NAZARET
Religión Kinder
Colección De los niños es el Reino
Proyecto y edición:EDEBÉ-Editorial Don Bosco S.A., de la Congregación Salesiana de Chile
Dirección general: Pablo Marinkovic Marinkovic. Área edición: Patricio Varetto Cabré.
Diseño y diagramación: Javiera Rivera Contreras. Ilustraciones y portada: Osvaldo Carvallo Molina.
Autores:
Equipo de Evangelización y Catequesis de la Congregación Salesiana, EDEC: Sr. Javier Díaz T., Sr. Daniel Morales F., Sr. Luis Alvarado S. y Padres Juan Carlos Zura, sdb y José Carraro B., sdb.
Asesoría Pedagógica:
Sra. Alejandra Araya Améstica y Sra. Mónica León Neira.
1ª edición de enero de 2009.
Esta Guía de la Educadora corresponde al texto Nazaret de Kinder, sector de aprendizaje de Religión, y forma parte de los materiales curriculares del proyecto editorial de EDEBÉ en correspondencia con el Programa de Educación Religiosa Escolar Católica, del Área de Educación de la Conferencia Episcopal de Chile.
Es propiedad de EDEBÉ © 2009 by EDEBÉ
Avda. Libertador Bernardo O’Higgins 2373, Santiago de Chile www.edebe.cl
Registro de Propiedad Intelectual: 177.005 ISBN: 978-956-18-0791-4
Impreso en Salesianos Impresores S.A. General Gana 1486
Santiago de Chile
ÍNDICE
1. Presentación ... 5
2. Orientaciones sobre la EREC para educadoras de párvulos ... 6
3. Orientaciones psicopedagógicas para el despertar religioso de los párvulos ... 9
4. Visión orgánica y progresiva del texto NAZARET ... 19
5. Presentación del texto ... 21
6. Indicaciones didácticas para cada unidad ... 23
Bienvenidos ... 23
1ª Unidad: “Una semana emocionante” ... 27
2ª Unidad: “El Padre Dios nos regala la vida” ... 38
3ª Unidad: “La familia de Jesús y mi familia” ... 46
4ª Unidad: “Dios Padre me escucha cuando le hablo” ... 48
5ª Unidad: “Dios Padre me cuida y quiere que sea mejor” ... 56
6ª Unidad: “María, la mamá de Jesús y nuestra mamá” ... 64
7ª Unidad: “En Navidad Jesús viene a vivir con nosotros” ... 72
1. P
RESENTACIÓN
Apreciadas educadoras de párvulos:
Con sincera confi anza y gran esperanza ponemos en sus manos, en sus mentes y en sus corazones de educadoras, este instrumento forma� vo que hemos preparado especialmente para ustedes y para los padres de los niños y niñas que acompañan en su crecimiento religioso.
Se trata de un subsidio muy concreto, elaborado a la luz del “Programa de Religión Católica” de la Conferencia Episcopal y que les puede facilitar una labor educa� va orgánica, ordenada, doctrinal y pedagógicamente fundamentada.
¿Y por qué se llama “Nazaret”?
Hemos escogido este � tulo porque Nazaret nos recuerda el pueblo donde vivió y creció Jesús, junto con sus padres, en el contexto de una familia sencilla, pobre y normal. El evangelista San Lucas ubica aquí la vida oculta de Jesús (Lc 2,29. 40). Pero Nazaret, en nuestro caso, no es solamente un pueblito geográfi camente ubicado en el norte de Pales� na, exactamente en Galilea, y cuya historia se conoce sufi cientemente bien para poder entender el contexto sociocultural en el cual creció Jesús en “sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres”, y donde maduró, desde sus primeros años de vida, su propia personalidad.
No. Cuando hablamos de “Nazaret” en este programa educa� vo, hablamos de familia, de hogar, de contexto educa� vo, de ambiente � erno y exigente, de vida abierta a la presencia y acción bondadosa del Padre Dios.
La Familia de Nazaret y todo lo que ella implica de experiencia vital para Jesús pequeño, se considera, en nuestro caso, como el referente educa� vo prioritario, como el lugar teológico y pedagógico que inspira todo el programa de Kinder y, por lo tanto, también a todos los que lo u� lizan para la educación religiosa de los párvulos.
Nazaret, por lo tanto, es mucho más que un lugar geográfi co. Es el espacio valórico y humano ideal para una niña o un niño llamado a crecer como Jesús.
Aún más. Para EDEC y edebé-Editorial Don Bosco, Nazaret no es solamente el nombre de un texto escolar para el alumno/a con su Guía de la Educadora; es, más bien, la síntesis existencial de la vida en una familia absolutamente privilegiada que se considera ahora como una invitación a vivir toda una espiritualidad educa� va inspirada en la familia formada por Jesús, José y María.
Los jardines infan� les, las escuelas y colegios, en el contexto de una escuela con proyecto educa� vo cris� ano, y las mismas familias creyentes, son los “Nazaret” de hoy. Ellos están llamados a visibilizar y a concretar este ambiente privilegiado para el despertar religioso y el crecimiento de la fe de los pequeños que el Señor Jesús nos ha confi ado.
Creemos que este es el � empo más propicio para sembrar la semilla de la sensibilidad religiosa, de la apertura natural a la trascendencia, del interés por todo lo que se relaciona con el mundo de Dios, es decir, con la religión y sus manifestaciones. Son muchos los inves� gadores que apoyan la certeza de que lo que se siembra en esta edad, marca para siempre el desarrollo espiritual del niño y de la niña, y los capacita para vivir con más alegría y plenitud sus relaciones con el Dios del amor y de la vida. Nuestra esperanza la tenemos en que este texto sirva para ese fi n.
A nombre de todos los miembros del Equipo de Evangelización y Catequesis de la Congregación Salesiana de Chile, les envío un saludo fraterno.
P. Juan Carlos Zura, sdb Director de EDEC
2. O
RIENTACIONES
SOBRE
LA
EREC
PARA
E
DUCADORAS
DE
P
ÁRVULOS
“Señor, mi corazón no es orgulloso ni mis ojos altaneros, ni pretendo grandezas que superen mi capacidad. Por eso acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre”.
(Salmo 131)
VALOR DE LA FORMACIÓN RELIGIOSA ESCOLAR
El Estado chileno ha reconocido en cada una de sus cartas cons� tucionales que la espiritualidad es una dimensión central en las personas, que les permite ir más allá del mundo material e inmanente y relacionarse con la trascendencia. Este aspecto “estructural” diríamos del ser humano, al igual que muchos otros aspectos, también puede crecer, madurar, por lo que se concibe como parte integrante del aprendizaje que deben hacer las nuevas generaciones de aquellas competencias generales necesarias para desempeñarse en forma ac� va y é� ca a lo largo de la vida, y para aportar a la integración social, el crecimiento económico y el desarrollo polí� co del país, en sintonía con la valiosa tradición cris� ana-católica que tanto ha incidido en “el alma de Chile”, según la bella expresión del Cardenal Raúl Silva Henríquez.
La Reforma Educa� va actualmente en curso promueve la formación integral de la persona del estudiante, es decir, el desarrollo sistemá� co de todas sus dimensiones; y, tomando en cuenta lo que señala la Cons� tución Polí� ca del Estado en su ar� culo 1º y la Ley Nº 18.962 Orgánica Cons� tucional de Enseñanza en su ar� culo nº 2, se reconoce que la espiritualidad, la trascendencia o la condición religiosa del ser humano es una de aquellas dimensiones. Y si las diversas ins� tuciones religiosas proponen planes y programas de estudio, cumpliendo ciertos mínimos técnicos, que ayuden a:
• es� mular la valoración de la dimensión religiosa de la persona y su apertura racional, afec� va y opera� va hacia la trascendencia.
• fortalecer el desarrollo integral de la persona dentro de una comprensión de la condición inmanente y trascendente al mismo � empo del ser humano, de un cul� vo y conciencia de los valores morales y religiosos, y del desarrollo de una fe que concite en niños y jóvenes de ambos sexos una sólida inclinación por buscar, conocer y amar a Dios.
• fortalecer capacidades para un comportamiento personal responsable, regido por principios é� cos y que busca permanentemente la realización del amor, la jus� cia y el bien en la convivencia diaria, y la preparación de la persona para su vida espiritual trascendente.
• aportar a la construcción de un proyecto de vida y del fomento del servicio a los demás, el desprendimiento personal, la libertad y la tolerancia frente a las ideas y creencias que son dis� ntas de las propias, entonces, el Estado también se responsabiliza de este aspecto y ofi cialmente declara la “Religión” parte integrante del Plan de Asignaturas en el sistema educacional chileno.
