¿Muerte de la Comisión de Derechos Humanos: por descrédito debido a la politización o por presión occidental para su reemplazo?

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1 ¿Muerte de la Comisión de Derechos Humanos: por descrédito debido a la politización o por presión occidental para su reemplazo?

Autor: Luis Alberto Amorós Núñez, Maestrante. 20 de marzo de 2017.

A inicios de siglo no existía persona alguna que esperara que pocos años después la Comisión de Derechos Humanos iba a desaparecer. Era tan conocida y seguida por los grandes medios de comunicación que parecía ser el último de los órganos de Naciones Unidas que se esfumaría.

Su sobredimensión, fruto del exagerado apoyo que recibía de los grandes países occidentales porgarantizar sus intereses de manipulación, le daba también una perspectiva de perpetuidad. Además, atravesó distintos momentos previos de revisión de sus mecanismos y métodos de trabajo, incluido un proceso que finalizó en el año 20001que indicaba que tuvo ajustes necesarios, con el acuerdo de todos los grupos de países.

Sin embargo, la Comisión se vio afectada por una crisis que le hizo perder toda credibilidad.

Su desaparición a mediados de la década pasada, al sustituirse por el actual Consejo de Derechos Humanos, implicó un cambio muy relevante en el marco institucional de las Naciones Unidasporque se transformó el órgano que desde 1946 realizaba la labor fundamental dentro del sistema en la atención a los derechos humanos. La única entidad de la ONU que la superaba en atención mediática era el Consejo de Seguridad.

La crisis que afectó a la Comisión ha sido achacada por muchos políticos y académicos, incluidos cubanos, a la pérdida de su credibilidad por el abuso que

1 Anexo a la Decisión 2000/109 de la Comisión (Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, 2000, pp. 387-402), que incluyó la revisión de importantes cuestiones del funcionamiento de la CDH vinculadas con la rede de procedimientos especiales y variados aspectos al respecto, las respuestas urgentes ante solicitudes de información, el examen de los informes, el seguimiento entre período de sesiones, el procedimiento de denuncia 1503, el funcionamiento de la Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos, la fijación de normas y los métodos de trabajo de la Comisión.

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2 sufrió por parte de las potencias occidentales para hacer avanzar e imponer sus intereses de dominación.

Si bien el autor coincide con este razonamiento, la realidad asociada a la crisis de la Comisión es más compleja, y a 11 años de su desaparición, sería conveniente retomar un análisis sobre las causas de eso.

Si bien hubo muchos aspectos positivos del trabajo de la Comisión desde su creación en 1946, sus elementos distintivos y preponderantes, en particular desde los años 90’, tras la reconfiguración de la correlación de fuerzas internacionales con la desaparición de la mayor parte del campo socialista y el fin de la Guerra Fría, se vincularon con la actividad inquisidora y de estigmatización contra países del Sur por la presión y manipulación de los países desarrollados.

El elemento más relevante de esta actividad fue la promoción de iniciativas contra Estados subdesarrollados casi exclusivamente (17 en la última década de existencia de la Comisión2), con alguna excepción para casos de otros países muy particulares, como Rusia o Serbia, que tenían un fuerte enfrentamiento político con las potencias occidentales.

Cabe resaltar que en este contexto manipulador y politizado contra países del Sur u otros que no se plegaban a los designios occidentales, liderados por Estados Unidos, esta misma potencia cuestionó las resoluciones presentadas contra Israel en la Comisión por las fragantes y notorias violaciones de derechos humanos de este país en los territorios bajo su ocupación en el Medio Oriente.

2En sus últimos 10 años, la CDH aprobó resoluciones contra 17 países subdesarrollados, bajo el politizado tema de la agenda vinculado con situaciones de violaciones de derechos humanos (tema 9, o a veces 10 ó 12). Estos textos perseguían por lo general estigmatizar e imponer condiciones políticas a los Estados cuestionados, que fueron, sobre todo: Afganistán, Burundi, Cuba, Guinea Ecuatorial, Iraq, Irán, Nigeria, la República Democrática del Congo (Zaire en su momento), la República Popular y Democrática de Corea, Rwanda, Sierra Leona, Sudán y Timor Oriental, y a los que se unieron alguna que otra vez: Angola, Colombia, Haití, Togo y Turkmenistán. También se trató de condenar cada año a China y a Rusia (por el conflicto checheno), pero nunca fructificó por el poderío de estos países. También lo lograron Zimbabwe y por momentos Sudán, Irán y Cuba. Fuente: Informes sobre los períodos de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de 1994 al 2004.

