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Intercedió por sus amigos. La justicia en el libro de Job

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Fecha de recepción: noviembre de 2013

Fecha de aceptación y versión final: diciembre de 2013

Abstract

No se puede hablar de teología sino de teologías en el Antiguo Testamento. Tam-poco se puede decir que en él se entienda el término justicia de manera unidi-reccional. En uno de sus libros, el de Job, quizás una de las joyas más valiosas de la literatura bíblica, se propone una reflexión sobre dicho concepto en un marco concreto: el del sufrimiento del justo. Sumergirse en dicho libro y acom-pañar a su protagonista en las principales etapas del recorrido que en él em-prende posibilitan entender la conexión que parece existir entre justicia y rela-ción, justicia y creación y justicia y reconciliación.

PALABRAS CLAVE: relación, creación, diálogo, sufrimiento, retribución.

ESTUDIOS

INTERCEDIÓ POR SUS AMIGOS.

LA JUSTICIA EN EL LIBRO DE JOB

Enrique Sanz Giménez-Rico, sj*

* Profesor de Sagrada Escritura en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) <[email protected]>.

(2)

He interceded for his friends. Justice in the book of Job

Abstract

In the Old Testament, we cannot refer to theology, but rather to theologies. Nor can it be said that the term «justice» is understood in the Old Testament in a uni-directional manner. One of the Old Testament books, the book of Job, perhaps one of the Bible’s greatest literary treasures, offers a reflection on this concept within a specific context: the suffering of the righteous. By immersing ourselves in this book and accompanying its protagonist through the first stages of his journey, we can be-gin to understand the connection that seems to exist between justice and relation-ships, justice and creation, and justice and reconciliation.

KEY WORDS: relationships, creation, dialogue, suffering, retribution.

–––––––––––––––

Al final del libro de Job, y tras la conocida confesión de su protagonista («te conocía, Dios, solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos»), se escucha el veredicto de Dios respecto al protagonista del libro y a sus tres amigos, Elifaz de Temán, Bildad de Suaj y Sofar de Naamat, dirigido al primero de ellos:

«Estoy irritado contra ti y contra tus dos amigos, porque no ha-béis hablado bien de mí como lo ha hecho mi siervo Job. Y aho-ra, tomad siete becerros y siete carneros, presentaos a mi siervo Job y ofrecedlos en holocausto por vosotros. Mi siervo Job inter-cederá por vosotros» (Job 42,7-8).

El pasaje mencionado es, sin duda, una referencia importante de este ar-tículo que ahora comienza, en el que vamos a intentar dar respuesta a la petición recibida de la centenaria revista Sal Terrae: adentrarnos en el libro de Job como ejemplo que, en su contexto y con su género, presenta la co-nexión entre justicia y caridad. Para lograrlo, parece necesario acercarse en primer lugar al sentido veterotestamentario del término «justicia» y al mensaje del libro de Job al respecto. Solo en un momento posterior, apar-tado final de nuestra colaboración, recordaremos las diversas acciones de Job que, según el epílogo del libro, expresan la citada conexión.

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1. La justicia en el Antiguo Testamento: el libro de Job

¿Justicia y su dimensión social? ¿Justicia y fidelidad a una ley, a una mo-ral? ¿Justicia y fidelidad y protección de Dios? Estas tres preguntas re-cogen los aspectos principales que, según afirman numerosos estudios bíblicos, incluye el término «justicia» en el Antiguo Testamento1

. No-sotros, sin embargo, y tomando como primera referencia un estudio de W. Eichrodt, afirmamos que la esencia de la idea bíblica de justicia divi-na no está en un postulado ético de un orden moral universal, en udivi-nas normas o en unas leyes, sino en la fidelidad a una relación de comunión2

. Se trata de un concepto: a) que pone en un lugar central y preeminente la relación entre dos sujetos dotados de libertad y responsabilidad; b) que considera a cada uno de ellos como sujeto, como persona, promoviendo su especificidad en lo que cada cual tiene de particular y propio. De ahí que, según P. Bovati, la justicia sea un camino de alianza, ya que su di-námica y su objetivo es la promoción del otro3.