LA FORMACIÓN RELIGIOSA PRE�BÁSICA
Lo anterior permite comprender por qué existe “Religión” en el currículum escolar. Ahora bien, si durante muchos decenios la exigencia de la educación escolar fue desde 1° Básico, el paso del � empo ha confi gurado de tal modo nuestra cultura nacional que ha hecho perentorio implementar la formación escolar sistemá� ca desde antes. Así, la educación parvularia ha ido ganando una notoria preponderancia, impensada un par de décadas atrás. Hoy, el tradicional “kinder” (o 2° Nivel de Transición) no es dejado a una par� cipación faculta� va en el i� nerario escolar, sino obligatoria, y este mismo estatus está adquiriendo el tradicional “pre-kinder” (o 1er Nivel de Transición). La creciente par� cipación de la mujer en el mundo laboral, con un signifi ca� vo respaldo gubernamental por medio de la creación de Jardines Infan� les y Salas-cunas, entre otras inicia� vas, adelanta cada vez más la necesidad de contar con cualifi cados i� nerarios escolares para párvulos, lo que entre otras cosas implica, a su vez, crear propuestas per� nentes para el desarrollo de su religiosidad.
En el caso de los más pequeños, las “Bases Curriculares de la Educación Parvularia” se enmarcan en los mismos principios y fundamentos legisla� vos de la Nación antes aludidos, además de la concepción antropológica y é� ca que orienta la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño. Si bien en la educación parvularia no existen
sectores de aprendizaje sino tres ámbitos de experiencias para el mismo (“Formación personal y social”, “Comunicación” y “Relación con el medio natural y cultural”), la formación religiosa, correctamente intencionada y acompañada, puede potenciar enormemente el logro de aquellos núcleos de aprendizaje que se pretende alcancen los niños y niñas en este período: la autonomía, la iden� dad y la convivencia; el lenguaje verbal y el ar� s� co; la relación con seres vivos y su entorno, los grupos humanos, sus formas de vida y acontecimientos relevantes, y las relaciones lógico-matemá� cas y cuan� fi cación.
Es por ello que la educación religiosa � ene un espacio y un importante rol, en el currículo forma� vo de los párvulos.
LA ÓPTICA CATÓLICA DE LA EDUCACIÓN RELIGIOSA ESCOLAR
A la Iglesia Católica le interesa que exista educación religiosa en las escuelas de nuestro país porque sabe del rol imprescindible que juega este sector de aprendizaje, más allá del credo específi co, en la formación integral de los alumnos y alumnas. Más aún, sabe que no es una materia más, junto a las otras, sino que � ene el convencimiento de que es asunto central en la existencia de una persona, pues trata de aspectos que son de primerísima importancia, como es la relación con Dios y el sen� do de la existencia, el fundamento de los valores y de los principios é� cos, el desarrollo de ac� tudes relacionadas con el espíritu crí� co y la esperanza ante el futuro, etc.
Esta ac� tud abierta es fruto de la nueva autoconciencia que � ene la Iglesia Católica de su ser y de su misión, gracias al Concilio Va� cano II. En efecto, desde aquel magno evento, la Iglesia ha asumido mayor conciencia de ser profeta que anuncia el Evangelio y servidora del mundo a través de dis� ntos medios, por ejemplo, a través de la humanización plena para las nuevas generaciones, fi n que la misma sociedad busca a través de la educación escolar.
Así, la Iglesia se presenta al mundo como una comunidad dialogante que opta por:
• El reconocimiento de las diferencias y de la autonomía de las cosas, viviendo fi elmente el mensaje del Señor que proclama en medio de una cultura con diversas ofertas de sen� do;
• Una presencia sencilla y cercana, que no impone a los demás sus ideas, sino que tes� monia lo que proclama y que muestra como razonable su propuesta;
• Estar en medio del mundo, no “re� rada en las sacris� as”, sino dialogando de modo sereno y proposi� vo en los diferentes escenarios culturales, ahí donde las personas, sea en forma personal o colec� va, levantan propuestas de sen� do, con sus consiguientes prác� cas.
OBJETIVOS
En consecuencia, el obje� vo fundamental de la Educación Religiosa Escolar Católica (o “EREC”) es desarrollar la religiosidad de los alumnos por medio del anuncio del Evangelio, según la interpretación que la Iglesia Católica da de él. Esto se busca especialmente por medio de un intenso diálogo y síntesis que promueven los docentes entre el mensaje cris� ano, la vida de los alumnos/as y la cultura, principalmente la que aprenden desde los diversos sectores de aprendizaje del curriculum escolar. Nótese que se hace referencia a “religiosidad” y no a “religión”, con lo cual se está destacando el polo personal de lo religioso, y no tanto lo ins� tucional; es decir, el acento está en el desarrollo al interior del individuo de la más profunda de sus dimensiones que lo cons� tuye como persona, en vistas a desplegar una relación personal con Dios.
“Esta clarifi cación es importante pues hace razonablemente posible una EREC amplia, ecuménica, respetuosa para todos los que buscan una formación integral. Por lo tanto, la EREC es posible también en un contexto social de pluralismo ideológico, fi losófi co y religioso”1.
Por otra parte, esta religiosidad se en� ende desde el punto de vista católico como cons� tuida por cuatro áreas, las que implican sus respec� vos aprendizajes. Así:
a) Desde el punto de vista del área tes� monial, los alumnos aprenden a fundamentar su vivencia religiosa y a aplicarla creciente y sistemá� camente a la vida como clave de sen� do. Desde el punto de vista católico, se acompaña al alumno para que aprenda a profundizar el mensaje de Jesús, especialmente en la Biblia, a la luz del Magisterio, y a anunciar ese mensaje con su vida.
b) Desde el punto de vista del área celebra� va, los alumnos descubren que la vida no es opaca y plana, sino que � ene densidad existencial variable y momentos cargados de signifi cado, vida que, mediante ciertos ritos y símbolos religiosos, se transparenta y permite entrar crecientemente en contacto con Aquel que es Origen, Vigor y Meta de la realidad. Así, se acompaña al alumno católico para que aprenda a descubrir la presencia amorosa de Dios en la realidad, su paso salvador por su vida, y cuyo plan salvador es mo� vo de asombro y celebración.
c) Desde el punto de vista del área comunitaria los alumnos descubren la unidad y fraternidad que se abre hacia los demás desde su experiencia religiosa. Desde el punto de vista católico, se acompaña al alumno para que aprenda a vivir la hermandad que � enen por ser hijos del mismo Padre en unión con todo lo creado, reunidos en una sola familia, la Iglesia.
d) Finalmente, desde el punto de vista del área servicial, los alumnos descubren que su religiosidad les dicta y mo� va a entregarse a los demás como clave de la más profunda humanidad, con especial énfasis con los más abandonados. El alumno católico es acompañado en su aporte a la construcción de la Civilización del Amor, siguiendo la ac� tud de solidaridad y don hasta el extremo de Cristo.
ALGUNAS DISTINCIONES
Una dis� nción que se ha hecho y quizás habrá que seguir haciendo por bastante � empo es entre Educación Religiosa Escolar Católica y “catequesis”. En efecto, muchas personas, incluidas no pocas de quienes par� cipan en ambientes escolares, man� enen la idea de que ambas ac� vidades forma� vas son lo mismo en su esencia, salvo el cambio de nombre y que sus lugares de ejercicio son dis� ntos, una la escuela, la otra la parroquia. La razón de fondo para este equívoco es la costumbre centenaria de hacer catequesis en el momento llamado “clase de Religión”.
Hay que decir, sin embargo, que “Catequesis” y “Educación Religiosa Escolar Católica” no se iden� fi can, aunque son complementarias. Hay aspectos similares y hay otros que las diferencian. De par� da, ambas son formas de educación religiosa promovidas por la Iglesia Católica, por lo que el contenido doctrinal en ambas es similar: los elementos fundamentales de la fe y de la moral católica. Sin embargo, en la escuela se pretende educar la religiosidad de los alumnos, sin dar por supuesta una adhesión de fe y el deseo de profundizarla; en tanto en la catequesis se en� ende que hay un interés previo por profundizar la fe, en comunión con otros hermanos.
También, a diferencia de la Educación Religiosa Escolar Católica, que evalúa mediante una califi cación el progreso en el aprendizaje que el alumno hace de los contenidos, pero no evalúa la fe, la catequesis sí evalúa la fe de los catequizandos que acceden al misterio de Dios, creen en Él y lo reciben en los sacramentos, aunque esto no sea por medio de una califi cación. A pesar de estas evidentes diferencias, Catequesis y Educación Religiosa Escolar Católica convergen desde su originalidad para ayudar a niños y adolescentes católicos a madurar su dimensión religiosa, y eventualmente su fe, en línea con lo que enseña el Magisterio eclesial.