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3 Era incongruente este cuestionamiento y oposición, al tiempo que EE.UU. promovía y apoyaba resoluciones contra países cuyas situaciones de derechos humanas estaban muy lejos de tener la gravedad de las acciones cometidas por su aliado israelí contra los derechos de la población objeto de su ocupación.

El análisis hasta aquí permite corroborar la opinión de la incidencia en la crisis del abuso de los mecanismos del Consejo por parte de los grandes países industrializados. Sin embargo, existieron otros dos factores.

Cabe resaltar entonces, las tres razones que el autor considera que tuvieron que ver más en la famosa crisis que barrió con la Comisión. Son las siguientes:

1. El abuso y la manipulación de los mecanismos de la Comisión por las grandes potencias industrializadas de Occidente con el objetivo de hacer avanzar e imponer sus intereses geopolíticos a escala global. La lógica respuesta de los países del Sur escaló la confrontación a niveles que cuestionaron la estabilidad del sistema y socavaron su utilidad para los que ejercen el poder hegemónico.

2. La incapacidad de la CDH para responder a las graves crisis de violaciones de derechos humanos originadas en la agresión al Iraq y la situación prevaleciente en la Base de Estados Unidos en el territorio ocupado de Guantánamo, hicieron insostenible la credibilidad y legitimidad de la CDH. Debía ser sustituida por un nuevo órgano.

3. La CDH no se correspondía ya con el modelo de órgano para el trabajo de control político e ideológico que necesitaban los grandes países occidentales, encabezados por Estados Unidos. Estos países buscaban reproducir el esquema del Consejo de Seguridad en los trabajos de derechos humanos. Es decir, establecer un órgano de composición limitada, más relevante en Naciones Unidas, con amplias prerrogativas y además con requisitos especiales de admisión para controlar su membresía. En opinión del autor, este factor no ha sido suficientemente apreciado entre académicos y diplomáticos.

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4 Al ampliar sobre el primer factor,el más conocido, cabe significar que la Comisión ha sido, tal vez, el que ha mostrado de manera más descarnada el manejo manipulador en Naciones Unidas o ejercicio velado, sinuoso y abusivo del poder económico, político y militar de las potencias occidentales para imponer en la Organizaciónde Naciones Unidas sus concepciones para lograr la dominación sobre los países del Tercer Mundo.

Cabe destacar en este sentido, la sórdida historia de presiones de todo tipo de las potencias occidentales, en particular de Estados Unidos, para imponer en la Comisión sus designios, coacciones y medidas agresivas contra países subdesarrollados y otros que no se plegaban a sus intereses hegemónicos. En este amplio menú de instrumentos de presión sobre los miembros de la Comisión del Tercer Mundo para que apoyaran sus acciones, en particular para asegurar la aprobación de resoluciones contra países, se incluyen desde chantajes económicos, promesas de ayuda financiera o de alivio de deudas vencidas, la cancelación de convenios y tratos preferenciales en materia comercial y económica, hasta amenazas de uso de la fuerza, de la cancelación de ayuda militar, exigencias y reclamos de apoyo al mayor nivel político promesas, y asedio sobre los funcionarios diplomáticos, etc.

Un catalizador esencial de la confrontación en los trabajos del órgano fue su tendencia a dedicar una parte cada vez mayor de sus esfuerzos y recursos al monitoreo, análisis crítico y condenas – bajo los intereses y prismas de las grandes potencias occidentales --, en detrimento del enfoque temático, de cooperación y asistencia que debería primar en sus trabajos. Con la excepción del Consejo de Seguridad, ningún otro órgano del sistema de Naciones Unidas incluyó una lista tan amplia de situaciones de países en sus programas, como ya se resaltó.

La manipulación de la Comisión y su accionar contra países subdesarrollados, como Cuba y otros, se pretendió justificar bajo la lógica de que fueron estos propios países los que empujaron en su momento el seguimiento a graves situaciones de violaciones de derechos humanos como las ocurridas en el Chile bajo la dictadura de Pinochet o en la Sudáfrica del apartheid.

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5 Esta justificación pretendía dar visos de legitimidad a la manipulación incrementada en el tema 9 de la agenda de la Comisión desde finales de los años 80’.

Tal y como denunciaban muchos líderes y representantes de países subdesarrollados, Estados Unidos y las otras potencias industrializadas no contaban con elementos reales que dieran legitimidad a sus intentos de estigmatizar a muchos de los países subdesarrollados bajo su cuestionamiento. Sus resoluciones tan promovidas mediáticamente, adoptadas en varios casos con votaciones pírricas y sin mayorías auténticas, se aprobaban pese a no haber agotado los recursos de cooperación primarios previstos en la Comisión, incluida su consideración inicial bajo el procedimiento confidencial de la 15033. Estas iniciativas ni siquiera respondían, por lo general, a situaciones de violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas a los derechos humanos.