Un ejemplo que ilustra lo anteriormente señalado es el rîb o procedi-miento bilateral que establecen dos sujetos por una cuestión de derecho, con una dinámica jurídica y no necesariamente forense o pública, pues no se requiere ni un tribunal ni un juez, aunque sí existen notarios o tes-tigos que garantizan la legitimidad y el juego limpio. En ella la víctima convoca al victimario, le acusa mediante pruebas e intenta, por medio de la confrontación o debate, que confiese su culpa. Se trata de un

proce-1. Entre otros, pueden verse: L. EPSZTEIN, La justice sociale dans le Proche-Orient

An-cien et le peuple de la Bible, Cerf, Paris 1983; J. KRASOVEC, La justice (Sdq) de Dieu

dans la Bible hébraïque et l’interpretation juive et chretienne, Universitätsverlag – Vandenhoeck & Ruprecht, Fribourg – Göttingen 1988; H. D. PREUSS, Teología

del Antiguo Testamento I. Yahvé elige y obliga, Desclée de Brouwer, Bilbao 1999, 296-307; J. L. SICRE, «Con los pobres de la tierra». La justicia social en los profetas de

Israel, Cristiandad, Madrid 1984; ID., Introducción al profetismo bíblico, Verbo

Di-vino, Estella (Navarra) 2011, 395-417; A. WÉNIN, El hombre bíblico. Interpretación

del Antiguo Testamento, Mensajero, Bilbao 2007, 157-210.

2. W. EICHRODT, Teología del Antiguo Testamento. I: Dios y pueblo, Cristiandad,

Ma-drid 1975, 219-228

3. P. BOVATI, «“Quando le fondamenta sono demolite, che cosa fa il giusto?” (Sal

11,3). La giustizia in situazione di ingiustizia»: Ricerche storico-bibliche14 (2002), 14-17.

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4. Sobre el rîbvéanse, sobre todo: P. BOVATI, Ristabilire la giustizia. Procedure,

voca-bolario, orientamenti, Pontificio Istituto Biblico, Roma 1986; J. HARVEY, «Le

“Rîb-Pattern”, réquisitoire prophétique sur la rupture de l’alliance»: Biblica43 (1962), 172-196; ID., Le plaidoyer prophétique contre Israël après la rupture de l’Alliance.

Étu-de d’une formule littéraire Étu-de l’Ancien Testament, Desclée de Brouwer, Bruges – Pa-ris – Montréal 1967; E. SANZGIMÉNEZ-RICO, Ya en el principio. Fundamentos

ve-terotestamentarios de la moral cristiana, Publicaciones Universidad Pontificia Comi-llas – San Pablo, Madrid 2008, 174-198; J. VELLA,La giustizia forense di Dio,

Pai-deia, Brescia 1964; C. WESTERMANN, Grundformen prophetischer Rede, Kaiser,

München 19685.

dimiento jurídico que busca el perdón, la reconciliación y el restableci-miento del derecho y la justicia, y por eso su punto de llegada no es la muerte del reo, sino la promoción de la vida y la dignidad del ser hu-mano culpable; por eso también, todas las partes del proceso concreto que se establece están al serviciodel perdón4.

Otro es el libro de Job, en el que el tema de la justicia está estrechamen-te ligado con el del sufrimiento del inocenestrechamen-te. A él vamos a acercarnos en un primer momento desde: a) la relación de su protagonista con Dios; b) la relación entre Job y sus amigos.

1.1. «Te conocía solo de oídas,

pero ahora te han visto mis ojos» (Job 42,5)

Es conocida la frase que titula este apartado, en el que dirigimos nuestra mirada a la relación entre Job, «un hombre recto e íntegro, que temía a Dios y se guardaba del mal» (Job 1,1), a quien alcanza la desgracia cuan-do pierde todas sus posesiones y se enfrenta a una grave enfermedad, y Dios, quien, en más de una ocasión y con las palabras que acabamos de mencionar de Job 1,1, afirma la integridad de aquel (Job 1,8; 2,3).

