¿Cabo Rojo o Punta Jerez?

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R e n a t o GUTIÉRREZ Z A M O R A

L A S COSTAS DEL ESTADO de Tamaulipas h a n sido teatro de tres desembarcos trascendentales no sólo para l a historia del Estado, sino p a r a l a historia de México en general.

E l primero tuvo lugar el 15 de abril de 1817, en l a B a r r a de Soto l a M a r i n a . E l guerrillero español don Francisco Javier M i n a , al frente de unos 300 hombres, venía a pelear por l a independencia de l a N u e v a España. Bien conocida es l a me-teórica carrera de este héroe, que murió fusilado en el Cerro del Bellaco, el 11 de noviembre de 1817.

E l segundo desembarco tuvo lugar en Soto l a M a r i n a , el 14 de julio de 1824. E l ex-emperador Agustín de Iturbide, en-gañado por sus partidarios que creían en u n movimiento general en favor del ex-monarca, venía a ponerse al frente de ellos. Aprehendido, fue juzgado por u n a ley privativa, condenado a muerte y fusilado el 19 de julio del mismo año, en el pueblo de Padilla, en donde u n modesto monumento señala actualmente el sitio de l a ejecución del discutido libertador.

Si de estos dos desembarcos hablan todos los historiadores sin discrepancia alguna, no sucede lo mismo con el tercero, en que por u n a confusión o error del que trató de él por primera vez, los demás historiadores o cuando menos l a mayoría de ellos, h a n seguido repitiendo el error, confirmándose lo que tan iró-nicamente nos dice Anatole France, en su I s l a d e l o s Pingüinos, respecto de l a manera de escribir l a historia.

E l tercer desembarco a que me refiero, es el del brigadier español don Isidro Barradas, que pretendía reconquistar l a N u e -vas España; desembarco que tuvo lugar en Punta Jerez del actual Estado de Tamaulipas, y no en C a b o Rojo, como asien-tan todos o l a mayoría de los historiadores; y eso es lo que voy a demostrar en este artículo. Pero, para ello, pasaremos una

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breve revista de lo que nos cuentan las historias, tanto lo que nos dicen los grandes libros de consulta, como los textos es-colares.

Don Niceto de Zamacois, que es el que más trata del asunto, nos dice en su monumental H i s t o r i a d e México:1

. . . E l tiempo continuó de esta manera terrible, y l a flota (que conducía a Barradas) estuvo a l a capa hasta las 12 del día 13 [de julio de 1829], con viento S E y fuertes chubascos que, continuando sin interrupción, fueron causa de que, al llegar l a noche, no se hallase ningún buque a l a vista de otro, ignorando cada cual l a suerte que le había tocado al resto de l a expedición, hasta que el tiempo le per-mitiese aproximarse a Cabo R o j o , punto convenido de reunión, que se había dispuesto en caso de temporal. C a l -mado algún tanto el tiempo, aunque siempre cubiertos los horizontes de negros nubarrones, pudieron dirigirse los bar-cos al sitio señalado, y cambiando al f i n en favorable el viento, se presentaron, a las nueve y media de la mañana, cinco velas a l a vista de Cabo R o j o ! que eran la goleta de guerra A m a l i a , y los transportes números 5, 9, 14 y 15. E l siguiente día 15, al amanecer, se reunió el transporte nú-mero 7; siguió a éste el bergantín C a u t i v o ; y el día 22 se

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Más adelante2 dice:

E l almirante D . Ángel Laborde, obedeciendo las órdenes que tenía del Capitán General de l a Isla de C u b a D o n Francisco Dionisio Vives, después de haber desembarcado en C a b o R o j o o sea l a Playa de Jerez [?] volvió a l a H a -bana, no dejando buque ninguno a Barradas, pues como dejo manifestado, que había creído que el país entero aco-gería fraternalmente a la fuerza expedicionaria.

C o m o se verá, de aquí parte el error de los historiadores, pues el autor, después de afirmar que el desembarco tuvo lugar en P u n t a Jerez, confunde y toma como l a misma cosa l a Playa de Jerez con el Cabo Rojo.

Más adelante3 el mismo autor, dice:

E l 31 de julio recibió el gobierno mejicano l a noticia de haber desembarcado en C a b o R o j o l a expedición española. . . . N o había transcurrido u n a semana desde su llegada a T a m p i c o , cuando tuvo aviso de que las tropas reblares

que cubrían el Estado de Tamaulipas, entre las cuales se encontraba el batallón P u e b l o V i e j o , así como las milicias, bajaron por Los Corchos, para provocarlo a combate. L o s principales jefes que iban a l a cabeza de estas tropas eran D . J u a n C o r t i n a ? el Coronel D . Andrés R u i z Esparza. E n el momento que Barradas recibió aviso de este movimiento, dispuso el 9 de agosto, l a salida de cuatro compañías del primer batallón, cuatro del segundo y dos del tercero, a las órdenes del comandante D . J u a n Falomir, cuya fuerza salió en dirección de Los Corchos, por el rumbo conocido con el nombre de C a m i n o v i e j o d e V i c t o r i a . ..