Asociado a las mismas, se configuró en la Comisión un sistema de procedimientos especiales de derechos humanos, con un componente básico de mandatos contra países permeado por la selectividad, la capacidad de manipulación política y la falta de objetividad.

Cabe sintetizar este análisis sobre el primer factor ofreciendo la siguiente reflexión del Embajador de Pakistán en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, MasoodKhan, en el 2005, cuando expresó: “En adición a las divisiones política e ideológica, había problemas persistentes de politización, duplicación y redundancia. (…)La promoción y protección de derechos

humanos se convirtió en un instrumento de política exterior tanto para

propósitos ofensivos como defensivos. La universalidad se convirtió en un mito (…). El nombre del juego fue nombrar y avergonzar. Ideológicamente, países

recalcitrantes resultaban amonestados durante las sesiones de la Comisión,

mientras que aliados estratégicos, Estados influyentes, y Estados clientes eran

3Cuba y otros países subdesarrollados defendían que los casos de violaciones notables analizados bajo este procedimiento, y que cumplieran sus requisitos de validación, debían ser una fuente principal o al menos una de las más notables para sustentar las resoluciones presentadas bajo el controvertido tema 9.

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exceptuados del escrutinio. Los miembros de la Comisión eran exceptuados

por entender los imperativos de la realpolitik.”(Khan, 2007, p.163).

Tras este análisis puede derivarse la segunda razón del colapso de la Comisión. Al mismo tiempo que ocurrían todos los ejemplos de politización anteriores, en la Comisión resultaba prácticamente imposible considerar situaciones de derechos humanos de potencias occidentales que si tenían un patrón de violación sumamente grave, aun cuando fueran bien conocidas e incluso objeto de crítica por instituciones reconocidas de países del Primer Mundo.

Los casos más notorios de situaciones de este tipo, cerca ya de la etapa final del Comisión, fueron las violaciones derechos humanas cometidas por Estados Unidos en su cárcel de Abu Ghraib (Iraq) y en su Centro de detención en la Base Naval de Guantánamo, territorio ilegal bajo ocupación reclamado por el gobierno cubano. La falta de consistencia de la Comisión fue destacada incluso desde círculos académicos estadounidenses, como el Council onForeignRelations, institución que criticó la inacción contra las transgresiones de los detenidos en Guantánamo (Council onForeignRelations, 2013, p. 3), y organizaciones de derechos humanos de EE.UU.

Sin embargo, cabe ampliar ahora sobre la tercera razón. Pese a los primeros factores, convenientes para los países desarrollados, para estos países la Comisión ya no aseguraba el control necesario para estigmatizar a los países subdesarrollados.

La politóloga de la Universidad de Yale y experta en la actuación histórica estadounidense en Naciones Unidas, Linda Fasulo, ha profundizado acerca de las prioridades de Estados Unidas en la Comisión, sus acciones para imponerlas y sus esfuerzos posteriores para perfeccionar eso a través del Consejo. Su libro Aninsider's guide tothe UN ofrece un excelente análisis al respecto (Fasulo, 2013).

Diplomáticos y académicos occidentales, así como organizaciones y entidades no gubernamentales del mundo desarrollado, desde la HeritageFoundation hasta Amnistía Internacional y Human RightsWatch, se quejaron de la

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“lamentable tendencia” de la Comisión a votar en bloque, en particular por parte del Grupo Africano, los países No Alineados y la Organización de la Conferencia Islámica.

Más allá de lo expresado por las delegaciones occidentales en los debates de la Comisión de Derechos Humanos, el Consejo Económico y Social o la Asamblea General, numerosos estudios de instituciones académicas occidentales sistematizaron y sintetizaron estas expresiones de inconformidad y le trataron de dar un sustento teórico de falta de “profesionalismo” y “credibilidad”, así como “vacío de protección” de la CDH (Abraham,2006, Freedman,2013 y 2014, Hopgood, 2013, Vriens, mayo 2009).

La gota que “colmó la copa” de potencias como Estados Unidos fue la derrota que sufrieron las propuestas en torno a la situación de derechos humanos en Zimbabwe y Sudán, países prioritarios para los intereses hegemónicos occidentales al inicio de este siglo. Además, para los occidentales la Comisión estaba supuestamente desacreditada porque permitía que la integraran países a los que cuestionaban en derechos humanos y que evitaban aparentemente con eso el escrutinio internacional en estos temas.