Una relación que presenta un tremendo contraste al comienzo del libro de Job. Así, en sus dos primeros capítulos Job ni peca ni maldice a Dios, sino que acepta sin acritud las enormes e insoportables desgracias que padece: a) La muerte de sus hijos e hijas, la pérdida de su ganado, que revelan, en clave de los valores del Mundo Antiguo, la ausencia de pros-peridad y de felicidad; b) la llaga maligna que le ataca desde los pies

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has-5. B. JANOWSKI, Ein Gott, der straft und tötet? Zwölf Fragen zum Gottesbild des Alten Testaments, Neukirchener Theologie, Neukirchen – Vluyn 2013, 214.

ta la coronilla y el grave deterioro de la salud que ella comporta. En cam-bio, en Job 3 su protagonista: a) se rebela contra la inquietud que le me-rodea en los dos primeros capítulos, donde le acompaña repetidamente esta pregunta: ¿por qué se sufre y se muere cuando se es amigo de Dios?; b) maldice su existencia, al afirmar que, aunque está vivo, preferiría es-tar muerto; c) y, sobre todo, hace responsable a Dios de su sufrimiento, tal y como aparece en Job 3,20-23:

«¿Por qué alumbró con su luz a un desgraciado y dio vida a los que están llenos de amargura, a los que desean la muerte inútil-mente y la buscan más que a un tesoro; a quienes saltarían de go-zo ante un túmulo y se alegrarían si encontraran una tumba; a quien no encuentra su camino y a quien Dios cierra el paso?»

Esta referencia a Dios se considera decisiva para el desarrollo del tema del sufrimiento y la muerte del inocente en el resto del libro y abre la puer-ta a considerar en qué principios se basa la relación entre Job y Dios5. Porque, una vez que Job expresa su indignación en el texto anterior-mente mencionado, el protagonista del libro manifiesta a lo largo de nu-merosos capítulos dos afirmaciones que no son en absoluto contradicto-rias: a) que Dios lo persigue, acosa, molesta; b) que su mayor deseo es sentarse cara a cara con Dios y pedirle que le explique por qué el justo sufre, cuando, según los códigos culturales del libro de Job, al justo le tie-ne que ir siempre bien en la vida. No sorprenden entonces los textos que reproducimos a continuación, en los que Job dirige ataques despiadados al Dios que tanto le hace sufrir y no le deja respirar tranquilo:

«¡Si pudiera pesarse puntualmente mi disgusto, y mi infortunio se pusiera a un tiempo en balanza! ¡Por cuanto es más pesado que la arena de los mares, por eso mis palabras son asollozadas! Pues en mí están clavadas las flechas de Sadday, cuya ponzoña mi espíritu sorbe: los terrores de Eloah están alineados contra mí» (Job 6,2-4).

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«Tampoco yo reprimiré mi boca; hablaré en la angustia de mi es-píritu, me quejaré en la amargura de mi alma... Déjame, ya que mi vida es un soplo. ¿Qué es el hombre para que en tanto le ten-gas y para que ponten-gas en él tu atención, y lo inspecciones cada mañana y a cada momento lo escudriñes? ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, ni me soltarás lo que tardo en tragar mi saliva?» (Job 7,11ss.).

Tampoco sorprenden los discursos de Job en los que anhela encontrarse con Dios, y en los que expresa también su lamentación porque Dios no responde:

«En verdad, yo sé que es así: ¿y cómo podría un hombre ser jus-to ante El? Si quiere disputar con El, no le responderá una vez de entre mil. Es sabio de corazón y robusto de fuerza; ¿quién se le opuso que saliera ileso?» (Job 9,2-4).

«Diré a Eloah: ¡No me condenes, hazme saber por qué te que-rellas contra mí! ¿Acaso te está bien el ser violento, repudiar la obra de tus manos y complacerte en el consejo de los malva-dos?» (Job 10,2-3).

«Pero yo a Sadday es a quien hablo, y disputar con El quiero» (Job 13,3).

Estas citas y otras que podrían igualmente mencionarse son un buen ejemplo de la situación que vive Job en los capítulos 3-27, en los que, junto a la doble referencia ya citada (Dios es su mayor angustia, con Dios anhela profundamente entrar en comunicación), el protagonista del libro escucha una y otra vez discursos de sus tres amigos, y cuyo con-tenido y características principales presentamos a continuación.

1.2. «¿No era tu piedad tu confianza,

y tu respuesta la integridad de tu proceder?» (Job 4,6)

Como ya ha sido señalado, hay un contraste entre las afirmaciones de Job respecto a Dios en Job 1–2 y las que pronuncia en Job 3. Algo pare-cido puede decirse entre lo primero que se dice sobre los amigos de Job en Job 2 y sus posteriores intervenciones.