E n México a través d e l o s s i g l o s * no se describe el desem-barco de Barradas. Sólo dice: " L a noticia de haber desembar-cado en C a b o R o j o para dirigirse a T a m p i c o fuerzas españo-las.. ." Y más adelante:

Antes de l a llegada de Santa A n n a hacia el norte de Cabo R o j o , el General Terán se preparaba a l a defensa, fortifi-cándose en las cercanías de T a m p i c o , en la hacienda del C o j o , en A l t a m i r a y en otros puntos donde podía oponer su vigorosa resistencia...

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Don Marcos Arróniz,5 dice:

Durante esta administración [ l a del general Guerrero] E s -paña intentó u n a reconquista en el país, y u n a expedición al mando de Barradas a los veinte y cuatro días de salida de l a H a b a n a , se aproximó a las cercanías de T a m p i c o , y en el punto llamado Cabo R o j o verificó su desembarco, y con proclamas firmadas p o r el jefe de los españoles trata-ron de atraerse a aquellos habitantes a su causa. E l V de

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susVlrolemo, el enemigo, y el ejército

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B a r r a . . .

Por su parte, d o n Lucas Alamán6 se limita a decir:

L a noticia de tantos desórdenes y violencias hizo concebir a Fernando v n l a esperanza de restablecer a l a sombra d e ellos su dominación, para lo que dispuso en l a H a b a n a l a expedición que desembarcó en T a m p i c o [!] el brigadier Barradas en el mes de julio de 1829. . .

Consultemos ahora las historias escolares. D o n Alfonso T o r o d i c e :7

E l brigadier español d o n Isidro Barradas, se embarcó en la H a b a n a a l frente de u n a expedición de tres m i l hombres, mas como sufriera u n a tempestad que arrojó a u n o de sus barcos con trescientos hombres en las costas de l a Luisiana, desembarcó con el resto en Cabo R o j o o Punta Jerez, a doce leguas de Pueblo V i e j o , el 26 de julio de 1829, dirigiéndose luego a T a m p i c o . . .

C o m o se ve, parece que don Alfonso T o r o toma como el mismo punto geográfico C a b o R o j o y Punta Jerez.

E l licenciado d o n L u i s Pérez Verdía,8 por su parte, dice:

" E l 27 de julio de 1829 desembarcó en Cabo R o j o el brigadier español d o n Isidro Barradas con cuatro m i l hombres y a r m a -mento y municiones suficientes para formar u n numeroso ejérc i t o . . . " Poejérco más o menos, asienta lo mismo d o n G u i l l e r -mo Prieto.

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Otros autores señalan indistintamente a T a m p i c o o a Cabo R o j o como el lugar donde tuvo efecto el desembarco de B a -rradas. E l ingeniero don Francisco Bulnes9 da como lugar de

desembarco Cabo R o j o ; pero ya hace notar "que los historia-dores mexicanos colocan a Los Corchos entre Cabo Rojo y T a m p i c o , y Barradas lo coloca entre T a m p i c o y V i c t o r i a " .

Don M i g u e l L e r d o de T e j a d a , en sus A p u n t e s históricos d e

V e r a c r u z , de donde con toda seguridad tomó su versión el ingeniero Bulnes, d a Cabo R o j o como lugar del desembarco.

A h o r a bien, ¿dónde tuvo lugar efectivamente ese desembar-co? Tengo a l a vista u n a carta de navegación del Golfo de México, publicada por el Departamento de Comercio de los Estados Unidos del Norte, con sondeos en las costas y todos sus detalles. Según l a citada carta, l a distancia entre Punta Jerez y Cabo Rojo, en navegación por círculo máximo, pasa de

160 kilómetros. ¿Es creíble que don Ángel Laborde, que era un verdadero marino, y que el brigadier Barradas, que a pesar de sus fanfarronadas y jactancias era asimismo u n verdadero militar, desembarcaran fraccionada su ya menguada tropa, a más de 160 kilómetros de distancia entre las dos fracciones y cortadas por el río Pánuco, obstáculo natural nada desprecia-ble? N o es posible. Entonces, ¿en cuál de los dos puntos se verificó el desembarco? Primeramente pensé que podría orien-tar al investigador a este respecto el encuentro en el lugar llamado Los Corchos que unos autores dan antes de l a entra-da de Barraentra-das a T a m p i c o v otros después Pero resulta seeún me informa u n excelente amigo mío don D a v i d López de R i -vera nativo de A l t a m i r a y conocedor cabal de l a región que

en los alrededores de esa v i l l a o cerca de ella, hay u n lugar que se llama L l a n o de los Corchos, contiguo al L l a n o de los Barriles- v al sur de T a m n i r o cerra de l a hacienda de Bustos hay u n lugar que se llama Paso de los Corchos.