Teóricos de la institución estadounidense Council of ForeignAffairs, como Stewart M. Patrick y Lauren Vriens, opinaron que la Comisión fue disuelta porque se “había convertido en un paraíso para los abusadores de los

derechos humanos y creaba una situación embarazosa” (Patrick, 2015 y 2015;

Vriens, 2009).

Estos críticos y otros alegaban también las fallas en la aplicación de las resoluciones sobre países que resultaban aprobadas y la posición subordinada de la Comisión en el sistema de Naciones Unidas frente a la supuesta jerarquía superior que tenían los derechos humanos en la organización. El autor español Uldaricio Figueroa llegó evaluar queesta lamentable situación facilitó la revisión del tratamiento de los derechos humanos en Naciones Unidas, la supresión de la Comisión de Derechos Humanos y la posterior creación del Consejo de Derechos Humanos(Figueroa Pla, 2012, p.381).

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8 Como reflejo de esta filosofía cuestionadora de la Comisión, la estudiosa Lauren Vriensreflexionó: “China regularmente derrotaba los esfuerzos por discutir su récord chino (de derechos humanos). Los críticos notaron que Libia,

(país) ampliamente cuestionado por su pobre récord de derechos humanos,

presidió una vez este órgano y que la Comisión, en la primavera del 2004, no

pudo tomar una fuerte decisión contra Sudan a pesar de los informes de los

rampantes abusos en Darfur. Sudan fue electa a la Comisión poco después de

esa sesión. Los Estados Unidos, en particular, empujaron por la revisión de la

Comisión” (Vriens,2009, p.6).

La autora británica Rosa Freedmanhizo una larga reflexión de este fenómeno al que denominó fracaso o falla para proteger, a partir de la manipulación que atribuye a ciertos países y bloques políticos para socavar los esfuerzos de derechos humanos de Naciones Unidas (Freedman, 2014).

A partir de la insatisfacción del Primer Mundo con la Comisión, la idea de la creación del Consejo con vistas a superar estas “imperfecciones” (según los cánones occidentales), se planteó por primera vez en la Universidad de Berna, Suiza, en el año 2003. La misma fue fruto de un estudio encargado al profesor de este centro universitario, Walter Kälim, por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Suiza.

Después esta sugerencia resultó acogida y promovida en muy poco tiempo por los principales países industrializados. Sus grandes medios de información convirtieron el asunto de la “superación de los problemas de la Comisión” en un tema de relevancia internacional, cuando hasta el año 2004 la sustitución de la Comisión, con todo y sus problemas desde todos sus ángulos, no era de interés realmente para nadie.

Diplomáticos suizos han insistido que ese año la entonces Presidenta de la Confederación Suiza,Calmy-Rey,fue la que presentó esta sugerencia al Panel sobre los Peligros, los Retos y el Cambio o Grupo de Expertos de Alto Nivel, que a finales del año 2003 recibió el encargo del Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, para presentar propuestas de una profunda reforma de la organización. (Amadeus, 2007, p. 16 yCalmy-Rey, 2007, p 13.).

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9 Este panel o grupo presentó oficialmente esta recomendación en noviembre del 2004, y después, en marzo de 2005, el propio Secretario General Annan la acogió como suya, con matices. Lo hizo sumándose a la lógica occidental, ya esbozada, de que la Comisión había sido socavada por la disminución de su credibilidad y profesionalismo debido a la práctica en la cual países autocráticos habían boicoteado juntos como bloque el escrutinio sobre sus récords de derechos humanos.

En su informe A/59/2005, Kofi Annan expresó: “182.Sin embargo, la

disminución de la credibilidad y el profesionalismo de la Comisión de Derechos

Humanos ha menoscabado progresivamente la capacidad de la Comisión para

desempeñar sus funciones. En particular, ha habido Estados que se han hecho

miembros de la Comisión no para afianzar los derechos humanos sino para

protegerse contra las críticas o para criticar a otros. Esas tendencias han tenido

como resultado la acumulación de un déficit de credibilidad que empaña la reputación de todo el sistema de las Naciones Unidas” (ONU, 2005, p.51). Consideraciones finales

Por tanto, los elementos expuestos sobre este tercer factor dejan claro que sin la presión occidental por hacer reemplazar a la Comisión, ese ejercicio no habría ocurrido.

Se confirma que este órgano tan importante, reconocido y seguido internacionalmente Comisión feneció no sólo por la gran politización y selectividad que se entronizaron en sus trabajo, sino también por el intento occidental de diseñar un nuevo órgano donde pudieran imponer mejor sus intereses de dominación y control.

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