COHERENCIA CON LOS FINES DE LA EDUCACIÓN PARVULARIA
El Ministerio de Educación, a través del texto “Bases Curriculares de la Educación Parvularia” señala como parte del fi n de este primer nivel escolar, “favorecer una educación de calidad, oportuna y per� nente, que propicie aprendizajes relevantes y signifi ca� vos en función del bienestar, el desarrollo pleno y la trascendencia de la niña y del niño como personas”2. Sin embargo, respecto a cómo lograr esto la autoridad ministerial no lo reduce en un único método, sino que deja abierto a que sean especifi cados por cada ins� tución y proyecto educa� vo.
Una ins� tución escolar cuyo Equipo Direc� vo tenga conciencia de la religiosidad como dimensión cons� tu� va de las personas y del valor de desarrollarla en sus alumnos, querrá ofrecerles la formación religiosa a par� r de su primer nivel educa� vo. Esto, además, porque la religiosidad no es un cúmulo de conceptos y ritos religiosos (lo cual está más en el polo ins� tucional y que, cuando � ene una base y vivencia en el individuo, son expresión de una gran riqueza interior), sino que principalmente es aprender a ver la vida en su nivel trascendente.
Desde otro punto de vista, podría afi rmarse que los primeros vínculos afec� vos, la confi anza básica, la iden� dad, la autoes� ma, la formación valórica, el lenguaje, etc., todas temá� cas muy centrales en esta etapa crucial, se ven fuertemente apoyados por una buena educación religiosa escolar.
¿Que eso de ver lo trascendente es muy di� cil para un párvulo? Quizás la palabra, sí, pero la experiencia no, pues sus � picas ac� tudes de entrega, inocencia, de confi anza ilimitada, deben ser educadas para que maduren plenamente, así como también deben ser ac� vadas otras innumerables potencialidades, a fi n de que, progresivamente, puedan acoger al Trascendente en persona: al Señor Jesús.
3. O
RIENTACIONES
P
SICOPEDAGÓGICAS
PARA
EL
D
ESPERTAR
R
ELIGIOSO
DE
LOS
P
ÁRVULOS
MOTIVACIONES
Ha crecido úl� mamente en Chile el interés polí� co y pedagógico para an� cipar y potenciar la educación formal de todos los niños y niñas en etapa de párvulos, considerando para este fi n todos los estratos socioculturales. Esta ampliación de la cobertura escolar nos ofrece una valiosa oportunidad para proponer también para esta etapa una apropiada educación religiosa.
Esto porque, nos parece, también los pequeños necesitan ser educados en su despertar religioso y ser encaminados a abrirse a las dimensiones de la trascendencia para acercarse progresivamente, desde su realidad de pequeños, al Misterio fascinante de Dios.
Para este fi n, el Equipo de Evangelización y Catequesis de la Inspectoría Salesiana de Chile (EDEC) y edebé-Editorial Don Bosco han elaborado para esta etapa educa� va un i� nerario forma� vo tomando como punto de referencia el documento “Programa de Religión Católica: Educación Parvularia” (pp. 45 – 65).
Sabemos que, en general, se ha descuidado en nuestro medio educa� vo la formación específi camente religiosa de los párvulos, subes� mando la necesidad de intervenciones pedagógico-religiosas específi cas para ellos.
Conscientes de la importancia de conocer más cien� fi camente las necesidades y posibilidades religiosas de esta etapa de la vida, proponemos aquí a las educadoras de párvulos una serie de orientaciones y refl exiones a fi n de que puedan favorecer el encuentro de sus niños y niñas con la maternidad generosa y grandiosa del Padre Dios, con el amor cercano y � erno de su Hijo Jesús; para que descubran con su familia natural que la comunidad cris� ana es también su familia y que los creyentes � enen un es� lo de vida especial y que los hace felices y llenos de esperanza.
Los educadores seriamente comprome� dos con su vocación, pueden hacer posible esta aventura, reconociendo y respetando la dignidad de cada niño y desarrollando su capacidad y necesidad de llegar a Dios, fi n úl� mo de toda educación integral.
1. DIOS AMA A LOS NIÑOS
Todos los niños � enen el derecho y la necesidad de saber que Dios los ama y que ellos pueden y deben amar a Dios. A los adultos, padres y educadores, les corresponde orientar, acompañar y asegurar este maravilloso descubrimiento.
Niños y niñas, según la óp� ca católica, están llamados a crecer, como Jesús, en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres (Lc 2,52). Esta es la misión prioritaria de los papás y, si no la cumplen, serán juzgados severamente.
El secreto pedagógico es hacer del amor paterno y materno una imagen visible y una prolongación diaria y sensible del amor de Dios. Se trata por lo tanto de promover en el hogar y en la prolongación del hogar, que son principalmente la escuela y la parroquia, una fecunda sabiduría educa� va.
Sabemos que los niños/as no son propiedad de los adultos, sino de Dios. Los padres los acogen como regalos y bendición, y los cuidan con gozo y fe. Un salmista dice con belleza que los hijos son como “brotes de olivo en torno a la mesa del Señor” (Sal 127,3).
Cada niño/a que viene a este mundo es una prueba tangible y sorprendente de la existencia de Dios, la verdadera fuente de la vida y del amor. Dios Omnipotente con� núa y realiza en cada niño y niña su creación, y para que sea plenamente feliz ha enviado a su Hijo Jesús y envía con� nuamente el don del Espíritu Santo para que sea liberado de todo mal, san� fi cado y tenga en Cristo, vida abundante y eterna.
El primer educador es siempre Dios y Dios educa a su hijo como lo deberían hacer el mejor papá y la mejor mamá. La Sagrada Escritura nos revela, a través de imágenes muy cercanas, cómo Él le enseña a caminar a su Pueblo (y, en él, a cada fi el), le toma la mano, lo atrae con bondad y con vínculos de amor, lo cuida y lo lleva hasta sus mejillas, le da de comer, se inclina sobre él con ternura de madre y dedicación de padre (ver Oseas 11, 3-4. 8).
En cada niño o niña que viene a este mundo, sea cual sea la modalidad, Dios ve en él/ella una imagen maravillosa de su único y amado Hijo Jesús y por eso no los olvida ni los abandona jamás, a diferencia de lo que eventualmente podría hacer su madre biológica o su padre (Isaías 49, 14-15). Podríamos afi rmar que cada niño o niña es como un “Emmanuel”, es decir, un “Dios con nosotros”.
En el pueblo de Israel el niño era amado, esperado, defendido, cuidado desde antes de su nacimiento. Cada niño que nace es una señal de la benevolencia del Dios creador que ama a su pueblo, como un padre ama a su familia. Para Israel, y hoy para la Iglesia, los hijos e hijas no son un estorbo que se debe soportar, sino una bendición que alegra la vida y que se debe agradecer cada día. Son, por lo tanto, sujetos de especial educación religiosa, desde sus primeros años (Prov 3,1-8).
2. JESÚS, COMO SU PADRE DIOS, CUIDA Y AMA A LOS NIÑOS �Mt. 19,13�16�
El valor de la infancia, en el Nuevo Testamento, está dada claramente por el mismo Jesús, que revela una opción clara y preferencial por los pequeños. Su comportamiento para con ellos y sus enseñanzas rompen con tradiciones culturales y esquemas sociales abriendo nuevos horizontes forma� vos.
Para Jesús, aquellos que en la sociedad son los más desvalidos, débiles, indefensos, aparentemente inú� les, dependientes en todo, impotentes para servir y producir, son los preferidos y considerados como los más importantes.
La Iglesia ha aprendido de Jesús que cada niño/a es una persona única, un sujeto necesitado de cuidados especiales, de intervenciones educa� vas apropiadas para asegurar su crecimiento integral y llegar un día a la plenitud de la vida eterna. La misma niñez ha sido presentada por Jesús como una categoría de la fe. Él nos recuerda que los niños son modelos de vida y hay que ser como ellos para entrar en el Reino de los cielos (ver Mc 10,14 -15).
Jesús invita a hacerse como ellos, es decir, transparentes, privados de malicia, llenos de confi anza, sin prejuicios, inocentes y sencillos. Todas estas son cualidades necesarias para entrar en comunión con el Padre, es decir, para entrar en el Reinado de Dios.
Cuando estudiamos los evangelios percibimos cómo Jesús, a pesar de las crí� cas de los mismos apóstoles, tuvo numerosos gestos de cariño para con los más pequeños. Jesús los acogía con cariño, los estrechaba entre sus brazos para hacerles sen� r también � sicamente su ternura y preocupación; les imponía las manos en la cabeza para que se sin� eran protegidos y bendecidos; oraba al Padre Dios por ellos porque sabía que cada niño/a es una esperanza, una promesa, un nuevo discípulo misionero (Mc 9,36).
Él, que no tuvo su propia descendencia biológica, llegó hasta iden� fi carse con ellos, sin dis� nciones sociales, culturales, económicas, raciales. Sus palabras son muy es� mulantes para los educadores de todos los � empos: “...cualquiera que reciba en mi nombre a un niño, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado” (Lc 9,47 -49).