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6. K. ENGLJÄHRINGER, Theologie im Streitgespräch. Studien zur Dynamik der Dialoge des Buches Ijob, Verlag Katholisches Bibelwerk, Stuttgart 2003, 74-75; G. FISCHER,

Theologien des Alten Testaments, Verlag Katholisches Bibelwerk, Stuttgart 2013, 175-178.

He aquí Job 2,11-13:

«Ahora bien, oyeron tres amigos de Job toda aquella desgracia que le había sobrevenido y se llegaron cada uno de su país: Eli-faz de Temán, Bildad de Suah, y Sofar de Naamah, los cuales se habían concertado para venir a darle el pésame y consolarlo. Y al-zaron los ojos de lejos y no le reconocieron. Entonces levantaron su voz y lloraron, rasgando cada uno su manto y esparciendo al aire polvo sobre sus cabezas. Luego se sentaron con él en el sue-lo por siete días y siete noches, sin que ninguno le hablara pala-bra, pues veían que el dolor era muy grande».

Ejemplar parece entonces la actitud de los tres amigos de Job ante el do-lor de este: lo acompañan en silencio, sin darle consejos vacíos ni ofre-cerle palabras vacuas. No tanto, sin embargo, la que manifiestan en las tres series de discursos, la última incompleta, que pronuncian entre los capítulos 4 y 27 del libro, cuyo tema repetido y principal es el de la teo-logía de la retribución. Según esta, en el actuar humano se revela la fuer-za intrínseca de sus elecciones morales: el mal produce mal tanto en quien lo recibe como en quien lo hace, y por eso quien hace el mal se au-todestruye, pues elige la muerte6. He aquí un ejemplo al respecto, toma-do de la intervención de Elifaz en Job 4,2-8:

«¿Probaremos a dirigirte la palabra a ti que estás deprimido? Mas contener las palabras, ¿quién podrá? Ve ahí que has aleccionado a muchos y confortabas las manos flacas: al que tambaleaba sostení-an tus palabras, y las rodillas decaídas reafirmabas. Pero ahora te ocurre a ti lo mismo y te deprimes, te alcanza a ti el golpe y te tur-bas. ¿No era tu piedad tu confianza, y tu esperanza la integridad de tu proceder? ¡Haz memoria! ¿Quién siendo inocente pereció? ¿Y adónde fueron los justos extirpados? Como tengo visto, quienes la-bran iniquidad y siemla-bran desventura la cosechan».

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7. G. FISCHER, op. cit., 178.

8. L. ALONSOSCHÖKEL– J.L. SICREDÍAZ, Job. Comentario teológico y literario, Cris-tiandad, Madrid 1983, 292.

Ahora bien, para dicha teología Dios puede salvar transformando el mal cometido en bien; para ello es necesario que el pecador reconozca dicho mal y se abra a la oferta salvífica de Dios. Es precisamente esto lo que, en repetidas ocasiones y en sus numerosas intervenciones, Elifaz, Bildad y Sofar transmiten a Job. Intervenciones que, sin embargo, le resultan pesadas y cargantes a Job; no solo por su insistencia en que reconozca su pecado y se abra a la salvación divina, sino también por presentar el la-do corrector de Dios: «¡Feliz, pues, el hombre a quien corrige Eloah y la lección de Sadday no desprecia!» (Job 5,17). Ahora bien, no por eso hay que desechar las intervenciones de los tres amigos de Job, pues en ellas presentan su convicción, compartida con Job, de la superioridad de Dios, un Dios que siempre es mayor y que es el Otro, el inalcanzable, el inmanipulable7.

2. ¿De dónde, pues, proviene la Sabiduría? (Job 28,12.20)

Antes de finalizar Job 27, el protagonista del libro expresa en más de una ocasión su ardiente anhelo de justicia: en los discursos de Job 16 y Job 19, capítulos que guardan relación entre sí, «espera que ya muerto co-nocerá su reivindicación y, reivindicado, podrá ver a Dios. A Job la vida ya no le importa, con tal de que le hagan justicia... La justicia ha de pre-valecer, y él, aunque muerto, tendrá la satisfacción de saberlo»8. Sin em-bargo, ni en los recientemente citados ni en todos sus discursos conven-ce a Elifaz, Sofar y Bildad; y, a la inversa, tampoco estos conquistan con sus palabras el corazón del protagonista del libro. Por eso no sorprende que Job 27 llegue a la conclusión de que no parece haber posibilidad de entendimiento entre las dos posturas defendidas, y por eso su lector se encuentra allí en un callejón sin salida.

