en la tradición, pero sin tener ninguna de las características que Juan les atribuye. Entre otros, está la madre de Jesús, los hermanos de Jesús, Andrés, Felipe y Tomás. A medida que se desarrolle la historia, examinaremos el papel específico que este evangelio les asigna.

Estas son algunas de las características del Cuarto Evangelio que lo colocan en una situación distinta a la de los otros. ¿De qué tratan estos rasgos únicos? ¿De dónde surgen? ¿Cómo los utiliza el autor para contar su historia? Por ahora, quedémonos con estas preguntas, junto con las diferencias que acabamos de destacar y los extraordinarios ejemplos del desarrollo de los personajes que hemos señalado. Son la llave para entender este evangelio.

Referencias

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