Los niños, desde su inocente pequeñez, nos enseñan a confi ar, a abandonarnos seguros en las manos del Padre Dios, a sen� r sin prejuicios su amor providencial, a sen� r la imprescindible necesidad de Dios en la vida y a comunicarnos con Él con espontaneidad y confi anza fi lial.
También, niños y niñas son formidables educadores de sus maestros. El Señor los invita a aprender de ellos, porque sus ángeles contemplan constantemente a Dios.
3. LA IGLESIA ACOGE Y PROTEGE A CADA NIÑO, SIN DISTINCIÓN ALGUNA
Cada niño/a vale por sí mismo. Es un tesoro desde que viene a este mundo y la Iglesia, desde el primer momento, se siente como su madre, maestra, educadora y guía. Lo acompaña y educa a través de sus padres, de toda la familia que es para él como su primera iglesia domés� ca. Más tarde lo hace también a través de la escuela católica y de la comunidad cris� ana. Lo acoge en su seno, desde el Bau� smo, como un verdadero integrante con derechos y deberes.
Son muchos y variados lo documentos eclesiales que mo� van a los adultos a preocuparse de la educación religiosa de los niños, dando siempre el primer lugar a los padres. Ellos son los primeros (cronológicamente) y los principales (pedagógicamente) educadores de la fe de sus hijos. Son los primeros evangelizadores de sus hijos y nadie podrá jamás subs� tuirlos plenamente. Por el sacramento del Matrimonio, los padres pueden llegar a conver� rse en imágenes vivas y cercanas de Dios que da la vida, protege, cuida y hacer crecer.
La comunidad cris� ana y el colegio pueden ayudar, apoyar y complementar esta tarea, pero nunca podrán sus� tuirlos plenamente en esta misión que ellos asumieron en el momento en que celebraron el sacramento del Matrimonio y se comprome� eron en educarlos en la fe cris� ana y católica. Por ello, no deben ceder este derecho a nadie ni tampoco abdicar de él. Las ins� tuciones estatales o par� culares pueden dar cultura, instrucción y educación en valores, pero solamente los padres son, por razones de su vocación y misión, los primeros y principales tes� gos de la fe y los formadores más signifi ca� vos e incidentes para una vida según el evangelio.
Ningún niño/a debe ser instrumentalizado. Es el centro de nuestras atenciones. Familia, escuela, parroquia y Estado son para los niños y no los niños para las ins� tuciones.
Tanto la fe como la razón nos dicen que cada niño/a � ene derechos, desde sus primeros años, a ser educado en la fe de sus padres y de su comunidad religiosa y éste es uno de los derechos inalienables, irrenunciables y universales. Y los derechos de los niños son deberes para los padres y la sociedad. La Iglesia lo sabe muy bien y por eso se preocupa tanto y en todas partes por el bienestar integral de los más pequeños.
Es voluntad de Dios que los padres enseñen a sus hijos las Palabras de Dios , el cumplimiento de su Ley, y la alegría de pertenecerle como hijos predilectos: “...se las repe� rás a tus hijos, se las dirás tanto si estás en casa como si vas de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes...” (Deut 6,7).
4. LOS NIÑOS Y NIÑAS: CAPACES DE DIOS Y ABIERTOS A LA TRASCENDENCIA
Según el plan de Dios creador, en cada niño está inscrita la llamada a ser en plenitud su hijo o hija en el Hijo, y a entrar en su familia por la acción divina del Espíritu Santo que actúa en su Iglesia. Esta vocación se realiza gracias a la presencia tes� monial de los padres o de aquellos que los representan (familia), se desarrolla y for� fi ca más tarde por la catequesis propiamente tal (parroquia) y se consolida culturalmente mediante la educación religiosa escolar.
En cada niño/a, siempre por el plan providencial del Creador, existe una capacidad y una necesidad de Dios. Él busca la felicidad y la encuentra en la medida en que se acerca al Señor. Este acercamiento a Dios es más fácil y espontáneo cuando el niño crece en un ambiente familiar y en un contexto escolar en los cuales Dios ocupa el primer lugar; en estos contextos los padres son los primeros mediadores.
A través de lo que ellos dicen, viven, hacen, enseñan y muestran, el niño/a se aproxima al mundo trascendente de Dios. A veces, a través de su silencio medita� vo, aunque muy puntual y breve, él manifi esta estupor, encantamiento, capacidad de contemplación silenciosa, tendencia a maravillarse de todo, a descubrir siempre cosas nuevas y mo� vadoras. A este respecto es importante saber escuchar las preguntas de los niños que a menudo son de naturaleza eminentemente religiosa, fi losófi ca, trascendente, cargadas de tensión hacia lo grandioso y lo misterioso de Dios.
Pero para desarrollar mejor en ellos su religiosidad espontánea, se hace necesaria una intervención pedagógica que tenga presente los aportes valiosos de la psicología evolu� va y religiosa propia de esta edad, con el fi n de facilitar el desarrollo religioso sólido e integral.
Sabemos muy bien que los niños y niñas, por su naturaleza, despiertan el interés de los adultos y revelan con fuerza conmovedora la ternura y delicadeza de Dios creador. Pero no basta quererlos y admirarlos. Es necesario orientarlos y llevarlos a un desarrollo integral de todas sus potencialidades, también de su religiosidad.
Descuidar esta llamada de Dios en los primeros años de la vida es difi cultar más tarde todo � po de educación religiosa y propiamente cris� ana. Adultos y niños están llamados a caminar juntos al encuentro del Señor. Se exigen y enriquecen mutuamente. Hay que evitar obviamente an� cipaciones desproporcionadas, es decir, exigencias por encima de las posibilidades y prolongación de infan� lismos que no hacen crecer con armonía y equilibrio.
Los educadores responsables de su misión, deberían conocer y aplicar en sus intervenciones educa� vas, también en esta temprana edad, los resultados más evidentes de las neurociencias, de las diversas teorías psicológicas, especialmente en el ámbito de la religiosidad.
Es muy consensuada la convicción de que la primera infancia en una etapa de gran relevancia para el desarrollo integral del ser humano. En ella se consolidan las bases posi� vas o nega� vas del desarrollo posterior, tanto en lo intelectual como en lo emocional, � sico, moral y (hay que subrayarlo) en lo propiamente religioso.
5. ELEMENTOS GENERALES DE LA PSICOLOGÍA RELIGIOSA DEL NIÑO
La signifi cación de esta etapa y de lo que se haga o no se haga en ella, � ene una importancia crucial para la vida futura. Los educadores saben muy bien que en estos delicados años se desarrollan los primeros vínculos afec� vos, la motricidad, el lenguaje y el pensamiento. Es una etapa en la cual los niños aprenden a vincularse intensamente con las personas más cercanas y a través de ellas con el entorno, el medio ambiente, la cultura. Así adquieren hábitos y aprenden valores de gra� tud, de amor, de confi anza, de entrega, de solidaridad, de sinceridad y de escucha atenta, que los capacitan progresivamente a comunicarse con Dios como un ser personal.
Es en este momento privilegiado del crecimiento cuando los niños y niñas pueden desarrollar con mayor espontaneidad e intensidad su religiosidad como capacidad de relacionarse con Alguien vivo y presente que está por encima de ellos y antes que ellos, del cual dependen y aprenden a crecer felices y seguros.
5.1. ¿Cómo son los niños de esta edad?
El camino más conveniente para conocer a un niño/a es observarlo detenidamente en el contexto de su vida normal y escucharlo con empa� a en el momento oportuno. Cuando un niño/a entra en un contexto escolar, se integra a espacios de socialización más amplios que el hogar y su vida comienza a enriquecerse. En el jardín infan� l y en el kinder encuentra nuevos elementos o instancias que actúan en su desarrollo intelectual, social, afec� vo y religioso.
En esta etapa el niño/a comienza a iden� fi carse con el progenitor de su mismo sexo, aceptándose como varón o mujer. Alrededor de los 4 años descubre de forma natural las diferencias anatómicas entre los dos sexos y este descubrimiento será uno de sus intereses más frecuentes.
El desarrollo � sico es sorprendentemente ágil y rápido, y su cuerpo va tomando proporciones corporales más claras. Su desarrollo psicomotor pasa de ser muy inquieto y un poco torpe, a tener cada vez mejor coordinación y control de sus movimientos. En la medida en que crece, aunque le siga gustando mucho la ac� vidad motora gruesa, ya es capaz de entretenerse con ac� vidades más sedentarias, logrando desarrollar su motricidad fi na.
