Este lugar de la Merindad de Sangüesa se halla emplazado en el valle de Unciti, que se englo-ba dentro de la demarcación de la Cuenca de Lumbier-Aoiz. Dista 22 km de Pamplona, y a él se puede llegar a través de la autovía A-21 hacia Sangüesa. Una vez pasado Elorz, se toma la NA-234 en dirección Unciti-Urroz y se sigue por ella hasta pasado Zabalceta. A la misma altu-ra de Unciti es preciso desviarse hacia la derecha a taltu-ravés de la NA-2343 hasta llegar a esta población.
En los siglos XIII-XIVel hospital de Santa María de Roncesvalles poseía diferentes hereda-des en la localidad, que se mantuvieron y acrecentaron en las centurias siguientes. Así, en el
Libro de Fuegos de Sangüesa de 1428, Najurieta aparecía como pechera del monasterio. Pero,
ade-más, fue un lugar de señorío que pasó a formar parte del patrimonio de los Cruzat, una influ-yente familia de la burguesía pamplonesa de ascendencia franca. El primer personaje del que se tiene constancia documental es don Aimar o Aimaro Cruzat (†1193), quien ya poseía el título de señor de Najurieta (así como de Arzueta, Escusaga y Belzunce) y lo transmitió a su primo-génito Berenguer (†1262), que llegó a acumular una gran fortuna personal. Ésta pasó a su hijo homónimo, que tuvo cinco vástagos. De todos ellos, interesa especialmente doña Flandina Cru-zat, que heredó dicho señorío y dispuso en su testamento, redactado en 1346, que, a su muer-te, y dado que no había tenido descendencia, Najurieta fuera donada a la cofradía de San Cer-nin, con todas sus posesiones en la localidad, como garantía de las capellanías, misas, lámpara, convites y limosnas perpetuas que fundaba en esta misma parroquia pamplonesa. La cofradía de San Cernin de Pamplona mantuvo estos bienes hasta 1416, momento en que los permutó con el rey Carlos III por el lugar de Beriáin. Sin embargo, en 1427 la reina doña Blanca devolvió Najurieta a la cofradía, junto con Escusaga y Arrieta. Doña Flandina Cruzat también tuvo un recuerdo en sus últimas voluntades para la parroquia de Najurieta, a la que legó “una vestimen-ta” litúrgica para el sacerdote, así como un cáliz de plata para el servicio de la misa.
Con respecto a los datos demográficos, en 1366 el Libro de Fuegos recogía la existencia de
siete hogares de hidalgos, a los que había que añadir dos clérigos que servían la iglesia, como quedaba registrado en el Libro del Rediezmo. En 1847, según Madoz, el número de clérigos se
había reducido a uno, con calidad de vicario, que era provisto por el arzobispado a presenta-ción de los vecinos.
NAJURIETA
E
L TEMPLO SE ASIENTA EN UN ALTOZANOque domina todo el pueblo y a él se puede acceder, tanto cami-nando como en coche, a través de un camino cemen-tado desde la parte baja de la población. El edificio, cons-truido a base de sillar del tamaño habitual en el románico rural navarro, destaca por la potente torre que emerge del cuerpo central del edificio y por la decoración de arquillos ciegos bajo la cornisa en ábside y tramo inmediato de posi-ble influencia lombarda y catalano-aragonesa, si bien para Uranga e Íñiguez sería un rasgo más propio del estilocis-terciense. En su parte delantera, y rodeado de un murete, se sitúa un pequeño jardín, con algunas estelas funerarias, que constituyó en tiempos el cementerio parroquial.