¿ Q u é otro dato podría poner al investigador sobre l a pis-ta? Los arenales que describe Zamacois, se encuentran tanto al norte de T a m p i c o ( P u n t a Jerez), como al sur (Cabo R o j o ) . Entonces hagamos otras consideraciones. Ningún historiador habla de que tuvieran que cruzar el río Pánuco para llegar a

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C r o q u i s d e la c o s t a t a m a u l i p e c a e n t r e C a b o R o j o y P u n t a J e r e z .

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T a m p i c o , cosa nada fácil para u n ejército de casi tres m i l h o m -bres, con pesada impedimenta y sin medios para construir un puente de barcas. E l Pánuco, con 400-450 metros de ancho, con gran caudal y bastante profundo, es u n obstáculo muy serio. Aquí tenemos u n dato que nos hace desechar Cabo R o j o como el lugar del desembarco. Se podría objetar que u n obstáculo parecido lo hubieran encontrado en Punta Jerez, pues tuvieron que cruzar los ríos Tigre y Barberena, que desembocan en l a L a g u n a de San Andrés. Este argumento no es de tomarse en consideración, pues esos ríos no pueden compararse con el Pá-nuco, n i en anchura n i en caudal, siendo verdaderamente unos riachuelos, con numerosos vados por donde fácilmente y sin peligro pueden cruzarse, lo que seguramente hizo l a tropa de Barradas.

Por todos estos detalles, desde hace varios años, llegué a las siguientes conclusiones:

i . Los historiadores que h a n tratado sobre l a expedición de Barradas, desconocían l a geografía del Golfo de México en l a región donde tuvo lugar el desembarco de Barradas, pues con-funden, lamentablemente, Punta Jerez con Cabo R o j o , cuando entre ambas marcaciones media u n a distancia de más de 160 kilómetros.

ii. Los barcos donde venían las tropas de Barradas, después de haber sido separados por el huracán que los sorprendió en la Sonda de Campeche, se reunieron frente a Cabo R o j o , según

l o tenían a c o r d a d o p r e v i a m e n t e .

ni. Y a reunidos los barcos (menos el que fue a dar a las costas de Luisiana, y que seguramente el almirante Laborde dio por perdido), tomaron rumbo norte cuarta al noroeste, para llegar frente a Punta Jerez, donde efectuaron el desembarco sin oposición.

Estas conclusiones están de acuerdo con lo que asienta Z a -macois, excepto en que éste confunde (como los demás historiadores que han seguido sus huellas) y toma como el mismo p u n -to Cabo R o j o y Punta Jerez, pues se recordará que asienta, des-pués de hablar del desembarco en Punta Jerez y refiriéndose

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al almirante L a b o r d e : "...después de haber desembarcado l a expedición en C a b o R o j o o s e a la P l a y a d e J e r e z " .

Esta confusión de Zamacois h a hecho que los historiadores mexicanos, que no conocen o que no conocieron esta parte de la costa del seno mexicano, asienten que el desembarco de B a

-rradas tuvo lugar en Cabo Rojo, lugar distante del verdadero en grado y medio de latitud. Aceptada m i tesis, se explica perfectamente que Los Corchos, como lo da Barradas, quede en " e l camino viejo de T a m p i c o a V i c t o r i a " , y no al sur de T a m p i c o , incongruencia ya hecha notar por el ingeniero don Francisco Bulnes. Para mayor aclaración, acompaño u n croquis de l a costa, que abarca desde Punta Jerez hasta Cabo Rojo, creyendo que con lo anterior queda aclarada y corregida nues-tra historia, respecto al lugar donde tuvo efecto el desembarco del brigadier español don Isidro Barradas.