Sus capacidades de comunicación verbal, gestual y crea� va, el desarrollo de todos sus sen� dos, crecen con� nuamente, especialmente cuando estas son mo� vadas y canalizadas. En esta edad, afi rman los expertos, el niño/a asimila más por el camino de los sen� mientos y de las emociones, que por el camino del razonamiento y de la refl exión.
La cercanía � sica, las sonrisas o las amenazas, los brazos acogedores o las miradas exigentes, las caricias o las brusquedades, los movimiento de las manos y del cuerpo, los sonidos, las diferentes voces, los colores, los olores, la manipulación de los objetos, los diferentes sonidos y aun la oscuridad y los silencios, son factores de comunicación y de comunión. Todo el entorno habla a los pequeños y el educador debe estar muy atento a que esta comunicación sea posi� va y lleve al niño/a a un crecimiento sereno y posi� vo.
Aunque no sepan leer y escribir, pueden comunicarse muy bien con sus educadores por este lenguaje mul� facé� co que es portador de verdades que llegan al corazón. Además, es muy sabido que lo que el educador no logra comunicar con sus palabras lo puede hacer el Espíritu Santo desde adentro. Son sorprendentes las expresiones religiosas y “teológicas” de ciertos niños y niñas que no son resonancias de las palabras del educador ni de sus familias, sino frutos de la acción real de Dios que ya habita en ellos desde su nacimiento y, sobre todo, desde el bau� smo. Sobre este tema hay inves� gaciones sumamente interesantes e iluminadoras.
Todo lo que acabamos de afi rmar es un desa� o para el educador de la religiosidad y debe tenerlo muy presente en la programación de sus propuestas educa� vas.
5.2. Algunas caracterís� cas psicorreligiosas de los párvulos
Algunos psicólogos afi rman que la religiosidad, como posibilidad de comunicación y relación afec� va y vital con un ser trascendente, � ene su origen en el eros, en el inconsciente afec� vo de la personalidad. Esta capacidad se desarrolla y cambia en sintonía con las otras dimensiones de la personalidad, y en especial en relación profunda con el crecimiento de la afec� vidad. En la medida en que un niño/a desarrolla relaciones afec� vas posi� vas, serenas y sólidas con sus padres y las personas que lo rodean, más se consolida y se enriquece su crecimiento religioso. Lo mismo puede decirse de su relación armoniosa consigo mismo, con los demás si se siente amado, protegido, valorado en un ambiente alegre y op� mista. Por lo tanto, las buenas experiencias de amor humano son el mejor camino para iniciar y desarrollar experiencias específi camente religiosas con ese Amor infi nito y pleno que es Dios.
Hacia los 5 años, la religiosidad infan� l está condicionada por algunos fenómenos que el educador debe tener presente y considerarlo en sus intervenciones forma� vas. Todos ellos � enen que ver con la imagen de Dios y con su manera de intervenir en su vida normal de cada día.
— el ar� fi cialismo, que le hace ver toda realidad como determinada o unida a una causalidad inmediata y con� gua en el espacio y en el � empo.
— el magismo, por el cual el niño/a cree que se puede posesionar de fuerzas superiores, extrañas e invisibles, pero reales y efi caces en su imaginación, y que están a su disposición para sacar ventajas personales. Son muy conocidas las etapas de los amigos invisibles con los cuales el niño/a habla, juega y entra en comunicación. — el animismo, tendencia a dar vida, animación, responsabilidad, capacidad de intervención a los objetos inanimados
que lo rodean y con los cuales él interactúa.
— el antropomorfi smo, fenómeno también muy conocido, por el cual el niño/a � ende a proyectar en Dios las caracterís� cas � sicas, corporales y también de comportamiento de las personas, como si Él fuera un ser humano
hecho a nuestra imagen y semejanza. Para el niño/a, Dios, en general, es como un gran mago, dotado de poderes excepcionales, capaz de todo. Se lo imagina y lo dibuja como un abuelito bonachón, sentado sobre las nubes, o como un juez que mira todo y sabe todo y, por lo tanto, está siempre listo para cas� gar.
Un cierto antropomorfi smo seguirá siempre vivo y latente también en los adultos. De aquí la importancia de purifi car constantemente la idea de Dios, que es siempre radicalmente diferente de lo que pensamos e imaginamos con nuestra mente.
Los educadores cris� anos, conscientes de todas estas realidades, � enen la delicada misión de considerarlas en su acción educa� va a fi n de que esta sea realmente incidente en el desarrollo de una religiosidad sana, posi� va y armoniosa, y que sea bien fundamentada para que permita un ulterior desarrollo a lo largo de la vida.
5.3. La idea de Dios y su evolución
El pequeño está invitado y acompañado a descubrir progresivamente y gozosamente a un Dios vivo, cercano, bondadoso y misericordioso. Este camino puede ser más o menos largo y a veces difi cultoso, pues hay condicionamientos interiores y exteriores que lo pueden entorpecer.
Los catequetas nos recuerdan que la verdadera imagen de Dios que los educadores creyentes y católicos deben comunicar, sea con las palabras y con el tes� monio, debe tener tres caracterís� cas: Él es el Dios viviente, el Dios al� simo, el Dios aman� simo.
El Dios viviente. Se trata de presentar a los pequeños a una Persona Viva y acompañarlos a un encuentro personal con ella. Dios debe ser Alguien interesante, invisible pero presente, ac� vo, interesado, valioso, maravilloso y muy necesario. Alguien con quien se puede hablar, que nos conoce, nos escucha y nos acompaña.
No es recomendable manipular excesivamente la gran imaginación propia de los niños/as, a fi nde evitar que lleguen a pensar que Dios es como el héroe de las fábulas, tan idealizado que se volvería pronto irreal, inconsistente y, más tarde, objeto de rechazo. Hay que ayudar al niño a dis� nguir entre lo real visible y tangible, y lo real invisible, espiritual pero, al mismo � empo, cercano y viviente.
Cuando un pequeño cierra sus ojos, hace silencio, puede imaginar a su mamá presente, viva y que le habla... aunque esté � sicamente alejada. Algo parecido pasa con Dios, el Viviente. No es conveniente dar demasiadas explicaciones abstractas que podrían confundir en lugar de ayudar. Hay que dar � empo al � empo.
La educación en la oración, en la luz del ejemplo de Jesús que se comunicaba con su Padre Dios Viviente y presente, es un excelente camino para llevar al niño y a la niña a un diálogo con un Dios cercano y vivo.
El Dios al� simo. Dios es eminentemente trascendente y, al mismo � empo, inmanente. La Sagrada Escritura lo presenta como “El Sadday”. No resulta complicado presentar al niño/a, llamado a crecer y a ser alto y fuerte como sus padres, a un Dios infi nitamente sabio, inmensamente poderoso, omnisciente, eterno y grandioso.
Es muy acertado presentarlo como el gran Creador de todo y de todos, el Señor del cielo y de la � erra, el Dios que nos supera y que, por lo tanto, no podemos comprenderlo cabalmente. Él es el trascendente por su inmensidad y cercano por su amor de Padre para con cada uno de nosotros. Es tan grande, maravilloso y único que nadie puede ser como Él. Merece alabanza, adoración, respeto, obediencia y gloria infi nita e inmensa.
Este mismo lenguaje debería ser u� lizado en las conversaciones familiares y, obviamente, en las catequesis parroquiales, para evitar así distorsiones y desorientaciones.
6. EL DESARROLLO MORAL DEL NIÑO/A
Estamos tocando un tema complejo, pero sumamente importante para los educadores de la fe. No siempre se está debidamente preparado para asegurar una buena educación de la conciencia y del comportamiento moral. La temá� ca es compleja y amplia. Nos detenemos en algunos puntos de especial interés para los educadores creyentes.
Existe la costumbre de relacionar moral y religión, como si el desarrollo de la primera fuera sinónimo de un buen desarrollo de la segunda, y viceversa. En realidad, las dos dimensiones son diferentes y no deben ser confundidas o iden� fi cadas.
Cuando un niño/a confunde religión con moral puede formarse la idea de un Dios severo, exigente, cas� gador y, por lo tanto, poco amable y podo deseable. Esto sucede especialmente cuando el niño no logra, por ser aún niño, cumplir debidamente lo que los adultos llaman “las normas de Dios”. Es tarea del educador saber conocer y re-conocer un camino de crecimiento.
Desde la primera infancia los niños y niñas comienzan a comprender que el mundo o su cultura está regido por ciertos valores, obligaciones y normas. El niño, muchas veces descubre por sí mismo lo aprobado y lo no aprobado socialmente, capta sus primeras nociones de lo bueno y de malo, de lo justo y de lo injusto, de lo que puede y de lo que no debe hacer. Lo que dicen los adultos es como un cercano recordatorio que lo afi rma en sus descubrimientos.
Desde el momento en que son capaces de comprender el lenguaje, e incluso antes, se encuentran constantemente con estos recordatorios. Es así como iden� fi can a la palabra o al lenguaje como un instrumento de formación moral; y esto no solo por lo que se dice, sino también por “cómo se dice”.