De él parece sacarle el poema a la sabiduría de Job 28, con el que el li-bro arranca en una dirección definitiva y cuyo sentido más pleno es, en

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palabras de L. Alonso Schökel: «Lo que los amigos no han sabido dar, el poema insinúa que Dios lo puede otorgar»9

. Un poema que no tiene fun-ción mediadoraentre dos sujetos que no han podido entenderse (Job y sus tres amigos), sino que ofrece anticipadamente claves de comprensión sobre el sentido de la relación entre Job y Dios.

Una de ellas está en Job 28,12.20: «Mas la sabiduría, ¿de dónde provie-ne y cuál es el lugar de la inteligencia?» La doble repetición de esta pre-gunta en Job 28,12.20 y la presencia tanto en ellos como en Job 28,28 de los términos «sabiduría» e «inteligencia» acercan a su lector a com-prender un elemento crucial de la vida: la sabiduría, es decir, el conoci-miento del funcionaconoci-miento del universo y su propia verdad, son inacce-sibles para el ser humano, no, en cambio, para Dios. Así, el bello poema de Job 28 conduce a su lector hasta las profundidades del universo, en cuyas raíces no puede encontrar la sabiduría; tampoco la puede hallar en los lugares donde se compra y se vende, donde se realizan las principales operaciones comerciales. Sí, en cambio, puede reconocer que, aunque él ignore el sentido de la vida, es decir, la sabiduría, hay uno, Dios, que sí lo conoce y que posee un verdadera y profunda percepción de la reali-dad: «Elohim conoció el camino de la sabiduría, es El quien supo de su paraje, pues El columbra hasta los confines de la tierra y ve cuanto hay bajo los cielos; al dar peso al viento y aforar las aguas con medida, al tra-zar a la lluvia ley y camino al fragor del tueno, entonces la vio y la ex-ploró, la examinó e incluso la escudriñó» (Job 28,23-27)10. En ese senti-do, Job 28 rompe con la doctrina tradicional de la retribución y antici-pa la gran lección que Dios va a ofrecer posteriormente a Job11.

Es cierto que se podría esperar que el libro de Job resolviese definitiva-mente, a partir de Job 28, el enigma que tanto le ocupa y preocupa a su protagonista y aclarase de manera comprensible qué es la justicia y cuá-les son sus características. Y que lo hiciese dando la palabra a Dios, que ocupa un lugar tan central en Job 28. Ello no sucede, sin embargo,

has-9. Ibid., 395.

10. G. FISCHER, op. cit., 174.

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ta el capítulo 38; más en concreto, hasta que se escuchan los dos discur-sos de Dios a Job en Job 38–41. Ambos deben leerse progresiva y con-juntamente y presentan una introducción similar: «Y Yahveh respondió a Job del seno de la tempestad y dijo» (Job 38,1; 40,6). Los dos expre-san que «Dios, que se encuentra en un lugar distinto al de Job (en la tem-pestad), se aproxima por medio del diálogo al que sufre fuertemente»12

.

En el primero de ellos, Job 38–39, Dios invita al protagonista del libro a pasear con él por la creación, a acercarse a sus particularidades y mis-terios. En él abundan las preguntas del creador a la criatura, que esta ape-nas sabe contestar: «¿Dónde estabas al fundar yo la tierra? ¿Quién fijó sus medidas? ¿Quién encerró con doble puerta el mar? ¿Has mandado en tu vida a la mañana, enseñado a la aurora su lugar? ¿Llegaste tú hasta las fuentes del mar y en el fondo del océano circulaste? ¿Has considerado las extensiones de la tierra? ¿De qué lado la luz habita?» (Job 38,4-19). A ninguna de ellas puede responder Job, mostrando así su incapacidad pa-ra conocer y hablar sobre la creación. Mediante ellas, Dios parece estar acusando a Job de estar cerrado en su pequeño mundo, de estar bloquea-do y encarcelabloquea-do por el bloquea-dolor que tanto le ha tocabloquea-do, y de haberse per-dido todo el encanto del Dios creador: un Dios bondadoso y tierno (Job 38,9 ; 38,39; 38,41; 39,1-3) y que tiene humor (Job 39,5-8 ; 39,9-12; 39,17). Y también el del mundo, la vida y la creación, que ahora Dios da a conocer a Job. De ahí que este se sienta superado por la interven-ción de Dios y decida retirarse y no abrir más la boca: «Si he sido ligero, ¿qué te replicaré? Mi mano pondré sobre mi boca. He hablado una vez y no responderé más; dos veces y no volveré a hacerlo» (Job 40,4-5).