En su flanco sur, sobresale un pórtico agregado con posterioridad al edificio primitivo. La portada (1,30 m de anchura de vano por 1,50 m de profundidad y 3,15 m de frente) responde a un esquema muy sencillo a base de dos arquivoltas de medio punto en platabanda, que reposan sobre pies derechos embellecidos con dos impostas lisas corridas a modo de cimacios. El atrio está formado por
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N A J U R I E T AExterior Planta
Ábside
0 1 2 3 4 5 m
Alzado sur Sección longirudinal
0 1 2 3 4 5 m
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N A J U R I E T Auna cubierta de madera que apea en dos columnas octo-gonales y un tercer pilar cuadrangular sobre murete, pudiendo datar del siglo XVIy habiendo sido retocado en el XVII. Sin embargo, ya existió previamente un atrio más pequeño, a tenor de algunas ménsulas de apoyo labradas en un nivel más bajo entre los dos contrafuertes ubicados en el muro sur del templo (el oriental más ancho que el occidental). En su zona alta, y bajo el tejaroz, se alinea una hilera de ménsulas lisas convexas, que actualmente quedan cubiertas y ocultas por el porche. En el flanco meridional, que sufrió una remodelación parcial en el siglo XVII, se abren tres ventanas: una primera inmediata al ábsi-de, achaflanada y con terminación semicircular, que no corresponde a la fábrica original. Vemos otras dos segui-das en el semicilindro absidal, una rectangular posmedie-val y otra, cegada, rematada en semicírculo, original románica. Dos medias columnas se adosan en el ábside, al igual que en muchos edificios de Tierra Estella. Una ven-tana se abre en el mismo eje, a nueve hiladas sobre el podio del ábside (la altura de sus hiladas oscila entre los 50 cm en su franja inferior y los 20 cm en la superior). Está rematada por medio punto, decorado con tres pequeñas bolitas en resalte (en la cercana iglesia de Beortegui hay también motivos de bolitas en una ventana). Al Norte se alzan dos cuerpos añadidos con la sacristía, la capilla y la escalera de acceso al coro y a la torre. En el flanco oeste sobresale la estructura del coro, terminada en una ventana que ha sido tapiada en beneficio de otro vano que se per-foró después en su lado sudoeste y paralelo a otro de características semejantes, en el tramo siguiente, bajo la torre (que fue retocada en el siglo XVIII). Ésta sobresale airosamente por encima del edificio y está compuesta por un aparejo más pequeño que el utilizado en la iglesia. Queda ubicada en el centro de la nave, pudiendo derivar del modelo emanado de Loarre, según afirmaban Uranga e Íñiguez, que tuvo repercusión en otras iglesias navarras, como Eusa, Ballariáin, Yarte, Muniáin de Guesálaz, Nues-tra Señora del Campo en Navascués, Olleta o Azuelo. Su zona superior está abierta en cada frente por un arco semi-circular, salvo en el meridional, donde presenta una doble arcada que aloja las campanas. Sus cuatro lienzos culmi-nan en la cornisa sostenida por ménsulas lisas en cuarto bocel. Bajo el tejaroz se distribuye, a lo largo de la cabe-cera, una hilera de arquillos de medio punto de influencia lombarda (también visible en otros edificios navarros como en la parroquia de Zolina), que apea en canecillos lisos o cóncavos ornamentados con distintos elementos geometrizados, algunos de ellos de difícil interpretación: varias cabecitas humanas y animales, una figura de un con-torsionista muy esquemática, lo que podrían ser
instru-mentos musicales y una bola. Al Sudoeste, y por delante del muro del coro, quedan restos de una construcción pos-terior que pudo acoger la casa parroquial.
En el interior (18,02 m de longitud y 3,98 m de anchura), el templo sigue un modelo de nave única dividi-da en tres tramos, más una cabecera semicircular com-puesta por dos secciones. La nave está cubierta por bóve-da de cañón apuntado (rehecha en algunos tramos, como el del coro, durante el siglo XVII) sobre tres arcos fajones, el del coro doblado, que apean en columnas, algunas de ellas seccionadas con el objeto de ampliar la capacidad del templo. Sus capiteles están decorados de Norte a Sur y de Oeste a Este con los siguientes motivos. El primero (al Noroeste) comprende dos niveles de hojas digitadas y grandes volutas en las esquinas que rematan los corres-pondientes tallos. El cimacio se adorna con un roleo muy tosco, con cabecita de ave de perfil. El segundo represen-ta, entre volutas semejantes a las anteriores, parejas de pájaros que afrontan sus dorsos y vuelven sus cuellos para contraponer las cabezas, siguiendo un diseño languedocia-no. Otra pareja de menor tamaño se dispone en cada esquina bajo volutas. El cimacio queda conformado por un roleo muy torpe con panelas. El tercero exhibe una suce-sión de once personajes erguidos que se dan la mano (cinco en el frente y tres a cada lado); en los ángulos, volu-tas semejantes a las visvolu-tas en capiteles anteriores; y en el cimacio se aprecian trifolios y cuadrifolios inscritos en dobles tallos circulares. Finalmente el cuarto, emplazado al Sudoeste junto a la puerta de entrada, se compone de aves afrontadas por sus dorsos, con cabezas vueltas, como en el segundo capitel, y volutas angulares. Cuenta con la parti-cularidad de una decoración de retícula romboidal en su cimacio, que también se puede hallar en otras iglesias, como San Andrés de Learza y Eusa. En el exterior, junto a la puerta de ingreso, concretamente en la parte izquierda más baja, se inserta una pieza pétrea compuesta por esta misma decoración losanjeada.