Sin embargo, para hacer inobjetable m i tesis, he tratado de localizar el cuaderno de bitácora del navio S o b e r a n o , buque insignia del almirante Laborde. Desgraciadamente, no me ha sido posible localizarlo n i en el archivo de Simancas, V a l l a d o -lid, n i en el Museo de l a M a r i n a de M a d r i d , n i en el A r c h i v o de Indias de Sevilla. Es m u y posible que ese cuaderno se haya quedado en los archivos de l a Capitanía General de l a Isla de C u b a , cuyo paradero o fin desconozco. Pero no todo se ha per-dido para aclarar l a cuestión, según veremos.

Es perfectamente sabido que entre l a gente que trajo B a rradas en su desgraciada expedición, venía u n a especie de F o u -ché, u n verdadero genio de l a intriga que se llamaba don Eugenio de Aviraneta. E l escritor español Pío Baroja, según lo confiesa, era sobrino nieto del citado, y h a publicado u n a bio-grafía de su tío abuelo, titulada A v i r a n e t a o la v i d a d e u n

Conspirador.™ E n ella se asienta:

E n u n a reunión que tuvieron el capitán general Barradas, Laborde y demás jefes de l a expedición, encargaron a A v i raneta l a redacción de l a proclama que el general don D i o -nisio V i v e s dirigiría a los españoles habitantes en N u e v a España en nombre del rey. E n l a redacción de esta proclama, m u y difícil de hacer, ayudó a Aviraneta don Juan R a

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món Oses, magistrado, emigrado de l a A u d i e n c i a de M é -jico. P a r a l a proclama militar, como don Eugenio estaba acostumbrado a hacerlas con el Empecinado, no tuvo nece-sidad de n a d i e . — C o n todo preparado, m a l o bien, salieron del M o r r o en julio de 1829. Aviraneta no sabía al embar-carse en qué punto de Méjico iban a desembarcar. Se lo preguntó a Barradas, ya en el mar, y éste le dijo que en T a m p i c o de Tamauíipas.Siendo así c o n t e s t ó A v i r a n e -ta—, me atrevo a decirle que vamos vendidos.—Barradas en l a travesía mostró u n genio insufrible, y u n día, en l a mesa, riñó con Laborde y se tiraron los platos a l a cabeza. Navegaron con vientos frescos hasta el 26 de julio, que pa-saron frente a l a p u n t a d e J e r e z . — - E l desembarco se hizo con el mayor desorden...

Si esta descripción no pareciera suficientemente fidedigna, he conseguido del A r c h i v o de Indias, de Sevilla, copia en m i -crofilm del oficio que transcribo a continuación:

E x m o . S o r . — L a s últimas noticias ocurridas á l a vanguardia del Ejército R e a l al mando del brigadier D n . Isidro B a r r a -das, desembarcó en Punta Jerez, costa del Reyno de l a N u e v a España, y h a capitulado en T a m p i c o me h a n puesto en l a necesidad de comisionar al capitón de N a v i o D n . Lorenzo José de Noriega, Secretario de esta Capitanía ge-neral para que ponga'e'n conocimiento del R ?Y NuestVo

Señor este desgraciado acontecimiento con las demás noti¬ de Estado y de su Despacho.

Creo que con l a transcripción de este documento queda de-mostrado, en forma indudable, que el desembarco de don Isidro

Barradas en las costas mexicanas, tuvo lugar en Punta Jerez, del actual Estado de Tamaulipas, y no en Cabo R o j o del Estado de Veracruz, como lo afirman l a mayoría de los historiadores. Es pues, necesario, corregir nuestros textos de historia para que el error no se siga propagando, como h a venido sucediendo desde hace cerca de siglo y medio; y se explica perfectamente que el combate que hubo en Los Corchos, fue en las

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inmedia-cienes de A l t a m i r a , en el camino viejo de T a m p i c o a V i c t o r i a , c o m o lo asienta el brigadier don Isidro Barradas, por lo que fue anterior a la entrada de éste a T a m p i c o .

N O T A S

1 Niceto de Z A M A C O I S , H s t o r i a d e México. V o l . X I , pp. 722 y ss.

2 O p . c i t . p. 741.

3 O p . c i t . , p. 743.

* México a través d e l o s s i g l o s . Vol. iv, p. 195.

•> Marcos A R R Ó N I Z , M a n u a l d e H i s t o r i a y Cronología d e México, París, Librería de Rosa Bouret, 1859, p. 203.

6 Lucas A L A M Á N , H i s t o r i a d e México. V o l . v, capítulo 11. Alfonso T O R O , H i s t o r i a d e México. V o l . n i .

s Luis P É R E Z V E R D Í A , C o m p e n d i o d e H i s t o r i a d e México. Cuarta Parte,

capítulo 8.

9 Francisco B U L N E S , Las G r a n d e s mentiras d e nuestra h i s t o r i a .

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