Desde una edad temprana, muchos niños/as aprenden a es� mar y desear la aprobación expresada por los adultos cuando los califi can de buenos y se esfuerzan por obtener dicha aprobación, aunque ello signifi que el sacrifi cio de sus deseos primarios de afi rmarse a sí mismos como personas con exigencias y necesidades. Al mismo � empo, muchos niños aprenden a defenderse contra el califi ca� vo “malo”, ”peligroso”.
Tenemos aquí uno de los grandes desa� os de la formación integral de los niños y niñas. ¿Cómo enseñarles que estos dos descubrimientos sobre “el bien y el mal” son realidades normales, presentes en la vida diaria de cada persona y frente a las cuales todos deben tomar posición o a favor (bien) o en contra (mal)?
Es el momento de presentarles a un Dios bondadoso y misericordioso, que busca nuestro bien y nos invita siempre a “escoger el buen camino” que lleva a la alegría, a la paz y a que dejemos los caminos peligrosos que conducen al dolor y a la tristeza. Sabemos que la historia de la presencia del mal en la vida es muy larga y compleja. Obviamente no se debe hablar a estos pequeños de “pecado original”, de la “desobediencia de Adán y de Eva”; es sufi ciente con hablar de que el Dios Amor nos propone un camino de amor, para llegar a estar cada vez más cerca de Él: recibir su amor y ofrecerle nuestro amor; que nos mandó y entregó a su Hijo Jesús como amigo que siempre ha escogido el camino del bien y nos invita a hacer lo mismo. El niño/a, en la medida en que crece intelectual y afec� vamente, necesita comprender este nuevo mundo interior con evidentes repercusiones exteriores, es decir, el mundo de lo bueno y de lo malo y el mundo del premio y del cas� go. Pero él no posee aún la capacidad de confrontación, de refl exión. Simplemente mira hacia afuera, escucha las palabras y percibe y los gestos y las miradas de los adultos más cercanos (papás, familiares, compañeros, amigos…) y lentamente saca sus propias conclusiones y las aplica más o menos irrefl exivamente a sus propios comportamientos y conductas.
Pero el niño /a, en la medida que crece y se desarrolla, vive en diferentes contextos y entre personas que actúan de dis� ntas maneras y se da cuenta de que lo bueno y lo malo cambia de aspecto según el medio y el ambiente y según el modo de actuar y de hablar de los que lo rodean. Ante tal situación, ¿a quién le debe creer? ¿Con qué debe quedarse? ¿De qué parte está el bien y el mal?
Aquí también entra a jugar un rol fundamental el ejemplo de los adultos, especialmente de los padres. Ellos se vuelven “criterio de verdad” para los pequeños. Es bueno lo que dicen y hacen ellos, así como es malo que lo ellos dicen y no hacen. Se trata, por lo tanto, de una moral más obje� va que subje� va, más exterior que interior, más de reacciones y acciones que de meditaciones y deliberaciones libres y personales. Sin el ejemplo claro, concreto, cercano y existencial de los padres o familiares cercanos, el niño/a se desorienta, sufre confusiones y inestabilidades y, por consiguiente, retrasa y debilita la formación de su conciencia moral centrada en el bien verdadero y seguro.
Otro aspecto a considerar, en el proceso de formación de la conciencia moral del niño/as, � ene que ver con la paradoja de que hay cosas que llamamos buenas y no lo son, y otras que llamamos malas, y son o producen frutos buenos; nos referimos, por ejemplo, al tema del sacrifi cio, de la solidaridad, del desprendimiento, del esfuerzo, del perdón, de la obediencia, del cumplimiento del deber…, o de la posibilidad de romper una norma para realizar algo obje� vamente bueno y conveniente, como por ejemplo salvar o ayudar al prójimo, como lo enseñó Jesús cuando compar� a con los pecadores, visitaba gente de mala fama moral, pasando por encima de ciertas leyes judías y sanando en sábado; algo malo y escandaloso para los fariseos, pero bueno y justo para Dios.
Los educadores delicados y atentos deben liberar a los niños/as de la pesada carga moralista del “deber ser buenos” y de “temer el cas� go por las acciones malas”, que muchas veces son simplemente debilidades muy explicables y aceptables. Los educadores responsables de la formación de esta dimensión tan delicada de la religiosidad deben ser posi� vos, animadores del crecimiento, proposi� vos de hacer el bien con alegría y espontaneidad, de insinuar el ser justos, bondadosos y generosos con todos. Cuando hace el bien, cuando desea el bien, cuando quiere ser como Jesús… ya está en un buen camino y no � ene por qué temer el cas� go y sufrir sen� mientos de culpa.
También los adultos muchas veces intentamos hacer el bien y no lo logramos, y ante esta situación nos llenamos de remordimientos y sen� mientos de culpabilidad. Como dice san Pablo, “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (carta a los Romanos).
Pero el sen� miento de culpa, que es algo muy natural y también saludable en la medida que es iluminado y reconocido como una llamada a ser mejores, puede ayudarnos en una forma construc� va, pues puede llevarnos al arrepen� miento, a una sincera confesión de nuestra debilidad y a tomar precauciones para seguir creciendo en el amor al bien y en el deseo de hacer el bien, en todo momento y en todo lugar. También los niños y niñas, como los adultos, pueden aprender a ser mejores analizando sus propios sen� mientos interiores, sus emociones y deseos profundos.
El sen� miento de culpa existe como una especie de remordimiento, de pesar, o de autocrí� ca y del cual el niño/a puede aprender a enmendarse o modifi car su comportamiento de manera construc� va. Enseñémosles a los niños/as a aprender de sus errores, y a que � enen derecho a equivocarse, como puede aprender a caminar mejor cuando saca provecho de sus tropiezos, no para amargarse sino para levantarse y recomenzar “con más experiencia”.
Los educadores deben presentarles una manera de vivir, una forma de vida, que es lo que ellos requieren y buscan. El niño/a quiere autorrealizarse, esto es, descubrir y desarrollar su “yo” y actuar en armonía y en consecuencia con él. El valor mayor de una vida humana es el modo de vivir esta misma vida, en consecuencia con nuestros valores y principios.
7. ALGUNAS ORIENTACIONES PEDAGÓGICAS DE ESPECIAL IMPORTANCIA
Antes de presentar un conjunto amplio de sugerencias pedagógicas para orientar al educador principiante, es importante hacer una referencia a tres grandes principios que se deberían tener muy presentes a lo largo de todo el proceso forma� vo. Estos son válidos para todos, pero en especial para los pequeños.
Primero: Los niños/as llegan a lo invisible a través de lo visible. Intuyen lo real trascendente a través de lo real concreto. Desde la experiencia de lo palpable, manipulable, tangible, sensi� vo, material... llegan a lo invisible, intangible, no manipulable, pero verdadero.
Es especialmente en esta � erna edad cuando se deben valorar las mediaciones naturales como son, por ejemplo, las personas, los acontecimientos, los objetos, las realidades de la creación y de la vida co� diana como camino experiencial y vivencial para acercarse al Absoluto y Eterno de Dios.
Segundo: De Dios hay que hablar siempre bien y de una manera verdadera y apropiada a la capacidad del niño/a. Pero para llegar a Dios Padre Creador y Protector que está en los cielos (invisible y trascendente), el camino más seguro y, al mismo � empo, más verdadero es hablar de Jesús como una persona cercana, histórica, uno de nosotros, como nosotros, pero también radicalmente diferente de nosotros. De allí la importancia de acercarse a Dios Padre a través de los evangelios, es decir, de lo que Jesús, hijo de María y de José, ha dicho y ha hecho.
De todas maneras, hay que evitar el lenguaje y las imágenes que podrían inculcar la idea de una distancia y separación radical entre el Padre Dios, su Hijo Jesús y el Espíritu Santo, como si hubiera tres dioses diferentes, separados, independientes, unos más poderosos que otros.
Por de pronto, el educador tendrá una especial preocupación para purifi car siempre ciertas ideas o imágenes de Dios demasiados humanas y, a veces, muy falsas y dañinas. Los adultos inexpertos y poco evangelizados a veces u� lizan a Dios para conseguir de los niños/as ciertas respuestas esperadas. Proyectan en Dios sus propias experiencias y vivencias, hablando de un Dios cas� gador, exigente, siempre listo para enojarse, llamar la atención y amenazar. El Dios del cual nos habla Jesús es siempre un Dios Padre, amoroso, misericordioso, paternal y maternal, bondadoso, justo y al mismo � empo deseoso de perdonar todo y siempre.