Al Norte de la nave existe una capilla añadida, posi-blemente en el siglo XVI, cubierta con bóveda de cañón. En el muro sur, frente a ella, pueden observarse, como conti-nuación de la cabecera, dos arquillos semicirculares ciegos que apean sobre ménsulas cóncavas y que también pudie-ron ser mutilados en sus extremos inferiores con la función de aumentar la anchura de la nave. La cabecera, semicir-cular, está dividida en dos áreas, como se ha señalado. En algún momento fue repicada toda la piedra de esta zona (posiblemente en 1987, cuando la Institución Príncipe de Viana llevó a cabo un recalce de la cabecera para corregir agrietamientos radiales que ya se venía detectando desde 1949) y, al igual que el resto de la iglesia, ha sido
Capiteles del arco triunfal Interior
da hace algunos años. El anteábside se cubre con bóveda de cañón apuntado, mientras que el semicilindro lo hace con bóveda de horno, también apuntada. Toda la cabece-ra está articulada mediante una arcada compuesta por cinco arcos semicirculares ciegos que perdura todavía en la arquitectura navarro-aragonesa a lo largo de la segunda mitad del siglo XII (arquerías ciegas en el interior de la cabecera también se observan en algún otro templo nava-rro como en la ermita del Santo Cristo de Cataláin; e igualmente en numerosos edificios aragoneses como la iglesia del castillo de Loarre, San Juan de la Peña o Santia-go de Agüero y en la sala de doña Petronila en el palacio real en Huesca; o la iglesia de San Gil en Luna, Zaragoza). Los arcos que flanquean el eje del ábside reposan sobre dos columnas con capiteles toscamente ornamentados y cima-cios lisos. El septentrional recrea figuras humanas erguidas en las esquinas, con disposición frontal y unos largos bra-zos que se prolongan en volutas. En el centro, y entre ellas, dos aves colocadas en vertical afrontan cabezas y colas (remiten al capitel sur de la embocadura del ábside). En los laterales, bolas y elementos similares a báculos. Mientras que el meridional presenta dos figuras erguidas con gran-des cabezas en las esquinas. En el centro, un adorno, que podría ser un creciente volteado o un asa que se repite acompañado con bolas en los laterales (conecta con el capitel norte de la embocadura del ábside).
Tres ventanas abocinadas se abren en esta zona. Una dispuesta en el eje, de medio punto y original. Otra seme-jante en el lienzo sudeste, en el siguiente arco, que pudo ser abierta con posterioridad y se manifiesta al exterior en vano rectangular. Sin duda sustituyó a otra, ideada origi-nalmente que todavía se mantiene, aunque cegada, en el exterior pero de la que no se conserva ninguna traza en el interior. La última, ya en el muro sur que da paso a la nave, también fue añadida, según revelan los encuentros de los sillares. Justo frente a ella, al Norte, se abre la puerta de entrada a la sacristía, construida en el siglo XVIy cubierta con bóveda de crucería sobre ménsulas suspendidas. En la embocadura del ábside se ubican dos capiteles altos en columnas, finalizadas con plinto circular y bolas frontales. Ambos responden a esquemas muy simples y toscos. El situado al Norte es liso y se adereza con un asa o crecien-te al frencrecien-te y volutas en las esquinas (relación con el capi-tel meridional del ábside). Mientras que en el ubicado al Sur se cincelan parejas de aves que contraponen colas y cabezas (como en capitel norte de la cabecera). En las esquinas y en cada cara se despliegan volutas unidas por cordones en relieve, con la particularidad de que las late-rales se prolongan en caída. Por último, es necesario seña-lar que una moldura de imposta corre a la altura de los
cimacios de los capiteles altos por el perímetro de la mayor parte del templo. Al Oeste se levanta el coro. Su frente se halla limitado por una pequeña balaustrada de madera de estilo gótico, tallada con motivos flamígeros-mudéjares, que podría fecharse en el siglo XV o comienzos del XVI. Para terminar, debe mencionarse la existencia de dos vanos abiertos tardíamente en el muro sur de la nave (posible-mente en el siglo XVII, cuando una parte del lienzo meri-dional fue derribado por estar falssa y en bazio la pared della y
para reconstruir más cómodamente el tramo de bóveda del coro, que estaba en peligro de derrumbe) y con las mismas características, abocinados y de sección rectangular.