Dios, sin embargo, no se lo permite, y una vez más desde la tempestad, pronuncia un segundo discurso (Job 40,6-41,34), en el que le propone un cambio de suertes, un cambio de roles: Dios va a jugar el papel de criatura (Job), y esta el de Dios. Lo hace con la intención de poner al jus-to sufriente delante de una doble pregunta decisiva para la suerte del ser humano: ¿quién es Dios?; ¿quién es el hombre?

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Es en ese momento cuando aparece la creación, la naturaleza, en su es-tado más puro: en ella viven Behemot y Leviatán, personificación del mal presente en la creación y que solo Dios conoce en profundidad. Es en ese momento cuando Dios pone a Job delante de la pregunta funda-mental que se puede hacer el ser humano que sufre: en tu situación do-lorosa e incomprensible, ¿quieres ser Dios o quieres ser tú; quieres ser el creador o quieres ser la criatura?

A Job quizá le resulta difícil hablar después de haber escuchado a Dios. Por eso le responde brevemente, aceptando ser criatura («te preguntaré y me instruirás»: Job 42,4) y reconociendo que es inútil querer convertir-se en Señor de la creación, querer hacer lo que solo Dios hace (Job 42,5). En este último versículo Job expresa que la situación de dolor, de límite, le ha hecho experimentar su ser criatura y le ha hecho conocer a Dios de una manera distinta, superior a todo lo conocido por la tradición teoló-gica de los sabios de Israel: situándose delante de él como el misterio al que se puede temer. En él expresa también Job que Dios es bueno y no es el culpable de su mal. En él, finalmente, expresa Job que el mal, el do-lor, no tienen una explicación, pero sí un final; que el mal, el dodo-lor, no tienen una lógica, pero sí un modo de superarlo, un camino para vivir-lo con mucha dignidad13.

Job dice haber visto a Dios y que ello le produce consuelo (Job 42,5-6). No quiere con ello indicar que ha tenido una experiencia mística, sino que la relación y el encuentro personal que Dios le ha regalado le han cambiado por completo, dejando atrás su pasado y abriéndole a un nue-vo futuro14. Gracias a ellos ha podido reconocer a Dios y conocer su ver-dad, la coherencia de su palabra.

13. L. ALONSOSCHÖKEL– J. L. SICREDÍAZ, op. cit., 571-597; B. COSTACURTA, «“E il

Signore cambiò le sorti di Giobbe”. Il problema interpretativo dell’epilogo del li-bro di Giobbe”», en V. COLLADOBERTOMEU(ed.),Palabra, prodigio, poesía. In

me-moriam P. Luis Alonso Schökel, S.J., Pontificio Istituto Biblico, Roma 2003, 253-266; K. ENGLJÄHRINGER, op. cit., 157-178; G. FISCHER, op. cit., 183; K.-T. HA,

Frage und Antwort. Studien zu Hiob 3 im Kontext des Hiob-Buches, Herder, Freiburg im Breisgau 2005, 168-196; J. LÉVÊQUE, op. cit., 139-155.

14. E. VANWOLDE, «Job 42,1-6: The Reversal of Job», en W. A. M. BEUKEN(ed.),The

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15. Ha estudiado ampliamente este tema F. MIES, L’espérance de Job, Leuven University Press, Leuven 2006, 287-296, 394-439; ID., «Job a-t-il été guéri?»: Gregorianum89 (2007) 703-728.

16. L. ALONSOSCHÖKEL– J. L. SICREDÍAZ, op. cit., 391-408, 531-605; B. COSTA

-CURTA,op. cit., 253-266; K. ENGLJÄHRINGER, op. cit., 22-31, 157-196; J. LÉVÊQUE,

op. cit., 131-173, 217-234.