Tercero: El sujeto más poderoso en la formación religiosa de los pequeños es el ambiente, el contexto y la presencia de los adultos y en especial de los padres. No es en primer lugar el libro, el texto y las explicaciones, por interesantes que estas sean. Sobre este tema ya hemos refl exionado anteriormente. Pero este tercer principio es de fundamental importancia.
Orientaciones pedagógicas
Se presenta aquí un listado de propuestas metodológicas que, en principio, son todas muy apropiadas para esta etapa educa� va. Sin embargo, le corresponde al educador seleccionarlas, adaptarlas, modifi carlas y aplicarlas a sus propios des� natarios, según sus niveles de madurez, de desarrollo intelectual, emo� vo, social y su contexto sociocultural. Solamente el educador atento, preocupado, conocedor de sus niños y niñas y de sus necesidades puede hacer esta delicada tarea. Recordemos que educar bien es siempre un arte y este se aprende poco a poco, con refl exión, estudio y mucha experiencia.
a) No dejar nunca de mo� var y comprometer a los padres y adultos que acompañan al niño o niña en su crecimiento. La escuela, a través del proyecto educa� vo y de sus estructuras pedagógicas, � ene variadas posibilidades para promover y exigir una constante colaboración. Sabemos que, en nuestro medio, los padres a menudo, por diferentes razones, � enden a liberarse de la tarea de educar en la fe y educar la fe de sus niños/as, delegando esta responsabilidad en el colegio o la parroquia.
b) Conocer a cada niño/a en su individualidad. Cada pequeño es único y original, irrepe� ble y necesitado de presencias educa� vas especiales, de acuerdo con su personalidad, su temperamento y su pequeña historia familiar.
c) Tener ideas muy seguras y claras con respecto a la educación religiosa escolar católica y sus diferenciaciones con respecto a la catequesis propiamente tal. Solamente un creyente comprome� do con su fe y su vocación de comunicarla con el tes� monio y su labor educa� va, puede desempeñar seria y honestamente esta misión que la Iglesia y la familia le han confi ado.
d) Saber coordinar orgánicamente las varias instancias que intervienen simultáneamente en la formación integral y, por tanto, también religiosa del niño/a. Las principales son: la familia, el entorno, la vida co� diana, la comunidad escolar, el mismo curso y las educadoras que interactúan, la comunidad parroquial, el año civil y sus efemérides, el año litúrgico y sus � empos y fi estas, los medios de comunicación y obviamente el texto que se está u� lizando. e) Precisar previamente cuáles son los � empos, los lugares, las normas disciplinarias y las exigencias normales para
que el momento específi camente religioso se realice con seriedad y sea lo más efi caz posible. La sistema� cidad crea hábitos y fortalece las experiencias.
f) Saber integrar con oportunidad y equilibrio el momento específi camente religioso con la comunicación de los otros saberes, propios de estos niveles y de acuerdo a los programas ofi ciales. Siempre es posible y conveniente el diálogo con los otros saberes, y en especial con las propuestas de la transversalidad. El hecho de que el educador de la fe sea el mismo conductor del resto de las asignaturas es una enorme ventaja.
g) Asegurar el uso de un texto para todos los niños/as y los padres. Esta opción facilita enormemente un crecimiento ordenado y consecuencial, y además posibilita la complementariedad y el enriquecimiento de los avances durante la semana con el apoyo de los padres o la familia. El texto ordena, orienta, da seguridad, permite evaluar, fortalece la complementación de acuerdo con las necesidades de cada grupo. Evita posibles anarquías poco educa� vas y subje� vismos vagos y desordenados que no apoyan un proceso serio y previamente pensado y asimilado.
h) Iden� fi car y perfeccionar constantemente las “competencias específi cas” (culturales, metodológicas, relacionales, etc…) que debe poseer una educadora de párvulos en el contexto educa� vo católico, en cuanto a su “ser”, “saber”, “saber hacer”, “saber vivir con otros“ y “saber vivir para otros”. Pero no basta que conozca las competencias deseables para llevar adelante un proceso educa� vo exitoso en el aula; también debe preocuparse y prepararse para desarrollar en los mismos des� natarios y en sus padres, esas competencias que permiten, gracias a una fecunda convergencia, asegurar los frutos deseados.
i) Crear y mantener un contexto intencionalmente educa� vo. Educar la fe de un niño/a no se reduce a enseñar plegarias y a entregar objetos religiosos. Esto es importante pero no es todo, ni lo más importante. Tampoco se consigue asegurando “momentos religiosos” aislados, vividos como paréntesis en el contexto semanal, aislados e independientes de las otras instancias educa� vas.
A esta edad la fe no se comunica tanto enseñando doctrinas, sino más bien viviendo un es� lo de vida especial, abierto a los valores de la trascendencia, en cada momento, en cada ocasión y en todo lugar. El contexto mismo, en cuanto ambiente vital fuertemente religioso, es poderosamente forma� vo.
j) Fomentar la par� cipación de cada niño y niña promoviendo las preguntas personales y la crea� vidad de cada uno, considerando la realidad de las inteligencias múl� ples. Las preguntas de los niños hay que tomarlas siempre en serio, escucharlas empá� camente y valorarlas. A veces merecen una verdadera exégesis y una hermenéu� ca pedagógica, pues en general son reveladoras de realidades escondidas y profundas, no explicitadas con las palabras pero sen� das en el alma. Por experiencia sabemos que a veces las preguntas son sorprendentes, muy serias y sabias, de naturaleza fi losófi ca, teológica, antropológica o meta� sicas. Toda pregunta merece una respuesta directa, verdadera, inmediata, aunque esencial y sencilla. No es bueno confundir a los niños/as con respuestas falsas o alienantes.
8. EL TEXTO: UN MEDIADOR VALIOSO Y PODEROSO
Es evidente que el uso de un texto personal y apropiado a este etapa del crecimiento signifi ca una enorme ventaja para una formación más incidente, aunque el pequeño no sepa escribir ni leer.
Ayuda, además, a la educadora a seguir un camino previamente diseñado de acuerdo a los programas ofi ciales y posibilita el uso de una guía pedagógica, que le da seguridad doctrinal y posibilidades de enriquecimientos apropiados a cada caso, de acuerdo a sus intuiciones y experiencias personales.
Los educadores de párvulos conocen bien el interés de los niños y niñas para ver imágenes, hacer preguntas, dibujar, pegar, mirar, comparar, comentar, manipular objetos, etc. La imagen es un buen vehículo que permite el diálogo, dinamiza la imaginación y da espacio a la fantasía y a la crea� vidad.
Todo texto es un instrumento siempre mejorable y, a pesar de que esté previamente impreso y sea igual para todos, ofrece siempre espacios para otras alterna� vas de acuerdo a las necesidades y posibilidades de cada niño/a, de cada familia y de cada establecimiento. Es, además, un medio concreto para dialogar personalmente con cada pequeño, con sus padres y con los familiares interesados en la educación religiosa del mismo. Permite recordar, memorizar, proyectar. Con su colorido y bella diagramación entre� ene enseñando y enseña entreteniendo.
Entregado con oportunas mo� vaciones, puede ser desde el inicio del año escolar un buen amigo de ruta, presente en la mochila, y que le recuerda al niño/a una presencia de Dios que lo acompaña en la sala y en el hogar.
En fi n, el verdadero texto es lo que cada niño va elaborando progresivamente durante al año, como fruto de su ac� vidad e interés.
9. ALGUNAS ORIENTACIONES PRÁCTICAS PARA LAS “TÍAS” Y PARA LOS PADRES
a) Cuidar, en primer lugar, la propia experiencia religiosaNadie puede transmi� r con incidencia lo que no � ene, no cree, no vive. Los mejores educadores de la fe son aquellos que la viven intensamente y la contagian o comunican espontáneamente. En los colegios de Iglesia, poseedores de proyectos educa� vos cris� anos, existen variadas propuestas para crecimiento en este sen� do. En otros contextos la tarea puede resultar más difi cultosa. Pero siempre una “� a” interesada puede unirse a otras � as, pertenecer ac� vamente a algún movimiento o ins� tución donde cuidar y desarrollar su propia fe cris� ana y compar� r inquietudes educa� vas.
b) La educación en la oración
La � a educa progresivamente en la oración orando con los niños y haciéndolos orar entre ellos. Sus ac� tudes de respeto, de valoración, de interés por la oración son mediaciones visibles que permiten que los pequeños en� endan la importancia y la necesidad de comunicarse con el Padre Dios, invisible pero presente e interesado en escuchar y en responder. Es conveniente que la oración se realice en el momento más oportuno, en un ambiente esté� co y afec� vo enriquecedor. Los niños y niñas pueden orar con palabras y con su cuerpo. Pueden comunicarse con Dios Padre a través de miradas, silencios, momentos de contemplación, gestos, dibujos, mímicas, cantos, rondas, imágenes, objetos… y también con cortas plegarias sencillas, simples y de fácil memorización.