Como se ha podido observar, los documentos men-cionan la necesidad de obras en la iglesia por problemas estructurales de los muros ya durante el siglo XVII. En 1949 la Institución Príncipe de Viana realizó una memoria sobre este templo, amenazado de ruina, donde se contemplaban problemas semejantes causados por su asentamiento al borde de una pendiente y una inadecuada cimentación que habían originado nuevas grietas en las bóvedas y el plazamiento del ábside, al que incluso se le habían des-prendido varios sillares. En 1950 se efectuó una actuación de urgencia orientada a consolidar los cimientos, y reparar el desplome de bóvedas y ábside. En 1998 se financió una nueva reparación de las cubiertas. Problemas similares han debido ser frecuentes en otras iglesias con emplazamiento semejante, como Beortegui.
Por todos los elementos y las características descritas a lo largo de estos párrafos, cabría concluir que esta iglesia fue edificada durante la segunda mitad del siglo XII.
En cuanto al mobiliario de la iglesia, es necesario reseñar la presencia en la capilla norte de una sobresa-liente pila bautismal que constituye un elemento excep-cional en el panorama medieval navarro. Está compuesta por una taza cilíndrica de gran tamaño (113 cm de diá-metro X40 cm de largo) con taza y subtaza y dos niveles de decoración. El inferior acoge una arquería de medio punto, ornamentación que también puede encontrarse en otras pilas, como las de Zuazu o Alzórriz, de gran pareci-do, así como en las de Oscáriz, Reta, Grez, Lérruz, Idoa-te, Auza o Cemboráin. En uno de sus arcos se cobija una figurita humana muy tosca, que parece representar a un personaje portando un báculo, y podría corresponderse con el rector Pedro López, promotor de esta obra, según lo indica la inscripción labrada en la propia pila. En el nivel superior, diferentes motivos ornamentales: una retí-cula romboidal terminada en volutas laterales, otra retícu-la romboidal, más geometrizada, siguiendo motivo losan-jeado, le sigue una estrella de seis puntas y una cruz patada en el mismo registro; en otro rectángulo labrado se 892
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N A J U R I E T ADetalles de la pila bautismal
ha tallado una flor de lis y una inscripción, la única que se conoce en Navarra para una pila bautismal, que se va de-sarrollando de forma extendida, de modo que cada sílaba se dispone en un motivo romboidal, salvo la parte final, inscrita en un rectángulo: P(etro) LUPI RECTOR ECLESIE DE ESCUSESI ME FECIT/D(ominu)S DIMI/TAT EI P/ECATA S/UA
AMEM. El fuste (42 cm de altura) tiene una tipología poli-lobulada y está formado por cuatro columnas adosadas a otra central, un plinto cuadrilobulado con cuatro garras en los ángulos de intersección y dos caritas humanas en dos de los frentes de estas columnillas. Se ha propuesto para toda esta decoración un contenido simbólico que formaría parte de un programa iconográfico por el cual, en palabras de Domeño la “cruz de Cristo y la pureza de María conducen el alma cristiana al Reino de los cielos representado por la arquería inferior, que a su vez conlle-va una doble imagen; de un lado simboliza a la Iglesia como institución representada a través del edificio reli-gioso, el templo, y a la que se accede a través del Bautis-mo; de otra parte, es una imagen de la visión de la Jerusa-lén celeste del Apocalipsis, es decir, del Reino de los cielos, de la salvación eterna que se obtiene a través del Bautismo”. El carácter atípico de esta pieza y la ausencia de fuentes directas hace que carezcamos de términos de
comparación a la hora de confirmar esta interpretación. Toda la pila fue pintada con una capa de policromía gris (al igual que sucede en otras fuentes navarras) aplicada directamente sobre la piedra, que ya ha desaparecido en algunas zonas. Por las características de la inscripción cabe situar la ejecución de esta pieza en época gótica.
Texto y fotos: JBA - Planos: RHM
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