3. «Mi siervo Job intercederá por vosotros» (Job 42,8)

La adecuada relación entre creador (Dios) y criatura (Job), con todos los matices y aspectos presentados en los apartados anteriores, es el modo utilizado por el libro de Job para hablar de la justicia, para presentar qui-zás la acepción principal de dicho término.

La afirmación de Job en Job 42,5 («te conocía solo de oídas, mas ahora te han visto mis propios ojos») parece manifestar que ver a Dios y ser su criatura es la mayor de las riquezas que puede recibir, y que ello vale más que todo lo que a Job se le pueda entregar, incluido, tal y como se dice en el epílogo del libro (Job 42,7-17), el doble de lo que había perdido (hijos, ganado, etcétera).

Ahora bien, no puede dejar de tenerse en cuenta la lectura del citado epí-logo y la constatación de que Job, después de «haber visto con sus pro-pios ojos a Dios», continúa enfermo: la úlcera maligna que tiene desde la planta del pie a la cabeza no ha desaparecido (Job 2,7)15. En dicha si-tuación, el protagonista del libro lleva a cabo una serie de acciones que quizá solo pueden entenderse en el marco del sentido de justicia expre-sado en el citado libro. Entre ellas, el epílogo de Job menciona la inter-cesión de su protagonista por sus enemigosy perseguidores(Bildad, Sofar, Elifaz); su reintegración social, que le permite generar vida a pesar de es-tar enfermo; su actuación con gratuidad, como el propio Dios, hacien-do herederas a sus hijas e hijos, algo inédito en Israel, hacien-donde las hijas no heredan cuando viven todavía los hijos; su recepción, también con gra-tuidad, de lo que no había pedido (hijos, riqueza, larga vida)16.

De todas ellas recordamos especialmente la que titula este apartado con el que concluye esta colaboración. Está precedida de una frase quizás

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am-bigua, en la que Dios se aíra con los amigos de Job por no haber dicho sobre él / a él la verdad, esa que Job sí ha sabido pronunciar (Job 42,7)17

. Con ella se quiere quizás confirmar el valor de lo realizado por Job: ha sabido dirigirse a Dios, ¡incluso con palabras casi blasfemas!, y ha sabido hablar bien sobre Dios. Dicho eso, Dios presenta a Job como su servi-dor, el que va a rezar e interceder por los que le han perseguido: sus tres amigos. Además de recordar el mensaje de dos importantes textos neo-testamentarios, Mt 5,44; Lc 6,28, la afirmación de Dios nos puede ofre-cer un elemento más que enriquece el sentido de la justicia en el libro de Job: su protagonista no guarda rencor a sus amigos y es capaz de resta-blecer la relación y de reconciliarse con ellos, ahora mediante la interce-sión. De ese modo, el libro de Job, que tanto énfasis pone en resaltar la comprensión del término «justicia» desde la clave relacional, y especial-mente desde la clave de la relación con Dios, afirma quizás con toda pro-babilidad que una adecuada relación con el creador, es decir, una rela-ción justa con él, es el marco apropiado para que se pueda dar también una relación justa con las criaturas que están a nuestro alrededor. No so-lo con aquellas con las que más sintonizamos, sino también con las que, en el itinerario de nuestra vida, se comportan como los tres buenos ami-gos de Job.

17. La ambigüedad de la frase reside en que se puede traducir por «hablar sobre Dios» o «hablar a Dios».

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A menudo, lo que llamamos «liderazgo» no es más que una superficial sustitución de la sustancia por la técnica. Los jesuitas centraron sus es-fuerzos en el cultivo de cuatro valores que constituyen la sustancia de su idea de liderazgo: autoconciencia, ingenio, amory heroísmo. El ex jesuita Chris Lowney, que trabajó para J. P. Morgan durante diecisiete años como director ejecutivo, analiza las razones que explican el éxi-to de los primeros jesuitas y, a continuación, presenta esta sabiduría a las personas y organizaciones que hoy deseen conocer y poner en prác-tica un liderazgo efectivo e integral.

C

HRIS

L

OWNEY

El liderazgo

de los jesuitas

344 págs. P.V.P.: 18,95 €

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