Para el niño/a, orar es aplaudir y felicitar a Dios Padre que ha hecho todo muy bien. Es agradecer de corazón las cosas bellas de la vida personal y familiar. Es ofrecer todo lo que él hace y todo lo que otros hacen cada día con amor. Es pedir con confi anza lo que necesitan y esperan.
Es conveniente, a veces, repe� r y memorizar palabras bíblicas, expresiones litúrgicas, versos poé� cos de naturaleza religiosa. Ayuda enormemente el hecho de visitar templos, analizar la belleza de imágenes, estatuas, objetos, pinturas y, sobre todo, ver a comunidades y familias en oración. El hogar es el mejor templo y la familia la mejor comunidad para aprender a dialogar y comunicarse espontáneamente con Dios.
c) El uso prudente y sobrio de los Medios de Comunicación de Masas
Hoy no faltan medios tecnológicos para facilitar la educación religiosa. Conocemos lo que sucede en la mayoría de los hogares en cuanto al uso de la televisión y de los audiovisuales en general. Los educadores necesitan discernir y orientar a los padres en la misión de saber administrar debidamente � empos y programas, con criterios pedagógicos posi� vos. d) La atención prudente de los niños/as de familias no creyentes
Esta es una situación muy delicada. Sabemos que cuando se producen contrastes y dualismos entre lo que propone el proyecto educa� vo y lo que se vive, se conversa o se muestra en el hogar no creyente, desorienta, fomenta confusiones y difi culta una serena inserción en el proceso de crecimiento religiosos del grupo.
• Primero: la religión católica, como prác� ca, no es una imposición, sino una propuesta. Y esto hay que conversarlo claramente con los padres.
• Segundo: la educación de la religiosidad es un gran valor para todos, creyentes o no creyentes, pues apunta a la formación integral de la persona, apoya la asimilación de los valores transversales y dinamiza elementos humanizadores posi� vos, enriquecedores y válidos para todos. Otra cosa es la prác� ca de ritos, tradiciones, expresiones claramente cris� anas y católicas.
• Tercero: El dar a conocer de antemano el Proyecto Educa� vo Ins� tucional permite clarifi car las polí� cas educa� vas propuestas, defi nir respetuosamente las par� cipaciones libres y responsables de cada familia y sacar las conclusiones per� nentes. Es obvio pensar que todos los casos son especiales y que, por lo tanto, la educadora tendrá que conversarlos y resolverlos privadamente.
e) La inserción de niños y niñas evangélicos
No hay mayores difi cultades para animar buenos momentos de formación religiosas con niños pertenecientes a otras denominaciones cris� anas. El educador tendrá una especial preocupación para conversar previamente con los padres sobre lo que se ha afi rmado anteriormente, y para no exigir plegarias, imágenes o expresiones religiosas que podrían provocar resistencias de parte de los no católicos, sin abandonar, tampoco, lo propio de la presentación del mensaje cris� ano tal como lo en� ende la Iglesia Católica. También tendrá especial preocupación para evitar la sensación de que delante de Dios hay niños/as diferentes y de que algunos aspectos religiosos dividen.
De todas maneras, es conveniente que posea un cierto conocimiento actualizado referente al ecumenismo y al movimiento ecuménico en Chile.
f) La parroquia y el párroco
Todas las escuelas, católicas o no católicas, están insertas en un territorio parroquial. El Año Litúrgico ofrece posibilidades hermosas para que los niños y niñas, acompañados por sus padres, conozcan a su pastor, el párroco, visiten el templo parroquial, vean las comunidades cris� anas en oración dominical y descubran que son la familia de Dios, el tes� monio que dan del Señor y su compromiso con la caridad fraterna. En este sen� do, hay momentos privilegiados como son la Semana Santa, las fi estas patronales, Navidad…
10. LA IMPORTANCIA DE LA FORMACIÓN PERMANENTE
Educar armoniosamente la religiosidad de los pequeños es siempre un serio y complejo desa� o para los educadores. Las orientaciones que introducen esta Guía Pedagógica son simplemente una introducción al tema. Sabemos por experiencia que los niños y niñas actuales se desarrollan y cambian con una velocidad sorprendente. Lo saben muy bien los papás y, en especial, las mamás y las “� as” que los acogen por dos o tres años y los � enen bajo sus miradas atentas y siempre disponibles para intervenir.
Son los más afectados, en sen� do ambivalente, es decir para bien o para mal, por los ver� ginosos cambios socioculturales, tecnológicos y alimentarios.
El educador responsable está siempre con los ojos abiertos y los oídos atentos para aprender. Por eso lee, estudia, se informa, ensaya, evalúa, se confronta con otros educadores y busca nuevos caminos para mejorar sus intervenciones psicopedagógicas y las fundamenta con una sólida doctrina ortodoxa. Cuando crece la formación, crece la espiritualidad. Esta despierta y fomenta la mís� ca educa� va, acrecienta el ardor apostólico y la pasión para ofrecer lo mejor a cada niño o niña.
4. V
ISIÓN
O
RGÁNICA
Y
P
ROGRESIVA
DEL
T
EXTO
NAZARET
UNIDADES
1. UNA SEMANA EMOCIONANTE
El año escolar comienza con una no� cia maravillosa: Jesús, el Hijo de Dios, está vivo y resucitado junto a todos nosotros para comenzar un año escolar que se inicia con compañeros y compañeras nuevos y un colegio que será la casa escolar de los niños. A lo largo de imágenes, frases, canciones y juegos, estos van descubriendo los signos de la Semana Santa, una semana especial que nos pone en contacto con un Dios cercano, amigo y Salvador que se entrega por amor por todos los hombres y mujeres de la humanidad, pero en forma especial por los niños, por que de los niños es el Reino de Dios. (Primer ámbito de experiencia: Formación personal y social).
2. EL PADRE DIOS NOS REGALA EL MUNDO
Esta unidad nos presente al Padre Dios creador de la vida, creador del mundo y creador del hombre y la mujer. Esa es una certeza de fe que los niños/as van constatando al descubrir la maravillosa obra de Dios presente en la creación y en la naturaleza. La alegría de gozar junto a los compañeros las maravillas de la creación se expresa con el canto y el juego.
La naturaleza es la casa de todos y es la creación de Dios que debemos aprender a respetar y admirar en su belleza a través del cuidado de los árboles, de las fl ores, de las aves y de los animales. Es una excelente oportunidad para resaltar el valor del ser humano como centro de la creación de Dios e incen� var el cuidado del cuerpo y el aseo personal para seguir haciendo crecer la vida que Dios ha manifestado en todos nosotros. (Tercer ámbito de experiencia: Relación con el medio natural y su entorno.)
3. LA FAMILIA DE JESÚS Y MI FAMILIA
Esta unidad es una invitación a valorar la propia familia como un espacio de convivencia y diálogo que nos ayuda a crecer al igual que el propio Jesús que vivió y creció juntos a sus padres en Nazaret.
Jesús es nuestro hermano y, desde su propia experiencia cálida y sencilla junto a la Sagrada Familia, ayuda a los niños a crecer en bondad y sabiduría junto a sus padres.
La unidad destaca la experiencia sencilla de Jesús junto a su padre José y su madre María que nos van acercando a nuestra propia experiencia de vida familiar.
Jesús es nuestro hermano mayor y es parte de nuestra propia familia, está siempre con nosotros en nuestra casa, en nuestro hogar. (Primer ámbito de experiencia: Formación personal y social.)
4. APRENDO HABLAR CON DIOS PADRE
Esta unidad destaca que todos nos comunicamos siempre con los demás. La Vida es estar comunicados con los amigos y con la familia y, por supuesto, con Dios, siempre.
La comunicación más directa que tenemos con Dios es justamente a través de su Hijo Jesús, nuestro hermano. Jesús nos enseñó a comunicarnos con Dios frecuentemente a través de palabras sencillas que llamamos oración y con variados ejemplos de la vida co� diana orientados a realizar buenas acciones en favor de nuestros hermanos. Es así como en esta unidad se presenta la parábola del Buen Samaritano para destacar el servicio a los demás. (Segundo ámbito de experiencia: Comunicación.)
5. SOY MIEMBRO DE LA IGLESIA DE DIOS
En esta unidad se invita a los niños y niñas a sen� rse parte de la comunidad de los amigos de Jesús, la Iglesia. Una Iglesia que es muy cercana y querida por Jesús. La familia es la primera experiencia de comunidad que ellos han vivido y que, a través del Bau� smo, comienza ampliarse en la comunidad Iglesia.
En el templo nos reunimos los cris� anos para dar gracias a Dios, para vivir en Comunidad, para celebrar la vida, para pedir perdón y para comunicarnos con Jesús a través de la oración y la Palabra de Dios. (Tercer ámbito de experiencia: Relación con el medio natural y su entorno)